viernes 2 de agosto de 2010
Intervención del cardenal de Venezuela ante la Asamblea Nacional
ZENIT.org
T RANSCRIPCIÓN oficial de la exposición del arzobispo de Caracas.
Publicamos la transcripción oficial de la intervención del cardenal Jorge Urosa Savino, arzobispo de Caracas, ante la Comisión Coordinadora de la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, que tuvo lugar el 27 de julio:
Ciudadana Presidenta y demás diputadas y diputados de la Comisión Coordinadora de la Asamblea Nacional:
Con la mejor buena voluntad y en espíritu de diálogo abierto, sereno y respetuoso, acudo ante ustedes atendiendo la cordial invitación de la Cdna. Diputada Cilia Flores, Presidenta de este Cuerpo Legislativo. Agradezco también la garantía ofrecida por la Cdna Presidenta con relación a mi seguridad y respeto a mi dignidad y condición humana,
Con el respeto y reconocimiento debidos a este cuerpo que representa el Poder Legislativo del Estado Venezolano, vengo con Dios y con la Virgen como Arzobispo de Caracas, es decir, líder religioso y Pastor de los 5 millones de católicos de Caracas, sin distinción de simpatías políticas; Cardenal de la Iglesia en Venezuela y Presidente de honor de la Conferencia Episcopal Venezolana, integrada por 45 Obispos estrechamente unidos en nuestro servicio religioso al pueblo de Venezuela.. En mi tarea pastoral en Caracas me acompañan los Obispos Auxiliares y más de 500 sacerdotes y diáconos, y 1.100 religiosas y religiosos que sirven permanentemente las necesidades pastorales de los caraqueños. También miles de laicos comprometidos que trabajan en las actividades pastorales de la Iglesia. Viviendo la opción por los pobres como sacerdote caraqueño, además de mis labores como formador de sacerdotes en los Seminarios eclesiásticos de Caracas, trabajé durante 11 años en un barrio popular, el barrio Casa de Tabla, conocido ahora como "Cecilio Acosta", en Maca, Petare.
Soy un Obispo, Pastor de la Iglesia, servidor de Jesucristo y del pueblo venezolano todo. En esa condición he actuado y hablado sobre las cuestiones sociales. No me considero ni me he considerado nunca, y no he actuado en ningún momento como actor u operador político. Soy vocero de Jesucristo y de las inquietudes y del interés del pueblo venezolano por la paz, el encuentro, la inclusión, y por el respeto a los derechos humanos civiles, sociales, y políticos consagrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. No soy vocero de ninguna parcialidad política.
MISIÓN DE LA IGLESIA Y DERECHOS DE LOS OBISPOS
En los debates de estos días se ha hablado mucho sobre la misión de la Iglesia, más específicamente sobre la competencia y participación los Obispos en la vida nacional. Antes de hacer algunas consideraciones de carácter religioso o teológico sobre el tema, quisiera destacar que el art. 62 de la Constitución claramente afirma el derecho de todos los ciudadanos venezolanos a participar activamente en la vida pública. Cito: "Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus representantes elegidos o elegidas". Y el art. 132 va más allá: "Toda persona tiene el deber de cumplir sus responsabilidades sociales y participar solidariamente en la vida política, social y comunitaria del país, promoviendo y defendiendo los derechos humanos como fundamento de la convivencia democrática y de la paz social". En cumplimiento de esta disposición constitucional, la participación en la vida pública de los Obispos, Pastores de la Iglesia en Venezuela, va en la línea del relacionamiento y convivencia de los ciudadanos con el libre ejercicio de sus derechos; no como búsqueda o ejercicio del poder político, ni mucho menos como expresión de la legítima participación de los ciudadanos en partidos políticos. Repito, no somos operadores políticos.
De manera que, cuando los Obispos, desde nuestra misión pastoral, religiosa y espiritual, expresamos opiniones sobre aspectos de la vida social o política del país, lo hacemos con pleno derecho como ciudadanos venezolanos, y cumpliendo el deber que nos impone la Constitución Nacional de promover y defender los derechos humanos para el logro de la convivencia democrática y de la paz social.
Pero es que, además, nuestra condición cristiana y nuestra misma misión pastoral de constructores de la paz, nos impone la opción por los pobres y el deber de velar por la vigencia de los derechos humanos. Cristo nos dice que seremos juzgados por el amor. El nos dice que entraremos al Reino de los Cielos "porque tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, preso y enfermo, y me visitaste", etc. (Mt, 25)
La Misión Pastoral de la Iglesia no es solamente celebrar actos de culto, sino anunciar a Jesucristo y su Evangelio del amor a Dios y del amor fraterno, del respeto a la vida y los derechos de los seres humanos; es promover la convivencia social en el marco de la libertad y la justicia. Los Mandamientos de la Ley de Dios son un llamado a una convivencia social libre, justa, fraterna. Y eso es lo que nos mueve a los Obispos venezolanos a pronunciarnos sobre la vida social y pública del país.
Al respecto quiero destacar que no es ahora, en los últimos años, cuando los Obispos hemos hecho llamados a la conversión moral en lo social y a la renovación del corazón en la vida política, económica y social de Venezuela según la Doctrina Social de la Iglesia. Quiero recordar aquí, entre muchos, algunos documentos de aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia publicados a lo largo de estos años, durante diversos gobiernos: el documento "Iglesia y política", de 1973"; "La Situación social del País, de enero de 1974" en el cual se habla de la necesidad de que se promueva un progreso más efectivo, dirigido al beneficio de todos, pero especialmente a los sectores menos favorecidos, y particularmente a los marginados. El documento sobre Las Misiones y los Indígenas, de julio de 1977, en el cual se rechazan abiertamente las violaciones a los derechos humanos de los indígenas; la Carta pastoral de Cuaresma de 1980, profética en su diagnóstico y en sus propuestas, en la cual, al hacer un apremiante llamado a la conversión moral, se afirma que la situación social de Venezuela configuraba una situación personal, colectiva y estructural de pecado; el documento sobre la vivienda, de enero de 1986, y el documento sobre el desempleo, de julio de 1987; el documento publicado en enero de 1988 con motivo de los 25 años del 23 de enero de 1958. Especial relieve merece la Exhortación "La recuperación del país" publicada luego del Caracazo, el 8 de abril de 1989, en la cual se hace un diagnóstico severo y muy claro sobre la situación política, económica y social de Venezuela, y se condena la masacre de El Amparo.
Otro documento de especial significación es el titulado "Constructores de la Paz", publicado el 10 de enero de 1992, donde se alude, entre otras cosas, a los asesinatos cometidos por funcionarios de los cuerpos de seguridad del estado. Allí advertíamos: "Sin una respuesta pronta y efectiva a esas urgencias, no habrá paz social con los consiguientes peligros de anarquía o de tentaciones a soluciones de fuerza" Tres semanas después sucedieron los hechos del 4 de febrero.
De manera que no ha sido solamente en estos últimos 11 años y medio cuando los Obispos venezolanos, en cumplimiento de nuestra misión religiosa y pastoral al servicio del pueblo de Venezuela, y en el ejercicio de nuestros derechos constitucionales hemos hecho apremiantes llamados al diálogo, a la atención de las necesidades del pueblo, a la defensa de los derechos humanos, a la inclusión y a la convivencia social, a la justicia como base de la paz. No nos encerramos en las sacristías, ni nos escondemos tras el incienso de las ceremonias. Somos Obispos de una Iglesia viva y activa, comprometida con el pueblo venezolano.
Y esto lo hacemos como respuesta al llamado del Concilio Vaticano. II que nos dice:
"Es de justicia que pueda la Iglesia en todo momento y en todas partes predicar la fe con auténtica libertad, enseñar su doctrina social, ejercer su misión entre los hombres sin traba alguna y dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas, utilizando todos y solos aquellos medios que sean conformes al Evangelio y para bien de todos según la diversidad de tiempos y de situaciones" (GS. 76)
Y al Documento de la Vª Conferencia General de los Obispos latinoamericanos y del Caribe, Aparecida, que afirma:
504 "Consciente de la distinción entre comunidad política y comunidad religiosa, base de sana laicidad, la Iglesia no dejará de preocuparse por el bien común de los pueblos y, en especial, por la defensa de principios éticos no negociables porque están arraigados en la naturaleza humana".
Pero sobre todo, los Obispos hablamos en respuesta al evangelio de Nuestro Señor Jesucristo que nos llama a ser misericordiosos y a atender las necesidades de nuestros hermanos: Recordemos la parábola del buen samaritano. El modelo que nos presenta Jesús es el samaritano que ayuda a un desconocido en desgracia. (Lc, 10,33 ss).Y el apóstol Santiago, recalcando la necesidad de la caridad concreta hacia los demás nos dice: "La religión pura e intachable ante Dios Padre es esta: visitar a los huérfanos y viudas en su tribulación"... (St. 1, 27)
En el cumplimiento de nuestra Misión pastoral con respecto a la vida concreta de los venezolanos, los Obispos actuamos siempre como ministros de Jesucristo y como pastores del Pueblo de Dios, no buscando el poder, sino como servidores y constructores de la paz. Por eso cuando hablamos en cuestiones de orden social siempre apelamos a la conversión moral, a la necesidad de modificar las conductas, a la rectificación de políticas que consideremos equivocadas, a la necesidad de que todos nos consideremos hermanos en una casa común, una familia, miembros de un solo pueblo, el pueblo venezolano, sin exclusiones de ningún tipo. Permanentemente invitamos al diálogo entre los diversos sectores, a la convivencia, a la búsqueda de soluciones para los diversos problemas del país. Valores como justicia, paz, diálogo y reconciliación son los que guían nuestro ánimo y nuestros documentos en materia social.
MIS DECLARACIONES
Ustedes me han invitado para que, explique las razones que sustentan las denuncias que presuntamente habría realizado, "en contra del Comandante Hugo Chávez, Presidente Constitucional de Venezuela y de las Instituciones del Estado Venezolano" en recientes declaraciones.
Un punto previo: suelo declarar muy poco. Y en mis actuaciones litúrgicas evito el tema político partidista, y así lo exijo a todos los sacerdotes de la Iglesia en Caracas. Mi predicación es religiosa, y de moral tanto individual como social; no es una predicación partidista.
Ahora bien: quiero decir respetuosamente que en mis declaraciones sí he emitido opiniones, pero no he formulado "acusaciones ni denuncias". No es mi ánimo o intención. He emitido mis opiniones amparado por los valores consagrados en nuestra Constitución, tales como la democracia, la preeminencia de los derechos humanos y el pluralismo político, consagrados en el art. 2 de nuestra Carta Magna, y el deber del Estado de garantizar el cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta Constitución.
He emitido mis apreciaciones como ciudadano venezolano en pleno goce de los derechos que me otorga la Constitución, a la cual me acojo, teniendo en cuenta que, - como dice el Art. 19 - "El Estado garantizará a toda persona, conforme al principio de progresividad y sin discriminación alguna, el goce y ejercicio irrenunciable... de los derechos humanos...Su respeto y garantía son obligatorios para los órganos del Poder Público, de conformidad con esta Constitución, con los tratados sobre derechos humanos suscritos y ratificados por la República y con las leyes que los desarrollen". Como ciudadano venezolano también reivindico, a tenor del art. 39, mi titularidad de derechos políticos de acuerdo con la Constitución, y en particular mi derecho a mi integridad física, psíquica o y moral, consagrado en el art. 46. También reivindico el derecho consagrado en el art. 60 que reza: "Toda persona tiene derecho a la protección de su honor, vida privada, intimidad, propia imagen confidencialidad y reputación". Por eso exijo que cesen los ataques que contra mi persona se difunden en algunos programas de medios de comunicación del Gobierno.
