jueves 10 de mayo de 2007
El nuevo capitalismo
Eulogio López (Hispanidad.com)
C UANDO el Santander compra Abbey, tres años atrás, el banco británico rondaba los 24.000 trabajadores. Hace un año esa plantilla se había reducido a 18.622, ahora estamos –según datos facilitados por la propia entidad, en los 16.616. Como el equipo directivo que preside don Emilio Botín se caracteriza por su gestión eficiente, advirtió que a lo mejor sobraban 4.000 empleos, y ahora resulta que vamos hacia los 8.000 despedidos. ¿Quizás se trataba de una entidad sobredimensionada, que había copado todos los segmentos de negocio y que, por tanto, estaba abocada a una reconversión? Pues no, buena prueba de ello es que practicaba el monocultivo hipotecario y que la llegada del Santander ha servido para multiplicar sus productos e incluso sus puntos de venta. ¿Quizás se han marchado los trabajadores con menor experiencia? Pues no, se han ido los veteranos, los más cualificados, más que nada porque eran los que más cobraban y los que no están dispuestos a ceder derechos adquiridos. Sencillamente, el Santander ha aprovechado la muy flexible normativa británica sobre despidos y cuando ha tenido que hacerlo, ha pagado con tal de librarse de un empleado eficiente pero protestón. De hecho, Abbey ha seguido fichando bancarios “a lo Botín”: muchas horas de trabajo, poco sueldo y mucha sumisión… y sin complemento de pensiones. ¿Quizás estaba en pérdidas el Abbey? No, está en beneficios, cada vez más, en especial por la reducción de cotes. ¿Quizás ha disminuido la carga de trabajo? Por supuesto que no, el balance del Abbey crece, el trabajo aumenta. Lo que ocurre es que se externalizan muchas funciones, y los bancos se llenan de agentes o corresponsales que se pagan su propia seguridad Social. El ideal de la multinacional moderna consiste en no tener plantilla, en ser una mera marca, un intangible. Y todos sus trabajadores en condición de externos, de autónomos. La verdad es que podríamos decir lo mismo de cualquier otro banco “modernizado” por un comprador. Por ejemplo, su competidor, el BBVA sigue el mismo camino de reducción acelerada de plantilla, a pesar de que la red de oficinas no disminuye. ¿Y qué pasa con los accionistas? Pues ocurre lo mismo: cada vez menos trabajadores cada vez menos accionistas. Una disminución paulatina pero constante, al parecer irresistible. Por ejemplo, en el BBVA ha perdido en los 12 meses trascurridos entre el 3 de marzo de 2006 y el 31 de marzo de 2007, el 7% de sus propietarios, 61.643 accionistas, si lo prefieren en cifras absolutas. ¿Quizás es que el beneficio por acción disminuyó y los accionistas prefirieron vende? No. De hecho su BPA fue marca histórica. ¿Quizás es que no se produjeron durante ese periodo adquisiciones? Todo lo contrario, en esos 12 meses BBVA compró el norteamericano Compass Bank, lo que ha conllevado una fortísima ampliación de capital, lo que en principio debía haber atraído nuevos titulares, además de que los accionistas adquiridos habrían podido cambiar sus acciones. Y es que algunos lo hicieron sí, pero resulta que la pérdida de accionistas individuales era aún mayor. La razón es que la normativa financiera se ha hecho para beneficiar –fiscal y operativamente- a las instituciones de inversión colectiva y perjudicar a los individuos. En la economía financiera está ocurriendo lo mismo que en la democracia: algunos desconfiamos de ella de que se ha meditado en exceso, desde que e obliga la individuo a escoger entre muy pocas formaciones, de la misma manera que se obliga al propietario a elegir entre muy pocos intermediarios para que gestionen sus ahorros. El individuo –se nos dice- no tienen capacidad, ni informativa ni burocrática, para saber qué es lo que más le conviene. Por eso, debe dejar su dinero en manos de expertos, y ellos le dirán los réditos –o la pérdidas- a su debido tiempo. Ciertamente, los tales intermediarios, los expertos, ganarán siempre, mientras el propietario del dinero sólo ganará en el caso, no siempre probable, de que los gestores desarrollen mejor su trabajo. O sea, lo mismo que se nos dice cuando se niega todo tipo de democracia directa o incluso se tilde a la democracia asamblearia de “fascista”. Es decir, que los ciudadanos se han convertido en votantes. Conclusión: las grandes multinacionales las dirige un presidente, apenas propietario, a los que los accionistas le importan bastante poco, y que sólo rinde cuentas ante un grupo reducido de gestores… que tampoco son propietarios. Estamos llegando al acabóse del capitalismo: cada vez hay menos proletarios y menos propietarios, sustituidos por autónomos y partícipes. Es decir, gente que molesta poco al poder. Además, la capacidad de influencia de ambos colectivos se rige por el muy oligárquico principio del “Son lentejas, muchacho”, también conocido por “Puedes salir de Málaga, pero sólo para caer en Malagón”.
jueves, mayo 10, 2007
Felix Arbolí, El batiburrillo de la informacion
jueves 10 de mayo de 2007
EL BATIBURRILLO DE LA INFORMACIÓN
Félix Arbolí
E STAMOS viviendo tiempos muy revueltos en todos los órdenes. Nuestra existencia se desliza a un ritmo vertiginoso y cuesta abajo hacia el foso del absurdo, la irresponsabilidad y la falta de estímulo. Nada obedece a una lógica razonable. Más bien da la sensación de acatar unos extraños impulsos que intentan aborregarnos, descerebrarnos y convertirnos en marionetas de hábiles titereros (no titiriteros, ojo), que nos manejan a su antojo. El lector, televidente u oyente radiofónico desayuna con noticias y sucesos que le sorprenden y abruman, pero no por su interés o importancia, que ello sería lo normal, sino todo lo contrario, por su evidente banalidad carente de méritos para ese despliegue informativo que acapara espacios y tiempos excesivamente dilatados. Nos hemos convertido en ese extraño pollito de nuestros juegos infantiles que tras darle cuerda, iniciaba un continuo, monótono y sonoro picoteo que solo detenía cuando la llave que lo impulsaba perdía su eficacia. Insistimos una y otra vez en los mismos temas, a todas horas, en todas las cadenas y medios de comunicación, tertulias y cotilleos, como si en ello nos fuera la vida o no tuviéramos problemas o asuntos más serios y preocupantes. Y tanta insistencia nos resulta tremendamente cansina, agobiante y odiosa. Convertimos al personaje tan baqueteado, ajeno a esa machaconería e incluso víctima obligada de la misma, en persona “non grata” de nuestra consideración y simpatía. Tenemos claros ejemplos de lo antes dicho en la actualidad y los tuvimos antes y los tendremos posteriormente porque el hombre siempre es fiel a sus errores y firme en su cabezonería. Al episodio del 11 M, con su macro juicio, que va a durar más que la Catedral de la Almudena, (posiblemente lo terminen los nietos de los actuales jueces, aunque ya no existan presuntos condenados), tenemos el asunto de la ilegalizada Batasuna. Otro miura de reconocida bravura y peligrosos pitones que resiste ansioso de lucha y ávido de muerte, a los capotazos, envites, banderillas y puyazos que les largan algunos políticos y escasos jueces. Simples alguacilillos de esa lidia enconada en la que nadie logra asestar la estocada definitiva. Hay mucha fiereza y resabio en ese animal que se revuelve furioso una y otra vez en cada intento, aumentando incluso su fuerza y su bravura, en detrimento del persistente matador. Y la prensa, la radio y la televisión adornan la crónica de ese machacado espectáculo con las consignas recibidas de su amo y señor que pretende única y aviesamente reflejar su exclusiva verdad. Una treta que el infeliz lector, poniendo a prueba sus tragaderas, tendrá que engullir y digerir. Lo que era una simple culebrilla, se transforma por obra y gracia de estos deformadores de la realidad en un soporífero e interminable culebrón. En tiempos de los antiguos romanos se distraía al pueblo con el famoso “panem et circus”, donde los espectáculos ofrecidos en el Coliseum, no siempre eran ajenos a la sangre, el dolor y la muerte, con la idea de impedirle pensar sobre los asuntos realmente graves que amenazaban al imperio y las abusivas experiencias de un mal gobierno. En tiempos de Franco, y éstos los viví en repetidas ocasiones, se organizaban partidos de fútbol con el Real Madrid, el equipo mimado del Régimen y que le servía de eficaz amuleto para espantar murmuraciones y contrarrestar males de ojo en la política gubernamental. Igualmente se usaron las demostraciones lúdicas del único sindicato permitido, el llamado vertical, como hábiles somníferos de la conciencia y evitación de posibles complicaciones en la fiesta del trabajo que en esos tiempos, bajo la égida del ministro José Solís, llamado “la sonrisa del Régimen” por la permanente exhibición de su blanca dentadura, se transformó en el día de San José Obrero. Una fiesta instituida por Pío X11 en 1951 y que Franco adoptó rápido. No han cambiado mucho los tercios en la actualidad. Se nota que estamos en plena feria de San Isidro. Hoy el Real Madrid con toda su carga de gloria, copas y brillante historial –conste que soy atlético-, no sería capaz de eliminar por completo críticas, comentarios y preocupaciones de un pueblo más crecidito y preparado. A pesar de sus miles de seguidores Un derby, un encuentro internacional, la copa de Europa y mucho más aún, si se llega a la final de una competición, es el único acontecimiento que puede convertirse en atracción de multitudes y obligado tema de reuniones, centros de trabajos, bares y tertulias, pero a pesar de la fuerza que genera el mundo del fútbol, hacen falta más incentivos para entretener al pueblo, lo que traducido a términos taurinos se llamaría “llevar el toro al terreno propicio al matador”. Y en ayuda del avispado e inepto político, corrupto empresario o potentado que no le interesa rodearse de mentes ociosas y de tantos indeseables que detentan poder e influencias gracias a la estulticia de los más, se eligen seriales interminables de temas escabrosos y que crean adición en el “masoca” que muchos llevan dentro, en unión de los programas mal llamados del corazón, pues quedan bastante más abajo de este órgano, que entusiasma a las mayorías y les hacen sentirse muy cerca del “nirvana”. España sigue siendo el país de la pandereta y la peineta. Y son muchos los protagonistas de esos circos ambulantes que recorren nuestra geografía en programas que se repiten y multiplican embruteciendo a la masa y raspándoles la escasa cultura que aún les quedan. Y muy diversos y abundantes también los lugares donde aprendices de paparacis, busconas, aspirantes a putitas de lujo, famosas del bisturí y los remiendos corporales, proxenetas encubiertos bajo apariencias de hombres serios y fiables, intrusos de una profesión que se siente denigrada en esos foros, y otros individuos de similar o peor calaña, se sienten protagonistas de multitudes y objetos de sus más turbios deseos. Lo más sorprendente es que vista esta reiteración y la escasa variedad de temas expuestos, parece que vivimos en una especie de Jauja, donde el “a falta del pan, buenas son las tortas”, se ha convertido en una consigna generalizada. Como si no tuviéramos problemas realmente importantes que exponer a la curiosidad y consideración del lector, radioyente o televidente. Aquí no pasa nada. España va bien. No hay problemas que resolver, ni obligaciones que cumplir. Todos vivimos felices y no tenemos motivos para sentirnos preocupados. Así que como la política está en muy buenas manos, la economía vive sus mejores momentos y la ciudadanía está relajada y libre de prejuicios y perjuicios, vamos a tocar temas que resulten interesantísimos a todos. Que los mantengan atentos a su desenlace y los hagan vivir en continua zozobra e inquietud, pensando en la buena o mala suerte del personaje en cuestión que ocupa profusamente los espacios de la comunicación y mantiene al publico amante del cotilleo en un permanente estado de concentración y entusiasmo. Hay que buscar la presa donde y como sea. Que no se escape. Si hace falta se mantiene una vigilancia continua en su entorno. Es muy importante captarle en todos sus momentos: cuando respira hondo, si llora, si ríe con fuerza o apretando los dientes, si besa al cartero que le lleva las cartas, si se liga al fontanero que intenta desatascar su cañería, etc, etc. Todo vale para dejar satisfecha la voracidad de esas fieras que esperan ansiosas les echen los trozos de carne, cuanto más grandes mejor. ¡Pobre Humanidad sumida en un foso cada vez más profundo!. El nacimiento de la hija de los Príncipes, es asunto para todos los programas y toda la semana. Hemos presenciado una y cien veces en distintos canales y espacios, las llegadas de unos y otros que acudían al hospital a darles la enhorabuena a los felices padres, aunque muchos de los protagonistas de esa feria de las vanidades, no albergaran en la profundidad de sus sentimientos apego alguno a lo que representaban las personas a las que iban a adular. Bien está que se de una noticia de esta importancia. Es periodísticamente correcto. Lo que no me parece oportuno, ni hace simpático a sus protagonistas, aunque ellos sean ajenos a este intento de exprimir el limón al máximo, es que te la den en el desayuno, la comida, la sobremesa, la merienda, le cena y hasta en las horas donde las personas normales están muy lejos de la realidad. Y al día siguiente, idem de lo mismo. Y al otro, una nueva repetición, por si alguno aún no se había enterado de tan feliz acontecimiento. ¡Que falta de imaginación e ineptitud para encontrar nuevos temas!. Alternando con el parto de la Princesa, aunque salvando las distancias, la detención de Isabel Pantoja, la folklórica que aún nos queda en esta España de claveles y faralaes. Fotos y comentarios repetidos hasta la saciedad, sin mover una sola coma, ya que el asunto no les daba para más. Su noche hospedada en el calabozo, nada que ver con los cinco estrellas a los que estará acostumbrada y su comparecencia ante ese Juez que se ha convertido en una especie de Charles Bronson “justiciero” en la asolada y esquilmada Marbella. Y ante la carencia de noticias para llenar tantos espacios al asunto dedicados, un recorrido por la vida de la artista, donde solo se ha echado de menos su boda con Paquirri y su desafortunado percance y dolorosa viudedad, esa parte de su biografía que hizo emocionar a toda España. Pero eso sería echar flores sobre un campo encharcado. Somos aves de rapiña, auténticos carroñeros, que buscamos con avidez el fétido olor de la podredumbre para satisfacer a esa mayoría no acostumbrada a la fragancia de un buen perfume. Y tenemos Pantoja para rato. Unas defendiéndola y arriesgándose al máximo por confirmar su inocencia. Otros y otras, aprovechándose del árbol caído para terminar de rematarlo, con sus ácidos comentarios, sus verdades y calumnias. Y la masa feliz y satisfecha con el tremendo resbalón de la famosa a la que muchos de los que hoy la denigran y se alegran de su infortunio, ayer la aplaudían y aclamaban con los más encendidos piropos. ¡Y aún no ha sido condenada1. Está en ese utilizadísimo “presunto” tan de moda en los asuntos judiciales. Lo que si me ha sorprendido es que en unas pocas horas, mediante colecta entre amigos se llegara a reunir los noventa mil euros de fianza en metálico. Más aún, que los sobrepasaron. ¿Dónde están esos amigos a los que en mis largos años de vida nunca he encontrado?. Aunque, gracias a Dios, tampoco me he visto en esa difícil situación. ¿De verdad que es posible reunir tal cantidad de euros en unas horas y entre un pequeño grupo?. ¡Cuantas fortunas escondidas y camufladas!. No se ha dicho quienes eran esos afortunados que se desprenden de tal cantidad, sin tener hipotecarse o empeñar la joya familiar. Al socaire de este tema, su enamorado “don Julián”, que nada tiene que ver con el de Zorrilla o el de Tirso de Molina, aunque todos ellos anden metidos en asuntos de faldas, se ha declarado en huelga de hambre. Un procedimiento puesto de moda entre la población carcelaria por ese “benefactor de la Humanidad” llamado De Juana, con tan excelente resultado y que se va a convertir en la panacea y el mejor de los abogados para todos los presos españoles. Nada extraño, ya que si esa treta sirvió para echar a un criminal a la calle, deberá servir con más fundamento para dejar libre a ese chorizo que robó en un “super” porque tenía hambre o sufría del “mono”. ¡Vamos, digo yo!. Julián no sufre del “mono”, su padecimiento es del corazón, donde tiene enquistada a su amada Isabel. Romántico que es el muchacho. Dice que no come en protesta por la detención de esa moza que le tiene absorbido el seso (con ese). No se hasta cuanto durará ese ayuno nada cuaresmático, porque la detención no puede retroceder y anularse. Ya está hecha y como dicen en las películas “pendiente de que se celebre el juicio”. ¡Ay Julián, que no estamos para esos trotes, pues como sigas así vas a perder hasta el bigote al no encontrar espacio donde asentarse!. Tu lo que debes hacer es portarte muy bien, o hacerte de la ETA, y ya verás como todo se arregla. A los quince días paseando con la chavala y hasta con escolta. ¿Hay quien ponga orden y concierto en este batiburrillo en el que hemos convertido la actualidad en nuestros medios de comunicación?. ¿Hay alguno fiable?. Son preguntas, no afirmaciones, no vayamos a fastidiarlo a última hora.
