jueves, abril 26, 2007

Juan Urrutia, Guerragilipollismo

viernes 27 de abril de 20007
Guerragilipollismo
Juan Urrutia
E STABA yo leyendo placidamente la edición del martes de esta publicación cuando algo me sobresaltó. Miren Azkárate, portavoz del Gobierno Vasco, pidió en nombre de éste frente al Consejo de Gobierno... que España pida perdón por el bombardeo de Guernica. Y se queda tan ancha, oiga. Por mucho que se empeñen los nacionalistas en decir lo contrario, Franco... ha muerto. Los gobiernos varios que hemos sufrido pasada la transición no han tenido nada que ver con el señor Bahamonde y el mayoritario rechazo de la ciudadanía, independientemente de su filiación política, a la antes mencionada dictadura es un hecho claro. Teniendo en cuenta todo esto, sólo puedo pensar dos cosas, ustedes seguramente muchas más, pero un servidor tiene sus limitaciones: o bien el Gobierno Vasco cree realmente en la legitimidad de sus impropias palabras o bien pretenden, como de costumbre, hacerse las víctimas y relacionar de paso a España con el fascismo de cara a sus seguidores procediendo con ello a dar un paso más en el adoctrinamiento de la población, inculcando los valores xenófobos, racistas y totalitarios que son parte de su ideario desde que Sabino Arana Goiri fundó el PNV. Personalmente me inclino por lo segundo. Es curioso que una formación política que aboga por la esterilización del disidente por medio de la patada en sus partes, el ostracismo del opositor y el apareamiento sólo entre vascos, —lean a don Sabino y se quedarán de piedra— se atreva, siendo tan análogo al partido nazi, a acusar de sus propios pecados a los demás. Siguiendo, por otra parte, la lógica nacionalista —la Real Academia me perdone por denominar así tales ideas— Italia estaría obligada a pedir perdón a los franceses por la guerra de las Galias, Persia a Grecia por la de las Termópilas y Noruega a Inglaterra por los saqueos vikingos. Es posible que parezca caótico pero, ya ven, así de rencorosillos somos los vascos. Cierto es que el bombardeo de Guernica fue cruento y espantoso pero también es cierto que quienes debieron pagar por él ya no se encuentran entre nosotros. Quien sea creyente puede consolarse pensando que Franco, Hitler y Mussolini pasan las tardes jugando al mus mientras arden en los sulfurosos infiernos y quien no lo sea puede seguir viviendo sin hacerse mala sangre por algo que ocurrió hace demasiados años como para seguir sufriendo por ello.

Julen Urrutia, ¡Cuidado con el perro!


jueves 26 de abril de 2007
Julen Urrutia
¡Cuidado con el perro!

Alvaro Peña, Ideas claras


jueves 26 de abril de 2007
Alvaro Peña
Ideas claras

Wencelao Perez Gomezn ¿Va en serio o es broma?

jueves 26 de abril de 2007
¿Va en serio o es broma?
Wenceslao Pérez Gómez
U NA vez más, el Director General de Tráfico ha vuelto a “hacer de las suyas” recientemente. Todavía está en el recuerdo de muchos, aquella frase que pronunció durante la presentación a la prensa hace mas de dos años, de los nuevos coches para controlar las infracciones de los conductores en carretera donde, cuando alguno de ellos viera uno de estos coches detrás, con los luminosos encendidos, pensaría, “la he cagado”. Pues, nuevamente este buen hombre, continúa siendo noticia por sus declaraciones. En este caso, ha sido en una reciente entrevista publicada en un diario de tirada nacional, donde ha reconocido que los radares situados en nuestras autopistas, autovías y carreteras, no siempre se activan cuando se circula por encima de los 132 kms/h. Parece ser, que todo depende de la capacidad de la cada Jefatura Provincial de Tráfico para tramitar las sanciones, lo que quiere decir que, según se circule por una u otra provincia, se puede o no ser sancionado, lo que genera un agravio comparativo. Sinceramente, esto no es serio y la política que se sigue desde la DGT en este sentido, es comparable a la de una república bananera, cuando en la UE se está tratando de armonizar los límites de velocidad, de alcoholemia y de la configuración de las señales. Como Mario Arnaldo, director general de Automovilistas Europeos Asociados ha afirmado, “esta situación evidencia la quiebra en España del principio constitucional de igualdad ante la ley. El sistema sancionador de la DGT se ha convertido en un puro azar”. Y es cierto. Por este motivo, los conductores que a causa de una sanción de este tipo se sientan discriminados, deberían acudir a los tribunales a denunciar la arbitrariedad de la mencionada sanción, por su inconstitucionalidad. Si la DGT no tiene capacidad para tramitar las sanciones que, por el sistema de los radares se impongan, hay que exigirle que aumente sus medios humanos y materiales, pues bastante dinero se recauda con las multas, para que ahora venga Pere Navarro diciendo, lo de “la falta de capacidad” de algunas de sus oficinas provinciales. Como ha declarado al respecto el portavoz del PP en la Comisión de Seguridad Vial del Congreso, Federico Souvirón, “esto es un escándalo que va contra el principio de igualdad y es, de juzgado de guardia”.

