miércoles, julio 28, 2010

Fernando Mugica, Las piedras de pulgarcito

miercoles 28 de julio de 2010

'Las piedras de Pulgarcito'

Actualizado viernes 19/05/2006 19:28 (CET)

FERNANDO MÚGICA

MADRID.- 14 entregas de Agujeros Negros supuesto un año de trabajo contra corriente. Cada uno de los datos aportados pone en duda de forma rotunda la versión oficial sobre los atentados. Queda tiempo para que se conozca la verdad de lo que sucedió aquel 11-M. Los señuelos urdidos en torno a los atentados no nos apartarán del camino.

Los Agujeros Negros del 11-M no se gestaron dentro de una operación mediática premeditada. La realidad es mucho más sencilla. El trabajo de campo efectuado para un amigo, escritor de éxito, en torno a una posible novela me llevaron a investigar a finales del otoño de 2003 todos los datos que rodeaban a los atentados del 11-S en Estados Unidos. Fruto de esa investigación salieron decenas de folios recopilados junto a centenares de documentos, extractos de libros y fichas de archivo. Unas fichas físicas en las que por pura sistematización adquirí la costumbre de apuntar todos los detalles que me parecían más relevantes sobre el tema.

No voy a desvelar mis conclusiones sobre el 11-S, pero sí puedo afirmar que sin ese trabajo previo nunca hubieran surgido los agujeros. Fue así como, inmediatamente después del 11-M, y por pura iniciativa personal, comencé a rellenar fichas, arrastrado por la rutina adquirida en el trabajo previo, sobre los datos que se iban conociendo en torno a los atentados de Madrid. Y fue así como comencé a preguntar la opinión sobre lo sucedido a todas las fuentes que conocía y que eran muchas, muy documentadas y de muy distinto pelaje. Las fuentes fiables que, a base de fidelidad mutua y discreción, se consiguen en 38 años de profesión.

Se confesaron conmigo ex ministros, policías de Información, guardias civiles de base, mandos, oficiales de inteligencia, expertos en explosivos y en terrorismo, psicólogos y analistas.Pronto se añadieron al baile agentes secretos -nacionales y extranjeros-, diplomáticos, sociólogos, historiadores y también, debo reconocerlo, personajes del mundo del hampa.

Mal olor
Cada uno de esos contactos me hizo revelaciones como para rellenar muchas fichas. Cada cual aportaba detalles diferentes que le parecían esenciales. Todos, absolutamente todos, coincidían en algo: la versión oficial sobre lo sucedido era una pura patraña.

Tuve la suerte de trabajar sin ningún tipo de presión ya que la labor de campo la realicé íntegramente en mi tiempo libre. Cuando consideré que el asunto estaba maduro, pedí prestado el apartamento a un amigo y me encerré dos días en él para dar a luz mis primeras conclusiones que quedaron plasmadas por escrito en más de 35 folios. Entregué el trabajo, casi en bruto, a mi director -un hombre lógicamente siempre muy ocupado- y para mi sorpresa vi que se encerraba en su despacho y lo leía entero de un tirón.

Debo dejar claro que desde el primer momento recibí de él un apoyo sin fisuras. La única pega que planteó es que, por razones de espacio, era imposible publicarlo, sin cortar, en una sola entrega y que, por tanto, habría que adelgazarlo. Así lo hice, respetando la esencia de lo que le había presentado. El texto resultante ocupó cinco páginas enteras -algo realmente insólito en un diario- del ejemplar de EL MUNDO del domingo 18 de abril de 2004.

El reportaje no había sido concebido con vocación de continuidad y la mejor prueba de ello es que no llevaba numeración que indicara que aquello fuera a seguir. Lo que a la postre resultó, sin embargo, una primera entrega recopilaba las preguntas de sentido común que cualquier ciudadano podía plantearse a la vista de los datos oficiales sobre los atentados. Supuso un éxito de venta y el texto comenzó a circular en Internet y a base de fotocopias en los días siguientes.

El encargo del director desde el momento de su publicación fue taxativo: había que responder a todas aquellas preguntas , cualquiera que fuera el resultado y se tardara lo que se tardara en conseguirlo. En aquellos días no podía imaginarme que menos de un año más tarde se habrían publicado 14 entregas de los agujeros negros.Ni que esas dos palabras quedarían acuñadas en una parte de la opinión pública y que éstaasumiría como propias muchas de las preguntas planteadas.

No ha sido un camino de rosas. Remar contra corriente siempre es incómodo. Tal vez el momento de mayor desazón surgió en Gijón, en plena Semana Negra, cuando, en una mesa redonda a la que me había invitado un viejo amigo y a la que nunca debí acudir, una señora del público me espetó que lo que estaba publicando era "una repugnante maniobra de intoxicación al servicio de un partido político". Para completar el cuadro alguien de las últimas filas gritó -a modo de insulto- la palabra "Fungairiño".

Es justo reconocer que también ha habido momentos reconfortantes en los que personas de distintos estamentos sociales me han expresado su aliento para que continuara en el camino emprendido, atribuyéndome una responsabilidad excesiva desde cualquier punto de vista.

Silencio
El silencio absoluto de la competencia sobre cada uno de los descubrimientos de mi trabajo y del de mis compañeros y la contraprogramación constante para desacreditar lo que publicábamos, son hechos que en nuestro oficio cualquier profesional debe asumir con naturalidad.

Algunos políticos -los de la oposición- llegaron a acercarse a mí para advertirme que esperaban con ansiedad la próxima entrega. Como si depositaran sus esperanzas en lo que pudiéramos averiguar.Como si ellos, y todo su grupo de poder, no tuvieran infinitos más medios de aproximarse a la verdad que los de unos simples reporteros.

El silencio del partido en el Gobierno ha sido muy elocuente. Me consta que sólo se agitaron las aguas en momentos muy puntuales como el del descubrimiento de la cinta con la grabación de Campillo a Lavandera. Los agujeros nunca les han preocupado, a pesar de que conseguimos desvelar a la opinión pública datos como que la banda de Avilés trabajaba para la policía, que se permitió el traslado de explosivos, que una parte se trasladó en tres viajes en un autobús de línea, que desde el teléfono de un policía se hacían llamadas a los miembros de la banda, que ETA robó un coche para un atentado en el callejón de Avilés donde vivía Emilio Suárez Trashorras, que la Guardia Civil miró para otro lado, o que las numeraciones de los envoltorios encontrados entre los restos del piso de Leganés conducían a muchas otras explotaciones además de a Mina Conchita.

Varios miembros destacados del Partido Socialista han comentado en privado que cuanto más se enmarañe la trama de personajes que salen a la luz menos posibilidades tiene el relato de calar en la gente. Es como engordar el señuelo.

Tienen razón. Son tantos los nombres de confidentes, mandos policiales, agentes de base, traficantes de droga y explosivos, transportistas, manipuladores de tarjetas, chorizos, testigos ocasionales, testigos protegidos, -sin contar las dificultades lógicas de manejar nombres en árabe- que se han barajado, que ni siquiera los muy interesados en el tema pueden ser capaces de seguir el relato sin perderse. "Déjales que hablen", decía en un círculo íntimo Rubalcaba, "nadie en la calle sabe distinguir entre Trashorras, Zouhier, Lavandera o Zougán".

Insisto en que tiene razón. Un exceso de información, en ocasiones filtrada con mala intención y, sobre todo, encaminada en direcciones opuestas, ha conseguido el pernicioso efecto de que nadie sepa a qué atenerse. La confesión completa de un arrepentido que relatara en un medio de comunicación todos los pormenores de cómo se montaron los atentados pasaría hoy totalmente desapercibida.

A la numerosa y absurda lista de los autores intelectuales, de los inductores, de los responsables de la matanza que se publicaron en las primeras semanas, como ya denunciamos en el primer agujero, habría que añadir las decenas de nombres que se han añadido posteriormente.¿Han sido los iraquíes, los sirios, los marroquíes, los saudíes, los afganos, los egipcios? ¿A qué corriente integrista obedecían los pequeños delincuentes de Lavapiés?

No hay respuesta oficial, aunque la lista de autores intelectuales aumente con cada doble página, con cada reportaje de televisión en una cadena sin sentido en la que vale todo y que no nos lleva a ninguna parte. Está aclarado todo -asegura el Gobierno con insistencia- pero aún queda por descubrir algo tan insignificante como quién tuvo la idea, quién lo planeó tan minuciosamente y quién lo mandó ejecutar.

Eso sí, sabemos con seguridad quién llevó a cabo los atentados, con nombres y apellidos, a pesar de que en su contra no hay más pruebas que algunos testimonios contradictorios de testigos en los trenes, huellas desperdigadas y llamadas telefónicas entre los miembros del grupo integrista, en las que nunca se mencionan los atentados ni se nombra la palabra explosivos. A pesar, sobre todo, de que eran personas controladas por varios servicios de las Fuerzas de Seguridad, antes, durante y después del 11-M.

Individuos fichados en Marruecos, en España y en las cancillerías que se precian de tener datos fiables sobre posibles islamistas radicales. Personas con sus teléfonos controlados, individuos con pequeños negocios cuyos locales estaban pinchados por la policía, la Guardia Civil o el CNI. Viejos conocidos de todos los que husmean entre los grupos radicales.

¿Y quieren hacernos creer que esos personajes consiguieron burlar el cerco de seguridad y sorprendieron a todos los que los vigilaban? Las cosas no son así en el mundo real.