EL BATIBURRILLO DE LA INFORMACIÓN
Félix Arbolí
E STAMOS viviendo tiempos muy revueltos en todos los órdenes. Nuestra existencia se desliza a un ritmo vertiginoso y cuesta abajo hacia el foso del absurdo, la irresponsabilidad y la falta de estímulo. Nada obedece a una lógica razonable. Más bien da la sensación de acatar unos extraños impulsos que intentan aborregarnos, descerebrarnos y convertirnos en marionetas de hábiles titereros (no titiriteros, ojo), que nos manejan a su antojo. El lector, televidente u oyente radiofónico desayuna con noticias y sucesos que le sorprenden y abruman, pero no por su interés o importancia, que ello sería lo normal, sino todo lo contrario, por su evidente banalidad carente de méritos para ese despliegue informativo que acapara espacios y tiempos excesivamente dilatados. Nos hemos convertido en ese extraño pollito de nuestros juegos infantiles que tras darle cuerda, iniciaba un continuo, monótono y sonoro picoteo que solo detenía cuando la llave que lo impulsaba perdía su eficacia. Insistimos una y otra vez en los mismos temas, a todas horas, en todas las cadenas y medios de comunicación, tertulias y cotilleos, como si en ello nos fuera la vida o no tuviéramos problemas o asuntos más serios y preocupantes. Y tanta insistencia nos resulta tremendamente cansina, agobiante y odiosa. Convertimos al personaje tan baqueteado, ajeno a esa machaconería e incluso víctima obligada de la misma, en persona “non grata” de nuestra consideración y simpatía. Tenemos claros ejemplos de lo antes dicho en la actualidad y los tuvimos antes y los tendremos posteriormente porque el hombre siempre es fiel a sus errores y firme en su cabezonería. Al episodio del 11 M, con su macro juicio, que va a durar más que la Catedral de la Almudena, (posiblemente lo terminen los nietos de los actuales jueces, aunque ya no existan presuntos condenados), tenemos el asunto de la ilegalizada Batasuna. Otro miura de reconocida bravura y peligrosos pitones que resiste ansioso de lucha y ávido de muerte, a los capotazos, envites, banderillas y puyazos que les largan algunos políticos y escasos jueces. Simples alguacilillos de esa lidia enconada en la que nadie logra asestar la estocada definitiva. Hay mucha fiereza y resabio en ese animal que se revuelve furioso una y otra vez en cada intento, aumentando incluso su fuerza y su bravura, en detrimento del persistente matador. Y la prensa, la radio y la televisión adornan la crónica de ese machacado espectáculo con las consignas recibidas de su amo y señor que pretende única y aviesamente reflejar su exclusiva verdad. Una treta que el infeliz lector, poniendo a prueba sus tragaderas, tendrá que engullir y digerir. Lo que era una simple culebrilla, se transforma por obra y gracia de estos deformadores de la realidad en un soporífero e interminable culebrón. En tiempos de los antiguos romanos se distraía al pueblo con el famoso “panem et circus”, donde los espectáculos ofrecidos en el Coliseum, no siempre eran ajenos a la sangre, el dolor y la muerte, con la idea de impedirle pensar sobre los asuntos realmente graves que amenazaban al imperio y las abusivas experiencias de un mal gobierno. En tiempos de Franco, y éstos los viví en repetidas ocasiones, se organizaban partidos de fútbol con el Real Madrid, el equipo mimado del Régimen y que le servía de eficaz amuleto para espantar murmuraciones y contrarrestar males de ojo en la política gubernamental. Igualmente se usaron las demostraciones lúdicas del único sindicato permitido, el llamado vertical, como hábiles somníferos de la conciencia y evitación de posibles complicaciones en la fiesta del trabajo que en esos tiempos, bajo la égida del ministro José Solís, llamado “la sonrisa del Régimen” por la permanente exhibición de su blanca dentadura, se transformó en el día de San José Obrero. Una fiesta instituida por Pío X11 en 1951 y que Franco adoptó rápido. No han cambiado mucho los tercios en la actualidad. Se nota que estamos en plena feria de San Isidro. Hoy el Real Madrid con toda su carga de gloria, copas y brillante historial –conste que soy atlético-, no sería capaz de eliminar por completo críticas, comentarios y preocupaciones de un pueblo más crecidito y preparado. A pesar de sus miles de seguidores Un derby, un encuentro internacional, la copa de Europa y mucho más aún, si se llega a la final de una competición, es el único acontecimiento que puede convertirse en atracción de multitudes y obligado tema de reuniones, centros de trabajos, bares y tertulias, pero a pesar de la fuerza que genera el mundo del fútbol, hacen falta más incentivos para entretener al pueblo, lo que traducido a términos taurinos se llamaría “llevar el toro al terreno propicio al matador”. Y en ayuda del avispado e inepto político, corrupto empresario o potentado que no le interesa rodearse de mentes ociosas y de tantos indeseables que detentan poder e influencias gracias a la estulticia de los más, se eligen seriales interminables de temas escabrosos y que crean adición en el “masoca” que muchos llevan dentro, en unión de los programas mal llamados del corazón, pues quedan bastante más abajo de este órgano, que entusiasma a las mayorías y les hacen sentirse muy cerca del “nirvana”. España sigue siendo el país de la pandereta y la peineta. Y son muchos los protagonistas de esos circos ambulantes que recorren nuestra geografía en programas que se repiten y multiplican embruteciendo a la masa y raspándoles la escasa cultura que aún les quedan. Y muy diversos y abundantes también los lugares donde aprendices de paparacis, busconas, aspirantes a putitas de lujo, famosas del bisturí y los remiendos corporales, proxenetas encubiertos bajo apariencias de hombres serios y fiables, intrusos de una profesión que se siente denigrada en esos foros, y otros individuos de similar o peor calaña, se sienten protagonistas de multitudes y objetos de sus más turbios deseos. Lo más sorprendente es que vista esta reiteración y la escasa variedad de temas expuestos, parece que vivimos en una especie de Jauja, donde el “a falta del pan, buenas son las tortas”, se ha convertido en una consigna generalizada. Como si no tuviéramos problemas realmente importantes que exponer a la curiosidad y consideración del lector, radioyente o televidente. Aquí no pasa nada. España va bien. No hay problemas que resolver, ni obligaciones que cumplir. Todos vivimos felices y no tenemos motivos para sentirnos preocupados. Así que como la política está en muy buenas manos, la economía vive sus mejores momentos y la ciudadanía está relajada y libre de prejuicios y perjuicios, vamos a tocar temas que resulten interesantísimos a todos. Que los mantengan atentos a su desenlace y los hagan vivir en continua zozobra e inquietud, pensando en la buena o mala suerte del personaje en cuestión que ocupa profusamente los espacios de la comunicación y mantiene al publico amante del cotilleo en un permanente estado de concentración y entusiasmo. Hay que buscar la presa donde y como sea. Que no se escape. Si hace falta se mantiene una vigilancia continua en su entorno. Es muy importante captarle en todos sus momentos: cuando respira hondo, si llora, si ríe con fuerza o apretando los dientes, si besa al cartero que le lleva las cartas, si se liga al fontanero que intenta desatascar su cañería, etc, etc. Todo vale para dejar satisfecha la voracidad de esas fieras que esperan ansiosas les echen los trozos de carne, cuanto más grandes mejor. ¡Pobre Humanidad sumida en un foso cada vez más profundo!. El nacimiento de la hija de los Príncipes, es asunto para todos los programas y toda la semana. Hemos presenciado una y cien veces en distintos canales y espacios, las llegadas de unos y otros que acudían al hospital a darles la enhorabuena a los felices padres, aunque muchos de los protagonistas de esa feria de las vanidades, no albergaran en la profundidad de sus sentimientos apego alguno a lo que representaban las personas a las que iban a adular. Bien está que se de una noticia de esta importancia. Es periodísticamente correcto. Lo que no me parece oportuno, ni hace simpático a sus protagonistas, aunque ellos sean ajenos a este intento de exprimir el limón al máximo, es que te la den en el desayuno, la comida, la sobremesa, la merienda, le cena y hasta en las horas donde las personas normales están muy lejos de la realidad. Y al día siguiente, idem de lo mismo. Y al otro, una nueva repetición, por si alguno aún no se había enterado de tan feliz acontecimiento. ¡Que falta de imaginación e ineptitud para encontrar nuevos temas!. Alternando con el parto de la Princesa, aunque salvando las distancias, la detención de Isabel Pantoja, la folklórica que aún nos queda en esta España de claveles y faralaes. Fotos y comentarios repetidos hasta la saciedad, sin mover una sola coma, ya que el asunto no les daba para más. Su noche hospedada en el calabozo, nada que ver con los cinco estrellas a los que estará acostumbrada y su comparecencia ante ese Juez que se ha convertido en una especie de Charles Bronson “justiciero” en la asolada y esquilmada Marbella. Y ante la carencia de noticias para llenar tantos espacios al asunto dedicados, un recorrido por la vida de la artista, donde solo se ha echado de menos su boda con Paquirri y su desafortunado percance y dolorosa viudedad, esa parte de su biografía que hizo emocionar a toda España. Pero eso sería echar flores sobre un campo encharcado. Somos aves de rapiña, auténticos carroñeros, que buscamos con avidez el fétido olor de la podredumbre para satisfacer a esa mayoría no acostumbrada a la fragancia de un buen perfume. Y tenemos Pantoja para rato. Unas defendiéndola y arriesgándose al máximo por confirmar su inocencia. Otros y otras, aprovechándose del árbol caído para terminar de rematarlo, con sus ácidos comentarios, sus verdades y calumnias. Y la masa feliz y satisfecha con el tremendo resbalón de la famosa a la que muchos de los que hoy la denigran y se alegran de su infortunio, ayer la aplaudían y aclamaban con los más encendidos piropos. ¡Y aún no ha sido condenada1. Está en ese utilizadísimo “presunto” tan de moda en los asuntos judiciales. Lo que si me ha sorprendido es que en unas pocas horas, mediante colecta entre amigos se llegara a reunir los noventa mil euros de fianza en metálico. Más aún, que los sobrepasaron. ¿Dónde están esos amigos a los que en mis largos años de vida nunca he encontrado?. Aunque, gracias a Dios, tampoco me he visto en esa difícil situación. ¿De verdad que es posible reunir tal cantidad de euros en unas horas y entre un pequeño grupo?. ¡Cuantas fortunas escondidas y camufladas!. No se ha dicho quienes eran esos afortunados que se desprenden de tal cantidad, sin tener hipotecarse o empeñar la joya familiar. Al socaire de este tema, su enamorado “don Julián”, que nada tiene que ver con el de Zorrilla o el de Tirso de Molina, aunque todos ellos anden metidos en asuntos de faldas, se ha declarado en huelga de hambre. Un procedimiento puesto de moda entre la población carcelaria por ese “benefactor de la Humanidad” llamado De Juana, con tan excelente resultado y que se va a convertir en la panacea y el mejor de los abogados para todos los presos españoles. Nada extraño, ya que si esa treta sirvió para echar a un criminal a la calle, deberá servir con más fundamento para dejar libre a ese chorizo que robó en un “super” porque tenía hambre o sufría del “mono”. ¡Vamos, digo yo!. Julián no sufre del “mono”, su padecimiento es del corazón, donde tiene enquistada a su amada Isabel. Romántico que es el muchacho. Dice que no come en protesta por la detención de esa moza que le tiene absorbido el seso (con ese). No se hasta cuanto durará ese ayuno nada cuaresmático, porque la detención no puede retroceder y anularse. Ya está hecha y como dicen en las películas “pendiente de que se celebre el juicio”. ¡Ay Julián, que no estamos para esos trotes, pues como sigas así vas a perder hasta el bigote al no encontrar espacio donde asentarse!. Tu lo que debes hacer es portarte muy bien, o hacerte de la ETA, y ya verás como todo se arregla. A los quince días paseando con la chavala y hasta con escolta. ¿Hay quien ponga orden y concierto en este batiburrillo en el que hemos convertido la actualidad en nuestros medios de comunicación?. ¿Hay alguno fiable?. Son preguntas, no afirmaciones, no vayamos a fastidiarlo a última hora.
Antonio Parra, Papá Hemingway
jueves 10 de mayo de 2007
PAPÁ HEMINGWAY
Antonio Parra
E N 1928 la madre de Hemingway le mandó a su hijo por correo una tarta de chocolate y un smith&wesson del calibre 32, el revolver que tenía su padre cuando se suicidó. Ernesto cogió el arma y la lanzó a las aguas negras de un lago. Cuenta en alguno de sus cuentos cómo vio desaparecer el objeto. Las aguas del Wyoming Lake lanzaron burbujas y círculos concéntricos al sumergirse la pistola. Esas burbujas fueron una premonición. Lo persiguieron al autor de Adiós a las Armas de por vida. Llegaron a ser fantasmas obsesivos en su memoria. Para conjurar esta tortura el escritor acudió a la botella. Él mismo, hostigado por las aguas negras de aquel lago, se sumergió en otras más tenebrosas todavía, las del alcohol. Hay algo de fluidez líquida en sus novelas. Algo de ahogado. Quizás presintiera cómo iba a acabar. Hemingway escribía como un pez torturado que no encuentra la salida, náufrago del destino, ni el banco ictiológico al que pertenecía. O al clan. Fue todos los años de sus días un desarraigado que paseó por el mundo la imagen del buen norteamericano, el buen salvaje roussoniano, caído de un guindo o del paraíso de Walden. Fue en realidad un bisonte lejos de la manada. Por eso cazaba, pescaba y escribía una palabra detrás de otra con dificultades, eso sí, como si se tratase de un albañil romano empeñado en pintar un cuadro recomponiendo las piezas de sus mosaicos. Los capítulos de sus novelas no deberían llamarse capítulos sino teselas. Hay algo de artesanía laboriosa para analizarse a sí mismo, siguiendo un método freudiano. El recuerdo de la pistola de su padre le persiguió de por vida y fue un presentimiento fatídico. También don Ernesto acabó suicidándose al igual que otros miembros del clan como su sobrina Margot. El suicidio debió de ser cosa de familia. Gracias a esta laboriosidad su prosa resulta fácil pero esta facilidad con tanto trabajo conseguida no responde a los parámetros de su vida siempre torturada. Por eso resulta mucho más fácil encariñarse con sus libros. Hemingway no debió de ser muy buena persona. Un tío antipático que empinaba demasiado el codo. Se pasó parte de su corresponsalía en la guerra del 36 rodeado de putas y en la barra del Chicote. Luego en sus crónicas resultaban tan vívidas que surgía la impresión de que estaba en las mismas trincheras. Sender Ramón J., el gran Sender, uno de los mejores escritores españoles del siglo XX, que lo conocía bien dijo cosas muy gordas del bueno de Hemingway. Que era un espía, que despreciaba olímpicamente a los españoles, y que sus aficiones no eran más que una máscara. En resolución, que no era un tipo al que se le podía comprar un coche de segunda mano. Y es que el arte va por un camino y el carácter del artista por otro. Se debería marcar una bisectriz entre el hombre y la obra. En la historia universal el hecho se repite: Villon era ladrón y formó parte de una compañía de bandidos. Dostoievski, jugador, Ruiz de Alarcón cheposo y acomplejado. Shakespeare de cuya vida se sabe poco pero se sospecha que estuviera relacionada con los bajos fondos isabelinos de Londres no era un dechado de virtudes. Lo mismo que Quevedo, muy pendenciero pues tenía una inteligencia fuera de lo normal y un manejo del castellano y de la navaja como no hubo otro. Mató a un menda por un lance de amor. Cervantes, ah Cervantes, que también fue homicida y tuvo que huir a Roma y refugiarse en el Vaticano en casa de un cardenal, lo tenemos de palanganero en una casa llana en Valladolid. Hagamos gracia al lector de contarle cómo era Valle Inclán (menuda pieza) o Azorín un tipo muy vehemente que quiso pegarle tres tiros a Ramiro de Maeztu. Y sin embargo en sus escritos parece un tipo muy sereno y tan mosquita muerta bajo el paraguas rojo de su eutrapelia. Dicen que con buenos sentimientos se suele escribir pésima literatura. Acaso la frase es irresponsable y exagerada pero aquí se suele mentar con frecuencia a la madre y madres no hay más que una, o buscarle los tábanos a un autor que nos disgusta. En España donde siempre se murmura y se pone en berlina la conducta de los demás, la paja en el ojo ajeno, y la viga en el tuyo, cuentan mucho la honra y el qué dirán el cómo es con quién se acuesta con quien se levanta un escritor determinado – y mira que la literatura no es una profesión en la cual se acomoden doctrinos ni candidatos a la hornacina de esos del cuello de medio lado porque la literatura es un pacto un poco con el barro del que nos fraguaron y un compromiso con la sociedad en que vivimos y esta es profesión dura, las navajas se esconden bajo rosas y sonrisas y no hay que fiarse demasiado de los lamerones ni de los que hostigan gratuitamente y se refocilan en la provocación y el desplante, este es un oficio duro y vocacional- pero en América, en Reino Unido o en Francia o Alemania se separa el cómo es de lo que hace. Lo que dice del cómo se dice. El creador del Viejo y el Mar fue un esplendido contador de historias y uno de los hombres más famosos del mundo, paradigma de autor halagado por los medios de comunicación, pero daba el pego. Era un tipo muy aburrido, violento, machista, un mal amante y un tipo fastidioso. Él era el peor personaje de sus libros. Sus biógrafos arguyen que este mal carácter tuvo su origen en los 200 fragmentos de metralla de un obús austriaco que le atizó en las piernas el 8 de julio de 1918. A resultas de la explosión quedó afectado a sus genitales. Fue parcialmente impotente de por vida y algo sordo. Tales complejos lo llevaron a la botella, a la depresión, a las pastillas y al electrochoque. Finalmente se pegó un tiro en su casa de Ketchoum (Idaho) Siguió la senda de su progenitor. Estaba enfermo de diabetes, los riñones los tenía hechos cisco. Padecía depresiones. Era rencoroso, fatuo y algo gilipollas. El nombre de su arma suicida: una carabina Boss. Mens mórbida in corpore mórbido decían los galenos. Quiere decirse que si estás enfermo tus escritos adolecerán de la misma enfermad, pero este aserto que vale para algunas cosas de las reglas del clan, no se cumple necesariamente entre los mortales y es un poco lo que diferencia al hombre de las fieras que se agrupan en mutas y en bandadas. Hemingway supo vivir fuera de clan. Y a la contra. Es un autor que despista. Sus novelas ofrecen la imagen de un hombre feliz, un buen salvaje siempre jocundo, que se divertía con mujeres de la vida y todo le sonreía. La verdad, según algunas referencias de la guerra civil, sus borracheras en Chicote acababan en reyerta y en una ocasión quiso tirar al estanque del Retiro a dos chicas de alterne, consumido por el alcohol, desesperado por la impotencia. Su vida- París, Pamplona, las cacerías en el Kilimanjaro, Key West, La Habana de Batista- no fue una fiesta. Pero conviene insistir que la magia de la literatura consiste en eso: en el arte de la seducción. Un autor puede aparentar cólera en un párrafo infernal y adornar el siguiente con imágenes beatíficas. Nadia tiene que ver el plano real con el plano ideal. Por eso en muchos casos las broncas literarias son puro teatro, de cara a la galería. De manera que si el infierno dicen que está empedrado de buenísimas personas en el Parnaso de la gloria se cuentan a puñados los malvados. Un plumífero determinado puede dar la impresión de estar de un humor de perros y sin embargo es más feliz que unas castañuelas. O borracho y está más sobrio que un juez. Papa Hemingway da la impresión de chicarrón del norte, y era todo lo contrario: un hipocondríaco, aprensivo, un débil mental, algo cobarde, tímido con las mujeres, que amaba la guerra exteriormente porque en el 36 no se mostró tan valiente. Cuentan algunos como Barea y lo refrenda Sender que siendo corresponsal de guerra cuando bombardeaban Madrid se iba por la pata abajo. Nunca estuvo en el frente pero su descripción del frente de la Granja es magistral. El lector parece que lo vive y empieza a respirar hasta el perfume de los pinos rojizos de Valsaín en Por quien doblan las campanas que escribió precisamente en la barra del susodicho establecimiento. Incluso en la actualidad sigue siendo uno de los escritores preferidos de los norteamericanos. ¿Será por el culto que rinde a la violencia? Por término se venden un millón de sus libros todos los años. Por mimetismo hacia él algunos, caducos, se dejan crecer la barba, se visten de safari y se van a matar ciervos a las reservas de Montana. Pero allí sólo podrán matar pulgas y coger unas trompas de aquí te espero. Es el icono del perfecto Rambo pero don Ernesto era una obra maestra de contradicciones en la vida real. Nada es lo que parece. Su aspecto amable y bonachón, abierto, se compadece poco con la descortesía y hasta maldad, pues había en su carácter algo de perverso. Y con perversidad trata a Gertrude Stein y a Scott Fitzgerald o Sherwood Anderson, amigos suyos de Paris. Sin embargo, el pego que da es que París era una fiesta: juergas, mujeres. Era una trola. Con Hemingway la literatura empieza a ser algo estereotípico. Es la fuerza de la imagen. Mentiroso compulsivo y algo misógino maltrataba a las mujeres y sin embargo, traza un maravilloso y tierno personaje femenino en la Susan de Farewell to Arms. Profundamente creativo y profundamente destructivo como acaba de decir un crítico. Nunca resolvió sus contradicciones interiores. Por eso acabó pegándose dos tiros en la boca. Se trata de un caso en que la genialidad despista. El autor nada tiene que ver con la obra. A veces con buenas intenciones y creencias se pueden escribir bodrios y al revés. La naturaleza es salvaje. Carece de ética y el arte verdadero de un rigor moral. La historia va a su bola indiferentemente de lo que nos pase, cómo seamos o cómo nos sintamos. Esa es la magia precisamente de la literatura. Hasta los místicos dan el pego. Así que menos globos. Hay gente que parece anda a la rebatiña con anhelo de provocación y mentándole a uno la madre. A mí plin. Yo me conuselo leyendo el Adiós a las armas. ¿Y el insulto al centinela? Bueno. Bueno. Eso es otro tema. Lo abordaremos otro día. Vayamos por partes. De momento válganos decir que en este país se confunden el culo con las temporas y hay tantos argumentos ad hominem. Harta mala baba y peor sangre. No hay que hacerlos caso. Que ladren y si rabian, que les pongan un bozal. Buenos días nos dé Dios