Felix Arbolí, Monumentos y homenajes

jueves 26 de abril de 2007
Monumentos y homenajes
Félix Arbolí
I ZQUIERDA UNIDA, con ese extraño y polémico personaje Llamazares a la cabeza, (que aunque su nombre pueda engañarnos no llama a “zares” y reyes, sino todo lo contrario, desearía borrarlos para siempre del “santoral” comunista), “chiquito pero matón” y cuestionado por algunos de sus colegas, está erre que erre, sacando del baúl de los recuerdos los trapos viejos de la abuelita. No debe tener mucho trabajo en el quirófano, dicen que es cirujano, y “cuando el demonio no tiene nada que hacer con el rabo mata moscas”, aunque él en lugar de matar moscas, reaviva y lanza pulgones que son más molestos y mortificantes. No contento con sus extrañas alianzas para subirse al carro de los atizadores de la discordia, se ha empeñado ahora en remover viejas heridas para que los actos del franquismo se consideren episodios dantescos y tenebrosos propios de Drácula (diablo), el famoso vampiro de Bram Stoker, que se inspiró en la vida del príncipe de Valaquia, llamado el “empalador”, aunque a su odiado personaje le llamaban el “Caudillo”. A su vez, pretende que los horrores frentepopulistas puedan parecer el cuento de “Blanca Nieves y los 7 enanitos”, (sin alusiones personales), donde todos fueron unos idealistas y filántropos que se movían y asesinaban, -homicidios involuntarios, por supuesto, con todos los requisitos legales y judiciales garantizados-, en fervorosa comunión con una noble causa. Que me perdone las alusiones a “comunión” y “noble” que, a lo peor, pueden ofenderle. Este es el propósito de nuestro gran político y a él se ha dedicado con el mismo tesón que si en ello le fuera la vida, espoleado por el odio que le consume hacia todo lo que no esté orlado con la “hoz y el martillo”, un símbolo que ha colmado tantas fosas y ha teñido de sangre tantos países, aunque no opinen igual sus miembros y simpatizantes. Comunismo, no lo olviden, es el paradigma de toda formación o idea política que debemos arraigar en nuestras mentes y sentir en nuestros corazones, para tener contento y feliz al camarada Llamazares y los acólitos que le acompañan pertenecientes a la farándula, el arte y las letras. No hay que olvidar que a lo largo y ancho de este mundo, tenemos ejemplos de grandes hombres que han beneficiado a la Humanidad con sus mensajes de amor y sus actitudes generosas, entre los que no debemos olvidar a los ilustres camaradas Lenin, Trosky, Stalin, Pol Pot con sus tristemente célebres “jemeres” rojos, y tantos otros que están en la memoria de todos, a los que la Historia considera criminales y genocidas, aunque para nuestros hermanos comunistas merezcan estar en los altares de sus laicas devociones. Pero debemos arrasar estatuas, obras, nombres de calles y todo lo que pueda recordarles al que les quitó el poder cuando ellos se desmandaron. No, no me siento deudor del franquismo, aunque reconozco donde está la razón y donde anida el rencor. Tampoco soy “anti”, ya que nada tengo contra esa etapa. Aclaro, asimismo, que no soy monárquico, pero me siento más cercano a la Corona de Juan Carlos, que a la República bananera y revanchista que desean imponernos. Estimo que son las circunstancias las que nos hacen tomar decisiones y cambiar de colores, cuando no se tienen las ideas muy fijas. La mente debe ser un órgano pensante y variable de acuerdo con lo realidad que se está viviendo y no un robot incrustado en una cabeza cuadriculada. Todo lo relativo a la época franquista merece por lo visto el desprecio general, a juzgar por ese afán incontenible en borrarla de nuestra Historia, como si ello fuera posible. El odio revisionista tiene como uno de sus prioridades al Valle de los Caídos, donde yacen enterradas víctimas de ambos bandos, como símbolo de la paz y la concordia que debe reinar entre todos los españoles, aunque también se hallen los restos de su aborrecido “dictador”, que ya es un indefenso cadáver al que no deben temer porque solo el “Cid” ganaba batallas después de muerto. Pretenden que deje de ser Basílica y centro religioso, obedeciendo ese odio a todo lo sagrado tan de actualidad, y convertirla en sede de una de esas organizaciones que sólo pretenden hacernos la puñeta. Todos los partidos, excepto el PP, (mi voto ha sido en blanco, lo digo para evitar posibles suspicacias), apoyan al unísono esas absurdas y enconadas decisiones, unos por revancha y rencor, otros persiguiendo más altas cuotas de poder en sus comunidades y algunos más que pretenden posibles ventajas del partido gobernante y su inseparable IU, votando favorablemente sus propuestas, aunque no las sientan internamente. El egoísmo y la cobardía suelen ir juntos muy a menudo. . Por lo visto era una época nefasta y ruinosa para España, donde se quemaron iglesias y conventos y las que se libraron de las llamas, se convirtieron en cuarteles, polvorines y lo que aún es peor, en las tristemente famosas checas; se fusilaron a inocentes contra tapias, bajo árboles y en cementerios, sin más juicio y legalidad que el morboso capricho de esos milicianos que con sus mosquetones al hombro se creían los reyes de la creación y los dueños de vidas y haciendas. ¿No se piden revisiones para estos crímenes “judiciales”?. Una dura etapa donde España perdió su dignidad y el español se sentía acosado desde todos los ángulos por complejas divisiones políticas, sindicalistas y sociales, sin saber en ningún momento con quién se jugaba los cuartos y qué palabras decir para librarse del paredón. Pero, ¿qué estoy escribiendo? !Me refiero al franquismo y hablo de la España de principios de los años treinta!. Perdón. ¡Qué despiste el mío!. Claro, como oigo tantas voces y ditirambos sobre esa época dorada, de plena democracia y libertad, me había contagiado. ¿Serían entonces ellos los que implantaron la Seguridad Social, construyeron los “ridículos é inútiles” pantanos, dilapidaron el presupuesto edificando grandes hospitales- residencias con todo tipo de modernas técnicas, estimularon la fecundidad matrimonial con premios, descuentos y los famosos puntos o cargas familiares, liberándonos de una masiva e inoportuna inmigración, reglamentaron los planes de enseñanzas para que la juventud estuviera conveniente preparada en el futuro, fomentaron la unidad de la Patria y el respeto a su Bandera, la PAZ entre todos los españoles y tantas “calamidades” más?. ¡Resulta que estas disparatadas mejoras tuvieron lugar durante el gobierno republicano del Frente Popular y yo sin enterarme, totalmente en Babia! ¡Qué desvergüenza la de Franco haciéndonos creer que era el autor de esas enormes ventajas económicas y sociales!. ¡Qué ruina su gobierno!. Claro que tales “barbaridades” pudieron realizarse porque no teníamos políticos tan finos y eficaces como nuestro experto cirujano, el leonés nacido en Valladolid que tanto está sufriendo por ese abuelo fusilado al que no conoció o el hijo del guardia civil nacido en una casa cuartel de la provincia turolense, dentro de los límites de esa España a la que tanto odia. ¡Todos a callar y obedecer!. No se alarmen, no se trata de un nuevo Tejero, o intento de golpe de Estado, sino de la realidad que estamos viviendo y soportando, que dicen que no es una dictadura, pero guarda con ella amplias semejanzas. Esta es la del proletariado encorbatado y acomodado, del “Rollex” y el “Armani”. Los monos y el pañuelo rojo del cuello, han quedado en el baúl. ¡Ay pillines, pillines…!. La “memoria histórica” ese nefasto e improcedente invento del señor Zapatero y sus incondicionales acólitos, con toda su carga de rencores, revanchas, venganzas y divisiones entre españoles que arrastra, cuando habíamos superado los peligros que se pronosticaban ante el cambio de un régimen personalista, por uno de plena democracia, está haciéndonos regresar a las barricadas del enfrentamiento entre las dos Españas, que creíamos ya superado y a la pugna y rencor entre compañeros de trabajo, amigos, familiares e incluso padres e hijos. A nuestro singular y patético personaje del inicio, cuya misión era y es salvar vidas y curar los males, no le parecen suficientes las locas, absurdas y peligrosas propuestas y aventuras que conllevan esa apertura de archivos y recuerdos por parte de un solo bando, sino que quiere borrar de un plumazo, como si fuera Cronos, el mítico dios del tiempo, toda una etapa de nuestra Historia porque no se ajusta a sus ideas y sentimientos. ¿Cuántos querrían hacer lo mismo con esa dura odisea de los años anteriores a la guerra en los que había que mirar, toser y hasta respirar con el rostro vuelto a la izquierda, porque lo contrario suponía la muerte ante el paredón o bajo el árbol de cualquier camino?. ¡Ya me gustaría retroceder a mis felices y enamoradizos veinte años!. ¿De verdad creen que este empeño es propio del gobierno de un país en el que un cincuenta por ciento mínimo de ciudadanos pertenecen a la otra orilla del río donde navegamos todos?. Ninguna nación civilizada, perteneciente a la antigua Europa intenta regresar “oficialmente”, auspiciado por el propio gobierno, a sus épocas más difíciles y conflictivas sobre las que se debería correr un tupido velo. Se han excavado tumbas, interrumpiendo el descanso eterno de los que en ellas se