sábado, febrero 02, 2008

Miguel Angel Loma, Diez años y un dia

sabado 2 de febrero de 2008
Diez años y un día

Miguel Ángel Loma

E L impacto que en nuestra sociedad suscita cualquier acto criminal, por muy tremendo que sea, se agota en brevísimo plazo: lo que es portada en las noticias de hoy, mañana pasa al olvido ante el protagonismo que adquiere otra salvajada nueva de similar o peor naturaleza. Pero esto no ocurre así para todos...

En el corazón de los familiares y amigos de las víctimas, el recuerdo se mantiene vigente aunque el transcurso del tiempo vaya mitigando un dolor que, de otro modo, haría imposible la vida diaria. Y en el caso concreto de las víctimas de actos terroristas existen circunstancias adicionales que mantienen especialmente vivo ese recuerdo y hacen que la herida siempre esté amenazando con abrirse. Porque, a diferencia de lo que sucede con el resto de horrores, los causantes del dolor y sus voceros continúan ahí, respaldados por individuos y partidos que, para mayor burla, invocan continuamente los derechos humanos de los autores de los crímenes. Cada nuevo atentado, cada asesinato, cada herido, cada mueca amenazante de un terrorista, cada palabra de sus «defensores», cada rueda de prensa, cada grito y cada eco, son capaces de levantar en un momento de debilidad el recuerdo del drama como si hubiese sucedido ayer mismo.

Se han cumplido diez años de aquel treinta de enero en que Ascen y Alberto fueron cobardemente asesinados en la noche de una calle de Sevilla. Para muchos la fecha habrá sido una triste efeméride del recuerdo de dos víctimas más del terrorismo, ahora ya casi perdidos en el tiempo; mientras que, para sus familiares y amigos, aquel treinta de enero se nos ha vuelto a hacer presente, con un sentimiento más sosegado.

Pero lo que sí debería constituir para todos este décimo aniversario es una ocasión para reflexionar que cualquier cesión ante los criminales significa alimentar a la bestia. Que las muertes de Ascen, Alberto y de todos los demás no fueron el resultado de trágicos accidentes y aciagas circunstancias, sino el meditado y voluntario fruto de unos hijos de Caín que siguen movidos por un odio del que se siguen enorgulleciendo. No se trata de que nos contaminemos de su odio, sino de que sigamos recordando que ceder ante el chantaje de los criminales significaría que todas esas muertes no sólo no habrían servido de nada, sino que haría a los asesinos más fuertes y a nosotros unos cobardes indignos de mantener viva la memoria de las víctimas.
http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4413

Juan Urrutia, Campaña electoral (O como volé de Londres a Paris:::

sabado 2 de febrero de 2008
Campaña electoral (O cómo volé de Londres a París en veinticinco horas y once minutos)

Juan Urrutia

T OCA artículo electoral, así que no esperen mucho de estas líneas, y se nos presenta complicado el asunto. ¿Zapatero, Rajoy, Llamazares...? No, creo que llamaré Bribón a mi perro. Cuestiones caninas aparte, intentaré hacer un análisis lo más somero posible de nuestra política para no indigestar a nadie.

Comencemos con el Partido Socialista. Zapatero dedicó el tiempo estipulado para llevar a cabo su programa electoral a escuchar el Canon de Pachelbel en compañía de unos señores muy poco recomendables, así que ahora, siendo consecuente con su proceder habitual, nos agasaja con promesas económicamente insostenibles y nos colma de elogios diciendo que somos un electorado inteligente, democráticamente maduro y que no piensa comprar nuestros votos con promesas de última hora del estilo de: cuatrocientos euros menos a todo el que pague el IRPF o sepa andar en monociclo.

Por otra parte, nos encontramos al Partido Popular. Desde el susodicho se reprende al PSOE por varios motivos, entre ellos la injusticia que supone el hecho de que los más acaudalados se beneficien de los cuatrocientos machacantes antes nombrados de igual forma que los que no tenemos ni un chavo. Le veo un poco rojillo, señor Rajoy. En todo caso se opone, como es su obligación, a los designios de los que mandan ahora, aunque no se sepa muy bien quiénes son. Hasta aquí he sido demasiado benévolo con los populares; como ciudadano español tengo derecho a ponerles pingando con o sin razón. No haré uso de ese derecho porque para eso ya están sus asesores, que se encargan de darles una imagen excesivamente distante del pueblo llano o montañoso.

Giremos a la izquierda para encontrarnos con IU. La dinámica de este partido, eterno opositor de todos los Gobiernos por causas de fuerza mayor, es absolutamente querulante o, como dicen los pedantes, quejumbrosa. Llamazares se queja. Si suben los impuestos, se queja, si los bajan, protesta. En caso de pacto con el nacionalismo, protesta, si no hay pacto, se queja. Así es: las declaraciones emanadas desde este partido siempre vienen a decir lo mismo: “esto está mal porque yo no puedo meter la zarpa.” Y es que pocos les tienen ya en cuenta, de hecho no pensaba hablar de ellos pero el artículo me hubiera quedado demasiado corto.

No podría continuar sin hacer referencia a los “abertzales.” Que tienen de abertzales (patriotas) lo que Zumalacarregui tuvo de sensato. Ahora, en plena precampaña comienzan los trámites para la ilegalización de ANV y el PCTV, que bienvenida sea por mucho que el momento haya sido convenientemente escogido. No obstante, su campaña electoral se hubiera basado en acusar de cosas feas a los demás cuando les recordasen sus propias cochinadas. Les pongo un ejemplo ficticio pero muchas veces repetido:

PERIODISTA CON DOS CÓRCHOLIS:

¿No es cierto que ustedes apoyan a los hijos de perra —mis disculpas a todos los que tengan perra— que matan por la espalda a diestro y siniestro mientras se llenan los bolsillos a costa de propagar el terror?

RESPUESTA ABERTZALE:

No es momento de rencores, porque de esa forma nunca se solucionará el conflicto. Además hay que contar con que la izquierda abertzale es perseguida, torturada, encarcelada, escupida, privada del té de las cinco en las cárceles y... (Media hora más de lo mismo)...por sus ideas políticas.


No crean que me olvido de partidos de nueva creación como UPyD. Nuestra democracia sería más sana –o al menos más divertida- si existiera la posibilidad de que nos gobernasen otros distintos a los de siempre que, por otra parte, se hacen los trajes en el mismo sastre. Sin embargo a los novedosos grupos les sobra un poco de esto y les falta algo de aquello así que, por el momento, no parecen terminar de despegar. No puedo criticar, ni critico, porque aún no han tenido tiempo de pifiarla, todo se andará.

Hasta aquí un escueto resumen de las pamplinas que se me han ocurrido viendo el telediario de las tres. Si este artículo se hubiera gestado durante las horas previas a la comida probablemente se verían ustedes más satisfechos pues las reflexiones más profundas se me ocurren siempre pelando patatas, qué se le va a hacer, otro día será.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4421

Jose Melendez, La adulteracion de la Democracia

sabado 2 de febrero de 2008
La adulteración de la Democracia

José Meléndez

A José Luis Rodríguez Zapatero, en su palabrería engolada y las mas de las veces hueca, se le llena la boca con las palabras democracia, decencia y sociedad justa, pero con demasiada frecuencia sus hechos como gobernante no se corresponden con lo que predica. El último ejemplo de esto lo tenemos en su insólita y sorpresiva oferta de pagar a cada contribuyente en el mes de junio la suma de 400 euros, por una sola vez, si gana las elecciones del próximo mes de marzo.

En los convulsos tiempos de la última parte del siglo XIX, cuando un Parlamento fraccionado hasta lo inverosímil brindaba una inestabilidad tan acusada que se tenían que convocar elecciones generales con harta frecuencia, los caciques políticos compraban los votos con toda clase de ofertas que después no cumplían. Romero Robledo pagaba un duro o un pollo, a elegir, por cada voto. Y así le fue a España, sumida en una interminable crisis de la que tardó muchos años en salir, perdidos los últimos restos de su poderío colonial y viendo pasar desde el apeadero el tren del progreso en el que viajaban las demás naciones. Ahora, mal debe ver Zapatero el panorama electoral, a pesar de las encuestas que dice poseer el PSOE, para recurrir a tales artimañas, reñidas con los mas elementales principios de la democracia.

