jueves 2 de julio de 2009
Hasta luego, querido Baltasar Porcel
Joan Pla
L A muerte de Baltasar Porcel, mi viejo amigo, íntimo competidor y colega entrañable, me incita al silencio. Ha sido una muerte silenciosa y lenta, como la de mi hermano Pepe. Un linfoma implacable, cáncer del siglo, etcétera. Solemos inventar las palabras para huir de la muerte.
Muchas veces, durante años, hablé de él en mis libros y en mis artículos.
Baltasar Porcel, a quien siempre he admirado, cultivaba en su corazón, igual que yo en el mío, una sutil rivalidad. Los dos fuimos devotos de un mismo santo. Me refiero al reverendo Joan Capó Bosch, de Andratx, paisano de Baltasar y padre espiritual de mil jóvenes que empezábamos a navegar por el vasto mar de la literatura y del periodismo. Mossèn Capó siempre me hablaba bien de Baltasar y Baltasar, vestido de marinero durante el periodo de su servicio militar, firmaba sus primeros artículos con el pseudónimo de “Odín”. Yo era entonces, cuando me asomé y gané por primera vez en los concursos literarios, “Sapientino Felanitx” y Baltasar me tiraba coñas, por lo de “sapientito”. Con Sebastià Mesquida, novelista, ensayista, teólogo y barrendero municipal, con Jaume Santandreu, santo patrón de los armarios de la catedral y con Pere Orpí Ferrer, párroco y poeta laureado en los Premios Ciudad de Palma y con otros amateurs de las bellas letras y las buenas artes admirábamos y envidiábamos a Porcel, que ya se había instalado en Barcelona y empezaba a dominar el cotarro, es decir, la gran loteria de las artes y de las letras. Y la política, claro.
Desde Madrid o desde cualquier ciudad del mundo nos contarán hoy la vida y la obra de nuestro entrañable Baltasar Porcel. Desde aquí, humildemente, intentaremos explicar su clave, las raíces de su biografía, traspasada siempre por una sed constante de belleza, como la de Miquel Ángel Riera, otro grande que nos precedió en la barca de Caronte por la laguna de los muertos.
Yo recordaré sus caballos hacia la fosca, sus difuntos bajo los almendros en flor, su pausada voz de maestro oriental, sus ágiles respuestas de felino inteligente y autodidacta. El paisaje de Andratx, las islas encantadas de su prosa inmortal, su libertad de pensamiento, sus amores itinerantes, memoria y olvido de otros corazones.
Baltasar me tachó de intemperante, cuando escribió el artículo necrológico de la muerte de Don Juan Capó en "Diario de Mallorca". Le perdoné el epíteto, cuando entendí que Baltasar quería tanto o más que yo a Capó Bosch, ese polémico cura intelectual que tanto influyó en nuestras vidas. El afecto que le profesaba Porcel al reverendo Capó puede comprobarse en su libro de "Les illes encantades", cuando canta el dolor de su ausencia. La desaparición de Juan Capó del paisaje íntimo y natural de Porcel es, en su brillante pluma, como el dolor que nos produce la desaparición del árbol que nos dio la primera sombra y el primer impulso vital.
Ningún crítico o ensayista entenderá a Porcel si antes no entiende lo que significó la gente y el paisaje de su pueblo natal y de su adolescencia rural y marinera, entre pinos y acantilados, barcas al remo e islotes mágicos, formidables.
Durante los últimos treinta años he seguido sus pasos y la importancia social y cultural de sus actos y de sus escritos. Han quedado muy atrás nuestras juveniles discrepancias y los celos pueriles en el regazo espiritual del mencionado reverendo.
Tal vez, Mallorca ignora la repercusión internacional de su obra inacabada. Pero eso importa poco, porque Baltasar no ha muerto. Vive, más y mejor que nunca, en sus libros. Descanse en paz el buen lector. Amén.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5256
jueves, julio 02, 2009
miércoles, julio 01, 2009
Ladron de Guevara, La sentencia de Estrasburgo
jueves 2 de julio de 2009
La sentencia de Estrasburgo
Ernesto Ladrón de Guevara
A cualquier demócrata le debe suponer un enorme gozo la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Yo en particular doy botes de alegría por muchas razones como voy a argumentar a continuación.
Evidentemente la principal razón es que los batasunos en sus diferentes formas mutantes han recibido un golpe de gracia, así como el conjunto de la familia nacionalista que ha estado jugando a la geometría variable en las estrategias para imponer una idea totalitaria de país vascongado bajo el signo del independentismo. Aquel Acuerdo de Lizarra que se configuró para poner una barricada a las ansias de libertad de miles de vascos y excluir del juego político a los constitucionalistas –triste denominación a la luz del estado de prestación en el que ha quedado la Carta magna- ha recibido, de rebote, un mandoble mortal por si alguien tuviera alguna pretensión de resucitación del engendro. Por tanto, es, sin perjuicio de otras consideraciones –muchas- que se puedan hacer, un momento de gloria para todos aquellos que hemos trabajado con constancia y pertinaz empeño por la libertad, la democracia, la pluralidad y los reales derechos humanos en esta tierra que algunos queremos tanto –si cabe, tanto como a nuestra amada España-.
Pero hagamos algunas consideraciones, más allá de la valoración en el momento presente, de la trascendencia que tiene esa sentencia para dejar fuera de juego a quienes pretenden dejar sin efecto un principio fundamental para la cultura occidental en aras de la convivencia pacífica: el respeto a los derechos individuales, a la democracia entendida como el juego político libre, y a todas las expresiones en los que se plasma el ejercicio de las libertades.
Han pasado casi diez años desde que un grupo de ciudadanos vascos decidimos hacer algo más que contemplar los asesinatos y metabolizar el enojo ante la ocupación de la calle por fórmulas mafiosas de control político, cultural y social en la Vascongadas, allá por los confines temporales del ominoso siglo pasado. Es hora, aunque pueda parecer pretencioso, o incluso jactancia, el hacer un poco de historia próxima para conocer cómo Europa cambió las formas de percibir los fenómenos totalitarios de carácter secesionista, y las dificultades para avanzar en los mínimos democráticos en territorios comprendidos por Estados miembros como España.
No habíamos, casi, iniciado el nuevo siglo en el que nos encontramos cuando una representación de diez personas, entre las que cito a Vidal de Nicolás, como presidente del Foro Ermua, Agustín Ibarrola, Iñaki Ezkerra, Rubén Múgica, y otros, acudimos a las instituciones europeas a llevar un manifiesto de diez páginas, en el que, básicamente se decía lo mismo que hoy reconoce en su fundamentación jurídica la Sentencia del alto Tribunal de Derechos Humanos europeo. Recuerdo que estuvimos con el Comisario de Derechos Humanos, con la Comisión parlamentaria de Derechos Humanos, con la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, con la Presidente de dicho parlamento y con el Presidente del Tribunal de Derechos Humanos del mismo ámbito. Todos ellos quedaron impresionados por la crudeza y rotundidad de lo expresado en nuestro documento, nos sometieron a múltiples preguntas y manifestaron su voluntad de contribuir a la preservación de aquellos elementos básicos que dan carta de garantía para asegurar una ciudadanía compartida, sin la cual la pertenencia a la Comunidad europea perdía su sentido. Preguntamos –recuerdo- cómo podíamos obtener la protección de dicho Tribunal, y recuerdo que se nos dijo que no se podía hacer nada si previamente no se hacía el recorrido completo por las diferentes instancias jurisdiccionales de la justicia en el ámbito del Estado miembro, y que las posibilidades eran muy dificultosas sin culminar todo el proceso en el ámbito judicial español. En ese sentido recibimos un relativo baño de realidad con un cierto pesimismo.
Pero mira por donde son nuestros enemigos los que nos han hecho el trabajo. Son ellos los que se han metido en la boca del lobo solitos, los que se han ahogado en los ámbitos de la justicia, sin que –como por desgracia ha sucedido en nuestro País- hayan surtido efecto sus argucias y trampas leguleyas de las que dan muestras de maestría los abogados batasunos.
Abrimos las puertas de Europa a una nueva forma de ver las cosas del mal llamado “conflicto vasco”, por eso el recibimiento al que nos sometieron al volver fue de antología del disparate y para atarse los machos. Recuerdo que encontré al llegar a casa a mi mujer llorando, y recuerdo sus palabras: -He visto en televisión las declaraciones de los nacionalistas y van a matar a alguien de los nuestros. Así fue: asesinaron a nuestro querido compañero del Foro José Luis López de Lacalle, pero, además todos nosotros tuvimos que soportar lo que ahora se llama “violencia de persecución”. Recuerdo el apedreamiento de la casa de Agustín de Ibarrola, aparte de las agresiones a su obra, etc. Lo mío no lo cuento para que nadie piense que hago uso de la posibilidad que me ofrece Vistazo a la Prensa y hacer victimismo personal. Pero fue durísimo. Me remito a la hemeroteca de aquellas fechas.
Recibimos un brutal linchamiento de nuestro propio sector que se empezaba a llamar constitucionalista, incluidos sus medios de comunicación, salvo honrosas excepciones. Incluso gentes que luego se pusieron al frente del movimiento como Rosa Díez, Savater y otros nos intentaron dejar en evidencia, sin ofrecernos su apoyo, rompiendo el movimiento cívico y estigmatizándonos. Hoy mirándolo con perspectiva me entra una irónica sonrisa pero es uno de mis mayores orgullos puesto que luego ellos se pusieron al frente de “la manifestación”.
Aquello fue tremendo. Nos quedamos literalmente solos aunque luego todo el mundo se enganchó a nuestra posición. Aquello fue un verdadero bautismo de fuego que nos curó para siempre. Nos dejaron solos ante el abismo.
Pero he de señalar que, aparte del mundo nacionalista que era lo previsible, hubo otros protagonistas que afilaron sus dotes retóricas o sus armas políticas contra nosotros. Por ejemplo padecimos las diatribas de representantes significados del Partido Socialista que llegaron a decir que no había ningún representante, digno de considerar, del mundo de la izquierda en aquella embajada cosa que no se podía sostener simplemente revisando la biografía de aquellas personas en aquel momento. O que no era de recibo sacar los trapos sucios fuera de las fronteras de nuestra tierra, es decir al ámbito comunitario. Y, por cierto, no sólo nuestra embajada no fue recibida por la parte socialista del Parlamento Europeo –aunque es correcto afirmar que hubo algún digno representante de IU que no tenía nada que compartir con la deriva posterior de ese partido- sino que nos consta que hubo alguna maniobra para dificultar un pronunciamiento explícito de la Presidenta del Parlamento Europeo.
Sin embargo, lo que son las cosas, hoy se puede decir, con orgullo por lo que a mí respecta, que aquella representación institucional de ciudadanos vascos que luchaban por la dignidad de sus compatriotas, surtió efecto, y hoy tenemos una resolución judicial digna de figurar en los anales del amparo jurídico en defensa de los principios más elementales del Derecho Natural y de sus derivaciones hacia la protección de los ciudadanos en esta Sociedad Occidental para alejarnos de latitudes que siembran dudas sobre el futuro de la humanidad.
El tiempo da la razón al que la tiene.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5253
La sentencia de Estrasburgo
Ernesto Ladrón de Guevara
A cualquier demócrata le debe suponer un enorme gozo la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo. Yo en particular doy botes de alegría por muchas razones como voy a argumentar a continuación.
Evidentemente la principal razón es que los batasunos en sus diferentes formas mutantes han recibido un golpe de gracia, así como el conjunto de la familia nacionalista que ha estado jugando a la geometría variable en las estrategias para imponer una idea totalitaria de país vascongado bajo el signo del independentismo. Aquel Acuerdo de Lizarra que se configuró para poner una barricada a las ansias de libertad de miles de vascos y excluir del juego político a los constitucionalistas –triste denominación a la luz del estado de prestación en el que ha quedado la Carta magna- ha recibido, de rebote, un mandoble mortal por si alguien tuviera alguna pretensión de resucitación del engendro. Por tanto, es, sin perjuicio de otras consideraciones –muchas- que se puedan hacer, un momento de gloria para todos aquellos que hemos trabajado con constancia y pertinaz empeño por la libertad, la democracia, la pluralidad y los reales derechos humanos en esta tierra que algunos queremos tanto –si cabe, tanto como a nuestra amada España-.