encontraban, se han desempolvado legajos y archivos que estaban ya en el baúl de los recuerdos propicios al olvido y se han contado y tergiversado historias en la prensa, la literatura, el cine y la televisión que quieren hacernos creer que los años que antecedieron a la contienda fratricida, cuando dominaban los del puño cerrado más que por saludo por rabia contenida, España era un espejo donde podían mirarse los pueblos amantes de la paz, de la libertad y la dignidad, pero que no se reflejaran en él los abusos, asesinatos y profanaciones de todas clases. Ni se vieran campos de fútbol y plazas de toros convertidos en hacinadas prisiones de donde salían los infelices para enfrentarse a una muerte alevosa en cualquier muro, pared, cementerio o campo donde la noche y su oscuridad fueran aliadas de su felonía. ¿Esa memoria no se aviva mis dignísimas autoridades?. Su culpa confesarse creyente y a veces simplemente llevar traje y corbata o no saludar cerrando el puño cuando pasaba algún coche o camión cargado de “celosos y ejemplares patriotas”. También los hubo por chivateos de porteros, compañeros y deudores, con el único objetivo de librarse de una persona molesta, antipática o con el afán de tener que pagar su deuda. Al abuelo de mi mujer y al hermano mayor de su madre residentes en el “glorioso Madrid republicano” por el simple detalle de ir a dar el pésame por la muerte de Calvo Sotelo y dejar la tarjeta de visita en la bandeja de entrada a la casa del político asesinado. Un motivo suficiente para que lo detuvieran en su casa esa misma noche y se los llevaran a una “confortable” checa, creo que se llamaba de San Antón, por estar en un convento o iglesia del mismo nombre (lo más adecuado) y ya no volvieron a tener noticias de ellos hasta que pudieron averiguar, sin muchos detalles, que habían sido fusilados y enterrados, Dios sabe donde. Esa tumba, donde no sólo estarán ellos, no merece la pena ser buscada. Conste que tampoco lo pretendemos sus familiares, es mejor dejarlos descansar en paz. Aún no estábamos en guerra para poder justificar estas atrocidades de un gobierno “democrático”. ¿Esto no debe figurar en la “memoria histórica” del señor Presidente del gobierno de todos los españoles?. ¿Para estos fusilados no hay un breve recuadro en esa obra de retroceso a pretéritos tiempos?. Dirán que a mi suegra le ayudó el Régimen que salió victorioso y sacudió el yugo de los resentidos, pero no fue así. Nadie se preocupó por las necesidades de esa familia tan dura e indebidamente castigada y tuvieron que hacer auténticos malabarismos para solucionar el día a día, tras las ausencias de los que llevaban el peso de la economía familiar. No me extraña que la pobre, recientemente fallecida, cuando veía a socialistas y comunistas y oía sus himnos, se pusiera nerviosa y enfurecida al no poder perdonarles el daño tan tremendo que causaron a toda su familia. Ella sí que tuvo memoria histórica hasta el final de sus días a los 89 años. De nada me valían mis intentos por hacerle comprender que éstos no tenían nada que ver con aquellos, que los de ahora buscaban la paz, la concordia y el olvido a los desmanes del pasado. Ella decía que después de haberlos soportado esos años y sufrir sus improperios y abusos, (su domicilio estaba justo enfrente del convento de los salesianos de Atocha donde tenía su sede y cuartel general La Pasionaria), no podía creer que los actuales fueran diferentes. “Así empezaron los de antes y ya veremos como terminan los de ahora”, me decía con esa sabiduría y perspicacia de la edad y la experiencia y hoy, desgraciadamente, veo que tenía toda la razón. A Franco no le debía nada, pero no había quien le quitara de la cabeza que con su entrada en el Madrid del “no pasarán” y ya lo creo que pasaron, se abrieron checas e iglesias y se pudo pasear por las calles y plazas sin la amenaza continua de pistoleros motorizados y las “recatadas” mujeres que los acompañaban, ellos empezaron a vivir con dignidad y libertad. Cada vez que lo veía en televisión los ojos le hacían chiribitas y evidenciaba su admiración hacia ese ser que para ella era como un moderno Moisés, ya que los liberó de las faraónicas calamidades y peligrosos abusos de unos desalmados y les salvó de las turbulentas aguas del crimen desorganizado. ¿Qué dicen Llamazares, Zapatero y sus acólitos del mundo de la farándula y las letras, (no todos los de estos gremios, por supuesto), sobre esos retazos tan extensos e importantes de la verdadera “memoria histórica”?. ¿ Estos muertos no tiene ningún derecho, ni merecen una pizca de consideración y respeto?. Hablan de anular los juicios del franquismo y rehabilitar a los condenados en los mismos. ¿A todos?. No digo que haya casos y abusos que así lo requieran y merezcan. Bárbaros hubo en ambas partes y nadie de los que intervinieron en esa absurda y cruenta guerra puede considerarse libre de pecados, pero pregunto:¿Es que acaso esos asesinos que fueron por el abuelo y tío de mi mujer, al igual que por otros muchos en idénticas condiciones y similares motivos, tienen derecho a que se les anule el juicio por su asesinato con premeditación y alevosía y encima se les rehabilite?. ¿Qué quieren ponerlos en un altar y rotular las calles con sus nombres para escarnio de muchos y sonrojos de otros, como piden algunos desmemoriados que presumen de memoria?. ¡Ya está bien de recalentar los motores del odio y acelerar los impulsos de la venganza ruin y torcitera!. ¿Hasta dónde quieren llegar con esta atropellada manera de desmembrar un país en ridículos Taifas, enfrentar a los españoles que habían dado un formidable ejemplo de tolerancia, respeto y olvido de pasadas ofensas y encrespar y envenenar a una maravillosa e incauta juventud que, sin haber experimentado los horrores de una guerra y las diferencias de colores políticos, se han visto involucrados obsesivamente en un temario y unas ideas que les deberían ser ajenos y huir de ellos como de la peste. Porque se pueden sentir inclinaciones y hacer apologías de una tendencia determinada, pero con la mesura y el respeto debido a los que no opinen de igual forma, sin teñir de sangre nuestros propósitos y de negro a nuestras conciencias. Muchos de los que ahora protestan y se han cambiado al rojo con la misma facilidad que en el anuncio se cambia de detergente, no han sufrido las mortíferas consecuencias que achacan al régimen que combaten y los hay en cantidad que han chupado de la teta franquista. La televisión nos presenta series, películas y documentales que tienen como fachada y época el antes durante y después de nuestra guerra, pero con la extraña salvedad de que son los del bando de los llamados rojos, los que aparecen como verdaderos mensajeros de la paz y la caridad y con sobrados testimonios de nobleza de sentimientos, pureza de miras y excelente comportamiento. Los auténticos y excelentes protagonistas de la obra en cuestión. El resto, incluidos curas y policías, pura bazofia. Indeseables elementos que gozan con extremar al máximo la crueldad. No hay ninguno que se salve de este pozo oscuro y nauseabundo donde lo tienen encasillado. Hubo muchos en estos colectivos que no hicieron honor a sus hábitos y uniformes, hay que reconocerlo, pero no para generalizarlo tan radicalmente. Y un día tras otro el escorpión de la maledicencia y la calumnia, va inoculando su veneno y socavando el ánimo del televidente haciéndole captar una idea totalmente errónea a lo que fue la realidad. Los que no sienten emoción ante la hoz y el martillo, ni tienen a Engels o a Marx como inspiradores de sus ideales, deben sentirse como innombrables y apestados, porque no se vendieron a Rusia, ni se echaron al monte para descargar su ira y su impotencia en el frente contra todos los que no comulgaran con sus ideas. Hablan actualmente de los “maquis” y los alaban en libros, películas y documentales como si fueran auténticos héroes y redentores de la Patria. No quiero decir, que no existieran los que se enrolaron en esa arriesgada y dura aventura por defender un ideal y concepto de patria en los que creían sinceramente, entregándose a esa misión dispuestos a sacrificar vida, familia y comodidades en el empeño. Que no sea proclive a sus ideales, no quiere decir que no sepa reconocer su generosidad y abnegación. Lo cortés no quita lo valiente. Pero no todos fueron motivados por esas conmovedoras consignas. Muchos se lanzaron a esa vida a la intemperie, con la metralleta a punto y el equipo dispuesto para la huida, por ser individuos marginados socialmente, con el rencor enquistado en sus sentimientos y la ebriedad de sangre dominando sus impulsos. Eran los que asaltaban cortijos y ametrallaban a sus moradores, los que bajaban a los pueblos y robaban y maltrataban a los vecinos por no ser afines a su política o no brindarles todo cuanto les pedían y a lo mejor no podían o aquellos que les motivaba esa venganza personal pendiente que no pudieron dirimir en las trincheras. A éstos no se les pueden considerar héroes, ni idealistas, ni merecen llamarse, como quieren hacernos creer, “luchadores por la libertad”. Eran vulgares asesinos que saciaban su sed de cadáveres bajo el pretexto de servir a una causa a todas luces perdida. ¡Ya estamos hartos de que nos consideren enanos mentales!.