La compra de votos es una acción deleznable y esta vez se ha perpetrado a cara descubierta, para tratar de contrarrestar el impacto de la reforma fiscal anunciada por el Partido Popular, una reforma pensada y sostenible, que dará sus frutos a medio plazo y que es mucho mas atractiva por su carácter consolidado que el regalo aislado y circunstancial de una suma de dinero. Zapatero y sus acólitos han justificado la dádiva en que las arcas públicas tienen superávit y es justo compartirlo en una sociedad igualitaria. El razonamiento no se tiene en `pié, porque si es esa la intención debía hacerlo ahora, cuando esa sociedad que quiere igualitaria se arrastra por la cuesta de enero bajo el peso de una inflación que llega ya al 4.3 por ciento, unas hipotecas cada vez mas caras y un desempleo cuyas cifras suben de forma inexorable. Y si se trata de repartir la riqueza, el regalo es roñoso y torticero porque, según nos dice el ministro de Economía, Pedro Solbes, el superávit español está dos puntos por encima de la media europea. Peor es la justificación de la vicepresidenta Fernández de la Vega, según la cual, no se puede hacer ahora porque se tardarían unos tres meses en adecuar los ordenadores de Hacienda. Por lo visto, vamos también retrasados en técnicas informáticas.

Los césares romanos afirmaban que Roma no pagaba traidores, en un encomiable alarde de dignidad política. Ahora, por lo visto, no solamente se pagan traidores –ahí tenemos multitud de ejemplos de trasfuguismo- sino que se compran voluntades con limosnas. El español de la calle, que trabaja para sacar adelante a su familia no quiere limosnas, sino medidas fiscales que le ayuden en su cotidiano esfuerzo. Ha dicho Zapatero ante la acusación de compra de votos que pensar que los españoles pueden vender el suyo es un insulto a los ciudadanos, pero el insulto está precisamente en la propuesta. Eso está tipificado en el Código Penal como intento de soborno. La macroeconomía española irá muy bien, según Zapatero y Solbes, y ahí están para avalarlo las cuentas de resultados de los bancos y las grandes empresas que, año tras año, anuncian beneficios de muchos miles de millones de euros, pero la microeconomía de las familias modestas, que son la inmensa mayoría de la población se debate en las incertidumbres de cada mes. Además, la limosna de Zapatero tiene trampa, porque esos 400 euros se descontarían de las retenciones del impuesto sobre la renta a razón de 33.33 euros mensuales hasta llegar a los 400. Es el mismo sistema que regiría en la oferta de Mariano Rajoy de descontar 1.000 euros a las mujeres trabajadoras para ayudarlas en sus gastos familiares como la guardería de los hijos, pero con la salvedad de que este sistema en uno y otro caso no se aplicaría a los contribuyentes cuyos pagos a Hacienda sean inferiores a esas cantidades, ni a los trabajadores autónomos, más de tres millones, que no tienen retenciones, aparte de que la oferta de Rajoy tiene carácter permanente y la de Zapatero no.

El clamor que se ha levantado en contra de la medida anunciada por Zapatero ha sido unánime y sonoro..El catalán Durán i Lleida la ha calificado de “inmoral” y hasta Gaspar Llamazares, persistente palmero del gobierno en sui pertinaz sueño de una España de izquierdas, ha afirmado que “es de derechas” y ha empleado el símil de un fanfarrón que entra en un bar, invita a todos a una copa, pero después él no paga nada. Y las invitaciones de Zapatero no se circunscriben a este regalo, sino que ya ha hecho otros con los mismos fines proselitistas como el “cheque bebé” o la suma de dinero a los jóvenes para ayudarles al alquiler de un piso

Quien adultera así los principios democráticos no está capacitado para gobernar. Porque esa adulteración no se limita a la compra de voluntades con fines electorales, sino que existen otros muchos hechos igual de graves o mas. La semana pasada se ha dado el caso bochornoso de una manifestación de cincuenta mil personas, con el gobierno autonómico vasco a la cabeza para protestar por una sentencia del Tribunal Supremo que condena al ex presidente del parlamento de Vitoria por desacato. Cuando un lendakari y su corte se echan a la calle en una protesta de esta índole y no hay ningún tipo de respuesta por parte del gobierno de España, para no enfadar a los nacionalistas que le ayudan a sostenerse en el Parlamento, es que la sociedad democrática que dicho gobierno tiene la obligación de representar está enferma, porque no puede dudarse de la integridad y rectitud de la máxima autoridad de nuestro ordenamiento jurídico en la aplicación de las leyes vigentes, ya que entonces estaríamos desamparados ante cualquier tipo de desafueros. Pero las cosas están así y Zapatero, que ha mentido en algo tan fundamental como es la lucha antiterrorista –la mentira, y sobre todo en un tema de Estado, está totalmente prohibida al jefe de un gobierno democrático-; se ha pasado los cuatro años de mandato desdiciéndose de sus decisiones según soplaban los vientos, y se ha apoyado en las minorías marginadas para tratar de convertirlas en un granero de votos, tiene todavía la pretensión de ganar las próximas elecciones sin variar un ápice su forma de gobernar. La cuestión es ganar como sea. Veremos si lo consigue.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4412

Ismael Medina, España busa un pozo al que tirarse

sabado 2 de febrero de 2008
Italia busca una salida al despelote partitocrático y España un pozo al que tirarse

Ismael Medina

S E ha escrito que Rodríguez ha perdido con la caída de Prodi el único apoyo que tenía en la Unión Europea. Prodi era, sin embargo, un aliado de circunstancias. Se comprobó no hace mucho cuando Rodríguez, tras una lectura interesada del informe del comisario europeo Aluminia sobre el PIB de los países de la Unión, proclamó que, gracias a su política económica, habíamos sobrepasado a Italia. La reacción de Prodi fue inmediata. Le demostró a Rodríguez con una riada de datos que la renta per capita de los italianos seguía siendo superior a la que tenemos los españoles. Lo cierto es que las economías española e italiana van de cráneo y la tormenta financiera mundial nos ha pillado en pelota picada a los dos países. Imprevisión y demagogia se pagan caras cuando la tormenta estalla.

En relación con la caída de Prodi me llega por correo electrónico esta pregunta: “¿Tendrá algo que ver en la "defenestración política" del italiano Prof. Romano Prodi, su postura en la Opa sobre Endesa, en favor de Enel y oponiéndose a la "todopoderosa" alemana E.ON? “. Es cierto que el gobierno alemán de coalición presidido por Angela Merkel está cabreado por lo de Endesa, tanto con Rodríguez como con Prodi. Pero estoy persuadido de que no guarda relación con la crisis política italiana. La caída del gobierno Prodi es la consecuencia lógica del esquema partitocrático italiano. Y una de tantas que espamódicamente sacuden a esta nación desde hace largos años. Intentaré explicarlo.

HAY QUE ENTENDER A ITALIA DESDE SUS ADENTROS

PARA entender lo que sucede en un país ajeno al nuestro es indispensable ahondar en el conocimiento de su historia y su cultura sin anteojeras ideológicas. Y con abstracción de lo que uno lleva consigo de lo propio. Al contrario del dogmatismo y el personalismo en que solemos caer los españoles, lo he escrito en más de una ocasión, los italianos son escépticos y maestros en el arte de la escenificación. En el curso de las dos guerra mundiales se las ingeniaron para convertirse de perdedores en ganadores y sentarse como aliados en la mesa de los vencedores. Un prodigio de malabarismo en el que no tienen competencia. Me costó entenderlo un gran esfuerzo durante mi primer año de corresponsalía en Roma (1966-1970). Pero luego penetré en su laberinto, no sin valiosas ayudas indígenas que me desbrozaron el camino.

Aunque ya en mis años romanos fueran frecuentes las crisis de gobierno y el recurso a elecciones anticipadas, existía un equilibrio partitocrático asentado sobre una poderosa Democracia Cristiana, un bien establecido Partido Socialista y un poderoso Partido Comunista que contaba con el respaldo incondicional de la Unión Soviética. La “guerra fría” y la resuelta influencia norteamericana arrinconaban al PCI, pese a su gran masa de votantes, inexistente en cualquier otro país europeo del lado oeste del “telón de acero”. También la “memoria histórica” de las matanzas a que se dieron los comunistas en la retaguardia a medida que los ejércitos norteamericanos despejaban el camino de alemanes. No sólo cayeron fascistas a mansalva. También democristianos, liberales e izquierdistas moderados, amén de católicos sin adscripción política definida. Una “limpieza” al estilo de la practicada por sus correligionarios en la España Roja. No en vano sus principales cabecillas dejaron triste recuerdo durante su intervención en nuestra guerra junto a los prepotentes “consejeros” soviéticos.

