jueves 10 de mayo de 2007
Denuncias a policías
Miguel Martínez
¿ ALGUNO de ustedes se ha acercado alguna vez a un policía a preguntarle una dirección y éste la ha emprendido a porrazos con usted? ¿Se le ha aproximado alguna vez un miembro de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad y, sin mediar palabra, se ha liado a bofetones y puntapiés con usted, así por las buenas? Incluso alguno de ustedes, probablemente, se habrá hecho de rogar ante el policía que le pide su documentación -cuando luego le enseña sin remilgos el DNI a la cajera de Carrefour- sin obtener más perjuicio que la insistencia de éste, quien como mucho le advertirá que la ley le obliga a usted a mostrárselo y que, de no hacerlo, se le puede complicar la existencia más de lo que la circunstancia por la que se le pide identificación requería en un principio. Cualquiera de mis queridos reincidentes pertenecientes a esa mayoría de población respetuosa con las leyes pasará por esta vida sin haber tenido jamás enfrentamiento alguno con la policía, por mucho que en alguna ocasión exprese usted sus protestas –y quizás algún que otro comentario irónico- tras recibir una multa que usted considera a todas luces rigurosa. Dicho esto, se puede concluir que en general la policía suele actuar correctamente, si bien como en todos los colectivos puede existir –de hecho existen y así lo refrenda alguna que otra sentencia judicial- alguna oveja negra que tiñe de oscuro el proceder del resto, los cuales son los primeros interesados en apartar a esos indeseables elementos de su profesión. Atrás quedaron aquellos años en que los delincuentes confesaban a golpe de porra o de otras cosas peores, en parte porque el ordenamiento jurídico y los propios responsables policiales han previsto mecanismos para evitar estas situaciones, y en parte porque la propia policía ha evolucionado hasta convertirse en otro más de los garantes de los derechos y de las libertades, incluyendo hasta los derechos y las libertades de aquellos que no respeten los de los demás. Y en éstas, aparece en los medios de comunicación un vídeo en el que cuatro agentes de la Policía Autonómica de Cataluña reducen a la fuerza a un detenido, y en el que a alguno de ellos más que írsele la mano se le va la pierna y propina un par de puntapiés al individuo en una forma, más que expeditiva, de colaborar con sus compañeros en la inmovilización del sujeto. Visionando la grabación, aparece un detenido desafiante, encarado a los policías que pretenden proceder a su registro previo a su ingreso en los calabozos, que gesticula bravucona y airadamente mientras se despoja de la cazadora, y sobre el que –como diría Cruyff- en un momento dado, todos se abalanzan instantánea y simultáneamente y lo hacen caer al suelo, desde luego con más eficacia que delicadeza, empleando más fuerza de la que a los espectadores –que no conocemos qué ha pasado ni las circunstancias en las que se desarrolló la detención- podríamos considerar como la mínima imprescindible. Y si un servidor se pregunta qué llevó a cuatro policías a saltar como resortes sobre el detenido, todos al unísono, no encuentra otra respuesta que la de que éste llevase a cabo algún gesto sospechoso –en el momento en que saltan sobre él la silueta de uno de los policías tapa la imagen del detenido- como llevarse la mano al bolsillo con intención de extraer algún objeto con el que lesionarse –actitud más común de lo que la gente cree- o lesionarlos a ellos, o levantar la mano a alguno de los agentes que se hallaban más cerca, o vayan ustedes a saber qué, pero mucho se teme un servidor que la mayoría de los que hayan visionado la filmación no hayan querido ver más que una injustificada paliza a un pobre ciudadano, como si el que más o el que menos, cada vez que hubiese tomado contacto con un policía, hubiese salido como el gallo de morón. Porque no olvidemos que la realidad es muy distinta: según datos del Director General de la Policía de la Generalitat de Cataluña, sólo en el 0.1 por ciento de las denuncias por malos tratos formuladas contra la policía catalana –datos perfectamente extrapolables al resto de cuerpos y fuerzas de seguridad pública- los tribunales acaban dando la razón a los denunciantes y condenando a los policías. O sea que la justicia ha considerado inocentes a los policías denunciados por malos tratos en el 99.9 por cien de los casos. Siendo esto así, no debiéramos olvidar que la presunción de inocencia es también de aplicación incluso a esos policías del vídeo, y quizás debiera plantearse la conveniencia de que la Administración promueva procedimientos por denuncia falsa de manera sistemática cuando de las actuaciones judiciales se desprenda que la denuncia hecha a los policías fue cursada con mala fe. ¿Es casualidad que se absuelva al 99.9 % de acusados? Desde luego que no. Y como suele pasar cada vez que un episodio de éstos sale a la luz pública, aparecen los espabilados de turno, quienes, motu proprio o como estrategia diseñada por sus abogados, aprovechan que el Pisuerga pasa por Alar del Rey (no sólo pasa por Valladolid) para denunciar a los mismos policías que lo han detenido, a ver si así se siembra duda suficiente en el Juzgado como para que los absuelvan de las fechorías que motivaron su detención. Y al hilo de eso, leo esta mañana en un periódico que el cantante de la Cabra Mecánica, un tal Lichis, ha denunciado a cuatro policías que –según su versión- lo agredieron cuando él estaba cargando tranquilamente unos bultos en su coche, momento en que llegó un agente, le pidió la documentación y la emprendió a golpes con él, acción a la que se sumaron otros tres policías que le dieron –siempre según el Lichis- la del pulpo y lo detuvieron. A media mañana aparece el tal Lichis en un programa en directo de la televisión pública catalana y explica cómo él estaba tan tranquilo en un bar –ahora ya no hay ni coche ni bultos- y cómo al salir es abordado por cuatro policías que le golpean y lo arrestan por las buenas. Muestra un morado en la panza y relata cuán crueles fueron los policías que la tomaron con él porque sí, y cómo además le proporcionaron otros sabios y precisos golpes en zonas en las que –según él- no se deja huella al más puro estilo de la Gestapo. A la pregunta hecha por el periodista de cómo era posible que no constara en el parte de lesiones extendido a su nombre -es práctica habitual de todos los cuerpos de policía llevar al hospital a todo detenido antes de ingresarlo en los calabozos- lesión alguna, ni siquiera tamaño morado, el Lichis manifiesta que los agentes le obligaron a firmar el parte de lesiones a la fuerza. Y a uno se le ocurre preguntarle al Lichis ¿Y al médico también lo obligaron a firmar el parte? ¿O es que acaso existe una conspiración médico-policial para dar palizas a los detenidos impunemente? Vamos, hombre, que estamos en España y en el año 2007. Al concluir su entrevista, hacen lo propio con el responsable político del cuerpo policial, quien lamenta lo ocurrido y sin mojarse en exceso defiende discretamente a los policías, manifestando que, por los informes que él tiene, la detención vino motivada por una presunta agresión que el cantante infirió a uno de los policías, lesiones que -éstas sí- constan en un informe médico, añadiendo que será el Juzgado –el tema se haya sub iudice- quien dirimirá verdades y mentiras de unos y otros. Y cuando se queda uno de la misma forma que cuando lee una misma noticia en El Mundo y en El País, que parece mentira que los dos diarios relaten de forma tan distinta un mismo hecho, aparece en el programa un nuevo personaje en escena: un camarero del local donde el Lichis había protagonizado una serie de incidentes poco antes de su detención y que relata su versión de los hechos: El Lichis llega al local muy alegre, celebra –y así se lo hace saber a gritos a la concurrencia- su 38 aniversario y se pide otra consumición alcohólica. Parece querer contagiar su felicidad y alegría a dos jovencitas que también se encuentran en el local. Tanto empeño pone el hombre y tan cariñoso se muestra que otros clientes han de llamarle la atención, incluso el camarero ha de rogarle “deja en paz a las chicas, que las dos tienen novio”, hecho lo cual el cantante se altera y responde al camarero lo que es tan típico en estos casos: “eso no me lo dices en la calle” y monta en cólera insultando a diestro y siniestro, por lo que en vista de lo agresivo y lo borde lo ponen de patitas en la calle. En la ídem sigue el hombre a empujones porque quiere volver a entrar. Casualmente se encuentran en el lugar dos patrullas policiales que acaban de intervenir en una pelea –vaya nochecita la de los pobres polis- que se mantienen en el lugar para que los ánimos no se vuelvan a exaltar, y que, al observar lo pendenciero del Lichis, que arremete insistentemente contra el camarero, intentan apartarlo a la vez que le solicitan la documentación, que no entrega, abalanzándose al cuello de un policía al que, además, propina un golpe en la cabeza. Obviamente se lo llevan detenido entre amenazas del de la Cabra Mecánica de las del tipo “tú no sabes quién soy yo” y “os voy a meter una denuncia que os vais a enterar”, la mar de típico y de tópico entre pendencieros con más copas de la cuenta. Pobrecito el Lichis, ¿no? Tan buen chico y tan cabal como se mostraba minutos antes en la entrevista, que parecía no haber roto un plato en su vida, y ha quedado en evidencia delante de toda la audiencia. Quizás tuvo más suerte el Lichis de la que él cree. Los novios de jovencitas no suelen estar sujetos –como sí lo están los polis- a códigos legales y deontológicos que regulen sus intervenciones, y suelen tener muy malas pulgas cuando se meten con sus novias. De esta forma uno comprueba y aplaude cómo todavía existen personas que no temen ponerse del lado de la verdad, incluso cuando ésta esté del lado de la policía, porque infinitamente más fácil le hubiese resultado al camarero mantenerse al margen y dejar que la opinión pública, como en el caso del vídeo, renegara de su policía y diese por verdadera la versión del detenido, que de todos es sabido que la policía ha de ayudarnos a solucionar nuestros problemas, pero los suyos que se los solucionen ellos mismos, o si no que hubiesen elegido otra profesión menos complicada que al fin y al cabo ellos solitos se lo han buscado. En cualquier caso, mis queridos reincidentes, cuando ustedes necesiten a la policía no duden en llamarles, que jamás les preguntarán si es usted de los que creyó al Lichis. Esa es la suerte que tenemos todos.
miércoles, mayo 09, 2007
Juan Urrutia, Libertad de Prensa
jueves 10 de mayo de 2007
Libertad de Prensa
Juan Urrutia
T RES de mayo, día internacional de la libertad de prensa y si hablamos del de mil ochocientos ocho, es también un cuadro que pintó Goya seis años después de esta fecha. La libertad de prensa es aquello que nos permite expresar con impudicia nuestros pensamientos sin consecuencias. Sin consecuencias en ningún sentido, claro, porque en esta florida España ya se puede denunciar públicamente que las hordas de Atila están esquilando a nuestras ovejas para hacerse unos leotardos de invierno, que la reacción general será la de caminar de un lado para otro agitando las manos para después volver al estado de asepsia mental acostumbrado. Con las mentes de un bonito blanco nuclear ya pueden volver a estar tranquilos, aquí no pasa nada. Pero la libertad de prensa, antes anulada por la ineptitud de nuestras huestes políticas, se ve amenazada de formas varias. Tan importante como poder escribir lo que uno desee es el poder leer lo que a cada cual le apetezca. Dicho de otra forma: libertad de prensa es igual a poder comprar el periódico cuya interpretación de la realidad nos guste más. Pero tal cosa no se da, no en todas partes, al menos. Me temo que voy a tener que aburrirles, una vez más, con el tema vasco, pero no sufran chiquillos que será corto y rápido. Tan sólo quiero hacer notar que aquí, quien compra diarios de marcado corte constitucionalista dobla sus páginas escondiendo el nombre acusador, y si es pillado leyendo tales panfletos a escondidas en los retretes de un bar finge usarlos para otros fines más escatológicos. Este día es internacional, así que una vez expuesta, en parte, la situación del país, qué menos que echar un vistazo -nótese el hábil juego de palabras- a otros lugares. En la Rusia de los zares el periodista sagaz y honesto lo tiene claro pues así como hasta hace pocos años por hablar mal de... digamos ciertas cuestiones, que nunca se sabe, cualquier periodista podía morir ametrallado por el bisnieto de Ivan Ogaref, hoy día ser poseedor de informaciones incómodas puede provocar que el desafortunado cronista, espía o aprendiz de alpargatero encuentre un exceso de plutonio en los fideos del desayuno. Cómo cambian los tiempos, esto con la guerra fría no pasaba. Si nos acercamos a países islámicos como Nigeria... no, ese no, allí la ley prohíbe el periodismo. Como... Libia entonces. Bien, en Lib... vaya, me comunican que en Libia la ley también es obstáculo, es óbice, es traba para el periodista. Dado que ustedes saben el peligro que corre quien critica la religión o a las autoridades religiosas en dichos países, y esto incluye rechazar preceptos brutales que atentan claramente contra la libertad del ser humano, mejor paso al siguiente asunto. Hablemos de un país donde sí está permitido el periodismo: China. Además en el país asiático cuentan con ventajas que serían consideradas impensables en otros lugares. La principal es que el periodista chino no necesita buscar la noticia. El Partido le proporciona un listado de los acontecimientos publicables incluso ya redactados y mecanografiados a doble espacio. Lo malo es que el que se sale de ahí... Pasemos a Cuba. En la cuba está el vino, el que no lo bebe es un primo, primo es un ser, ser viene de serrucho, el serrucho corta la madera, la madera sale de los árboles, los árboles de la tierra, la tierra cuando esta mojada rezuma, y rezuma se parece a Moctezuma... Esto es todo lo que el departamento de prensa cubano me ha autorizado a publicar de los seis folios que tenía preparados al respecto. Por otra parte no recuerdo haber escrito nada de lo anterior. Misterios de la vida, oigan. Acaban de leer una brevísima síntesis de los acuciantes problemas que, en distintas partes de nuestro planeta, sufren los medios de comunicación. Evidentemente me quedo corto, dejo demasiado en el tintero pero no era mi intención atormentarles más de lo necesario. Visto lo visto y oído lo oído podemos llegar a la conclusión de que la libertad de prensa, independientemente del país donde nos encontremos, siempre se verá coartada por alguien demasiado poderoso, fanático o corto de miras. Son tantas las trabas que no me queda más remedio que quitarme la boina ante todos aquellos profesionales que a pesar del riesgo de perder el sueldo o el cuello se esfuerzan día a día por transmitir verazmente cuanto ocurre en el mundo.