Antonio Parra, Adios a un "santo bebedor". Boris Jeltsin

jueves 26 de abril de 2007
Adiós a un ‘santo bebedor’: Boris Nikolayevich Jeltsin
Antonio Parra
U N funeral ruso de rito solemne (pojorovñi) es como una viaje en autopista hacia el cielo. Los popes no se visten de negro sino de blanco y el coro entona, en lugar del Dies Irae o la tremenda como la llamábamos los latinos desde el medievo, cánticos de resurrección. Boris Nicolaevich Jeltsin fue despedido con los honores de un zar. Vi la impresionante ceremonia por una cadena alemana. Un diácono barbitaheño atacaba las estrofas del “dios dé paz a su alma” mientras el subdiácono lampiño pero con bigote y una poderosa voz de barítono iniciaba el responso de las letanías. Las capas pluviales y tiaras recamadas de oro se confundían en abigarrado colorido con las barbas blancas y negras o rojizas de los popes y el humo del incienso se alzaba hasta las cúpulas entre el fervor de los cánticos del rito solemne y el luto riguroso de la viuda y los deudos. Oficiaba el archimandrita Cirilo pues el patriarca Alexis II primado de la Iglesia ortodoxa no pudo presidir la concelebración por enfermedad. El obispo Cirilo colocó a manera de salvoconducto sobre las manos exangües del difunto un icono de la Virgen María y le dio la absolución valedictoria según un culto ancestral que tiene un origen griego, donde el icono marial sustituía a la moneda que introducían los helenos entre los dientes del cadáver para pagar la moneda al Barquero. Era el portazgo y el salvoconducto a la eternidad. A todos nos llega la hora. Todos hemos de subir a la barca de Queronte. Allí presentes, los viejos “enemigos” (Bush padre, John Mayor, Clinton, Gorbachov) con una vela en la mano como novicias en un entierro siendo los hombres más poderosos del mundo. A Clinton se le vio llorar con el mismo denuedo con que en una ocasión lo vimos reír junto a Boris soltando amarras tras una tensa entrevista en la cumbre en la que se anunciaban grandes nuevas para el mundo: el final de la guerra fría y las superpotencias firmaban el armisticio de la paz. Fue al cabo de unos días tensos a raíz de la guerra en Yugoslavia cuando este planeta estuvo a punto de saltar por los aires. La capitulación rusa hizo posible la globalización, la supresión de barreras y la llegada de una era de comunicaciones interactivas de la cual no cabe seguramente marcha atrás. Paradojas y contrasentidos de la Rusia misteriosa y mesiánica. Que un campesino y un oscuro jefe de distrito de los Urales llegase a jefe del Politburó y liquidase a la Urss y que haya sido sepultado con los honores de un zar. Que los viejos contrarios, reconciliados dentro de lo que cabe, se encuentren presentes en el funeral del padrecito al cual tanto le gustaba el agüita de vida esto es la vodka no es para echarlo en saco roto. Soplen y marchen. Prodaljaet. (marchemos) Gorby, su rival incandescente, al que derribó en un golpe de estado estaba en el banco de respeto pero sin vela en la mano. Putin su sucesor hacía santiguadas cada vez los oficiantes invocaban a la Trinidad (vo imia Otsá i Sina i Siatovo Duja) En el nombre del Padre y del Hijo.... A mi me pareció escuchar el rumor de las alas de un serafín, el ángel de la paz, un mensajero del Espíritu Santo que se columpiaba sobre el sabbaoth del iconostasio y cuando el diacono cantaba la epístola de san Pablo en la cual se afirma “la vida humana no se arrebata sino que se transforma en la resurrección” se escucharon armonías maravillosas. Paradojazas de una nación escarnecida, vilipendiada, la llamada cárcel de los pueblos (tiorma ludei) que padeció la tortura del gulags y de las hambres más atroces en la era de postguerra pero donde las profecías de Dostoyevsky parece que se están consumando. Que ha expiado su dolor y que sale adelante con sus dificultades cierto pero Europa necesita una Rusia estable y segura. ¿Dónde está muerte tu victoria? ¿Dónde está muerte tu aguijón? Nos preguntamos alborozados con san Pablo los que de verdad amamos el bien y la belleza y odiamos la iniquidad y la mentira y tenemos fe en la capacidad del ser humano para el amor y para el progreso, no para la guerra. El fin de la era Jeltsin marca un hito en la historia universal. No cabe marcha atrás. Imponderables aparte, se aleja de nosotros el fantasma de una conflagración atómica. Nuestra generación no tuvo infancia pero tuvo Vietnam y nos acostumbraron a vivir con el miedo a la Bomba. El líder ex soviético significó un alivio para tal pavor. A lo que se ve, no era un ateo convencido sino un cristianin o creyente, uno de tantos, en el sentido eslavo de la palabra (como en español se llama cristianos a la gente común) y cuando el coro rogaba al Señor dador de vida personase los pecados de palabra obra y omisión de Boris Nicolayevich. Yo me acordaba en esos instantes de una novela de un judío, Philip Roth, que se llamaba algo así como el “Santo Bebedor”. El adalid de la post-perestroika a su modo fue una especie de santo laico. Que le daba un tiento al jarro de vez en cuando pero ¿qué pasa? Son las inveteradas costumbres del país de los brindis; robándole botellas de gasolina a los depósitos de los gigantescos T34 los “ruski soldati” entraron en Berlín a costa de miles y miles de bajas. Una carnicería tan atroz no hubiera sido viable sin saltaparapetos porque, también cabe recordar, que las juventudes hitlerianas vendieron cara su derrota. En Rusia, o Rosía mayá, tienes nombre de rosa, pero eres dura como un leño, al que no bebe lo tienen por marica. Dios escribe al derecho con letras torcidas porque si aquella mañana de abril ahora hará unos años, cuando Jeltsin se levantó con resaca, no vuelve a emborracharse, aturdido por lo que acababa de firmar, y le quitan la llaves de mandos del maletín nuclear todos aquellos que ahora le insultan y le llaman borracho – señor Sánchez Dragó un poco de respeto que la televisión en la que usted actúa con trazas de simio la pagamos todos- todos nos vamos con San Pedro. Por eso es verdad el antiguo aforismo que escuché en una taberna cerca de la Piatniskaya ulitsa moscovita a un “cristiano”: Dios perdonará, perdonará eternamente a los borrachos. Misterios del alma rusa. Un país que perdió cerca de cuarenta millones de seres y más de cuarenta quedaron mutilados en la guerra contra Hitler y que permitió el resurgimiento de Europa haciendo uno de sus clásicos mutis, ensimismándose, por el foro durante la terrible postguerra estaliniana, es un país al que debemos mucho y dejar de reconocerlo sería necedad.. Un país que tiene un sentido mesiánico y redentor de la historia y se sacrifica por todos los pecados de los hombres como un nuevo cordero de Dios. Duro, fuerte, y que sólo puede ser dominado con vara de hierro y que siempre resucita. Toda vez que la creen arrinconada y rendida – fue el error de los generales alemanes- de pronto revive. Rusia llena de contrasentidos y de contraste capaz de la mayor violencia y la más suave ternura plasmada en las famosa taská que brota en canciones tristes al acordeón o la mandolina. Pueblo del sufrimiento redentor. Donde todo es posible: el que el hijo de un campesino y nieto de siervos de la gleba llegue a ser considerado el más alto barín (aristócrata) y que haya tenido en sus manos gafas –le faltaba a Boris el dedo pulgar por un accidente- el destino de la humanidad es un concepto para ser tenido en consideración. Con Jeltsin desaparece una de las figuras más importantes de finales del convulso siglo XX en su década crucial y la más dura de todas. Paz a su alma y paz para todo el género humano. Descanso eterno a todos los muertos. Ojalá que a mí tambien me hagan un funeral como a su persona, y me responsee toda una clerecía de cincuenta popes con sus dalmáticas y sus incensarios. Con unas exequias tales no importaría morirse. Es como tomar un autobús hacia el cielo. ¿Por qué? Porque creemos que después de esta vida haya algo más los que esperamos y aguardamos la resurrección de la carne. Seguro que el “santo bebedor” ya está en el cielo. Niebó que dicen los rusos.

