viernes, agosto 31, 2007

German Yanke, Un nuevo partido

viernes 31 de agosto de 2007
Un nuevo partido

POR GERMÁN YANKE
Rosa Díez deja el PSOE, según explica, para defender «con más libertad y eficacia las ideas por las que me afilié hace treinta años». Ya veremos la eficacia, pero en lo de la libertad tiene razón porque en los últimos años el PSOE ha mudado su doctrina y estrategia aunque, hay que reconocerlo, con cierta eficacia. Se ha hablado de un cambio generacional en el partido gubernamental pero, más bien, se trata del triunfo de un sector -mayoritariamente de la generación de José Luís Rodríguez Zapatero, pero no exclusivamente- que, bajo la capa de una meliflua «doctrina republicana», ha cambiado las coordenadas intelectuales del socialismo español dejando arrumbadas la trayectoria de sus antecesores y las resoluciones de sus congresos, incluso aquel en el que el actual presidente del Gobierno fue elegido secretario general enfrentándose entre otros, por cierto, a la propia Rosa Díez.
Si han desaparecido de la escena Francisco Vázquez, Nicolás Redondo, Rodríguez Ibarra y muchos otros, si Alfonso Guerra parece encapsulado en la ironía crítica, si Felipe González dice que Pasqual Maragall no le habría propuesto lo que propuso a Rodríguez Zapatero (y que no habla más de algunas cosas para no favorecer al PP), etc. no es porque todos ellos -y muchos más que no cito- pertenezcan a una generación del pasado, sino porque el PSOE ha cambiado y ha perdido, entre otros signos de identidad, el tradicional concepto de la nación democrática. Aun más, si José Bono sale y entra sabemos muy bien por qué sale (la doctrina) y por qué entra (la eficacia).
Esta pérdida ha llevado al PSOE a replantearse la actitud ante los nacionalismos y, en el caso vasco, la actitud ante la propia ETA. El fiasco de la última se compagina con el entusiasmo por el caos de la otra, como si de un desordenado festejo juvenil se tratara. El dirigente socialista Rodolfo Ares respondió ayer a Rosa Díez que su abandono «no afecta a la política» del PSOE y que venía «defendiendo las tesis del Partido Popular». La eficacia -estar en el poder y sacar adelante proyectos con ayuda de los nacionalistas- no debe ofuscar a la dirección del partido gubernamental: hay un discurso nacional en la izquierda que se ha visto defraudado, que dio origen a Ciudadanos en Cataluña, que va a propiciar el nacimiento de un nuevo partido promovido por Basta Ya!, y que puede ser el germen de la desafección de muchos votantes. De algún modo lo intuyen algunos cuando las críticas del PP al «proceso» o a lo que se ha dado en llamar eufemísticamente la «política territorial» se califican de «electoralista», pero, por el momento, el PSOE parece atrapado en su deriva.
Rosa Díez, tan cuidada antaño por la dirección de un PSOE que no era como el de ahora, tiene, por tanto, razón al quejarse del cambio y preferir defender lo que defendía con tanto corazón fuera del partido. Parece, sin embargo, que lo va a hacer en otro y ahí se va a encontrar, junto al resto de promotores de Basta Ya!, con la complicada cuestión de la eficacia. El sistema electoral no les favorece, salvo debacle de los demás. Son contadas las circunscripciones en las que, en las próximas generales, pueden obtener representación y, en caso de éxito, la presencia en el Congreso de un pequeño puñado de diputados se logrará a cambio de restar votos en la mayoría de provincias. Nada puede oponerse a ello: es una opción respetable, atractiva, avalada con nombres que tienen consideración pública. Ellos tienen derecho a presentarse y los ciudadanos que lo deseen a votarles. Pero es sugerente aventurar cómo puede afectar el nuevo partido al mapa de la política española.
Sin duda conseguirán votos en la izquierda, entre los desencantados, y quizá hasta algunos cuadros del PSOE. Pero, como ocurrió en las autonómicas catalanas con Ciudadanos, el daño electoral puede ser similar en el PP. De hecho (y si recordamos la campaña catalana lo constataremos), la campaña socialista de aislamiento del PP ha tenido sus frutos y es una realidad que un sector de la opinión pública, refractaria al PSOE actual, se resiste a votar al PP. El PSOE ha cambiado y ha perdido, entre otros signos de identidad, el tradicional concepto de la nación democrática, en que no son ni una cosa ni otra.
Naturalmente, sería absurdo que dijeran que son algo ya existente, pero el peso que el PP tiene todavía encima convierte en probable que un cierto voto socialista defraudado -que los populares quieren y, sobre todo, necesitan- podría ir gustoso a la nueva formación. Quizá por ello puedan hacer más daño a la derecha que a la izquierda. Por eso sorprende que un cierto sector del PP celebra esta iniciativa, como antes la de Ciudadanos de Cataluña, con tanto entusiasmo.

