viernes, junio 29, 2007

Chinchetu, Ya no importa

sabado 30 de junio de 2007
Ventanas
Ya no importa
El auténtico amante de la libertad y los derechos más básicos de los ciudadanos no los defiende sólo ante el rival político. También lo hace cuando quienes los atacan sin aquellos de los que uno se siente más próximo.
Antonio José Chinchetru

No cabe duda alguna de que una de las grandes cuestiones de la semana en el ámbito de Internet es la admisión a trámite de la absurda demanda que los Teddy Bautista Boys han presentado contra el blogger Julio Alonso por haber informado hace tres años en su bitácora, Merodeando, sobre el Google bombing contra la SGAE. Un gran tema para escribir sobre él, pero Enrique Dans ya se nos ha adelantado y poco podemos decir que aporte algo nuevo a su brillante columna sobre la cuestión en estas mismas páginas digitales. Mencionado el asunto, vamos a tratar otro del que poco se ha hablado en los medios pero no resulta baladí.
Hace unos diez días el Congreso aprobaba el dictamen del proyecto de Ley de "conservación de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicaciones", que traducido de la neolengua político-intervencionista al idioma que hablan el común de los ciudadanos significa retención de datos. Sorprende el silencio con el que se ha acogido la noticia, tanto por parte de los medios de comunicación como por parte de la teóricamente combativa blogosfera. Resulta triste que un paso tan importante en la tramitación parlamentaria (el texto pasa ahora al Senado) de un atentado de tal gravedad contra la privacidad y, por tanto, contra la libertad sea acogido con un silencio sepulcral.
Esto no ocurría cuando gobernaba el PP. En aquel entonces, ciberactivistas de todos los colores políticos observaban con lupa cada paso que daba el Ejecutivo en materia de leyes relativas a Internet. La tramitación parlamentaria de la LSSI fue seguida por lupa por cientos o miles de personas dispuestas a montar follón por cada cambio que se producía. Tras unas acertadas rectificaciones por parte del Partido Popular (como la eliminación de la famosa "autoridad competente"), el punto álgido llegó con la introducción en la ley de la retención de datos, aunque su aplicación se postergaba para un posterior desarrollo reglamentario que no llegó. Y sin embargo, cuando esta espinosa cuestión es legislada por el PSOE y sus socios, silencio absoluto.
Está claro que quienes desde la izquierda y el nacionalismo entonces se mostraban como firmes defensores de las ciberlibertades no son tales. No creen en ellas. Simplemente buscaban desgastar al Gobierno de Aznar y al Partido Popular. El auténtico amante de la libertad y los derechos más básicos de los ciudadanos no los defiende sólo ante el rival político. También lo hace cuando quienes los atacan sin aquellos de los que uno se siente más próximo. La actitud contraria, la que mantienen los ahora ciberactivistas en silencio, es simple sectarismo y desprecio por la democracia.
Antonio José Chinchetru es autor de Sobre la Red 2.0.
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

Francisco Capella, El socialismo implica mucha ignorancia

sabado 30 de junio de 2007
Réplica a Francisco Bustelo
El socialismo implica mucha ignorancia
El ser humano es generoso pero de forma limitada porque es imposible ser completamente altruista: es una estrategia de supervivencia evolutivamente inestable y no exitosa.
Francisco Capella

