lunes 3 de septiembre de 2007
Apoyos anímicos - Primo González -
Los fuegos de artificio han servido el viernes para devolver algo de moral y de ánimos a los inversores y algo de credibilidad a los mercados. El mismo George Bush ha salido a la palestra para reforzar la fe en el resurgimiento de los mercados y de la economía tras una crisis hipotecaria que todos quieren dejar reducida a un episodio pasajero sin dimensión suficiente como para impedir que la economía mundial recorra nuevas etapas de crecimiento sostenido y sólido. La crisis de las hipotecas no ha puesto en peligro, en todo caso, algunos segmentos de los mercados, como el grupo de Bolsas de países emergentes, que presentan de nuevo interesantes ganancias tras un pequeño y breve espacio de duda en el que presentaron fuertes reajustes a la baja.
La avalancha de declaraciones, en las que también ha metido sus argumentos el máximo responsable de la Reserva Federal ofreciendo todo el apoyo del organismo para solventar crisis de liquidez, puede servir para mejorar los ánimos de los inversores, pero tendrá que ser complementada a lo largo de la semana entrante mediante argumentos más sólidos. El más importante de ellos habrá de anunciarse el jueves, cuando el Banco Central Europeo (BCE) dictamine sus decisiones en materia de tipos de interés. Ése es el principal mensaje que desean recibir los mercados y del que extraerán las consecuencias pertinentes. Hay una confianza bastante extendida de estabilidad de tipos de interés, pero la decisión última se la reservan los miembros del BCE para el mismo jueves. Una subida de tipos ahora podría ser un factor perturbador.
Los fondos han logrado a lo largo de esta semana una cierta recuperación de precios, ya que las Bolsas han firmado su segunda semana consecutiva de ganancias, aunque no hay que olvidar que a lo largo de la semana recién transcurrida, algunos índices de Bolsa, como el Ibex 35, han estado en negativo, es decir, por debajo de sus niveles de cierre del año pasado. De todas formas, de las diversas familias de fondos de inversión existentes, y a pesar de sus altibajos, los fondos de Bolsa son los más rentables del año.
lunes, septiembre 03, 2007
Inocencio Arias, Calderon no habla en el Congreso
lunes 3 de septiembre de 2007
Calderón no habla en el Congreso Inocencio Arias
La oposición mexicana sigue impertérrita con su show negándose a admitir la legalidad de la elección del presidente Felipe Calderón. Uno pensaría que, a bastantes meses de la elección, el momento habría llegado de reconocer que las instituciones electorales pertinentes decretaron la legitimidad de su victoria, que la comunidad internacional ve en el al primer mandatario del país y una franja sustancial de la opinión pública también (tiene el 64% de aprobación de su actuación).
El sábado Calderón no pudo pronunciar el tradicional discurso del estado de la nación. Su predecesor, Vicente Fox, tampoco pudo hacerlo con el último de los suyos. Calderón subió al podio, habló algo más de un minuto y entregó el texto de lo que tenía que haber sido su intervención solemne para que fuera distribuido. El formato de la insólita ceremonia había sido pactado por las fuerzas políticas. “No aceptaremos un presidente ilegítimo”, había sentenciado Leonel Cota, presidente del PRD, partido de la oposición. “No toleraremos su presencia”.
El compromiso alcanzado salvaba un poco la cara de las dos principales fuerzas políticas. Calderón cumplía con su obligación constitucional de comparecer ante las Cámaras, la oposición del PRD puede seguir alardeando de que no lo acepta. Calderón entregaría su texto al presidente del Senado mientras la de la Cámara de Representantes, Ruth Zavaleta, abandonaba el hemiciclo con sus compañeros del PRD. Calderón se dirigirá hoy al país por televisión desde el Palacio Nacional.
Abundantes comentaristas mexicanos, como Jaime Sanchez Susarrey en Reforma, apuntan que puede que éste sea el golpe de gracia a la ceremonia del estado de la nación que venía teniendo lugar desde el año 1910. Tampoco falta quien apunte que la actitud de rebeldía del PRD, aunque fútil en cierta medida, es un precedente nefasto para la política azteca.
En el texto distribuido, Calderón mira bastante, inevitablemente, hacia su vecino del Norte. Censura la política migratoria de Washington, es sabido que el Senado estadounidense ha abortado el intento de Bush de iniciar la legalización de 11 millones de emigrantes irregulares, ha afirmado que su Gobierno se esfuerza en crear empleos para reducir el flujo migratorio hacia EEUU (ha creado 618.000 en el último año) y rindiendo homenaje, de otro lado, a las fuerzas del orden que han sucumbido en la lucha contra los narcotraficantes que ha desatado su gobierno ha dado a entender que la cruzada contra la droga exige una total cooperación entre vecinos y entre la comunidad internacional.
Calderón no habla en el Congreso Inocencio Arias
La oposición mexicana sigue impertérrita con su show negándose a admitir la legalidad de la elección del presidente Felipe Calderón. Uno pensaría que, a bastantes meses de la elección, el momento habría llegado de reconocer que las instituciones electorales pertinentes decretaron la legitimidad de su victoria, que la comunidad internacional ve en el al primer mandatario del país y una franja sustancial de la opinión pública también (tiene el 64% de aprobación de su actuación).
El sábado Calderón no pudo pronunciar el tradicional discurso del estado de la nación. Su predecesor, Vicente Fox, tampoco pudo hacerlo con el último de los suyos. Calderón subió al podio, habló algo más de un minuto y entregó el texto de lo que tenía que haber sido su intervención solemne para que fuera distribuido. El formato de la insólita ceremonia había sido pactado por las fuerzas políticas. “No aceptaremos un presidente ilegítimo”, había sentenciado Leonel Cota, presidente del PRD, partido de la oposición. “No toleraremos su presencia”.
El compromiso alcanzado salvaba un poco la cara de las dos principales fuerzas políticas. Calderón cumplía con su obligación constitucional de comparecer ante las Cámaras, la oposición del PRD puede seguir alardeando de que no lo acepta. Calderón entregaría su texto al presidente del Senado mientras la de la Cámara de Representantes, Ruth Zavaleta, abandonaba el hemiciclo con sus compañeros del PRD. Calderón se dirigirá hoy al país por televisión desde el Palacio Nacional.
Abundantes comentaristas mexicanos, como Jaime Sanchez Susarrey en Reforma, apuntan que puede que éste sea el golpe de gracia a la ceremonia del estado de la nación que venía teniendo lugar desde el año 1910. Tampoco falta quien apunte que la actitud de rebeldía del PRD, aunque fútil en cierta medida, es un precedente nefasto para la política azteca.
En el texto distribuido, Calderón mira bastante, inevitablemente, hacia su vecino del Norte. Censura la política migratoria de Washington, es sabido que el Senado estadounidense ha abortado el intento de Bush de iniciar la legalización de 11 millones de emigrantes irregulares, ha afirmado que su Gobierno se esfuerza en crear empleos para reducir el flujo migratorio hacia EEUU (ha creado 618.000 en el último año) y rindiendo homenaje, de otro lado, a las fuerzas del orden que han sucumbido en la lucha contra los narcotraficantes que ha desatado su gobierno ha dado a entender que la cruzada contra la droga exige una total cooperación entre vecinos y entre la comunidad internacional.
Luis de Velasco, Por una nueva opcion electoral
lunes 3 de septiembre de 2007
Por una nueva opción electoral Luis de Velasco
La renuncia a seguir militando en el PSOE por parte de la eurodiputada Rosa Díez, figura política de indudable impacto nacional, ha suscitado muchas y variadas reacciones. No podía ser de otra manera porque, y esto es lo más importante, esa renuncia no va acompañada de su retiro de la vida pública, de la política, sino que incorpora su decisión de sumarse plenamente a la denominada Plataforma Pro que, basada en Basta Ya, tiene como objetivo la creación de un nuevo partido de ámbito nacional cuyo primer objetivo es presentarse a las elecciones del próximo mes de marzo. En esos trabajos están sus promotores desde hace escasos meses. Seguramente comprobarán en las semanas inmediatas que una cosa es predicar y otra dar trigo. Es decir, pasar de reuniones informativas o tertulias amables a estructurar una organización con estatutos, dinero, militancia comprometida y de la otra, locales y un largo etcétera es tarea muy compleja, lenta y siempre trufada de las virtudes y defectos que adornan la condición humana.