Deducción
Pero lo más llamativo, desde el punto de vista intelectual, la mentira más flagrante que quieren colarnos es la de que los explosivos empleados en la masacre pudieron obtenerlos de una forma sencilla al entrar en contacto con una pequeña banda de delincuentes de Avilés, alguno de cuyos miembros estaba vinculado a una pequeña explotación minera.

Todo muy normal, excepto por el pequeño detalle de que cada uno de los individuos de la trama asturiana, Emilio Suárez Trashorras, Antonio Toro Castro, Carmen Toro Castro y Javier González Díaz, eran confidentes de la Policía. Y estaban, o debieran haber estado, controlados por la Guardia Civil a la que, con pelos y señales, habían contado al menos tres personas -ya desde el verano de 2001- cómo vendían grandes cantidades de explosivos y cómo querían encontrar a alguien que supiera fabricar bombas con móviles.

La verdad incuestionable es simple. Los implicados en la matanza del 11-M estaban controlados de una u otra forma por las Fuerzas de Seguridad. Los que les proporcionaron los explosivos eran chivatos de las Fuerzas de Seguridad. La persona que puso en contacto a ambos grupos cobraba de las Fuerzas de Seguridad -así lo ha reconocido el propio Rafá Zouhier-. La Guardia Civil conocía de antemano el atraco por el que le internaron en la prisión de Villabona, donde precisamente conectó con el proveedor Antonio Toro.

No se puede pedir más. Bueno, sí. Se puede añadir la confesión, declarada a este reportero por miembros de la Guardia Civil en el verano de 2004 -cuando todavía la trama de Avilés no había adquirido tanta relevancia- en el sentido de que la entrega de los explosivos en Asturias por parte de Emilio Suárez Trashorras a la llamada célula islamista estuvo en todo momento vigilada.No he podido encontrar otra fuente que lo ratifique.

"El problema -me aseguraron- es que dicen que los perdieron al llegar a Madrid porque creían que iban a ir a una dirección y fueron a otra". Si la trama de Avilés estaba controlada, si la célula de los islamistas se encontraba bajo vigilancia, ¿cómo puede explicarse que en el último momento los presuntos autores materiales -teóricamente unos inexpertos principiantes- fueran capaces de despistar a sus controladores que a una semana de las elecciones se encontraban en nivel de alerta máximo?

¿Cómo pudo un grupo de principiantes llevar a cabo una operación tan compleja como si se tratara de veteranos profesionales? Cuando el planteamiento ortodoxo llevaba a la implicación de Al Qaeda, salieron a la luz nombres que sugerían la implicación de personajes de varios países, como El Tunecino o El Egipcio, aunque es bien sabido que se trataba de marroquíes.

Hacía falta un fabricante de bombas, alguien con los conocimientos necesarios para poder montarlas. Se indica inmediatamente que el responsable esalguien a quien apodan El Químico. Cuando se rectifica, el mensaje ya ha calado en la opinión pública.

Cualquier resquicio abierto en una dirección que se aleje de la autoría de Al Qaeda es considerada anatema. Pero la realidad es que los que saben sobre esa organización, estadounidenses, jordanos e israelíes tienen muchas dudas desde el primer momento.En Amán advierten a un emisario español de que esa es una pista equivocada. Los americanos van más lejos y aseguran que al considerar que Al Qaeda no es la autora material del atentado han perdido todo interés por el tema. Los israelíes, obligados por la disciplina que les ha impuesto su Gobierno, guardan silencio y recopilan datos. ¿Por qué se empeñan en presentar como individuos peligrosos a vulgares rateros? Jamal Ahmidán era un fanático integrista, según esta versión. Pero los vecinos de Morata dicen que su novia llevaba unas minifaldas de vértigo.

Miembros del CNI fueron taxativos con este reportero a finales de marzo. "Los miembros de Al Qaeda nunca roban vehículos para cometer sus atentados. Los compran o los alquilan. Los miembros de Al Qaeda jamás se mezclan con el mundillo del hampa musulmán.Los miembros de Al Qaeda jamás utilizan delincuentes. Los miembros de Al Qaeda nunca improvisan, ni consiguen los materiales explosivos en el último momento".

Sus células son estancas. Unos lo planean, otros proporcionan los medios materiales, unos terceros vigilan, los cuartos lo ejecutan. No se conocen entre sí. No pueden arriesgarse a que la policía capture a uno de ellos y quede al descubierto todo el entramado.

Improvisacióh
Alguien quiere hacernos creer que 12 días antes de los atentados los terroristas aún no tenían en su poder la carga mortífera.Siendo tan importante la fecha de la ejecución, no disponen de los explosivos e improvisan la operación con un delincuente español, calificado por los médicos como enfermo esquizoide que, por si fuera poco, tiene que prestarles el vehículo para el traslado de los explosivos. Y se fían de un confidente.

¿Y si Trashorras en el último momento se hubiera arrepentido? ¿Y si pide más dinero del estipulado? ¿Y si nieva ese día más todavía de lo que nevó y no consiguen llegar hasta la mina?

Quien planeó la masacre dio cuerda al señuelo más importante de toda la operación: la trama de Avilés y la entrega de los explosivos a la banda de Lavapiés. Necesitaban unos culpables creíbles para una primera impresión y un hilo conductor que llevara hasta ellos sin complicaciones. La tarjeta del móvil encontrado en la mochila de Avilés era la mayor de todas las piedras de Pulgarcito. La pista definitiva.

Curiosamente una de las grandes preocupaciones que tienen siempre los terroristas que han utilizado teléfonos móviles para sus atentados es el de no dejar pistas en el caso de que el artefacto no explosione.

¿A quién se le podría ocurrir seguir utilizando esas tarjetas después de que se conociera que la policía había encontrado una de ellas? ¿Por qué iban a emplear tarjetas compradas por ellos, manipuladas en la misma ciudad y distribuidas en sus propios locutorios? Ni siquiera un loco haría algo así. La mejor prueba es que la Policía aún no ha sido capaz de localizar a los propietarios de los dos números que recibían y enviaban llamadas relacionadas con la célula de Avilés. Una de ellas comprada, por cierto, en Gijón y utilizada hasta el 2 de junio.

Y el colmo de la sinrazón. Semanas después del atentado y cuando aún están en libertad, la mayor parte de los presuntos autores materiales, se reúnen en un piso de Leganés donde aún conservan pruebas materiales de los atentados: parte del explosivo, armas y envoltorios de cartuchos.

Y todo ello, con el dormitorio de ese piso pared con pared con el de un policía, el que prestará los planos de su casa a los Geo para que se orienten. ¿Dónde están las vainas que dispararon durante "horas" con ametralladoras? Trescientas por minuto es la cadencia de disparo de esas armas. Pero en la relación exhaustiva de los Tedax y de la Policía Científica no existen las vainas de los cartuchos presuntamente disparados por esas ametralladoras. ¿Y dónde están los impactos de esas balas? ¿Y la marcación exacta de sus trayectorias, como se hace siempre en cualquier investigación policial?

¿Desde cuándo ante una situación de emergencia -aunque no fuese de la gravedad planteada el 3 de abril en Leganés- se reclutan a los geos en los cines? ¿Acaso no hay un retén de guardia en su acuartelamiento? ¿No se ha medido hasta la extenuación en los ejercicios de entrenamiento el tiempo de llegada de este retén a cualquier lugar de España?

Los Geo graban todas las operaciones que realizan. ¿Dónde están las grabaciones de aquella operación, por qué no la hacen pública en su totalidad? ¿Pidieron la confirmación de la orden de entrada, para que quedara constancia, por considerarla absurda?

Un año después del 11-M, los investigadores policiales no son capaces de determinar el tipo de dinamita que explosionó en los trenes. Tampoco han sido capaces de demostrar que la dinamita encontrada salió de Mina Conchita. Por las numeraciones de los envoltorios hallados entre los restos de Leganés sólo se puede saber que una pequeña parte de la correspondiente a esos lotes llegó a Mina Conchita. ¿A dónde fue el resto? ¿Porque no pudo salir de esos lugares la que explosionó?

Deducción
Sólo una pura deducción lleva a los investigadores al convencimiento de que las mochilas que explosionaron en los trenes llevaban teléfonos móviles como temporizadores. Lo suponen porque en la mochila que se desactivó, la encontrada en la comisaría de Vallecas, y en otra, que lograron neutralizar, situada en un arcén, había teléfonos. ¿Y si el resto explotó por radio control? No hay forma de demostrar ni una cosa ni la contraria.

¿Y si las mochilas que no explosionaron, con sus teléfonos móviles, la tarjeta que llevó a la célula presuntamente integrista de Lavapiés, la cinta coránica y los restos de dinamita en la furgoneta de Alcalá fueran tan sólo señuelos para los investigadores? Sí, ya sé. Parece una novela de Le Carré. Pero es que la realidad -y perdónenme que se lo recuerde- es casi siempre aún peor.

http://www.elmundo.es/elmundo/2006/05/19/espana/1148057715.html

Comienza el desacato al Tribunal Constitucional

28-VII-2010
Comienza el desacato al Tribunal Constitucional
EDITORIAL
La voluntad de desacato ya la dejó de manifiesto hace quince días el propio Montilla cuando dijo que "las leyes deben aprobarse; puede que con algunas observaciones del Consell de Garanties, pero no a la luz de lo que diga la sentencia del Constitucional"

Aunque el Tribunal Constitucional, en su reciente sentencia sobre el Estatuto de Cataluña, considerase que "nada se opone, a efectos estrictamente autonómicos, a que las provincias catalanas pasaran a denominarse veguerías, ni nada impide, tampoco, que en ese supuesto los consejos de veguería sustituyeran a las diputaciones provinciales", el Alto Tribunal fue muy claro al dictaminar que cualquier alteración de los límites provinciales o de creación y modificación de las provincias compete al Estado y que "de ninguna manera" está al alcance "del legislador autonómico". Y en esa línea, concluyó que, "para ser conformes con la Constitución", los "consejos de veguería pueden sustituir a las diputaciones en el exclusivo caso de que los límites geográficos de las vueguerías coincidan con los de las provincias".