Quiñonero, Doña Rosa y el servicio

viernes 31 de agosto de 2007
Doña rosa y el servicio

POR JUAN PEDRO QUIÑONERO
EL escándalo de la Biblioteca Nacional precipitado por Rosa Regàs degrada la imagen de España en las Américas.
En Buenos Aires, Clarín y La Nación publican largas crónicas informativas. El tema apasiona a los lectores, cuyo debate, en el hilo de La Nación, ha tomado proporciones muy coloristas. Algunas opiniones: «La señora directora no es muy querida por nadie. Su personalidad es muy desagradable» (...) «Todo parece un nuevo conflicto entre Cataluña y Madrid» (...) «Yo pensé que sólo los intelectuales argentinos eran tan soberbios, ególatras y elitistas» (...) «Esa escritora se las da de «finoli», por ser europea. Pero España está en Europa por casualidad. El resto de los europeos ven a los españoles como ciudadanos de segunda. No por nada, «Señora Regàs» es un anagrama de «Ser Grasa»». Y, así, a lo largo de decenas y decenas de comentarios...
Víctima la imagen de España de tales desdichas, la inmigración también se percibe con flecos de mala gestión gubernamental. Inter Press Service distribuye una crónica de Tito Drago que lleva este título: «España, un buen ejemplo a evitar». En París, Les Echos cuenta cómo la inmigración vuelve a enturbiar las relaciones con Francia.
En Londres, Financial Times teme que la economía nacional se esté «enfriando». Y destaca una carta de Gerardo de Caz Esteso, que comienza y termina con este juicio sumarísimo: «Zapatero es el primer presidente de la España democrática».
Juan Pedro Quiñonero

Ferrand, ¿Rajoy quiere ganar?

vieres 31 de agosto de 2007
¿Rajoy quiere ganar?

POR M. MARTÍN FERRAND
CUANDO el PP quiere oscurecer sus mensajes y procurar que no resulten comprensibles sus decisiones, suele hablarnos a través de Gabriel Elorriaga, una de esas lumbreras que anidan en los partidos políticos y cuyo mérito reside en no haber cometido nunca ningún error a base de no haber intentado jamás ninguna conquista. No es mal método. No genera entusiasmos, pero tampoco promueve rechazos. Ahora, cuando tras las vacaciones Mariano Rajoy ha vuelto a su despacho, parece obligado a demostrar actividad y, ¡zas!, Elorriaga nos anuncia una convención del PP para el mes de enero. Las convenciones de los partidos políticos en los que no hay vida más allá de su aparato no son como el Juicio Final. Ni los ángeles tocan la trompeta ni sucede nada extraordinario. Sólo ocurre que, multitudinariamente reunidos, se alaba al jefe y, entregados a la autocomplacencia, se entonan hurras y cánticos entusiastas.
Cuando los partidos quieren hacer, o decir, algo enjundioso y trascendente organizan congresos; pero eso, que exige cambios en la cúpula y análisis en los postulados, es una lata. Tiende a poner en evidencia la falta de democracia interna que, contra el mandato constitucional y en perjuicio del espíritu representativo, experimentan los grupos que, con mayor o menor éxito, ocupan los Parlamentos. Rajoy acudirá a las próximas elecciones con el mismo equipo directivo con el que perdió las anteriores. Podría tratarse de un heroico ejercicio de humildad, de una valiosa muestra de perseverancia o, más sencillamente, de un nuevo caso de la españolísima aceptación de lo malo conocido y el rechazo a lo bueno por conocer.
Una convención en vísperas electorales puede ser una pirueta propagandística capaz de mover voluntades indecisas y afianzar criterios dubitativos, pero si sale el tiro por la culata, algo que depende más del estado de la escopeta que de puntería del tirador, es una ocasión magnífica, por la exhibición de las contradicciones internas, para el lucimiento de los adversarios. En ocasiones como esta parece que Rajoy y sus sabios de cabecera no buscan la victoria en las próximas legislativas. En la oposición, sin responsabilidades mayores, se vive tranquilo y quedan para los demás los sobresaltos. Ser heredero de una política hueca, meramente gestual, como la desarrollada hasta ahora por José Luis Rodríguez Zapatero, no es una bicoca; pero, ¿en qué consiste el juego democrático?
Rajoy, que no es un tiburón de la política, avanza, cuando no retrocede, despacito y acompañado de rémoras. Eso está muy bien para un acuario, pero en el océano de la realidad parece temerario. Las rémoras abandonarán la formación cuando la sustancia nutricia sea escasa y, para entonces, ya habrá cundido el desánimo entre quienes, en el centro del PP, saben, quieren, pueden y esperan turno mientras el líder dilucida si es mejor no hacer nada o estarse quieto.

