jueves 3 de enero de 2008
Familias como Dios manda
Miguel Martínez
A UNQUE mis queridos reincidentes no se lo crean, quien les escribe se había propuesto no meterse más con los obispos, que luego lo tildan a uno de anticatólico, o lo que es peor, de anticristiano. Y tampoco es eso, que un servidor –que como ya sabrán sus queridos reincidentes se educó en un colegio de salesianos , época de la que guarda gratísimos recuerdos- tiene la convicción de que en multitud de ocasiones la Iglesia presta un servicio a la sociedad y que son muchos los que desde ésta actúan con entrega y abnegación para conseguir un mundo más justo aunque, curiosamente y dicho sea de paso, muchos de los que en ocasiones he denominado como “curas de los míos” suelen ser tratados con poca generosidad desde la propia Iglesia, pero eso es harina de otro costal, aunque la harina ya no se transporte en costales, sino en sacos de material sintético. El caso es que ya la semana anterior y ante las declaraciones del obispo de Tenerife, en las cuales afirmaba poco menos que algunos de los menores abusados sexualmente lo eran porque éstos lo deseaban, e incluso que otros casi se lo buscaban por andar provocando al personal, un servidor estuvo tentado de saltarle al cuello –metafóricamente hablando, por supuesto- al susodicho espécimen y ponerlo como un trapo en su columna, pero quien les escribe recordó las palabras de una buena amiga y mejor periodista -y no es que sea mala amiga, sino que como periodista es extraordinaria- que me escribía al hilo de otro artículo que un servidor acababa de publicar entonces y en el que criticaba cierta forma de interpretar el cristianismo, y lo hacía con estas palabras que les copio directamente desde aquel correo: “De ese asunto, qué quieres que te diga. Ni lo comento, porque me lío, me lío, me lío... y me excomulgan”. Y no es que un servidor tema que lo excomulguen, que duda mucho que alguien con poder para dictar tal medida se entretenga en leer -y muchísimo menos en dar la más mínima importancia- las columnas de quien les escribe, pero bien es verdad que uno, que se conoce, sabía que en caliente iba a ser más duro con ese obispo de lo que la prudencia y el decoro exigían, porque no me negarán ustedes que, como poco, no es de recibo que un representante de la Iglesia de tamaño calibre se exprese en relación a tan delicado tema con estas palabras: “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan”. Si es que después del “que si te descuidas te provocan” , sólo le ha faltado añadir a don Bernardo –que así se llama el susodicho- la socorrida muletilla atenuante “que uno no es de piedra”. Porque hay que tener el cerebro muy carcomido para ver provocación -y no pena o lástima- en la actitud, sea la que fuere, de una criatura de 13 años. Y encima afirmar que es que lo están deseando… Seguro que cuando don Bernardo conoce por la prensa de los casos de pederastia protagonizados por sus colegas los justifica diciendo que a esos mosenes, pobrecillos, los provocaron picaronamente con sabe Dios qué ardides. Aunque, pensándolo bien, casi mejor dejarlo aquí; porque yo también me lío, me lío, me lío… y me excomulgan fijo. Total, que un servidor pasó olímpicamente de las palabras del obispo y escribió su artículo semanal para “vistazo a la prensa” sobre el nuevo canon digital by SGAE ©. Y se preguntarán mis queridos reincidentes cómo es que habiéndose un servidor propuesto dejar tranquilos a los obispos, al menos durante una temporada, en sus columnas, y habiéndolo conseguido ante tamaña barbaridad como la vomitada por el obispo canario, se desdice de su propósito y se lanza al ruedo, que diga al folio, a meterse de nuevo con los obispos, con los prejuicios que tal medida puede reportar a su correo electrónico, al que probablemente vuelvan a lloverle cristianas amenazas cuando esta columna vea la luz, o, muchísimo peor, al prometedor futuro que para él pudieran tener previsto, en aras a una posible y más que previsible ampliación de plantilla, en el cuerpo de botones y ordenanzas de la COPE. Pues a los reincidentes que tal interrogante se hayan planteado comunicarles que un servidor la semana pasada se encontraba de vacaciones, empapado de espíritu navideño, rebosando tolerancia y buena voluntad, y con la firme convicción de intentar proceder en todas sus acciones de la manera más emocionalmente inteligente que le fuera posible, tal y como les comentaba en uno de sus recientes artículos y que llevaba por título “Inteligencia emocional”, no dejando que las barbaridades ajenas soliviantaran el ánimo de quien les escribe, precisamente porque dejarse influir por los que actúan de forma bárbara sería concederles una importancia de la que -al menos para un servidor- carecen. Y una semana después, de nuevo en el tajo y con una mesa de papeles que más parece el suelo de la Puerta del Sol tras el cotillón que una mesa de despacho, y avanzado en su estadio emocional hasta llegar al capítulo de la asertividad, definiendo ésta como el comportamiento comunicacional maduro en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos de una forma sosegada pero firme, un servidor considera que ha llegado el momento de ser asertivo y de rajar por este teclado, en aras de la asertividad y amparándose en artículo 20 de nuestra Constitución – derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción.-, lo que a un servidor le salga de sus teclas. Si alguno de mis queridos reincidentes escuchó el discurso del cardenal Rouco Varela -o el de sus otros colaboradores, que tanto monta, monta tanto- en la pasada manifestación celebrada en Madrid y opinó que esas palabras fueron sabias y cargadas de razón, he de advertirles que probablemente no le guste lo que resta de este artículo, y he de comunicarles que igual de inteligente –emocionalmente hablando- resultaría pinchar con el ratón la crucecita roja del ángulo superior derecho de esta página, cerrándola en este preciso instante, como leer el artículo hasta el final con la convicción de que las elucubraciones de este columnista no merecen que a usted le suba la tensión –porque realmente no lo merecen- ni le solivianten el ánimo, que no son más que el resultado lógico, bien de la incapacidad de quien les escribe para transmitirles ideas con un mínimo de sentido común y de coherencia, o bien son la más que previsible secuela de una sociedad decadente, sin valores, así como de un sempiterno y pésimo sistema educativo que consecuentemente genera columnistas productores desechos como el que usted está leyendo. Lo que sin duda resultaría poco inteligente, sería leerlo a sabiendas que no le va a gustar, padecer mientras lo lee y agarrarse luego un cabreo monumental a causa de haberlo leído. Advertidos quedan mis queridos reincidentes, y más advertidos aún los que, sin serlo, aterricen casualmente en esta página, que los reincidentes de un servidor andan ya prevenidos sobre qué pueden encontrarse y qué no en sus artículos. Y es que incluso partiendo de la base de que cualquier colectivo, incluido el Arzobispado de Madrid, promotor de la concentración, tiene todo el derecho del mundo a manifestarse y a pregonar a sus acólitos -en este caso fieles- sus mensajes, proclamas e incluso transmitirles el modelo social y político más acorde con sus postulados, no es menos cierto que algunas de las afirmaciones allí vertidas por insignes representantes de la Iglesia, dan para siete docenas y media de artículos, aun y dejando al margen ciertos detalles, insignificantes si ustedes quieren, como la casual proximidad con el inicio de la campaña electoral que se intuye movidita, el hecho de que incluso los paneles de tráfico de la Comunidad de Madrid anunciaran la concentración en vez de los habituales mensajes de prudencia y de información del tráfico, o que de nuevo las cifras de asistentes proporcionadas por los organizadores rocen no ya la incongruencia sino el despropósito, dándole de patadas al sentido común y recordando al chiste de los mil chinos jugando al fútbol en la cabina de teléfonos, proporción similar entre el espacio existente en la cabina del chiste y la Plaza de Colón, si extrapolamos chinos y manifestantes. Porque, la verdad, no sabe uno por dónde empezar ante las suculentas declaraciones de los mitrados, arzobispos y obispos, porque sin llegar a los límites –sin duda altos- puestos la semana anterior por el obispo canario, ése al que cada vez que se descuida lo provocan los niños de 13 años, las opiniones de algunos de los discursistas –stricto sensu - en la manifestación también tienen su miga. Rouco Varela dixit: “Nuestro ordenamiento jurídico ha dado marcha atrás respecto a la Declaración Universal de los Derechos Humanos”, pues según interpreta don Rouco, nuestro ordenamiento jurídico entra en contradicción con el artículo 16 de la citada declaración, que establece que “la familia es el núcleo fundamental de la sociedad y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el estado”. Vamos pues a interpretar esas palabras y, quién mejor que mi amado y socorrido Diccionario de la Real Academia, nada sospechoso de ser sectario, para darnos el significado justo y adecuado de las palabras. Familia. (Del latín. familĭa). 1. f. Grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas. 2. f. Conjunto de ascendientes, descendientes, colaterales y afines de un linaje. 3. f. Hijos o descendencia. Siendo esta la definición de la palabra familia, no entiende uno que nuestro ordenamiento jurídico dé marcha atrás en nada. Claro que habrá quien opine que una familia no lo es, al menos bajo las leyes de Dios, cuando los dos cónyuges lo sean del mismo sexo. Y un servidor les dirá que sí, que vale, que de acuerdo, pero que en este país –como en la mayoría de los países civilizados- la Iglesia no dicta las leyes, sino que lo hace el parlamento escogido democráticamente por los ciudadanos. Mezclar las leyes humanas -como lo son las declaraciones de la ONU- con las divinas es mezclar churras con merinas. Recuerden, al César lo que es del César. En cualquier caso el hecho de que se les permita a dos personas del mismo sexo acceder al matrimonio civil no va a impedir que todos los que deseen formar una familia tradicional, con un cónyuge de cada sexo como Dios manda –nunca mejor dicho- dejen de hacerlo. ¿Que la gente cada vez se casa menos por la Iglesia? Natural ¿No han visto lo caro que resulta? Arrejuntarse sale indudablemente más económico. Y encima se ahorra uno de aguantar al cuñado gorrón, hasta las cejas de vino, subido en un silla, llamando la atención golpeando una copa con un cuchillo, y repitiendo cansinamente lo de que se besen, que se besen…. Carlos Amigo, obispo de Sevilla, que no pudo asistir a la reunión le pasó una carta a Manuel Barrios, delegado diocesano de Familia de Madrid para que éste la leyera, y al hacerlo don Manuel también dixit: “No se puede prescindir de la familia ni privarla de sus derechos”. A ver si es que se le ha privado algún derecho a la familia y un servidor no se ha enterado, porque ¿qué derecho se le priva a aquel que quiera formar una familia cristiana? ¿No puede uno casarse con quien le dé la gana? Obviamente que quien quiera casarse con Julia Roberts o con George Clooney lo tiene complicadillo, pero el derecho a hacerlo sí lo tiene si consigue convencerlos. Ni en el caso de un camionero que se quiera casar con un encofrador no entiendo yo qué derecho de qué familia está vulnerando. ¿O es que si el camionero y el encofrador se casan no van a poder hacer lo propio un encofrador –el mismo de antes no, otro- con una administrativa? Antonio Cañizares, cardenal arzobispo de Toledo, dixit: “la familia, pese a ser "la institución social más valorada, está siendo sacudida en sus cimientos (...) incluso con legislaciones injustas e inicuas" y "sufre ataques de gran calado", por lo que "hoy se puede considerar la salvaguarda del matrimonio como el primer problema social". Pues mire usted, señor Cañizares. Ojalá ése fuese el primer problema social, porque, entre otras cosas, significaría que estaríamos atando los perros con chorizo de venado, que el euríbor nos importaría un pito, que los equilibrios a fin de mes serían cosa pasada y que en los asilos de la seguridad social les servirían a los abueletes jamón de jabugo migado en las sopitas. Entre los problemas que más preocupan a la población en España (y no en los mundos de Yupi), y según el último barómetro del CIS, encontramos el paro, la vivienda, el terrorismo y un montón de problemas reales que son los que sí nos quitan el sueño. O lo que es lo mismo, salvaguardar el matrimonio será un problema para usted. La sociedad española no lo identifica como un problema. Probablemente porque no lo sea. Y les he dejado para el final mi cita preferida, la del arzobispo de Valencia Agustín García-Gasco, que dixit “la cultura del laicismo radical conduce a la disolución de la democracia”. Vamos a ver, que esta cita merece párrafo nuevo tras punto y a parte. Considera este señor que la cultura del laicismo (doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa, según el DRAE) conduce a la disolución de la democracia. Y ya estamos de nuevo con las churras y con las merinas hechas un revoltillo, porque ya me contarán a mí qué tendrá que ver lo laicos que puedan ser los habitantes de un país, con la democracia, entre otras cosas porque las sociedades en las que la política y la religión van de la manita, no son precisamente las que mejor puedan presumir de democracia. No hace falta echar muy atrás la vista ni la memoria para comprobar que cuando en este país mandaba un señor bajito -no me refiero a Aznar, sigan retrocediendo unas pocas décadas más- que entraba en las iglesias bajo palio. Entonces, sí que sólo existían familias como Dios manda. Lo que no existía era democracia. A ver si va a resultar que lo que les molesta a algunos que yo me sé no sean los matrimonios entre los homosexuales sino la democracia, que es la que en definitiva permite que las leyes no las dicte sólo Dios, o que los gobernantes no lo sean “por la gracia de Dios”. A ver si va ser eso…
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4366
jueves, enero 03, 2008
Juan Urrutia, Hasta que baje el telon
jueves 3 de enero de 2008
Hasta que baje el telón
Juan Urrutia