Pero hagamos algunas consideraciones, más allá de la valoración en el momento presente, de la trascendencia que tiene esa sentencia para dejar fuera de juego a quienes pretenden dejar sin efecto un principio fundamental para la cultura occidental en aras de la convivencia pacífica: el respeto a los derechos individuales, a la democracia entendida como el juego político libre, y a todas las expresiones en los que se plasma el ejercicio de las libertades.
Han pasado casi diez años desde que un grupo de ciudadanos vascos decidimos hacer algo más que contemplar los asesinatos y metabolizar el enojo ante la ocupación de la calle por fórmulas mafiosas de control político, cultural y social en la Vascongadas, allá por los confines temporales del ominoso siglo pasado. Es hora, aunque pueda parecer pretencioso, o incluso jactancia, el hacer un poco de historia próxima para conocer cómo Europa cambió las formas de percibir los fenómenos totalitarios de carácter secesionista, y las dificultades para avanzar en los mínimos democráticos en territorios comprendidos por Estados miembros como España.
No habíamos, casi, iniciado el nuevo siglo en el que nos encontramos cuando una representación de diez personas, entre las que cito a Vidal de Nicolás, como presidente del Foro Ermua, Agustín Ibarrola, Iñaki Ezkerra, Rubén Múgica, y otros, acudimos a las instituciones europeas a llevar un manifiesto de diez páginas, en el que, básicamente se decía lo mismo que hoy reconoce en su fundamentación jurídica la Sentencia del alto Tribunal de Derechos Humanos europeo. Recuerdo que estuvimos con el Comisario de Derechos Humanos, con la Comisión parlamentaria de Derechos Humanos, con la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo, con la Presidente de dicho parlamento y con el Presidente del Tribunal de Derechos Humanos del mismo ámbito. Todos ellos quedaron impresionados por la crudeza y rotundidad de lo expresado en nuestro documento, nos sometieron a múltiples preguntas y manifestaron su voluntad de contribuir a la preservación de aquellos elementos básicos que dan carta de garantía para asegurar una ciudadanía compartida, sin la cual la pertenencia a la Comunidad europea perdía su sentido. Preguntamos –recuerdo- cómo podíamos obtener la protección de dicho Tribunal, y recuerdo que se nos dijo que no se podía hacer nada si previamente no se hacía el recorrido completo por las diferentes instancias jurisdiccionales de la justicia en el ámbito del Estado miembro, y que las posibilidades eran muy dificultosas sin culminar todo el proceso en el ámbito judicial español. En ese sentido recibimos un relativo baño de realidad con un cierto pesimismo.
Pero mira por donde son nuestros enemigos los que nos han hecho el trabajo. Son ellos los que se han metido en la boca del lobo solitos, los que se han ahogado en los ámbitos de la justicia, sin que –como por desgracia ha sucedido en nuestro País- hayan surtido efecto sus argucias y trampas leguleyas de las que dan muestras de maestría los abogados batasunos.
Abrimos las puertas de Europa a una nueva forma de ver las cosas del mal llamado “conflicto vasco”, por eso el recibimiento al que nos sometieron al volver fue de antología del disparate y para atarse los machos. Recuerdo que encontré al llegar a casa a mi mujer llorando, y recuerdo sus palabras: -He visto en televisión las declaraciones de los nacionalistas y van a matar a alguien de los nuestros. Así fue: asesinaron a nuestro querido compañero del Foro José Luis López de Lacalle, pero, además todos nosotros tuvimos que soportar lo que ahora se llama “violencia de persecución”. Recuerdo el apedreamiento de la casa de Agustín de Ibarrola, aparte de las agresiones a su obra, etc. Lo mío no lo cuento para que nadie piense que hago uso de la posibilidad que me ofrece Vistazo a la Prensa y hacer victimismo personal. Pero fue durísimo. Me remito a la hemeroteca de aquellas fechas.
Recibimos un brutal linchamiento de nuestro propio sector que se empezaba a llamar constitucionalista, incluidos sus medios de comunicación, salvo honrosas excepciones. Incluso gentes que luego se pusieron al frente del movimiento como Rosa Díez, Savater y otros nos intentaron dejar en evidencia, sin ofrecernos su apoyo, rompiendo el movimiento cívico y estigmatizándonos. Hoy mirándolo con perspectiva me entra una irónica sonrisa pero es uno de mis mayores orgullos puesto que luego ellos se pusieron al frente de “la manifestación”.
Aquello fue tremendo. Nos quedamos literalmente solos aunque luego todo el mundo se enganchó a nuestra posición. Aquello fue un verdadero bautismo de fuego que nos curó para siempre. Nos dejaron solos ante el abismo.
Pero he de señalar que, aparte del mundo nacionalista que era lo previsible, hubo otros protagonistas que afilaron sus dotes retóricas o sus armas políticas contra nosotros. Por ejemplo padecimos las diatribas de representantes significados del Partido Socialista que llegaron a decir que no había ningún representante, digno de considerar, del mundo de la izquierda en aquella embajada cosa que no se podía sostener simplemente revisando la biografía de aquellas personas en aquel momento. O que no era de recibo sacar los trapos sucios fuera de las fronteras de nuestra tierra, es decir al ámbito comunitario. Y, por cierto, no sólo nuestra embajada no fue recibida por la parte socialista del Parlamento Europeo –aunque es correcto afirmar que hubo algún digno representante de IU que no tenía nada que compartir con la deriva posterior de ese partido- sino que nos consta que hubo alguna maniobra para dificultar un pronunciamiento explícito de la Presidenta del Parlamento Europeo.
Sin embargo, lo que son las cosas, hoy se puede decir, con orgullo por lo que a mí respecta, que aquella representación institucional de ciudadanos vascos que luchaban por la dignidad de sus compatriotas, surtió efecto, y hoy tenemos una resolución judicial digna de figurar en los anales del amparo jurídico en defensa de los principios más elementales del Derecho Natural y de sus derivaciones hacia la protección de los ciudadanos en esta Sociedad Occidental para alejarnos de latitudes que siembran dudas sobre el futuro de la humanidad.
El tiempo da la razón al que la tiene.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5253
Jose Garcia Dominguez, El español, por fin, ilegal
jueves 2 de julio de 2009
Cataluña
El español, por fin, ilegal
José García Domínguez
A partir de ahora, el español gozará de menor consideración jurídica en las aulas de Montilla que el urdú o el árabe, idiomas ambos de uso reconocido y amparado por la Generalidad.
Desde hace apenas unas horas, la prosaica orden administrativa que prohibía utilizar el español como herramienta docente en Cataluña ha sido promovida al solemne rango de ley formal. Lo que nunca se atrevió a hacer Pujol, elevar a la dignidad de mandato parlamentario la sorda persecución del idioma que fue común, acaban de consumarlo sus genuinos herederos, los nacionalistas con mácula pero sin complejos del PSC. Se acabó para siempre, pues, tanto aquella mísera tercera hora de castellano jamás impartida, como la muy teórica potestad de reclamar instrucción primaria en la lengua materna; también, huelga decirlo, toda esperanza. Así, a partir de ahora, el español gozará de menor consideración jurídica en las aulas de Montilla que el urdú o el árabe, idiomas ambos de uso reconocido y amparado por la Generalidad, si bien en horario extraescolar. En la práctica, no obstante, nada nuevo.
Curioso, desconcertante laboratorio de experimentación sociológica, la Cataluña posconstitucional del Tripartito. La mitad de la población se presta dócil y gustosa a aculturizarse, renunciando de grado a su propia lengua en pos de una quimérica lengua propia. Al punto de que algunos parecen ansiar la diglosia con idéntico fervor que los islamistas el martirio. Es el peaje histórico que los hijos se creen llamados a pagar por el pecado de los padres: haber "desnacionalizado" la tierra prometida con el fatal injerto de su gramática parda durante los años sesenta del siglo pasado. Imposible comprender la alegre impunidad electoral de los liberticidas sin saber de esa patología colectiva.
A su vez, la otra mitad del censo, no menos enajenada si cabe, pretende que sus vástagos sabrán mantenerse inmunes y ajenos a esa lógica oculta que explica el uso social de todas las lenguas que en el mundo han sido, a saber, la necesidad. Autistas, contemplan indiferentes el exilio forzado del castellano, en la absurda, pueril certeza de que el mercado no acabará por imponérselo de grado o a la fuerza. De ahí que, pobres víctimas de sí mismos, algunos ya reclamen el derecho a "vivir plenamente en catalán". Algo así como el equivalente gramático a, en nombre de la libertad, exigir un paisaje urbano limpio de negros, judíos y gitanos.
Curioso, desconcertante pabellón de reposo.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-garcia-dominguez/el-espanol-por-fin-ilegal-49883/
Cataluña
El español, por fin, ilegal
José García Domínguez
A partir de ahora, el español gozará de menor consideración jurídica en las aulas de Montilla que el urdú o el árabe, idiomas ambos de uso reconocido y amparado por la Generalidad.
Desde hace apenas unas horas, la prosaica orden administrativa que prohibía utilizar el español como herramienta docente en Cataluña ha sido promovida al solemne rango de ley formal. Lo que nunca se atrevió a hacer Pujol, elevar a la dignidad de mandato parlamentario la sorda persecución del idioma que fue común, acaban de consumarlo sus genuinos herederos, los nacionalistas con mácula pero sin complejos del PSC. Se acabó para siempre, pues, tanto aquella mísera tercera hora de castellano jamás impartida, como la muy teórica potestad de reclamar instrucción primaria en la lengua materna; también, huelga decirlo, toda esperanza. Así, a partir de ahora, el español gozará de menor consideración jurídica en las aulas de Montilla que el urdú o el árabe, idiomas ambos de uso reconocido y amparado por la Generalidad, si bien en horario extraescolar. En la práctica, no obstante, nada nuevo.
Curioso, desconcertante laboratorio de experimentación sociológica, la Cataluña posconstitucional del Tripartito. La mitad de la población se presta dócil y gustosa a aculturizarse, renunciando de grado a su propia lengua en pos de una quimérica lengua propia. Al punto de que algunos parecen ansiar la diglosia con idéntico fervor que los islamistas el martirio. Es el peaje histórico que los hijos se creen llamados a pagar por el pecado de los padres: haber "desnacionalizado" la tierra prometida con el fatal injerto de su gramática parda durante los años sesenta del siglo pasado. Imposible comprender la alegre impunidad electoral de los liberticidas sin saber de esa patología colectiva.
A su vez, la otra mitad del censo, no menos enajenada si cabe, pretende que sus vástagos sabrán mantenerse inmunes y ajenos a esa lógica oculta que explica el uso social de todas las lenguas que en el mundo han sido, a saber, la necesidad. Autistas, contemplan indiferentes el exilio forzado del castellano, en la absurda, pueril certeza de que el mercado no acabará por imponérselo de grado o a la fuerza. De ahí que, pobres víctimas de sí mismos, algunos ya reclamen el derecho a "vivir plenamente en catalán". Algo así como el equivalente gramático a, en nombre de la libertad, exigir un paisaje urbano limpio de negros, judíos y gitanos.
Curioso, desconcertante pabellón de reposo.
José García Domínguez es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
http://www.libertaddigital.com/opinion/jose-garcia-dominguez/el-espanol-por-fin-ilegal-49883/
lunes, junio 29, 2009
Carlos Herrera, La extraordinaria vida del señor Wences
lunes 29 de junio de 2009
LA EXTRAORDINARIA VIDA DEL SEÑOR WENCES
Creo haber escrito alguna vez del señor Wences. Hoy encuentro una nueva oportunidad para hacerlo con motivo de la aparición de un magnífico libro de Jorge San Román titulado La extraordinaria vida del señor Wences. Para los españoles, sorprendentemente, es un gran desconocido, pero no peco de exageración si afirmo que Wenceslao Moreno ha sido el artista español más popular en los Estados Unidos y en un buen puñado de países americanos y europeos. Cuando murió el centenario Wences en 1999 moría, sin lugar a dudas, el ventrílocuo más excepcional de la historia: una técnica descomunal unida a una capacidad artística incomparable hicieron de este salmantino de Peñaranda de Bracamonte un hito impar e inalcanzable en el estrellato televisivo y en otros escenarios diversos. Era habitual en el show de Ed Sullivan y no le fueron ajenos muchos otros comandados por tipos como David Letterman u Oprah Winfrey. Para que nos hagamos una idea rápida: el día que Carter, el presidente norteamericano, visitó Salamanca, telefoneó a Wences a Nueva York para decirle que estaba conociendo su tierra. Giuliani, el alcalde neoyorquino, rotuló una calle de la Gran Manzana con su nombre –un tramo de la calle 54 en Manhattan–, lo que motivó una emocionada carta de Clinton y otros centenares de los muchos artistas con los que compartió escena. Actuó en la Casa Blanca para Roosevelt, Truman, Eisenhower y Nixon, trabajó con Walt Disney haciendo hablar a Pedro –uno de sus muñecos– con el Pato Donald, hizo apariciones fantásticas en el Muppets show –los teleñecos–, formó trío con Dean Martin y Jerry Lewis y compartió sincera y estrecha amistad con todos los nombres que podamos imaginar del show business americano, desde Sinatra hasta Bing Crosby, pasando por Bob Hope, Dany Kaye o Elizabeth Taylor. Resultaría interminable el listado de sus compañeros de correrías.