Ésta es una de las varias desventajas con respecto a los partidos ya establecidos, elemento que constituye una de las varias barreras de entrada al “mercado electoral”. Hay muchas otras que hacen que, en la realidad y más allá de las proclamas teóricas, ese “mercado” no sea de libre competencia sino oligopolístico. Así está previsto por la ley electoral vigente, que busca y consigue un bipartidismo casi perfecto penalizando además a los terceros partidos nacionales (véase el caso de Izquierda Unida) y sobreprimando (uno de los muchos pasivos de la Transición) a los nacionalistas para desgracia del resto del país, como se está viendo cada vez más dramáticamente.
Hay más barreras de entrada. Todos los “establecidos” en la política, y eso incluye desde partidos políticos hasta medios de comunicación pasando por las grupos de poder económicos, sociales y culturales, con algunas mínimas excepciones, están interesados en mantener el actual statu quo y en impedir la entrada de nuevos actores, por pequeños que éstos sean. Véanse las reacciones a la presencia de Ciudadanos Partido de la Ciudadanía y a este nuevo partido que se anuncia. Todo sea por el llamado voto útil y en tratar de dejar las cosas como están, que así están bien. Claro que falta saber lo que piensa el electorado, que, una cosa está clara, cada vez vota más con los pies, es decir, alejándose de las urnas. O tapándose la nariz. Por algo será.
La génesis de Ciudadanos arranca, desde años atrás, como reacción a la opresión en todos los órdenes del nacionalismo catalán, ayer patrimonio de los nacionalistas, después también de sus discípulos aventajados, el PSC y acompañantes menores. Hoy, este partido es nacional y sus objetivos son mucho más que el combatir ese nacionalismo, abarcando desde una reforma constitucional y de la ley electoral hasta la regeneración democrática pasando por una mejor armonización del crecimiento económico con la equidad y cohesión social, algo hoy ausente.
Si uno repasa los objetivos políticos de ese nuevo partido que se quiere crear por Basta Ya, la coincidencia programática entre ambas formaciones es casi total. Por eso, el primer objetivo de ambas formaciones debe ser, ineludiblemente y más allá de posibles personalismos, ponerse de acuerdo en cómo tratar de lograr lo máximo en un terreno de juego electoral claramente inclinado a favor de los que están ya jugando. Si es que quieren hacer algo, por poco que sea. Y además, deprisa. A pesar de esas enormes barreras de entrada, hay muchos ciudadanos que están esperando y deseando un soplo de aire puro, de racionalidad entre tanto disparate. Seguramente, muchos más de los que se piensa.
Por una nueva opción electoral Luis de Velasco
La renuncia a seguir militando en el PSOE por parte de la eurodiputada Rosa Díez, figura política de indudable impacto nacional, ha suscitado muchas y variadas reacciones. No podía ser de otra manera porque, y esto es lo más importante, esa renuncia no va acompañada de su retiro de la vida pública, de la política, sino que incorpora su decisión de sumarse plenamente a la denominada Plataforma Pro que, basada en Basta Ya, tiene como objetivo la creación de un nuevo partido de ámbito nacional cuyo primer objetivo es presentarse a las elecciones del próximo mes de marzo. En esos trabajos están sus promotores desde hace escasos meses. Seguramente comprobarán en las semanas inmediatas que una cosa es predicar y otra dar trigo. Es decir, pasar de reuniones informativas o tertulias amables a estructurar una organización con estatutos, dinero, militancia comprometida y de la otra, locales y un largo etcétera es tarea muy compleja, lenta y siempre trufada de las virtudes y defectos que adornan la condición humana.
Ésta es una de las varias desventajas con respecto a los partidos ya establecidos, elemento que constituye una de las varias barreras de entrada al “mercado electoral”. Hay muchas otras que hacen que, en la realidad y más allá de las proclamas teóricas, ese “mercado” no sea de libre competencia sino oligopolístico. Así está previsto por la ley electoral vigente, que busca y consigue un bipartidismo casi perfecto penalizando además a los terceros partidos nacionales (véase el caso de Izquierda Unida) y sobreprimando (uno de los muchos pasivos de la Transición) a los nacionalistas para desgracia del resto del país, como se está viendo cada vez más dramáticamente.
Hay más barreras de entrada. Todos los “establecidos” en la política, y eso incluye desde partidos políticos hasta medios de comunicación pasando por las grupos de poder económicos, sociales y culturales, con algunas mínimas excepciones, están interesados en mantener el actual statu quo y en impedir la entrada de nuevos actores, por pequeños que éstos sean. Véanse las reacciones a la presencia de Ciudadanos Partido de la Ciudadanía y a este nuevo partido que se anuncia. Todo sea por el llamado voto útil y en tratar de dejar las cosas como están, que así están bien. Claro que falta saber lo que piensa el electorado, que, una cosa está clara, cada vez vota más con los pies, es decir, alejándose de las urnas. O tapándose la nariz. Por algo será.
La génesis de Ciudadanos arranca, desde años atrás, como reacción a la opresión en todos los órdenes del nacionalismo catalán, ayer patrimonio de los nacionalistas, después también de sus discípulos aventajados, el PSC y acompañantes menores. Hoy, este partido es nacional y sus objetivos son mucho más que el combatir ese nacionalismo, abarcando desde una reforma constitucional y de la ley electoral hasta la regeneración democrática pasando por una mejor armonización del crecimiento económico con la equidad y cohesión social, algo hoy ausente.
Si uno repasa los objetivos políticos de ese nuevo partido que se quiere crear por Basta Ya, la coincidencia programática entre ambas formaciones es casi total. Por eso, el primer objetivo de ambas formaciones debe ser, ineludiblemente y más allá de posibles personalismos, ponerse de acuerdo en cómo tratar de lograr lo máximo en un terreno de juego electoral claramente inclinado a favor de los que están ya jugando. Si es que quieren hacer algo, por poco que sea. Y además, deprisa. A pesar de esas enormes barreras de entrada, hay muchos ciudadanos que están esperando y deseando un soplo de aire puro, de racionalidad entre tanto disparate. Seguramente, muchos más de los que se piensa.
Jose Javaloyes, Desnacionalizacion de la izquierda española
lunes 3 de septiembre de 2007
Desnacionalización de la izquierda española José Javaloyes
El desistimiento diplomático español en los escenarios internacionales de referencia, desde Washington a Berlín, a lo que se suman las establecidas nieblas con París a propósito de las regularizaciones masivas, y el menosprecio por las instituciones españolas en medios periodísticos británicos como el Times, tenidos por serios, solventes y respetuosos, componen un cuadro de sobrevenida desconfiguración de lo nuestro propio. Todo, poco menos que inevitable, habida cuenta el general régimen de contumacia establecido contra el sentido nacional, bajo la agobiante levedad en la presidencia del Consejo de Ministros. Presidencia que pide otra legislatura para completar la desconfiguración nacional.
Quedó agosto atrás con el aún inaforado saqueo en los fondos de la Biblioteca Nacional, enmarcado en las vacaciones de maestra de escuela de la señora Regás (todos los años de junio a septiembre, menos en éste, pues la hizo venir el ministro de Cultura cuando trascendió el robo de los incunables cartográficos), alentada quizá por los dilatados descansos del presidente Rodríguez. (La vicepresidenta Fernández de la Vega dedicó un turno a defenderla, con un ataque implícito a quien la destituyó, acaso para agradecerle los servicios prestados en las liturgias de un sectarismo tan histórico como la propia memoria desmemoriada).
Despejada la murria del “proceso de paz” con el terrorismo nacionalista, libres de frenos, las fuerzas de seguridad del Estado hacen con normalidad, eficientemente, su trabajo, y la tropa de los asesinos va cayendo en significativos golpes policiales; es decir, encajándose el problema terrorista en el único marco de respuesta que le corresponde.
Y así se van ajustando las cosas, tan sensible y claramente, que a no pocos les da por pensar cuánto convendría que el jefe del Ejecutivo prolongara todavía más sus vacaciones. El Estado, con sólo sus inercias de funcionamiento, es capaz de hacer, como se demuestra, cosas que el Gobierno de Rodríguez impide con las suyas.