Libertad de Prensa
Juan Urrutia
T RES de mayo, día internacional de la libertad de prensa y si hablamos del de mil ochocientos ocho, es también un cuadro que pintó Goya seis años después de esta fecha. La libertad de prensa es aquello que nos permite expresar con impudicia nuestros pensamientos sin consecuencias. Sin consecuencias en ningún sentido, claro, porque en esta florida España ya se puede denunciar públicamente que las hordas de Atila están esquilando a nuestras ovejas para hacerse unos leotardos de invierno, que la reacción general será la de caminar de un lado para otro agitando las manos para después volver al estado de asepsia mental acostumbrado. Con las mentes de un bonito blanco nuclear ya pueden volver a estar tranquilos, aquí no pasa nada. Pero la libertad de prensa, antes anulada por la ineptitud de nuestras huestes políticas, se ve amenazada de formas varias. Tan importante como poder escribir lo que uno desee es el poder leer lo que a cada cual le apetezca. Dicho de otra forma: libertad de prensa es igual a poder comprar el periódico cuya interpretación de la realidad nos guste más. Pero tal cosa no se da, no en todas partes, al menos. Me temo que voy a tener que aburrirles, una vez más, con el tema vasco, pero no sufran chiquillos que será corto y rápido. Tan sólo quiero hacer notar que aquí, quien compra diarios de marcado corte constitucionalista dobla sus páginas escondiendo el nombre acusador, y si es pillado leyendo tales panfletos a escondidas en los retretes de un bar finge usarlos para otros fines más escatológicos. Este día es internacional, así que una vez expuesta, en parte, la situación del país, qué menos que echar un vistazo -nótese el hábil juego de palabras- a otros lugares. En la Rusia de los zares el periodista sagaz y honesto lo tiene claro pues así como hasta hace pocos años por hablar mal de... digamos ciertas cuestiones, que nunca se sabe, cualquier periodista podía morir ametrallado por el bisnieto de Ivan Ogaref, hoy día ser poseedor de informaciones incómodas puede provocar que el desafortunado cronista, espía o aprendiz de alpargatero encuentre un exceso de plutonio en los fideos del desayuno. Cómo cambian los tiempos, esto con la guerra fría no pasaba. Si nos acercamos a países islámicos como Nigeria... no, ese no, allí la ley prohíbe el periodismo. Como... Libia entonces. Bien, en Lib... vaya, me comunican que en Libia la ley también es obstáculo, es óbice, es traba para el periodista. Dado que ustedes saben el peligro que corre quien critica la religión o a las autoridades religiosas en dichos países, y esto incluye rechazar preceptos brutales que atentan claramente contra la libertad del ser humano, mejor paso al siguiente asunto. Hablemos de un país donde sí está permitido el periodismo: China. Además en el país asiático cuentan con ventajas que serían consideradas impensables en otros lugares. La principal es que el periodista chino no necesita buscar la noticia. El Partido le proporciona un listado de los acontecimientos publicables incluso ya redactados y mecanografiados a doble espacio. Lo malo es que el que se sale de ahí... Pasemos a Cuba. En la cuba está el vino, el que no lo bebe es un primo, primo es un ser, ser viene de serrucho, el serrucho corta la madera, la madera sale de los árboles, los árboles de la tierra, la tierra cuando esta mojada rezuma, y rezuma se parece a Moctezuma... Esto es todo lo que el departamento de prensa cubano me ha autorizado a publicar de los seis folios que tenía preparados al respecto. Por otra parte no recuerdo haber escrito nada de lo anterior. Misterios de la vida, oigan. Acaban de leer una brevísima síntesis de los acuciantes problemas que, en distintas partes de nuestro planeta, sufren los medios de comunicación. Evidentemente me quedo corto, dejo demasiado en el tintero pero no era mi intención atormentarles más de lo necesario. Visto lo visto y oído lo oído podemos llegar a la conclusión de que la libertad de prensa, independientemente del país donde nos encontremos, siempre se verá coartada por alguien demasiado poderoso, fanático o corto de miras. Son tantas las trabas que no me queda más remedio que quitarme la boina ante todos aquellos profesionales que a pesar del riesgo de perder el sueldo o el cuello se esfuerzan día a día por transmitir verazmente cuanto ocurre en el mundo.
Ignacio San Miguel, La sombra de Bush puede alargarse mas
jueves 10 de mayo de 2007
La sombra de Bush puede alargarse más
Ignacio San Miguel
Y no me refiero a la llamada guerra de Irak, que al parecer fue un error y cuyas consecuencias se prolongarán en el tiempo. Me refiero a otra guerra, la guerra cultural que se libra en Estados Unidos; y en la que las fuerzas conservadoras no cejan en su empeño, digno de alabanza, de recuperar para su nación su identidad tradicionalmente cristiana. Esta pugna, que ya lleva más de treinta años de duración, no suscita gran interés aquí, en España, donde la bronca diaria del corral político nacional atrae la atención de una minoría, y el resto se dedica a sus ocupaciones personales y al “dolce far niente”, que es lo más apetecible. Pero lo cierto es que fuerzas poderosas se mueven en el mundo, en lucha constante, y de su triunfo o derrota dependerá el vivir diario en un plazo no muy largo, de toda esa gente sumida en la indiferencia; y que seguirá indiferente a pesar del cambio, pues la apatía parece haberse erigido en el rasgo dominante de gran parte de españoles. De hecho, cosas fundamentales se han trastocado y no parece que hayan reparado en ello. El presidente Bush había prometido a los distintos movimientos conservadores que operan en su país, que colocaría jueces de adecuadas ideas en la Corte Suprema. También se había declarado antiabortista, prometiendo como primera medida acabar con la práctica atroz del “partial birth abortion” o “aborto por nacimiento parcial”. Este método consiste en extraer el cuerpo del niño, menos su cabeza, del seno materno. Introducir entonces una cánula, horadar la cabeza y extraer el cerebro. Después de realizada esta operación, se consuma el parto. Legalmente, no se trata de un infanticidio, porque la muerte del niño se produce antes de haber nacido del todo. Pero esta distinción es puramente legal, porque el sentido común nos dice que no hay diferencia alguna con un infanticidio. Muchos miles de muertes se producen al año en Estados Unidos por este método. El presidente Bush ha cumplido ambas promesas. Cuando se produjeron dos vacantes en la Corte Suprema, las hizo ocupar con jueces conservadores, John Roberts y Samuel Alito, el primero presidente del Tribunal. El resultado es que dicho tribunal, que estaba escorado a la izquierda, ahora está escorado a la derecha. Hay cuatro jueces “liberals” y otros cuatro conservadores, entre éstos el presidente. Hay otro juez, conservador tibio, Anthony Kennedy, clave en las votaciones, que completa el número de nueve jueces. Bush decretó la prohibición del aborto por nacimiento parcial. La ley pasó por amplia mayoría en las dos Cámaras del Congreso. Naturalmente Hillary Clinton votó en contra. Los Clinton siempre han sido favorables a esta clase de aborto. Bill Clinton vetó la prohibición en su día y su esposa siempre ha votado en contra. Ya saben que los “liberals”, lo mismo que los progres de aquí son muy sensibles. No podían permitir que un tipo de aborto tan deseado por algunos padres fuese prohibido. Son muy sensibles. Pero la ley prohibitiva salió adelante en las dos Cámaras, si bien fue recurrida ante la Corte Suprema, basándose en que era anticonstitucional. Y ahora la Corte Suprema ha sentenciado que no, que es plenamente constitucional. Anthony Kennedy, el tibio conservador, se ha alineado con sus compañeros, consiguiéndose una victoria de cinco contra cuatro. El “partial birth abortion” ha sido erradicado de Estados Unidos. Pero esto no es suficiente, ni mucho menos, para el movimiento conservador. La meta es la ilegalización de todo aborto en Estados Unidos. Aspiran a la revocación de la sentencia “Roe v. Wade” que introdujo el aborto libre en la nación. Para ello se necesitan cubrir dos objetivos. Uno de ellos es reforzar el carácter conservador de la Corte Suprema con el nombramiento de otro juez conservador, pues se sabe que Kennedy no votará la revocación. Se prevé que a no tardar mucho se producirá otra vacante, pues uno de los jueces “liberals”, John Paul Stevens, tiene ochenta y siete años. Si se retira, ése sería el momento. Pero para entonces habría de haberse conseguido la otra meta: un presidente de Estados Unidos conservador. Es decir republicano, porque demócrata y conservador es una especie inexistente entre los aspirantes. La meta suprema no es inalcanzable. El aborto podrá ser ilegalizado si se dan estas dos condiciones y los jueces cumplen lo que se espera de ellos. Si esto ocurriera, las consecuencias serían inmensas. Supondría la reversión de un estado de cosas decadente instalado en las leyes de la nación líder del mundo occidental. Sería un revulsivo gigantesco no sólo para Estados Unidos obviamente. Repercutiría sobre el resto de las naciones occidentales, donde la situación en este delicado tema es más o menos similar. Y muchos temen que no incidiría sólo sobre el aborto. Los movimientos pro-vida de Estados Unidos consideran que se ha dado un paso imprescindible; aunque hay discusión sobre si va a conducir a la erradicación de todo aborto, o bien las cosas quedarán en esta prohibición específica y nada más. Pero si las dos condiciones citadas se dieran en el futuro, las presiones de estos movimientos pro-vida iban a ser enormes, por supuesto. Porque sería el “ahora o nunca” para estos movimientos. Los “liberals” han palidecido. Son tan sensibles… Los Clinton, Kennedy, Kerry y demás, así como los progres de Europa se inquietan. Es absolutamente necesario que el próximo Presidente sea demócrata, piensan. No es posible que el aborto sea ilegalizado. Son tan sensibles que se revuelven contra esa idea. Pero si las cosas se torcieran para ellos, si las cosas siguieran el curso deseado por los antiabortistas, sería porque hubo un Presidente que colocó la primera piedra de la reconstrucción moral de la nación. Simplemente, cumpliendo unas promesas que había hecho a sus votantes. Desde el punto de vista de la progresía, la sombra maligna de Bush se proyectaría funesta y enorme sobre sus vidas. No sólo habría sido brutal con Irak. Habría sido brutal con el aborto. Lo que le faltaba para convertirse en el presidente más nefasto de Estados Unidos, A lo menos, según la opinión de los progres, esa gente tan sensible.
La sombra de Bush puede alargarse más
Ignacio San Miguel
Y no me refiero a la llamada guerra de Irak, que al parecer fue un error y cuyas consecuencias se prolongarán en el tiempo. Me refiero a otra guerra, la guerra cultural que se libra en Estados Unidos; y en la que las fuerzas conservadoras no cejan en su empeño, digno de alabanza, de recuperar para su nación su identidad tradicionalmente cristiana. Esta pugna, que ya lleva más de treinta años de duración, no suscita gran interés aquí, en España, donde la bronca diaria del corral político nacional atrae la atención de una minoría, y el resto se dedica a sus ocupaciones personales y al “dolce far niente”, que es lo más apetecible. Pero lo cierto es que fuerzas poderosas se mueven en el mundo, en lucha constante, y de su triunfo o derrota dependerá el vivir diario en un plazo no muy largo, de toda esa gente sumida en la indiferencia; y que seguirá indiferente a pesar del cambio, pues la apatía parece haberse erigido en el rasgo dominante de gran parte de españoles. De hecho, cosas fundamentales se han trastocado y no parece que hayan reparado en ello. El presidente Bush había prometido a los distintos movimientos conservadores que operan en su país, que colocaría jueces de adecuadas ideas en la Corte Suprema. También se había declarado antiabortista, prometiendo como primera medida acabar con la práctica atroz del “partial birth abortion” o “aborto por nacimiento parcial”. Este método consiste en extraer el cuerpo del niño, menos su cabeza, del seno materno. Introducir entonces una cánula, horadar la cabeza y extraer el cerebro. Después de realizada esta operación, se consuma el parto. Legalmente, no se trata de un infanticidio, porque la muerte del niño se produce antes de haber nacido del todo. Pero esta distinción es puramente legal, porque el sentido común nos dice que no hay diferencia alguna con un infanticidio. Muchos miles de muertes se producen al año en Estados Unidos por este método. El presidente Bush ha cumplido ambas promesas. Cuando se produjeron dos vacantes en la Corte Suprema, las hizo ocupar con jueces conservadores, John Roberts y Samuel Alito, el primero presidente del Tribunal. El resultado es que dicho tribunal, que estaba escorado a la izquierda, ahora está escorado a la derecha. Hay cuatro jueces “liberals” y otros cuatro conservadores, entre éstos el presidente. Hay otro juez, conservador tibio, Anthony Kennedy, clave en las votaciones, que completa el número de nueve jueces. Bush decretó la prohibición del aborto por nacimiento parcial. La ley pasó por amplia mayoría en las dos Cámaras del Congreso. Naturalmente Hillary Clinton votó en contra. Los Clinton siempre han sido favorables a esta clase de aborto. Bill Clinton vetó la prohibición en su día y su esposa siempre ha votado en contra. Ya saben que los “liberals”, lo mismo que los progres de aquí son muy sensibles. No podían permitir que un tipo de aborto tan deseado por algunos padres fuese prohibido. Son muy sensibles. Pero la ley prohibitiva salió adelante en las dos Cámaras, si bien fue recurrida ante la Corte Suprema, basándose en que era anticonstitucional. Y ahora la Corte Suprema ha sentenciado que no, que es plenamente constitucional. Anthony Kennedy, el tibio conservador, se ha alineado con sus compañeros, consiguiéndose una victoria de cinco contra cuatro. El “partial birth abortion” ha sido erradicado de Estados Unidos. Pero esto no es suficiente, ni mucho menos, para el movimiento conservador. La meta es la ilegalización de todo aborto en Estados Unidos. Aspiran a la revocación de la sentencia “Roe v. Wade” que introdujo el aborto libre en la nación. Para ello se necesitan cubrir dos objetivos. Uno de ellos es reforzar el carácter conservador de la Corte Suprema con el nombramiento de otro juez conservador, pues se sabe que Kennedy no votará la revocación. Se prevé que a no tardar mucho se producirá otra vacante, pues uno de los jueces “liberals”, John Paul Stevens, tiene ochenta y siete años. Si se retira, ése sería el momento. Pero para entonces habría de haberse conseguido la otra meta: un presidente de Estados Unidos conservador. Es decir republicano, porque demócrata y conservador es una especie inexistente entre los aspirantes. La meta suprema no es inalcanzable. El aborto podrá ser ilegalizado si se dan estas dos condiciones y los jueces cumplen lo que se espera de ellos. Si esto ocurriera, las consecuencias serían inmensas. Supondría la reversión de un estado de cosas decadente instalado en las leyes de la nación líder del mundo occidental. Sería un revulsivo gigantesco no sólo para Estados Unidos obviamente. Repercutiría sobre el resto de las naciones occidentales, donde la situación en este delicado tema es más o menos similar. Y muchos temen que no incidiría sólo sobre el aborto. Los movimientos pro-vida de Estados Unidos consideran que se ha dado un paso imprescindible; aunque hay discusión sobre si va a conducir a la erradicación de todo aborto, o bien las cosas quedarán en esta prohibición específica y nada más. Pero si las dos condiciones citadas se dieran en el futuro, las presiones de estos movimientos pro-vida iban a ser enormes, por supuesto. Porque sería el “ahora o nunca” para estos movimientos. Los “liberals” han palidecido. Son tan sensibles… Los Clinton, Kennedy, Kerry y demás, así como los progres de Europa se inquietan. Es absolutamente necesario que el próximo Presidente sea demócrata, piensan. No es posible que el aborto sea ilegalizado. Son tan sensibles que se revuelven contra esa idea. Pero si las cosas se torcieran para ellos, si las cosas siguieran el curso deseado por los antiabortistas, sería porque hubo un Presidente que colocó la primera piedra de la reconstrucción moral de la nación. Simplemente, cumpliendo unas promesas que había hecho a sus votantes. Desde el punto de vista de la progresía, la sombra maligna de Bush se proyectaría funesta y enorme sobre sus vidas. No sólo habría sido brutal con Irak. Habría sido brutal con el aborto. Lo que le faltaba para convertirse en el presidente más nefasto de Estados Unidos, A lo menos, según la opinión de los progres, esa gente tan sensible.
