miercoles 26 de diciembre de 2007
Zapatero echa al independiente Marín
Wifredo Espina
D E forma humillante y a destiempo, Zapatero ha echado a Marín de la presidencia de las Cortes. Soberbio talante, que intenta ocultar un talante de soberbia malamente enmascarado, con cierto éxito, por una sonrisa de plástico y una pose engañosamente humilde. Lo que no ha sabido hacer, quizás porque no le es propio, el Registrador de la Propiedad, el aparente adusto Rajoy. A destiempo y de forma humillante Zapatero ha puesto virtualmente en la calle al presidente del Congreso, Manuel Marín, porque no ha esperado las elecciones de marzo ni su resultado para proclamar proféticamente que será sustituido por José Bono, personaje tan respetable como sinuoso, que le puede dar votos del sector moderado. Lógicamente, Manuel Marín se ha sentido profundamente dolido, hasta anunciar que abandona la política, deseando al pleno del Congreso que la próxima legislatura no sea “tan dura y ruda” como la que le ha tocado presidir. Y ha sentido la necesidad de reivindicar su “independencia y autonomía de decisión” ante el feo que le ha hecho Zapatero. "Durante esta Legislatura –ha dicho- yo he querido mantener en todo momento mi principio de independencia y de autonomía de decisión, y yo sé que lo he hecho en muchos momentos con energía, e incluso con vehemencia", sabiendo que "en la vida, actuando con independencia y autonomía de criterio, inevitablemente entraba en el espacio de los roces". Podrá valorarse distintamente, creo que positivamente, la actuación de Marín como presidente de la Cámara, y la adecuación al cargo de su “energia y vehemencia” en algunos momentos de esta legislatura “dura y ruda”. Pero su esfuerzo de independencia y autonomía de criterio y decisión es de agradecer y encomiable. No es ningún despropósito dudar que lo pueda ocurrir con el sinuoso José Bono, si es que llegara a presidir las Cortes. Su talante de sensato y bonachón no logra tapar sus mañiciosas astucias y mentirijillas con agua bendita. Hojalá en todas las instancias de la política institucional predominara este espíritu y esfuerzo de “independencia y autonomia de criterio y decisión” de que ha hecho gala Marín. Y también, naturalmente, en todos los cargos y organismos de los medios de comunicación públicos (televisiones y radios estatales y autonómicas), La voracidad de los partidos y el partidismo de sus personajes hacen generalmente lo contrario. La tensa situación creada en ocasión de los nombramientos de los altos cargos para la televisión y las radios catalanas, con componendas secretas entre partidos para colocar a sus hombres de confianza o comisarios políticos, no auguran ninguna esperanza.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4344
miércoles, diciembre 26, 2007
Felix Arbolí, La Navidad que llegó en patera
miercoles 26 de diciembre de 2007
La Navidad que llegó en patera
Félix Arbolí
HACE 2007 AÑOS LA noche es fría y lluviosa. Hasta las estrellas se sienten ateridas y no se atreven a salir. La luna cierra sus ventanas, que dicen los que han estado allá que son cráteres y montañas, y oculta su cara a la gélida mirada de la Tierra. Por los caminos nevados no se ve ni humano ni animal alguno. Es un verdadero suicidio intentar abandonar el confortable domicilio familiar, donde troncos y estufas caldean a los afortunados que tienen donde cobijarse y esperar tiempos mejores. El llanto de un bebé, que cesa rápido, descubre la presencia de una vida que acaba de iniciar sus primeros balbuceos en este mundo. La voz cálida y entrañable de la madre hablando a su pequeño retoño con los ojos y el alma más que con la boca, mientras le da el pecho amorosamente, rompe el silencio e interrumpe las quejas infantiles. Hasta el exterior llega el placentero influjo de ese improvisado hogar rural donde se advierte que hay paz y bien. Acaba de producirse el nacimiento del deseado hijo, que adelantándose a las fechas previstas los sorprende en plena travesía camino de la ciudad. La feliz pareja da las gracias a Dios por el enorme regalo recibido que ya duerme de nuevo placidamente en una improvisada camita que el padre hace sobre el pesebre donde deben comer los animales que se hallan en un rincón de la estancia. Han decidido llamarle Jesús, que significa salvación, porque ven milagroso que se haya salvado de morir en un parto tan difícil y en noche tan intempestiva. La tempestad y la nieve les han cogido a mitad de su destino. Hasta el refugio, atraídos por la luz de la fogata que el padre ha encendido en su interior, se acercan unos señores muy importantes que van en dirección a la ciudad, invitados a la fiesta que organiza el gobernador de la misma. Ante tan insólita y emotiva escena felicitan gratamente sorprendidos a la familia y no teniendo otra cosa en ese momento que regalar al recién nacido, le dan dinero a los padres y esparcen unos polvos sobre el fuego para que purifique y aromatice el ambiente. Una esencia en esos tiempos excesivamente cara y muy difícil de obtener, que ellos llevaban para ofrecer a su ilustre anfitrión. Son personas de enorme prestigio y sabiduría que realizan tan largo viaje gracias a sus medios económicos que les permiten viajar sin contratiempos en vuelos que ahora se llaman supersónicos. El padre del recién nacido es un buen escultor de la madera, aunque él modestamente se califique como carpintero y la madre, aunque actualmente venida a menos, pertenece a una noble familia emparentada con antiguas dinastía reales. Desde la llegada de esta milagrosa criatura parecen sonar músicas y cánticos que llegan de los árboles, arroyos y ramajes circundantes. Todo se convierte en un delicioso arrullo musical. Hasta el mismo cielo parece querer participar en el evento. Deja de llover y aparece una gran estrella iluminando la profunda oscuridad invernal, que desde entonces es la que vemos brillar con mayor intensidad cada noche en nuestro firmamento. Los elementos de la Naturaleza tan violentamente desatados, parecen contagiarse ante el suceso y el trueno y el relámpago cesan sorprendentemente. La noche, inexplicablemente, luce espléndida. ÉPOCA ACTUAL APROVECHANDO la oscuridad y el hecho de que las fuerzas que vigilan las costas se hallan resguardadas del frío en el interior de sus dependencias y garitas, el matrimonio se dirige rápido tierra adentro desde la playa. En sus ojos se advierte el sufrimiento por la exagerada frialdad de la noche, junto a la emoción de haber alcanzado su desconocido y anhelado paraíso donde ese hijo que ya le da patadas en el vientre a la madre pugnando por salir, pueda iniciar una nueva vida mejor. . Nada más pisar tierra firme, aún con el agua por los tobillos, los veinte pateranos han abandonado la embarcación a toda prisa y se desperdigan como conejos perseguidos por galgos para ocultarse tras la frondosa vegetación que se divisa a escasos metros de la orilla. La oscuridad nocturna le brinda su complicidad para huir y esconderse. En la mar, hundidos en el abismo con sus sueños y aspiraciones, han quedado tres compañeros de aventuras, una mujer y dos hombres. Para los supervivientes fue terrible tener que ver cómo se hundían en ese profundo mar que los liberaba del sufrimiento a costa de arrebatarles su propia vida. Sólo se conocen de la travesía, pero en ese corto viaje en el que la muerte siempre va de compañera, la solidaridad los une con lazos más fuertes aún que los familiares. El hambre y la sed estuvieron a punto de arrebatarles el vigor y las ganas de continuar persiguiendo ese su sueño, pero al llegar a tierra firme y saber que acababan de alcanzar la meta deseada, les ha generado nuevas energías y deseos de vivir. Proceden de un país asolado por el hambre y las guerras tribales, en el que los que están arriba, disfrutando del poder y los privilegios, se afanan en un sistemático genocidio para eliminar a los que no pertenecen a su etnia y nacen en la miseria por nefasto capricho del destino. A nuestros atemorizados fugitivos que corren sin detenerse y se arañan y sangran con las ramas y rastrojos que se cruzan en su huída, les han contado que hay un mundo donde reina la paz, no existe el hambre y se consideran fundamentales los principios de la libertad y dignidad humanas. Algo que les suena a música celestial y cuento de hadas en sus empobrecidas mentes, no por defecto de la naturaleza, sino por no haber tenido la oportunidad de cultivarlas. Acabados de desembarcar junto a sus compañeros de travesía., el matrimonio busca un sitio donde refugiarse. Las lágrimas asoman y se congelan en sus rostros, a causa del dolor y la rabia de tener que abandonar patria, familia y compañeros, la emoción de llegar a ese lugar del que tanto y bueno le han contado y el tremendo frío que penetra en sus ojos desmesuradamente abiertos y asustados. Árboles, hojarasca y nieve, mucha nieve, constituye su entorno, el camino a recorrer hacia ninguna parte en especial, solo a evitar ser descubiertos y devueltos a su lugar de origen. La madre siente al hijo en su interior y sabe que de un momento a otro abandonará la cálida masa que lo envuelve y protege, para enfrentarse a un mundo desconocido, desagradable, insensible y cruel que es el único que ella conoce. Tan distinto al que ahora disfruta ese hijo. A veces llegó a pensar si no sería mejor para él evitarle tener que soportar esos futuros sufrimientos, pero su instinto materno rechazó la idea de asesinar a su propio hijo. Tiene que ayudarle a nacer, a sufrir, a gozar, llorar y reír. A vivir con todas sus consecuencias buenas y malas. Están calados, hambrientos y fatigados, enormemente fatigados de tan duro peregrinaje y tan dolorosas emociones. Han atravesado el desierto, escalado montañas y hasta comido hierbas y todo tipo de cosas encontradas que les han servido para aplacar el hambre, porque cuando ésta aprieta en demasía no hay tiempo para remilgos a la hora de alimentarse. El mundo que se les presenta a su llegada no parece diferir mucho del que acaban de dejar. Al menos, en el paisaje, el hambre, la sed y el frío que están padeciendo. Sólo les mantiene la esperanza de haber encontrado ese lugar mejor y más seguro, donde su pequeño pueda gozar de una vida con más oportunidades que las que ellos han tenido. . La oquedad de una roca, tapada posteriormente con ramas y hojas que ha reunido el hombre, les sirve de albergue para pasar la noche, aminorando la inclemencia del tiempo e intentando un merecido y necesario descanso. Las desgracias nunca vienen solas y cuando menos se espera, llega la sorpresa. A la madre por efectos del accidentado viaje y tantas emociones y sufrimientos padecidos, se le adelanta el parto. Sus gritos quedan apagados por los cánticos y la música que llegan de algún lugar cercano donde se debe estar celebrando una fiesta. El pobre marido, obligado por las circunstancias, ayuda a su mujer como puede, intentando que ese hijo haga un aterrizaje feliz en la nueva patria. Allá en su tierra, no es fácil encontrar ayuda especializada y hombres y niños tienen que asistir a familiares y vecinos en estos trances. A duras penas y esfuerzos por parte de él, y exclamaciones de dolor y contorsiones por parte de ella, se desarrolla el imprevisto parto y un pequeñajo rompe al fin la barrera que lo mantenía unido a la madre y en un llanto terco y sonoro, inicia su aventura vital. El padre sudoroso y feliz, aunque atemorizado, intenta calentar la frialdad del ambiente con una fogata de hojas, ramajes y cuantos rastrojos ha podido acumular de los alrededores. La pareja y su recién nacido se hacinan para darse mutuo calor y el pequeño no tarda mucho en engancharse al pecho de la madre y chupar ese caldo de vida que ella le proporciona, hasta quedar dormido y satisfecho. Acostado en su cunita un pequeñajo que no hace mucho ha llegado a este mundo, gorjea feliz y sonriente, mientras se empeña con gran dificultad en manosear y “saborear” un cervatillo de peluche que le acaban de regalar unos ancianos con barbas y largas y lujosas túnicas que le visitan en el hospital. Se disfruta de confortable calor en la habitación, toda blanca y adornadas sus paredes con dibujos infantiles de animales, estrellas y flores, donde se alinean varias cunitas con bebes, aunque la de él destaca de forma especial por sus rizados cabellos y su negra piel. Sus padres le miran a través de los cristales y en sus ojos asoman convertidas en lágrimas la felicidad y la gratitud. Llevan ya dos semanas recibiendo las atenciones y cuidados por parte de esas personas uniformadas de las que les indicaron debían huir y ocultarse. Recuerdan emocionados la noche de su llegada en la que el resplandor de la hoguera descubre su improvisada cueva-paritorio y se encuentran rodeados por un grupo de hombres y mujeres de diferentes vestuarios sorprendidos ante tan insólita y entrañable escena. Rápidamente, con extremados cuidados, les atienden, alimentan y abrigan, haciéndose cargo del bebé que desde entonces disfruta de cuna, calor y solícitas atenciones, para que se restablezca cuanto antes de las precarias condiciones físicas en que nace. Su hallazgo en la Nochebuena, una fecha tan señalada, donde en otra cueva hace poco más dos mil años nace un niño muy especial en idénticas condiciones, les induce a considerar a sus benefactores que de nuevo Jesús ha vuelto a la Tierra para amarnos, redimirnos y hacernos mejores, sin distinción de colores y procedencias. Hay veces que es bonito soñar, aunque sepamos que es solo un sueño. La música que se oye en el recinto hospitalario trae aires navideños y una grata sensación de amor, solidaridad, paz y buenos deseos. Este espíritu, mi querido lector es el que me inspira a escribir esta sencilla fantasía con el sincero deseo de que no solo en estas fiestas tan entrañables , sino a lo largo de todo el año que estamos a punto a iniciar y en el que parecen confluir pésimos augurios, podamos alcanzar la protección de ese Niño cuyo nacimiento seguimos celebrando gozosos y fervorosos los hombres de buena voluntad. .