Democristianos y socialistas no sólo contaban con un resolutivo apoyo norteamericano. Les amparaban asimismo la gran industria estatal y privada que alimentaban sus necesidades financieras. Pero esa estabilidad de fondo, enmascarada tras la escenificación de las disputas partitocráticas y las crisis de gobierno, se quebró a causa de la conjunción de varios fenómenos coincidentes y en progresión: el desconcierto que en sectores democristianos provocaron las interpretaciones fraudulentas del Concilio Vaticano II al tiempo que en ámbitos eclesiásticos; el deslizamiento de esos mismos sectores y algunos otros hacia un centroizquierda pretendidamente progresista; la paulatina desaparición de la escena de sus más notorios, experimentados y hábiles dirigentes; y el hundimiento del partido Socialista en pos de Craxi, algo más que amigo de Felipe González, a raíz de que salieran a la luz los escándalos de corrupción a que él y el partido se habían entregado. Uno de ellos (merece la pena recordarlo) a dos bandas político-empresariales, una italiana y otra española (González-Conde y Craxi-Bernedetti), fue la compra de Antibióticos por tres veces más del precio en que lo había tasado la alemana Merck para su adquisición tras reiteradas auditorias.

EL CENTRO IZQUIERDA HUNDIÓ LA DCI Y EL PCI SE HIZO SOCIALDEMÓCRATA

SERÍA clave en el acontecer político italiano el abatimiento del “telón de acero” y el derrumbe de la Unión Soviética. Berlinguer, el aristócrata sardo convertido al comunismo y secretario general del PCI, intuyó la quiebra interna de la URRS cuando, en 1984, acudió a los funerales de Andropov, llevando consigo a Máximo D´Alema a quien consideraba su delfín. Había llegado la hora de “arrangiarse” para que los acontecimientos no pillaran al PCI con el paso cambiado. Fue la matriz del llamado eurocomunismo como primer paso de adaptación a las circunstancias.

Reducido el PSI a la mínima expresión y rota la DCI surgieron numerosos partidos de poca monta que hacían muy difícil la gobernación del Estado. No prosperó un gobierno técnico de emergencia presidido por un banquero para capear el temporal político al que se añadía el económico. A Berlusconi se lo pusieron en bandeja. Los italianos fiaron su suerte a un brillante empresario que había amasado una ingente fortuna, controlaba amplios espacios mediáticos y era telegénico. Favorecieron el éxito de Berlusconi dos característicos fenómenos de “aggiornamento” frecuentes en la política italiana. Tras el hundiendo de la Unión Soviética comprendieron los dirigentes del PCI que había pasado el tiempo del comunismo y se convirtieron en socialdemócratas, aunque, eso sí, dejando a su izquierda un minoritario partido comunista que, por contraste, les proporcionara crédito democrático. También se democratizó el Movimiento Social Italiano. Y de ser la minoritaria ultraderecha que convenía anteriormente a la DCI, pasó a convertirse en un partido con una consistente masa electoral y en aliado de Berlusconi. Fini se benefició también de lo que en términos ahora vigentes en España podríamos denominar “mussolinismo sociológico”.

Fue en ese periodo cuando el estreñido sector centro-progresista buscó alianzas, sobre todo a su izquierda, para componer una fuerza de oposición a Berlusconi. La iniciativa partió del ex democratacristiano Prodi. Ganó finalmente la partida. Pero no logró controlar la manada y, tras dejar el gobierno, buscó refugio en la Comisión Europea como presidente. Su retorno a Italia coincidió con el fracaso de Berlusconi del que puede decirse que murió de éxito, aunque ahora muchos lo echen de menos. Y si El Olivo de Prodi era un cajón de sastre de excedentes partitocráticos, la mayoría parlamentaria que lo aupó de nuevo a la presidencia del gobierno lo era aún más. Para mantenerla hubo de repartir carteras ministeriales y onerosas prebendas a los cabecillas de la amalgama parlamentaria que lo sostenían, trufada en no pocos casos con familias mafiosas. Todos querían más tajadas de poder y de beneficios a la hora de administrar parcelas de una corrupción galopante. Esta suerte de reparto llevó a la presidencia de la República al comunista socialdemocratizado Giorgio Napolitano a quien ahora corresponde solventar la última crisis del gobierno Prodi que en esta ocasión no logró remendar. Resultó expresivo que que se diese el nombre de La Margarita a este segundo amasijo partitocrático de Prodí. Muchos pétalos asidos a un núcleo inconsistente.

Prodi es un arquetipo de la euforia progresista que se apoderó de gran parte de las democracias europeas como trasunto del famoso “mayo francés”. De él se escucha en los cenáculos de Bruselas que durante su mandato en la Comisión Europea demostró ser un consumado inútil. Fue un alivio para la Unión Europea que volviera a Italia. Y para los italianos que finalmente se haya roto el jarrón partitocrático del centro izquierda a cuyo frente estaba, siempre bailando en la cuerda floja. El problema es cómo se saldrá del atolladero. No creo que quiebre el sistema. Insisto en que los políticos italianos son diestros en materia de componendas.

UN EX COMUNISTA Y UN EX DEMOCRISTIANO PARA ENDEREZAR UNA DEMOCRACIA MAFIOSA

LA pelota está en el tejado del presidente de la República, Giorgio Napolitano, quien en buena medida debió a Prodi su ascensión al palacio del Quirinale. La biografía de Napolitano lo acredita como uno de los más sagaces pasteleros políticos, tan abundantes en la partitocracia italiana. Unos mínimos datos biográficos lo evidencian. Fue durante años un reputado comunista. Entre 1986 y durante tres años asumió la condición de jefe de la diplomacia en el “gobierno en la sombra” del PCI. En 1989 abandonó el PCI y se pasó al Partido Democrático de la Izquierda. Tras un breve periodo como eurodiputado lo eligieron para presidir la Cámara de Diputados y Prodi lo hizo ministro de Interior en 1996. Volvió a ser eurodiputado y Ciampi, a la sazón presidente de la República, lo nombró senador. Y de ahí saltó al Quirinale, apoyado por la amalgama del centro izquierda.

Napolitano ha conocido casi tantas crisis de gobierno como años ha vivido de la política, ya que también en Italia, y con gran anticipación a la España partitocrática, el ejercicio de la política se convirtió en una profesión subordinada y bien remunerada. Muy pocos gobiernos italianos perduraron más de dos años. Y algunos se quedaron en torno a los seis meses. También las elecciones han sido generalmente anticipadas. Unas veces a iniciativa del gobierno de mayoría para ganarlas, según aleccionó asombrado el presidente Pertini a Leopoldo Calvo Sotelo cuando éste le dijo que las convocaba para perderlas. O ante la imposibilidad de un acuerdo entre partidos. Ahora aún mayor a causa de la dispersión partitocrática en minorías de escaso fuste.

El presidente Napolitano, consciente de la ingobernabilidad a que conduce la atomización partidista pretende convencer a tirios y troyanos de la necesidad de un gobierno técnico de transición para reformar la ley electoral y favorecer la existencia de dos grandes partidos y uno o dos minoritarios a lo sumo que actúen de bisagra. Una vez conseguido se convocarían elecciones generales. Pero se resisten algunos de los caciques de las taifas partitocráticas que se quedarían sin la capacidad coactiva que les proporciona la posibilidad de tumbar un gobierno con mayoría escuálida. Tampoco conviene a las familias mafiosas que viven de la corrupción política en las bodegas de la mayoría de los partidos. Y menos que a nadie interesa a Berlusconi.

Cuando escribo esta crónica y al resultar infructuosa la rueda de consultas y permeable a las demandas de los grandes financieros y empresarios, tanto privados como públicos, para que ponga orden en el gallinero y promueva un gobierno capaz de tomar medidas realistas para atajar la recesión económica, Napolitano se ha decidido por un gobierno de transición que promueva la deseada reforma de la ley electoral. El encargo lo ha hecho a Franco Marini, presidente del Senado. Otro ex con fama de moderado y negociador. Su escuela fue la CISL (Confederción Italiana de Sindicatos Libres ), vinculada a la Democracia Cristiana, partido en el que logró acta de diputado. Luego se pasaría al ala progresista de la DCI para emigrar finalmente a La Margarita de Prodi a la que debe la presidencia del Senado frente al incombustible Andreotti. El reto a que se enfrenta Martini reside en hacer pasar por las horcas caudinas del parlamento un ley que haría desaparecer a un bien número de los partidos que lo componen., aunque de lo que se trata en realidad es de promover frente al centro derecha berlusconiano un consistente partido “progresista”.

LOS CONSTITUCIONALISTAS COPIARON LO AJENO Y REMEDARON NUESTRO PROPIO FRACASO HISTÓRICO

ALGUNA vez he recordado que al regreso de Roma envié una carta a Manuel Fraga, ya al frente GODSA, sugiriéndole que cuando llegara a España la democracia de partidos tras la desaparición de Franco, tarea en la que se afanaba al tiempo que otros grupos, procurase huir del modelo italiano, cuya constitución era en buena medida recuelo de la española de la II República. No fue así y los constitucionalistas de 1978 siguieron la parte más negativa del modelo italiano con muy perturbadores añadidos que a los italianos nunca se les había pasado por el magín, como la noción de “nacionalidades” o el dispersivo Estado de las Autonomías. También el sistema electoral adoptado resultaría tan nefando o más del italiano que ahora pretende modificar Napolitano. Por eso mismo, por lo que puede servir de lección, me he extendido en la repuesta a la pregunta de un lector que reproducía al comienzo.

