lunes, mayo 11, 2009

Debate sobre una Nación en crisis

Debate sobre una Nación en crisis

Martes, 12-05-09
EL debate sobre el estado de la Nación que hoy enfrentará nuevamente a José Luis Rodríguez Zapatero y a Mariano Rajoy es uno de los más importantes de todos los realizados hasta el momento, porque se produce en medio de la mayor crisis económica mundial y nacional y en puertas de unas elecciones que, aun siendo europeas, pueden marcar el curso del resto de la legislatura. Las posiciones del Gobierno y del PP son conocidas, porque la falta de entendimiento entre uno y otro ha hecho que se defiendan pública y antagónicamente, pero esta previsibilidad de los discursos no merma la trascendencia que puede tener el resultado del debate ante la opinión pública. Es más, esta confrontación justifica más que nunca un debate parlamentario que puede llegar a ser esa moción de censura que el PP sitúa en la calle y que en algún momento podría llegar formalmente al Congreso de los Diputados. La clave del debate estará en cómo Rajoy articula los argumentos de censura a Zapatero y cómo éste pretenderá eludirlos. Por lo pronto, el presidente del Gobierno se presenta con el mayor número absoluto de desempleados en la historia democrática, con una tasa de paro que supera el 17 por ciento, un déficit público creciente e ineficiente, una extensión de la morosidad familiar y empresarial, una caída constante de la productividad y una recesión sostenida. Con estos datos, el Gobierno ha optado por fabricar a toda prisa coartadas para su fracaso, como las que exhibió el PSOE en el mitin de Vistalegre este pasado domingo. Culpar de la crisis al PP, un partido que hace cinco años dejó el gobierno, no es sólo mentir a los ciudadanos; es ante todo un acto de cobardía desnudada por los datos. Para herencia gravosa, la que dejó el PSOE en 1996. Para herencia positiva, la que recibió Zapatero en 2004.
Si no ha habido consenso con el PP en materia económica, se debe a la misma razón que explica que no la haya habido en otras materias de Estado. El PSOE prefiere a las minorías extremistas -ERC, BNG o Izquierda Unida- para no ceder un ápice en su forma partidista de gobernar, incluso cuando la situación de crisis económica aconseja un urgente pacto de Estado. Claro que tampoco Zapatero ha conseguido pactos en otras áreas, pese a sus compromisos personales. Hoy el presidente del Gobierno no puede decir que exista un diálogo social fructífero, pese a que sea su eslogan favorito, ni puede presentar un plan cerrado de financiación autonómica, enrocado en un «sudoku» imposible de resolver. El riesgo de anuncios sorpresa es, a falta de resultados, mayor que nunca.
Hace un año Zapatero negaba la crisis, más aún la recesión. Por eso, sus respuestas a la situación han sido tardías, inconexas e improvisadas. Se ha gastado una ingente cantidad de recursos públicos sin obtener beneficios proporcionales -¿dónde están los 400.000 empleos que la vicepresidenta Salgado anunció con el plan de inversión local?-, con la única certeza de que el coste del déficit que ha provocado lastrará la recuperación a largo plazo. Este escenario de crisis económica y políticas sectarias debería forzar hoy un gran debate ideológico entre un Gobierno socialista, deficitario en todos los sentidos y torpe como gestor, y una opción de centro derecha que si en algo tiene acreditado su buen hacer es la dirección económica de España entre 1996 y 2004, que llevó al país a niveles históricos de empleo y desarrollo.

http://www.abc.es/20090512/opinion-confidencial/debate-sobre-nacion-crisis-20090512.html

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