El misterio de los sentidos
9 de Julio de 2006 - 13:19:38 - Luis del Pino
Ya ha comentado anteriormente alguno de los blogueros los curiosos cambios que se producen en las declaraciones de algunos testigos en las primeras horas y días después del atentado. Por ejemplo, en sus primeras declaraciones a los medios de comunicación, el portero de Alcalá se refiere a las personas que había visto alrededor de la furgoneta Kangoo como si le recordaran a los encapuchados de los comunicados de ETA. Horas más tarde, cambiaba su versión para decir que le habían parecido extranjeros: europeos del este, para ser exactos.
Existe en el sumario otro caso muy curioso de cambio de versión. Una testigo de los trenes, R. M. D. M., fue entrevistada por la Policía en el Hospital Gómez Ulla la misma tarde del 11 de marzo. Esa testigo describió a un hombre que se había cambiado de asiento en la estación de Coslada, había depositado bajo su asiento con sumo cuidado una bolsa de deporte y luego se había bajado precipitadamente en Santa Eugenia, dejando la bolsa olvidada. Al arrancar el tren, el hombre se quedó mirando desde el andén cómo se iba el convoy. El episodio llamó tanto la atención que dos chicas que estaban sentadas al lado de la testigo lo comentaron entre sí. Posteriormente, estallaría una bomba en el vagón.
La testigo describe así al hombre: de complexión gordita, de 30 a 35 años, una altura de 1,65 o 1,70, pelo corto de punta, cara muy redonda y la piel muy blanca. Curiosamente, estas palabras de la testigo sólo aparecen en el resumen de diligencias policiales, sin que se aportara al sumario aquel 11 de marzo ningún acta de declaración formal.
Tres semanas más tarde, el 30 de marzo de 2004, la policía toma declaración a la testigo, que se encontraba ya en su casa, y esta vez sí que se aporta el acta formal de declaración. Y, sorprendentemente, en ese acta enviada al juez, la testigo vuelve a describir al hombre, pero ahora ese hombre de tez muy blanca se ha transformado en un hombre de piel morena, aunque sin parecer árabe. La testigo no pudo reconocer a nadie con seguridad en las fotos que le mostraron.
Ambos episodios demuestran no que esos testigos estén mintiendo, sino hasta qué punto los seres humanos interpretamos y reinterpretamos nuestras percepciones de acuerdo con el esquema mental prevalente en cada momento. Para el 30 de marzo, la tesis islamista ya se había impuesto, así que la testigo vuelve sobre sus propios recuerdos y reinterpreta lo que vio. La tez muy blanca había desaparecido de su memoria.
Gentileza de LD
domingo, julio 09, 2006
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