Pues bien, el Parlamento de Cataluña acaba de aprobar la llamada Ley de Veguerías que, lejos de limitarse a un cambio de nombre, suprime la demarcación provincial en Cataluña y la sustituye por siete veguerías (Barcelona, Catalunya Central, Girona, Lleida, Camp de Tarragona, Terres de l'Ebre y Alt Pirineu i Aran), en lo que supone un claro desacato al Tribunal Constitucional. Y es que, por mucho que inicialmente sólo sean operativas cuatro de las siete veguerías, y por mucho que, a toro pasado, se acordase en Cortes Generales una modificación de la legislación estatal que incluyese cambios en los límites provinciales, la voluntad del tripartito de saltarse a la torera la sentencia del Constitucional es tan clara como ya la dejó de manifiesto el propio Montilla hace quince días cuando, al referirse a este asunto, dijo que "las leyes deben aprobarse; puede que con algunas observaciones del Consell de Garanties Estatutàries, pero no a la luz de lo que diga la sentencia del Constitucional".

El presidente de la Generalitat expresaba así, dicho sea de paso, una doble voluntad de desacato por cuanto la sentencia del Constitucional no sólo preservaba la competencia estatal en este asunto, sino que también había retirado al Consell de Garanties la capacidad de emitir cualquier dictamen vinculante porque "perjudica al monopolio de rechazo a las normas con carácter de ley reservado por el artículo 161 de la Constitución al propio Tribunal Constitucional".

Lo mas bochornoso de todo es que este acto de rebelión institucional contra nuestro estado de derecho que se ha vivido en el parlamento autonómico catalán ni siquiera ha contado con el respaldo de todos los que, dentro y fuera de él, han impulsado el soberanista estatuto catalán. Así, al voto negativo del PP y del Grupo Mixto, se ha sumado el de CiU, formación irritada con el tripartito por aprobar la ley por el trámite de urgencia y sin consensuarla con la oposición. A eso hay que sumar el hecho de que desde Lérida se ha criticado la pérdida de peso que supone que la provincia quede dividida en tres veguerías; que los ayuntamientos de Tarragona y Reus han traslado su enfrentamiento casi histórico a la capitalidad de la nueva veguería: Camp de Tarragona; que Reus exige que ambas ciudades compartan la capital (como pasa con Sabadell y Terrassa en el Vallès) y Tarragona, además de negarse en rotundo, reclama que la nueva veguería se denomine simplemente Tarragona.

Todo este reaccionario y conflictivo galimatías, con la que los nacionalistas tratan de evocar una demarcación administrativa propia de la Edad Media, no sólo desafía a nuestro estado de derecho, sino que también constituye un desprecio a los problemas reales de los ciudadanos catalanes. Aunque los redactores de este desacato en forma de ley aseguran que a las veguerías se les asignaran los mismos recursos que, en la actualidad, reciben las diputaciones provinciales, lo cierto es que ocultan todo lo referente al coste del cambio, ya sea en comisiones de traspaso, contratación o bajas de trabajadores o informes técnicos. Y eso dando por hecho que la duplicidad de la administración será solo transitoria y que el Gobierno de Zapatero accederá a una modificación legislativa estatal –que deberá incluir, por cierto, la Ley Orgánica del Régimen Electoral General que se basa en la circunscripción provincial– para que la burla hacia el Tribunal Constitucional que se ha producido este martes en el parlamento autonómico quede menos descarada.

http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/comienza-el-desacato-al-tribunal-constitucional-55716/

martes, julio 27, 2010

Mary Anastasia O'Grady, Donde las Farc se van a engordar

martes 27 de julio de 2010

Donde las Farc se van a engordar

Mary Anastasia O'Grady

Cuando en 2008 Colombia lanzó un ataque militar sobre un campamento guerrillero en la frontera con Ecuador, la protesta más estridente no vino de Quito sino de Caracas

El presidente venezolano Hugo Chávez lamentó la muerte del comandante de las Farc Raúl Reyes, a quien llamó un buen revolucionario. El mandatario también se quejó por la violación de la soberanía ecuatoriana e hizo un llamado para que 10 batallones de tanques fueran enviados a la frontera entre Venezuela y Colombia. "Que ni se les ocurra" hacer eso acá, advirtió al presidente colombiano, Álvaro Uribe, "porque sería muy serio, sería causa de guerra".

El jueves, Colombia explicó, aunque de forma indirecta, porque Chávez echó tanto humo sobre la operación de 2008. En una presentación de dos horas ante el consejo permanente de la Organización de Estados Americanos, el embajador de Colombia ante la OEA, Luis Alfonso Hoyos, mostró una serie de fotos, videos, mapas, imágenes satelitales y documentos computarizados que, según Colombia, muestran a los guerrilleros usando territorio venezolano como un refugio, de la misma forma en que lo estaban usando en Ecuador.

Hoyos también denunció que Venezuela está al tanto de los campamentos guerrilleros, algunos de los cuales han estado allí por mucho tiempo, y que no ha hecho nada al respecto. De hecho, algunas veces la Guardia Nacional de Venezuela confraterniza con los rebeldes, manifestó Hoyos.

Dada esta información, la reacción de Chávez a la incursión colombiana en Ecuador en 2008 ahora parece lógica. Bogotá justificó la operación sobre la base de que sus pedidos a Quito para que persiguiera a las Farc fueron ignorados. Ahora sabemos que Chávez tenía razón para creer que sería el próximo.

El jueves, sin embargo, Uribe lanzó una clase diferente de ofensiva. En lugar de una operación militar, acumuló datos de inteligencia sobre la presencia de las Farc en Venezuela y los lanzó como una bomba en el consejo permanente de la OEA.

Los hechos no constituyeron ninguna sorpresa. Por años, Bogotá se ha quejado, con pruebas suficientes, sobre el trato amable que Venezuela le da a la guerrilla colombiana. Pero al presentar la evidencia como lo hizo, Uribe puso a Chávez en el ojo del huracán. Aún más importante, ha planteado el problema ante sus contrapartes en el hemisferio.

Hoyos le dijo a la OEA que hay unos 1.500 guerrilleros en más de 75 campamentos al otro lado de la frontera. Allí se reagrupan, organizan, entrenan y preparan explosivos. Este estado de refugio, explicó, produce más secuestros y tráfico de droga a ambos lados de la frontera. Y más matanzas en Colombia: crudas imágenes de víctimas de los rebeldes aparecieron en la pantalla mientras el diplomático hablaba.

Hoyos no hizo un llamado a imponer sanciones contra Venezuela. En lugar de eso, pidió que una comisión internacional verificara las denuncias de Colombia. Prometió que su gobierno puede suministrar las "coordinadas exactas" de fincas y haciendas donde se ocultan los rebeldes. "Si allá solo hay una escuelita y humildes campesinos, no tendrán problema en que una comisión internacional verifique si lo que denuncia Colombia no es cierto", argumentó.

Esto suena lo suficientemente razonable. Pero aún no había concluido la reunión de la OEA cuando Chávez, incapaz de contener su frustración por volver a ser avergonzado por Uribe en la arena política, rompió relaciones diplomáticas con el país vecino. Era, explicó, lo más indicado para mantener la "dignidad". Tristemente para los venezolanos, cualquier gramo de dignidad que su gobierno haya tenido hace mucho tiempo que desapareció. La copiosa revelación de datos por parte de Colombia fue la última humillación que la credibilidad de Chávez sufrió en el escenario global.

A pesar de que los chavistas se sintieron agraviados, es probable que Venezuela y sus aliados en la región esperaran algo así. El miércoles, el embajador de Ecuador ante la OEA, que mantenía la presidencia rotativa del consejo permanente, renunció. Dijo que lo había hecho porque no pudo cumplir la orden de su gobierno de bloquear la presentación colombiana. El ministro ecuatoriano de Relaciones Exteriores, Ricardo Patiño, un aliado cercano de Venezuela que aparentemente no está familiarizado con la noción de las normas institucionales, se la pasó el viernes reprendiendo al Secretario General de la OEA, José Miguel Insulza, por permitir que Colombia invocara su derecho ante la OEA para presentar su caso.

El Departamento de Estado de Estados Unidos dijo que la decisión de Chávez de romper relaciones con Colombia era petulante y agregó que apoyaría la propuesta de Colombia. Esto eleva las posibilidades de que se forme un comité de verificación en la OEA. También explica porqué Ecuador y Argentina han expresado interés en llevar el asunto ante Unasur, un foro sudamericano donde Uribe será superado en número por los tiranos izquierdistas.

