viernes 28 de noviembre de 2008
Cristo para nuestras escuelas
Félix Arbolí
E L padre de una alumna de un colegio público de Valladolid se ha convertido en un héroe popular al haber conseguido una sentencia favorable para quitar el Crucifijo en la escuela de su hija. Es decir que han prevalecidos los sentimientos y enconadas ideas de un individuo sobre la colectividad de alumnos, padres y profesores que no fueron capaces de hacer valer con valentía y decisión que ellos sí querían ese símbolo en sus clases. Porque no creo que esa aversión a Cristo esté tan generalizada entre todos los componentes de esa familia escolar. Y todavía la “tele” tan tendenciosa como acostumbra, se empeña en sacarnos el rostro y las manifestaciones de ese “anti-Cristo” , afirmando que es triste que haya tenido que pasar tanto tiempo para que un juzgado tome esa medida de odio a un Símbolo tan enraizado en nuestros sentimientos, cuando según la Constitución éste es un país aconfesional. Lo que resulta triste es tener que oír y soportar en una televisión que llega a todos los hogares españoles tal insensatez, por la que siento vergüenza ajena. Y como es ya habitual, el PSOE alaba la postura contraria a nuestras creencias más íntimas y el PP, mira para otro lado haciendo galas de su habitual cobardía. Según Maria Dolores de Cospedal, la número dos del partido, acatan la sentencia, aunque a ellos no les molesta en absoluto que un Crucifijo esté en un colegio público. (Menos mal que hace esta aclaración, que vista la frialdad demostrada ante el tema, casi nos coge de sorpresa). Aclara que España es un país aconfesional, según la Constitución, pero reconoce un papel especial a la iglesia católica, que es la confesión mayoritaria de los españoles. Ignoro, viendo el panorama y el hecho relatado con sentencia incluida, donde está ese papel especial reconocido.
Quieren utilizar la Constitución para provocar odios y rencores, ofendiendo en sus creencias y sentimientos a determinados ciudadanos, que somos mayoría y no se preocupan de usarla y tenerla en cuenta en otras muchas y más necesarias cuestiones que en ella se especifican y legislan. Por ejemplo, en la que habla de la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles. Igualmente en la que aclara y precisa que el castellano es la lengua española oficial del Estado y todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla. ¿No hay en estos casos sentencia judicial, ni protesta de incumplimiento de esta norma por parte de nadie?. También consta en esta Ley de leyes que “la bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas” y estamos hartos de ver a la bandera republicana en mítines, actos e incontables sitios públicos sin que intervenga la policía para impedirlo, ni haya algún juez que dicte ninguna sentencia condenatoria, cuando es tan anticonstitucional como la del águila franquista, que sí está denostada y severamente perseguida. Agrega además en su artículo 4, punto 2, que “los Estatutos podrán reconocer banderas y enseñas propias de las Comunidades Autónomas. Estas se utilizarán “junto” a la bandera de España en sus edificios públicos y en sus actos oficiales “. Ese “junto” figura por algo, digo yo, pero nuestros jueces pasan olímpicamente del tema porque no se trata de un Crucifijo en la pared de una escuela. ¿ Donde están las sentencias y protestas por esta omisión de nuestra bandera y su quema en la vía pública ante el regocijo de una pandilla de gamberros y renegados?. Pienso yo que lo mismo que vascos, catalanes y gallegos hacen oídos sordos a las leyes constitucionales y centrales que no le interesan, como ésta de la bandera, debería hacer lo mismo la Comunidad de Castilla y León, sobre lo que ha dado origen a mi artículo, que tiene menor trascendencia política. .
Sin omitir, por supuesto, el apartado donde consta pomposamente que todo español tiene derecho a un trabajo y una vivienda digna y todos sabemos que hay muchos, millones, que carecen de ambas cosas y nadie ha pronunciado sentencia alguna por ello. ¿En qué quedamos, para lo que nos interesa es válida e ineludible la Constitución y sus artículos son indiscutibles,-aunque no habla para nada de eliminar los símbolos de una religión, que guste o no, es la mayoritaria de los españoles-, y para otros casos nos la pasamos por el forro de los pantalones y todos tan tranquilos?. Si a la hija de ese señor le molestaba el Crucifijo, debería ser más solidaria y pensar que a muchas de sus compañeras sí le gustaba tenerlo en la pared de su aula. ¿Es más importante lo que piensa una alumna y su padre, que los puedan pensar el resto de los padres y alumnos de su clase?. No, en la Constitución no se especifica que deben desaparecer los Crucifijos de ninguna parte. A mi también me molesta no ver la bandera española ondeando en edificios públicos y quemada y pisoteada en plena calle sin que nadie haga nada por impedirlo y esto sí va en contra de nuestra Constitución y me tengo que aguantar. Nunca he visto mayor saña en ofender y atacar a un Símbolo Sagrado al que la mayoría de los ciudadanos tenemos un respeto imponente. ¿Se le habrá quitado la tristeza que sentía por no haberse adoptado esta decisión antes?. ¡Pobrecito mío, cuanto han debido sufrir él y su mortificada hija ante la afrenta de tener que padecer esa horrible visión en su clase!.
¿Y esto no ha merecido la repulsa ni el comentario de nadie, incluidos esos políticos del PP?. Como sigamos así vamos a terminar venerando a la Pasionaria y a Pablo Iglesias,- a los que no pretendo faltar el respeto-, en cuadros, estatuas y paredes, como los nuevos dioses de esta España invertebrada, a la que ya no reconocería ni el insigne maestro Ortega y Gasset.
.
. Podréis quitar a Cristo de las paredes, pero jamás conseguiréis arrancarlo de nuestros sentimientos, porque como dijo el agnóstico e ilustre profesor Tierno Galván, presidente de honor del PSOE, cuando quisieron quitárselo de su mesa de despacho de la Alcaldía madrileña: “Dejadlo donde está, porque Cristo es amor y no me ofende”. ¡Vaya lección a tantos santurrones y otros muchos “ones”….!
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=1847
viernes, noviembre 28, 2008
Ferraz y Moncloa echan mano de la vieja tactica que usó Felipe
viernes 28 de noviembrre de 2008
Ferraz y La Moncloa echan mano de la vieja táctica que usó Felipe
José Antonio Gundín (Elsemanaldigital.com)
A L igual que ocurrió con la figura de Felipe González a partir de su segunda Legislatura, empiezan a manifestarse en el PSOE síntomas inquietantes de culto a la personalidad del líder, o sea, de Rodríguez Zapatero. Algunas de las frases, epítetos y ditirambos pronunciados en los últimos Comités socialistas rivalizan con las odas bolivarianas a Hugo Chávez. Tras lograr que Sarkozy le prestara una silla en el G-20, el nivel de azúcar en el Gobierno se ha disparado y Pepe Blanco, Leire Pajín o López Garrido se han lanzado a una competición de quién es el que más elogios encendidos le dedica: "Líder mundial", "El hito más importante de la democracia", "Gracias a él, España ya cuenta", etc.
La prolongada permanencia de Felipe González en el poder, desde 1982 a 1996, no es cabalmente explicable sin recurrir al culto a la personalidad que se instaló de manera ferviente en la izquierda, incluido el Partido Comunista. El histórico dirigente socialista logró flotar por encima de sus garrafales errores de gestión, de la corrupción, del despilfarro y del amiguismo gracias al culto a la personalidad astutamente fomentado por sus fontaneros de La Moncloa.
Las causas de los males que padecía la nación se atribuían siempre a otros, desde Franco y su "pesada herencia" a la derecha cavernaria, pasando por elementos indeseables del propio partido socialista, pero nunca al modo de gobernar del propio González. Hubo que esperar a que el PSOE estallara internamente por la galopante corrupción y por el caso GAL, a que el PCE de Anguita despertara del hechizo y a que los sindicatos se cayeran del guindo, para que la estrella a la que se rendía culto empezara a declinar.
Da la impresión de que los estrategas actuales de La Moncloa, y alguno bueno hay entre los 700 asesores presidenciales, están calcando el modelo González de finales de los 80 para garantizarse una tercera Legislatura. El objetivo inmediato es que la profunda crisis económica no roce ni manche el aura que adorna a Zapatero como gobernante incapaz de romper un plato. A juzgar por las últimas encuestas, del CIS y de varios medios de comunicación, parece que lo están consiguiendo. El PSOE baja y el PP sube ligeramente, pero la figura de Zapatero no se ve dañada lo más mínimo y se mantiene por encima de su principal adversario, Mariano Rajoy.
La estrategia es de libro: el líder máximo no es culpable de nada; al contrario, todo iría a peor sin él. Así, la crisis es culpa de Bush, es decir, de Aznar y, por tanto de Rajoy. Mucha gente ha picado este anzuelo, a empezar por la izquierda radical, con una IU haciendo de palmero, y unos sindicatos de estómago agradecido. De lo contrario no se explica que si el paro sube, la culpa no sea de las ineficientes medidas de Zapatero, así que quien le critica, critica también que se ayude a los parados... El desparpajo de los fontaneros socialistas ha llegado al extremo de responsabilizar a Aznar-Rajoy del lío monumental en que está metida la petrolera Repsol. Y así sucesivamente.
No le será fácil al PP de Rajoy contrarrestar esta tendencia al endiosamiento de Zapatero, que pretende colocarlo por encima del bien y del mal. El ejercicio del poder y sus acólitos tienden por naturaleza a esa sacralización, que se suele manifestar abiertamente a partir de una segunda Legislatura. Por eso, no estaría de más que la oposición repasara el modo en que Aznar logró que triunfara su "Váyase, señor González", con el que puso fin a catorce años de una personalidad tan carismática que hasta en el PSOE aludían a ella como "Dios".
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp
Ferraz y La Moncloa echan mano de la vieja táctica que usó Felipe
José Antonio Gundín (Elsemanaldigital.com)
A L igual que ocurrió con la figura de Felipe González a partir de su segunda Legislatura, empiezan a manifestarse en el PSOE síntomas inquietantes de culto a la personalidad del líder, o sea, de Rodríguez Zapatero. Algunas de las frases, epítetos y ditirambos pronunciados en los últimos Comités socialistas rivalizan con las odas bolivarianas a Hugo Chávez. Tras lograr que Sarkozy le prestara una silla en el G-20, el nivel de azúcar en el Gobierno se ha disparado y Pepe Blanco, Leire Pajín o López Garrido se han lanzado a una competición de quién es el que más elogios encendidos le dedica: "Líder mundial", "El hito más importante de la democracia", "Gracias a él, España ya cuenta", etc.
La prolongada permanencia de Felipe González en el poder, desde 1982 a 1996, no es cabalmente explicable sin recurrir al culto a la personalidad que se instaló de manera ferviente en la izquierda, incluido el Partido Comunista. El histórico dirigente socialista logró flotar por encima de sus garrafales errores de gestión, de la corrupción, del despilfarro y del amiguismo gracias al culto a la personalidad astutamente fomentado por sus fontaneros de La Moncloa.
Las causas de los males que padecía la nación se atribuían siempre a otros, desde Franco y su "pesada herencia" a la derecha cavernaria, pasando por elementos indeseables del propio partido socialista, pero nunca al modo de gobernar del propio González. Hubo que esperar a que el PSOE estallara internamente por la galopante corrupción y por el caso GAL, a que el PCE de Anguita despertara del hechizo y a que los sindicatos se cayeran del guindo, para que la estrella a la que se rendía culto empezara a declinar.
Da la impresión de que los estrategas actuales de La Moncloa, y alguno bueno hay entre los 700 asesores presidenciales, están calcando el modelo González de finales de los 80 para garantizarse una tercera Legislatura. El objetivo inmediato es que la profunda crisis económica no roce ni manche el aura que adorna a Zapatero como gobernante incapaz de romper un plato. A juzgar por las últimas encuestas, del CIS y de varios medios de comunicación, parece que lo están consiguiendo. El PSOE baja y el PP sube ligeramente, pero la figura de Zapatero no se ve dañada lo más mínimo y se mantiene por encima de su principal adversario, Mariano Rajoy.
La estrategia es de libro: el líder máximo no es culpable de nada; al contrario, todo iría a peor sin él. Así, la crisis es culpa de Bush, es decir, de Aznar y, por tanto de Rajoy. Mucha gente ha picado este anzuelo, a empezar por la izquierda radical, con una IU haciendo de palmero, y unos sindicatos de estómago agradecido. De lo contrario no se explica que si el paro sube, la culpa no sea de las ineficientes medidas de Zapatero, así que quien le critica, critica también que se ayude a los parados... El desparpajo de los fontaneros socialistas ha llegado al extremo de responsabilizar a Aznar-Rajoy del lío monumental en que está metida la petrolera Repsol. Y así sucesivamente.