Villacañas, Dos apuntaciones sobre progresia y borboneo
jueves 10 de mayo de 2007
Dos apuntaciones sobre progresía y borboneo
Antonio Castro Villacañas
P ROGRESÍA. Una noche del siglo pasado, a finales de los ochenta,se reunieron en el "Bocaccio" de Barcelona, un bar muy pijo que no sé si ya existe, un puñado de jóvenes pequeños burgueses entre los que destacaban Félix de Azúa, Juan Cueto, Rosa y Oriol Regás, Gonzalo Suárez y Eugenio Trías. En su habitual comentario de las cosas que pasaban en Cataluña y España hubo lugar para que alguno de ellos se manifestara indignado por el uso y abuso que, según su juicio, en aquellos momentos estaba haciendo de ciertos valores radicales una determinada izquierda, hasta el punto de convertirlos en imperativos kantianos. Los reunidos convinieron enque tal tipo de mitología no tenía nada que envidiar ni reprochar a la de la burguesía contraria. Gonzalo Suárez se comprometió a divulgar tal convenio en la revista "Triunfo", que entonces era el "no hay más allá" en cuanto a izquierda pija se refiere. Barcelona y Madrid fueron, por tanto, las ciudades en que se engendró, se dió a luz y se bautizó "la progresía", en principio tan solo una divertida autocrítica, hoy una más o menos acertada descripción de cierta realidad política. Los "progres" nacidos en los años de la tra(ns)ición han evolucionado en dos sentidos distintos. Unos han pasado del antifranquismo minimalista -no se debe olvidar que bastantes de ellos eran hijos de notorios franquistas- al radical maximalismo, y ahora son unos groseros antiamericanos, unos finos anticapitalistas, unos antiglobalizadores con distingos, y unos falsos anticonsumistas. Otros, ante el triste espectáculo que a diario ofrece una derecha carente de verdaderas ideas y creencias, se han acercado a ella con el fin de rearmarla ideológicamente y -de paso- ganarse la vida lo mejor posible. Entre estos últimos más de uno tiene un claro pasado marxista-leninista, lo que explica su tendencia al dogmatismo. Entre los otros, no resulta fácil deducir cómo aquellos antifranquistas moderados han pasado a ser radicales maximalistas, nacionalistas extremos, identitarios separadores, etc. En ambos casos, los "progres" parecen haber protagonizado un raro tipo de evolucionismo político que en cierto modo explica, aunque no justifique, el recelo e incluso la burla que muchos españoles demuestran tener con respecto a la "progresía" doctrinal y práctica. BORBONEO. Aunque sea de uso público, la Academia de la Lengua Española no recoge en su diccionario esta palabra, que alude a un particular modo de practicar el tejemaneje político, muy utilizado en España desde 1704 y sobre todo a partir del retorno de un Fernando VII tan indeseable como Deseado. Tampoco aparece en nuestro oficial vocabulario la palabra "bobón", quizá por ser un simple aumentativo de la sí políticamente correcta "bobo". De ésta se nos ofrecen en el citado censo verbal diversos contenidos, de los que el más utilizado -y el que mejor conviene a mi propósito- es el que sirve para calificar a una persona de ingenua o candorosa en extremo. Es evidente, como todo el mundo sabe, que los "bobones" no tienen nada de bobos. Nunca están en Babia, aunque casi siempre estén cazando... Uno de los mayores bobones de este reino es Luis María Anson, conocido periodista y miembro de la Real Academia Española por sus muchos méritos, entre los que no podemos olvidar su capacidad para ejercitar el más eficaz borboneo. Si será bobón este tipo que no deja de llamar Juan III al Borbón y Battemberg que vivió y murió sin reinar en España aunque ostentara el título de Conde de Barcelona. El pasado 3 de abril, aprovechando que el errata Otegui presentó en público el eslogan propagandístico a utilizar por sus huestes durante los días de la campaña electoral de este mes de mayo, el fino canelo bobónico arrimó el ascua encendida del rencor político a la sardina ideológica de su acreditado vasallaje. Para ello equiparó el lema batasunero, "Ya llega la primavera", con los versos del himno de la Falange que proclaman la esperanza y la seguridad de que "volverá a reir la primavera que por cielo, tierra y mar se espera". Su memoria histérica le hizo recordar que "hubo un tiempo en que algunos falangistas obligaban en colegios y universidades a los que no lo eran a alzar el brazo y cantar el •Cara al Sol•. Al que se resistía le vejaban. Si se declaraba juanista, le pegaban sin piedad. Satrústegui y sus jóvenes, entre ellos Leopoldo Calvo-Sotelo, libraron más de una batalla campal contra los falangistas en el paseo de la Castellana". He transcrito en su totalidad el párrafo del fino canelo Anson para que mis lectores comprueben la calidad de su borboneo. Yo no niego que en algún momento y en algún colegio o facultad se forzara a alzar el brazo y cantar algún que otro himno carlista o falangista a algunos alumnos. A su debido tiempo, todos los españoles fuimos obligados por el Estado franquista a respetar y honrar como Himno Nacional lo que hasta ese momento se conocía como Marcha Real, y años después también se nos obligó a todos los españoles a reconocer la Monarquía Borbónica como ideal forma de gobierno, de modo y manera que el uso y hasta el abuso circunstancial del "Cara al Sol" no deja de ser una mínima mota vejatoria en el amplio y espléndido tapiz que recuerda los muchos miles de españoles, falangistas o no, que con ese himno en los labios o en el corazón encontraron la muerte o la consagración de su vital esperanza. Que yo sepa, ni a Alfonso XIII ni a ninguno de sus hijos nadie les obligó en Roma, o fuera de ella, a cantar el "Cara al Sol", cosa que sí hicieron muchas veces por gusto propio o por propia conveniencia. Lo que sí estoy en condiciones de afirmar es que, contra lo que recuerda la histérica memoria de Anson, falangistas y juanistas nunca mantuvieron batallas campales en el madrileño Paseo de la Castellana, entre otras cosas porque las huestes del señorito Satrústegui se reducían a diez o doce colegiales de pega y pago que provocaban desprecio y no aversión en las nutridas falanges juveniles. El también señorito Leopoldo Calvo ya por entonces se afanaba más en sacar provecho de su falso apellido que sus primos, los verdaderos Calvo-Sotelo, sumidos en el doloroso silencio que les provocó el asesinato de su padre. Leopoldín borboneó el "Cara al Sol" cuantas veces le convino, alguna de ellas a mi lado, en voz baja o a grito pelado según las circunstancias, por supuesto para él siempre favorables. Sigo copiando: "•Volverá a reir la primavera falangista•. •Ya llega la primavera batasuna•. Eso sí que es memoria histórica. De un totalitarismo a otro...", ha escrito el fino canelo Anson. Su memoria histérica le impide reconocer que no hay totalitarismo comparable al de cuantos nos quieren hacer creer que el Supremo Hacedor otorgó a una cierta familia, para siempre, la propiedad y la explotación de una finca llamada España. Es la misma clase de memoria que le impide recordar la figura del pretendiente a ser Juan III, disfrazado de miliciano falangista... Memoria histérica. Una de las peores armas bobónicas y progres.
Dos apuntaciones sobre progresía y borboneo
Antonio Castro Villacañas
P ROGRESÍA. Una noche del siglo pasado, a finales de los ochenta,se reunieron en el "Bocaccio" de Barcelona, un bar muy pijo que no sé si ya existe, un puñado de jóvenes pequeños burgueses entre los que destacaban Félix de Azúa, Juan Cueto, Rosa y Oriol Regás, Gonzalo Suárez y Eugenio Trías. En su habitual comentario de las cosas que pasaban en Cataluña y España hubo lugar para que alguno de ellos se manifestara indignado por el uso y abuso que, según su juicio, en aquellos momentos estaba haciendo de ciertos valores radicales una determinada izquierda, hasta el punto de convertirlos en imperativos kantianos. Los reunidos convinieron enque tal tipo de mitología no tenía nada que envidiar ni reprochar a la de la burguesía contraria. Gonzalo Suárez se comprometió a divulgar tal convenio en la revista "Triunfo", que entonces era el "no hay más allá" en cuanto a izquierda pija se refiere. Barcelona y Madrid fueron, por tanto, las ciudades en que se engendró, se dió a luz y se bautizó "la progresía", en principio tan solo una divertida autocrítica, hoy una más o menos acertada descripción de cierta realidad política. Los "progres" nacidos en los años de la tra(ns)ición han evolucionado en dos sentidos distintos. Unos han pasado del antifranquismo minimalista -no se debe olvidar que bastantes de ellos eran hijos de notorios franquistas- al radical maximalismo, y ahora son unos groseros antiamericanos, unos finos anticapitalistas, unos antiglobalizadores con distingos, y unos falsos anticonsumistas. Otros, ante el triste espectáculo que a diario ofrece una derecha carente de verdaderas ideas y creencias, se han acercado a ella con el fin de rearmarla ideológicamente y -de paso- ganarse la vida lo mejor posible. Entre estos últimos más de uno tiene un claro pasado marxista-leninista, lo que explica su tendencia al dogmatismo. Entre los otros, no resulta fácil deducir cómo aquellos antifranquistas moderados han pasado a ser radicales maximalistas, nacionalistas extremos, identitarios separadores, etc. En ambos casos, los "progres" parecen haber protagonizado un raro tipo de evolucionismo político que en cierto modo explica, aunque no justifique, el recelo e incluso la burla que muchos españoles demuestran tener con respecto a la "progresía" doctrinal y práctica. BORBONEO. Aunque sea de uso público, la Academia de la Lengua Española no recoge en su diccionario esta palabra, que alude a un particular modo de practicar el tejemaneje político, muy utilizado en España desde 1704 y sobre todo a partir del retorno de un Fernando VII tan indeseable como Deseado. Tampoco aparece en nuestro oficial vocabulario la palabra "bobón", quizá por ser un simple aumentativo de la sí políticamente correcta "bobo". De ésta se nos ofrecen en el citado censo verbal diversos contenidos, de los que el más utilizado -y el que mejor conviene a mi propósito- es el que sirve para calificar a una persona de ingenua o candorosa en extremo. Es evidente, como todo el mundo sabe, que los "bobones" no tienen nada de bobos. Nunca están en Babia, aunque casi siempre estén cazando... Uno de los mayores bobones de este reino es Luis María Anson, conocido periodista y miembro de la Real Academia Española por sus muchos méritos, entre los que no podemos olvidar su capacidad para ejercitar el más eficaz borboneo. Si será bobón este tipo que no deja de llamar Juan III al Borbón y Battemberg que vivió y murió sin reinar en España aunque ostentara el título de Conde de Barcelona. El pasado 3 de abril, aprovechando que el errata Otegui presentó en público el eslogan propagandístico a utilizar por sus huestes durante los días de la campaña electoral de este mes de mayo, el fino canelo bobónico arrimó el ascua encendida del rencor político a la sardina ideológica de su acreditado vasallaje. Para ello equiparó el lema batasunero, "Ya llega la primavera", con los versos del himno de la Falange que proclaman la esperanza y la seguridad de que "volverá a reir la primavera que por cielo, tierra y mar se espera". Su memoria histérica le hizo recordar que "hubo un tiempo en que algunos falangistas obligaban en colegios y universidades a los que no lo eran a alzar el brazo y cantar el •Cara al Sol•. Al que se resistía le vejaban. Si se declaraba juanista, le pegaban sin piedad. Satrústegui y sus jóvenes, entre ellos Leopoldo Calvo-Sotelo, libraron más de una batalla campal contra los falangistas en el paseo de la Castellana". He transcrito en su totalidad el párrafo del fino canelo Anson para que mis lectores comprueben la calidad de su borboneo. Yo no niego que en algún momento y en algún colegio o facultad se forzara a alzar el brazo y cantar algún que otro himno carlista o falangista a algunos alumnos. A su debido tiempo, todos los españoles fuimos obligados por el Estado franquista a respetar y honrar como Himno Nacional lo que hasta ese momento se conocía como Marcha Real, y años después también se nos obligó a todos los españoles a reconocer la Monarquía Borbónica como ideal forma de gobierno, de modo y manera que el uso y hasta el abuso circunstancial del "Cara al Sol" no deja de ser una mínima mota vejatoria en el amplio y espléndido tapiz que recuerda los muchos miles de españoles, falangistas o no, que con ese himno en los labios o en el corazón encontraron la muerte o la consagración de su vital esperanza. Que yo sepa, ni a Alfonso XIII ni a ninguno de sus hijos nadie les obligó en Roma, o fuera de ella, a cantar el "Cara al Sol", cosa que sí hicieron muchas veces por gusto propio o por propia conveniencia. Lo que sí estoy en condiciones de afirmar es que, contra lo que recuerda la histérica memoria de Anson, falangistas y juanistas nunca mantuvieron batallas campales en el madrileño Paseo de la Castellana, entre otras cosas porque las huestes del señorito Satrústegui se reducían a diez o doce colegiales de pega y pago que provocaban desprecio y no aversión en las nutridas falanges juveniles. El también señorito Leopoldo Calvo ya por entonces se afanaba más en sacar provecho de su falso apellido que sus primos, los verdaderos Calvo-Sotelo, sumidos en el doloroso silencio que les provocó el asesinato de su padre. Leopoldín borboneó el "Cara al Sol" cuantas veces le convino, alguna de ellas a mi lado, en voz baja o a grito pelado según las circunstancias, por supuesto para él siempre favorables. Sigo copiando: "•Volverá a reir la primavera falangista•. •Ya llega la primavera batasuna•. Eso sí que es memoria histórica. De un totalitarismo a otro...", ha escrito el fino canelo Anson. Su memoria histérica le impide reconocer que no hay totalitarismo comparable al de cuantos nos quieren hacer creer que el Supremo Hacedor otorgó a una cierta familia, para siempre, la propiedad y la explotación de una finca llamada España. Es la misma clase de memoria que le impide recordar la figura del pretendiente a ser Juan III, disfrazado de miliciano falangista... Memoria histérica. Una de las peores armas bobónicas y progres.