Francisco Bustelo, profesor emérito de Historia Económica, se plantea qué debe ser y hacer el buen izquierdista ante la evidencia histórica del fracaso del comunismo y la rendición política del socialismo ante el capitalismo: cuando alcanzan el poder no hacen la revolución prometida, no socializan los medios de producción.
Según Bustelo centenares de millones de personas creyeron en el comunismo, pero "su esfuerzo y, muchas veces, su generosidad y sacrificio de poco sirvieron", ya que con el tiempo se comprobó que "el modelo sólo engendraba dictadura en el plano político e ineficacia en el económico". Cree Bustelo que la socialdemocracia funcionó mejor: "Gracias a la eficacia de la economía de mercado y a unas políticas sociales de apoyo a los de abajo, hubo un incremento notable del bienestar general."
Seguramente en los regímenes comunistas sólo una minoría dominante cree en el sistema y se lo impone coactivamente a los demás, quienes quizás saben perfectamente que aquello no funciona en absoluto y tratan de escapar o trampean en los mercados ilegales. La generosidad del comunista es pura fachada, una completa falacia que, en realidad, consiste en ser muy desprendido con el dinero de los demás: sacrificios sí, pero para otros. Y creer en ideas sociales equivocadas y promoverlas sólo puede tener resultados nocivos, así que el compromiso vital no es tan bonito como parece.
Las políticas sociales se publicitan como generadoras de bienestar porque no pueden presentarse como lo que realmente son: redistribuciones ilegítimas de riqueza que en realidad apenas ayudan a los pobres pero sirven para captar votos y mantener burocracias parasitarias; el avance social se produce a pesar de las políticas sociales, y no gracias a ellas.
Bustelo muestra que se puede ser profesor de historia económica e ignorar lo fundamental de la ciencia económica. "La dificultad estriba en que la añeja receta de socializar los medios de producción, que constituía la pieza maestra de toda política de izquierdas, resultó inservible. A decir verdad, no hay una explicación cumplida de por qué esa fórmula, en lugar de curarlos, agrava los males de la sociedad. La afirmación de un preclaro profesor escocés de hace más de doscientos años de que no es la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero lo que nos procura nuestra cena, sino el cuidado que ponen ellos en su propio beneficio, no ha sido desmentida. ¿Pero por qué la humanidad sólo ha de funcionar si se basa en el egoísmo?"
Sí que existe una explicación correcta de la imposibilidad del comunismo, ofrecida por Mises y Hayek muchos decenios antes de la caída del telón de acero, que ellos mismos habían predicho. Los seres humanos tienen capacidades cognitivas limitadas, y es imposible para un planificador central obtener, procesar y difundir toda la información (dispersa, tácita y no articulada) sobre las capacidades y preferencias de los individuos necesaria para dirigir la economía de una sociedad; sin propiedad privada no hay precios de intercambio ni pruebas de beneficios y pérdidas y el cálculo económico es imposible. La sociedad es un orden complejo espontáneo y emergente que no puede ser diseñado ni impuesto.
Muchos socialistas desconocen esta explicación o prefieren ignorarla porque destroza todos sus ingenuos sueños. Por eso sólo suelen mencionar el problema de los incentivos (que existe pero no es el esencial): no es que la gente no pueda vivir en el comunismo, sino que en general no quiere, va a lo suyo, es egoísta y normalmente sólo sirve a otros a cambio de algo. El ser humano es generoso pero de forma limitada porque es imposible ser completamente altruista: es una estrategia de supervivencia evolutivamente inestable y no exitosa.
Bustelo se pregunta si "no cabría haber mejorado más la distribución de la riqueza mediante los impuestos". Respuesta sencilla, que seguramente le cueste aceptar: no. Que una distribución sea mejor o peor es una cuestión subjetiva; afinen su lenguaje quienes defienden distribuciones más igualitarias (con menos dispersión) y recuerden que los impuestos se basan en la violencia (intente no pagarlos). Su receta política: "Sí que cabe hacer más de lo que se hace, especialmente en nuestro país. Resulta que la España de los diecisiete años de gobiernos de izquierda tiene menos fiscalidad y menos gasto social que la media europea." ¿Por qué acercarnos nosotros a la media y no pedir a los demás que corrijan ellos sus excesos socialistas?
Tal vez sea ése el cometido de la izquierda en el siglo XXI. Ya que como parece que habrá que esperar al siglo XXII o al XXIII para que los avances del saber permitan cambiar el funcionamiento de la economía, luchemos entre tanto por las muchas causas pendientes: ecologismo, ayuda al tercer mundo, políticas generosas de inmigración, laicismo, educación, emancipación definitiva de la mujer, derechos humanos, antiimperialismo, coexistencia pacífica de nacionalismos, etcétera. Además, claro está, de lograr un gasto social como el de Suecia.
Como no conoce la ciencia económica cree que tal vez algún día cambie y encuentre una receta mágica. Y quizás también se logre la cuadratura del círculo y se encuentre el número primo máximo. Entretanto, a defender topicazos políticamente correctos.
Francisco Capella es director del área de Ciencia y Ética del Instituto Juan de Mariana y creador del proyecto Inteligencia y libertad.

Serafin Fanjul, Los amigos del Guia

sabado 30 de junio de 2007
Rio Cabe
Los amigos del Guía
Se someten a los carísimos caprichos y conveniencias coyunturales y regionales de tiranos tercermundistas como los citados, creyendo ganárselos de tal guisa y éstos, a la primera de cambio, les patean inmisericordes nuestro trasero.
Serafín Fanjul