He emitido opiniones con seriedad, expuesto a equivocarme, pero no he dicho mentiras. Mentir es decir algo que uno sabe falso como si fuera verdad. Opinar es emitir una apreciación con algún margen de error. Con humildad pero con dignidad afirmo que no soy mentiroso.
He emitido opiniones acogiéndome al art. 57 de la Constitución que reza: "Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda establecerse censura. Quien haga uso de este derecho asume plena responsabilidad por lo expresado".
Y es bueno recordar que, a tenor del art. 141 de la Constitución, la Administración Pública, se fundamenta "en los principios de honestidad, participación, eficacia... rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública". ¿No implica esto que en su gestión los funcionarios están sujetos al escrutinio, opinión y crítica de los ciudadanos? Yo he expresado mis opiniones en ejercicio del legítimo derecho a la crítica sobre la actuación de funcionarios en asuntos de naturaleza pública e interés colectivo.
En este marco, y en concreto, quiero decir dos cosas:
En primer lugar he opinado que el Presidente Chávez quiere llevar al país por el camino del socialismo marxista. Pues bien: no he dicho nada nuevo, pues el Presidente en varias ocasiones ha afirmado ser marxista, como lo hizo, por ejemplo en esta Asamblea el 15 de enero de 2010, y está decidido, lo dice permanentemente, a convertir a Venezuela en un estado socialista. Opino que llevarnos por este camino implicaría dejar a un lado importantes principios consagrados en la actual Constitución.
El Estado socialista marxista es totalitario, pues copa todos los espacios, tal como sucedió en los países sometidos al régimen socialista o comunista, como los de Europa Central, la Unión Soviética en el pasado, y Cuba todavía en el presente.
En segundo lugar quiero aclarar que en ningún momento he opinado negativamente en contra - y mucho menos he atacado - a la Asamblea Nacional, al Tribunal Supremo de Justicia o a la Fiscalía General de la Nación. Respeto todas las Instituciones del Estado y nunca me he referido a ellas de manera negativa en los medios de comunicación. Respeto igualmente y nunca he ofendido al Ciudadano Presidente de la Republica.
Mis opiniones no van en contra de las instituciones. Simplemente expreso mis apreciaciones sobre algunas actuaciones. Al opinar que algunas leyes me parecen inconstitucionales no ataco, ni desconozco, ni actúo en contra de la Asamblea, sino que me parece que esas leyes van al margen o contrarían el espíritu y en algunos casos la letra de la Constitución. Ejerzo así mi derecho a participar en la vida pública del país, en el marco del pluralismo consagrado por la Carta Magna, y en uso de la libertad de expresión, tan querida por todos los venezolanos. De hecho se han dado muchos casos, antes y ahora, de que personas o instituciones acudan legítimamente al Tribunal Supremo a cuestionar la constitucionalidad de algunas leyes.
Mi opinión de que algunas leyes contrarían el espíritu o el texto constitucional es sostenida también por algunas instituciones de gran prestigio, tales como la Asociación Venezolana de Derecho Constitucional (15 de dic. de 2009), la declaración de Decanos de Facultades de Ciencias Jurídicas y Políticas de algunas Universidades; El Consejo Superior de la Federación de Colegios de Abogados, entre otros. Esa opinión también ha sido manifestada públicamente en la Asamblea por algunos diputados.
ALGUNAS LEYES PREOCUPANTES
En concreto, algunas leyes que me, en mi opinión, parecen estar en contradicción con la Constitución en algunos aspectos, son:
--la Ley del Consejo Federal de Gobierno,
--la Ley de reforma de la Ley Orgánica de descentralización, delimitación y transferencia de competencias del Poder Público;
-la Ley Orgánica de Educación;
--la Ley de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana;
--la Ley sobre la Organización y régimen del Distrito Capital;
--la Ley para la Defensa de las Personas en el Acceso a los Bienes y Servicios (Ley del Indepabis),
--la Ley Orgánica de Procesos Electorales.
- y el actual Proyecto de Ley de Comunas.
En general, esas leyes afectan el pluralismo político, fundamental para la vida democrática, pues incorporan la concepción socialista, para implantar una Patria socialista, lo cual consagra como obligatoria para todos los venezolanos una ideología, un sistema y un partido, lo cual es ajeno al espíritu y a la letra de la Constitución, que habla de Estado social de Derecho y de Justicia, y propugna como uno de los valores fundamentales el pluralismo político. Van en una línea de centralización del poder, en contra del federalismo y la descentralización, lo cual vulnera las capacidades de acción de los venezolanos de la provincia. Todas estas leyes van en la línea de darle más poder al Gobierno central y a la Presidencia de la República, en detrimento de las capacidades y el poder del pueblo, de la gente, de de las regiones, de la familia, del ciudadano, y consagran un Estado y un Gobierno cada vez más poderoso por encima de la acción e iniciativa de la gente, de los ciudadanos comunes.
CONCLUSIÓN
Ciudadana Presidenta; Ciudadanas diputadas, ciudadanos diputados:
Al concluir esta exposición quiero reafirmar, junto con mis hermanos los Obispos de la Iglesia Católica en Venezuela, nuestra opción por los pobres, nuestra actitud de disposición al diálogo, de servicio al pueblo venezolano, de participación en el marco de los derechos que nos otorga la Constitución, y en cumplimiento de nuestro deber como pastores al servicio del Pueblo de Dios sin discriminaciones políticas ni de ninguna clase, que vive en concreto en condiciones históricas sociales, económicas y políticas que todos hemos de procurar mejorar.
Reafirmo mi condición de Pastor de la Iglesia, a la cual sirvo en nombre de Jesucristo, con el propósito de que su "Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz", se haga realidad en el corazón de los venezolanos, a través de la fe en Dios, y a través de la convivencia fraterna y solidaria. Pido a Dios Nuestro Señor que bendiga a nuestra querida Venezuela, a Ustedes, a todo nuestro pueblo y que nos acompañe siempre la maternal intercesión de la Virgen María, Nuestra Señora de Coromoto. Amén.
Muchas gracias.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=2467
lunes, agosto 02, 2010
Jose Luis Barceló, España sin toros
lunes 2 de agosto de 2010
España sin toros
José Luis Barceló (Elsemanaldigital.com)
E L Parlament de Cataluña ha votado a favor de la iniciativa popular para prohibir, en el ámbito de la autonomía catalana la celebración de corridas de toros. La votación se perdió por 68 votos a favor de la prohibición contra 55 en contra, y 9 abstenciones.
Para la prensa extranjera, comenzando por la BBC que la sirvió inmediatamente, ha sido un acontecimiento histórico. Y no dejan de tener razón. ¿Se concibe una España sin toros? Hay que contemplar el tema con frialdad y cordura: no hay ningún motivo para que un hecho genérico, como es el de maltratar a un animal hasta matarlo en un supuesto espectáculo público, no pueda ser prohibido. Si nuestro Código Penal puede meter en la cárcel a un señor porque maltrata a un perro de su propiedad, no hay menos motivos para que el maltrato público y con ensañamiento no se pueda prohibir.
Curiosamente, los festejos taurinos no se sostienen por razones de mercado: el público asistente es cada vez menor y la taquilla no se sujeta sola, hay ayudas de los ayuntamientos, que compran las reses, y de las Comunidades Autónomas, que lo subvencionan todo. En suma, los toros los pagan con sus impuestos tanto los que van y los apoyan como los que no van nunca, e incluso los que los odian. Cualquiera que vaya por las fiestas de nuestros pueblos sabe que acuden diez veces más personas a cualquier concierto por la noche que a las cuatro novilladas de turno.
La prohibición catalana anuncia una era de declive que ya había comenzado probablemente hace más de diez años. Dicen que se van a perder empleos, pero son empleos financiados con dinero público, que pagamos todos. Y siempre hay un roto para un descosido. La gente tiene que saber que los interesados en que el negocio de los toros funcione se dedican además a otras cosas, como el padre del torero José Tomás, que fue uno de los peores alcaldes de Galapagar que se recuerdan. Solo aguantó dos años, abandonó antes, se "cortó la coleta", para dedicarse a sus negocios inmobiliarios y a sus asuntos particulares, entre los que estaban los de asegurar que sus suelos prosperaran en un infructuoso Plan General de Urbanismo que jamás de aprobó.
El mérito de una iniciativa como la de los 180.000 ciudadanos que firmaron en Cataluña contra los toros se debe en buena parte a asociaciones como ADDA (Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal), fundada en 1975 y declarada de Utilidad Pública en 1981. Sus directores Carmen Méndez y Manuel Cases llevan toda una vida dedicada a la abolición de las corridas de toros, a que el Código Penal se cambiara hasta conseguirlo, a hacer lobby político, a vincularse a proyectos internacionales de protección animal y a que se conocieran por toda España espectáculos crueles y degradantes con animales muchos de los cuales han sido finalmente prohibidos o modificados, como el del burro de "Pero Palo" o la cabra del campanario de Manganeses de la Polvorosa.
Posiblemente nos encontraremos en un futuro no muy lejano una España en las que los únicos toros que se consientan sean los maridos de las vacas –como en Suiza o Francia- y los de Osborne que se ven por las carreteras. Y yo me alegro de esto. Y San Francisco de Asís seguramente también se habría alegrado.
Se puede ser español y no ser aficionado a este espectáculo sangriento que muchos llaman "nacional". Mi única Fiesta Nacional es del 12 de Octubre, o incluso el 25 de Julio de Santiago Apóstol, y nada tiene que ver esto con que España se hunda o desaparezca. Eso es una soberana estupidez. El derecho al pataleo.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=2469
España sin toros
José Luis Barceló (Elsemanaldigital.com)
E L Parlament de Cataluña ha votado a favor de la iniciativa popular para prohibir, en el ámbito de la autonomía catalana la celebración de corridas de toros. La votación se perdió por 68 votos a favor de la prohibición contra 55 en contra, y 9 abstenciones.
Para la prensa extranjera, comenzando por la BBC que la sirvió inmediatamente, ha sido un acontecimiento histórico. Y no dejan de tener razón. ¿Se concibe una España sin toros? Hay que contemplar el tema con frialdad y cordura: no hay ningún motivo para que un hecho genérico, como es el de maltratar a un animal hasta matarlo en un supuesto espectáculo público, no pueda ser prohibido. Si nuestro Código Penal puede meter en la cárcel a un señor porque maltrata a un perro de su propiedad, no hay menos motivos para que el maltrato público y con ensañamiento no se pueda prohibir.
Curiosamente, los festejos taurinos no se sostienen por razones de mercado: el público asistente es cada vez menor y la taquilla no se sujeta sola, hay ayudas de los ayuntamientos, que compran las reses, y de las Comunidades Autónomas, que lo subvencionan todo. En suma, los toros los pagan con sus impuestos tanto los que van y los apoyan como los que no van nunca, e incluso los que los odian. Cualquiera que vaya por las fiestas de nuestros pueblos sabe que acuden diez veces más personas a cualquier concierto por la noche que a las cuatro novilladas de turno.
La prohibición catalana anuncia una era de declive que ya había comenzado probablemente hace más de diez años. Dicen que se van a perder empleos, pero son empleos financiados con dinero público, que pagamos todos. Y siempre hay un roto para un descosido. La gente tiene que saber que los interesados en que el negocio de los toros funcione se dedican además a otras cosas, como el padre del torero José Tomás, que fue uno de los peores alcaldes de Galapagar que se recuerdan. Solo aguantó dos años, abandonó antes, se "cortó la coleta", para dedicarse a sus negocios inmobiliarios y a sus asuntos particulares, entre los que estaban los de asegurar que sus suelos prosperaran en un infructuoso Plan General de Urbanismo que jamás de aprobó.