PAPÁ HEMINGWAY
Antonio Parra
E N 1928 la madre de Hemingway le mandó a su hijo por correo una tarta de chocolate y un smith&wesson del calibre 32, el revolver que tenía su padre cuando se suicidó. Ernesto cogió el arma y la lanzó a las aguas negras de un lago. Cuenta en alguno de sus cuentos cómo vio desaparecer el objeto. Las aguas del Wyoming Lake lanzaron burbujas y círculos concéntricos al sumergirse la pistola. Esas burbujas fueron una premonición. Lo persiguieron al autor de Adiós a las Armas de por vida. Llegaron a ser fantasmas obsesivos en su memoria. Para conjurar esta tortura el escritor acudió a la botella. Él mismo, hostigado por las aguas negras de aquel lago, se sumergió en otras más tenebrosas todavía, las del alcohol. Hay algo de fluidez líquida en sus novelas. Algo de ahogado. Quizás presintiera cómo iba a acabar. Hemingway escribía como un pez torturado que no encuentra la salida, náufrago del destino, ni el banco ictiológico al que pertenecía. O al clan. Fue todos los años de sus días un desarraigado que paseó por el mundo la imagen del buen norteamericano, el buen salvaje roussoniano, caído de un guindo o del paraíso de Walden. Fue en realidad un bisonte lejos de la manada. Por eso cazaba, pescaba y escribía una palabra detrás de otra con dificultades, eso sí, como si se tratase de un albañil romano empeñado en pintar un cuadro recomponiendo las piezas de sus mosaicos. Los capítulos de sus novelas no deberían llamarse capítulos sino teselas. Hay algo de artesanía laboriosa para analizarse a sí mismo, siguiendo un método freudiano. El recuerdo de la pistola de su padre le persiguió de por vida y fue un presentimiento fatídico. También don Ernesto acabó suicidándose al igual que otros miembros del clan como su sobrina Margot. El suicidio debió de ser cosa de familia. Gracias a esta laboriosidad su prosa resulta fácil pero esta facilidad con tanto trabajo conseguida no responde a los parámetros de su vida siempre torturada. Por eso resulta mucho más fácil encariñarse con sus libros. Hemingway no debió de ser muy buena persona. Un tío antipático que empinaba demasiado el codo. Se pasó parte de su corresponsalía en la guerra del 36 rodeado de putas y en la barra del Chicote. Luego en sus crónicas resultaban tan vívidas que surgía la impresión de que estaba en las mismas trincheras. Sender Ramón J., el gran Sender, uno de los mejores escritores españoles del siglo XX, que lo conocía bien dijo cosas muy gordas del bueno de Hemingway. Que era un espía, que despreciaba olímpicamente a los españoles, y que sus aficiones no eran más que una máscara. En resolución, que no era un tipo al que se le podía comprar un coche de segunda mano. Y es que el arte va por un camino y el carácter del artista por otro. Se debería marcar una bisectriz entre el hombre y la obra. En la historia universal el hecho se repite: Villon era ladrón y formó parte de una compañía de bandidos. Dostoievski, jugador, Ruiz de Alarcón cheposo y acomplejado. Shakespeare de cuya vida se sabe poco pero se sospecha que estuviera relacionada con los bajos fondos isabelinos de Londres no era un dechado de virtudes. Lo mismo que Quevedo, muy pendenciero pues tenía una inteligencia fuera de lo normal y un manejo del castellano y de la navaja como no hubo otro. Mató a un menda por un lance de amor. Cervantes, ah Cervantes, que también fue homicida y tuvo que huir a Roma y refugiarse en el Vaticano en casa de un cardenal, lo tenemos de palanganero en una casa llana en Valladolid. Hagamos gracia al lector de contarle cómo era Valle Inclán (menuda pieza) o Azorín un tipo muy vehemente que quiso pegarle tres tiros a Ramiro de Maeztu. Y sin embargo en sus escritos parece un tipo muy sereno y tan mosquita muerta bajo el paraguas rojo de su eutrapelia. Dicen que con buenos sentimientos se suele escribir pésima literatura. Acaso la frase es irresponsable y exagerada pero aquí se suele mentar con frecuencia a la madre y madres no hay más que una, o buscarle los tábanos a un autor que nos disgusta. En España donde siempre se murmura y se pone en berlina la conducta de los demás, la paja en el ojo ajeno, y la viga en el tuyo, cuentan mucho la honra y el qué dirán el cómo es con quién se acuesta con quien se levanta un escritor determinado – y mira que la literatura no es una profesión en la cual se acomoden doctrinos ni candidatos a la hornacina de esos del cuello de medio lado porque la literatura es un pacto un poco con el barro del que nos fraguaron y un compromiso con la sociedad en que vivimos y esta es profesión dura, las navajas se esconden bajo rosas y sonrisas y no hay que fiarse demasiado de los lamerones ni de los que hostigan gratuitamente y se refocilan en la provocación y el desplante, este es un oficio duro y vocacional- pero en América, en Reino Unido o en Francia o Alemania se separa el cómo es de lo que hace. Lo que dice del cómo se dice. El creador del Viejo y el Mar fue un esplendido contador de historias y uno de los hombres más famosos del mundo, paradigma de autor halagado por los medios de comunicación, pero daba el pego. Era un tipo muy aburrido, violento, machista, un mal amante y un tipo fastidioso. Él era el peor personaje de sus libros. Sus biógrafos arguyen que este mal carácter tuvo su origen en los 200 fragmentos de metralla de un obús austriaco que le atizó en las piernas el 8 de julio de 1918. A resultas de la explosión quedó afectado a sus genitales. Fue parcialmente impotente de por vida y algo sordo. Tales complejos lo llevaron a la botella, a la depresión, a las pastillas y al electrochoque. Finalmente se pegó un tiro en su casa de Ketchoum (Idaho) Siguió la senda de su progenitor. Estaba enfermo de diabetes, los riñones los tenía hechos cisco. Padecía depresiones. Era rencoroso, fatuo y algo gilipollas. El nombre de su arma suicida: una carabina Boss. Mens mórbida in corpore mórbido decían los galenos. Quiere decirse que si estás enfermo tus escritos adolecerán de la misma enfermad, pero este aserto que vale para algunas cosas de las reglas del clan, no se cumple necesariamente entre los mortales y es un poco lo que diferencia al hombre de las fieras que se agrupan en mutas y en bandadas. Hemingway supo vivir fuera de clan. Y a la contra. Es un autor que despista. Sus novelas ofrecen la imagen de un hombre feliz, un buen salvaje siempre jocundo, que se divertía con mujeres de la vida y todo le sonreía. La verdad, según algunas referencias de la guerra civil, sus borracheras en Chicote acababan en reyerta y en una ocasión quiso tirar al estanque del Retiro a dos chicas de alterne, consumido por el alcohol, desesperado por la impotencia. Su vida- París, Pamplona, las cacerías en el Kilimanjaro, Key West, La Habana de Batista- no fue una fiesta. Pero conviene insistir que la magia de la literatura consiste en eso: en el arte de la seducción. Un autor puede aparentar cólera en un párrafo infernal y adornar el siguiente con imágenes beatíficas. Nadia tiene que ver el plano real con el plano ideal. Por eso en muchos casos las broncas literarias son puro teatro, de cara a la galería. De manera que si el infierno dicen que está empedrado de buenísimas personas en el Parnaso de la gloria se cuentan a puñados los malvados. Un plumífero determinado puede dar la impresión de estar de un humor de perros y sin embargo es más feliz que unas castañuelas. O borracho y está más sobrio que un juez. Papa Hemingway da la impresión de chicarrón del norte, y era todo lo contrario: un hipocondríaco, aprensivo, un débil mental, algo cobarde, tímido con las mujeres, que amaba la guerra exteriormente porque en el 36 no se mostró tan valiente. Cuentan algunos como Barea y lo refrenda Sender que siendo corresponsal de guerra cuando bombardeaban Madrid se iba por la pata abajo. Nunca estuvo en el frente pero su descripción del frente de la Granja es magistral. El lector parece que lo vive y empieza a respirar hasta el perfume de los pinos rojizos de Valsaín en Por quien doblan las campanas que escribió precisamente en la barra del susodicho establecimiento. Incluso en la actualidad sigue siendo uno de los escritores preferidos de los norteamericanos. ¿Será por el culto que rinde a la violencia? Por término se venden un millón de sus libros todos los años. Por mimetismo hacia él algunos, caducos, se dejan crecer la barba, se visten de safari y se van a matar ciervos a las reservas de Montana. Pero allí sólo podrán matar pulgas y coger unas trompas de aquí te espero. Es el icono del perfecto Rambo pero don Ernesto era una obra maestra de contradicciones en la vida real. Nada es lo que parece. Su aspecto amable y bonachón, abierto, se compadece poco con la descortesía y hasta maldad, pues había en su carácter algo de perverso. Y con perversidad trata a Gertrude Stein y a Scott Fitzgerald o Sherwood Anderson, amigos suyos de Paris. Sin embargo, el pego que da es que París era una fiesta: juergas, mujeres. Era una trola. Con Hemingway la literatura empieza a ser algo estereotípico. Es la fuerza de la imagen. Mentiroso compulsivo y algo misógino maltrataba a las mujeres y sin embargo, traza un maravilloso y tierno personaje femenino en la Susan de Farewell to Arms. Profundamente creativo y profundamente destructivo como acaba de decir un crítico. Nunca resolvió sus contradicciones interiores. Por eso acabó pegándose dos tiros en la boca. Se trata de un caso en que la genialidad despista. El autor nada tiene que ver con la obra. A veces con buenas intenciones y creencias se pueden escribir bodrios y al revés. La naturaleza es salvaje. Carece de ética y el arte verdadero de un rigor moral. La historia va a su bola indiferentemente de lo que nos pase, cómo seamos o cómo nos sintamos. Esa es la magia precisamente de la literatura. Hasta los místicos dan el pego. Así que menos globos. Hay gente que parece anda a la rebatiña con anhelo de provocación y mentándole a uno la madre. A mí plin. Yo me conuselo leyendo el Adiós a las armas. ¿Y el insulto al centinela? Bueno. Bueno. Eso es otro tema. Lo abordaremos otro día. Vayamos por partes. De momento válganos decir que en este país se confunden el culo con las temporas y hay tantos argumentos ad hominem. Harta mala baba y peor sangre. No hay que hacerlos caso. Que ladren y si rabian, que les pongan un bozal. Buenos días nos dé Dios
Felix Arbolí, Ya lo decia el filosofo, todo cambia
jueves 10 de mayo de 2007
YA LO DECÍA EL FILÓSOFO: TODO CAMBIA
Félix Arbolí
D ECÍA Heráclito de Éfeso, el antiguo filósofo griego del siglo VI antes de Cristo, que todo cambia, nada es. El famoso y archiconocido “Panta Rei” de nuestros tiempos estudiantiles. Desde los más lejanos tiempos nuestra vida está influenciada poderosamente por los filósofos, esos amantes del saber, gracias a los cuales la Humanidad abandonó sus balbuceos y se adentró en la magia de la ciencia y el raciocinio. Un mundo sin Filosofía es como un cuerpo sin alma. Porque en esta apasionante ciencia tenemos el principio y los fundamentos de lo que necesitamos para tener el conocimiento y la razón de todo cuanto nos rodea, importa y apasiona. Eso de que el saber no ocupa lugar no me convence, es más bien todo lo contrario, llena nuestras mentes vacías y estériles con sabios consejos y atinadas reflexiones para hacer nuestro recorrido vital con un enfoque más sólido y preciso. Leer el pensamiento filosófico de un Sócrates, Platón, Aristóteles, Heráclito, Tales de Mileto, etc, etc con el intento de estudiar en profundidad sus doctrinas y asimilarlas para conseguir una comprensión de la realidad que nos rodea, es una atinada decisión. Soy un apasionado de esta ciencia legada por la Hélade, esa antigua y siempre sorprendente Grecia que es nuestra madre cultural. Desde nuestro nacimiento estamos sometidos a una mutación constante. Nada es lo que parece, ni vivimos nunca el mismo instante, aunque todo lo que ha sucedido y sucede ha de repetirse pasados determinados ciclos. Las guerras, la moda, las costumbres, todos los acontecimientos que rigen la vida humana están condenados a reiterarse cada cierto tiempo con mayor o menor fidelidad, pero muy similares resultados. Hasta el alma, ese desconocido soplo de nuestra vida, que se halla presa en la cárcel corpórea está supeditada a estas normas. Ya Pitágoras de Samos, la calificaba de inmortal y la capacitaba para poder cambiar o emigrar pasando de una forma de vida a otra, teoría que encontramos asimismo en la doctrina hindú de la reencarnación. Todo es pues pura especulación filosófica. A nivel de la calle, de nuestra vida rutinaria, advertimos asimismo este sometimiento implacable al cambio en las personas, sus costumbres y formas de comportamiento. Una transformación que se hace más ostensible en la mujer, de forma especial y destacada en sus modas y maneras de vivir. Es la más intrépida y lanzada, carente de complejos y con absoluta firmeza en sus decisiones. Yo recuerdo, como algo anecdótico y justificativo de lo que expongo, una foto de mi hermana con pantalones ajustados hasta más abajo de las rodillas y como si estuviera subida a un árbol, que se hizo en unos estudios de San Fernando por simple capricho, cuando las mujeres apenas usaban esa prenda entonces exclusiva del varón. Se veían algunas rompedoras de cánones en esta cuestión, pero en horas de playa y no sin cierto sonrojo ante la expectación que causaban. Por eso mi hermana sólo se los puso para la foto. Creo que no volvió a utilizarlos hasta que pasados algunos años se fue generalizando su uso, aunque en sus tiempos de moza de buen ver y espigada figura, no era nada frecuente y habitual verla sin el vestido o la falda propios de su sexo. La moda de los pantalones femeninos tardó en cuajar entre las mujeres españolas, pero cuando la Eva ibérica se decidió sin preocuparse lo más mínimo del que pudieran decir, los adoptó y hoy es su indumentaria más frecuente y extendida. Menos mal que en los años sesenta llegó Mary Quant, con su minifalda y nos brindó la oportunidad de admirar nuevamente las piernas femeninas con inusitada generosidad. La mujer es radical en todas sus determinaciones. No ya sólo en el amar y el odiar, donde llegan a extremos difíciles de superar y soportar, sino en la forma de comportarse, siempre sorprendente e imprevisible, pasando de la ternura al enfado, de la caricia a la dureza y de la solicitud a la indiferencia con una rapidez y facilidad que cogen al hombre desprevenido e indefenso. Perdónenme mis lectoras, pero es opinión generalizada y hasta aceptada por muchas de las protagonistas. A pesar de la maravillosa compañera que me ha tocado en suerte, he tenido algunas experiencias de este tipo, sin comprender aún sus razones. No existe el término medio. En el vestir, no podían ser una excepción, todo lo contrario. Pantalones largos, más o menos estrechos, alternando con esas falditas que abarcan algo más que el cinturón. Aunque siguiendo esos ciclos reiterativos de los que hablaba al principio, vemos que inician su aparición trajes y modelos que están más cerca del baúl de nuestra abuelita que de las actuales y atrevidas innovaciones. Aunque también he de destacar la osadía de las que se empeñan en bajar la parte superior de la blusa o el vestido, hasta límites que enseñan más de lo que ocultan y subir la falda a una altura donde a la vista no le hace falta excesiva imaginación para averiguar su intimidad. O esa costumbre que nos han traído nuestras inmigrantes latinas de dejar al descubierto tripa y ombligo por arriba y mostrar las braguitas o esas tiras triangulares que las sustituyen por la exagerada bajada de sus pantalones. Estoy viendo más prendas íntimas en mis años de retirada, que en las aventuras de mi juventud y años de matrimonio. Pero cuando la mujer dice ¡allá voy!, más vale quitarse de en medio y dejarle el camino libre. Es como cohete, bien dotado de propergoles. Imparable. ¿Y el hombre?. Tan retrógrado como siempre. Si no ha tenido que salir de ningún armario y pertenece a ese cada día más escaso grupo llamado heterosexual, lucirá sus clásicos pantalones largos, con más o menos cambios de hechura y confección de un año a otro, pocas diferencias, y llegado el verano, volverá a sus tiempos infantiles vistiendo esos pantalones cortos, que fuera del entorno playero y a algunos carcamales les sientan igual de bien que a un cura dos pistolas al cinto. No he visto cosa más ridícula que un viejo con pantalones cortos luciendo sus canijos y deformados “remos” posteriores. Cada edad requiere lo suyo y hay que saber aceptar la realidad con dignidad. ¿ Por qué será el hombre tan apegado a las tradiciones y tan cobarde en tomar decisiones?. En lo único que ha cambiado es en amariconarse en el pelo, con ricitos y caracolillos incluidos, en hacer ostentaciones de cuerpo “diez”, aunque su masculinidad no guarde la debida consonancia con esa apariencia de “hombre cacha” y en mirar a la mujer como un compañero más en sus paseos y alternancias, sin demostrarle esa elegancia, cortesía y tratamiento que tuvimos nosotros. Hoy abre la puerta y sale impertérrito, no ya solo sin dignarse cederle paso, sino en sostener la puerta para que ella pueda salir. Claro que no todo el monte es orégano, gracias a Dios y hay ejemplos más que suficientes como para mirar el futuro con esperanza. Este cambio es contraproducente y negativo, como es fácil apreciar. Y de acuerdo con el pensamiento pitagórico, es presumible que las aguas vuelvan algún día a su cauce y el hombre vuelva a ser hombre en todos sus actos. Que no es mucho pedir, ¡vive Dios!. Esta fiebre del cambio no tiene fronteras, ni restricciones. Lo palpamos en el ambiente, en el habla, en los gustos, diversiones y hasta en las distintas maneras de enfocar nuestras creencias. Nada es igual a ese ayer que aún no ha torcido la esquina y ha desaparecido de nuestra vista. Cuando trabajaba en el Banco Central de San Fernando, mi primer empleo, tenía que aguantar y someterme a un verdadero martirio y una continua explotación desde que entraba a las nueve de la mañana y salía a las dos para comer, y regresaba a las cuatro de la tarde para salir a las ocho de la noche. Hora que siempre se pasaba ampliamente pues tenía que dejar cuadradas las operaciones del día con el cajero. Era una vida amargada por las continuas exigencias de un director más atento a incrementar las ganancias del accionista y agradar a ese molesto y potentado cliente que llegaba siempre a última hora y con prisas, que a las limitadas energías del infeliz empleado al que apenas le dejaba encender un cigarro, porque era un tiempo valioso que perdíamos para los intereses del banco. No pude resistirlo, pues obstaculizaba mis aspiraciones de universitario y escritor por la falta absoluta de tiempo. Hoy, el cambio experimentado en el mundo de la banca ha recorrido años luz y no tiene nada que ver con el que yo tuve que soportar. Todo es moderno, amplio, abierto, cómodo, con unas mesas coquetas y unas señoritas llenas de encanto, fuera de los cristales blindados que han quedado para usos exclusivos de cajeros, que atienden al cliente con la más amplia de sus sonrisas y con la misma delicadeza que si se tratara de un Polanco o un Ortega. Claro que estos señores no pisan el banco, son los altos directivos de la entidad los que acuden solícitos a sus despachos para ofrecerles toda la información que precisen, realizar sus operaciones por muy engorrosas que sean y toda clase de servicios que puedan interesarles. Así da gusto trabajar. Lo que yo digo, que en mi época fuimos unos “pringaos” en todos los terrenos y ahora que estamos más para allá que para acá, vienen los vientos favorables del cambio. ¡Qué época la actual, Dios de mi vida!. ¡Lo que hubiera disfrutado mi “body” en estos años de libertad y modernismo en todos los aspectos!. También hemos experimentado una profunda transformación en nuestras creencias. De signo negativo opino yo. Se ha esfumado el concepto de Dios de nuestra mente y en nuestro corazón apenas quedan vestigios. Se falta con excesiva frecuencia y naturalidad el debido respeto a doctrinas, símbolos y personas por el hecho de estar relacionadas con la religión, como si la doctrina de Marx regresara con toda su carga de ateísmo. Hay una nueva tendencia, terca y petulante empeñada en desacreditar lo que deberíamos venerar y eliminar lo que debería presidir todas nuestras actividades. ¿Es también reversible esta nueva postura ante la fe, de acuerdo con ese ciclo?. Sería lo deseable. Aunque mientras, aprovechan esta desorientación y vacío religioso comecocos propagadores de nuevas y extrañas doctrinas y sectas, incluso las incomprensiblemente satánicas, que acaparan a los débiles con engañosas promesas y extravagantes escenarios, ritos y ceremonias. Gandhi, el famoso político y apóstol de la no violencia, artífice de la independencia de la India, sentenciaba “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo” . Algo muy parecido opinaba el escritor ruso Tolstoi. Lo difícil es conseguir que este cambio de nuestra mentalidad y manera de ser, al llegar a ese paso atrás de nuestros ciclos, nos lleve de nuevo a conseguir un mundo mejor. Lo fácil la crítica a los demás y no aportar nuestra necesaria colaboración para mejorar el panorama que tanto nos desagrada. Cambio, si, pero no incontrolado y a lo loco. Meditado y preciso.
