viernes, agosto 11, 2006

Carné por puntos

viernes 11 de agosto de 2006
Carné por puntos
Miguel Martínez
C OMO ya sabrán mis queridos reincidentes, desde el pasado 1 de julio funciona en este país lo que se ha venido en llamar “carné por puntos”. Esta medida, que en el resto de países en los que se ha llevado a cabo ha conseguido hacer descender notablemente el número de víctimas por accidentes de circulación, consiste, grosso modo, en que algunas infracciones graves cometidas por el infractor, amén de la multa y de la eventual suspensión temporal del permiso de conducción, llevan aparejada la retirada de puntos. Agotados éstos, el conductor perderá su permiso de conducir y para recuperarlo deberá someterse a unos cursos de reeducación vial. Muchas son las críticas que está recibiendo esta nueva medida pero lo cierto es que, desde la entrada en vigor de este sistema, cada fin de semana observamos cómo las víctimas mortales de accidentes de circulación descienden, en un porcentaje cercano al 40 %, con respecto al mismo fin de semana del año anterior. Todos los que hemos conducido -especialmente por vías interurbanas- durante estas primeras semanas de aplicación de la nueva norma, hemos comprobado cómo se circula con mayor precaución y puede uno ir por el tercer carril de la autopista a 120 km/h sin que te acribillen a rafagazos de luces largas esos conductores con prisas que pegan el morro de su vehículo al culo del que le precede, en una acción que a mí particularmente me recuerda a la actitud de los perros, muy aficionados ellos a olisquear los culos de sus congéneres. En cualquier caso, no hay duda que la implantación del sistema de puntos, ayudado por la cada vez mayor proliferación de rádares –fijos y móviles- en nuestro sistema viario, está reduciendo el número de víctimas en las carreteras, o lo que es lo mismo hacen más seguros nuestros desplazamientos y aumentan estadísticamente nuestras probabilidades, cada vez que cogemos el coche, de llegar sanos y salvos a nuestro destino sin perder la vida en el empeño. Y es que parece ser que el miedo guarda la viña, y que esos doce puntos que nos han regalado, y que no nos han costado ningún esfuerzo, los hemos hecho tan nuestros y les hemos tomado tanto apego, que modificamos nuestra conducta para conservarlos junto a nosotros y no perderlos. Es como si tuviésemos un resorte en la neurona (o neuronas en el caso de los afortunados polineuronales) que da un salto cuando ve la aguja subir por encima de los 120, y nos da un tirón de orejas y nos dice “¡¡Idiota, los puntos!!”. Y uno, que hasta ahora cumplía con más laxitud que exactitud los límites de velocidad, levanta el pie de inmediato y se toca la cartera para comprobar que el carné y sus puntos siguen en su sitio. No sé yo cómo los sociólogos y los psicólogos considerarán esta actitud pero un servidor se huele que no es más que miedo al palo, que nuestro carné de conducir es uno de nuestros más preciados bienes y que el que más y el que menos quiere conservarlo virgen en cuanto a puntos se refiere, para poder así seguir contribuyendo a amenizar el tráfico de nuestras ciudades y carreteras con esos graciosos atascos que tanto nos gustan (lo demuestra nuestra persistencia) a los españoles. Y este notable descenso en las víctimas por accidente que debiera ser motivo de análisis positivo, que no en vano nos hace mejores conductores porque tenemos menos accidentes, es visto por algunos como una afrenta a la libertad individual, un nuevo recorte de derechos y una medida más de la Administración para recaudar. Tenemos, en primer lugar, a esas empresas que se ganan la vida intentando ahorrarles las multas a sus clientes, clientes que, en vez de pagar la multa, pagan a la empresa antimultas para que éstas la recurran y así no tener que pagar la sanción. No pocas veces el conductor, después de haber pagado religiosamente los servicios de la empresa antimultas, tiene que acabar pagando también la denuncia, normalmente incrementada con los correspondientes intereses de demora, e incluso con molestos embargos de cuenta corriente. Un servidor sólo confiaría en aquellas empresas – existen poquísimas, por algo será - que devuelven el importe cobrado al cliente en el caso que éste tenga que acabar pagando la sanción. Incluso en este caso el cliente ha perdido la posibilidad de ahorrarse un 30 % del importe de la denuncia por el llamado “pronto pago”. No se fíen ustedes de los cantos de sirena de muchas de estas empresas que estos días están emitiendo comunicados con información inexacta, cuando no directamente equívoca, y eviten cometer infracciones. Es el único sistema realmente eficaz para no pagar multas. Luego están los lumbreras que se dedican a inutilizar, a golpe de pintura o de pedrada, los objetivos de los rádares fijos, esos que Tráfico publicita a los cuatro vientos en sus comunicados y de los que, además, nos avisa de su ubicación con una señal informativa. Esos rádares, que todos sabemos donde están, suelen ser colocados en puntos considerados peligrosos e impiden que en un determinado lugar, normalmente un punto negro donde se han producido muchos accidentes, se circule a velocidad superior a la permitida. Y llegan estos listillos y, creyéndose los robinjudes de la autovía, los apedrean. Imagino que para que Tráfico se canse de reponerlos en la misma ubicación y los coloquen a traición, donde menos nos lo esperemos y, desde luego, sin publicidad alguna, que luego llega el Robin Hood de turno y se lo carga, y no es cuestión de ponérselo fácil; como mínimo que se lo curre y se dé el trabajo de buscarlo y encontrarlo él solito. Seguro que así, con rádares fantasma que sólo Dios sabe dónde están, salimos ganando todos, empresas antimultas incluidas. Eso sí, podremos pasar disparados por los puntos negros y tendremos la ocasión de demostrar cómo nosotros sí somos capaces de conducir a todo trapo y sin estrellarnos donde otros dejaron su vida. Y resulta curioso que en un país, en el que cada vez más se exige mano dura para acabar con cualquier problema -ya sea el tráfico, la delincuencia, la inmigración irregular o cualquier otro que a ustedes se les ocurra- se reaccione inmediatamente en contra de cualquier medida que nos dé un palo si no cumplimos las normas. Mucho me temo que sí queremos mano dura, pero sólo para el prójimo.

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