No le será fácil al PP de Rajoy contrarrestar esta tendencia al endiosamiento de Zapatero, que pretende colocarlo por encima del bien y del mal. El ejercicio del poder y sus acólitos tienden por naturaleza a esa sacralización, que se suele manifestar abiertamente a partir de una segunda Legislatura. Por eso, no estaría de más que la oposición repasara el modo en que Aznar logró que triunfara su "Váyase, señor González", con el que puso fin a catorce años de una personalidad tan carismática que hasta en el PSOE aludían a ella como "Dios".
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Garcia Brera, El paraiso hotelero de "Spring"
viernes 28 de noviembre de 2008
El paraíso hotelero de ‘Spring’
Miguel Ángel García Brera
C UANDO escribo este artículo, los hoteles-iconos de Bombay acaban de sufrir varios actos de terrorismo brutal. Hemos visto, tras su precipitado regreso, a la pobre presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que se alojaba en uno de ellos, con el pánico escrito en la cara, sin que su rueda de prensa, -que bien hay que agradecer dado el estado en que se encontraba y por la deferencia de darla antes de ir a descansar- haya satisfecho nuestra curiosidad de de cómo logro salir del infierno y cómo es que no lo han hecho todavía varias personas de su séquito. Ya nos los explicará, y espero que la fábula de los dos amigos y el oso no le sea aplicable. Ya saben…, dos amigos que iban por el bosque divisaron al animal; uno de ellos salió corriendo, en tanto que el otro no tuvo tiempo para ello y el plantígrado se le acercó, le olisqueó la cara y se alejó. Pasado el peligro, regresó el huido y preguntó: “¿Qué te decía el oso al oído?”. “Únicamente que cómo un amigo me había abandonado”.
Para compensar el sentimiento doloroso que me embarga la acción terrorista de Bombay, me acojo al contrario, el placentero de evocar mi reciente paso por unos hoteles donde, en un ambiente de deliciosa calma, he valorado la suerte de encontrar un tipo de alojamiento maravilloso y seguro. Meditando sobre estos tiempos que vienen un poco revueltos, he pensado que la imaginación empresarial va a ser probablemente el mejor patrimonio de quien quiera sobrevivir desde el punto de vista económico. Con un grupo de amigos, también periodistas, he disfrutado de la invitación de la Cadena “Spring” para visitar sus cinco hoteles en Tenerife. En todos ellos, tanto los arquitectos como los diseñadores han dejado un sello de singularidad, y comodidad en unos lugares elegidos de tal modo que el mar y la alegría de la vegetación circunda los amplísimos espacios. La empresa hotelera ha aportado su imaginación a la hora de ofrecer servicios y posibilidades y cada uno de los directores con sus colaboradores ponen la suya en continuo funcionamiento. Como la ubicación de los cinco hoteles es fantástica, me agrada compartir con mis lectores, una mínima reseña de lo que he visto y vivido.
El primer día nos alojaron en el Arona Gran Hotel. Desde mi amplia habitación, se divisaba la mar, la playa y el puerto de los Cristianos donde la naviera "Olsen" atracaba uno de sus ferrys. Como el día era espléndido, se divisaba enfrente la suave silueta de La Gomera. Cenamos en un amplio comedor acristalado, desde cuya terraza teníamos iguales vistas y, en el curso de la cena ya pude darme cuenta de la imaginación de que hacían gala el director general de la Cadena “Spring”, Agustín Ávila, el director del hotel, Francisco Alameda Bosch, y el chef – su nombre, desgraciadamente, se me ha traspapelado-, cuya cocina de autor y su elección de muy buenos vinos moldearon la agradable tertulia. El Arona Gran Hotel tiene 391 habitaciones con terraza privada; los huéspedes disponen de todos los ambientes que puedan desear, con amplios programas de animación. Se puede elegir entre tres piscinas, climatizadas en invierno, con tumbonas y toallas a disposición del cliente, dos restaurantes, salón de té, piano bar, discoteca, gimnasio, sauna, pistas de squash, centro de Internet y salones que permiten concentrar hasta 450 personas.
Visitamos al día siguiente el Hotel Bitácora, en Playa de las Américas, ese emporio turístico cuyo entorno es un edén. Aquí la imaginación de quienes no la confunden con la fantasía sino que le dan todo el sentido práctico que conviene a un empresario, se ha volcado en poner al servicio de quienes viajan con niños, un concepto confortable de turismo familiar. Por eso, el hotel dispone de todas las comodidades que puedan ofrecerse a quienes gustan de hacerse acompañar por sus hijos, niños o adolescentes. Hay dos piscinas, un parque infantil, minigolf y pista de tenis. Aunque forma parte de la filosofía de la Cadena ofrecer una plantilla de personal donde la amabilidad sobresale, en este hotel alcanza el máximo, como se advierte en la dosis de paciencia que desarrollan con los pequeños. Tras conversar con el director y recibir la oportuna información, nos acercamos al Hotel Vulcano, también en Playa de las Américas, a sólo un kilómetro del campo de golf, con una atractiva entrada que concilia la botánica y el agua cayendo en armoniosa cascada. También con piscinas y servicios de la mayor calidad, el Vulcano oferta sobre todo ambiente de relax, práctica de deportes suaves y animación. Me entusiasmó la carta de cocteles, entre los que, como es lógico, había varios sin alcohol, no por ello menos agradables.
Seguimos viaje, y nos alojamos otro par de noches, a un paso de Playa de la Arena, en el Hotel Costa Los Gigantes. Así pudimos comprobar que, a veces, también la imaginación es patrimonio de algunos políticos, pues celebramos junto a los representantes de la prensa local, una rueda de prensa, con asistencia del alcalde de Santiago del Teide, al que se notaba entusiasmo al reseñar lo que ese hotel ha supuesto para el desarrollo de la zona. A la hora del almuerzo, el alto grado de especialización en la cocina moderna, exigió la presencia del chef, Filiberto Chinea y del maître, Pablo Fernández, para ser felicitados y aplaudidos. Desde luego hay que tener imaginación, y ser un experto maestro de cocina, para conseguir el consenso general sobre la preparación y sugerente sabor de una carta que comprendía gazpacho de fresas y remolacha con espuma de apio; hojas de lechugas nobles y langostinos rociados con vinagreta de pistacho; tomate deshidratado y jengibre; sorbete de limón y hierbabuena; y darné de bacalao confitado sobre lecho de patatas encebolladas; para terminar con un parfait de Bayleys, café e infusiones, acoplando el menú, sabiamente, al blanco “Suertes del Marqués” de 2006, denominación de origen de La Orotava y al tinto “El Lomo” de 2007 y denominación de origen Tacoronte.
Enmarcado entre el mar, por un lado y, por otro, el bello pico del Teide, siempre blanco, en el Costa los Gigantes nos alojamos en amplios apartamentos adosados - el menor de 42 metros cuadrados-, situados a tres niveles, rodeados de exuberantes jardines, y distribuidos en un dormitorio, con televisión, para 2 adultos y 2 niños, o para 4 adultos y una cuna, así como amplio salón con minibar y otra pantalla gigante de televisión, terraza abierta al mar y a las piscinas, y cuarto de baño completo. Un coche eléctrico nos condujo desde el hall inmenso - acristalada su terraza de impresionante vista al mar-, hasta nuestras residencias, aunque el corto recorrido no lo exigía, salvo para el equipaje. Ya sin coche, el paseo desde los apartamentos hasta cualquiera de las dos piscinas, a los cuatro restaurantes, a la bolera americana, a las salas de estar, a la discoteca con espectáculo en vivo cada noche, al centro de internet o a cualquier otro lugar, resultaba muy grato, siempre con vistas admirables. De este comodísimo hotel, donde parece sobrar terreno por todos lados, dada la dimensión de las piscinas, el ancho de los paseos, la capacidad de los salones y demás, cabe destacar dos cosas: Pese a su precio muy moderado, ofrece el régimen de todo incluido y, por otro lado, ofrece una especie de doble hotel para comodidad y diversión de los niños. Ellos disponen, entre otras cosas, de su propia piscina, su parque especial, su cine particular, su minigolf y sus específicos programas de animación.
Por si fuera poco, el Hotel Costa Los Gigantes, dispone de un magnífico spa. Disfrutarlo en toda regla merece dedicarle unas dos horas, para sentir el efecto de su duchas y chorros especiales que masajean el cuerpo, a más de las saunas, baño turco, terma romana y cabinas de masaje, incluyendo una piscina de agua salada en la que el bañista flota como en el Mar Muerto. Gustar de su amplia y exquisita oferta gastronómica, según ya he anticipado, y de su carta de vinos, licores y cocteles, en sus restaurantes, en sus bares, o en alguna de las terrazas abiertas en los floreados jardines, es un lujo que sería imposible imaginar en un establecimiento de todo incluido.
Nuestra visita a los hoteles de la Cadena terminó en el Playa la Arena donde las dimensiones de su hall y la ornamentación vegetal alcanzan proporciones asombrosas. A un paso de la playa de arena volcánica, y con vistas al acantilado de Los Gigantes, dispone de varias piscinas, tenis, distintos restaurantes y el resto de comodidades que distingue a los “Spring”; además un centro de convenciones de 400 plazas. Con acceso a la calzada, mediante puerta que abren las mismas llaves de cada habitación, basta cruzarla para tenderse en la arena; el descenso por el interior del hotel, jalonado por una larga cascada, le hace a uno sentirse en plena naturaleza. Su Director Ramón Michán, senderista y extrovertido, ofreció una cena cuya calidad, originalidad y sabores dejó encantados a los comensales, lo que aprovechó el director general, Agustín Ávila, también presente, para remarcar, lo que ya todos habíamos comprobado: los excelentes y variados menús de los buffet y del servicio a la carta de esta empresa. En la tertulia de sobremesa salió a relucir otro dato interesante: Todo el agua que se emplea en los establecimientos procede de una desaladora de la propia Cadena que surte a todos, como a todos surte también un centro de adquisición de alimentos, bebidas y ropas, de modo que la calidad es la misma en cualquiera de los que uno se aloje. Pero como se cocina al gusto de cada chef, los huéspedes que tengan contratada media pensión o pensión completa, con un simple aviso, puede disfrutarla en el comedor de cualquiera de los cinco hoteles.
Nuestros anfitriones, como despedida, nos reservaron plazas en el minicrucero turístico para el avistamiento de cetáceos en alta mar. El barco velero sale del encantador Puerto Santiago y, bordeando los acantilados impresionantes de Los Gigantes, hace una corta travesía, acompañado de numerosos delfines, ballenas, y gaviotas que se acercan a comer en la mano de los marineros, mientras los turistas dan cuenta de una paella hecha a bordo.
Ya el regreso a Madrid , la conclusión general de los periodistas era idéntica: El bello paisaje, las playas tranquilas, la animación de las gentes en los paseos llenos de comercios, locales de ocio y restaurantes, y la seguridad que se respira en las zonas donde se alzan los hoteles visitados, son en sí mismo un indudable atractivo, pero quien, además, sepa elegir los establecimientos que se han disfrutado en este viaje de prensa, habrá tomado la mejor decisión para pasar unas vacaciones inolvidables
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4941
El paraíso hotelero de ‘Spring’
Miguel Ángel García Brera
C UANDO escribo este artículo, los hoteles-iconos de Bombay acaban de sufrir varios actos de terrorismo brutal. Hemos visto, tras su precipitado regreso, a la pobre presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que se alojaba en uno de ellos, con el pánico escrito en la cara, sin que su rueda de prensa, -que bien hay que agradecer dado el estado en que se encontraba y por la deferencia de darla antes de ir a descansar- haya satisfecho nuestra curiosidad de de cómo logro salir del infierno y cómo es que no lo han hecho todavía varias personas de su séquito. Ya nos los explicará, y espero que la fábula de los dos amigos y el oso no le sea aplicable. Ya saben…, dos amigos que iban por el bosque divisaron al animal; uno de ellos salió corriendo, en tanto que el otro no tuvo tiempo para ello y el plantígrado se le acercó, le olisqueó la cara y se alejó. Pasado el peligro, regresó el huido y preguntó: “¿Qué te decía el oso al oído?”. “Únicamente que cómo un amigo me había abandonado”.
Para compensar el sentimiento doloroso que me embarga la acción terrorista de Bombay, me acojo al contrario, el placentero de evocar mi reciente paso por unos hoteles donde, en un ambiente de deliciosa calma, he valorado la suerte de encontrar un tipo de alojamiento maravilloso y seguro. Meditando sobre estos tiempos que vienen un poco revueltos, he pensado que la imaginación empresarial va a ser probablemente el mejor patrimonio de quien quiera sobrevivir desde el punto de vista económico. Con un grupo de amigos, también periodistas, he disfrutado de la invitación de la Cadena “Spring” para visitar sus cinco hoteles en Tenerife. En todos ellos, tanto los arquitectos como los diseñadores han dejado un sello de singularidad, y comodidad en unos lugares elegidos de tal modo que el mar y la alegría de la vegetación circunda los amplísimos espacios. La empresa hotelera ha aportado su imaginación a la hora de ofrecer servicios y posibilidades y cada uno de los directores con sus colaboradores ponen la suya en continuo funcionamiento. Como la ubicación de los cinco hoteles es fantástica, me agrada compartir con mis lectores, una mínima reseña de lo que he visto y vivido.