Ignacio San Miguel, La destruccion de las normas

jueves 26 de abril de 2007
La destrucción de las normas
Ignacio San Miguel
E L escándalo de la iglesia de Madrid donde tres sacerdotes han roto las normas eclesiásticas debidas a su condición, ha sido, por los comentarios que ha suscitado, un ejemplo más del odio que la progresía siente hacia toda regla, sobre todo si es religiosa o moral. En seguida han salido defensores de las contravenciones. No fundándose en su valor intrínseco como tales contravenciones, por supuesto; sino haciendo hincapié en que los sacerdotes estaban realizando un acto de caridad importante con drogadictos y otros marginados. A la sombra de esta caridad, las trasgresiones quedaban justificadas y adquirían el halo de romanticismo que siempre se les confiere: Jesús también transgredía las normas de los fariseos, Jesús andaba con prostitutas, Jesús se juntaba con los marginados, etc. ¿Qué los sacerdotes celebraban la misa vistiendo pantalones vaqueros? ¿Qué recitaban trozos del Corán? ¿Qué consagraban rosquillas? ¿Y qué?, argumentan los progres. Estaban practicando el verdadero cristianismo. El cristianismo del amor, de la caridad, de la fraternidad y de las demás zarandajas. O sea, el verdadero. Naturalmente, la iglesia ha sido cerrada por orden de la autoridad eclesiástica. A mí la verdad es que me ha cogido algún tanto de sorpresa la llegada de los progres al Poder. Quiero decir, me ha sorprendido que gente de su edad concreta tuviera tanta furia iconoclasta. Pensaba, después de la gobernación de Felipe González, que a pesar de sus graves defectos tenía los pies en tierra, que el seudoprogresismo, habiendo llegado ya a unas determinadas cotas, iría poco a poco languideciendo. González fue un gobernante bastante realista y con sentido común en general, y no creía yo que una generación de socialistas más jóvenes tuviera que ser muy diferente. Me equivoqué. Pero no sólo en lo que se refiere a políticos, sino a la gente en términos generales. Porque no sólo se han alzado voces de analistas de la generación de Rodríguez, y aún más jóvenes, defendiendo a los curas desastrados como auténticos anunciadores de la Buena Nueva. Antes ocurrió el caso del libro pornográfico y blasfemo, con un Jesucristo masturbándose y demás lindezas de este estilo, y también surgieron quienes defendieron la porquería llamándola arte y como manifestación legítima de la libertad de expresión. Y antes estuvo la obra de teatro de título blasfemo y defecatorio, y de contenido que hacía honor al título. Y la “Guía para chicas”, etc. etc., todo creación de personas jóvenes o de edad mediana. Y no sólo está ocurriendo en España, sino en todo el mundo occidental. Pareciera que el espíritu de los sesenta del siglo pasado volviese con nuevos bríos para barrer lo que había dejado sin arrasar. Hay quienes dicen que los promotores del Nuevo Orden Mundial mueven los hilos de este movimiento. Pero yo carezco de datos al respecto, y lo único que puedo hacer es observar los acontecimientos como todo hijo de vecino. Me da la impresión de que todavía subsiste en muchos progres la idea anticuada de “épater le bourgeois”. En esto están equivocados. Hoy en día es muy difícil epatar a nadie: ni al burgués ni al picapedrero. La sociedad ha asimilado y aplicado (en lo posible, claro está) el discurso de los sesenta, que ya le resulta demasiado conocido. En un posible hastío me basaba yo para pensar en la improbabilidad de un rebrote progresista. Me equivoqué; pero se equivocan también quienes quieren deslumbrar a nadie por lo avanzado de sus ideas. Son habas contadas. Sabemos que la pederastia está a la vuelta de la esquina. En Holanda ya existe un partido que defiende esta práctica, así como las relaciones sexuales con animales, siempre que éstos no sean maltratados. En estas circunstancias ¿se imaginan al lord Wotton de “El retrato de Dorian Gray”, visitándonos? ¿O al mismo Oscar Wilde? Su discurso inmoralista resultaría un llover sobre mojado evidente. Yo creo que Wilde acabaría irritándose, porque no conseguiría epatar a nadie, ni siquiera al charcutero de la esquina, y ya sabemos lo que le gustaba lucirse. Si me apuran, el epatado iba a ser él. Sin embargo, los progres ingenuos, que los hay, piensan, o les gusta imaginarse, que son luchadores por la libertad en un mundo burgués que no les comprende. Increíble. Viven de consignas, clichés y estereotipos que eran de uso común hace muchos años; es decir, lo más adocenado y anticuado que existe, y, sin embargo, siguen pensando que son grandes rebeldes. Y te vienen hablando de matrimonio entre hermanos, o de que los americanos oprimen el mundo con su imperialismo diabólico, o que el terrorismo islámico hay que entenderlo, porque lo cierto es que nos hemos portado muy mal con ellos desde las Cruzadas. Es para desternillarse ante su petulancia manejando temas tan trillados y falsos. Y no piensen que estoy mezclando cosas dispares al buen tuntún. Todas forman parte del Gran Paquete Ideológico de la Progresía. No supone ninguna rebeldía seguir con docilidad la corriente ideológica dominante. Cuando se tienen a favor los medios de comunicación, las editoriales, el cine, las Universidades, etc. ¿en qué consiste la rebeldía progre? Sus ataques constantes a las costumbres tradicionales, y a quienes las representan presuntamente, la Iglesia y la gente de derecha, mucho más tiene que ver con una caza de brujas que con una admirable lucha por la libertad. No confundamos los términos ni seamos farsantes, señores progres. No hay más que tratar de imaginarse a un docente o estudiante en una Universidad pública de España manifestando ideas conservadoras, declarándose de derecha, o bien llevando el diario “La Razón” bajo el brazo. La dificultad para concebir tal situación nos expresa la verdadera relación de fuerzas. No pretendan acaparar todos los papeles. El de opresores les va bien porque corresponde a la realidad. En el de víctimas rebeldes resultan muy risibles. Y no nos vengan con que han cerrado una iglesia a los auténticos cristianos. La han cerrado a unos curas gamberros que estaban ahuyentando a la feligresía normal. Todo tiene un límite, y la destrucción de normas, también.

Blanca Sanchez de Haro, Analisis de texto

jueves 26 de abril de 2007
Análisis de texto
Blanca Sánchez de Haro
D ECÍA Antonio Machado que es propio de hombres con cabeza mediana embestir con todo aquello que no les cabe en la cabeza. Buena leyenda para los que embisten siendo ignorantes, en el sentido retórico de la palabra. Según las enseñanzas de Buda, la ignorancia del aferramiento propio es la raíz de todos los engaños y de todos los miedos. Estamos hablando pues del miedo a lo que no somos capaces de comprender, miedo a lo que se escapa de nuestros modos y costumbres, y aferramiento a las condiciones e ideas propias sin ser capaz de salir de esa cerrazón para afrontar el conocimiento de otros modos y costumbres, de otras condiciones e ideas. Vivir engañado en el aferramiento propio. “Intolerancia es la incapacidad de considerar seriamente la alternativa a una proposición” (Chesterton). Pues sí, definitivamente eso es Intolerancia. La intolerancia desde el estudio psicológico, define a un individuo que obvia el hecho de que su realidad objetiva sea la verdad o no, sólo necesita que satisfaga sus necesidades emocionales y espirituales. Y llega un momento que el individuo no es capaz de distinguir la realidad de sus “ruidos mentales”. Según Freud, entre estos individuos es muy común desarrollar respuestas de repetición convulsiva de sus razonamientos. Y desde el estudio filosófico. La intolerancia y el fanatismo en un individuo surgen después de haber encontrado el acomodo de sus propias convicciones en su realidad objetiva, rechazando todo lo que pueda atacar ese acomodo. Fanatismo. Esta distorsión en la mente del individuo intolerante es un catalizador de todo tipo de conductas violentas. Cada vez que capta cualquier información discordante con sus convicciones, se genera en la persona una carga de tensión emocional que acaba ignorando la información recibida, o interpretándola como un ataque personal. Se defiende con actitudes agresivas y respuestas de repetición vacías de concepto o argumento alguno, imponiendo sus convicciones como verdad absoluta que todos los demás deberían conocer. Cuando estas actitudes generan demasiado rechazo de los demás hacia el individuo, éste tiende a esconderse tras actitudes fingidas y sólo reacciona, con más virulencia aún, si está bajo el anonimato. Este escrito es un simple “análisis de texto” sobre varias opiniones anónimas ( por supuesto y afortunadamente, minoritarias) que ”a veces nos hablan sin ton ni son en los foros”, o nos insultan, o no dicen nada supongo porque no tienen argumento pero les gusta ser revientaforos, o utilizan la libertad de expresión para castrar la de los demás, llamándonos incluso ignorantes, cultas criaturas despectivamente, mentes miserables, que damos náuseas, dementes, cuadrúpedos, burros, nos dicen que llegaremos a dar con la cabeza en un pesebre, que no contrastamos fuentes, que nos van a vigilar. Hay un anónimo incluso que aparece en todos los foros no diciendo nada, solo se empecina una y otra vez en que el blanco es negro y el negro blanco y los demás lo aplauden, será que entre ellos se entienden, desde luego yo a este anónimo no le entiendo nada de lo que dice. He de decir que no todo es tolerable, hay que huir del relativismo absoluto. No es tolerable la maldad, la inquina, el daño proferido a otra persona, el abandono, el maltrato, el hambre en el mundo y muchísimas cosas más. Tampoco es tolerable la intolerancia mal entendida. A menos yo, no la tolero, la respeto, pero no la tolero. Un guiño para mi tío, quien me propuso elaborar este simple análisis de texto. No llegué a descubrir con mi análisis quienes son pero si cómo son. Espero haber estado a la altura de tu propuesta

