lunes 3 de marzo de 2008
Los males del presente
Germán Yanke
Bueno, pues ya estamos preparados para el espectáculo del último debate entre Rodríguez Zapatero y Rajoy. Se ha vuelto todo tan vacío que cualquier cosa —algún fuego artificial, alguna puya, cualquier cosa— nos compensará la espera. Desde luego, el fin de semana ha sido decepcionante. Lo más destacado del líder de la oposición ha sido revelar que el presidente tiene una “sorpresa” para el debate y que él la conoce, por lo que estará preparado. Es decir, no nos la cuenta y la desactiva, si es verdad que tiene esa habilidad o esa información, para hablar de otras cosas, sino que la aprovechará. A Rodríguez Zapatero le ha dado por el “voto alegre”, que se contrapone, al parecer, a la abstención, que sería “el voto más triste”, aunque uno piense a veces que ese escepticismo es más inteligente que entusiasmarse con el vacío imperante.
Como se ve, mucha profundidad y mucho esfuerzo para explicar una propuesta política para los próximos años. Si alguien piensa que lo ocultan porque no lo tienen claro se equivoca, si me permiten la broma, porque también nos hemos enterado de que la gran solución del PP para enfrentar la crisis económica (o las turbulencias, o la amenaza de crisis) no está escrita en papel alguno, sino en la necesidad de un acuerdo entre el próximo Gobierno, la patronal y los sindicatos.
Siendo decepcionante, entiendo mejor la vaciedad socialista que la del PP, con un Rajoy más emocionado por la compañía de Aznar que por las ideas. Al fin y al cabo, ya a menos de una semana de las elecciones, las encuestas siguen dando el triunfo al PSOE. Este domingo, la publicada en El País da una diferencia a favor de los socialistas de 4,1 puntos que, en el caso de Abc, serían dos, aunque en otros periódicos de Vocento, como El Correo, no son dos sino al menos 2,6. Sea una cosa o la otra, lo que parece evidente es que, por decirlo llanamente, el PSOE tiene las de ganar, al menos de acuerdo con la totalidad de las encuestas hasta ahora publicadas. Si el PP ha reducido la distancia (en algunas), no lo suficiente como para cambiar las tornas.
Tendría que ser el PP el que, en estas circunstancias, arriesgara, Y no estaría de más, por poco tiempo que falte, que ensayara lo que hasta el momento no ha hecho: tratar de remover las voluntades a su favor con el fundamento político de su alternativa en vez de sólo diagnosticarnos los males del presente.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=03/03/2008&name=german
lunes, marzo 03, 2008
Del Estado de las autonomias al Estado de lan minorias
lunes 3 de marzo de 2008
Del Estado de las autonomías al Estado de las minorías
NO se llegó de un modo pacífico, sin opiniones discrepantes, a la calificación del Estado diseñado en la Constitución de 1978. No era -claro estaba- el Estado centralista de larga tradición española. Tampoco era un Estado federal del estilo de los existentes en Alemania o en Estados Unidos de América, y menos aún una Confederación. ¿Qué nombre deberíamos utilizar para definir la nueva organización territorial del Estado?
Al no encontrar un modelo en las topologías al uso, los teóricos del momento se inclinaron por la fórmula «Estado de las autonomías». Algunos observadores extranjeros manifestaron su sorpresa ante semejante innovación. Hubo que replicarles que lo nuestro no era un Estado compuesto -como son los federales, en sus diversas versiones históricas-, sino un Estado complejo, en el que el tronco común facilita la cohesión y la armonía entre las diferentes ramas. No es una organización jurídico-política de varias partes con raíces propias -las Comunidades Autónomas-, sino que éstas tienen su origen y razón de ser en la Constitución.
Transcurridos casi treinta años de vigencia del invento nos damos cuenta de que las reservas con las que fue recibido, tanto aquí como en ciertos ambientes académicos foráneos, eran opiniones atendibles, con bastante peso doctrinal. No resultaría fácil mantener el equilibrio del sistema complejo. El Estado de las autonomías terminaría por descomponerse.
Y ahora nos hallamos en una situación parecida a la que don José Ortega y Gasset describió el 15 de enero de 1932: «Hoy no hay en España más que un problema auténtico: los demás son pseudos en uno u otro sentido, por una u otra razón. Y ese problema único consiste en la construcción de un nuevo Estado. Y mientras ese nuevo Estado no exista plenamente España vivirá en peligro, y con ella y en ella todos los españoles, absolutamente todos, incluso los que creen que la atmósfera de peligro -el río revuelto- les favorece. Porque, entre tanto, nuestra vida pública quedará reducida a una serie de coletazos contradictorios. Hoy serán machacados los de un lado, mañana los del otro. Hay que estabilizar la vida pública, y esto no se consigue, como el vocablo mismo lo sugiere, más que con un Estado».
No se trata de buscar responsables de esta mala situación. A veces me he referido a la poca información que poseían destacados políticos de la Transición sobre lo que eran Cataluña, el País Vasco o Andalucía. Y a la inversa: desde esas regiones se desconocía el resto de España. Se fue demasiado complaciente en la distribución de competencias y no se previeron, ni en los días fundacionales ni en los siguientes, las consecuencias nefastas, por ejemplo, en el campo de la educación. Y en 1985 se consolidaron como definitivos los principios malos del decreto electoral de marzo del 77. Los nacionalistas de la periferia, con un escaso porcentaje de votos, condicionarían la política de los partidos implantados en toda España, que vienen sumando millones de votantes en las sucesivas consultas populares. Hasta tal punto se desvirtuó el proyecto de organización territorial que el Estado de las autonomías puede convertirse en un Estado de las minorías, ya que son estas porciones electoralmente privilegiadas las que se hallan en condiciones de decidir el camino a seguir.
Algunos dirigentes hablan de modificar la Constitución y modificar los estatutos de autonomía para lo cual debe conseguirse un consenso igual al del año 1977, pero esto es un imposible porque las circunstancias de 1977 eran muy diferentes. Por tanto si hay que llegar a un consenso será un consenso distinto. Cuando en las Cortes constituyentes de 1977 abordábamos la elaboración de la Constitución española, el fantasma de la terrible Guerra Civil nos afectaba a todos, tanto en la derecha como en la izquierda y en el centro, y procurábamos por todos los medios que las reivindicaciones no sobrepasaran el listón por encima del cual podrían dar lugar a otro enfrentamiento sangriento entre los españoles. Este fue un dato importantísimo para conseguir el consenso que hizo posible la firma de la Constitución de 1978. Hoy en día, por fortuna, ese fantasma de la guerra ha desaparecido, incluso muchos jóvenes ni siquiera pueden imaginar que hace más de 70 años padecimos una terrible y sangrienta Guerra Civil.
Al morir Franco, existía el deseo, en ciertos sitios, de resaltar su singularidad. Pero hoy ya es conocido donde están los techos competenciales que pretenden conseguir algunas Comunidades a través de la reforma de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía. No hay límites a sus pretensiones.
Ahora bien, ¿en un Senado con 17 Comunidades Autónomas se van a consentir diferencias sustanciales en cuanto a competencias, repartos de renta, financiación, etc., etc.? Por otra parte, tampoco la situación de desarrollo de las distintas Comunidades es la misma; algunas en el momento de la Transición eran económica y culturalmente muy poderosas: hoy han perdido su protagonismo y ocupan un tercer o cuarto lugar. Otras en cambio han alcanzado un mayor desarrollo, por ejemplo Madrid que antes era una capital administrativa y ahora, además de capital administrativa, es capital financiera y tiene un alto grado de desarrollo cultural y económico. Todas estas transformaciones han dado lugar o han generado una situación socioeconómica muy diferente a la de hace tan sólo 30 años; es otra nuestra manera de ser y nuestra manera de convivir.
El año 1932, según recordé antes, Ortega consideraba que el auténtico problema de aquel momento era la falta de un Estado. Y se fijaba especialmente en que era necesario que los gobernantes y los gobernados respetasen al Estado: «Lo decisivo -escribía el maestro- es que los ciudadanos, sea cual fuere la coincidencia o discrepancia de sus ideas con las sustentadas por los gobernantes, tengan la impresión de que éstos respetan profundamente al Estado. De modo que yo, ciudadano, respeto, quiera o no, al Estado cuando se me impone, quiera o no, la evidencia de que los gobernantes mismos lo respetan». (¿Cómo permanecer callados ante el lamentable espectáculo de la Universidad de Santiago, una de las más venerables de España, donde las autoridades académicas adoptaron una actitud tibia el día de las agresiones a María San Gil? Mal ejemplo seguido, hasta ahora, en otros puntos de España, entre ellos Barcelona y Madrid).
Ortega advertía de los riesgos de la utilización de los poderes públicos para desacreditar a un grupo de ciudadanos. La Oposición, en un régimen democrático, respetará al Estado en la medida en que el Gobierno se abstenga de utilizar su posición privilegiada para atacar a los disidentes. «Desde el Estado -concluía Ortega- no se puede ni favorecer ni agredir metódicamente a ningún grupo de los que integran la comunidad. En la medida que haga esto el gobernante denigra al Estado y lo irrespetabiliza. Si los grupos todos, aún los más hostiles al Estado, no se sienten atendidos por él, tenidos en cuenta en cada acto y palabra del Gobierno, el Estado no es tal Estado. Es lo contrario del Estado».
Nuestra tarea hoy, como la que reclamaba Ortega en 1932, es conseguir que todos respetemos el Estado de las autonomías formalizado por laConstitución de 1978. Si se mantienen las equivocadas (y perniciosas) transferencias del Estado a las Comunidades Autónomas, las autoridades se inhiben o colaboran con los desalmados, y no se consigue una representación auténtica de los españoles en el Congreso de los Diputados (mediante otra ley electoral), resultará roto el equilibrio con el que soñamos hace treinta años. El Estado de las autonomías no debe degenerar, cual hereje, en un Estado de las minorías.
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
http://www.abc.es/20080303/opinion-la-tercera/estado-autonomias-estado-minorias_200803030246.html
Del Estado de las autonomías al Estado de las minorías
NO se llegó de un modo pacífico, sin opiniones discrepantes, a la calificación del Estado diseñado en la Constitución de 1978. No era -claro estaba- el Estado centralista de larga tradición española. Tampoco era un Estado federal del estilo de los existentes en Alemania o en Estados Unidos de América, y menos aún una Confederación. ¿Qué nombre deberíamos utilizar para definir la nueva organización territorial del Estado?
Al no encontrar un modelo en las topologías al uso, los teóricos del momento se inclinaron por la fórmula «Estado de las autonomías». Algunos observadores extranjeros manifestaron su sorpresa ante semejante innovación. Hubo que replicarles que lo nuestro no era un Estado compuesto -como son los federales, en sus diversas versiones históricas-, sino un Estado complejo, en el que el tronco común facilita la cohesión y la armonía entre las diferentes ramas. No es una organización jurídico-política de varias partes con raíces propias -las Comunidades Autónomas-, sino que éstas tienen su origen y razón de ser en la Constitución.
Transcurridos casi treinta años de vigencia del invento nos damos cuenta de que las reservas con las que fue recibido, tanto aquí como en ciertos ambientes académicos foráneos, eran opiniones atendibles, con bastante peso doctrinal. No resultaría fácil mantener el equilibrio del sistema complejo. El Estado de las autonomías terminaría por descomponerse.
Y ahora nos hallamos en una situación parecida a la que don José Ortega y Gasset describió el 15 de enero de 1932: «Hoy no hay en España más que un problema auténtico: los demás son pseudos en uno u otro sentido, por una u otra razón. Y ese problema único consiste en la construcción de un nuevo Estado. Y mientras ese nuevo Estado no exista plenamente España vivirá en peligro, y con ella y en ella todos los españoles, absolutamente todos, incluso los que creen que la atmósfera de peligro -el río revuelto- les favorece. Porque, entre tanto, nuestra vida pública quedará reducida a una serie de coletazos contradictorios. Hoy serán machacados los de un lado, mañana los del otro. Hay que estabilizar la vida pública, y esto no se consigue, como el vocablo mismo lo sugiere, más que con un Estado».