Alguien ha dicho de nuestro sistema partitocrático que se trata de un bipartidismo imperfecto: dos grandes partidos que rara vez consiguen mayoría parlamentaria absoluta; y unos partidos regionalistas y segregacionistas, inframinoritarios en el ámbito nacional, que chantajean al gobierno, le fuerzan a concesiones que debilitan al Estado y hacen posible la permanencia en el poder de un personaje indeseable como Rodríguez y su caterva de alucinados mediocres. Al menos en Italia se redujo el regionalismo a términos administrativos y el el sarpullido secesionista de la Liga Norte quedó a la postre en agua de borrajas. A izquierda, centro y derecha creen todavía en el Estado unitario, que Italia es una nación y que sólo existe una lengua oficial común aunque su origen fuera el toscano.

Los constitucionalistas de 1978 tenían la ocasión histórica de pergeñar una democracia moderna susceptible de enterrar definitivamente los viejos fantasmas que tantos y sangrientos choques provocó desde la guerra contra Napoleón, o Guerra de Independencia, cuyo doscientos aniversario enturbia aún más el conocimiento de lo que realmente fue, al ser aprovechado para dirimir facciosas versiones partidistas con la mirada puesta en el rifirrafe político actual. No alcanzaron a percibir, o interesadamente compusieron la figura del mono que se tapa boca, ojos y oídos, que recibían como legado una nueva y extensa clase media que haría de colchón al cambio “desde la Ley a la Ley”, en frase de Torcuato Fernández Miranda, amén de un Estado social sólidamente arraigado. Tampoco que la guerra civil era muy lejana en el tiempo y en el recuerdo para la generalidad de los españoles. Ni que, como reconocería años más tarde Otero Novas, la oposición al régimen de Franco, de que muchos blasonaban, fue tan feble que no llegó a poner en peligro su estabilidad.

Lo reconoce sin pretenderlo Manuel Martínez en el artículo “Un cumpleaños feñliz” (ABC 30.01.2008) en su loa a Juan Carlos I, monarca republicano según Rodríguez, y a su eventual sucesor. Monarquía, progreso económico-social (“La España de los ahora llamados felices sesenta”, nos dice. ¡Y vaya que lo fueron!) y democracia, aunque no precise que fue posible gracias a la Ley de Reforma Política franquista. Martínez no omite, sin embargo, que al día siguiente de ser proclamado p por Franco como su sucesor a título de Rey “Don Juan Carlos de Borbón jura todo lo jurable como sucesor ante el pleno de las Cortes”. Juramento, añado, que reiteró ante esas mismas Cortes, al ser proclamado Rey. Mal servicio le hace Martínez al monarca, pues desempolva la memoria de que no tardó en olvidar sus juramentos. Y acaso ahí, en la generalización de tal ejemplo, radique buena parte de los desaguisados a que asistimos.

No es cosa de historiar el gran fiasco democrático a que nos han conducido los constitucionalista de 1938, hasta poner en grave peligro la supervivencia de España. Pero sí advertir una vez más que tan pregonado consenso supuso en realidad el retorno a concretos supuestos de la constitución masónica de 1931. Sobre todo en el artilugio del Estado de las Autonomías para dar acogida a los secesionismos catalanista y vasquista, con el añadido de “un café para todos”, que dijo Suárez, aunque para esos dos era de máxima calidad y de achicoria para los demás. También el virus de un laicismo torpemente enmascarado y el sometimiento de las fundamentales instituciones del Estado a la arbitrariedad dictatorial de las mayorías parlamentarias. Y por supuesto, un sistema electoral que convierte a las escuálidas minorías nacionalistas en árbitros del despeñamiento. La eclosión retrógrada del arbitrista Rodríguez sería impensable sin esas premisas.

ESPAÑA SOMETIDA A UNA NUEVA CLASE DE ARBITRISTAS Y AGIOTISTAS

EL relato de lo acontecido en Italia era necesario no sólo para responder a la pregunta que se me hacía. También como telón de fondo para proyectar sobre el mismo el esperpento político español. Mientras los políticos italianos se cambian con cínica soltura de algo más que la camisa y del PCI apenas si resta una facción tan hirsuta, rancia y todavía en la dehesa estalinista como aquí la de Llamazares, aquí Rodríguez se proclama rojo, reactiva la guerra civil de hace la friolera de hace 71 años y descuartiza la unidad nacional con seis siglos de historia a sus espaldas y sólidos antecedentes que favorecieron su recobro por los Reyes Católicos.

Fue Prodi el que en Italia abordó las privatizaciones de las empresas públicas cuando era presidente de IRI, aunque con mayor rentabilidad para el Estado que las abordadas por González en una gran charca de corrupción y favoritismos. Pero en Italia, al igual que en Francia, el Estado se reservó el dominio de las empresas públicas estratégicas, como fueron las eléctricas. Al contrario que Rodríguez, quien entregó Endesa a Enel y ahora parece dispuesto a que la pública francesa Edf, se apropie de Iberdrola, al tiempo que está dispuesto a cerrar las centrales nucleares todavía en funcionamiento y no autorizar ninguna nueva, también al contrario de lo que ocurre en Europa. Y eso cuando España depende en materia energética de importaciones para cubrir el 85% de sus necesidades. Y en tanto al Estado apenas le restan algunas precarias empresas públicas endeudadas, algunas autonomías multiplican las suyas y colocan en ella a sus paniaguados y a no pocos familiares de los caciques taifales, a veces con insolente descaro como ocurre en el califato andaluz de Chaves.

El tocomocho electoral de los 4000 euros que Rodríguez se ha sacado de la maga y que incluso Solbes, convertido en payaso económico del gobierno, se ha visto obligado descubrir en parte su trampa, ha hecho recordar a izquierda y derecha la compra de votos de que se valía el conde de Romanones, aunque, eso sí, de su bolsillo. Romanones se resarcía luego desde el poder. Me lo recordó alguna vez mi tío Octavio que, antes de instalarse en París, algunos dineros ganó gracias al conde que llevaba el negocio, mediante la venta de mulas a Francia durante la primera guerra mundial. Y ahora que reverdecen las mañas de Romanones nos recuerda Raúl del Pozo que Bono emparentará con el conde cuando su hijo se case con la hija de Raphael y Natalia Figueroa. Volvemos a las coyundas de los progresistas del siglo XIX.

Las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz, es de sobra sabido, derivaron en la venta a precios ridículos de las tierras expropiadas a la Iglesia y a los municipios con bienes de propios mediante subastas agiotistas. Se beneficiaron y enriquecieron financieros y aristócratas afectos a la causa, amén de miles de sus agentes políticos en el ámbito rural. Así nació el caciquismo que tantas perturbaciones ocasionó. Los vástagos de los nuevos ricos entroncaron por vía matrimonial con la aristocracia. Ahora sucede otro tanto. Los nuevos ricos de ahora, surgidos del aprovechamiento partidista y de la corrupción, irrumpen en la pomada de las alta sociedad burguesa y menudea aquel tipo de matrimonios o de amancebamientos. Nombres sonoros de la izquierda más tópica enlazan con los de multimillonarios y títulos de la más arcaica nobleza cortesana. El dinero busca al dinero y los nuevos ricos se pirran por adornarlo. Nada de insólito encierra que Bono emparente con la descendencia de Romanones. Pepito Bono es, además, un aventajado émulo de las mañas caciquiles del conde. Más que los actuales Figueroa podría ser descendiente directo de aquel Romanones. Basta con ahondar en su biografía política y financiera.

LAS ELECCIONES DE MARZO AGRAVARÁN LA DEGRADACIÓN PARTITOCRÁTICA

¿QUIÉN ganará las elecciones del 9 de febrero? Si nos fiamos de las encuestas realizadas por encargo, se perfila un “empate técnico”, con ligera superioridad del clan Rodríguez a poco más de un mes de que se celebren. Pero no se entiende, si estuviera tan claro, el nerviosismo que cunde en las filas del P(SOE) y en el palacio moncloaca, origen de las dudosa y demagógicas dádivas a que el gobierno se ha dado en los últimos tiempos. Y en su empeño de aprovechar al máximo el fiasco de Ruiz-Gallardón, una suerte de Prodi en el PP, aunque harto más ambicioso y eficiente. Sucede, sin embargo, que una discreta encuesta realizada por el sociólogo de cámara del P(SOE), Santamaría, descubre que el “efecto Gallardón” será casi nulo en la próximas elecciones. Lo llamativo del caso es que, como apunté en una crónica anterior, “ABC” se haya sumado con armas y bagajes al prodismo de Gallardón. Pero ahora se ha sabido que son muy frecuentes las reuniones entre el alcalde de Madrid y el director de “ABC”, Zarzalejos. ¿Solidaridad ideológica o intereses compartidos? No puede desconocerse que Zarzalejos está desde hace meses en el alero y que se mantiene gracias a las pugnas internas entre el grupo mayoritario de Vocento y la familia Luca de Tena que enarbola sus pactados derechos de decisión sobre “ABC”.