N OS encontramos inmersos en una vorágine depredadora, en un frenesí alimenticio propio de escualos tentados por la sangre de sus víctimas. Sentimos la necesidad de comer, beber, regurgitar y repetir la operación anterior y todo porque es Navidad. Lo que más me molesta de estas malsanas fiestas es que traten de conmoverme a traición. El otro día estaba comprando sardinas, ah qué ricas están las sardinas, y mientras luchaba por abrirme paso entre la multitud para pagar mis deliciosos teleósteos pelágicos —colarse no es tan fácil como parece— escuché musiquillas entrañables y villancicos como los que se cantaban antes a ritmo de zambomba. Traición, traición perruna. Ante el intento vil de provocarme recuerdos íntimos para causar en mi persona un momentáneo olvido de lo caro que está el conejo y conseguir así un mayor desembolso en comida y fruslerías por parte de un servidor, me hirvió la sangre. Yo me enternezco cuando debo, que son pocas veces, y gasto lo que puedo, que no es mucho, pero no porque haciendo uso de artes pérfidas y manipuladoras los comerciantes capitalistas provoquen que me sienta más “navideño.” Por desgracia la ira fue tal que no tuve otro remedio que desahogarme cortándole la corbata en varios trozos, enormes tijeras en ristre, a un señor de Cuenca que pasaba por allí. Aprovecho para disculparme con él: usted perdone caballero, fue un pronto. El consumidor comienza a darse cuenta de estas mandangas, las personas y animales de este país estamos hartos de que pretendan despertar nuestros instintos más primarios con objeto de vaciarnos los bolsillos. Cada vez menos gente cree que con un Ferrari Testarosa hará más el amor, lógico, no tiene asientos traseros, o que su familia será infinitamente feliz si la agasaja con uvas rellenas de anchoa para año nuevo. Es marrana la intención, propia de buitres, sanguijuelas y miserables vendedores de felicidad del baratillo, oigan. Cada año me enervan más las ingentes cantidades de dinero gastadas en regalos que son calcos de otros regalos y que están diseñados para no gustar a nadie, tan sólo para resultar aparentes. De igual forma, comienzan a cansarme las películas con mensajes conciliadores, tan propios de estas fechas y cuyo objeto es el mismo que el de la musiquilla de los grandes almacenes, vender. Tip dijo una vez: “Obdulia, devuélveme mis gafas.” Esto no guarda relación con lo anterior pero tengo la impresión de estar escribiendo en un tono excesivamente agrio. Voy a terminar, si me lo permiten, al estilo de Molière: a continuación levántense todos, canten y bailen, sigan bailando hasta que baje el telón.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4367
Hasta que baje el telón
Juan Urrutia
N OS encontramos inmersos en una vorágine depredadora, en un frenesí alimenticio propio de escualos tentados por la sangre de sus víctimas. Sentimos la necesidad de comer, beber, regurgitar y repetir la operación anterior y todo porque es Navidad. Lo que más me molesta de estas malsanas fiestas es que traten de conmoverme a traición. El otro día estaba comprando sardinas, ah qué ricas están las sardinas, y mientras luchaba por abrirme paso entre la multitud para pagar mis deliciosos teleósteos pelágicos —colarse no es tan fácil como parece— escuché musiquillas entrañables y villancicos como los que se cantaban antes a ritmo de zambomba. Traición, traición perruna. Ante el intento vil de provocarme recuerdos íntimos para causar en mi persona un momentáneo olvido de lo caro que está el conejo y conseguir así un mayor desembolso en comida y fruslerías por parte de un servidor, me hirvió la sangre. Yo me enternezco cuando debo, que son pocas veces, y gasto lo que puedo, que no es mucho, pero no porque haciendo uso de artes pérfidas y manipuladoras los comerciantes capitalistas provoquen que me sienta más “navideño.” Por desgracia la ira fue tal que no tuve otro remedio que desahogarme cortándole la corbata en varios trozos, enormes tijeras en ristre, a un señor de Cuenca que pasaba por allí. Aprovecho para disculparme con él: usted perdone caballero, fue un pronto. El consumidor comienza a darse cuenta de estas mandangas, las personas y animales de este país estamos hartos de que pretendan despertar nuestros instintos más primarios con objeto de vaciarnos los bolsillos. Cada vez menos gente cree que con un Ferrari Testarosa hará más el amor, lógico, no tiene asientos traseros, o que su familia será infinitamente feliz si la agasaja con uvas rellenas de anchoa para año nuevo. Es marrana la intención, propia de buitres, sanguijuelas y miserables vendedores de felicidad del baratillo, oigan. Cada año me enervan más las ingentes cantidades de dinero gastadas en regalos que son calcos de otros regalos y que están diseñados para no gustar a nadie, tan sólo para resultar aparentes. De igual forma, comienzan a cansarme las películas con mensajes conciliadores, tan propios de estas fechas y cuyo objeto es el mismo que el de la musiquilla de los grandes almacenes, vender. Tip dijo una vez: “Obdulia, devuélveme mis gafas.” Esto no guarda relación con lo anterior pero tengo la impresión de estar escribiendo en un tono excesivamente agrio. Voy a terminar, si me lo permiten, al estilo de Molière: a continuación levántense todos, canten y bailen, sigan bailando hasta que baje el telón.
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Villacañas, Tres logros en la segunda etapa de FET-JONS
jueves 3 de enero de 2008
Tres logros en la segunda etapa de FET-JONS
Antonio Castro Villacañas
L A segunda etapa de FET-JONS transcurre desde finales de diciembre de l937 hasta el 10 de agosto de 1939; es decir, desde que Franco nombró a Raimundo Fernández Cuesta Secretario General de dicha organización hasta que lo cesó en tal puesto y puso en su lugar al general Muñoz Grandes. Aunque en estas apuntaciones no me proponga hacer una historia de la Falange -tarea que dejo en manos de quienes tengan tiempo y ganas de realizarla- sí creo conveniente llamar la atención de mis lectores -que merecen toda mi gratitud por soportar mis puntos de vista en esta y otras materias y hacerme llegar los suyos- sobre las realizaciones sociales y políticas habidas en cada una de sus fases, pues para la gran mayoría de los españoles tanto FE como JONS, FE-JONS y FET-JONS solo protagonizaron muertes, represalias o mordazas... Tal es la historia que a diario difunden los medios públicos y privados de comunicación y que se enseña en las diferentes aulas escolares. Por eso es urgente y necesario resaltar las muchas cosas buenas que se hicieron desde 1933, 1934 y 1937 hasta 1977. Si en la primera etapa de FET-JONS esta Falange tuvo una importante participación en la creación del Servicio Nacional del Trigo, que durante cuarenta años resolvió de modo satisfactorio los problemas agrarios de nuestro país, en el segundo periodo hizo notar su presencia -además de en otras muchas cosas que bien merecen ser debidamente historiadas- en tres realizaciones que yo estimo muy importantes: a) la formación cívica de la juventud; b) su formación cultural; y c) el Fuero del Trabajo. Una de las mas significativas consecuencias que tuvo nuestra guerra fue la de preocuparse por el papel que la juventud debe desempeñar en la cotidiana vida política y social de su pueblo, tanto en lo que respecta a sus posibles contingencias como en lo referente al modo de preparar en forma adecuada a las minorías que deben dirigir el futuro de la comunidad. En España no existió una política juvenil hasta que el peculiar desarrollo de la II República motivó que la izquierda y la derecha decidieran organizar sendas fuerzas juveniles, entre las que destacaron por su fuerza y ambición las Juventudes Socialistas y las de Acción Popular, pero todas ellas fueron más sectores filiales de grupos protagonistas de la lucha política que verdaderas organizaciones educativas. El Estado, por su parte, no fue capaz -o no se preocupó- de crear una institución encargada de tales características. La guerra supuso que en las dos zonas enfrentadas los niños y los jóvenes intervinieran desde su comienzo en tareas políticas mas o menos peligrosas. FE-JONS tuvo inmediatamente sus "flechas"; el Requeté, sus "pelayos"; en la zona roja prosperaron las Juventudes Socialistas Unificadas, adscritas al creciente Partido Comunista. Corresponde a FET-JONS y al franquismo el haber creado y puesto en marcha, por primera vez en España, una institución encargada de promover la educación cívica, deportiva y cultural de sus juventudes. El 4 de agosto de 1937 un Decreto de la Jefatura del Estado aprobaba los Estatutos de FET-JONS que, entre otros servicios, establecían una Delegación Nacional de la Organización Juvenil. En un primer momento, la OJ se limitó a unir y coordinar los afanes de cuantos adolescentes, desde la retaguardia, imitaban los signos de milicia o de guerra que sus mayores daban en el frente. Flechas, pelayos y cadetes alegraron pueblos y ciudades con sus uniformes, correajes, músicas, banderines, actos, desfiles, disciplina y colorido. Despertaban olas de entusiasmo y esperanza por y para el futuro. A partir del verano de 1938, sin renunciar a todo ello, que en conjunto significaba mucho en el lógico esfuerzo común de ganar la guerra, la acción juvenil se articuló en unir la instrucción deportiva a la militar, iniciar la repoblación forestal, recoger chatarra, recolectar ropas y objetos para el aguinaldo del soldado o la entrada en pueblos y ciudades, cantar himnos y marchas o tonadas y sones regionales... En resumen: en los cuarteles y campamentos de la OJ de la FET-JONS de Franco, por primera vez en España -salvo en las minoritarias excepciones de los Minyons de Muntanya y de los Legionarios- se llevó a cabo una educación de la juventud en los ámbitos deportivos, físicos, del medio ambiente, musical, artístico y cultural, que por desgracia dejó de hacerse años más tarde, como Dios mediante veremos en otro momento. El segundo logro de FET-JONS en esta etapa fue la de tomar parte activa en la reforma de la Enseñanza Media que hizo el ministro de Educación Nacional Pedro Sáinz Rodríguez, consistente en la implantación de un tipo de Bachillerato formativo y cíclico muy superior a todos los anteriores y posteriores, con un examen final que permitía comprobar el fruto obtenido en los siete años de enseñanza. Este Bachillerato potenció a los Institutos Nacionales y produjo una clase de bachilleres con elevado nivel de cultura, que en su casi totalidad pasó a la Universidad o a otras enseñanzas superiores de índole profesional o técnico, en las que por su formación contribuyó de modo notable a un paulatino incremento de nivel. Es decir, a todo lo contrario de lo que sucede en España desde 1976... El tercer logro de esta Falange franquista es, a mi juicio, el Fuero del Trabajo. Inicialmente concebido como una simple declaración programática de lo que el nuevo régimen político pensaba hacer en todo lo referente al orden económico y social de España, fue primero un escrito redactado por González Bueno, el recién nombrado ministro de Organización y Acción Sindical, que estudió luego una ponencia integrada con él por los también ministros Serrano Suñer, Sainz Rodrñiguez, Fernández Cuesta, Amado y Suances. De la nueva redacción del texto se envió una copia a todos los consejeros nacionales de FET-JONS, quienes la debatieron en las sesiones celebradas por ese Consejo entre el 6 y el 9 de marzo de 1938. El resultado final fue un muy importante documento de índole constitucional, que comprometía al Estado por primera vez en España a la realización de una política social avanzada. El preámbulo de este documento lo redactó Dionisio Ridruejo. Dividido en Declaraciones, el Fuero del Trabajo inspiró la creación inmediata de la vigente Magistratura del Trabajo, la reorganización del ñoño Instituto Nacional de Previsión, la puesta en marcha del Subsidio Familiar y la creación del Instituto Nacional de la Vivienda, todo ello en el breve plazo de dos meses. Termino por hoy. Nadie puede dudar de que, juzgando en conjunto, el balance de la segunda etapa de FET puede considerarse realmente positivo. Gracias a ella el primer gobierno de Franco se mostró positivamente más revolucionario que el de Negrín, lo que le ayudó mucho a ganar la guerra dado que el pueblo nacional se ilusionó con la posibilidad de vivir una España justa.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4359
Tres logros en la segunda etapa de FET-JONS
Antonio Castro Villacañas