El mérito de una iniciativa como la de los 180.000 ciudadanos que firmaron en Cataluña contra los toros se debe en buena parte a asociaciones como ADDA (Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal), fundada en 1975 y declarada de Utilidad Pública en 1981. Sus directores Carmen Méndez y Manuel Cases llevan toda una vida dedicada a la abolición de las corridas de toros, a que el Código Penal se cambiara hasta conseguirlo, a hacer lobby político, a vincularse a proyectos internacionales de protección animal y a que se conocieran por toda España espectáculos crueles y degradantes con animales muchos de los cuales han sido finalmente prohibidos o modificados, como el del burro de "Pero Palo" o la cabra del campanario de Manganeses de la Polvorosa.
Posiblemente nos encontraremos en un futuro no muy lejano una España en las que los únicos toros que se consientan sean los maridos de las vacas –como en Suiza o Francia- y los de Osborne que se ven por las carreteras. Y yo me alegro de esto. Y San Francisco de Asís seguramente también se habría alegrado.
Se puede ser español y no ser aficionado a este espectáculo sangriento que muchos llaman "nacional". Mi única Fiesta Nacional es del 12 de Octubre, o incluso el 25 de Julio de Santiago Apóstol, y nada tiene que ver esto con que España se hunda o desaparezca. Eso es una soberana estupidez. El derecho al pataleo.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp?Id=2469
Joan Pla, Si yo fuese dictador en España...
lunes 2 de agosto de 2010
'Si yo fuese dictador en España…'
Joan Pla
E L 28 de julio de 2010 en el Parlamento de Cataluña hubo 68 políticos que propugnaron y votaron la prohibición de las corridas de toros, 55 que votaron justamente lo contrario y 9 más que se abstuvieron. El presidente Montilla votó igual que los perdedores, o sea, en contra de la prohibición, pero eso no indica que piense y sienta igual que ellos con respecto a España. Se apresura a pedir respeto a los que han ganado y se tapa el alma con esa media sonrisa que, más que la sabiduría cordobesa de Séneca, indica su irónica y bastante cínica convicción de que, por el camino del pasteleo y las componendas con los radicales independentistas, no se llega nunca a buen puerto. A determinados catalanes les recordaría yo aquella frase cachonda del viejo maestro Ramón Pérez de Ayala, lema de portada en el diario “El Mundo” del pasado miércoles. Decía así, el gran escritor asturiano: “Si yo fuese dictador en España, prohibiría las corridas de toros; como no lo soy, no me pierdo ni una”.
Gaspar Llamazares no se quiso “mojar”, cuando le preguntaron que qué opinaba acerca de dicha prohibición, mayoritaria y ardientemente votada por sus correligionarios catalanes. Divagó diciendo que, por haber nacido en una región poco taurina, no se sentía, en absoluto, afectado por el tema. No obstante afirmó que él no prohibiría los toros en España. Dijo que era asturiano, pero, si no estoy mal informado, puesto que nació en Logroño, este Gaspar de Izquierda Unida nunca fue paisano de su ilustre tocayo Gaspar Melchor de Jovellanos.
Quien ha puesto a caer de un burro a sus paisanos es el poeta Pere Gimferrer, el escritor vivo más importante de Cataluña, según fuentes fidedignas, que les ha dicho en catalán que esa prohibición es “una grave agresión a la cultura catalana”. Otro ilustre catalán, Boadella, ya tiene tema para otro montaje teatral de los suyos, tan agudos, tan certeros, tan divertidos.
Finalmente, junto al coro de los que plañen el hundimiento de la fiesta nacional está el coro de los necios que confunden el culo con las témporas y piensan que prohibiendo las corridas se separan más de España y de los españoles. El alegato anti taurino de algunos catalanes no tiene nada que ver con las leyes de protección de los animales, ni tampoco con la Ley del Aborto. Se trata de un simple acto de negación. “Jo no sóc espanyol”, dicen algunos. Y por eso votan contra lo que les suena a pasodoble y a toro de lidia. Y no hay más cera que la que arde.
Convendría mitigar fobias viscerales y dejar de decir verdades incompletas como las que transcribo a continuación: “Los catalanes han prohibido la corridas de toros”, “Quien quiera ver toros tendrá que irse a otro país”, “La dignidad ha vencido a la crueldad”, “Les duele que maten a un toro, pero consienten el aborto que es el asesinato de una persona”, “Esta prohibición costará 57 euros a cada catalán” y otras por el estilo. No conviene generalizar, ni manifestar clamorosamente el pesimismo. Creo que el humor es la mejor síntesis de nuestra mente, después del entusiasmo y de la crisis.
Valga, pues, una pincelada de humor:
Si no quieren toros, tal vez, no estaría de más que Zapatero y sus ministros, Montilla y sus socios dictasen una ley del aborto, no para las madres humanas, sino para las vacas bravas, naturalmente.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5794
'Si yo fuese dictador en España…'
Joan Pla
E L 28 de julio de 2010 en el Parlamento de Cataluña hubo 68 políticos que propugnaron y votaron la prohibición de las corridas de toros, 55 que votaron justamente lo contrario y 9 más que se abstuvieron. El presidente Montilla votó igual que los perdedores, o sea, en contra de la prohibición, pero eso no indica que piense y sienta igual que ellos con respecto a España. Se apresura a pedir respeto a los que han ganado y se tapa el alma con esa media sonrisa que, más que la sabiduría cordobesa de Séneca, indica su irónica y bastante cínica convicción de que, por el camino del pasteleo y las componendas con los radicales independentistas, no se llega nunca a buen puerto. A determinados catalanes les recordaría yo aquella frase cachonda del viejo maestro Ramón Pérez de Ayala, lema de portada en el diario “El Mundo” del pasado miércoles. Decía así, el gran escritor asturiano: “Si yo fuese dictador en España, prohibiría las corridas de toros; como no lo soy, no me pierdo ni una”.
Gaspar Llamazares no se quiso “mojar”, cuando le preguntaron que qué opinaba acerca de dicha prohibición, mayoritaria y ardientemente votada por sus correligionarios catalanes. Divagó diciendo que, por haber nacido en una región poco taurina, no se sentía, en absoluto, afectado por el tema. No obstante afirmó que él no prohibiría los toros en España. Dijo que era asturiano, pero, si no estoy mal informado, puesto que nació en Logroño, este Gaspar de Izquierda Unida nunca fue paisano de su ilustre tocayo Gaspar Melchor de Jovellanos.
Quien ha puesto a caer de un burro a sus paisanos es el poeta Pere Gimferrer, el escritor vivo más importante de Cataluña, según fuentes fidedignas, que les ha dicho en catalán que esa prohibición es “una grave agresión a la cultura catalana”. Otro ilustre catalán, Boadella, ya tiene tema para otro montaje teatral de los suyos, tan agudos, tan certeros, tan divertidos.
Finalmente, junto al coro de los que plañen el hundimiento de la fiesta nacional está el coro de los necios que confunden el culo con las témporas y piensan que prohibiendo las corridas se separan más de España y de los españoles. El alegato anti taurino de algunos catalanes no tiene nada que ver con las leyes de protección de los animales, ni tampoco con la Ley del Aborto. Se trata de un simple acto de negación. “Jo no sóc espanyol”, dicen algunos. Y por eso votan contra lo que les suena a pasodoble y a toro de lidia. Y no hay más cera que la que arde.
Convendría mitigar fobias viscerales y dejar de decir verdades incompletas como las que transcribo a continuación: “Los catalanes han prohibido la corridas de toros”, “Quien quiera ver toros tendrá que irse a otro país”, “La dignidad ha vencido a la crueldad”, “Les duele que maten a un toro, pero consienten el aborto que es el asesinato de una persona”, “Esta prohibición costará 57 euros a cada catalán” y otras por el estilo. No conviene generalizar, ni manifestar clamorosamente el pesimismo. Creo que el humor es la mejor síntesis de nuestra mente, después del entusiasmo y de la crisis.
Valga, pues, una pincelada de humor:
Si no quieren toros, tal vez, no estaría de más que Zapatero y sus ministros, Montilla y sus socios dictasen una ley del aborto, no para las madres humanas, sino para las vacas bravas, naturalmente.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5794
Perez Reverte, Carta a un joven escritor (II)
lunes 2 de agosto de 2010
Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte
CARTA A UN JOVEN ESCRITOR (II)
Hablábamos el otro día de maestros: autores y obras que ningún joven que pretenda escribir novelas tiene excusa para ignorar. Ten presente, si es tu caso, un par de cosas fundamentales. Una, que en la antigüedad clásica casi todo estaba escrito ya. Echa un vistazo y comprobarás que los asuntos que iban a nutrir la literatura universal durante veintiocho siglos aparecen ya en la Ilíada y la Odisea –relato, éste, de una modernidad asombrosa– y en la tragedia, la comedia y la poesía griegas. De ese modo, quizá te sorprenda averiguar que el primer relato policíaco, con un investigador –el astuto Ulises– buscando huellas en la arena, figura en el primer acto de la tragedia Ayax de Sófocles.
Un detalle importante: escribes en español. Quienes lo hacen en otras lenguas son muy respetables, por supuesto; pero cada cual tendrá en la suya, supongo, quien le escriba cartas como ésta. Yo me refiero a ti y a nuestro común idioma castellano. Que tiene, por cierto, la ventaja de contar hoy, entre España y América, con 450 millones de lectores potenciales; gente que puede acceder a tus libros sin necesidad de traducción previa. Pero atención. Esa lengua castellana o española, y los conceptos que expresa, forman parte de un complejo entramado que, en términos generales y con la puesta al día pertinente, podríamos seguir llamando cultura occidental: un mundo que el mestizaje global de hoy no anula, sino que transforma y enriquece. Tú procedes de él, y la mayor parte de tus lectores primarios o inmediatos, también. Es el territorio común, y eso te exige manejar con soltura la parte profesional del oficio: las herramientas específicas, forjadas por el tiempo y el uso, para moverte en ese territorio. Aunque algunos tontos y fatuos lo digan, nadie crea desde la orfandad cultural. Desde la nada. Algunas de esas herramientas son ideas, o cosas así. Para dominarlas debes poseer las bases de una cultura, la tuya, que nace de Grecia y Roma, la latinidad medieval y el contacto con el Islam, el Renacimiento, la Ilustración, los derechos del hombre y las grandes revoluciones. Todo eso hay que leerlo, o conocerlo, al menos. En los clásicos griegos y latinos, en la Biblia y el Corán, comprenderás los fundamentos y los límites del mundo que te hizo. Familiarízate con Homero, Virgilio, los autores teatrales, poetas e historiadores antiguos. También con La Divina Comedia de Dante, los Ensayos de Montaigne y el teatro completo de Shakespeare. Te sorprenderá la cantidad de asuntos literarios y recursos expresivos que inspiran sus textos. Lo útiles que pueden llegar a ser.