No soy dado a las predicciones. Pero cuando se rastrea por la parte oculta de las encuestas y se pone atención a lo que se habla en la calle parece evidente que las regresión económica, las trapacerías de Rodríguez, sus trampas, la mentira sobre la negociación con ETA tras el atentado de la T-4 y la creciente inseguridad pública le castigarán entre sus electores con una abstención superior a la que pueda sufrir el PP entre los suyos. Y también que los votos al partido de Rosa Díez procederán en su mayoría del caladero socialista, aunque en Madrid le ayude una minoría de gallardonianos. Puede influir en el recorte al P(SOE), asimismo, y aunque no mucho, la bofetada que en el ámbito internacional ha recibido de los cuatro reunidos en Londres y el espaldarazo de Sarkozy y Merkel a Rajoy en París.

Los anteriores datos de situación inducen a aventurar que el PP podría superar al P(SOE) en votos y en escaños, aunque sin abrir una distancia resolutiva. Difícilmente podría Rajoy pactar con CiU o PNV sin negarse a sí mismo, burlar a los suyos y abocar el PP a la catástrofe. Rodríguez si lo intentaría, pese a la promesa de no hacerlo si quedaba por debajo de las huestes de Rajoy. Sus promesas las escribe en el agua de los rompeolas. Pero sus opciones para obtener mayoría parlamentaria serían más reducidas que durante la concluida legislatura y España habría de pagarlas a muy alto precio.

Un equilibrio inestable como el presumible provocaría conmociones internasen uno y otro partido, ganase el que ganase. Y podríamos asistir a revueltas y desgajamientos que complicarían aún más la situación y conducirnos tardíamente a desenlaces como el que ahora pretenden reparar Napolitano y Martini en Italia, agravados en nuestro caso por los engallamientos independentistas y la amenaza de un recrecido terrorismo, tanto etarra como islamista. Solo que Italia dispone de políticos prestos a “arrangiarse” y entre nosotros terminan cagándola quienes, como por ejemplo Fraga, se meten a componedores. Ya sucedió con Alcalá Zamora y Azaña. Pero no hemos escarmentado. ¿Será nuestro sino?


http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4420

Jose Carlos Llop, La dama de Llip

sabado 2 de febrero de 2008
La dama de Lipp
HACE un par de años, se organizó en París una exposición sobre Camus y Sartre. Es difícil saber si ambos pensaron alguna vez en bailar juntos ese minué, después de tanta esgrima previa y con sable. Sartre supongo que sí: era un hombre que se creía tan merecedor de toda clase de homenajes, que incluso aquellos que acogieran lo que le incomodó en vida, cuestionándole, debían de parecerle bien. Albert Camus no sé, uno tiene la impresión de que ante tal posibilidad habría elegido una exposición privada, quizá al estilo del comienzo de El hombre que amaba a las mujeres y esa escena de las piernas de sus amantes desfilando ante su tumba en una deliciosa sucesión de pas-à-deux. Pero lo que no debieron imaginar nunca, ni uno, ni otro, es que en el cartel de esa exposición de personalidades y obras enfrentadas, ambos aparecerían mutilados. No, no les faltaba ni mano, ni brazo y tampoco se trataba, esa mutilación, de asuntos de pluma y máquina de escribir. Pero sí de algo casi tan importante en la literatura del siglo XX como la estilográfica o el teclado: me refiero al tabaco.
Habiéndose empleado dos conocidas fotografías de Camus y Sartre para ilustrar aquel cartel, en ambas aparecían sin un objeto que originariamente había estado ahí donde ahora no. El cigarrillo en los labios de Camus y la pipa en la mano de Sartre. La impresión era, efectivamente, de mutilación, de vacío, de herejía ya no sólo fotográfica -que también- sino contra toda una obra de pensamiento y literatura. O mejor: contra dos, sostenidas en cierto modo por la nicotina y la pose más fotogénica. Así me lo comentó Olivier Mony, crítico literario de Sud-Ouest, mientras nos fumábamos un par de aromáticos cigarrillos ingleses en el bar del Hotel Heritage de Cognac y charlábamos sobre Bernard Frank, que acababa de morir. Ante aquel atentado iconoclasta, Albert Camus clamaba venganza con mirada de seductor y Sartre con un puñetazo en la mesa; en el suelo, una colilla y una pipa rota. Frank, Camus, Sartre... Una cosa trajo la otra y recordé la primera vez que comí en Lipp.
Fue hace quince años y no me recibió su diplomático propietario, Roger Cazes -capaz de hacer sentirse bien a rivales acérrimos en un mismo espacio: por ejemplo, a Sartre y a Camus-, pero el camarero que lo hizo -Pierre, su nombre- me preguntó si queríamos «fumadores» o «no fumadores». En ese momento yo practicaba una de mis cíclicas abstinencias de tabaco, pero como siempre he preferido los lugares para fumadores que los otros -tan asépticos e higiénicos como desoladores- contesté que «fumadores». Menos mal. Mientras nos conducía a nuestra mesa, Pierre señaló con desprecio poco disimulado el lugar de los «no fumadores» que, además de oscuro, carecía de ángulos de visión, esa cosa tan importante en sitios como Lipp y sobre todo entonces, más que ahora, con casi todos muertos.
Al poco tiempo de habernos sentado llegó una señora mayor con vestido y sombrerito color ala de mosca, arrugada como una pasa de Corinto, que se sentó a nuestro lado con aire de no haber comido en su casa jamás. Inmediatamente se formó a su alrededor un solícito baile de camareros, dispuestos a traerle a su mesa desde un platillo de hígados de colibrí hasta polvo de cuerno de rinoceronte, si ella así lo pedía. Ella, simplemente, se dejaba querer. Nos preguntamos quién debía de ser esa señora. Por la edad podría haber sido cualquier personaje del París de los 20-30, salvo amante de Picasso, pues es sabido que de las mujeres, tras pasar por Picasso, no quedaba más que una sombra desmadejada y aquella presencia, de sombra, no tenía nada. Todo lo contrario. Tras dejarse querer un rato, pidió una bandeja de ostras que se le sirvió al momento y ella fue comiéndose -intercalando considerables sorbos de vino blanco- con una fruición y un placer inolvidables. De vez en cuando se le acercaba algún camarero a preguntar si todo estaba bien, o si deseaba algo más y ella sonreía y volvía a sus ostras y a su vino y a su placentera soledad.
Aquel día, en Lipp, no estaba Mitterand -que se convirtió casi en un souvenir de la casa-, ni Jane Birkin, y tampoco los editores de Gallimard, Seuil o Grasset. Ni siquiera estaba José Luis de Vilallonga, tan habitual. Pero aquella mujer los superaba a todos. Cuando acabó de comer, sacó un cigarrillo del bolso -no pude distinguir el paquete- y dos camareros salieron de la nada para encendérselo. Si se había comido las ostras con una delectación que creí insuperable, ese cigarrillo fue degustado con una delectación aún mayor. Entonces caí en la cuenta que saborear el tabaco con sensualidad transparente era no sólo una manera más del hedonismo solitario de aquella anciana, sino una manera de fumar muy parisina. En París se fuma como si sólo se hiciera ocasional y raramente. En París se fuma el tabaco como si fuera una droga oriental que ofreciera paraísos innombrables. Lo hacía aquella señora tan mayor en Lipp, pero lo hacen las jóvenes, los paseantes y las mujeres. Si no pareciera una exageración diría que fumar en París roza cierta categoría artística. Sea en la calle, en una terraza o en un local, nunca he visto fumar con tanto placer -y haciendo participar al otro, como voyeur, de ese placer íntimo hecho público- como en París. Y en ese placer, imagino, está la alegría de vivir y de ser en una ciudad que sigue manteniendo la memoria de bastantes de las cosas que más nos importan en el mundo. En fin...
Cuando aquella mujer apagó su cigarrillo, observó a los demás comensales. Lo había hecho a su llegada con una mirada rápida, poniéndose en situación. Ahora lo hacía con la misma calma con que los chinos se esmeran en su caligrafía o los tuaregs contemplan el desierto a lomos de un dromedario. Aquella mujer era una mujer satisfecha con la vida y con su vida, aunque en su rostro ya no quedara huella alguna de la sensualidad que había desplegado hacía pocos minutos. Volvía a estar entre la tortuga y el fruto seco, bajo un sombrerito que muy bien habría podido llevarse de casa de Léautaud, una mañana de los años veinte. Luego recogió su bolso y se levantó, ágil como una gacela. Pensé que las ostras hacen tantos milagros como el bridge o la felicidad y me giré para seguirla con la mirada. Antes de que llegara a la salida, de una de las mesas se levantó un caballero alto, bien vestido, que la saludó con una reverencia. Ella sonrió, más acostumbrada a esas cosas que María Antonieta, y dejó que aquel hombre le besara la mano. Luego salió de Lipp, acompañada por el maître y tres camareros. Por supuesto nunca he sabido quien era aquella dama, pero al marcharme me pareció distinguir en el hombre que se había levantado a despedirla, los rasgos del escritor Bernard Frank, quizá el mejor cronista de París y su literatura durante la segunda mitad del siglo XX. Bernard Frank -que fumaba puros- murió en 2006 y es bastante improbable que la dama de Lipp viva. Ambos se habrán ahorrado la tristeza de vivir en un París libre de humos de tabaco. Pero fueron Sartre y Camus, sin saberlo, los mensajeros de lo que había de venir.
JOSÉ CARLOS LLOP