L A segunda etapa de FET-JONS transcurre desde finales de diciembre de l937 hasta el 10 de agosto de 1939; es decir, desde que Franco nombró a Raimundo Fernández Cuesta Secretario General de dicha organización hasta que lo cesó en tal puesto y puso en su lugar al general Muñoz Grandes. Aunque en estas apuntaciones no me proponga hacer una historia de la Falange -tarea que dejo en manos de quienes tengan tiempo y ganas de realizarla- sí creo conveniente llamar la atención de mis lectores -que merecen toda mi gratitud por soportar mis puntos de vista en esta y otras materias y hacerme llegar los suyos- sobre las realizaciones sociales y políticas habidas en cada una de sus fases, pues para la gran mayoría de los españoles tanto FE como JONS, FE-JONS y FET-JONS solo protagonizaron muertes, represalias o mordazas... Tal es la historia que a diario difunden los medios públicos y privados de comunicación y que se enseña en las diferentes aulas escolares. Por eso es urgente y necesario resaltar las muchas cosas buenas que se hicieron desde 1933, 1934 y 1937 hasta 1977. Si en la primera etapa de FET-JONS esta Falange tuvo una importante participación en la creación del Servicio Nacional del Trigo, que durante cuarenta años resolvió de modo satisfactorio los problemas agrarios de nuestro país, en el segundo periodo hizo notar su presencia -además de en otras muchas cosas que bien merecen ser debidamente historiadas- en tres realizaciones que yo estimo muy importantes: a) la formación cívica de la juventud; b) su formación cultural; y c) el Fuero del Trabajo. Una de las mas significativas consecuencias que tuvo nuestra guerra fue la de preocuparse por el papel que la juventud debe desempeñar en la cotidiana vida política y social de su pueblo, tanto en lo que respecta a sus posibles contingencias como en lo referente al modo de preparar en forma adecuada a las minorías que deben dirigir el futuro de la comunidad. En España no existió una política juvenil hasta que el peculiar desarrollo de la II República motivó que la izquierda y la derecha decidieran organizar sendas fuerzas juveniles, entre las que destacaron por su fuerza y ambición las Juventudes Socialistas y las de Acción Popular, pero todas ellas fueron más sectores filiales de grupos protagonistas de la lucha política que verdaderas organizaciones educativas. El Estado, por su parte, no fue capaz -o no se preocupó- de crear una institución encargada de tales características. La guerra supuso que en las dos zonas enfrentadas los niños y los jóvenes intervinieran desde su comienzo en tareas políticas mas o menos peligrosas. FE-JONS tuvo inmediatamente sus "flechas"; el Requeté, sus "pelayos"; en la zona roja prosperaron las Juventudes Socialistas Unificadas, adscritas al creciente Partido Comunista. Corresponde a FET-JONS y al franquismo el haber creado y puesto en marcha, por primera vez en España, una institución encargada de promover la educación cívica, deportiva y cultural de sus juventudes. El 4 de agosto de 1937 un Decreto de la Jefatura del Estado aprobaba los Estatutos de FET-JONS que, entre otros servicios, establecían una Delegación Nacional de la Organización Juvenil. En un primer momento, la OJ se limitó a unir y coordinar los afanes de cuantos adolescentes, desde la retaguardia, imitaban los signos de milicia o de guerra que sus mayores daban en el frente. Flechas, pelayos y cadetes alegraron pueblos y ciudades con sus uniformes, correajes, músicas, banderines, actos, desfiles, disciplina y colorido. Despertaban olas de entusiasmo y esperanza por y para el futuro. A partir del verano de 1938, sin renunciar a todo ello, que en conjunto significaba mucho en el lógico esfuerzo común de ganar la guerra, la acción juvenil se articuló en unir la instrucción deportiva a la militar, iniciar la repoblación forestal, recoger chatarra, recolectar ropas y objetos para el aguinaldo del soldado o la entrada en pueblos y ciudades, cantar himnos y marchas o tonadas y sones regionales... En resumen: en los cuarteles y campamentos de la OJ de la FET-JONS de Franco, por primera vez en España -salvo en las minoritarias excepciones de los Minyons de Muntanya y de los Legionarios- se llevó a cabo una educación de la juventud en los ámbitos deportivos, físicos, del medio ambiente, musical, artístico y cultural, que por desgracia dejó de hacerse años más tarde, como Dios mediante veremos en otro momento. El segundo logro de FET-JONS en esta etapa fue la de tomar parte activa en la reforma de la Enseñanza Media que hizo el ministro de Educación Nacional Pedro Sáinz Rodríguez, consistente en la implantación de un tipo de Bachillerato formativo y cíclico muy superior a todos los anteriores y posteriores, con un examen final que permitía comprobar el fruto obtenido en los siete años de enseñanza. Este Bachillerato potenció a los Institutos Nacionales y produjo una clase de bachilleres con elevado nivel de cultura, que en su casi totalidad pasó a la Universidad o a otras enseñanzas superiores de índole profesional o técnico, en las que por su formación contribuyó de modo notable a un paulatino incremento de nivel. Es decir, a todo lo contrario de lo que sucede en España desde 1976... El tercer logro de esta Falange franquista es, a mi juicio, el Fuero del Trabajo. Inicialmente concebido como una simple declaración programática de lo que el nuevo régimen político pensaba hacer en todo lo referente al orden económico y social de España, fue primero un escrito redactado por González Bueno, el recién nombrado ministro de Organización y Acción Sindical, que estudió luego una ponencia integrada con él por los también ministros Serrano Suñer, Sainz Rodrñiguez, Fernández Cuesta, Amado y Suances. De la nueva redacción del texto se envió una copia a todos los consejeros nacionales de FET-JONS, quienes la debatieron en las sesiones celebradas por ese Consejo entre el 6 y el 9 de marzo de 1938. El resultado final fue un muy importante documento de índole constitucional, que comprometía al Estado por primera vez en España a la realización de una política social avanzada. El preámbulo de este documento lo redactó Dionisio Ridruejo. Dividido en Declaraciones, el Fuero del Trabajo inspiró la creación inmediata de la vigente Magistratura del Trabajo, la reorganización del ñoño Instituto Nacional de Previsión, la puesta en marcha del Subsidio Familiar y la creación del Instituto Nacional de la Vivienda, todo ello en el breve plazo de dos meses. Termino por hoy. Nadie puede dudar de que, juzgando en conjunto, el balance de la segunda etapa de FET puede considerarse realmente positivo. Gracias a ella el primer gobierno de Franco se mostró positivamente más revolucionario que el de Negrín, lo que le ayudó mucho a ganar la guerra dado que el pueblo nacional se ilusionó con la posibilidad de vivir una España justa.
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Ladron de Guevara, Ibarretxe sus socio-alistas y el...
jueves 3 de enero de 2008
Ibarretxe sus socio-alistas y el mensaje para 2008
Ernesto Ladrón de Guevara
E L mensaje de Ibarretxe para 2008 ha girado en torno a la habitual por repetitiva trilogía “paz, diálogo y decisión” de semántica ya desgastada. Esas palabras tan bellas han perdido su calidad axiológica y su valor moral porque las han puesto al servicio de una estrategia cainita, destructiva, disgregadora y segregadora a la vez. Tres palabras vacías de todo significado por el uso malverso producido por la perversa estrategia nacionalista que representa la quintaesencia de la proclama maquiavélica de “el fin justifica los medios”. Ibarretxe nos amarga el paso de año con su anuncio de consulta autodeterminista inconstitucional, ilegítima e ilegal. Ibarretxe nos habla de diálogo pero para imponer sus condiciones como por cierto hace ETA. Eso no es diálogo, sino un burdo chantaje revestido de una pretenciosa actitud coloquial. El anuncio de un diálogo sobre la base de poner al mismo nivel al Estado, y su soberanía nacional del conjunto de los españoles, que a un presidente de una comunidad autónoma que no actúa en nombre de la mayoría de los ciudadanos vascos sino en representación de la colectividad nacionalista, no es un pacto sino una imposición. Hay que repetir una vez más que la decisión sobre la estructura del Estado o sobre el devenir de una de sus partes corresponde al conjunto de los españoles, pues es así lo que marca el pacto constitucional y también responde a la existencia indubitada de una nación española, patria común de todos los españoles. Pese a quien pese. Condicionar la paz al objetivo de la independencia es establecer las mismas bases que predica el partido ilegalizado por ser brazo político de ETA, y resulta repugnante pues es jugar en el mismo lado de quienes niegan la pluralidad y la democracia, y soslaya toda posibilidad para la prevalencia de los derechos humanos que son los derechos de cada persona más allá de la adscripción ideológica. Por eso, Ibarretxe, no ha recordado ni en un solo momento a los perseguidos y a los amenazados, pues para él y para su mezquina estrategia, los que tenemos el baldón de estar en el ojo de ETA somos un estorbo y un recordatorio de que las libertades nunca han existido en el País Vasco, entre otras cosas porque los nacionalistas, en el fondo, no quieren que haya pluralismo y democracia real sin cortapisas. Ahora bien, la responsabilidad principal de que Ibarretxe se haya lanzado de forma tan impune y decidida hacia la posibilidad autodeterminista no es del PNV. Los nacionalistas aprovechan cualquier resquicio, cualquier grieta en los pilares del edificio constitucional y en la solidez del Estado democrático, para meter cuñas que produzcan su derribo. La culpa es de los socialistas, que, por ejemplo, en Cataluña han diseñado un proceso de constitución de un Estado catalán que ni el sedicioso Companys hubiera soñado, con una deriva nacionalista parangonable al propósito de Ibarretxe. El presidente vasco simplemente aprovecha la oportunidad que le brinda un Gobierno de España que actúa como caballo de Troya en el Estado para descomponerlo sin definir el modelo territorial y desbordando el propio marco constitucional. Sánchez Albornoz, fue número uno en las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos, catedrático numerario de Historia de España en las universidades de Barcelona, Valencia, Valladolid y Madrid, miembro de la Real Academia de la Historia, y Rector de la Universidad Central en 1932-34, Diputado por Ávila entre 1931 y 1936, Ministro de Estado en 1933, Vicepresidente de las Cortes en 1936, Consejero de Instrucción Pública entre 1931 y 1933, y Embajador de España en Lisboa. Exiliado tras la Guerra Civil, siendo profesor de Historia en las universidades de Mendoza y Buenos Aires y fundando en Argentina el Instituto de Historia de España. Este prohombre de España, olvidado por la clase política española, incluso por aquellos que abogan por una falsa memoria histórica, dijo tras su vuelta a España (1983), poco antes de morir, en un espléndido artículo titulado “Los vaivenes de la historia” que guardo como oro en paño lo siguiente: “Los hombres no suelen conceder a tales vaivenes la atención que merecen. Cuanto menos inteligentes más propicios son a considerar que “su real gana” puede decidir el futuro de un pueblo. He conocido algunos casos crueles tales tremendos errores. Primo de Rivera y el Rey [Alfonso XIII] creyeron que la dictadura era perdurable. Su yerro llevó a la república. He relatado, en mi ‘anecdotario político’ la respuesta que don Benavites que se aventuró a hacer al monarca el elogio de la dictadura. ‘Sí, Bernardino, la dictadura ha hecho dos cosas muy importantes para España: los firmes especiales y la República’. Después, Largo Caballero, en 1935, previno a los republicanos al firmar el acuerdo que llevó al Frente Popular –yo no lo he sabido sino ya emigrado- que se reservaba el derecho de hacer la revolución tras la victoria electoral. Y es notorio que de febrero a julio lanzó a sus gentes a la revuelta continua –estuvieron a punto de matar a Prieto en Écija-. Tres años de guerra civil y cuarenta de dictadura franquista fueron las consecuencias de su estúpido error. [...]Durante la República y después, siempre, he defendido la precisión de acortar las grandes diferencias sociales y económicas que separaban y aún separan a los españoles. Desde mi rincón bonaerense he predicado empero, siempre, el respeto total a las libertades individuales en la transformación social de España. El triunfo socialista [1982] me ha parecido un buen camino para la mudanza en paz de la patria envejecida. Si los vencedores son inteligentes, claro está, y no se lanzan por sendas tortuosas. Pero, mi larga y triste experiencia, llevo 47 años exiliado y he perdido todo en España [...] me mueve a tomar la pluma para recordar a los socialistas gobernantes, que todo es pasajero en la historia, que frecuentes casos de estulticia política han provocado graves daños a mi patria en el curso de mi vida. Casos de estulticia en los que vulgarmente podríamos decir que ha salido el tiro por la culata a los a veces ingenuos y bien intencionados gobernantes. Y, naturalmente, con mucha frecuencia a los ambiciosos de poder sin conocimientos de las lecciones de la historia. Se ha abierto una nueva página de la historia de España. Deseo vivamente que esta etapa novísima sea fecunda en el renovar de nuestra España. Pero mi triste experiencia política y lo avanzado de mi edad[...] me hacen temer que volvamos a cometer nuevos errores yerros de ingratas consecuencias para tirios y troyanos.” Me ha parecido muy importante transcribir, pese a su extensión, algunos párrafos del testimonial artículo de Sánchez Albornoz. Pues su lamento escéptico y previsión dramática se están cumpliendo al día de hoy. El artículo, publicado hace ya 25 años, es de rabiosa actualidad.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4361
Ibarretxe sus socio-alistas y el mensaje para 2008
Ernesto Ladrón de Guevara
E L mensaje de Ibarretxe para 2008 ha girado en torno a la habitual por repetitiva trilogía “paz, diálogo y decisión” de semántica ya desgastada. Esas palabras tan bellas han perdido su calidad axiológica y su valor moral porque las han puesto al servicio de una estrategia cainita, destructiva, disgregadora y segregadora a la vez. Tres palabras vacías de todo significado por el uso malverso producido por la perversa estrategia nacionalista que representa la quintaesencia de la proclama maquiavélica de “el fin justifica los medios”. Ibarretxe nos amarga el paso de año con su anuncio de consulta autodeterminista inconstitucional, ilegítima e ilegal. Ibarretxe nos habla de diálogo pero para imponer sus condiciones como por cierto hace ETA. Eso no es diálogo, sino un burdo chantaje revestido de una pretenciosa actitud coloquial. El anuncio de un diálogo sobre la base de poner al mismo nivel al Estado, y su soberanía nacional del conjunto de los españoles, que a un presidente de una comunidad autónoma que no actúa en nombre de la mayoría de los ciudadanos vascos sino en representación de la colectividad nacionalista, no es un pacto sino una imposición. Hay que repetir una vez más que la decisión sobre la estructura del Estado o sobre el devenir de una de sus partes corresponde al conjunto de los españoles, pues es así lo que marca el pacto constitucional y también responde a la existencia indubitada de una nación española, patria común de todos los españoles. Pese a quien pese. Condicionar la paz al objetivo de la independencia es establecer las mismas bases que predica el partido ilegalizado por ser brazo político de ETA, y resulta repugnante pues es jugar en el mismo lado de quienes niegan la pluralidad y la democracia, y soslaya toda posibilidad para la prevalencia de los derechos humanos que son los derechos de cada persona más allá de la adscripción ideológica. Por eso, Ibarretxe, no ha recordado ni en un solo momento a los perseguidos y a los amenazados, pues para él y para su mezquina estrategia, los que tenemos el baldón de estar en el ojo de ETA somos un estorbo y un recordatorio de que las libertades nunca han existido en el País Vasco, entre otras cosas porque los nacionalistas, en el fondo, no quieren que haya pluralismo y democracia real sin cortapisas. Ahora bien, la responsabilidad principal de que Ibarretxe se haya lanzado de forma tan impune y decidida hacia la posibilidad autodeterminista no es