La establecida desafección de principio por aquello que se entiende como intereses nacionales trajo desde el primer momento una inversión en los esquemas y criterios de la política exterior seguida hasta entonces por España. Política tildada de “retórica” por Miguel Ángel Moratinos en un artículo publicado por el Wall Street Journal. Tal calificativo, motivado posiblemente por el rescate militar de Perejil, con el desalojo de los gendarmes que Miramamolín había enviado a ocuparlo. Inolvidable aquella sultánica emulación de la gloria imperial de su padre, Hassan II, con la “Marcha Verde” que abortó la descolonización española del Sahara.
Después, tras del 11, 13 y 14M, Mohamed VI sentaría a José Luis Rodríguez, en su primera, rápida y obsecuente visita a Rabat, debajo de un mapa jerifiano que incluye Ceuta y Melilla como territorios de Marruecos. Las tropas españolas que se encontraban en Iraq fueron retiradas sin ninguna explicación para el aliado norteamericano. Jacques Chirac y Gerhard Schroeder dieron en París sendas palmaditas en el hombro al nuevo presidente del Consejo, presuroso en renunciar a favor de Italia el derecho español a que se firmara en Madrid el Tratado Constitucional Europeo. Y abierto después al entierro de la descolonización de Gibraltar, al entregarle a los llanitos voz y voto en el litigio.
¿Cómo es posible toda política exterior si se carece del previo sentido de una política nacional, en la que todo se concierta, la exterior, la interior y la de defensa, la económica y la cultural?
En la incesante y torpe deconstrucción de la continuidad en las relaciones exteriores, especialmente con Alemania, destaca el ramo de flores con que Rodríguez obsequió a Angela Merkel en las últimas elecciones alemanas, vaticinándola como perdedora, y la guerra sucia a la OPA de E.On sobre Endesa, con el apaño de Ibiza para que pasara a manos de Italia el control de la primera empresa eléctrica española. Apaño obsequioso que ahora se completa rebajándole el Gobierno a Enel las condiciones impuestas por la Comisión Nacional de la Energía a la eléctrica pública italiana. Nadie pudo completar en tan breve plazo un medallero así del descrédito nacional y del abandonismo.
Ninguna cuenta de este rosario de dislates habría sobrevenido de haber existido un mínimo de conciencia española en quien preside el Consejo de Ministros ni en ninguno de sus aliados parlamentarios. Nunca se había deteriorado el sentir nacional hasta el punto de que el impulsor de todo esto esté en condiciones de revalidar su victoria del 2004. Jamás se había alcanzado desnacionalización más extensa y más compacta de una política gubernamental en España. Y todavía dice Rodríguez: “Busco una mayoría suficiente para la modernización definitiva de España”.
jose@javaloyes.net
Desnacionalización de la izquierda española José Javaloyes
El desistimiento diplomático español en los escenarios internacionales de referencia, desde Washington a Berlín, a lo que se suman las establecidas nieblas con París a propósito de las regularizaciones masivas, y el menosprecio por las instituciones españolas en medios periodísticos británicos como el Times, tenidos por serios, solventes y respetuosos, componen un cuadro de sobrevenida desconfiguración de lo nuestro propio. Todo, poco menos que inevitable, habida cuenta el general régimen de contumacia establecido contra el sentido nacional, bajo la agobiante levedad en la presidencia del Consejo de Ministros. Presidencia que pide otra legislatura para completar la desconfiguración nacional.
Quedó agosto atrás con el aún inaforado saqueo en los fondos de la Biblioteca Nacional, enmarcado en las vacaciones de maestra de escuela de la señora Regás (todos los años de junio a septiembre, menos en éste, pues la hizo venir el ministro de Cultura cuando trascendió el robo de los incunables cartográficos), alentada quizá por los dilatados descansos del presidente Rodríguez. (La vicepresidenta Fernández de la Vega dedicó un turno a defenderla, con un ataque implícito a quien la destituyó, acaso para agradecerle los servicios prestados en las liturgias de un sectarismo tan histórico como la propia memoria desmemoriada).
Despejada la murria del “proceso de paz” con el terrorismo nacionalista, libres de frenos, las fuerzas de seguridad del Estado hacen con normalidad, eficientemente, su trabajo, y la tropa de los asesinos va cayendo en significativos golpes policiales; es decir, encajándose el problema terrorista en el único marco de respuesta que le corresponde.
Y así se van ajustando las cosas, tan sensible y claramente, que a no pocos les da por pensar cuánto convendría que el jefe del Ejecutivo prolongara todavía más sus vacaciones. El Estado, con sólo sus inercias de funcionamiento, es capaz de hacer, como se demuestra, cosas que el Gobierno de Rodríguez impide con las suyas.
La establecida desafección de principio por aquello que se entiende como intereses nacionales trajo desde el primer momento una inversión en los esquemas y criterios de la política exterior seguida hasta entonces por España. Política tildada de “retórica” por Miguel Ángel Moratinos en un artículo publicado por el Wall Street Journal. Tal calificativo, motivado posiblemente por el rescate militar de Perejil, con el desalojo de los gendarmes que Miramamolín había enviado a ocuparlo. Inolvidable aquella sultánica emulación de la gloria imperial de su padre, Hassan II, con la “Marcha Verde” que abortó la descolonización española del Sahara.
Después, tras del 11, 13 y 14M, Mohamed VI sentaría a José Luis Rodríguez, en su primera, rápida y obsecuente visita a Rabat, debajo de un mapa jerifiano que incluye Ceuta y Melilla como territorios de Marruecos. Las tropas españolas que se encontraban en Iraq fueron retiradas sin ninguna explicación para el aliado norteamericano. Jacques Chirac y Gerhard Schroeder dieron en París sendas palmaditas en el hombro al nuevo presidente del Consejo, presuroso en renunciar a favor de Italia el derecho español a que se firmara en Madrid el Tratado Constitucional Europeo. Y abierto después al entierro de la descolonización de Gibraltar, al entregarle a los llanitos voz y voto en el litigio.
¿Cómo es posible toda política exterior si se carece del previo sentido de una política nacional, en la que todo se concierta, la exterior, la interior y la de defensa, la económica y la cultural?
En la incesante y torpe deconstrucción de la continuidad en las relaciones exteriores, especialmente con Alemania, destaca el ramo de flores con que Rodríguez obsequió a Angela Merkel en las últimas elecciones alemanas, vaticinándola como perdedora, y la guerra sucia a la OPA de E.On sobre Endesa, con el apaño de Ibiza para que pasara a manos de Italia el control de la primera empresa eléctrica española. Apaño obsequioso que ahora se completa rebajándole el Gobierno a Enel las condiciones impuestas por la Comisión Nacional de la Energía a la eléctrica pública italiana. Nadie pudo completar en tan breve plazo un medallero así del descrédito nacional y del abandonismo.
Ninguna cuenta de este rosario de dislates habría sobrevenido de haber existido un mínimo de conciencia española en quien preside el Consejo de Ministros ni en ninguno de sus aliados parlamentarios. Nunca se había deteriorado el sentir nacional hasta el punto de que el impulsor de todo esto esté en condiciones de revalidar su victoria del 2004. Jamás se había alcanzado desnacionalización más extensa y más compacta de una política gubernamental en España. Y todavía dice Rodríguez: “Busco una mayoría suficiente para la modernización definitiva de España”.
jose@javaloyes.net
Urbaneja, Santander y Popular, del bracete a 13,40
lunes 3 de septiembre de 2007
Santander y Popular, del bracete a 13,40 (pero debe de ser por casualidad) Fernando González Urbaneja
Santander y Popular, aunque compiten en el mercado local y en Portugal, pertenecen a distintos universos y trabajan con perspectivas y objetivos diferentes. Pero últimamente van de la manita por la Bolsa con sus cotizaciones paralelas; cada sesión cierran prácticamente al mismo precio como mandando al público el recado de que se quieren. Los dos a 13,40 como precio de cierre el pasado viernes tras varias sesiones haciendo otro tanto.
No creo que haya nada serio en ese aparente romance, no imagino una boda entre dos bancos que se conocen muy bien pero que no suman, ni son complementarios, desde hace años. El Popular defendió años atrás, quizá para disimular o para enredar, cuando Valls andaba vigilante de cualquier invasión, la fusión de lo que llamaba la “banca madrileña” frente a la otra, la del norte, los de Deusto, universidad en que habían estudiado los presidentes del Bilbao, el Vizcaya y el Santander. Los madrileños entonces eran Banesto, Central, Hispano y Popular, cuatro patas para una buena banqueta. Valls decía a quien le quisiera escuchar que, si las autoridades querían fusiones, ésas podrían ser las más adecuadas.