http://www.abc.es/20080202/opinion-la-tercera/dama-lipp_200802020317.html

Ladron de Guevara, Espacios alternativos para la democracia

sabado 2 de febrero de 2008
Espacios alternativos para la democracia

Ernesto Ladrón de Guevara

A NTE la situación esperpéntica en la que se encuentra nuestro sistema político y la misma democracia, en manos de unos políticos irresponsables, cuya expresión más paradigmática es Zapatero y sus frívolas promesas electorales, no podemos dejar pasar esta oportunidad para resolver nuestro próximo inmediato. Estamos en el peor de los escenarios desde que se reinstauró la democracia en España. Los compromisos electorales, que están fuera de lugar en un contexto de crisis económica y pérdida de confianza internacional en nuestras posibilidades reales por culpa de un gobierno que los españoles no merecemos, suenan a tomadura de pelo. Y desgraciadamente Rajoy está cayendo en el juego y entrando en una espiral absurda de a ver quién ofrece más, convirtiendo la liza preelectoral en un mercado persa, en un guirigay de charlatanes de feria. Lo que los españoles necesitamos es líderes que nos digan en qué situación estamos sin engaños. Líderes sinceros que aparquen la demagogia y que nos expresen con sinceridad y nobleza las recetas que urgen para sacar a España del marasmo y resolver la crisis estructural en la que estamos embarcados. Líderes con principios que no hagan seguidismo de políticas populistas para bobos y que planteen soluciones profundas que proporcionen a nuestros hijos un escenario de estabilidad política, institucional y económica, y que resuelvan los retos morales con decisión y sin complejos. Ese tipo de líderes tampoco está representado en Rajoy, que postula políticas continuistas respecto a lo realizado por la mal llamada izquierda. Rajoy no ofrece más que rectitud y seriedad en las formas pero no en los contenidos. Aunque eso sólo, por sí mismo ya es suficiente para votarle, pues lo que se nos presenta en el resto del espacio electoral es para correr y no parar, salvo, con matices importantes, el partido representado por Unión, Progreso y Democracia, que no es la pócima milagrosa precisamente, o Ciudadanos.

Es necesario configurar una tercera vía ajena al PP y al PSOE para regenerar el sistema. Es verdad que hoy por hoy no hay otra alternativa viable que Rajoy, pues estamos en una situación de emergencia, pero habrá que ir pensando en otras soluciones de futuro aunque sólo sea para evitar seguir en el anquilosamiento en el que la política española se encuentra en el presente. Ese enquistamiento tiene dos apellidos: socialismo populista demagógico y nacionalismo totalitario.

En esa configuración de ese tercer espacio ha habido ya pasos, aunque no es el mejor escenario para que se consolide en un próximo inmediato.

Primero fue el partido “Ciudadanos”, que nació a partir de una plataforma de catalanes hartos de los abusos del nacionalismo. Eso fue antes de la definitiva adscripción del socialismo catalán a la órbita del nacionalismo radical.

Después surgió otro grupo político, Innovación Democrática, con vocación de ser un partido estatal, que recogió la inquietud de “Ciudadanos” para recuperar la democracia real en los ámbitos donde los nacionalismos periféricos extienden su estigma totalitario como una mancha de aceite. Aparte de esta inquietud que acongoja a millones de españoles, INNDE denuncia la degradación del espíritu constitucional y el deterioro de la democracia liberal en España y propone interesantes fórmulas regeneradoras de las libertades y derechos individuales.

Posteriormente apareció otra opción, más o menos mimetizada en las anteriores ofertas, con figuras de gran personalidad política e indudable liderazgo como Fernando Savater, Rosa Díez y Mikel Buesa. UPD es un partido que también trae aire fresco a la esclerotizada política española dominada por el síndrome nacionalista, que alguien dijo que es más propio de análisis psiquiátrico que de estudio politológico. Hoy es la fuerza más extendida y fuerte de este tercer espacio que pretende recuperar el verdadero sentido de la democracia, luchar contra el exclusivismo nacionalista y regenerar el constitucionalismo democrático.

En estas próximas elecciones tanto “Ciudadanos” como “Unión, Progreso y Democracia” concurren como opciones diferenciadas. Innovación Democrática no lo hace por no tener ninguna expectativa de obtener resultados de representación y para no dividir más el voto.

Sin duda, los descontentos con las políticas desarrolladas por el Partido Popular y el Partido Socialista son muchos. Sin duda, hoy hay muchos más motivos de preocupación derivados de las políticas desarrolladas por el señor Zapatero, y demasiados motivos de malestar, aunque ni uno ni otro partido han hecho lo suficiente para poner remedio a la degradación del espíritu constitucional y a la descomposición de las libertades públicas y derechos ciudadanos. Por tanto, un tercer espacio constitucionalista regenerador, que nutra la separación de poderes y contribuya a la estabilidad política de nuestras instituciones en España, es desde todo punto de vista necesario.

Pero, ello no será posible sin la unidad de los tres partidos antedichos, sin la convergencia de esfuerzos y la cooperación entre ellos, para lograr el mejor resultado en la representación electoral. Divididos, los tres partidos, no tienen posibilidad de abrir hueco en el bipartidismo imperante, y en el bloqueo de la pluralidad política que socialistas y populares han impuesto en el ámbito de España en su conjunto.

Cada partido por separado no tiene posibilidad alguna de abrirse espacio político. Es evidente que U.P.D es el mejor posicionado, y es posible que, si tiene algún éxito electoral, este partido esté en condiciones de absorber a los otros dos partidos, pero ello no es probable. Espero equivocarme y que U.P.D. obtenga el mejor de los éxitos electorales, pero la lógica me dice que es bastante dificultoso, por no decir utópico.

Por ello, es preciso contribuir a configurar una alianza que fructifique en una fórmula que posibilite la no fragmentación de ese tercer espacio para un futuro inmediato que se presenta descorazonador.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4409

Ignacio San Miguel, La accion de la Ley Natural

sabado 2 de febrero de 2008
La acción de la Ley Natural

Ignacio San Miguel

L A existencia de grupos antiabortistas que se proclaman ateos o irreligioso son una prueba de que el aborto supone un acto cruento y malvado que afecta a la sensibilidad íntima del hombre, sea este religioso o no religioso, creyente o ateo. Por añadidura, demuestran paladinamente la existencia de la ley natural.

Los abortistas siempre han utilizado la coartada de la religión para defender sus posiciones. Siempre han atribuido a preceptos religiosos la condena del aborto. Sobre todo a preceptos católicos. Así nos lo confirma una jurista norteamericana, perteneciente a un grupo ateo pro-vida: “A finales de los años sesenta, el movimiento pro-elección hizo una decisión estratégica y deliberada: trivializar el debate del aborto, calificando todos los argumentos pro-vida como meros dogmas católicos. Esto hizo fácil pasar por alto el hecho científico, embriológico, innegable e inconveniente, de que la vida humana empieza con la concepción.”

Esta estrategia ha dado muy buenos resultados. Ayudada por un hecho de importancia capital. Si bien la Iglesia católica tenía algo tenía que decir al respecto, y así lo hizo desde sus altos niveles jerárquicos, lo cierto es que a nivel parroquial, que es en el que más se llega a la masa de fieles, es rarísimo encontrar algún cura que se refiera en sus homilías a este tema del aborto (ni a otros que signifiquen crítica de la sociedad laica). De esta forma, la trivialización fue un éxito. Por una parte, una propaganda que achacaba las posiciones pro-vida a meros dogmas católicos. Por otra, los mismos curas católicos que no mencionaban siquiera dichos supuestos dogmas. Lo más a propósito para que las gentes poco instruidas no tomasen en serio las proclamas pro-vida.