Ignacio Camacho, Las malestas de Rosa Diez

viernes 31 de agosto de 2007
Las maletas de Rosa Díez

QUÉ gran número dos sería Rosa Díez en una candidatura encabezada por Mariano Rajoy. Qué gran fichaje para cerrar con imaginatividad y arrojo los absurdos debates sobre Rato o Gallardón y componer un equipo ganador a lo Sarkozy, un proyecto de cambio reformista avalado por la derecha liberal y respaldado por una izquierda razonable y valiente, encontradas en el territorio común de la firmeza nacional y el constitucionalismo. Pero no resulta probable, por desgracia, aunque tampoco es imposible que Rajoy haya acariciado la idea. Ocurre sin embargo que esto no es Francia (ni Rajoy es Sarko, para qué nos vamos a engañar), donde la derecha lleva dos siglos desprendida de adherencias confesionales, y donde la izquierda comienza a soltar lastre de sus propios prejuicios dogmáticos. Y que en nuestra política aún impera un excesivo fulanismo personalista que contamina las ideas y nubla de prejuicios el debate de los programas.
De modo que Rosa, la valerosa, rebelde y cimarrona Rosa Díez, irá si nadie lo remedia a las elecciones por su cuenta, jugando a ser bisagra de una puerta de dos caras tan opuestas que sus goznes chirrían en el más agudo de los desencuentros. Le separa del PSOE su concepción antinacionalista, su bizarra defensa de la dignidad frente al chantaje del terrorismo y los soberanismos excluyentes, y le aleja del PP un incómodo escrúpulo sobre sus concepciones sociales. Sus treinta años de militancia socialista le impiden a su conciencia un salto transversal directo. Pero llegará un momento en que, si la aventura electoral de Basta Ya sale aceptablemente bien, tendrá que elegir y mancharse las manos con una opción de pacto, o de acuerdo, o de respaldo, o de apoyo. Y hoy por hoy, lo que importa de verdad en el debate político español no son los derechos de los homosexuales, el programa de Educación para la Ciudadanía o los porcentajes de reducción fiscal, sino la actitud ante la cuestión esencial de España, del modelo constitucional, de la resistencia ante el chantaje y de la pervivencia de una nación de ciudadanos iguales frente a la tentación de una comunidad de territorios diferentes.
Hasta que llegue ese momento decisivo, la peripecia tercerista tendrá el encanto esperanzado de la novedad entre el hastío trincherizo de esta batalla goyesca de gigantes inmóviles dándose garrotazos, que ha generado un espacio de descontento tan evidente como para convertirse en un apreciable banco de pesca electoral. Rosa Díez, a quien yo he visto salir a menudo aclamada por el público de Telemadrid, puede quitarle votos a la derecha si se presenta en la capital, o llevarse las simpatías y el sufragio de gran parte de la izquierda constitucionalista vasca si opta por una candidatura en su tierra. La cuestión no es a costa de quién va a armar su propio equipaje, que será sin duda a cuenta de quien más se lo merezca, sino que más pronto o más tarde tendrá que colocarlo en un armario prestado. Pero en política, como en todos los viajes, las maletas parecen siempre más pequeñas después de haberlas deshecho.