En el principio no fue ni el Verbo. La mayoría pensaba que era tonto y algunos le llamaban Bambi mientras disponían la siguiente carambola con que devolverle a su sitio, por aquello del usar y tirar. Un servidor le consideraba la corporeización física de la Nada, si tal contradicción lógica es posible: la Nada sumada a la Nada, multiplicada por ella, dividida por más Nada y elevada a la enésima potencia y con rigurosa extracción de la raíz cuadrada, el teorema de Pitágoras y lo que ustedes gusten añadir. Pero la Nada. Después, cuando ya no había remedio y un par de millones de españoles probó su irresponsabilidad y cobardía votando a la Nada, comenzó el contraste de pareceres sobre si es más malo que tonto o viceversa y en qué grado. Aun no se han puesto de acuerdo y la charla sigue.
El resto es historia sabida y reciente: no la repetiremos, pero sucintamente sí hemos de fijar la atención en una de las más letales virtudes del personaje, su capacidad para hacer buenas migas con insolventes e indeseables, problema que si se redujera a los resultados de su cuenta corriente o a la estela gloriosa que en la historia de España dejará, nos mantendría tranquilos y fríos, o "al pairo", como dicen sus compadres (y compadras) con evidente ignorancia del significado de la expresión. Pero sus cabildeos y pactos con la ETA, con cualquier separatista presto a pulverizar el Estado (véanse los tremendos casos de Galicia o Baleares: con la exigua mayoría de un diputado pactan "lo que sea", cifra y leyenda ineludible para el escudo de armas del prócer, cuando le invistan Duque de la Nada) o sus exitosas gestiones en el exterior amenazan con dejarnos en cueros pero bien cubiertos de inmundicia.
Sus méritos menores en política internacional, bien conocidos, nos han colocado en envidiable posición (hagiógrafos y pelotas aseguran impávidos que en Europa se imponen y admiran sus propuestas y ocurrencias): apestados para Estados Unidos, concienzudamente despreciados por alemanes y franceses (bendición y chollo, el hombre, para estos últimos) y hasta por marroquíes, mauritanos y senegaleses. Una suerte, el tío. Sin embargo, esos constituyen los logros de segundo orden, las verdaderas hazañas son otras, si bien han contado con el imprescindible concurso de su orondo paje Moratinos. Por cierto, ¿se han percatado de cuán apropiado es este apellido para un escudero en una comedia de Lope, con muchos palos, cornudos y dueñas bachilleras?
Exhibió arrobado, pero con alto coste, la chompa de Morales y éste extorsionó y exprimió a fondo a empresas y empresarios españoles, sin obtener ni una sonrisa de conmiseración; defendió hasta la abyección el pachanguero proyecto bolivariano y ahora se descuelgan por allá insultando a beneméritos mártires de la causa como Garzón y el mismo Moratinos (en las comedias el escudero siempre endosa las puñadas); hacen el caldo gordo a Fidel y no han avanzado un milímetro (en cualquier instante les pondrá de chupa de dómine, como hizo en tiempos de González); se humillan ante el sultán de Marruecos y éste, aparte de sacarnos los cuartos, no está dispuesto ni a recibir por la frontera de Ceuta los jeeps que se le regalan; los iraníes ya les han soltado cuatro frescas en cuanto se han salido medio palmo del florido campo de las loas y el amén-amén, único terreno en el que es posible el entendimiento con quienes se consideran brazo y palabra de Dios sobre la Tierra. Suma y sigue (la Alianza de Civilizaciones). Se someten a los carísimos caprichos y conveniencias coyunturales y regionales de tiranos tercermundistas como los citados, creyendo ganárselos de tal guisa y éstos, a la primera de cambio, les patean inmisericordes nuestro trasero.
Mas la Alianza de Civilizaciones, tras obtener el desinteresado y ferviente apoyo de Turquía, Irán, Arabia o Mongolia Exterior (también estuvo in illo tempore Venezuela) induce al sabio Guía, a su galano escudero y a los muy avisados ministriles que le tocan la flauta, a concluir por decreto de su real gana y prudencia que la ETA es buena, aunque un poquito equivocada en sus formas; que los ayatollahs o el déspota saudí, en el fondo, son buenos chicos y no hay que andar con injerencias inoportunas; o que Hamás y Hizb Allah (y sus mentores iraníes y sirios) constituyen la crema de la intelectualidad y bonhomía mundial, así pues es obligado alcanzar acuerdos con ellos, acuerdos que –como es costumbre– en tan nobles y honradas casas, van a respetar y cumplir con la fiabilidad demostrada a lo largo de la historia, próxima o lejana. Premio para los sagaces escuderos (también hay otro, de nombre Bernardino, no menos digno de figurar en comedias y pliegos de cordel). Pero éstas ya no son bromas, sino palabras mayores, porque están jugando con la vida de españoles.
Un día el Guía afirma que estamos a partir un piñón con la ETA y al siguiente acaecen los asesinatos de la T-4; un año la diplomacia española y todo el aparato de propaganda del régimen se vuelcan en persuadirnos de la tierna bondad de Hamás y Hizb Allab, así como de la siniestra criminalidad israelí que ataca a tan señalados pacifistas, y al siguiente, en tierras controladas por Hizb Allah (en un país árabe "controlado" significa controlado) asesinan a seis soldados españoles. Los sabios se creyeron su propia propaganda, sus propios latiguillos. ¿Para qué enviar material militar adecuado si la Alianza de Civilizaciones es mucho más eficaz que el "Deténte, bala" de los carlistas? Además, los moros son amigos y gente constante en sus pactos (Moratinos lo sabe de buena tinta); en Líbano no hay una guerra; si cumplimos el papelón de defensores de "guerrilleros" e "insurgentes" contra Israel y Estados Unidos, ¿cómo nuestros amigos nos van a hacer la pirula? Hombre, hay que ser muy mal intencionado para pensar lo contrario. Y etcétera.
Dios nos libre de los amigos del Guía. Y librémonos de él, nosotros, lo más pronto posible: el país no resiste otros cuatro años.