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4334
La Navidad que llegó en patera
Félix Arbolí
HACE 2007 AÑOS LA noche es fría y lluviosa. Hasta las estrellas se sienten ateridas y no se atreven a salir. La luna cierra sus ventanas, que dicen los que han estado allá que son cráteres y montañas, y oculta su cara a la gélida mirada de la Tierra. Por los caminos nevados no se ve ni humano ni animal alguno. Es un verdadero suicidio intentar abandonar el confortable domicilio familiar, donde troncos y estufas caldean a los afortunados que tienen donde cobijarse y esperar tiempos mejores. El llanto de un bebé, que cesa rápido, descubre la presencia de una vida que acaba de iniciar sus primeros balbuceos en este mundo. La voz cálida y entrañable de la madre hablando a su pequeño retoño con los ojos y el alma más que con la boca, mientras le da el pecho amorosamente, rompe el silencio e interrumpe las quejas infantiles. Hasta el exterior llega el placentero influjo de ese improvisado hogar rural donde se advierte que hay paz y bien. Acaba de producirse el nacimiento del deseado hijo, que adelantándose a las fechas previstas los sorprende en plena travesía camino de la ciudad. La feliz pareja da las gracias a Dios por el enorme regalo recibido que ya duerme de nuevo placidamente en una improvisada camita que el padre hace sobre el pesebre donde deben comer los animales que se hallan en un rincón de la estancia. Han decidido llamarle Jesús, que significa salvación, porque ven milagroso que se haya salvado de morir en un parto tan difícil y en noche tan intempestiva. La tempestad y la nieve les han cogido a mitad de su destino. Hasta el refugio, atraídos por la luz de la fogata que el padre ha encendido en su interior, se acercan unos señores muy importantes que van en dirección a la ciudad, invitados a la fiesta que organiza el gobernador de la misma. Ante tan insólita y emotiva escena felicitan gratamente sorprendidos a la familia y no teniendo otra cosa en ese momento que regalar al recién nacido, le dan dinero a los padres y esparcen unos polvos sobre el fuego para que purifique y aromatice el ambiente. Una esencia en esos tiempos excesivamente cara y muy difícil de obtener, que ellos llevaban para ofrecer a su ilustre anfitrión. Son personas de enorme prestigio y sabiduría que realizan tan largo viaje gracias a sus medios económicos que les permiten viajar sin contratiempos en vuelos que ahora se llaman supersónicos. El padre del recién nacido es un buen escultor de la madera, aunque él modestamente se califique como carpintero y la madre, aunque actualmente venida a menos, pertenece a una noble familia emparentada con antiguas dinastía reales. Desde la llegada de esta milagrosa criatura parecen sonar músicas y cánticos que llegan de los árboles, arroyos y ramajes circundantes. Todo se convierte en un delicioso arrullo musical. Hasta el mismo cielo parece querer participar en el evento. Deja de llover y aparece una gran estrella iluminando la profunda oscuridad invernal, que desde entonces es la que vemos brillar con mayor intensidad cada noche en nuestro firmamento. Los elementos de la Naturaleza tan violentamente desatados, parecen contagiarse ante el suceso y el trueno y el relámpago cesan sorprendentemente. La noche, inexplicablemente, luce espléndida. ÉPOCA ACTUAL APROVECHANDO la oscuridad y el hecho de que las fuerzas que vigilan las costas se hallan resguardadas del frío en el interior de sus dependencias y garitas, el matrimonio se dirige rápido tierra adentro desde la playa. En sus ojos se advierte el sufrimiento por la exagerada frialdad de la noche, junto a la emoción de haber alcanzado su desconocido y anhelado paraíso donde ese hijo que ya le da patadas en el vientre a la madre pugnando por salir, pueda iniciar una nueva vida mejor. . Nada más pisar tierra firme, aún con el agua por los tobillos, los veinte pateranos han abandonado la embarcación a toda prisa y se desperdigan como conejos perseguidos por galgos para ocultarse tras la frondosa vegetación que se divisa a escasos metros de la orilla. La oscuridad nocturna le brinda su complicidad para huir y esconderse. En la mar, hundidos en el abismo con sus sueños y aspiraciones, han quedado tres compañeros de aventuras, una mujer y dos hombres. Para los supervivientes fue terrible tener que ver cómo se hundían en ese profundo mar que los liberaba del sufrimiento a costa de arrebatarles su propia vida. Sólo se conocen de la travesía, pero en ese corto viaje en el que la muerte siempre va de compañera, la solidaridad los une con lazos más fuertes aún que los familiares. El hambre y la sed estuvieron a punto de arrebatarles el vigor y las ganas de continuar persiguiendo ese su sueño, pero al llegar a tierra firme y saber que acababan de alcanzar la meta deseada, les ha generado nuevas energías y deseos de vivir. Proceden de un país asolado por el hambre y las guerras tribales, en el que los que están arriba, disfrutando del poder y los privilegios, se afanan en un sistemático genocidio para eliminar a los que no pertenecen a su etnia y nacen en la miseria por nefasto capricho del destino. A nuestros atemorizados fugitivos que corren sin detenerse y se arañan y sangran con las ramas y rastrojos que se cruzan en su huída, les han contado que hay un mundo donde reina la paz, no existe el hambre y se consideran fundamentales los principios de la libertad y dignidad humanas. Algo que les suena a música celestial y cuento de hadas en sus empobrecidas mentes, no por defecto de la naturaleza, sino por no haber tenido la oportunidad de cultivarlas. Acabados de desembarcar junto a sus compañeros de travesía., el matrimonio busca un sitio donde refugiarse. Las lágrimas asoman y se congelan en sus rostros, a causa del dolor y la rabia de tener que abandonar patria, familia y compañeros, la emoción de llegar a ese lugar del que tanto y bueno le han contado y el tremendo frío que penetra en sus ojos desmesuradamente abiertos y asustados. Árboles, hojarasca y nieve, mucha nieve, constituye su entorno, el camino a recorrer hacia ninguna parte en especial, solo a evitar ser descubiertos y devueltos a su lugar de origen. La madre siente al hijo en su interior y sabe que de un momento a otro abandonará la cálida masa que lo envuelve y protege, para enfrentarse a un mundo desconocido, desagradable, insensible y cruel que es el único que ella conoce. Tan distinto al que ahora disfruta ese hijo. A veces llegó a pensar si no sería mejor para él evitarle tener que soportar esos futuros sufrimientos, pero su instinto materno rechazó la idea de asesinar a su propio hijo. Tiene que ayudarle a nacer, a sufrir, a gozar, llorar y reír. A vivir con todas sus consecuencias buenas y malas. Están calados, hambrientos y fatigados, enormemente fatigados de tan duro peregrinaje y tan dolorosas emociones. Han atravesado el desierto, escalado montañas y hasta comido hierbas y todo tipo de cosas encontradas que les han servido para aplacar el hambre, porque cuando ésta aprieta en demasía no hay tiempo para remilgos a la hora de alimentarse. El mundo que se les presenta a su llegada no parece diferir mucho del que acaban de dejar. Al menos, en el paisaje, el hambre, la sed y el frío que están padeciendo. Sólo les mantiene la esperanza de haber encontrado ese lugar mejor y más seguro, donde su pequeño pueda gozar de una vida con más oportunidades que las que ellos han tenido. . La oquedad de una roca, tapada posteriormente con ramas y hojas que ha reunido el hombre, les sirve de albergue para pasar la noche, aminorando la inclemencia del tiempo e intentando un merecido y necesario descanso. Las desgracias nunca vienen solas y cuando menos se espera, llega la sorpresa. A la madre por efectos del accidentado viaje y tantas emociones y sufrimientos padecidos, se le adelanta el parto. Sus gritos quedan apagados por los cánticos y la música que llegan de algún lugar cercano donde se debe estar celebrando una fiesta. El pobre marido, obligado por las circunstancias, ayuda a su mujer como puede, intentando que ese hijo haga un aterrizaje feliz en la nueva patria. Allá en su tierra, no es fácil encontrar ayuda especializada y hombres y niños tienen que asistir a familiares y vecinos en estos trances. A duras penas y esfuerzos por parte de él, y exclamaciones de dolor y contorsiones por parte de ella, se desarrolla el imprevisto parto y un pequeñajo rompe al fin la barrera que lo mantenía unido a la madre y en un llanto terco y sonoro, inicia su aventura vital. El padre sudoroso y feliz, aunque atemorizado, intenta calentar la frialdad del ambiente con una fogata de hojas, ramajes y cuantos rastrojos ha podido acumular de los alrededores. La pareja y su recién nacido se hacinan para darse mutuo calor y el pequeño no tarda mucho en engancharse al pecho de la madre y chupar ese caldo de vida que ella le proporciona, hasta quedar dormido y satisfecho. Acostado en su cunita un pequeñajo que no hace mucho ha llegado a este mundo, gorjea feliz y sonriente, mientras se empeña con gran dificultad en manosear y “saborear” un cervatillo de peluche que le acaban de regalar unos ancianos con barbas y largas y lujosas túnicas que le visitan en el hospital. Se disfruta de confortable calor en la habitación, toda blanca y adornadas sus paredes con dibujos infantiles de animales, estrellas y flores, donde se alinean varias cunitas con bebes, aunque la de él destaca de forma especial por sus rizados cabellos y su negra piel. Sus padres le miran a través de los cristales y en sus ojos asoman convertidas en lágrimas la felicidad y la gratitud. Llevan ya dos semanas recibiendo las atenciones y cuidados por parte de esas personas uniformadas de las que les indicaron debían huir y ocultarse. Recuerdan emocionados la noche de su llegada en la que el resplandor de la hoguera descubre su improvisada cueva-paritorio y se encuentran rodeados por un grupo de hombres y mujeres de diferentes vestuarios sorprendidos ante tan insólita y entrañable escena. Rápidamente, con extremados cuidados, les atienden, alimentan y abrigan, haciéndose cargo del bebé que desde entonces disfruta de cuna, calor y solícitas atenciones, para que se restablezca cuanto antes de las precarias condiciones físicas en que nace. Su hallazgo en la Nochebuena, una fecha tan señalada, donde en otra cueva hace poco más dos mil años nace un niño muy especial en idénticas condiciones, les induce a considerar a sus benefactores que de nuevo Jesús ha vuelto a la Tierra para amarnos, redimirnos y hacernos mejores, sin distinción de colores y procedencias. Hay veces que es bonito soñar, aunque sepamos que es solo un sueño. La música que se oye en el recinto hospitalario trae aires navideños y una grata sensación de amor, solidaridad, paz y buenos deseos. Este espíritu, mi querido lector es el que me inspira a escribir esta sencilla fantasía con el sincero deseo de que no solo en estas fiestas tan entrañables , sino a lo largo de todo el año que estamos a punto a iniciar y en el que parecen confluir pésimos augurios, podamos alcanzar la protección de ese Niño cuyo nacimiento seguimos celebrando gozosos y fervorosos los hombres de buena voluntad. .
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Amestoy, La Gran Via de Madrid, algo mas que una calle
miercoles 26 de diciembre de 2007
La Gran Vía de Madrid, algo más que una calle
Alfredo Amestoy
H AY varias calles en España que llevan el nombre de Gran Vía. Las cuatro que recuerdo honran a las ciudades que las bautizaron: la de Barcelona, es nada más y nada menos que la calle más larga de nuestro país y quizás de toda Europa; la de Valencia, bella y tan importante que lleva distintos apellidos; la de Granada, un capricho y la Gran Vía de Bilbao…un lujo. Pero la más especial, y no por ser la mayor calle sino “la calle mayor de todas las Españas”, es la Gran Vía de Madrid. Si ya fue peculiar el hecho de que le dedicaran todo un “musical” veinte años antes de que empezara su construcción, no puede sorprender que hoy tenga una “Asociación” que reúne a sus admiradores, igual que los equipos de fútbol tienen sus “hinchas” y los cantantes de moda sus”fans”. La Asociación “Amigos de la Gran Vía de Madrid”, fundada a finales del siglo XX, cumple ahora tres lustros. Inscrita en el Registro de Entidades Ciudadanas, con la categoría de Asociación Cultural, y declarada recientemente Asociación de Utilidad Pública, además de sus fines primordiales, que son reunír a personas o instituciones interesadas en el conocimiento y en estudio de la Gran Vía y en la difusión de sus valores, pretende desarrollar actividades para defender y enaltecer los rasgos y las señas de identidad que caracterizan a esta personalísima calle y que la han hecho tan especial y tan famosa. Pueden ser miembros de esta Asociación tan madrileña todas las personas que presenten una solicitud que avalarán dos socios. Y no im -porta que sean españoles o no, ya que una persona de otra nacionalidad podrá ser miembro Correspondiente. Una asequible cuota anual le convertirá en socio titular que le permitirá asistir a los actos culturales y lúdicos y a las reuniones sociales que organiza la Asociación. La actividad de los Amigos de la Gran Vía no se limita a promover iniciativas y a secundar las que emprendan las Instituciones en favor de la Gran Vía, también organiza concursos de arte, encuentros, homenajes y actos conmemorativos. Los Amigos de la Gran Vía colaboran en mantener el espíritu emprendedor, festivo y solidario que distingue a esta arteria de Madrid que concita tantos afanes y actividades, y colaborarán en la programación para celebrar por todo lo alto en el próximo 2.010 el Centenario del comienzo de las obras que alumbraron la calle. El propósito será, en esta ocasión y siempre, defender y ensalzar la condición de la Gran Vía de primera calle de Madrid y de España…Y, si fuera posible, convertir a la Gran Vía de Madrid en la calle más admirada del mundo. Es un proyecto ambicioso pero no utópico, porque la Gran Vía es la calle más “completa”, más “integral”, entre las calles “famosas” de las grandes ciudades. Y así es. La Quinta Avenida de Nueva York, por ejemplo, no tiene hoteles ni espectáculos. La londinense Oxford Street sólo tiene tiendas. Los Campos Elíseos de París son más un paseo que una calle. La Via Veneto romana, tampoco es una calle “diversa”. Hoy por hoy, la Gran Vía de Madrid está en condiciones de poder presumir de ser, además de simpática, popular, cosmopolita y divertida…”singular y plural”, la calle más “completa” del mundo. La Asociación de Amigos de la Gran Vía se siente muy honrada con recibir y acoger a nuevos socios. La Gran Vía es “mucho más que una calle” y es tan grande que en ella cabemos todos. Asociación Amigos de la Gran Vía. Gran Vía 67, Dp. 425. 28013 Madrid. Telf. 915421235.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4332
La Gran Vía de Madrid, algo más que una calle
Alfredo Amestoy
H AY varias calles en España que llevan el nombre de Gran Vía. Las cuatro que recuerdo honran a las ciudades que las bautizaron: la de Barcelona, es nada más y nada menos que la calle más larga de nuestro país y quizás de toda Europa; la de Valencia, bella y tan importante que lleva distintos apellidos; la de Granada, un capricho y la Gran Vía de Bilbao…un lujo. Pero la más especial, y no por ser la mayor calle sino “la calle mayor de todas las Españas”, es la Gran Vía de Madrid. Si ya fue peculiar el hecho de que le dedicaran todo un “musical” veinte años antes de que empezara su construcción, no puede sorprender que hoy tenga una “Asociación” que reúne a sus admiradores, igual que los equipos de fútbol tienen sus “hinchas” y los cantantes de moda sus”fans”. La Asociación “Amigos de la Gran Vía de Madrid”, fundada a finales del siglo XX, cumple ahora tres lustros. Inscrita en el Registro de Entidades Ciudadanas, con la categoría de Asociación Cultural, y declarada recientemente Asociación de Utilidad Pública, además de sus fines primordiales, que son reunír a personas o instituciones interesadas en el conocimiento y en estudio de la Gran Vía y en la difusión de sus valores, pretende desarrollar actividades para defender y enaltecer los rasgos y las señas de identidad que caracterizan a esta personalísima calle y que la han hecho tan especial y tan famosa. Pueden ser miembros de esta Asociación tan madrileña todas las personas que presenten una solicitud que avalarán dos socios. Y no im -porta que sean españoles o no, ya que una persona de otra nacionalidad podrá ser miembro Correspondiente. Una asequible cuota anual le convertirá en socio titular que le permitirá asistir a los actos culturales y lúdicos y a las reuniones sociales que organiza la Asociación. La actividad de los Amigos de la Gran Vía no se limita a promover iniciativas y a secundar las que emprendan las Instituciones en favor de la Gran Vía, también organiza concursos de arte, encuentros, homenajes y actos conmemorativos. Los Amigos de la Gran Vía colaboran en mantener el espíritu emprendedor, festivo y solidario que distingue a esta arteria de Madrid que concita tantos afanes y actividades, y colaborarán en la programación para celebrar por todo lo alto en el próximo 2.010 el Centenario del comienzo de las obras que alumbraron la calle. El propósito será, en esta ocasión y siempre, defender y ensalzar la condición de la Gran Vía de primera calle de Madrid y de España…Y, si fuera posible, convertir a la Gran Vía de Madrid en la calle más admirada del mundo. Es un proyecto ambicioso pero no utópico, porque la Gran Vía es la calle más “completa”, más “integral”, entre las calles “famosas” de las grandes ciudades. Y así es. La Quinta Avenida de Nueva York, por ejemplo, no tiene hoteles ni espectáculos. La londinense Oxford Street sólo tiene tiendas. Los Campos Elíseos de París son más un paseo que una calle. La Via Veneto romana, tampoco es una calle “diversa”. Hoy por hoy, la Gran Vía de Madrid está en condiciones de poder presumir de ser, además de simpática, popular, cosmopolita y divertida…”singular y plural”, la calle más “completa” del mundo. La Asociación de Amigos de la Gran Vía se siente muy honrada con recibir y acoger a nuevos socios. La Gran Vía es “mucho más que una calle” y es tan grande que en ella cabemos todos. Asociación Amigos de la Gran Vía. Gran Vía 67, Dp. 425. 28013 Madrid. Telf. 915421235.