YA LO DECÍA EL FILÓSOFO: TODO CAMBIA
Félix Arbolí
D ECÍA Heráclito de Éfeso, el antiguo filósofo griego del siglo VI antes de Cristo, que todo cambia, nada es. El famoso y archiconocido “Panta Rei” de nuestros tiempos estudiantiles. Desde los más lejanos tiempos nuestra vida está influenciada poderosamente por los filósofos, esos amantes del saber, gracias a los cuales la Humanidad abandonó sus balbuceos y se adentró en la magia de la ciencia y el raciocinio. Un mundo sin Filosofía es como un cuerpo sin alma. Porque en esta apasionante ciencia tenemos el principio y los fundamentos de lo que necesitamos para tener el conocimiento y la razón de todo cuanto nos rodea, importa y apasiona. Eso de que el saber no ocupa lugar no me convence, es más bien todo lo contrario, llena nuestras mentes vacías y estériles con sabios consejos y atinadas reflexiones para hacer nuestro recorrido vital con un enfoque más sólido y preciso. Leer el pensamiento filosófico de un Sócrates, Platón, Aristóteles, Heráclito, Tales de Mileto, etc, etc con el intento de estudiar en profundidad sus doctrinas y asimilarlas para conseguir una comprensión de la realidad que nos rodea, es una atinada decisión. Soy un apasionado de esta ciencia legada por la Hélade, esa antigua y siempre sorprendente Grecia que es nuestra madre cultural. Desde nuestro nacimiento estamos sometidos a una mutación constante. Nada es lo que parece, ni vivimos nunca el mismo instante, aunque todo lo que ha sucedido y sucede ha de repetirse pasados determinados ciclos. Las guerras, la moda, las costumbres, todos los acontecimientos que rigen la vida humana están condenados a reiterarse cada cierto tiempo con mayor o menor fidelidad, pero muy similares resultados. Hasta el alma, ese desconocido soplo de nuestra vida, que se halla presa en la cárcel corpórea está supeditada a estas normas. Ya Pitágoras de Samos, la calificaba de inmortal y la capacitaba para poder cambiar o emigrar pasando de una forma de vida a otra, teoría que encontramos asimismo en la doctrina hindú de la reencarnación. Todo es pues pura especulación filosófica. A nivel de la calle, de nuestra vida rutinaria, advertimos asimismo este sometimiento implacable al cambio en las personas, sus costumbres y formas de comportamiento. Una transformación que se hace más ostensible en la mujer, de forma especial y destacada en sus modas y maneras de vivir. Es la más intrépida y lanzada, carente de complejos y con absoluta firmeza en sus decisiones. Yo recuerdo, como algo anecdótico y justificativo de lo que expongo, una foto de mi hermana con pantalones ajustados hasta más abajo de las rodillas y como si estuviera subida a un árbol, que se hizo en unos estudios de San Fernando por simple capricho, cuando las mujeres apenas usaban esa prenda entonces exclusiva del varón. Se veían algunas rompedoras de cánones en esta cuestión, pero en horas de playa y no sin cierto sonrojo ante la expectación que causaban. Por eso mi hermana sólo se los puso para la foto. Creo que no volvió a utilizarlos hasta que pasados algunos años se fue generalizando su uso, aunque en sus tiempos de moza de buen ver y espigada figura, no era nada frecuente y habitual verla sin el vestido o la falda propios de su sexo. La moda de los pantalones femeninos tardó en cuajar entre las mujeres españolas, pero cuando la Eva ibérica se decidió sin preocuparse lo más mínimo del que pudieran decir, los adoptó y hoy es su indumentaria más frecuente y extendida. Menos mal que en los años sesenta llegó Mary Quant, con su minifalda y nos brindó la oportunidad de admirar nuevamente las piernas femeninas con inusitada generosidad. La mujer es radical en todas sus determinaciones. No ya sólo en el amar y el odiar, donde llegan a extremos difíciles de superar y soportar, sino en la forma de comportarse, siempre sorprendente e imprevisible, pasando de la ternura al enfado, de la caricia a la dureza y de la solicitud a la indiferencia con una rapidez y facilidad que cogen al hombre desprevenido e indefenso. Perdónenme mis lectoras, pero es opinión generalizada y hasta aceptada por muchas de las protagonistas. A pesar de la maravillosa compañera que me ha tocado en suerte, he tenido algunas experiencias de este tipo, sin comprender aún sus razones. No existe el término medio. En el vestir, no podían ser una excepción, todo lo contrario. Pantalones largos, más o menos estrechos, alternando con esas falditas que abarcan algo más que el cinturón. Aunque siguiendo esos ciclos reiterativos de los que hablaba al principio, vemos que inician su aparición trajes y modelos que están más cerca del baúl de nuestra abuelita que de las actuales y atrevidas innovaciones. Aunque también he de destacar la osadía de las que se empeñan en bajar la parte superior de la blusa o el vestido, hasta límites que enseñan más de lo que ocultan y subir la falda a una altura donde a la vista no le hace falta excesiva imaginación para averiguar su intimidad. O esa costumbre que nos han traído nuestras inmigrantes latinas de dejar al descubierto tripa y ombligo por arriba y mostrar las braguitas o esas tiras triangulares que las sustituyen por la exagerada bajada de sus pantalones. Estoy viendo más prendas íntimas en mis años de retirada, que en las aventuras de mi juventud y años de matrimonio. Pero cuando la mujer dice ¡allá voy!, más vale quitarse de en medio y dejarle el camino libre. Es como cohete, bien dotado de propergoles. Imparable. ¿Y el hombre?. Tan retrógrado como siempre. Si no ha tenido que salir de ningún armario y pertenece a ese cada día más escaso grupo llamado heterosexual, lucirá sus clásicos pantalones largos, con más o menos cambios de hechura y confección de un año a otro, pocas diferencias, y llegado el verano, volverá a sus tiempos infantiles vistiendo esos pantalones cortos, que fuera del entorno playero y a algunos carcamales les sientan igual de bien que a un cura dos pistolas al cinto. No he visto cosa más ridícula que un viejo con pantalones cortos luciendo sus canijos y deformados “remos” posteriores. Cada edad requiere lo suyo y hay que saber aceptar la realidad con dignidad. ¿ Por qué será el hombre tan apegado a las tradiciones y tan cobarde en tomar decisiones?. En lo único que ha cambiado es en amariconarse en el pelo, con ricitos y caracolillos incluidos, en hacer ostentaciones de cuerpo “diez”, aunque su masculinidad no guarde la debida consonancia con esa apariencia de “hombre cacha” y en mirar a la mujer como un compañero más en sus paseos y alternancias, sin demostrarle esa elegancia, cortesía y tratamiento que tuvimos nosotros. Hoy abre la puerta y sale impertérrito, no ya solo sin dignarse cederle paso, sino en sostener la puerta para que ella pueda salir. Claro que no todo el monte es orégano, gracias a Dios y hay ejemplos más que suficientes como para mirar el futuro con esperanza. Este cambio es contraproducente y negativo, como es fácil apreciar. Y de acuerdo con el pensamiento pitagórico, es presumible que las aguas vuelvan algún día a su cauce y el hombre vuelva a ser hombre en todos sus actos. Que no es mucho pedir, ¡vive Dios!. Esta fiebre del cambio no tiene fronteras, ni restricciones. Lo palpamos en el ambiente, en el habla, en los gustos, diversiones y hasta en las distintas maneras de enfocar nuestras creencias. Nada es igual a ese ayer que aún no ha torcido la esquina y ha desaparecido de nuestra vista. Cuando trabajaba en el Banco Central de San Fernando, mi primer empleo, tenía que aguantar y someterme a un verdadero martirio y una continua explotación desde que entraba a las nueve de la mañana y salía a las dos para comer, y regresaba a las cuatro de la tarde para salir a las ocho de la noche. Hora que siempre se pasaba ampliamente pues tenía que dejar cuadradas las operaciones del día con el cajero. Era una vida amargada por las continuas exigencias de un director más atento a incrementar las ganancias del accionista y agradar a ese molesto y potentado cliente que llegaba siempre a última hora y con prisas, que a las limitadas energías del infeliz empleado al que apenas le dejaba encender un cigarro, porque era un tiempo valioso que perdíamos para los intereses del banco. No pude resistirlo, pues obstaculizaba mis aspiraciones de universitario y escritor por la falta absoluta de tiempo. Hoy, el cambio experimentado en el mundo de la banca ha recorrido años luz y no tiene nada que ver con el que yo tuve que soportar. Todo es moderno, amplio, abierto, cómodo, con unas mesas coquetas y unas señoritas llenas de encanto, fuera de los cristales blindados que han quedado para usos exclusivos de cajeros, que atienden al cliente con la más amplia de sus sonrisas y con la misma delicadeza que si se tratara de un Polanco o un Ortega. Claro que estos señores no pisan el banco, son los altos directivos de la entidad los que acuden solícitos a sus despachos para ofrecerles toda la información que precisen, realizar sus operaciones por muy engorrosas que sean y toda clase de servicios que puedan interesarles. Así da gusto trabajar. Lo que yo digo, que en mi época fuimos unos “pringaos” en todos los terrenos y ahora que estamos más para allá que para acá, vienen los vientos favorables del cambio. ¡Qué época la actual, Dios de mi vida!. ¡Lo que hubiera disfrutado mi “body” en estos años de libertad y modernismo en todos los aspectos!. También hemos experimentado una profunda transformación en nuestras creencias. De signo negativo opino yo. Se ha esfumado el concepto de Dios de nuestra mente y en nuestro corazón apenas quedan vestigios. Se falta con excesiva frecuencia y naturalidad el debido respeto a doctrinas, símbolos y personas por el hecho de estar relacionadas con la religión, como si la doctrina de Marx regresara con toda su carga de ateísmo. Hay una nueva tendencia, terca y petulante empeñada en desacreditar lo que deberíamos venerar y eliminar lo que debería presidir todas nuestras actividades. ¿Es también reversible esta nueva postura ante la fe, de acuerdo con ese ciclo?. Sería lo deseable. Aunque mientras, aprovechan esta desorientación y vacío religioso comecocos propagadores de nuevas y extrañas doctrinas y sectas, incluso las incomprensiblemente satánicas, que acaparan a los débiles con engañosas promesas y extravagantes escenarios, ritos y ceremonias. Gandhi, el famoso político y apóstol de la no violencia, artífice de la independencia de la India, sentenciaba “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo” . Algo muy parecido opinaba el escritor ruso Tolstoi. Lo difícil es conseguir que este cambio de nuestra mentalidad y manera de ser, al llegar a ese paso atrás de nuestros ciclos, nos lleve de nuevo a conseguir un mundo mejor. Lo fácil la crítica a los demás y no aportar nuestra necesaria colaboración para mejorar el panorama que tanto nos desagrada. Cambio, si, pero no incontrolado y a lo loco. Meditado y preciso.
Felix Arbolí, Ya están aquí las elecciones
jueves 10 de mayo de 2007
Ya están aquí las elecciones
Felix Arbolí
E STAMOS en vísperas de elecciones que, aunque son las relacionadas con autonomías y municipios, nuestros políticos andan empeñados en convertirlas en una especie de referéndum de carácter general de cara a enjuiciar la política del gobierno y los partidos opositores. Dicho con más claridad, queriéndonos dar a entender que en esta consulta popular nos jugamos el futuro de España, si es que ésta puede tener futuro con los buitres que se ocupan de su política. Me recuerda la tozudez de estos políticos en el enfoque que han querido dar a la próxima consulta con la que tuvieron los protagonistas de la del “31” en la que, contra todo pronóstico y sin ser el objetivo de las urnas, terminó con la Monarquía e instauró una nueva forma de Estado, por la habilidad y premura que tuvieron los partidarios del cambio al coger al toro por el rabo, sin que éste se diera cuenta hasta ser demasiado tarde. Lo ánimos están al rojo vivo y las espadas en alto, dispuestas a ensartar y destripar a todo aquel que se ponga por delante y sea contrario a las ideas del gladiador de turno. Políticos, aspirantes a favores, posibles candidatos a sentarse en el cómodo sillón del poder y toda esa parafernalia de acólitos, artistas, intelectuales y comparsa que se mueven en torno a la política de nuestro país, se afanan y decantan por unos y otros esperando el favor, la nominación y hasta las migajas de ese poder al que intentan aupar a sus ídolos. Nadie está libre de ese gallinero ensordecedor en el que se han convertido mítines y proclamas con promesas, amenazas, insultos y hasta desgracias apocalípticas en el caso de salir elegido el contrario. Todo está permitido con tal de llevar la duda sobre la honorabilidad y eficacia del contrario ante el electorado y evitar que puedan darle sus votos. Vergonzoso, deprimente e insoportable. Pero aparte de que sus ideologías sean más acordes o distantes respecto a las mías, no libro de este guirigay a nadie. No se salva ni el gato de la Ramona que dormía placidamente en su cojín ajeno al entorno. ¿Cómo pretenden entusiasmar y enganchar al electorado con esa sarta de imbecilidades que no serían capaces de interesar ni al hijo de mi portera, un dominicano de pocos años y menos luces que solo tiene como obsesión bajarse los estrechos pantalones y encasquetarse la gorrita al revés cubriéndole los ojos?. Hasta la fecha no he oído un programa que me estimule. Conste que no soy un adicto, ni mucho menos, a estas proclamas utópicas donde luego resultará que donde dijeron digo, ahora dicen diego, pero que nos hacen “tragar” como si fuéramos ocas francesas, telediarios, portadas y páginas centrales de la prensa y programas radiofónicos, de una manera continuada y machacona. Cerrarse en banda y querer evitar esta marabunta de despropósitos y mentiras, supone apagar televisores, no comprar diarios y desconectar las emisoras radiofónicas. Es decir, vivir como un eremita dentro del mundanal ruido, intentando que no nos llegue ni el sonido del viento. Algo que como es fácil suponer resulta del todo imposible. Hemos estado todo el año y el pasado y el anterior y nos podríamos remontar a muchos más, soportando la virulencia verbal de nuestros políticos y midiendo la calidad de sus insultos, a ver cual de ellos lograba el record. Insultos en sus apariciones públicas, en sus encuentros con los medios de comunicación, en el hemiciclo y hasta en esas apariciones informales donde no desaprovechaban la oportunidad (inoportunidad) de la descalificación del contrario. Y siempre me he preguntado lo mismo: ¿Y de su programa político, sus inquietudes sociales y sus eficaces medidas para evitar la corrupción, el enchufismo y el “amigueo”, cuando nos van a hablar y mostrar palpables y fiables ejemplos?. Me enerva la cara tan dura que tienen algunos, no quiero señalar por si las moscas, para vivir todo su mandato dando la espalda a su electorado, como si su cargo le viniera directamente de Dios, en el que muchos de ellos no creen y combaten con astucia. Solo les falta que se hagan troquelar la leyenda que figuraba en las monedas de anteriores reyes y que Franco adoptó respecto a su caudillaje: “por la gracia de Dios”, a lo que los chuscos de turno agregaban “o por ser Dios gracioso”. Puede también que sea debido a que se crean seres privilegiados dignos de esa canonjía. La realidad es que una vez cambiada la decoración de su despacho para que esté de acuerdo con sus caprichosas manías, repartidos los cargos que le acompañaran en ese triunfal y maravilloso cuatrienio entre familiares, amigos y protectores, y acomodados satisfactoriamente en el sillón, dejan vagar su imaginación en la cantidad de ilusiones estrictamente personales que van a realizar. Antes, un toque de timbre para ver la eficacia de esa secretaria, cuñada, sobrina, familiar e hija de ese gran amigo y que le sirvan en bandeja de plata los recortes de prensa que hablan de él, a ser posible que olvide los adversos, para halagar su ego y saber a qué medios tratar con benevolencia y a cual de ellos vetar en sus comparecencias y entrevistas. Y mientras observa complacido el imponente escenario de su nuevo poder, cavila sobre el camino recorrido y las promesas hechas para poder alcanzarlo y que ahora quisiera borrar de la memoria de los votantes. Intenta olvidarlas, pero su dormida conciencia le hace la faena…. “¿Y esa oficina que iba a tener permanentemente abierta a las sugerencias del público?. ¿Los hospitales que tan pródigamente había prometido?. ¿ El gesto y la promesa de hacer público sus bienes antes del cargo?..! Ah, también está el alcantarillado y la luz que prometió a ese municipio durante su campaña electoral!. ¡Vaya idiotez!, ¿qué voy a ganar invirtiendo esa cantidad de dinero en un pueblo olvidado de esta enorme parcela de poder?. Doscientos quince votos no merecen ese desembolso económico. ¿Y la educación gratuita y el incremento de los centros escolares?. En este asunto consultaré con el Consejero de Cultura y el me indicará como hacer el paripé para quedar bien, sin necesidad de meterme en honduras. Obras, si, infraestructuras a mogollón, nuevos parches a las carreteras, apertura de nuevos túneles que son muy escandalosos y significativos, demolición de edificios en malas condiciones y construcción de complejos a lo grande, con muchas dependencias, aparcamientos y algún que otro llamativo árbol para que decore el ambiente desde el exterior. He de entrevistarme rápido con los amigos constructores y que ellos me pongan al día sobre el asunto. Todo lo que sea mover cantidades ingentes de dinero, de las que espero recibir sus correspondientes porcentajes legales y los consabidos chanchullos, viene bien. Aparte de lavar y cambiar la cara a la ciudad, para que vean que me muevo, repercute positivamente en mi economía familiar y genera empleos absorbiendo a esa masa de inmigrantes que deambulan por plazas y jardines, ofreciendo una mala visión y aumentando la xenofobia. Total no se va a hundir el mundo, ni sufrir mi credibilidad y honradez, porque alguno de ellos, al no estar cualificado ni tener experiencia, pueda caerse del andamio y partirse en cien pedazos. Es responsabilidad de la empresa constructora. ¡Allá ellos!. Si ya sé que durante la campaña protestaba y denunciaba estos accidentes laborales y aseguraba que si resultaba elegido, estos percances desaparecerían o serían castigados con la severidad y rapidez precisas. Pero entonces estaba opositando al puesto y ya se sabe, nadie más mentiroso que un político en campaña”. No me he visto nunca en esa tesitura y por lo tanto no puedo poner mi mano en el pecho, ni sobre la Biblia, para asegurar que cuanto he expuesto se atiene a la más estricta realidad. Son suposiciones. Tan solo he rozado la política cuando me propusieron como senador por Guadalajara en las listas de la UCD, posterior a Suárez, por ser mi hijo mayor residente en esa capital y cabeza de la candidatura a diputado. Ni siquiera conozco esa magnífica ciudad y su provincia, aunque sea un enamorado de ella a través del “Viaje a la Alcarria”, de mi admirado amigo e inolvidable maestro Camilo José de Cela. No tuve que intervenir en la campaña, aunque no me hubiera importado hacerlo prometiendo lo que estaba dispuesto a cumplir. En eso no me cabe la menor duda. Salió el presentado por otro partido de los grandes. Ignoro si perdieron o ganaron con su elección, ya que sigo sin conocer la tierra donde pude convertirme en Senador del Reino. Obtuve algo más de trescientos votos y eso que ni siquiera me conocían, ni sabían de mi existencia o precisamente por ello. Como un insólito recuerdo, guardo la papeleta donde figuro como político elegible. Ahora es el tiempo de las sonrisas, los besos, los apretones de mano y los posados efusivos ante las cámaras. Solo les faltan las alas y una coronita cubriendo sus testas para impresionar a sus aborregados seguidores con la apariencia de ángeles recién llegados del cielo. No hay más malos que los que se les enfrentan en las urnas y ponen en peligro sus deseos y ambiciones. Ellos están limpios de errores, sanos de intenciones y ansiosos de entregarse en cuerpo y alma (si creen en ella), a la causa del pueblo y a aliviar las penas y sufrimientos del prójimo. Son mártires de una noble causa por la que están dispuestos a dar hasta la vida si fuera necesario. Y al oírlos tan serios