Miguel Martinez, Curas de los mios

jueves 26 de abril de 2007
Curas de los míos
Miguel Martínez
P OR ser quien les escribe algo proclive a contarles a ustedes batallitas de la infancia, ya sabrán aquellos de mis reincidentes con cierta veteranía en estas páginas que un servidor se educó en un colegio de curas. No tanto por las convicciones católicas de la familia de un servidor como por la estupenda fama de la que gozaba aquel colegio, los padres de este columnista llevaron a cabo no pocos sacrificios para que su primogénito, en vez de ir a la “escuela nacional” del barrio como la mayoría de los chavales de su entorno, pudiera asistir a un centro de los entonces llamados “de pago”, en el que a buen seguro dotarían a quien les escribe de una educación en consonancia con la mensualidad abonada. Y por mucho que un servidor, de talante cerril y un puntillo holgazán, no aprovechara en demasía cuanto saber se le brindara en aquellas aulas, lo cierto es que notarse se notaba. Porque en aquel colegio la asignatura de Religión la impartía un “hermano”, vocablo éste que en el fuero interno de aquel niño que un día fue un servidor sonaba de mayor categoría que los simples curas, normales y corrientes, que, sin el rango de “hermano”, hacían lo propio en los colegios de sus amigos. Porque no vayan ustedes a creer que un “hermano” era un cura cualquiera, no. Un hermano de la Salle era un religioso que había consagrado su vida a servir a Dios y a la docencia, entonces llamada enseñanza. De la misma manera, si en las escuelas nacionales daban clases maestros, los seglares que impartían educación en el colegio de un servidor no eran sino profesores. Así, a mis escasos seis o siete añitos me sentía afortunadísimo de ser instruido por hermanos y profesores, en vez de por vulgares curas y maestros. Mientras a los amigos de un servidor les mandaban deberes y les ponían cuentas, a quien les escribe le encargaban tareas y ejercicios de cálculo, y ya con diez u once añitos podía un servidor presumir –ante la admiración de los que estudiaban en los nacionales- de saber pronunciar con corrección lo de “my taylor is rich” o entender a los Beatles cuando cantaban lo de “all my troubles seemed so far away”, frase que –dicho sea de paso- nos viene a todos ahora al pelo. Un servidor gozaba, además, del privilegio de estudiar materias de las que en los colegios nacionales ni se oía hablar, como Solfeo, Pretecnología o Mecanografía, o del indiscutible lujazo de recibir clases de Judo dos veces por semana. Y no sólo destacábamos los alumnos de la Salle frente a nuestros congéneres de la escuela pública en las materias científicas, literarias o de humanidades; en el terreno espiritual nos salíamos de la tabla y cuando nos llegaba la hora de prepararnos para la Eucaristía en las entonces llamadas clases de Catecismo, que no se impartían en los colegios sino en las parroquias, los alumnos de “los hermanos” arrasábamos con nuestros conocimientos sin par sobre los Sacramentos, los Mandamientos de la Ley de Dios o La Biblia, que no en vano triplicábamos las horas dedicadas a Religión, amén de estar obligados -por añadidura- a ir a misa todos los domingos y fiestas de guardar so pena de quedarnos el lunes sin patio todos aquellos que no recordáramos la liturgia del domingo en misa, mientras que el resto de estudiantes podía pasar las mañanas dominicales durmiendo a pierna suelta o de lo más entretenidos atando latas al rabo de los perros. Cuando quien les escribe escuchaba blasfemar a alguno de sus amigos, no entendía cómo alguien podía expresarse en tales términos sin sentir sobre su cabeza el terrible y firme mazo de la condenación eterna. - Mamá, Pedrito ha dicho “me cago en la (autocensura del autor)” y dice el Hermano Victorino que si te cagas en la (autocensura del autor) te castiga Dios. - Pues ya sabes lo que hay, tú no digas esas cosas. - Es que dice Pedrito que eso es mentira, que él lo dice todos los días y nunca le ha castigado, y que, como mucho, si lo oye su madre, le arrea con la zapatilla. - Más sabrá el hermano Victorino que Pedrito, ¿no? - Pues sí. - Tú verás entonces a quién de los dos te conviene creer. Aunque uno advertía a Pedrito que si no le castigaba el Señor era porque Dios tenía mucha paciencia, pero que el día que se le acabase se iba a enterar de lo que costaba un peine, Pedrito no cejaba en sus defecaciones blasfemas. Y si les soy sincero, mucho no le ha castigado Dios todavía porque Pedrito es hoy propietario de una empresa que produce obscenos dividendos, conduce un vehículo que cuesta casi diez veces lo que el de un servidor, conserva la misma mata de pelo de los veinte años y sin una sola cana y, por si fuera poco, Hacienda le devuelve un dineral ejercicio tras ejercicio. Quizás se condene en la otra vida, pero que le quiten lo bailao en ésta... Y no sólo blasfemar era causa de condenación, el incumplimiento de los Mandamientos –especialmente si la transgresión era sistemática- se consideraba suficiente para arder en la caldera más gorda de Pepe Botero, con lo que un servidor se hizo especialmente cuidadoso a fin de no blasfemar, ni mentir, ni insultar al prójimo, ni se le pasó por la cabeza jamás infringir otros mandamientos serios como el de no robarás o no desearás el Madelman del prójimo. Años más tarde, el hermano Casas -no consigo recordar su nombre de pila-, que era joven, rubio, de pelo larguísimo y con barba a lo Jesucristo, respondiendo a la consulta de un angustiado alumno que le preguntaba qué podría pasarle a un niño –a esas edades uno no se plantea lo que le pueda suceder a un adulto, que sabe más y puede valerse mejor por sí mismo- que, tras haber cometido un pecado, le atropellase un tranvía antes de tener tiempo de ir a confesarse, nos tranquilizaba a todos al revelarnos un recurso que nos serviría, cual salvoconducto, hasta el momento de llegar al confesionario a expiar nuestra culpa: el acto de