del PNV. Los nacionalistas aprovechan cualquier resquicio, cualquier grieta en los pilares del edificio constitucional y en la solidez del Estado democrático, para meter cuñas que produzcan su derribo. La culpa es de los socialistas, que, por ejemplo, en Cataluña han diseñado un proceso de constitución de un Estado catalán que ni el sedicioso Companys hubiera soñado, con una deriva nacionalista parangonable al propósito de Ibarretxe. El presidente vasco simplemente aprovecha la oportunidad que le brinda un Gobierno de España que actúa como caballo de Troya en el Estado para descomponerlo sin definir el modelo territorial y desbordando el propio marco constitucional. Sánchez Albornoz, fue número uno en las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archivos, Bibliotecas y Museos, catedrático numerario de Historia de España en las universidades de Barcelona, Valencia, Valladolid y Madrid, miembro de la Real Academia de la Historia, y Rector de la Universidad Central en 1932-34, Diputado por Ávila entre 1931 y 1936, Ministro de Estado en 1933, Vicepresidente de las Cortes en 1936, Consejero de Instrucción Pública entre 1931 y 1933, y Embajador de España en Lisboa. Exiliado tras la Guerra Civil, siendo profesor de Historia en las universidades de Mendoza y Buenos Aires y fundando en Argentina el Instituto de Historia de España. Este prohombre de España, olvidado por la clase política española, incluso por aquellos que abogan por una falsa memoria histórica, dijo tras su vuelta a España (1983), poco antes de morir, en un espléndido artículo titulado “Los vaivenes de la historia” que guardo como oro en paño lo siguiente: “Los hombres no suelen conceder a tales vaivenes la atención que merecen. Cuanto menos inteligentes más propicios son a considerar que “su real gana” puede decidir el futuro de un pueblo. He conocido algunos casos crueles tales tremendos errores. Primo de Rivera y el Rey [Alfonso XIII] creyeron que la dictadura era perdurable. Su yerro llevó a la república. He relatado, en mi ‘anecdotario político’ la respuesta que don Benavites que se aventuró a hacer al monarca el elogio de la dictadura. ‘Sí, Bernardino, la dictadura ha hecho dos cosas muy importantes para España: los firmes especiales y la República’. Después, Largo Caballero, en 1935, previno a los republicanos al firmar el acuerdo que llevó al Frente Popular –yo no lo he sabido sino ya emigrado- que se reservaba el derecho de hacer la revolución tras la victoria electoral. Y es notorio que de febrero a julio lanzó a sus gentes a la revuelta continua –estuvieron a punto de matar a Prieto en Écija-. Tres años de guerra civil y cuarenta de dictadura franquista fueron las consecuencias de su estúpido error. [...]Durante la República y después, siempre, he defendido la precisión de acortar las grandes diferencias sociales y económicas que separaban y aún separan a los españoles. Desde mi rincón bonaerense he predicado empero, siempre, el respeto total a las libertades individuales en la transformación social de España. El triunfo socialista [1982] me ha parecido un buen camino para la mudanza en paz de la patria envejecida. Si los vencedores son inteligentes, claro está, y no se lanzan por sendas tortuosas. Pero, mi larga y triste experiencia, llevo 47 años exiliado y he perdido todo en España [...] me mueve a tomar la pluma para recordar a los socialistas gobernantes, que todo es pasajero en la historia, que frecuentes casos de estulticia política han provocado graves daños a mi patria en el curso de mi vida. Casos de estulticia en los que vulgarmente podríamos decir que ha salido el tiro por la culata a los a veces ingenuos y bien intencionados gobernantes. Y, naturalmente, con mucha frecuencia a los ambiciosos de poder sin conocimientos de las lecciones de la historia. Se ha abierto una nueva página de la historia de España. Deseo vivamente que esta etapa novísima sea fecunda en el renovar de nuestra España. Pero mi triste experiencia política y lo avanzado de mi edad[...] me hacen temer que volvamos a cometer nuevos errores yerros de ingratas consecuencias para tirios y troyanos.” Me ha parecido muy importante transcribir, pese a su extensión, algunos párrafos del testimonial artículo de Sánchez Albornoz. Pues su lamento escéptico y previsión dramática se están cumpliendo al día de hoy. El artículo, publicado hace ya 25 años, es de rabiosa actualidad.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4361
Ignacio San Miguel, Camino de perversion
jueves 3 de enero de 2008
Camino de perversión
Ignacio San Miguel
H ACE unas semanas tuve ocasión de asistir en San Sebastián a una mesa redonda organizada por la Asociación Católica de Propagandistas que versaba sobre la asignatura “Educación para la Ciudadanía”. Intervinieron diversos ponentes: El director de un colegio barcelonés, un catedrático navarro, un abogado vizcaíno. Fui al acto pensando que se presentaría el tema con cierta suavidad, con expresiones algún tanto edulcoradas. Me equivoqué. Los tres ponentes se expresaron con gran libertad, exponiendo una realidad inhóspita en sus aspectos sombríos, dramáticos. Todos ellos coincidieron en la existencia de un plan en marcha avanzada que tiene como objetivo la erradicación de las normas y valores cristianos en la sociedad, substituyéndolos por un laicismo anticristiano, el relativismo, el escepticismo y, sobre todo, el amoralismo más completo que, en la práctica, se va convirtiendo en inmoralismo puro y duro. Pareciera que quisiesen moldear a la sociedad a su imagen y semejanza. El empeño no es fácil, pero su voluntad se hace evidente día a día. La nueva asignatura es un instrumento básico para el adoctrinamiento de las nuevas generaciones en esa dirección. Un aspecto en el que incidieron los ponentes fue en que en las instrucciones para impartir la nueva asignatura no se contempla exclusivamente un aprendizaje memorístico de la misma, sino que se exige que el alumno demuestre con su actitud que ha asimilado como suyos sus contenidos. Es increíble que se haya llegado a este extremo de dirigismo que parece incluso superar los totalitarismo nazis y marxistas. Uno de los conferenciantes declaró que, dando clase de religión a jóvenes, se veía obligado a concederle la máxima puntuación a un alumno que sabía que era ateo, por atenerse al dato objetivo de que recitaba perfectamente la lección. Juzgaba que no tenía derecho a inmiscuirse en su conciencia. Por el contrario, los fautores de “Educación para la ciudadanía” carecen de todo respeto a la autonomía individual. Pero aquí estriba precisamente la peligrosidad de esta asignatura de adoctrinamiento: en introducirse en las conciencias de los alumnos, en tratar de intervenir en su afectividad, en promover sentimientos y, lo que es peor, en que éstos sean expresados. Uno de los motivos para la objeción de conciencia para asistir a esta asignatura (y se expusieron diez en la conferencia) es que impone la ideología de género, por la cual debe aceptarse, sin posibilidad de crítica y bajo la amenaza de ser señalado y acosado como “homófobo”, que existen, según la elección de cada uno, diferentes “orientaciones afectivo-sexuales”, todas ellas equiparables, y que la diferenciación y complementariedad sexual entre varón y mujer es una construcción cultural que debe superarse. Pero si el alumno tiene que demostrar con su actitud que ha asimilado debidamente la asignatura, como arriba se indica… las puertas se abren a desviaciones o aberraciones que se presentan muy claras y previsibles (a más de aborrecibles) a las mentes maduras que abandonaron ha tiempo la ingenuidad, dejándola a cargo de ese tipo de gente lela que, en su día, también pensó que era correcta y justa la admisión del cuarto supuesto para el aborto. Porque ya están surgiendo estridencias que corresponden a un mar de fondo que no augura nada bueno. Manuales de la asignatura citada que recomiendan como lectura obras obscenas. Otros que preconizan ciertas prácticas de los alumnos entre sí al objeto de descubrir cuál es su verdadera orientación sexual. Manifestaciones de docentes en este mismo sentido. La última, y más absurda, de una maestra que piensa que los niños deberían acostarse con adultos de ambos sexos (¿quizás miembros de su familia?) y descubrir así, por su mayor o menor satisfacción, cuál es su auténtica orientación sexual. Estridencias, desde luego. Pero estridencias sintomáticas, indiciarias. Todos sabemos que entre los docentes tiene cierta extensión la paidofilia. Poco avisados tendríamos que ser para no comprender que las nuevas disposiciones han de promover y facilitar actividades de carácter pederasta. En mi opinión, los padres, más que estar preocupados por la orientación sexual de sus hijos, deberían investigar la sexualidad de los docentes. Bien; en realidad, creo que no necesitan demasiadas advertencias. Se comentó en la conferencia la facilidad con que los colegios católicos concertados habían accedido a impartir esta nueva asignatura, aunque con la salvedad de adaptarla a la enseñanza cristiana. Se apuntó a la amenaza de perder la subvención como causa principal de tal docilidad. Parece que esa amenaza ha sido formulada por la Administración. Sin negar el gran peso que esta circunstancia ha ejercido sobre los colegios, Santiago Arellano, el catedrático navarro, añadía que tenemos que ser conscientes que estamos inmersos en un ambiente casi totalmente descristianizado, y que todos estamos contaminados hasta cierto punto. Cosas inadmisibles hace no muchos años, ahora las dejamos pasar sin mayores objeciones. Aludía a los colegios católicos como instituciones también contaminadas. Incapaces, por tanto, para adoptar posturas firmes e insobornables de rectitud moral. Siendo, por tanto, poco creíbles las adaptaciones prometidas de la asignatura a la enseñanza cristiana. Aparte de que la Administración habrá de ser vigilante al respecto. El corolario sería que, sumidos en una época sombría, caminamos por una senda de perversidad, incapaces de reacción. De igual forma en que hemos aceptado el genocidio del aborto legalizado, aceptaremos otras aberraciones. Sin embargo, no es seguro que haya de ser así. Están surgiendo numerosas asociaciones de gentes alarmadas por el giro que están tomando las cosas. Proliferan las manifestaciones contrarias, los artículos críticos. Ha habido manifestaciones multitudinarias gigantescas, por ejemplo la última de Madrid. No es una ilusión pensar que la sociedad comienza a reaccionar. No es suficiente, sin duda. Se necesita que la reacción de descontento y condena se extienda con la amplitud y fuerza del fuego en la pradera. Sólo entonces podremos pensar que nos apartamos del camino de perversidad por el que vamos discurriendo. Pero quizás esa nueva época acabe llegando.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4361
Camino de perversión
Ignacio San Miguel
H ACE unas semanas tuve ocasión de asistir en San Sebastián a una mesa redonda organizada por la Asociación Católica de Propagandistas que versaba sobre la asignatura “Educación para la Ciudadanía”. Intervinieron diversos ponentes: El director de un colegio barcelonés, un catedrático navarro, un abogado vizcaíno. Fui al acto pensando que se presentaría el tema con cierta suavidad, con expresiones algún tanto edulcoradas. Me equivoqué. Los tres ponentes se expresaron con gran libertad, exponiendo una realidad inhóspita en sus aspectos sombríos, dramáticos. Todos ellos coincidieron en la existencia de un plan en marcha avanzada que tiene como objetivo la erradicación de las normas y valores cristianos en la sociedad, substituyéndolos por un laicismo anticristiano, el relativismo, el escepticismo y, sobre todo, el amoralismo más completo que, en la práctica, se va convirtiendo en inmoralismo puro y duro. Pareciera que quisiesen moldear a la sociedad a su imagen y semejanza. El empeño no es fácil, pero su voluntad se hace evidente día a día. La nueva asignatura es un instrumento básico para el adoctrinamiento de las nuevas generaciones en esa dirección. Un aspecto en el que incidieron los ponentes fue en que en las instrucciones para impartir la nueva asignatura no se contempla exclusivamente un aprendizaje memorístico de la misma, sino que se exige que el alumno demuestre con su actitud que ha asimilado como suyos sus contenidos. Es increíble que se haya llegado a este extremo de dirigismo que parece incluso superar los totalitarismo nazis y marxistas. Uno de los conferenciantes declaró que, dando clase de religión a jóvenes, se veía obligado a concederle la máxima puntuación a un alumno que sabía que era ateo, por atenerse al dato objetivo de que recitaba perfectamente la lección. Juzgaba que no tenía derecho a inmiscuirse en su conciencia. Por el contrario, los fautores de “Educación para la ciudadanía” carecen de todo respeto a la autonomía individual. Pero aquí estriba precisamente la peligrosidad de esta asignatura de adoctrinamiento: en introducirse en las conciencias de los alumnos, en tratar de intervenir en su afectividad, en promover sentimientos y, lo que es peor, en que éstos sean expresados. Uno de los motivos para la objeción de conciencia para asistir a esta asignatura (y se expusieron diez en la conferencia) es que impone la ideología de género, por la cual debe aceptarse, sin posibilidad de crítica y bajo la amenaza de ser señalado y acosado como “homófobo”, que existen, según la elección de cada uno, diferentes “orientaciones afectivo-sexuales”, todas ellas equiparables, y que la diferenciación y complementariedad sexual entre varón y mujer es una construcción cultural que debe superarse. Pero si el alumno tiene que demostrar con su actitud que ha asimilado debidamente la asignatura, como arriba se indica… las puertas se abren a desviaciones o aberraciones que se presentan muy claras y previsibles (a más de aborrecibles) a las mentes maduras que abandonaron ha tiempo la ingenuidad, dejándola a cargo de ese tipo de gente lela que, en su día, también pensó que era correcta y justa la admisión del cuarto supuesto para el aborto. Porque ya están surgiendo estridencias que corresponden a un mar de fondo que no augura nada bueno. Manuales de la asignatura citada que recomiendan como lectura obras obscenas. Otros que preconizan ciertas prácticas de los alumnos entre sí al objeto de descubrir cuál es su verdadera orientación sexual. Manifestaciones de docentes en