Visto lo que luego ocurrió, no andaba desencaminado, ya que de los cuatro bancos madrileños tres se fusionaron para acabar bajo la bandera del Santander, el menor de todos pero el que se quedó con los demás, excepto el Popular. De manera que hubo operación de bancos madrileños pero con nombre y control de uno de los del norte, el Santander. A Valls le salió redonda la estrategia, se fusionaron todos los demás pero su banco se quedó a su bola, a su ritmo y estilo, que siempre ha sido peculiar.
Ahora entre Santander y Popular las diferencias son abismales, de tamaño y de proyecto. El uno vale como 84.000 millones y anda en operaciones de compra de otros 20.000 millones, mientras que el otro se queda en algo más de 16.000 millones.
Pero descartada una hipotética boda, podemos especular sobre qué acción puede ser más interesante para un inversor prudente y con estrategia a medio plazo. Las acciones de ambos bancos son muy líquidas, también sólidas, y tienen una trayectoria brillante. Los dos pagan dividendos trimestrales con regularidad, y los dos obtienen buenos beneficios.
Los datos objetivos (per, rentabilidad por dividendo, potencial de crecimiento…) son algo mejores en el Santander, pero quizá el Popular tiene más amarrados sus riesgos. Los dividendos anuales del Santander andan por el 4%, los del Popular en el 3,7%. El Popular parece más regular, el Santander más emocionante.
Elegir entre ambos es como preguntar ¿a quién quieres más, a papá o a mamá? La respuesta correcta es: a los dos igual. Pues eso, ¡qué distintos ambos, pero qué próximos!
Santander y Popular, del bracete a 13,40 (pero debe de ser por casualidad) Fernando González Urbaneja
Santander y Popular, aunque compiten en el mercado local y en Portugal, pertenecen a distintos universos y trabajan con perspectivas y objetivos diferentes. Pero últimamente van de la manita por la Bolsa con sus cotizaciones paralelas; cada sesión cierran prácticamente al mismo precio como mandando al público el recado de que se quieren. Los dos a 13,40 como precio de cierre el pasado viernes tras varias sesiones haciendo otro tanto.
No creo que haya nada serio en ese aparente romance, no imagino una boda entre dos bancos que se conocen muy bien pero que no suman, ni son complementarios, desde hace años. El Popular defendió años atrás, quizá para disimular o para enredar, cuando Valls andaba vigilante de cualquier invasión, la fusión de lo que llamaba la “banca madrileña” frente a la otra, la del norte, los de Deusto, universidad en que habían estudiado los presidentes del Bilbao, el Vizcaya y el Santander. Los madrileños entonces eran Banesto, Central, Hispano y Popular, cuatro patas para una buena banqueta. Valls decía a quien le quisiera escuchar que, si las autoridades querían fusiones, ésas podrían ser las más adecuadas.
Visto lo que luego ocurrió, no andaba desencaminado, ya que de los cuatro bancos madrileños tres se fusionaron para acabar bajo la bandera del Santander, el menor de todos pero el que se quedó con los demás, excepto el Popular. De manera que hubo operación de bancos madrileños pero con nombre y control de uno de los del norte, el Santander. A Valls le salió redonda la estrategia, se fusionaron todos los demás pero su banco se quedó a su bola, a su ritmo y estilo, que siempre ha sido peculiar.
Ahora entre Santander y Popular las diferencias son abismales, de tamaño y de proyecto. El uno vale como 84.000 millones y anda en operaciones de compra de otros 20.000 millones, mientras que el otro se queda en algo más de 16.000 millones.
Pero descartada una hipotética boda, podemos especular sobre qué acción puede ser más interesante para un inversor prudente y con estrategia a medio plazo. Las acciones de ambos bancos son muy líquidas, también sólidas, y tienen una trayectoria brillante. Los dos pagan dividendos trimestrales con regularidad, y los dos obtienen buenos beneficios.
Los datos objetivos (per, rentabilidad por dividendo, potencial de crecimiento…) son algo mejores en el Santander, pero quizá el Popular tiene más amarrados sus riesgos. Los dividendos anuales del Santander andan por el 4%, los del Popular en el 3,7%. El Popular parece más regular, el Santander más emocionante.
Elegir entre ambos es como preguntar ¿a quién quieres más, a papá o a mamá? La respuesta correcta es: a los dos igual. Pues eso, ¡qué distintos ambos, pero qué próximos!
Marcello, Que solos se quedan los muertos
lunes 3 de septiembre de 2007
Qué solos se quedan los muertos
Tan callando. Diríase que en Sevilla no han enterrado a un futbolista novel sino al mismísimo Adolfo Bécquer, o a Federico García Lorca, porque en la capital del Sur todo se sublima y exagera y no hay vara —ni siquiera la de Antoñito el Camborio— de medir que ponga las cosas o a los muertos en su justo pedestal. Allí, en Sevilla, casan a una infanta como si fuera Sisí Emperatriz y entierran a Puerta como si fuera Maradona.
En Castilla son más sobrios pero no son más justos, porque hay que ver la desmesura de dos entierros recientes y de tronío, que dirían en la orilla del Guadalquivir, como han sido los de Polanco y Umbral, guardando, cómo no, las distancias entre Jesús del Gran Poder mediático español y el “Cachorro” de gato siamés de los “madriles”, importado de Valladolid, y criado con leche de pantera por Delibes y Cela, que lo mimaron en su disparatada y genial carrera de autor incansable de libros y de artículos en la prensa de papel.
La ausencia de Polanco ya se nota en la guerra del fútbol de la televisión, porque, de estar vivo el otrora patrón de Prisa, los zapatistas de La Sexta no se hubieran atrevido, ni por asomo, a moverle a Sogecable el fútbol de pago que no sabe cómo defender Cebrián, mientras el director de El País, Javier Moreno y sus muñecos, en una entrevista de salón con Zapatero le implora al presidente preguntándole, por dos veces, eso de “qué hay de lo nuestro”, o sea, del monopolio del fútbol de pago. Y el presidente, como quien oye llover, disimula y se deja querer, mientras en el panteón de los espectros se oye tronar a la estatua de Polanco: “En mi tiempo no habría cojones de quitarme el fútbol por televisión”. Adivina, adivinanza, ¿quién manda en el Grupo Prisa, quien dirige El País?
Entre muerto y muerto las vacaciones se nos han hecho muy largas, y al volver nos hemos encontrado con Pedro J. amortajando a Umbral con uno de los trajes de Jovellanos, a pesar que Paco, ni en la política, ni en el campo de las ideas, nunca brilló. Porque el de Valladolid sólo era un poeta, un trovador, que escribía en linda prosa sobre la actualidad y con sublime brillantez, y un orfebre del idioma castellano, a su aire, que ya es bastante, pero nada más.
Pero en el diario El Mundo, unos por hacerle la pelota al señorito de Umbral a ver si se quedan con la columna —el nicho— y otros por seguirle la corriente, se han convertido en unos vulgares y presumidos robacadáveres, con un abuso desvergonzado del “yoísmo”, para que quede claro que lo importante no era el muerto sino el autor de la necrológica. Yo estaba allí, él me lo dijo, yo le conté, fuimos al colegio juntos, o de putas “con un coño en el ojal” o rebuscando aquel “bálano —erecto— embravecido y los pezones enhiestos bajo la blusa”, que dirían de manera, un tanto soez, Del Pozo y Anson, jugando a viejos verdes atrevidos, aprendices de Miller, que han querido epatar y empatar su pelea particular por la caza de la columna de Umbral, que sólo Antonio Gala podría ocupar con éxito literario y social si quisieran el de Logroño y el “brazatorto” cordobés.
Las necrológicas, como la crónica de sucesos, son los géneros periodísticos más difíciles de escribir. Y raro es que Umbral no haya dejado escrita la suya antes de partir, conociendo como conocía el plantel de los que iban a ser sus enterradores, dentro y fuera de su periódico. Vamos, si Cebrián le reinterpretó, a su favor, el testamento a Polanco poniéndose él solito a nivel de sus herederos, qué no iba a ocurrir con Umbral que, aunque no tenía un duro, sí ocupaba un sitial en el diario con el que soñaban veinte a la vez. Pues eso, el muerto al hoyo y el vivo al bollo, y los finados, ¡Dios mío!, en su infinita soledad, mientras en España, con la bandera de la plaza de Colón a media asta por la muerte súbita de un futbolista, arranca la Liga y en la política se levanta el telón, con Zapatero bailando La Internacional y con Rajoy bostezando como un león.