Incluso si la OEA no forma un comité de verificación, Colombia tiene otras opciones. Podría solicitar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que invoque la resolución 1373, que les prohíbe a sus miembros refugiar o ayudar a terroristas. Y la semana pasada, el fiscal general de Colombia sugirió que el asunto podría ser llevado ante la Corte Internacional de la Haya.

Los seguidores de Chávez están fingiendo su preocupación por una posible guerra. Pero si Venezuela ofrece refugio a las Farc, ya cometió una agresión contra su vecino. Esa es una verdad poco conveniente que es difícil de eludir.

http://www.neoliberalismo.com/FARC-aengordar.htm

Gustavo Abello, ¿A Qué le Tiene Miedo Hugo Chávez?

martes 27 de julio de 2010

En defensa del neoliberalismo

¿A Qué le Tiene Miedo Hugo Chávez?

Gustavo Abello - Periodista - Barranquilla, Colombia

Chávez no le tiene miedo ni a los estadounidenses, ni a Uribe, ni a un golpe de estado, ni a la prensa, ni a Vicky Dávila. Si algo tengo algo claro es que Chávez es un cobarde.

Cada vez que alguien se le enfrenta pasa de león a gatito en un segundo. Cuándo el Rey de España lo enfrentó en Chile se calló la boca; cuándo el ex-presidente Saca de El Salvador lo enfrentó públicamente, se acobardó y no asistió a la cumbre iberoamericana del 2008; cuándo Uribe lo amenazó con denunciar en las cortes internacionales por apoyo a grupos terroristas, llegó dócil y conciliador a la famosa reunión de la OEA en Santo Domingo en el 2008.

Con Suecia no ha roto relaciones diplomáticas, a pesar que son ellos quiénes están pidiendo las explicaciones sobre las armas que le dio a las FARC, porque a los europeos los respeta.

Estoy seguro que Chávez no le tiene miedo a los Estados Unidos porque él sabe perfectamente que nunca lo van a invadir. En el imaginario escenario que Estados Unidos necesitara desesperadamente el petróleo venezolano, que no es el caso, ellos no necesitarían invadir Venezuela para obtenerlo. Chávez se los está vendiendo a un precio tan barato, que saldría diez veces más caro ir a tomarlo por la fuerza.

No solo eso, Chávez no tiene a mas nadie a quién vendérselo. Créanme que ya lo hubiera hecho si pudiera. El petróleo de Venezuela es muy denso en azufre y solo puede ser procesado en refinerías acondicionadas especialmente para ese tipo de petróleo. Y en el único país dónde pueden procesar esos volúmenes es en Estados Unidos.

En el 2001 cuándo Chávez amenazó con no venderle más petróleo a Estados Unidos, Condoleezza Rice se burló de él diciéndole que “entonces se lo tendrá que comer”. Es que no tiene a más nadie a quién le pueda vendar esas cantidades y Venezuela es una economía totalmente dependiente del petróleo.


Si de verdad Estados Unidos quisiera acabar con Chávez y su revolución, solo tiene que dejar de comprarle petróleo y traerlo de Irak o sacarlo de sus propias costas. Chávez sabe que no hay un solo motivo para una invasión americana, ese es un viejo argumento que Castro usó con éxito para comprar armas y usarlas contra su propio pueblo. Y Chávez está haciendo exactamente lo mismo.

Chávez no le tiene miedo a Uribe porque sabe que es un hombre correcto que jamás va a hacer las misma fechorías que él comete. A su propio pueblo ya Chávez le perdió el miedo. La voluntad de la oposición venezolana está casi doblegada y los siento desesperanzados y sin fuerza.

Y no los culpo, lo que esa gente está pasando es horrible. Y no será del ejército venezolano de dónde saldrá un golpe de estado, ya que Chávez los tiene bien controlados. Los tres poderes de la democracia que deberían ser independientes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, están bajo su dominio. El cuarto poder que es la prensa, está muy diezmado en Venezuela. La democracia en Venezuela es una simple farsa.

La prensa internacional, las ONG, los Estados Unidos, Europa y la comunidad internacional en general, ya se aburrieron de los abusos de Chávez y ni siquiera le ponen atención. Así que Chávez sabe que nada van a hacer contra de él. No les tiene miedo. Si no pudieron con Fidel Castro que era tan solo una isla pequeña, menos con él y sus barriles de petróleo.

¿Entonces a que le tiene miedo Chávez? ¿Porqué tanto escándalo?

A diferencia de lo que muchos creen, los petrodólares de Chávez no son suficientes para la famosa revolución bolivariana. PDVSA está en dificultades serias. Desde que nacionalizaron la explotación de petróleo, la capacidad extractora de Venezuela viene disminuyendo cada año.

Los pagos de PDVSA están atrasados como 8 meses y muchas empresas que les proveen servicios les están apretando las tuercas para que pague sus deudas atrasadas. Se han quedado sin inversión extranjera y el futuro del negocio del petróleo no está tan claro para Venezuela cómo muchos creen. Solo basta leer a algunos expertos en el tema para saber que aunque tengan las famosas reservas de las que Chávez habla, no tienen ni el dinero ni la tecnología para extraer ese petróleo.

Además, los dineros oficiales no pueden ser utilizados tan fácilmente para las actividades ilegales de Chávez. Para mandarle plata a Correa, a Zelaya, a Evo, a Ortega, a Ollanta, a Piedad Córdoba, etc.…, Chávez necesita de un efectivo muy grande que no pueda ser detectado por los sistemas bancarios tradicionales. El efectivo que Chávez necesita para la expansión de su movimiento comunista, lo obtiene de sus alianzas con los narcotraficantes.

Permítanme solidificar este punto. La famosa maleta con el millón de dólares que le dieron a la Presidenta de Argentina en su campaña, no vino de PDVSA. Era proveniente de operaciones de lavado de dólares, cómo quedó consignado en el juicio realizado en Miami al respecto.

El general venezolano Hugo Armando Carvajal (Director de la División de Inteligencia Militar) ha sido el único jefe de servicios de Inteligencia Militar de América Latina al cual Estados Unidos le ha aplicado la Ley de Designación de Cabecillas Extranjeros de la Droga (1999), conocida como Ley Kingpin.

Además el General Carvajal figura desde hace 11 meses en la famosa "lista Clinton" (la misma dónde encuentran los Rodríguez Orejuela) y por lo tanto tiene congeladas sus propiedades y cuentas en Estados Unidos y no puede celebrar negocios con entidades de ese país en ninguna parte del mundo. Estamos hablando de un general venezolano.

En este mes, el Washington Post Journal publicó un artículo con información al respecto de la relación de Chávez con el narcotráfico, el cual relaciono a continuación: “Un informe de julio de la Oficina de Auditoría General de EE.UU. (GAO, por sus siglas en inglés) halló que Venezuela se ha convertido en una ruta de tránsito de cocaína colombiana, 60% de la cual es exportada por las FARC. La GAO también encontró que altos miembros del gobierno de Chávez y del ejército venezolano son cómplices. ‘Según los funcionarios de Estados Unidos, la corrupción dentro de la Guardia Nacional de Venezuela representa la amenaza más significativa porque la Guardia le reporta directamente al presidente Chávez y controla los aeropuertos, fronteras y puertos de Venezuela’, dice el documento de la GAO.” [1]

En la misma lista Clinton aparecen otros dos ex funcionarios del gobierno de Chávez: Henry de Jesús Rangel, ex director de la Policía Política, Disip, y el capitán de navío (r) Ramón Emilio Rodríguez Chacín, ex ministro de Justicia y del Interior.

Este último es conocido como el contacto de Chávez con las Farc. Estos dos individuos se aliaron con un cartel de narcotraficantes en Arauca, conocido como el “Clan de los Hermanos Ríos” y con el frente décimo de la guerrilla.





















Lo más gr ave de todo esto, es que los delitos que se les imputan fueron cometidos cuándo eran miembros activos del gobierno de Chávez.

Todavía hay más… José Ignacio Chauvín, quién es el ex subsecretario de Coordinación Política del presidente de Ecuador, está siendo juzgado por sus nexos con el clan de los hermanos Ostaiza, conocidos narcotraficantes. Según las evidencias obtenidas en correos del computador de Reyes, estos señores le enviaron $400.000 dólares a la campaña de Correa a pedido de las Farc. Esa es exactamente la misma cifra que Correa nunca pudo explicar su origen, cuándo auditaron las cuentas de su campaña.[2]

Chauvín era la mano derecha del ex-ministro del interior de Ecuador, Gustavo Larrea. En los diarios de Chauvín se encontraron las famosas pruebas de las reuniones de Larrea con las Farc de las cuáles supuestamente Correa no sabía nada. Todo esto ocurrió mientras ambos eran miembros activos del gobierno del Ecuador.

Y más aún… En las cartas de Reyes se encuentran detalles de la relación de las FARC con El Partido de Unificación Democrática (UD) de Honduras. Este es el único partido de Honduras que apoya el regreso del presidente Zelaya. Recientemente el gobierno de facto de Honduras mostró pruebas de dineros enviados por las FARC a este grupo, para financiar las famosas demostraciones a favor de Zelaya (que por cierto son bien anémicas).

Honduras es el puente obligado para que los aviones cargados de droga se reabastezcan con gasolina, antes de llegar a México y Estados Unidos. En Honduras hay un convenio entre el gobierno y los Estados Unidos para operar la base Soto Cano. Al mismo estilo del convenio que tiene Colombia con Estados Unidos en el marco del Plan Colombia y que está próximo a ser ampliado. La base de Soto Cano es la sede de la “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo” (JTF-B) de Estados Unidos, compuesta por efectivos del ejército, las fuerzas aéreas, fuerzas de seguridad conjuntas y el primer batallón-regimiento número 228 de la aviación estadounidense.