y convencidos nos dan la impresión de que parecen sinceros, si no los conociéramos de sobra. Claro que hay demasiados pacatos en el mundo de la política y a ellos, precisamente, son los que se dirigen y engatusan con su experiencia y demostrada habilidad. Y como todo consiste en el resultado de sumar votos, los de los necios y los de obcecados en antiguas y familiares militancias, dan esa mayoría tan necesaria para el que demuestra mayor poder de captación entre los más asequibles a la mentira. Uno inaugurando túneles a toda máquina, con ese casco blanco incluido que, por lo visto, le han dicho da bien en la foto, aunque a los escasos días u horas, la maldita e inesperada lluvia haga de las suyas y deje al descubierto errores por la precipitación y la improvisación. Otro, serio y dando la impresión de ser un intruso en una reunión de la alta sociedad, cohibido y necesitado de un previo guión, visitando mercados, empresas y plazas callejeras para contactar con el público y conseguir sus votos. Será un buen economista, si viene de un cargo de esa materia, pero está falto de rodaje y de picardía, aunque sus asesores y promotores intenten malearlo en los tejemanejes propios de la política que demuestra no conocer. No quiere decir que sea o no un posible buen alcalde. Es como el que compra una sandía y no sabe su sabor y calidad hasta que no la cala. Una tercera apenas se la ve, aunque ella lo intente en cada ocasión, dado que la formación política que la respalda, no tiene aspiraciones de victoria, sino solo a servir de bisagra. Y tenemos demasiadas bisagras en las puertas y ventanas de casa, como para preocuparnos seriamente de las políticas. De la Comunidad, más vale no “meneallo”, como decía el texto antiguo. Una especie de “barbie”, (sin plan ofensivo que conste, sino por su forma e indumentaria), que intenta repetir su gestión y continuar con sus promesas, todas ellas maravillosas, que incomprensiblemente no ha realizado en los cuatro años que ha dispuesto de mandato. Ahora me voy a comer el mundo y os voy a ofrecer un paraíso. Ya lo veréis. Muchos hospitales más, centros escolares, viviendas protegidas y subvencionadas, ayudas a las madres trabajadoras, Metros que se conviertan en kilómetros. Todo un mundo en el que el de Alicia y su país de las maravillas, quedaría como un pálido reflejo. Pero necesito cuatro años más para llevar a cabo mi utópico proyecto. El contrario, pequeño de estatura (no tengo culpa de que sea bajito) y algo dotado de cabeza, (tampoco tengo responsabilidad en esta cuestión), anda moviendo fichas como un desesperado, visitando colegios y haciéndose un pequeño más entre los pequeños, sonriendo a profesoras y ofreciendo algunas nociones de su saber en el aula, pretendiendo que los niños acerquen a sus padres a los colegios electorales con la papeleta decidida. También se prodiga en fábricas defendiendo y alentando al obrero y reuniéndose posteriormente con los empresarios en su sede social, buscando los votos de unos y otros con un tesón digno de admiración por su terquedad. Asimismo, lo hemos visto en calles, plazas y pueblos de la comunidad, arengando a los que se atreven aún acercarse a los soporíferos mítines del político, poniendo todo su afán en demostrar a la incauta concurrencia que él es el único que lleva la varita mágica o el conejo en la chistera. El más eficaz, honrado, capaz, insobornable y no digo merecedor de canonización porque no van por ahí los tiros de este político. El cuento de La Cenicienta será una novela de terror comparada con la Comunidad que este hombre nos va a proporcionar si sale elegido. ¡Despierta Félix, que no es hora de soñar!. ¿Y usted a quién va a votar?. Pues mire usted, no me he decidido aún, ya que anda el gallinero demasiado revuelto como para echarle el ojo al gallo que mejor pinta tenga y sea más cumplidor. Espero a ver si el amanecer me coge despierto y al verlos cantar el nuevo día me decanto por el que lo hace con más potencia y sonoridad. Por ahora solo los diferencio en la coloración de sus crestas y ninguna de ellas me motiva a darles mi voto. Como votar en blanco supone dar la mayoría a uno de ellos, cosa que no es por ahora mi intención, me inclino por el voto nulo que no sirve a ninguno. Estimo que merecen un escarmiento popular unos y otros, a ver si mejoran sus actuaciones. ==================================================================================== NOTA DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE MADRID Y DEL COLEGI DE PERIODISTES DE CATALUNYA Los periodistas reclaman respeto a los criterios profesionales en la campaña electoral EL ejercicio profesional del periodismo en las campañas electorales pasa por crecientes dificultades y obstáculos que hacen cada día más difícil ofrecer la mejor información a los ciudadanos. Por ello: 1. CONSTATAMOS que los partidos políticos son cada día menos propicios a facilitar el trabajo de los periodistas; dificultan, con las más variadas excusas, el acceso a los candidatos y a los actos de campaña; tratan de sustituir la información de los periodistas profesionales por notas oficiales o piezas audiovisuales elaboradas específicamente para los medios, sin indicación de autor y con contenido más propagandístico que informativo. Además es cada vez es más frecuente la discriminación a medios y a periodistas en función de afinidades y en detrimento de la crítica. 2. LAMENTAMOS que los criterios de neutralidad, equidad, pluralidad y equilibrio que deben caracterizar una democracia avanzada se interpretan y aplican erróneamente con sistemas de bloques, cupos o lotes de tiempos y preferencias predeterminados en los medios públicos. Esos criterios hacen caso omiso del interés informativo y de los principios profesionales más elementales del periodismo. A estos principios tampoco deberían ser ajenos los medios privados que se proclaman independientes. 3. RECHAZAMOS el sistema de bloques aplicado a la información política en los medios públicos durante las campañas electorales. El hecho de que se establezcan criterios de propaganda electoral al tratamiento de las noticias vulnera los principios básicos del periodismo. Consideramos que la pervivencia de estos sistemas de control afecta a la calidad de la democracia y contribuye al despego de la ciudadanía respecto a la política. Cuando los medios públicos se están dotando de un nuevo marco legal que garantiza plenamente la pluralidad, no tiene ningún sentido mantener un sistema de bloques que afecta a la calidad de la información a la que tienen derecho los ciudadanos. 4. VALORAMOS el esfuerzo realizado por los responsables de los medios públicos por flexibilizar el sistema de bloques, pero desde las instancias profesionales los consideramos insuficientes. Además, estos acuerdos pueden ser revocados en caso de que los partidos políticos recurran a las Juntas Electorales. En estos casos, las Juntas Electorales aplican los criterios de los espacios de propaganda, con orden de aparición y tiempo establecido para los diferentes partidos según sea su representación en los parlamentos o los municipios. 5. REITERAMOS que a los periodistas corresponde un papel mediador de la información en las sociedades abiertas y a los partidos políticos propiciar un marco que ampare la crítica, el pluralismo y el debate político al servicio de los ciudadanos. En este sentido, damos todo nuestro apoyo a los consejos profesionales de los diferentes medios públicos a la hora de plantear sus reivindicaciones frente al sistema de bloques electorales aplicados a la información o a los abusos partidistas de algunos medios públicos. 6. APELAMOS a los periodistas y a los editores para que, en la medida de lo posible, defiendan y pongan en práctica estos criterios. Y defendemos la necesidad de que todas las televisiones y radios públicas estén amparadas por un nuevo marco legal (tal como ocurre en el caso de TVE y RNE) que garantice su papel de independencia, pluralidad y servicio público. Un marco que, a la vez, impida la manipulación informativa a favor de una determinada opción política. 7. ASUMIMOS el compromiso de reivindicar y defender los principios básicos del periodismo ante cuantas instancias sean necesarias. Madrid y Barcelona, 9 de mayo de 2007
Ya están aquí las elecciones
Felix Arbolí
E STAMOS en vísperas de elecciones que, aunque son las relacionadas con autonomías y municipios, nuestros políticos andan empeñados en convertirlas en una especie de referéndum de carácter general de cara a enjuiciar la política del gobierno y los partidos opositores. Dicho con más claridad, queriéndonos dar a entender que en esta consulta popular nos jugamos el futuro de España, si es que ésta puede tener futuro con los buitres que se ocupan de su política. Me recuerda la tozudez de estos políticos en el enfoque que han querido dar a la próxima consulta con la que tuvieron los protagonistas de la del “31” en la que, contra todo pronóstico y sin ser el objetivo de las urnas, terminó con la Monarquía e instauró una nueva forma de Estado, por la habilidad y premura que tuvieron los partidarios del cambio al coger al toro por el rabo, sin que éste se diera cuenta hasta ser demasiado tarde. Lo ánimos están al rojo vivo y las espadas en alto, dispuestas a ensartar y destripar a todo aquel que se ponga por delante y sea contrario a las ideas del gladiador de turno. Políticos, aspirantes a favores, posibles candidatos a sentarse en el cómodo sillón del poder y toda esa parafernalia de acólitos, artistas, intelectuales y comparsa que se mueven en torno a la política de nuestro país, se afanan y decantan por unos y otros esperando el favor, la nominación y hasta las migajas de ese poder al que intentan aupar a sus ídolos. Nadie está libre de ese gallinero ensordecedor en el que se han convertido mítines y proclamas con promesas, amenazas, insultos y hasta desgracias apocalípticas en el caso de salir elegido el contrario. Todo está permitido con tal de llevar la duda sobre la honorabilidad y eficacia del contrario ante el electorado y evitar que puedan darle sus votos. Vergonzoso, deprimente e insoportable. Pero aparte de que sus ideologías sean más acordes o distantes respecto a las mías, no libro de este guirigay a nadie. No se salva ni el gato de la Ramona que dormía placidamente en su cojín ajeno al entorno. ¿Cómo pretenden entusiasmar y enganchar al electorado con esa sarta de imbecilidades que no serían capaces de interesar ni al hijo de mi portera, un dominicano de pocos años y menos luces que solo tiene como obsesión bajarse los estrechos pantalones y encasquetarse la gorrita al revés cubriéndole los ojos?. Hasta la fecha no he oído un programa que me estimule. Conste que no soy un adicto, ni mucho menos, a estas proclamas utópicas donde luego resultará que donde dijeron digo, ahora dicen diego, pero que nos hacen “tragar” como si fuéramos ocas francesas, telediarios, portadas y páginas centrales de la prensa y programas radiofónicos, de una manera continuada y machacona. Cerrarse en banda y querer evitar esta marabunta de despropósitos y mentiras, supone apagar televisores, no comprar diarios y desconectar las emisoras radiofónicas. Es decir, vivir como un eremita dentro del mundanal ruido, intentando que no nos llegue ni el sonido del viento. Algo que como es fácil suponer resulta del todo imposible. Hemos estado todo el año y el pasado y el anterior y nos podríamos remontar a muchos más, soportando la virulencia verbal de nuestros políticos y midiendo la calidad de sus insultos, a ver cual de ellos lograba el record. Insultos en sus apariciones públicas, en sus encuentros con los medios de comunicación, en el hemiciclo y hasta en esas apariciones informales donde no desaprovechaban la oportunidad (inoportunidad) de la descalificación del contrario. Y siempre me he preguntado lo mismo: ¿Y de su programa político, sus inquietudes sociales y sus eficaces medidas para evitar la corrupción, el enchufismo y el “amigueo”, cuando nos van a hablar y mostrar palpables y fiables ejemplos?. Me enerva la cara tan dura que tienen algunos, no quiero señalar por si las moscas, para vivir todo su mandato dando la espalda a su electorado, como si su cargo le viniera directamente de Dios, en el que muchos de ellos no creen y combaten con astucia. Solo les falta que se hagan troquelar la leyenda que figuraba en las monedas de anteriores reyes y que Franco adoptó respecto a su caudillaje: “por la gracia de Dios”, a lo que los chuscos de turno agregaban “o por ser Dios gracioso”. Puede también que sea debido a que se crean seres privilegiados dignos de esa canonjía. La realidad es que una vez cambiada la decoración de su despacho para que esté de acuerdo con sus caprichosas manías, repartidos los cargos que le acompañaran en ese triunfal y maravilloso cuatrienio entre familiares, amigos y protectores, y acomodados satisfactoriamente en el sillón, dejan vagar su imaginación en la cantidad de ilusiones estrictamente personales que van a realizar. Antes, un toque de timbre para ver la eficacia de esa secretaria, cuñada, sobrina, familiar e hija de ese gran amigo y que le sirvan en bandeja de plata los recortes de prensa que hablan de él, a ser posible que olvide los adversos, para halagar su ego y saber a qué medios tratar con benevolencia y a cual de ellos vetar en sus comparecencias y entrevistas. Y mientras observa complacido el imponente escenario de su nuevo poder, cavila sobre el camino recorrido y las promesas hechas para poder alcanzarlo y que ahora quisiera borrar de la memoria de los votantes. Intenta olvidarlas, pero su dormida conciencia le hace la faena…. “¿Y esa oficina que iba a tener permanentemente abierta a las sugerencias del público?. ¿Los hospitales que tan pródigamente había prometido?. ¿ El gesto y la promesa de hacer público sus bienes antes del cargo?..! Ah, también está el alcantarillado y la luz que prometió a ese municipio durante su campaña electoral!. ¡Vaya idiotez!, ¿qué voy a ganar invirtiendo esa cantidad de dinero en un pueblo olvidado de esta enorme parcela de poder?. Doscientos quince votos no merecen ese desembolso económico. ¿Y la educación gratuita y el incremento de los centros escolares?. En este asunto consultaré con el Consejero de Cultura y el me indicará como hacer el paripé para quedar bien, sin necesidad de meterme en honduras. Obras, si, infraestructuras a mogollón, nuevos parches a las carreteras, apertura de nuevos túneles que son muy escandalosos y significativos, demolición de edificios en malas condiciones y construcción de complejos a lo grande, con muchas dependencias, aparcamientos y algún que otro llamativo árbol para que decore el ambiente desde el exterior. He de entrevistarme rápido con los amigos constructores y que ellos me pongan al día sobre el asunto. Todo lo que sea mover cantidades ingentes de dinero, de las que espero recibir sus correspondientes porcentajes legales y los consabidos chanchullos, viene bien. Aparte de lavar y cambiar la cara a la ciudad, para que vean que me muevo, repercute positivamente en mi economía familiar y genera empleos absorbiendo a esa masa de inmigrantes que deambulan por plazas y jardines, ofreciendo una mala visión y aumentando la xenofobia. Total no se va a hundir el mundo, ni sufrir mi credibilidad y honradez, porque alguno de ellos, al no estar cualificado ni tener experiencia, pueda caerse del andamio y partirse en cien pedazos. Es responsabilidad de la empresa constructora. ¡Allá ellos!. Si ya sé que durante la campaña protestaba y denunciaba estos accidentes laborales y aseguraba que si resultaba elegido, estos percances desaparecerían o serían castigados con la severidad y rapidez precisas. Pero entonces estaba opositando al puesto y ya se sabe, nadie más mentiroso que un político en campaña”. No me he visto nunca en esa tesitura y por lo tanto no puedo poner mi mano en el pecho, ni sobre la Biblia, para asegurar que cuanto he expuesto se atiene a la más estricta realidad. Son suposiciones. Tan solo he rozado la política cuando me propusieron como senador por Guadalajara en las listas de la UCD, posterior a Suárez, por ser mi hijo mayor residente en esa capital y cabeza de la candidatura a diputado. Ni siquiera conozco esa magnífica ciudad y su provincia, aunque sea un enamorado de ella a través del “Viaje a la Alcarria”, de mi admirado amigo e inolvidable maestro Camilo José de Cela. No tuve que intervenir en la campaña, aunque no me hubiera importado hacerlo prometiendo lo que estaba dispuesto a cumplir. En eso no me cabe la menor duda. Salió el presentado por otro partido de los grandes. Ignoro si perdieron o ganaron con su elección, ya que sigo sin conocer la tierra donde pude convertirme en Senador del Reino. Obtuve algo más de trescientos votos y eso que ni siquiera me conocían, ni sabían de mi existencia o precisamente por ello. Como un insólito recuerdo, guardo la papeleta donde figuro como político elegible. Ahora es el tiempo de las sonrisas, los besos, los apretones de mano y los posados efusivos ante las cámaras. Solo les faltan las alas y una coronita cubriendo sus testas para impresionar a sus aborregados seguidores con la apariencia de ángeles recién llegados del cielo. No hay más malos que los que se les enfrentan en las urnas y ponen en peligro sus deseos y ambiciones. Ellos están limpios de errores, sanos de intenciones y ansiosos de entregarse en cuerpo y alma (si creen en ella), a la causa del pueblo y a aliviar las penas y sufrimientos del prójimo. Son mártires de una noble causa por la que están dispuestos a dar hasta la vida si fuera necesario. Y al oírlos tan serios y convencidos nos dan la impresión de que parecen sinceros, si no los conociéramos de sobra. Claro que hay demasiados pacatos en el mundo de la política y a ellos, precisamente, son los que se dirigen y engatusan con su experiencia y demostrada habilidad. Y como todo consiste en el resultado de sumar votos, los de los necios y los de obcecados en antiguas y familiares militancias, dan esa mayoría tan necesaria para el que demuestra mayor poder de captación entre los más asequibles a la mentira. Uno inaugurando túneles a toda máquina, con ese casco blanco incluido que, por lo visto, le han dicho da bien en la foto, aunque a los escasos días u horas, la maldita e inesperada lluvia haga de las suyas y deje al descubierto errores por la precipitación y la improvisación. Otro, serio y dando la impresión de ser un intruso en una reunión de la alta sociedad, cohibido y necesitado de un previo guión, visitando mercados, empresas y plazas callejeras para contactar con el público y conseguir sus votos. Será un buen economista, si viene de un cargo de esa materia, pero está falto de rodaje y de picardía, aunque sus asesores y promotores intenten malearlo en los tejemanejes propios de la política que demuestra no conocer. No quiere decir que sea o no un posible buen alcalde. Es como el que compra una sandía y no sabe su sabor y calidad hasta que no la cala. Una tercera apenas se la ve, aunque ella lo intente en cada ocasión, dado que la formación política que la respalda, no tiene aspiraciones de victoria, sino solo a servir de bisagra. Y tenemos demasiadas bisagras en las puertas y ventanas de casa, como para preocuparnos seriamente de las políticas. De la Comunidad, más vale no “meneallo”, como decía el texto antiguo. Una especie de “barbie”, (sin plan ofensivo que conste, sino por su forma e indumentaria), que intenta repetir su gestión y continuar con sus promesas, todas ellas maravillosas, que incomprensiblemente no ha realizado en los cuatro años que ha dispuesto de mandato. Ahora me voy a comer el mundo y os voy a ofrecer un paraíso. Ya lo veréis. Muchos hospitales más, centros escolares, viviendas protegidas y subvencionadas, ayudas a las madres trabajadoras, Metros que se conviertan en kilómetros. Todo un mundo en el que el de Alicia y su país de las maravillas, quedaría como un pálido reflejo. Pero necesito cuatro años más para llevar a cabo mi utópico proyecto. El contrario, pequeño de estatura (no tengo culpa de que sea bajito) y algo dotado de cabeza, (tampoco tengo responsabilidad en esta cuestión), anda moviendo fichas como un desesperado, visitando colegios y haciéndose un pequeño más entre los pequeños, sonriendo a profesoras y ofreciendo algunas nociones de su saber en el aula, pretendiendo que los niños acerquen a sus padres a los colegios electorales con la papeleta decidida. También se prodiga en fábricas defendiendo y alentando al obrero y reuniéndose posteriormente con los empresarios en su sede social, buscando los votos de unos y otros con un tesón digno de admiración por su terquedad. Asimismo, lo hemos visto en calles, plazas y pueblos de la comunidad, arengando a los que se atreven aún acercarse a los soporíferos mítines del político, poniendo todo su afán en demostrar a la incauta concurrencia que él es el único que lleva la varita mágica o el conejo en la chistera. El más eficaz, honrado, capaz, insobornable y no digo merecedor de canonización porque no van por ahí los tiros de este político. El cuento de La Cenicienta será una novela de terror comparada con la Comunidad que este hombre nos va a proporcionar si sale elegido. ¡Despierta Félix, que no es hora de soñar!. ¿Y usted a quién va a votar?. Pues mire usted, no me he decidido aún, ya que anda el gallinero demasiado revuelto como para echarle el ojo al gallo que mejor pinta tenga y sea más cumplidor. Espero a ver si el amanecer me coge despierto y al verlos cantar el nuevo día me decanto por el que lo hace con más potencia y sonoridad. Por ahora solo los diferencio en la coloración de sus crestas y ninguna de ellas me motiva a darles mi voto. Como votar en blanco supone dar la mayoría a uno de ellos, cosa que no es por ahora mi intención, me inclino por el voto nulo que no sirve a ninguno. Estimo que merecen un escarmiento popular unos y otros, a ver si mejoran sus actuaciones. ==================================================================================== NOTA DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE MADRID Y DEL COLEGI DE PERIODISTES DE CATALUNYA Los periodistas reclaman respeto a los criterios profesionales en la campaña electoral EL ejercicio profesional del periodismo en las campañas electorales pasa por crecientes dificultades y obstáculos que hacen cada día más difícil ofrecer la mejor información a los ciudadanos. Por ello: 1. CONSTATAMOS que los partidos políticos son cada día menos propicios a facilitar el trabajo de los periodistas; dificultan, con las más variadas excusas, el acceso a los candidatos y a los actos de campaña; tratan de sustituir la información de los periodistas profesionales por notas oficiales o piezas audiovisuales elaboradas específicamente para los medios, sin indicación de autor y con contenido más propagandístico que informativo. Además es cada vez es más frecuente la discriminación a medios y a periodistas en función de afinidades y en detrimento de la crítica. 