Ignacio Villa, Objetivo, adulterar la vida politica

sabado 30 de junio de 2007
Proceso de rendición
Objetivo: adulterar la vida política
Si antes ya había razones de peso, ahora Mariano Rajoy está obligado a hablar el martes de la manera más clara posible sobre el proceso de rendición del Gobierno ante ETA.
Ignacio Villa

La vicepresidenta De la Vega ha aprovechado su comparecencia tras el Consejo de Ministros para arremeter contra Mariano Rajoy a pocos días del debate sobre el estado de la Nación. Dice la portavoz del Ejecutivo que el líder de la oposición ha incumplido su palabra al advertir que hablará de la banda terrorista ETA en el debate de la próxima semana. De la Vega recupera, pues, en este momento clave del final de la legislatura, la actitud chulesca y desafiante de un Gobierno que ante la discrepancia sólo es capaz de insultar y amenazar, nunca de argumentar.
Estas declaraciones de la vicepresidenta confirman que el actual inquilino de La Moncloa entiende la política como algo que sólo se ejecuta desde el chanchullo y el pacto bajo cuerda. ¿Como se puede amenazar en estos términos al líder de la oposición en vísperas de un debate sobre el estado de la Nación? ¿Cómo pueden siquiera sugerir que una cuestión tan clave como es el terrorismo etarra debe dejarse fuera del Congreso y del escrutinio de la opinión pública? Mucho tiene que ocultar de sus tejemanejes con ETA el presidente del Gobierno a los españoles cuando no quiere que se hable de ello en la cita política del año, convirtiendo así al Parlamento en una pantomima superflua. Él, que iba a hacer del Congreso el centro de la vida política.
Estamos ante un presidente del Gobierno que aparenta no tener ni la más mínima vergüenza. Esta dispuesto a enturbiar la vida política todo lo que pueda; su objetivo inequívoco es la adulteración de las instituciones democráticas; su obsesión buscar complicidades en la maldad y el engaño. Es algo que ya sabíamos, pero que vuelve a confirmarse a la vista de las amenazas que desde el Gobierno se están vertiendo contra el jefe de la oposición en caso de que se le ocurra hablar de ETA en el debate sobre el estado de la Nación. Zapatero quiere una España narcotizada por sus discursos sin contenido y no puede admitir que se hable de algo que no le conviene.
Lo que no cabe duda es que Mariano Rajoy, después de las amenazas de Fernández de la Vega, no puede echarse atrás. Si antes ya había razones de peso, ahora está obligado a hablar el martes de la manera más clara posible sobre el proceso de rendición del Gobierno ante ETA. La oposición debe responder, debe ejercer como tal. Si Zapatero quiere adulterar la vida política, Rajoy deberá defenderla de sus ataques inmisericordes. A Zapatero no le basta con rendirse ante ETA, además quiere que no se hable de ello. Ni un susurro. Pero si estamos en democracia, es necesario que se hable, y que se hable en la sede de la soberanía nacional, no en la televisión de Polanco.

GEES, Debatir sobre la Nacion

sabado 30 de junio de 2007
Proceso de rendición
Debatir sobre la Nación
¿De qué quiere discutir Zapatero mientras sigue negociando con ETA el futuro de los españoles a los que la banda asesina? ¿De las pensiones de los autónomos? ¿De los derechos de los homosexuales? ¿Del precio de la luz?
GEES

Lo bueno de un Gobierno en descomposición como éste es que cada vez disimula peor y se enfada con menos gracia. Las informaciones sobre los apaños de Zapatero con ETA, no todas surgidas del diario etarra Gara, demuestran que el PSOE negociaba con la banda con una mano mientras con la otra firmaba el pacto antiterrorista, y que firmaba pactos que afectan al conjunto de la nación española. Por eso no deja de tener su gracia la histeria con la que afronta el debate sobre el estado de la Nación.
La próxima semana será crucial para el futuro de la Nación. El Gobierno tiene la firme determinación de entregar Navarra a los anexionistas vascos como parte del trato de los enviados de Zapatero con la banda terrorista ETA. El golpe al régimen autonómico y constitucional en Navarra se producirá antes o después del debate, antes o después de las elecciones generales, pero en cualquier caso con Zapatero en el poder.
La descomposición moral y política del Gobierno sigue su curso: mal está un partido pretendidamente nacional que crea legítimo repartirse España con ETA y el resto de nacionalistas; roza la enfermedad cuando pretende hacerlo a escondidas, sin que nadie se entere; y entra de lleno en la esquizofrenia paranoide cuando pretende que el único partido que se dice nacional se dedique a debatir sobre cualquier otra cosa. ¿De qué quiere discutir Zapatero mientras sigue negociando con ETA el futuro de los españoles a los que la banda asesina? ¿De las pensiones de los autónomos? ¿De los derechos de los homosexuales? ¿Del precio de la luz?
Que nadie se confunda: este debate sobre el estado de la Nación es el más importante desde hace muchos años, precisamente porque lo que está en juego es la existencia de una Nación sobre la que debatir su estado. Y hoy esto pasa por la relación oscura, pringosa y húmeda entre Zapatero y ETA. En el debate debe rendir cuentas ante los representantes de la Nación sobre estos tratos, sobre los pasados, los presentes y los futuros.
El Gobierno tiene toda la intención de pactar un debate amañado o de obligar al PP a mirar hacia otro lado ante sus desmanes. Ocurrió antes, con nefastas consecuencias para la imagen de Rajoy y para la deriva posterior de los acontecimientos. Pero esta vez la cosa es distinta, por la gravedad de la situación. El Gobierno le tiene pánico al debate como el delincuente teme a la policía. Zapatero teme a Rajoy, que tiene ideas, principios y una honradez de la que el presidente del Gobierno desconoce hasta su significado. Así las cosas, el debate debe ser, con mayúsculas, sobre el Estado de la Nación. Y sobre los tratos de Zapatero con sus enemigos.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Martinz Abarca, Rodrigo Rato y no consumado