Wifredo Espina, ¿Hay "un espiritu" de Cataluña?
jueves 10 de mayo de 2007
¿Hay ‘un espíritu’ de Cataluña?
Wifredo Espina
¿ HAY “un espíritu de Cataluña”? Quiero decir, un “espíritu” común a la mayoría de ciudadanos de Cataluña. Con el que se identifiquen los catalanes de hoy, de sensibilidades, ideologías, intereses, generaciones y procedencias muy diversas. Y si existe, ¿cómo se define, qué vigencia tiene en la actualidad y, sobre todo, qué proyección puede tener en el incierto futuro que se divisa, en el marco de las ideas y acontecimientos, en nuestro país y en el mundo? No es inoportuno plantearse estos interrogantes, ante de la crisis identitaria e institucional que está viviendo Cataluña, y de la que alertan destacados personajes de la vida pública y autorizadas personalidades de la intelectualidad. Hace casi un año, con motivo de la inauguración del Año Prat de la Riba, en su casa museo de Castellterçol, planteaba la oportunidad y conveniencia de abrir un gran debate sobre estas cuestiones. No podía ser más oportuno, pues, que el Institut d’Estudis Catalans, que cumple su centenario y preside el sociólogo Salvador Giner, organice un debate público de calidad sobre este tema. Si bien esta institución representativa de la cultura catalana, es académica, me comenta el coordinador y alma de este debate, profesor Ricard Torrents, “tiene, también, la misión civil de auscultar la sociedad por la vía del análisis crítico”. El ciclo de debates “10 testigos del siglo XX; 10 lecciones por el siglo xx1” se propone esto. ¿Qué hay de común –en su núcleo de pensamiento- entre estas figuras que se estudiarán?. “Lo que hay de común –me explica Torrents- es que forman el canon catalán de pensadores del siglo XX. Son diez autores reconocidos como representativos del pensamiento de los catalanes sobre si mismos y sobre el mundo”. ¿Por qué estos y no otros?, le pregunto pensando que quizás se habría podido abrir más el abanico. Y me responde que “el número es aleatorio; es aquello de que “no están todos los que podrían estar, pero los que están, no pueden dejar de estar’. Representan –argumenta – “los grandes ámbitos de la vida nacional catalana”: la política ( Enric Prat de la Riba), la sociedad civil (Joan Margall), l’alta cultura (Eugenio D’Ors), la educación (Alexandre Galí), las letras (Carles Riba), la filosofía (Ferreter Mora), el feminismo (Aurelia Campmany), la historia económica (Vicent Vives), la unidad lingüística (Moll), la crítica (Joan Fuster)”. ¿Cuál es el futuro de este pensamiento o “espíritu”, que se debate estos dias? A mi inquietud y escepticismo el profesor Torrents responde que los autores propuestos “tienen proyección de futuro porque representan la progresión de lo que algunos autores denominan ‘el espíritu de Catalunya’ y otros ‘el catalanismo’ más allá de toda formulación política concreta y por encima de coyunturas, por difíciles que sean, como la actual, en qué los catalanes nos encontramos, que otra vez se nos mueve la tierra, o sea l’Estatuto, bajo los pies. Si se quiere –explica- representan posicionamientos prepolítics, digamos nacionales. Cada uno de los diez es representativo de una década, de una situación de conflicto y de una propuesta de superación. Por esto los denominamos ‘10 testigos del siglo XX’. Pero a la vez cada uno es ejemplo de compromiso con su tiempo y con su pueblo. Por esto los proponemos como ‘10 lecciones para el siglo XXI’, tanto por lo que dejaron en obra escrita como por sus posicionamientos de vida”. Y abarca desde La nacionalidad catalana, de Enric Prat de la Riba, hasta el ensayo Un país sin política, de Joan Fuster. El debate, pues, o curso “de altos estudios sobre cultura catalana, política y social, 1907-2007” está abierto. Lo que no sé es si está abierto suficientemente, de par en par, a las inquietudes de hoy y de la mayoría de catalanes. Y en definitiva, si hay, todavía, “un espíritu de Catalunya”
¿Hay ‘un espíritu’ de Cataluña?
Wifredo Espina
¿ HAY “un espíritu de Cataluña”? Quiero decir, un “espíritu” común a la mayoría de ciudadanos de Cataluña. Con el que se identifiquen los catalanes de hoy, de sensibilidades, ideologías, intereses, generaciones y procedencias muy diversas. Y si existe, ¿cómo se define, qué vigencia tiene en la actualidad y, sobre todo, qué proyección puede tener en el incierto futuro que se divisa, en el marco de las ideas y acontecimientos, en nuestro país y en el mundo? No es inoportuno plantearse estos interrogantes, ante de la crisis identitaria e institucional que está viviendo Cataluña, y de la que alertan destacados personajes de la vida pública y autorizadas personalidades de la intelectualidad. Hace casi un año, con motivo de la inauguración del Año Prat de la Riba, en su casa museo de Castellterçol, planteaba la oportunidad y conveniencia de abrir un gran debate sobre estas cuestiones. No podía ser más oportuno, pues, que el Institut d’Estudis Catalans, que cumple su centenario y preside el sociólogo Salvador Giner, organice un debate público de calidad sobre este tema. Si bien esta institución representativa de la cultura catalana, es académica, me comenta el coordinador y alma de este debate, profesor Ricard Torrents, “tiene, también, la misión civil de auscultar la sociedad por la vía del análisis crítico”. El ciclo de debates “10 testigos del siglo XX; 10 lecciones por el siglo xx1” se propone esto. ¿Qué hay de común –en su núcleo de pensamiento- entre estas figuras que se estudiarán?. “Lo que hay de común –me explica Torrents- es que forman el canon catalán de pensadores del siglo XX. Son diez autores reconocidos como representativos del pensamiento de los catalanes sobre si mismos y sobre el mundo”. ¿Por qué estos y no otros?, le pregunto pensando que quizás se habría podido abrir más el abanico. Y me responde que “el número es aleatorio; es aquello de que “no están todos los que podrían estar, pero los que están, no pueden dejar de estar’. Representan –argumenta – “los grandes ámbitos de la vida nacional catalana”: la política ( Enric Prat de la Riba), la sociedad civil (Joan Margall), l’alta cultura (Eugenio D’Ors), la educación (Alexandre Galí), las letras (Carles Riba), la filosofía (Ferreter Mora), el feminismo (Aurelia Campmany), la historia económica (Vicent Vives), la unidad lingüística (Moll), la crítica (Joan Fuster)”. ¿Cuál es el futuro de este pensamiento o “espíritu”, que se debate estos dias? A mi inquietud y escepticismo el profesor Torrents responde que los autores propuestos “tienen proyección de futuro porque representan la progresión de lo que algunos autores denominan ‘el espíritu de Catalunya’ y otros ‘el catalanismo’ más allá de toda formulación política concreta y por encima de coyunturas, por difíciles que sean, como la actual, en qué los catalanes nos encontramos, que otra vez se nos mueve la tierra, o sea l’Estatuto, bajo los pies. Si se quiere –explica- representan posicionamientos prepolítics, digamos nacionales. Cada uno de los diez es representativo de una década, de una situación de conflicto y de una propuesta de superación. Por esto los denominamos ‘10 testigos del siglo XX’. Pero a la vez cada uno es ejemplo de compromiso con su tiempo y con su pueblo. Por esto los proponemos como ‘10 lecciones para el siglo XXI’, tanto por lo que dejaron en obra escrita como por sus posicionamientos de vida”. Y abarca desde La nacionalidad catalana, de Enric Prat de la Riba, hasta el ensayo Un país sin política, de Joan Fuster. El debate, pues, o curso “de altos estudios sobre cultura catalana, política y social, 1907-2007” está abierto. Lo que no sé es si está abierto suficientemente, de par en par, a las inquietudes de hoy y de la mayoría de catalanes. Y en definitiva, si hay, todavía, “un espíritu de Catalunya”
Joan Pla, De la mar de Ulises y de los amigos inmortales
jueves 10 de mayo de 2007
De la mar de Ulises y de los amigos inmortales
Joan Pla
M E estrené en "Vistazo a la Prensa" el 14 de febrero de 2003 con un artículo dedicado a Emilio Romero, titulado "El gallo de Pueblo y sus 200 plumas". Me refería a los 200 colegas que eran periodistas escritores o escritores periodistas en aquel gran periódico. Vi a Romero por última vez el día en que cumplía 80 primaveras. Hacía veinte años que había dejado la dirección de "Pueblo", pero todavía tuvo "gancho" para reunir a ciento diez, venidos de toda España, de los que habíamos trabajado con él. Le dimos una cena de homenaje en Madrid y creo que todos nos sentimos muy a gusto entre compañeros, pese a que ya todos habíamos tomado partido y la izquierda, el centro y la derecha se repartían la totalidad de nuestros votos o de nuestras militancias. Irma Deglané siempre me llamó "fenicio", sin más razón que su puro capricho, igual que Tico Medina creyó que yo era "xueta" mallorquín, es decir, judio neoconverso. Hubo otros que, en un exceso originalidad prestada, dieron en llamarme "mediterráneo", mientras Serrat cantaba aquello de "porque nací en el Mediterraneo". A Manolo Vicent también le dio por autodefinirse "mediterraneo" y yo le escribi una carta desde Mallorca en la que, poco más o menos, le decía que nacer en un pueblo de Castellón o en una isla del archipiélago balear y proclamarse " hombre del Mediterráneo " no deja de ser una vulgaridad y, lo que es peor, una majadería solemne. Aquí, después de 25 años de aislamiento, que son los que un servidor lleva apartado del bullicio y de la zarabanda cultural de Madrid, no vale de nada presumir de lo que, en realidad, somos. Aquí, dices que eres "mediterráneo" en tus escrituras y en tus pinturas y van los paisanos y, amén de chotearse de ti, le compran los libros a un japonés, los cuadros a un pintor abstracto de Pittsburg y escuchan a José María García, que es asturiano, o a Luis del Olmo, que es leonés. Hoy, viernes, 4 de mayo, posiblemente se hablará de Manolo Vicent. Alguien pronunciará su nombre entre la multitud que se reúne en la isla para celebrar los noventa años de Eduardo Bonnín, fundador de los Cursillos de Cristiandad. Vicent tiró a matar contra esa cristiandad en aquella película que interpretaban el nieto de Paco Rabal y el veterano Juan Luis Galiardo. Con todo, al leer a Manuel Vicent, siempre me viene al corazón lo que dijo aquel amigo de Flaubert que, un minuto antes de morir, exclamó ante el paisaje mediterráneo: "¡ Demasiada belleza, cerrad la ventana !" Recuerdo el día y la hora en que un periodista del Opus Dei, director de "Nuevo Diario", me quitó la colaboración que yo mantenía en su periódico, después de publicar un reportaje con los cuatro primeros escritores que obtuvieron el Premio Alfaguara. Firmé aquel reportaje y saqué a los cuatro a toda plana. Se trataba de un cuarteto espléndido: Jesús Torbado, Manuel Vicent, Hector Vázquez Azpiri y Daniel Sueiro. A los cuatro les hacía una entrevista y la de Vicent, puesto que por aquellas fechas navideñas del 69 se iba Manolo de vacaciones a su casa junto al mar, hube de inventármela. Contaba para ello, claro es, con su permiso y con las indicaciones que me hizo por teléfono, antes de marcharse a la costa natal. Por aquellas fechas, igual que ahora, había envidias en el gremio y una colega que nos iba a la zaga en lo de escribir desnudos y en lo