Pero la realidad es otra. La malignidad del aborto no está relacionada con dogmas religiosos. Es la ley natural la que condena esta práctica aborrecible. Si no fuera así, no se entendería cómo personas irreligiosas, ateas, hubieran de rebelarse contra tal práctica. Así, el indio Lenin Raghavarshi, ateo, comunista, activista de derechos humanos, y que está a favor de la campaña por una moratoria de abortos iniciada por el periodista italiano Giuliano Ferrara, declara: “Es ridículo y absurdo sugerir que el aborto es una solución al hambre, para controlar el crecimiento de la población… En la India tenemos un mal social grave con el aborto por selección de sexo, y me opongo totalmente y con vehemencia a estos abortos… Hemos de defender la vida del embrión desde el mismo útero…”

Estas organizaciones ateas parecen querer hacer hincapié en esta su condición, al objeto de que se les desligue de toda connotación religiosa, pues desean dejar claro que su oposición al aborto es por su condición de “crimen contra la Humanidad”. Pero una reflexión católica se presenta fácilmente a las mientes: ¿No será más valiosas su posición y actividad, y esto mirado desde el punto de vista religioso, que el silencio amedrentado de tanto clérigo que no osa referirse en el púlpito al tema del aborto? Estos ateos siguen el impulso de la ley natural, cuyo origen es Dios (aunque algunos prefieran llamarlo Designio Inteligente). Por el contrario, ese clero anodino e inerte no sigue ni la ley natural ni la ley de la religión que dicen profesar.

Y tampoco podemos dejar de pensar en otro aspecto de la cuestión. Se trata de las vidas que se podían haber salvado en el supuesto de que el clero católico hubiera predicado debidamente contra el aborto. No es posible evaluar el número, pero sin duda ha de ser considerable. Este clero es, por tanto, corresponsable en las muertes provocadas por su omisión.

No es posible, siendo realistas, prever la vuelta del aborto a la ilegalidad en el mundo occidental, a corto o medio plazo. Sin embargo, sí parece cierto que tiene cada vez peor imagen. La última y reciente convocatoria abortista en España ha sido un fracaso notable, con una afluencia exigua. Este fracaso adquiere ribetes ridículos si se compara con los extraordinarios éxitos de las manifestaciones y concentraciones por la familia y la vida.

La política entra de lleno en el rumbo que han de tomar los acontecimientos. En España, si vuelven a ganar los socialistas, el aborto recibirá un fuerte impulso. Ya se sabe que la meta es el aborto libre y gratuito, con cargo a la Seguridad Social. El presidente es incapaz de aprender de sus continuos errores y torpezas, pues no los reconoce como tales. Y si ahora está satisfecho de sí mismo, podemos imaginarnos cómo estará si gana las elecciones. No habrá nada ni nadie que le frene en sus propósitos.

Y de Estados Unidos llegan negros nubarrones. Si Hillary Clinton gana las elecciones en Noviembre, la lucha contra el aborto recibirá un golpe muy duro. Hillary y su marido Bill son abortistas decididos y la posibilidad de que un juez conservador sea el próximo relevo en la Corte Suprema (con lo que sería factible la revocación de la sentencia en el juicio “Roe v. Wade” de 1973 que introdujo el aborto legal en Estados Unidos) será nula. En los círculos pro-vida se estima que si gana Clinton, su lucha antiabortista sufrirá un retroceso de unos treinta años. Y si el candidato demócrata es Obama y gana las elecciones, la situación no será muy distinta.

En el campo republicano, donde cabe alguna esperanza, se encuentran desconcertados y divididos sin un liderazgo claro por el momento. John McCain ha prometido que si es elegido presidente, nombrará un juez conservador para relevar la próxima baja en la Corte Suprema, lo que daría mayoría al sector conservador que podría revocar la sentencia citada. Porque de lo que se trata es de revocar esta sentencia, con lo que el aborto volvería a la ilegalidad. Pero McCain tiene que llegar a presidente y luego cumplir su promesa. Y los jueces, obrar como se espera de ellos. Como se ve, son muchos condicionantes. La ley natural tiene muchos y poderosos obstáculos, empezando por los políticos, para poder volver a regir plenamente la conciencia del hombre.

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4411

Ignacio Villa, Entre bramidos y rugidos

sabado 2 de febrero de 2008
Ofensiva contra los obispos
Entre bramidos y rugidos

El Gobierno se ha mostrado durante toda la legislatura sumamente beligerante contra la Iglesia, bajo la excusa de un laicismo que no era sino un disfraz para sus viejas y rancias obsesiones anticlericales.

Ignacio Villa

La reacción del Gobierno, el PSOE y sus terminales mediáticas ha sido furibunda, más propia de fieras que de personas con responsabilidades públicas. No ha hecho falta que nadie les preguntara siquiera; se han dado ellos solitos por aludidos ante la nota publicada por la Conferencia Episcopal por la proximidad de las elecciones generales del 9 de marzo, en la que recomienda no votar por quienes consideren a ETA "un interlocutor político".

La reacción socialista sólo se puede entender conociendo su intransigencia y falta de respeto por las opiniones ajenas, que se traducen en el afán de imponer el pensamiento único y obligar así a aceptar todas las ocurrencias de un Gobierno sectario como pocos y excluyente como ninguno. La reacción del Ejecutivo es una muestra clara del recorte permanente de libertades al que nos han sometido a los españoles.

Estamos a punto de terminar una legislatura en la que se ha puesto patas arriba el modelo de sociedad. Este Gobierno ha desarrollado una estrategia destructiva hacia la familia, el matrimonio, la educación, atacando valores que habían servido de referencia para toda la sociedad, que estaban por encima de creencias y que tenían un claro fundamento en el sentido común.

Es evidente que el Gobierno se ha dado por aludido con la nota de la Conferencia Episcopal, reconociendo así que negociaron políticamente con ETA y que pretenden volver a hacerlo. Pero lo cierto es que los obispos no han cambiado. Llevan desde 1977, y siempre en vísperas electorales, emitiendo notas similares y en todas ellas se recogen las mismas cuestiones, abordadas como orientaciones morales a la hora de ejercer el derecho al voto. La Iglesia siempre ha hablado y va a seguir haciéndolo. Nunca se ha callado y no tiene ningún motivo para hacerlo. El Gobierno se puede poner todo lo nervioso que quiera, pero está demostrando que no entiende de libertad, que no es capaz de mostrar respeto por quienes disienten y que le obsesiona todo aquello que no coincida con sus planteamientos.

El Gobierno se ha mostrado durante toda la legislatura sumamente beligerante contra la Iglesia, bajo la excusa de un laicismo que no era sino un disfraz para sus viejas y rancias obsesiones anticlericales. Este Gobierno piensa que hay fantasmas en cada esquina sencillamente porque no sabe respetar a aquellos que tienen ideas diferentes. Han buscado provocar un terremoto en el modelo de sociedad y ahora pretenden quedarse a salvo de las críticas.

No obstante, está claro que esta reacción responde a una clara estrategia electoral. Los socialistas son conscientes de una posible derrota, y por ello buscan movilizar el voto radical "como sea", dando rienda suelta a los peores instintos de la izquierda. Es la intransigencia de siempre, especialidad en la que este Gobierno se ha convertido en especialista


http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_41755.html

Jose Melendez, Una decision polemica y una reaccion desorbitada

sabado 2 de febrero de 2008
UNA DECISIÓN POLÉMICA Y UNA REACCIÓN DESORBITADA
José Meléndez

L A decisión del Episcopado de pedir a los católicos, así como a todos los que quieran escuchar las razones que alegan, que no voten en las próximas elecciones generales a los partidos que negocian con los terroristas, es de por sí polémica y de un largo alcance en el difícil momento político y moral que vivimos en España. No hace falta recurrir una vez más a Montesquieu para establecer que la Iglesia tiene un papel pastoral, perfectamente definido al margen de la política, como defensora de los principios del Dogma y como consejera de la conducta moral y espiritual de la masa católica. Las parcelas que se delimitan en la división de poderes que debe regir a toda sociedad justa, requieren un respeto mutuo en el desempeño de sus menesteres. Y es aquí donde muchos encontrarán polémica la decisión de los obispos

Hay que buscar, por lo tanto, las razones que han llevado al Episcopado a dar este importante paso. La primera es que cuando ha sido invadida la parcela religiosa con actos y legislaciones que van contra sus postulados, es justo reconocer el derecho de la Iglesia a defender sus posiciones y de orientar en ese sentido a sus fieles. Para los obispos una sociedad que quiere ser libre no puede reconocer a una organización terrorista que mata y extorsiona como representante de ningún sector de la población ni puede tenerla como interlocutor político, sin que sea necesario recordar aquí otros ataques a los principios cristianos como son las prácticas abortivas, el tratamiento de la familia o el derecho a enseñar en los colegios la doctrina católica. El enjuiciamiento de las acciones de la Iglesia queda para la conciencia individual y sagrada de cada persona, que puede acatarlas o no.