No se trata de buscar responsables de esta mala situación. A veces me he referido a la poca información que poseían destacados políticos de la Transición sobre lo que eran Cataluña, el País Vasco o Andalucía. Y a la inversa: desde esas regiones se desconocía el resto de España. Se fue demasiado complaciente en la distribución de competencias y no se previeron, ni en los días fundacionales ni en los siguientes, las consecuencias nefastas, por ejemplo, en el campo de la educación. Y en 1985 se consolidaron como definitivos los principios malos del decreto electoral de marzo del 77. Los nacionalistas de la periferia, con un escaso porcentaje de votos, condicionarían la política de los partidos implantados en toda España, que vienen sumando millones de votantes en las sucesivas consultas populares. Hasta tal punto se desvirtuó el proyecto de organización territorial que el Estado de las autonomías puede convertirse en un Estado de las minorías, ya que son estas porciones electoralmente privilegiadas las que se hallan en condiciones de decidir el camino a seguir.
Algunos dirigentes hablan de modificar la Constitución y modificar los estatutos de autonomía para lo cual debe conseguirse un consenso igual al del año 1977, pero esto es un imposible porque las circunstancias de 1977 eran muy diferentes. Por tanto si hay que llegar a un consenso será un consenso distinto. Cuando en las Cortes constituyentes de 1977 abordábamos la elaboración de la Constitución española, el fantasma de la terrible Guerra Civil nos afectaba a todos, tanto en la derecha como en la izquierda y en el centro, y procurábamos por todos los medios que las reivindicaciones no sobrepasaran el listón por encima del cual podrían dar lugar a otro enfrentamiento sangriento entre los españoles. Este fue un dato importantísimo para conseguir el consenso que hizo posible la firma de la Constitución de 1978. Hoy en día, por fortuna, ese fantasma de la guerra ha desaparecido, incluso muchos jóvenes ni siquiera pueden imaginar que hace más de 70 años padecimos una terrible y sangrienta Guerra Civil.
Al morir Franco, existía el deseo, en ciertos sitios, de resaltar su singularidad. Pero hoy ya es conocido donde están los techos competenciales que pretenden conseguir algunas Comunidades a través de la reforma de la Constitución y de los Estatutos de Autonomía. No hay límites a sus pretensiones.
Ahora bien, ¿en un Senado con 17 Comunidades Autónomas se van a consentir diferencias sustanciales en cuanto a competencias, repartos de renta, financiación, etc., etc.? Por otra parte, tampoco la situación de desarrollo de las distintas Comunidades es la misma; algunas en el momento de la Transición eran económica y culturalmente muy poderosas: hoy han perdido su protagonismo y ocupan un tercer o cuarto lugar. Otras en cambio han alcanzado un mayor desarrollo, por ejemplo Madrid que antes era una capital administrativa y ahora, además de capital administrativa, es capital financiera y tiene un alto grado de desarrollo cultural y económico. Todas estas transformaciones han dado lugar o han generado una situación socioeconómica muy diferente a la de hace tan sólo 30 años; es otra nuestra manera de ser y nuestra manera de convivir.
El año 1932, según recordé antes, Ortega consideraba que el auténtico problema de aquel momento era la falta de un Estado. Y se fijaba especialmente en que era necesario que los gobernantes y los gobernados respetasen al Estado: «Lo decisivo -escribía el maestro- es que los ciudadanos, sea cual fuere la coincidencia o discrepancia de sus ideas con las sustentadas por los gobernantes, tengan la impresión de que éstos respetan profundamente al Estado. De modo que yo, ciudadano, respeto, quiera o no, al Estado cuando se me impone, quiera o no, la evidencia de que los gobernantes mismos lo respetan». (¿Cómo permanecer callados ante el lamentable espectáculo de la Universidad de Santiago, una de las más venerables de España, donde las autoridades académicas adoptaron una actitud tibia el día de las agresiones a María San Gil? Mal ejemplo seguido, hasta ahora, en otros puntos de España, entre ellos Barcelona y Madrid).
Ortega advertía de los riesgos de la utilización de los poderes públicos para desacreditar a un grupo de ciudadanos. La Oposición, en un régimen democrático, respetará al Estado en la medida en que el Gobierno se abstenga de utilizar su posición privilegiada para atacar a los disidentes. «Desde el Estado -concluía Ortega- no se puede ni favorecer ni agredir metódicamente a ningún grupo de los que integran la comunidad. En la medida que haga esto el gobernante denigra al Estado y lo irrespetabiliza. Si los grupos todos, aún los más hostiles al Estado, no se sienten atendidos por él, tenidos en cuenta en cada acto y palabra del Gobierno, el Estado no es tal Estado. Es lo contrario del Estado».
Nuestra tarea hoy, como la que reclamaba Ortega en 1932, es conseguir que todos respetemos el Estado de las autonomías formalizado por laConstitución de 1978. Si se mantienen las equivocadas (y perniciosas) transferencias del Estado a las Comunidades Autónomas, las autoridades se inhiben o colaboran con los desalmados, y no se consigue una representación auténtica de los españoles en el Congreso de los Diputados (mediante otra ley electoral), resultará roto el equilibrio con el que soñamos hace treinta años. El Estado de las autonomías no debe degenerar, cual hereje, en un Estado de las minorías.
MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA
de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas
http://www.abc.es/20080303/opinion-la-tercera/estado-autonomias-estado-minorias_200803030246.html
Ferrand, PP y PSOE el final de los principios
lunes 3 de marzo de 2008
PP y PSOE, el final de los principios
Manuel Martín Ferrand
“Cuando uno proyecta sus principios
en lo que hace, las cosas salen bien”
(Manuel Pizarro)
La frase de Manuel Pizarro, candidato número dos en la lista para el Congreso que el PP presenta en Madrid, es de las que merecen bronce. El problema reside, cuando se salta de lo personal a lo colectivo, en llegar a averiguar cuáles son los principios de, por ejemplo, nuestros dos grandes partidos nacionales. El PSOE se define en su propia sigla como “socialista”, “obrero” y “español”. No es necesario gastar dos líneas de este comentario para poner en evidencia lo anacrónico y ridículo de tal postulado. En esa militancia, José Luis Rodríguez Zapatero ha sido un apóstata; pero, ¿cuáles son los principios del PP? Por más vueltas que le doy al asunto siempre termino por contemplar a nuestras dos grandes formaciones en el ámbito y el espíritu, los modos y planteamientos, de la socialdemocracia. Estamos en plena tiranía del Estado de bienestar, que es una mandanga, y, en consecuencia, los principios se subordinan a un objetivo “social” que, sin arrinconarle, disminuye la dimensión y trascendencia de la persona y, por supuesto, nos aleja del mérito y la pretensión de la excelencia.
Puedo decir lo que va más arriba, que es una inconveniencia, algo políticamente no correcto, porque no me presento a las elecciones y, dada mi edad senecta, me importa lo mismo —nada— caer en desgracia de los unos y de los otros. El respeto formal, que no real, con que tanto el PP como el PSOE tratan a la tercera edad me sirve de burladero para evitar una cornada que, por otra parte, tampoco me importa un pito. Pero es una desgracia ciudadana que, en vísperas de unas elecciones trascendentales para la Nación, resulte poco menos que imposible diseccionar los principios diferenciales entre los dos partidos de los que, inevitablemente, saldrá el próximo jefe del Ejecutivo.
Confieso mi susto ante la perspectiva de que José Luis Rodríguez Zapatero renueve su mandato por otros cuatro años. Cuatro que, imaginando cómo quedará el PP tras la contienda, pueden ser fácilmente ocho. O doce. La legislatura que ahora cumple ha sido una calamidad y sería difícil encontrar media docena de éxitos atribuibles a un Gobierno en el que abundan más los personajes risibles que los merecedores de respeto. En defensa de la oferta de Rajoy puede decirse que, seguro, no lo hará peor que Zapatero; pero, ¿es válida una parte notable de la troupe que forma en su cortejo? Si todos fueran como el citado Pizarro, gente de provecho que cuadra con el perfil tradicional de los liberales y los conservadores clásicos, no habría problemas; pero, ¿cuántos eduardos zaplanas y ángeles acebes lleva Rajoy en su zurrón y, en la hipótesis de la victoria, pueden reincidir —creo que esa es la palabra adecuada— en el Gobierno de la Nación?
Mis amigos de la derecha suelen objetar a ese modo de razonar con una pregunta: “¿Son mejores los nombres del PSOE?”. No, creo que no. Aquí la partitocracia ha establecido una casta política que asemeja mucho las dos grandes formaciones; pero, aunque los principios sean una evanescencia, el socialismo es incompatible con la libertad, a la que arrincona en bien de otros valores como la igualdad —y no precisamente de oportunidades— y a mí, personalmente, si la libertad del individuo, entendida como algo único e indivisible, no está en el vértice de la pirámide del proyecto nacional español, el juego establecido me interesa bastante poco. Lo justito para ir tirando mientras no quepa una objeción de conciencia fiscal.
¿Han reparado ustedes en que la millonada que a los partidos, a los dos grandes y a todos los demás, les cuesta una campaña electoral como la presente la pagamos nosotros? Confiesan los grandes un presupuesto de veinte millones por sigla. Es evidente que la cifra verdadera resulta mayor. ¿Cuánto sale de las cuotas de sus afiliados? ¿En razón de qué principio democrático nuestros impuestos tienen que ayudar a la propagación de las ideas que, legales y legítimas, no son las de nuestros gustos personales?
Ya que empezaba con una cita de Pizarro, terminaré con otra: “La primera medida del Gobierno del PP será la rebaja del IRPF”. Quizás por eso, sólo por eso, valga la pena votar al PP. En el peor de los casos, a igualdad de calidad e intensidad socialdemócrata, nos saldrá más barato.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=03/03/2008&name=ferrand
PP y PSOE, el final de los principios
Manuel Martín Ferrand
“Cuando uno proyecta sus principios
en lo que hace, las cosas salen bien”
(Manuel Pizarro)
La frase de Manuel Pizarro, candidato número dos en la lista para el Congreso que el PP presenta en Madrid, es de las que merecen bronce. El problema reside, cuando se salta de lo personal a lo colectivo, en llegar a averiguar cuáles son los principios de, por ejemplo, nuestros dos grandes partidos nacionales. El PSOE se define en su propia sigla como “socialista”, “obrero” y “español”. No es necesario gastar dos líneas de este comentario para poner en evidencia lo anacrónico y ridículo de tal postulado. En esa militancia, José Luis Rodríguez Zapatero ha sido un apóstata; pero, ¿cuáles son los principios del PP? Por más vueltas que le doy al asunto siempre termino por contemplar a nuestras dos grandes formaciones en el ámbito y el espíritu, los modos y planteamientos, de la socialdemocracia. Estamos en plena tiranía del Estado de bienestar, que es una mandanga, y, en consecuencia, los principios se subordinan a un objetivo “social” que, sin arrinconarle, disminuye la dimensión y trascendencia de la persona y, por supuesto, nos aleja del mérito y la pretensión de la excelencia.
Puedo decir lo que va más arriba, que es una inconveniencia, algo políticamente no correcto, porque no me presento a las elecciones y, dada mi edad senecta, me importa lo mismo —nada— caer en desgracia de los unos y de los otros. El respeto formal, que no real, con que tanto el PP como el PSOE tratan a la tercera edad me sirve de burladero para evitar una cornada que, por otra parte, tampoco me importa un pito. Pero es una desgracia ciudadana que, en vísperas de unas elecciones trascendentales para la Nación, resulte poco menos que imposible diseccionar los principios diferenciales entre los dos partidos de los que, inevitablemente, saldrá el próximo jefe del Ejecutivo.
Confieso mi susto ante la perspectiva de que José Luis Rodríguez Zapatero renueve su mandato por otros cuatro años. Cuatro que, imaginando cómo quedará el PP tras la contienda, pueden ser fácilmente ocho. O doce. La legislatura que ahora cumple ha sido una calamidad y sería difícil encontrar media docena de éxitos atribuibles a un Gobierno en el que abundan más los personajes risibles que los merecedores de respeto. En defensa de la oferta de Rajoy puede decirse que, seguro, no lo hará peor que Zapatero; pero, ¿es válida una parte notable de la troupe que forma en su cortejo? Si todos fueran como el citado Pizarro, gente de provecho que cuadra con el perfil tradicional de los liberales y los conservadores clásicos, no habría problemas; pero, ¿cuántos eduardos zaplanas y ángeles acebes lleva Rajoy en su zurrón y, en la hipótesis de la victoria, pueden reincidir —creo que esa es la palabra adecuada— en el Gobierno de la Nación?