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Oscar Molina, Habia motivo
miercoles 26 de diciembre de 2007
Había motivo
Óscar Molina
C UANDO la Cofradía de la Pegatina Asimétrica y la Platajunta del Doble Rasero, sección audiovisual, elaboraron su obra “Hay Motivo”, conjugaron el tiempo verbal de manera intencionadamente errónea. Lo más ajustado a la realidad hubiese sido titular al bodrio “Habrá Motivo”. Porque, efectivamente, había motivo, y la hora del motivo ha llegado. Las gargantas enrojecidas por los gritos, las cacerolas furiosamente tañidas, las multitudinarias manifas y las horteras declaraciones llenas de lugares tan comunes como la mayoría de sus obras, apuntaban al desastre de un petrolero, a un “guerra ilegal” o al “gobierno facha”. Accesorios aspectos del motivo que sí había: poder seguir viviendo del cuento. Rentabilizar de alguna manera la recién descubierta capacidad de influir en una parte de la sociedad española a la hora de emitir el voto. Pocas cosas tan peligrosas como un jeta con poder; pocas tan escasamente coherentes como el erigirse en abanderado de la justicia social que merece el pueblo, y luego sisarle cada vez que va a comprar un DVD en el que grabar la boda del cuñado. Estos, los del cordón sanitario, tienen la rara habilidad de predicar para los descamisados y ser creíbles, mientras trenzan la soga que delimita el perímetro de un Olimpo, el suyo, al que el resto de los mortales no podemos acceder sin pasar por caja. Ole sus cojones, porque su excéntrico modo de vida no comprende que la copia privada de cualquier obra está amparada por los derechos fundamentales más simples; porque su soberbia injustificada deslegitima como creación a todo lo que cae fuera del cordón que señala las lindes de su cortijo, y todavía hay quien les escucha, y políticos que les rinden pleitesía. Entregan a colaboradores de los asesinos rosas por la Paz, y con encomiable soltura dejan la mano extendida, palma abierta, esperando la caída del estipendio que viene del cielo del pago político. Se les llenan los ojos de guiños a la rebelión contra lo establecido y luego se afanan por poner puertas al campo y riendas a la mula, que seguro que es de derechas. Concentran todo su esfuerzo en aparecer como cuestionadores eternos de lo normativo para después clamar por el respeto legal a su cordón cuando la cosa les atañe. Alcanzan la cima de lo cansino con autoelogios sobre su talento en exclusivas entregas de premios tornadas en mítines políticos, pero pretenden que su distinguido club sea reconocido como organismo recaudatorio. Hacen películas que la gente ha decidido no pagar por ver y su autocomplacencia, tan herida como injustificada, se subleva y exige que de una manera u otra, alguien se haga cargo de la factura que extendieron aquellos tres días de Marzo y las anteriores, las que empezaron a emitirse cuando tomaron la calle para afeitarnos el bigote reaccionario. Todo para que puedan seguir llevando esa vida regalada, colmada de aquello que produce el sistema al que insultan todos los días, mientras hacen elogios de Sierra Maestra y transforman sus cámaras y micrófonos en una variante fina del subfusil. Para que puedan seguir escupiendo en la comida antes de ponerse ciegos y regalarnos la sobremesa con un eructo gracioso, que suena parecido a “canon”. Si se aprueba la tasa prepárense para verles de nuevo, día sí día también, ropa de faena puesta, pancarta artística en mano, slogan recién parido y motivo recién encontrado, prestos a bajar a la rue para mezclarse con quienes acaban de pagarles por comprarse una impresora. Predispongan su ya agotada capacidad de asombro para volver a leer la palabra de dios en la tierra revelada en forma de manifiesto, elevada declaración vedada a quienes no somos de izquierdas ni pertenecemos al mundo de la cultura. Todo porque había motivo, y para que lo siga habiendo.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4337
Había motivo
Óscar Molina
C UANDO la Cofradía de la Pegatina Asimétrica y la Platajunta del Doble Rasero, sección audiovisual, elaboraron su obra “Hay Motivo”, conjugaron el tiempo verbal de manera intencionadamente errónea. Lo más ajustado a la realidad hubiese sido titular al bodrio “Habrá Motivo”. Porque, efectivamente, había motivo, y la hora del motivo ha llegado. Las gargantas enrojecidas por los gritos, las cacerolas furiosamente tañidas, las multitudinarias manifas y las horteras declaraciones llenas de lugares tan comunes como la mayoría de sus obras, apuntaban al desastre de un petrolero, a un “guerra ilegal” o al “gobierno facha”. Accesorios aspectos del motivo que sí había: poder seguir viviendo del cuento. Rentabilizar de alguna manera la recién descubierta capacidad de influir en una parte de la sociedad española a la hora de emitir el voto. Pocas cosas tan peligrosas como un jeta con poder; pocas tan escasamente coherentes como el erigirse en abanderado de la justicia social que merece el pueblo, y luego sisarle cada vez que va a comprar un DVD en el que grabar la boda del cuñado. Estos, los del cordón sanitario, tienen la rara habilidad de predicar para los descamisados y ser creíbles, mientras trenzan la soga que delimita el perímetro de un Olimpo, el suyo, al que el resto de los mortales no podemos acceder sin pasar por caja. Ole sus cojones, porque su excéntrico modo de vida no comprende que la copia privada de cualquier obra está amparada por los derechos fundamentales más simples; porque su soberbia injustificada deslegitima como creación a todo lo que cae fuera del cordón que señala las lindes de su cortijo, y todavía hay quien les escucha, y políticos que les rinden pleitesía. Entregan a colaboradores de los asesinos rosas por la Paz, y con encomiable soltura dejan la mano extendida, palma abierta, esperando la caída del estipendio que viene del cielo del pago político. Se les llenan los ojos de guiños a la rebelión contra lo establecido y luego se afanan por poner puertas al campo y riendas a la mula, que seguro que es de derechas. Concentran todo su esfuerzo en aparecer como cuestionadores eternos de lo normativo para después clamar por el respeto legal a su cordón cuando la cosa les atañe. Alcanzan la cima de lo cansino con autoelogios sobre su talento en exclusivas entregas de premios tornadas en mítines políticos, pero pretenden que su distinguido club sea reconocido como organismo recaudatorio. Hacen películas que la gente ha decidido no pagar por ver y su autocomplacencia, tan herida como injustificada, se subleva y exige que de una manera u otra, alguien se haga cargo de la factura que extendieron aquellos tres días de Marzo y las anteriores, las que empezaron a emitirse cuando tomaron la calle para afeitarnos el bigote reaccionario. Todo para que puedan seguir llevando esa vida regalada, colmada de aquello que produce el sistema al que insultan todos los días, mientras hacen elogios de Sierra Maestra y transforman sus cámaras y micrófonos en una variante fina del subfusil. Para que puedan seguir escupiendo en la comida antes de ponerse ciegos y regalarnos la sobremesa con un eructo gracioso, que suena parecido a “canon”. Si se aprueba la tasa prepárense para verles de nuevo, día sí día también, ropa de faena puesta, pancarta artística en mano, slogan recién parido y motivo recién encontrado, prestos a bajar a la rue para mezclarse con quienes acaban de pagarles por comprarse una impresora. Predispongan su ya agotada capacidad de asombro para volver a leer la palabra de dios en la tierra revelada en forma de manifiesto, elevada declaración vedada a quienes no somos de izquierdas ni pertenecemos al mundo de la cultura. Todo porque había motivo, y para que lo siga habiendo.
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Miguel Martinez, Inteligencia emocional
Inteligencia emocional
Miguel Martínez
N O les hará falta a mis queridos reincidentes que les prevenga de que quien les escribe no posee titulación académica alguna que certifique el conocimiento en la materia sobre la que va a aburrirles en la columna de esta semana, y que los razonamientos que a colación de susodicho tema les plantee son fundamentados, exclusivamente, desde la condición de “enterao” que un servidor asume gustoso tras –eso sí- no pocas sesiones de tertulia cafetera con amiguetes, la lectura distraída de algún que otro artículo más o menos interesante sobre la materia, el hojeo más bien laxo de algún que otro libro – regalado- que trata –ni que sea de soslayo- el tema, y la presencia –a menudo forzosa- de un servidor de ustedes en ciertos cursos con los que algunas organizaciones pretenden formar y motivar sus miembros más descarriados; que poca más suele ser la formación específica recibida en algunos temas por muchos de los tertulianos mediáticos de indiscutible éxito, y eso que ellos ejercen a menudo como creadores de opinión, y que lo mismo disertan sobre la evolución de la macroeconomía y su repercusión en el IPC, que de la boda –graviditatis causam- de la nueva nuera –veremos lo que le dura- de la baronesa Thyssen. Para aquellos de mis queridos reincidentes que hayan estado en coma en los últimos años, o realizando la concurrida ruta pedestre de Tian Shan hasta Altai, a través del inhóspito desierto del Gobi, referirles que la inteligencia emocional es, grosso modo, la capacidad de gestionar las emociones, ya sean propias o ajenas, de manera que nos permitan interactuar con el prójimo y con el mundo de una forma, no ya propicia, sino agradable. Buscando por la red se pueden encontrar infinidad de textos y artículos con comentarios del tipo “esta capacidad engloba habilidades tales como control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Estas habilidades configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”. No les habrá pasado por alto a mis queridos reincidentes más avispados -y con cierta antigüedad en el insano ejercicio de leerme regularmente- que este columnista ya escribió sobre el tema, hará poco más de un año, en su artículo “Respirando hondo”, en la edición 219 de esta misma página, y en el que les relataba cómo un servidor, sucumbiendo ante los pequeños inconvenientes que habitualmente padece el más pintado cuando se halla en un entorno urbano y a ritmo frenético, mandaba a la porra, al unísono, a su firme voluntad de tomarse las cosas con filosofía y relajadamente como mandan los dictados de las teorías de la inteligencia emocional, y al amigo que le recriminaba el no poner en práctica dichos dictados y dichas teorías. A usted, mi querida/o y veterana/o reincidente, decirle que de eso hace ya casi cuatrocientos días, durante los cuales este columnista ha seguido un intenso proceso de autoconvencimiento y ha llevado a cabo ejercicios tendentes a desarrollar los mecanismos necesarios para pasar los problemas por el tamiz de la inteligencia emocional, y se halla ya a pocos pasos de conseguir que un conflicto se convierta en un ligero inconveniente, y que un inconveniente se convierta en un aliciente que torne en atractivo reto la resolución del otrora conflicto. Una vez un servidor desparrame en este folio virtual todo lo que pretende decirles esta semana, les mostraré algunos ejemplos que les permitirán comprobar cómo se puede acometer de forma emocionalmente inteligente situaciones que antaño sacaban a este articulista de sus casillas, pero me va a permitir, mi siempre comprensivo y solícito reincidente, que ahonde un pelín más en el asunto, en parte por mejor ilustrarles sobre el tema y en parte por proporcionar a esta columna una extensión más acorde con la que suele esperarse de los artículos de un servidor. Y es que tradicionalmente hemos etiquetado como personas inteligentes a aquéllas capaces de realizar de forma inmediata trepidantes operaciones matemáticas, o a las dotadas de una espectacular memoria capaz de recordar la genealogía completa –incluyendo hijos no legítimos- de los reyes visigodos, o a las de ágil verbo y mejor prosa que nos deleitan con su culta conversación y sus magníficos textos, y, siendo esto cierto en la mayoría de ocasiones, no siempre se ha reconocido como inteligente a aquella persona capaz de gestionar sus emociones y sentimientos de manera que no le afecten los problemas, que no se altere ante las provocaciones o que resuelva los conflictos en el lapso de tiempo que el común de los mortales empleamos en maldecir nuestra mala fortuna y en soltar una reiterada sarta de exabruptos y palabras soeces. Un servidor les plantea un ejemplo real como la vida misma que aconteció a quien les escribe cuando –al revés que ocurre hoy- aún creía que esto de la inteligencia emocional era una patochada que sólo servía para que cuatro espabilados se forrasen vendiendo libros y organizando seminarios. Conducía un servidor, camino del aeropuerto de El Prat, para llevar a una de sus primas de Almería a tomar el vuelo que la había de llevar a su casa. El tiempo más que justo. La nacional II, como siempre, hasta las trancas. El minutero del reloj parecía alimentado, no por diminutas baterías de níquel-cadmio, sino por una solución saturada a base de café exprés, tabasco y Red Bull. Actitud de quien les escribe: Todo el camino renegando, pensando que debiera haber tenido en cuenta la hora y desplazarse por otra ruta menos congestionada, y acordándose durante todo el trayecto de la ministra Álvarez (la “reprobá”), de sus antecesores -y de sus homólogos autonómicos-; del organigrama al completo de la Dirección General de Tráfico -y otra vez de sus homólogos autonómicos- y del resto de conductores que, poco concentrados, reaccionaban casi una décima de segundo tarde cada vez que la caravana de vehículos reanudaba su marcha para recorrer otros siete u ocho metros antes de detenerse por enésima vez. Actitud de su prima (persona emocionalmente inteligente) - No te preocupes Miguel, probablemente el vuelo salga con retraso. Y si no, pues tomo el siguiente, y si no fuera posible, pues cambio el billete por otro para mañana y salimos con más tiempo. Es absurdo agobiarse porque ahora no depende de nosotros, sino del tráfico, el hecho de que lleguemos a tiempo. Y -como suele acontecerles a las persones emocionalmente inteligentes, que el destino es cruel y castiga siempre a quien peor se lo toma- efectivamente, el vuelo llevaba el retraso suficiente como para poder perder una hora larga, después de haber facturado, tomando un cafetito con mi inteligente prima y reflexionando sobre la inutilidad de haberme pasado hora y media agobiado porque existía la posibilidad de que mi prima perdiese el vuelo, cuando ella -que era la principal interesada- se lo tomaba con inteligencia. Defienden los expertos en el tema que confundimos nuestras expresiones hasta el punto de que éstas nos hacen caer en trampas que nos conducen al desasosiego. Ejemplo: Es frecuente la expresión “Este tío me pone de los nervios”. ¡Error! Los nervios son nuestros. Están a nuestras órdenes. Somos nosotros los que los gestionamos. La expresión correcta sería “No consigo evitar controlarme cuando veo a esta persona”. Sólo así, asumiendo que somos nosotros los que gestionamos mal nuestras emociones o nuestros impulsos, podremos intentar corregir ese déficit de autocontrol, porque resulta evidente que el hecho de que una persona nos saque de nuestras casillas no nos reporta nada positivo, y que si esa persona, con su mera presencia, provoca en nosotros reacciones desagradables, estamos propiciando que, en cierto modo, pese más en nosotros la presencia de ese sujeto que nuestra propia voluntad, con lo cual le estamos dando al interfecto o interfecta una jerarquía en nuestra vida que probablemente no tenga. De ahí la importancia del discurso y de las expresiones. Otra expresión, muy dada a aparecer tras la ruptura de una relación sentimental: “No puedo vivir sin él/ella” ¿Cómo que no? La expresión correcta sería “no quiero vivir sin él/ella” o “me resulta muy difícil aceptar su ausencia”, pero poder, mi querido reincidente, sabe usted que se puede y -ahora sí viene una expresión emocionalmente inteligente- querer es poder. Y dirán ustedes que sí, que vale, que de acuerdo, pero que todo esto no es más que teoría y que llevarlo a la práctica resulta muy difícil y un servidor les contestará que sí, que vale, que de acuerdo, que nadie ha dicho que la vida sea fácil pero que con cierto aprendizaje se consigue. Existen diversos tipos de inteligencia y los humanos estamos más dotados para unas que para otras. Rememorando nuestras épocas de estudiantes recordaremos cómo a los que nos tiraban las letras nos resultaban más complicadas las Matemáticas que a los que les tiraban los números, pero al final, unos y otros, con mayor o menor esfuerzo en cada uno de los casos, conseguimos aprender a resolver ecuaciones, a operar con quebrados, e incluso a llegar a descubrir el logaritmo neperiano de “n” cuando éste tiende a infinito. Si logramos descubrir quién narices era aquella “n”, y eso que el límite –o quizás fuera la “n”- tendía a infinito, y como ustedes sabrán el infinito está cerca de la Conchinchina, (zona meridional del Vietnam próxima a Camboya) ¿no vamos a lograr gestionar nuestras emociones de manera positiva? Es cuestión –como entonces- de entrenamiento y de practicar con los ejercicios que nos pone la vida, no derrotándonos antes de empezar por sentirnos incapaces de conseguirlo. Infinitamente más difícil es hallar un límite neperiano entre Vietnam y Camboya. Otro ejemplo, algo gamberro si ustedes quieren, pero hoy me pide el cuerpo meterme con Jiménez Losantos, que llevaba meses sin hacerlo. A un servidor le ponía de los nervios escuchar al radiopredicador. Especialmente cuando soltaba por esa boca perlas como la de “este Gobierno sólo habla con terroristas, maricones y catalanes, a ver cuándo habla con la gente normal”. Pues bien, este columnista llegó a la conclusión de que el radioagitador no era lo suficientemente importante en su vida como para modificar su estado de ánimo y tomó una decisión inteligente. No escuchar jamás su programa, no asomar siquiera por sus publicaciones y cambiar de canal, ipso facto, si el susodicho pretendía colarse en casa a través de la tele. No me digan que no es una decisión inteligente porque lo es. Tanto como lo sería que cualquiera de ustedes, en vez de invertir su tiempo leyendo columnas insustanciales como ésta, hiciesen lo propio con la de cualquiera de mis compañeros de página. Que lo verdaderamente inteligente es tener claro que -al contrario que ocurre con las Matemáticas- las verdades, ni siquiera las de un servidor, jamás son absolutas. Y siendo esto así, no debiéramos permitir que las opiniones de nadie nos solivianten el ánimo. Aquellas opiniones que se puedan digerir sin empacho, se digieren y santas pascuas. Y las que resulten manifiestamente indigestas se evitan. Así de fácil y así de inteligente. Que no todos los estómagos soportan de igual manera ciertos condimentos. Y el de un servidor es especialmente sensible a la intolerancia y a la incongruencia. ¡Ah! Y que tengan mis queridos reincidentes una feliz –y emocionalmente inteligente- Navidad.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4339
Miguel Martínez