Qué solos se quedan los muertos
Tan callando. Diríase que en Sevilla no han enterrado a un futbolista novel sino al mismísimo Adolfo Bécquer, o a Federico García Lorca, porque en la capital del Sur todo se sublima y exagera y no hay vara —ni siquiera la de Antoñito el Camborio— de medir que ponga las cosas o a los muertos en su justo pedestal. Allí, en Sevilla, casan a una infanta como si fuera Sisí Emperatriz y entierran a Puerta como si fuera Maradona.
En Castilla son más sobrios pero no son más justos, porque hay que ver la desmesura de dos entierros recientes y de tronío, que dirían en la orilla del Guadalquivir, como han sido los de Polanco y Umbral, guardando, cómo no, las distancias entre Jesús del Gran Poder mediático español y el “Cachorro” de gato siamés de los “madriles”, importado de Valladolid, y criado con leche de pantera por Delibes y Cela, que lo mimaron en su disparatada y genial carrera de autor incansable de libros y de artículos en la prensa de papel.
La ausencia de Polanco ya se nota en la guerra del fútbol de la televisión, porque, de estar vivo el otrora patrón de Prisa, los zapatistas de La Sexta no se hubieran atrevido, ni por asomo, a moverle a Sogecable el fútbol de pago que no sabe cómo defender Cebrián, mientras el director de El País, Javier Moreno y sus muñecos, en una entrevista de salón con Zapatero le implora al presidente preguntándole, por dos veces, eso de “qué hay de lo nuestro”, o sea, del monopolio del fútbol de pago. Y el presidente, como quien oye llover, disimula y se deja querer, mientras en el panteón de los espectros se oye tronar a la estatua de Polanco: “En mi tiempo no habría cojones de quitarme el fútbol por televisión”. Adivina, adivinanza, ¿quién manda en el Grupo Prisa, quien dirige El País?
Entre muerto y muerto las vacaciones se nos han hecho muy largas, y al volver nos hemos encontrado con Pedro J. amortajando a Umbral con uno de los trajes de Jovellanos, a pesar que Paco, ni en la política, ni en el campo de las ideas, nunca brilló. Porque el de Valladolid sólo era un poeta, un trovador, que escribía en linda prosa sobre la actualidad y con sublime brillantez, y un orfebre del idioma castellano, a su aire, que ya es bastante, pero nada más.
Pero en el diario El Mundo, unos por hacerle la pelota al señorito de Umbral a ver si se quedan con la columna —el nicho— y otros por seguirle la corriente, se han convertido en unos vulgares y presumidos robacadáveres, con un abuso desvergonzado del “yoísmo”, para que quede claro que lo importante no era el muerto sino el autor de la necrológica. Yo estaba allí, él me lo dijo, yo le conté, fuimos al colegio juntos, o de putas “con un coño en el ojal” o rebuscando aquel “bálano —erecto— embravecido y los pezones enhiestos bajo la blusa”, que dirían de manera, un tanto soez, Del Pozo y Anson, jugando a viejos verdes atrevidos, aprendices de Miller, que han querido epatar y empatar su pelea particular por la caza de la columna de Umbral, que sólo Antonio Gala podría ocupar con éxito literario y social si quisieran el de Logroño y el “brazatorto” cordobés.
Las necrológicas, como la crónica de sucesos, son los géneros periodísticos más difíciles de escribir. Y raro es que Umbral no haya dejado escrita la suya antes de partir, conociendo como conocía el plantel de los que iban a ser sus enterradores, dentro y fuera de su periódico. Vamos, si Cebrián le reinterpretó, a su favor, el testamento a Polanco poniéndose él solito a nivel de sus herederos, qué no iba a ocurrir con Umbral que, aunque no tenía un duro, sí ocupaba un sitial en el diario con el que soñaban veinte a la vez. Pues eso, el muerto al hoyo y el vivo al bollo, y los finados, ¡Dios mío!, en su infinita soledad, mientras en España, con la bandera de la plaza de Colón a media asta por la muerte súbita de un futbolista, arranca la Liga y en la política se levanta el telón, con Zapatero bailando La Internacional y con Rajoy bostezando como un león.
Jose Oneto, Zapatero abre la campaña
lunes 3 de septiembre de 2007
Zapatero abre la campaña electoral José Oneto
El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ha comenzado la campaña para las elecciones generales que se celebrarán el domingo 9 de marzo con una larga entrevista concedida al periódico El País y con un mitin ante los mineros de Rodiezmo, en León, su tierra.
Tanto en la entrevista del periódico que dirige Javier Moreno (sobre el que el presidente ha manifestado siempre las máximas reticencias) como en el mitin político con sus compañeros de partido y sindicalistas leoneses, el presidente del Gobierno ha huido de todos los temas que le han tenido prácticamente atenazado durante toda la legislatura (proceso de paz, conversaciones con ETA, diseño territorial de España, Memoria Histórica…), ha continuado el proceso de rectificación que inicio tras el debate sobre el estado de la nación y ha sacado a relucir las distintas ofertas electorales que, según sus asesores, le harán recuperar parte del terreno perdido durante gran parte de la legislatura.
En El País ha intentado justificar el proceso de paz (“Si no lo hubiese intentado sería un presidente sin alma, sin entrañas”), se ha negado a hacer la correspondiente y necesaria autocrítica, ha insistido en que la legislatura no está terminada y que hay treinta proyectos de leyes pendientes, ha vendido la imagen de una España que sigue creciendo muy por encima de la zona euro y que ha conseguido un notable avance en derechos sociales y, sobre todo, se ha comprometido en la búsqueda de “una mayoría suficiente para la modernización definitiva de España” y a no gobernar en el caso de no obtener más votos que Mariano Rajoy en la cita del próximo mes de marzo.
En Rodiezmo, igual que en el periódico de Prisa sobre el que el presidente se ha manifestado muy crítico los últimos meses, situación que habrá que seguir atentamente a la luz del desarrollo de “la guerra del fútbol” y de la inminente salida del periódico El Público, cercano a la Moncloa, Zapatero ha sacado a relucir varias de sus ofertas electorales: subida, el año que viene, del doble que el incremento medio del resto de las pensiones mínimas; promesa de 110 euros más al mes para las viudas y viudos menores de 65 años con hijos a su cargo; aumento de hasta un mes del permiso de paternidad para la próxima legislatura, así como la puesta en marcha antes de fin de año del pago de 2.500 euros por cada niño nacido adoptado este año.
Estas nuevas ofertas electorales son las que ocuparán parte de la agenda del presidente, que tratará de huir (y la entrevista de El País es una muestra) de todos esos conflictos inútiles en los que se ha metido, que han sido aprovechados por la oposición, y que lo han tenido paralizado durante más de tres años.
Reconducido el tema de ETA después de la ruptura del alto al fuego con el empleo de todos los instrumentos legales para su combate, que hasta ahora ha dado excelentes resultados (queda pendiente la posible ilegalización de Acción Nacionalista Vasca, que puede plantearse en los próximos meses), todo el esfuerzo del Gobierno y de su presidente va a estar dirigido a ganar las elecciones del 9 de marzo, aunque sea con una agenda paralela que responda más a intereses electorales que a convencimientos personales o a cambio de estrategia.
De hecho, la campaña electoral ya ha comenzado Y ha comenzado además con la reaparición de ETA y el anuncio de colocación de varios artefactos explosivos en plena “operación Retorno”, después de un golpe policial importantísimo a la estructura militar de la banda en el sur de Francia.
Zapatero abre la campaña electoral José Oneto
El presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, ha comenzado la campaña para las elecciones generales que se celebrarán el domingo 9 de marzo con una larga entrevista concedida al periódico El País y con un mitin ante los mineros de Rodiezmo, en León, su tierra.
Tanto en la entrevista del periódico que dirige Javier Moreno (sobre el que el presidente ha manifestado siempre las máximas reticencias) como en el mitin político con sus compañeros de partido y sindicalistas leoneses, el presidente del Gobierno ha huido de todos los temas que le han tenido prácticamente atenazado durante toda la legislatura (proceso de paz, conversaciones con ETA, diseño territorial de España, Memoria Histórica…), ha continuado el proceso de rectificación que inicio tras el debate sobre el estado de la nación y ha sacado a relucir las distintas ofertas electorales que, según sus asesores, le harán recuperar parte del terreno perdido durante gran parte de la legislatura.