Sus muñecos fundamentales eran tres: Pedro, una cara dentro de una caja; Juanito o Johnny Martin, al que daba forma con los dedos y unos flecos sobre la mano; y Claudia, una célebre gallina. No se le veía mover los labios, dialogaba con una velocidad de vértigo cambiando instantáneamente la voz con los tres muñecos e hizo popularísima una frase que hoy en día se sigue utilizando de forma cotidiana en aquellos arrabales: «It´s OK? It´s allright».
Curiosamente, Wences jamás dejó del todo su país. Todos los años pasaba sus veranos en Alba de Tormes, llegando a estar los últimos años de su vida cerca de seis meses en su Salamanca y los otros seis donde los rascacielos proliferan; pensaba hacerlo también cuando estaba a punto de cumplir los ciento tres, pero falleció una noche de abril en Nueva York, mientras dormía, en una residencia para mayores. En España la noticia pasó inadvertida, como inadvertida pasó su vida. Su sobrino José Luis Moreno, ventrílocuo que se formó de su mano, fue quien nos desveló a muchos quién era en realidad su tío: un hombre natural, sociable e ingenioso, prácticamente genial, que anduvo trabajando hasta que tuvo fuerzas. Con noventa y dos años, sin ir más lejos, actuó en Hollywood en el show de Dolly Parton, cobrando la bonita cifra de treinta mil dólares. No está mal. Hasta sus últimos días llevaba una rana de goma en la chaqueta a la que hacía hablar y croar con diferente intensidad, según estuviese en el bolsillo o en su mano, y no eran pocas las veces en las que imitaba a la perfección voces de personas que acababa de conocer. Creo que fue sólo José María Íñigo, además de José Luis Moreno, el que lo trajo a actuar a Televisión Española. No más de una vez. Vaya usted a saber qué misterio es el que encierra que una celebridad de esa envergadura, un surrealista de ese tamaño, no conste en el firmamento español y sí en el de otros muchos países. Misterios de la vida, la tierra y sus profetas.
Si quieren conocerlo, pueden asomarse a las páginas de este libro, pero también pueden entrar en www.youtube.com y teclear, simplemente, ‘señor wences’: hay tres o cuatro intervenciones monumentales de este salmantino sencillo y enorme. Aunque tarde, rindámosle el homenaje que merece.
http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=4287&id_firma=9050
LA EXTRAORDINARIA VIDA DEL SEÑOR WENCES
Creo haber escrito alguna vez del señor Wences. Hoy encuentro una nueva oportunidad para hacerlo con motivo de la aparición de un magnífico libro de Jorge San Román titulado La extraordinaria vida del señor Wences. Para los españoles, sorprendentemente, es un gran desconocido, pero no peco de exageración si afirmo que Wenceslao Moreno ha sido el artista español más popular en los Estados Unidos y en un buen puñado de países americanos y europeos. Cuando murió el centenario Wences en 1999 moría, sin lugar a dudas, el ventrílocuo más excepcional de la historia: una técnica descomunal unida a una capacidad artística incomparable hicieron de este salmantino de Peñaranda de Bracamonte un hito impar e inalcanzable en el estrellato televisivo y en otros escenarios diversos. Era habitual en el show de Ed Sullivan y no le fueron ajenos muchos otros comandados por tipos como David Letterman u Oprah Winfrey. Para que nos hagamos una idea rápida: el día que Carter, el presidente norteamericano, visitó Salamanca, telefoneó a Wences a Nueva York para decirle que estaba conociendo su tierra. Giuliani, el alcalde neoyorquino, rotuló una calle de la Gran Manzana con su nombre –un tramo de la calle 54 en Manhattan–, lo que motivó una emocionada carta de Clinton y otros centenares de los muchos artistas con los que compartió escena. Actuó en la Casa Blanca para Roosevelt, Truman, Eisenhower y Nixon, trabajó con Walt Disney haciendo hablar a Pedro –uno de sus muñecos– con el Pato Donald, hizo apariciones fantásticas en el Muppets show –los teleñecos–, formó trío con Dean Martin y Jerry Lewis y compartió sincera y estrecha amistad con todos los nombres que podamos imaginar del show business americano, desde Sinatra hasta Bing Crosby, pasando por Bob Hope, Dany Kaye o Elizabeth Taylor. Resultaría interminable el listado de sus compañeros de correrías.
Sus muñecos fundamentales eran tres: Pedro, una cara dentro de una caja; Juanito o Johnny Martin, al que daba forma con los dedos y unos flecos sobre la mano; y Claudia, una célebre gallina. No se le veía mover los labios, dialogaba con una velocidad de vértigo cambiando instantáneamente la voz con los tres muñecos e hizo popularísima una frase que hoy en día se sigue utilizando de forma cotidiana en aquellos arrabales: «It´s OK? It´s allright».
Curiosamente, Wences jamás dejó del todo su país. Todos los años pasaba sus veranos en Alba de Tormes, llegando a estar los últimos años de su vida cerca de seis meses en su Salamanca y los otros seis donde los rascacielos proliferan; pensaba hacerlo también cuando estaba a punto de cumplir los ciento tres, pero falleció una noche de abril en Nueva York, mientras dormía, en una residencia para mayores. En España la noticia pasó inadvertida, como inadvertida pasó su vida. Su sobrino José Luis Moreno, ventrílocuo que se formó de su mano, fue quien nos desveló a muchos quién era en realidad su tío: un hombre natural, sociable e ingenioso, prácticamente genial, que anduvo trabajando hasta que tuvo fuerzas. Con noventa y dos años, sin ir más lejos, actuó en Hollywood en el show de Dolly Parton, cobrando la bonita cifra de treinta mil dólares. No está mal. Hasta sus últimos días llevaba una rana de goma en la chaqueta a la que hacía hablar y croar con diferente intensidad, según estuviese en el bolsillo o en su mano, y no eran pocas las veces en las que imitaba a la perfección voces de personas que acababa de conocer. Creo que fue sólo José María Íñigo, además de José Luis Moreno, el que lo trajo a actuar a Televisión Española. No más de una vez. Vaya usted a saber qué misterio es el que encierra que una celebridad de esa envergadura, un surrealista de ese tamaño, no conste en el firmamento español y sí en el de otros muchos países. Misterios de la vida, la tierra y sus profetas.
Si quieren conocerlo, pueden asomarse a las páginas de este libro, pero también pueden entrar en www.youtube.com y teclear, simplemente, ‘señor wences’: hay tres o cuatro intervenciones monumentales de este salmantino sencillo y enorme. Aunque tarde, rindámosle el homenaje que merece.
http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=4287&id_firma=9050
Manuel de Prada, Leon Bloy
lunes 29 de junio de 2009
LÉON BLOY
Léon Bloy lo leí por primera vez hace muchos años, en una antología al cuidado de Jorge Luis Borges titulada Cuentos descorteses, que me descubrió a un escritor de estilo a la vez despiadado y humorístico, siempre desmesurado que, según el estado de ánimo del lector, podía resultar insufrible o espléndido. Convivían en él, en una aleación que a simple vista parece monstruosa, el escritor místico y el panfletario; y esta especie de religiosidad belicosa la dirigía (la disparaba más bien, porque su escritura tiene el aroma de la pólvora) contra todo bicho viviente: burgueses, políticos, académicos, ateos, creyentes, anticlericales, clericales, judíos, masones, católicos, jerarquías eclesiásticas... contra la humanidad toda, en fin; o dicho más precisamente, contra la humanidad plácidamente instalada en la tibieza y los lugares comunes. (Una de sus obras más accesibles y vitriólicas, editada por Acantilado, se titula precisamente Exégesis de los lugares comunes.) Confieso que aquella escritura exaltada, aspaventera a veces, rezumante de bilis casi siempre, me pareció al principio la de un neurasténico; y tuve que tomarme la molestia de volverlo a leer para descubrir que Léon Bloy era en realidad uno de los escritores más vigorosos que ha dado la literatura francesa, uno de esos pocos malditos verdaderos que elevan el estandarte hecho jirones de la derrota para convertirlo en bandera de esperanza. ¡Un loco tal vez, o tal vez un santo!
Léon Bloy tiene, en efecto, algo de esos santos estilitas que ladran en el desierto palabras que nadie entiende, palabras que parecen salidas del caletre de un visionario, palabras que claman contra un mundo sensual, materialista, entregado a una inanidad de estercolero que le revuelve las vísceras y lo obliga a vomitar, en caudalosa avalancha, diatribas altaneras, denuestos feroces, sarcasmos y vituperios que tienen la contundencia abrasiva de un esputo arrojado en el rostro de sus contemporáneos. Y, sin embargo, en medio de esta copiosa munición que arroja con tenacidad indomable contra todo aquello que se mueve en su derredor, hay también en Bloy una sensibilidad herida y no sólo hiriente, una suerte de sensibilidad franciscana que lo torna conmovedor y heroico. Léon Bloy vivió siempre sumido en la pobreza; pero también abrazado a la pobreza, unido a la pobreza en sagrado e indisoluble matrimonio, con la intrepidez y la resignación orgullosa con la que sólo un anacoreta podría hacerlo. Y de esa alianza indestructible con la pobreza brota una de las notas más distintivas de su escritura, un patetismo desgarrador que no desdeña la injuria contra el cretinismo ambiental, que no desdeña la imprecación jeremiaca, que no desdeña el rapto de lucidísima furia. Léon Bloy es la encarnación perfecta de lo que una época filistea y desacralizada puede hacer con un espíritu superior: negar su genio, escarnecer sus logros, pisotear sus méritos, pero nunca, nunca, nunca, destruir la grandeza de su alma inmortal.
Converso a la fe católica a la edad de 23 años, Léon Bloy fue un iracundo fiscal del catolicismo delicuescente y camastrón de su época, de las tartuferías del clero y de las devociones farisaicas de sus compatriotas. Amaba a Cristo como lo haría un monje medieval... al que hubiesen expulsado del convento, con esa exasperación del derrotado que sigue amando en la derrota aquello que otros sólo fingen amar en la victoria; y esa vocación de heterodoxia y protesta lo lleva a la ortodoxia plena, que es la de quienes viven el Calvario sin pedir la recompensa del cielo, sin pedir siquiera la recompensa de la gloria literaria. Ortodoxia que logra hacer compatible con un estilo personalísimo, barroco e insolente, que se revuelve contra la frivolidad mundana... y también contra sus propias contradicciones. Hay algo en Léon Bloy de profeta a su pesar, de Jonás recién escupido del vientre de la ballena, rezongón y atrabiliario, que sin embargo se levanta después de caerse mil veces y se encamina sin temor a Nínive. Si hubiese desoído esa vocación antipática, tal vez habría amueblado el panteón de los escritores ilustres; pero prefirió, en un gesto extremo de oblación, ser un testigo del Calvario, a riesgo de que se lo excluyera de los manuales de literatura. En cierta ocasión escribió: «He tenido con harta frecuencia ocasiones de poner en evidencia la imbecilidad de nuestros católicos, prodigio enorme, demostrativo por sí solo de la divinidad de una religión capaz de resistirlo». Pero ese prodigio enorme sólo se entiende del todo si, al lado de tantos católicos imbéciles, descubrimos a católicos acérrimos como Léon Bloy, que fue a la vez poeta, profeta... y loco. Tres vías de santidad –tal vez la misma– que justifican que lo sigamos leyendo, con pasión y deslumbramiento siempre renovados.
http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=4287&id_firma=9030
LÉON BLOY
Léon Bloy lo leí por primera vez hace muchos años, en una antología al cuidado de Jorge Luis Borges titulada Cuentos descorteses, que me descubrió a un escritor de estilo a la vez despiadado y humorístico, siempre desmesurado que, según el estado de ánimo del lector, podía resultar insufrible o espléndido. Convivían en él, en una aleación que a simple vista parece monstruosa, el escritor místico y el panfletario; y esta especie de religiosidad belicosa la dirigía (la disparaba más bien, porque su escritura tiene el aroma de la pólvora) contra todo bicho viviente: burgueses, políticos, académicos, ateos, creyentes, anticlericales, clericales, judíos, masones, católicos, jerarquías eclesiásticas... contra la humanidad toda, en fin; o dicho más precisamente, contra la humanidad plácidamente instalada en la tibieza y los lugares comunes. (Una de sus obras más accesibles y vitriólicas, editada por Acantilado, se titula precisamente Exégesis de los lugares comunes.) Confieso que aquella escritura exaltada, aspaventera a veces, rezumante de bilis casi siempre, me pareció al principio la de un neurasténico; y tuve que tomarme la molestia de volverlo a leer para descubrir que Léon Bloy era en realidad uno de los escritores más vigorosos que ha dado la literatura francesa, uno de esos pocos malditos verdaderos que elevan el estandarte hecho jirones de la derrota para convertirlo en bandera de esperanza. ¡Un loco tal vez, o tal vez un santo!