La principal herramienta es el lenguaje. Olvida la funesta palabra estilo, burladero de vacíos charlatanes, y céntrate en que tu lenguaje sea limpio y eficaz. No hay mejor estilo que ése. Y, como herramienta que es, sácale filo en piedras de amolar adecuadas. Si te propones escribir en español, tu osadía sería desmesurada si no te ejercitaras en los clásicos fundamentales de los siglos XVI y XVII: Quevedo, el teatro de Lope y Calderón, la poesía, la novela picaresca, llenarán tus bolsillos de palabras adecuadas y recursos expresivos, enriquecerán tu vocabulario y te darán confianza, atrevimiento. Y una recomendación: cuando leas El Quijote no busques una simple narración. Estúdialo despacio, fijándote bien, comparándolo con lo que en ese momento se escribía en el mundo. Busca al autor detrás de cada frase, siente los codazos risueños y cómplices que te da, y comprenderás por qué un texto escrito a principios del siglo XVII sigue siendo tan moderno y universalmente admirado todavía. Termina de filtrar ese lenguaje con la limpieza de Moratín, el arrebato de Espronceda, la melancólica sobriedad de Machado, el coraje de Miguel Hernández, la perfección de Pablo Neruda. Pero recuerda que una novela es, sobre todo, una historia que contar. Una trama y una estructura donde proyectar una mirada sobre uno mismo y sobre el mundo. Y eso no se improvisa. Para controlar este aspecto debes conocer a los grandes novelistas del siglo XIX y principios del XX, allí donde cuajó el arte. Lee a Stendhal, Balzac, Flaubert, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Dumas, Hugo, Conrad y Mann, por lo menos. Como escritor en español que eres, añade sin complejos La regenta de Clarín, las novelas de Galdós, Baroja y Valle Inclán. De ahí en adelante lee lo que quieras según gustos y afinidades, maneja diccionarios y patea librerías. Sitúate en tu tiempo y tu propia obra. Y no dejes que te engañen: Agatha Christie escribió una obra maestra, El asesinato de Rogelio Ackroyd, tan digna en su género como Crimen y castigo en el suyo. Un novelista sólo es bueno si cuenta bien una buena historia. Escribe eso en la dedicatoria cuando me firmes un libro tú a mí.
http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=5427&id_firma=11352
Patente de corso, por Arturo Pérez-Reverte
CARTA A UN JOVEN ESCRITOR (II)
Hablábamos el otro día de maestros: autores y obras que ningún joven que pretenda escribir novelas tiene excusa para ignorar. Ten presente, si es tu caso, un par de cosas fundamentales. Una, que en la antigüedad clásica casi todo estaba escrito ya. Echa un vistazo y comprobarás que los asuntos que iban a nutrir la literatura universal durante veintiocho siglos aparecen ya en la Ilíada y la Odisea –relato, éste, de una modernidad asombrosa– y en la tragedia, la comedia y la poesía griegas. De ese modo, quizá te sorprenda averiguar que el primer relato policíaco, con un investigador –el astuto Ulises– buscando huellas en la arena, figura en el primer acto de la tragedia Ayax de Sófocles.
Un detalle importante: escribes en español. Quienes lo hacen en otras lenguas son muy respetables, por supuesto; pero cada cual tendrá en la suya, supongo, quien le escriba cartas como ésta. Yo me refiero a ti y a nuestro común idioma castellano. Que tiene, por cierto, la ventaja de contar hoy, entre España y América, con 450 millones de lectores potenciales; gente que puede acceder a tus libros sin necesidad de traducción previa. Pero atención. Esa lengua castellana o española, y los conceptos que expresa, forman parte de un complejo entramado que, en términos generales y con la puesta al día pertinente, podríamos seguir llamando cultura occidental: un mundo que el mestizaje global de hoy no anula, sino que transforma y enriquece. Tú procedes de él, y la mayor parte de tus lectores primarios o inmediatos, también. Es el territorio común, y eso te exige manejar con soltura la parte profesional del oficio: las herramientas específicas, forjadas por el tiempo y el uso, para moverte en ese territorio. Aunque algunos tontos y fatuos lo digan, nadie crea desde la orfandad cultural. Desde la nada. Algunas de esas herramientas son ideas, o cosas así. Para dominarlas debes poseer las bases de una cultura, la tuya, que nace de Grecia y Roma, la latinidad medieval y el contacto con el Islam, el Renacimiento, la Ilustración, los derechos del hombre y las grandes revoluciones. Todo eso hay que leerlo, o conocerlo, al menos. En los clásicos griegos y latinos, en la Biblia y el Corán, comprenderás los fundamentos y los límites del mundo que te hizo. Familiarízate con Homero, Virgilio, los autores teatrales, poetas e historiadores antiguos. También con La Divina Comedia de Dante, los Ensayos de Montaigne y el teatro completo de Shakespeare. Te sorprenderá la cantidad de asuntos literarios y recursos expresivos que inspiran sus textos. Lo útiles que pueden llegar a ser.
La principal herramienta es el lenguaje. Olvida la funesta palabra estilo, burladero de vacíos charlatanes, y céntrate en que tu lenguaje sea limpio y eficaz. No hay mejor estilo que ése. Y, como herramienta que es, sácale filo en piedras de amolar adecuadas. Si te propones escribir en español, tu osadía sería desmesurada si no te ejercitaras en los clásicos fundamentales de los siglos XVI y XVII: Quevedo, el teatro de Lope y Calderón, la poesía, la novela picaresca, llenarán tus bolsillos de palabras adecuadas y recursos expresivos, enriquecerán tu vocabulario y te darán confianza, atrevimiento. Y una recomendación: cuando leas El Quijote no busques una simple narración. Estúdialo despacio, fijándote bien, comparándolo con lo que en ese momento se escribía en el mundo. Busca al autor detrás de cada frase, siente los codazos risueños y cómplices que te da, y comprenderás por qué un texto escrito a principios del siglo XVII sigue siendo tan moderno y universalmente admirado todavía. Termina de filtrar ese lenguaje con la limpieza de Moratín, el arrebato de Espronceda, la melancólica sobriedad de Machado, el coraje de Miguel Hernández, la perfección de Pablo Neruda. Pero recuerda que una novela es, sobre todo, una historia que contar. Una trama y una estructura donde proyectar una mirada sobre uno mismo y sobre el mundo. Y eso no se improvisa. Para controlar este aspecto debes conocer a los grandes novelistas del siglo XIX y principios del XX, allí donde cuajó el arte. Lee a Stendhal, Balzac, Flaubert, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Dumas, Hugo, Conrad y Mann, por lo menos. Como escritor en español que eres, añade sin complejos La regenta de Clarín, las novelas de Galdós, Baroja y Valle Inclán. De ahí en adelante lee lo que quieras según gustos y afinidades, maneja diccionarios y patea librerías. Sitúate en tu tiempo y tu propia obra. Y no dejes que te engañen: Agatha Christie escribió una obra maestra, El asesinato de Rogelio Ackroyd, tan digna en su género como Crimen y castigo en el suyo. Un novelista sólo es bueno si cuenta bien una buena historia. Escribe eso en la dedicatoria cuando me firmes un libro tú a mí.
http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=5427&id_firma=11352
Wifredo Espina, Toros y politica
lunes 2 de agosto de 2010
Toros y política
Wifredo Espina
S E equivoca el Partido Popular al disponerse a contraatacar con dureza la decisión del Parlament catalán de prohibir las corridas de toros en Cataluña. Es una decisión discutible e inoportuna, pero legítima y legal.
El propio president Montilla ha declarado que votó en contra de esta prohibición. Algunos, quizás, lo relacionarán con su origen andaluz, pero no es esto; Montilla no es muy partidario de las prohibiciones. Por su parte, el gran escritor y poeta catalán, Pere Gimferrer, en relación a las corridas de toros y la iniciativa antitaurina, ha manifestado que "es una fiesta catalana y prohibirla será una agresión a la tradición". Pues bien, esta “agresión” ya se ha producido.
Y contra lo que alegan simples motivos a favor de los animales, resulta que los votos contra los toros han provenido precisamente de los sectores más nacionalistas, que, erróneamente, han llevado el tema al terreno político y a la cuestión identitaria. Es decir, se trataba de echar un pulso a España, en contra de la tesis de Gimferrer del carácter tradicional catalán de los toros. La ignorancia es muy ciega y osada.
Como anécdota, diré que de niño me contaban que un tío mío construyó la plaza de toros de Vic, a la que nunca fui. Después sólo he asistido por curiosidad a dos corridas en mi vida. No me gustan los toros, pero comprendo el magnetismo y la estética de una corrida vivida directamente, no por la tele. Esto explica la afición de ilustres literatos y artistas catalanes y universales. No me gustan, pero me parece una tontería prohibirlas. Nuestros políticos hacen muchas tonterías.
Claro que politizar, por ignorancia, esta cuestión ya no es una tontería, sino una maldad política. El líder independentista Uriel Bertran ha afirmado sin tapujos: 'en el Parlament España ha perdido una batalla contra Catalunya'; 'no será la primera batalla que España perderá en Catalunya', ha pronosticado. Pero si ahora el PP contraataca de forma radicalizada en el mismo terreno político, sólo conseguirá, contra sus propios intereses en Cataluña, echar más leña al fuego. Seguirá elevando a categoría lo que debiera ser una anécdota, más o menos molesta u ofensiva para muchos ciudadanos; sobre todo para quienes les repugnan las prohibiciones.
Los nacionalistas radicales, catalanistas o centralistas, suelen coincidir en exagerar las cosas. En sacarlas de su contexto natural y razonable, para alimentar el circo político en que, principalmente con Zapatero, se ha convertido nuestro país. Hacen falta más mentes y voces sensatas. Al toro lo que es del toro y a la política lo que es de la política.
Por este camino vamos francamente muy mal.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5796
Toros y política
Wifredo Espina
S E equivoca el Partido Popular al disponerse a contraatacar con dureza la decisión del Parlament catalán de prohibir las corridas de toros en Cataluña. Es una decisión discutible e inoportuna, pero legítima y legal.
El propio president Montilla ha declarado que votó en contra de esta prohibición. Algunos, quizás, lo relacionarán con su origen andaluz, pero no es esto; Montilla no es muy partidario de las prohibiciones. Por su parte, el gran escritor y poeta catalán, Pere Gimferrer, en relación a las corridas de toros y la iniciativa antitaurina, ha manifestado que "es una fiesta catalana y prohibirla será una agresión a la tradición". Pues bien, esta “agresión” ya se ha producido.
Y contra lo que alegan simples motivos a favor de los animales, resulta que los votos contra los toros han provenido precisamente de los sectores más nacionalistas, que, erróneamente, han llevado el tema al terreno político y a la cuestión identitaria. Es decir, se trataba de echar un pulso a España, en contra de la tesis de Gimferrer del carácter tradicional catalán de los toros. La ignorancia es muy ciega y osada.
Como anécdota, diré que de niño me contaban que un tío mío construyó la plaza de toros de Vic, a la que nunca fui. Después sólo he asistido por curiosidad a dos corridas en mi vida. No me gustan los toros, pero comprendo el magnetismo y la estética de una corrida vivida directamente, no por la tele. Esto explica la afición de ilustres literatos y artistas catalanes y universales. No me gustan, pero me parece una tontería prohibirlas. Nuestros políticos hacen muchas tonterías.
Claro que politizar, por ignorancia, esta cuestión ya no es una tontería, sino una maldad política. El líder independentista Uriel Bertran ha afirmado sin tapujos: 'en el Parlament España ha perdido una batalla contra Catalunya'; 'no será la primera batalla que España perderá en Catalunya', ha pronosticado. Pero si ahora el PP contraataca de forma radicalizada en el mismo terreno político, sólo conseguirá, contra sus propios intereses en Cataluña, echar más leña al fuego. Seguirá elevando a categoría lo que debiera ser una anécdota, más o menos molesta u ofensiva para muchos ciudadanos; sobre todo para quienes les repugnan las prohibiciones.