El primer día nos alojaron en el Arona Gran Hotel. Desde mi amplia habitación, se divisaba la mar, la playa y el puerto de los Cristianos donde la naviera "Olsen" atracaba uno de sus ferrys. Como el día era espléndido, se divisaba enfrente la suave silueta de La Gomera. Cenamos en un amplio comedor acristalado, desde cuya terraza teníamos iguales vistas y, en el curso de la cena ya pude darme cuenta de la imaginación de que hacían gala el director general de la Cadena “Spring”, Agustín Ávila, el director del hotel, Francisco Alameda Bosch, y el chef – su nombre, desgraciadamente, se me ha traspapelado-, cuya cocina de autor y su elección de muy buenos vinos moldearon la agradable tertulia. El Arona Gran Hotel tiene 391 habitaciones con terraza privada; los huéspedes disponen de todos los ambientes que puedan desear, con amplios programas de animación. Se puede elegir entre tres piscinas, climatizadas en invierno, con tumbonas y toallas a disposición del cliente, dos restaurantes, salón de té, piano bar, discoteca, gimnasio, sauna, pistas de squash, centro de Internet y salones que permiten concentrar hasta 450 personas.
Visitamos al día siguiente el Hotel Bitácora, en Playa de las Américas, ese emporio turístico cuyo entorno es un edén. Aquí la imaginación de quienes no la confunden con la fantasía sino que le dan todo el sentido práctico que conviene a un empresario, se ha volcado en poner al servicio de quienes viajan con niños, un concepto confortable de turismo familiar. Por eso, el hotel dispone de todas las comodidades que puedan ofrecerse a quienes gustan de hacerse acompañar por sus hijos, niños o adolescentes. Hay dos piscinas, un parque infantil, minigolf y pista de tenis. Aunque forma parte de la filosofía de la Cadena ofrecer una plantilla de personal donde la amabilidad sobresale, en este hotel alcanza el máximo, como se advierte en la dosis de paciencia que desarrollan con los pequeños. Tras conversar con el director y recibir la oportuna información, nos acercamos al Hotel Vulcano, también en Playa de las Américas, a sólo un kilómetro del campo de golf, con una atractiva entrada que concilia la botánica y el agua cayendo en armoniosa cascada. También con piscinas y servicios de la mayor calidad, el Vulcano oferta sobre todo ambiente de relax, práctica de deportes suaves y animación. Me entusiasmó la carta de cocteles, entre los que, como es lógico, había varios sin alcohol, no por ello menos agradables.
Seguimos viaje, y nos alojamos otro par de noches, a un paso de Playa de la Arena, en el Hotel Costa Los Gigantes. Así pudimos comprobar que, a veces, también la imaginación es patrimonio de algunos políticos, pues celebramos junto a los representantes de la prensa local, una rueda de prensa, con asistencia del alcalde de Santiago del Teide, al que se notaba entusiasmo al reseñar lo que ese hotel ha supuesto para el desarrollo de la zona. A la hora del almuerzo, el alto grado de especialización en la cocina moderna, exigió la presencia del chef, Filiberto Chinea y del maître, Pablo Fernández, para ser felicitados y aplaudidos. Desde luego hay que tener imaginación, y ser un experto maestro de cocina, para conseguir el consenso general sobre la preparación y sugerente sabor de una carta que comprendía gazpacho de fresas y remolacha con espuma de apio; hojas de lechugas nobles y langostinos rociados con vinagreta de pistacho; tomate deshidratado y jengibre; sorbete de limón y hierbabuena; y darné de bacalao confitado sobre lecho de patatas encebolladas; para terminar con un parfait de Bayleys, café e infusiones, acoplando el menú, sabiamente, al blanco “Suertes del Marqués” de 2006, denominación de origen de La Orotava y al tinto “El Lomo” de 2007 y denominación de origen Tacoronte.
Enmarcado entre el mar, por un lado y, por otro, el bello pico del Teide, siempre blanco, en el Costa los Gigantes nos alojamos en amplios apartamentos adosados - el menor de 42 metros cuadrados-, situados a tres niveles, rodeados de exuberantes jardines, y distribuidos en un dormitorio, con televisión, para 2 adultos y 2 niños, o para 4 adultos y una cuna, así como amplio salón con minibar y otra pantalla gigante de televisión, terraza abierta al mar y a las piscinas, y cuarto de baño completo. Un coche eléctrico nos condujo desde el hall inmenso - acristalada su terraza de impresionante vista al mar-, hasta nuestras residencias, aunque el corto recorrido no lo exigía, salvo para el equipaje. Ya sin coche, el paseo desde los apartamentos hasta cualquiera de las dos piscinas, a los cuatro restaurantes, a la bolera americana, a las salas de estar, a la discoteca con espectáculo en vivo cada noche, al centro de internet o a cualquier otro lugar, resultaba muy grato, siempre con vistas admirables. De este comodísimo hotel, donde parece sobrar terreno por todos lados, dada la dimensión de las piscinas, el ancho de los paseos, la capacidad de los salones y demás, cabe destacar dos cosas: Pese a su precio muy moderado, ofrece el régimen de todo incluido y, por otro lado, ofrece una especie de doble hotel para comodidad y diversión de los niños. Ellos disponen, entre otras cosas, de su propia piscina, su parque especial, su cine particular, su minigolf y sus específicos programas de animación.
Por si fuera poco, el Hotel Costa Los Gigantes, dispone de un magnífico spa. Disfrutarlo en toda regla merece dedicarle unas dos horas, para sentir el efecto de su duchas y chorros especiales que masajean el cuerpo, a más de las saunas, baño turco, terma romana y cabinas de masaje, incluyendo una piscina de agua salada en la que el bañista flota como en el Mar Muerto. Gustar de su amplia y exquisita oferta gastronómica, según ya he anticipado, y de su carta de vinos, licores y cocteles, en sus restaurantes, en sus bares, o en alguna de las terrazas abiertas en los floreados jardines, es un lujo que sería imposible imaginar en un establecimiento de todo incluido.
Nuestra visita a los hoteles de la Cadena terminó en el Playa la Arena donde las dimensiones de su hall y la ornamentación vegetal alcanzan proporciones asombrosas. A un paso de la playa de arena volcánica, y con vistas al acantilado de Los Gigantes, dispone de varias piscinas, tenis, distintos restaurantes y el resto de comodidades que distingue a los “Spring”; además un centro de convenciones de 400 plazas. Con acceso a la calzada, mediante puerta que abren las mismas llaves de cada habitación, basta cruzarla para tenderse en la arena; el descenso por el interior del hotel, jalonado por una larga cascada, le hace a uno sentirse en plena naturaleza. Su Director Ramón Michán, senderista y extrovertido, ofreció una cena cuya calidad, originalidad y sabores dejó encantados a los comensales, lo que aprovechó el director general, Agustín Ávila, también presente, para remarcar, lo que ya todos habíamos comprobado: los excelentes y variados menús de los buffet y del servicio a la carta de esta empresa. En la tertulia de sobremesa salió a relucir otro dato interesante: Todo el agua que se emplea en los establecimientos procede de una desaladora de la propia Cadena que surte a todos, como a todos surte también un centro de adquisición de alimentos, bebidas y ropas, de modo que la calidad es la misma en cualquiera de los que uno se aloje. Pero como se cocina al gusto de cada chef, los huéspedes que tengan contratada media pensión o pensión completa, con un simple aviso, puede disfrutarla en el comedor de cualquiera de los cinco hoteles.
Nuestros anfitriones, como despedida, nos reservaron plazas en el minicrucero turístico para el avistamiento de cetáceos en alta mar. El barco velero sale del encantador Puerto Santiago y, bordeando los acantilados impresionantes de Los Gigantes, hace una corta travesía, acompañado de numerosos delfines, ballenas, y gaviotas que se acercan a comer en la mano de los marineros, mientras los turistas dan cuenta de una paella hecha a bordo.
Ya el regreso a Madrid , la conclusión general de los periodistas era idéntica: El bello paisaje, las playas tranquilas, la animación de las gentes en los paseos llenos de comercios, locales de ocio y restaurantes, y la seguridad que se respira en las zonas donde se alzan los hoteles visitados, son en sí mismo un indudable atractivo, pero quien, además, sepa elegir los establecimientos que se han disfrutado en este viaje de prensa, habrá tomado la mejor decisión para pasar unas vacaciones inolvidables
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Florentino Portero, Otra vez Bombay
Otra vez Bombay
FLORENTINO PORTERO
Viernes, 28-11-08
ESCRIBO estas líneas cuando los combates todavía se suceden en las calles de Bombay y los españoles vivimos con especial ansiedad el retorno de nuestros compatriotas, narrando duras experiencias que nunca olvidarán. Hoy Bombay está muy cerca de España, un hecho excepcional que no deberíamos dejar pasar sin extraer algunas lecciones importantes.
India es una potencia emergente. Con más de mil millones de habitantes, una élite académica excepcional que conquista las más ansiadas cátedras de Occidente, sectores de tecnología punta que nada tienen que envidiar a los más sofisticados de Estados Unidos... es un país llamado a ocupar un papel excepcional durante el siglo recién comenzado. Por milagroso que pueda parecer, el régimen democrático enraizó en estas tierras, dotando a su sociedad de estabilidad y de mecanismos legítimos para canalizar y resolver las previsibles tensiones originadas por un cambio acelerado. India, además, pertenece al limitado club de las potencias nucleares, un armamento justificado por su rivalidad con Pakistán, pero que no pierde de vista las ambiciones regionales de China.
India está en el buen camino, pero arrastra lacras y viejos problemas que no por comprensibles son menos graves. Los índices de pobreza son altísimos. Las tensiones religiosas se resuelven periódicamente con masacres. La corrupción, sobre todo en determinados estados, es endémica.
Entre los muchos retos que India tiene ante sí el que plantea el Islam radical ocupa un papel relevante. El nacimiento del propio Estado, tras la independencia del Reino Unido y la desaparición del Raj, estuvo marcado por el deseo de una buena parte de la comunidad musulmana de constituir su propio Estado, un Estado acorde con sus valores y reglas, un Estado «de los puros». La división se hizo realidad, pero con resultados desastrosos. Del dominio británico surgieron, tras muchas vicisitudes, tres Estados: India, Pakistán y Bangla Desh. Las migraciones, más o menos forzadas, supusieron un extraordinario sufrimiento para millones de personas. Algunos de los dirigentes de Estados con mayoría musulmana optaron por continuar en India, creando situaciones donde el nacionalismo irredento encontró su caldo de cultivo. Las guerras entre Pakistán e India se han sucedido sin llegar a resolver el destino de los territorios en litigio, pero han animado una carrera armamentista que ha distraído enormes cantidades de dinero que podían haber tenido mejor destino y que ha llevado a ambas potencias al estadio nuclear. Hoy forman parte de India unos 150 millones de musulmanes, una cantidad algo inferior a la población de Pakistán.
La búsqueda de una solución a la reivindicación musulmana por medios violentos es tan antigua como la creación de estos Estados. Durante años en la zona fronteriza han actuado grupos terroristas contra los intereses indios. En un proceso paralelo a la radicalización islamista en la lucha contra la invasión soviética en Afganistán, estos grupos fueron cayendo bajo el influjo del islamismo. Ya no era sólo una cuestión nacional, ésta tenía un claro sesgo fundamentalista.
Se ha especulado mucho con el papel que Al Qaeda puede haber estado jugando. Una respuesta concreta se hace más difícil a la vista de la evolución de esta organización terrorista, desde un grupo con un centro de mando y control claramente definido a una vaga red donde formaciones independientes reclaman para sí una marca atractiva que, llegado el caso, puede recibir una clara legitimación de los restos de la cúpula original. No parece aventurado afirmar que Al Qaeda está presente en alguno de estos grupos y que su influencia ha sido determinante en su organización y objetivos.
Si la inteligencia militar paquistaní jugó un papel decisivo en el aprovisionamiento de las fuerzas talibanes, algo semejante podemos afirmar que ha ocurrido con estos grupos fronterizos. Han sido utilizados cuando convenía, pero no siempre han podido ser controlados. Actúan con una visión propia, que a menudo choca con la de la inteligencia militar. Por otro lado, la inteligencia militar es un poder en sí mismo, en un Estado con forma democrática pero con una realidad compleja. El actual Gobierno del Partido Popular, la fuerza política más abierta a la modernización y a Occidente, difícilmente controla a las Fuerzas Armadas y mucho menos a los servicios de inteligencia. Los militares son bien conscientes de que continúan siendo el pilar del Estado y de que los partidos sufren un altísimo desgaste y están de paso por las instituciones, más aún cuando caen en la corrupción. El actual presidente pasó por la cárcel por la comisión de delitos comunes y a nadie extrañaría que volviera dentro de unos años. De ahí que las Fuerzas Armadas tiendan a fijar en exclusiva la estrategia nacional y que la apliquen sin admitir control gubernamental o parlamentario. Nadie duda de las buenas intenciones del actual Gobierno, pero siempre quedarán dudas sobre el papel jugado por la inteligencia militar paquistaní en éste y en tantos otros atentados terroristas en suelo indio.