de amar a pierna atada y a bragas blindadas, me acusó de fraude ante el director que, aunque elogió con grandes palabras el fondo y la calidad literaria de mi escrito, me echó a la calle por la falsedad que implicaba la forma, es decir, el fingido diálogo o entrevista que publiqué en "Nuevo Diario". Me dijo: " Queda Ud. despedido y créame que lo siento, porque escribe Ud. maravillosamente, pero la línea ideológica de este periódico sólo me autoriza a publicar lo que es verdad y Ud. no ha publicado la verdad: el Sr. Vicent no está en Madrid, ni ha contestado a las preguntas que bajo su firma hemos publicado y que Ud. afirma haberle formulado. Lo siento, pero su acción es contraria a nuestros principios editoriales. Le deseo mucha suerte, que no dudo ha de obtenerla en otro tipo de publicaciones". Así terminó mi breve paso por la redacción de "Nuevo Diario", un día antes de que Romero me abriese la puerta grande de "Pueblo". Íbamos al Café Gijón con nuestros premios debajo del ala y nuestra inocente vanidad olía a sobaco, deliciosamente. Torbado con su teoría de "Las corrupciones", por la que tres son las corrupciones del hombre, a saber: la pérdida de la fe en Dios, la pérdida de la fe en los demás y la pérdida de la fe en si mismo. (Aún no se había separado de Alicia y tenía alquilado, como yo mismo, un pisito en Moratalaz, de cuatro mil pesetas al mes, pero ya tenía, eso sí, una máquina de escribir eléctrica y soñaba con tener una casa frente al mar de Ulises, como la que le preparó Huarte a Cela en la Bonanova, en tiempos de Charo Conde, la enamorada de Caballero Bonald. Carrascal, Martínez Garrido y yo, a la sombra del gallo Romero, éramos los novelistas premiados del diario "Pueblo". Vicent, con su "Pascua y Naranjas", iba de progre con el pobre Manolo Summers y con Chumy Chúmez, que en gloria estén. Se decía entonces que la prosa de Manolo Vicent acabaría siendo más rica que la de Azorín, pero siempre pensé que se parecía más a Gabriel Miró, el gran olvidado de nuestra literatura. Después, cuando se hizo definitivamente famoso en la columna de "El País", dejando huella indeleble de su calidad en "Triunfo" y en "Hermano Lobo" y cuando le dieron el Premio Nadal (1986) por su "Balada de Caín" ya nos habíamos dispersado. Estuve un par de veces en el "Gijón" y todo el mundo me habló de él, pero no conseguí verle. Era ya un preboste de las letras y Umbral se obstinaba en retratarlo como a "una especie de Azorín cabreado". Con otros periodistas y escritores "mediterráneos" también he dialogado hace poco de nuestra condición marinera: Ya lo dijo nuestro paisano, el poeta Foix i Mas: "Si mous l´arbre del mar, cauran els fruits defesos" ("Si mueves el árbol del mar, caerán los frutos prohibidos") y eso es, precisamente, lo que nos ha sucedido, cuando hemos abandonado el mar y nos hemos instalado en Madrid. El don o virtud levantina de la estampa, la imagen triunfal que damos en la meseta, cuando nos vestimos de marineritos iluminados por el mar, caen todos nuestros frutos prohibidos, nuestras grandezas y nuestras miserias levantinas. No obstante, en Madrid no se percatan de la falsedad con que contamos, con la pluma o con el pincel, la luz de nuestro mar y el mítico fulgor de nuestra naturaleza mediterránea. En Madrid, que yo sepa, sólo se enteran de la falsedad con que publicamos la mejor y la más verdadera entrevista que he hecho en mi vida, aquella que me valió la expulsión irrevocable del "Nuevo Diario" del Opus, que en paz descanse. Por lo demás, se nota que a Vicent se le olvida de vez en cuando el color y el sabor del mar, a juzgar por los destellos electrónicos de su prosa impecable de ahora. Si vuelve a la barca de los amigos, hará memoria de la hora y del lugar en que nació el demonio. Sin esa información, es inútil hablar del mar. En su "memoria azul" faltan los versos de Lorca: "El mar es el Lucifer del azul/ el cielo caído por querer ser la luz".
De la mar de Ulises y de los amigos inmortales
Joan Pla
M E estrené en "Vistazo a la Prensa" el 14 de febrero de 2003 con un artículo dedicado a Emilio Romero, titulado "El gallo de Pueblo y sus 200 plumas". Me refería a los 200 colegas que eran periodistas escritores o escritores periodistas en aquel gran periódico. Vi a Romero por última vez el día en que cumplía 80 primaveras. Hacía veinte años que había dejado la dirección de "Pueblo", pero todavía tuvo "gancho" para reunir a ciento diez, venidos de toda España, de los que habíamos trabajado con él. Le dimos una cena de homenaje en Madrid y creo que todos nos sentimos muy a gusto entre compañeros, pese a que ya todos habíamos tomado partido y la izquierda, el centro y la derecha se repartían la totalidad de nuestros votos o de nuestras militancias. Irma Deglané siempre me llamó "fenicio", sin más razón que su puro capricho, igual que Tico Medina creyó que yo era "xueta" mallorquín, es decir, judio neoconverso. Hubo otros que, en un exceso originalidad prestada, dieron en llamarme "mediterráneo", mientras Serrat cantaba aquello de "porque nací en el Mediterraneo". A Manolo Vicent también le dio por autodefinirse "mediterraneo" y yo le escribi una carta desde Mallorca en la que, poco más o menos, le decía que nacer en un pueblo de Castellón o en una isla del archipiélago balear y proclamarse " hombre del Mediterráneo " no deja de ser una vulgaridad y, lo que es peor, una majadería solemne. Aquí, después de 25 años de aislamiento, que son los que un servidor lleva apartado del bullicio y de la zarabanda cultural de Madrid, no vale de nada presumir de lo que, en realidad, somos. Aquí, dices que eres "mediterráneo" en tus escrituras y en tus pinturas y van los paisanos y, amén de chotearse de ti, le compran los libros a un japonés, los cuadros a un pintor abstracto de Pittsburg y escuchan a José María García, que es asturiano, o a Luis del Olmo, que es leonés. Hoy, viernes, 4 de mayo, posiblemente se hablará de Manolo Vicent. Alguien pronunciará su nombre entre la multitud que se reúne en la isla para celebrar los noventa años de Eduardo Bonnín, fundador de los Cursillos de Cristiandad. Vicent tiró a matar contra esa cristiandad en aquella película que interpretaban el nieto de Paco Rabal y el veterano Juan Luis Galiardo. Con todo, al leer a Manuel Vicent, siempre me viene al corazón lo que dijo aquel amigo de Flaubert que, un minuto antes de morir, exclamó ante el paisaje mediterráneo: "¡ Demasiada belleza, cerrad la ventana !" Recuerdo el día y la hora en que un periodista del Opus Dei, director de "Nuevo Diario", me quitó la colaboración que yo mantenía en su periódico, después de publicar un reportaje con los cuatro primeros escritores que obtuvieron el Premio Alfaguara. Firmé aquel reportaje y saqué a los cuatro a toda plana. Se trataba de un cuarteto espléndido: Jesús Torbado, Manuel Vicent, Hector Vázquez Azpiri y Daniel Sueiro. A los cuatro les hacía una entrevista y la de Vicent, puesto que por aquellas fechas navideñas del 69 se iba Manolo de vacaciones a su casa junto al mar, hube de inventármela. Contaba para ello, claro es, con su permiso y con las indicaciones que me hizo por teléfono, antes de marcharse a la costa natal. Por aquellas fechas, igual que ahora, había envidias en el gremio y una colega que nos iba a la zaga en lo de escribir desnudos y en lo de amar a pierna atada y a bragas blindadas, me acusó de fraude ante el director que, aunque elogió con grandes palabras el fondo y la calidad literaria de mi escrito, me echó a la calle por la falsedad que implicaba la forma, es decir, el fingido diálogo o entrevista que publiqué en "Nuevo Diario". Me dijo: " Queda Ud. despedido y créame que lo siento, porque escribe Ud. maravillosamente, pero la línea ideológica de este periódico sólo me autoriza a publicar lo que es verdad y Ud. no ha publicado la verdad: el Sr. Vicent no está en Madrid, ni ha contestado a las preguntas que bajo su firma hemos publicado y que Ud. afirma haberle formulado. Lo siento, pero su acción es contraria a nuestros principios editoriales. Le deseo mucha suerte, que no dudo ha de obtenerla en otro tipo de publicaciones". Así terminó mi breve paso por la redacción de "Nuevo Diario", un día antes de que Romero me abriese la puerta grande de "Pueblo". Íbamos al Café Gijón con nuestros premios debajo del ala y nuestra inocente vanidad olía a sobaco, deliciosamente. Torbado con su teoría de "Las corrupciones", por la que tres son las corrupciones del hombre, a saber: la pérdida de la fe en Dios, la pérdida de la fe en los demás y la pérdida de la fe en si mismo. (Aún no se había separado de Alicia y tenía alquilado, como yo mismo, un pisito en Moratalaz, de cuatro mil pesetas al mes, pero ya tenía, eso sí, una máquina de escribir eléctrica y soñaba con tener una casa frente al mar de Ulises, como la que le preparó Huarte a Cela en la Bonanova, en tiempos de Charo Conde, la enamorada de Caballero Bonald. Carrascal, Martínez Garrido y yo, a la sombra del gallo Romero, éramos los novelistas premiados del diario "Pueblo". Vicent, con su "Pascua y Naranjas", iba de progre con el pobre Manolo Summers y con Chumy Chúmez, que en gloria estén. Se decía entonces que la prosa de Manolo Vicent acabaría siendo más rica que la de Azorín, pero siempre pensé que se parecía más a Gabriel Miró, el gran olvidado de nuestra literatura. Después, cuando se hizo definitivamente famoso en la columna de "El País", dejando huella indeleble de su calidad en "Triunfo" y en "Hermano Lobo" y cuando le dieron el Premio Nadal (1986) por su "Balada de Caín" ya nos habíamos dispersado. Estuve un par de veces en el "Gijón" y todo el mundo me habló de él, pero no conseguí verle. Era ya un preboste de las letras y Umbral se obstinaba en retratarlo como a "una especie de Azorín cabreado". Con otros periodistas y escritores "mediterráneos" también he dialogado hace poco de nuestra condición marinera: Ya lo dijo nuestro paisano, el poeta Foix i Mas: "Si mous l´arbre del mar, cauran els fruits defesos" ("Si mueves el árbol del mar, caerán los frutos prohibidos") y eso es, precisamente, lo que nos ha sucedido, cuando hemos abandonado el mar y nos hemos instalado en Madrid. El don o virtud levantina de la estampa, la imagen triunfal que damos en la meseta, cuando nos vestimos de marineritos iluminados por el mar, caen todos nuestros frutos prohibidos, nuestras grandezas y nuestras miserias levantinas. No obstante, en Madrid no se percatan de la falsedad con que contamos, con la pluma o con el pincel, la luz de nuestro mar y el mítico fulgor de nuestra naturaleza mediterránea. En Madrid, que yo sepa, sólo se enteran de la falsedad con que publicamos la mejor y la más verdadera entrevista que he hecho en mi vida, aquella que me valió la expulsión irrevocable del "Nuevo Diario" del Opus, que en paz descanse. Por lo demás, se nota que a Vicent se le olvida de vez en cuando el color y el sabor del mar, a juzgar por los destellos electrónicos de su prosa impecable de ahora. Si vuelve a la barca de los amigos, hará memoria de la hora y del lugar en que nació el demonio. Sin esa información, es inútil hablar del mar. En su "memoria azul" faltan los versos de Lorca: "El mar es el Lucifer del azul/ el cielo caído por querer ser la luz".