N O les hará falta a mis queridos reincidentes que les prevenga de que quien les escribe no posee titulación académica alguna que certifique el conocimiento en la materia sobre la que va a aburrirles en la columna de esta semana, y que los razonamientos que a colación de susodicho tema les plantee son fundamentados, exclusivamente, desde la condición de “enterao” que un servidor asume gustoso tras –eso sí- no pocas sesiones de tertulia cafetera con amiguetes, la lectura distraída de algún que otro artículo más o menos interesante sobre la materia, el hojeo más bien laxo de algún que otro libro – regalado- que trata –ni que sea de soslayo- el tema, y la presencia –a menudo forzosa- de un servidor de ustedes en ciertos cursos con los que algunas organizaciones pretenden formar y motivar sus miembros más descarriados; que poca más suele ser la formación específica recibida en algunos temas por muchos de los tertulianos mediáticos de indiscutible éxito, y eso que ellos ejercen a menudo como creadores de opinión, y que lo mismo disertan sobre la evolución de la macroeconomía y su repercusión en el IPC, que de la boda –graviditatis causam- de la nueva nuera –veremos lo que le dura- de la baronesa Thyssen. Para aquellos de mis queridos reincidentes que hayan estado en coma en los últimos años, o realizando la concurrida ruta pedestre de Tian Shan hasta Altai, a través del inhóspito desierto del Gobi, referirles que la inteligencia emocional es, grosso modo, la capacidad de gestionar las emociones, ya sean propias o ajenas, de manera que nos permitan interactuar con el prójimo y con el mundo de una forma, no ya propicia, sino agradable. Buscando por la red se pueden encontrar infinidad de textos y artículos con comentarios del tipo “esta capacidad engloba habilidades tales como control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Estas habilidades configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”. No les habrá pasado por alto a mis queridos reincidentes más avispados -y con cierta antigüedad en el insano ejercicio de leerme regularmente- que este columnista ya escribió sobre el tema, hará poco más de un año, en su artículo “Respirando hondo”, en la edición 219 de esta misma página, y en el que les relataba cómo un servidor, sucumbiendo ante los pequeños inconvenientes que habitualmente padece el más pintado cuando se halla en un entorno urbano y a ritmo frenético, mandaba a la porra, al unísono, a su firme voluntad de tomarse las cosas con filosofía y relajadamente como mandan los dictados de las teorías de la inteligencia emocional, y al amigo que le recriminaba el no poner en práctica dichos dictados y dichas teorías. A usted, mi querida/o y veterana/o reincidente, decirle que de eso hace ya casi cuatrocientos días, durante los cuales este columnista ha seguido un intenso proceso de autoconvencimiento y ha llevado a cabo ejercicios tendentes a desarrollar los mecanismos necesarios para pasar los problemas por el tamiz de la inteligencia emocional, y se halla ya a pocos pasos de conseguir que un conflicto se convierta en un ligero inconveniente, y que un inconveniente se convierta en un aliciente que torne en atractivo reto la resolución del otrora conflicto. Una vez un servidor desparrame en este folio virtual todo lo que pretende decirles esta semana, les mostraré algunos ejemplos que les permitirán comprobar cómo se puede acometer de forma emocionalmente inteligente situaciones que antaño sacaban a este articulista de sus casillas, pero me va a permitir, mi siempre comprensivo y solícito reincidente, que ahonde un pelín más en el asunto, en parte por mejor ilustrarles sobre el tema y en parte por proporcionar a esta columna una extensión más acorde con la que suele esperarse de los artículos de un servidor. Y es que tradicionalmente hemos etiquetado como personas inteligentes a aquéllas capaces de realizar de forma inmediata trepidantes operaciones matemáticas, o a las dotadas de una espectacular memoria capaz de recordar la genealogía completa –incluyendo hijos no legítimos- de los reyes visigodos, o a las de ágil verbo y mejor prosa que nos deleitan con su culta conversación y sus magníficos textos, y, siendo esto cierto en la mayoría de ocasiones, no siempre se ha reconocido como inteligente a aquella persona capaz de gestionar sus emociones y sentimientos de manera que no le afecten los problemas, que no se altere ante las provocaciones o que resuelva los conflictos en el lapso de tiempo que el común de los mortales empleamos en maldecir nuestra mala fortuna y en soltar una reiterada sarta de exabruptos y palabras soeces. Un servidor les plantea un ejemplo real como la vida misma que aconteció a quien les escribe cuando –al revés que ocurre hoy- aún creía que esto de la inteligencia emocional era una patochada que sólo servía para que cuatro espabilados se forrasen vendiendo libros y organizando seminarios. Conducía un servidor, camino del aeropuerto de El Prat, para llevar a una de sus primas de Almería a tomar el vuelo que la había de llevar a su casa. El tiempo más que justo. La nacional II, como siempre, hasta las trancas. El minutero del reloj parecía alimentado, no por diminutas baterías de níquel-cadmio, sino por una solución saturada a base de café exprés, tabasco y Red Bull. Actitud de quien les escribe: Todo el camino renegando, pensando que debiera haber tenido en cuenta la hora y desplazarse por otra ruta menos congestionada, y acordándose durante todo el trayecto de la ministra Álvarez (la “reprobá”), de sus antecesores -y de sus homólogos autonómicos-; del organigrama al completo de la Dirección General de Tráfico -y otra vez de sus homólogos autonómicos- y del resto de conductores que, poco concentrados, reaccionaban casi una décima de segundo tarde cada vez que la caravana de vehículos reanudaba su marcha para recorrer otros siete u ocho metros antes de detenerse por enésima vez. Actitud de su prima (persona emocionalmente inteligente) - No te preocupes Miguel, probablemente el vuelo salga con retraso. Y si no, pues tomo el siguiente, y si no fuera posible, pues cambio el billete por otro para mañana y salimos con más tiempo. Es absurdo agobiarse porque ahora no depende de nosotros, sino del tráfico, el hecho de que lleguemos a tiempo. Y -como suele acontecerles a las persones emocionalmente inteligentes, que el destino es cruel y castiga siempre a quien peor se lo toma- efectivamente, el vuelo llevaba el retraso suficiente como para poder perder una hora larga, después de haber facturado, tomando un cafetito con mi inteligente prima y reflexionando sobre la inutilidad de haberme pasado hora y media agobiado porque existía la posibilidad de que mi prima perdiese el vuelo, cuando ella -que era la principal interesada- se lo tomaba con inteligencia. Defienden los expertos en el tema que confundimos nuestras expresiones hasta el punto de que éstas nos hacen caer en trampas que nos conducen al desasosiego. Ejemplo: Es frecuente la expresión “Este tío me pone de los nervios”. ¡Error! Los nervios son nuestros. Están a nuestras órdenes. Somos nosotros los que los gestionamos. La expresión correcta sería “No consigo evitar controlarme cuando veo a esta persona”. Sólo así, asumiendo que somos nosotros los que gestionamos mal nuestras emociones o nuestros impulsos, podremos intentar corregir ese déficit de autocontrol, porque resulta evidente que el hecho de que una persona nos saque de nuestras casillas no nos reporta nada positivo, y que si esa persona, con su mera presencia, provoca en nosotros reacciones desagradables, estamos propiciando que, en cierto modo, pese más en nosotros la presencia de ese sujeto que nuestra propia voluntad, con lo cual le estamos dando al interfecto o interfecta una jerarquía en nuestra vida que probablemente no tenga. De ahí la importancia del discurso y de las expresiones. Otra expresión, muy dada a aparecer tras la ruptura de una relación sentimental: “No puedo vivir sin él/ella” ¿Cómo que no? La expresión correcta sería “no quiero vivir sin él/ella” o “me resulta muy difícil aceptar su ausencia”, pero poder, mi querido reincidente, sabe usted que se puede y -ahora sí viene una expresión emocionalmente inteligente- querer es poder. Y dirán ustedes que sí, que vale, que de acuerdo, pero que todo esto no es más que teoría y que llevarlo a la práctica resulta muy difícil y un servidor les contestará que sí, que vale, que de acuerdo, que nadie ha dicho que la vida sea fácil pero que con cierto aprendizaje se consigue. Existen diversos tipos de inteligencia y los humanos estamos más dotados para unas que para otras. Rememorando nuestras épocas de estudiantes recordaremos cómo a los que nos tiraban las letras nos resultaban más complicadas las Matemáticas que a los que les tiraban los números, pero al final, unos y otros, con mayor o menor esfuerzo en cada uno de los casos, conseguimos aprender a resolver ecuaciones, a operar con quebrados, e incluso a llegar a descubrir el logaritmo neperiano de “n” cuando éste tiende a infinito. Si logramos descubrir quién narices era aquella “n”, y eso que el límite –o quizás fuera la “n”- tendía a infinito, y como ustedes sabrán el infinito está cerca de la Conchinchina, (zona meridional del Vietnam próxima a Camboya) ¿no vamos a lograr gestionar nuestras emociones de manera positiva? Es cuestión –como entonces- de entrenamiento y de practicar con los ejercicios que nos pone la vida, no derrotándonos antes de empezar por sentirnos incapaces de conseguirlo. Infinitamente más difícil es hallar un límite neperiano entre Vietnam y Camboya. Otro ejemplo, algo gamberro si ustedes quieren, pero hoy me pide el cuerpo meterme con Jiménez Losantos, que llevaba meses sin hacerlo. A un servidor le ponía de los nervios escuchar al radiopredicador. Especialmente cuando soltaba por esa boca perlas como la de “este Gobierno sólo habla con terroristas, maricones y catalanes, a ver cuándo habla con la gente normal”. Pues bien, este columnista llegó a la conclusión de que el radioagitador no era lo suficientemente importante en su vida como para modificar su estado de ánimo y tomó una decisión inteligente. No escuchar jamás su programa, no asomar siquiera por sus publicaciones y cambiar de canal, ipso facto, si el susodicho pretendía colarse en casa a través de la tele. No me digan que no es una decisión inteligente porque lo es. Tanto como lo sería que cualquiera de ustedes, en vez de invertir su tiempo leyendo columnas insustanciales como ésta, hiciesen lo propio con la de cualquiera de mis compañeros de página. Que lo verdaderamente inteligente es tener claro que -al contrario que ocurre con las Matemáticas- las verdades, ni siquiera las de un servidor, jamás son absolutas. Y siendo esto así, no debiéramos permitir que las opiniones de nadie nos solivianten el ánimo. Aquellas opiniones que se puedan digerir sin empacho, se digieren y santas pascuas. Y las que resulten manifiestamente indigestas se evitan. Así de fácil y así de inteligente. Que no todos los estómagos soportan de igual manera ciertos condimentos. Y el de un servidor es especialmente sensible a la intolerancia y a la incongruencia. ¡Ah! Y que tengan mis queridos reincidentes una feliz –y emocionalmente inteligente- Navidad.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4339
Miguel Martinez, Inteligencia emocional
miercoles 26 de diciembre de 2007
Inteligencia emocional
Miguel Martínez
N O les hará falta a mis queridos reincidentes que les prevenga de que quien les escribe no posee titulación académica alguna que certifique el conocimiento en la materia sobre la que va a aburrirles en la columna de esta semana, y que los razonamientos que a colación de susodicho tema les plantee son fundamentados, exclusivamente, desde la condición de “enterao” que un servidor asume gustoso tras –eso sí- no pocas sesiones de tertulia cafetera con amiguetes, la lectura distraída de algún que otro artículo más o menos interesante sobre la materia, el hojeo más bien laxo de algún que otro libro – regalado- que trata –ni que sea de soslayo- el tema, y la presencia –a menudo forzosa- de un servidor de ustedes en ciertos cursos con los que algunas organizaciones pretenden formar y motivar sus miembros más descarriados; que poca más suele ser la formación específica recibida en algunos temas por muchos de los tertulianos mediáticos de indiscutible éxito, y eso que ellos ejercen a menudo como creadores de opinión, y que lo mismo disertan sobre la evolución de la macroeconomía y su repercusión en el IPC, que de la boda –graviditatis causam- de la nueva nuera –veremos lo que le dura- de la baronesa Thyssen. Para aquellos de mis queridos reincidentes que hayan estado en coma en los últimos años, o realizando la concurrida ruta pedestre de Tian Shan hasta Altai, a través del inhóspito desierto del Gobi, referirles que la inteligencia emocional es, grosso modo, la capacidad de gestionar las emociones, ya sean propias o ajenas, de manera que nos permitan interactuar con el prójimo y con el mundo de una forma, no ya propicia, sino agradable. Buscando por la red se pueden encontrar infinidad de textos y artículos con comentarios del tipo “esta capacidad engloba habilidades tales como control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Estas habilidades configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”. No les habrá pasado por alto a mis queridos reincidentes más avispados -y con cierta antigüedad en el insano ejercicio de leerme regularmente- que este columnista ya escribió sobre el tema, hará poco más de un año, en su artículo “Respirando hondo”, en la edición 219 de esta misma página, y en el que les relataba cómo un servidor, sucumbiendo ante los pequeños inconvenientes que habitualmente padece el más pintado cuando se halla en un entorno urbano y a ritmo frenético, mandaba a la porra, al unísono, a su firme voluntad de tomarse las cosas con filosofía y relajadamente como mandan los dictados de las teorías de la inteligencia emocional, y al amigo que le recriminaba el no poner en práctica dichos dictados y dichas teorías. A usted, mi querida/o y veterana/o reincidente, decirle que de eso hace ya casi cuatrocientos días, durante los cuales este columnista ha seguido un intenso proceso de autoconvencimiento y ha llevado a cabo ejercicios tendentes a desarrollar los mecanismos necesarios para pasar los problemas por el tamiz de la inteligencia emocional, y se halla ya a pocos pasos de conseguir que un conflicto se convierta en un ligero inconveniente, y que un inconveniente se convierta en un aliciente que torne en atractivo reto la resolución del otrora conflicto. Una vez un servidor desparrame en este folio virtual todo lo que pretende decirles esta semana, les mostraré algunos ejemplos que les permitirán comprobar cómo se puede acometer de forma emocionalmente inteligente situaciones que antaño sacaban a este articulista de sus casillas, pero me va a permitir, mi siempre comprensivo y solícito reincidente, que ahonde un pelín más en el asunto, en parte por mejor ilustrarles sobre el tema y en parte por proporcionar a esta columna una extensión más acorde con la que suele esperarse de los artículos de un servidor. Y es que tradicionalmente hemos etiquetado como personas inteligentes a aquéllas capaces de realizar de forma inmediata trepidantes operaciones matemáticas, o a las dotadas de una espectacular memoria capaz de recordar la genealogía completa –incluyendo hijos no legítimos- de los reyes visigodos, o a las de ágil verbo y mejor prosa que nos deleitan con su culta conversación y sus magníficos textos, y, siendo esto cierto en la mayoría de ocasiones, no siempre se ha reconocido como inteligente a aquella persona capaz de gestionar sus emociones y sentimientos de manera que no le afecten los problemas, que no se altere ante las provocaciones o que resuelva los conflictos en el lapso de tiempo que el común de los mortales empleamos en maldecir nuestra mala fortuna y en soltar una reiterada sarta de exabruptos y palabras soeces. Un servidor les plantea un ejemplo real como la vida misma que aconteció a quien les escribe cuando –al revés que ocurre hoy- aún creía que esto de la inteligencia emocional era una patochada que sólo servía para que cuatro espabilados se forrasen vendiendo libros y organizando seminarios. Conducía un servidor, camino del aeropuerto de El Prat, para llevar a una de sus primas de Almería a tomar el vuelo que la había de llevar a su casa. El tiempo más que justo. La nacional II, como siempre, hasta las trancas. El minutero del reloj parecía alimentado, no por diminutas baterías de níquel-cadmio, sino por una solución saturada a base de café exprés, tabasco y Red Bull. Actitud de quien les escribe: Todo el camino renegando, pensando que debiera haber tenido en cuenta la hora y desplazarse por otra ruta menos congestionada, y acordándose durante todo el trayecto de la ministra Álvarez (la “reprobá”), de sus antecesores -y de sus homólogos autonómicos-; del organigrama al completo de la Dirección General de Tráfico -y otra vez de sus homólogos autonómicos- y del resto de conductores que, poco concentrados, reaccionaban casi una décima de segundo tarde cada vez que la caravana de vehículos reanudaba su marcha para recorrer otros siete u ocho metros antes de detenerse por enésima vez. Actitud de su prima (persona emocionalmente inteligente) - No te preocupes Miguel, probablemente el vuelo salga con retraso. Y si no, pues tomo el siguiente, y si no fuera posible, pues cambio el billete por otro para mañana y salimos con más tiempo. Es absurdo agobiarse porque ahora no depende de nosotros, sino del tráfico, el hecho de que lleguemos a tiempo. Y -como suele acontecerles a las persones emocionalmente inteligentes, que el destino es cruel y castiga siempre a quien peor se lo toma- efectivamente, el vuelo llevaba el retraso suficiente como para poder perder una hora larga, después de haber facturado, tomando un cafetito con mi inteligente prima y reflexionando sobre la inutilidad de haberme pasado hora y media agobiado porque existía la posibilidad de que mi prima perdiese el vuelo, cuando ella -que era la principal interesada- se lo tomaba con inteligencia. Defienden los expertos en el tema que confundimos nuestras expresiones hasta el punto de que éstas nos hacen caer en trampas que nos conducen al desasosiego. Ejemplo: Es frecuente la expresión “Este tío me pone de los nervios”. ¡Error! Los nervios son nuestros. Están a nuestras órdenes. Somos nosotros los que los gestionamos. La expresión correcta sería “No consigo evitar controlarme cuando veo a esta persona”. Sólo así, asumiendo que somos nosotros los que gestionamos mal nuestras emociones o nuestros impulsos, podremos intentar corregir ese déficit de autocontrol, porque resulta evidente que el hecho de que una persona nos saque de nuestras casillas no nos reporta nada positivo, y que si esa persona, con su mera presencia, provoca en nosotros reacciones desagradables, estamos propiciando que, en cierto modo, pese más en nosotros la presencia de ese sujeto que nuestra propia voluntad, con lo cual le estamos dando al interfecto o interfecta una jerarquía en nuestra vida que probablemente no tenga. De ahí la importancia del discurso y de las expresiones. Otra expresión, muy dada a aparecer tras la ruptura de una relación sentimental: “No puedo vivir sin él/ella” ¿Cómo que no? La expresión correcta sería “no quiero vivir sin él/ella” o “me resulta muy difícil aceptar su ausencia”, pero poder, mi querido reincidente, sabe usted que se puede y -ahora sí viene una expresión emocionalmente inteligente- querer es poder. Y dirán ustedes que sí, que vale, que de acuerdo, pero que todo esto no es más que teoría y que llevarlo a la práctica resulta muy difícil y un servidor les contestará que sí, que vale, que de acuerdo, que nadie ha dicho que la vida sea fácil pero que con cierto aprendizaje se consigue. Existen diversos tipos de inteligencia y los humanos estamos más dotados para unas que para otras. Rememorando nuestras épocas de estudiantes recordaremos cómo a los que nos tiraban las letras nos resultaban más complicadas las Matemáticas que a los que les tiraban los números, pero al final, unos y otros, con mayor o menor esfuerzo en cada uno de los casos, conseguimos aprender a resolver ecuaciones, a operar con quebrados, e incluso a llegar a descubrir el logaritmo neperiano de “n” cuando éste tiende a infinito. Si logramos descubrir quién narices era aquella “n”, y eso que el límite –o quizás fuera la “n”- tendía a infinito, y como ustedes sabrán el infinito está cerca de la Conchinchina, (zona meridional del Vietnam próxima a Camboya) ¿no vamos a lograr gestionar nuestras emociones de manera positiva? Es cuestión –como entonces- de entrenamiento y de practicar con los ejercicios que nos pone la vida, no derrotándonos antes de empezar por sentirnos incapaces de conseguirlo. Infinitamente más difícil es hallar un límite neperiano entre Vietnam y Camboya. Otro ejemplo, algo gamberro si ustedes quieren, pero hoy me pide el cuerpo meterme con Jiménez Losantos, que llevaba meses sin hacerlo. A un servidor le ponía de los nervios escuchar al radiopredicador. Especialmente cuando soltaba por esa boca perlas como la de “este Gobierno sólo habla con terroristas, maricones y catalanes, a ver cuándo habla con la gente normal”. Pues bien, este columnista llegó a la conclusión de que el radioagitador no era lo suficientemente importante en su vida como para modificar su estado de ánimo y tomó una decisión inteligente. No escuchar jamás su programa, no asomar siquiera por sus publicaciones y cambiar de canal, ipso facto, si el susodicho pretendía colarse en casa a través de la tele. No me digan que no es una decisión inteligente porque lo es. Tanto como lo sería que cualquiera de ustedes, en vez de invertir su tiempo leyendo columnas insustanciales como ésta, hiciesen lo propio con la de cualquiera de mis compañeros de página. Que lo verdaderamente inteligente es tener claro que -al contrario que ocurre con las Matemáticas- las verdades, ni siquiera las de un servidor, jamás son absolutas. Y siendo esto así, no debiéramos permitir que las opiniones de nadie nos solivianten el ánimo. Aquellas opiniones que se puedan digerir sin empacho, se digieren y santas pascuas. Y las que resulten manifiestamente indigestas se evitan. Así de fácil y así de inteligente. Que no todos los estómagos soportan de igual manera ciertos condimentos. Y el de un servidor es especialmente sensible a la intolerancia y a la incongruencia. ¡Ah! Y que tengan mis queridos reincidentes una feliz –y emocionalmente inteligente- Navidad.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4339