este mismo sentido. La última, y más absurda, de una maestra que piensa que los niños deberían acostarse con adultos de ambos sexos (¿quizás miembros de su familia?) y descubrir así, por su mayor o menor satisfacción, cuál es su auténtica orientación sexual. Estridencias, desde luego. Pero estridencias sintomáticas, indiciarias. Todos sabemos que entre los docentes tiene cierta extensión la paidofilia. Poco avisados tendríamos que ser para no comprender que las nuevas disposiciones han de promover y facilitar actividades de carácter pederasta. En mi opinión, los padres, más que estar preocupados por la orientación sexual de sus hijos, deberían investigar la sexualidad de los docentes. Bien; en realidad, creo que no necesitan demasiadas advertencias. Se comentó en la conferencia la facilidad con que los colegios católicos concertados habían accedido a impartir esta nueva asignatura, aunque con la salvedad de adaptarla a la enseñanza cristiana. Se apuntó a la amenaza de perder la subvención como causa principal de tal docilidad. Parece que esa amenaza ha sido formulada por la Administración. Sin negar el gran peso que esta circunstancia ha ejercido sobre los colegios, Santiago Arellano, el catedrático navarro, añadía que tenemos que ser conscientes que estamos inmersos en un ambiente casi totalmente descristianizado, y que todos estamos contaminados hasta cierto punto. Cosas inadmisibles hace no muchos años, ahora las dejamos pasar sin mayores objeciones. Aludía a los colegios católicos como instituciones también contaminadas. Incapaces, por tanto, para adoptar posturas firmes e insobornables de rectitud moral. Siendo, por tanto, poco creíbles las adaptaciones prometidas de la asignatura a la enseñanza cristiana. Aparte de que la Administración habrá de ser vigilante al respecto. El corolario sería que, sumidos en una época sombría, caminamos por una senda de perversidad, incapaces de reacción. De igual forma en que hemos aceptado el genocidio del aborto legalizado, aceptaremos otras aberraciones. Sin embargo, no es seguro que haya de ser así. Están surgiendo numerosas asociaciones de gentes alarmadas por el giro que están tomando las cosas. Proliferan las manifestaciones contrarias, los artículos críticos. Ha habido manifestaciones multitudinarias gigantescas, por ejemplo la última de Madrid. No es una ilusión pensar que la sociedad comienza a reaccionar. No es suficiente, sin duda. Se necesita que la reacción de descontento y condena se extienda con la amplitud y fuerza del fuego en la pradera. Sólo entonces podremos pensar que nos apartamos del camino de perversidad por el que vamos discurriendo. Pero quizás esa nueva época acabe llegando.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4361
Felix Arbolí, Unas manos prodigiosas
jueves 3 de enero de 2008
Unas manos prodigiosas
Félix Arbolí
C OMO todos los años y espero que por muchos más, he visto y oído en la televisión el concierto de Año Nuevo de la orquesta filarmónica de Viena. Es un programa que procuro no perderme, ya que lo considero una magnífica y optimista manera de iniciar el año. Una exhibición que supera la más sublime representación sinfónica y artística y deja al espectador embelesado y sosegado. Es la fórmula eficaz para olvidarse de las preocupaciones de éste 2008 que, al parecer y si Dios no lo remedia, nos llega cargado de malos presagios y no muy buenas intenciones. El concierto fue un auténtico espectáculo musical de categoría universal, (lo retransmiten a 55 países), y a la calidad de las obras seleccionadas y tan soberbiamente interpretadas por esa archifamosa orquesta, se une el fausto y la belleza que le complementan con decorados, paisajes y números de ballet. Un recreo para la vista y un regalo para el oído, a través de las maravillosas sensaciones de una música inmortal. Grandioso y único en su género. Me acueste a la hora que me acueste la víspera, siempre me levanto a tiempo para asistir desde mi salón y en primera fila, a tan maravilloso espectáculo. . Me siento diferente cuando contemplo a ese conjunto armonioso y solemne, donde el alma se serena y el espíritu demuestra su superioridad sobre la materia. Ante esa maravilla me doy cuenta de la misericordia de Dios por permitirme gozar un año más de algo tan sublime. Este de 2008, ha ofrecido nuevos alicientes, aunque parezca imposible, pues en cada celebración parecen tocar techo. El no va más. El director ha sido el francés Georges Pretre, un auténtico espectáculo de interpretación y animación. Hasta el extremo de desear que lo enfocaran sobre cualquier otro detalle o decorado. La música cobraba fuerza y belleza en sus gestos. Parecía que era él quien hacía vibrar los instrumentos y exhibir la belleza contenida en esos valses y polcas que han alcanzado el don de la inmortalidad. Sus manos, sin batuta, movidas con suavidad y gracia, en compases que parecían aleteos de mariposas, expresaban con toda la intensidad el arte y la armonía propios de los Strauss, a los que este año estaba dedicado el concierto. No he visto un personaje más interesante y magnífico que este venerable maestro de 83 años, al que yo a mis setenta y cinco envidiaba su fuerza, destreza, dinamismo y entusiasmo. Era portentosa su habilidad para poder entusiasmar a millones de televidentes con su manera única y genial de dirigir una orquesta y convertirse en la indiscutible atracción de la misma. Maravilloso el ballet que acompañaba a algunas de las piezas interpretadas. Una perfecta combinación de bailarines que vaporosos y gráciles, como si fueran elfos y hadas, más que bailar gravitaban sobre los salones donde se exhibían la magnificencia y el poderío de los antiguos emperadores de la Casa de Habsburgo. Algo etéreo e impresionante que hacía pensar que al ser humano le es posible volar en determinadas ocasiones, cuando el arte se hace milagro. . Pero evidentemente el mayor atractivo, siendo mucho el que todos los participantes tenían, era el venerable profesor y no lo llamo de esta forma por su edad, sino por sus indiscutibles méritos, que acaparaba miradas y dejaba volar libremente nuestra imaginación, observando el movimiento de sus manos, como acariciando algo invisible que flotaba en el ambiente y desmenuzando con sus dedos imperceptibles partículas convertidas en armoniosas vibraciones. Sus ojos, esa mirada penetrante y suave a un tiempo, a veces como dormida y a ratos fuertemente exaltada, se perdían más allá de los límites de la orquesta y del enorme y majestuoso escenario donde se hallaba, en un intento de hacer olvidar al mundo su compleja realidad. Sus manos hechas poema, imitaban en sus movimientos el delicado y pausado vuelo de un cisne y a su conjuro violines, oboes, arpa, trompetas y demás instrumentos musicales, ofrecían el fascinante milagro de hacernos sentir seres privilegiados al poder ser excepcionales testigos de tan delicioso y solemne conjuro. Un toque de festivo relax y alegre distracción la alusión al fútbol. La orquesta luciendo la bufanda con los colores de la selección austriaca y el director con el balón de reglamento, el silbato y la inevitable tarjeta de sanción. Homenaje y recuerdo a la Eurocopa que este año tiene a ese bello país como escenario. Nada dejado al azar y todo dentro de un ritmo y un ambiente propenso al bienestar y desasosiego de los felices espectadores. . Comprendo que se agoten las entradas desde el mismo instante que termina el del año anterior y que alcancen precios muy elevados y ya casi astronómicos en la reventa. Disfrutar de una hora de música celestial, sentirse por encima de las nubes y miserias cotidianas y reconocer la grandeza del espíritu por encima de toda limitación humana, bien merece tan formidable esfuerzo. Este año, por lo visto, han tenido que realizarlo por partida doble, ya que el aforo había sido adquirido en gran parte por los japoneses, que llenaban la sala y los aficionados del resto del mundo no querían privarse de gozar esa inigualable oportunidad. De chinos y japoneses estamos hasta las trancas, como diría el castizo. Yo, cuando finalizó, con la lógica pena de que acabara esta maravilla audiovisual, solo pude dar gracias a Dios por haberme permitido una vez más disfrutar de este fascinante espectáculo con el que inicio cada año. Como decía nuestro Bécquer “Hoy la he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios”, yo puedo decir también que hoy lo he visto, oído, y disfrutado, hoy me he encontrado más cerca de Dios. Gracias Señor por darme tanto, a cambio de nada.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4362
Unas manos prodigiosas
Félix Arbolí
C OMO todos los años y espero que por muchos más, he visto y oído en la televisión el concierto de Año Nuevo de la orquesta filarmónica de Viena. Es un programa que procuro no perderme, ya que lo considero una magnífica y optimista manera de iniciar el año. Una exhibición que supera la más sublime representación sinfónica y artística y deja al espectador embelesado y sosegado. Es la fórmula eficaz para olvidarse de las preocupaciones de éste 2008 que, al parecer y si Dios no lo remedia, nos llega cargado de malos presagios y no muy buenas intenciones. El concierto fue un auténtico espectáculo musical de categoría universal, (lo retransmiten a 55 países), y a la calidad de las obras seleccionadas y tan soberbiamente interpretadas por esa archifamosa orquesta, se une el fausto y la belleza que le complementan con decorados, paisajes y números de ballet. Un recreo para la vista y un regalo para el oído, a través de las maravillosas sensaciones de una música inmortal. Grandioso y único en su género. Me acueste a la hora que me acueste la víspera, siempre me levanto a tiempo para asistir desde mi salón y en primera fila, a tan maravilloso espectáculo. . Me siento diferente cuando contemplo a ese conjunto armonioso y solemne, donde el alma se serena y el espíritu demuestra su superioridad sobre la materia. Ante esa maravilla me doy cuenta de la misericordia de Dios por permitirme gozar un año más de algo tan sublime. Este de 2008, ha ofrecido nuevos alicientes, aunque parezca imposible, pues en cada celebración parecen tocar techo. El no va más. El director ha sido el francés Georges Pretre, un auténtico espectáculo de interpretación y animación. Hasta el extremo de desear que lo enfocaran sobre cualquier otro detalle o decorado. La música cobraba fuerza y belleza en sus gestos. Parecía que era él quien hacía vibrar los instrumentos y exhibir la belleza contenida en esos valses y polcas que han alcanzado el don de la inmortalidad. Sus manos, sin batuta, movidas con suavidad y gracia, en compases que parecían aleteos de mariposas, expresaban con toda la intensidad el arte y la armonía propios de los Strauss, a los que este año estaba dedicado el concierto. No he visto un personaje más interesante y magnífico que este venerable maestro de 83 años, al que yo a mis setenta y cinco envidiaba su fuerza, destreza, dinamismo y entusiasmo. Era portentosa su habilidad para poder entusiasmar a millones de televidentes con su manera única y genial de dirigir una orquesta y convertirse en la indiscutible atracción de la misma. Maravilloso el ballet que acompañaba a algunas de las piezas interpretadas. Una perfecta combinación de bailarines que vaporosos y gráciles, como si fueran elfos y hadas, más que bailar gravitaban sobre los salones donde se exhibían la magnificencia y el poderío de los antiguos emperadores de la Casa de Habsburgo. Algo etéreo e impresionante que hacía pensar que al ser humano le es posible volar en determinadas ocasiones, cuando el arte se hace milagro. . Pero evidentemente el mayor atractivo, siendo mucho el que todos los participantes tenían, era el venerable profesor y no lo llamo de esta forma por su edad, sino por sus indiscutibles méritos, que acaparaba miradas y dejaba volar libremente nuestra imaginación, observando el movimiento de sus manos, como acariciando algo invisible que flotaba en el ambiente y desmenuzando con sus dedos imperceptibles partículas convertidas en armoniosas vibraciones. Sus ojos, esa mirada penetrante y suave a un tiempo, a veces como dormida y a ratos fuertemente exaltada, se perdían más allá de los límites de la orquesta y del enorme y majestuoso escenario donde se hallaba, en un intento de hacer olvidar al mundo su compleja realidad. Sus manos hechas poema, imitaban en sus movimientos el delicado y pausado vuelo de un cisne y a su conjuro violines, oboes, arpa, trompetas y demás instrumentos musicales, ofrecían el fascinante milagro de hacernos sentir seres privilegiados al poder ser excepcionales testigos de tan delicioso y solemne conjuro. Un toque de festivo relax y alegre distracción la alusión al fútbol. La orquesta luciendo la bufanda con los colores de la selección austriaca y el director con el balón de reglamento, el silbato y la inevitable tarjeta de sanción. Homenaje y recuerdo a la Eurocopa que este año tiene a ese bello país como escenario. Nada dejado al azar y todo dentro de un ritmo y un ambiente propenso al bienestar y desasosiego de los felices espectadores. . Comprendo que se agoten las entradas desde el mismo instante que termina el del año anterior y que alcancen precios muy elevados y ya casi astronómicos en la reventa. Disfrutar de una hora de música celestial, sentirse por encima de las nubes y miserias cotidianas y reconocer la grandeza del espíritu por encima de toda limitación humana, bien merece tan formidable esfuerzo. Este año, por lo visto, han tenido que realizarlo por partida doble, ya que el aforo había sido adquirido en gran parte por los japoneses, que llenaban la sala y los aficionados del resto del mundo no querían privarse de gozar esa inigualable oportunidad. De chinos y japoneses estamos hasta las trancas, como diría el castizo. Yo, cuando finalizó, con la lógica pena de que acabara esta maravilla audiovisual, solo pude dar gracias a Dios por haberme permitido una vez más disfrutar de este fascinante espectáculo con el que inicio cada año. Como decía nuestro Bécquer “Hoy la he visto y me ha mirado, hoy creo en Dios”, yo puedo decir también que hoy lo he visto, oído, y disfrutado, hoy me he encontrado más cerca de Dios. Gracias Señor por darme tanto, a cambio de nada.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4362
Wifredo Espina, ¿Pueden manifestarse los obispos?
jueves 3 de enero de 2008
¿Pueden manifestarse los obispos?