En El País ha intentado justificar el proceso de paz (“Si no lo hubiese intentado sería un presidente sin alma, sin entrañas”), se ha negado a hacer la correspondiente y necesaria autocrítica, ha insistido en que la legislatura no está terminada y que hay treinta proyectos de leyes pendientes, ha vendido la imagen de una España que sigue creciendo muy por encima de la zona euro y que ha conseguido un notable avance en derechos sociales y, sobre todo, se ha comprometido en la búsqueda de “una mayoría suficiente para la modernización definitiva de España” y a no gobernar en el caso de no obtener más votos que Mariano Rajoy en la cita del próximo mes de marzo.
En Rodiezmo, igual que en el periódico de Prisa sobre el que el presidente se ha manifestado muy crítico los últimos meses, situación que habrá que seguir atentamente a la luz del desarrollo de “la guerra del fútbol” y de la inminente salida del periódico El Público, cercano a la Moncloa, Zapatero ha sacado a relucir varias de sus ofertas electorales: subida, el año que viene, del doble que el incremento medio del resto de las pensiones mínimas; promesa de 110 euros más al mes para las viudas y viudos menores de 65 años con hijos a su cargo; aumento de hasta un mes del permiso de paternidad para la próxima legislatura, así como la puesta en marcha antes de fin de año del pago de 2.500 euros por cada niño nacido adoptado este año.
Estas nuevas ofertas electorales son las que ocuparán parte de la agenda del presidente, que tratará de huir (y la entrevista de El País es una muestra) de todos esos conflictos inútiles en los que se ha metido, que han sido aprovechados por la oposición, y que lo han tenido paralizado durante más de tres años.
Reconducido el tema de ETA después de la ruptura del alto al fuego con el empleo de todos los instrumentos legales para su combate, que hasta ahora ha dado excelentes resultados (queda pendiente la posible ilegalización de Acción Nacionalista Vasca, que puede plantearse en los próximos meses), todo el esfuerzo del Gobierno y de su presidente va a estar dirigido a ganar las elecciones del 9 de marzo, aunque sea con una agenda paralela que responda más a intereses electorales que a convencimientos personales o a cambio de estrategia.
De hecho, la campaña electoral ya ha comenzado Y ha comenzado además con la reaparición de ETA y el anuncio de colocación de varios artefactos explosivos en plena “operación Retorno”, después de un golpe policial importantísimo a la estructura militar de la banda en el sur de Francia.
German Yanke, Zapatero da el primer paso
lunes 3 de septiembre de 2007
Zapatero da el primer paso Germán Yanke
Bien preparado, desde luego, el comienzo del curso del presidente Rodríguez Zapatero: larga entrevista en El País, mensajes optimistas, trampas mejor disimuladas que en otros momentos, acto público el domingo para que siga siendo de actualidad la presencia pública del presidente el primer lunes laborable de septiembre.
El líder de la oposición quiso tener su día de “presentación” el sábado. Mala elección estratégica, independientemente de que no tuviera noticias de la entrevista al presidente. Hoy, lunes, aquello queda en el pasado remoto. Incluso su presencia en la carretera para ver el comienzo de la Vuelta a España. Por cierto, ¿por qué resulta tan artificial la vida privada de los políticos? Rajoy no va a ver el comienzo de la ronda ciclista con sus amigos, ni con un viejo conocido del mundo de la bicicleta, ni con su familia, sino con los dirigentes del PP en Galicia, que se quitan forzadamente las corbatas y aplauden mirando de reojo las cámaras de los zoógrafos.
Las importantes detenciones de dirigentes y expertos en explosivos de ETA refuerzan al Gobierno. Incluso los artefactos de ayer domingo le colocan en la posición en la que sólo queda el apoyo a la persecución de los terroristas. Las críticas políticas deben encuadrarse, para ser entendidas en este escenario, en el respaldo al Gobierno, deben ser planteadas de modo positivo, quizá más como una aportación que como una crítica. Puede no gustar, sobre todo después de tanto error de Rodríguez Zapatero en estos años precedentes, pero es así. Juega en esto con ventaja en la opinión pública y puede permitirse, como en la entrevista citada, tonterías sentimentales como decir que se inicio el maldito “proceso” porque el presidente tiene “entrañas”.
En el otro lado, además de comenzar a destiempo, el PP inicia el curso con mal pie. Fraga no calla y vuelve al tema de Ruiz-Gallardón, al que apoya sin resquicio de duda. El problema, desde luego, no es Fraga, ni Ruiz-Gallardón, sino las asignaturas pendientes con las que inicia esta última singladura antes de las elecciones Mariano Rajoy. Con más urgencia que nunca precisa un equipo que piense en lo del sábado o el domingo, en lo del ciclismo, en lo de las corbatas y en lo de las compañías.
El presidente Rodríguez Zapatero ironiza sobre el PP diciendo que hay más codazos en él por ir de número dos que de número uno. En la broma se le escapa el elogio de Rajoy —nadie le disputa el puesto— y la inconsistencia: en el PSOE se disputan por el número seis y siete. Pero es verdad que Rodríguez Zapatero manda y que, en el PP, quieren que Rajoy mande. ¿Se entiende que uno calle y otros protesten por el deseo de estar ahí de quien más votos puede aportar a la derecha? Es como elegir el sábado para comenzar el curso.
Zapatero da el primer paso Germán Yanke
Bien preparado, desde luego, el comienzo del curso del presidente Rodríguez Zapatero: larga entrevista en El País, mensajes optimistas, trampas mejor disimuladas que en otros momentos, acto público el domingo para que siga siendo de actualidad la presencia pública del presidente el primer lunes laborable de septiembre.
El líder de la oposición quiso tener su día de “presentación” el sábado. Mala elección estratégica, independientemente de que no tuviera noticias de la entrevista al presidente. Hoy, lunes, aquello queda en el pasado remoto. Incluso su presencia en la carretera para ver el comienzo de la Vuelta a España. Por cierto, ¿por qué resulta tan artificial la vida privada de los políticos? Rajoy no va a ver el comienzo de la ronda ciclista con sus amigos, ni con un viejo conocido del mundo de la bicicleta, ni con su familia, sino con los dirigentes del PP en Galicia, que se quitan forzadamente las corbatas y aplauden mirando de reojo las cámaras de los zoógrafos.
Las importantes detenciones de dirigentes y expertos en explosivos de ETA refuerzan al Gobierno. Incluso los artefactos de ayer domingo le colocan en la posición en la que sólo queda el apoyo a la persecución de los terroristas. Las críticas políticas deben encuadrarse, para ser entendidas en este escenario, en el respaldo al Gobierno, deben ser planteadas de modo positivo, quizá más como una aportación que como una crítica. Puede no gustar, sobre todo después de tanto error de Rodríguez Zapatero en estos años precedentes, pero es así. Juega en esto con ventaja en la opinión pública y puede permitirse, como en la entrevista citada, tonterías sentimentales como decir que se inicio el maldito “proceso” porque el presidente tiene “entrañas”.
En el otro lado, además de comenzar a destiempo, el PP inicia el curso con mal pie. Fraga no calla y vuelve al tema de Ruiz-Gallardón, al que apoya sin resquicio de duda. El problema, desde luego, no es Fraga, ni Ruiz-Gallardón, sino las asignaturas pendientes con las que inicia esta última singladura antes de las elecciones Mariano Rajoy. Con más urgencia que nunca precisa un equipo que piense en lo del sábado o el domingo, en lo del ciclismo, en lo de las corbatas y en lo de las compañías.
El presidente Rodríguez Zapatero ironiza sobre el PP diciendo que hay más codazos en él por ir de número dos que de número uno. En la broma se le escapa el elogio de Rajoy —nadie le disputa el puesto— y la inconsistencia: en el PSOE se disputan por el número seis y siete. Pero es verdad que Rodríguez Zapatero manda y que, en el PP, quieren que Rajoy mande. ¿Se entiende que uno calle y otros protesten por el deseo de estar ahí de quien más votos puede aportar a la derecha? Es como elegir el sábado para comenzar el curso.