Inteligencia emocional
Miguel Martínez
N O les hará falta a mis queridos reincidentes que les prevenga de que quien les escribe no posee titulación académica alguna que certifique el conocimiento en la materia sobre la que va a aburrirles en la columna de esta semana, y que los razonamientos que a colación de susodicho tema les plantee son fundamentados, exclusivamente, desde la condición de “enterao” que un servidor asume gustoso tras –eso sí- no pocas sesiones de tertulia cafetera con amiguetes, la lectura distraída de algún que otro artículo más o menos interesante sobre la materia, el hojeo más bien laxo de algún que otro libro – regalado- que trata –ni que sea de soslayo- el tema, y la presencia –a menudo forzosa- de un servidor de ustedes en ciertos cursos con los que algunas organizaciones pretenden formar y motivar sus miembros más descarriados; que poca más suele ser la formación específica recibida en algunos temas por muchos de los tertulianos mediáticos de indiscutible éxito, y eso que ellos ejercen a menudo como creadores de opinión, y que lo mismo disertan sobre la evolución de la macroeconomía y su repercusión en el IPC, que de la boda –graviditatis causam- de la nueva nuera –veremos lo que le dura- de la baronesa Thyssen. Para aquellos de mis queridos reincidentes que hayan estado en coma en los últimos años, o realizando la concurrida ruta pedestre de Tian Shan hasta Altai, a través del inhóspito desierto del Gobi, referirles que la inteligencia emocional es, grosso modo, la capacidad de gestionar las emociones, ya sean propias o ajenas, de manera que nos permitan interactuar con el prójimo y con el mundo de una forma, no ya propicia, sino agradable. Buscando por la red se pueden encontrar infinidad de textos y artículos con comentarios del tipo “esta capacidad engloba habilidades tales como control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental, etc. Estas habilidades configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”. No les habrá pasado por alto a mis queridos reincidentes más avispados -y con cierta antigüedad en el insano ejercicio de leerme regularmente- que este columnista ya escribió sobre el tema, hará poco más de un año, en su artículo “Respirando hondo”, en la edición 219 de esta misma página, y en el que les relataba cómo un servidor, sucumbiendo ante los pequeños inconvenientes que habitualmente padece el más pintado cuando se halla en un entorno urbano y a ritmo frenético, mandaba a la porra, al unísono, a su firme voluntad de tomarse las cosas con filosofía y relajadamente como mandan los dictados de las teorías de la inteligencia emocional, y al amigo que le recriminaba el no poner en práctica dichos dictados y dichas teorías. A usted, mi querida/o y veterana/o reincidente, decirle que de eso hace ya casi cuatrocientos días, durante los cuales este columnista ha seguido un intenso proceso de autoconvencimiento y ha llevado a cabo ejercicios tendentes a desarrollar los mecanismos necesarios para pasar los problemas por el tamiz de la inteligencia emocional, y se halla ya a pocos pasos de conseguir que un conflicto se convierta en un ligero inconveniente, y que un inconveniente se convierta en un aliciente que torne en atractivo reto la resolución del otrora conflicto. Una vez un servidor desparrame en este folio virtual todo lo que pretende decirles esta semana, les mostraré algunos ejemplos que les permitirán comprobar cómo se puede acometer de forma emocionalmente inteligente situaciones que antaño sacaban a este articulista de sus casillas, pero me va a permitir, mi siempre comprensivo y solícito reincidente, que ahonde un pelín más en el asunto, en parte por mejor ilustrarles sobre el tema y en parte por proporcionar a esta columna una extensión más acorde con la que suele esperarse de los artículos de un servidor. Y es que tradicionalmente hemos etiquetado como personas inteligentes a aquéllas capaces de realizar de forma inmediata trepidantes operaciones matemáticas, o a las dotadas de una espectacular memoria capaz de recordar la genealogía completa –incluyendo hijos no legítimos- de los reyes visigodos, o a las de ágil verbo y mejor prosa que nos deleitan con su culta conversación y sus magníficos textos, y, siendo esto cierto en la mayoría de ocasiones, no siempre se ha reconocido como inteligente a aquella persona capaz de gestionar sus emociones y sentimientos de manera que no le afecten los problemas, que no se altere ante las provocaciones o que resuelva los conflictos en el lapso de tiempo que el común de los mortales empleamos en maldecir nuestra mala fortuna y en soltar una reiterada sarta de exabruptos y palabras soeces. Un servidor les plantea un ejemplo real como la vida misma que aconteció a quien les escribe cuando –al revés que ocurre hoy- aún creía que esto de la inteligencia emocional era una patochada que sólo servía para que cuatro espabilados se forrasen vendiendo libros y organizando seminarios. Conducía un servidor, camino del aeropuerto de El Prat, para llevar a una de sus primas de Almería a tomar el vuelo que la había de llevar a su casa. El tiempo más que justo. La nacional II, como siempre, hasta las trancas. El minutero del reloj parecía alimentado, no por diminutas baterías de níquel-cadmio, sino por una solución saturada a base de café exprés, tabasco y Red Bull. Actitud de quien les escribe: Todo el camino renegando, pensando que debiera haber tenido en cuenta la hora y desplazarse por otra ruta menos congestionada, y acordándose durante todo el trayecto de la ministra Álvarez (la “reprobá”), de sus antecesores -y de sus homólogos autonómicos-; del organigrama al completo de la Dirección General de Tráfico -y otra vez de sus homólogos autonómicos- y del resto de conductores que, poco concentrados, reaccionaban casi una décima de segundo tarde cada vez que la caravana de vehículos reanudaba su marcha para recorrer otros siete u ocho metros antes de detenerse por enésima vez. Actitud de su prima (persona emocionalmente inteligente) - No te preocupes Miguel, probablemente el vuelo salga con retraso. Y si no, pues tomo el siguiente, y si no fuera posible, pues cambio el billete por otro para mañana y salimos con más tiempo. Es absurdo agobiarse porque ahora no depende de nosotros, sino del tráfico, el hecho de que lleguemos a tiempo. Y -como suele acontecerles a las persones emocionalmente inteligentes, que el destino es cruel y castiga siempre a quien peor se lo toma- efectivamente, el vuelo llevaba el retraso suficiente como para poder perder una hora larga, después de haber facturado, tomando un cafetito con mi inteligente prima y reflexionando sobre la inutilidad de haberme pasado hora y media agobiado porque existía la posibilidad de que mi prima perdiese el vuelo, cuando ella -que era la principal interesada- se lo tomaba con inteligencia. Defienden los expertos en el tema que confundimos nuestras expresiones hasta el punto de que éstas nos hacen caer en trampas que nos conducen al desasosiego. Ejemplo: Es frecuente la expresión “Este tío me pone de los nervios”. ¡Error! Los nervios son nuestros. Están a nuestras órdenes. Somos nosotros los que los gestionamos. La expresión correcta sería “No consigo evitar controlarme cuando veo a esta persona”. Sólo así, asumiendo que somos nosotros los que gestionamos mal nuestras emociones o nuestros impulsos, podremos intentar corregir ese déficit de autocontrol, porque resulta evidente que el hecho de que una persona nos saque de nuestras casillas no nos reporta nada positivo, y que si esa persona, con su mera presencia, provoca en nosotros reacciones desagradables, estamos propiciando que, en cierto modo, pese más en nosotros la presencia de ese sujeto que nuestra propia voluntad, con lo cual le estamos dando al interfecto o interfecta una jerarquía en nuestra vida que probablemente no tenga. De ahí la importancia del discurso y de las expresiones. Otra expresión, muy dada a aparecer tras la ruptura de una relación sentimental: “No puedo vivir sin él/ella” ¿Cómo que no? La expresión correcta sería “no quiero vivir sin él/ella” o “me resulta muy difícil aceptar su ausencia”, pero poder, mi querido reincidente, sabe usted que se puede y -ahora sí viene una expresión emocionalmente inteligente- querer es poder. Y dirán ustedes que sí, que vale, que de acuerdo, pero que todo esto no es más que teoría y que llevarlo a la práctica resulta muy difícil y un servidor les contestará que sí, que vale, que de acuerdo, que nadie ha dicho que la vida sea fácil pero que con cierto aprendizaje se consigue. Existen diversos tipos de inteligencia y los humanos estamos más dotados para unas que para otras. Rememorando nuestras épocas de estudiantes recordaremos cómo a los que nos tiraban las letras nos resultaban más complicadas las Matemáticas que a los que les tiraban los números, pero al final, unos y otros, con mayor o menor esfuerzo en cada uno de los casos, conseguimos aprender a resolver ecuaciones, a operar con quebrados, e incluso a llegar a descubrir el logaritmo neperiano de “n” cuando éste tiende a infinito. Si logramos descubrir quién narices era aquella “n”, y eso que el límite –o quizás fuera la “n”- tendía a infinito, y como ustedes sabrán el infinito está cerca de la Conchinchina, (zona meridional del Vietnam próxima a Camboya) ¿no vamos a lograr gestionar nuestras emociones de manera positiva? Es cuestión –como entonces- de entrenamiento y de practicar con los ejercicios que nos pone la vida, no derrotándonos antes de empezar por sentirnos incapaces de conseguirlo. Infinitamente más difícil es hallar un límite neperiano entre Vietnam y Camboya. Otro ejemplo, algo gamberro si ustedes quieren, pero hoy me pide el cuerpo meterme con Jiménez Losantos, que llevaba meses sin hacerlo. A un servidor le ponía de los nervios escuchar al radiopredicador. Especialmente cuando soltaba por esa boca perlas como la de “este Gobierno sólo habla con terroristas, maricones y catalanes, a ver cuándo habla con la gente normal”. Pues bien, este columnista llegó a la conclusión de que el radioagitador no era lo suficientemente importante en su vida como para modificar su estado de ánimo y tomó una decisión inteligente. No escuchar jamás su programa, no asomar siquiera por sus publicaciones y cambiar de canal, ipso facto, si el susodicho pretendía colarse en casa a través de la tele. No me digan que no es una decisión inteligente porque lo es. Tanto como lo sería que cualquiera de ustedes, en vez de invertir su tiempo leyendo columnas insustanciales como ésta, hiciesen lo propio con la de cualquiera de mis compañeros de página. Que lo verdaderamente inteligente es tener claro que -al contrario que ocurre con las Matemáticas- las verdades, ni siquiera las de un servidor, jamás son absolutas. Y siendo esto así, no debiéramos permitir que las opiniones de nadie nos solivianten el ánimo. Aquellas opiniones que se puedan digerir sin empacho, se digieren y santas pascuas. Y las que resulten manifiestamente indigestas se evitan. Así de fácil y así de inteligente. Que no todos los estómagos soportan de igual manera ciertos condimentos. Y el de un servidor es especialmente sensible a la intolerancia y a la incongruencia. ¡Ah! Y que tengan mis queridos reincidentes una feliz –y emocionalmente inteligente- Navidad.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4339
Juan Urrutia, El conejo de Pascua
miercoles 26 de diciembre de 2007
El conejo de pascua
Juan Urrutia
E L país peligra, se va a pique y todo por culpa suya, ruines habitantes de esta España nuestra. Cojoni antuan chiviritan mean (no cojas mis margaritas), que le dijo César a Bruto mientras éste segaba las tiernas florecillas puñal en ristre. Igual que el hijo del cruelmente finado, ustedes se llevan las margaritas españolas con el irresponsable gasto del dinero que les pagan, no para que lo dilapiden, no, sino para que levanten el País. En primer lugar, a qué alma retorcida y desquiciada se le ocurriría ir dando un euro de propina cada vez que se toma el cafelito mañanero de rigor. Sólo a un español, proclamo, con mis enormes bocinas. No se encuentra ahí todo el problema, sólo la mitad, también resulta ser peligroso para nuestra economía el escaso consumo de conejo que hacemos los ciudadanos y ciudadanas del reino, fíjense, para engullir angulas, muchas angulas, inundaciones de angulas. Angulas con tomate, angulas con chorizo, consomé de angula... Cuan ricas están las angulas. Eso nos indica el Gobierno, con flatulento pastar, que seamos más comedidos y dejemos los festines para consumir conejo. Tres hurras y una salva de regüeldos en honor del Gobierno que ha dado por fin con el remedio a nuestra situación particular. Por otra parte nos dicen que los precios no suben, se lo aseguro, lo oí por la radio, los pertinentes patricios aseguran que no cuestan más los alimentos, es la gasolina. Aleluya, aleluya, bravísimo, alcachofas gratinadas y confeti para tamañas lumbreras. Pero no acaba ahí, prosigue el presi —a quien aprovecho para saludar, hola presi— diciendo que la economía va de cine, pero de cine del bueno, con su Spencer Tracy, Marlene Dietrich y su mona Chita —a quien aprovecho para saludar, hola Chita— y todo gracias al aumento de la productividad... ¿Pero es que este pobre jamelgo* no tiene asesores? La productividad, hablando en términos técnicos, es el beneficio obtenido por una empresa a costa de pisarle la nuez al currante, que para colmo luego va dando propinas de un euro por ahí como si esto fuera jauja. Sin embargo todos se habrán dado cuenta de que en este embrollo medieval el gran perjudicado es el gremio de los lagomorfos, conejos para los amigos. Tengo grandes compañeros de mus dentro de esta colectividad que expresan lo injusto de la recomendación gubernamental a zambomba y platillo arguyendo que el pollo también es barato y mucho más típico de estas fechas. Los pollos contraatacan recomendando el consumo de sardinas y estas, que gracias a su contenido en fósforo son más que listas, hablan de lo sana que resulta la alimentación a base de escarola, pimientos y otros frutos de la huerta como el chocolate y el turrón. Mi intención era describir una sesión cualquiera dentro del Congreso y miren por dónde, creo haberlo conseguido. Algo bueno, sin embargo, tienen los señores que mandan. Me refiero, claro está, a las dos millones de personas que Pepe Lui Rodríguez Zapatero va a contratar para el mantenimiento de la Moncloa, una por baldosa, queridos amigos, ahora si que relucirá y los jerifaltes de lejanos y extraños países dirán mirando por sus magníficos telescopios: “¿que brilla refulgente en el horizonte?” Es la Moncloa, responderán sus leales vasallos. Entonces un enorme ¡¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH!!! Inundará el mundo y España volverá a ser lo que fue durante la conquista napoleónica, un toro despellejado con brutalidad manifiesta. Voy a ponerme aún más serio si cabe, para decirles que, tal como andan las cosas, en lugar de felicitarles las fiestas, les felicito por no haber quebrado económicamente, lo cuál es todo un logro. Imagino que es así porque sino en lugar de leer a un papanatas como yo estarían persiguiendo conejos por el monte para la cena de Navidad. *Jamelgo: (en argot político) el que tira del carro hacia vaya usted a saber dónde.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4340
El conejo de pascua
Juan Urrutia
E L país peligra, se va a pique y todo por culpa suya, ruines habitantes de esta España nuestra. Cojoni antuan chiviritan mean (no cojas mis margaritas), que le dijo César a Bruto mientras éste segaba las tiernas florecillas puñal en ristre. Igual que el hijo del cruelmente finado, ustedes se llevan las margaritas españolas con el irresponsable gasto del dinero que les pagan, no para que lo dilapiden, no, sino para que levanten el País. En primer lugar, a qué alma retorcida y desquiciada se le ocurriría ir dando un euro de propina cada vez que se toma el cafelito mañanero de rigor. Sólo a un español, proclamo, con mis enormes bocinas. No se encuentra ahí todo el problema, sólo la mitad, también resulta ser peligroso para nuestra economía el escaso consumo de conejo que hacemos los ciudadanos y ciudadanas del reino, fíjense, para engullir angulas, muchas angulas, inundaciones de angulas. Angulas con tomate, angulas con chorizo, consomé de angula... Cuan ricas están las angulas. Eso nos indica el Gobierno, con flatulento pastar, que seamos más comedidos y dejemos los festines para consumir conejo. Tres hurras y una salva de regüeldos en honor del Gobierno que ha dado por fin con el remedio a nuestra situación particular. Por otra parte nos dicen que los precios no suben, se lo aseguro, lo oí por la radio, los pertinentes patricios aseguran que no cuestan más los alimentos, es la gasolina. Aleluya, aleluya, bravísimo, alcachofas gratinadas y confeti para tamañas lumbreras. Pero no acaba ahí, prosigue el presi —a quien aprovecho para saludar, hola presi— diciendo que la economía va de cine, pero de cine del bueno, con su Spencer Tracy, Marlene Dietrich y su mona Chita —a quien aprovecho para saludar, hola Chita— y todo gracias al aumento de la productividad... ¿Pero es que este pobre jamelgo* no tiene asesores? La productividad, hablando en términos técnicos, es el beneficio obtenido por una empresa a costa de pisarle la nuez al currante, que para colmo luego va dando propinas de un euro por ahí como si esto fuera jauja. Sin embargo todos se habrán dado cuenta de que en este embrollo medieval el gran perjudicado es el gremio de los lagomorfos, conejos para los amigos. Tengo grandes compañeros de mus dentro de esta colectividad que expresan lo injusto de la recomendación gubernamental a zambomba y platillo arguyendo que el pollo también es barato y mucho más típico de estas fechas. Los pollos contraatacan recomendando el consumo de sardinas y estas, que gracias a su contenido en fósforo son más que listas, hablan de lo sana que resulta la alimentación a base de escarola, pimientos y otros frutos de la huerta como el chocolate y el turrón. Mi intención era describir una sesión cualquiera dentro del Congreso y miren por dónde, creo haberlo conseguido. Algo bueno, sin embargo, tienen los señores que mandan. Me refiero, claro está, a las dos millones de personas que Pepe Lui Rodríguez Zapatero va a contratar para el mantenimiento de la Moncloa, una por baldosa, queridos amigos, ahora si que relucirá y los jerifaltes de lejanos y extraños países dirán mirando por sus magníficos telescopios: “¿que brilla refulgente en el horizonte?” Es la Moncloa, responderán sus leales vasallos. Entonces un enorme ¡¡¡OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOH!!! Inundará el mundo y España volverá a ser lo que fue durante la conquista napoleónica, un toro despellejado con brutalidad manifiesta. Voy a ponerme aún más serio si cabe, para decirles que, tal como andan las cosas, en lugar de felicitarles las fiestas, les felicito por no haber quebrado económicamente, lo cuál es todo un logro. Imagino que es así porque sino en lugar de leer a un papanatas como yo estarían persiguiendo conejos por el monte para la cena de Navidad. *Jamelgo: (en argot político) el que tira del carro hacia vaya usted a saber dónde.