Antinio Burgos, Una esquela por un gol

viernes 31 de agosto de 2007
Una esquela por un gol

POR ANTONIO BURGOS
NO es muerte todo lo que reluce entre los lutos tipográficos de una esquela de defunción. Hay mucha vida en las esquelas mortuorias. La esquela es un género literario, aunque ningún aspirante a crítico literario le haya dedicado una tesis doctoral. Un género con miles de lectores. Dime cuántas esquelas trae tu periódico y te diré cuál es su penetración en el mercado. Una buena esquela no sólo te dice qué señor se ha quitado del tabaco o qué señora no tiene que ir más a la peluquería. Delata el bollo de los que metieron al muerto en el hoyo de la esquela. Los lectores de esquelas tienen algo de seguidores de Agatha Christie o de Simenón. En cuanto leen la esquela, como una novela policiaca, por cómo figuran las nueras y los yernos, saben por dónde se va a armar la de Troya en el reparto de la herencia. Por no hablar de la esquela de la otra, la otra, que pone fecha por dentro a la muerte del querindongo. O de la legítima, que sigue proclamando en la esquela que ella es la verdadera esposa ante los ojos de Dios. O las esquelas de algunos diarios que las regalan, donde vienen las papeletas de quienes literalmente no tienen dónde caerse muertos. Lo que en vez de atraer lectores, como pretenden, los aleja. Se lo oí a una gran lectora de esquelas de toda la vida, de toda la muerte:
-Vamos a dejar de comprar ese periódico, porque trae las esquelas de unos muertos a los que no conocemos de nada.
Como empedernido lector de esquelas y zahorí de las novelas que llevan dentro, estoy encantado con el último servicio que el ya mítico Antonio Puerta ha hecho al enriquecimiento de este género obituario de peaje. Dije que Puerta tenía planta de capitán de los Tercios de Flandes en una novela de Pérez Reverte. La esquela del Schalke lo confirma. Puerta era grande en la España donde su muerte ha unido al Sevilla con el Betis y ha vestido con su camiseta del 16 al Barsa. Y era también, como el emperador Carlos, quinto de Alemania. Con el gol que cambió la historia del club, Puerta metió al Sevilla en su primera Copa de la UEFA. Hazaña mítica que merecía un Velázquez que la pintara, en plan cuadro de las lanzas. Tal pintura ha llegado. No con pinceles españoles, sino con el generoso brochazo de los germanos derrotados. Puerta, el vencedor del Schalke 04, ha merecido hasta los honores de aquellos a los que derrotó. Como nadie se muere hasta que su esquela viene en el ABC, ahora es cuando de verdad ha muerto Puerta y nacido su leyenda. Leyenda germana, que requiere música de Wagner.
El F.C. Schalke 04 le ha puesto a la mítica Zurda de Diamante una esquela en el ABC de Sevilla y es como si el cuadro de las lanzas hubiera sido pintado no por el paisano de Puerta, sino por los vencidos en Breda, mojando la punta de sus picas en los tinteros del honor del campo de batalla. Los alemanes son tan cuadriculados y perfectos que cuando se ponen a hacer coches, sacan el Mercedes. Cuando les da por dictadores, no se andan con chiquitas de Mussolini, sacan a Hitler. Metidos en la globalización, inventan y mangonean el Banco Central Europeo. Y puestos a redactar esquelas, chapó, les sale la esquela de Puerta: «La noticia del fallecimiento de Antonio Puerta ha afectado al Consejo de Administración, Cuerpo Técnico, Jugadores y Seguidores del Schalke 04 profundamente. De una manera entristecedora apreciamos que hay cosas mucho más importantes que un partido de fútbol. Antonio Puerta ha dejado huellas en la historia de nuestro Club. En 2006 nuestros equipos jugaron la semifinal de la copa de la UEFA. A pesar de la derrota, el Schalke 04 quedó realmente impresionado por el ambiente y la hospitalidad que vivió en Sevilla y que todavía hoy se recuerda. Este duelo apasionante se decidió sólo por un gol formidable. Antonio Puerta fue su autor. El Consejo de Administración, Cuerpo Técnico, Jugadores, Empleados y Seguidores del Schalke 04 ruegan una oración».
¿Cómo se dice oooooooooolé en alemán? Es lo que se merece la esquela del Schalke, la estela funeraria del gol de Puerta al Schalke. Un ole de grande como aquel gol del Mito Puerta que cambió la historia del Sevilla F.C. y que ahora, tras unir en el dolor a béticos y sevillistas, ha hecho que los alemanes pinten en una esquela el más noble cuadro futbolístico de las lanzas.