Son aproximadamente 600 personas y 18 aviones de combate, incluidos helicópteros UH-60 BlackHawk y CH-47 Chinook. Es también usada para operaciones anti-drogas. ¿Por qué creen que Chávez está tan obsesionado con Honduras? Porque es ruta obligada del narcotráfico y esa base es otro dolor de cabeza. Y la única forma de sacarlos de ahí es con la llegada de la revolución bolivariana.

Si algo tienen en común Chávez, Correa, Evo, Ortega y Zelaya, es que odian a la DEA. Han hecho de todo para torpedear su trabajo. Estos cinco necesitan el dinero de la droga para financiar sus planes expansionistas, ahorrar para la vejez y mantenerse fuera de problemas judiciales y rastreos de cuentas.

Con ese dinero ilícito pueden comprar conciencias, financiar campañas políticas, armar a las FARC y desestabilizar gobiernos. Y nunca nadie en América Latina podrá probarles nada. El mayor enemigo que tienen el narcotráfico y los aliados de Chávez, son los aviones del gobierno de los Estados Unidos.

Esos aviones tienen una tecnología de espionaje tan avanzada, que supera la más febril de las imaginaciones. Con esa tecnología han interceptado las comunicaciones de las FARC, hasta el punto que les toca utilizar correos humanos. Con esa tecnología engañaron a las FARC en la famosa operación Jaque dónde liberaron a Ingrid Betancourt. De ahí salen las pruebas para los casos judiciales de los funcionarios del gobierno venezolano y ecuatoriano.

El avión P-3 Orion [3] detecta los submarinos con los cuáles están llevando la droga a México. A los narcotraficantes les cuesta millones de dólares al año la presencia de esos aviones en la costa pacífica colombiana. Mientras esos aviones estén sobre cielo colombiano, Chávez, Correa y las FARC, están expuestos a que les descubran todos sus planes diabólicos.

¿Se imaginan todo lo que podrían hacer estos pillos sin la vigilancia americana sobre Colombia y Honduras?

A lo que le tiene miedo Chávez es a que termine en una cárcel de Estados Unidos, tal cómo terminó Manuel Noriega el ex-dictador de Panamá. Esos aviones están todo el día escuchando conversaciones, interceptando radios, monitoreando actividades. Y su radio de alcance no se detiene en la raya de la frontera de Colombia con Venezuela o Ecuador.

De ahí saldrán todas las pruebas para que en el futuro Chávez sea procesado por narcotráfico, lavado de dólares, etc...

¿Se pueden imaginar ustedes cuánto dinero pueden estarle ofreciendo los capos del narcotráfico a Chávez para que haga hasta lo imposible para sacar esos aviones de ahí? Con esa plata financiaría cómo tres revoluciones bolivarianas juntas.

Detrás de todo este show de Chávez están los grandes capos de la droga con su dinero maldito y corruptor. Aliados con Chávez y sus compinches, estos mafiosos están desestabilizando la paz de América Latina. Algo en menor escala ya lo vivimos en Colombia, solo que esto es una mega versión latinoamericana de nuestra guerra contra las drogas.

Ya sé que este artículo está muy largo, pero hay un punto más. Mientras esos aviones americanos estén volando sobre Colombia, los famosos Sukhoi son tan peligrosos como los avioncitos de papel que tirábamos en el colegio en la clase de geografía. Los aviones de guerra tienen un radar con alcance limitado, básicamente vuelan a ciegas en misiones de largo rango. Necesitan de la ayuda de radares militares para identificar los aviones enemigos y Venezuela no tiene esos radares.

En el hipotético caso de que la Fuerza Aérea de Venezuela quisiera realizar una operación contra Colombia, los aviones serían derribados por un misil que ellos nunca sabrían de dónde salió. Aunque Colombia solo tiene 5 radares militares de corto alcance, los aviones E-3 americanos (los del radar enorme sobre el fuselaje) [4] pueden cubrir el territorio colombiano con gran facilidad. Ellos detectarían los Sukhoi con la anticipación necesaria para organizar una defensa apropiada.

De ser derribados los Sukhoi, nadie podría probar jamás si los mísiles usados venían de un K-Fir colombiano o de un F-22 americano (conocido como el avión invisible). Y Chávez lo sabe. Todos los millones que se gastó en esos aviones son inservibles para sus planes expansionistas mientras los aviones americanos estén en cielo colombiano. Así que para Chávez esos aviones representan el mayor impedimento para sus planes malévolos. Y va a hacer hasta lo imposible por sacarlos de Colombia y de Honduras.

Pero esta vez se equivocó de país. En Colombia las cosas son a otro precio.

P.D. Respuesta al vicecanciller para América Latina y el Caribe, Francisco Arias Cárdenas, cuándo se preguntaba “¿Cómo una pulga puede parar a un elefante?”, al referirse a que Colombia no podría controlar al ejército de Estados Unidos cuándo estos se encuentren en las bases colombianas.

Esta es mi respuesta para usted, señor Cárdenas: ¿Por qué necesitaría un elefante de la ayuda de una pulga, para pisar otra pulga mas pequeña?


http://www.neoliberalismo.com/miedo-Chavez.htm

Nueva historia… (VIII). La mitificación al revés de los nacionalismos hispanos.

Nueva historia… (VIII). La mitificación al revés de los nacionalismos hispanos.

27 de Julio de 2010 - 09:27:39 - Pío Moa

P.- ¿No es un componente necesario de los nacionalismos la mitificación de la historia?La mitificación, en un sentido no necesariamente negativo, es una necesidad psíquica humana , procede de la necesidad de encontrar un sentido a la vida detrás de la mera sucesión de hechos amorfos, aparentemente sin dirección. Un sentido ante todo moral. Los nacionalismos pueden llegar a mitificar la historia hasta inventarla casi totalmente, lo cual ya no tiene nada de positivo, se convierte en un engaño sistemático.


P. A menudo, cuando se ponen al descubierto las invenciones de los nacionalismos regionales, estos contraatacan diciendo que, bueno, pero el nacionalismo español es lo mismo.
R. En principio, el nacionalismo español no es lo mismo, pues parte de una nación real, histórica y con profundas raíces, mientras que los nacionalismos regionales consisten en la aspiración de algunas minorías a crear nuevas naciones, históricamente inexistentes. Diferencia capital, porque la necesidad de mitificar es mucho menor en el nacionalismo español: las mitificaciones de los otros nacionalismos rayan en lo grotesco.



P. ¿Es la única diferencia?

R. Hay otras muchas, claro. El nacionalismo español aparece con el liberalismo, con las Cortes de Cádiz, como intento de adaptar la composición política del país a las necesidades de un tiempo caracterizado por la crisis de las monarquías absolutas, por la soberanía popular, la revolución industrial, la unidad de mercado, etc. En cambio el carlismo es antinacionalista, rechaza la soberanía popular, quiere mantener la sociedad estamental, las antiguas aduanas interiores, diversidad de legislaciones y demás. Claro que su antinacionalismo no significa antiespañolismo. El carlismo era muy españolista, patriótico español. En el libro explico las circunstancias históricas, particularmente la invasión napoleónica, que volvieron sumamente difícil la acción de los liberales: así, los liberales parecían nacionalistas, pero antiespañoles, al revés que los carlistas, cuando en realidad los liberales entroncaban con la tradición española del Siglo de Oro, de monarquía autoritaria y pensamiento pre liberal, mientras que los carlistas lo hacían…¡con la tradición francesa del monarca absoluto!


P. Pero, ¿no comparte usted la tesis de que los nacionalismos regionales proceden del carlismo?

R. Solo hasta cierto punto: los carlistas eran o son españolistas, como dije, mientras que los nacionalistas regionales son ante todo antiespañoles. Pero sí, hubo una evolución: los regionalismos románticos se radicalizan a finales del siglo XIX como reacción al triunfo definitivo de los liberales después de la tercera guerra carlista y a la industrialización de Bilbao y Barcelona, con la afluencia de masas de trabajadores poco integrados socialmente, que rompían la tradicional estabilidad estamental y religiosa. Los nacionalismos regionales en Cataluña y Vizcaya nacen como reacción antiliberal, y toman pronto otro elemento de la época, el racismo. Contradictoriamente detestan las consecuencias de la industrialización, pero ven la industrialización misma y la riqueza que genera como una prueba de la superioridad “racial” de vizcaínos y catalanes. En el nacionalismo catalán hay una tendencia cada vez más laicista e izquierdista, que en el nacionalismo vasco apenas aparece. En Nueva historia de España he resumido ese proceso, que trato más ampliamente en Los personajes de la República vistos por ellos mismos y en Una historia chocante.