Dimisión del FMI
Rodrigo Rato y no consumado
Lo tiene todo, Rato, para llevar a la derecha al triunfo absoluto: incluso tiene un mucho mejor nudo de la corbata que Gallardón, que de todas formas ya ha abandonado por ventura aquellos huesos de aceituna que se anudaba bajo el galillo.
José Antonio Martínez-Abarca

No sé si es posible, quizás incluso sí, fiarse de alguien que da la mano sin mirar a su saludado, atravesado, al soslayo, como pasando con la derecha un frío pulpo de contrabando por debajo de la manga izquierda. Así es Rodrigo Rato, el cincomesino ex responsable del Fondo Monetario Internacional, organismo del que ha pegado la espantá. O, al menos, así era cuando trabajaba de vicepresidente de Aznar.
Se le nota demasiado a Rato que no tiene excesivo interés, ni siquiera el protocolario, por los demás seres humanos, al menos los que no le incumben, lo que no tiene por qué ser necesariamente malo. Zapatero proclama a quien le quiere oír un interés desmesurado por hacernos felices aunque no queramos, lo que sí es necesariamente malo. Rato es de quien se acordarán todos cuando estemos en medio del desastre económico que ya apunta, con las promotoras del ladrillo valorando el regalar chalés con el periódico del domingo.
Lo tiene todo, Rato, para llevar a la derecha al triunfo absoluto: incluso tiene un mucho mejor nudo de la corbata que Gallardón, que de todas formas ya ha abandonado por ventura aquellos huesos de aceituna que se anudaba bajo el galillo. Lo que no estoy muy seguro es de si con Rato en la presidencia del Gobierno habría ganado la derecha, al menos la que se presenta bajo la gaviota.
Insisto en que no sé si la gente bien, de los que han visto pasar dinero (se lo queden o no, resulta indiferente), son los más indicados para mantener los valores y principios de sus bases electorales cuando llega al poder absoluto. No las tengo todas conmigo con relación a los tipos de apellidos (y lo dice alguien con apellido) en cuanto les dejan hacer algo. Como poco, me fío lo mismo que de la gran banca, aquellos compañeros de viaje de Felipe González.
Rato, además, parte de unos antecedentes del todo sospechosos. ¿Cuál fue el verdadero alcance de su papel protagónico en aquella situación mediática aznariana que al poco desembocó en lo que con acierto se le llama "invierno"? Rajoy ha alertado de lo que se le avecina con las televisiones antes de las Generales. El mismo Rajoy que, al poco de perder un poder que le estaba destinado, me dijo que el desastre mediático, y no sólo el digital, se debió a que dependía de tres personas, ninguna de las cuales quiso dejar de tener carné de demócrata homologado por los que lo expenden oficiosamente. Una de aquellas personas que Rajoy no me citó expresamente era y es Rodrigo Rato, quien me temo que no sólo tuvo un papel fundamental en lo de las televisiones.¿Habrá reflexionado sobre lo que propició el actual y abrumador dominio mediático durante sus tres años de retiro tiberiano en Capri, queremos decir en Washington? No parece muy arrepentido. De momento ya ha ido a confesarse a los que también confiesan a divinis según su desleal saber y entender... Pero quién sabe. Hay tanta inteligencia ahí que hasta es posible que haya entendido cuáles son los principios.
abarca@libertaddigital.tv

Jose Maria Marco, Casa Arabe

sabado 30 de junio de 2007
Subvenciones al Islam
Casa Árabe
En la página web de Casa Árabe no existe el terrorismo islámico, ni la persecución de los cristianos en muchos países musulmanes, ni la homofobia musulmana, ni los burkas. Eso sí, aparece un informe sobre la islamofobia.
José María Marco