2. LAMENTAMOS que los criterios de neutralidad, equidad, pluralidad y equilibrio que deben caracterizar una democracia avanzada se interpretan y aplican erróneamente con sistemas de bloques, cupos o lotes de tiempos y preferencias predeterminados en los medios públicos. Esos criterios hacen caso omiso del interés informativo y de los principios profesionales más elementales del periodismo. A estos principios tampoco deberían ser ajenos los medios privados que se proclaman independientes. 3. RECHAZAMOS el sistema de bloques aplicado a la información política en los medios públicos durante las campañas electorales. El hecho de que se establezcan criterios de propaganda electoral al tratamiento de las noticias vulnera los principios básicos del periodismo. Consideramos que la pervivencia de estos sistemas de control afecta a la calidad de la democracia y contribuye al despego de la ciudadanía respecto a la política. Cuando los medios públicos se están dotando de un nuevo marco legal que garantiza plenamente la pluralidad, no tiene ningún sentido mantener un sistema de bloques que afecta a la calidad de la información a la que tienen derecho los ciudadanos. 4. VALORAMOS el esfuerzo realizado por los responsables de los medios públicos por flexibilizar el sistema de bloques, pero desde las instancias profesionales los consideramos insuficientes. Además, estos acuerdos pueden ser revocados en caso de que los partidos políticos recurran a las Juntas Electorales. En estos casos, las Juntas Electorales aplican los criterios de los espacios de propaganda, con orden de aparición y tiempo establecido para los diferentes partidos según sea su representación en los parlamentos o los municipios. 5. REITERAMOS que a los periodistas corresponde un papel mediador de la información en las sociedades abiertas y a los partidos políticos propiciar un marco que ampare la crítica, el pluralismo y el debate político al servicio de los ciudadanos. En este sentido, damos todo nuestro apoyo a los consejos profesionales de los diferentes medios públicos a la hora de plantear sus reivindicaciones frente al sistema de bloques electorales aplicados a la información o a los abusos partidistas de algunos medios públicos. 6. APELAMOS a los periodistas y a los editores para que, en la medida de lo posible, defiendan y pongan en práctica estos criterios. Y defendemos la necesidad de que todas las televisiones y radios públicas estén amparadas por un nuevo marco legal (tal como ocurre en el caso de TVE y RNE) que garantice su papel de independencia, pluralidad y servicio público. Un marco que, a la vez, impida la manipulación informativa a favor de una determinada opción política. 7. ASUMIMOS el compromiso de reivindicar y defender los principios básicos del periodismo ante cuantas instancias sean necesarias. Madrid y Barcelona, 9 de mayo de 2007
miércoles, mayo 09, 2007
Antonio Parra, Buena orina buen color
jueves 10 de mayo de 2007
Buena orina buen color
Antonio Parra
Y A ha florido mayo, título para una gran novela de un novelista de la escuela andaluza, ahora olvidado siendo valioso, Alfonso Grosso. Unos van con flores a María [es un símil porque los mayos de ahora traen bombas bajo la chilaba, la gente anda aterrada y cuerpo a tierra, y entre flores y rosas Su Majestad es coja, y espían las merdellonas, bajan con los cubos de la calumnia oliendo a sudor y no se cambian la camisa, tusonas y fregatrices, da consignas don Bigbroder el de la voz gorda, corren por la TV gigantes y estafermos que vivir es un sinvivir, una eterna paradoja, el personal se vigila a la rebatiña, dietas para adelgazar, buenas andan las comadres] y otros preferimos entonar el romance del Prisionero. Siempre vivimos emparedados en la cárcel del amor y por un supuesto lean: “Que por mayo era por mayo/ cuando hace la calor/cuando los enamorados van a servir al amor/ y yo triste y cuitado yago en aquesta prisión...la la la larala/ que no sé cuando es de día/ni cuando las noches son/ sino es por aquella avecilla que me cantaba al albor/ Matómela un ballestero/. Dele Dios mal galardón... La la laralalá” Oigo el crujir de las cadenas. El estallido de los cerrojos. Los manojos de llaves del Cerbero que vigila. Siempre en capilla. Estamos en capilla. Al nacer se nos condena a todos a muerte y eso muchos no lo saben. Pertenecen al cupo de inmorales ilusos que piensan que se van a quedar aquí para simiente. Los vigilantes de la parva nos escrutan con mil ojos de Argos. El personal no hace nada, está desorientado y tales desasosiegos determinan que ande la red cargada de electricidad. Son duros de oreja y el corazón hanlo de pedernal. Les cantas las cuarenta y se cabrean. Se rasgan la vestimenta y exclaman quien yo. Sí tú mosquita muerta. Hay mal ambiente y no debía de haberlo. Echan las culpas a un zapatero pero este hombre en política hace su trabajo. Obra prima. Buen trabajo mientras los otros andan sumidos en la cultura de la queja, quejicas, ¿qué hay de lo mío?, yo me mato por mis garbanzos ¿No serán ellos los remolones? ¿Los sepulcros blanqueados? ¿Los insolidarios? ¡Oh qué tiempos más interesantes! - Mientras dure, Ejusmodi.... - Sé por donde vas, Verumtamen pero qué bonita canción esa del romance del prisionero. Un poco triste la verdad y melancólica aunque de menos nos hizo Dios. Una pena que los jovencitos de hoy ahora desconozcan el romancero.. Andan los tiempos muy alterados con esto de la política. Pero tras de tiempos vienen tiempos y eso es también del romancero. Serán carne de cañón o usuarios del verdugo que anda por ahí en la ronda de las celdas. Centinela alerta. Literatura carcelaria siempre excita mi compasión y existe una gran novela río de Eduardo Zamacois que cuenta las desventuras de los penados en San Miguel de los Reyes. Eso era un convento del cister y la desamortización del 1833 lo convirtió en uno de los penales más temibles en la Península. Se llamaba la obra que me causó impresión cuando la leía hace como diez años Los vivos muertos. Tomás Salvador escribió otra epopeya memorable en Cuerda de presos” y otra Cabo de Vara. Por temática, el Hacho. No llores niña no llores no llores que yo no lloro aunque me lleven a Ceuta a pelear con el moro. El sufrido pueblo es sabio y tuvo que sufrir prisiones, tiranías y arbitrariedades. Aquí por menos de un ardite te meten en cintura y acabas arrastrando cadenas entre bretes y grilletes. Dios no lo permita. Propugnan la caza de brujas, MaCarthy resurrecto. A veces la cárcel ha sido morada pasajera o definitiva de todo gran español. Pero ¿a qué no acaban en la trena los mediocres? Pues no. Más bien no. Y los machacantes del esbirro siempre hicieron carrera. Déme usted un cigarro. Ese pensamiento se me atraganta. Quiero pasar humo. Nos vigilamos unos a otros. Hay por ahí esparcida mucha madera de inquisidor y la red es el tornavoz de mucho escritor diletante y deprimido. Se observa al personal pero con eso no hay cuenta, Verumtamen. El arte de contar es la maula de fingir. Uno parece que está detallando su autobiografía y lo que está haciendo es atisbar la reacción del otro por un ventanuco. Buena orina, buen color y tres higas al doctor. Ponemos en pepitoria un corte de manga y parece que acabamos de dejar nuestra alma descubierta y sangrante entre las zarzas. Qué va. Sólo es un truco. Escribir es seducir y hasta cierto punto engañar contando mentiras piadosas, En todo escritor subyace un buen impostor. Bonita forma de hacer tururú. No me vengas con monsergas. No me gusta Voltaire pero tiene algunas máximas aprovechables como cuando espetara que las palabras se esgrimen para ocultar los pensamientos. Sirven para esquivar los golpes y son coselete en la taleguilla para burlar los derrotes de mihuras astifinos que corretean por el albero y andan a cornadas cuando uno menos se lo piensa y ayudadme zancas que en esta vida todas son maulas. ¿Entonces escribes para hacer tururú? A veces. Nada más razonable que un corte de manga a tiempo. Los romanos en estas ocasiones se colocaban un humeral sobre la chepa al que llamaban la indutia. Los padres conscriptos confiaban a esta prenda talar el cuidado de sus personas contra los gargajos que les escupía la plebe disconforme en el foro. Eso, los senadores que los militares portaban el gladium y a ellos no les escupían, por si las moscas, pues menudos eran los decuriones, desenvainaban a la primera de cambio y el paludamentum o capote de guerra para arrebujarse contra el relente de las madrugadas, los juegos duraban dos días y hasta una semana. Y con ellas se presentaban en el circo a ver pelear a los hoplomachi o gladiadores. Roma y la vida política eran un espectáculo y lo que la chusma quiere. Panem et circenses. Y lameculismo. Mucho lameculismo. Halagos. Lisonja y jabón Así no murmuraban ni entraban en contubernios contra el emperador.. Cuando yo llegué de Nueva York después de haberme partido el pecho por mi país con razón y sin ella fui recibido con un gracias por los servicios prestados y ale usted es uno de tantos, la gente va a su rollo, es insensible para vibrar ante las issues del patriotismo como pasa en Inglaterra, Estados Unidos o Francia y me sentí un poco como aquellos soldaditos de Mola que regresaron a Larache después de resistir diez meses en un blocaos de Dar-Akoba, diezmada la compañía y después de pasar gurruminas, se preparó un desfile militar y no asistió nadie. Los pobres sorches se sintieron desolados ante esta incomprensión de la retaguardia ellos que se estuvieron batiendo el cobre en la vanguardia. Paso y por partes. Escarbe. Haga memoria. Navegamos ya en aguas válidas. El tiempo anda un poco revuelto. Para esta época vienen fenomenales los cocimientos de genciana. Pueden ayudar a algunos a combatir la depresión. Otros pacientes de estreñimiento crónico se hinchan a evacul pero van al baño y se sorprenden de obrar cagalutas de conejo, el vaso de su dentadura postiza montando guardia toda la noche en la taza del retrete esbozando una sonrisa macabra que anticipa la calavera. Cagan poquito o excretan ladrillos. A esos hay que decirles que si quieren pan vayan al batán que allí un perrito que caga poquito le alcen el rabo y le den un besito. La envidia es causa de su estreñimiento mental y a causa de ella les llevan los demonios. Mas no hay que preocuparse: ya se les pasará.
Buena orina buen color
Antonio Parra
Y A ha florido mayo, título para una gran novela de un novelista de la escuela andaluza, ahora olvidado siendo valioso, Alfonso Grosso. Unos van con flores a María [es un símil porque los mayos de ahora traen bombas bajo la chilaba, la gente anda aterrada y cuerpo a tierra, y entre flores y rosas Su Majestad es coja, y espían las merdellonas, bajan con los cubos de la calumnia oliendo a sudor y no se cambian la camisa, tusonas y fregatrices, da consignas don Bigbroder el de la voz gorda, corren por la TV gigantes y estafermos que vivir es un sinvivir, una eterna paradoja, el personal se vigila a la rebatiña, dietas para adelgazar, buenas andan las comadres] y otros preferimos entonar el romance del Prisionero. Siempre vivimos emparedados en la cárcel del amor y por un supuesto lean: “Que por mayo era por mayo/ cuando hace la calor/cuando los enamorados van a servir al amor/ y yo triste y cuitado yago en aquesta prisión...la la la larala/ que no sé cuando es de día/ni cuando las noches son/ sino es por aquella avecilla que me cantaba al albor/ Matómela un ballestero/. Dele Dios mal galardón... La la laralalá” Oigo el crujir de las cadenas. El estallido de los cerrojos. Los manojos de llaves del Cerbero que vigila. Siempre en capilla. Estamos en capilla. Al nacer se nos condena a todos a muerte y eso muchos no lo saben. Pertenecen al cupo de inmorales ilusos que piensan que se van a quedar aquí para simiente. Los vigilantes de la parva nos escrutan con mil ojos de Argos. El personal no hace nada, está desorientado y tales desasosiegos determinan que ande la red cargada de electricidad. Son duros de oreja y el corazón hanlo de pedernal. Les cantas las cuarenta y se cabrean. Se rasgan la vestimenta y exclaman quien yo. Sí tú mosquita muerta. Hay mal ambiente y no debía de haberlo. Echan las culpas a un zapatero pero este hombre en política hace su trabajo. Obra prima. Buen trabajo mientras los otros andan sumidos en la cultura de la queja, quejicas, ¿qué hay de lo mío?, yo me mato por mis garbanzos ¿No serán ellos los remolones? ¿Los sepulcros blanqueados? ¿Los insolidarios? ¡Oh qué tiempos más interesantes! - Mientras dure, Ejusmodi.... - Sé por donde vas, Verumtamen pero qué bonita canción esa del romance del prisionero. Un poco triste la verdad y melancólica aunque de menos nos hizo Dios. Una pena que los jovencitos de hoy ahora desconozcan el romancero.. Andan los tiempos muy alterados con esto de la política. Pero tras de tiempos vienen tiempos y eso es también del romancero. Serán carne de cañón o usuarios del verdugo que anda por ahí en la ronda de las celdas. Centinela alerta. Literatura carcelaria siempre excita mi compasión y existe una gran novela río de Eduardo Zamacois que cuenta las desventuras de los penados en San Miguel de los Reyes. Eso era un convento del cister y la desamortización del 1833 lo convirtió en uno de los penales más temibles en la Península. Se llamaba la obra que me causó impresión cuando la leía hace como diez años Los vivos muertos. Tomás Salvador escribió otra epopeya memorable en Cuerda de presos” y otra Cabo de Vara. Por temática, el Hacho. No llores niña no llores no llores que yo no lloro aunque me lleven a Ceuta a pelear con el moro. El sufrido pueblo es sabio y tuvo que sufrir prisiones, tiranías y arbitrariedades. Aquí por menos de un ardite te meten en cintura y acabas arrastrando cadenas entre bretes y grilletes. Dios no lo permita. Propugnan la caza de brujas, MaCarthy resurrecto. A veces la cárcel ha sido morada pasajera o definitiva de todo gran español. Pero ¿a qué no acaban en la trena los mediocres? Pues no. Más bien no. Y los machacantes del esbirro siempre hicieron carrera. Déme usted un cigarro. Ese pensamiento se me atraganta. Quiero pasar humo. Nos vigilamos unos a otros. Hay por ahí esparcida mucha madera de inquisidor y la red es el tornavoz de mucho escritor diletante y deprimido. Se observa al personal pero con eso no hay cuenta, Verumtamen. El arte de contar es la maula de fingir. Uno parece que está detallando su autobiografía y lo que está haciendo es atisbar la reacción del otro por un ventanuco. Buena orina, buen color y tres higas al doctor. Ponemos en pepitoria un corte de manga y parece que acabamos de dejar nuestra alma descubierta y sangrante entre las zarzas. Qué va. Sólo es un truco. Escribir es seducir y hasta cierto punto engañar contando mentiras piadosas, En todo escritor subyace un buen impostor. Bonita forma de hacer tururú. No me vengas con monsergas. No me gusta Voltaire pero tiene algunas máximas aprovechables como cuando espetara que las palabras se esgrimen para ocultar los pensamientos. Sirven para esquivar los golpes y son coselete en la taleguilla para burlar los derrotes de mihuras astifinos que corretean por el albero y andan a cornadas cuando uno menos se lo piensa y ayudadme zancas que en esta vida todas son maulas. ¿Entonces escribes para hacer tururú? A veces. Nada más razonable que un corte de manga a tiempo. Los romanos en estas ocasiones se colocaban un humeral sobre la chepa al que llamaban la indutia. Los padres conscriptos confiaban a esta prenda talar el cuidado de sus personas contra los gargajos que les escupía la plebe disconforme en el foro. Eso, los senadores que los militares portaban el gladium y a ellos no les escupían, por si las moscas, pues menudos eran los decuriones, desenvainaban a la primera de cambio y el paludamentum o capote de guerra para arrebujarse contra el relente de las madrugadas, los juegos duraban dos días y hasta una semana. Y con ellas se presentaban en el circo a ver pelear a los hoplomachi o gladiadores. Roma y la vida política eran un espectáculo y lo que la chusma quiere. Panem et circenses. Y lameculismo. Mucho lameculismo. Halagos. Lisonja y jabón Así no murmuraban ni entraban en contubernios contra el emperador.. Cuando yo llegué de Nueva York después de haberme partido el pecho por mi país con razón y sin ella fui recibido con un gracias por los servicios prestados y ale usted es uno de tantos, la gente va a su rollo, es insensible para vibrar ante las issues del patriotismo como pasa en Inglaterra, Estados Unidos o Francia y me sentí un poco como aquellos soldaditos de Mola que regresaron a Larache después de resistir diez meses en un blocaos de Dar-Akoba, diezmada la compañía y después de pasar gurruminas, se preparó un desfile militar y no asistió nadie. Los pobres sorches se sintieron desolados ante esta incomprensión de la retaguardia ellos que se estuvieron batiendo el cobre en la vanguardia. Paso y por partes. Escarbe. Haga memoria. Navegamos ya en aguas válidas. El tiempo anda un poco revuelto. Para esta época vienen fenomenales los cocimientos de genciana. Pueden ayudar a algunos a combatir la depresión. Otros pacientes de estreñimiento crónico se hinchan a evacul pero van al baño y se sorprenden de obrar cagalutas de conejo, el vaso de su dentadura postiza montando guardia toda la noche en la taza del retrete esbozando una sonrisa macabra que anticipa la calavera. Cagan poquito o excretan ladrillos. A esos hay que decirles que si quieren pan vayan al batán que allí un perrito que caga poquito le alcen el rabo y le den un besito. La envidia es causa de su estreñimiento mental y a causa de ella les llevan los demonios. Mas no hay que preocuparse: ya se les pasará.