Léon Bloy tiene, en efecto, algo de esos santos estilitas que ladran en el desierto palabras que nadie entiende, palabras que parecen salidas del caletre de un visionario, palabras que claman contra un mundo sensual, materialista, entregado a una inanidad de estercolero que le revuelve las vísceras y lo obliga a vomitar, en caudalosa avalancha, diatribas altaneras, denuestos feroces, sarcasmos y vituperios que tienen la contundencia abrasiva de un esputo arrojado en el rostro de sus contemporáneos. Y, sin embargo, en medio de esta copiosa munición que arroja con tenacidad indomable contra todo aquello que se mueve en su derredor, hay también en Bloy una sensibilidad herida y no sólo hiriente, una suerte de sensibilidad franciscana que lo torna conmovedor y heroico. Léon Bloy vivió siempre sumido en la pobreza; pero también abrazado a la pobreza, unido a la pobreza en sagrado e indisoluble matrimonio, con la intrepidez y la resignación orgullosa con la que sólo un anacoreta podría hacerlo. Y de esa alianza indestructible con la pobreza brota una de las notas más distintivas de su escritura, un patetismo desgarrador que no desdeña la injuria contra el cretinismo ambiental, que no desdeña la imprecación jeremiaca, que no desdeña el rapto de lucidísima furia. Léon Bloy es la encarnación perfecta de lo que una época filistea y desacralizada puede hacer con un espíritu superior: negar su genio, escarnecer sus logros, pisotear sus méritos, pero nunca, nunca, nunca, destruir la grandeza de su alma inmortal.
Converso a la fe católica a la edad de 23 años, Léon Bloy fue un iracundo fiscal del catolicismo delicuescente y camastrón de su época, de las tartuferías del clero y de las devociones farisaicas de sus compatriotas. Amaba a Cristo como lo haría un monje medieval... al que hubiesen expulsado del convento, con esa exasperación del derrotado que sigue amando en la derrota aquello que otros sólo fingen amar en la victoria; y esa vocación de heterodoxia y protesta lo lleva a la ortodoxia plena, que es la de quienes viven el Calvario sin pedir la recompensa del cielo, sin pedir siquiera la recompensa de la gloria literaria. Ortodoxia que logra hacer compatible con un estilo personalísimo, barroco e insolente, que se revuelve contra la frivolidad mundana... y también contra sus propias contradicciones. Hay algo en Léon Bloy de profeta a su pesar, de Jonás recién escupido del vientre de la ballena, rezongón y atrabiliario, que sin embargo se levanta después de caerse mil veces y se encamina sin temor a Nínive. Si hubiese desoído esa vocación antipática, tal vez habría amueblado el panteón de los escritores ilustres; pero prefirió, en un gesto extremo de oblación, ser un testigo del Calvario, a riesgo de que se lo excluyera de los manuales de literatura. En cierta ocasión escribió: «He tenido con harta frecuencia ocasiones de poner en evidencia la imbecilidad de nuestros católicos, prodigio enorme, demostrativo por sí solo de la divinidad de una religión capaz de resistirlo». Pero ese prodigio enorme sólo se entiende del todo si, al lado de tantos católicos imbéciles, descubrimos a católicos acérrimos como Léon Bloy, que fue a la vez poeta, profeta... y loco. Tres vías de santidad –tal vez la misma– que justifican que lo sigamos leyendo, con pasión y deslumbramiento siempre renovados.
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Perez Reverte, El principe Gitano
lunes 29 de junio de 2009
EL PRÍNCIPE GITANO
Me manda un amigo un vídeo extraordinario, impagable, que está en Internet: el Príncipe Gitano vestido de smoking, con faja negra y pajarita, cantando en supuesto inglés una versión fascinante, friki total, del In the ghetto de Elvis Presley. «Vas a alucinar», me anuncia en el mensaje adjunto. Y no tengo más remedio que decirle: llegas tarde, chaval. A mí del Príncipe Gitano no se me despintan ni los andares. Lo tengo controlado desde hace mucho, e incluso más. La versión del Presley, y la que hizo un poco antes del Delilah de Tom Jones, ésta cantada en español y con estética vídeo años sesenta, que también anda disponible en los ciberespacios infinitos entre algunas otras, como Obladí obladá, por ejemplo, que la borda. Meterse eso en vena ya es droga dura. Pero te diré más, colega. Lo mío con ese jambo es historia vieja. Viene de cuando el Piloto –que se le parecía un poco, ojos azules incluidos, aunque de joven era todavía más guapo–, cuando volvíamos de alguna incursión marítima por fuera de la isla de Escombreras, lastrado su barquito con Winston y Johnnie Walker, me ponía en un chisme de música que había en una taberna del puerto, entre caña y caña, Tani, Cortijo de los Mimbrales y la que para mí siempre fue cúspide del Príncipe: Cariño de legionario, con una letra que empieza, nada menos: «Le di a una morita mora / morita mora / morita de mi alma / cariño... de legionario». Tela.
Pero es que hay más, chaval. A ver si te enteras. Enrique Castellón Vargas, de nombre artístico el suprascrito Príncipe, nacido en Valencia en 1928, hijo de gitanos dedicados a la venta ambulante, tenía una planta soberbia: alto y delgado, elegante –cuidaba mucho los trajes y el vestir–, mirada azul, pelo rizado. Para entendernos: se comía a las pavas sin pelar. Quiso ser torero de joven; pero tenía canguelo, y los cuernos se le daba mejor ponerlos él. También tenía buena voz, así que se dedicó al cante flamenco, del que tocó muchos palos, sobre todo zambras y rumbas. Hizo de torero en el cine –Brindis al cielo, se llamaba la peli–, y actuó con grandes compañías, incluida la de Carmen Morell y Pepe Blanco, y también una propia, con su hermana Dolores Vargas La Terremoto, en la que acogió a jóvenes artistas como Manolo Escobar, Rocío Jurado y Toni Leblanc, que era galán cómico. Con La Terremoto, por cierto, hizo el Príncipe en 1956 otra película, Veraneo en España, que está entre mis mitos del cine hispano por varias razones, lo cutre aparte. Una es cuando canta eso que dice: Un negro vestío / y una mujer sin marío. La otra, que para mí es lo máximo del megatop frikilandio, es cuando, en mitad de la peli, aparece cantando lo de la morita mora, morita de mi alma, vestido de lejía de arriba abajo, con chapiri de borla, despechugada la camisa y fusil al hombro. Sin complejos.
Me encantaba ese tío. Sin reservas. Su pinta de chuleta, su manera de cantar. Tuve, además, el privilegio de verlo actuar en persona. Eso fue a principios de los ochenta, cuando el Príncipe Gitano ya estaba en el tramo final –y absolutamente cuesta abajo– de su carrera artística. Cómo sería lo de la cuesta, que yo iba a verlo, cada noche que podía, a un garito infame que entonces todavía estaba abierto en la Gran Vía de Madrid. No recuerdo ahora si se trataba del J’Hay o de La Trompeta, pero era uno de esos dos. Sitios de música y puterío, con moqueta raída, camareros con pinta de rufianes y mesas donde servían champaña chungo a lumis maduras y jamonas vestidas con trajes largos, como las de toda la vida. Y allí, en un escenario crujiente y cochambroso, pisando cucarachas y alumbrado por un foco, el Príncipe Gitano, cincuentón lleno de arrugas y teñido el pelo, pero todavía gitano fino y apuesto en trajes de corte impecable –entallados, con patas y solapas anchas–, desgranaba una tras otra las canciones que en sus buenos tiempos le habían dado dinero y señoras de bandera. Y yo, emocionado en mi rincón, haciendo como que bebía aquellos mejunjes infames, me calzaba sus actuaciones canción tras canción, disfrutando como un gorrino en un charco. Y juro por las campanas de Linares de Manolo Caracol que las pavas –en aquel tiempo las putas eran casi todas españolas– le tiraban besos y aplaudían como locas, y gritaban: «¡Príncipe, otra!… ¡Canta otra, Príncipe!… ¡El reloj! ¡Tani! ¡Rosita de Alejandría! ¡Los Mimbrales!». Y le decían guapo. Y el artista, obsequioso, chulillo, aún flaco y elegante pese a los años, se erguía en aquel escenario infame, sobre el fondo de polvorientos cortinones de terciopelo rojo y grueso, levantaba una mano haciendo círculo con el índice y el pulgar, y cantaba lo de: «Segá por el brillo de su dinero / dehó ar shiquillo». Y las lumis, lo juro, lloraban como criaditas oyendo el serial de la radio. Y a mí, sentado en mi rincón con el vaso de matarratas en la mano, se me erizaba el pellejo. Y en este momento me ocurre exactamente lo mismo al recordar, mientras le doy a la tecla.
http://www.xlsemanal.com/web/firma.php?id_edicion=4287&id_firma=9011
EL PRÍNCIPE GITANO
Me manda un amigo un vídeo extraordinario, impagable, que está en Internet: el Príncipe Gitano vestido de smoking, con faja negra y pajarita, cantando en supuesto inglés una versión fascinante, friki total, del In the ghetto de Elvis Presley. «Vas a alucinar», me anuncia en el mensaje adjunto. Y no tengo más remedio que decirle: llegas tarde, chaval. A mí del Príncipe Gitano no se me despintan ni los andares. Lo tengo controlado desde hace mucho, e incluso más. La versión del Presley, y la que hizo un poco antes del Delilah de Tom Jones, ésta cantada en español y con estética vídeo años sesenta, que también anda disponible en los ciberespacios infinitos entre algunas otras, como Obladí obladá, por ejemplo, que la borda. Meterse eso en vena ya es droga dura. Pero te diré más, colega. Lo mío con ese jambo es historia vieja. Viene de cuando el Piloto –que se le parecía un poco, ojos azules incluidos, aunque de joven era todavía más guapo–, cuando volvíamos de alguna incursión marítima por fuera de la isla de Escombreras, lastrado su barquito con Winston y Johnnie Walker, me ponía en un chisme de música que había en una taberna del puerto, entre caña y caña, Tani, Cortijo de los Mimbrales y la que para mí siempre fue cúspide del Príncipe: Cariño de legionario, con una letra que empieza, nada menos: «Le di a una morita mora / morita mora / morita de mi alma / cariño... de legionario». Tela.