Los nacionalistas radicales, catalanistas o centralistas, suelen coincidir en exagerar las cosas. En sacarlas de su contexto natural y razonable, para alimentar el circo político en que, principalmente con Zapatero, se ha convertido nuestro país. Hacen falta más mentes y voces sensatas. Al toro lo que es del toro y a la política lo que es de la política.
Por este camino vamos francamente muy mal.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=5796
Jose Antonio Zarzalejos, Cataluña tiene un problema
lunes 2 de agosto de 2010
José Antonio Zarzalejos
Cataluña tiene un problema
Si es cierto -que lo es- que “España tiene un problema” con Cataluña como escribió el padre de la Constitución, Miquel Roca, tras conocerse el fallo del TC sobre el Estatuto de 2006, también lo es que Cataluña, de puertas adentro, tiene otro no menor que consiste en el cuarteamiento del llamado catalanismo político y social. Una clase dirigente muy por debajo de los requerimientos del momento histórico que vive la Comunidad, está llevando la convivencia catalana a un enfrentamiento como nunca antes había sucedido. La proyección de una Cataluña homogénea y cohesionada ha saltado por los aires y el oasis catalán, tan publicitado, se ha convertido en un espacio político y social inusualmente convulso.
La prohibición de las corridas de toros en Cataluña -asunto tratado hasta la saciedad en su significación cultural y político- incorpora connotaciones hostiles hacia la simbología de la llamada “fiesta nacional” (dígase lo que se diga, la medida de interdicción conlleva un ánimo político e ideológico indudable, por más que no excluya otro tipo de motivaciones no estrictamente políticas), pero supone también, y de manera grave, una profunda escisión en la sociedad catalana como lo demuestra el hecho de que el Parlamento autonómico se quebrase en dos facciones: contra la tauromaquia, 69 votos, a favor, 58 y 9 abstenciones. Estos guarismos parlamentarios demuestran que los diputados catalanes –de diferente extracción socio-cultural y económica, incluidos tanto en el PSC como en la propia CiU- no son ya capaces de integrar mayorías rotundas en temas de carácter transversal, que era lo que distinguía al catalanismo.
La viva –incluso virulenta- polémica que ha seguido a la prohibición de las corridas de toros, afición ciertamente declinante allí, remite a un enfrentamiento subterráneo pero progresivamente visible en el que emergen catalanes con percepciones muy diferentes, alejadas algunas de la corrección política que tanto unifica el tono general de los pronunciamientos públicos en el Principado. Puede haber muchas razones para prohibir los toros, pero las hay más –y más contundentes- para prohibir el boxeo, si, como está ocurriendo con la clase política en España, se sucumbe al intervencionismo prohibicionista que atenta contra el principio de mínima intromisión de los poderes públicos en las actividades -sean cuales fueren- de los ciudadanos, en lo individual y en lo colectivo.
La tauromaquia, que con variantes, ha tenido históricamente una gran tradición en Cataluña aunque en progresivo abandono en las últimas décadas, no consiste sólo en la lidia sino en un universo de manifestaciones culturales, históricas y sentimentales que la acompañan. Hay una prosa taurina; una poesía de inspiración tauromáquica; una pintura imperecedera vinculada a una estética torista y torerista; un género periodístico específico protagonizado por grandes plumas y una economía en torno a la fiesta de los toros que no sólo propicia riqueza, trabajo y bienestar, sino que actúa también en la vertiente conservacionista de las especies y en la ecológica de las dehesas. En definitiva, la tauromaquia es espectáculo, es cultura, es tradición y es industria. Sea uno taurino o no lo sea -como es mi caso- simplificar como se ha hecho en Cataluña la fiesta taurina a una cuestión animalista, es un reduccionismo que no podía por menos enfrentar ácidamente a los catalanes entre sí y a una buena parte de sus elites culturales.
Pero la ruptura interna de la clase política catalana y con la ciudadanía no es cosa de ahora. Se vio ya cuando el Estatuto de 2006 fue refrendado por poco más de un tercio del censo electoral de Cataluña, contó con la negativa del PP y de ERC y sedujo lo justo a los nacionalistas de CiU. Luego, la desunión de las fuerzas políticas catalanistas en la defensa del texto autonómico –demostradamente inconstitucional en aspectos de gran importancia cualitativa- se acreditó con su incapacidad para sacar adelante una resolución conjunta en el debate sobre el estado de la Nación –ni siquiera la pactada por el PSOE y el PSE-, tras el magro logro de una declaración de mínimos en el Parlamento catalán que se limitaba a reiterarse en el preámbulo del Estatuto al que el TC, en lo referente al carácter nacional de Cataluña, ha privado de eficacia jurídico-interpretativa. La manifestación del 10-J, mal gestionada por los partidos, fue la expresión más extrema -fuese cual fuese el número de manifestantes- de la incapacidad de respuesta institucional y madura a un problema institucional de enorme envergadura. La Generalitat abdicó en la calle una respuesta que -por su trascendencia- debió tener una altura política y jurídica de la que, obviamente, careció. A tono, es cierto también, con la rasante del presidente del Gobierno y de su Gabinete.
El laberinto de desconcierto y enfrentamiento en el que se ha introducido la política catalana llega hasta el punto de la máxima discrepancia en el desarrollo estatutario. El Parlamento catalán -con el voto en contra de CiU y PP- ha aprobado la muy importante Ley de Veguerías que pretende una forma de sustitución de las provincias, al modo de tradición catalana. El texto, no sólo colisiona con la sentencia del TC, sino también con el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias, organismo consultivo autonómico de ámbito estrictamente catalán. Hay territorios catalanes -no es cuestión de entrar en detalles- en radical desacuerdo con la distribución comarcal que delimita esa norma que, con otras, está en el alero de la inconstitucionalidad.
¿Qué decir de la cohesión del tripartito? La mezcolanza de un PSC con una ERC independentista y el izquierdismo radical de ICV ha sido una fórmula más que para gobernar, para evitar que CiU lo hiciera, y como en todo Ejecutivo reactivo, en su seno se ha dado -y se siguen dando- todo tipo de incoherencias, desajustes y diferencias sustanciales de criterio. Esta extraña alianza entre organizaciones tan disímiles ha tensionado -y no sabemos hasta donde- la relación federada del PSC con el PSOE cuyo secretario general, Rodríguez Zapatero, purga ahora sus muchas responsabilidades en una política gubernamental hacia Cataluña errática y frívola.
Por fin -aunque el listado de graves problemas catalanes, puramente internos podría continuar- Cataluña es el escenario de episodios presuntos y probadamente claros de corrupción que afectan a su clase dirigente: los casos Millet y el llamado Pretoria, sin olvidar otros menores que afectan al Ayuntamiento de Barcelona, no son temas pequeños en el rebrote de la corrupción política por el que atraviesa nuestra democracia. Cataluña no se libra, en consecuencia, de aquellas lacras que sus dirigentes fustigan con tanta energía verbal desde los púlpitos de las instituciones centrales, mientras lo hacen tan quedamente desde las locales.
Es cierto lo que decía Miquel Roca: España tiene un problema con Cataluña porque no hemos resuelto definitivamente -¿será resoluble alguna vez?- su inserción en el conjunto nacional; pero Miquel Roca debería convenir –y como es un observador perspicaz lo hará- que Cataluña tiene un problema en el tratamiento de su propia cohesión interna, en el manejo de su pluralidad y en la ruptura –con extremosidades decisoras y políticas divisivas- de ese catalanismo que habiendo tenido siempre significaciones distintas, ahora ha quebrado hacia dentro y hacia fuera provocando una sensación de desconcierto y de enfrentamiento en la Comunidad como no se recuerda en décadas. Y ese guirigay cuyos ecos llegan a Madrid es de la íntegra responsabilidad de sus dirigentes. La prohibición de los toros no es más que el síntoma de una deriva de un catalanismo otrora amplio, liberal y cohesivo con vocación de proyectarse en España como elogió (“hay que catalanizar España”) el eximio Miguel de Unamuno. ¿Escribiría hoy lo mismo?
http://www.elconfidencial.com/notebook/cataluna-tiene-problema-20100731-6311.html
José Antonio Zarzalejos
Cataluña tiene un problema
Si es cierto -que lo es- que “España tiene un problema” con Cataluña como escribió el padre de la Constitución, Miquel Roca, tras conocerse el fallo del TC sobre el Estatuto de 2006, también lo es que Cataluña, de puertas adentro, tiene otro no menor que consiste en el cuarteamiento del llamado catalanismo político y social. Una clase dirigente muy por debajo de los requerimientos del momento histórico que vive la Comunidad, está llevando la convivencia catalana a un enfrentamiento como nunca antes había sucedido. La proyección de una Cataluña homogénea y cohesionada ha saltado por los aires y el oasis catalán, tan publicitado, se ha convertido en un espacio político y social inusualmente convulso.
La prohibición de las corridas de toros en Cataluña -asunto tratado hasta la saciedad en su significación cultural y político- incorpora connotaciones hostiles hacia la simbología de la llamada “fiesta nacional” (dígase lo que se diga, la medida de interdicción conlleva un ánimo político e ideológico indudable, por más que no excluya otro tipo de motivaciones no estrictamente políticas), pero supone también, y de manera grave, una profunda escisión en la sociedad catalana como lo demuestra el hecho de que el Parlamento autonómico se quebrase en dos facciones: contra la tauromaquia, 69 votos, a favor, 58 y 9 abstenciones. Estos guarismos parlamentarios demuestran que los diputados catalanes –de diferente extracción socio-cultural y económica, incluidos tanto en el PSC como en la propia CiU- no son ya capaces de integrar mayorías rotundas en temas de carácter transversal, que era lo que distinguía al catalanismo.
La viva –incluso virulenta- polémica que ha seguido a la prohibición de las corridas de toros, afición ciertamente declinante allí, remite a un enfrentamiento subterráneo pero progresivamente visible en el que emergen catalanes con percepciones muy diferentes, alejadas algunas de la corrección política que tanto unifica el tono general de los pronunciamientos públicos en el Principado. Puede haber muchas razones para prohibir los toros, pero las hay más –y más contundentes- para prohibir el boxeo, si, como está ocurriendo con la clase política en España, se sucumbe al intervencionismo prohibicionista que atenta contra el principio de mínima intromisión de los poderes públicos en las actividades -sean cuales fueren- de los ciudadanos, en lo individual y en lo colectivo.
La tauromaquia, que con variantes, ha tenido históricamente una gran tradición en Cataluña aunque en progresivo abandono en las últimas décadas, no consiste sólo en la lidia sino en un universo de manifestaciones culturales, históricas y sentimentales que la acompañan. Hay una prosa taurina; una poesía de inspiración tauromáquica; una pintura imperecedera vinculada a una estética torista y torerista; un género periodístico específico protagonizado por grandes plumas y una economía en torno a la fiesta de los toros que no sólo propicia riqueza, trabajo y bienestar, sino que actúa también en la vertiente conservacionista de las especies y en la ecológica de las dehesas. En definitiva, la tauromaquia es espectáculo, es cultura, es tradición y es industria. Sea uno taurino o no lo sea -como es mi caso- simplificar como se ha hecho en Cataluña la fiesta taurina a una cuestión animalista, es un reduccionismo que no podía por menos enfrentar ácidamente a los catalanes entre sí y a una buena parte de sus elites culturales.