Si la cuestión nacional llevó a una carrera armamentista que llegó hasta el umbral nuclear, a nadie se le escapa que actos terroristas de éstas o de mayores dimensiones, siempre con la sospecha del papel jugado activa o pasivamente por las autoridades paquistaníes, pueden exacerbar la situación hasta el punto de provocar el reinicio de las hostilidades. Ése es el objetivo de los terroristas. Si analizamos someramente la información de que disponemos vemos una acción bien organizada, con varios comandos actuando de forma coordinada en objetivos previamente fijados. No son casuales. Una de las ciudades más dinámicas y abiertas al mundo; los hoteles en los que se encuentran hombres de negocios para invertir en India; centros de comunicaciones y, como no, una institución judía. Entre los secuestrados había una representación de esa elite global que está trasformando el planeta y un rabino. Los terroristas buscan golpear a India donde más le duele, en su puerta a Occidente, poniendo en peligro inversiones y vínculos de todo tipo.
España, como el conjunto de Europa, tiene un papel en esta crisis. No se trata sólo de que en esta ocasión compatriotas nuestros se encuentren entre las víctimas. India es una democracia amenazada por un enemigo común, el islamismo. Como nosotros, y como tantos otros, está sufriendo el chantaje del terrorismo y se merece nuestra solidaridad y nuestra ayuda. Ahora más que nunca es cuando tenemos que comprometernos en colaborar con el desarrollo de esta gran nación que representa con gran mérito algunos de nuestros valores. En un mundo global lo que ocurra en India es fundamental para nuestro propio futuro. Hemos visto como gracias a la tenacidad norteamericana Al Qaeda ha sido derrotada en Iraq y trata de convertir Pakistán en su teatro principal de operaciones. También en India es posible derrotarlos.
Pakistán está en el origen del problema, pero también es hoy el principal objetivo de los radicales. La debilidad de su régimen democrático, su estratégica posición geográfica y, sobre todo, su arsenal nuclear y de misiles le hace enormemente atractivo para los radicales. Nadie hay menos interesado en una escalada de violencia que su gobierno, volcado en el desarrollo económico y social del país y en el combate contra el terrorismo en su frontera afgana. Pakistán necesita nuestra colaboración para modernizarse, tanto como nuestra presión para que no cese la persecución contra los fanáticos y para que depure sus Fuerzas Armadas y sus servicios de inteligencia. Una actitud conjunta hacia estas dos naciones ayudaría a estabilizar la situación y a crear las condiciones para garantizar tanto el bienestar como la estabilidad. En las próximas décadas esta región, con Afganistán e Irán a su espalda, continuará siendo la más peligrosa del planeta.
http://www.abc.es/20081128/opinion-tercera/otra-bombay-20081128.html
FLORENTINO PORTERO
Viernes, 28-11-08
ESCRIBO estas líneas cuando los combates todavía se suceden en las calles de Bombay y los españoles vivimos con especial ansiedad el retorno de nuestros compatriotas, narrando duras experiencias que nunca olvidarán. Hoy Bombay está muy cerca de España, un hecho excepcional que no deberíamos dejar pasar sin extraer algunas lecciones importantes.
India es una potencia emergente. Con más de mil millones de habitantes, una élite académica excepcional que conquista las más ansiadas cátedras de Occidente, sectores de tecnología punta que nada tienen que envidiar a los más sofisticados de Estados Unidos... es un país llamado a ocupar un papel excepcional durante el siglo recién comenzado. Por milagroso que pueda parecer, el régimen democrático enraizó en estas tierras, dotando a su sociedad de estabilidad y de mecanismos legítimos para canalizar y resolver las previsibles tensiones originadas por un cambio acelerado. India, además, pertenece al limitado club de las potencias nucleares, un armamento justificado por su rivalidad con Pakistán, pero que no pierde de vista las ambiciones regionales de China.
India está en el buen camino, pero arrastra lacras y viejos problemas que no por comprensibles son menos graves. Los índices de pobreza son altísimos. Las tensiones religiosas se resuelven periódicamente con masacres. La corrupción, sobre todo en determinados estados, es endémica.
Entre los muchos retos que India tiene ante sí el que plantea el Islam radical ocupa un papel relevante. El nacimiento del propio Estado, tras la independencia del Reino Unido y la desaparición del Raj, estuvo marcado por el deseo de una buena parte de la comunidad musulmana de constituir su propio Estado, un Estado acorde con sus valores y reglas, un Estado «de los puros». La división se hizo realidad, pero con resultados desastrosos. Del dominio británico surgieron, tras muchas vicisitudes, tres Estados: India, Pakistán y Bangla Desh. Las migraciones, más o menos forzadas, supusieron un extraordinario sufrimiento para millones de personas. Algunos de los dirigentes de Estados con mayoría musulmana optaron por continuar en India, creando situaciones donde el nacionalismo irredento encontró su caldo de cultivo. Las guerras entre Pakistán e India se han sucedido sin llegar a resolver el destino de los territorios en litigio, pero han animado una carrera armamentista que ha distraído enormes cantidades de dinero que podían haber tenido mejor destino y que ha llevado a ambas potencias al estadio nuclear. Hoy forman parte de India unos 150 millones de musulmanes, una cantidad algo inferior a la población de Pakistán.
La búsqueda de una solución a la reivindicación musulmana por medios violentos es tan antigua como la creación de estos Estados. Durante años en la zona fronteriza han actuado grupos terroristas contra los intereses indios. En un proceso paralelo a la radicalización islamista en la lucha contra la invasión soviética en Afganistán, estos grupos fueron cayendo bajo el influjo del islamismo. Ya no era sólo una cuestión nacional, ésta tenía un claro sesgo fundamentalista.
Se ha especulado mucho con el papel que Al Qaeda puede haber estado jugando. Una respuesta concreta se hace más difícil a la vista de la evolución de esta organización terrorista, desde un grupo con un centro de mando y control claramente definido a una vaga red donde formaciones independientes reclaman para sí una marca atractiva que, llegado el caso, puede recibir una clara legitimación de los restos de la cúpula original. No parece aventurado afirmar que Al Qaeda está presente en alguno de estos grupos y que su influencia ha sido determinante en su organización y objetivos.
Si la inteligencia militar paquistaní jugó un papel decisivo en el aprovisionamiento de las fuerzas talibanes, algo semejante podemos afirmar que ha ocurrido con estos grupos fronterizos. Han sido utilizados cuando convenía, pero no siempre han podido ser controlados. Actúan con una visión propia, que a menudo choca con la de la inteligencia militar. Por otro lado, la inteligencia militar es un poder en sí mismo, en un Estado con forma democrática pero con una realidad compleja. El actual Gobierno del Partido Popular, la fuerza política más abierta a la modernización y a Occidente, difícilmente controla a las Fuerzas Armadas y mucho menos a los servicios de inteligencia. Los militares son bien conscientes de que continúan siendo el pilar del Estado y de que los partidos sufren un altísimo desgaste y están de paso por las instituciones, más aún cuando caen en la corrupción. El actual presidente pasó por la cárcel por la comisión de delitos comunes y a nadie extrañaría que volviera dentro de unos años. De ahí que las Fuerzas Armadas tiendan a fijar en exclusiva la estrategia nacional y que la apliquen sin admitir control gubernamental o parlamentario. Nadie duda de las buenas intenciones del actual Gobierno, pero siempre quedarán dudas sobre el papel jugado por la inteligencia militar paquistaní en éste y en tantos otros atentados terroristas en suelo indio.
Si la cuestión nacional llevó a una carrera armamentista que llegó hasta el umbral nuclear, a nadie se le escapa que actos terroristas de éstas o de mayores dimensiones, siempre con la sospecha del papel jugado activa o pasivamente por las autoridades paquistaníes, pueden exacerbar la situación hasta el punto de provocar el reinicio de las hostilidades. Ése es el objetivo de los terroristas. Si analizamos someramente la información de que disponemos vemos una acción bien organizada, con varios comandos actuando de forma coordinada en objetivos previamente fijados. No son casuales. Una de las ciudades más dinámicas y abiertas al mundo; los hoteles en los que se encuentran hombres de negocios para invertir en India; centros de comunicaciones y, como no, una institución judía. Entre los secuestrados había una representación de esa elite global que está trasformando el planeta y un rabino. Los terroristas buscan golpear a India donde más le duele, en su puerta a Occidente, poniendo en peligro inversiones y vínculos de todo tipo.
España, como el conjunto de Europa, tiene un papel en esta crisis. No se trata sólo de que en esta ocasión compatriotas nuestros se encuentren entre las víctimas. India es una democracia amenazada por un enemigo común, el islamismo. Como nosotros, y como tantos otros, está sufriendo el chantaje del terrorismo y se merece nuestra solidaridad y nuestra ayuda. Ahora más que nunca es cuando tenemos que comprometernos en colaborar con el desarrollo de esta gran nación que representa con gran mérito algunos de nuestros valores. En un mundo global lo que ocurra en India es fundamental para nuestro propio futuro. Hemos visto como gracias a la tenacidad norteamericana Al Qaeda ha sido derrotada en Iraq y trata de convertir Pakistán en su teatro principal de operaciones. También en India es posible derrotarlos.
Pakistán está en el origen del problema, pero también es hoy el principal objetivo de los radicales. La debilidad de su régimen democrático, su estratégica posición geográfica y, sobre todo, su arsenal nuclear y de misiles le hace enormemente atractivo para los radicales. Nadie hay menos interesado en una escalada de violencia que su gobierno, volcado en el desarrollo económico y social del país y en el combate contra el terrorismo en su frontera afgana. Pakistán necesita nuestra colaboración para modernizarse, tanto como nuestra presión para que no cese la persecución contra los fanáticos y para que depure sus Fuerzas Armadas y sus servicios de inteligencia. Una actitud conjunta hacia estas dos naciones ayudaría a estabilizar la situación y a crear las condiciones para garantizar tanto el bienestar como la estabilidad. En las próximas décadas esta región, con Afganistán e Irán a su espalda, continuará siendo la más peligrosa del planeta.
http://www.abc.es/20081128/opinion-tercera/otra-bombay-20081128.html
Pio Moa, Chistes macabros
viernes 28 de noviembre de 2008
Gran Wyoming
Chistes macabros
La afición de los amigos del Gran Wyoming por la guerra civil fue tanta que, no contentos con desatarla, organizaron otras dos guerras civiles entre ellos mismos, amén de secuestros, torturas y asesinatos.
Pío Moa
El Gran Wyoming –bizarro nombre, pardiez–, un chistoso trivial y ocasionalmente gracioso, ha hecho ahora broma de la pobre futurista Ana Mato quien, con indecencia –en esto tiene razón el cómico–, defiende que la historia "no interesa a nadie y divide a los españoles".
Ha dicho el cómico que entre los españoles "solo puede haber dos grupos: los que se indignan ante los crímenes, violaciones y secuestros de niños y los que no. No basta con condenar a ETA, hay más criminales aborrecibles que denunciar, aunque sean de los nuestros. Un poco de dignidad y decencia, ya toca". Los crímenes serían los perpetrados por el franquismo, que indignan muchísimo al chistoso; no, por supuesto, los perpetrados por aquellos con quienes él se identifica, los del Frente Popular.
A estas alturas cuesta trabajo creer que estos humoristas rasgavestiduras, tan dignos y decentes, no sepan lo que realmente ocurrió, pero intentaré aclarárselo una vez más. Ante todo, sus amigos del Frente Popular –pese a que con toda desvergüenza se llamaban republicanos– fueron los que en 1934 asaltaron la legalidad republicana emprendiendo, en sus propias palabras, la guerra civil. Fueron los mismos que después de las elecciones anómalas, que no democráticas, de 1936, se dedicaron tanto al desguace sistemático de dicha legalidad –defendida en 1934 por la derecha y por Franco– como a organizar un nuevo proceso revolucionario en medio de una orgía de incendios y asesinatos, culminados en el del jefe de la oposición, Calvo Sotelo (lo que constituía toda una declaración de guerra por sí mismo). Por consiguiente, ni los franquistas se rebelaron contra un Gobierno legal y democrático ni los caídos del Frente Popular lo fueron por la libertad, como ustedes suelen mentir.