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Ismael Medina, Un dilema electoral aquejado de inquietudes variables
miercoles 26 de diciembre de 2007
Un dilema electoral aquejado de inquietantes variables
Ismael Medina
L EÍ hace tiempo a un sociólogo norteamericano, ahora no recuerdo su nombre, que las encuestas se acomodan al interés de quienes las pagan. De ahí que los cuestionarios suelan ser capciosos. Y trufadas las muestras. Menudean los sondeos de opinión a medida que se aproxima la convocatoria de elecciones generales. Los resultados de unos y otros desembocan en lo que se ha dado en llamar “empate técnico” entre el P(SOE) y el PP. Luego hay que leer entre líneas, como ha hecho “ABC” con la reciente del CIS, parta deducir posibles desplazamientos del voto descontento de unos y otros partidos. Resulta asimismo revelador, y la experiencia lo confirma, que muchos de los consultados ocultan su verdadera intención por temor a que no esté garantizado el secreto y puedan ser identificados. El “no sabe” o “no contesta” suele ser abultado. Es el motivo de que me incline hacia un análisis histórico de los resultados electorales. Alguna vez he aludido en mis crónicas a este tipo de análisis, los cuales me han llevado a la conclusión de que el resultado electoral lo decide un porcentaje de votantes que suele oscilar, según las circunstancias, entre un 2 y un 13 por ciento, como máximo, de los que acuden a las urnas. Un fenómeno que se repite desde las elecciones de 1931 a las de 2004. Y no sólo en España. La traslación de los resultados a la composición parlamentaria guarda asimismo una estrecha relación, no pocas veces arbitraria, con el sistema electoral vigente en cada régimen político. Es de sobra sabido que el cómputo nacional de votos dio el triunfo a las candidaturas favorables al régimen monárquico, aunque por escaso margen. La proclamación de la II República fue un golpe revolucionario al que se plegó Alfonso XIII al sentirse desamparado por quienes estaban obligados a defenderlo. Prefirió un exilio deshonroso a salir con los pies por delante. Son asimismo elocuentes los resultados de las elecciones de febrero de 1936, las cuales dieron paso a un radical proceso revolucionario que acabó con la II República. Estos son los datos: Frente Popular, 4.519.929 votos; conjunción derechista, 4.511.931; centro, 512.921; PNV, 148.581. El PNV decidió adscribirse al Frente Popular, anteponiendo su inclinación nacionalista a su condición conservadora y de la gran mayoría de sus votantes. Defecciones similares de dieron en algunos minoritarios partidos centristas. Lo subrayo por cuanto el fenómeno se reproduce hoy con muy superior entidad y gracias a él se mantiene Rodríguez en el poder. LO QUE ARROJARON LAS URNAS DESDE 1977 A 2000 ¿Y que ocurrió en las elecciones generales celebradas en España entre 1977 y 2004? Conviene advertir de entrada, aunque sea de sobra conocido, que la ley electoral todavía vigente favoreció el acceso a las cámaras parlamentarias de un gran número de partidos minúsculos, además de potenciar los nacionalistas. La importación de la ley D´Hont favoreció al partidos más votados en cada circunscripción al atribuirle el candidato en disputa. Me limitaré por tanto a los dos partidos mayoritarios. Pero no sin advertir que el hundimiento de UCD, consecuencia de una conspiración interior, favoreció de manera ostensible al partidos socialista hasta que la derecha se reagrupó partiendo de la minoritaria Alianza Popular. Elecciones de 1977.- UCD, 6.310.391 votos; PSOE, 5.371.866 Elecciones de 1979.- UCD, 6.292102 votos; PSOE, 5.477.037. Elecciones de 1982.- PSOE, 9.836.579 votos; AP-PDP, 5.412.401; UCD, 1.549.447. Elecciones de 1986.- PSOE, 7.601.985; Coalición Popular, 5.247.677; CDS, 1.838.799 Elecciones de 1989.- PSOE, 6.996.593 votos; Partido Popular, 5.117.049; CDS, 1.617.716. Elecciones de 1993.- Partido Popular, 8.089.235 votos; PSOE, 7.872.245. Elecciones de 1996.- Partido Popular 9.224.696 votos; PSOE, 7.894.535. Elecciones de 2000.- PP, 10.321.178 votos; PSOE, 7.918.752. Elecciones de 2004.- PSOE, 11.026.163. votos; PP, 9.635.491. No es el momento de analizar la incidencia que en los resultados tuvieron en cada convocatoria los índices de paro, de precios u otros de carácter económico. Aunque sí recordar que las elecciones de 1982 se vieron afectados por la voladura interna de la UCD y la acción institucional del 23 de febrero de 1981. Y que en los resultados de 2004 adquirió decisiva influencia el ilícito y revolucionario aprovechamiento de la matanza del 11 de marzo por el P(SOE). Otros factores a tener en cuenta son el aumento del censo electoral y el porcentaje de abstención en cada convocatoria. La inclusión del CDS en los resultados de 1986 y 1989 me pareció aconsejable para una mejor valoración, habida cuenta de que sus votos se sumarían en gran medida a los del PP a partir de 1993. EL EQUILIBRIO ELECTORAL ENTRE PSOE Y PP UNA mínima depuración de las subidas o bajadas adventicias nos sitúa ante la evidencia de un habitual equilibrio electoral entre del PSOE y el PP. Ambos partidos mayoritarios disponen de una masa de seguidores que difícilmente cambiarán su voto por muchos y grandes que sean los errores de una u otra clase dirigente. Una adscripción a la que en el caso del P(SOE) se une el llamado “voto cautivo”, especialmente voluminoso en Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, una parte importante de cuya base electoral vive de las subvenciones, casi sin dar golpe. Prevalece en unos otros sectores del electorado el viejo tópico de izquierda y derecha, acentuado en los últimos años por la calculada exhumación de la “mentira histórica”. La izquierda histérica, que no histórica, enarbola la bandera del antifranquismo para resarcirse de su derrota y ocultar las tremendas culpas de sus antecesores. Y la etiquetada como derecha abjura de la victoria los suyos para que no la acusen de franquista e incluso de fascista. Fraude histórico de una parte y cobardía histórica de la otra. La consecuencia es el retorno a una fractura similar a la de los años treinta, pese a que tanto la izquierda como la derecha han perdido sus señas de identidad, atrapadas como están por quienes manejan los hilos del poder mundial. Se ha escrito que el partido que gana unas elecciones municipales vencerá en las siguientes generales. No creo que sean comparables unos y otros comicios. Los partidos de ámbito local se multiplican por doquier y enmascaran el tópica anclaje de izquierda y derecha. La diferencia fue mínima en el global nacional de las municipales de 2007 entre PSOE (7.758.783 votos) y PP (7.915.014): sólo 156.231 votos más para los populares. También las anteriores cifras evidencian la realidad antes descrita de que existe una masa casi invariable de votantes que permanecen emocionalmente fieles a las siglas a que se adhirieron. Y como las mayorías absolutas sólo se han registrado en tres ocasiones, habrá de admitirse la dificultad de que se repita un tal desenlace electoral en marzo de 2008, salvo conmociones susceptibles de acrecer la participación y de inclinar el voto del descontento en una determinada dirección. DEL VOTO VOLÁTIL Y LAS DEPENDENCIAS DEL INTERNACIONALISMO HE examinado varios de los estudios comparativos que se hicieron entre los resultados electorales y los índices socioeconómicos en cada coyuntura. Se obtiene la conclusión de que tales situaciones apenas si afectan a la masa de los electores fieles a los partidos en liza. Pero sí a los comprendidos en la franja del llamado “voto útil” que suele oscilar entre el 2 y el 13 por ciento a que me refería al comienzo. Un voto volátil que para algunos configura un difuso y eufémico partido centrista. Han existido partidos que se titularon de centro, si bien se trataba de iniciativas personales o de grupo que perseguían arrebatar votos a la izquierda y a la derecha para lograr escaños parlamentarios. Y hubo, y hay, personajes ambiciosos que se proclaman centristas, sea en la izquierda o en la derecha, por análogos motivos. Tampoco faltan aquellos cuyos desvíos de una u otra índole los tienen atrapados y son frágiles ante el chantaje de quienes pueden airearlos con pruebas. Suelen caer en claudicaciones deshonrosas ante el chantaje de su propio partido, del contrario o de concretos poderes mediáticos. O se ven forzados a despegarse de la línea programática o la disciplina de su partido para acercarse al contrario, aún a costa de provocar fricciones y desconcierto entre los suyos. De unos y otros casos hay ejemplos notorios. Tampoco cabe eludir la existencia de infiltraciones resolutivas de determinados poderes mundialistas en las estructuras de dirección de los partidos. Una cuestión nada desdeñable que tratan con asiduidad y conocimiento de causa algunos de los que comentan mis crónica en Foro. En más de una ocasión me he referido a la ficción de la alternancia entre izquierda y derecha en el gobierno de las naciones para consolidar la ficción de una democracia derivada en totalitarismo partitocrático. Y señalé que esa fue la causa de que Aznar, nada más ganar sus primeras elecciones, anunciase que no permanecería más de dos legislaturas al frente del gobierno. No quería ser abatido como lo fue González tras apalancarse en el poder en una tercera legislatura. Ahora ha anunciado Bono, el más pastelero y cínico de los políticos emergidos tras el transaccionismo democratizador, además de discípulo aventajado de Tierno Galván, muy activo miembro de la masonería, que Rodríguez no abordará una tercera legislatura. Da por hecho que seguirá en la Moncloa tras las elecciones de 2008. Y que él asumirá la presidencia del Congreso de los Diputados. ¿Será así? LAS ELECCIONES DE 2008 Y SUS CONDICIONAMIENTOS AL carecer de dotes de augur, debo atenerme a datos reales para aventurar el desenlace de la próximas elecciones generales. El diagnóstico debe tomar en consideración los factores que pueden inclinar la balanza del descontento a favor del Partido Popular, pese a la campaña de desgaste de la figura de Rajoy que desde hace tiempo mantienen las terminales mediáticas del P(SOE) y que él favorece a causa de su carácter melifluo. E incluso columnistas habituales de periódicos teóricamente conservadores como “ABC”, prisionero de las conveniencias de Vocento, instrumento de un sector autista del empresariado vascongado. Y a pesar también del progresismo laicista de Ruiz-Gallardón y del liberalismo bilbderbergiano de algunas de sus figuras. Seis factores sobre todo condicionan a priori un triunfo electoral de Rodríguez: su incitación y apoyo desmesurados a las derivas secesionistas; las también inconstitucionales cesiones de soberanía en el curso de las negociaciones con ETA y su desembocadura en el chantaje criminal del bandidaje terrorista; la intromisión partidista en las instituciones fundamentales del Estado de Derecho; una desastrosa política exterior que ha aislado a España dentro y fuera de la Unión Europea y nos ha convertidos en el hazmerreír internacional; la incitación a un nuevo despertar guerracivilista a cargo de la Ley de Memoria Histórica; y el derrumbe de la economía con sus perniciosos efectos sociales en cuanto a la capacidad adquisitiva de una gran mayoría de españoles. La masa de los electores socialistas le seguirá votando pese a todos desvaríos, aunque sean previsibles las defecciones. El sonado anuncio de Rodríguez Ibarra de que se da de baja en el partido puede tomarse como un indicio. El descontento beneficiará al PP, aunque su programa electoral no aborde con rigor y entereza propuestas, que aprovechen a fondo y sin ringorrangos los errores y desviaciones protagonizadas por Rodríguez. Tendrá los votos de al menos una parte de los descontentos y atemorizados. Es los más presumible que ganará por mayoría relativa más o menos acentuada, lo que le situaría en una posición comprometida: asumir una oposición recrecida o pactar con CiU y PNV a cambio de nuevas cesiones de soberanía del Estado a los secesionismos catalán y vasco, amén de traicionar a su electorado, una parte del cual lo votará tapándose las narices y guiado por la necesidad de que no gane el neofrentepopulismo centrifugador. Es el dramático reto histórico a que se enfrenta Rajoy y planteaba en una anterior crónica, la cual provocó en Foro una viva e ilustrativa polémica. Si las variables de las series electorales que he recogido prestan validez a la hipótesis de una mayoría relativa del PP, parece evidente que Rodríguez tiene harto más posibilidades de permanecer en el poder con el apoyo de las minorías taifales. Ha dicho que no seguirá al frente del gobierno si el PP le sobrepasa aunque sólo sea por un voto. ¿Pero quien puede dar crédito a un tramposo empedernido? EL DILEMA ENTRE OPTAR POR EL MAL MENOR O EL MAL MAYOR LA mayoría de los electores se enfrentarán en marzo de 2008 al grave dilema de si quieren apear del poder a Rodríguez y a quienes hasta ahora lo han mantenido. O si se avienen a una nueva legislatura socialista que llevará a España definitivamente al despeñadero. O dicho de otro modo: si optar por el mal menor, para muchos el PP, o por el mal mayor, sin duda Rodríguez. Pero el desplazamiento del mal mayor requeriría una mayoría absoluta del mal menor. Cada quien habrá de decidir según su conciencia, sin desconocer que el mal menor también es un mal. He pretendido analizar la situación con realismo y abstrayéndome de personales criterios, los cuales conocen de sobra quienes me siguen en Vistazo a la Prensa. Los argumentos de Mariana y de otros foristas son personalmente irreprochables. Y todos conocen que no pocos de ellos los he sostenido, según ponía de manifiesto A. García. Pero, insisto, perseguí en la anterior crónica, y ahora en ésta, dibujar el paisaje electoral en términos objetivos, aún a despecho de mis afecciones personales, de sobra conocidas. Lejos de mí la intención de convencer a nadie para que vote al mal menor, como parece que más de uno ha malentendido. El cosificado marco de la disputa partitocrática no cambiará mientras no irrumpa en la escena política una oferta patriótica y social capaz de encabezar la rebeldía de un amplio sector de españoles. Una eventualidad que el despotismo partitocrático se cuida de bloquear. Y que favorece la multiplicidad de ofertas de similar contenido patriótico. Considero algo más serio que una mera necedad el empecinamiento personalista de algunos en ser cola de ratón, en vez de buscar la unión para, cuando menos, abordar el intento de rugir como un león pese a los severos impedimentos del sistema. La historia enseña que sólo en situaciones de quiebra del sistema emergen de manera espontánea los líderes capaces de cambiar el destino de los pueblos. O que, como sostienen algunos astrofísicos, el desorden es manantial de nuevo orden. El problema desde esta perspectiva es el de atisbar qué nuevo orden puede emerger del caos a que nos conducen Rodríguez y, en general, quienes son instrumentos titiriteros del iluminismo a través de sus múltiples brazos.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4335