Pero la ruptura interna de la clase política catalana y con la ciudadanía no es cosa de ahora. Se vio ya cuando el Estatuto de 2006 fue refrendado por poco más de un tercio del censo electoral de Cataluña, contó con la negativa del PP y de ERC y sedujo lo justo a los nacionalistas de CiU. Luego, la desunión de las fuerzas políticas catalanistas en la defensa del texto autonómico –demostradamente inconstitucional en aspectos de gran importancia cualitativa- se acreditó con su incapacidad para sacar adelante una resolución conjunta en el debate sobre el estado de la Nación –ni siquiera la pactada por el PSOE y el PSE-, tras el magro logro de una declaración de mínimos en el Parlamento catalán que se limitaba a reiterarse en el preámbulo del Estatuto al que el TC, en lo referente al carácter nacional de Cataluña, ha privado de eficacia jurídico-interpretativa. La manifestación del 10-J, mal gestionada por los partidos, fue la expresión más extrema -fuese cual fuese el número de manifestantes- de la incapacidad de respuesta institucional y madura a un problema institucional de enorme envergadura. La Generalitat abdicó en la calle una respuesta que -por su trascendencia- debió tener una altura política y jurídica de la que, obviamente, careció. A tono, es cierto también, con la rasante del presidente del Gobierno y de su Gabinete.
El laberinto de desconcierto y enfrentamiento en el que se ha introducido la política catalana llega hasta el punto de la máxima discrepancia en el desarrollo estatutario. El Parlamento catalán -con el voto en contra de CiU y PP- ha aprobado la muy importante Ley de Veguerías que pretende una forma de sustitución de las provincias, al modo de tradición catalana. El texto, no sólo colisiona con la sentencia del TC, sino también con el dictamen del Consejo de Garantías Estatutarias, organismo consultivo autonómico de ámbito estrictamente catalán. Hay territorios catalanes -no es cuestión de entrar en detalles- en radical desacuerdo con la distribución comarcal que delimita esa norma que, con otras, está en el alero de la inconstitucionalidad.
¿Qué decir de la cohesión del tripartito? La mezcolanza de un PSC con una ERC independentista y el izquierdismo radical de ICV ha sido una fórmula más que para gobernar, para evitar que CiU lo hiciera, y como en todo Ejecutivo reactivo, en su seno se ha dado -y se siguen dando- todo tipo de incoherencias, desajustes y diferencias sustanciales de criterio. Esta extraña alianza entre organizaciones tan disímiles ha tensionado -y no sabemos hasta donde- la relación federada del PSC con el PSOE cuyo secretario general, Rodríguez Zapatero, purga ahora sus muchas responsabilidades en una política gubernamental hacia Cataluña errática y frívola.
Por fin -aunque el listado de graves problemas catalanes, puramente internos podría continuar- Cataluña es el escenario de episodios presuntos y probadamente claros de corrupción que afectan a su clase dirigente: los casos Millet y el llamado Pretoria, sin olvidar otros menores que afectan al Ayuntamiento de Barcelona, no son temas pequeños en el rebrote de la corrupción política por el que atraviesa nuestra democracia. Cataluña no se libra, en consecuencia, de aquellas lacras que sus dirigentes fustigan con tanta energía verbal desde los púlpitos de las instituciones centrales, mientras lo hacen tan quedamente desde las locales.
Es cierto lo que decía Miquel Roca: España tiene un problema con Cataluña porque no hemos resuelto definitivamente -¿será resoluble alguna vez?- su inserción en el conjunto nacional; pero Miquel Roca debería convenir –y como es un observador perspicaz lo hará- que Cataluña tiene un problema en el tratamiento de su propia cohesión interna, en el manejo de su pluralidad y en la ruptura –con extremosidades decisoras y políticas divisivas- de ese catalanismo que habiendo tenido siempre significaciones distintas, ahora ha quebrado hacia dentro y hacia fuera provocando una sensación de desconcierto y de enfrentamiento en la Comunidad como no se recuerda en décadas. Y ese guirigay cuyos ecos llegan a Madrid es de la íntegra responsabilidad de sus dirigentes. La prohibición de los toros no es más que el síntoma de una deriva de un catalanismo otrora amplio, liberal y cohesivo con vocación de proyectarse en España como elogió (“hay que catalanizar España”) el eximio Miguel de Unamuno. ¿Escribiría hoy lo mismo?
http://www.elconfidencial.com/notebook/cataluna-tiene-problema-20100731-6311.html
Perez Reverte, Nuestra casta politica, ¡ todos podridos!
El último aldabonazo de Pérez-Reverte circula en PPS
Nuestra casta política: ¡todos podridos!
Arturo Pérez-Reverte
25 de febrero de 2010
Todos lo sabemos. Al menos todos los lectores de Elmanifiesto.com, así como la mayoría de los votantes, o mejor dicho..., de los no votantes en unas farsas electorales en donde el "partido abstencionista" constituye cada vez más la mayoría. Pero una cosa es saber lo que, como dice la voz popular, "¡Todos están podridos!", y otra cosa es decirlo... con la gracia y la hondura literaria con la que, una vez más, lo dice el gran Arturo Pérez-Reverte. Su último gran aldabonazo, que ha merecido las iras reprobatorias de la Vicepresidenta del Congreso, es tan suculento que una versión en PPS está empezando a circular ampliamente por la red. Seguro que todos nuestros lectores van a contribuir con entusiasmo a que circule aún más.
Nuestra casta política: ¡todos podridos!
Arturo Pérez-Reverte
25 de febrero de 2010
Todos lo sabemos. Al menos todos los lectores de Elmanifiesto.com, así como la mayoría de los votantes, o mejor dicho..., de los no votantes en unas farsas electorales en donde el "partido abstencionista" constituye cada vez más la mayoría. Pero una cosa es saber lo que, como dice la voz popular, "¡Todos están podridos!", y otra cosa es decirlo... con la gracia y la hondura literaria con la que, una vez más, lo dice el gran Arturo Pérez-Reverte. Su último gran aldabonazo, que ha merecido las iras reprobatorias de la Vicepresidenta del Congreso, es tan suculento que una versión en PPS está empezando a circular ampliamente por la red. Seguro que todos nuestros lectores van a contribuir con entusiasmo a que circule aún más.
Los catalanes prefieren el castellano para disfrutar de la cultura
lunes 2 de agosto de 2010
Los catalanes prefieren el castellano para disfrutar de la cultura
19:08 (30-07-2010) | 4
El castellano es claramente superior al catalán como idioma de elección para el disfrute de la cultura, especialmente en el caso del cine, donde alcanza el 92%, y en los libros, con un 71%.
El consumo de productos culturales ha aumentado en todas las áreas en Cataluña en los dos últimos años y el castellano es claramente superior al catalán como idioma de elección para su disfrute, especialmente en el caso del cine, donde alcanza el 92%, y en los libros, con un 71%.
Este es el resultado del análisis del consumo de libros, cine, música, videojuegos, conciertos, espectáculos y exposiciones realizado entre la población de más de 14 años de Cataluña, a partir de 31.000 encuestas hechas para el Barómetro de la Comunicación y la Cultura.
El informe señala que el 71% de los libros que se leen en Cataluña están publicados en castellano, el 24% en catalán y el 4% en otras lenguas.
Un porcentaje que aumenta en el caso del cine, ya que el 92% de las películas que se han visto en el cine son en castellano, el 4% en catalán y el 4% en otras lenguas, mientras que el 82% de los videojuegos se juegan en castellano, el 2% en catalán y el 16% en otras lenguas.
El 61% de la música que se escucha está en castellano, el 6% en catalán y el 33% en otras lenguas, sobre todo en inglés, mientras que el 45% de los conciertos se realizan en castellano, el 21% en catalán y el 34% en otras lenguas.
El catalán, sin embargo, es la lengua principal de consumo en exposiciones y espectáculos, ya que el 61% de las exposiciones se han hecho en esa lengua, el 27% en castellano y el 12% en otros idiomas, mientras que el 47% de los espectáculos han sido en catalán, el 46% en castellano y el 7% en otras lenguas.
En cuanto al consumo por productos, el de videojuegos, el menos extendido entre el público, es el que ha vivido un incremento más importante, ya que actualmente el 21,8% de la población los utiliza, un 21,3% más que hace dos años.
Los libros, comprados por un 57,6% de la población, han experimentado un incremento leve del 1,8%, un poco más que el 1,5% registrado por el cine, al que son aficionados un 35,8% de los catalanes.
Sin embargo, la música, a pesar de ser escuchada por casi nueve de cada diez personas, un 88,3% de la población, ha experimentado un incremento poco significativo del 0,1%.
Ese barómetro de consumo cultural de la fundación privada Fundacc (Fundació Audiències de la Comunicació y la Cultura) en cuyo patronazgo figuran entre otros representantes del gobierno catalán y del balear, se presenta por primera vez como "La dieta cultural de los catalanes".
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/los-catalanes-prefieren-castellano-disfrutar-cultura
Los catalanes prefieren el castellano para disfrutar de la cultura
19:08 (30-07-2010) | 4
El castellano es claramente superior al catalán como idioma de elección para el disfrute de la cultura, especialmente en el caso del cine, donde alcanza el 92%, y en los libros, con un 71%.
El consumo de productos culturales ha aumentado en todas las áreas en Cataluña en los dos últimos años y el castellano es claramente superior al catalán como idioma de elección para su disfrute, especialmente en el caso del cine, donde alcanza el 92%, y en los libros, con un 71%.
Este es el resultado del análisis del consumo de libros, cine, música, videojuegos, conciertos, espectáculos y exposiciones realizado entre la población de más de 14 años de Cataluña, a partir de 31.000 encuestas hechas para el Barómetro de la Comunicación y la Cultura.
El informe señala que el 71% de los libros que se leen en Cataluña están publicados en castellano, el 24% en catalán y el 4% en otras lenguas.
Un porcentaje que aumenta en el caso del cine, ya que el 92% de las películas que se han visto en el cine son en castellano, el 4% en catalán y el 4% en otras lenguas, mientras que el 82% de los videojuegos se juegan en castellano, el 2% en catalán y el 16% en otras lenguas.
El 61% de la música que se escucha está en castellano, el 6% en catalán y el 33% en otras lenguas, sobre todo en inglés, mientras que el 45% de los conciertos se realizan en castellano, el 21% en catalán y el 34% en otras lenguas.
El catalán, sin embargo, es la lengua principal de consumo en exposiciones y espectáculos, ya que el 61% de las exposiciones se han hecho en esa lengua, el 27% en castellano y el 12% en otros idiomas, mientras que el 47% de los espectáculos han sido en catalán, el 46% en castellano y el 7% en otras lenguas.
En cuanto al consumo por productos, el de videojuegos, el menos extendido entre el público, es el que ha vivido un incremento más importante, ya que actualmente el 21,8% de la población los utiliza, un 21,3% más que hace dos años.
Los libros, comprados por un 57,6% de la población, han experimentado un incremento leve del 1,8%, un poco más que el 1,5% registrado por el cine, al que son aficionados un 35,8% de los catalanes.
Sin embargo, la música, a pesar de ser escuchada por casi nueve de cada diez personas, un 88,3% de la población, ha experimentado un incremento poco significativo del 0,1%.
Ese barómetro de consumo cultural de la fundación privada Fundacc (Fundació Audiències de la Comunicació y la Cultura) en cuyo patronazgo figuran entre otros representantes del gobierno catalán y del balear, se presenta por primera vez como "La dieta cultural de los catalanes".
http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/sociedad/los-catalanes-prefieren-castellano-disfrutar-cultura
Pio Moa, Sobre De un tiempo y de un pais
lunes 2 de agosto de 2010
RECUERDOS SUELTOS
Sobre De un tiempo y de un país
Por Pío Moa
El libro De un tiempo y de un país terminaba así en su primera edición: "En verano del 79 me tomé con mi compañera, P., unas vacaciones. Las primeras en diez años. Caminamos por aquí y por allá, percatándome de cuánto había perdido de vista eso que llaman el país real. O uno de los muchos países reales que hay en este país".