Mis amigos de la derecha suelen objetar a ese modo de razonar con una pregunta: “¿Son mejores los nombres del PSOE?”. No, creo que no. Aquí la partitocracia ha establecido una casta política que asemeja mucho las dos grandes formaciones; pero, aunque los principios sean una evanescencia, el socialismo es incompatible con la libertad, a la que arrincona en bien de otros valores como la igualdad —y no precisamente de oportunidades— y a mí, personalmente, si la libertad del individuo, entendida como algo único e indivisible, no está en el vértice de la pirámide del proyecto nacional español, el juego establecido me interesa bastante poco. Lo justito para ir tirando mientras no quepa una objeción de conciencia fiscal.
¿Han reparado ustedes en que la millonada que a los partidos, a los dos grandes y a todos los demás, les cuesta una campaña electoral como la presente la pagamos nosotros? Confiesan los grandes un presupuesto de veinte millones por sigla. Es evidente que la cifra verdadera resulta mayor. ¿Cuánto sale de las cuotas de sus afiliados? ¿En razón de qué principio democrático nuestros impuestos tienen que ayudar a la propagación de las ideas que, legales y legítimas, no son las de nuestros gustos personales?
Ya que empezaba con una cita de Pizarro, terminaré con otra: “La primera medida del Gobierno del PP será la rebaja del IRPF”. Quizás por eso, sólo por eso, valga la pena votar al PP. En el peor de los casos, a igualdad de calidad e intensidad socialdemócrata, nos saldrá más barato.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=03/03/2008&name=ferrand
Pablo Sebastian, España perderá el debate
lunes 3 de marzo de 2008
España perderá el debate
Pablo Sebastián
El segundo debate electoral entre Rajoy y Zapatero, candidatos inevitables a la Presidencia del Gobierno, a nuestro pesar, se presenta a los ojos de los expertos y analistas como la última oportunidad, el último cartucho, de este duelo a la luz de la luna del que, amén del espectáculo, poco más saldrá en claro para los electores, por parte de estos dos dirigentes políticos que han defraudado a muchos españoles y dejado mucho que desear a lo largo de la pasada legislatura. Y los que, en el día de hoy, no tienen mejor argumento de campaña que el de poner en valor las carencias y los errores del contrario, a sabiendas de que corren el riesgo de que los ciudadanos perciban que ninguno merece la victoria y el gobierno de la nación.
El uno, Zapatero, como el presidente de un Gobierno que tenía ante sí la urgente tarea de curar las heridas y la fractura social abierta por la masacre del 11-M entre los españoles, y que prefirió ahondar en la herida, en pos de las viejas y fuera del tiempo y lugar “dos Españas” de la Guerra Civil, la izquierda y la derecha, de la unidad nacional y el nacionalismo separatista. Un nacionalismo pesetero e insaciable al que Zapatero convirtió en aliado y peligroso compañero de viaje, rompiendo el consenso de la Transición y de la lucha antiterrorista, empeñado en pasar como moderno “príncipe de la paz”, que ofrecía a ETA: “paz por soberanía”, o por territorios, como si de la guerra de palestina se tratara. Y que cometió el histórico error de unir (del brazo de Carod y Otegi) en un mismo proyecto la reforma autonómica federal —ensayada en el Estatuto catalán— y la negociación con ETA, hasta traspasar los límites de la decencia, como ocurrió al aceptar la reanudación de las negociaciones en el 2007 y mintiendo a los españoles, cuando ETA ya había roto la tregua en el atentado mortal de Barajas, que luego repitió, con otro doble crimen, al sur de Francia, en Capbretón.
Todo ello adornado con la intempestiva retirada de las tropas de Iraq y un rosario de conquistas sociales con las que Zapatero quiso teñir de rojo su mandato, mientras guiñaba su famosa ceja a Castro, Chaves y Morales, y perdía el tren del pragmatismo y del realismo socialdemócrata de la vieja Europa, cuyos principales líderes, Brown, Merkel, Sarkozy y Prodi no se acordaron de España para debatir la crisis económica. Extrañados, quizás, por el empeño de Zapatero de negar la crisis para no estropear su campaña electoral, y por su pasión de “no alineado” con Occidente y de vendedor de esa Alianza de Civilizaciones, decorado propio de Las mil y una noches, que ni siquiera entusiasmó a sus interlocutores, Gadafi, Adhmadineyad, Mohamed VI o Erdogán. Menudo ambiente de Alianza se percibe, ahora, en Gaza, Líbano, Irán, Afganistán y Pakistán.
En estos momentos, y ante el temor de que el PSOE pueda volver a ganar las elecciones, muchos españoles se preguntan: ¿habrá aprendido algo en estos cuatro pasados años Zapatero?; y, pesimistas, añaden: y si va a ganar, sería mejor que lo hiciera con mayoría suficiente para no caer en manos de los nacionalistas. Y concluyen: ¿Cómo va a ser capaz de afrontar la crisis de la economía quien ha provocado una profunda crisis institucional?
Al otro lado del escenario, el panorama no es mejor. Rajoy ha sido incapaz de recomponer el centro derecha dinamitado por Aznar, y se dejó llevar y mangonear por esa derecha bronca que tiró en el 2004 el poder por la ventana, creyendo que el ruido y los errores del contrario, en vez de una alternativa razonable y razonada, eran la solución a todos sus males, y justificaría la flagrante carencia de credibilidad de sus equipos (como los liderados por Acebes, Zaplana, Aguirre y Aznar) y de un proyecto de recuperación de la cohesión nacional perdida. Jugando el PP al triste empeño del cuanto peor —en la economía, el terrorismo y la inmigración, por ejemplo— mejor para ellos, aunque fuera peor para España. Convirtiendo la soledad, a la que les había sometido el Pacto del Tinell del PSOE con los nacionalistas, en una nueva Numancia de la que sólo se podría escapar liderando una cruzada, patriotera y confesional, regresando a los errores de la conspiración y de la masacre del 11M, y sin reconocer sus disparates en la guerra de Iraq.
Lo que lejos de configurar una alternativa razonable al tiempo de Zapatero ha empatado el partido de los disparates y espantado, más que convencido, a los ciudadanos del centro moderado que podrían haber inclinado el fiel de la balanza electoral a su favor.
Y en éstas estamos y están los votantes españoles, deshojando la margarita del mal menor, y sumidos en su sonora orfandad. Esperando el espectáculo del enésimo enfrentamiento entre Zapatero y Rajoy, como el que hoy se va a escenificar, por segunda vez, en televisión. Y convencidos, como hoy lo están muchos ciudadanos, de que ellos mismos y el interés general serán el próximo día 9 de marzo los seguros perdedores en la noche electoral.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=03/03/2008&name=manantial
España perderá el debate
Pablo Sebastián
El segundo debate electoral entre Rajoy y Zapatero, candidatos inevitables a la Presidencia del Gobierno, a nuestro pesar, se presenta a los ojos de los expertos y analistas como la última oportunidad, el último cartucho, de este duelo a la luz de la luna del que, amén del espectáculo, poco más saldrá en claro para los electores, por parte de estos dos dirigentes políticos que han defraudado a muchos españoles y dejado mucho que desear a lo largo de la pasada legislatura. Y los que, en el día de hoy, no tienen mejor argumento de campaña que el de poner en valor las carencias y los errores del contrario, a sabiendas de que corren el riesgo de que los ciudadanos perciban que ninguno merece la victoria y el gobierno de la nación.
El uno, Zapatero, como el presidente de un Gobierno que tenía ante sí la urgente tarea de curar las heridas y la fractura social abierta por la masacre del 11-M entre los españoles, y que prefirió ahondar en la herida, en pos de las viejas y fuera del tiempo y lugar “dos Españas” de la Guerra Civil, la izquierda y la derecha, de la unidad nacional y el nacionalismo separatista. Un nacionalismo pesetero e insaciable al que Zapatero convirtió en aliado y peligroso compañero de viaje, rompiendo el consenso de la Transición y de la lucha antiterrorista, empeñado en pasar como moderno “príncipe de la paz”, que ofrecía a ETA: “paz por soberanía”, o por territorios, como si de la guerra de palestina se tratara. Y que cometió el histórico error de unir (del brazo de Carod y Otegi) en un mismo proyecto la reforma autonómica federal —ensayada en el Estatuto catalán— y la negociación con ETA, hasta traspasar los límites de la decencia, como ocurrió al aceptar la reanudación de las negociaciones en el 2007 y mintiendo a los españoles, cuando ETA ya había roto la tregua en el atentado mortal de Barajas, que luego repitió, con otro doble crimen, al sur de Francia, en Capbretón.
Todo ello adornado con la intempestiva retirada de las tropas de Iraq y un rosario de conquistas sociales con las que Zapatero quiso teñir de rojo su mandato, mientras guiñaba su famosa ceja a Castro, Chaves y Morales, y perdía el tren del pragmatismo y del realismo socialdemócrata de la vieja Europa, cuyos principales líderes, Brown, Merkel, Sarkozy y Prodi no se acordaron de España para debatir la crisis económica. Extrañados, quizás, por el empeño de Zapatero de negar la crisis para no estropear su campaña electoral, y por su pasión de “no alineado” con Occidente y de vendedor de esa Alianza de Civilizaciones, decorado propio de Las mil y una noches, que ni siquiera entusiasmó a sus interlocutores, Gadafi, Adhmadineyad, Mohamed VI o Erdogán. Menudo ambiente de Alianza se percibe, ahora, en Gaza, Líbano, Irán, Afganistán y Pakistán.
En estos momentos, y ante el temor de que el PSOE pueda volver a ganar las elecciones, muchos españoles se preguntan: ¿habrá aprendido algo en estos cuatro pasados años Zapatero?; y, pesimistas, añaden: y si va a ganar, sería mejor que lo hiciera con mayoría suficiente para no caer en manos de los nacionalistas. Y concluyen: ¿Cómo va a ser capaz de afrontar la crisis de la economía quien ha provocado una profunda crisis institucional?
Al otro lado del escenario, el panorama no es mejor. Rajoy ha sido incapaz de recomponer el centro derecha dinamitado por Aznar, y se dejó llevar y mangonear por esa derecha bronca que tiró en el 2004 el poder por la ventana, creyendo que el ruido y los errores del contrario, en vez de una alternativa razonable y razonada, eran la solución a todos sus males, y justificaría la flagrante carencia de credibilidad de sus equipos (como los liderados por Acebes, Zaplana, Aguirre y Aznar) y de un proyecto de recuperación de la cohesión nacional perdida. Jugando el PP al triste empeño del cuanto peor —en la economía, el terrorismo y la inmigración, por ejemplo— mejor para ellos, aunque fuera peor para España. Convirtiendo la soledad, a la que les había sometido el Pacto del Tinell del PSOE con los nacionalistas, en una nueva Numancia de la que sólo se podría escapar liderando una cruzada, patriotera y confesional, regresando a los errores de la conspiración y de la masacre del 11M, y sin reconocer sus disparates en la guerra de Iraq.
Lo que lejos de configurar una alternativa razonable al tiempo de Zapatero ha empatado el partido de los disparates y espantado, más que convencido, a los ciudadanos del centro moderado que podrían haber inclinado el fiel de la balanza electoral a su favor.