Felix Arbolí, La escalera interminable
jueves 10 de mayo de 2007
La escalera interminable
Félix Arbolí
C ONSERVO un pequeño cuadro en madera con la cabeza de una brujita de cerámica y en relieve, titulado “La Bruja de la suerte”, procedente de mi antigua librería. Hoy mientras me afeitaba la vi reflejada en el espejo y se me ocurrió releer el texto, quedándome con su frase final “el último escalón de la mala suerte es el primero de la buena”. Sencilla y lógica conclusión contra la que no se puede oponer tesis alguna. Pero yo le pregunto a mi brujita, ¿cuántos peldaños tiene ese escalera de desdichas?. ¿Nos dará tiempo subirla antes de que nos precipitemos al vacío desde la altura y caigamos en el foso de la eternidad?. Los humanos, intentamos buscar rápidamente consuelo a nuestros males a base de prometernos un periodo de bienes. Pretendemos auto engañarnos para superar los tiempos nefastos y difíciles.” Después de la tormenta viene la calma”. Exacto, pero nadie nos predice cuanto durará esa tormenta, ni si el daño que causará será irreversible. Otra frase muy extendida y tajante “No hay mal que cien años dure”. Normal. ¿Es que acaso el ser humano, salvo raras excepciones, llega a alcanzar esa longevidad?. No es el mal el que no dura, sino el infeliz humano que lo sufre. En uno de mis artículos de finales del pasado diciembre, en fechas cercanas anteriores o posteriores a la Navidad, exponía mi temor de que en el año actual me iba a ocurrir algo que me afectaría grave y seriamente. Lo presentía aunque no existiera motivo alguno para ello. Era una extraña sensación de que me amenazaba algo penoso y desagradable. Nunca he tenido, ni pretendo tener poderes adivinatorios, ya que jamás he visto más allá de lo que me limitan las gafas, ni poseo la habilidad de esa brujita de la serie televisiva cuando movía graciosamente su nariz. Pero sentía auténtico pavor del año que iba a comenzar. En términos coloquiales tenía “canguelo” porque presagiaba que algo y nada bueno iba a sucederme a partir de esa nueva fecha del calendario. Me daba perfecta cuenta que mi horno no estaba para bollos. Posiblemente una consecuencia del paso de los años, cuando comprendemos la insignificancia de nuestra existencia y lo absurdo de nuestra lucha persiguiendo el éxito a costa de sacrificar en el empeño los mejores años de nuestra preciosa juventud. Descubrimos la cruda realidad al comprobar la desaparición de tantos amigos, familiares y conocidos que son de nuestra “quinta” o nos han acompañado en un largo trecho. . Desgraciadamente, mis sospechas se confirmaron y las estoy pasando canutas o como vulgarmente se dice, me están haciendo la puñeta. Parece que me han echado “mal de ojo”, como llaman a la sucesión de infortunios los crédulos de necedades. Primero fue mi ingreso urgente y posterior estancia en esa incómoda residencia, llamada hospital, a causa de ese principio de neumonía, que surgió dañina e inesperada para hacerme revivir tiempos pasados que controles y medicinas se encargan de recordarme continuamente. Un nuevo periodo de incertidumbres, sobresaltos y alarmas que, gracias a Dios, ha quedado reducido a una serie de incomodidades, de inhalaciones y al botellón. No, no es ése que piensan y celebran los estudiantes en determinadas y ruidosas fechas, ya no estoy para meterme en esos berenjenales, sino al que con aspecto de torpedo, han colocado en mi cuarto estudio y que a través de un largo cable conectado a mi nariz, para recorrer toda la casa, me suministra a determinas horas el oxigeno que dicen purifica mis pulmones. Yo, la verdad sea dicha, no experimento sensación alguna en mis respiraderos, si bien es cierto que tengo la bombona al mínimo, pero observo que se me están aporrando las napias de soportar y trasladar tanto cable. Al final voy a tener aspecto de boxeador, yo que jamás he dado un palo agua y no en el aspecto laboral, sino en el de peleas y altercados. Como siga así, me voy a convertir en el “Pinocho” mentiroso o en “Cyrano de Bergerac”, el famoso espadachín y poeta literario. Me viene insistente a la memoria el famoso soneto de Quevedo. Resumiendo, una pequeña molestia fácilmente asimilable. Todo normal y sin problemas. Continúo lidiando la corrida y a pesar de los dos avisos recibidos el toro sigue en la plaza dispuesto a defender cara su vida. Tocaré madera, como hacen los supersticiosos y nada difícil en mi caso ya que tengo bastante serrín sobre los hombros. El segundo peldaño de esta escalera de malos presagios fue la muerte inesperada del marido de mi hermana, cuyas bodas de oro celebraron recientemente sin que nadie pensara que era su último aniversario. Una desgracia que sentí profundamente, pues era una persona excepcional al que me unía un largo camino familiar recorrido. Lloré como un niño y no me avergüenza reconocerlo, viendo a ese ser tan querido sin vida y el tremendo dolor de mi hermana. Empecé a mosquearme, pues en menos de un mes había recibido dos graves quebrantos y aún temía que el maleficio no hubiera acabado. No había transcurrido un mes, cuando mi suegra ingresa en el hospital con principio de neumonía y luego se complica la cosa y tienen que operarla urgente de algo intestinal que dijeron padecía, sin que ninguno nos hubiéramos dado cuenta, ni ella hubiera sentido la más mínima molestia. En el plazo de una semana, contra todo pronóstico, muere a causa de una posterior y extraña infección que le invade gran parte del organismo, según la versión médica ofrecida. Ingresó para permanecer unos días hospitalizada y no volvió a sentir el aire de la calle y el calor del sol. Otro hecho luctuoso y muy cercano. Llevaba más de treinta años viviendo con nosotros, desde que murió mi suegro y aunque a veces teníamos nuestras diferencias, en el fondo nos queríamos y tolerábamos como Dios nos daba a entender. Una nueva pérdida familiar importante y una ausencia muy significativa acostumbrados a tenerla siempre presente. Mi “testigo de cargo”, como yo la llamaba en plan de broma, aunque a ella no le hiciera mucha gracia, como tampoco el que le dijera suegra. A lo mejor pretendía que la llamara “mamá”, como los pijos de última hornada. Madre no hay más que una y a ella la encontré bastante crecidito. Así que me limité a llamarla “abuela” y asunto zanjado. Mis males continúan en esta escalera interminable y ahora me encuentro con el internamiento de mi hermano, un año y meses mayor que yo, en el mismo hospital donde tuvimos a mi suegra. Ingresó creyendo que se trataba de un principio de neumonía, (o padecemos una epidemia de esta enfermedad o es la fórmula más socorrida que han encontrado los médicos para internar a los pacientes sin tener que adelantar un diagnóstico definitivo), pero tras las pruebas correspondientes se trata de cáncer de pulmón. La terrible enfermedad que se llevó a mi padre en seis meses. Por lo visto lo tiene bastante avanzado y es inoperable. Le suavizan el pronóstico con la esperanza de que con la “quimio”, radio y demás tratamientos, pueda superarlo, aunque a sus espaldas no ofrecen esperanzas y le dan como probable un año o dos de vida. Dios quiera y a mi Inmaculada se lo pido, que el tiempo pronosticado se prolongue. De momento tengo a mi hermano en una cama hospitalaria, conectado a los consabidos y desagradables cables, -que en muchas ocasiones son los únicos que nos enlazan con la vida- y sometido a dolorosas y complicadas pruebas. La cuarta víctima de este calvario que supe que iba a padecer desde fines del pasado año. ¿Me quedarán aún muchos escalones de la mala suerte según mi brujita o se iniciarán pronto los de la buena?. Hay que darle un voto a la esperanza, porque es la única que nos puede mitigar el dolor y recuperar las ilusiones. Intento hallar el lado positivo a pesar de los infortunios, de acuerdo con la teoría filosófica oriental del “ying-yang”, según la cual no puede existir el mal, sin su correspondiente alternancia con el bien. Pienso en todos los seres inocentes que están en peores condiciones y con más duras tragedias que las mías y aún son capaces de sonreír y vivir la vida con fe y con optimismo y siento un profundo agradecimiento a ese Ser Supremo o Destino para los que no creen, por los enormes favores que de continuo recibo. La sonrisa y sincera demostración de cariño del nieto que me hace sentir en el Olimpo; ver a mis hijos felices abrirse paso en la vida sin romper la unidad familiar, formando esa dulce y compacta piña donde mi mujer, cada días más joven y más guapa y no es pasión de enamorado aunque no me canse de quererla, es el centro incuestionable. En suma, mi transcurrir de cada día gozando de esa prórroga que me concedieron, sin que hiciera mérito alguno para obtenerla. ¿Serán éstos los escalones de la suerte que estoy bajando sin prestarles la debida atención?. Siempre que ocurre algo malo, me esfuerzo en hallar un lado bueno. Al menos, intento ofrecer la oportunidad de que pueda ocurrir. De lo contrario, las desgracias, muertes y quebrantos nos ahogarían por completo y nos harían ser como los zombis, muertos vivientes. Hay veces que me entra el desaliento y me dan ganas de desinhibirme de todo. Me canso de luchar contra los elementos y de intentar vencer al destino. Me siento impotente ante tanta calamidad, pero enseguida pienso en las cosas gratas que me hacen disfrutar de la vida y de esta manera consigo los estímulos necesarios para imponerme a la fatalidad y empeñarme con todas mis fuerzas mentales y físicas en vencer el mal fario cuando me acosa. Alguna vez me ha de llegar el periodo de las vacas gordas y vendrán los escalones de la buena suerte. Egoístamente, he de darle gracias a Dios por conservarme la vida, después de tan largo rodaje y rodearme de esta familia que es una auténtica bendición. La que yo le pido con fe y devoción para que prorrogue, como hizo conmigo, la vida de ese hermano que sufre y se ve tan seriamente amenazado. Todo en nuestra existencia está regido por una inexorable balanza, que controla voluntades y decide actitudes desde el instante de nacer hasta el de morir. Una constante oscilación que marca la contradicción en que nos movemos: Vida y muerte; principio y fin; bueno y malo, etc. Todo obedece a ese vaivén que llena nuestros días y que sin darnos cuenta, nos acompaña hasta agotar el saldo disponible de los años. Las desgracias nunca vienen solas, nos dicen los pesimistas y parecen tener razón. Pero están los optimistas que intentan consolar nuestras desgracias cuando afirman que después de la tempestad llega la calma y que no hay mal que cien años dure, para levantar nuestra hundida moral que se arrastra por el suelo. Aunque ésta última afirmación resulte incuestionable, ya que el que no dura cien años es el ser humano, salvo muy escasas excepciones, por lo que su buena o mala suerte no puede exceder a su propia existencia. Vivimos sometidos a esa alternancia insistente y machacona que nos acompaña en nuestro cotidiano y fatigoso quehacer, pero todo se reduce a nacer, crecer, envejecer y morir, el inexorable ciclo de la vida del ser humano. Y no hay nada que pueda alterarlo. Hemos de pasar de una etapa a otra contra viento y marea, como ley de vida y maldición bíblica si nos guiamos por ese libro revelado, según la tradición. A la muerte de un ser querido, suele acompañar antes o después, más pronto o más tarde, el nacimiento de algún nuevo miembro o algún grato e imprevisto acontecimiento familiar. Y el tremendo desgarro de la muerte, queda soslayado en parte, no superado, pero si algo más compensado. La llegada de ese nuevo ser, -en mi caso, mi nueva nietecita Marta-, es el maravilloso antídoto que calma mis arrebatos de dejadez y falta de ilusiones, propios de la edad, ya que en unión de los otros dos nietos a los que adoro, me infunden las ganas de vivir y mirar al cielo con lagrimas en los ojos por los que se han ido y con serenidad y agradecimiento por los que han llegado y me hacen recobrar la fuerza para continuar el camino con alegría. Si la muerte es el fin, nacer es el principio. La sal de la vida. El primer escalón que hemos de subir, ajenos a los problemas que a lo largo de los años encontraremos en los restantes peldaños que debemos superar y nos harán sudar. Supone el continuo descubrimiento de un fascinante y desconocido horizonte que empezamos a recorrer, conocer y asimilar desarrollando las escasas limitaciones mentales y físicas disponibles. Los años y la experiencia que vamos adquiriendo nos van allanando el camino que hemos de cubrir hasta llegar al lado opuesto de nuestra balanza vital, el momento de morir. La vejez es pues la antítesis de la infancia, el último tramo de nuestro trayecto existencial desde que se produce nuestro nacimiento, un prodigioso suceso que evidencia la grandeza y sublimidad de la mujer, al tener el fascinante poder de engendrar vida rozando los límites de la misma divinidad. Humanas que se convierten en diosas en el momento supremo de parir. ¡Alabada seas Eva eternamente!. El paso del tiempo aumenta de forma continua la proximidad de nuestro final. Nada transcurre más a prisa que los años y esa carrera contra reloj, esa batalla contra el tiempo perdida de antemano, nos hacen próximas y hasta lógicas las probabilidades de una muerte cercana, que antes se veía lejana e improbable. Todo tiene su contrapeso, su compensación. Lo bueno del dolor, es la esperanza de que ese balsámico o la eliminación de la causa que lo produce, lo haga desaparecer. La tragedia a que pase el tiempo oportuno para que se quede en recuerdo y podamos darnos cuenta de lo positivo y gratificante que resulta no sentir tan profundamente sus dolorosos coletazos. La enfermedad, que recuperemos nuevamente la salud y podamos sentir las maravillosas sensaciones que antes no supimos o no logramos disfrutar. Todo consiste en un tira y afloja esperando que la cuerda resista nuestros esfuerzos. Las lágrimas desaparecen y en su lugar surgen las muecas de la risa, porque en este mundo nada es eterno y todo tiene su fin y su lado opuesto. El niño crece y se hace joven. La juventud, divino tesoro, también se va y no regresa, aunque puedan quedar vestigios en nuestro corazón, pues dicen que éste nunca envejece. ¡Dicen tantas cosas…!,La madurez, es el tiempo culminante de nuestro peregrinar, cuando el fiel de la balanza llega al punto equidistante entre ambos extremos. Los expertos la consideran la etapa dorada de nuestra existencia, aunque los que la hemos pasado y “rebasado” con creces, vemos que ha sido pródiga en problemas, inquietudes, afanes, esfuerzos, ilusiones y decepciones. Cuando llegamos a la considerada con toda lógica etapa final, nos quieren hacer creer que como en el infierno de Dante en su “Divina Comedia”, hay que abandonar toda esperanza los que hemos atravesado sus puertas. Opino todo lo contrario, la esperanza es lo único que nos queda a los que hemos pasado este umbral. Vivimos esperando aún poder realizar ese deseo que nos ha estado machacando a lo largo del tiempo y no tuvimos oportunidad de realizarlo y disfrutarlo. Con la ilusión de que el hijo supere con creces nuestros límites alcanzados o que ese nieto que alborea se convierta en un destacado miembro de la comunidad, gozando al verlo crecer y madurar y ayudándole a capear los temporales. Me gusta contemplar esta última etapa de mi vida como un periodo provechoso y creativo, libre de todas esas ataduras y circunstancias que padecí en la juventud. Una época en la que debo resignarme a padecer las inevitables secuelas de enfermedades, ausencias y calamidades en el entorno, pero a las que pretendo enfrentarme con dignidad y valor hasta agotar el elixir de la vida que aún me queda tan lleno también de sorpresas agradables y momentos inolvidables. Dios me regaló a esos seres y El me los arrebata. Sus razones debe tener, aunque me suponga un enorme dolor. Cuando la sonrisa aparece en mi entorno y alegra mi corazón, compensa en parte los momentos trágicos que tengo que soportar. Eso al menos pretendo creer cuando intento superar la gravedad de estos sucesos. Mi fe en Dios y la ayuda de mi familia, son mis mejores valedores en este difícil empeño.