La última frase me pareció luego algo cursi, y la eliminé en una edición posterior, veinte años después; una de las contadas correcciones que hice.
Aquellas vacaciones empezaron con quince días en Béjar, donde nos dejó su casa una amiga de P. que trabajaba allí como abogada de la UGT. Lo que es la sugestión: una noche paseábamos cerca del cementerio, tras cuyas tapias se erguían algunos cipreses y que parecía cubierto por una leve claridad. Ella sugirió que nos aparatásemos de allí. Me burlé, pero según nos íbamos acercando al lugar se me fue contagiando su inquietud y, sin insistir, acompañé discretamente su alejamiento.
La siguiente quincena fuimos a Menorca, también alojados en casa de unos amigos de ella. Llegamos a Barcelona en el último momento para coger el barco, después de una odisea en autostop desde Madrid y creyendo que aquellas vacaciones las perdíamos, porque no nos quedaba dinero para nuevos billetes. Ya en la isla hicimos un viaje a pie de dos o tres días, siguiendo la costa norte, con una tienda de campaña que nos prestaron nuestros amigos. Una de las jornadas resultó bastante pesada, pues tuvimos que dar un gran rodeo –ya que la costa se encontraba ilegalmente cortada por los muros de una extensa finca– y se nos agotó el agua. Marchábamos entre monte bajo y bosquecillos, alguno quemado (se quemaban gran cantidad de bosques en toda España), buscando muretes donde crecieran zarzas, para coger moras con que calmar la sed, sobre todo la de ella, que la soportaba peor. Llegamos por fin, ya de noche, a un lugar civilizado, donde nos pusimos bastante alegres bebiendo cerveza, y montamos la tienda en un solar. Fueron unas vacaciones extremadamente baratas, porque ella era la única que trabajaba, todavía de asistenta, aunque luego lo haría de profesora en un buen colegio.
Estando en Béjar una tarde, mientras me cortaba el pelo en una barbería, oí la noticia de que una bomba de la ETA había matado a varias personas en Barajas, o quizá fuera en la estación de Atocha. Por entonces estos asesinatos menudeaban, y la izquierda solía mostrarse digamos comprensiva hacia sus autores (seguía con aquella infame y embustera consigna de "Vosotros, fascistas, sois los terroristas"). En realidad, ha seguido tan comprensiva hasta hoy mismo, con el cuento de la "solución política": no en vano nuestra desdichada izquierda –como desde otro punto de vista el PNV– comparte lo esencial de la ideología etarra. También yo, por supuesto, entendía aquellos crímenes, pero en aquel momento me invadió la indignación y una especie de náusea. Seguía estando en la clandestinidad, dos años después de haber sido expulsado del PCE(r)-Grapo, y por primera vez, creo, sentí una repugnancia difícil de racionalizar ante la canallada estúpida y criminal que llamaban pomposamente "lucha armada". Por otra parte, en abril había sido muerto por la policía Delgado de Codes, de quien ya hablé en otro de estos recuerdos. En Menorca tuve ocasión de ver una obreja de teatro de un grupo de aficionados, Menorca, simplement, o cosa así, un repaso de la historia de la isla con un tono antiespañol expresado como pose de indiferencia, que también me revolvió un poco las tripas, porque presentaba un ideal de vida animalesco, hedonismo de taberna, torpón y doméstico, al estilo de otra obra teatral mucho peor, Ay, Carmela, que tendría la mala suerte de ver bastantes años después en Madrid (mala suerte, porque no sabía de qué iba).
A esa conjunción de sucesos se unía la sensación de que todo aquello por lo que había luchado se desmoronaba en medio del espíritu romo y vacío tomado por la transición (el pasotismo, el desencanto, la expansión de la droga, la diversión chabacana, una crisis económica que en lugar de propiciar movimientos revolucionarios parecía tragarlos como un pantano). Todo ello, supongo, me incitó, ya vuelto a Madrid, a escribir la historia de la OMLE-PCE(r)-Grapo a partir de mi propia experiencia, antes de que la memoria fuese trabucando en exceso datos y fechas. Había escrito muchas octavillas y artículos subversivos, incluso algunos folletos bastante largos, como el titulado "El viaje de Carrillo a China y la bancarrota del revisionismo"; un ensayo, a medias con "el camarada Arenas", sobre la necesidad de la lucha armada para abrir paso a la revolución bajo el capitalismo monopolista de estado en su etapa más decadente, y un pequeño libro, Operación Cromo, sobre los secuestros de Oriol y Villaescusa. Pero eso era una cosa y otra meterse con un libro de verdad, pues este exige máxima atención para evitar esas repeticiones, digresiones inútiles, etc., que vuelven muchos libros pesados y poco inteligibles. No obstante, conseguí superar el reto, en dos años de esfuerzo.
Otra razón para ponerme a ello fue aclarar las artificiosas incógnitas lucubradas sobre todo por la izquierda y por una prensa mediocre, aunque muy satisfecha de sí misma. Se insistía en hablar de un "extraño Grapo" que siempre golpeaba en "momentos políticos clave" (era lo que habíamos pretendido, lógicamente, y por otra parte la misma prensa magnificaba el efecto de los atentados con su sensacionalismo); que debía de estar manejado por unos "servicios secretos" variantes, según gustos, desde el KGB a la CIA, pasando por los del gobierno de Suárez; que la "extrema derecha" estaría detrás... Todavía hay cretinos empeñados en tales historietas. De hecho, el "oscuro" PCE(r)-Grapo está mucho más clarificado que el PSOE, este sí muy infiltrado por la policía y protegido por poderes muy amplios durante la transición, y con fuentes de financiación no muy claras.
La causa de aquellas lucubraciones, tan generalizadas entonces, radica en el comienzo tardío de las acciones del Grapo, cuando casi toda la izquierda antifranquista estaba volcada en su legalización y creía que los atentados la obstaculizaban. La ETA, por el contrario, había empezado en el momento justo, cuando aquella oposición –nunca democrática–, sin esperanzas de legalización próxima, saludó los primeros asesinatos etarras como un factor de desestabilización del franquismo del que esperaba obtener buenas ganancias políticas. El éxito de la ETA en ese sentido ha sido impresionante. Y, por supuesto, mi testimonio no despertó el interés de la gran mayoría de la prensa o de los políticos. Les gustaban más los cuentos.
Conservo una memoria general del libro, pero no lo he releído desde la última edición de él, hace unos cuantos años. Lo titulé De un tiempo y de un país, remedando la canción de Raimon, por contrariar la idea del "extraño Grapo", que lo presentaba casi como una organización extraterrestre. Pero, de hecho, dentro de su tiempo y su país, se trató de un partido sumamente atípico. Por entonces menudeaban los grupos maoístas y trotskistas, muy propensos a hablar de lucha armada, pero sin pasar de las palabras, por fortuna. El PCE(r) los catalogaba de grupos pequeño-burgueses, falsos comunistas, indisciplinados, seguramente infiltrados por la policía y proclives a colaborar con el revisionismo o socialfascismo carrillista. Por probabilidad estadística, de un ambiente donde se cultivan tales tópicos de violencia, surgirá antes o después quien intente llevarlos a cabo. El pequeño PCE (r) fue capaz de poner en serias dificultades la transición, y de hostigar al régimen resultante durante bastante tiempo. No obstante, fracasó poco después de su momento de máxima peligrosidad, fracaso reflejado en una evolución ideológica cada vez más difusa: la pureza de principios leninistas de su primera época acabó dejando paso a la mera lucha por la supervivencia. Contribuyeron a la confusión los sucesos de China, donde la Gran Revolución Cultural Proletaria y sus jefes fueron eliminados poco después de la muerte de Mao. Así, los maoístas europeos se quedaron de pronto sin su estrella polar.
http://findesemana.libertaddigital.com/sobre-de-un-tiempo-y-de-un-pais-1276238069.html
Pinche aquí para leer el resto de la serie RECUERDOS SUELTOS.
RECUERDOS SUELTOS
Sobre De un tiempo y de un país
Por Pío Moa
El libro De un tiempo y de un país terminaba así en su primera edición: "En verano del 79 me tomé con mi compañera, P., unas vacaciones. Las primeras en diez años. Caminamos por aquí y por allá, percatándome de cuánto había perdido de vista eso que llaman el país real. O uno de los muchos países reales que hay en este país".
La última frase me pareció luego algo cursi, y la eliminé en una edición posterior, veinte años después; una de las contadas correcciones que hice.
Aquellas vacaciones empezaron con quince días en Béjar, donde nos dejó su casa una amiga de P. que trabajaba allí como abogada de la UGT. Lo que es la sugestión: una noche paseábamos cerca del cementerio, tras cuyas tapias se erguían algunos cipreses y que parecía cubierto por una leve claridad. Ella sugirió que nos aparatásemos de allí. Me burlé, pero según nos íbamos acercando al lugar se me fue contagiando su inquietud y, sin insistir, acompañé discretamente su alejamiento.
La siguiente quincena fuimos a Menorca, también alojados en casa de unos amigos de ella. Llegamos a Barcelona en el último momento para coger el barco, después de una odisea en autostop desde Madrid y creyendo que aquellas vacaciones las perdíamos, porque no nos quedaba dinero para nuevos billetes. Ya en la isla hicimos un viaje a pie de dos o tres días, siguiendo la costa norte, con una tienda de campaña que nos prestaron nuestros amigos. Una de las jornadas resultó bastante pesada, pues tuvimos que dar un gran rodeo –ya que la costa se encontraba ilegalmente cortada por los muros de una extensa finca– y se nos agotó el agua. Marchábamos entre monte bajo y bosquecillos, alguno quemado (se quemaban gran cantidad de bosques en toda España), buscando muretes donde crecieran zarzas, para coger moras con que calmar la sed, sobre todo la de ella, que la soportaba peor. Llegamos por fin, ya de noche, a un lugar civilizado, donde nos pusimos bastante alegres bebiendo cerveza, y montamos la tienda en un solar. Fueron unas vacaciones extremadamente baratas, porque ella era la única que trabajaba, todavía de asistenta, aunque luego lo haría de profesora en un buen colegio.
Estando en Béjar una tarde, mientras me cortaba el pelo en una barbería, oí la noticia de que una bomba de la ETA había matado a varias personas en Barajas, o quizá fuera en la estación de Atocha. Por entonces estos asesinatos menudeaban, y la izquierda solía mostrarse digamos comprensiva hacia sus autores (seguía con aquella infame y embustera consigna de "Vosotros, fascistas, sois los terroristas"). En realidad, ha seguido tan comprensiva hasta hoy mismo, con el cuento de la "solución política": no en vano nuestra desdichada izquierda –como desde otro punto de vista el PNV– comparte lo esencial de la ideología etarra. También yo, por supuesto, entendía aquellos crímenes, pero en aquel momento me invadió la indignación y una especie de náusea. Seguía estando en la clandestinidad, dos años después de haber sido expulsado del PCE(r)-Grapo, y por primera vez, creo, sentí una repugnancia difícil de racionalizar ante la canallada estúpida y criminal que llamaban pomposamente "lucha armada". Por otra parte, en abril había sido muerto por la policía Delgado de Codes, de quien ya hablé en otro de estos recuerdos. En Menorca tuve ocasión de ver una obreja de teatro de un grupo de aficionados, Menorca, simplement, o cosa así, un repaso de la historia de la isla con un tono antiespañol expresado como pose de indiferencia, que también me revolvió un poco las tripas, porque presentaba un ideal de vida animalesco, hedonismo de taberna, torpón y doméstico, al estilo de otra obra teatral mucho peor, Ay, Carmela, que tendría la mala suerte de ver bastantes años después en Madrid (mala suerte, porque no sabía de qué iba).