Y en éstas estamos y están los votantes españoles, deshojando la margarita del mal menor, y sumidos en su sonora orfandad. Esperando el espectáculo del enésimo enfrentamiento entre Zapatero y Rajoy, como el que hoy se va a escenificar, por segunda vez, en televisión. Y convencidos, como hoy lo están muchos ciudadanos, de que ellos mismos y el interés general serán el próximo día 9 de marzo los seguros perdedores en la noche electoral.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=03/03/2008&name=manantial
domingo, marzo 02, 2008
Posible ! Supermisil electoral! de ZP para el ultimo debate electoral
lunes 3 de marzo de 2008
POSIBLE «SUPERMISIL ELECTORAL» DE ZAPATERO PARA EL ÚLTIMO DEBATE TELEVISADO
Circula por Internet
E S tan importante para el Nuevo Orden Mundial. (Martín Lozano. hptp://members.tripod.com/~AlbaLonga/), en orden a completar la desmembración de España (objetivo ya intentado en la 2ª República), que haya una segunda legislatura de ZP, que ETA se disolverá si es necesario, siguiendo instrucciones de quien manda realmente en el terrorismo internacional.
Recordemos que Carod Rovira había afirmado que «la independencia de Cataluña necesita dos legislaturas para llevarse a cabo», y quién mejor que zETAp y este gobierno masónico para firmar todas las cesiones.
En caso de que ETA lanzase el super-misil de su abandono de la lucha armada (para ayudar a Zapatero), es de suponer que lo justificaría diciendo que había llegado a acuerdos con el PSOE, pero no los haría públicos. Se trataría de acuerdos políticos (un referéndum de independencia), en los que se usurparía la soberanía del pueblo español sobre parte de su territorio, constituyendo un despojo, una traición y un acto inconstitucional del que serían responsables ante la nación los firmantes y sus colaboradores necesarios, entre otros el gobierno. Aceptar dicho trato es un delito de traición a la Nación.
En caso de producirse un anuncio de estas características habría que exigir a Zapatero la publicación de las contraprestaciones dadas a ETA, y que demostrara que no estaba vendiendo la nación a un grupo de forajidos, asesinos y maleantes. En realidad, de aceptar dichas condiciones, se trataría de una rendición de España ante la ETA y no al revés. Habría que recordar a los electores las peticiones irrenunciables de la banda.
Sin embargo, como el debate será el día 3 y las elecciones el día 9, siendo el 8 día de reflexión, hay sólo cuatro días para reaccionar ante un anuncio del fin de ETA conseguido por la gestión de ZP, por lo que deberían estar estudiadas previamente las actuaciones a tomar en cuanto se produjera la hipotética declaración de ETA y la manera de enfocar dicho tema en el debate, para evitar que Rajoy quedara fuera de juego.
Habrá que evitar que el PSOE diga (aún así lo dirá) que el PP no quiere que ETA deje las armas porque le beneficia; rebatiéndolo mediante el argumento de que el PP quiere que se rinda ETA, no que se rinda España, como sucedería si se aceptaran condiciones políticas e inconstitucionales para conseguir el fin de la violencia.
http://www.cityfmradio.com/detalle_noticia.php?id_noticia=9415
================:::::::::::::::=====================:::::::::::::::::::::===============
SI LOS ACUERDOS NO ESTÁN FIRMADOS LOS MILIKIS SEGUIRÁN EN LUCHA
JAVIER OYARZÁBAL
San Sebastián.- City FM avanzaba en exclusiva la última negociación del PSOE y PNV con la banda terrorista ETA en Francia. A día de hoy podemos estar en disposición de informarles a todos nuestros lectores y oyentes de lo que se habló en la misma. Así nos lo han confirmado fuentes del socialismo vasco y de la izquierda abertzale con la que hemos podido hablar en las últimas horas.
Estas mismas fuentes nos han informado que se está muy cerca de poder formarse un panorama de futuro esperanzador para «solucionar el conflicto» y con la cesión por ambas partes de puntos que hasta este momento no se pensaba que se pudieran caer de la agenda de los protagonistas.
EL OFRECIMIENTO DE ETA
TOMANDO como base los últimos pactos, en esa reunión del 20 de febrero en la que estaban representantes del PSE y del PNV, entre ellos Eguiguren y Basterra, y miembros de ETA, con Salaberría a la cabeza, se puso encima de la mesa una nueva propuesta de la banda terrorista. Esta oferta, según las fuentes consultadas, haría volver a la negociación al día antes de la ruptura de los acuerdos de Loyola. La propuesta que se han llevado los representantes de los partidos democráticos es la siguiente, ETA deja la negociación de la autodeterminación y territorialidad a las fuerzas políticas, hace un gesto significativo de cara a la sociedad (una especie de entrega de armas o un comunicado de alto el fuego definitivo) si el Gobierno acepta que se celebre en «Euskal Herria» un referéndum en el que se le de la palabra a la ciudadanía vasca para que ésta decida su futuro y se la permita que pueda optar por si quiere seguir su propio camino o seguir dentro del Estado español. En el referéndum se tendría que implicar a Navarra. Así mismo piden que el Gobierno español se comprometa a estudiar los casos de los 700 presos etarras y aquellos que no tuvieran delitos de sangre serían puestos en libertad mientras que el resto sería acercado a las cárceles del País Vasco o alrededores acabando con la dispersión. Todos los compromisos quedarían por escrito y rubricados.
ETA ha recordado nuevamente a los negociadores las palabras del presidente del Gobierno el 29 de junio del 2006 en su declaración institucional «les digo que el Gobierno respetará las decisiones de los ciudadanos vascos que adopten libremente, respetando las normas y procedimientos legales, los métodos democráticos, los derechos y libertades de los ciudadanos, y en ausencia de todo tipo de violencia y de coacción».
La respuesta del ejecutivo de Zapatero, a esta nueva propuesta de la banda terrorista ETA, se ha sabido de boca del propio presidente del Gobierno en declaraciones en el día de ayer a la Sexta, Zapatero ha dicho que para que pudiera haber un «escenario distinto», esto es una nueva negociación, con ETA sólo valdría «una declaración de final definitivo, total y absoluto» del fuego y «de entrega de las armas». Un mensaje similar fue el que dieron los representantes del PSE a los miembros de la dirección etarra. Una aseveración que creó un poco de tensión entre los integrantes del «aparato militar» presentes en la reunión como observadores acompañando a Saladería advirtiendo que no se aceptarían ni imposiciones ni chantajes. Así mismo advirtieron que una acción policial contra su gente se consideraría un nuevo ataque que sería contestado apropiadamente y en el momento que eligiera la organización.
Por su parte fuentes nacionalistas vascas han confirmado a City FM que «En Loyola se estuvo a punto de tocar la paz con la punta de los dedos pero llegó ETA y mandó parar los acuerdos alcanzados. Ahora se han dado cuenta que se equivocaron y han propuesto volver a la situación del día antes de la ruptura de esos acuerdos. Todos hemos aprendido de ese tremendo error y creemos que ahora sí vamos por el buen camino. Además no hay que empezar de cero porque la base ya está puesta en el terreno».
Recordemos lo que se da como base para la futura negociación.
EL DOCUMENTO DE BASES PARA EL DIÁLOGO Y ACUERDO POLÍTICO
ESTE es el apartado más importante de la base de diálogo en la última negociación nacionalistas vascos con ETA y que en su momento fue aprobado y aceptado por los socialistas con Jesús Eguiguren a la cabeza.
El documento aprobado, por los socialistas, nacionalistas y Batasuna, se dividió en cinco puntos fundamentales:
1) Se reconocía la identidad nacional del pueblo vasco.
2) Se apelaba a que las instituciones del Estado respetasen las decisiones adoptadas por la ciudadanía vasca sobre el futuro político.
3) Se garantizaba que los derechos de esa ciudadanía se recogiesen en el ordenamiento jurídico internacional.
4) Se adquiría un compromiso para promover la creación de un órgano institucional común para la CAV y Navarra con atribuciones ejecutivas y legislativas.
5) Se incorporarían estos acuerdos al ordenamiento jurídico tras ser sometidos a referéndum.
Este acuerdo significaba un espacio de encuentro histórico entre estas tres partes negociadoras en los últimos 30 años. De haber progresado y de consumarse los plazos previstos, este mismo año se hubieran constituido las dos Mesas de Partidos contempladas en el documento, una para el País Vasco y otra para Navarra.
LA PREOCUPACIÓN DE LAS FCSE
AHORA la única preocupación por las partes es cómo se adaptará a estos nuevos posicionamientos el «aparato militar» de ETA con una troica de mando que no quiere dejar de ser los que vayan tutelando el proceso y ser los que vayan consiguiendo las garantías para que se cumpla lo pactado. Aquí es donde puede venir el problema porque una supuesta entrega de arma, una verdadera y no un engaño integral, tendría que venir con la aceptación de esta parte de ETA de lo que ha podido acordar. Si este grupo no da su brazo a torcer como nos han informado desde fuentes de la lucha antiterrorista «lo único que se habría logrado es que volviéramos a los tiempos de ETA PM y ETA M. La mayoría abandonaría la violencia pero quedaría el grupo de las “pistolas” y los que pueden provocar más dolor y más muertes. Se volvería a la tendencia cíclica de que los veteranos abandonan mientras que los jóvenes continúan con la lucha armada hasta que se conceda la autodeterminación como paso previo a la independencia. El caso de Kosovo, para este grupo de etarras, les ha fortalecido en sus convicciones y les ha permitido ver que es posible conseguirlo. Ahí es donde está el problema. Sólo si Salaberría, como representante de los “polis” y el Gobierno tienen mensajes claros y no ambiguos se podría convencer a los mal llamados “duros” de dar un paso que es el que permitiría pensar en que la paz estaría más cerca. Si no se consigue convencer a estos últimos cualquier cosa puede pasar»
El «aparato militar» sólo aceptaría los acuerdos a los que se pudiera llegar si estos estuvieran firmados y rubricados por todas las partes. El temor de las FCSE es que la subida a la dirección etarra de Aitzol Iriondo provoque una radicalización terrible entre los «milikis» de la banda en una huída hacia adelante sin precedentes. Las posibles acciones y estrategias del grupo de las «pistolas» es otro capítulo del que estarán informados en próximas horas.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp
POSIBLE «SUPERMISIL ELECTORAL» DE ZAPATERO PARA EL ÚLTIMO DEBATE TELEVISADO
Circula por Internet
E S tan importante para el Nuevo Orden Mundial. (Martín Lozano. hptp://members.tripod.com/~AlbaLonga/), en orden a completar la desmembración de España (objetivo ya intentado en la 2ª República), que haya una segunda legislatura de ZP, que ETA se disolverá si es necesario, siguiendo instrucciones de quien manda realmente en el terrorismo internacional.
Recordemos que Carod Rovira había afirmado que «la independencia de Cataluña necesita dos legislaturas para llevarse a cabo», y quién mejor que zETAp y este gobierno masónico para firmar todas las cesiones.
En caso de que ETA lanzase el super-misil de su abandono de la lucha armada (para ayudar a Zapatero), es de suponer que lo justificaría diciendo que había llegado a acuerdos con el PSOE, pero no los haría públicos. Se trataría de acuerdos políticos (un referéndum de independencia), en los que se usurparía la soberanía del pueblo español sobre parte de su territorio, constituyendo un despojo, una traición y un acto inconstitucional del que serían responsables ante la nación los firmantes y sus colaboradores necesarios, entre otros el gobierno. Aceptar dicho trato es un delito de traición a la Nación.
En caso de producirse un anuncio de estas características habría que exigir a Zapatero la publicación de las contraprestaciones dadas a ETA, y que demostrara que no estaba vendiendo la nación a un grupo de forajidos, asesinos y maleantes. En realidad, de aceptar dichas condiciones, se trataría de una rendición de España ante la ETA y no al revés. Habría que recordar a los electores las peticiones irrenunciables de la banda.
Sin embargo, como el debate será el día 3 y las elecciones el día 9, siendo el 8 día de reflexión, hay sólo cuatro días para reaccionar ante un anuncio del fin de ETA conseguido por la gestión de ZP, por lo que deberían estar estudiadas previamente las actuaciones a tomar en cuanto se produjera la hipotética declaración de ETA y la manera de enfocar dicho tema en el debate, para evitar que Rajoy quedara fuera de juego.