En segundo lugar, tan pronto como se rebelaron las derechas, los amigos de ustedes desplegaron el terror ya sin ningún tipo de traba en las famosas chekas con unos modos, grado de crueldad y ensañamiento no alcanzado en el bando contrario, lo que desató a su vez, desde luego, el correspondiente terror. Estas cosas suelen suceder cuando la ley cae por tierra y, de hecho, quienes derribaron la ley, como yo creo que el chistoso sabe perfectamente, fueron los componentes del Frente Popular. ¿Creen ustedes seriamente que con aspavientos de indignación y amenazas de quemar libros lograrán ocultar la verdad, bien reflejada, entre otros, en las obras de César Vidal sobre las chekas? Para que salgan ustedes, de nuevo en plan chistoso, con que "los próceres de la patria dictaron una ley de punto final sobre la dictadura amnistiando a responsables de crímenes inexistentes". Buena confesión implícita: para ustedes, la matanza de Paracuellos –por poner un caso– no fue un crimen, sino seguramente un acto legítimo, de esos que Gibson "comprende". Tan legítimo como el propio Gobierno del Frente Popular, señores.
En tercer lugar, la afición de sus amigos por la guerra civil fue tanta que, no contentos con desatarla, organizaron otras dos guerras civiles entre ellos mismos, amén de secuestros, torturas y asesinatos. Se habla siempre del de Nin, pero fue uno entre tantos, aunque su sadismo sí es revelador. Creo que ustedes conocen perfectamente estos hechos que se empeñan en ocultar –me temo que en vano– a la opinión pública.
Baste con estos pequeños recuerdos para ustedes y para los desvergonzados futuristas que tan bien se complementan en su engaño a los ciudadanos. Decía Gregorio Marañón, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX español: "Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud". Debieran imitar ustedes a Marañón, y no al rojo Rodríguez, siniestro presidente del Gobierno.
Ah, y no debería haber mentado el chistoso a la ETA, con la que tanto han colaborado y colaboran los amigos del Frente Popular. Y tampoco es cuestión de "condenar" ese ejercicio hipócrita y simplón tan del gusto de nuestros politicastros. Con respecto a la ETA se trata de aplicar la ley y no de ponerla a su servicio, como sí ha hecho el Gobierno del "rojo mi-patria-es-la-libertad". Y por lo que respecta a la guerra civil, menos aún vienen al caso las condenas. Lo importante es que los españoles conozcan y entiendan lo ocurrido: lo que suele suceder cuando la ley se pisotea en beneficio de los asesinos.
En fin, resulta muy pertinente que el cómico se haya convertido en el portavoz de toda esta gente. Aunque macabra, toda esa campaña de embustes no deja de ser un chiste.
http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/chistes-macabros-46571/
Gran Wyoming
Chistes macabros
La afición de los amigos del Gran Wyoming por la guerra civil fue tanta que, no contentos con desatarla, organizaron otras dos guerras civiles entre ellos mismos, amén de secuestros, torturas y asesinatos.
Pío Moa
El Gran Wyoming –bizarro nombre, pardiez–, un chistoso trivial y ocasionalmente gracioso, ha hecho ahora broma de la pobre futurista Ana Mato quien, con indecencia –en esto tiene razón el cómico–, defiende que la historia "no interesa a nadie y divide a los españoles".
Ha dicho el cómico que entre los españoles "solo puede haber dos grupos: los que se indignan ante los crímenes, violaciones y secuestros de niños y los que no. No basta con condenar a ETA, hay más criminales aborrecibles que denunciar, aunque sean de los nuestros. Un poco de dignidad y decencia, ya toca". Los crímenes serían los perpetrados por el franquismo, que indignan muchísimo al chistoso; no, por supuesto, los perpetrados por aquellos con quienes él se identifica, los del Frente Popular.
A estas alturas cuesta trabajo creer que estos humoristas rasgavestiduras, tan dignos y decentes, no sepan lo que realmente ocurrió, pero intentaré aclarárselo una vez más. Ante todo, sus amigos del Frente Popular –pese a que con toda desvergüenza se llamaban republicanos– fueron los que en 1934 asaltaron la legalidad republicana emprendiendo, en sus propias palabras, la guerra civil. Fueron los mismos que después de las elecciones anómalas, que no democráticas, de 1936, se dedicaron tanto al desguace sistemático de dicha legalidad –defendida en 1934 por la derecha y por Franco– como a organizar un nuevo proceso revolucionario en medio de una orgía de incendios y asesinatos, culminados en el del jefe de la oposición, Calvo Sotelo (lo que constituía toda una declaración de guerra por sí mismo). Por consiguiente, ni los franquistas se rebelaron contra un Gobierno legal y democrático ni los caídos del Frente Popular lo fueron por la libertad, como ustedes suelen mentir.
En segundo lugar, tan pronto como se rebelaron las derechas, los amigos de ustedes desplegaron el terror ya sin ningún tipo de traba en las famosas chekas con unos modos, grado de crueldad y ensañamiento no alcanzado en el bando contrario, lo que desató a su vez, desde luego, el correspondiente terror. Estas cosas suelen suceder cuando la ley cae por tierra y, de hecho, quienes derribaron la ley, como yo creo que el chistoso sabe perfectamente, fueron los componentes del Frente Popular. ¿Creen ustedes seriamente que con aspavientos de indignación y amenazas de quemar libros lograrán ocultar la verdad, bien reflejada, entre otros, en las obras de César Vidal sobre las chekas? Para que salgan ustedes, de nuevo en plan chistoso, con que "los próceres de la patria dictaron una ley de punto final sobre la dictadura amnistiando a responsables de crímenes inexistentes". Buena confesión implícita: para ustedes, la matanza de Paracuellos –por poner un caso– no fue un crimen, sino seguramente un acto legítimo, de esos que Gibson "comprende". Tan legítimo como el propio Gobierno del Frente Popular, señores.
En tercer lugar, la afición de sus amigos por la guerra civil fue tanta que, no contentos con desatarla, organizaron otras dos guerras civiles entre ellos mismos, amén de secuestros, torturas y asesinatos. Se habla siempre del de Nin, pero fue uno entre tantos, aunque su sadismo sí es revelador. Creo que ustedes conocen perfectamente estos hechos que se empeñan en ocultar –me temo que en vano– a la opinión pública.
Baste con estos pequeños recuerdos para ustedes y para los desvergonzados futuristas que tan bien se complementan en su engaño a los ciudadanos. Decía Gregorio Marañón, uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX español: "Esa constante mentira comunista es lo más irritante de los rojos. Por no someterme a esa servidumbre estúpida de la credulidad, es por lo que estoy contento de mi actitud". Debieran imitar ustedes a Marañón, y no al rojo Rodríguez, siniestro presidente del Gobierno.
Ah, y no debería haber mentado el chistoso a la ETA, con la que tanto han colaborado y colaboran los amigos del Frente Popular. Y tampoco es cuestión de "condenar" ese ejercicio hipócrita y simplón tan del gusto de nuestros politicastros. Con respecto a la ETA se trata de aplicar la ley y no de ponerla a su servicio, como sí ha hecho el Gobierno del "rojo mi-patria-es-la-libertad". Y por lo que respecta a la guerra civil, menos aún vienen al caso las condenas. Lo importante es que los españoles conozcan y entiendan lo ocurrido: lo que suele suceder cuando la ley se pisotea en beneficio de los asesinos.
En fin, resulta muy pertinente que el cómico se haya convertido en el portavoz de toda esta gente. Aunque macabra, toda esa campaña de embustes no deja de ser un chiste.
http://www.libertaddigital.com/opinion/pio-moa/chistes-macabros-46571/
La última "propuesta del mes" de Zapatero
28-XI-2008
La última "propuesta del mes" de Zapatero
Cuando Zapatero apoya el libre mercado y condena el intervencionismo se limita a hablar, pero cuando anuncia medidas y las lleva al Parlamento son todas de un inequívoco tinte socialista.
El Gobierno ha pasado de negar la existencia de la crisis a aprobar una medida tras otra, no se sabe si con intención real de intentar frenar el desastre o con el único objetivo de hacer ver a la opinión pública que está haciendo algo. No le falta razón a Rajoy cuando se burla de la improvisación y de las "propuestas del mes" de Zapatero y los suyos, que luego se revelan inútiles o ni siquiera se ponen en práctica.
El problema para los españoles es que, pese a poner una vela a Dios un día y otra al diablo al siguiente, cuando Zapatero apoya el libre mercado y condena el intervencionismo se limita a hablar, pero cuando anuncia medidas y las lleva al Parlamento son todas de un inequívoco tinte socialista. Así sucede con el nuevo crédito extraordinario de 11.000 millones de euros, que se destinarán en su mayor parte a los ayuntamientos para que lo dediquen a obras públicas y también al sector del automóvil, cabe suponer que para no despidan a más trabajadores durante un tiempo.
Otros gastos son también inequívocamente "sociales", eso que tanto gusta a los socialistas de todos los partidos, y que llega a incluir en este caso una partida destinada al "turismo social". Es decir, que en tiempo de crisis, tendremos que pagarle las vacaciones al vecino. Y es que, como dice nuestro colaborador Carlos Rodríguez Braun, en nuestros días "social" significa, simplemente, que paga otro.
Cabe argüir, no obstante, que el gasto público en infraestructuras está entre los pocos que pueden, en algunos casos, resultar rentable a una sociedad. El problema es que para que eso suceda es imprescindible que se ponga por delante la utilidad de la obra a realizar. Que el Estado dedique dinero a cavar agujeros para luego taparlos sin duda dará empleo a algunos trabajadores, pero será una pérdida neta de riqueza para el conjunto de la sociedad. Si lo esencial de un plan de infraestructuras es lo que va a costar y los puestos de trabajo que se van a crear con él, sólo cabe concluir que lo de menos es el resultado de tanto gasto, lo que obviamete hace dudar de su rentabilidad.
Además, la construcción de infraestructuras no es generalmente una solución de emergencia para una crisis, porque la burocracia que se requiere para iniciar una obra pública alarga los plazos e impide empezar a actuar hasta unos años después de hacer la propuesta inicial. De ahí que en plan de Zapatero incluya una reducción de plazos y con ella un incremento de la arbitrariedad con la que los consistorios pueden hacer uso del dinero. Tampoco resulta nada baladí sospechar, vista la discriminación presupuestaria con la que Zapatero trata a las autonomías gobernadas por el PP, que los ayuntamientos agraciados con esta medida serán mucho más de un color político que de otro.
El dinero que requiere esta medida no saldrá de los impuestos de hoy, sino que se emitirá deuda para sufragarlo, de modo que los ciudadanos tendremos que pagarlo en el futuro. Desgraciadamente, al hacerlo, obtendrá unos recursos de los inversores a los que ya no podrán tener acceso las empresas, poniendo aún en más dificultades nuevos proyectos privados creadores de empleo.
En definitiva, la "propuesta del mes" de Zapatero resulta difícilmente defendible. El PP haría bien en modificar su comportamiento habitual de criticarla duramente para luego votar a favor. Abstenerse supone, sin duda, una cierta mejora sobre lo que ha hecho hasta ahora, pero parece poco defendible sentarse en un Parlamento y no expresar con hechos, es decir, con el voto, si le parece bien o mal un gasto de 11.000 millones de euros. En coherencia con el discurso de Rajoy, el PP debería votar en contra. Cualquier otra postura resultaría incomprensible.
http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/la-ultima-propuesta-del-mes-de-zapatero-46580/
La última "propuesta del mes" de Zapatero
Cuando Zapatero apoya el libre mercado y condena el intervencionismo se limita a hablar, pero cuando anuncia medidas y las lleva al Parlamento son todas de un inequívoco tinte socialista.
El Gobierno ha pasado de negar la existencia de la crisis a aprobar una medida tras otra, no se sabe si con intención real de intentar frenar el desastre o con el único objetivo de hacer ver a la opinión pública que está haciendo algo. No le falta razón a Rajoy cuando se burla de la improvisación y de las "propuestas del mes" de Zapatero y los suyos, que luego se revelan inútiles o ni siquiera se ponen en práctica.
El problema para los españoles es que, pese a poner una vela a Dios un día y otra al diablo al siguiente, cuando Zapatero apoya el libre mercado y condena el intervencionismo se limita a hablar, pero cuando anuncia medidas y las lleva al Parlamento son todas de un inequívoco tinte socialista. Así sucede con el nuevo crédito extraordinario de 11.000 millones de euros, que se destinarán en su mayor parte a los ayuntamientos para que lo dediquen a obras públicas y también al sector del automóvil, cabe suponer que para no despidan a más trabajadores durante un tiempo.
Otros gastos son también inequívocamente "sociales", eso que tanto gusta a los socialistas de todos los partidos, y que llega a incluir en este caso una partida destinada al "turismo social". Es decir, que en tiempo de crisis, tendremos que pagarle las vacaciones al vecino. Y es que, como dice nuestro colaborador Carlos Rodríguez Braun, en nuestros días "social" significa, simplemente, que paga otro.