El Consejo Escolar continúa avanzando el programa progresista. El progresismo tenía que acabar así, en el esperpento relatado por Álvaro Vermoet en su extraordinaria crónica en directo del Consejo Escolar del 27 de junio.
Cuando aquí se impone la enseñanza del Islam y se niega la de la historia de España, los soldados del Ejército español mueren a manos de los terroristas islámicos y, en nuestro país, la vida de cualquier ciudadano está amenazada por los terroristas nacionalistas. ¿Hace falta recordar que no nos amenazan los cristianos de Oriente Medio, ni los israelíes, ni, en España, ningún otro grupo que no esté inspirado en la patología nacionalista? Pues es con islamistas y nacionalistas con quienes Rodríguez Zapatero está empeñado en pactar, dentro y fuera de España. Ellos conforman las decisiones políticas y ellos determinan medidas que nos afectan a todos.
Una de estas decisiones, que está pasando bastante desapercibida, es la puesta en marcha de "Casa Árabe", así, sin artículo. Se trata de una institución destinada según la declaración de intenciones colgada su página web, a convertirse en un "activo instrumento que contribuya, desde las instituciones políticas y los medios económicos, culturales e intelectuales, a fortalecer y consolidar la relación polivalente [sic] con los países árabes y musulmanes y a desarrollarse como referente en el estudio y el conocimiento de la realidad y la historia de esos países".
Según sigue diciendo Casa Árabe, en esa prosa detestable, "España es en el imaginario árabe y musulmán el país europeo de mayor credibilidad y simpatía". Probablemente por eso han matado a españoles en Irak, en Afganistán y en el Líbano, sin contar los atentados en Marruecos ni, por supuesto, el 11-M versión oficial.
Pero claro, según Casa Árabe, "la diversidad y amplitud de la región árabe [resic] es todavía hoy una gran desconocida en nuestro país. Para corregir esa indeseable situación ha de producirse una toma de conciencia social de que el incremento de nuestra relación con el mundo árabe y musulmán es una apuesta que exige acciones y programas específicos que aseguren un conocimiento social mucho más profundo y genuino de cada país y del conjunto".
En la página web de Casa Árabe no existe el terrorismo islámico, ni la persecución de los cristianos en muchos países musulmanes, ni la homofobia musulmana, ni los burkas. Eso sí, aparece un informe sobre la islamofobia avalado, como no podía ser menos, por la UE.
La cosa está bien clara. Queda por ver según qué criterios las administraciones públicas han dado a Casa Árabe una sede en el mejor sitio de Madrid: las antiguas Escuelas Aguirre en la confluencia de Alcalá y O’Donnell. (En Córdoba les han dado otra, también extraordinaria.) Los progresistas saben cuidarse. Y no escatiman en el proceso de islamización de Europa. Pagamos todos, claro está. A algunos, como los últimos seis soldados muertos, ya les han agradecido los servicios prestados con un distintivo amarillo. Siniestro.

Pablo Molina, ¿Como esta la nacion?

sabado 30 de junio de 2007
Ante el debate
¿Cómo está la nación?
Nos ha convertido a los españoles en individuos tan pacifistas que hasta cuando asesinan a nuestros soldados mediante el expediente pacífico del coche bomba, seguimos negando la mera posibilidad de que España haya enviado tropas a un escenario de guerra.
Pablo Molina