Habrá que evitar que el PSOE diga (aún así lo dirá) que el PP no quiere que ETA deje las armas porque le beneficia; rebatiéndolo mediante el argumento de que el PP quiere que se rinda ETA, no que se rinda España, como sucedería si se aceptaran condiciones políticas e inconstitucionales para conseguir el fin de la violencia.
http://www.cityfmradio.com/detalle_noticia.php?id_noticia=9415
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SI LOS ACUERDOS NO ESTÁN FIRMADOS LOS MILIKIS SEGUIRÁN EN LUCHA
JAVIER OYARZÁBAL
San Sebastián.- City FM avanzaba en exclusiva la última negociación del PSOE y PNV con la banda terrorista ETA en Francia. A día de hoy podemos estar en disposición de informarles a todos nuestros lectores y oyentes de lo que se habló en la misma. Así nos lo han confirmado fuentes del socialismo vasco y de la izquierda abertzale con la que hemos podido hablar en las últimas horas.
Estas mismas fuentes nos han informado que se está muy cerca de poder formarse un panorama de futuro esperanzador para «solucionar el conflicto» y con la cesión por ambas partes de puntos que hasta este momento no se pensaba que se pudieran caer de la agenda de los protagonistas.
EL OFRECIMIENTO DE ETA
TOMANDO como base los últimos pactos, en esa reunión del 20 de febrero en la que estaban representantes del PSE y del PNV, entre ellos Eguiguren y Basterra, y miembros de ETA, con Salaberría a la cabeza, se puso encima de la mesa una nueva propuesta de la banda terrorista. Esta oferta, según las fuentes consultadas, haría volver a la negociación al día antes de la ruptura de los acuerdos de Loyola. La propuesta que se han llevado los representantes de los partidos democráticos es la siguiente, ETA deja la negociación de la autodeterminación y territorialidad a las fuerzas políticas, hace un gesto significativo de cara a la sociedad (una especie de entrega de armas o un comunicado de alto el fuego definitivo) si el Gobierno acepta que se celebre en «Euskal Herria» un referéndum en el que se le de la palabra a la ciudadanía vasca para que ésta decida su futuro y se la permita que pueda optar por si quiere seguir su propio camino o seguir dentro del Estado español. En el referéndum se tendría que implicar a Navarra. Así mismo piden que el Gobierno español se comprometa a estudiar los casos de los 700 presos etarras y aquellos que no tuvieran delitos de sangre serían puestos en libertad mientras que el resto sería acercado a las cárceles del País Vasco o alrededores acabando con la dispersión. Todos los compromisos quedarían por escrito y rubricados.
ETA ha recordado nuevamente a los negociadores las palabras del presidente del Gobierno el 29 de junio del 2006 en su declaración institucional «les digo que el Gobierno respetará las decisiones de los ciudadanos vascos que adopten libremente, respetando las normas y procedimientos legales, los métodos democráticos, los derechos y libertades de los ciudadanos, y en ausencia de todo tipo de violencia y de coacción».
La respuesta del ejecutivo de Zapatero, a esta nueva propuesta de la banda terrorista ETA, se ha sabido de boca del propio presidente del Gobierno en declaraciones en el día de ayer a la Sexta, Zapatero ha dicho que para que pudiera haber un «escenario distinto», esto es una nueva negociación, con ETA sólo valdría «una declaración de final definitivo, total y absoluto» del fuego y «de entrega de las armas». Un mensaje similar fue el que dieron los representantes del PSE a los miembros de la dirección etarra. Una aseveración que creó un poco de tensión entre los integrantes del «aparato militar» presentes en la reunión como observadores acompañando a Saladería advirtiendo que no se aceptarían ni imposiciones ni chantajes. Así mismo advirtieron que una acción policial contra su gente se consideraría un nuevo ataque que sería contestado apropiadamente y en el momento que eligiera la organización.
Por su parte fuentes nacionalistas vascas han confirmado a City FM que «En Loyola se estuvo a punto de tocar la paz con la punta de los dedos pero llegó ETA y mandó parar los acuerdos alcanzados. Ahora se han dado cuenta que se equivocaron y han propuesto volver a la situación del día antes de la ruptura de esos acuerdos. Todos hemos aprendido de ese tremendo error y creemos que ahora sí vamos por el buen camino. Además no hay que empezar de cero porque la base ya está puesta en el terreno».
Recordemos lo que se da como base para la futura negociación.
EL DOCUMENTO DE BASES PARA EL DIÁLOGO Y ACUERDO POLÍTICO
ESTE es el apartado más importante de la base de diálogo en la última negociación nacionalistas vascos con ETA y que en su momento fue aprobado y aceptado por los socialistas con Jesús Eguiguren a la cabeza.
El documento aprobado, por los socialistas, nacionalistas y Batasuna, se dividió en cinco puntos fundamentales:
1) Se reconocía la identidad nacional del pueblo vasco.
2) Se apelaba a que las instituciones del Estado respetasen las decisiones adoptadas por la ciudadanía vasca sobre el futuro político.
3) Se garantizaba que los derechos de esa ciudadanía se recogiesen en el ordenamiento jurídico internacional.
4) Se adquiría un compromiso para promover la creación de un órgano institucional común para la CAV y Navarra con atribuciones ejecutivas y legislativas.
5) Se incorporarían estos acuerdos al ordenamiento jurídico tras ser sometidos a referéndum.
Este acuerdo significaba un espacio de encuentro histórico entre estas tres partes negociadoras en los últimos 30 años. De haber progresado y de consumarse los plazos previstos, este mismo año se hubieran constituido las dos Mesas de Partidos contempladas en el documento, una para el País Vasco y otra para Navarra.
LA PREOCUPACIÓN DE LAS FCSE
AHORA la única preocupación por las partes es cómo se adaptará a estos nuevos posicionamientos el «aparato militar» de ETA con una troica de mando que no quiere dejar de ser los que vayan tutelando el proceso y ser los que vayan consiguiendo las garantías para que se cumpla lo pactado. Aquí es donde puede venir el problema porque una supuesta entrega de arma, una verdadera y no un engaño integral, tendría que venir con la aceptación de esta parte de ETA de lo que ha podido acordar. Si este grupo no da su brazo a torcer como nos han informado desde fuentes de la lucha antiterrorista «lo único que se habría logrado es que volviéramos a los tiempos de ETA PM y ETA M. La mayoría abandonaría la violencia pero quedaría el grupo de las “pistolas” y los que pueden provocar más dolor y más muertes. Se volvería a la tendencia cíclica de que los veteranos abandonan mientras que los jóvenes continúan con la lucha armada hasta que se conceda la autodeterminación como paso previo a la independencia. El caso de Kosovo, para este grupo de etarras, les ha fortalecido en sus convicciones y les ha permitido ver que es posible conseguirlo. Ahí es donde está el problema. Sólo si Salaberría, como representante de los “polis” y el Gobierno tienen mensajes claros y no ambiguos se podría convencer a los mal llamados “duros” de dar un paso que es el que permitiría pensar en que la paz estaría más cerca. Si no se consigue convencer a estos últimos cualquier cosa puede pasar»
El «aparato militar» sólo aceptaría los acuerdos a los que se pudiera llegar si estos estuvieran firmados y rubricados por todas las partes. El temor de las FCSE es que la subida a la dirección etarra de Aitzol Iriondo provoque una radicalización terrible entre los «milikis» de la banda en una huída hacia adelante sin precedentes. Las posibles acciones y estrategias del grupo de las «pistolas» es otro capítulo del que estarán informados en próximas horas.
http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp
Jose Carlos Rodriguez, ¿Quieres libertad? ¡ Pues a pagar !
lunes 3 de marzo de 2008
Desde la cofa
¿Quieres libertad? ¡Pues a pagar! Este catedrático de Filosofía del Derecho se ha ganado el puesto con una idea absolutamente revolucionaria: existían las cargas fiscales sobre la nada. En el origen fue el Estado y creó las libertades y los derechos, cabe pensar que en siete días.
José Carlos Rodríguez
La paz es la guerra. La verdad es la mentira. Y los impuestos son la libertad. Este último es el lema de un personaje que podría haber descrito Orwell en su 1984 como un ministro de Prosperidad. Su nombre es Francisco J. Laporta, y para demostrar que la realidad imita al arte, ha escrito en el diario El País un artículo, El precio de nuestros derechos, en el que dice que "la libertad depende de los impuestos". Los impuestos son la base de la libertad y, ya puestos, la base de nuestros derechos. Y para rematar la faena nos dice que "no hay propiedad privada sin impuestos, ni contratos sin impuestos, ni préstamos sin impuestos".
Laporta, que acusa a los liberales de utilizar una "estúpida lógica", no se ha parado a pensar que si no existe la propiedad privada sin impuestos, ¿sobre qué iban a recaer los impuestos? ¿Había impuestos antes de la propiedad privada? Este catedrático de Filosofía del Derecho se ha ganado el puesto con una idea absolutamente revolucionaria: existían las cargas fiscales sobre la nada. En el origen fue el Estado y creó las libertades y los derechos, cabe pensar que en siete días. Y los demás utilizamos una "estúpida lógica".
Pero es que defender que la libertad, que es ausencia de coacción, depende de los impuestos, que son la esencia de la coacción, exige sin duda un gran esfuerzo. ¿De veras no tenemos derecho a la vida, a la libertad de expresión, a la creación de riqueza, al intercambio, si antes no ha venido el Estado a sacarnos los cuartos? Los impuestos ¿son anteriores a los derechos de la persona? No lo son y no hay Laporta que pueda negarlo.
Pero luego están los "derechos positivos", es decir, los "derechos" a recibir una serie de servicios (educación, sanidad...) provistos por el Estado. Es claro que si no hay impuestos no hay colegios u hospitales pagados por el Estado, porque éste no crea riqueza: nos la quita primero y luego la gestiona. Pero es obvio que aunque no hubiese ingresos públicos siempre habrá colegios u hospitales, como demuestra el hecho de que muchos españoles, incluso después de haber cumplido con Hacienda, desprecien los colegios y hospitales públicos y estén dispuestos a pagar una segunda vez buscando lo que ofrecen los empresarios privados.
Es cierto que el mercado necesita al Derecho como base, pero el Derecho no lo inventó el Estado ni lo necesita para desarrollarse, como demuestra el origen consuetudinario del derecho mercantil. O del Derecho Romano. Pero hay más: cualquiera que esté en el mundo sabrá que los gastos públicos dedicados a mantener el Estado de Derecho (jueces, policía y demás) son una pequeña fracción del total. Está claro que podemos rebajar los impuestos hasta dejarlos en la décima parte, o menos, si sólo se dedican a proteger la propiedad y la vida en libertad. Y cada rebaja de impuestos es una mejora en nuestra libertad.
¿De verdad es tan complicado de entender? José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42294.html
Desde la cofa
¿Quieres libertad? ¡Pues a pagar! Este catedrático de Filosofía del Derecho se ha ganado el puesto con una idea absolutamente revolucionaria: existían las cargas fiscales sobre la nada. En el origen fue el Estado y creó las libertades y los derechos, cabe pensar que en siete días.
José Carlos Rodríguez
La paz es la guerra. La verdad es la mentira. Y los impuestos son la libertad. Este último es el lema de un personaje que podría haber descrito Orwell en su 1984 como un ministro de Prosperidad. Su nombre es Francisco J. Laporta, y para demostrar que la realidad imita al arte, ha escrito en el diario El País un artículo, El precio de nuestros derechos, en el que dice que "la libertad depende de los impuestos". Los impuestos son la base de la libertad y, ya puestos, la base de nuestros derechos. Y para rematar la faena nos dice que "no hay propiedad privada sin impuestos, ni contratos sin impuestos, ni préstamos sin impuestos".
Laporta, que acusa a los liberales de utilizar una "estúpida lógica", no se ha parado a pensar que si no existe la propiedad privada sin impuestos, ¿sobre qué iban a recaer los impuestos? ¿Había impuestos antes de la propiedad privada? Este catedrático de Filosofía del Derecho se ha ganado el puesto con una idea absolutamente revolucionaria: existían las cargas fiscales sobre la nada. En el origen fue el Estado y creó las libertades y los derechos, cabe pensar que en siete días. Y los demás utilizamos una "estúpida lógica".