Cabe argüir, no obstante, que el gasto público en infraestructuras está entre los pocos que pueden, en algunos casos, resultar rentable a una sociedad. El problema es que para que eso suceda es imprescindible que se ponga por delante la utilidad de la obra a realizar. Que el Estado dedique dinero a cavar agujeros para luego taparlos sin duda dará empleo a algunos trabajadores, pero será una pérdida neta de riqueza para el conjunto de la sociedad. Si lo esencial de un plan de infraestructuras es lo que va a costar y los puestos de trabajo que se van a crear con él, sólo cabe concluir que lo de menos es el resultado de tanto gasto, lo que obviamete hace dudar de su rentabilidad.
Además, la construcción de infraestructuras no es generalmente una solución de emergencia para una crisis, porque la burocracia que se requiere para iniciar una obra pública alarga los plazos e impide empezar a actuar hasta unos años después de hacer la propuesta inicial. De ahí que en plan de Zapatero incluya una reducción de plazos y con ella un incremento de la arbitrariedad con la que los consistorios pueden hacer uso del dinero. Tampoco resulta nada baladí sospechar, vista la discriminación presupuestaria con la que Zapatero trata a las autonomías gobernadas por el PP, que los ayuntamientos agraciados con esta medida serán mucho más de un color político que de otro.
El dinero que requiere esta medida no saldrá de los impuestos de hoy, sino que se emitirá deuda para sufragarlo, de modo que los ciudadanos tendremos que pagarlo en el futuro. Desgraciadamente, al hacerlo, obtendrá unos recursos de los inversores a los que ya no podrán tener acceso las empresas, poniendo aún en más dificultades nuevos proyectos privados creadores de empleo.
En definitiva, la "propuesta del mes" de Zapatero resulta difícilmente defendible. El PP haría bien en modificar su comportamiento habitual de criticarla duramente para luego votar a favor. Abstenerse supone, sin duda, una cierta mejora sobre lo que ha hecho hasta ahora, pero parece poco defendible sentarse en un Parlamento y no expresar con hechos, es decir, con el voto, si le parece bien o mal un gasto de 11.000 millones de euros. En coherencia con el discurso de Rajoy, el PP debería votar en contra. Cualquier otra postura resultaría incomprensible.
http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/la-ultima-propuesta-del-mes-de-zapatero-46580/
jueves, noviembre 27, 2008
Carlos Luis Rodriguez, La bolsa o el piso
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
La bolsa o el piso
Astuta, muy astuta, esta inquilina de Lugo que se encerró con sus caseros y pidió la mediación de Quintana. No llamó al alcalde, ni al delegado del Gobierno, ni siquiera al Valedor, sino a Ana Rosa para que la llevara a su programa matutino. Perdida la fe en otras instancias, la presentadora aparece como el hada madrina de los que tienen hambre y sed de justicia.
Ya saben los afectados de Construcuatro a qué puertas tienen que llamar, tras esta decepcionante sentencia. Primero a la de Teresa Táboas, que desde el principio atendió sus cuitas, y después, como medida complementaria, a Ana Rosa. Entre Vivenda y los platós televisivos, quizá logren recuperar un poco de fe en el sistema.
La sentencia del Juzgado de Instrucción numero dos de Vigo los habrá convertido en incrédulos. A ellos y a cualquiera. Resulta que, al final, ese sobreprecio que tuvieron que pagar por unas casas que tenía protección oficial y coste tasado fue una propina voluntaria. Los protegidos de verdad son los cobradores sin frac que se aprovecharon de la situación para lucrarse.
El respeto debido a cualquier decisión judicial no impide cuestionar la lógica en la que se basa. La pregunta elemental es si las víctimas de los cuatreros podían haberse negado a pagar el suplemento, sin perder por ello el piso adjudicado. La respuesta es que no. Los propios emisarios de la empresa se lo aclararon para que no hubiera dudas. En consecuencia, la situación de los afectados era muy similar a la del secuestrado que ha de pagar un rescate.
Puede negarse, pero la negativa tiene consecuencias poco saludables. Ocurre lo mismo con los compradores de las viviendas de Navia, que también podían negarse a pagar el dinero negro requerido, con el consiguiente resultado de perder su ansiado inmueble. En consecuencia, su libertad es parecida a la del que es amenazado por un atracador. O la bolsa o el piso.
Otra consideración de la sentencia es fácil de refutar con la misma sentencia. Es verdad que las víctimas entregaron el dinero y escrituraron sin quejarse. ¿Por qué? Porque no tenían ninguna confianza en el sistema, porque pensaban que una denuncia no serviría de nada, porque estaban convencidos de que no eran nadie frente a una empresa con influencias, asesores y ramificaciones políticas. La resolución da la razón a los escépticos que callaron y frustra a los que decidieron dar la batalla judicial, paralizando, por cierto, la administrativa.
De no tener de su lado a la conselleira del BNG, su recurso más eficaz sería acudir a la vía televisiva, como la vecina de Lugo que pide la intercesión de la santa laica llamada Ana Rosa. Ella sabe que la presentadora no tiene competencias para arreglar el problema, pero sí un balcón desde el que llamar la atención. Su razonamiento es similar al de ese sindicalismo que aprendió que, como decía el viejo eslogan anarquista, hay barricadas que abren el camino.
Pero volviendo al asunto de la propina involuntaria por los pisos de Navia, hay detrás una práctica perversa que remite a una de las facetas más lamentables del régimen anterior: ese ambiente opaco, que permite que los cobradores de Construcuatro se muevan en la penumbra, sin que sus víctimas sepan si tratan con una inmobiliaria, o con la administración disfrazada.
En fin, que la inquilina vio en Ana Rosa su Tribunal Supremo o la Virgen de los Remedios, pero los de Navia cuentan aún con otro tipo de quintanismo, representado por Teresa Táboas. Amén.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1080&idNoticiaOpinion=369425
a bordo
La bolsa o el piso
Astuta, muy astuta, esta inquilina de Lugo que se encerró con sus caseros y pidió la mediación de Quintana. No llamó al alcalde, ni al delegado del Gobierno, ni siquiera al Valedor, sino a Ana Rosa para que la llevara a su programa matutino. Perdida la fe en otras instancias, la presentadora aparece como el hada madrina de los que tienen hambre y sed de justicia.
Ya saben los afectados de Construcuatro a qué puertas tienen que llamar, tras esta decepcionante sentencia. Primero a la de Teresa Táboas, que desde el principio atendió sus cuitas, y después, como medida complementaria, a Ana Rosa. Entre Vivenda y los platós televisivos, quizá logren recuperar un poco de fe en el sistema.
La sentencia del Juzgado de Instrucción numero dos de Vigo los habrá convertido en incrédulos. A ellos y a cualquiera. Resulta que, al final, ese sobreprecio que tuvieron que pagar por unas casas que tenía protección oficial y coste tasado fue una propina voluntaria. Los protegidos de verdad son los cobradores sin frac que se aprovecharon de la situación para lucrarse.
El respeto debido a cualquier decisión judicial no impide cuestionar la lógica en la que se basa. La pregunta elemental es si las víctimas de los cuatreros podían haberse negado a pagar el suplemento, sin perder por ello el piso adjudicado. La respuesta es que no. Los propios emisarios de la empresa se lo aclararon para que no hubiera dudas. En consecuencia, la situación de los afectados era muy similar a la del secuestrado que ha de pagar un rescate.
Puede negarse, pero la negativa tiene consecuencias poco saludables. Ocurre lo mismo con los compradores de las viviendas de Navia, que también podían negarse a pagar el dinero negro requerido, con el consiguiente resultado de perder su ansiado inmueble. En consecuencia, su libertad es parecida a la del que es amenazado por un atracador. O la bolsa o el piso.
Otra consideración de la sentencia es fácil de refutar con la misma sentencia. Es verdad que las víctimas entregaron el dinero y escrituraron sin quejarse. ¿Por qué? Porque no tenían ninguna confianza en el sistema, porque pensaban que una denuncia no serviría de nada, porque estaban convencidos de que no eran nadie frente a una empresa con influencias, asesores y ramificaciones políticas. La resolución da la razón a los escépticos que callaron y frustra a los que decidieron dar la batalla judicial, paralizando, por cierto, la administrativa.
De no tener de su lado a la conselleira del BNG, su recurso más eficaz sería acudir a la vía televisiva, como la vecina de Lugo que pide la intercesión de la santa laica llamada Ana Rosa. Ella sabe que la presentadora no tiene competencias para arreglar el problema, pero sí un balcón desde el que llamar la atención. Su razonamiento es similar al de ese sindicalismo que aprendió que, como decía el viejo eslogan anarquista, hay barricadas que abren el camino.
Pero volviendo al asunto de la propina involuntaria por los pisos de Navia, hay detrás una práctica perversa que remite a una de las facetas más lamentables del régimen anterior: ese ambiente opaco, que permite que los cobradores de Construcuatro se muevan en la penumbra, sin que sus víctimas sepan si tratan con una inmobiliaria, o con la administración disfrazada.
En fin, que la inquilina vio en Ana Rosa su Tribunal Supremo o la Virgen de los Remedios, pero los de Navia cuentan aún con otro tipo de quintanismo, representado por Teresa Táboas. Amén.
http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1080&idNoticiaOpinion=369425
Nicaragua, de revolución a farsa
Nicaragua: de revolución a farsa
(EL PAÍS, 26/11/08):
Para defender los fraudulentos resultados de las recientes elecciones municipales del 9 de noviembre en Nicaragua, Daniel Ortega no encontró mejor salida que instaurar la anarquía en varios sitios del país. Para acallar las protestas de la población al conocerse las evidencias del fraude, mandó a sus seguidores para que impidieran con lluvias de piedras y amenazas de palos que ésta se manifestara.
Para quienes siguieron de cerca la Revolución Sandinista en los años 80, resulta difícil entender lo que sucede. Figuras emblemáticas de aquellos años, como Ernesto Cardenal, Dora María Téllez, Sergio Ramírez, han denunciado que en el país se está gestando otra dictadura. A menudo, he comprobado el desconcierto de quienes apoyaron con su solidaridad lo que semejaba entonces una gesta de David contra Goliat. Preguntan sorprendidos: ¿qué le ha pasado a Daniel Ortega? ¿Cómo fue que cambió tanto? Confieso que me da un poco de vergüenza responderles. Para muchos de los que formamos parte de aquella masa intrépida que derrocó a la tiranía somocista el 19 de julio de 1979, los bandazos y arbitrariedades de Ortega eran un secreto a voces que guardábamos en casa. Atribuíamos ese comportamiento a su falta de experiencia, al poco don de gentes de su inescrutable personalidad, al impacto psicológico de los siete años que pasó en la cárcel. Lo aclamábamos en medio del fervor idealista, pero en la intimidad criticábamos su constante necesidad de ser desafiante sin medir las consecuencias. Nuestro consuelo era saber que, aunque el mundo lo considerara el líder de la revolución, en realidad él era solamente uno más.
La dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del Gobierno revolucionario era colectiva y varios de los nueve hombres que conformaban el directorio eran personas capaces e ilustradas cuya autoridad era un contrapeso a la peculiar manera del presidente de hacer política. Recuerdo incluso una conversación que sostuve, antes del triunfo de la revolución nicaragüense, con Fidel Castro. Cuando le reclamé su aparente preferencia por la facción dirigida por los hermanos Ortega, Humberto y Daniel -el FSLN se encontraba dividido entonces en tres grupos-, Fidel me contestó diciendo que precisamente porque las ideas y la disposición de los Ortega era menos predecible, él consideraba que no podía dejarlos solos. No sé qué pensará Fidel ahora.
La supremacía de Daniel Ortega entre aquel grupo de primus inter pares fue asentándose gracias, en gran medida, al poder indiscutible que la llamada Guerra de la Contra, confirió a su hermano, Humberto, el comandante en jefe del Ejército Popular Sandinista. Más astuto que Daniel, su habilidad para salirse con la suya a cualquier costo le había ganado el sobrenombre de Puñal. Durante los 10 años que duró la Revolución, Humberto Ortega fue inclinando el fiel de la balanza a favor de su hermano hasta asignarle un protagonismo que justificaba con el argumento de que la autoridad de un presidente confería institucionalidad a la revolución. Ni él mismo, creo, imaginó lo aventajado que resultaría su hermano como aprendiz de sus mañas.
Paradójicamente, la hora más alta de Daniel Ortega no sobrevino en ninguno de sus momentos de triunfo, sino ante la inesperada derrota del FSLN en las elecciones de 1990, las más vigiladas en la historia del país. En el discurso en que concedió la victoria a su contrincante, Violeta Chamorro, destacó la trascendencia de aceptar la voluntad popular, aun cuando la guerra financiada por Ronald Reagan, hubiese puesto al pueblo de Nicaragua a votar con una pistola en la sien. No quedó ojo seco entre quienes lo escuchaban, fuera por tristeza o por alivio. Al día siguiente, sin embargo, Ortega cambió su tono conciliador y ante una azorada multitud prometió “gobernar desde abajo”.