Garcia Brera, La lluvia y el gobierno
jueves 10 de mayo de 2007
La lluvia y el gobierno
Miguel Ángel García Brera
N O estoy muy enemistado con la lluvia, -aunque sea estos días tan pertinaz como la sequía en tiempos de Franco- pues procedo de tierra donde el cielo llora con regularidad, pero estoy seguro de que muchos españoles habrán rabiado un poco durante este puente y el anterior y, habrán recordado lo de “piove, ¡porco Goberno!”, aunque el Gobierno nada tiene que hacer frente a la lluvia, y a buen seguro que lo agradecerá ya que es buena para la economía, aunque no tanto para los excursionistas. Seguramente mis compatriotas más festeros habrán recordado igualmente la expresión italiana, y esta vez con razón, al enfrentarse con esa estúpida decisión de restar puntos y acabar quitando el carné de conducir a quien no siga al pie de la letra unas señales de tráfico que parecen situadas, muchas de ellas, por gentes que no habrán recorrido jamás la carretera en que figuran. Es tan abracadabrante la proliferación de señales limitativas de la velocidad, a veces con diferencia tan corta que habría que parar en seco para adaptarse a la que aparece, que en mis tres recientes viajes, posteriores a la entrada en vigor de los puntos, ya me han restado dos por cada desplazamiento, con la multa correspondiente. Y eso que puedo asegurar no haber circulado nunca a grandes velocidades, ni haber sufrido jamás el menor accidente, pese a conducir desde hace 50 años. Como será la dificultad de cumplir la normativa en vigor, que llegué a creer que soy un extraño espécimen, pues no me parecía natural que tuviera yo razón nada menos que frente a toda una Dirección General de Tráfico, teóricamente integrada por ingenieros, políticos y otros sabios en la materia. Para mi satisfacción, sin embargo, acabo de leer el artículo de una novelista con la que tuve el placer de compartir, hace unos diez años, un viaje a China en el curso del cual supe hasta qué punto la, entonces, muchacha se lo tenía creído. Nos pidieron a los integrantes del grupo, invitados como escritores, a explicar nuestra actividades, sentados en esos amplios sillones de los chinos y flanqueados por el inevitable y buenísimo te. Yo hablé, como era lógico, de mis libros, y aproveché para hacerlo también de una Federación española de Periodistas que en aquél tiempo presidía. A la novelista le tocó informar después, y entonces supe que estaba mosca por el hecho de que la persona que mas deferencias recibía en el grupo era yo, aunque ella no sabía entonces que nada era debido a que valorasen más mis poemas que sus novelas, sino al hecho de que yo era un venerable viejo con barba y, además, ¡oh misterio!, en China ser presidente de una Federación era algo importantísimo. La novelista, que no era otra que Rosa Montero, aparte de explicar su currículo, dedicó una parrafada envenenada a quitar importancia a mi presidencia y dejar claro que, en el grupo, la importante era ella, sobre todo por escribir en “El País”. Como manos blancas no ofenden, y por curiosidad, desde que escribe en conservador tras haber sido “progre”, suelo leer sus artículos y no me disgusta que en el, tan reciente, titulado “El Puente”, la novelista se exprese sobre la cuestión del mismo modo que yo venía pensando. Ella afirma: “España está llena de señales de limitación de velocidad totalmente absurdas…marcas ridículas que nadie obedece porque, si lo hiciera, probablemente provocaría un accidente”. No puede describirse mejor la realidad de lo que han montado los últimos sabios de la Dirección General de Tráfico. Añadiré lo peligroso que resulta ir comprobando continuamente que el velocímetro no pasa de la velocidad legal o atemperarlo a los cambios de señales. Así que, ¿a quién va a extrañar que el CIS haya tenido que tabular una encuesta en que, junto a problemas tan tremendos como el terrorismo, el paro, la inmigración o la vivienda, los ciudadanos han manifestado su honda preocupación por la clase política? Lo que resulta natural si, empezando por el presidente, nos encontramos a un político que, al día siguiente de asegurar sobre terrorismo que “Vamos a estar mejor”, le vuelan un aparcamiento del aeropuerto o, cuando va a la Bolsa a presentar los “magníficos resultados económicos de su Gobierno”, ve iniciar una bajada espectacular de los valores bursátiles. Ahora parece que anda empeñado en buscar un logotipo para los impresos oficiales. ¿No sabrá que el Gobierno no tiene logotipo propio, sino el del Estado, que es el escudo nacional? Claro que si se empeña, habrá que tirar a la basura millones de impresos y encargar otros con el logotipo de marras. Como soy bien pensado, no se me ocurre que alguien quiera fabricar, con cargo al Tesoro Público, los montones de resmas que será necesario imprimir con el nuevo logotipo. Finalizaré con un réquiem por quien fue algo amigo, el juez Navarro Estevan. Me lo presentó un buen periodista, Alcocer, hacia el año 1960, cuando no era juez, sino Profesor de la Escuela de Mandos “José Antonio”, donde se formaban los Oficiales Instructores del Frente de Juventudes. Al tiempo, Navarro Estevan andaba buscando quehacer por la Delegación Nacional de Sindicatos, y, entre café y café, cuando nos encontrábamos algunas veces, llegué a la conclusión de que era un comunista empecinado, lo que comenté con el común amigo Alcocer, manifestando mi extrañeza de que los mandos del Movimiento fueran formados por una persona con tal inclinación ideológica. Alcocer lo comentó a su vez con Navarro, sin darle mayor importancia, pero faltó tiempo para que éste me viniera a ver al despacho para indicarme que sabía de mi conversación con el amigo común y que, aparte de que tendría que atenerme a las consecuencias, me prohibía totalmente que hablara de su credo ideológico, pues le podía hacer mucho daño en sus pretensiones públicas. No era necesario que me lo dijera, pues nunca he tenido vocación de soplón; el comentario con Alcocer, que, además de ser su amigo, no tenía puesto desde el que pudiera perjudicar a nadie, no le hacía daño alguno. Más tarde Navarro pretendió entrar en politica, iniciándose en el Congreso por Almería y luego, con el carné de socialista en la mano, ingresó en la Judicatura. Tuve varios asuntos en Salas donde ejercía de Magistrado, y siempre nos saludamos como viejos conocidos, aunque ni yo quise ser amigo de quien me había amenazado, sin razón, ni el tampoco querría reconocer que yo fui siempre un liberal, incapaz de hacer mal alguno por motivos ideológicos. Ahora, al saber que ha fallecido, he rezado por él, aunque, si estuviera vivo tal vez me lo reprochara con tanta vehemencia como lo hizo cuando me sorprendí de que, siendo comunista empedernido, escondiera su sentir hasta el punto de enseñar en la Academia de un Régimen que destacaba por ser el más opuesto al que despertaba su admiración.
La lluvia y el gobierno
Miguel Ángel García Brera
N O estoy muy enemistado con la lluvia, -aunque sea estos días tan pertinaz como la sequía en tiempos de Franco- pues procedo de tierra donde el cielo llora con regularidad, pero estoy seguro de que muchos españoles habrán rabiado un poco durante este puente y el anterior y, habrán recordado lo de “piove, ¡porco Goberno!”, aunque el Gobierno nada tiene que hacer frente a la lluvia, y a buen seguro que lo agradecerá ya que es buena para la economía, aunque no tanto para los excursionistas. Seguramente mis compatriotas más festeros habrán recordado igualmente la expresión italiana, y esta vez con razón, al enfrentarse con esa estúpida decisión de restar puntos y acabar quitando el carné de conducir a quien no siga al pie de la letra unas señales de tráfico que parecen situadas, muchas de ellas, por gentes que no habrán recorrido jamás la carretera en que figuran. Es tan abracadabrante la proliferación de señales limitativas de la velocidad, a veces con diferencia tan corta que habría que parar en seco para adaptarse a la que aparece, que en mis tres recientes viajes, posteriores a la entrada en vigor de los puntos, ya me han restado dos por cada desplazamiento, con la multa correspondiente. Y eso que puedo asegurar no haber circulado nunca a grandes velocidades, ni haber sufrido jamás el menor accidente, pese a conducir desde hace 50 años. Como será la dificultad de cumplir la normativa en vigor, que llegué a creer que soy un extraño espécimen, pues no me parecía natural que tuviera yo razón nada menos que frente a toda una Dirección General de Tráfico, teóricamente integrada por ingenieros, políticos y otros sabios en la materia. Para mi satisfacción, sin embargo, acabo de leer el artículo de una novelista con la que tuve el placer de compartir, hace unos diez años, un viaje a China en el curso del cual supe hasta qué punto la, entonces, muchacha se lo tenía creído. Nos pidieron a los integrantes del grupo, invitados como escritores, a explicar nuestra actividades, sentados en esos amplios sillones de los chinos y flanqueados por el inevitable y buenísimo te. Yo hablé, como era lógico, de mis libros, y aproveché para hacerlo también de una Federación española de Periodistas que en aquél tiempo presidía. A la novelista le tocó informar después, y entonces supe que estaba mosca por el hecho de que la persona que mas deferencias recibía en el grupo era yo, aunque ella no sabía entonces que nada era debido a que valorasen más mis poemas que sus novelas, sino al hecho de que yo era un venerable viejo con barba y, además, ¡oh misterio!, en China ser presidente de una Federación era algo importantísimo. La novelista, que no era otra que Rosa Montero, aparte de explicar su currículo, dedicó una parrafada envenenada a quitar importancia a mi presidencia y dejar claro que, en el grupo, la importante era ella, sobre todo por escribir en “El País”. Como manos blancas no ofenden, y por curiosidad, desde que escribe en conservador tras haber sido “progre”, suelo leer sus artículos y no me disgusta que en el, tan reciente, titulado “El Puente”, la novelista se exprese sobre la cuestión del mismo modo que yo venía pensando. Ella afirma: “España está llena de señales de limitación de velocidad totalmente absurdas…marcas ridículas que nadie obedece porque, si lo hiciera, probablemente provocaría un accidente”. No puede describirse mejor la realidad de lo que han montado los últimos sabios de la Dirección General de Tráfico. Añadiré lo peligroso que resulta ir comprobando continuamente que el velocímetro no pasa de la velocidad legal o atemperarlo a los cambios de señales. Así que, ¿a quién va a extrañar que el CIS haya tenido que tabular una encuesta en que, junto a problemas tan tremendos como el terrorismo, el paro, la inmigración o la vivienda, los ciudadanos han manifestado su honda preocupación por la clase política? Lo que resulta natural si, empezando por el presidente, nos encontramos a un político que, al día siguiente de asegurar sobre terrorismo que “Vamos a estar mejor”, le vuelan un aparcamiento del aeropuerto o, cuando va a la Bolsa a presentar los “magníficos resultados económicos de su Gobierno”, ve iniciar una bajada espectacular de los valores bursátiles. Ahora parece que anda empeñado en buscar un logotipo para los impresos oficiales. ¿No sabrá que el Gobierno no tiene logotipo propio, sino el del Estado, que es el escudo nacional? Claro que si se empeña, habrá que tirar a la basura millones de impresos y encargar otros con el logotipo de marras. Como soy bien pensado, no se me ocurre que alguien quiera fabricar, con cargo al Tesoro Público, los montones de resmas que será necesario imprimir con el nuevo logotipo. Finalizaré con un réquiem por quien fue algo amigo, el juez Navarro Estevan. Me lo presentó un buen periodista, Alcocer, hacia el año 1960, cuando no era juez, sino Profesor de la Escuela de Mandos “José Antonio”, donde se formaban los Oficiales Instructores del Frente de Juventudes. Al tiempo, Navarro Estevan andaba buscando quehacer por la Delegación Nacional de Sindicatos, y, entre café y café, cuando nos encontrábamos algunas veces, llegué a la conclusión de que era un comunista empecinado, lo que comenté con el común amigo Alcocer, manifestando mi extrañeza de que los mandos del Movimiento fueran formados por una persona con tal inclinación ideológica. Alcocer lo comentó a su vez con Navarro, sin darle mayor importancia, pero faltó tiempo para que éste me viniera a ver al despacho para indicarme que sabía de mi conversación con el amigo común y que, aparte de que tendría que atenerme a las consecuencias, me prohibía totalmente que hablara de su credo ideológico, pues le podía hacer mucho daño en sus pretensiones públicas. No era necesario que me lo dijera, pues nunca he tenido vocación de soplón; el comentario con Alcocer, que, además de ser su amigo, no tenía puesto desde el que pudiera perjudicar a nadie, no le hacía daño alguno. Más tarde Navarro pretendió entrar en politica, iniciándose en el Congreso por Almería y luego, con el carné de socialista en la mano, ingresó en la Judicatura. Tuve varios asuntos en Salas donde ejercía de Magistrado, y siempre nos saludamos como viejos conocidos, aunque ni yo quise ser amigo de quien me había amenazado, sin razón, ni el tampoco querría reconocer que yo fui siempre un liberal, incapaz de hacer mal alguno por motivos ideológicos. Ahora, al saber que ha fallecido, he rezado por él, aunque, si estuviera vivo tal vez me lo reprochara con tanta vehemencia como lo hizo cuando me sorprendí de que, siendo comunista empedernido, escondiera su sentir hasta el punto de enseñar en la Academia de un Régimen que destacaba por ser el más opuesto al que despertaba su admiración.
Ladron de Guevara, Derechos de la participacion politica
jueves 10 de mayo de 2007
Derecho a la participación política
Ernesto Ladrón de Guevara
U NO de los principios básicos de la democracia, si ésta es realmente gobierno del pueblo y no despotismo, es la participación política. La consagra el artículo 23 de la Constitución española que preserva el derecho a “participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”. Ese derecho tiene una única limitación: la obligación de todos los ciudadanos a respetar los derechos y libertades ajenos. Cuando alguien se aprovecha de un derecho para impedir el ejercicio del mismo derecho por otros, se le debe someter a una suspensión de ese derecho a fin de garantizar las libertades públicas. Es el caso de los seguidores de ETA que tratan de subvertir el orden constitucional dinamitándolo desde dentro. Las ideas son legítimas con un solo límite: el respeto a la dignidad humana. Este preámbulo lo escribo al hilo de algo que he vivido en primera persona estos días con ocasión de la presentación de candidaturas ante las juntas electorales respectivas. Nuevamente he caído en la tentación de implicarme en una idea ilusionante: regenerar una democracia en estado de esclerosis profunda. Para ello, sin concurrir en primera persona a las elecciones, me he prestado a representar unas candidaturas electorales de una opción política que apuesta decididamente por medidas correctoras para frenar la degradación en caída libre de nuestro sistema político. Voy a referir hechos objetivos. Al inicio del proceso de presentación de las listas, miembros de la Junta Electoral me dijeron que no había que presentar certificado del censo o empadronamiento, cosa que fue falsa a la luz de la ley para las elecciones a Juntas Generales de Álava. El siguiente hito, una vez elaboradas las listas fue una llamada de una persona de la Junta Electoral que me requirió a corregir el último tramo de la lista a las Juntas Generales, para que fuera paritaria, es decir que tuviera un hombre y una mujer y no dos hombres, y se nos afirmó –siempre de forma oral- que los suplentes no entraban en este planteamiento. Corregimos el defecto, pusimos un hombre y una mujer, y remitimos el cambio junto a un escrito en el que reflejábamos el requerimiento de la Junta y los cambios referidos. Cual fue nuestra sorpresa, cuando, finalizado el plazo de subsanamiento de defectos en las listas, y sin mediar requerimiento ni advertencia alguna, la Junta Electoral nos notifica que en su resolución nos privaba de nuestro derecho a presentar la candidatura sobre la base de que los candidatos suplentes no cumplían la ley de paridad, puesto que presentábamos dos hombres y una sola mujer. Es decir, que se nos priva de presentar la candidatura sobre la base de una interpretación de las leyes electorales, sin darnos lugar a poder hacer las subsanaciones pertinentes pues podríamos hacerlo al tener reservas suficientes para ello. Dicho de otra forma: se nos deja fuera de la liza electoral sin darnos ocasión a resolver una mera cuestión de forma. Yo simplemente reflexiono al respecto: ¿qué es más importante: una cuestión formal o una material? ¿Qué es más importante: el derecho constitucional a la participación política o una razón que puede ser resuelta por un mero trámite de comunicación por escrito de la Junta para que puedan subsanarse elementos de naturaleza formal? Eso lo he vivido yo estos días. Es un buen motivo de reflexión respecto al sistema en el que estamos, con graves carencias democráticas. Puede ser que la mayoría de la población se encuentre cómoda en un sistema despótico. Yo no. Por razones de ética política.