Pero es que defender que la libertad, que es ausencia de coacción, depende de los impuestos, que son la esencia de la coacción, exige sin duda un gran esfuerzo. ¿De veras no tenemos derecho a la vida, a la libertad de expresión, a la creación de riqueza, al intercambio, si antes no ha venido el Estado a sacarnos los cuartos? Los impuestos ¿son anteriores a los derechos de la persona? No lo son y no hay Laporta que pueda negarlo.
Pero luego están los "derechos positivos", es decir, los "derechos" a recibir una serie de servicios (educación, sanidad...) provistos por el Estado. Es claro que si no hay impuestos no hay colegios u hospitales pagados por el Estado, porque éste no crea riqueza: nos la quita primero y luego la gestiona. Pero es obvio que aunque no hubiese ingresos públicos siempre habrá colegios u hospitales, como demuestra el hecho de que muchos españoles, incluso después de haber cumplido con Hacienda, desprecien los colegios y hospitales públicos y estén dispuestos a pagar una segunda vez buscando lo que ofrecen los empresarios privados.
Es cierto que el mercado necesita al Derecho como base, pero el Derecho no lo inventó el Estado ni lo necesita para desarrollarse, como demuestra el origen consuetudinario del derecho mercantil. O del Derecho Romano. Pero hay más: cualquiera que esté en el mundo sabrá que los gastos públicos dedicados a mantener el Estado de Derecho (jueces, policía y demás) son una pequeña fracción del total. Está claro que podemos rebajar los impuestos hasta dejarlos en la décima parte, o menos, si sólo se dedican a proteger la propiedad y la vida en libertad. Y cada rebaja de impuestos es una mejora en nuestra libertad.
¿De verdad es tan complicado de entender? José Carlos Rodríguez es miembro del Instituto Juan de Mariana
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42294.html
Isabel Duran, Rajoy, suerte y al toro
lunes 3 de marzo de 2008
Cara a cara
Rajoy, suerte y al toro Si la participación no resulta excepcional por un acontecimiento inusual Rajoy puede estar en una semana nominado para La Moncloa. Para bien de todos, ojalá gane el gallego. Suerte y al toro.
Isabel Durán
La cuenta atrás para las elecciones generales más importantes de las tres últimas décadas ha comenzado. El cara a cara entre Mariano Rajoy y José Luís Rodríguez Zapatero se produce en la recta final de una campaña deslucida y teñida de insultos por parte de quienes han conformado estos cuatro años el cordón sanitario contra el Partido Popular. El gran espectáculo mediático del primer debate, con trece millones de telespectadores (la mitad de los convocados a las urnas), ha supuesto un revulsivo en la clase política con la clara victoria del líder de la oposición. El jefe de filas popular salió reforzado ante un presidente desencajado, crispado, tenso y falto de argumentos ante los auténticos problemas de los españoles, por más que las encuestas se empeñen en negar la realidad. Asistimos pues a un segundo debate decisivo en unos comicios, de hecho, constituyentes.
Estos grandes careos televisivos entre los dos principales aspirantes a La Moncloa resultan imprescindibles en cualquier democracia. Tras el primero de ellos, ha calado por fortuna la sensación de que ya no puede haber una vuelta atrás ante una convocatoria electoral y que por tanto, a partir de ahora, deberán producirse aunque sea por imperativo legal. Por de pronto, ahí tiene una tarea que no deberá esquivar el próximo inquilino monclovita: la regulación de las confrontaciones televisivas de los dos candidatos con posibilidades de ocupar el sillón presidencial. Eso que hemos ganado. Pero nada más. El resto de la campaña está siendo un auténtico desastre, ejemplo claro de lo que no debe ocurrir en democracia.
El Partido Socialista ha sacado su dóberman, Felipe González Márquez, para llamar imbécil a Rajoy y humillar y ridiculizar a las víctimas del terrorismo y de la intransigencia como María San Gil o Rosa Díez. El PSOE ha cambiado Irak por la ira de los de la "zeja" y se los echa encima, a improperio limpio a esa "turba estúpida y humillante" que es el PP y sus votantes. Además Ferraz ha arremetido contra los obispos y zarandea los cimientos mismos de la aconfesionalidad del Estado español anclados en la Constitución al tiempo que anuncia una arremetida definitiva si gana las elecciones. El propio Z le ha echado en cara a Rajoy los muertos del 11-M y, a falta de 192 víctimas nuevas, le acusa ahora a la formación de la calle Génova de ser lo mismo que los terroristas de Batasuna. Pisan demasiados callos en el edén de Pepiño y su factoría de invectivas electoral. Y mucho me temo, pero sobre todo, así lo espero, que estén yendo en dirección contraria a lo que les beneficiaría el próximo domingo 9 de marzo.
El debate decisivo en este reloj de arena electoral que comienza su último vuelco es una pelea a cara de perro donde están muchas cosas en juego. Hay un millón setecientos mil nuevos votantes, jóvenes en su mayoría abstencionistas, que ni siquiera se sentarán a verlo. Pero seguramente esa inmensa mayoría de españoles atrapados en sus sillones en este torneo televisivo del Palacio Municipal de Congresos tienen su voto definido. Sólo una franja entre el 5 y el 7 por ciento aún no han decidido el sentido de su papeleta.
Si la participación no resulta excepcional por un acontecimiento inusual Rajoy puede estar en una semana nominado para La Moncloa. Para bien de todos, ojalá gane el gallego. Suerte y al toro.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42293.html
Cara a cara
Rajoy, suerte y al toro Si la participación no resulta excepcional por un acontecimiento inusual Rajoy puede estar en una semana nominado para La Moncloa. Para bien de todos, ojalá gane el gallego. Suerte y al toro.
Isabel Durán
La cuenta atrás para las elecciones generales más importantes de las tres últimas décadas ha comenzado. El cara a cara entre Mariano Rajoy y José Luís Rodríguez Zapatero se produce en la recta final de una campaña deslucida y teñida de insultos por parte de quienes han conformado estos cuatro años el cordón sanitario contra el Partido Popular. El gran espectáculo mediático del primer debate, con trece millones de telespectadores (la mitad de los convocados a las urnas), ha supuesto un revulsivo en la clase política con la clara victoria del líder de la oposición. El jefe de filas popular salió reforzado ante un presidente desencajado, crispado, tenso y falto de argumentos ante los auténticos problemas de los españoles, por más que las encuestas se empeñen en negar la realidad. Asistimos pues a un segundo debate decisivo en unos comicios, de hecho, constituyentes.
Estos grandes careos televisivos entre los dos principales aspirantes a La Moncloa resultan imprescindibles en cualquier democracia. Tras el primero de ellos, ha calado por fortuna la sensación de que ya no puede haber una vuelta atrás ante una convocatoria electoral y que por tanto, a partir de ahora, deberán producirse aunque sea por imperativo legal. Por de pronto, ahí tiene una tarea que no deberá esquivar el próximo inquilino monclovita: la regulación de las confrontaciones televisivas de los dos candidatos con posibilidades de ocupar el sillón presidencial. Eso que hemos ganado. Pero nada más. El resto de la campaña está siendo un auténtico desastre, ejemplo claro de lo que no debe ocurrir en democracia.
El Partido Socialista ha sacado su dóberman, Felipe González Márquez, para llamar imbécil a Rajoy y humillar y ridiculizar a las víctimas del terrorismo y de la intransigencia como María San Gil o Rosa Díez. El PSOE ha cambiado Irak por la ira de los de la "zeja" y se los echa encima, a improperio limpio a esa "turba estúpida y humillante" que es el PP y sus votantes. Además Ferraz ha arremetido contra los obispos y zarandea los cimientos mismos de la aconfesionalidad del Estado español anclados en la Constitución al tiempo que anuncia una arremetida definitiva si gana las elecciones. El propio Z le ha echado en cara a Rajoy los muertos del 11-M y, a falta de 192 víctimas nuevas, le acusa ahora a la formación de la calle Génova de ser lo mismo que los terroristas de Batasuna. Pisan demasiados callos en el edén de Pepiño y su factoría de invectivas electoral. Y mucho me temo, pero sobre todo, así lo espero, que estén yendo en dirección contraria a lo que les beneficiaría el próximo domingo 9 de marzo.
El debate decisivo en este reloj de arena electoral que comienza su último vuelco es una pelea a cara de perro donde están muchas cosas en juego. Hay un millón setecientos mil nuevos votantes, jóvenes en su mayoría abstencionistas, que ni siquiera se sentarán a verlo. Pero seguramente esa inmensa mayoría de españoles atrapados en sus sillones en este torneo televisivo del Palacio Municipal de Congresos tienen su voto definido. Sólo una franja entre el 5 y el 7 por ciento aún no han decidido el sentido de su papeleta.
Si la participación no resulta excepcional por un acontecimiento inusual Rajoy puede estar en una semana nominado para La Moncloa. Para bien de todos, ojalá gane el gallego. Suerte y al toro.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42293.html
GEES, Psicoanalizando al PP
lunes 3 de marzo de 2008
Ilegitimidad e izquierda
Psicoanalizando al PP
Se curaron preventivamente en salud respecto a las inquietudes acerca de su propia legitimidad negando de manera implacable el carácter democrático de sus adversarios políticos, acosándolos incesantemente con un Niágara de descalificaciones
GEES
En su artículo Apuesta arriesgada, Javier Pérez Royo expone una tesis torticera: el PP ha elevado la apuesta propia de toda elección –el Gobierno del país– pretendiendo que los ciudadanos confirmen su tesis de la ilegitimidad del período Zapatero, por su origen en el 11-M, lo que justificaría una acción revisora de todo lo hecho en estos cuatro años, poniendo al PSOE, manchado de ilegitimidad, en una posición imposible para bastante tiempo, y reabriendo así la crisis de sucesión de Felipe González, cerrada con Zapatero. Si la apuesta no es confirmada por el electorado, se vuelve contra el PP. Son 20 años de su "relato" los que quedan arruinados, tanto cuando estuvo en el poder como cuando fue oposición. El PP tendría que refundarse.
Una interpretación de diván de psiquiatra. Pérez Royo ha recostado al PP y de los fantasmas de su cerebro colectivo ha extraído esta esclarecedora racionalización que deja al desnudo veinte años de historia y vaticina, más o menos, las dos próximas décadas. No sólo nos jugamos el futuro, lo que siempre sucede, pero sólo por cuatro años, sino también el pasado. Y los electores se quedarían con las manos atadas para varias legislaturas, no se precisa cuantas, en las que indefectiblemente no tendrían más remedio que repetir su voto. Si el PSOE gana, ¡oh maravilla!, tranquilos durante un buen número de años, pero si pierde, ¡ay infelices!, no habrá quien se quite al PP de encima en unas cuantas elecciones.
Pero los psicoanalistas deben ser largamente psicoanalizados antes de consagrarse al oficio y en el caso del zapaterismo y sus apologetas no hay mucho que escarbar, porque lo suyo no está escondido en profundos entresijos de su psique sino que luce explícito en infinidad de declaraciones, desde las conferencias de prensa de José Blanco a los artículos de Pérez Royo, como el que nos ocupa, en el que trata de movilizar a sus filas infundiéndoles pavor sobre lo que se les viene encima si no se andan listos y llenándoles el corazón de anticipado gozo sobre los pingües beneficios políticos que les aguardan si caminan hacia las urnas con pies ligeros.
Celoso guardián del secreto profesional, Pérez Royo no apoya su osada y conveniezuda teoría ni en una sola cita de los oscuros sueños de los populares. Pero quien no tenga un avanzado Alzheimer podrá recordar cómo a partir de aquel 15 de marzo los socialistas se movieron frenéticamente reclamando por todas partes que nadie pusiese en duda su legitimidad. Y no hace falta ser un empedernido lector de Freud para saber qué tipo de complejo encubre eso. No moral, desde luego, pues contra ello están eficazmente vacunados, pero sí político, lo cual, una entera legislatura después, rezuma por todas las letras del artículo de Pérez Royo.
Así como anticiparon una labor de gobierno en la que el engaño ha jugado un papel estelar tachando apocalípticamente de mentirosos a los populares, se curaron preventivamente en salud respecto a las inquietudes acerca de su propia legitimidad negando de manera implacable el carácter democrático de sus adversarios políticos, acosándolos incesantemente con un Niágara de descalificaciones, como extremistas de derecha, franquistas cuando no abiertamente fascistas o asesinos por haber apoyado Aznar, política que no militarmente, la liberación de los iraquíes, mientras sellaban escrupulosamente su boca respecto a la masiva actividad de los terroristas que han asesinado a decenas de miles de ellos.