El debate sobre lo que esto significaba para un FSLN en la oposición fue el origen de la primera gran fractura interna del sandinismo. Ortega y tras él las disciplinadas estructuras partidarias reclamaban que jamás renunciarían al derecho a ejercer la violencia “revolucionaria”, que hacerlo era traicionar al pueblo. La otra posición planteaba que el partido debía adaptarse a las nuevas condiciones del mundo. La caída del bloque socialista demostraba el fracaso de la “dictadura del proletariado”. El país requería una izquierda moderna que descartara la violencia como método de resolver diferencias y se apuntara con brío a radicalizar la democracia y abogar por los intereses populares respetando la diversidad y las leyes.
Las acusaciones de los sectores más dogmáticos contra quienes sosteníamos estas ideas no se hicieron esperar. A los disidentes se nos endilgaron adjetivos que iban desde cobardes hasta traidores. Daniel Ortega dirigió la embestida y se erigió como el único capaz de preservar la amenazada unidad. Renovó así el discurso de confrontación de los años 80, esta vez contra los miembros de su propio partido. Mientras tanto, en la práctica, él y otros dirigentes como Bayardo Arce y Tomás Borge, se encargaban de asegurar la supervivencia económica del FSLN y de ellos mismos, distribuyendo propiedades del Estado y otros recursos y acumulando fortunas personales.
La llamada piñata sandinista fue vergonzosa. Si bien la propiedad de la tierra fue legalizada a las cooperativas, en un acto de democratización del área propiedad del pueblo compuesta por los bienes confiscados a Somoza y la dictadura, cuadros sandinistas alertados sobre el valor de estas tierras, las compraron a los cooperados y pasaron a ser dueños, entre otras cosas, de las anchas costas del Pacífico nicaragüense que hoy son vendidas a inversores europeos y norteamericanos por millones de dólares. La piñata causó nuevas deserciones en el interior del FSLN por desacuerdos éticos, pero generó, al mismo tiempo, complicidades estrechas ya no basadas en ideales y sueños, sino en negocios o en el mutuo encubrimiento. El FSLN se apropió de emisoras de radio y equipos de televisión. Fundó un banco y formó empresas usando los nombres de cuadros leales que también se enriquecieron.
Esta incursión en el mundo de los negocios no impidió, sin embargo, que continuara el discurso populista. Y fue este divorcio entre el discurso y la práctica lo que, en 1999, le permitió pactar la división del país con el entonces presidente y jefe máximo del Partido Liberal Constitucionalista, Arnoldo Alemán. Acusado de corrupción, Alemán se encontraba en una posición de debilidad. Para asegurar su supervivencia política aceptó el pacto con Ortega. Se amplió el número de magistrados y miembros de la Corte Suprema, del Consejo Electoral, de la Contraloría, de la Asamblea Nacional para incluir a los sandinistas y se inició un cogobierno. Eventualmente, Ortega le arrancó a Alemán la concesión clave: bajar el porcentaje de votos necesario para ser electo presidente de un 45% a un 35%.
Hecho esto, Ortega escenificó el regreso del hijo pródigo a los brazos de la Iglesia católica, a quien atribuía una influencia decisiva en sus previas derrotas electorales. Empezó a visitar a su antiguo némesis, el cardenal Miguel Obando y Bravo. Poco después, éste ofició la misa en que el líder sandinista se casó por la iglesia con su compañera de vida, Rosario Murillo (cuya hija lo acusó en 2003 de abuso sexual desde los 11 años), y sus discursos se llenaron de frases bíblicas y alabanzas a Dios. Como ofrenda final, Ortega apoyó la revocación de una disposición constitucional del siglo XIX que autorizaba la interrupción del embarazo si hacía peligrar la vida de la madre.
Tras tres intentos fallidos, el tozudo comandante logró coronar su ambición de regresar a la presidencia el 10 de enero de 2006, al alcanzar una votación del 38%. Su actitud desde entonces y en las recientes elecciones municipales parece indicar que esta vez no está dispuesto a jugarse el poder más que en simulacros democráticos cuyos resultados le favorezcan.
Mientras escribo esto, la carretera de acceso a mi casa está cortada por grupos de choque orteguistas. Apostados allí, intentan impedir que medios y diplomáticos lleguen a una iglesia donde Eduardo Montealegre, el candidato a alcalde de Managua por la oposición, mostrará las actas de votación que demuestran el fraude perpetrado en su contra. Aparentemente, para salirse con la suya, Daniel Ortega también está dispuesto a incendiar el país. Lo mismo hizo Somoza en 1979. El revolucionario se ha convertido en su propia antítesis.
http://www.almendron.com/tribuna/22981/nicaragua-de-revolucion-a-farsa/
(EL PAÍS, 26/11/08):
Para defender los fraudulentos resultados de las recientes elecciones municipales del 9 de noviembre en Nicaragua, Daniel Ortega no encontró mejor salida que instaurar la anarquía en varios sitios del país. Para acallar las protestas de la población al conocerse las evidencias del fraude, mandó a sus seguidores para que impidieran con lluvias de piedras y amenazas de palos que ésta se manifestara.
Para quienes siguieron de cerca la Revolución Sandinista en los años 80, resulta difícil entender lo que sucede. Figuras emblemáticas de aquellos años, como Ernesto Cardenal, Dora María Téllez, Sergio Ramírez, han denunciado que en el país se está gestando otra dictadura. A menudo, he comprobado el desconcierto de quienes apoyaron con su solidaridad lo que semejaba entonces una gesta de David contra Goliat. Preguntan sorprendidos: ¿qué le ha pasado a Daniel Ortega? ¿Cómo fue que cambió tanto? Confieso que me da un poco de vergüenza responderles. Para muchos de los que formamos parte de aquella masa intrépida que derrocó a la tiranía somocista el 19 de julio de 1979, los bandazos y arbitrariedades de Ortega eran un secreto a voces que guardábamos en casa. Atribuíamos ese comportamiento a su falta de experiencia, al poco don de gentes de su inescrutable personalidad, al impacto psicológico de los siete años que pasó en la cárcel. Lo aclamábamos en medio del fervor idealista, pero en la intimidad criticábamos su constante necesidad de ser desafiante sin medir las consecuencias. Nuestro consuelo era saber que, aunque el mundo lo considerara el líder de la revolución, en realidad él era solamente uno más.
La dirección del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y del Gobierno revolucionario era colectiva y varios de los nueve hombres que conformaban el directorio eran personas capaces e ilustradas cuya autoridad era un contrapeso a la peculiar manera del presidente de hacer política. Recuerdo incluso una conversación que sostuve, antes del triunfo de la revolución nicaragüense, con Fidel Castro. Cuando le reclamé su aparente preferencia por la facción dirigida por los hermanos Ortega, Humberto y Daniel -el FSLN se encontraba dividido entonces en tres grupos-, Fidel me contestó diciendo que precisamente porque las ideas y la disposición de los Ortega era menos predecible, él consideraba que no podía dejarlos solos. No sé qué pensará Fidel ahora.
La supremacía de Daniel Ortega entre aquel grupo de primus inter pares fue asentándose gracias, en gran medida, al poder indiscutible que la llamada Guerra de la Contra, confirió a su hermano, Humberto, el comandante en jefe del Ejército Popular Sandinista. Más astuto que Daniel, su habilidad para salirse con la suya a cualquier costo le había ganado el sobrenombre de Puñal. Durante los 10 años que duró la Revolución, Humberto Ortega fue inclinando el fiel de la balanza a favor de su hermano hasta asignarle un protagonismo que justificaba con el argumento de que la autoridad de un presidente confería institucionalidad a la revolución. Ni él mismo, creo, imaginó lo aventajado que resultaría su hermano como aprendiz de sus mañas.
Paradójicamente, la hora más alta de Daniel Ortega no sobrevino en ninguno de sus momentos de triunfo, sino ante la inesperada derrota del FSLN en las elecciones de 1990, las más vigiladas en la historia del país. En el discurso en que concedió la victoria a su contrincante, Violeta Chamorro, destacó la trascendencia de aceptar la voluntad popular, aun cuando la guerra financiada por Ronald Reagan, hubiese puesto al pueblo de Nicaragua a votar con una pistola en la sien. No quedó ojo seco entre quienes lo escuchaban, fuera por tristeza o por alivio. Al día siguiente, sin embargo, Ortega cambió su tono conciliador y ante una azorada multitud prometió “gobernar desde abajo”.
El debate sobre lo que esto significaba para un FSLN en la oposición fue el origen de la primera gran fractura interna del sandinismo. Ortega y tras él las disciplinadas estructuras partidarias reclamaban que jamás renunciarían al derecho a ejercer la violencia “revolucionaria”, que hacerlo era traicionar al pueblo. La otra posición planteaba que el partido debía adaptarse a las nuevas condiciones del mundo. La caída del bloque socialista demostraba el fracaso de la “dictadura del proletariado”. El país requería una izquierda moderna que descartara la violencia como método de resolver diferencias y se apuntara con brío a radicalizar la democracia y abogar por los intereses populares respetando la diversidad y las leyes.
Las acusaciones de los sectores más dogmáticos contra quienes sosteníamos estas ideas no se hicieron esperar. A los disidentes se nos endilgaron adjetivos que iban desde cobardes hasta traidores. Daniel Ortega dirigió la embestida y se erigió como el único capaz de preservar la amenazada unidad. Renovó así el discurso de confrontación de los años 80, esta vez contra los miembros de su propio partido. Mientras tanto, en la práctica, él y otros dirigentes como Bayardo Arce y Tomás Borge, se encargaban de asegurar la supervivencia económica del FSLN y de ellos mismos, distribuyendo propiedades del Estado y otros recursos y acumulando fortunas personales.
La llamada piñata sandinista fue vergonzosa. Si bien la propiedad de la tierra fue legalizada a las cooperativas, en un acto de democratización del área propiedad del pueblo compuesta por los bienes confiscados a Somoza y la dictadura, cuadros sandinistas alertados sobre el valor de estas tierras, las compraron a los cooperados y pasaron a ser dueños, entre otras cosas, de las anchas costas del Pacífico nicaragüense que hoy son vendidas a inversores europeos y norteamericanos por millones de dólares. La piñata causó nuevas deserciones en el interior del FSLN por desacuerdos éticos, pero generó, al mismo tiempo, complicidades estrechas ya no basadas en ideales y sueños, sino en negocios o en el mutuo encubrimiento. El FSLN se apropió de emisoras de radio y equipos de televisión. Fundó un banco y formó empresas usando los nombres de cuadros leales que también se enriquecieron.
Esta incursión en el mundo de los negocios no impidió, sin embargo, que continuara el discurso populista. Y fue este divorcio entre el discurso y la práctica lo que, en 1999, le permitió pactar la división del país con el entonces presidente y jefe máximo del Partido Liberal Constitucionalista, Arnoldo Alemán. Acusado de corrupción, Alemán se encontraba en una posición de debilidad. Para asegurar su supervivencia política aceptó el pacto con Ortega. Se amplió el número de magistrados y miembros de la Corte Suprema, del Consejo Electoral, de la Contraloría, de la Asamblea Nacional para incluir a los sandinistas y se inició un cogobierno. Eventualmente, Ortega le arrancó a Alemán la concesión clave: bajar el porcentaje de votos necesario para ser electo presidente de un 45% a un 35%.
Hecho esto, Ortega escenificó el regreso del hijo pródigo a los brazos de la Iglesia católica, a quien atribuía una influencia decisiva en sus previas derrotas electorales. Empezó a visitar a su antiguo némesis, el cardenal Miguel Obando y Bravo. Poco después, éste ofició la misa en que el líder sandinista se casó por la iglesia con su compañera de vida, Rosario Murillo (cuya hija lo acusó en 2003 de abuso sexual desde los 11 años), y sus discursos se llenaron de frases bíblicas y alabanzas a Dios. Como ofrenda final, Ortega apoyó la revocación de una disposición constitucional del siglo XIX que autorizaba la interrupción del embarazo si hacía peligrar la vida de la madre.
Tras tres intentos fallidos, el tozudo comandante logró coronar su ambición de regresar a la presidencia el 10 de enero de 2006, al alcanzar una votación del 38%. Su actitud desde entonces y en las recientes elecciones municipales parece indicar que esta vez no está dispuesto a jugarse el poder más que en simulacros democráticos cuyos resultados le favorezcan.