Wifredo Espina
N O queda muy estético que los obispos se manifiesten por la calle. Tal vez porque no estamos acostumbrados, incluso parece cómico. Como les parecía a los franquistas la famosa manifestación de curas por la Via Layetana de Barcelona, en tiempos de la dictadura. Pero esto no es ir al fondo de la cuestión. La cuestión es si los obispos pueden manifestarse. Y los arzobispos. Y los cardenales Y los primados. Solos o con su gente, los fieles. Incluso con los ciudadanos no fieles, pero que en un momento o tema determinados coinciden con sus posturas o tesis religiosas, éticas, morales o de concepción de la persona y de sociedad. Si en un país libre y democrático todo el mundo tiene derecho a organizar manifestaciones -desde gobiernos, partidos, sindicatos, patronales, artistas, funcionarios, profesionales, conductores de autobuses o personal de la limpieza-, no se ven argumentos sólidos para negar a obispos, fieles, simpatizantes y a quienes quieran sumarse, para expresar pacíficamente su opinión, a favor o en contra de otras, sean del gobierno o de la oposición. Es lo que ha ocurrido recientemente con la multitudinaria manifestación en Madrid “en favor de la família”, contra el llamado “divorcio exprés” o a la carta, contra la consideración de matrimonio de las “uniones de homosexuales”, contra el “aborto” prácticamente libre y contra el adoctrinamiento ideológico por parte del Estado de los estudiantes con la excusa de “enseñarles” a ser ciudadanos. Como dicha manifestación fue tan multitudinaria y, además, algunos obispos se pronunciaron tan claramente –con mayor o menor acierto- en contra de determinadas decisiones, laicistas más que laicas, del Gobierno de Zapatero, han saltado todas las alarmas gubernamentales y se ha disparado toda la gruesa artillería contra la Iglesia, ante el temor de perder votos en las próximas elecciones. Sin entrar en la importante temática que movilizó a tantísima gente, y que mereció el apoyo del Pontífice, la cuestión a plantear ahora es si los ciudadanos seguidores de una determinada religión, y por tanto también sus dirigentes, tienen o no derecho a manifestarse públicamente como otros colectivos ciudadanos. Contestar que la Iglesia –o las iglesias- se “presenten a las elecciones”, como ha dicho Pepe Blanco, parece una solemne tontería. Primero, porque ya se presenta a través de los ciudadanos creyentes; y segundo, porque no es ésta una función que permita la Constitución, como tampoco se presentan corporativamente los sindicatos o patronales, los electricistas ni los registradores de la propiedad, por ejemplo. A Pepiño Blanco le falta clarividencia y le sobra bilis; con su cara ya paga Y conste que no me entusiasma que los obispos se manifiesten por las calles. Pero a veces hay que aguantarse.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4369
¿Pueden manifestarse los obispos?
Wifredo Espina
N O queda muy estético que los obispos se manifiesten por la calle. Tal vez porque no estamos acostumbrados, incluso parece cómico. Como les parecía a los franquistas la famosa manifestación de curas por la Via Layetana de Barcelona, en tiempos de la dictadura. Pero esto no es ir al fondo de la cuestión. La cuestión es si los obispos pueden manifestarse. Y los arzobispos. Y los cardenales Y los primados. Solos o con su gente, los fieles. Incluso con los ciudadanos no fieles, pero que en un momento o tema determinados coinciden con sus posturas o tesis religiosas, éticas, morales o de concepción de la persona y de sociedad. Si en un país libre y democrático todo el mundo tiene derecho a organizar manifestaciones -desde gobiernos, partidos, sindicatos, patronales, artistas, funcionarios, profesionales, conductores de autobuses o personal de la limpieza-, no se ven argumentos sólidos para negar a obispos, fieles, simpatizantes y a quienes quieran sumarse, para expresar pacíficamente su opinión, a favor o en contra de otras, sean del gobierno o de la oposición. Es lo que ha ocurrido recientemente con la multitudinaria manifestación en Madrid “en favor de la família”, contra el llamado “divorcio exprés” o a la carta, contra la consideración de matrimonio de las “uniones de homosexuales”, contra el “aborto” prácticamente libre y contra el adoctrinamiento ideológico por parte del Estado de los estudiantes con la excusa de “enseñarles” a ser ciudadanos. Como dicha manifestación fue tan multitudinaria y, además, algunos obispos se pronunciaron tan claramente –con mayor o menor acierto- en contra de determinadas decisiones, laicistas más que laicas, del Gobierno de Zapatero, han saltado todas las alarmas gubernamentales y se ha disparado toda la gruesa artillería contra la Iglesia, ante el temor de perder votos en las próximas elecciones. Sin entrar en la importante temática que movilizó a tantísima gente, y que mereció el apoyo del Pontífice, la cuestión a plantear ahora es si los ciudadanos seguidores de una determinada religión, y por tanto también sus dirigentes, tienen o no derecho a manifestarse públicamente como otros colectivos ciudadanos. Contestar que la Iglesia –o las iglesias- se “presenten a las elecciones”, como ha dicho Pepe Blanco, parece una solemne tontería. Primero, porque ya se presenta a través de los ciudadanos creyentes; y segundo, porque no es ésta una función que permita la Constitución, como tampoco se presentan corporativamente los sindicatos o patronales, los electricistas ni los registradores de la propiedad, por ejemplo. A Pepiño Blanco le falta clarividencia y le sobra bilis; con su cara ya paga Y conste que no me entusiasma que los obispos se manifiesten por las calles. Pero a veces hay que aguantarse.
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Jose Melendez, Un año nuevo de esperanza
jueves 3 de enero de 2008
Un año nuevo de esperanza
José Meléndez
L A grandeza de la democracia estriba en que cuando el curso político de un país se tuerce, el pueblo puede enderezarlo con su voto, sin violencias ni extorsiones, porque es en el pueblo donde reside la soberanía para elegir lo que mejor le convenga. Es a la vez un derecho y un deber, un remedio que necesita el exacto conocimiento de los males que hay que corregir sin perderse en los vericuetos de las consideraciones partidarias, de los intereses sectarios o de las emociones viscerales. Y el bisiesto que acaba de echar a andar nos trae la oportunidad de unas elecciones generales dentro de dos meses que son, se mire por donde se mire, las mas cruciales de la joven democracia española porque en ellas se decidirá si España sigue su peligrosa deriva hacia la insaciable voracidad de los nacionalismos para terminar descuartizada en el mostrador de un engendro confederal y continúa su decadencia económica, educativa y social o si se pone en manos de un gobierno de cambio que, por lo menos, intente enderezar ese rumbo pernicioso.. Es, por tanto, un año de esperanza Habrá muchos que opinen que no hay nada que cambiar. Son los fieles a una ideología, más que a un partido, que ya aprovecharon el 14M de hace cuatro años para cambiar lo que funcionaba razonablemente bien, favorecidos por el estruendo trágico de la tragedia de los trenes de Atocha. Y habrá –demasiados por desgracia- abúlicos y acomodaticios o desengañados de la política que piensen refugiarse en una peligrosa abstención. Pero también habrá muchos de esos diez millones largos de electores que entonces votaron al PSOE o a IU –los nacionalistas siempre votan a lo suyo- que cuando la legislatura está a punto de cumplirse, se sentirán defraudados e, incluso, traicionados porque su voto no ha sido empleado en el sentido que ellos le dieron. Estos cuatro años de mandato de José Luís Rodríguez Zapatero no han sido buenos. Especialmente el último. El 2.006 comenzó con la profecía del presidente, en pleno “proceso de paz”, de que ese año sería mucho mejor que el anterior en materia de terrorismo y 24 horas después ETA hacía volar el aparcamiento del terminal 4 del aeropuerto de Barajas, matando a dos ecuatorianos y ha terminado con otro ejercicio de triunfalismo que, si se analiza, no pueden creerlo mas que sus incondicionales. El triunfalismo de Zapatero es sorprendente, colosal, ecuménico y fluye de su verbo sin una vacilación ni un desmayo. Se lo cree él mismo como un Walter Mitty soñador y lo transmite como un Samaniego fabulista. Y es seguido obediente y disciplinadamente por sus corifeos y ampliado por los ecos de las poderosas terminales mediáticas del zapaterismo. En su reciente balance del fin de esta legislatura, Zapatero se superó a sí mismo. Nos pintó un panorama idílico de logros capaces de convertir a los españoles en los ciudadanos mas felices del mundo civilizado por la gloriosa retirada de las tropas de la guerra maldita de Irak, la subida de las pensiones y del salario mínimo, el crecimiento del empleo, la ampliación de los derechos hasta conseguir que los maricones y lesbianas se puedan casar, los matrimonios se puedan divorciar en cuestión de días y los abortos se contabilicen anualmente con cinco dígitos y hemos llegado a superar a Italia en el PIB. Aparte de que lo que los españoles desean con respecto a Italia es poder superarla en los mundiales de fútbol, no hubo en su voluntarista descripción de éxitos ni un asomo de autocrítica ni un reconocimiento de errores, ni un atisbo de rectificación de éstos en el caso de que vuelva a ser elegido en marzo. Pero no mencionó los dos grandes fracasos de sus dos proyectos estrella de la legislatura, la política antiterrorista y y el nuevo mapa territorial de España. Respecto al primero sí reconoció el error de su profecía del 29 de diciembre del 2.005, cuando el “proceso de paz” se vino abajo estruendosamente con el atentado de Barajas y la posterior ruptura de la tregua de ETA, porque era obvio, pero no aventuró sus proyectos en este sentido, dejando todas las puertas abiertas a una posible nueva negociación. Y en cuanto al segundo, que tras la larga noche de cigarrillos y traiciones en la Moncloa con Artur Mas, que ha desencadenado la mas virulenta explosión del nacionalismo radical, no dijo ni una palabra, mientras sus adláteres luchan denodadamente en la sombra para lograr que el Tribunal Constitucional no tumbe el engendro del estatuto de Cataluña. Estos dos fracasos en temas de Estado bastan por sí solos para desacreditar a un gobierno. Pero hay mas. Hay una ley de Educación pésima y sectaria, que amenaza con producir la generación de estudiantes peor preparada de los tiempos modernos, como avisa el informe PISA, avalado por la Unión Europea: hay leyes como las de violencia de género y la de dependencia que, bien intencionadas y necesarias, no funcionan por falta de medios e ineficacia en la gestión; hay un problema de vivienda porque la burbuja de la construcción está a punto de estallar con todas las graves consecuencias que conlleva de desempleo y reducción de beneficios y, sobre todo, hay una crisis económica en ciernes sin que existan medidas previsoras para atajarla. El triunfalismo de Zapatero no lo reconoce y maneja una y otra vez las cifras de la macroeconomía, que continúan en un aparente buen tono como consecuencia de la bonanza pasada. Pero hay una gran diferencia entre la macroeconomía y la economía familiar del hombre de la calle. Al que tiene dificultades para llegar a fin de mes porque la inflación sube como la espuma, las hipotecas están cada vez mas caras, las facturas del gas y la electricidad aumentan amenazadoramente y los sueldos continúan estancados, le importa poco que se supere a Italia en el PIB o haya superávit para ir tirando hasta que se acabe. En tiempos de la reina Victoria, el Reino Unido pasó por una grave crisis económica y el primer ministro Disraeli, que era un gran político, confeccionó un presupuesto restrictivo con la fórmula magistral que se emplea en esos casos desde que el dinero comenzó a rodar por el mundo: reducir el gasto público y subir los impuestos. Una vez confeccionados, los llevó al palacio de Buckingham para explicárselos a la reina. Esta le escuchó sin decir palabra, pero cuando Disraeli informó que iba a subir medio penique en la pinta de cerveza, la reina le interrumpió: “Disraeli, no toques la cerveza de mi pueblo”, EL primer ministro no dijo nada y tachó el capítulo. Además de ser un buen Walter Mitty y un mal profeta, Zapatero tiene una indudable habilidad: sabe tocar las teclas que lleguen mejor al populismo para servir sus propios intereses. Esa ha sido siempre la mejor arma de los regímenes dictatoriales o presidencialistas, que hurgan en los instintos básicos de la masa para producir su hervor. Por eso, apunta ya cual será el tono de su campaña electoral, que, en definitiva, es el resumen de cómo ha venido legislando en estos cuatro años, en los que trató de arrinconar al Partido Popular, encasillándolo en el radicalismo conservador, introdujo esa inútil, desaforada y parcial ley de la Memoria Histórica y trata de cobijar a la izquierda bajo su capa presidencialista. Es indudable que, a falta de mejores argumentos, le conviene la resurrección de las dos Españas y para eso atiza la ya olvidada hace tiempo lucha de la izquierda contra la derecha, reavivando rescoldos que parecían completamente apagados. Ni esa es la solución para los problemas actuales, ni los que acudan a las urnas el próximo mes de mazo deben caer en el engaño. O, en todo caso, recordar cómo le fue a España cuando esa lucha estaba en todo su apogeo en la primera mitad del siglo pasado. Esperemos que la lógica ponga las cosas en su sitio y que los electores puedan elegir la opción que les ofrezca mejores garantías. La del PSOE si rectifica o la del Partido Popular si acierta a transmitir su mensaje. Estamos, por lo tanto, ante un año de esperanzas. Y pidamos que esta