No habrá de qué extrañarse si los votantes del PP se sienten cruelmente vejados por ese reiterado comportamiento y consideran que rompe las reglas del juego democrático, como lo hace el gobernar descaradamente para una mitad del país con el propósito de clausurar toda oposición y excluir a perpetuidad del poder a una opción política que cuenta con aproximadamente los mismos votos que sus exterminadores.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42289.html
Ilegitimidad e izquierda
Psicoanalizando al PP
Se curaron preventivamente en salud respecto a las inquietudes acerca de su propia legitimidad negando de manera implacable el carácter democrático de sus adversarios políticos, acosándolos incesantemente con un Niágara de descalificaciones
GEES
En su artículo Apuesta arriesgada, Javier Pérez Royo expone una tesis torticera: el PP ha elevado la apuesta propia de toda elección –el Gobierno del país– pretendiendo que los ciudadanos confirmen su tesis de la ilegitimidad del período Zapatero, por su origen en el 11-M, lo que justificaría una acción revisora de todo lo hecho en estos cuatro años, poniendo al PSOE, manchado de ilegitimidad, en una posición imposible para bastante tiempo, y reabriendo así la crisis de sucesión de Felipe González, cerrada con Zapatero. Si la apuesta no es confirmada por el electorado, se vuelve contra el PP. Son 20 años de su "relato" los que quedan arruinados, tanto cuando estuvo en el poder como cuando fue oposición. El PP tendría que refundarse.
Una interpretación de diván de psiquiatra. Pérez Royo ha recostado al PP y de los fantasmas de su cerebro colectivo ha extraído esta esclarecedora racionalización que deja al desnudo veinte años de historia y vaticina, más o menos, las dos próximas décadas. No sólo nos jugamos el futuro, lo que siempre sucede, pero sólo por cuatro años, sino también el pasado. Y los electores se quedarían con las manos atadas para varias legislaturas, no se precisa cuantas, en las que indefectiblemente no tendrían más remedio que repetir su voto. Si el PSOE gana, ¡oh maravilla!, tranquilos durante un buen número de años, pero si pierde, ¡ay infelices!, no habrá quien se quite al PP de encima en unas cuantas elecciones.
Pero los psicoanalistas deben ser largamente psicoanalizados antes de consagrarse al oficio y en el caso del zapaterismo y sus apologetas no hay mucho que escarbar, porque lo suyo no está escondido en profundos entresijos de su psique sino que luce explícito en infinidad de declaraciones, desde las conferencias de prensa de José Blanco a los artículos de Pérez Royo, como el que nos ocupa, en el que trata de movilizar a sus filas infundiéndoles pavor sobre lo que se les viene encima si no se andan listos y llenándoles el corazón de anticipado gozo sobre los pingües beneficios políticos que les aguardan si caminan hacia las urnas con pies ligeros.
Celoso guardián del secreto profesional, Pérez Royo no apoya su osada y conveniezuda teoría ni en una sola cita de los oscuros sueños de los populares. Pero quien no tenga un avanzado Alzheimer podrá recordar cómo a partir de aquel 15 de marzo los socialistas se movieron frenéticamente reclamando por todas partes que nadie pusiese en duda su legitimidad. Y no hace falta ser un empedernido lector de Freud para saber qué tipo de complejo encubre eso. No moral, desde luego, pues contra ello están eficazmente vacunados, pero sí político, lo cual, una entera legislatura después, rezuma por todas las letras del artículo de Pérez Royo.
Así como anticiparon una labor de gobierno en la que el engaño ha jugado un papel estelar tachando apocalípticamente de mentirosos a los populares, se curaron preventivamente en salud respecto a las inquietudes acerca de su propia legitimidad negando de manera implacable el carácter democrático de sus adversarios políticos, acosándolos incesantemente con un Niágara de descalificaciones, como extremistas de derecha, franquistas cuando no abiertamente fascistas o asesinos por haber apoyado Aznar, política que no militarmente, la liberación de los iraquíes, mientras sellaban escrupulosamente su boca respecto a la masiva actividad de los terroristas que han asesinado a decenas de miles de ellos.
No habrá de qué extrañarse si los votantes del PP se sienten cruelmente vejados por ese reiterado comportamiento y consideran que rompe las reglas del juego democrático, como lo hace el gobernar descaradamente para una mitad del país con el propósito de clausurar toda oposición y excluir a perpetuidad del poder a una opción política que cuenta con aproximadamente los mismos votos que sus exterminadores.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
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Javier Perez Royo, Apuesta arriesgada
lunes 3 de marzo de 2008
JAVIER PÉREZ ROYO ELECCIONES 2008 - Campaña electoral
Apuesta arriesgada
JAVIER PÉREZ ROYO
En las elecciones del próximo 9-M no está en juego solamente qué partido va a tener la mayoría parlamentaria y va a estar en condiciones de formar gobierno -porque, se diga lo que se diga, el partido que tenga mayoría parlamentaria será el que formará Gobierno-, sino que está en juego algo más. Y está en juego algo más, porque así lo ha querido el PP, que ha hecho una apuesta sumamente arriesgada.
El PP no pretende simplemente que el 9-M los ciudadanos le den la victoria sobre el PSOE y le permitan formar Gobierno, sino que lo que pretende es que los ciudadanos confirmen su tesis, avanzada y nunca rectificada desde el comienzo de esta legislatura, de la falta de legitimidad del Gobierno socialista, porque las elecciones del 14-M no se ganaron de manera limpia. La tesis del PP es que José Luis Rodríguez Zapatero no debería haber sido presidente del Gobierno, que el proyecto de dirección política del país que se debería de haber continuado poniendo en práctica era el del PP que se inició en 1996 y que todavía tenía recorrido para varias legislaturas. Fue el atentado del 11-M el que quebró la continuidad de ese proyecto y el que permitió que el PSOE recuperara el Gobierno. El resultado ha sido un desastre. Un Gobierno formalmente legítimo, pero que materialmente no lo es, es el que ha estado dirigiendo el país. Ésta es una anomalía histórica que tiene que ser cancelada. Y esto es lo que, en su opinión, deben hacer los ciudadanos el 9-M.
Lo que el PP le está pidiendo a los ciudadanos es que hagan suya la tesis de la falta de legitimidad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que lo degrade a la condición de un paréntesis en la historia de la democracia española, con lo cual se justificaría además una acción de gobierno revisora de lo que en estos cuatro años se ha hecho. De todo lo que se ha hecho. La acción de gobierno de esta legislatura no debería haber tenido lugar. Cuanto más pronto se rectifique mejor. Ésta es la apuesta del PP.
Obviamente, si la apuesta le sale bien, lo que el PP ganaría sería mucho más que recuperar el Gobierno. Pondría al PSOE en una posición prácticamente imposible para bastante tiempo. La mancha de ilegitimidad no se borra fácilmente. La dirección actual socialista quedaría prácticamente inhabilitada para hacer política, reabriéndose la crisis de sucesión de Felipe González que se cerró con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Secretaría General. Por eso digo que no es el Gobierno de la nación lo que está en juego. El PSOE quedaría retrotraído al año 96.
Ahora bien, en el caso de que la apuesta no le salga bien, el coste para el PP no sería menor. Una acusación de falta de legitimidad, si no es confirmada por el cuerpo electoral, que es el único dispensador de legitimidad aceptable y aceptado, se vuelve contra quien la formula. No sería José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno el paréntesis en la historia democrática de España, sino que lo sería Mariano Rajoy y la dirección del PP en su conjunto.
Si el PP no consigue ganar las elecciones, sería su relato de lo que ha ocurrido en España en estos últimos veinte años, esto es, los que van desde la refundación de AP como PP en el Congreso de Sevilla hasta hoy, el que quedaría arruinado. El relato del PP descansa en el agotamiento del programa socialista tras las cuatro legislaturas de Felipe González y en la vigencia del programa alternativo formulado por la derecha española bajo la dirección de José María Aznar. Programa de largo aliento, que quebró por el 11-M, pero no porque no fuera el que la sociedad española necesita. De ahí la necesidad de cerrar el paréntesis Zapatero. La elección de Mariano Rajoy sería simultáneamente la reivindicación de José María Aznar y de su pretensión de haber puesto en pie un programa de gobierno para España que iría mucho más allá de sus años en La Moncloa.
Si los ciudadanos no deciden que José Luis Rodríguez Zapatero es un paréntesis, será este relato el que quedará degradado a la condición de espejismo. Será Mariano Rajoy el que se habrá convertido en un paréntesis insignificante en la historia de la derecha española y quedará reducida a su condición de mero presidente del Gobierno durante dos mandatos la figura de José María Aznar. El PP se quedaría sin dirección política y sin programa en el sentido fuerte del término. La derrota del PP le tiene que conducir a una suerte de refundación, como la que hicieron a finales de los ochenta.
Ésta es la razón por la que las elecciones se están viviendo con mucha angustia. Tanto en el PSOE como en el PP. Y como consecuencia de ello, también, aunque con menor intensidad, en la sociedad española. Unas elecciones no deberían plantearse nunca en términos de legitimidad, porque la legitimidad debe presuponerse y no ser siquiera sometida a discusión. Pero esa ha sido la apuesta del PP.
http://www.elpais.com/articulo/espana/Apuesta/arriesgada/elpepiesp/20080301elpepinac_16/Teshttp:/www.elpais.com/articulo/espana/Apuesta/arriesgada/elpepiesp/20080301elpepinac_16/Tes
JAVIER PÉREZ ROYO ELECCIONES 2008 - Campaña electoral
Apuesta arriesgada
JAVIER PÉREZ ROYO
En las elecciones del próximo 9-M no está en juego solamente qué partido va a tener la mayoría parlamentaria y va a estar en condiciones de formar gobierno -porque, se diga lo que se diga, el partido que tenga mayoría parlamentaria será el que formará Gobierno-, sino que está en juego algo más. Y está en juego algo más, porque así lo ha querido el PP, que ha hecho una apuesta sumamente arriesgada.
El PP no pretende simplemente que el 9-M los ciudadanos le den la victoria sobre el PSOE y le permitan formar Gobierno, sino que lo que pretende es que los ciudadanos confirmen su tesis, avanzada y nunca rectificada desde el comienzo de esta legislatura, de la falta de legitimidad del Gobierno socialista, porque las elecciones del 14-M no se ganaron de manera limpia. La tesis del PP es que José Luis Rodríguez Zapatero no debería haber sido presidente del Gobierno, que el proyecto de dirección política del país que se debería de haber continuado poniendo en práctica era el del PP que se inició en 1996 y que todavía tenía recorrido para varias legislaturas. Fue el atentado del 11-M el que quebró la continuidad de ese proyecto y el que permitió que el PSOE recuperara el Gobierno. El resultado ha sido un desastre. Un Gobierno formalmente legítimo, pero que materialmente no lo es, es el que ha estado dirigiendo el país. Ésta es una anomalía histórica que tiene que ser cancelada. Y esto es lo que, en su opinión, deben hacer los ciudadanos el 9-M.
Lo que el PP le está pidiendo a los ciudadanos es que hagan suya la tesis de la falta de legitimidad del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y que lo degrade a la condición de un paréntesis en la historia de la democracia española, con lo cual se justificaría además una acción de gobierno revisora de lo que en estos cuatro años se ha hecho. De todo lo que se ha hecho. La acción de gobierno de esta legislatura no debería haber tenido lugar. Cuanto más pronto se rectifique mejor. Ésta es la apuesta del PP.
Obviamente, si la apuesta le sale bien, lo que el PP ganaría sería mucho más que recuperar el Gobierno. Pondría al PSOE en una posición prácticamente imposible para bastante tiempo. La mancha de ilegitimidad no se borra fácilmente. La dirección actual socialista quedaría prácticamente inhabilitada para hacer política, reabriéndose la crisis de sucesión de Felipe González que se cerró con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero a la Secretaría General. Por eso digo que no es el Gobierno de la nación lo que está en juego. El PSOE quedaría retrotraído al año 96.