Pero es que hay más, chaval. A ver si te enteras. Enrique Castellón Vargas, de nombre artístico el suprascrito Príncipe, nacido en Valencia en 1928, hijo de gitanos dedicados a la venta ambulante, tenía una planta soberbia: alto y delgado, elegante –cuidaba mucho los trajes y el vestir–, mirada azul, pelo rizado. Para entendernos: se comía a las pavas sin pelar. Quiso ser torero de joven; pero tenía canguelo, y los cuernos se le daba mejor ponerlos él. También tenía buena voz, así que se dedicó al cante flamenco, del que tocó muchos palos, sobre todo zambras y rumbas. Hizo de torero en el cine –Brindis al cielo, se llamaba la peli–, y actuó con grandes compañías, incluida la de Carmen Morell y Pepe Blanco, y también una propia, con su hermana Dolores Vargas La Terremoto, en la que acogió a jóvenes artistas como Manolo Escobar, Rocío Jurado y Toni Leblanc, que era galán cómico. Con La Terremoto, por cierto, hizo el Príncipe en 1956 otra película, Veraneo en España, que está entre mis mitos del cine hispano por varias razones, lo cutre aparte. Una es cuando canta eso que dice: Un negro vestío / y una mujer sin marío. La otra, que para mí es lo máximo del megatop frikilandio, es cuando, en mitad de la peli, aparece cantando lo de la morita mora, morita de mi alma, vestido de lejía de arriba abajo, con chapiri de borla, despechugada la camisa y fusil al hombro. Sin complejos.
Me encantaba ese tío. Sin reservas. Su pinta de chuleta, su manera de cantar. Tuve, además, el privilegio de verlo actuar en persona. Eso fue a principios de los ochenta, cuando el Príncipe Gitano ya estaba en el tramo final –y absolutamente cuesta abajo– de su carrera artística. Cómo sería lo de la cuesta, que yo iba a verlo, cada noche que podía, a un garito infame que entonces todavía estaba abierto en la Gran Vía de Madrid. No recuerdo ahora si se trataba del J’Hay o de La Trompeta, pero era uno de esos dos. Sitios de música y puterío, con moqueta raída, camareros con pinta de rufianes y mesas donde servían champaña chungo a lumis maduras y jamonas vestidas con trajes largos, como las de toda la vida. Y allí, en un escenario crujiente y cochambroso, pisando cucarachas y alumbrado por un foco, el Príncipe Gitano, cincuentón lleno de arrugas y teñido el pelo, pero todavía gitano fino y apuesto en trajes de corte impecable –entallados, con patas y solapas anchas–, desgranaba una tras otra las canciones que en sus buenos tiempos le habían dado dinero y señoras de bandera. Y yo, emocionado en mi rincón, haciendo como que bebía aquellos mejunjes infames, me calzaba sus actuaciones canción tras canción, disfrutando como un gorrino en un charco. Y juro por las campanas de Linares de Manolo Caracol que las pavas –en aquel tiempo las putas eran casi todas españolas– le tiraban besos y aplaudían como locas, y gritaban: «¡Príncipe, otra!… ¡Canta otra, Príncipe!… ¡El reloj! ¡Tani! ¡Rosita de Alejandría! ¡Los Mimbrales!». Y le decían guapo. Y el artista, obsequioso, chulillo, aún flaco y elegante pese a los años, se erguía en aquel escenario infame, sobre el fondo de polvorientos cortinones de terciopelo rojo y grueso, levantaba una mano haciendo círculo con el índice y el pulgar, y cantaba lo de: «Segá por el brillo de su dinero / dehó ar shiquillo». Y las lumis, lo juro, lloraban como criaditas oyendo el serial de la radio. Y a mí, sentado en mi rincón con el vaso de matarratas en la mano, se me erizaba el pellejo. Y en este momento me ocurre exactamente lo mismo al recordar, mientras le doy a la tecla.
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Felix Arbolí, Verano, obras, calor, chinos y listillos
jueves 29 de junio de 2009
Verano, obras, calor, chinos y listillos
Félix Arbolí
C ON la llegada del verano y su inseparable y sofocante calor, la materia gris se reblandece y nos comportamos, pensamos y vivimos de muy distinta manera. He podido observarlo en la inmensa mayoría de los que a diario patean las calles hartos de soportar abusos y calamidades y con enormes deseos de descargar todo el odio acumulado en el primer infeliz que se topara con ellos. Pero no es sólo el público callejero el que presenta este enfado, sino que se deja entrever en la lectura de los columnistas de prensa, comentaristas políticos, editorialistas, taxistas, empleados de tiendas y supermercados, tertulianos de bares y cafeterías y hasta el personal de hospitales. Lo he podido comprobar durante mi pasada revisión médica, aunque no fuera el objetivo de estos dardos envenenados, ni yo lo hubiera consentido. Fatalidad y cabreo que está padeciendo la población en general, a excepción de los políticos que no entienden de crisis y apreturas económicas y aunque hablen de ella saben que no les afecta, pues sólo es achacable a los cretinos que les votaron y únicos que han de sufrirla sin rechistar.
Escribo al borde de un ataque de nervios y no se cómo saldrá el intento, no ya sólo por los agobios del “lorenzo”, sino por el inaguantable y horrible soniquete del martillo hidráulico y la excavadora que desde hace ya dos meses ininterrumpidos están levantando y destrozando toda la calle que hacía sólo tres meses acababan de levantar para introducir una tubería y pavimentar. Un espectáculo bochornoso y lamentable que está padeciendo toda la ciudad, excepto el barrio y cercanías del señor alcalde y las dignísimas autoridades que seguro no tendrán que soportar tan abusiva y vergonzante realidad. Le puedo asegurar que si en este momento hubiera elecciones el señor Ruiz Gallardón se iba a quedar sorprendido al ver cómo se le espantaban los votantes. No se puede ser tan abusivo y cargante. Pero a más obras más dinero para Florentino y compañeros “mártires” y más millones para los Ronaldos de turno. Todo el pueblo sufriendo los rigores del verano, la crisis más espantosa y la circulación callejera más difícil y complicada a lo largo de toda la historia del municipio, para que un “artista del peloteo” se lleve nuestras pesetas y esfuerzos y él pueda vivir como un auténtico Rey Midas y se considere el “dios de los infelices mortales” que les mantienen en la opulencia. Pero al señor alcalde le parece bien este panorama infernal en el que tiene sumida a la ciudad, a pesar de la crítica y el enfado general de los que le votaron y no le volverán a votar y los que no le votaron porque fueron más inteligentes. ¿No se cansa este edil de destrozar, arreglar y volver a destrozar para volver a arreglar las calles madrileñas dilapidando un dinero que no es suyo, sino de los ciudadanos?. Una cosa es hacer una obra necesaria y otra destrozar, levantar y pavimentar tres veces cada calle en un periodo de tiempo que no supera al año. ¿No hay quien le ponga freno a este despilfarro, ni fiscalía, ni auditoria, ni control que termine con este desbarajuste que nos tiene a todos en el límite de nuestra resistencia física y mental?. ¿No tiene a nadie que le sople e indique lo que habla y le critica el madrileño?.
En otra vertiente, pero dentro del terreno de la política he de confesar que me causa risa, por no decir pena, cuando oigo a la Vicepresidenta Primera en sus referencias sobre el Consejo de Ministros de los viernes. Con aspecto serio, sereno y pontifical, midiendo sus palabras para que ninguna supere los decibelios de la otra, nos expone las genialidades y meritorias decisiones adoptadas en tan prestigiosa reunión de privilegiados cerebros. Lo primero que salta a la vista, cuando aparece la espigada señora con su flequillo como caído distraídamente sobre la frente, en ese peinado hábilmente despeinado de alta peluquería, es su inédito modelito de alta costura y el collar, pulsera, sortija y pendientes haciendo juego con el vestido en cuestión. Debe ser apabullante el enorme salón armario de su vivienda y el número aproximado de modelos que tendrá guardados. ¿Qué hará con los que ya se ha puesto y no repite?. ¡Buena pregunta, vive Dios!. De todas formas, es una señora, que dentro de las que componen el actual gobierno, no me cae mal. La encuentro hasta atractiva y elegante, muy por encima de la mayoría de sus compañeras de gabinete que parecen sacadas de un mercadillo de barrio, con todos mis respetos a las honestas vendedoras de estos puestos.
Pero no estoy nada conforme con lo que dice o la obligan a decir. Habla de millones y de regalos a uno u otro gobierno foráneo que pone los pelos de punta, más que los de ella, y dan ganas de disparar al televisor para desahogar nuestra ira e impotencia ante ese despilfarro mientras aumenta el paro de manera alarmante, se desalojan las viviendas por falta de pagos ante la pérdida del empleo de sus compradores y familias enteras que antes vivían más o menos normal, lo pasan canutas por falta de inversiones internas, creación de nuevas industrias y ayudas para que puedan superar su crisis de la manera más digna posible. Antes que Togo, Mali, Nigeria, Mauritania, Marruecos, etc, sin contar a los del otro Continente del que por lo visto ya no somos hermanos sino primos y lejanos, a los que atiborramos de créditos y millones como si nos sobrara el dinero y no supiéramos qué hacer con él, deberían solucionar nuestros propios problemas y levantar de una puñetera vez nuestra industria y nuestra moral. Creo y como yo la inmensa mayoría y el que piense lo contrario es porque no sabe o no quiere enterarse de la realidad, que antes que a esos países que no cesan de enviarnos sus lastres humanos (no lo utilizo en plan peyorativo, sino en versión de carga o peso), para desahogar su población y sanear su economía ocupando puestos de trabajo necesarios a los nuestros, gozando unas prestaciones sociales a las que no tienen derecho, así como colegios y demás atenciones y colapsando nuestros hospitales apenas estornudan o sienten un pequeño dolor de cabeza, ya que no les cuesta nada, deben acometer nuestras propias y numerosas necesidades, porque somos nosotros los que les hemos votado y les pagamos sus muchos privilegios y prebendas. Y encima los favorecidos y mimados inmigrantes remitiendo millones mensuales en divisas a sus países porque aquí les damos demasiadas cosas gratis y les sobra para forjarse un futuro en sus naciones respectivas que nosotros no conseguiremos a lo largo de nuestra existencia.
Mi portera, que es ecuatoriana, vive aquí con el resto de su numerosa familia: Marido, hija, padres, primos y hasta tíos. Ella, aparte de la portería, donde nunca está, tiene otro trabajo al que si va y su marido otros dos empleos. Como tienen casa y todos los gastos pagados por la comunidad, se compraron un “todo terreno”, en el que se pierden todos los fines de semana, sin dar explicaciones, ni dejar a nadie en su lugar y hace unos días se han marchado a Ecuador, donde pasarán más de un mes de vacaciones. Es el tercer viaje que realizan en los pocos años que llevan residiendo en España. Vamos que cruzan el charco con la misma facilidad que cualquier madrileño se trasladaría a Aranjuez o al Escorial. Muchos españoles no podrán veranear este año ni una triste semana y tendrán que permanecer en sus casas bajo el peso del calor y la liviandad del monedero. ¿Saben lo que supone un viaje de este tipo más allá del Atlántico a toda una familia, aparte del coche y las excursiones de fines de semana?. Pues estos son nuestros inmigrantes. Ya hasta trabajan de cajeros en El Corte Inglés, supermercados, guardias de seguridad, bares, restaurantes y demás, en ocupaciones y empleos que ya lo quisieran muchos españoles en paro y mejor cualificados. Si esto no es venir a fastidiarnos y perjudicarnos no se cómo se podría considerar…¿De qué sirve entonces esa ayuda millonaria a sus países, si ellos nos siguen mandando a sus marginados y desempleados y quedándose con nuestros millones, como si aquí atáramos a los perros con longaniza?
Me entero que los negocios chinos no pagan impuestos hasta los cuatro o cinco años de su inauguración. Una bicoca que no nos conceden a los españoles. Yo tuve que ingresar por la librería desde el instante de su apertura. ¿Es que necesitamos a tantos chinos en nuestras ciudades y negocios?. Creo todo lo contrario, aunque no sienta resentimiento alguno contra este colectivo. Resulta que como son tan parecidos y difíciles de identificar, dicen que cuando va a vencer el plazo cierran el negocio y lo abren con otro nombre y vuelta a empezar. Sólo cambian de nombre y titular. ¿Qué pasa con nuestras autoridades para este cúmulo de despropósitos abusivos e insultantes?. Ya lo que queda es que troceen a España más de lo que está y la saquen a subasta entre todos aquellos que no sean originarios de nuestra tierra, ni tengan nada que ver con nuestra historia, creencias, costumbres e idiosincrasia. Puestas así las cosas, ¿qué están esperando para que desaparezca de una vez hasta el nombre de España?.