contrición. - Si pecas u ofendes a Dios has de decir inmediatamente: “hago acto de contrición” y te vas derechito a confesarte. Dios entenderá que te has arrepentido, de forma que si durante el trayecto te ocurriera alguna desgracia, el Señor te dará por perdonado porque tu voluntad era la de acudir a pedirle perdón. Menudo chollo eso del acto de contrición. Rápidamente aprendimos a pervertir la norma y cuando algún chaval te tocaba las narices más allá del borde de la paciencia de cada cual, le soltabas: - Tú, caraculo, vete a la mierda. Y acto seguido, para tus adentros, repetías varias veces “hago acto de contrición, hago acto de contrición, hago acto de contrición...”, y a otra cosa mariposa. - ¿Quién ha sido el que ha tirado la bomba fétida? ¿Ha sido usted, Martínez? Y si antes Martínez (o séase un servidor) hubiera agachado la cabeza y hubiera asentido, avergonzado, que mentirle a un profesor era pecado y gordo, ahora, merced al magnífico acto de contrición, respondía con seguridad al hermano de turno: - No, hermano. No he sido yo. Y acto seguido, nuevamente para sus adentros, “hago acto de contrición, hago acto de contrición, hago acto de contrición”, y allí paz y después gloria. Y si el día que tocaba confesión olvidábamos algún pecado, tampoco ocurría nada, que ya se había cuidado un servidor de preguntarle sobre el asunto al hermano Casas, quien había respondido que lo importante era la intención; y ante tal panorama, ya se sabe, la memoria -como la conciencia- es selectiva y desecha lo que menos le interesa. Durante aquellos años uno creía que cualquier religioso, ya fuese cura, hermano u obispo, debía ser por fuerza persona ejemplar, sin defectos ni vicios, fiel a sus principios y seguidor a pies juntillas de la Ley de Dios, pero algún que otro detalle, insignificante si ustedes quieren –como la insistencia de algún hombre con sotana (que no hermano) a que venciésemos nuestro pudor y nos duchásemos totalmente desnudos en los vestuarios y su agobiante obstinación en colaborar en nuestro aseo personal más íntimo, y otras menudencias de índole similar- hizo que algunos llegásemos a la conclusión de que no todos los curas –como no todos los médicos o los sexadores de pollos- eran buena gente. Y aunque muchos curas seguían siendo “de los míos”, es decir, de los que se esmeraban en enseñarnos a ser honestos, amar los libros y escribir sin faltas de ortografía, aliviando nuestros agobios y temores mediante el truquillo del acto de contrición, aprendimos a reconocer a otros de los que no se podía uno fiar un pelo. Así, treinta y tantos años más tarde, siento especial admiración por el mosén Ballarín, por el padre Casaldáliga, y por el hermano Isidro y especialmente por el hermano Victorino (¿vivirá aún?), quien a base de tirones de patillas me reconvirtió al amor por la lengua y la literatura, por el mosén Tuneu que consiguió que me interesara por el Latín, y por muchos otros curas, párrocos, mosenes y obispos que viven su fe ayudando al prójimo, sin mirar ni el color de su piel ni el estado de su cuenta bancaria ni el sexo de con quién se acuestan ni el destino de los votos de cada cual. Incluso en estos días en los que uno ve cómo parte de La Iglesia contribuye a fletar buques mediáticos de guerra, alimentando de pólvora -o quién sabe si de ácido bórico, que aún hay quien cree que es un explosivo- a cañoneros a sueldo, que a grito pelado lanzan sus salvas de odio y de mala leche sobre todo aquel que no sea afín a sus postulados, ya sea político, periodista o ciudadano de a pie, sin olvidar a otros curas que son, por lo mismo, considerados “rojos”, incluso así, todavía hoy -gracias a Dios- veo a muchos curas de los míos, curas de aquellos que nos enseñaban que injuriar, mentir, insultar y manipular no estaba bien y que, por lo mismo, no debiera ser ése, en ningún caso, el proceder de los cristianos. Y al hilo de periodistas vilipendiando periodistas, y dicho sea de paso, se ha desvelado en el juicio del 11-M que la policía barajó en un principio la posibilidad de que hubiese terroristas suicidas, siendo así que a los periodistas que conocieron y transmitieron entonces la noticia les dieron, desde determinados medios, por todos lados, acusándolos de mentirosos y manipuladores. Por eso, y retomo el tema, uno aplaude que Monseñor Enrique Planas, experto en comunicación del Vaticano, se muestre profundamente molesto por el proceder y el comportamiento del radiopredicador de cierta emisora, de determinada Conferencia, considerándolo contraproducente para la Iglesia, y recomiende “tomar medidas”; o que el Abad de Montserrat lamente "la crispación y el clima de intolerancia y animadversión que se ha creado por parte de ciertos políticos y algunos medios de comunicación, incluso alguno eclesiástico"; o que el arzobispo Martínez Sistachs se moje del todo cuando afirma que “La COPE no ayuda a nuestro ministerio ni ayuda al papel de los cristianos en la sociedad". Y uno se queda más que perplejo cuando el Presidente de la Conferencia Episcopal, Ricardo Blázquez, que algo debiera mandar en la COPE, afirma en su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria que “la Iglesia no debe tener un ordenamiento político preferible” y que “es el pueblo el que debe determinar libremente las formas más adecuadas de organizar la vida política. Toda intervención directa de la Iglesia constituiría una ingerencia indebida". ¡Casi na! Y aunque un servidor aplauda también ese discurso, le da en la nariz que a monseñor Blázquez lo puentean en la Conferencia lo que a la batería de un Seat 600 de quinta mano. Quién sabe si no tendrán razón los que opinan que por mucho que la COPE no sea, ni para la propia Conferencia siquiera, el paradigma de lo que debiera de ser una radio patrocinada por obispos, económicamente sí que interese. Porque la pela -incluso fuera de Cataluña- es la pela. Por mucho que su reino no sea de este mundo.