Derecho a la participación política
Ernesto Ladrón de Guevara
U NO de los principios básicos de la democracia, si ésta es realmente gobierno del pueblo y no despotismo, es la participación política. La consagra el artículo 23 de la Constitución española que preserva el derecho a “participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”. Ese derecho tiene una única limitación: la obligación de todos los ciudadanos a respetar los derechos y libertades ajenos. Cuando alguien se aprovecha de un derecho para impedir el ejercicio del mismo derecho por otros, se le debe someter a una suspensión de ese derecho a fin de garantizar las libertades públicas. Es el caso de los seguidores de ETA que tratan de subvertir el orden constitucional dinamitándolo desde dentro. Las ideas son legítimas con un solo límite: el respeto a la dignidad humana. Este preámbulo lo escribo al hilo de algo que he vivido en primera persona estos días con ocasión de la presentación de candidaturas ante las juntas electorales respectivas. Nuevamente he caído en la tentación de implicarme en una idea ilusionante: regenerar una democracia en estado de esclerosis profunda. Para ello, sin concurrir en primera persona a las elecciones, me he prestado a representar unas candidaturas electorales de una opción política que apuesta decididamente por medidas correctoras para frenar la degradación en caída libre de nuestro sistema político. Voy a referir hechos objetivos. Al inicio del proceso de presentación de las listas, miembros de la Junta Electoral me dijeron que no había que presentar certificado del censo o empadronamiento, cosa que fue falsa a la luz de la ley para las elecciones a Juntas Generales de Álava. El siguiente hito, una vez elaboradas las listas fue una llamada de una persona de la Junta Electoral que me requirió a corregir el último tramo de la lista a las Juntas Generales, para que fuera paritaria, es decir que tuviera un hombre y una mujer y no dos hombres, y se nos afirmó –siempre de forma oral- que los suplentes no entraban en este planteamiento. Corregimos el defecto, pusimos un hombre y una mujer, y remitimos el cambio junto a un escrito en el que reflejábamos el requerimiento de la Junta y los cambios referidos. Cual fue nuestra sorpresa, cuando, finalizado el plazo de subsanamiento de defectos en las listas, y sin mediar requerimiento ni advertencia alguna, la Junta Electoral nos notifica que en su resolución nos privaba de nuestro derecho a presentar la candidatura sobre la base de que los candidatos suplentes no cumplían la ley de paridad, puesto que presentábamos dos hombres y una sola mujer. Es decir, que se nos priva de presentar la candidatura sobre la base de una interpretación de las leyes electorales, sin darnos lugar a poder hacer las subsanaciones pertinentes pues podríamos hacerlo al tener reservas suficientes para ello. Dicho de otra forma: se nos deja fuera de la liza electoral sin darnos ocasión a resolver una mera cuestión de forma. Yo simplemente reflexiono al respecto: ¿qué es más importante: una cuestión formal o una material? ¿Qué es más importante: el derecho constitucional a la participación política o una razón que puede ser resuelta por un mero trámite de comunicación por escrito de la Junta para que puedan subsanarse elementos de naturaleza formal? Eso lo he vivido yo estos días. Es un buen motivo de reflexión respecto al sistema en el que estamos, con graves carencias democráticas. Puede ser que la mayoría de la población se encuentre cómoda en un sistema despótico. Yo no. Por razones de ética política.
Oscar Molina, Por la de en medio
jueves 10 de mayo de 2007
Por la de en medio
Óscar Molina
A lo largo de treinta años de vida política española en democracia han existido multitud de debates más o menos enconados que se han ido resolviendo al gusto de unos u otros sin que la mayoría de ellos haya acabando derramando sangre sobre el río de la convivencia. Así ha ocurrido con la generalidad, pero no con todos. Ha habido controversias que sí han traído exclusión, humillación, pena, llanto y sangre a algunos españoles a manos de otros. Las motivadas por los nacionalismos. Si buscamos un denominador común en las situaciones más o menos colectivas que hayan generado muerte y sufrimiento en España por razones políticas, siempre hallaremos que detrás de ellas se encuentra la causa nacionalista. En toda pequeña o grande historia española de asesinatos, secuestros o extorsiones llevadas a cabo por quienes desean obtener réditos políticos de sus acciones subyace el mito de una patria mitificada que pretende situarse por encima del individuo y a un nacionalista dispuesto a apretar el gatillo por ella. En España se ha porfiado por el modelo social, por reconversiones industriales, por los derechos de los homosexuales, por la política educativa, por el aborto, por el curso de los ríos, por la pertenencia a la OTAN, por el papel de la Iglesia, por el divorcio, por la corrupción de unos, por el empeño de otros en alinearse con los Estados Unidos en una guerra, por un barco hundido, por…pero hasta ahora nadie ha matado, secuestrado o chantajeado a otros por nada de esto. Se han podido dar ejemplos más o menos edificantes, se han podido desvelar deslealtades o exhibir conductas más o menos decorosas, es cierto. Pero nada que lleve el adjetivo de político ha traído a España los padecimientos que el nacionalismo lleva tradicionalmente debajo del brazo. No hay que irse ni siquiera al extremo de hablar de muertos. Sólo el nacionalismo es y ha sido capaz de decretar la muerte civil y el vacío social de personas concretas e individuales por no plegarse a los supremos dictados de los portadores de presuntos valores eternos. Es la única idea legalizada que decreta la superioridad de los derechos de una entelequia, la patria soñada y mitificada, sobre los del individuo. Es un islote ideológico con un altar en el que se celebran sacrificios unitarios en aras de un bien comunal. La inmolación literal de personas, pero también el asesinato de la libertad de expresión más fundamental, apuñalada cada vez que se multa a alguien por no rotular en catalán; el martirio de la Razón más básica, cada vez que algún coadjutor de los sumos sacerdotes enseña a unos niños, que no tienen más patria que el gol, ni más sueño que un futuro de ovaciones, a odiar un himno vestidos de futbolistas. El único discurso capaz de hacer a alguien sentirse extranjero en su casa, si no comulga cada puñetero día en que alguno de los santones de la cosa da una homilía o interpreta “ex cátedra” la sarta de majaderías que convierten a la noche de los tiempos en el origen de todo por lo que vale la pena hacer sufrir. El único portador autorizado del “tipex” de la Historia, y del leño con que se ha de volver a escribir. España es una nación con los problemas e inquietudes de cualquier otra de su tiempo, pero sufre una enfermedad degenerativa con pronóstico fatal que nadie se atreve a diagnosticar, y mucho menos a tratar: el nacionalismo. Esta dolencia letal no ha traído ni tolerancia, ni respeto, ni felicidad ni prosperidad. Al contrario, sólo tiene pegas, y lo peor es que son muy pocos los que hoy podrían tirar por la calle de en medio diciendo de una vez que ya está bien. No hay políticos cuyo anhelo electoral no sea el conseguir una mayoría lo suficientemente amplia como para no tener que sufrir el chantaje de aquellos a quien no se atreven a cerrar la boca. Va siendo hora de que un montón de personas que se encuentran a ambos lados del panorama ideológico y cuentan con el aprecio que les da su coherencia y sentido común, decidan dar un paso adelante para desterrar de una vez el repugnante pasteleo de gobernar España con quien no tiene otro objetivo que destruirla. Si es necesario, tirando por la de en medio y poniendo su nombre y apellidos en listas electorales que no lleven las siglas de siempre. Es imprescindible que en España se hable de si hacemos el Estado más grande o más pequeño, del medio ambiente, de los problemas de los pensionistas, del modelo económico, de relaciones exteriores, de sanidad, de cómo erradicar la pobreza, de inmigración, de acceso a la vivienda, de las ayudas al campo, del paro… de Política, con mayúsculas. Es absolutamente insoportable que todos estos debates se vean interrumpidos por las chorradas de los profetas depositarios de verdades nacionales, “moderados” o radicales. Resulta insufrible ya que el centro de nuestra vida política y social sigan siendo las mentecateces de Carod Rovira, los llamamientos a boicots, los referéndums de Ibarretxe, la legalización electoral del Terror y el olor nauseabundo de las tiparracas de las Tierras Vascas. Y si hay que tirar por la de en medio y hacer temblar a los que, de uno y otro lado, no han sabido o querido poner fin a la sinrazón…pues se tira.
Por la de en medio
Óscar Molina
A lo largo de treinta años de vida política española en democracia han existido multitud de debates más o menos enconados que se han ido resolviendo al gusto de unos u otros sin que la mayoría de ellos haya acabando derramando sangre sobre el río de la convivencia. Así ha ocurrido con la generalidad, pero no con todos. Ha habido controversias que sí han traído exclusión, humillación, pena, llanto y sangre a algunos españoles a manos de otros. Las motivadas por los nacionalismos. Si buscamos un denominador común en las situaciones más o menos colectivas que hayan generado muerte y sufrimiento en España por razones políticas, siempre hallaremos que detrás de ellas se encuentra la causa nacionalista. En toda pequeña o grande historia española de asesinatos, secuestros o extorsiones llevadas a cabo por quienes desean obtener réditos políticos de sus acciones subyace el mito de una patria mitificada que pretende situarse por encima del individuo y a un nacionalista dispuesto a apretar el gatillo por ella. En España se ha porfiado por el modelo social, por reconversiones industriales, por los derechos de los homosexuales, por la política educativa, por el aborto, por el curso de los ríos, por la pertenencia a la OTAN, por el papel de la Iglesia, por el divorcio, por la corrupción de unos, por el empeño de otros en alinearse con los Estados Unidos en una guerra, por un barco hundido, por…pero hasta ahora nadie ha matado, secuestrado o chantajeado a otros por nada de esto. Se han podido dar ejemplos más o menos edificantes, se han podido desvelar deslealtades o exhibir conductas más o menos decorosas, es cierto. Pero nada que lleve el adjetivo de político ha traído a España los padecimientos que el nacionalismo lleva tradicionalmente debajo del brazo. No hay que irse ni siquiera al extremo de hablar de muertos. Sólo el nacionalismo es y ha sido capaz de decretar la muerte civil y el vacío social de personas concretas e individuales por no plegarse a los supremos dictados de los portadores de presuntos valores eternos. Es la única idea legalizada que decreta la superioridad de los derechos de una entelequia, la patria soñada y mitificada, sobre los del individuo. Es un islote ideológico con un altar en el que se celebran sacrificios unitarios en aras de un bien comunal. La inmolación literal de personas, pero también el asesinato de la libertad de expresión más fundamental, apuñalada cada vez que se multa a alguien por no rotular en catalán; el martirio de la Razón más básica, cada vez que algún coadjutor de los sumos sacerdotes enseña a unos niños, que no tienen más patria que el gol, ni más sueño que un futuro de ovaciones, a odiar un himno vestidos de futbolistas. El único discurso capaz de hacer a alguien sentirse extranjero en su casa, si no comulga cada puñetero día en que alguno de los santones de la cosa da una homilía o interpreta “ex cátedra” la sarta de majaderías que convierten a la noche de los tiempos en el origen de todo por lo que vale la pena hacer sufrir. El único portador autorizado del “tipex” de la Historia, y del leño con que se ha de volver a escribir. España es una nación con los problemas e inquietudes de cualquier otra de su tiempo, pero sufre una enfermedad degenerativa con pronóstico fatal que nadie se atreve a diagnosticar, y mucho menos a tratar: el nacionalismo. Esta dolencia letal no ha traído ni tolerancia, ni respeto, ni felicidad ni prosperidad. Al contrario, sólo tiene pegas, y lo peor es que son muy pocos los que hoy podrían tirar por la calle de en medio diciendo de una vez que ya está bien. No hay políticos cuyo anhelo electoral no sea el conseguir una mayoría lo suficientemente amplia como para no tener que sufrir el chantaje de aquellos a quien no se atreven a cerrar la boca. Va siendo hora de que un montón de personas que se encuentran a ambos lados del panorama ideológico y cuentan con el aprecio que les da su coherencia y sentido común, decidan dar un paso adelante para desterrar de una vez el repugnante pasteleo de gobernar España con quien no tiene otro objetivo que destruirla. Si es necesario, tirando por la de en medio y poniendo su nombre y apellidos en listas electorales que no lleven las siglas de siempre. Es imprescindible que en España se hable de si hacemos el Estado más grande o más pequeño, del medio ambiente, de los problemas de los pensionistas, del modelo económico, de relaciones exteriores, de sanidad, de cómo erradicar la pobreza, de inmigración, de acceso a la vivienda, de las ayudas al campo, del paro… de Política, con mayúsculas. Es absolutamente insoportable que todos estos debates se vean interrumpidos por las chorradas de los profetas depositarios de verdades nacionales, “moderados” o radicales. Resulta insufrible ya que el centro de nuestra vida política y social sigan siendo las mentecateces de Carod Rovira, los llamamientos a boicots, los referéndums de Ibarretxe, la legalización electoral del Terror y el olor nauseabundo de las tiparracas de las Tierras Vascas. Y si hay que tirar por la de en medio y hacer temblar a los que, de uno y otro lado, no han sabido o querido poner fin a la sinrazón…pues se tira.