La ciudadanía que debiera estar acostumbrada a estos cambios, arbitrariedades y sofocos, no se resigna a soportar el continuo y sorprendente abuso y metedura de patas de un gobierno que nos está ahogando miserablemente en el fango y la inmundicia, mientras se empeña en hablarnos de talante, crecimiento económico y final del túnel, que debe ser como el famoso de Barcelona que nunca se acaba y cuando lo parece vuelve a hundirse. El que no cuente con la cercanía de una buena playa o refrescante piscina familiar lo tiene muy duro y peliagudo en estos meses. Dicen que este año no va a ver cierre en Madrid de establecimientos y oficinas en los meses veraniegos como ya nos tenían acostumbrados. Lo de “cerrado por vacaciones”, parece que va a quedar como vestigio de un ayer que ha pasado a la historia y ha desaparecido de nuestras vidas como tantas otras cosas buenas, gracias al celo y buena maña de nuestros actuales regidores. El pasado se ha convertido en añoranza, pues fue mucho mejor que el presente y éste lo será respecto al futuro a pesar del señor de las cejas y el talante.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5246
Verano, obras, calor, chinos y listillos
Félix Arbolí
C ON la llegada del verano y su inseparable y sofocante calor, la materia gris se reblandece y nos comportamos, pensamos y vivimos de muy distinta manera. He podido observarlo en la inmensa mayoría de los que a diario patean las calles hartos de soportar abusos y calamidades y con enormes deseos de descargar todo el odio acumulado en el primer infeliz que se topara con ellos. Pero no es sólo el público callejero el que presenta este enfado, sino que se deja entrever en la lectura de los columnistas de prensa, comentaristas políticos, editorialistas, taxistas, empleados de tiendas y supermercados, tertulianos de bares y cafeterías y hasta el personal de hospitales. Lo he podido comprobar durante mi pasada revisión médica, aunque no fuera el objetivo de estos dardos envenenados, ni yo lo hubiera consentido. Fatalidad y cabreo que está padeciendo la población en general, a excepción de los políticos que no entienden de crisis y apreturas económicas y aunque hablen de ella saben que no les afecta, pues sólo es achacable a los cretinos que les votaron y únicos que han de sufrirla sin rechistar.
Escribo al borde de un ataque de nervios y no se cómo saldrá el intento, no ya sólo por los agobios del “lorenzo”, sino por el inaguantable y horrible soniquete del martillo hidráulico y la excavadora que desde hace ya dos meses ininterrumpidos están levantando y destrozando toda la calle que hacía sólo tres meses acababan de levantar para introducir una tubería y pavimentar. Un espectáculo bochornoso y lamentable que está padeciendo toda la ciudad, excepto el barrio y cercanías del señor alcalde y las dignísimas autoridades que seguro no tendrán que soportar tan abusiva y vergonzante realidad. Le puedo asegurar que si en este momento hubiera elecciones el señor Ruiz Gallardón se iba a quedar sorprendido al ver cómo se le espantaban los votantes. No se puede ser tan abusivo y cargante. Pero a más obras más dinero para Florentino y compañeros “mártires” y más millones para los Ronaldos de turno. Todo el pueblo sufriendo los rigores del verano, la crisis más espantosa y la circulación callejera más difícil y complicada a lo largo de toda la historia del municipio, para que un “artista del peloteo” se lleve nuestras pesetas y esfuerzos y él pueda vivir como un auténtico Rey Midas y se considere el “dios de los infelices mortales” que les mantienen en la opulencia. Pero al señor alcalde le parece bien este panorama infernal en el que tiene sumida a la ciudad, a pesar de la crítica y el enfado general de los que le votaron y no le volverán a votar y los que no le votaron porque fueron más inteligentes. ¿No se cansa este edil de destrozar, arreglar y volver a destrozar para volver a arreglar las calles madrileñas dilapidando un dinero que no es suyo, sino de los ciudadanos?. Una cosa es hacer una obra necesaria y otra destrozar, levantar y pavimentar tres veces cada calle en un periodo de tiempo que no supera al año. ¿No hay quien le ponga freno a este despilfarro, ni fiscalía, ni auditoria, ni control que termine con este desbarajuste que nos tiene a todos en el límite de nuestra resistencia física y mental?. ¿No tiene a nadie que le sople e indique lo que habla y le critica el madrileño?.
En otra vertiente, pero dentro del terreno de la política he de confesar que me causa risa, por no decir pena, cuando oigo a la Vicepresidenta Primera en sus referencias sobre el Consejo de Ministros de los viernes. Con aspecto serio, sereno y pontifical, midiendo sus palabras para que ninguna supere los decibelios de la otra, nos expone las genialidades y meritorias decisiones adoptadas en tan prestigiosa reunión de privilegiados cerebros. Lo primero que salta a la vista, cuando aparece la espigada señora con su flequillo como caído distraídamente sobre la frente, en ese peinado hábilmente despeinado de alta peluquería, es su inédito modelito de alta costura y el collar, pulsera, sortija y pendientes haciendo juego con el vestido en cuestión. Debe ser apabullante el enorme salón armario de su vivienda y el número aproximado de modelos que tendrá guardados. ¿Qué hará con los que ya se ha puesto y no repite?. ¡Buena pregunta, vive Dios!. De todas formas, es una señora, que dentro de las que componen el actual gobierno, no me cae mal. La encuentro hasta atractiva y elegante, muy por encima de la mayoría de sus compañeras de gabinete que parecen sacadas de un mercadillo de barrio, con todos mis respetos a las honestas vendedoras de estos puestos.
Pero no estoy nada conforme con lo que dice o la obligan a decir. Habla de millones y de regalos a uno u otro gobierno foráneo que pone los pelos de punta, más que los de ella, y dan ganas de disparar al televisor para desahogar nuestra ira e impotencia ante ese despilfarro mientras aumenta el paro de manera alarmante, se desalojan las viviendas por falta de pagos ante la pérdida del empleo de sus compradores y familias enteras que antes vivían más o menos normal, lo pasan canutas por falta de inversiones internas, creación de nuevas industrias y ayudas para que puedan superar su crisis de la manera más digna posible. Antes que Togo, Mali, Nigeria, Mauritania, Marruecos, etc, sin contar a los del otro Continente del que por lo visto ya no somos hermanos sino primos y lejanos, a los que atiborramos de créditos y millones como si nos sobrara el dinero y no supiéramos qué hacer con él, deberían solucionar nuestros propios problemas y levantar de una puñetera vez nuestra industria y nuestra moral. Creo y como yo la inmensa mayoría y el que piense lo contrario es porque no sabe o no quiere enterarse de la realidad, que antes que a esos países que no cesan de enviarnos sus lastres humanos (no lo utilizo en plan peyorativo, sino en versión de carga o peso), para desahogar su población y sanear su economía ocupando puestos de trabajo necesarios a los nuestros, gozando unas prestaciones sociales a las que no tienen derecho, así como colegios y demás atenciones y colapsando nuestros hospitales apenas estornudan o sienten un pequeño dolor de cabeza, ya que no les cuesta nada, deben acometer nuestras propias y numerosas necesidades, porque somos nosotros los que les hemos votado y les pagamos sus muchos privilegios y prebendas. Y encima los favorecidos y mimados inmigrantes remitiendo millones mensuales en divisas a sus países porque aquí les damos demasiadas cosas gratis y les sobra para forjarse un futuro en sus naciones respectivas que nosotros no conseguiremos a lo largo de nuestra existencia.
Mi portera, que es ecuatoriana, vive aquí con el resto de su numerosa familia: Marido, hija, padres, primos y hasta tíos. Ella, aparte de la portería, donde nunca está, tiene otro trabajo al que si va y su marido otros dos empleos. Como tienen casa y todos los gastos pagados por la comunidad, se compraron un “todo terreno”, en el que se pierden todos los fines de semana, sin dar explicaciones, ni dejar a nadie en su lugar y hace unos días se han marchado a Ecuador, donde pasarán más de un mes de vacaciones. Es el tercer viaje que realizan en los pocos años que llevan residiendo en España. Vamos que cruzan el charco con la misma facilidad que cualquier madrileño se trasladaría a Aranjuez o al Escorial. Muchos españoles no podrán veranear este año ni una triste semana y tendrán que permanecer en sus casas bajo el peso del calor y la liviandad del monedero. ¿Saben lo que supone un viaje de este tipo más allá del Atlántico a toda una familia, aparte del coche y las excursiones de fines de semana?. Pues estos son nuestros inmigrantes. Ya hasta trabajan de cajeros en El Corte Inglés, supermercados, guardias de seguridad, bares, restaurantes y demás, en ocupaciones y empleos que ya lo quisieran muchos españoles en paro y mejor cualificados. Si esto no es venir a fastidiarnos y perjudicarnos no se cómo se podría considerar…¿De qué sirve entonces esa ayuda millonaria a sus países, si ellos nos siguen mandando a sus marginados y desempleados y quedándose con nuestros millones, como si aquí atáramos a los perros con longaniza?
Me entero que los negocios chinos no pagan impuestos hasta los cuatro o cinco años de su inauguración. Una bicoca que no nos conceden a los españoles. Yo tuve que ingresar por la librería desde el instante de su apertura. ¿Es que necesitamos a tantos chinos en nuestras ciudades y negocios?. Creo todo lo contrario, aunque no sienta resentimiento alguno contra este colectivo. Resulta que como son tan parecidos y difíciles de identificar, dicen que cuando va a vencer el plazo cierran el negocio y lo abren con otro nombre y vuelta a empezar. Sólo cambian de nombre y titular. ¿Qué pasa con nuestras autoridades para este cúmulo de despropósitos abusivos e insultantes?. Ya lo que queda es que troceen a España más de lo que está y la saquen a subasta entre todos aquellos que no sean originarios de nuestra tierra, ni tengan nada que ver con nuestra historia, creencias, costumbres e idiosincrasia. Puestas así las cosas, ¿qué están esperando para que desaparezca de una vez hasta el nombre de España?.
La ciudadanía que debiera estar acostumbrada a estos cambios, arbitrariedades y sofocos, no se resigna a soportar el continuo y sorprendente abuso y metedura de patas de un gobierno que nos está ahogando miserablemente en el fango y la inmundicia, mientras se empeña en hablarnos de talante, crecimiento económico y final del túnel, que debe ser como el famoso de Barcelona que nunca se acaba y cuando lo parece vuelve a hundirse. El que no cuente con la cercanía de una buena playa o refrescante piscina familiar lo tiene muy duro y peliagudo en estos meses. Dicen que este año no va a ver cierre en Madrid de establecimientos y oficinas en los meses veraniegos como ya nos tenían acostumbrados. Lo de “cerrado por vacaciones”, parece que va a quedar como vestigio de un ayer que ha pasado a la historia y ha desaparecido de nuestras vidas como tantas otras cosas buenas, gracias al celo y buena maña de nuestros actuales regidores. El pasado se ha convertido en añoranza, pues fue mucho mejor que el presente y éste lo será respecto al futuro a pesar del señor de las cejas y el talante.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5246
Carmen Planchuelo, Me prometio una hoguera
lunes 29 de junio de 2009
Me prometió una hoguera
Carmen Planchuelo
M E dijo que si volvía de nuevo a su tierra, la noche de San Juan, construiría para mi una hermosa y brillante en la que arderían el aburrimiento, la rutina, las noches frías, el desencanto.
Mira - me dijo- si lo deseas mi fuego será para ti durante toda una noche, desde que se ponga el sol hasta que vuelva a nacer. Me consumiré en ti y tú en mi mí. Y yo le dije que sí.
Cuando llegué a la era aun no ardía ningún fuego, pero cerca de ella se iban amontonando leños, ramas, montones de piñas, cachivaches mil. La gente se afanaba en hacer la hoguera más grande, y mientras reían, se gastaban bromas y apostaban sobre quien saltaría sobre el fuego o quién se acobardaría. Los de la asociación promotora de la fiesta repartían chocolate y boletos para una rifa. Las palabras se mezclaban con el arrullo del crepitar del fuego que se iba iniciando.