Antes de responder a la cuestión que da título a esta columna es preciso determinar a qué nación nos referimos. Es más, como el presidente por accidente tiene un concepto más que nebuloso de algunas cuestiones elementales como sujeto de soberanía, patria o Estado, convendría que antes del debate sobre el estado de... lo que sea, se reuniera con Rajoy para dilucidar si "nación" es un concepto válido en política y, sobre todo, si España se incluye en esta categoría, porque estar un día y medio discutiendo sobre la situación actual de algo que no existe se me antoja una gran gilipollez. A los portavoces del resto de partidos políticos no hace falta preguntarles, pues su opinión al respecto es harto conocida.
Mas hagamos un esfuerzo mental y, a despecho de las dudas metódicas del presidente, supongamos que España es una nación. ¿Cómo está la criatura a falta de ocho meses para que concluya la era zapateril? Hombre, hay opiniones, pero resulta difícil negar algunos hechos que han barnizado este primer mandato de Zapatero de una gracia especial.
En el asunto del terrorismo, a pesar de que ZP prometió que cada vez estaríamos mejor, resulta que estamos bastante peor que cuando él empezó a gobernar. Sus intentos de acabar con la violencia sin utilizar la menor dosis de prudencia política que una cuestión tan grave aconseja, han conseguido que los terroristas den por periclitado el supuesto alto el fuego con que le engañaron y sigan exigiendo exactamente lo mismo que hace treinta años, pero ahora desde dentro de las instituciones y cobrando del erario público. Lo que se dice un exitazo.
En el próximo debate sobre el estado de la Nación, Zapatero recitará de nuevo su letanía de grandes logros, basada fundamentalmente en el aumento de los "derechos de ciudadanía", como gusta definir a la Ley Zerolo con su habitual dosis de pusilanimidad. En política exterior los éxitos se suceden ininterrumpidos desde que Zapatero descubrió que los líderes de futuro con los que hay que mantener una relación más estrecha son Castro y Chávez. Aún no nos han echado a gorrazos de ninguna cumbre internacional de países serios, pero todo se andará.
Y la paz. ¡Ah, la paz! Ahí si que no hay manera de negar a ZP un éxito rutilante. Nos ha convertido a los españoles en individuos tan pacifistas que hasta cuando asesinan a nuestros soldados mediante el expediente pacífico del coche bomba, seguimos negando la mera posibilidad de que España haya enviado tropas a un escenario de guerra.Y así con todas las demás cuestiones, con la recuperación de la (selectiva) memoria histórica en lugar preeminente de este festival hipócrita. Pero como a la mayoría de la gente lo que le va es el talante y el buen rollito, no es de prever una catástrofe parlamentaria para el PSOE en el debate de la semana próxima. Y es que eso de confrontar los discursos con la realidad y extraer conclusiones válidas es cosa de fachas. Gente irrecuperable para el progreso.
Pablo Molina es miembro del Instituto Juan de Mariana.
Nota: El autor autoriza a todo aquel que quiera hacerlo, incluidas las empresas de press-clipping, a reproducir este artículo, con la condición de que se cite a Libertad Digital como sitio original de publicación. Además, niega a la FAPE o cualquier otra entidad la autoridad para cobrar a las citadas compañías o cualquier otra persona o entidad por dichas reproducciones.

Bono vuelve a inventarse un delito

30-VI-2007
Bono vuelve a inventarse un delito
Lo que resulta especialmente indecente es que, después de haber cometido semejante tropelía, encima vengan los creadores de la Policía de Partido Socialista a exigir disculpas al PP, que la sufrió.

El agredido imaginario ha dado una rueda de prensa para proclamarse víctima de un nuevo asalto, en esta ocasión jurídico, al acusar de prevaricación a los tres jueces de la Audiencia Provincial de Madrid que condenaron a los policías que detuvieron a dos militantes del PP por el hecho de serlo y estar cerca de José Bono durante una manifestación. El ex ministro de Defensa es muy libre de mostrar su adhesión total a la decisión tomada por la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo, así como su absoluta discrepancia con aquella que revoca, pero eso no le da derecho a acusar, con nombres y apellidos y sin prueba alguna, a tres jueces de haber cometido un delito. Principalmente porque eso, en el Código Penal, se puede considerar como calumnia, castigada cuando se hace con publicidad con pena de prisión de seis a dos años o multa de doce a 24 meses, y no sería extraño que alguno de los tres jueces, o todos ellos, decidieran iniciar un proceso legal contra Bono.
Ignoramos aún en qué se basa la sentencia de la Sala de lo Penal del Supremo, aunque podemos esperarnos cualquier cosa cuando varios de sus magistrados participaron con entusiasmo en el linchamiento de Javier Gómez de Liaño. Cabe indicar que es precisamente el discrepante, Manuel Marchena, el más respetado entre los juristas. Y, sobre todo, es importante señalar que entre quienes apoyan revocar la sentencia se encuentra Enrique Bacigalupo. El magistrado argentino, además de liderar la novedosa argumentación jurídica que le permitió establecer que Liaño prevaricó pese a carecer de prueba alguna de ello, argumento que jamás volvió a emplear en casos similares, ostenta un récord sin igual dentro de la Judicatura española. En 1986 fue catedrático durante siete horas en la Universidad de Lérida, que utilizó como trampolín burocrático mediante el cual poder ser nombrado como "jurista de reconocido prestigio". Es lo más parecido a un nombramiento a dedo dentro del Tribunal Supremo. Y habiendo ocurrido en 1986, resulta difícil ignorar a quién pertenecía el dedo.
No obstante, y pese a los antecedentes, no vamos a acusar de prevaricación a nadie, y menos aún cuando ni siquiera sabemos todavía qué argumentos sostienen para decidir que detener a dos personas cuando no hay pruebas de que exista delito y, claro está, mucho menos de que lo hayan cometido aquellos contra los que se lanza a los perros de presa. Tampoco para absolver a los acusados del delito de falsedad documental pese a que incluso la Fiscalía de Conde Pumpido admitió su existencia.
Durante aquellos días de primeros de 2005 se empleó toda la artillería para desarticular la rebelión cívica de las víctimas del terrorismo, que daba entonces sus primeros pasos. Bono se prestó gustoso a la labor, y los policías a las órdenes del ministro Alonso, el mismo que ahora es despreciado en toda Europa por decirles a los terroristas que los ejércitos están indefensos, obedecieron al grito de "si el ministro dice que le han pegado, le han pegado, y eso no se cuestiona". Lo que resulta especialmente indecente es que, después de haber cometido semejante tropelía, encima vengan los creadores de la Policía de Partido Socialista a exigir disculpas al PP, que la sufrió.