Financiacion realista para las vacunas

viernes 31 de agosto de 20007
Financiación realista para las vacunas
EL cambio de titular en el Ministerio de Sanidad y Consumo trae consigo nuevos enfoques sobre la vacuna contra el virus del papiloma humano. Así como Elena Salgado mostró siempre sus reticencias debido al alto coste del producto, Bernat Soria anuncia que se autorizará el fármaco a partir de septiembre y está previsto que el Ministerio y las comunidades autónomas decidan en el correspondiente Consejo Interterritorial si la vacunación se incluye en el Sistema Nacional de Salud. Desde el punto de vista de la política sanitaria resulta muy aconsejable la universalización de esta medida preventiva y lo ideal sería, sin duda, que pudiera incorporarse al calendario general de vacunas. La decisión sobre la edad en la que es procedente vacunar a las niñas es una cuestión técnica que los expertos deben analizar con criterios estrictamente científicos. Sin embargo, el coste del producto es ya una decisión política y financiera, que exige un acuerdo de fondo entre la Administración del Estado, las comunidades autónomas y el sector de la industria farmacéutica. La capacidad negociadora del nuevo ministro se pondrá a prueba en un terreno complejo, donde a veces priman intereses egoístas que resultan siempre perjudiciales para el bienestar de los ciudadanos. En todo caso, una solución razonable requiere sacrificios por parte de todos los implicados y así lo exige la opinión pública, sobre la base de que la propia Constitución -en su artículo 43- reconoce el derecho a la salud y obliga a los poderes públicos a desarrollar medidas preventivas y a organizar las prestaciones y servicios necesarios.
En todo caso, los políticos no pueden manejar a su antojo las cifras en una materia tan sensible. Ahora el Ministerio dice que el cálculo anunciado por Elena Salgado era una estimación «por lo alto». Bernat Soria se va al extremo opuesto y promete que las vacunas tendrán el precio más bajo de Europa, menos de 200 euros, cuando en otros países el coste se sitúa claramente por encima de 300 euros. Es imprescindible que los datos se aclaren cuanto antes y que alguien explique las razones de este súbito abaratamiento de una prestación que debe ser puesta en práctica con el más absoluto rigor y dentro de los márgenes posibles en el plano financiero. La salud no es materia propicia para las promesas electorales. Las decisiones que se adopten en los próximos meses van a influir en el futuro sanitario de muchos miles de niñas españolas y no es cuestión de suscitar expectativas que no se puedan cumplir. Tampoco se debe, por supuesto, administrar de forma rácana el dinero público en una cuestión tan delicada. Por eso, si hace falta gastar 40 millones de euros para la vacuna del papiloma habrá que buscar la manera más apropiada para financiarla. La solución pasa por una voluntad política sensata y realista, con la mirada puesta en el futuro y no en ventajas publicitarias a corto plazo.

jueves, agosto 30, 2007

Razones de la escuela catolica

viernes 31 de agosto de 2007
Razones de la escuela católica
LA Federación de Religiosos de la Enseñanza ha expresado por escrito su profundo «malestar» a los cardenales y obispos españoles ante lo que consideran que son injurias lanzadas desde un programa de la COPE contra los dirigentes de la escuela católica. La federación FERE-CECA representa a la escuela concertada y privada católica, con cerca de dos mil colegios y más de millón y medio de escolares matriculados en toda España. Ayer daba cuenta ABC del contenido de la carta, enviada el pasado mes de julio, en la que se recogen expresiones «objetivamente inaceptables» proferidas contra el organismo que representa a este sector fundamental de la enseñanza católica; entre ellas, que sigue un ideario de «todo a cien» o que muestra «sumisión» al Gobierno a cambio de dinero. Como es habitual, en el fondo de estas palabras profundamente injustas está la descalificación de todos aquellos que no siguen las consignas tremendistas que algunos pretenden imponer para su propia conveniencia. FERE-CECA actúa con realismo al encauzar el problema de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Es una postura pragmática y sensata, avalada por muchos años de experiencia en la gestión de colegios confesionales y de relaciones -a veces conflictivas- con gobiernos de uno y otro signo. Todo ello, a partir de una inequívoca vocación cristiana que debería ser alentada y arropada de manera ferviente por el Episcopado, llamado a desautorizar cualquier clase de insultos y descalificaciones hacia la relevante labor que en el ámbito educativo desempeña FERE-CECA.
A partir de criterios de sensatez y buen sentido, los verdaderos expertos en educación son conscientes de que es posible utilizar el ideario de los centros como filtro frente a las pretensiones de adoctrinamiento ideológico que conlleva la EpC. Las posturas maximalistas y radicales favorecen directamente la estrategia del PSOE, que trata de presentar a la iglesia católica como refugio de los elementos integristas y persigue, en último término, alejar al PP de los votantes centristas y moderados. Es una vieja táctica que la izquierda utiliza una y otra vez con la complicidad -que a estas alturas ya no es inocente- de algunos que se dicen afines pero que a la larga juegan a favor del adversario. En este caso, exigen que se utilice sin más la objeción de conciencia cuando se trata en rigor de un recurso extremo en caso de fracaso de todos los medios legales y sociales para enfrentarse a una decisión que se considera injusta. Se trata, en definitiva, de saltarse todas las etapas en busca de la bronca permanente. El Episcopado no debe alentar este tipo de enfoques a causa de discrepancias internas o de actitudes ambiguas. La Iglesia debe hablar con una sola voz en apoyo de quienes han demostrado su vocación y su eficacia en defensa de la enseñanza católica.