Cuando el sol se ocultó, una a una todas y cada una de las hogueras de la era se encendieron. La linde del campo se trastocó en un encaje de fuego, y por unas horas las los restos de las mieses segadas, se transformaron en hebras de oro.. Las aves, las liebres y los gatos vagabundos, entusiasmados y temerosos, observaban el fulgor del elemento tan ajeno a ellos. Ay, suspiraron con deseo, quien pudiera saltar como ellos en estos momentos, pero su miedo a los humanos, les hizo quedarse en la distancia y contemplar el espectáculo tan insólita noche.
Yo esperé.
La noche se llenó de música, de gritos de entusiasmo, de alegría; de cohetes que en mil colores se abrían en el cielo soltando chispitas verdes, rosas, doradas. Desde donde me encontraba podía ver como saltaban sobre las llamas unos, como se acobardaban otros y como entre las sombras se escabullían otros tantos.
Seguí esperando sobre la yerba seca, acurrucada sobre mi misma y mirando la felicidad de los demás.
Cuando horas después me di cuenta de que nadie vendría, que la promesa de una hoguera para mi se la había llevado el viento, la distancia o el olvido, estuve a punto de caer en la tentación de la pena, las lagrimas, la desagradable sorpresa de una promesa rota. A punto estuve de dejarme llevar por el llanto, de renegar de los sueños, en un tris de llamarme a mi misma tonta, ilusa y maldecir a quien me había hecho creer que tendría una hoguera preparada para mi sola en la noche de San Juan... pero al mirar al cielo, pude ver la luna brillar, las estrellas titilar en competencia directa con las llamas y entonces, sin mucho pensar, me puse de pie, sacudí las briznas de paja de mi ropa y me dirigí a la hoguera mas cercana donde en lugar de llanto, pena y decepción había cantos, risas, anís y chocolate.
En algún momento de la noche alguien me cogió del brazo y me dijo “Ahora vas a saltar conmigo” y yo salté.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5244
Me prometió una hoguera
Carmen Planchuelo
M E dijo que si volvía de nuevo a su tierra, la noche de San Juan, construiría para mi una hermosa y brillante en la que arderían el aburrimiento, la rutina, las noches frías, el desencanto.
Mira - me dijo- si lo deseas mi fuego será para ti durante toda una noche, desde que se ponga el sol hasta que vuelva a nacer. Me consumiré en ti y tú en mi mí. Y yo le dije que sí.
Cuando llegué a la era aun no ardía ningún fuego, pero cerca de ella se iban amontonando leños, ramas, montones de piñas, cachivaches mil. La gente se afanaba en hacer la hoguera más grande, y mientras reían, se gastaban bromas y apostaban sobre quien saltaría sobre el fuego o quién se acobardaría. Los de la asociación promotora de la fiesta repartían chocolate y boletos para una rifa. Las palabras se mezclaban con el arrullo del crepitar del fuego que se iba iniciando.
Cuando el sol se ocultó, una a una todas y cada una de las hogueras de la era se encendieron. La linde del campo se trastocó en un encaje de fuego, y por unas horas las los restos de las mieses segadas, se transformaron en hebras de oro.. Las aves, las liebres y los gatos vagabundos, entusiasmados y temerosos, observaban el fulgor del elemento tan ajeno a ellos. Ay, suspiraron con deseo, quien pudiera saltar como ellos en estos momentos, pero su miedo a los humanos, les hizo quedarse en la distancia y contemplar el espectáculo tan insólita noche.
Yo esperé.
La noche se llenó de música, de gritos de entusiasmo, de alegría; de cohetes que en mil colores se abrían en el cielo soltando chispitas verdes, rosas, doradas. Desde donde me encontraba podía ver como saltaban sobre las llamas unos, como se acobardaban otros y como entre las sombras se escabullían otros tantos.
Seguí esperando sobre la yerba seca, acurrucada sobre mi misma y mirando la felicidad de los demás.
Cuando horas después me di cuenta de que nadie vendría, que la promesa de una hoguera para mi se la había llevado el viento, la distancia o el olvido, estuve a punto de caer en la tentación de la pena, las lagrimas, la desagradable sorpresa de una promesa rota. A punto estuve de dejarme llevar por el llanto, de renegar de los sueños, en un tris de llamarme a mi misma tonta, ilusa y maldecir a quien me había hecho creer que tendría una hoguera preparada para mi sola en la noche de San Juan... pero al mirar al cielo, pude ver la luna brillar, las estrellas titilar en competencia directa con las llamas y entonces, sin mucho pensar, me puse de pie, sacudí las briznas de paja de mi ropa y me dirigí a la hoguera mas cercana donde en lugar de llanto, pena y decepción había cantos, risas, anís y chocolate.
En algún momento de la noche alguien me cogió del brazo y me dijo “Ahora vas a saltar conmigo” y yo salté.
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Villacañas, Apuntaciones sobre la crisis, sus efectos y sus remedios
lunes 29 de junio de 2009
Apuntaciones sobre la crisis, sus efectos y sus remedios
Antonio Castro Villacañas
S E llama crisis, utilizando un común denominador a modo de mala capa que todo lo tapa, a una serie de acontecimientos contemporáneos mejor o peor unidos por la grave enfermedad del Estado social-demócrata-capitalista (o a la inversa, que tanto monta, monta tanto) instalado en casi todo el mundo como lógica consecuencia de la victoria yanqui en la última guerra europea.
Para entender lo que pasa aquí y por ahí en esto que llamamos crisis, hay que tener en cuenta varias cosas. La principal de todas ellas es que hemos de elegir entre ser optimistas o pesimistas, es decir, entre creer que las cosas no tienen arreglo o lo tienen muy difícil, o pensar que tanto la vida individual como la colectiva es algo muy parecido a una navegación por un mar sujeto a toda clase de avatares. Es absurdo pensar que el buen tiempo nos acompañará siempre, por lo que parece lógico el estar siempre preparados para resguardarnos lo mejor posible de la lluvia y el viento, y mejor aún si esa preparación incluye el saber utilizar todos los fenómenos atmosféricos en nuestro provecho. Bajando al terreno político, nadie duda de que lo mejor es saber cuanto antes hacia donde sopla el viento e izar velas o replegarlas según nuestras conveniencias. Sin respetables dosis de optimismo no se puede vivir ni ir hacia ninguna parte.
La segunda consideración es que todas las personas, tanto individuales como sociales, necesitan tener un cierto conocimiento de los fenómenos atmosféricos que pueden afectarles. Si cada uno de nosotros sabe, mirando al cielo, si amenaza o no lluvia, cada uno de los colectivos que nos reunen e integran debe tener organizadas las cosas para prever, en la medida de sus posibles, cuanto puede afectar a su existencia. Ello es absolutamente necesario en todas y cada una de las personas sociales que facilitan o dificultan nuestra vida.
Lo que ahora nos pasa, eso que llamamos crisis, es que nos hemos dado cuenta demasiado tarde de que tanto en España como en el mundo ni existían los observatorios adecuados ni las personas expertas en este tipo de nubes socioeconómicas. Leyendo o escuchando a quienes se las dan de "enterados", lo que más llama la atención es que entre ellos no se ponen de acuerdo en cuales son los orígenes próximos o remotos, y mucho menos cuales van a ser la profundidad y la duración, de la tormenta que estamos soportando. Por esa falta de observadores y de observatorios, los pocos que intuyeron el que algo nos podía ocurrir, y se atrevieron a decirlo, apenas fueron escuchados y menos aún creídos.
La tercera consideración a tener en cuenta es que la citada burbuja del desconocimiento tiene por lo menos medio siglo de existencia, ya que es producto de una cándida visión del mundo y de la vida colectiva que no se da ni se consiente respecto de la vida individual. Esta visión sostiene que el mundo se autorregula y se autoarregla por sí mismo; la intervención de cualquier clase de poderes extramundanos o internos produce -según los citados visionarios- una mayor y más duradera perturbación. Cuanto más grave y extensa sea la enfermedad política, social o económica que sufra el mundo, mayor será el número de por ella afectados, y en consecuencia esta suma de intereses individuales generará en breve tiempo -aunque les parezca demasiado a los afectados- un tan intenso interés común que por fuerza autogenerará la deseada solución general. El liberalismo económico, ese "dejad hacer, dejad pasar, que el mundo marcha por sí mismo y si se pone enfermo se cura por sí sólo", se reinstauró -con algunos tafetanes sociales- tras la II Guerra Mundial, y entre otras cosas produjo un gran desarrollo socioeconómico en casi todo el mundo y el predominio político de los Estados Unidos.
No deja de ser curioso y aleccionador que la presente crisis sea mucho más extensa y profunda, también mucho más destructiva, que su antecesora -la Gran Depresión de los años 20 y 30 del siglo pasado- y esté ligada a ella por su estrecha relación con los dos grandes conflictos bélicos sufridos por Europa y el resto del mundo desde 1914 a 1918 y desde 1939 a 1945. Los dos perturbaron notabilísimamente al mundo entero en el aspecto político:-basta con recordar el hundimiento de los imperios germánicos y ruso, y el nacimiento del imperio soviético y de los fascismos, etc., durante y tras el desarrollo del primero de los citados eventos bélicos; y la creación de la ONU y el resto de la red de organismos internacionales, y la extensión del llamado "Estado del bienestar" a lo largo y después del segundo gran conflicto armado. Todos estos acontecimientos y su red de complementarias consecuencias han producido durante los últimos cincuenta años que el "buen vivir" característico de las clases altas europeas y norteamericanas en los últimos quinquenios del siglo XIX y primeros del XX haya podido extenderse a los 500 millones de personas integrantes de las clases medias y altas de Europa y Norteamérica, y de las clases altas del resto del mundo... ¡Lástima que otros 5.500 millones de personas sigan viviendo en difíciles condiciones de existencia o en la más absoluta pobreza o miseria!
Hay quien dice, teniendo en cuenta esa triste realidad, que la actual crisis es en buena parte producto del miedo originado por la desigualdad, la envidia, la ambición y el recelo. Es posible. Procuraré tratar de ello en otras apuntaciones.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5251
Apuntaciones sobre la crisis, sus efectos y sus remedios
Antonio Castro Villacañas
S E llama crisis, utilizando un común denominador a modo de mala capa que todo lo tapa, a una serie de acontecimientos contemporáneos mejor o peor unidos por la grave enfermedad del Estado social-demócrata-capitalista (o a la inversa, que tanto monta, monta tanto) instalado en casi todo el mundo como lógica consecuencia de la victoria yanqui en la última guerra europea.
Para entender lo que pasa aquí y por ahí en esto que llamamos crisis, hay que tener en cuenta varias cosas. La principal de todas ellas es que hemos de elegir entre ser optimistas o pesimistas, es decir, entre creer que las cosas no tienen arreglo o lo tienen muy difícil, o pensar que tanto la vida individual como la colectiva es algo muy parecido a una navegación por un mar sujeto a toda clase de avatares. Es absurdo pensar que el buen tiempo nos acompañará siempre, por lo que parece lógico el estar siempre preparados para resguardarnos lo mejor posible de la lluvia y el viento, y mejor aún si esa preparación incluye el saber utilizar todos los fenómenos atmosféricos en nuestro provecho. Bajando al terreno político, nadie duda de que lo mejor es saber cuanto antes hacia donde sopla el viento e izar velas o replegarlas según nuestras conveniencias. Sin respetables dosis de optimismo no se puede vivir ni ir hacia ninguna parte.
La segunda consideración es que todas las personas, tanto individuales como sociales, necesitan tener un cierto conocimiento de los fenómenos atmosféricos que pueden afectarles. Si cada uno de nosotros sabe, mirando al cielo, si amenaza o no lluvia, cada uno de los colectivos que nos reunen e integran debe tener organizadas las cosas para prever, en la medida de sus posibles, cuanto puede afectar a su existencia. Ello es absolutamente necesario en todas y cada una de las personas sociales que facilitan o dificultan nuestra vida.
Lo que ahora nos pasa, eso que llamamos crisis, es que nos hemos dado cuenta demasiado tarde de que tanto en España como en el mundo ni existían los observatorios adecuados ni las personas expertas en este tipo de nubes socioeconómicas. Leyendo o escuchando a quienes se las dan de "enterados", lo que más llama la atención es que entre ellos no se ponen de acuerdo en cuales son los orígenes próximos o remotos, y mucho menos cuales van a ser la profundidad y la duración, de la tormenta que estamos soportando. Por esa falta de observadores y de observatorios, los pocos que intuyeron el que algo nos podía ocurrir, y se atrevieron a decirlo, apenas fueron escuchados y menos aún creídos.