Victo Gago, Si no hubo agresion, ¿como puede haber heroes?

sabado 30 de junio de 2007
SI NO HUBO AGRESIÓN, ¿CÓMO PUEDE HABER HÉROES?, por Víctor Gago
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LD (Víctor Gago) Lo único cierto del llamado caso Bono es que hubo detención sin delito.

Se persiguió a dos personas, se filtró desde una Policía al servicio del Gobierno su vida privada, su domicilio, sus familias, su filiación política en el PP, digna de toda sospecha,... todo por un "atentado" –así lo llamó el entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso– que nunca existió.

Lo que ni el Tribunal Supremo ni ningún otro pueden cambiar –diga lo que diga la sentencia cuyo fallo ha sido anunciado este viernes– es el hecho de que primero se fabricó a dos culpables, y a continuación se inventó el delito, al modo en que opera el sistema penal de la Reina en Alicia en el País de las Pesadillas: primero la condena, luego la sentencia y, finalmente, el juicio. Toda una premonición de la doctrina de Justicia elástica: "a tiempos nuevos, decisiones cambiantes", apenas perfeccionada por el Fiscal del Estado y el Ministro de Justicia en sus sólidas raíces chequistas.

La detención de Isidoro Barrios y Antonia de La Cruz, un jubilado y una ama de casa de Majadahonda (Madrid) que se conocen de las reuniones en la sede local del PP, se produjo el 25 de enero de 2005 a partir de un hecho que nunca existió: la agresión al entonces ministro de Defensa durante una manifestación de las víctimas de ETA a la que José Bono había acudido con la mal disimulada intención de provocar tanto a los manifestantes –que protestaban por el camino de diálogo con los terroristas emprendido por el Gobierno– como al presidente del Gobierno y rival personal de Bono en la carrera por el liderazgo del PSOE.

El Juzgado de Instrucción número 42 de Madrid archivó inmediatamente la compungida denuncia de Bono. No hubo una sola evidencia de agresión, seguramente porque, como reconocieron los escoltas del ex ministro, no existió tal agresión.

Al Gobierno, los hechos de este caso le trajeron siempre al fresco. Luego, con el tiempo y ante otros escándalos, se ha visto que es la marca de la casa. La máquina de mentir no se detiene por la minucia de las evidencias.

La vicepresidenta Fernández de La Vega, apenas conocido el fallo del Supremo que revoca la condena a los policías del Gobierno que detuvieron a Isidoro y Antonia, se ha lanzado en plancha a rematar: "el tiempo y los tribunales ponen a cada uno en su sitio", ha dicho este viernes.

Y eso que el Gobierno "nunca comenta las resoluciones judiciales"...

Una vez se haga pública la sentencia, será interesante comprobar cómo el Supremo pasa por alto el hecho de que no hubo agresión y sí detenidos, no por error o negligencia, sino simplemente porque, como dijo el comisario Rodolfo Ruiz, uno de los policías ahora absueltos, "si el ministro dice que le pegaron, es que le pegaron".

A esa lógica siniestra se reduce el caso Bono, todo un emblema de la noción del estado de Derecho para el poder socialista. Si el Gobierno lo dice, no hay más que hablar: se les detiene, y punto.

Según la sentencia de la Audiencia Provincial, ahora revocada por el Supremo, se manipularon atestados para fabricar la culpabilidad de los dos afiliados del PP, se expulsó del caso a agentes de policía que no estaban dispuestos a firmar informes falsos o a detener sin fundamento, se cambió el testimonio de los escoltas hasta que declararon lo que convenía a la incriminación de Antonia e Isidoro, a los que se les imputó por agresiones y se les puso a merced de una Fiscalía que se ensañó con tanta energía como luego se ha volcado en defender a los policías de las víctimas a las que persiguieron.

A partir de la mentira de Bono, la maquinaria del Gobierno echó a rodar una apisonadora de mentiras para culpar a las víctimas del terrorismo y, de paso, al PP, de buscar la crispación y de salirse del sistema.

Ésa, y no otra, ha sido la verdad del llamado caso Bono, apenas una muestra de la verdad del mucho más sórdido caso Zapatero que impregna toda la vida nacional, de tres años para acá.

Será de lo más ilustrativo descubrir con qué argumentos ampara el Tribunal Supremo detenciones sin delitos y cargos sin pruebas.

Si no hubo agresión, ¿cómo es que hay héroes policiales? Si se detuvo a personas inocentes de lo que nunca existió, ¿cómo es que no hay víctimas?

Ninguna sentencia cambia los hechos y ninguna jurisprudencia los hace olvidar. El Tribunal Supremo debería haberlo entendido después de su controvertida resolución declarando ilegal a la mitad de ANV y desentendiéndose de la otra mitad. Los hechos nunca son a medias.