esperanza no se torne una vez más en desilusión.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4364
Un año nuevo de esperanza
José Meléndez
L A grandeza de la democracia estriba en que cuando el curso político de un país se tuerce, el pueblo puede enderezarlo con su voto, sin violencias ni extorsiones, porque es en el pueblo donde reside la soberanía para elegir lo que mejor le convenga. Es a la vez un derecho y un deber, un remedio que necesita el exacto conocimiento de los males que hay que corregir sin perderse en los vericuetos de las consideraciones partidarias, de los intereses sectarios o de las emociones viscerales. Y el bisiesto que acaba de echar a andar nos trae la oportunidad de unas elecciones generales dentro de dos meses que son, se mire por donde se mire, las mas cruciales de la joven democracia española porque en ellas se decidirá si España sigue su peligrosa deriva hacia la insaciable voracidad de los nacionalismos para terminar descuartizada en el mostrador de un engendro confederal y continúa su decadencia económica, educativa y social o si se pone en manos de un gobierno de cambio que, por lo menos, intente enderezar ese rumbo pernicioso.. Es, por tanto, un año de esperanza Habrá muchos que opinen que no hay nada que cambiar. Son los fieles a una ideología, más que a un partido, que ya aprovecharon el 14M de hace cuatro años para cambiar lo que funcionaba razonablemente bien, favorecidos por el estruendo trágico de la tragedia de los trenes de Atocha. Y habrá –demasiados por desgracia- abúlicos y acomodaticios o desengañados de la política que piensen refugiarse en una peligrosa abstención. Pero también habrá muchos de esos diez millones largos de electores que entonces votaron al PSOE o a IU –los nacionalistas siempre votan a lo suyo- que cuando la legislatura está a punto de cumplirse, se sentirán defraudados e, incluso, traicionados porque su voto no ha sido empleado en el sentido que ellos le dieron. Estos cuatro años de mandato de José Luís Rodríguez Zapatero no han sido buenos. Especialmente el último. El 2.006 comenzó con la profecía del presidente, en pleno “proceso de paz”, de que ese año sería mucho mejor que el anterior en materia de terrorismo y 24 horas después ETA hacía volar el aparcamiento del terminal 4 del aeropuerto de Barajas, matando a dos ecuatorianos y ha terminado con otro ejercicio de triunfalismo que, si se analiza, no pueden creerlo mas que sus incondicionales. El triunfalismo de Zapatero es sorprendente, colosal, ecuménico y fluye de su verbo sin una vacilación ni un desmayo. Se lo cree él mismo como un Walter Mitty soñador y lo transmite como un Samaniego fabulista. Y es seguido obediente y disciplinadamente por sus corifeos y ampliado por los ecos de las poderosas terminales mediáticas del zapaterismo. En su reciente balance del fin de esta legislatura, Zapatero se superó a sí mismo. Nos pintó un panorama idílico de logros capaces de convertir a los españoles en los ciudadanos mas felices del mundo civilizado por la gloriosa retirada de las tropas de la guerra maldita de Irak, la subida de las pensiones y del salario mínimo, el crecimiento del empleo, la ampliación de los derechos hasta conseguir que los maricones y lesbianas se puedan casar, los matrimonios se puedan divorciar en cuestión de días y los abortos se contabilicen anualmente con cinco dígitos y hemos llegado a superar a Italia en el PIB. Aparte de que lo que los españoles desean con respecto a Italia es poder superarla en los mundiales de fútbol, no hubo en su voluntarista descripción de éxitos ni un asomo de autocrítica ni un reconocimiento de errores, ni un atisbo de rectificación de éstos en el caso de que vuelva a ser elegido en marzo. Pero no mencionó los dos grandes fracasos de sus dos proyectos estrella de la legislatura, la política antiterrorista y y el nuevo mapa territorial de España. Respecto al primero sí reconoció el error de su profecía del 29 de diciembre del 2.005, cuando el “proceso de paz” se vino abajo estruendosamente con el atentado de Barajas y la posterior ruptura de la tregua de ETA, porque era obvio, pero no aventuró sus proyectos en este sentido, dejando todas las puertas abiertas a una posible nueva negociación. Y en cuanto al segundo, que tras la larga noche de cigarrillos y traiciones en la Moncloa con Artur Mas, que ha desencadenado la mas virulenta explosión del nacionalismo radical, no dijo ni una palabra, mientras sus adláteres luchan denodadamente en la sombra para lograr que el Tribunal Constitucional no tumbe el engendro del estatuto de Cataluña. Estos dos fracasos en temas de Estado bastan por sí solos para desacreditar a un gobierno. Pero hay mas. Hay una ley de Educación pésima y sectaria, que amenaza con producir la generación de estudiantes peor preparada de los tiempos modernos, como avisa el informe PISA, avalado por la Unión Europea: hay leyes como las de violencia de género y la de dependencia que, bien intencionadas y necesarias, no funcionan por falta de medios e ineficacia en la gestión; hay un problema de vivienda porque la burbuja de la construcción está a punto de estallar con todas las graves consecuencias que conlleva de desempleo y reducción de beneficios y, sobre todo, hay una crisis económica en ciernes sin que existan medidas previsoras para atajarla. El triunfalismo de Zapatero no lo reconoce y maneja una y otra vez las cifras de la macroeconomía, que continúan en un aparente buen tono como consecuencia de la bonanza pasada. Pero hay una gran diferencia entre la macroeconomía y la economía familiar del hombre de la calle. Al que tiene dificultades para llegar a fin de mes porque la inflación sube como la espuma, las hipotecas están cada vez mas caras, las facturas del gas y la electricidad aumentan amenazadoramente y los sueldos continúan estancados, le importa poco que se supere a Italia en el PIB o haya superávit para ir tirando hasta que se acabe. En tiempos de la reina Victoria, el Reino Unido pasó por una grave crisis económica y el primer ministro Disraeli, que era un gran político, confeccionó un presupuesto restrictivo con la fórmula magistral que se emplea en esos casos desde que el dinero comenzó a rodar por el mundo: reducir el gasto público y subir los impuestos. Una vez confeccionados, los llevó al palacio de Buckingham para explicárselos a la reina. Esta le escuchó sin decir palabra, pero cuando Disraeli informó que iba a subir medio penique en la pinta de cerveza, la reina le interrumpió: “Disraeli, no toques la cerveza de mi pueblo”, EL primer ministro no dijo nada y tachó el capítulo. Además de ser un buen Walter Mitty y un mal profeta, Zapatero tiene una indudable habilidad: sabe tocar las teclas que lleguen mejor al populismo para servir sus propios intereses. Esa ha sido siempre la mejor arma de los regímenes dictatoriales o presidencialistas, que hurgan en los instintos básicos de la masa para producir su hervor. Por eso, apunta ya cual será el tono de su campaña electoral, que, en definitiva, es el resumen de cómo ha venido legislando en estos cuatro años, en los que trató de arrinconar al Partido Popular, encasillándolo en el radicalismo conservador, introdujo esa inútil, desaforada y parcial ley de la Memoria Histórica y trata de cobijar a la izquierda bajo su capa presidencialista. Es indudable que, a falta de mejores argumentos, le conviene la resurrección de las dos Españas y para eso atiza la ya olvidada hace tiempo lucha de la izquierda contra la derecha, reavivando rescoldos que parecían completamente apagados. Ni esa es la solución para los problemas actuales, ni los que acudan a las urnas el próximo mes de mazo deben caer en el engaño. O, en todo caso, recordar cómo le fue a España cuando esa lucha estaba en todo su apogeo en la primera mitad del siglo pasado. Esperemos que la lógica ponga las cosas en su sitio y que los electores puedan elegir la opción que les ofrezca mejores garantías. La del PSOE si rectifica o la del Partido Popular si acierta a transmitir su mensaje. Estamos, por lo tanto, ante un año de esperanzas. Y pidamos que esta
esperanza no se torne una vez más en desilusión.
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Oscar Molina, Aquel 2008
jueves 3 de enero de 2008
Aquel 2008
Óscar Molina
D E aquel 2008 hablaremos algún día, con la perspectiva del tiempo y con el afilado lápiz que provee la mirada lejana y desapasionada. Pero aquel 2008 empieza ahora, y tengo para mí que será el año en el que España decida si tira para un sitio o para otro, si carne o pescado; si desanda una senda que nadie sabe con total certeza a dónde conduce o cierra definitivamente la puerta a lo que fue, para ser otra cosa. Existen momentos cuya transcendencia no es fácil apreciar sino con el caminar del calendario; pero hay otros que no se le escapan a nadie, y creo que la mayoría somos conscientes de que este año que empieza, aquel 2008, será una marca en nuestra efeméride. En aquel 2008 tomaremos decisiones importantes. Las tomaremos los ciudadanos, dando nuestro voto a quienes nos han metido en una aventura disparatada y sin norte; o por el contrario confiando en quien promete sacarnos de ella, a pesar de no haber dicho aún y de manera clara que aquel 2008 ha de ser el de la vuelta a la cordura. Porque nos ha hablado de volver al consenso, de no mirar atrás, de honrar a las víctimas del terrorismo, de recuperar nuestra posición internacional… pero no de algo tan simple como es el rescate del juicio como nación. Desgraciadamente, las decisiones importantes de aquel 2008 no las vamos a tomar sólo los ciudadanos. Elegiremos a quién ha de tomarlas, pero me temo que estamos ante un futuro que se nos ha escapado, y pertenece ya más a la clase política que a nosotros mismos. Si decidimos que vuelva a ser Zapatero quien nos gobierne en aquel 2008, legitimaremos definitivamente a un gobierno surrealista que cuatro años después, no puede ofrecernos nada tangible que no sea el habernos invitado a dar la espalda a nuestros problemas, haber adornado su caché progre de gestos insustanciales, y haber dimitido de su sagrada labor de reforzar lo que nos une para exhumar las tumbas de lo que nos separa. Habremos dado por bueno que el presunto final del terrorismo es mercancía suficientemente aceptable como para comprarla con la indignidad de una nación y el olvido de sus víctimas. Habremos admitido, por vez primera, que matar es una forma de hacer política. Habremos, en definitiva, revelado la foto que nos hicimos el 11 M, sin el cual nada de esto habría ocurrido. Nos daremos el chapuzón en una piscina de inseguridad en la que legitimidad será igual a capacidad de chantajear, ya sea a base de amonal o de escaños; en una sima cultural, educativa y muy posiblemente económica que sólo podrá disimularse a través de coyunturales bonanzas materiales. Habremos dicho adiós a España, tal y como la conocemos, con todo lo que conlleva de solidaridad territorial, igualdad ante la Ley, seguridad jurídica y unidad de mercado. Pero también es posible que en aquel 2008 decidamos que quien tome las decisiones sea Rajoy, y que nos encontremos con que él también viene con tan sólo cuatro años de garantía. Puede muy bien Rajoy ganar, pero los españoles no ganaremos nada si no es capaz de recoger el mensaje que vendría adjunto a su victoria: repito, la recuperación de la cordura. Si Rajoy no se decide a coger el toro por los cuernos y echar mano de quien necesite (que muy bien puede ser un PSOE desengañado de la insoportable levedad de su experiencia zapateril) para acotar lo que puede y lo que no puede ser, aquel 2008 será una piedra más del mismo camino que propone ZP. Un camino más largo, pero con el mismo fin. Puede ganar Rajoy, pero si no trabaja en la labor de poner una cota de representación nacional a los partidos que han de sentarse en el Congreso de los Diputados; si no construye consensos nacionales, reforzados por mayorías muy cualificadas a la hora de romperlos, en temas como la Educación, la Política antiterrorista, el agua o el concepto de Estado; si no es capaz de acabar con la sangría a España de los que la gobiernan sin creer en ella, de los que viven de su presupuesto mientras trabajan por destruirla…aquel 2008 no habrá servido para nada. Será otro capítulo más de pasteleo menesteroso con el mal que lleva corroyendo a esta nación desde el ingenuo día en que se permitió que el nacionalismo tuviese su corralito a cambio de lealtad, y esa lealtad fue traicionada en un nuevo episodio del cuento de la rana y el escorpión. Sólo nos cabe que el mensaje llegue a quien haya de ganar aquel 2008. Uno de los oídos es sordo a la encomienda; el otro oye, pero en ocasiones no escucha. Brindemos por aquel 2008. Por la esperanza.