Votos por vvienda

viernes 31 de agosto de 2007
Votos por vivienda
EL interés de Rodríguez Zapatero en convertir la política de vivienda en uno de sus principales reclamos electorales para 2008 se está empañando con los inconvenientes que provocan la improvisación y la demagogia. La nueva Ley del Suelo, presentada por la ex ministra María Antonia Trujillo como la panacea contra la corrupción urbanística -pese a lo cual, la ministra fue posteriormente destituida-, ya está recurrida por el Partido Popular ante el Tribunal Constitucional. Los populares reprochan a la nueva ley su carácter confiscatorio, pues permite expropiar suelo rústico con una indemnización calculada en función de las rentas que produzca la actividad económica de la finca y no de su verdadero valor de mercado. De esta forma, otra ley «estrella» del gobierno socialista se enfrenta al filtro constitucional, con visos de no salir indemne pues, como ha sucedido con anteriores leyes del suelo, la jurisprudencia del TC ha consolidado las competencias de autonomías y ayuntamientos en materia urbanística, dejando al Estado sin apenas potestad reguladora sobre un sector tan importante para la economía nacional y, al mismo tiempo, tan condicionante de la financiación municipal.
La falta de resultados en la gestión de Trujillo llevó a Zapatero poner al frente de Vivienda a Carme Chacón, cuya misión se concreta en atraerse el mayor número posible de votos jóvenes a cambio de ayudas al alquiler de pisos. La súbita urgencia con la que el Gobierno quiere promover esta forma de acceso a la vivienda demuestra que no ha hecho nada útil en esta materia durante estos tres años de mandato. Incluso la propuesta «sorpresa» de Chacón, que los arrendatarios puedan desgravar los alquileres que pagan, ni es tan novedosa, porque ya fue planteada por la anterior ministra y está vigente en varias autonomías, ni tiene el respaldo del Ministerio de Economía y Hacienda, cuya autoridad es la única que cuenta cuando se trata de impuestos. Al final, el departamento de Solbes podría admitir que las desgravaciones beneficien sólo a los inquilinos jóvenes, lo que apenas tendrá impacto en las economías individuales ni en la recaudación, porque la mayoría de estos arrendatarios está exenta de hacer la declaración del IRPF. Por otro lado, la limitación del beneficio fiscal a los jóvenes entraña un agravio inadmisible en perjuicio de los muchos miles de ciudadanos, no tan jóvenes, pero que soportan cargas familiares y están más necesitados de ayudas públicas, pese a lo cual son excluidos de estas políticas «sociales».
Sin duda alguna, es conveniente promover el mercado de alquileres con reformas legales, políticas tributarias y respaldo político, pero no a costa de demonizar la compra de vivienda -que sigue siendo la primera opción de todo ciudadano, incluidos los jóvenes-, de manipular los mercados o de introducir caprichosas discriminaciones fiscales. Además, conviene que el Gobierno, tan presto a culpar al PP de todos los males, no olvide que el núcleo de la legislación actual sobre arrendamientos -el «decreto Boyer» de 1985 y la Ley de 1994- es del PSOE y que en esta legislatura el Ministerio de Vivienda creó la Sociedad Pública de Alquiler, -teóricamente destinada a impulsar este sector del mercado inmobiliario-, para lo que contó con un presupuesto multimillonario. Pero hasta el momento sólo presenta una gestión ineficaz y unos resultados negativos de los que Chacón debería dar cuenta antes de lanzar otras propuestas que puedan tener repercusión en el erario público.
Por otro lado, desde 2003 está aprobado un procedimiento de juicios rápidos de desahucio, pero, por las razones que sean, el Gobierno no ha promovido su implantación, a pesar de que contribuiría a la seguridad jurídica de los arrendadores -quienes recuperarían sus viviendas mucho antes de lo que es hoy norma- y, por tanto, animaría a poner más pisos en alquiler. Zapatero recuperó en 2004 la tradición franquista de tener un Ministerio de Vivienda, abandonada desde el primer gobierno democrático, y los resultados han confirmado que se trató de una decisión meramente propagandística, porque, para el balance que presenta su gestión, habría bastado con mantener sus competencias en una dirección general o, a lo sumo, en una Secretaría de Estado.