Jose Melendez, Vuelven los "corrutos"
jueves 10 de mayo de 2007
Vuelven los ‘corrutos’
José Meléndez
L A corrupción fue el factor principal que hundió al gobierno socialista de Felipe González, poniendo un feo broche a una dilatada etapa de nuestra Transición que tuvo bastantes mas luces que sombras en su conjunto y aunque hace tiempo que dejó de ocupar los primeros lugares en los baremos que miden las inquietudes y preocupaciones ciudadanas, es un tema recurrente en los períodos electorales, que los partidos manejan conforme le vaya mejor a sus intereses. En estos días previos a las elecciones municipales, forales y autonómicas del próximo mes de mayo, se han producido tres hechos, dos de los cuales son una prueba irrefutable de adonde pueden llegar unos políticos desaprensivos con tal de asestar un golpe dañino al adversario en los momentos en los que el electorado está comenzando a pensar la dirección que le dará a su voto: el fallo de la Audiencia Nacional sentenciando que no hubo ningún tipo de delito en el sonoro caso del “fraude del lino” denunciado y alimentado por el entonces presidente autonómico de Castilla La Mancha, José Bono, en vísperas de las elecciones de 1.993 y el rechazo del Juzgado de Instrucción de Melilla a la denuncia de fraude electoral interpuesta por el PSOE contra el Partido Popular melillense que había encargado a una imprenta impresos de solicitud de voto por correo. En el caso del lino, la sentencia dictada ocho años después de iniciarse el proceso, llega demasiado tarde para tres de los acusados, porque tanto Loyola de Palacio, a la sazón ministra de Agricultura como Carlos Moro ex delegado del gobierno en Castilla la Mancha y la esposa de éste están muertos, pero para los otros 15 acusados que siguen vivos, con Nicolás López de Coca, ex presidente del Fondo de Garantía Agraria al frente, la absolución significa dejar sus nombres limpios y poner en evidencia la falsedad de la trama urdida por el PSOE en torno a una delictiva apropiación de los fondos comunitarios que la Unión Europea destina a subvenciones para el cultivo del lino. Según unas recientes declaraciones de López de Coca en la prensa, la trama fue ideada y llevada a cabo por José Bono con la colaboración del fiscal Carlos Martínez Villarejo, que dirigía la Fiscalía Anticorrupción y del juez Baltasar Garzón contra el que López Coca planea querellarse por prevaricación, pues su instrucción fue tan irregular que el tribunal lo dejó fuera de la causa el primer día del juicio. El caso de Melilla es actual y a pesar de las frases hirientes y los gestos escandalizados de Pepiño Blanco y otros dirigentes socialistas al denunciar lo que calificaron de “intento rechazable de pucherazo electoral”, el Juzgado ha sentenciado que no hay tal delito y ha sobreseído la causa, dejando a los acusadores con el antifonario al aire. Sabido es el empeño de Pepiño Blanco de acusar de “corrutos” a los del PP a la más mínima oportunidad y de sus constantes afirmaciones de que esa especie ya está extinguida en las filas socialistas. Pero como los hechos son tercos, ahora resulta que sale a la luz un caso de corrupción por sobornos para cobrar comisiones a cambio de favores inmobiliarios en Ibiza y que el nombre del propio Pepiño está mezclado en el asunto. Y la denuncia parte precisamente de un ex vicepresidente y dos ex concejales del PSOE en Ibiza, que exhiben una batería de cintas con conversaciones comprometedoras, en las que se habla y se imparten órdenes para el cobro de comisiones a una empresa constructora que, curiosamente, lleva trabajando quince años en municipios regidos por el PSOE y era la favorita de las suculentas concesiones que hacía Luis Roldán cuando se aprovechaba en beneficio propio de su cargo de director de la Guardia Civil. La reacción del PSOE a este nuevo caso de supuesta corrupción tiene esta vez un matiz original, porque además de echarle la culpa al PP como parece obligatorio, culpa también a las mafias del crimen organizado, como si los descendientes de Al Capote se hubieran dado una vuelta de vacaciones por las islas pitusas. Así se expresó el responsable de Política Municipal del PSOE, Alvaro Cuesta, -el que, no hace mucho, afirmó que Batasuna no concurriría a las elecciones municipales ni vestida de lagarterana- al salir en defensa de Pepiño Blanco, asegurando que “es una maniobra del crimen organizado para desprestigiarlo”. El propio Blanco, que se fue a Ibiza a agarrar el toro por los cuernos, fue mas concreto y culpó a la “poderosa influencia de Abel Matutes en Ibiza” de lo que considera que es una manipulación generada por unos ex concejales socialistas despechados y aprovechada por el PP, que hasta ahora se ha limitado a pedir explicaciones sobre el caso. Es un hecho cierto que la corrupción ha vuelto en estos tres últimos años a la política española, con casos tan ruidosos y evidentes como Marbella y Ciempozuelos. Es cierto también que los dos grandes partidos políticos –y algunos pequeños- se cruzan acusaciones en este sentido. Y es cierto también que los que están procesados y están o han estado encarcelados por esos delitos pertenecen al PSOE. Antes y ahora. Son, por lo tanto, los socialistas, los que tienen que hacer una honesta y severa revisión de sus políticas municipales y una cuidada selección de las personas que ponen en situación de disponer del dinero público, en vez de limitarse a culpar al bando contrario. El candidato a la Comunidad de Madrid, Rafael Simancas, lleva desde que se quedó compuesto y sin presidencia por culpa del “tamayazo” acusando al Partido Popular de una “trama inmobiliaria” en la Comunidad y hasta ahora, en estos tres años, la única trama, y bien grande, que se ha probado es la de los dos ex alcaldes socialistas de Ciempozuelos. Desde que los maletines alemanes de Flick circulaban entre el partido Socialdemócrata alemán y el partido que un entonces melenudo y joven Felipe González luchaba por ponerlo a la cabeza de la oposición democrática, el historial del PSOE está lleno de casos de corrupción, la mayoría de las veces protagonizados por personas para su propio beneficio, como Rafael Vera, Luís Roldán o el navarro Irralburu, pero también por el afán de conseguir una financiación añadida del partido por cauces fuera de la legalidad, como el caso de Filesa, el Ave o los manejos de un Galeote que desapareció de la política llevándose la llave de su despacho en Ferraz, en el que nunca pudo entrar un juez, no sin antes recomendar que lo que había que hacer era “comenzar a repartir h...”. Y eso ha de cambiarse. Rodríguez Zapatero, que hace un par de semanas sin ir más lejos prometió luchar contra la corrupción “venga de donde venga”, debe darle a esa promesa todo el valor que representa para la buena salud democrática de nuestro país y no dejarla reducida a una mas de sus frases biensonantes sin mas consecuencias que su demagógico eco.
Vuelven los ‘corrutos’
José Meléndez
L A corrupción fue el factor principal que hundió al gobierno socialista de Felipe González, poniendo un feo broche a una dilatada etapa de nuestra Transición que tuvo bastantes mas luces que sombras en su conjunto y aunque hace tiempo que dejó de ocupar los primeros lugares en los baremos que miden las inquietudes y preocupaciones ciudadanas, es un tema recurrente en los períodos electorales, que los partidos manejan conforme le vaya mejor a sus intereses. En estos días previos a las elecciones municipales, forales y autonómicas del próximo mes de mayo, se han producido tres hechos, dos de los cuales son una prueba irrefutable de adonde pueden llegar unos políticos desaprensivos con tal de asestar un golpe dañino al adversario en los momentos en los que el electorado está comenzando a pensar la dirección que le dará a su voto: el fallo de la Audiencia Nacional sentenciando que no hubo ningún tipo de delito en el sonoro caso del “fraude del lino” denunciado y alimentado por el entonces presidente autonómico de Castilla La Mancha, José Bono, en vísperas de las elecciones de 1.993 y el rechazo del Juzgado de Instrucción de Melilla a la denuncia de fraude electoral interpuesta por el PSOE contra el Partido Popular melillense que había encargado a una imprenta impresos de solicitud de voto por correo. En el caso del lino, la sentencia dictada ocho años después de iniciarse el proceso, llega demasiado tarde para tres de los acusados, porque tanto Loyola de Palacio, a la sazón ministra de Agricultura como Carlos Moro ex delegado del gobierno en Castilla la Mancha y la esposa de éste están muertos, pero para los otros 15 acusados que siguen vivos, con Nicolás López de Coca, ex presidente del Fondo de Garantía Agraria al frente, la absolución significa dejar sus nombres limpios y poner en evidencia la falsedad de la trama urdida por el PSOE en torno a una delictiva apropiación de los fondos comunitarios que la Unión Europea destina a subvenciones para el cultivo del lino. Según unas recientes declaraciones de López de Coca en la prensa, la trama fue ideada y llevada a cabo por José Bono con la colaboración del fiscal Carlos Martínez Villarejo, que dirigía la Fiscalía Anticorrupción y del juez Baltasar Garzón contra el que López Coca planea querellarse por prevaricación, pues su instrucción fue tan irregular que el tribunal lo dejó fuera de la causa el primer día del juicio. El caso de Melilla es actual y a pesar de las frases hirientes y los gestos escandalizados de Pepiño Blanco y otros dirigentes socialistas al denunciar lo que calificaron de “intento rechazable de pucherazo electoral”, el Juzgado ha sentenciado que no hay tal delito y ha sobreseído la causa, dejando a los acusadores con el antifonario al aire. Sabido es el empeño de Pepiño Blanco de acusar de “corrutos” a los del PP a la más mínima oportunidad y de sus constantes afirmaciones de que esa especie ya está extinguida en las filas socialistas. Pero como los hechos son tercos, ahora resulta que sale a la luz un caso de corrupción por sobornos para cobrar comisiones a cambio de favores inmobiliarios en Ibiza y que el nombre del propio Pepiño está mezclado en el asunto. Y la denuncia parte precisamente de un ex vicepresidente y dos ex concejales del PSOE en Ibiza, que exhiben una batería de cintas con conversaciones comprometedoras, en las que se habla y se imparten órdenes para el cobro de comisiones a una empresa constructora que, curiosamente, lleva trabajando quince años en municipios regidos por el PSOE y era la favorita de las suculentas concesiones que hacía Luis Roldán cuando se aprovechaba en beneficio propio de su cargo de director de la Guardia Civil. La reacción del PSOE a este nuevo caso de supuesta corrupción tiene esta vez un matiz original, porque además de echarle la culpa al PP como parece obligatorio, culpa también a las mafias del crimen organizado, como si los descendientes de Al Capote se hubieran dado una vuelta de vacaciones por las islas pitusas. Así se expresó el responsable de Política Municipal del PSOE, Alvaro Cuesta, -el que, no hace mucho, afirmó que Batasuna no concurriría a las elecciones municipales ni vestida de lagarterana- al salir en defensa de Pepiño Blanco, asegurando que “es una maniobra del crimen organizado para desprestigiarlo”. El propio Blanco, que se fue a Ibiza a agarrar el toro por los cuernos, fue mas concreto y culpó a la “poderosa influencia de Abel Matutes en Ibiza” de lo que considera que es una manipulación generada por unos ex concejales socialistas despechados y aprovechada por el PP, que hasta ahora se ha limitado a pedir explicaciones sobre el caso. Es un hecho cierto que la corrupción ha vuelto en estos tres últimos años a la política española, con casos tan ruidosos y evidentes como Marbella y Ciempozuelos. Es cierto también que los dos grandes partidos políticos –y algunos pequeños- se cruzan acusaciones en este sentido. Y es cierto también que los que están procesados y están o han estado encarcelados por esos delitos pertenecen al PSOE. Antes y ahora. Son, por lo tanto, los socialistas, los que tienen que hacer una honesta y severa revisión de sus políticas municipales y una cuidada selección de las personas que ponen en situación de disponer del dinero público, en vez de limitarse a culpar al bando contrario. El candidato a la Comunidad de Madrid, Rafael Simancas, lleva desde que se quedó compuesto y sin presidencia por culpa del “tamayazo” acusando al Partido Popular de una “trama inmobiliaria” en la Comunidad y hasta ahora, en estos tres años, la única trama, y bien grande, que se ha probado es la de los dos ex alcaldes socialistas de Ciempozuelos. Desde que los maletines alemanes de Flick circulaban entre el partido Socialdemócrata alemán y el partido que un entonces melenudo y joven Felipe González luchaba por ponerlo a la cabeza de la oposición democrática, el historial del PSOE está lleno de casos de corrupción, la mayoría de las veces protagonizados por personas para su propio beneficio, como Rafael Vera, Luís Roldán o el navarro Irralburu, pero también por el afán de conseguir una financiación añadida del partido por cauces fuera de la legalidad, como el caso de Filesa, el Ave o los manejos de un Galeote que desapareció de la política llevándose la llave de su despacho en Ferraz, en el que nunca pudo entrar un juez, no sin antes recomendar que lo que había que hacer era “comenzar a repartir h...”. Y eso ha de cambiarse. Rodríguez Zapatero, que hace un par de semanas sin ir más lejos prometió luchar contra la corrupción “venga de donde venga”, debe darle a esa promesa todo el valor que representa para la buena salud democrática de nuestro país y no dejarla reducida a una mas de sus frases biensonantes sin mas consecuencias que su demagógico eco.
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