Carmen Planchuelo, Las mujeres que leen son peligrosas

jueves 26 de abril de 2007
Las mujeres que leen son peligrosas
Carmen Planchuelo
E STA frase tan contundente y sonora no es mía, qué pena Señor, qué pena que no proceda de mi magín. Cómo posiblemente ustedes sepan, corresponde al título de una obra de Stefan Bollmann que trata de la lectura femenina a lo largo de la historia y nos narra tan apasionante actividad por medio de una selección de imágenes de mujeres que leen: cuadros, grabados, fotografías... nos van mostrando una colección variada de mujeres lectoras. Unas veces lo que leen son cartas, otras libros, pero siempre la mujer aparece ensimismada, entregada y sumergida en tan absorbente y tentador placer. Hechizadas por lo que el papel les cuenta, olvidan todo lo que no esté plasmado en esas hojas blancas. Sorprendemos a alguna en ese instante en que levanta la cabeza de la lectura y mira hacia no se sabe dónde, ¿algún paraíso descrito?, ¿algún lejano recuerdo que acude presto a la evocación?, ¿un plan de futuro?, ¿alguna que otra pícara ocurrencia? Rostros soñadores o despiertos, melancólicos o frívolos, desafiantes o humildes pero todos reflejan el impacto que el leer produce en sus corazones, en sus mentes y hasta en la posición de su cuerpo que el pintor, grabador o fotógrafo ha sabido reflejar con innegable maestría. No es mi intención hacerles una reseña crítica de este interesante libro, ni un análisis de el mismo, eso lo ha hecho extraordinariamente bien Esther Tusquets que aquí actúa de prologuista, ella repasa imágenes e intenciones, se pregunta y pregunta a los lectores si ése título canta una verdad o no, si es más peligrosa la mujer que lee o la que no lo hace... yo solamente les cuento que este libro es maravilloso, por qué me lo parece y les tiento a que lo busquen y si les gusta..., se den el homenaje de adquirirlo, que para eso estamos en la semana del libro. Cuando el libro llegó a mis manos, con los primeros aires del otoño y del curso recién empezado, pensé en la frase en cuestión y automáticamente me vino a la cabeza otra similar en forma de pregunta , y esta ya sí de elaboración propia : “¿y las que escriben serán aún más peligrosas?”. No sé qué pensaran ustedes y especialmente las féminas que ahora posan sus ojos en estas frases que voy elaborando una tarde de primavera que huele a tormenta, a flores (las masas de lilas de mi jardín) y que posiblemente termine en diluvio o quién sabe..., quizás las nubes pesadas y grisáceas decidan cambiar su rumbo y ésta noche sea pura, negra y estrellada como la anterior... La primavera es así: sorprendente e incierta y en eso se parece a la lectura. Pocas veces sabes los secretos que se esconden tras los tipos negros, y por secretos entiendo todo aquello que me es desconocido, sea de la índole que sea. Si los días de primavera son imprevisibles (empiezan con sol radiante, terminan en lluvia), los libros también tienen ese comportamiento, cuántas y cuántas veces un libro -aparentemente anodino- nos abre los ojos o nos conmueve el corazón, cuántas los más alabados por la crítica nos dejan fríos y cuántas más una lectura que cuesta seguir y se hace tediosa al final nos sorprende tan gratamente que volvemos a ella... Eso tienen en común lectura y primavera: que lo que empieza de una forma no tiene porqué seguir el mismo camino hasta el final, y es que los libros previsibles le quitan mucho de aventura al placer de leer. Los buenos libros lo son porque te prenden a ellos. Mientras los lees notas que algo de su espíritu se mete en ti, que te despiertan la imaginación, el deseo de saber, conocer, experimentar, por supuesto reflexionar... La lectura te puede inquietar como al parecer “inquieta” a la mujer vestida de azul que Vermeer sorprende leyendo una carta; fantasear ricamente igual que lo hacen las damas dieciochescas cubiertas de gasas, encajes y rasos en sus coquetos boudoirs; meterte en un mundo extraño y nuevo por el cual corres hacia lo desconocido, de la misma forma que Alicia -una plácida tarde de verano inglés- descubrió el mundo siguiendo la alocada carrera del conejo blando de ojos rojos. Las “peligrosas” mujeres que viven en este singular libro, buscan la soledad y la intimidad para disfrutar de la lectura; las podemos ver recostadas en tumbonas, camas y divanes de su hogar (absolutamente maravillosa la “Joven decadente” de Casás i Carbó) en esos momentos de calma y lujo personal en que te olvidas del mundo cotidiano y conocido; el jardín suele ser otro escenario que invita a sumergirse en el libro, jardines de rosas que dibujan sombras en la hierba y en los estanques de reflejos verdes... , hasta en la umbría del bosque aparece la mujer lectora reflexionando sobre lo que acaba de descubrir, en esta caso es la sensual “Magdalena penitente” de Corregio. Leer es algo propio y para uno mismo, por eso cae dentro de los placeres solitarios, pero todos nosotros hemos llegado a la lectura en compañía. Quizás alguno de ustedes aprendió solo y sin ayuda de nadie descubrió un día que los signos negros que acompañaban a las ilustraciones de los libros, tenían un significado, decían algo, ¡contaban una historia! Pero lo normal, para el común de los mortales, es haber llegado a este camino acompañado. A mi fue mi familia la que me inició en el mundo de los libros. Me leían cuentos, me contaban historias y recuerdo con ternura infinita la llegada de los lunes en que mi padre, a la hora de comer, se presentaba con el ejemplar semanal de El Capitán Trueno y nos lo leía, ese era el mayor encanto del lunes. A mediados de semana y ya siendo una niña mayor (9 ó 10 años), mi tía Julia me compraba Mari Noticias, las historietas de una intrépida reportera de los años sesenta, que para mi el era él modelo de modernidad al que aspiraba para mi futuro. Para entonces ya leía sola, pero me seguía encantando sentarme a escuchar el cuento en la voz de mi tía o de mi abuela o de mi madre. En verano a la hora de la siesta, mamá y nosotros dos, formábamos una estampa muy similar a la que Antón Ebert plasma en su obra “Cuentos para antes de dormir”. La mayor parte de las mujeres que aparecen en los cuadros que Bolmman ha elegido en esta peculiar historia de la escritura, están solas, concentradas en el texto que tienen en las manos. Esther Tusquets repara y nos hacer fijarnos en la imagen de Marlyn Monroe leyendo el Ulises, la bella y sexy rubia parece haberse olvidado del mundo y hasta de peinarse mientras concentra toda su atención en tan hermética obra. Pero a veces, muy pocas, las mujeres comparten este gusto con otras. Es el caso de las amigas que se reúnen para ver libros ilustrados (los “santos” que se decía en mi infancia) o bien cada una inmersa en su propia lectura; o de las hermanas que Vanesa Bell ha pintado y que tranquilamente leen sus libros sentadas cada una en un esquina del sofá, entre ambas las muñecas duermen. Sobre Amaryllis y Henrietta, que así se llamaban las jóvenes modelos se cuenta una divertida anécdota que yo no les voy a destripar. No podía faltar la imagen de las mujeres que buscan en los libros el conocimiento y como Mujeres sabias Harald Metzkes las ha bautizado y que nos esperan pacientemente en la GaleriaLeo Coppi de Berlin. ¿Son peligrosas las mujeres que leen?. Algunos pensarán que sí, que leer saca de la ignorancia, de lo dado por hecho, que las desvía del camino marcado para ellas, que les llena la cabeza de fantasías, ensoñaciones, de “pájaros” y les hace perder el norte que les es propio, que si leen no les escuchan. Al hilo de este comentario, me viene a la memoria cómo mi abuela enseñó a leer a la guardesa de la finca en la que pasamos una temporada y cómo lo hizo a pesar de la fuerte oposición del ignorante del marido que debió pensar “a ésta la señora me la va a desgraciar”. También es cierto que mi señora abuela le ponía frases para escribir del estilo de “al hombre del codo y no del todo”. Sin comentarios. Afortunadamente en nuestro primer mundo quedan pocos seres como este energúmeno, pero no así en los otros donde el analfabetismo no está erradicado ni lo va estar en mucho tiempo. Otros no lo dirían tan “a las claras,” pero si te ven muy pegada al libro, si no solamente disfrutas con el best seller de turno, te llaman “intelectual” con cierto retintín, menos mal que ya no te dicen eso de “marisabidilla”. Los hombres de verdad piensan que no, saben que esas mujeres que leen algo más que las revistas de la peluquería y alguna que otra novela de moda, son mas divertidas, imaginativas, apetecibles, estimulantes, sorprendentes y de fiar que las que ignoran la letra impresa; que son mujeres acostumbradas a pensar, a emocionarse, a ver más lejos del momento, de mente despierta e inquieta, con ganas de saber más del mundo y de los que nos rodean. Saben que, si tienen paciencia para leer largas y complejas historias que requieren tiempo y dedicación, también lo tendrán para escuchar sus problemas, sus ocurrencias, sus historias...Es posible que por eso además de regalarnos perfumes y flores, cada vez nos regalen mas libros. Posiblemente no seamos mejores (moralmente hablando) por el hecho de leer, pero tampoco se pretende eso. ¿Qué se busca en la lectura? Habrá tantas respuestas como veces se formula la pregunta, pero en el caso de las mujeres de este libro (quizás hasta en todas) parece que satisfacer la curiosidad les lleva a sumergirse en la lectura sea de la carta, de la revista ilustrada, del libro. Es posible que el mundo real que las rodea no les sea suficiente, que no les divierta ni ilustre ni ilumine tanto como su espíritu anhela. Esa curiosidad que a la esposa de Barba Azul llevó a abrir la puerta prohibida, la que a Pandora a destapar la caja que debía permanecer cerrada, la que a Emma Bobary hizo creer que el mundo de ficción era el que le estaba destinado y en conseguirlo se perdió... A veces la curiosidad juega malas pasadas, ¡que le vamos a hacer!, pero también es el motor de la ciencia, del interés por los demás, por sus vidas y sus historias. Seguramente muchas de estas mujeres pintadas no sólo están leyendo por ocio o devoción, también para cubrir lagunas, para comprender mejor el mundo del que no se quieren sentir excluidas. Dice Esther Tusquets en el prólogo de este libro que a las mujeres siempre nos ha gustado contar historias, es el caso de la sin par Sherezade que seduce al califa con la gracia de sus palabras; yo añadiría que también nos gusta que nos las cuenten, que nos conquisten por el oído y que nos enamoren la imaginación. Los caminos de la seducción son como los de El Señor: inescrutables, y eso mismo parece que se desprende del cuadro de Anselm Feurbach “Paolo y Francesca”... Pensando, pensando, sí se me ocurre en qué momento la lectura nos puede convertir en “peligrosas”, y es ése en el que descubres que la lectura es una alfombra mágica que te transporta a donde quieras ir cuando más lo desees sin que nadie lo advierta. ¿Quién no nos dice que esas pacíficas mujeres sentadas en los salones de sus casas, en sus humildes cocinas o meciéndose en la hamaca del jardín están dónde parece?