Un dilema electoral aquejado de inquietantes variables
Ismael Medina
L EÍ hace tiempo a un sociólogo norteamericano, ahora no recuerdo su nombre, que las encuestas se acomodan al interés de quienes las pagan. De ahí que los cuestionarios suelan ser capciosos. Y trufadas las muestras. Menudean los sondeos de opinión a medida que se aproxima la convocatoria de elecciones generales. Los resultados de unos y otros desembocan en lo que se ha dado en llamar “empate técnico” entre el P(SOE) y el PP. Luego hay que leer entre líneas, como ha hecho “ABC” con la reciente del CIS, parta deducir posibles desplazamientos del voto descontento de unos y otros partidos. Resulta asimismo revelador, y la experiencia lo confirma, que muchos de los consultados ocultan su verdadera intención por temor a que no esté garantizado el secreto y puedan ser identificados. El “no sabe” o “no contesta” suele ser abultado. Es el motivo de que me incline hacia un análisis histórico de los resultados electorales. Alguna vez he aludido en mis crónicas a este tipo de análisis, los cuales me han llevado a la conclusión de que el resultado electoral lo decide un porcentaje de votantes que suele oscilar, según las circunstancias, entre un 2 y un 13 por ciento, como máximo, de los que acuden a las urnas. Un fenómeno que se repite desde las elecciones de 1931 a las de 2004. Y no sólo en España. La traslación de los resultados a la composición parlamentaria guarda asimismo una estrecha relación, no pocas veces arbitraria, con el sistema electoral vigente en cada régimen político. Es de sobra sabido que el cómputo nacional de votos dio el triunfo a las candidaturas favorables al régimen monárquico, aunque por escaso margen. La proclamación de la II República fue un golpe revolucionario al que se plegó Alfonso XIII al sentirse desamparado por quienes estaban obligados a defenderlo. Prefirió un exilio deshonroso a salir con los pies por delante. Son asimismo elocuentes los resultados de las elecciones de febrero de 1936, las cuales dieron paso a un radical proceso revolucionario que acabó con la II República. Estos son los datos: Frente Popular, 4.519.929 votos; conjunción derechista, 4.511.931; centro, 512.921; PNV, 148.581. El PNV decidió adscribirse al Frente Popular, anteponiendo su inclinación nacionalista a su condición conservadora y de la gran mayoría de sus votantes. Defecciones similares de dieron en algunos minoritarios partidos centristas. Lo subrayo por cuanto el fenómeno se reproduce hoy con muy superior entidad y gracias a él se mantiene Rodríguez en el poder. LO QUE ARROJARON LAS URNAS DESDE 1977 A 2000 ¿Y que ocurrió en las elecciones generales celebradas en España entre 1977 y 2004? Conviene advertir de entrada, aunque sea de sobra conocido, que la ley electoral todavía vigente favoreció el acceso a las cámaras parlamentarias de un gran número de partidos minúsculos, además de potenciar los nacionalistas. La importación de la ley D´Hont favoreció al partidos más votados en cada circunscripción al atribuirle el candidato en disputa. Me limitaré por tanto a los dos partidos mayoritarios. Pero no sin advertir que el hundimiento de UCD, consecuencia de una conspiración interior, favoreció de manera ostensible al partidos socialista hasta que la derecha se reagrupó partiendo de la minoritaria Alianza Popular. Elecciones de 1977.- UCD, 6.310.391 votos; PSOE, 5.371.866 Elecciones de 1979.- UCD, 6.292102 votos; PSOE, 5.477.037. Elecciones de 1982.- PSOE, 9.836.579 votos; AP-PDP, 5.412.401; UCD, 1.549.447. Elecciones de 1986.- PSOE, 7.601.985; Coalición Popular, 5.247.677; CDS, 1.838.799 Elecciones de 1989.- PSOE, 6.996.593 votos; Partido Popular, 5.117.049; CDS, 1.617.716. Elecciones de 1993.- Partido Popular, 8.089.235 votos; PSOE, 7.872.245. Elecciones de 1996.- Partido Popular 9.224.696 votos; PSOE, 7.894.535. Elecciones de 2000.- PP, 10.321.178 votos; PSOE, 7.918.752. Elecciones de 2004.- PSOE, 11.026.163. votos; PP, 9.635.491. No es el momento de analizar la incidencia que en los resultados tuvieron en cada convocatoria los índices de paro, de precios u otros de carácter económico. Aunque sí recordar que las elecciones de 1982 se vieron afectados por la voladura interna de la UCD y la acción institucional del 23 de febrero de 1981. Y que en los resultados de 2004 adquirió decisiva influencia el ilícito y revolucionario aprovechamiento de la matanza del 11 de marzo por el P(SOE). Otros factores a tener en cuenta son el aumento del censo electoral y el porcentaje de abstención en cada convocatoria. La inclusión del CDS en los resultados de 1986 y 1989 me pareció aconsejable para una mejor valoración, habida cuenta de que sus votos se sumarían en gran medida a los del PP a partir de 1993. EL EQUILIBRIO ELECTORAL ENTRE PSOE Y PP UNA mínima depuración de las subidas o bajadas adventicias nos sitúa ante la evidencia de un habitual equilibrio electoral entre del PSOE y el PP. Ambos partidos mayoritarios disponen de una masa de seguidores que difícilmente cambiarán su voto por muchos y grandes que sean los errores de una u otra clase dirigente. Una adscripción a la que en el caso del P(SOE) se une el llamado “voto cautivo”, especialmente voluminoso en Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, una parte importante de cuya base electoral vive de las subvenciones, casi sin dar golpe. Prevalece en unos otros sectores del electorado el viejo tópico de izquierda y derecha, acentuado en los últimos años por la calculada exhumación de la “mentira histórica”. La izquierda histérica, que no histórica, enarbola la bandera del antifranquismo para resarcirse de su derrota y ocultar las tremendas culpas de sus antecesores. Y la etiquetada como derecha abjura de la victoria los suyos para que no la acusen de franquista e incluso de fascista. Fraude histórico de una parte y cobardía histórica de la otra. La consecuencia es el retorno a una fractura similar a la de los años treinta, pese a que tanto la izquierda como la derecha han perdido sus señas de identidad, atrapadas como están por quienes manejan los hilos del poder mundial. Se ha escrito que el partido que gana unas elecciones municipales vencerá en las siguientes generales. No creo que sean comparables unos y otros comicios. Los partidos de ámbito local se multiplican por doquier y enmascaran el tópica anclaje de izquierda y derecha. La diferencia fue mínima en el global nacional de las municipales de 2007 entre PSOE (7.758.783 votos) y PP (7.915.014): sólo 156.231 votos más para los populares. También las anteriores cifras evidencian la realidad antes descrita de que existe una masa casi invariable de votantes que permanecen emocionalmente fieles a las siglas a que se adhirieron. Y como las mayorías absolutas sólo se han registrado en tres ocasiones, habrá de admitirse la dificultad de que se repita un tal desenlace electoral en marzo de 2008, salvo conmociones susceptibles de acrecer la participación y de inclinar el voto del descontento en una determinada dirección. DEL VOTO VOLÁTIL Y LAS DEPENDENCIAS DEL INTERNACIONALISMO HE examinado varios de los estudios comparativos que se hicieron entre los resultados electorales y los índices socioeconómicos en cada coyuntura. Se obtiene la conclusión de que tales situaciones apenas si afectan a la masa de los electores fieles a los partidos en liza. Pero sí a los comprendidos en la franja del llamado “voto útil” que suele oscilar entre el 2 y el 13 por ciento a que me refería al comienzo. Un voto volátil que para algunos configura un difuso y eufémico partido centrista. Han existido partidos que se titularon de centro, si bien se trataba de iniciativas personales o de grupo que perseguían arrebatar votos a la izquierda y a la derecha para lograr escaños parlamentarios. Y hubo, y hay, personajes ambiciosos que se proclaman centristas, sea en la izquierda o en la derecha, por análogos motivos. Tampoco faltan aquellos cuyos desvíos de una u otra índole los tienen atrapados y son frágiles ante el chantaje de quienes pueden airearlos con pruebas. Suelen caer en claudicaciones deshonrosas ante el chantaje de su propio partido, del contrario o de concretos poderes mediáticos. O se ven forzados a despegarse de la línea programática o la disciplina de su partido para acercarse al contrario, aún a costa de provocar fricciones y desconcierto entre los suyos. De unos y otros casos hay ejemplos notorios. Tampoco cabe eludir la existencia de infiltraciones resolutivas de determinados poderes mundialistas en las estructuras de dirección de los partidos. Una cuestión nada desdeñable que tratan con asiduidad y conocimiento de causa algunos de los que comentan mis crónica en Foro. En más de una ocasión me he referido a la ficción de la alternancia entre izquierda y derecha en el gobierno de las naciones para consolidar la ficción de una democracia derivada en totalitarismo partitocrático. Y señalé que esa fue la causa de que Aznar, nada más ganar sus primeras elecciones, anunciase que no permanecería más de dos legislaturas al frente del gobierno. No quería ser abatido como lo fue González tras apalancarse en el poder en una tercera legislatura. Ahora ha anunciado Bono, el más pastelero y cínico de los políticos emergidos tras el transaccionismo democratizador, además de discípulo aventajado de Tierno Galván, muy activo miembro de la masonería, que Rodríguez no abordará una tercera legislatura. Da por hecho que seguirá en la Moncloa tras las elecciones de 2008. Y que él asumirá la presidencia del Congreso de los Diputados. ¿Será así? LAS ELECCIONES DE 2008 Y SUS CONDICIONAMIENTOS AL carecer de dotes de augur, debo atenerme a datos reales para aventurar el desenlace de la próximas elecciones generales. El diagnóstico debe tomar en consideración los factores que pueden inclinar la balanza del descontento a favor del Partido Popular, pese a la campaña de desgaste de la figura de Rajoy que desde hace tiempo mantienen las terminales mediáticas del P(SOE) y que él favorece a causa de su carácter melifluo. E incluso columnistas habituales de periódicos teóricamente conservadores como “ABC”, prisionero de las conveniencias de Vocento, instrumento de un sector autista del empresariado vascongado. Y a pesar también del progresismo laicista de Ruiz-Gallardón y del liberalismo bilbderbergiano de algunas de sus figuras. Seis factores sobre todo condicionan a priori un triunfo electoral de Rodríguez: su incitación y apoyo desmesurados a las derivas secesionistas; las también inconstitucionales cesiones de soberanía en el curso de las negociaciones con ETA y su desembocadura en el chantaje criminal del bandidaje terrorista; la intromisión partidista en las instituciones fundamentales del Estado de Derecho; una desastrosa política exterior que ha aislado a España dentro y fuera de la Unión Europea y nos ha convertidos en el hazmerreír internacional; la incitación a un nuevo despertar guerracivilista a cargo de la Ley de Memoria Histórica; y el derrumbe de la economía con sus perniciosos efectos sociales en cuanto a la capacidad adquisitiva de una gran mayoría de españoles. La masa de los electores socialistas le seguirá votando pese a todos desvaríos, aunque sean previsibles las defecciones. El sonado anuncio de Rodríguez Ibarra de que se da de baja en el partido puede tomarse como un indicio. El descontento beneficiará al PP, aunque su programa electoral no aborde con rigor y entereza propuestas, que aprovechen a fondo y sin ringorrangos los errores y desviaciones protagonizadas por Rodríguez. Tendrá los votos de al menos una parte de los descontentos y atemorizados. Es los más presumible que ganará por mayoría relativa más o menos acentuada, lo que le situaría en una posición comprometida: asumir una oposición recrecida o pactar con CiU y PNV a cambio de nuevas cesiones de soberanía del Estado a los secesionismos catalán y vasco, amén de traicionar a su electorado, una parte del cual lo votará tapándose las narices y guiado por la necesidad de que no gane el neofrentepopulismo centrifugador. Es el dramático reto histórico a que se enfrenta Rajoy y planteaba en una anterior crónica, la cual provocó en Foro una viva e ilustrativa polémica. Si las variables de las series electorales que he recogido prestan validez a la hipótesis de una mayoría relativa del PP, parece evidente que Rodríguez tiene harto más posibilidades de permanecer en el poder con el apoyo de las minorías taifales. Ha dicho que no seguirá al frente del gobierno si el PP le sobrepasa aunque sólo sea por un voto. ¿Pero quien puede dar crédito a un tramposo empedernido? EL DILEMA ENTRE OPTAR POR EL MAL MENOR O EL MAL MAYOR LA mayoría de los electores se enfrentarán en marzo de 2008 al grave dilema de si quieren apear del poder a Rodríguez y a quienes hasta ahora lo han mantenido. O si se avienen a una nueva legislatura socialista que llevará a España definitivamente al despeñadero. O dicho de otro modo: si optar por el mal menor, para muchos el PP, o por el mal mayor, sin duda Rodríguez. Pero el desplazamiento del mal mayor requeriría una mayoría absoluta del mal menor. Cada quien habrá de decidir según su conciencia, sin desconocer que el mal menor también es un mal. He pretendido analizar la situación con realismo y abstrayéndome de personales criterios, los cuales conocen de sobra quienes me siguen en Vistazo a la Prensa. Los argumentos de Mariana y de otros foristas son personalmente irreprochables. Y todos conocen que no pocos de ellos los he sostenido, según ponía de manifiesto A. García. Pero, insisto, perseguí en la anterior crónica, y ahora en ésta, dibujar el paisaje electoral en términos objetivos, aún a despecho de mis afecciones personales, de sobra conocidas. Lejos de mí la intención de convencer a nadie para que vote al mal menor, como parece que más de uno ha malentendido. El cosificado marco de la disputa partitocrática no cambiará mientras no irrumpa en la escena política una oferta patriótica y social capaz de encabezar la rebeldía de un amplio sector de españoles. Una eventualidad que el despotismo partitocrático se cuida de bloquear. Y que favorece la multiplicidad de ofertas de similar contenido patriótico. Considero algo más serio que una mera necedad el empecinamiento personalista de algunos en ser cola de ratón, en vez de buscar la unión para, cuando menos, abordar el intento de rugir como un león pese a los severos impedimentos del sistema. La historia enseña que sólo en situaciones de quiebra del sistema emergen de manera espontánea los líderes capaces de cambiar el destino de los pueblos. O que, como sostienen algunos astrofísicos, el desorden es manantial de nuevo orden. El problema desde esta perspectiva es el de atisbar qué nuevo orden puede emerger del caos a que nos conducen Rodríguez y, en general, quienes son instrumentos titiriteros del iluminismo a través de sus múltiples brazos.