P. ¿Por qué “chocante”?

R. Por muchas razones. En primer lugar, por el concepto de raza aplicado a unas poblaciones básicamente homogéneas, de raza mediterránea todas ellas; en segundo lugar, porque la industrialización no nació en absoluto de una mentalidad separatista, sino españolista y muy dependiente de un proteccionismo de Madrid que pronto resultó perjudicial para el resto del país. O porque los dos nacionalismos intentaban una vuelta al pasado, pero no al pasado de la Reconquista, cuando llegó a haber cinco reinos cristianos en España, sino a la era prerromana. El mismo Prat de la Riba remontaba Cataluña a la época íbera, no digamos Sabino Arana. Pero, sobre todo, la mitificación histórica era negativa: pese a ponderar las virtudes raciales de vascos y catalanes, en definitiva veía a ambos como pueblos inferiores, pues no solo habían vivido siglos y siglos bajo la opresión “española” o “castellana” sin ofrecer resistencia adecuada, sino que, en el colmo de la abyección, se habían identificado con los opresores hasta considerarse a sí mismos españoles… Esta mitificación de fondo negativo se produjo también en el segundo nacionalismo español, el regeneracionista.


P. ¿También “chocante”?
R. El regeneracionismo, o segundo nacionalismo español, es la contrapartida españolista de los nacionalismos regionales. Según ellos, también España había tenido una historia lamentable, vergonzosa, “anormal”, desviada. Se trataba en todos los casos de una mintificación al revés, negativa. También los regeneracionistas veían un enemigo esencial en el liberalismo de la Restauración y pensaban en soluciones drásticas y rápidas, en el fondo mesiánicas. El mensaje de aquellos personajes consistía en presentarse como enderezadores radicales de la historia, dispuestos a salvar a los pueblos de sí mismos, en definitiva… Tenían ciertamente algo de orates, en mi opinión. Creían "enferma" la historia anterior, y muy posiblemente los enfermos fueran ellos. Desde luego, les debemos gran parte de las convulsiones del siglo XX español y de los problemas actuales. Siempre insisto en que un grave defecto de nuestros políticos es su ignorancia de la historia.


http://blogs.libertaddigital.com/presente-y-pasado/nueva-historia-viii-la-mitificacion-al-reves-de-los-nacionalismos-hispanos-6703/

viernes, julio 23, 2010

Agapito Maestre, Las proclividades de Zapatero

viernes 23 de julio de 2010
Aniversario

Las proclividades de Zapatero

Agapito Maestre

Ese mismo historiador levantará acta de las acciones reiteradas de Zapatero para hacer del Estado-nación, de España, una burocracia de 17 pequeños estados a las órdenes de una casta política sin otro oficio que vivir de los impuestos de los contribuyentes

Diez años cumple en el poder Zapatero. Por pura casualidad, dicen los pesimistas, hace diez años que fue elegido secretario general del PSOE. Tres de ellos fueron consumidos para llegar al Gobierno de España, aunque algunos consideran que no llegó por sus méritos sino también por casualidad, y los otros casi siete años restantes fueron utilizados para desgobernarla. Zapatero ha desgobernado España con el único objetivo de mantenerse en el poder. El desgobierno de Zapatero es, sin duda alguna, vital, coherente y está proyectado hacia el futuro, por decirlo en los términos del ideólogo José Blanco. Desgobierno fue no querer investigar el 11-M, ese nuevo golpe de Estado postmoderno; y, por supuesto, desgobierno fue negociar políticamente con ETA su manera de integrarla en un régimen socialista; y desgobierno fue aprobar un Estatuto de Cataluña contra el resto de la nación española.

En ese tiempo, que ahora celebran los socialistas, los fracasos de los españoles son más numerosos que los éxitos. Los fracasos del PP, desde luego, han sido sonados; no creo que Rajoy olvide fácilmente las veces que ha sido derrotado por Zapatero. Aunque sólo fuera por eso, estoy convencido de que un futuro historiador del socialismo español nunca dirá que Zapatero fue una anécdota en la historias del PSOE y de España. Nuestro futuro historiador recogerá el legado de los mejores cronistas de estos últimos años para sintetizar: la socialdemocracia en la época de Zapatero sólo fue una palabra para alimentar la vieja retórica de la etapa de González.

Para ese historiador del futuro la conclusión de estos diez años es obvia: la socialdemocracia desapareció y en su lugar volvió a reinstalarse el socialismo excluyente, o sea, cualquier acción es buena para el PSOE, excepto "pactar", consensuar y transigir con el otro "gran" partido de la nación para hacer posible una España de ciudadanos libres e iguales ante la ley. Con Zapatero, por lo tanto, España jamás será viable. Es un imposible. Zapatero excluye, jamás pacta sobre lo decisivo: la nación española.

Ese mismo historiador levantará acta de las acciones reiteradas de Zapatero para hacer del Estado-nación, de España, una burocracia de 17 pequeños estados a las órdenes de una casta política sin otro oficio que vivir de los impuestos de los contribuyentes. Zapatero ha pasado a la historia de este país por haber acelerado ese proceso de descomposición de España contenido en el Título VIII de la Constitución.

No es, reitero, una anécdota Zapatero en la historia reciente de España. Su persistencia por fracturar la unidad de la nación no es normal. La proclividad de Zapatero, es decir, su tendencia al mal será estudiada en las escuelas políticas sobre el futuro de la democracia. Pero, por si alguien todavía sigue pensando que Zapatero es sólo nota a pie de página de la historia reciente de España, le aconsejaría que repasase la bibliografía sobre el personaje. Entre esa abultada bibliografía, que va desde el canto melifluo del líder carismático hasta las críticas más aceradas al hombre que llegó al poder por puro azar, pasando por trabajos que tratan de contar de modo objetivo las fracturas en la sociedad española generadas por Zapatero, destacan más que los tonos críticos hacia el personaje, más que las críticas agrias hacia unas políticas que bordean siempre la normalidad política, los lados más oscuros y tenebrosos de un político nunca dispuesto a utilizar la principal regla de la democracia: la publicidad.

Yo, que tengo propensión a los libros sobre Zapatero –por cierto, propensión nada tiene que ver con proclividad–, reconozco que hay algo en el personaje que va más allá de lo normal. Después de haber leído casi veinte libros sobre su acción política, tengo que reconocer que este individuo ha hecho de la "democracia" algo morboso. Ese morbo, quizá enfermedad, ha sido transmitido a millones de personas. La proclividad de Zapatero, es decir, la tendencia al mal de este hombre ha hecho que Zapatero extienda un virus a la sociedad española: democracia es lo que dice la mayoría. Falso. Democracia es el respeto a la minoría; más aún, sin respetar el derecho de los individuos a enfrentarse al poder no hay democracia. Zapatero, sin embargo, ha hecho creer que sin él, y sin el acompañamiento del PSOE, es imposible la democracia. He ahí la principal maldad de Zapatero para el futuro de España.


http://www.libertaddigital.com/opinion/agapito-maestre/las-proclividades-de-zapatero-55659/

Antonio Robles, La trascendencia de una mentira

viernes 23 de julio de 2010

Manifestación

La trascendencia de una mentira

Antonio Robles

Desde hace treinta años, el catalanismo ha hecho del farol su método para tener a los distintos gobiernos de España psicológicamente sumisos.

En medio de esta bufonada de absentismo legal que ha protagonizado el nacionalismo parlamentario catalán desde la mani soberanista hasta la resolución parlamentaria contra la sentencia del Constitucional, quiero destacar una chiquillada que mueve a risa si no fuera porque aquí, en Cataluña, lo ridículo has de tomártelo muy en serio porque lo gestionan quienes reparten el presupuesto y escriben la historia. Me refiero al número de participantes reunidos bajo el lema: "Som una nació: Nosaltres decidim", el sábado 10 de julio de 2010 para contarnos el chiste ese de "¡suto o... muete!".

1.500.000 según Òmnium Cultural, 1.100.000, según la guardia urbana y 74.400 según Lynce, empresa especializada en determinar el número de manifestantes de forma empírica, contratada por EFE. Recomiendo ver el enlace de Lynce, y todos los datos y criterios escritos y gráficos que ofrece.

No hay nada más urgente que certificar científicamente el número exacto de los manifestantes del sábado 10 de julio. La dimensión de esa mentira es el reflejo de la naturaleza tramposa del resto de disparates nacionalistas. En su falsedad se sustenta hoy la deriva secesionista utilizada por los catalanistas como justificación de su fuerza para chantajear, con un poder y unanimidad que no tienen, la desafección de Cataluña de España.

Es una cuestión de seguridad de Estado. Que salga a concurso público el proyecto de recuento de manifestantes para que la empresa con mejor método y medios sea becada con el presupuesto necesario para determinar por encima de la opinión, el interés o la manipulación, la verdad en el número de asistentes. Sea la manifestación que sea y beneficie a quien beneficie. Y si no es bastante con una, que haya tres. Contra más contraste, mejor. Pero que ninguna dependa de los propios interesados ni de sus adversarios. Es el mejor dinero que puede gastar el Estado en los días desorientados que corren. No es la anécdota de la exageración, sino su incidencia en la categoría reflejada en la insumisión al Constitucional.

Desde hace treinta años, el catalanismo ha hecho del farol su método para tener a los distintos gobiernos de España psicológicamente sumisos. El peligro ahora, es que el farol está confundiendo también a amplias capas de la sociedad catalana, y lo peor, la falta de rigor del Gobierno de España está transmitiendo a esas capas sociales que todo es posible, incluso incumplir la ley. Hay que ser muy torpe para no ver la flacidez cívica de una sociedad que disfruta de los instintos que la insumisión institucional y mediática les produce pero es incapaz de prever las consecuencias conflictivas que pueden tener en el futuro.