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Aquel 2008
Óscar Molina
D E aquel 2008 hablaremos algún día, con la perspectiva del tiempo y con el afilado lápiz que provee la mirada lejana y desapasionada. Pero aquel 2008 empieza ahora, y tengo para mí que será el año en el que España decida si tira para un sitio o para otro, si carne o pescado; si desanda una senda que nadie sabe con total certeza a dónde conduce o cierra definitivamente la puerta a lo que fue, para ser otra cosa. Existen momentos cuya transcendencia no es fácil apreciar sino con el caminar del calendario; pero hay otros que no se le escapan a nadie, y creo que la mayoría somos conscientes de que este año que empieza, aquel 2008, será una marca en nuestra efeméride. En aquel 2008 tomaremos decisiones importantes. Las tomaremos los ciudadanos, dando nuestro voto a quienes nos han metido en una aventura disparatada y sin norte; o por el contrario confiando en quien promete sacarnos de ella, a pesar de no haber dicho aún y de manera clara que aquel 2008 ha de ser el de la vuelta a la cordura. Porque nos ha hablado de volver al consenso, de no mirar atrás, de honrar a las víctimas del terrorismo, de recuperar nuestra posición internacional… pero no de algo tan simple como es el rescate del juicio como nación. Desgraciadamente, las decisiones importantes de aquel 2008 no las vamos a tomar sólo los ciudadanos. Elegiremos a quién ha de tomarlas, pero me temo que estamos ante un futuro que se nos ha escapado, y pertenece ya más a la clase política que a nosotros mismos. Si decidimos que vuelva a ser Zapatero quien nos gobierne en aquel 2008, legitimaremos definitivamente a un gobierno surrealista que cuatro años después, no puede ofrecernos nada tangible que no sea el habernos invitado a dar la espalda a nuestros problemas, haber adornado su caché progre de gestos insustanciales, y haber dimitido de su sagrada labor de reforzar lo que nos une para exhumar las tumbas de lo que nos separa. Habremos dado por bueno que el presunto final del terrorismo es mercancía suficientemente aceptable como para comprarla con la indignidad de una nación y el olvido de sus víctimas. Habremos admitido, por vez primera, que matar es una forma de hacer política. Habremos, en definitiva, revelado la foto que nos hicimos el 11 M, sin el cual nada de esto habría ocurrido. Nos daremos el chapuzón en una piscina de inseguridad en la que legitimidad será igual a capacidad de chantajear, ya sea a base de amonal o de escaños; en una sima cultural, educativa y muy posiblemente económica que sólo podrá disimularse a través de coyunturales bonanzas materiales. Habremos dicho adiós a España, tal y como la conocemos, con todo lo que conlleva de solidaridad territorial, igualdad ante la Ley, seguridad jurídica y unidad de mercado. Pero también es posible que en aquel 2008 decidamos que quien tome las decisiones sea Rajoy, y que nos encontremos con que él también viene con tan sólo cuatro años de garantía. Puede muy bien Rajoy ganar, pero los españoles no ganaremos nada si no es capaz de recoger el mensaje que vendría adjunto a su victoria: repito, la recuperación de la cordura. Si Rajoy no se decide a coger el toro por los cuernos y echar mano de quien necesite (que muy bien puede ser un PSOE desengañado de la insoportable levedad de su experiencia zapateril) para acotar lo que puede y lo que no puede ser, aquel 2008 será una piedra más del mismo camino que propone ZP. Un camino más largo, pero con el mismo fin. Puede ganar Rajoy, pero si no trabaja en la labor de poner una cota de representación nacional a los partidos que han de sentarse en el Congreso de los Diputados; si no construye consensos nacionales, reforzados por mayorías muy cualificadas a la hora de romperlos, en temas como la Educación, la Política antiterrorista, el agua o el concepto de Estado; si no es capaz de acabar con la sangría a España de los que la gobiernan sin creer en ella, de los que viven de su presupuesto mientras trabajan por destruirla…aquel 2008 no habrá servido para nada. Será otro capítulo más de pasteleo menesteroso con el mal que lleva corroyendo a esta nación desde el ingenuo día en que se permitió que el nacionalismo tuviese su corralito a cambio de lealtad, y esa lealtad fue traicionada en un nuevo episodio del cuento de la rana y el escorpión. Sólo nos cabe que el mensaje llegue a quien haya de ganar aquel 2008. Uno de los oídos es sordo a la encomienda; el otro oye, pero en ocasiones no escucha. Brindemos por aquel 2008. Por la esperanza.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?Id=4350
Oscar Molina, Felicidad
jueves 3 de enero de 2008
elicidad
Óscar Molina
P OR razones profesionales últimamente viajo bastante a los Estados Unidos. Conozco este país desde los quince años, y a pesar de haber pasado una temporada sin visitarlo, he podido comprobar que del mismo modo que algunas, pocas, cosas han cambiado (la mayoría de ellas a peor) lo esencial del espíritu que inspiró su fundación sigue vivo. Detesto, por ejemplo, esa obsesión enfermiza por la Seguridad que ha llevado a los Estados Unidos a convertirse en un país incómodo en algunos momentos y lugares. Y no por la incomodidad en sí, sino por lo que la imposible apuesta por la Seguridad absoluta tiene de renuncia a la esencia de esa nación: la Libertad. La carrera por la Seguridad total nunca puede ganarse, y sin embargo es evidente que deja tremendos jirones de Libertad por el camino. Me dirán que se trata el precio que ha de pagarse por conservar esa Libertad, pero yo opino que no son muy rentables ciertos negocios en los que la cuantía de la inversión acaba siendo igual al beneficio. Menos aún cuando ambos pagos se hacen con la misma moneda. En cualquier caso, los Estados Unidos siguen siendo ese lugar en el que vive una legión de personas que se han creído algo que está escrito en su Carta Magna: “el derecho de todo ser humano a la búsqueda de la Felicidad”. Fíjense que no habla del inexistente y nada garantizable “derecho a la Felicidad”, sino de su búsqueda. Habla de la fe en la potencialidad del ser humano como ente capaz de encontrar por sí mismo, a través de sus acciones, méritos e iniciativas, un lugar físico y espiritual en el que ser feliz. Tanto lo enunciado en el párrafo anterior, como la declaración de la Constitución norteamericana pueden parecer de Perogrullo, pero no lo son en absoluto. Reflejan muy claramente algo tan vital como es la concepción de una sociedad y el papel del individuo dentro de ella. Todos los sistemas políticos, pese a la aberración práctica de algunos, persiguen en el fondo la felicidad del individuo, es su fin. Para ello emplean medios como la Paz, la Justicia o la Igualdad; no obstante, la forma de llegar tanto a los medios como al fin difiere mucho de unos a otros. Los padres de la Declaración de Virginia de 1776 creen en el hombre como artífice principal de su propia Felicidad; hacen de él el protagonista de una película (su vida) en la que es él, y nadie más, quien ha de elegir los caminos que lleven a un final feliz. Por el contrario, en las sociedades de la Europa Continental se ha instalado la creencia de que hay alguien externo a nosotros, el Estado, que ha de garantizarnos nuestra propia Felicidad. El derecho a la búsqueda de esa Felicidad, se convierte instantáneamente en un derecho a la Felicidad puro y duro; lo hace desde el momento en el que no depende de nosotros mismos, sino de un ente superior que ha de proporcionárnosla. La teoría deviene así en la creación de Administraciones plenipotenciarias y ubicuas; organismos oficiales omnipresentes que aparecen, medran y se consolidan con la finalidad de proporcionarnos la Felicidad. Aceptando este esquema somos los creadores y patrocinadores de nuestra propia minoría de edad, nuestra pequeñez e insignificancia. Y cuando el monstruo crece, e intentamos pararlo, siempre resulta demasiado tarde: le hemos otorgado algo tan personal, íntimo y humano como la capacidad de proveernos Felicidad, y se cree legitimado para decirnos cómo hemos de ser educados, qué hemos de comer y hasta para definir lo que es bueno y malo en términos absolutos. Nos engaña, porque nos promete una existencia feliz sin necesidad de preocuparnos, dejándolo todo en sus manos, anestesiándonos contra lo infumable a cambio de una vida regalada en la que nada cuesta el menor esfuerzo, el mérito es un concepto vacío y sólo existen derechos: todos aquellos que me llevan a la Tierra Prometida que el invento ha de proporcionarme. Algunos de nuevo cuño, como el presunto derecho a abortar, que atenta contra la existencia misma, pero es necesario para que no pare la fiesta del todo a cambio de nada. A la postre, el tipo de existencia, valores y costumbres que jamás proporcionaríamos a nuestros hijos pequeños, el marco en el que de ninguna manera desearíamos que fuesen educados, es el que al final regula nuestra vida de adultos. Piénsenlo, porque personalmente no tengo duda a la hora de elegir. Quiero que se me reconozca el derecho a buscar mi propia Felicidad, y detesto que el Estado intente dármela. Primero porque no puede, segundo porque su intención real de máquina insensible se lo impide, y tercero porque al final del camino puedo no llegar a encontrarla, pero seré feliz mientras la busco.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4365
elicidad
Óscar Molina
P OR razones profesionales últimamente viajo bastante a los Estados Unidos. Conozco este país desde los quince años, y a pesar de haber pasado una temporada sin visitarlo, he podido comprobar que del mismo modo que algunas, pocas, cosas han cambiado (la mayoría de ellas a peor) lo esencial del espíritu que inspiró su fundación sigue vivo. Detesto, por ejemplo, esa obsesión enfermiza por la Seguridad que ha llevado a los Estados Unidos a convertirse en un país incómodo en algunos momentos y lugares. Y no por la incomodidad en sí, sino por lo que la imposible apuesta por la Seguridad absoluta tiene de renuncia a la esencia de esa nación: la Libertad. La carrera por la Seguridad total nunca puede ganarse, y sin embargo es evidente que deja tremendos jirones de Libertad por el camino. Me dirán que se trata el precio que ha de pagarse por conservar esa Libertad, pero yo opino que no son muy rentables ciertos negocios en los que la cuantía de la inversión acaba siendo igual al beneficio. Menos aún cuando ambos pagos se hacen con la misma moneda. En cualquier caso, los Estados Unidos siguen siendo ese lugar en el que vive una legión de personas que se han creído algo que está escrito en su Carta Magna: “el derecho de todo ser humano a la búsqueda de la Felicidad”. Fíjense que no habla del inexistente y nada garantizable “derecho a la Felicidad”, sino de su búsqueda. Habla de la fe en la potencialidad del ser humano como ente capaz de encontrar por sí mismo, a través de sus acciones, méritos e iniciativas, un lugar físico y espiritual en el que ser feliz. Tanto lo enunciado en el párrafo anterior, como la declaración de la Constitución norteamericana pueden parecer de Perogrullo, pero no lo son en absoluto. Reflejan muy claramente algo tan vital como es la concepción de una sociedad y el papel del individuo dentro de ella. Todos los sistemas políticos, pese a la aberración práctica de algunos, persiguen en el fondo la felicidad del individuo, es su fin. Para ello emplean medios como la Paz, la Justicia o la Igualdad; no obstante, la forma de llegar tanto a los medios como al fin difiere mucho de unos a otros. Los padres de la Declaración de Virginia de 1776 creen en el hombre como artífice principal de su propia Felicidad; hacen de él el protagonista de una película (su vida) en la que es él, y nadie más, quien ha de elegir los caminos que lleven a un final feliz. Por el contrario, en las sociedades de la Europa Continental se ha instalado la creencia de que hay alguien externo a nosotros, el Estado, que ha de garantizarnos nuestra propia Felicidad. El derecho a la búsqueda de esa Felicidad, se convierte instantáneamente en un derecho a la Felicidad puro y duro; lo hace desde el momento en el que no depende de nosotros mismos, sino de un ente superior que ha de proporcionárnosla. La teoría deviene así en la creación de Administraciones plenipotenciarias y ubicuas; organismos oficiales omnipresentes que aparecen, medran y se consolidan con la finalidad de proporcionarnos la Felicidad. Aceptando este esquema somos los creadores y patrocinadores de nuestra propia minoría de edad, nuestra pequeñez e insignificancia. Y cuando el monstruo crece, e intentamos pararlo, siempre resulta demasiado tarde: le hemos otorgado algo tan personal, íntimo y humano como la capacidad de proveernos Felicidad, y se cree legitimado para decirnos cómo hemos de ser educados, qué hemos de comer y hasta para definir lo que es bueno y malo en términos absolutos. Nos engaña, porque nos promete una existencia feliz sin necesidad de preocuparnos, dejándolo todo en sus manos, anestesiándonos contra lo infumable a cambio de una vida regalada en la que nada cuesta el menor esfuerzo, el mérito es un concepto vacío y sólo existen derechos: todos aquellos que me llevan a la Tierra Prometida que el invento ha de proporcionarme. Algunos de nuevo cuño, como el presunto derecho a abortar, que atenta contra la existencia misma, pero es necesario para que no pare la fiesta del todo a cambio de nada. A la postre, el tipo de existencia, valores y costumbres que jamás proporcionaríamos a nuestros hijos pequeños, el marco en el que de ninguna manera desearíamos que fuesen educados, es el que al final regula nuestra vida de adultos. Piénsenlo, porque personalmente no tengo duda a la hora de elegir. Quiero que se me reconozca el derecho a buscar mi propia Felicidad, y detesto que el Estado intente dármela. Primero porque no puede, segundo porque su intención real de máquina insensible se lo impide, y tercero porque al final del camino puedo no llegar a encontrarla, pero seré feliz mientras la busco.
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