La tercera consideración a tener en cuenta es que la citada burbuja del desconocimiento tiene por lo menos medio siglo de existencia, ya que es producto de una cándida visión del mundo y de la vida colectiva que no se da ni se consiente respecto de la vida individual. Esta visión sostiene que el mundo se autorregula y se autoarregla por sí mismo; la intervención de cualquier clase de poderes extramundanos o internos produce -según los citados visionarios- una mayor y más duradera perturbación. Cuanto más grave y extensa sea la enfermedad política, social o económica que sufra el mundo, mayor será el número de por ella afectados, y en consecuencia esta suma de intereses individuales generará en breve tiempo -aunque les parezca demasiado a los afectados- un tan intenso interés común que por fuerza autogenerará la deseada solución general. El liberalismo económico, ese "dejad hacer, dejad pasar, que el mundo marcha por sí mismo y si se pone enfermo se cura por sí sólo", se reinstauró -con algunos tafetanes sociales- tras la II Guerra Mundial, y entre otras cosas produjo un gran desarrollo socioeconómico en casi todo el mundo y el predominio político de los Estados Unidos.
No deja de ser curioso y aleccionador que la presente crisis sea mucho más extensa y profunda, también mucho más destructiva, que su antecesora -la Gran Depresión de los años 20 y 30 del siglo pasado- y esté ligada a ella por su estrecha relación con los dos grandes conflictos bélicos sufridos por Europa y el resto del mundo desde 1914 a 1918 y desde 1939 a 1945. Los dos perturbaron notabilísimamente al mundo entero en el aspecto político:-basta con recordar el hundimiento de los imperios germánicos y ruso, y el nacimiento del imperio soviético y de los fascismos, etc., durante y tras el desarrollo del primero de los citados eventos bélicos; y la creación de la ONU y el resto de la red de organismos internacionales, y la extensión del llamado "Estado del bienestar" a lo largo y después del segundo gran conflicto armado. Todos estos acontecimientos y su red de complementarias consecuencias han producido durante los últimos cincuenta años que el "buen vivir" característico de las clases altas europeas y norteamericanas en los últimos quinquenios del siglo XIX y primeros del XX haya podido extenderse a los 500 millones de personas integrantes de las clases medias y altas de Europa y Norteamérica, y de las clases altas del resto del mundo... ¡Lástima que otros 5.500 millones de personas sigan viviendo en difíciles condiciones de existencia o en la más absoluta pobreza o miseria!
Hay quien dice, teniendo en cuenta esa triste realidad, que la actual crisis es en buena parte producto del miedo originado por la desigualdad, la envidia, la ambición y el recelo. Es posible. Procuraré tratar de ello en otras apuntaciones.
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Jose Melendez, El desgobierno de España
lunes 29 de junio de 2009
El desgobierno de España
José Meléndez
E SPAÑA semeja una nave en medio de una fuerte tempestad, sin timón, a expensas de los vientos y las olas y con la tripulación dedicando todos sus esfuerzos a ajustarse los chalecos salvavidas para tratar de sobrevivir a los elementos. Los embates de la crisis no cesan de azotar las economías de las empresas y las familiares, pero el gobierno está paralizado, ausente, superado por los acontecimientos hasta ese peligroso punto que representa la impotencia de no saber qué hacer.
En los escasos quince meses que tiene de vida esta legislatura, el gobierno ha llevado al Parlamento apenas media docena de proyectos de ley, casi todo ellos de menor cuantía y ese escuálido bagaje de trabajo tiene dos explicaciones: una que los ministerios trabajan poco –no hace mucho tiempo que trascendió la bronca que la vicepresidenta Fernandez de la Vega le echó a los subsecretarios por su escasísima productividad- y otra por el temor de Rodríguez Zapatero a que se los tumben en un parlamento en el que ha dejado de tener aliados y está en franca minoría. Ya lleva ocho derrotas parlamentarias en lo que lleva de curso y no han sido mas porque en los proyectos presentados ha admitido todas las enmiendas que le han propuesto para salvar la cara, con lo que sus iniciativas se han quedado prácticamente en nada.
El optimismo antropológico, que era la capa mentirosa que cubría la fea cara de una realidad inquietante, ha dejado paso a una intensa actividad clandestina bajo las mesas vacías en la que cada voto tiene un precio y cada negociación parece un trato de chamarileros. Tal es la precariedad de la situación parlamentaria de Zapatero wue en l viaje de Estado que los Reyes realizan por Oceanía, les acompaña solamente una ministra, la de ciencias e Innovación, porque es la única del gabinete que no tiene escaño en el Congreso y Moratinos y los dos o tres ministros que habitualmente acompañan a los Reyes en esos viajes, se ha tenido que quedar en Madrid para poder votar en el Parlamento.
La administración pública está paralizada, con todos los inconvenientes que esto conlleva; cualquier trámite legislativo se eterniza y aunque los problemas se acumulan en cada ministerio, no se ven atisbos de solución en la pasividad de sus titulares ni siquiera esfuerzos por intentarlo. ¿Cómo va a cumplir su tarea legislativa un gobierno que prometió hace mas de dos años un Reglamento para la Conferencia de Presidentes Autonómicos y ha tardado todo ese tiempo en redactar un b orrador de dos folios que ha presentado ahora?. Malo es gobernar mal, pero es aún peor no gobernar, sobre todo cuando se hace imprescindible adoptar medidas que puedan frenar la crisis que padecemos. Y eso es lo que está ocurriendo en España. Las medidas que el gobierno ha venido anunciando, como el Plan E, no han funcionado o lo han hecho a una escala insuficiente y nos encontramos con que nuestros responsables económicos ocupan su tiempo en tratar de suavizar los alarmantes avisos que nos envían las instituciones mundiales que tienen autoridad para enjuiciar el momento económico. A cada aviso negativo que lanza el FMI o la OCDE, responden a coro nuestros gobernantes que no es para tanto porque, según sus datos, la cosa no está tan mal. Se puede dudar de la capacidad económica de la vicepresidenta Elena Salgado, pero lo que no se la puede negar es su inalterable optimismo para ver brotes verdes y hacer pronósticos que después tiene que rectificar a la baja a corto plazo. La vicepresidenta ha visto ya el fondo de la crisis por tres veces y otras tantas ha tenido que ampliar la fecha que contemplaba en su visión, Que santa Lucía la conserve la vista. Ahora ha venido a incordiar la OCDE con un nuevo informe en el que sitúa a España a la cola de los países de la organización, con una caída del PIB en el presente año de 4.2 por ciento y un 0,9 por ciento aún mas bajo para el 2.010. Estas cifras contrastan con las que presentan los países de la OCDE a nivel global, que presentan un cierto repunte a finales de este año y en el que viene y son seis décimas mas que las que aventuró la ministra Salgado el pasado l2 de junio. Pero ella no se arredra y ha mantenido que hay síntomas positivos en diversos sectores. En realidad no se sabe en cual de ellos, porque la OCDE afirma que el desempleo llegará al 20 por ciento, que el déficit público se situará en un 9.6 por ciento el año próximo y que la inversión descenderá un 4.6 por ciento. O sea, un panorama típico de recesión profunda en parámetros de macroeconomía y en el drama de la economía familiar que, como acaba de reconocer el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, una de cada cuatro familias españoles no cobra ningún tipo de subsidio por lo que están en el umbral de la pobreza.
Y en medio de este panorama, el gobierno parece que está también en paro legislativo. Menos mal que para que se note menos, las vacaciones estivales están ya a la vuelta de la esquina.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5249
El desgobierno de España
José Meléndez
E SPAÑA semeja una nave en medio de una fuerte tempestad, sin timón, a expensas de los vientos y las olas y con la tripulación dedicando todos sus esfuerzos a ajustarse los chalecos salvavidas para tratar de sobrevivir a los elementos. Los embates de la crisis no cesan de azotar las economías de las empresas y las familiares, pero el gobierno está paralizado, ausente, superado por los acontecimientos hasta ese peligroso punto que representa la impotencia de no saber qué hacer.
En los escasos quince meses que tiene de vida esta legislatura, el gobierno ha llevado al Parlamento apenas media docena de proyectos de ley, casi todo ellos de menor cuantía y ese escuálido bagaje de trabajo tiene dos explicaciones: una que los ministerios trabajan poco –no hace mucho tiempo que trascendió la bronca que la vicepresidenta Fernandez de la Vega le echó a los subsecretarios por su escasísima productividad- y otra por el temor de Rodríguez Zapatero a que se los tumben en un parlamento en el que ha dejado de tener aliados y está en franca minoría. Ya lleva ocho derrotas parlamentarias en lo que lleva de curso y no han sido mas porque en los proyectos presentados ha admitido todas las enmiendas que le han propuesto para salvar la cara, con lo que sus iniciativas se han quedado prácticamente en nada.
El optimismo antropológico, que era la capa mentirosa que cubría la fea cara de una realidad inquietante, ha dejado paso a una intensa actividad clandestina bajo las mesas vacías en la que cada voto tiene un precio y cada negociación parece un trato de chamarileros. Tal es la precariedad de la situación parlamentaria de Zapatero wue en l viaje de Estado que los Reyes realizan por Oceanía, les acompaña solamente una ministra, la de ciencias e Innovación, porque es la única del gabinete que no tiene escaño en el Congreso y Moratinos y los dos o tres ministros que habitualmente acompañan a los Reyes en esos viajes, se ha tenido que quedar en Madrid para poder votar en el Parlamento.
La administración pública está paralizada, con todos los inconvenientes que esto conlleva; cualquier trámite legislativo se eterniza y aunque los problemas se acumulan en cada ministerio, no se ven atisbos de solución en la pasividad de sus titulares ni siquiera esfuerzos por intentarlo. ¿Cómo va a cumplir su tarea legislativa un gobierno que prometió hace mas de dos años un Reglamento para la Conferencia de Presidentes Autonómicos y ha tardado todo ese tiempo en redactar un b orrador de dos folios que ha presentado ahora?. Malo es gobernar mal, pero es aún peor no gobernar, sobre todo cuando se hace imprescindible adoptar medidas que puedan frenar la crisis que padecemos. Y eso es lo que está ocurriendo en España. Las medidas que el gobierno ha venido anunciando, como el Plan E, no han funcionado o lo han hecho a una escala insuficiente y nos encontramos con que nuestros responsables económicos ocupan su tiempo en tratar de suavizar los alarmantes avisos que nos envían las instituciones mundiales que tienen autoridad para enjuiciar el momento económico. A cada aviso negativo que lanza el FMI o la OCDE, responden a coro nuestros gobernantes que no es para tanto porque, según sus datos, la cosa no está tan mal. Se puede dudar de la capacidad económica de la vicepresidenta Elena Salgado, pero lo que no se la puede negar es su inalterable optimismo para ver brotes verdes y hacer pronósticos que después tiene que rectificar a la baja a corto plazo. La vicepresidenta ha visto ya el fondo de la crisis por tres veces y otras tantas ha tenido que ampliar la fecha que contemplaba en su visión, Que santa Lucía la conserve la vista. Ahora ha venido a incordiar la OCDE con un nuevo informe en el que sitúa a España a la cola de los países de la organización, con una caída del PIB en el presente año de 4.2 por ciento y un 0,9 por ciento aún mas bajo para el 2.010. Estas cifras contrastan con las que presentan los países de la OCDE a nivel global, que presentan un cierto repunte a finales de este año y en el que viene y son seis décimas mas que las que aventuró la ministra Salgado el pasado l2 de junio. Pero ella no se arredra y ha mantenido que hay síntomas positivos en diversos sectores. En realidad no se sabe en cual de ellos, porque la OCDE afirma que el desempleo llegará al 20 por ciento, que el déficit público se situará en un 9.6 por ciento el año próximo y que la inversión descenderá un 4.6 por ciento. O sea, un panorama típico de recesión profunda en parámetros de macroeconomía y en el drama de la economía familiar que, como acaba de reconocer el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, una de cada cuatro familias españoles no cobra ningún tipo de subsidio por lo que están en el umbral de la pobreza.
Y en medio de este panorama, el gobierno parece que está también en paro legislativo. Menos mal que para que se note menos, las vacaciones estivales están ya a la vuelta de la esquina.
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