Ramon Perez Maura, Diana: Fuede y no hubo nada

viernes 31 de agosto de 2007
Diana: Fuese y no hubo nada
LAS masas llenaban las calles de Londres y parecía como si el peso de los ramos de flores y los osos de peluche pudiera derribar las verjas del Palacio de Kensington. Los medios de comunicación británicos -con muy excepcionales salvedades- atacaban a la Familia Real británica por su frialdad y distanciamiento. Por primera vez la Reina -y en este caso mucho más que el Príncipe de Gales- era objeto del reproche público y publicado de sus súbditos. Recuerdo con nitidez cuánto me impresionaron las palabras de una amiga, de incuestionable, inteligente y muy efectiva lealtad monárquica: «Esto se ha acabado. Los Windsor se van a ir a su casa».
Quienes en aquellos días y desde estas páginas (ver «La cara oculta de Diana» ABC, 07-09-97) intentamos desmontar la gran farsa que algunos habían creado entorno a la figura rota de Diana, Princesa de Gales, éramos objeto, las más de las veces, de invectivas. Diana Spencer y Carlos de Gales cometieron un error evidente al contraer matrimonio en 1981. Ni ella tenía las cualidades para ser Reina de Inglaterra -y eso es un fallo de previsión achacable sólo al Príncipe y a quienes le incitaron a ese matrimonio- ni él podía dar a su mujer la vida que ella soñaba -y eso es achacable a Diana-. Que los medios de comunicación se entusiasmaran con la llegada de un nuevo y fotogénico miembro a la Familia Real -mucho más que cualquiera de los existentes, de eso no hay duda- es comprensible. A las 11,00 de la mañana del 24 de febrero de 1981 la BBC dejó de abrir sus boletines de radio con las novedades sobre el fallido golpe de Estado en España para informar del anuncio del matrimonio. Una hora después comparecía ante los medios, divertido, el octavo conde Spencer, Eduardo, padre de la novia. Entre risas contó cómo el Príncipe de Gales le había llamado para pedirle la mano de su hija. «Por un momento pensé «¿Qué pasaría si digo que no?»». Desde ese día los medios se lanzaron a la carrera para explotar un nuevo producto con el que consiguieron crear sensación. En pocas semanas y hasta hace ahora diez años, Diana estuvo permanentemente en los hogares de todos los británicos y de medio mundo.
¿Recuerdan el anuncio de John Major al Parlamento británico en diciembre de 1992? Lo que ya muchos esperaban se confirmó: el matrimonio estaba roto y los Príncipes se separarían. Como en cualquier fracaso matrimonial, no es posible atribuir el cien por cien de la culpa a uno solo de los cónyuges y no es el objetivo de estas líneas adjudicar porcentajes de responsabilidad. Lo cierto es que ya para entonces llevaba Diana años empleando en su beneficio a algunos medios de comunicación. Ella era la estrella dentro de una familia que ni entendía ni aceptaba que su servicio a la sociedad -a la que estaba vinculada desde la noche de los tiempos- debiera consistir en la búsqueda del relumbrón. Ella era la que vendía periódicos. Ella daba mucho a los medios y si querían que se lo siguiese dando deberían aliarse con Diana contra la Familia Real. «For Queen and Country» fue una expresión abolida del imaginario de la madre del futuro Rey de Inglaterra. Su lema despechado pasó a ser «Against Queen and Royals».
Durante un lustro fue un negocio muy rentable. La incongruencia del personaje era un detalle minúsculo y sin relevancia en una sociedad mediática. Así, las feministas adoraban a Diana por hacer la vida imposible al Príncipe de Gales sin importarles el que todo lo que había hecho Diana en su vida lo había logrado en buena medida por ser la mujer de su marido. Otrosí, era la amiga de los pobres y de Teresa de Calcuta, pero no perdía ocasión de engrosar el debe de la contabilidad regia en las millas de oro comerciales de Londres, París, Nueva York y donde quiera que fuese. Y también era el rostro internacional de la lucha por la abolición de las minas anti persona, pero no tuvo inconveniente en pasar las últimas seis semanas de su vida conviviendo, de crucero en crucero, con el hijo de un hombre que había amasado una de las mayores fortunas del mundo a la sombra de una familia de traficantes de armas que se hizo rica vendiendo, entre otras, todas las minas que quisieron comprarle los tiranos de medio planeta.
En la hora de la muerte de Diana, Princesa de Gales, el noveno conde Spencer vio la ocasión de dar sentido a su vida. Cuando en su día se consumó la separación de los Príncipes, Diana pidió a su hermano que le prestara una de sus numerosas casas en el entorno de la residencia familiar de Althorp House. Pese a que él vivía en Suráfrica, el conde se negó aduciendo que eso crearía un interés mediático que haría insufrible la vida en Althorp. En otras palabras: dejó a su hermana tirada. El 6 de septiembre, en la abadía de Westminster en la que se ofició el funeral, Charles Spencer se erigió en protagonista de la ceremonia religiosa. Arremetió contra los medios de comunicación de los que Diana se había servido y humilló públicamente a la Reina y a toda la Familia Real. Terminada su diatriba, una cerrada ovación de los amigos de Diana llenó Westminster. Ninguna otra Casa Real europea tuvo un miembro en el oficio religioso. Sólo Constantino de Grecia, en su condición de padrino del Príncipe Guillermo, estuvo presente. «¡Constantino!» me diría días después uno de sus pares: «¡Que era de todos nosotros el que más la odiaba!». Completado el lanzamiento mediático de su nuevo negocio de éxito seguro tras años de promoción periodística y una semana de una conmoción mundial que ofrecía los mejores augurios, el conde Spencer se llevó el cadáver de su hermana a enterrar en una isla artificial, en medio de un lago también artificial junto a Althorp House, la propiedad que quiso preservar de ella. El lucro parecía seguro.
Pero cuando se acabó la utilidad de Diana, los medios se olvidaron de ella. Podría decirse, como en el último verso del soneto de Cervantes ante el túmulo de Felipe II en Sevilla: «Fuese y no hubo nada». Aquella a quien el conde Spencer definió en su filípica como «la esencia misma de la compasión, el deber y la belleza» reunía unas supuestas cualidades poco duraderas. Su herencia no era tangible. No dejaba legado material o intelectual. El entusiasmo del primer año sumó 20 millones de libras en donaciones personales y otros 80 millones en donaciones corporativas al Fondo para la Memoria de Diana. El año pasado sólo recaudó 222.000 libras. Tras la muerte de Diana un 60 por ciento de los británicos decían que en ningún caso Carlos podría ser Rey si se casaba con Camilla. Nada de aquel sentimiento perduraba en 2005 cuando contrajo matrimonio con ella, discretamente, en Windsor. Y no hay que descartar que la hoy Duquesa de Cornualles se convierta en su día en Reina consorte de Inglaterra en contra de lo dicho años atrás. Por no hablar de cómo ha recuperado su posición la Reina Isabel II, cuya celebración de los 50 años en el trono, en 2002, provocó el entusiasmo nacional.
Jonathan Freedland publicó en «The Guardian» el pasado día 13 un largo artículo titulado «¿Un momento de locura?», en el que afirmaba que aquella semana de hace diez años «se ha convertido en un recuerdo embarazoso, como si fuera una especie de empalagosa nota de autocompasión de un quinceañero en su diario. Nos avergüenza recordarlo».
Para el funeral de Diana en Westminster, su amigo Elton John escogió interpretar la canción «Candle in the Wind», renombrada como «Goodbye England´s Rose». Todos creímos que era un bonito homenaje a su amiga. Quizá iba más allá de lo que parecía. Puede que Elton John, un hombre muy listo, intuyera que Diana de verdad era una «Candle in the wind», una «vela en el viento». Y las velas, en el viento, se apagan.
RAMÓN PÉREZ-MAURA