Ahora bien, en el caso de que la apuesta no le salga bien, el coste para el PP no sería menor. Una acusación de falta de legitimidad, si no es confirmada por el cuerpo electoral, que es el único dispensador de legitimidad aceptable y aceptado, se vuelve contra quien la formula. No sería José Luis Rodríguez Zapatero y su Gobierno el paréntesis en la historia democrática de España, sino que lo sería Mariano Rajoy y la dirección del PP en su conjunto.
Si el PP no consigue ganar las elecciones, sería su relato de lo que ha ocurrido en España en estos últimos veinte años, esto es, los que van desde la refundación de AP como PP en el Congreso de Sevilla hasta hoy, el que quedaría arruinado. El relato del PP descansa en el agotamiento del programa socialista tras las cuatro legislaturas de Felipe González y en la vigencia del programa alternativo formulado por la derecha española bajo la dirección de José María Aznar. Programa de largo aliento, que quebró por el 11-M, pero no porque no fuera el que la sociedad española necesita. De ahí la necesidad de cerrar el paréntesis Zapatero. La elección de Mariano Rajoy sería simultáneamente la reivindicación de José María Aznar y de su pretensión de haber puesto en pie un programa de gobierno para España que iría mucho más allá de sus años en La Moncloa.
Si los ciudadanos no deciden que José Luis Rodríguez Zapatero es un paréntesis, será este relato el que quedará degradado a la condición de espejismo. Será Mariano Rajoy el que se habrá convertido en un paréntesis insignificante en la historia de la derecha española y quedará reducida a su condición de mero presidente del Gobierno durante dos mandatos la figura de José María Aznar. El PP se quedaría sin dirección política y sin programa en el sentido fuerte del término. La derrota del PP le tiene que conducir a una suerte de refundación, como la que hicieron a finales de los ochenta.
Ésta es la razón por la que las elecciones se están viviendo con mucha angustia. Tanto en el PSOE como en el PP. Y como consecuencia de ello, también, aunque con menor intensidad, en la sociedad española. Unas elecciones no deberían plantearse nunca en términos de legitimidad, porque la legitimidad debe presuponerse y no ser siquiera sometida a discusión. Pero esa ha sido la apuesta del PP.
http://www.elpais.com/articulo/espana/Apuesta/arriesgada/elpepiesp/20080301elpepinac_16/Teshttp:/www.elpais.com/articulo/espana/Apuesta/arriesgada/elpepiesp/20080301elpepinac_16/Tes
Enrique Rosendo, Una estrategia para Rajoy
lunes 3 de marzo de 2008
Cara a cara
Una estrategia para Rajoy La credibilidad del candidato socialista se vio mermada considerablemente por el sólido discurso de su adversario, que demostraba una y otra vez las contradicciones e incumplimientos del presidente del Gobierno durante esta pasada legislatura.
José Enrique Rosendo
Este último debate lo va a comenzar José Luis Rodríguez Zapatero y lo va a cerrar Mariano Rajoy. Este dato es muy importante, por cuanto permite al candidato socialista intentar marcar el ritmo de su rival si, como parece previsible, se lanza al cuadrilátero con ganas de noquear al adversario.
Zapatero, previsiblemente, va a estar mejor que el lunes pasado. Primero, porque mordió polvo en aquel primer asalto. En segundo lugar, porque todo indica que esta vez se ha preparado a conciencia para lo que, incluso, ha llegado a sacrificar algunos actos de su campaña electoral. Y por último, reconozcámoslo, porque es mejor comunicador.
Rajoy, en cambio, puede caer en el mismo error que José María Aznar en 1993 ante Felipe González, cuando venció el primer asalto y perdió estrepitosamente el segundo y, contra todo pronóstico, las elecciones. Conviene, por tanto, no confiarse y redoblar el esfuerzo por encontrar una estrategia adecuada para hoy. Una estrategia que le proyecte durante lo que queda de campaña como virtual vencedor de los comicios del domingo.
El presidente del PP no debe caer en la trampa que Rodríguez Zapatero le va a tender en su primera intervención. Es más: Rajoy debe hacer justo lo contrario, es decir, intentar que sea el candidato socialista quien entre al trapo de su intervención posterior. Ahí estará la clave de cuanto suceda esta noche.
Si Zapatero logra imponer el ritmo del debate, Mariano Rajoy ya no tendrá oportunidad de desarrollar su propia estrategia y, por el contrario, participará activamente en el papel que le haya designado su contrincante. Sin embargo, si Rajoy sortea de alguna manera la primera embestida y es capaz de llevar al candidato socialista a su terreno, será este quien pierda el combate. El riesgo es que se desarrollen dos líneas de argumentación en paralelo, que no confluyan en el contraste y que por tanto pierda interés para los televidentes. Pero incluso esto será preferible para Rajoy (no para Zapatero, desde luego, que tiene que movilizar a su electorado) antes que caer en las fauces del socialista.
El pasado lunes el candidato popular hizo hincapié fundamentalmente en los errores y engaños del presidente del Gobierno. Numerosos analistas concluyeron que el debate que moderó (es un decir) Campo Vidal era una réplica de los debates parlamentarios sobre el Estado de la Nación. Pocos niegan que la iniciativa la llevó Rajoy (no olvidemos que fue él quien abrió fuego). Y menos aún que la credibilidad del candidato socialista se vio mermada considerablemente por el sólido discurso de su adversario, que demostraba una y otra vez las contradicciones e incumplimientos del presidente del Gobierno durante esta pasada legislatura.
Zapatero, como el protagonista de aquélla célebre novela de F. Dostoieski, El Jugador, saldrá al escenario con ganas de desquitarse. Es lo que le sucede a quien ha perdido la primera mano. En cambio, Rajoy debe salir con la pretensión de jugar una partida completamente distinta, no de darle una segunda oportunidad a su rival ni mucho menos de morder el anzuelo.
Si el primer debate permitió medir la gestión de Zapatero, este segundo debería servir para exponer ideas, programas y soluciones a los problemas cotidianos de la gente. El mensaje a los ciudadanos será coherente: "hemos identificado los problemas, sus causas y consecuencias, como ya vieron el lunes pasado, y ahora debemos mostrar el método que vamos a emplear para solucionarlos". No hay que redundar. Rajoy ya ha juzgado los cuatro años pasados. Zapatero incluso juzgó las legislaturas de Aznar y se retrotrajo a la prehistoria de Alianza Popular en busca de argumentos defensivos.
Ahora Rajoy, apenas tenga oportunidad de intervenir ante las cámaras, debe posicionar el juego en lo que va a hacer, y en lo que no va a hacer, cuando sea presidente del Gobierno, aunque sólo sea porque eso es lo que probablemente no espera (ni quiere) Zapatero. Debe concitar confianza, seguridad e ilusión, al mismo tiempo que desdibujar el miedo al PP sembrado por los socialistas en los electores más centristas. Y para este posicionamiento juega con ventaja, ya que le tocará cerrar el debate. Sólo en ese momento es cuando, a modo de colofón (y a ser posible sin niña de por medio) debe volver a la carga, moderada pero firmemente, contra la gestión de Zapatero, contraponiéndola a las propuestas que haya realizado en el transcurso del debate, para las que debe convocar, incluso, a los votantes socialistas desilusionados. Que, como demuestran las previsiones demoscópicas acerca de Rosa Díez, no son pocos.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42287.html
Cara a cara
Una estrategia para Rajoy La credibilidad del candidato socialista se vio mermada considerablemente por el sólido discurso de su adversario, que demostraba una y otra vez las contradicciones e incumplimientos del presidente del Gobierno durante esta pasada legislatura.
José Enrique Rosendo
Este último debate lo va a comenzar José Luis Rodríguez Zapatero y lo va a cerrar Mariano Rajoy. Este dato es muy importante, por cuanto permite al candidato socialista intentar marcar el ritmo de su rival si, como parece previsible, se lanza al cuadrilátero con ganas de noquear al adversario.
Zapatero, previsiblemente, va a estar mejor que el lunes pasado. Primero, porque mordió polvo en aquel primer asalto. En segundo lugar, porque todo indica que esta vez se ha preparado a conciencia para lo que, incluso, ha llegado a sacrificar algunos actos de su campaña electoral. Y por último, reconozcámoslo, porque es mejor comunicador.
Rajoy, en cambio, puede caer en el mismo error que José María Aznar en 1993 ante Felipe González, cuando venció el primer asalto y perdió estrepitosamente el segundo y, contra todo pronóstico, las elecciones. Conviene, por tanto, no confiarse y redoblar el esfuerzo por encontrar una estrategia adecuada para hoy. Una estrategia que le proyecte durante lo que queda de campaña como virtual vencedor de los comicios del domingo.
El presidente del PP no debe caer en la trampa que Rodríguez Zapatero le va a tender en su primera intervención. Es más: Rajoy debe hacer justo lo contrario, es decir, intentar que sea el candidato socialista quien entre al trapo de su intervención posterior. Ahí estará la clave de cuanto suceda esta noche.
Si Zapatero logra imponer el ritmo del debate, Mariano Rajoy ya no tendrá oportunidad de desarrollar su propia estrategia y, por el contrario, participará activamente en el papel que le haya designado su contrincante. Sin embargo, si Rajoy sortea de alguna manera la primera embestida y es capaz de llevar al candidato socialista a su terreno, será este quien pierda el combate. El riesgo es que se desarrollen dos líneas de argumentación en paralelo, que no confluyan en el contraste y que por tanto pierda interés para los televidentes. Pero incluso esto será preferible para Rajoy (no para Zapatero, desde luego, que tiene que movilizar a su electorado) antes que caer en las fauces del socialista.
El pasado lunes el candidato popular hizo hincapié fundamentalmente en los errores y engaños del presidente del Gobierno. Numerosos analistas concluyeron que el debate que moderó (es un decir) Campo Vidal era una réplica de los debates parlamentarios sobre el Estado de la Nación. Pocos niegan que la iniciativa la llevó Rajoy (no olvidemos que fue él quien abrió fuego). Y menos aún que la credibilidad del candidato socialista se vio mermada considerablemente por el sólido discurso de su adversario, que demostraba una y otra vez las contradicciones e incumplimientos del presidente del Gobierno durante esta pasada legislatura.
Zapatero, como el protagonista de aquélla célebre novela de F. Dostoieski, El Jugador, saldrá al escenario con ganas de desquitarse. Es lo que le sucede a quien ha perdido la primera mano. En cambio, Rajoy debe salir con la pretensión de jugar una partida completamente distinta, no de darle una segunda oportunidad a su rival ni mucho menos de morder el anzuelo.
Si el primer debate permitió medir la gestión de Zapatero, este segundo debería servir para exponer ideas, programas y soluciones a los problemas cotidianos de la gente. El mensaje a los ciudadanos será coherente: "hemos identificado los problemas, sus causas y consecuencias, como ya vieron el lunes pasado, y ahora debemos mostrar el método que vamos a emplear para solucionarlos". No hay que redundar. Rajoy ya ha juzgado los cuatro años pasados. Zapatero incluso juzgó las legislaturas de Aznar y se retrotrajo a la prehistoria de Alianza Popular en busca de argumentos defensivos.
Ahora Rajoy, apenas tenga oportunidad de intervenir ante las cámaras, debe posicionar el juego en lo que va a hacer, y en lo que no va a hacer, cuando sea presidente del Gobierno, aunque sólo sea porque eso es lo que probablemente no espera (ni quiere) Zapatero. Debe concitar confianza, seguridad e ilusión, al mismo tiempo que desdibujar el miedo al PP sembrado por los socialistas en los electores más centristas. Y para este posicionamiento juega con ventaja, ya que le tocará cerrar el debate. Sólo en ese momento es cuando, a modo de colofón (y a ser posible sin niña de por medio) debe volver a la carga, moderada pero firmemente, contra la gestión de Zapatero, contraponiéndola a las propuestas que haya realizado en el transcurso del debate, para las que debe convocar, incluso, a los votantes socialistas desilusionados. Que, como demuestran las previsiones demoscópicas acerca de Rosa Díez, no son pocos.
http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_42287.html
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