Ferrand, Rajoy se queda sin pasado
lunes 3 de septiembre de 2007
Rajoy se queda sin pasado Manuel Martín Ferrand
Les ocurre a los partidos históricos, y el PP lo es en virtud de la brevedad de nuestra reciente historia democrática, que, para bien y para mal, el pasado es parte significativa de su propia naturaleza. Un caso como el de José Luis Rodríguez Zapatero, gran zascandil, sin el respaldo y aplomo que le presta más de un siglo de historia del PSOE sería algo pirotécnico. Poco más de un cohete verbenero. Pero el pasado, incluso para quienes dicen no creer más que en el futuro, es algo significativo y, desde luego, determinante.
Este fin de semana, en Pontevedra, Mariano Rajoy inició su curso político. Volvió a decir, en un sermón a sus fieles, que ofrece “eficacia” frente a la “incompetencia” de Zapatero. Lo acostumbrado, pero con una singular nota diferencial. Manuel Fraga no asistió a su convocatoria. El veterano fundador del PP que hace unos pocos días nos recordaba a todos que “hay que preparar las sucesiones”, por las razones que fueren, no acudió a Castelo de Soutomaior y Rajoy se quedó sin pasado.
Contra lo que nos dicen las Coplas de Jorge Manrique, no es cierto que “cualquier tiempo pasado fue mejor”; pero también es verdad que, en todo aquello que tiene que ver con la inteligencia, el pasado es el único cimiento sólido para construir sobre él. Fraga, a quien por sus excesos formales resulta más sencillo alancear que reconocerle sus méritos, es la piedra angular de la mutación de la derecha para que la Transición tuviera sentido y desembocara en una Constitución que, aunque perfectible, nos ha permitido convivir estos últimos treinta años. La derecha según Adolfo Suárez y su UCD, algo mucho más estimulante y actual, demostró tener un recorrido corto y Fraga supo y quiso recoger sus restos, integrarlos en su proyecto político —entonces, AP— y, lo más importante, eliminar las tentaciones de una extrema derecha que flotaban en el aire como vapores procedentes del franquismo.
La ausencia de Fraga en el acto de Rajoy tiene su importancia. Le ha dejado al líder del PP con las manos libres; pero, sin pasado, se puede quedar en nada. Más todavía si, como parece, su pasado más próximo, el que encarna José María Aznar, le mira con desdén, como desengañado por el curso de los acontecimientos que generaron la designación testamentaria del gallego en perjuicio de Rodrigo Rato, el otro aspirante teórico a la titularidad del partido.
En ese marco resulta especialmente esperpéntico el gorigori que, con precipitación e irresponsabilidad, la coral que acompaña a Rajoy en su cumbre de la calle Génova de Madrid le está dedicando ya a quienes, como Alberto Ruiz-Gallardón, dicen querer ayudar al líder y son, aunque no lo digan, sus más posibles sucesores cuando toque el relevo.
Rajoy, a quien la aritmética le impide triunfar en la Cámara, se regocija con su camarilla. No será así como consiga llegar a la Moncloa. Esa socarronería displicente con la que trata de aliviar sus problemas y disimular su pereza está muy bien para los salones de la vida social; pero a estas alturas de la expectativa electoral resulta chusca.
Quienes gustan de buscar la precisión de las fechas en las grandes inflexiones de la Historia podrán anotar este arranque de curso, al concluir el verano del 2007, como el día en que Rajoy se quedó sin pasado y, en tan menesterosa situación, decidió agarrarse a la hipótesis del futuro como quien, desesperado en un naufragio, se abraza a un salvavidas que pierde aire y apenas flota.
Rajoy se queda sin pasado Manuel Martín Ferrand
Les ocurre a los partidos históricos, y el PP lo es en virtud de la brevedad de nuestra reciente historia democrática, que, para bien y para mal, el pasado es parte significativa de su propia naturaleza. Un caso como el de José Luis Rodríguez Zapatero, gran zascandil, sin el respaldo y aplomo que le presta más de un siglo de historia del PSOE sería algo pirotécnico. Poco más de un cohete verbenero. Pero el pasado, incluso para quienes dicen no creer más que en el futuro, es algo significativo y, desde luego, determinante.
Este fin de semana, en Pontevedra, Mariano Rajoy inició su curso político. Volvió a decir, en un sermón a sus fieles, que ofrece “eficacia” frente a la “incompetencia” de Zapatero. Lo acostumbrado, pero con una singular nota diferencial. Manuel Fraga no asistió a su convocatoria. El veterano fundador del PP que hace unos pocos días nos recordaba a todos que “hay que preparar las sucesiones”, por las razones que fueren, no acudió a Castelo de Soutomaior y Rajoy se quedó sin pasado.
Contra lo que nos dicen las Coplas de Jorge Manrique, no es cierto que “cualquier tiempo pasado fue mejor”; pero también es verdad que, en todo aquello que tiene que ver con la inteligencia, el pasado es el único cimiento sólido para construir sobre él. Fraga, a quien por sus excesos formales resulta más sencillo alancear que reconocerle sus méritos, es la piedra angular de la mutación de la derecha para que la Transición tuviera sentido y desembocara en una Constitución que, aunque perfectible, nos ha permitido convivir estos últimos treinta años. La derecha según Adolfo Suárez y su UCD, algo mucho más estimulante y actual, demostró tener un recorrido corto y Fraga supo y quiso recoger sus restos, integrarlos en su proyecto político —entonces, AP— y, lo más importante, eliminar las tentaciones de una extrema derecha que flotaban en el aire como vapores procedentes del franquismo.
La ausencia de Fraga en el acto de Rajoy tiene su importancia. Le ha dejado al líder del PP con las manos libres; pero, sin pasado, se puede quedar en nada. Más todavía si, como parece, su pasado más próximo, el que encarna José María Aznar, le mira con desdén, como desengañado por el curso de los acontecimientos que generaron la designación testamentaria del gallego en perjuicio de Rodrigo Rato, el otro aspirante teórico a la titularidad del partido.
En ese marco resulta especialmente esperpéntico el gorigori que, con precipitación e irresponsabilidad, la coral que acompaña a Rajoy en su cumbre de la calle Génova de Madrid le está dedicando ya a quienes, como Alberto Ruiz-Gallardón, dicen querer ayudar al líder y son, aunque no lo digan, sus más posibles sucesores cuando toque el relevo.
Rajoy, a quien la aritmética le impide triunfar en la Cámara, se regocija con su camarilla. No será así como consiga llegar a la Moncloa. Esa socarronería displicente con la que trata de aliviar sus problemas y disimular su pereza está muy bien para los salones de la vida social; pero a estas alturas de la expectativa electoral resulta chusca.
Quienes gustan de buscar la precisión de las fechas en las grandes inflexiones de la Historia podrán anotar este arranque de curso, al concluir el verano del 2007, como el día en que Rajoy se quedó sin pasado y, en tan menesterosa situación, decidió agarrarse a la hipótesis del futuro como quien, desesperado en un naufragio, se abraza a un salvavidas que pierde aire y apenas flota.
Pablo Sebastian, Comienza el espectaculo
lunes 3 de septiembre de 2007
Comienza el espectáculo Pablo Sebastián
Ya están todos aquí, arriba el telón, se abre el curso político, mediático y económico social, con un subidón de las pensiones y 30 días de paternidad, el último regalo de Zapatero que tira de los Presupuestos del Estado con pólvora de Rey, porque si pierde las elecciones no tendrá que cumplir, y si las gana, Dios o Solbes dirán si todo eso que promete se puede cumplir en un tiempo en el que las vacas flacas empiezan a mugir, con la hipotecas por las nubes y los salarios por los suelos, que ésa es la cuestión. El presidente está cada vez peor, medio escondido, aunque reapareció en León con un extraño baile de San Vito al ritmo de La Internacional, siguiendo esa manía que impuso Aznar de arrancar el otoño político en un pueblo castellano, aunque el del PP lo hacía en Quintos de Mora jugando al dominó, otro de los deportes de Fraga, que ha vuelto a tronar diciéndole a Rajoy que se deje de coñas y que vaya preparando la sucesión.