Manuel Alcantara, Frio en la zona cero

Frío en la zona euro
31.08.2007 -
MANUEL ALCÁNTARA

Hace calor en todas partes menos en la región económica que habitamos, donde se ha enfriado el dinero. Los barómetros de los economistas explican estas alteraciones del clima y dicen que la expansión anual del PIB se modera, en vez de decir que decae. También en los partes de guerra se dice, cuando un ejército retrocede ante el enemigo, que «avanza hacia la retaguardia». El caso es que se empieza a reconocer que vamos a tener que acostumbrarnos a pasarlo peor, o sea, a pasarlo con menos dinero. La crisis de las hipotecas de alto riesgo estadounidenses, según quienes no han contraído ninguna hipoteca, apenas tendrá efecto en España. Lo que de verdad están anunciando es que no tendrá efecto entre ellos.Se ha frenado bruscamente la construcción y aquí dependemos todos del ladrillo, aunque algunos se dediquen a alinearlos y otros nos conformemos con que no nos caiga alguno en la cabeza. Quiere decirse que nuestro techo económico está enladrillado y el desenladrillador que lo desenladrille buen desenladrillador será. De momento, nueve aseguradoras y sesenta fondos hipotecarios han sido duramente afectados por la crisis del Imperio. Ya sabemos que cuando Norteamérica estornuda, aquí se cogen unas pulmonías enormes, generalmente dobles. Una enfermedad que en numerosas ocasiones tiene la ventaja de ser la última.La globalización consiste en ver en globo nuestro futuro. Los españoles tenemos la ventaja, cuando volvemos la vista atrás, de pensar que cualquiera tiempo pasado fue peor, pero nos estábamos acostumbrando a eso que llaman la buena vida. Más que el Mercado Común nos ha importado siempre el mercado de nuestro barrio. La subida del pan, de la leche y de los huevos manda huevos y es para cagarse en la leche. Significa hambre, así como suena, para mucha gente.