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Ladron de Guevara, El fascio catalan
miercoles 26 de diciembre de 2007
El fascio catalán
Ernesto Ladrón de Guevara
U NA democracia con un sistema saludable de libertades tiene que partir necesariamente del paradigma liberal. Cuando la teoría falazmente igualitarista se impone sobre la primacía de la libertad, se subvierten los valores y se deterioran los principios que fundamentan la democracia. El ethos basado en territorio y lengua no debe nunca estar por encima de los derechos individuales, de los ciudadanos físicos. El Dr. D. Carmelo González es un prestigioso médico dedicado a la investigación biotecnológica y al ensayo de nuevos medicamentos. Un ciudadano catalán como él de economía holgada y vida asentada no necesita meterse en líos, y mucho menos cuando éstos van a contracorriente. Sin embargo, D. Carmelo González, padre de dos hijos, viene desarrollando una lucha ejemplar para defender los derechos de sus dos pupilos, pues entiende que si no lo hace él el Estado no va a proteger esos derechos. Llegó al extremo de hacer una huelga de hambre. El Dr. González, que me honra con su amistad, me contaba que, desesperado porque el sistema público de enseñanza catalana no proporciona a sus hijos el derecho a la educación en la lengua materna –castellano- y ha eliminado del currículo cualquier atisbo de la lengua oficial de España, ha optado por llevar a sus hijos a un carísimo colegio alemán, principalmente porque en ese centro se impartía la enseñanza, además de en alemán e inglés, en castellano. Pues bien, eso era hasta hace poco, pues la Administración educativa catalana parece haber presionado hasta conseguir que en dicho centro no concertado no se imparta enseñanza en castellano, con la amenaza de no validar la titulación académica resultante. De tal forma, tal como me lo cuenta mi amigo Carmelo, que ahora no hay una sola institución educativa catalana donde se pueda recibir la enseñanza obligatoria en la lengua del conjunto de los españoles. Este hecho, además de un grave daño para los escolares de Cataluña a los que se les priva del conocimiento de la segunda lengua en número de hablantes del mundo, si excluimos al chino, es un genocidio cultural. Pero, además, supone un atentado a los derechos individuales de los ciudadanos, que, acogiéndose a las recomendaciones de la ONU o a su propia voluntad, quieren elegir para sus hijos la enseñanza en castellano. Este derecho se recoge en la jurisprudencia ya consolidada por diversas sentencias judiciales que el Gobierno de la Generalidad incumple sistemáticamente. E, incluso, incumple, también, la propia ley lingüística de Cataluña que reconoce que tanto el catalán como el castellano son lenguas oficiales en esa Comunidad, como también se recoge en la Carta Magna. Por ello, este miércoles previo a las fiestas navideñas, se va a debatir en el Parlamento catalán una iniciativa legislativa popular suscrita por cincuenta mil ciudadanos catalanes, en la que se dice, en síntesis, algo que debiera ser obvio, cual es que el castellano y el catalán han de ser lenguas vehiculares de la enseñanza en Cataluña y que se ha de preservar el derecho a la educación en la lengua materna. Evidentemente un axioma tan claro y lógico, como que la luz del día es solar, será rechazado por políticos mediocres y antiliberales que pululan por esa ya desacreditada autonomía. Dejarán a esos cincuenta mil ciudadanos y a otros muchos que no se han atrevido a firmar algo que es un derecho de cualquier persona, legítimo y justo, solos y descompuestos. Me gustaría equivocarme. No obstante, y a pesar de todo, habrá que felicitar a la Asociación Convivencia Cívica Catalana, y más en concreto a su presidente Paco Caja, por su pertinaz y esforzada lucha por las libertades de los ciudadanos, y por esclarecer la verdad que no es otra que los derechos constitucionales han dejado de serlo en Cataluña, como también sucede en Vascongadas, y que la democracia es un hecho más formal que real. Gracias a la valentía y a la lucidez intelectual de ese movimiento cívico en Cataluña se oirá la voz de los que son abandonados por los poderes públicos catalanes y españoles. Mientras, el Sr. Solbes, Ministro de Economía y Hacienda de dudoso ejercicio, nos aconseja comer conejo estas Navidades y no pagar propinas. Mejor sería que controlara la inflación poniendo remedio al monumental gasto público en unas comunidades autónomas que desearían ver despedazada a España tal como pronosticó uno de los ideólogos del nacionalismo totalitario: Sabino Arana. Y de paso, bueno sería que su Gobierno lejos de promover derivas hacia actitudes totalitarias en esas comunidades, pusiera algo de su parte para procurar la preserva de los derechos de los ciudadanos, que no son de carácter colectivo, sino que pertenecen al fuero individual.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4333
El fascio catalán
Ernesto Ladrón de Guevara
U NA democracia con un sistema saludable de libertades tiene que partir necesariamente del paradigma liberal. Cuando la teoría falazmente igualitarista se impone sobre la primacía de la libertad, se subvierten los valores y se deterioran los principios que fundamentan la democracia. El ethos basado en territorio y lengua no debe nunca estar por encima de los derechos individuales, de los ciudadanos físicos. El Dr. D. Carmelo González es un prestigioso médico dedicado a la investigación biotecnológica y al ensayo de nuevos medicamentos. Un ciudadano catalán como él de economía holgada y vida asentada no necesita meterse en líos, y mucho menos cuando éstos van a contracorriente. Sin embargo, D. Carmelo González, padre de dos hijos, viene desarrollando una lucha ejemplar para defender los derechos de sus dos pupilos, pues entiende que si no lo hace él el Estado no va a proteger esos derechos. Llegó al extremo de hacer una huelga de hambre. El Dr. González, que me honra con su amistad, me contaba que, desesperado porque el sistema público de enseñanza catalana no proporciona a sus hijos el derecho a la educación en la lengua materna –castellano- y ha eliminado del currículo cualquier atisbo de la lengua oficial de España, ha optado por llevar a sus hijos a un carísimo colegio alemán, principalmente porque en ese centro se impartía la enseñanza, además de en alemán e inglés, en castellano. Pues bien, eso era hasta hace poco, pues la Administración educativa catalana parece haber presionado hasta conseguir que en dicho centro no concertado no se imparta enseñanza en castellano, con la amenaza de no validar la titulación académica resultante. De tal forma, tal como me lo cuenta mi amigo Carmelo, que ahora no hay una sola institución educativa catalana donde se pueda recibir la enseñanza obligatoria en la lengua del conjunto de los españoles. Este hecho, además de un grave daño para los escolares de Cataluña a los que se les priva del conocimiento de la segunda lengua en número de hablantes del mundo, si excluimos al chino, es un genocidio cultural. Pero, además, supone un atentado a los derechos individuales de los ciudadanos, que, acogiéndose a las recomendaciones de la ONU o a su propia voluntad, quieren elegir para sus hijos la enseñanza en castellano. Este derecho se recoge en la jurisprudencia ya consolidada por diversas sentencias judiciales que el Gobierno de la Generalidad incumple sistemáticamente. E, incluso, incumple, también, la propia ley lingüística de Cataluña que reconoce que tanto el catalán como el castellano son lenguas oficiales en esa Comunidad, como también se recoge en la Carta Magna. Por ello, este miércoles previo a las fiestas navideñas, se va a debatir en el Parlamento catalán una iniciativa legislativa popular suscrita por cincuenta mil ciudadanos catalanes, en la que se dice, en síntesis, algo que debiera ser obvio, cual es que el castellano y el catalán han de ser lenguas vehiculares de la enseñanza en Cataluña y que se ha de preservar el derecho a la educación en la lengua materna. Evidentemente un axioma tan claro y lógico, como que la luz del día es solar, será rechazado por políticos mediocres y antiliberales que pululan por esa ya desacreditada autonomía. Dejarán a esos cincuenta mil ciudadanos y a otros muchos que no se han atrevido a firmar algo que es un derecho de cualquier persona, legítimo y justo, solos y descompuestos. Me gustaría equivocarme. No obstante, y a pesar de todo, habrá que felicitar a la Asociación Convivencia Cívica Catalana, y más en concreto a su presidente Paco Caja, por su pertinaz y esforzada lucha por las libertades de los ciudadanos, y por esclarecer la verdad que no es otra que los derechos constitucionales han dejado de serlo en Cataluña, como también sucede en Vascongadas, y que la democracia es un hecho más formal que real. Gracias a la valentía y a la lucidez intelectual de ese movimiento cívico en Cataluña se oirá la voz de los que son abandonados por los poderes públicos catalanes y españoles. Mientras, el Sr. Solbes, Ministro de Economía y Hacienda de dudoso ejercicio, nos aconseja comer conejo estas Navidades y no pagar propinas. Mejor sería que controlara la inflación poniendo remedio al monumental gasto público en unas comunidades autónomas que desearían ver despedazada a España tal como pronosticó uno de los ideólogos del nacionalismo totalitario: Sabino Arana. Y de paso, bueno sería que su Gobierno lejos de promover derivas hacia actitudes totalitarias en esas comunidades, pusiera algo de su parte para procurar la preserva de los derechos de los ciudadanos, que no son de carácter colectivo, sino que pertenecen al fuero individual.
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Jose Melendez, Conejos y propinas
miercoles 26 de diciembre de 2007
Conejos y propinas
José Meléndez
C UANDO el siglo pasado estaba en su mitad, unos investigadores australianos decidieron que había llegado el momento de ponerle un freno a la desbordante procreación de los conejos y para ello tomaron como punto de partida la cepa de un virus que había aparecido en Uruguay una década antes y encontraron la mixomatosis, que estuvo a punto de hacer desaparecer a los conejos de la faz de la tierra. Los cazadores se encontraban por esos campos conejos tumefactos que, en vez de buscar ágilmente el refugio de las matas o el laberinto arquitectónico de sus madrigueras, parecían implorar el tiro de gracia. Pero como la Naturaleza es sabia, los conejos desarrollaron una inmunidad a la enfermedad y volvieron a poblar los montes y las praderas. Menos mal, porque así han podido llegar a nuestros días y representar para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero una solución a la incipiente crisis económica que nos va a estropear las Navidades. Un tipo llamado Joseph Puxeu, catalán por más señas y secretario general de Agricultura –o sea, algo así como el número dos del ministerio- ha salido al paso de la alarma que cunde en las familias que ven llegar los días entrañables de Navidad y encuentran inaccesibles los precios de los manjares tradicionales y ha lanzado la fórmula magistral de su gobierno contra la inflación que es comer conejo en vez de pavo, besugo o pularda. Desde el famoso Plan Marshall, que trató de sacar del caos económico a los mortales, no todos, que había originado la Segunda Guerra Mundial, se han registrado varios milagros económicos en esta vieja y maltrecha Europa. El milagro alemán, el milagro irlandés y los milagros italianos, tierra milagrera por excelencia y siempre convulsa políticamente. En España tuvimos dos milagros económicos, el de López Rodó, que aventó para siempre las consecuencias de la Guerra Civil y el de Rodrigo Rato, que dejó las cuentas nacionales mas limpias que una patena, después de una desafortunada gestión socialista. Pero ahora apunta otro milagro completamente genuino y dentro del “Spain is different”: el milagro del conejo. Si el consejo del Sr.Puxeu es un globo sonda para explorar la acogida de una postura oficial –y debe serlo porque eso no se le ocurre más que a un idiota y hemos de convenir que cuando dicho señor ha llegado a ese cargo será por algo- el milagro del conejo está condenado desde su nacimiento a ingresar en la categoría de chiste, como la creación de una Comisión de Seguimiento de la Sequía o tratar de impedir que cientos de hambrientos subsaharianos saltasen las barreras metálicas de Ceuta y Melilla con la sola presencia de un legionario armado con una porra y un pito. No tengo duda de que a algún ministro o ministra le gusta comerse un conejo, pero también estoy seguro de que su mesa navideña ofrecerá un magnífico besugo o un rico capón de Villaba. Esta nueva aplicación de la cunicultura queda para el vulgo que hace juegos malabares para llegar a fin de mes. Es ofrecer gato por liebre de una forma inútil y rechazable porque la carestía no afecta solo a los manjares delicados, sino a cosas tan elementales para la subsistencia como la leche, el pollo, los huevos, las verduras o el pan. Y además, los criadores de conejos se han subido al tren en marcha y ya anuncian un aumento de sus precios. ¿Qué nos va a ofrecer entonces el político gubernamental de turno? Con las cosas de comer no se juega, pero eso no parecen entenderlo los que llevan cuatro años jugando con las cosas importantes sin que todavía haya nadie que los castigue a estar contra la pared luciendo unas orejas de burro. Si la solución del conejo es una estupidez mas grande que la magnífica catedral de la ciudad que vio nacer a ZP, no lo es menos –y esto si que es raro por venir de quien vieje- la excusa que el ministro de Economía Pedro Solbes emplea para justificar la inflación que padecemos. Para Solbes, la culpa la tienen las propinas. Así, como lo leen. Diría después que su comentario fue sacado de contexto, como dice cada uno de los mortales cuando se dan cuenta de que han metido la pata, pero lo dijo y su afirmación ha provocado cachondeo en el personal e indignación en el gremio de camareros porque no se corresponde con la realidad..Como ocurrió con los ochenta céntimos del valor de un café para Zapatero. Un economista de la talla de Solbes, que tiene aspecto de buda feliz, talante bonachón y voz tenue, además de una notable inteligencia, debe saber que las propinas no se contabilizan porque no gravan el precio del producto y el índice de inflación se confecciona con esos precios tal como llegan al cliente. Y si ha querido dar un toque de atención para que se ahorre en lo superfluo, también se equivoca porque, como se ha demostrado en la cadena de reacciones que han suscitado sus palabras, los españoles somos mas bien rácanos a la hora de las propinas. Somos muchos los que venimos señalando la falta de una política económica previsora que pueda hacer frente a la subida del petróleo y las materias `primas. Eso lo han hecho la inmensa mayoría de los gobiernos de nuestro entorno –el entorno que nuestro gobierno siempre menciona comparativamente cuando le conviene- y para quienes el petróleo y las materias primas suben igual que para nosotros. El gobierno de Zapatero se encontró a su llegada con las arcas llenas y ha venido dilapidando esa herencia en comprar voluntades y votos, derrochándola con los nacionalistas y con cuantos colectivos pudieran proporcionarle un puñado de votos, pero sin preocuparse de los signos negativos que viene ofreciendo la economía mundial y la española en particular. Sus presupuestos para el año próximo, en el que otros pueden estar en el poder, no ofrecen ni un atisbo protector ante el rumbo adverso que está tomando nuestra economía. Eso necesitaría medidas y decisiones valientes y arriesgadas que ahora mismo no existen porque el gobierno no parece dispuesto a tomarlas, encasillado como está en su burbuja de autocomplacencia y optimismo. Coma conejo, no de propinas y sea feliz. Esa es la fórmula ante una situación preocupante, el milagro económico salido de la chistera de mago decadente de ZP, de la que, naturalmente, no podía faltar el conejo. Solo falta que para ahorrarnos el dinero de la gasolina o el gasóleo nos aconsejen ir en bicicleta, que es un ejercicío muy saludable y, además, tendríamos contento a Al Gore en su lucha heroica contra el cambio climático, entusiasticamente secundada por ZP en el panorama preelectoral. Y así nos van las cosas. De todas formas, con conejo o sin él, les deseo unas Felices Navidades y un próspero Año Nuevo a los lectores de “Vistazo” y a todos los compañeros de esta página.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4336
Conejos y propinas
José Meléndez
C UANDO el siglo pasado estaba en su mitad, unos investigadores australianos decidieron que había llegado el momento de ponerle un freno a la desbordante procreación de los conejos y para ello tomaron como punto de partida la cepa de un virus que había aparecido en Uruguay una década antes y encontraron la mixomatosis, que estuvo a punto de hacer desaparecer a los conejos de la faz de la tierra. Los cazadores se encontraban por esos campos conejos tumefactos que, en vez de buscar ágilmente el refugio de las matas o el laberinto arquitectónico de sus madrigueras, parecían implorar el tiro de gracia. Pero como la Naturaleza es sabia, los conejos desarrollaron una inmunidad a la enfermedad y volvieron a poblar los montes y las praderas. Menos mal, porque así han podido llegar a nuestros días y representar para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero una solución a la incipiente crisis económica que nos va a estropear las Navidades. Un tipo llamado Joseph Puxeu, catalán por más señas y secretario general de Agricultura –o sea, algo así como el número dos del ministerio- ha salido al paso de la alarma que cunde en las familias que ven llegar los días entrañables de Navidad y encuentran inaccesibles los precios de los manjares tradicionales y ha lanzado la fórmula magistral de su gobierno contra la inflación que es comer conejo en vez de pavo, besugo o pularda. Desde el famoso Plan Marshall, que trató de sacar del caos económico a los mortales, no todos, que había originado la Segunda Guerra Mundial, se han registrado varios milagros económicos en esta vieja y maltrecha Europa. El milagro alemán, el milagro irlandés y los milagros italianos, tierra milagrera por excelencia y siempre convulsa políticamente. En España tuvimos dos milagros económicos, el de López Rodó, que aventó para siempre las consecuencias de la Guerra Civil y el de Rodrigo Rato, que dejó las cuentas nacionales mas limpias que una patena, después de una desafortunada gestión socialista. Pero ahora apunta otro milagro completamente genuino y dentro del “Spain is different”: el milagro del conejo. Si el consejo del Sr.Puxeu es un globo sonda para explorar la acogida de una postura oficial –y debe serlo porque eso no se le ocurre más que a un idiota y hemos de convenir que cuando dicho señor ha llegado a ese cargo será por algo- el milagro del conejo está condenado desde su nacimiento a ingresar en la categoría de chiste, como la creación de una Comisión de Seguimiento de la Sequía o tratar de impedir que cientos de hambrientos subsaharianos saltasen las barreras metálicas de Ceuta y Melilla con la sola presencia de un legionario armado con una porra y un pito. No tengo duda de que a algún ministro o ministra le gusta comerse un conejo, pero también estoy seguro de que su mesa navideña ofrecerá un magnífico besugo o un rico capón de Villaba. Esta nueva aplicación de la cunicultura queda para el vulgo que hace juegos malabares para llegar a fin de mes. Es ofrecer gato por liebre de una forma inútil y rechazable porque la carestía no afecta solo a los manjares delicados, sino a cosas tan elementales para la subsistencia como la leche, el pollo, los huevos, las verduras o el pan. Y además, los criadores de conejos se han subido al tren en marcha y ya anuncian un aumento de sus precios. ¿Qué nos va a ofrecer entonces el político gubernamental de turno? Con las cosas de comer no se juega, pero eso no parecen entenderlo los que llevan cuatro años jugando con las cosas importantes sin que todavía haya nadie que los castigue a estar contra la pared luciendo unas orejas de burro. Si la solución del conejo es una estupidez mas grande que la magnífica catedral de la ciudad que vio nacer a ZP, no lo es menos –y esto si que es raro por venir de quien vieje- la excusa que el ministro de Economía Pedro Solbes emplea para justificar la inflación que padecemos. Para Solbes, la culpa la tienen las propinas. Así, como lo leen. Diría después que su comentario fue sacado de contexto, como dice cada uno de los mortales cuando se dan cuenta de que han metido la pata, pero lo dijo y su afirmación ha provocado cachondeo en el personal e indignación en el gremio de camareros porque no se corresponde con la realidad..Como ocurrió con los ochenta céntimos del valor de un café para Zapatero. Un economista de la talla de Solbes, que tiene aspecto de buda feliz, talante bonachón y voz tenue, además de una notable inteligencia, debe saber que las propinas no se contabilizan porque no gravan el precio del producto y el índice de inflación se confecciona con esos precios tal como llegan al cliente. Y si ha querido dar un toque de atención para que se ahorre en lo superfluo, también se equivoca porque, como se ha demostrado en la cadena de reacciones que han suscitado sus palabras, los españoles somos mas bien rácanos a la hora de las propinas. Somos muchos los que venimos señalando la falta de una política económica previsora que pueda hacer frente a la subida del petróleo y las materias `primas. Eso lo han hecho la inmensa mayoría de los gobiernos de nuestro entorno –el entorno que nuestro gobierno siempre menciona comparativamente cuando le conviene- y para quienes el petróleo y las materias primas suben igual que para nosotros. El gobierno de Zapatero se encontró a su llegada con las arcas llenas y ha venido dilapidando esa herencia en comprar voluntades y votos, derrochándola con los nacionalistas y con cuantos colectivos pudieran proporcionarle un puñado de votos, pero sin preocuparse de los signos negativos que viene ofreciendo la economía mundial y la española en particular. Sus presupuestos para el año próximo, en el que otros pueden estar en el poder, no ofrecen ni un atisbo protector ante el rumbo adverso que está tomando nuestra economía. Eso necesitaría medidas y decisiones valientes y arriesgadas que ahora mismo no existen porque el gobierno no parece dispuesto a tomarlas, encasillado como está en su burbuja de autocomplacencia y optimismo. Coma conejo, no de propinas y sea feliz. Esa es la fórmula ante una situación preocupante, el milagro económico salido de la chistera de mago decadente de ZP, de la que, naturalmente, no podía faltar el conejo. Solo falta que para ahorrarnos el dinero de la gasolina o el gasóleo nos aconsejen ir en bicicleta, que es un ejercicío muy saludable y, además, tendríamos contento a Al Gore en su lucha heroica contra el cambio climático, entusiasticamente secundada por ZP en el panorama preelectoral. Y así nos van las cosas. De todas formas, con conejo o sin él, les deseo unas Felices Navidades y un próspero Año Nuevo a los lectores de “Vistazo” y a todos los compañeros de esta página.
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