La sucesión de Rajoy ha sido la serpiente multicolor del verano del PP, y la serpiente de ETA el tormento del Gobierno y del PSOE, adornada con la crisis de Navarra y la fuga de Rosa Díez hacia ese extraño partido que está empeñado en lanzar Savater. Ese aficionado al Turf que ha cambiado ya demasiadas veces de caballo (Batasuna, Carrillo, PSOE, Basta Ya) siempre que él, claro está, sea el protagonista, porque su ambición personal es de todo punto insaciable. Un nuevo partido, como el de Ciutadans, para nada o para poco, porque mientras nadie levante la bandera de una verdadera reforma democrática, para enterrar la Transición, todo lo demás serán cosas de andar por casa. Ciutadans era sólo un partido por la defensa del idioma español en Cataluña, y los de Basta Ya un partido contra Batasuna, y poco más, y sin liderazgo político nacional.
Y eso que el centro político español se ha ensanchado en los últimos años de manera excepcional y es mucho más grande que cuando Suárez con el CDS lo intentó dos veces, y la segunda contra el PRD de Roca, Garrigues y Florentino, cuando aún respiraba la UCD, crecía el PSOE y además daba sus primeros saltos hacia adelante Alianza Popular. Ahora el gauchismo pro nacionalista de Zapatero y el absentismo catolicón de Rajoy han dejado una enorme franja en el centro, que no van a rellenar a nivel nacional ni Díez ni Savater. Y que es la gran tentación de Gallardón —como lo ha sido siempre de Bono—, a sabiendas el alcalde y el manchego que ninguno de los dos son bien queridos y recibidos, respectivamente, en la dirección del PP y en el diario El Mundo y la COPE, Gallardón; y en la dirección del PSOE y en el diario El País y la SER, Bono.
Pero el centro está ahí, como derrumbado está el templo de la legislatura de Zapatero —¿”he sido yo”?, se pregunta asombrado su promotor y destructor— que no da crédito al desmadre que ha organizado en la legislatura, en la que lo único que le ha salido bien ha sido Rajoy. Es decir, la desidia y falta de bemoles y de capacidad de decidir del líder del PP, de montar un equipo como se merece su partido y la ocasión nacional facilitada por Zapatero. Lo que hace que, a lo largo de estos tres largos años, los españoles que aún están interesados por la política hayan sido víctimas de un sentimiento de orfandad. De ahí el crecimiento de los votos en blanco y de la abstención, y el ¡que voten ellos!
Y de ahí también la creciente influencia de ciertos medios de comunicación en los partidos políticos de su cuerda, ocupando el vacío que les dejan los profesionales del poder, tapando sus vergüenzas o haciendo la oposición de la oposición, como hacen en El País, o de oposición al Gobierno —pero sin tocarle un pelo a Zapatero y De la Vega— como hace El Mundo, llegando a suplantar al PP en el Congreso de los Diputados, por la vía de Zaplana, lo que, consentido por Rajoy, ha sido en esta legislatura toda una novedad.
Ahora ya estamos en campaña electoral, haya o no adelanto electoral. Se ha levantado el telón del curso otoño/invierno y todo se hará y dirá en claves de votos a captar. El Gobierno con la mirada —asustada— puesta en el devenir criminal de ETA, esperando la sentencia del 11M y la crisis del PP, y los de Rajoy esperando un milagro que reactive a su líder y que le permita tomar decisiones, y cambiar a dirigentes que más que hacia adelante obligan a los españoles a mirar hacia atrás. A sabiendas en el PP que en el PSOE cuecen habas por Navarra y por doquier, como en el PNV, CiU, IU y Esquerra, por lo que, en crisis internas, nadie puede tirar la primera piedra. Aunque de lo que se trata es de la crisis nacional de proyecto, identidad y de capacidad de adelantarse a lo que se avecina en el ámbito económico y social. Porque en el campo de la política nada nuevo se puede esperar.
Comienza el espectáculo Pablo Sebastián
Ya están todos aquí, arriba el telón, se abre el curso político, mediático y económico social, con un subidón de las pensiones y 30 días de paternidad, el último regalo de Zapatero que tira de los Presupuestos del Estado con pólvora de Rey, porque si pierde las elecciones no tendrá que cumplir, y si las gana, Dios o Solbes dirán si todo eso que promete se puede cumplir en un tiempo en el que las vacas flacas empiezan a mugir, con la hipotecas por las nubes y los salarios por los suelos, que ésa es la cuestión. El presidente está cada vez peor, medio escondido, aunque reapareció en León con un extraño baile de San Vito al ritmo de La Internacional, siguiendo esa manía que impuso Aznar de arrancar el otoño político en un pueblo castellano, aunque el del PP lo hacía en Quintos de Mora jugando al dominó, otro de los deportes de Fraga, que ha vuelto a tronar diciéndole a Rajoy que se deje de coñas y que vaya preparando la sucesión.
La sucesión de Rajoy ha sido la serpiente multicolor del verano del PP, y la serpiente de ETA el tormento del Gobierno y del PSOE, adornada con la crisis de Navarra y la fuga de Rosa Díez hacia ese extraño partido que está empeñado en lanzar Savater. Ese aficionado al Turf que ha cambiado ya demasiadas veces de caballo (Batasuna, Carrillo, PSOE, Basta Ya) siempre que él, claro está, sea el protagonista, porque su ambición personal es de todo punto insaciable. Un nuevo partido, como el de Ciutadans, para nada o para poco, porque mientras nadie levante la bandera de una verdadera reforma democrática, para enterrar la Transición, todo lo demás serán cosas de andar por casa. Ciutadans era sólo un partido por la defensa del idioma español en Cataluña, y los de Basta Ya un partido contra Batasuna, y poco más, y sin liderazgo político nacional.
Y eso que el centro político español se ha ensanchado en los últimos años de manera excepcional y es mucho más grande que cuando Suárez con el CDS lo intentó dos veces, y la segunda contra el PRD de Roca, Garrigues y Florentino, cuando aún respiraba la UCD, crecía el PSOE y además daba sus primeros saltos hacia adelante Alianza Popular. Ahora el gauchismo pro nacionalista de Zapatero y el absentismo catolicón de Rajoy han dejado una enorme franja en el centro, que no van a rellenar a nivel nacional ni Díez ni Savater. Y que es la gran tentación de Gallardón —como lo ha sido siempre de Bono—, a sabiendas el alcalde y el manchego que ninguno de los dos son bien queridos y recibidos, respectivamente, en la dirección del PP y en el diario El Mundo y la COPE, Gallardón; y en la dirección del PSOE y en el diario El País y la SER, Bono.
Pero el centro está ahí, como derrumbado está el templo de la legislatura de Zapatero —¿”he sido yo”?, se pregunta asombrado su promotor y destructor— que no da crédito al desmadre que ha organizado en la legislatura, en la que lo único que le ha salido bien ha sido Rajoy. Es decir, la desidia y falta de bemoles y de capacidad de decidir del líder del PP, de montar un equipo como se merece su partido y la ocasión nacional facilitada por Zapatero. Lo que hace que, a lo largo de estos tres largos años, los españoles que aún están interesados por la política hayan sido víctimas de un sentimiento de orfandad. De ahí el crecimiento de los votos en blanco y de la abstención, y el ¡que voten ellos!
Y de ahí también la creciente influencia de ciertos medios de comunicación en los partidos políticos de su cuerda, ocupando el vacío que les dejan los profesionales del poder, tapando sus vergüenzas o haciendo la oposición de la oposición, como hacen en El País, o de oposición al Gobierno —pero sin tocarle un pelo a Zapatero y De la Vega— como hace El Mundo, llegando a suplantar al PP en el Congreso de los Diputados, por la vía de Zaplana, lo que, consentido por Rajoy, ha sido en esta legislatura toda una novedad.
Ahora ya estamos en campaña electoral, haya o no adelanto electoral. Se ha levantado el telón del curso otoño/invierno y todo se hará y dirá en claves de votos a captar. El Gobierno con la mirada —asustada— puesta en el devenir criminal de ETA, esperando la sentencia del 11M y la crisis del PP, y los de Rajoy esperando un milagro que reactive a su líder y que le permita tomar decisiones, y cambiar a dirigentes que más que hacia adelante obligan a los españoles a mirar hacia atrás. A sabiendas en el PP que en el PSOE cuecen habas por Navarra y por doquier, como en el PNV, CiU, IU y Esquerra, por lo que, en crisis internas, nadie puede tirar la primera piedra. Aunque de lo que se trata es de la crisis nacional de proyecto, identidad y de capacidad de adelantarse a lo que se avecina en el ámbito económico y social. Porque en el campo de la política nada nuevo se puede esperar.
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