Mientras escribo esto, la carretera de acceso a mi casa está cortada por grupos de choque orteguistas. Apostados allí, intentan impedir que medios y diplomáticos lleguen a una iglesia donde Eduardo Montealegre, el candidato a alcalde de Managua por la oposición, mostrará las actas de votación que demuestran el fraude perpetrado en su contra. Aparentemente, para salirse con la suya, Daniel Ortega también está dispuesto a incendiar el país. Lo mismo hizo Somoza en 1979. El revolucionario se ha convertido en su propia antítesis.
http://www.almendron.com/tribuna/22981/nicaragua-de-revolucion-a-farsa/
Villacañas, Apuntaciones sobre Jose Maria Socías
jueves 27 de noviembre de 2008
Apuntaciones sobre José María Socías
Antonio Castro Villacañas
E L pasado lunes día 3 de este mes de noviembre falleció en su natal ciudad de Barcelona, en el Hospital del Valle de Hebrón, José María Socías Humbert, uno de los muchos amigos y camaradas que desde mis años universitarios tuve la suerte de hacer y mantener en Cataluña hasta que las tramontanas borbónicas de los años 1976-78 ensuciaron los cielos y los suelos, las ciudades y los campos de tan entrañable nación, fundamental componente del Reino de Aragón y de la Patria Hispánica. Los vientos del norte democrático y palaciego esparcieron por toda España nuevas semillas de servicio político y dispersaron otras. Consecuencia de esos vientos fue mi apartamiento de la vida política oficial, en la que durante algún tiempo continuó trabajando Socías. Dejamos por tanto de vernos y hablarnos, entre otras cosas porque él tardó poco tiempo en regresar a su Barcelona natal, a la que yo no he vuelto después de mi jubilación forzosa en el servicio público.
José María Socías nació el 24 de octubre de 1937 en Barcelona. No fue, pues, "un niño de la guerra", sino de la postguerra, y se educó políticamente en el espléndido Frente de Juventudes catalán de los años 40-60 del siglo XX. Estudió Derecho y Administración de Empresas, especializándose en materias de Mercado y Cooperación, lo que le permitió prestar eficaces servicios en la Organización Sindical barcelonesa, en la que llegó a ser vicesecretario de ordenación social, secretario general y finalmente delegado provincial y procurador en Cortes, todo ello a lo largo del periodo 1967-1976 y de la mano de Rodolfo Martín Villa, quien como ministro de la Gobernación del Reino lo nombró Alcalde de Barcelona en diciembre del último año citado.
Dos años estuvo Socias al frente del primer ayuntamiento catalán. Sustituyó en la alcaldía a Joaquín Viola con el objetivo de preparar el terreno para la llegada de la "democracia pura o inorgánica" a una ciudad que con la "orgánica" había conseguido un extraordinario crecimiento en todos los órdenes sociales y económicos. Fue una tarea que realizó de modo satisfactorio para sus mandos y para los partidos que se aprestaban a tomar el poder por medio de las oportunas elecciones municipales. En enero de 1979 cedió la alcaldía a Manuel Font, políticamente indefinido, para que a su vez este se la entregara a Narcís Serra, socialista. Como premio a su labor, José María Socías fue designado senador real. En la Alta Cámara se adscribió al grupo mixto y de este se pasó al de Entesa dels Catalans. No quiso ser de la UCD. Se acercó luego al Partido Socialista de Cataluña, pero -según me parece- no llegó a integrarse en él del todo. De hecho, y salvo que alguien mejor informado me diga lo contrario, tengo para mí que se apartó de la política en la medida que su pasión por el servicio social se lo consentía.
Los barceloneses le recuerdan como un alcalde emprendedor y próximo a los ciudadanos. Junto al arquitecto Juan Antonio Solans pretendió ordenar el caótico y axfisiante urbanismo barcelonés. Iniciativa suya fue crear las primeras zonas verdes de las últimas décadas, el edificar los primeros centros cívicos de la municipalidad, el abrir unas cuantas plazas para alegrar la cerrada vida de otros tantos barrios humildes, y el proyecto para remodelar y transformar el viejo Raval, de tanta significación para Barcelona.
Por haber compartido con él sueños e ilusiones, ambiciones y esperanzas, trabajos y desengaños, cuando me llega la noticia de su muerte no puedo por menos de pensar en cuántas cosas buenas hubiera hecho José María Socías en los últimos treinta años si en España en vez de una tra(ns)ición se hubiera llevado a cabo una transición verdadera... Si en vez de una derecha vergonzante y una izquierda rencorosa hubiera regido España una izquierda nacional y sindicalista.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4932
Apuntaciones sobre José María Socías
Antonio Castro Villacañas
E L pasado lunes día 3 de este mes de noviembre falleció en su natal ciudad de Barcelona, en el Hospital del Valle de Hebrón, José María Socías Humbert, uno de los muchos amigos y camaradas que desde mis años universitarios tuve la suerte de hacer y mantener en Cataluña hasta que las tramontanas borbónicas de los años 1976-78 ensuciaron los cielos y los suelos, las ciudades y los campos de tan entrañable nación, fundamental componente del Reino de Aragón y de la Patria Hispánica. Los vientos del norte democrático y palaciego esparcieron por toda España nuevas semillas de servicio político y dispersaron otras. Consecuencia de esos vientos fue mi apartamiento de la vida política oficial, en la que durante algún tiempo continuó trabajando Socías. Dejamos por tanto de vernos y hablarnos, entre otras cosas porque él tardó poco tiempo en regresar a su Barcelona natal, a la que yo no he vuelto después de mi jubilación forzosa en el servicio público.
José María Socías nació el 24 de octubre de 1937 en Barcelona. No fue, pues, "un niño de la guerra", sino de la postguerra, y se educó políticamente en el espléndido Frente de Juventudes catalán de los años 40-60 del siglo XX. Estudió Derecho y Administración de Empresas, especializándose en materias de Mercado y Cooperación, lo que le permitió prestar eficaces servicios en la Organización Sindical barcelonesa, en la que llegó a ser vicesecretario de ordenación social, secretario general y finalmente delegado provincial y procurador en Cortes, todo ello a lo largo del periodo 1967-1976 y de la mano de Rodolfo Martín Villa, quien como ministro de la Gobernación del Reino lo nombró Alcalde de Barcelona en diciembre del último año citado.
Dos años estuvo Socias al frente del primer ayuntamiento catalán. Sustituyó en la alcaldía a Joaquín Viola con el objetivo de preparar el terreno para la llegada de la "democracia pura o inorgánica" a una ciudad que con la "orgánica" había conseguido un extraordinario crecimiento en todos los órdenes sociales y económicos. Fue una tarea que realizó de modo satisfactorio para sus mandos y para los partidos que se aprestaban a tomar el poder por medio de las oportunas elecciones municipales. En enero de 1979 cedió la alcaldía a Manuel Font, políticamente indefinido, para que a su vez este se la entregara a Narcís Serra, socialista. Como premio a su labor, José María Socías fue designado senador real. En la Alta Cámara se adscribió al grupo mixto y de este se pasó al de Entesa dels Catalans. No quiso ser de la UCD. Se acercó luego al Partido Socialista de Cataluña, pero -según me parece- no llegó a integrarse en él del todo. De hecho, y salvo que alguien mejor informado me diga lo contrario, tengo para mí que se apartó de la política en la medida que su pasión por el servicio social se lo consentía.
Los barceloneses le recuerdan como un alcalde emprendedor y próximo a los ciudadanos. Junto al arquitecto Juan Antonio Solans pretendió ordenar el caótico y axfisiante urbanismo barcelonés. Iniciativa suya fue crear las primeras zonas verdes de las últimas décadas, el edificar los primeros centros cívicos de la municipalidad, el abrir unas cuantas plazas para alegrar la cerrada vida de otros tantos barrios humildes, y el proyecto para remodelar y transformar el viejo Raval, de tanta significación para Barcelona.
Por haber compartido con él sueños e ilusiones, ambiciones y esperanzas, trabajos y desengaños, cuando me llega la noticia de su muerte no puedo por menos de pensar en cuántas cosas buenas hubiera hecho José María Socías en los últimos treinta años si en España en vez de una tra(ns)ición se hubiera llevado a cabo una transición verdadera... Si en vez de una derecha vergonzante y una izquierda rencorosa hubiera regido España una izquierda nacional y sindicalista.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4932
Cristina Losada, La canonizacion de ZP
jueves 27 de noviembre de 2008
Memoria histórica
La canonización de ZP
Al situar unos actos religiosos de los católicos en el mismo plano que un asunto civil y político, Zapatero ha revelado sin querer el trasfondo de la operación que desarrolla bajo la consigna de la memoria histórica: un proceso de "canonización".
Cristina Losada
El socialismo gobernante milita con visible ferocidad en la causa de la separación de la Iglesia católica de la esfera pública y política. Pero, al mismo tiempo, no pierde ocasión de inmiscuirla en ella. Acaba de hacerlo el propio Zapatero al equiparar las beatificaciones de religiosos asesinados durante la Guerra Civil con las exhumaciones de las víctimas de uno de los bandos de la contienda. Unos desentierros selectivos, toda vez que la doctrina en boga prescribe que las víctimas del otro lado ya recibieron su reparación. Lo cual nos sirve la paradoja de una curiosa legitimación de la dictadura franquista: se dan por buenos los honores que concedió aquel régimen.
Al situar unos actos religiosos de los católicos en el mismo plano que un asunto civil y político, Zapatero ha revelado sin querer el trasfondo de la operación que desarrolla bajo la consigna de la memoria histórica. Se trata de un proceso de "canonización". De santificar, que beatificar se queda corto, al bando con el que el zapaterismo quiere que lo identifiquen y de demonizar a la derecha identificándola con el otro bando en liza. Es muy sencilla la cosa: canonizar a la marca Izquierda y demonizar a la marca Derecha. Aún más: se aspira a elevar a ZP a los altares, erigido en representante de la marca aquella y en vengador (a destiempo) de los agravios que se le infligieron.
Pero hay otro elemento inquietante en las palabras del presidente del Gobierno. Cuando pide a la Iglesia el mismo respeto por las exhumaciones de fosas que el que "ciudadanos de todos los colores" mostraron hacia las beatificaciones, está incluyendo a las últimas en el haber –y el debe– de un bando. Aflora ahí la posición que aún mantienen sectores de la izquierda hacia la persecución religiosa que tuvo lugar durante la Guerra: que fue merecida; o sea, que estaban justificados los crímenes de los que fueron víctimas los curas y las monjas. Y no puede decirse que permanezca escondida y subterránea esa corriente. Recién ha aparecido, en forma de apología de la violación de las monjas, en un artículo publicado por un periódico que se adorna con los galones de la seriedad y el prestigio.
En fin, la obsesión del zapaterismo y sus adláteres con la Iglesia católica tiene, sin duda, objetivos políticos, pero aún así es digna de consultarse con el doctor Freud de Viena. Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
http://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/la-canonizacion-de-zp-46560/
Memoria histórica
La canonización de ZP
Al situar unos actos religiosos de los católicos en el mismo plano que un asunto civil y político, Zapatero ha revelado sin querer el trasfondo de la operación que desarrolla bajo la consigna de la memoria histórica: un proceso de "canonización".
Cristina Losada
El socialismo gobernante milita con visible ferocidad en la causa de la separación de la Iglesia católica de la esfera pública y política. Pero, al mismo tiempo, no pierde ocasión de inmiscuirla en ella. Acaba de hacerlo el propio Zapatero al equiparar las beatificaciones de religiosos asesinados durante la Guerra Civil con las exhumaciones de las víctimas de uno de los bandos de la contienda. Unos desentierros selectivos, toda vez que la doctrina en boga prescribe que las víctimas del otro lado ya recibieron su reparación. Lo cual nos sirve la paradoja de una curiosa legitimación de la dictadura franquista: se dan por buenos los honores que concedió aquel régimen.
Al situar unos actos religiosos de los católicos en el mismo plano que un asunto civil y político, Zapatero ha revelado sin querer el trasfondo de la operación que desarrolla bajo la consigna de la memoria histórica. Se trata de un proceso de "canonización". De santificar, que beatificar se queda corto, al bando con el que el zapaterismo quiere que lo identifiquen y de demonizar a la derecha identificándola con el otro bando en liza. Es muy sencilla la cosa: canonizar a la marca Izquierda y demonizar a la marca Derecha. Aún más: se aspira a elevar a ZP a los altares, erigido en representante de la marca aquella y en vengador (a destiempo) de los agravios que se le infligieron.
Pero hay otro elemento inquietante en las palabras del presidente del Gobierno. Cuando pide a la Iglesia el mismo respeto por las exhumaciones de fosas que el que "ciudadanos de todos los colores" mostraron hacia las beatificaciones, está incluyendo a las últimas en el haber –y el debe– de un bando. Aflora ahí la posición que aún mantienen sectores de la izquierda hacia la persecución religiosa que tuvo lugar durante la Guerra: que fue merecida; o sea, que estaban justificados los crímenes de los que fueron víctimas los curas y las monjas. Y no puede decirse que permanezca escondida y subterránea esa corriente. Recién ha aparecido, en forma de apología de la violación de las monjas, en un artículo publicado por un periódico que se adorna con los galones de la seriedad y el prestigio.
En fin, la obsesión del zapaterismo y sus adláteres con la Iglesia católica tiene, sin duda, objetivos políticos, pero aún así es digna de consultarse con el doctor Freud de Viena. Cristina Losada es uno de los autores del blog Heterodoxias.net.
http://www.libertaddigital.com/opinion/cristina-losada/la-canonizacion-de-zp-46560/
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