La escalera interminable
Félix Arbolí
C ONSERVO un pequeño cuadro en madera con la cabeza de una brujita de cerámica y en relieve, titulado “La Bruja de la suerte”, procedente de mi antigua librería. Hoy mientras me afeitaba la vi reflejada en el espejo y se me ocurrió releer el texto, quedándome con su frase final “el último escalón de la mala suerte es el primero de la buena”. Sencilla y lógica conclusión contra la que no se puede oponer tesis alguna. Pero yo le pregunto a mi brujita, ¿cuántos peldaños tiene ese escalera de desdichas?. ¿Nos dará tiempo subirla antes de que nos precipitemos al vacío desde la altura y caigamos en el foso de la eternidad?. Los humanos, intentamos buscar rápidamente consuelo a nuestros males a base de prometernos un periodo de bienes. Pretendemos auto engañarnos para superar los tiempos nefastos y difíciles.” Después de la tormenta viene la calma”. Exacto, pero nadie nos predice cuanto durará esa tormenta, ni si el daño que causará será irreversible. Otra frase muy extendida y tajante “No hay mal que cien años dure”. Normal. ¿Es que acaso el ser humano, salvo raras excepciones, llega a alcanzar esa longevidad?. No es el mal el que no dura, sino el infeliz humano que lo sufre. En uno de mis artículos de finales del pasado diciembre, en fechas cercanas anteriores o posteriores a la Navidad, exponía mi temor de que en el año actual me iba a ocurrir algo que me afectaría grave y seriamente. Lo presentía aunque no existiera motivo alguno para ello. Era una extraña sensación de que me amenazaba algo penoso y desagradable. Nunca he tenido, ni pretendo tener poderes adivinatorios, ya que jamás he visto más allá de lo que me limitan las gafas, ni poseo la habilidad de esa brujita de la serie televisiva cuando movía graciosamente su nariz. Pero sentía auténtico pavor del año que iba a comenzar. En términos coloquiales tenía “canguelo” porque presagiaba que algo y nada bueno iba a sucederme a partir de esa nueva fecha del calendario. Me daba perfecta cuenta que mi horno no estaba para bollos. Posiblemente una consecuencia del paso de los años, cuando comprendemos la insignificancia de nuestra existencia y lo absurdo de nuestra lucha persiguiendo el éxito a costa de sacrificar en el empeño los mejores años de nuestra preciosa juventud. Descubrimos la cruda realidad al comprobar la desaparición de tantos amigos, familiares y conocidos que son de nuestra “quinta” o nos han acompañado en un largo trecho. . Desgraciadamente, mis sospechas se confirmaron y las estoy pasando canutas o como vulgarmente se dice, me están haciendo la puñeta. Parece que me han echado “mal de ojo”, como llaman a la sucesión de infortunios los crédulos de necedades. Primero fue mi ingreso urgente y posterior estancia en esa incómoda residencia, llamada hospital, a causa de ese principio de neumonía, que surgió dañina e inesperada para hacerme revivir tiempos pasados que controles y medicinas se encargan de recordarme continuamente. Un nuevo periodo de incertidumbres, sobresaltos y alarmas que, gracias a Dios, ha quedado reducido a una serie de incomodidades, de inhalaciones y al botellón. No, no es ése que piensan y celebran los estudiantes en determinadas y ruidosas fechas, ya no estoy para meterme en esos berenjenales, sino al que con aspecto de torpedo, han colocado en mi cuarto estudio y que a través de un largo cable conectado a mi nariz, para recorrer toda la casa, me suministra a determinas horas el oxigeno que dicen purifica mis pulmones. Yo, la verdad sea dicha, no experimento sensación alguna en mis respiraderos, si bien es cierto que tengo la bombona al mínimo, pero observo que se me están aporrando las napias de soportar y trasladar tanto cable. Al final voy a tener aspecto de boxeador, yo que jamás he dado un palo agua y no en el aspecto laboral, sino en el de peleas y altercados. Como siga así, me voy a convertir en el “Pinocho” mentiroso o en “Cyrano de Bergerac”, el famoso espadachín y poeta literario. Me viene insistente a la memoria el famoso soneto de Quevedo. Resumiendo, una pequeña molestia fácilmente asimilable. Todo normal y sin problemas. Continúo lidiando la corrida y a pesar de los dos avisos recibidos el toro sigue en la plaza dispuesto a defender cara su vida. Tocaré madera, como hacen los supersticiosos y nada difícil en mi caso ya que tengo bastante serrín sobre los hombros. El segundo peldaño de esta escalera de malos presagios fue la muerte inesperada del marido de mi hermana, cuyas bodas de oro celebraron recientemente sin que nadie pensara que era su último aniversario. Una desgracia que sentí profundamente, pues era una persona excepcional al que me unía un largo camino familiar recorrido. Lloré como un niño y no me avergüenza reconocerlo, viendo a ese ser tan querido sin vida y el tremendo dolor de mi hermana. Empecé a mosquearme, pues en menos de un mes había recibido dos graves quebrantos y aún temía que el maleficio no hubiera acabado. No había transcurrido un mes, cuando mi suegra ingresa en el hospital con principio de neumonía y luego se complica la cosa y tienen que operarla urgente de algo intestinal que dijeron padecía, sin que ninguno nos hubiéramos dado cuenta, ni ella hubiera sentido la más mínima molestia. En el plazo de una semana, contra todo pronóstico, muere a causa de una posterior y extraña infección que le invade gran parte del organismo, según la versión médica ofrecida. Ingresó para permanecer unos días hospitalizada y no volvió a sentir el aire de la calle y el calor del sol. Otro hecho luctuoso y muy cercano. Llevaba más de treinta años viviendo con nosotros, desde que murió mi suegro y aunque a veces teníamos nuestras diferencias, en el fondo nos queríamos y tolerábamos como Dios nos daba a entender. Una nueva pérdida familiar importante y una ausencia muy significativa acostumbrados a tenerla siempre presente. Mi “testigo de cargo”, como yo la llamaba en plan de broma, aunque a ella no le hiciera mucha gracia, como tampoco el que le dijera suegra. A lo mejor pretendía que la llamara “mamá”, como los pijos de última hornada. Madre no hay más que una y a ella la encontré bastante crecidito. Así que me limité a llamarla “abuela” y asunto zanjado. Mis males continúan en esta escalera interminable y ahora me encuentro con el internamiento de mi hermano, un año y meses mayor que yo, en el mismo hospital donde tuvimos a mi suegra. Ingresó creyendo que se trataba de un principio de neumonía, (o padecemos una epidemia de esta enfermedad o es la fórmula más socorrida que han encontrado los médicos para internar a los pacientes sin tener que adelantar un diagnóstico definitivo), pero tras las pruebas correspondientes se trata de cáncer de pulmón. La terrible enfermedad que se llevó a mi padre en seis meses. Por lo visto lo tiene bastante avanzado y es inoperable. Le suavizan el pronóstico con la esperanza de que con la “quimio”, radio y demás tratamientos, pueda superarlo, aunque a sus espaldas no ofrecen esperanzas y le dan como probable un año o dos de vida. Dios quiera y a mi Inmaculada se lo pido, que el tiempo pronosticado se prolongue. De momento tengo a mi hermano en una cama hospitalaria, conectado a los consabidos y desagradables cables, -que en muchas ocasiones son los únicos que nos enlazan con la vida- y sometido a dolorosas y complicadas pruebas. La cuarta víctima de este calvario que supe que iba a padecer desde fines del pasado año. ¿Me quedarán aún muchos escalones de la mala suerte según mi brujita o se iniciarán pronto los de la buena?. Hay que darle un voto a la esperanza, porque es la única que nos puede mitigar el dolor y recuperar las ilusiones. Intento hallar el lado positivo a pesar de los infortunios, de acuerdo con la teoría filosófica oriental del “ying-yang”, según la cual no puede existir el mal, sin su correspondiente alternancia con el bien. Pienso en todos los seres inocentes que están en peores condiciones y con más duras tragedias que las mías y aún son capaces de sonreír y vivir la vida con fe y con optimismo y siento un profundo agradecimiento a ese Ser Supremo o Destino para los que no creen, por los enormes favores que de continuo recibo. La sonrisa y sincera demostración de cariño del nieto que me hace sentir en el Olimpo; ver a mis hijos felices abrirse paso en la vida sin romper la unidad familiar, formando esa dulce y compacta piña donde mi mujer, cada días más joven y más guapa y no es pasión de enamorado aunque no me canse de quererla, es el centro incuestionable. En suma, mi transcurrir de cada día gozando de esa prórroga que me concedieron, sin que hiciera mérito alguno para obtenerla. ¿Serán éstos los escalones de la suerte que estoy bajando sin prestarles la debida atención?. Siempre que ocurre algo malo, me esfuerzo en hallar un lado bueno. Al menos, intento ofrecer la oportunidad de que pueda ocurrir. De lo contrario, las desgracias, muertes y quebrantos nos ahogarían por completo y nos harían ser como los zombis, muertos vivientes. Hay veces que me entra el desaliento y me dan ganas de desinhibirme de todo. Me canso de luchar contra los elementos y de intentar vencer al destino. Me siento impotente ante tanta calamidad, pero enseguida pienso en las cosas gratas que me hacen disfrutar de la vida y de esta manera consigo los estímulos necesarios para imponerme a la fatalidad y empeñarme con todas mis fuerzas mentales y físicas en vencer el mal fario cuando me acosa. Alguna vez me ha de llegar el periodo de las vacas gordas y vendrán los escalones de la buena suerte. Egoístamente, he de darle gracias a Dios por conservarme la vida, después de tan largo rodaje y rodearme de esta familia que es una auténtica bendición. La que yo le pido con fe y devoción para que prorrogue, como hizo conmigo, la vida de ese hermano que sufre y se ve tan seriamente amenazado. Todo en nuestra existencia está regido por una inexorable balanza, que controla voluntades y decide actitudes desde el instante de nacer hasta el de morir. Una constante oscilación que marca la contradicción en que nos movemos: Vida y muerte; principio y fin; bueno y malo, etc. Todo obedece a ese vaivén que llena nuestros días y que sin darnos cuenta, nos acompaña hasta agotar el saldo disponible de los años. Las desgracias nunca vienen solas, nos dicen los pesimistas y parecen tener razón. Pero están los optimistas que intentan consolar nuestras desgracias cuando afirman que después de la tempestad llega la calma y que no hay mal que cien años dure, para levantar nuestra hundida moral que se arrastra por el suelo. Aunque ésta última afirmación resulte incuestionable, ya que el que no dura cien años es el ser humano, salvo muy escasas excepciones, por lo que su buena o mala suerte no puede exceder a su propia existencia. Vivimos sometidos a esa alternancia insistente y machacona que nos acompaña en nuestro cotidiano y fatigoso quehacer, pero todo se reduce a nacer, crecer, envejecer y morir, el inexorable ciclo de la vida del ser humano. Y no hay nada que pueda alterarlo. Hemos de pasar de una etapa a otra contra viento y marea, como ley de vida y maldición bíblica si nos guiamos por ese libro revelado, según la tradición. A la muerte de un ser querido, suele acompañar antes o después, más pronto o más tarde, el nacimiento de algún nuevo miembro o algún grato e imprevisto acontecimiento familiar. Y el tremendo desgarro de la muerte, queda soslayado en parte, no superado, pero si algo más compensado. La llegada de ese nuevo ser, -en mi caso, mi nueva nietecita Marta-, es el maravilloso antídoto que calma mis arrebatos de dejadez y falta de ilusiones, propios de la edad, ya que en unión de los otros dos nietos a los que adoro, me infunden las ganas de vivir y mirar al cielo con lagrimas en los ojos por los que se han ido y con serenidad y agradecimiento por los que han llegado y me hacen recobrar la fuerza para continuar el camino con alegría. Si la muerte es el fin, nacer es el principio. La sal de la vida. El primer escalón que hemos de subir, ajenos a los problemas que a lo largo de los años encontraremos en los restantes peldaños que debemos superar y nos harán sudar. Supone el continuo descubrimiento de un fascinante y desconocido horizonte que empezamos a recorrer, conocer y asimilar desarrollando las escasas limitaciones mentales y físicas disponibles. Los años y la experiencia que vamos adquiriendo nos van allanando el camino que hemos de cubrir hasta llegar al lado opuesto de nuestra balanza vital, el momento de morir. La vejez es pues la antítesis de la infancia, el último tramo de nuestro trayecto existencial desde que se produce nuestro nacimiento, un prodigioso suceso que evidencia la grandeza y sublimidad de la mujer, al tener el fascinante poder de engendrar vida rozando los límites de la misma divinidad. Humanas que se convierten en diosas en el momento supremo de parir. ¡Alabada seas Eva eternamente!. El paso del tiempo aumenta de forma continua la proximidad de nuestro final. Nada transcurre más a prisa que los años y esa carrera contra reloj, esa batalla contra el tiempo perdida de antemano, nos hacen próximas y hasta lógicas las probabilidades de una muerte cercana, que antes se veía lejana e improbable. Todo tiene su contrapeso, su compensación. Lo bueno del dolor, es la esperanza de que ese balsámico o la eliminación de la causa que lo produce, lo haga desaparecer. La tragedia a que pase el tiempo oportuno para que se quede en recuerdo y podamos darnos cuenta de lo positivo y gratificante que resulta no sentir tan profundamente sus dolorosos coletazos. La enfermedad, que recuperemos nuevamente la salud y podamos sentir las maravillosas sensaciones que antes no supimos o no logramos disfrutar. Todo consiste en un tira y afloja esperando que la cuerda resista nuestros esfuerzos. Las lágrimas desaparecen y en su lugar surgen las muecas de la risa, porque en este mundo nada es eterno y todo tiene su fin y su lado opuesto. El niño crece y se hace joven. La juventud, divino tesoro, también se va y no regresa, aunque puedan quedar vestigios en nuestro corazón, pues dicen que éste nunca envejece. ¡Dicen tantas cosas…!,La madurez, es el tiempo culminante de nuestro peregrinar, cuando el fiel de la balanza llega al punto equidistante entre ambos extremos. Los expertos la consideran la etapa dorada de nuestra existencia, aunque los que la hemos pasado y “rebasado” con creces, vemos que ha sido pródiga en problemas, inquietudes, afanes, esfuerzos, ilusiones y decepciones. Cuando llegamos a la considerada con toda lógica etapa final, nos quieren hacer creer que como en el infierno de Dante en su “Divina Comedia”, hay que abandonar toda esperanza los que hemos atravesado sus puertas. Opino todo lo contrario, la esperanza es lo único que nos queda a los que hemos pasado este umbral. Vivimos esperando aún poder realizar ese deseo que nos ha estado machacando a lo largo del tiempo y no tuvimos oportunidad de realizarlo y disfrutarlo. Con la ilusión de que el hijo supere con creces nuestros límites alcanzados o que ese nieto que alborea se convierta en un destacado miembro de la comunidad, gozando al verlo crecer y madurar y ayudándole a capear los temporales. Me gusta contemplar esta última etapa de mi vida como un periodo provechoso y creativo, libre de todas esas ataduras y circunstancias que padecí en la juventud. Una época en la que debo resignarme a padecer las inevitables secuelas de enfermedades, ausencias y calamidades en el entorno, pero a las que pretendo enfrentarme con dignidad y valor hasta agotar el elixir de la vida que aún me queda tan lleno también de sorpresas agradables y momentos inolvidables. Dios me regaló a esos seres y El me los arrebata. Sus razones debe tener, aunque me suponga un enorme dolor. Cuando la sonrisa aparece en mi entorno y alegra mi corazón, compensa en parte los momentos trágicos que tengo que soportar. Eso al menos pretendo creer cuando intento superar la gravedad de estos sucesos. Mi fe en Dios y la ayuda de mi familia, son mis mejores valedores en este difícil empeño.
Blanca Sanchez de Haro, La choinchorrona
jueves 10 de mayo de 2007
La chinchorrona
Blanca Sánchez de Haro
E S que hay cosas que a veces vienen impuestas por el destino. Es esta una buena manera de no atribuirse la total responsabilidad de los propios actos. Por eso la utilizo, aunque no tenga la más mínima base para creer si el destino obliga a algo o no. Mar nació fuerte, heredando la hermosura, la valentía de corazón y la fuerza en el alma de una gran matriarca castellana que fue y sigue siendo, nuestra madre, y con la raza del pueblo vasco que la vio nacer, y dónde parió a sus primeros hijos. Allí se empapó hasta la médula de la belleza de las matriarcas vascas. Hermosura y belleza de gestos, de físico y de fuerza femenina, valentía de heroínas de Castilla bien casada con la fuerza de las caseras de Donosti. Yo nací débil, pequeña, oscurita, mal comedora y pachucha. Mi padre siempre tenía explicaciones a mis preguntas. ¿Por qué yo era chiquita y mis hermanos altos y fuertes? Porque a mí me abandonaron unos gitanos en la cuneta por ser tan poca cosa. Ellos me vieron, les di pena y me rescataron del abandono para llevarme a su casa. Eso, unos días, otros: Porque yo mamé de la teta de atrás. Lo primero lo creí cierto hasta bien pasados los 5 años, lo segundo no. Las únicas ubres que yo le vi a mi madre siempre fueron dos hermosas delanteras de esas que aún siguen adornado su escote ante la admiración de muchos ojos. Mi hermana Mar (Itsaso, precioso nombre) y yo compartíamos colegio con 3 cursos de diferencia a su favor. Y el colegio estaba lleno de otras chicas como Mar; altas, fuertes y defensoras de su espacio cual leonas que cuidan su manada. En ese bello escaparate de damiselas de hierro, poco se me podía ver u oír a mi. Y yo podía conformarme con ser poca cosa, oscurita y feúcha y hasta con que mi hermano Jesús cuando me acercaba a él y estaba a sus cosas me dijera: “No me molestes mosquito”. Pero con que me ignoraran, no me escucharan, me quitaran el sitio en el autobús o la pelota en la cancha de baloncesto sólo por ser pequeña no, eso de ninguna manera. ¿Qué niña puede soportar el ser ignorada siendo leonina de nacimiento astral, hija de heroína castellana y hermana de matriarca vasca, y además siendo yo?... Mi queridísima y siempre generosa tata Mar siempre se llevaba las regañinas por pelearse con las compañeras del colegio. - ¿Porqué te peleaste otra vez?, le decía mamá. - Es que querían pegar a Blanquita porque no quería dejarles los columpios, y es que Blanquita les chincha amá, chincha siempre a las mayores y luego le quieren pegar y claro, yo no voy a dejar que peguen a mi hermana, aunque la culpa es suya amá porque anda chinchando para que se metan con ella. INCISO: Sacaba de quicio a algunas de las que pretendían ignorarme y cuando ya las tenía totalmente desquiciadas, sintiéndose mas fuertes que yo, me amenazaban. Entonces yo sacaba pecho y gritaba: Tataaaaa. Era magnífico aunque mi hermana me lo siga echando en cara. El patio del colegio temblaba literalmente bajo a las zancadas rotundas de mi tata viniendo en mi ayuda, más que si el mismísimo Mazinguer Z estuviera caminando por él, y a mis enemigas les temblaban tanto más las piernas. Yo disfrutaba, no podéis imaginaros cómo. - Chinchorrona, me decía mamá, hija no tienes que ser tan chinchorrona que luego siempre andas metiendo en líos a tu hermana. Perdí el auxilio de mi tata Mar durante años, ella se quedó en su tierra natal y yo volví a la de mis padres donde las niñas también eran pequeñitas y oscuras, además coincidiendo con mis 16 años en los que pude comprobar que había heredado de mi madre esa delantera que adorna tan bien los escotes, y eso, para una adolescente que lucha por hacerse respetar y por ir convirtiéndose en adulta vale muchos puntos. Y me fui convirtiendo en adulta, pero la costumbre de ser chinchorrona no se me pasó, le había cogido gusto y con el tiempo arte de guante blanco. Nunca volvió a ser necesario que nadie se peleara por mí. Como dicen los árabes, los gestos se hacen hábitos y los hábitos costumbre y la costumbre acaba conformando tu carácter. Así que soy chinchorrona, lo admito, me gusta “picar a la gente”. Ya no tengo que defenderme de nadie, la mediana edad nos hace a todos iguales, pero sigo siendo chinchorrona en la seguridad y en el orgullo de que tras esa costumbre no hay nada más que una absoluta buena fe. El ejercicio de la chinchorronería bien ejercido aparta cualquier posibilidad de meterse en violencias físicas o verbales, porque chinchar en mucho más divertido. Nunca he intentado corregirlo, me gusta el diálogo hasta el punto de no callar ni bajo el agua. Me gusta la controversia, ser chinchorrona, “picar a la gente” porque me considero como al resto del mundo, libre de pensamiento y opinión, y porque llevo a orgullo que casi roza la arrogancia la seguridad de ser una buena persona en la que la chinchorronez tiene una única y auténtica base de buena fe.
La chinchorrona
Blanca Sánchez de Haro
E S que hay cosas que a veces vienen impuestas por el destino. Es esta una buena manera de no atribuirse la total responsabilidad de los propios actos. Por eso la utilizo, aunque no tenga la más mínima base para creer si el destino obliga a algo o no. Mar nació fuerte, heredando la hermosura, la valentía de corazón y la fuerza en el alma de una gran matriarca castellana que fue y sigue siendo, nuestra madre, y con la raza del pueblo vasco que la vio nacer, y dónde parió a sus primeros hijos. Allí se empapó hasta la médula de la belleza de las matriarcas vascas. Hermosura y belleza de gestos, de físico y de fuerza femenina, valentía de heroínas de Castilla bien casada con la fuerza de las caseras de Donosti. Yo nací débil, pequeña, oscurita, mal comedora y pachucha. Mi padre siempre tenía explicaciones a mis preguntas. ¿Por qué yo era chiquita y mis hermanos altos y fuertes? Porque a mí me abandonaron unos gitanos en la cuneta por ser tan poca cosa. Ellos me vieron, les di pena y me rescataron del abandono para llevarme a su casa. Eso, unos días, otros: Porque yo mamé de la teta de atrás. Lo primero lo creí cierto hasta bien pasados los 5 años, lo segundo no. Las únicas ubres que yo le vi a mi madre siempre fueron dos hermosas delanteras de esas que aún siguen adornado su escote ante la admiración de muchos ojos. Mi hermana Mar (Itsaso, precioso nombre) y yo compartíamos colegio con 3 cursos de diferencia a su favor. Y el colegio estaba lleno de otras chicas como Mar; altas, fuertes y defensoras de su espacio cual leonas que cuidan su manada. En ese bello escaparate de damiselas de hierro, poco se me podía ver u oír a mi. Y yo podía conformarme con ser poca cosa, oscurita y feúcha y hasta con que mi hermano Jesús cuando me acercaba a él y estaba a sus cosas me dijera: “No me molestes mosquito”. Pero con que me ignoraran, no me escucharan, me quitaran el sitio en el autobús o la pelota en la cancha de baloncesto sólo por ser pequeña no, eso de ninguna manera. ¿Qué niña puede soportar el ser ignorada siendo leonina de nacimiento astral, hija de heroína castellana y hermana de matriarca vasca, y además siendo yo?... Mi queridísima y siempre generosa tata Mar siempre se llevaba las regañinas por pelearse con las compañeras del colegio. - ¿Porqué te peleaste otra vez?, le decía mamá. - Es que querían pegar a Blanquita porque no quería dejarles los columpios, y es que Blanquita les chincha amá, chincha siempre a las mayores y luego le quieren pegar y claro, yo no voy a dejar que peguen a mi hermana, aunque la culpa es suya amá porque anda chinchando para que se metan con ella. INCISO: Sacaba de quicio a algunas de las que pretendían ignorarme y cuando ya las tenía totalmente desquiciadas, sintiéndose mas fuertes que yo, me amenazaban. Entonces yo sacaba pecho y gritaba: Tataaaaa. Era magnífico aunque mi hermana me lo siga echando en cara. El patio del colegio temblaba literalmente bajo a las zancadas rotundas de mi tata viniendo en mi ayuda, más que si el mismísimo Mazinguer Z estuviera caminando por él, y a mis enemigas les temblaban tanto más las piernas. Yo disfrutaba, no podéis imaginaros cómo. - Chinchorrona, me decía mamá, hija no tienes que ser tan chinchorrona que luego siempre andas metiendo en líos a tu hermana. Perdí el auxilio de mi tata Mar durante años, ella se quedó en su tierra natal y yo volví a la de mis padres donde las niñas también eran pequeñitas y oscuras, además coincidiendo con mis 16 años en los que pude comprobar que había heredado de mi madre esa delantera que adorna tan bien los escotes, y eso, para una adolescente que lucha por hacerse respetar y por ir convirtiéndose en adulta vale muchos puntos. Y me fui convirtiendo en adulta, pero la costumbre de ser chinchorrona no se me pasó, le había cogido gusto y con el tiempo arte de guante blanco. Nunca volvió a ser necesario que nadie se peleara por mí. Como dicen los árabes, los gestos se hacen hábitos y los hábitos costumbre y la costumbre acaba conformando tu carácter. Así que soy chinchorrona, lo admito, me gusta “picar a la gente”. Ya no tengo que defenderme de nadie, la mediana edad nos hace a todos iguales, pero sigo siendo chinchorrona en la seguridad y en el orgullo de que tras esa costumbre no hay nada más que una absoluta buena fe. El ejercicio de la chinchorronería bien ejercido aparta cualquier posibilidad de meterse en violencias físicas o verbales, porque chinchar en mucho más divertido. Nunca he intentado corregirlo, me gusta el diálogo hasta el punto de no callar ni bajo el agua. Me gusta la controversia, ser chinchorrona, “picar a la gente” porque me considero como al resto del mundo, libre de pensamiento y opinión, y porque llevo a orgullo que casi roza la arrogancia la seguridad de ser una buena persona en la que la chinchorronez tiene una única y auténtica base de buena fe.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