El temor del Gobierno de España y del Congreso de los Diputados no ha de ser si Cataluña ha de ser más o menos soberanista como el catalanismo quiere hacer ver, sino de preocuparse de si unos catalanes van a seguir monopolizando el poder para excluir a todos los que no piensen como ellos. Hablando claro, ha de preocuparse de cómo desenmascarar y desactivar este franquismo estatutario y devolver a Cataluña a la realidad constitucional. No nos dejemos aturdir. El camino no es la conllevancia con la libertad soberanista de Cataluña, sino poner freno a la exclusión de los derechos laborales, culturales, nacionales, lingüísticos, etc. que unos catalanes imponen a otros.

Para estos otros, nuestra Cataluña es la España constitucional, es la Cataluña plural donde los soberanistas tengan los mismos derechos que los que no lo son. Y para eso está la democracia y la ley, sin exabruptos ni malas formas, sin bandos, sin dos Cataluñas como pretendió vender el pasado sábado el programa La Noria de Telecinco. Forzó un guión de dos Cataluñas, la soberanista y la roja enfrentadas en dos manifestaciones multitudinarias. No hubo tal enfrentamiento ni una fue la respuesta mecánica a la otra. Los incidentes de la manifestación soberanista del sábado 10 de julio se circunscribieron al ritual acostumbrado: una bandera española quemada por un grupo reducido y los abucheos a Montilla. Ni uno ni otro incidente tuvieron nada que ver con la jornada de fiesta espontánea de miles de seguidores de la Roja reunidos bajo pantallas gigantes y bares en toda Cataluña. Recorrí todo el centro de Barcelona, el domingo 11 de julio desde las 18:30 hasta las cuatro de la madrugada. Siempre a pie. Desde la Plaza España donde dos pantallas gigantes concentraron a miles de ciudadanos y banderas constitucionales hasta las Ramblas, seducido por la alegría desbordada. Vi los coches, las motos saliendo de no se sabe dónde, miles de transeúntes abrazándose por la calle sin conocerse; vivieron, vivimos, una noche mágica donde las camisetas del Barça se fundían con banderas españolas y nadie recelaba de nadie.

Sólo vi, en aquel mar inmenso de banderas constitucionales, una sola con el aguilucho. Una. Fue la que Telecinco sacó repetidamente empeñada en montar un guión donde los bandos enfrentados lucen su peor agresividad. No fue así, no hubo ni contacto, ni agresiones, ni encuentros entre una manifestación organizada institucionalmente el sábado, y una espontánea surgida de la fiebre africana de la Roja, el domingo.

Los incidentes a altas horas de la madrugada en Plaza España fueron los típicos de cuatro mangantes pasados de cervezas y unas órdenes de carga dadas a los mozos de escuadra que no dan ni contra ocupas agresivos ni contra independentistas agresores. El día anterior esos mismos mozos fueron agredidos literalmente por un grupo de independentistas que quemaban una bandera española y nadie cargó contra ellos, como nadie cargó contra quienes osaron insultar e intentaron agredir nada menos que al presidente de la Generalitat. En esta Cataluña vivimos.

http://www.libertaddigital.com/opinion/antonio-robles/la-trascendencia-de-una-mentira-55655/

Jorge Vilches, Franquistas y catalanistas

viernes 23 de julio de 2010

Construcción nacional

Franquistas y catalanistas

Jorge Vilches

Esa construcción desde arriba de un tipo de nacionalismo acerca tanto a franquismo y catalanismo que podrían compartir sin reparo alguno la consigna falangista de "una unidad de destino en lo universal".

El aumento paulatino de las competencias desde 1977 por parte de la élite política catalana no ha satisfecho sus expectativas, ni disminuido las reivindicaciones independentistas. Todo lo contrario. La regla matemática parece sencilla: a mayor autonomía, mayor ansia soberanista. Podría pensarse que antes, es decir, durante el franquismo, la represión de las manifestaciones de la identidad catalana impedía que se percibiera dicho deseo, pero sería engañarnos. Este nacionalismo construido desde arriba tiene otra naturaleza. Al igual que el franquismo quiso difundir una visión nacionalista española restringida a unas características estrechas y sectarias, que manipulaban la Historia para lograr un anclaje al régimen, una justificación, la élite política que asumió el poder en la Cataluña autonómica ha hecho lo mismo con un éxito parecido.

Es de gran utilidad, en consecuencia, exponer algunas analogías entre la construcción política de un tipo de nacionalismo español durante la época de Franco, y la que han llevado a cabo los políticos catalanistas desde 1977 para la elaboración del nacionalismo catalán.

Para empezar, la simbiosis entre el poder nacionalista y los medios de comunicación catalanes, sometidos a la Generalitat voluntaria pero no gratuitamente, ha sido cada vez más estrecha. Este empeño culminó con el editorial conjunto de doce periódicos catalanes, que conjugaba perfectamente con el dictado de su clase política. Se puede alegar que los doce no son iguales, pero las diferencias informativas o de opinión entre dichos medios son similares a las que atesoraban los diarios pertenecientes al Movimiento Nacional franquista; esto es, distintas sensibilidades para las distintas familias del régimen.

Si todo nacionalista eficaz sabe que es preciso el control de los medios de comunicación, no es menos importante el de la enseñanza. La transmisión de los valores y símbolos de la identidad catalana, y el deseo de uniformizar la pluralidad social, son principios transversales que surcan la educación, incluida la universitaria. Porque las instituciones educativas, al igual que en otras instancias de la sociedad civil, han sido tomadas por gente comprometida con la causa nacionalista que cree que tienen que cumplir una "función social" antes que profesional. Desde la Ilustración, la educación se ha considerado un instrumento de cambio y concienciación puesto al servicio del poder. La similitud entre el propósito franquista de antaño y el catalanista de hoy es claro.

Otro parecido razonable, y sospechoso, son las manifestaciones de los líderes políticos de que sólo existe un pueblo y, por tanto, una voluntad nacional. En consecuencia, es lógico que no existan diferencias significativas entre los partidos que representan la sociedad, y el que las tenga se convierte simplemente en un traidor o en un agente extranjero. El franquismo quiso desmarcarse de los regímenes del fascismo y del nazismo en 1944 diciendo que era un "régimen típica y naturalmente español", con lo que exigía respeto internacional a la pluralidad de planteamientos políticos; una petición de respeto que negaba para las opiniones dentro de nuestras fronteras. El catalanismo exige la pluralidad para España, al tiempo que la entorpece en Cataluña.

Es fácil que el ciudadano de otros lugares caiga en generalizaciones, pero es preciso recordar que la victoria del nacionalista estará en que se confunda catalanistas con catalanes, cuando son dos realidades distintas. Del mismo modo que durante el régimen anterior se quiso confundir franquista con español.

La utilización de consignas y símbolos nacionales, así como el abuso enfermizo de las banderas, es tan obvio que no merece más explicación. Sólo cabe reseñar la descarada tergiversación histórica basada en la existencia inmemorial de su nación, con las mismas características biológicas y psicológicas hace mil años que hoy, y que esa élite política dice representar y honrar. La mitificación de personajes y acontecimientos, sin ningún rigor histórico, fue obligada para el franquismo tanto como para el catalanismo, ya que permite ejemplificar las supuestas virtudes nacionales, mostrar el victimismo y la opresión extranjera, o una supuesta "Edad de Oro" que la élite política dice que quiere recuperar.

En definitiva, esa construcción desde arriba de un tipo de nacionalismo acerca tanto a franquismo y catalanismo que podrían compartir sin reparo alguno la consigna falangista de "una unidad de destino en lo universal".

http://www.libertaddigital.com/opinion/jorge-vilches/franquistas-y-catalanistas-55658/

Guillermo Dupuy, ¿Que naciones componen España?

viernes 23 de julio de 2010
Nacionalismo
¿Qué naciones componen España?
Guillermo Dupuy
Todos los que secundan semejante disparate contra nuestra historia y nuestra Constitución podrían tener, al menos, la gentileza de decirnos el número y el nombre de esas "naciones diversas" que abarca ese Estado -que no nación- denominado España

No sé quien se inventó eso de España como "nación de naciones": ya fuera Anselmo Carretero, José María Jover, o quien fuese, el hecho es que esa expresión, históricamente falsa y lógicamente contradictoria, con la que muchos han querido congraciarse con los nacionalistas, ni siquiera ha servido para contentarles. Recuerdo unas declaraciones de Jordi Pujol, allá por los años noventa, en las que, tras afirmar que "Cataluña es una nación", negó esa condición a España con el demoledor argumento de que "el todo nunca puede ser igual a la parte".

El "problema" está, naturalmente, en que Cataluña jamás ha sido una nación y que aceptar como correcto semejante delirio político e identitario generaría muchísimos más problemas que los que soluciona, tanto para los ciudadanos catalanes como para el resto de los españoles.

Ya que Artur Mas opina lo contrario sobre la base de esa falsedad de origen de que "España es un Estado que incluye diversas naciones", tanto él como todos los que secundan semejante disparate contra nuestra historia y nuestra Constitución podrían tener, al menos, la gentileza de informarnos del número y del nombre de esas "naciones diversas" que abarca ese Estado denominado España. Sabemos que, según ellos, Cataluña es una de ellas; que el País Vasco y Galicia son otras dos. Ya llevamos tres. Mi pregunta es ¿el número y el nombre de las otras naciones que abarca ese Estado –que no nación– llamado España, coinciden con las que ahora reconocemos como comunidades autónomas? Dicho de otro modo, para Artur Mas, ¿Murcia es una de esas "naciones diversas" que hay en España? Y si no lo es, ¿a qué nación de España pertenece? ¿Y Alicante? La Comunidad Valenciana, históricamente conocida como Reino de Valencia, ¿es también una de esas naciones diversas que componen España? ¿O forma parte, a su vez, de la nación catalana?