A esa conjunción de sucesos se unía la sensación de que todo aquello por lo que había luchado se desmoronaba en medio del espíritu romo y vacío tomado por la transición (el pasotismo, el desencanto, la expansión de la droga, la diversión chabacana, una crisis económica que en lugar de propiciar movimientos revolucionarios parecía tragarlos como un pantano). Todo ello, supongo, me incitó, ya vuelto a Madrid, a escribir la historia de la OMLE-PCE(r)-Grapo a partir de mi propia experiencia, antes de que la memoria fuese trabucando en exceso datos y fechas. Había escrito muchas octavillas y artículos subversivos, incluso algunos folletos bastante largos, como el titulado "El viaje de Carrillo a China y la bancarrota del revisionismo"; un ensayo, a medias con "el camarada Arenas", sobre la necesidad de la lucha armada para abrir paso a la revolución bajo el capitalismo monopolista de estado en su etapa más decadente, y un pequeño libro, Operación Cromo, sobre los secuestros de Oriol y Villaescusa. Pero eso era una cosa y otra meterse con un libro de verdad, pues este exige máxima atención para evitar esas repeticiones, digresiones inútiles, etc., que vuelven muchos libros pesados y poco inteligibles. No obstante, conseguí superar el reto, en dos años de esfuerzo.
Otra razón para ponerme a ello fue aclarar las artificiosas incógnitas lucubradas sobre todo por la izquierda y por una prensa mediocre, aunque muy satisfecha de sí misma. Se insistía en hablar de un "extraño Grapo" que siempre golpeaba en "momentos políticos clave" (era lo que habíamos pretendido, lógicamente, y por otra parte la misma prensa magnificaba el efecto de los atentados con su sensacionalismo); que debía de estar manejado por unos "servicios secretos" variantes, según gustos, desde el KGB a la CIA, pasando por los del gobierno de Suárez; que la "extrema derecha" estaría detrás... Todavía hay cretinos empeñados en tales historietas. De hecho, el "oscuro" PCE(r)-Grapo está mucho más clarificado que el PSOE, este sí muy infiltrado por la policía y protegido por poderes muy amplios durante la transición, y con fuentes de financiación no muy claras.
La causa de aquellas lucubraciones, tan generalizadas entonces, radica en el comienzo tardío de las acciones del Grapo, cuando casi toda la izquierda antifranquista estaba volcada en su legalización y creía que los atentados la obstaculizaban. La ETA, por el contrario, había empezado en el momento justo, cuando aquella oposición –nunca democrática–, sin esperanzas de legalización próxima, saludó los primeros asesinatos etarras como un factor de desestabilización del franquismo del que esperaba obtener buenas ganancias políticas. El éxito de la ETA en ese sentido ha sido impresionante. Y, por supuesto, mi testimonio no despertó el interés de la gran mayoría de la prensa o de los políticos. Les gustaban más los cuentos.
Conservo una memoria general del libro, pero no lo he releído desde la última edición de él, hace unos cuantos años. Lo titulé De un tiempo y de un país, remedando la canción de Raimon, por contrariar la idea del "extraño Grapo", que lo presentaba casi como una organización extraterrestre. Pero, de hecho, dentro de su tiempo y su país, se trató de un partido sumamente atípico. Por entonces menudeaban los grupos maoístas y trotskistas, muy propensos a hablar de lucha armada, pero sin pasar de las palabras, por fortuna. El PCE(r) los catalogaba de grupos pequeño-burgueses, falsos comunistas, indisciplinados, seguramente infiltrados por la policía y proclives a colaborar con el revisionismo o socialfascismo carrillista. Por probabilidad estadística, de un ambiente donde se cultivan tales tópicos de violencia, surgirá antes o después quien intente llevarlos a cabo. El pequeño PCE (r) fue capaz de poner en serias dificultades la transición, y de hostigar al régimen resultante durante bastante tiempo. No obstante, fracasó poco después de su momento de máxima peligrosidad, fracaso reflejado en una evolución ideológica cada vez más difusa: la pureza de principios leninistas de su primera época acabó dejando paso a la mera lucha por la supervivencia. Contribuyeron a la confusión los sucesos de China, donde la Gran Revolución Cultural Proletaria y sus jefes fueron eliminados poco después de la muerte de Mao. Así, los maoístas europeos se quedaron de pronto sin su estrella polar.
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Simbolos contra el nacionalismo
2-VIII-2010
Símbolos contra el nacionalismo
EDITORIAL
Cada vez se va evidenciando de una manera más descarada que el nacionalismo va de la mano del prohibicionismo y del intervencionismo, lo que equivale a decir que la nación de la que ansían desgajarse, España, va identificándose más con la libertad.
El nacionalismo sobrevive gracias a los mitos y a los símbolos. Ambos instrumentos le sirven para engordar cualquier mínima diferencia hasta convertirlo en un "hecho diferencial" entre dos "comunidades nacionales". Si los mitos se demuestran falsos y la fuerza de los símbolos se diluye, los nacionalistas aparecen como lo que son: una escuadra de supersticiosos que utilizan el supuesto amor hacia sí mismos para camuflar el intenso e irracional odio hacia los demás.
Por eso el nacionalismo se encarga de retorcer la historia hasta volverla irreconocible y otorga tanta importancia a elementos como la bandera, el himno, la lengua e incluso en algunos casos la raza. Necesita que la identidad de cada individuo quede definida en función de su adscripción al rebaño nacionalista para, de ese modo, poderlo pastorear con mayor facilidad. Así, cualquier símbolo o rasgo de social que no encaje en su artificial concepto de identidad colectiva es visto como una amenaza, como un ataque a las esencias de la nación, y debe ser eliminado en legítima defensa.
El caso de la victoria de la selección española de fútbol en Sudáfrica fue paradigmático. Miles de aficionados catalanes y vascos salieron a la calle para celebrar el éxito deportivo del equipo de "otra nación", lo cual socavaba la legitimidad misma del nacionalismo catalán y vasco. Por eso, durante los días de las celebraciones no fueron excepcionales las agresiones a quienes manifestaban un "exceso de españolidad" y a las pocas semanas incluso se ha intentado iniciar una persecución institucional contra parte de la ciudadanía –en concreto, contra los taxistas barceloneses que osaron exhibir la bandera española.
Lo mismo cabe decir de la prohibición de los toros en Cataluña impulsada por los diputados nacionalistas. Empleando como excusa motivos animalistas –ideología que por otros motivos también supone una grave amenaza contra las libertades individuales–, se ha logrado acabar con las corridas de toros en toda la región catalana a partir de 2012. Dado que los ingenieros nacionalistas construyen su identidad catalana enfrentada a cualquier rasgo que suene remotamente español, las corridas de toros –que no cualesquiera otras formas de "maltrato" animal– debían desaparecer de su "nación".
Sin embargo, el ansia totalizadora del nacionalismo es tal que puede que terminen perdiendo la apuesta. Cada vez se va evidenciando de una manera más descarada que el nacionalismo va de la mano del prohibicionismo y del intervencionismo, lo que equivale a decir que la nación de la que ansían desgajarse, España, va identificándose más con el liberalismo y la libertad.
La extrema dependencia que tiene el nacionalismo de los símbolos podría terminar pasándoles factura si adquieren una bien merecida imagen de censores y represores. Los gritos de 'libertad' en la Monumental son gritos contra el nacionalismo; no porque los aficionados estén inmersos en una campaña ideológica o política, sino porque la bota que les aplasta y contra la que se rebelan es a todas luces la del nacionalismo.
Sólo cabe esperar que este movimiento de destape del colectivismo nacionalista prosiga y se amplíe a todos los ámbitos de la sociedad donde su nefasta intervención ha dejado impronta. Necesitamos más símbolos de resistencia y de lucha contra la verdadare cara del nacionalismo: la opresión.
http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/simbolos-contra-el-nacionalismo-55760/
Símbolos contra el nacionalismo
EDITORIAL
Cada vez se va evidenciando de una manera más descarada que el nacionalismo va de la mano del prohibicionismo y del intervencionismo, lo que equivale a decir que la nación de la que ansían desgajarse, España, va identificándose más con la libertad.
El nacionalismo sobrevive gracias a los mitos y a los símbolos. Ambos instrumentos le sirven para engordar cualquier mínima diferencia hasta convertirlo en un "hecho diferencial" entre dos "comunidades nacionales". Si los mitos se demuestran falsos y la fuerza de los símbolos se diluye, los nacionalistas aparecen como lo que son: una escuadra de supersticiosos que utilizan el supuesto amor hacia sí mismos para camuflar el intenso e irracional odio hacia los demás.
Por eso el nacionalismo se encarga de retorcer la historia hasta volverla irreconocible y otorga tanta importancia a elementos como la bandera, el himno, la lengua e incluso en algunos casos la raza. Necesita que la identidad de cada individuo quede definida en función de su adscripción al rebaño nacionalista para, de ese modo, poderlo pastorear con mayor facilidad. Así, cualquier símbolo o rasgo de social que no encaje en su artificial concepto de identidad colectiva es visto como una amenaza, como un ataque a las esencias de la nación, y debe ser eliminado en legítima defensa.
El caso de la victoria de la selección española de fútbol en Sudáfrica fue paradigmático. Miles de aficionados catalanes y vascos salieron a la calle para celebrar el éxito deportivo del equipo de "otra nación", lo cual socavaba la legitimidad misma del nacionalismo catalán y vasco. Por eso, durante los días de las celebraciones no fueron excepcionales las agresiones a quienes manifestaban un "exceso de españolidad" y a las pocas semanas incluso se ha intentado iniciar una persecución institucional contra parte de la ciudadanía –en concreto, contra los taxistas barceloneses que osaron exhibir la bandera española.
Lo mismo cabe decir de la prohibición de los toros en Cataluña impulsada por los diputados nacionalistas. Empleando como excusa motivos animalistas –ideología que por otros motivos también supone una grave amenaza contra las libertades individuales–, se ha logrado acabar con las corridas de toros en toda la región catalana a partir de 2012. Dado que los ingenieros nacionalistas construyen su identidad catalana enfrentada a cualquier rasgo que suene remotamente español, las corridas de toros –que no cualesquiera otras formas de "maltrato" animal– debían desaparecer de su "nación".
Sin embargo, el ansia totalizadora del nacionalismo es tal que puede que terminen perdiendo la apuesta. Cada vez se va evidenciando de una manera más descarada que el nacionalismo va de la mano del prohibicionismo y del intervencionismo, lo que equivale a decir que la nación de la que ansían desgajarse, España, va identificándose más con el liberalismo y la libertad.
La extrema dependencia que tiene el nacionalismo de los símbolos podría terminar pasándoles factura si adquieren una bien merecida imagen de censores y represores. Los gritos de 'libertad' en la Monumental son gritos contra el nacionalismo; no porque los aficionados estén inmersos en una campaña ideológica o política, sino porque la bota que les aplasta y contra la que se rebelan es a todas luces la del nacionalismo.
Sólo cabe esperar que este movimiento de destape del colectivismo nacionalista prosiga y se amplíe a todos los ámbitos de la sociedad donde su nefasta intervención ha dejado impronta. Necesitamos más símbolos de resistencia y de lucha contra la verdadare cara del nacionalismo: la opresión.
http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/simbolos-contra-el-nacionalismo-55760/
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