El problema de considerar a Cataluña o a cualquier otra región española una nación es que se trata de un invento inacabado. El absurdo quedaría aun más de manifiesto si cada vez que oímos decir que "España es un Estado que incluye diversas naciones", dijéramos: ¿Ah, sí? ¿Cuáles?

No sé. A lo mejor Artur Más y compañía consideran que España es, a la vez dos cosas diferentes: Por una parte, el Estado que incluye "naciones diversas", pero también, y al mismo tiempo, una de esas naciones que, junto a Cataluña, País Vasco y Galicia, conforman dicho Estado plurinacional. Vayan ustedes a saber. Lo que parece evidente es que esto último de ser España a la vez conjunto y subconjunto tampoco sería compatible con la lógica, aun sobre premisas falsas, de la que hizo gala Pujol.

El hecho es que estas son cuestiones en las que los nacionalistas, y los que estérilmente los intentan contentar, no terminan de entrar. Concesiones como la de que España es una "nación de naciones", o incluso esa que, contra la historia y contra el lenguaje, se hizo en la Constitución al dividir España en regiones y "nacionalidades", han creado más problemas que los que han solucionado.

Puestos a delirar con que Cataluña es una nación –concesión que el Tribunal Constitucional también ha hecho en parte con la bochornosa excusa de que "no es jurídicamente vinculante"–, que lo hagan al menos sin incurrir en groseras contradicciones. Imaginación y capacidad de inventiva no les ha de faltar.

http://www.libertaddigital.com/opinion/guillermo-dupuy/que-naciones-componen-espana-55663/

Ignacio Sanchez Cuenca, ¿Quien teme a la nacion?

TRIBUNA: IGNACION SÁNCHEZ-CUENCA

¿Quién teme a la nación?

IGNACION SÁNCHEZ-CUENCA

23/07/2010

La reacción del Tribunal Constitucional (TC) ante el posible carácter nacional de Cataluña no revela sino la inseguridad en sí misma que tiene la nación española, que no ha alcanzado nunca la fuerza suficiente para asimilar completamente a aquellos territorios que han conservado una lengua propia y en los que ha habido demandas de autogobierno desde hace mucho tiempo. Solo por debilidad, o por inseguridad, se entiende el tono categórico con el que despacha el asunto el TC

El mamotreto del TC expresa los complejos de la nación española y sus problemas para asumir su diversidad

No pasaría nada si se admitiera que la nación española engloba a otras
Se trata, me parece, de la misma inseguridad que manifiesta el Gobierno español cuando no reconoce al nuevo Estado de Kosovo, en la línea que ha apuntado José Ignacio Torreblanca en varias ocasiones en este periódico. Nuestro Gobierno no se ha dado por enterado de la declaración de independencia de Kosovo, alineándose así con socios tan admirables como Rusia, China y Serbia. Este Gobierno no presta atención a las circunstancias en las que se produjo la secesión: tras una guerra con Serbia y con un apoyo masivo de los propios kosovares. También le ha dado igual que Kosovo haya sido reconocido por Estados Unidos y los principales países de la UE. Puesto que la secesión parecía jurídicamente imposible, Kosovo no existe.

La actitud del PP de Aznar ante el plan Ibarretxe no fue muy distinta: el Gobierno se negó a discutir el plan en el Parlamento y llegó a promover una modificación del Código Penal para castigar con hasta cinco años de cárcel a los convocantes de un referéndum ilegal. Tras la victoria del PSOE, aquella modificación, menos mal, no prosperó; y se le dio la oportunidad a Ibarretxe de defender su plan en el Parlamento, sin que crujieran por ello las junturas del Estado.

Son tres casos de reacción exagerada y contraproducente, fruto de un miedo un tanto irracional a que se ponga sobre la mesa la cuestión de la unidad de España. En la sentencia-mamotreto sobre el Estatuto catalán (más de 800 páginas, un fárrago genuinamente español), se utiliza un lenguaje campanudo y anacrónico para desestimar cualquier posibilidad de que se entienda que Cataluña es una nación en el seno de España.

Recuérdese que todo lo que decía el preámbulo del Estatuto es que "el Parlamento de Cataluña, recogiendo el sentimiento y la voluntad de la ciudadanía de Cataluña, ha definido de forma ampliamente mayoritaria a Cataluña como nación". Para no herir susceptibilidades, a continuación se aclaraba que en nuestro ordenamiento constitucional, Cataluña aparece como una "nacionalidad".

Pues bien, ante una afirmación descriptiva tan escasamente controvertible, que no figura ni siquiera en el articulado, el TC ha sacado la artillería pesada. La doctrina se despliega a través del siguiente razonamiento. La unidad

de la patria es indisoluble. Esa unidad se funda en el titular de la soberanía nacional, el pueblo español que configura la Nación. De ahí que la Nación española se escriba con mayúscula, mientras que la nación catalana se hace con minúscula: únicamente la primera es soberana. Por tanto, la ciudadanía catalana es solo una especie del género "ciudadanía española", al que no puede (agárrense) "ontológicamente contradecir". En conclusión, "la Constitución no conoce otra que la Nación española".

¿Qué es Cataluña entonces? Formalmente, una "nacionalidad", concepto volador no identificado que solo "conoce" nuestra Constitución, pues ni fuera de la Constitución ni fuera de España se utiliza término tan extraño para designar a la cosa territorial. Con ello queda a salvo la soberanía del pueblo español.

El TC, en un ejercicio de magnanimidad, reconoce, no obstante, que "nación" es un término "extraordinariamente proteico". Y admite asimismo que si los catalanes se quieren sentir nación, pueden hacerlo como "expresión de una idea perfectamente legítima" en un orden democrático. Pero los catalanes se equivocan si quieren hacérselo saber a la Constitución. La Constitución no quiere oír hablar del asunto. A la Constitución le resbala lo que piensen de sí mismos los catalanes, pues la Constitución solo se interesa por las naciones (atención) "jurídico-constitucionales" y la catalana no tiene esa categoría.

Esta separación entre los dos tipos de naciones es, sin embargo, un tanto artificial. Aunque el TC afirme enfáticamente que solo entiende de naciones "jurídico-constitucionales" (las que se escriben con mayúscula, como la española), en la práctica no puede dejar de admitir la existencia de una nación con minúscula. Así, cuando en el artículo 2 de nuestra Constitución se dice que esta se fundamenta en la nación española, dicha nación no es solamente el ente jurídico-constitucional que crea la Constitución, pues en tal caso no podría ser fundamento de la propia Constitución, sino que es una nación realmente existente, una nación determinada por parámetros históricos, políticos y culturales además de jurídicos.

No se entiende que el TC establezca una separación tan tajante y tan artificial entre la realidad social y la esfera jurídica, pretendiendo la total autonomía de esta con respecto a aquella. Es obvio que no pasaría nada si se acabara admitiendo que la nación española con minúscula engloba a otras naciones con minúscula como la vasca o la catalana, por lo que España es un país plurinacional, un país que debería organizarse políticamente de acuerdo con esa constatación.

Tampoco se entiende que el TC se refugie en una abstracción metafísica como la de la soberanía indivisible de la nación. Resulta extraño que el TC no admita que la soberanía puede ser parcial y compartida. ¿De verdad cabe seguir manteniendo la ficción de la soberanía nacional cuando España pertenece a la Unión Europea? ¿Por qué el TC no ha objetado nunca que la Nación española comparta su soberanía con otras Naciones de los Estados de la UE y en cambio reacciona de forma virulenta cuando se plantea una soberanía compartida dentro de España?

A estas alturas, solo desde una concepción dogmática e idealista del derecho puede defenderse el carácter monolítico y unitario de la Nación. Detrás de ese dogmatismo late un temor profundo a que el reconocimiento nacional de Cataluña pueda suscitar dudas sobre la unidad de España. Sin embargo, el hecho de que la ciudadanía de un territorio constituya una nación no implica que dicha nación se pueda transformar en un Estado propio. En el mundo hay muchas naciones sin Estado y muchos Estados plurinacionales. Y si algún día, por las razones que sean, una mayoría abrumadora de vascos y catalanes quisieran separarse de España, de poco serviría para evitar la secesión alegar que la Constitución no les reconoce soberanía.

Si en lugar de mantenerse en el plano del derecho-ficción, el TC hubiese avanzado hacia una interpretación de España como país plurinacional, en la línea que apuntaba el Estatuto en su preámbulo, se habría dado un paso importante para reconciliar la estructura jurídica del Estado con la realidad española.

Mientras no se reconozca hasta sus últimas consecuencias la pluralidad nacional de España y no se instituyan procedimientos razonables para canalizar las demandas nacionalistas, incluyendo la posible demanda de secesión, la cuestión territorial seguirá pendiendo sobre nosotros. Si no se avanza en esta dirección es porque la nación española sigue siendo una nación llena de inseguridades que no se atreve a asumir la diversidad nacional que, para bien o para mal, tiene en su seno.


Ignacio Sánchez-Cuenca, profesor de Sociología en la Universidad Complutense, es autor de Más democracia, menos liberalismo (Katz).

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Quien/teme/nacion/elpepiopi/20100723elpepiopi_4/Tes/