Pero la reacción oficial a la recomendación del Episcopado ha sido cuando menos desorbitada- El gobierno de la nación y el partido que lo sustenta han saltado de forma airada en un contraataque que se apoya en lo que ya viene siendo endémico en esta legislatura a punto de terminar: la mentira y la manipulación. Entre toda la suerte de denuestos que componen la respuesta, destaca como ejemplo de manipulación la afirmación del portavoz socialista Diego López Garrido de que, según los obispos, no podría votarse a ningún partido porque todos los gobiernos anteriores al actual han negociado con ETA.

Cuando un país sufre como el nuestro la dentellada del terrorismo, es lícito e, incluso, obligado que busque caminos de diálogo para tratar de resolver el problema. Eso hicieron los gobiernos de Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar para explorar las posibilidades de que alguna de las diez treguas anunciadas por ETA en su sangriento historial pudiera convertirse en definitiva. Suárez lo intentó en 1.977 y desistió cuando vio que ETA se enrocada en exigir la “alternativa KAS”. A Felipe González le pasó lo mismo en las conversaciones que Rafael Vera sostuvo en Argel con Eugenio Echeveste “Antxon” y desistió ante la cerrazón etarra. Y José María Aznar siguió el mismo camino en las conversaciones de Suiza al constatar que la banda no tenía ninguna intención de rebajar sus pretensiones. Y estos tres intentos duraron poco porque los tres gobiernos las cortaron al ver que los etarras no tenían ninguna intención de ceder en sus demandas.

Sin embargo, José Luis Rodríguez Zapatero ha mantenido su “proceso de paz” durante años y ha llegado mucho mas lejos en sucesivas negociaciones, en las que ha ido cediendo a las pretensiones etarras, como, por ejemplo, la aceptación de las dos mesas, la “militar” y la “política”, brindando a los etarras “gestos amistosos” como el repugnante tratamiento al asesino De Juana Chaos, la negativa a ilegalizar al partido de las Nekanes y la farsa jurídica de aceptar que se presentaran a las elecciones municipales unas listas sí y otras no del partido ANV, negándose una y otra vez a ilegalizarlo por falta de unas pruebas, que eran las mismas que ahora, ante la inminencia de las elecciones generales, sirven para borrar a ANV del mapa electoral.. Zapatero llamó “hombre de paz” a Arnaldo Otegui y después lo ha metido en la cárcel cuando ETA rompió las negociaciones; llegó a decir que el panorama era optimista el día antes de que el aparcamiento de la T4 saltara por los aires con la muerte de dos ecuatorianos y desde entonces hasta ahora no ha dicho con rotunda claridad que no habrá más negociaciones con ETA y cuando lo insinuó después del atentado de Barajas ha confesado ahora que había mentido porque los intentos de reanudar las negociaciones han seguido produciéndose hasta ahora. Por eso mantiene abierta la autorización del Parlamento, rechazando su partido hasta tres veces la propuesta del PP de cancelarla.

No se pueden comparar, por lo tanto, las actuaciones de los tres presidentes anteriores con la de Zapatero. Ni Suárez, ni González ni Aznar cedieron lo más mínimo, no se comprometieron a nada y cortaron las conversaciones tan pronto como vieron su inutilidad. Sin embargo, Zapatero ha insistido –insiste todavía- y no ha dudado hasta en comprometer la dignidad de la nación que representa en su empeño de pasar a la historia como el pacificador de Euskadi. Por eso ha intentado limpiar de obstáculos el camino de su “proceso de paz”, como la abolición de hecho del Pacto Antiterrorista –el arma mas eficaz que hemos tenido en la lucha contra el terrorismo- o la resistencia numantina hasta el último momento de ilegalizar a los partidos satélites de ETA. Si gana las próximas elecciones volverá a intentarlo.

http://www.vistazoalaprensa.com/contraportada.asp

Contra el doctor Montes y sus defensores

2-II-2008
Contra el doctor Montes y sus defensores

Bajo el mando del doctor Montes, en Urgencias moría un número anormalmente alto de pacientes, que desde entonces ha vuelto a cifras más razonables. Lo hicieran por considerarlo un criminal, o sólo un negligente, su destitución ha sido y fue un acierto.

El respeto de la derecha social y política a las decisiones judiciales, que les lleva al exceso de reprimir cualquier crítica hacia ellas, ha permitido a la izquierda anotarse un tanto propagandístico en un asunto en que llevaba todas las de perder, como el del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Desde el punto de vista político, toda discusión sobre la actuación de la Comunidad de Madrid retirando de su cargo al doctor Montes debería haber terminado cuando el Colegio de Médicos dictaminó que hubo mala praxis en el servicio de urgencias dirigido por él. Su destitución de un puesto de confianza del que, de todos modos, podía ser apartado sin explicación ni causa ninguna, se demostró en ese momento plenamente justificada.

Sorprende, en todo caso, que la Audiencia Provincial de Madrid haya decidido admitir el recurso de Montes y eliminar de la sentencia toda referencia a la mala praxis. Es jurídicamente irreprochable que, ante la imposibilidad de conocer con certeza la causa de la muerte de los sedados por no poder hacerse las autopsias, el caso del doctor Montes fuera sobreseído por falta de pruebas, que no porque se hubiera probado su inocencia, que es lo que pretenden hacernos creer desde la izquierda, incluyendo a Zapatero, que consideró el miércoles "injustificada e inaceptable" la "persecución" contra el médico por parte del Ejecutivo de Esperanza Aguirre.

Ahora hemos sabido, gracias a La Razón, que dos de los tres jueces responsables de esta decisión habían estampado su firma en un manifiesto de Jueces por la Democracia a favor de la eutanasia. Pese a ello, no se inhibieron de este caso, como era su obligación al ser tan pública y notoria su parcialidad. ¿Cómo iban a considerar mala praxis algo que consideran un derecho? Seguramente, quienes defienden al doctor Montes y su grupo de acólitos conocido como Sendero Luminoso se escandalicen porque consideremos que quizá esta resolución no ha sido tomada por motivos legales sino estrictamente políticos. Sin embargo, si dos jueces absolvieran a un acusado de maltrato tras haber firmado un manifiesto contra la ley de violencia de género, no nos cabe duda de que la noticia estaría en todos los telediarios y los editoriales de buena parte de la prensa se llenarían de santa indignación.

No está de más recordar que, en sus comienzos, este caso parecía simplemente "una supuesta práctica continua de eutanasia activa", como dijo el entonces responsable del PSOE en Madrid Rafael Simancas. Dado que los responsables de la sanidad madrileña pertenecían al PP, se convirtió en una excusa para atacar a Esperanza Aguirre. Sin embargo, en cuanto se supo de la adscripción política de Montes todo cambió, demostrándose una vez más que la izquierda lo único que defiende es lo suyo y a los suyos. Frente a su patológico sectarismo, el bienestar de los ciudadanos ocupa un lugar muy secundario.

A partir de ese momento, la destitución de Montes y las denuncias contra él se convirtieron en un ataque a la sanidad pública. Pero ni políticos ni periodistas deberían defender la "sanidad pública" porque sí, sino porque, a su real saber y entender, es la mejor alternativa para los pacientes. Si la defensa de la sanidad pública se transforma en defensa de sus empleados, y no de los enfermos, es que se carece de argumentos serios. Argumentos como, por ejemplo, preguntarse si en una clínica privada el doctor Montes seguiría trabajando como lo sigue haciendo para la sanidad pública.

La Comunidad de Madrid tomó la decisión de destituir a Montes cuando no podía sino trabajar con indicios. Indicios como que el Severo Ochoa tuviera "tasas de mortalidad en Urgencias que duplican" a las de otros hospitales "sin ninguna causa razonable", como dijo Simancas antes de enterarse de que no era políticamente conveniente defender a los pacientes del sistema sanitario madrileño. O como que los pacientes murieran sedados en Urgencias, y no en la unidad correspondiente. De hecho, el tiempo le dio la razón al consejero Lamela cuando tras la destitución las muertes en Urgencias descendieron

Los defensores del doctor Montes podrán alegar que no hay pruebas de que éste estuviera matando a los pacientes mediante eso que se conoce con el eufemismo de "eutanasia activa". Pero de lo que no cabe duda es que, bajo su mando, en su servicio moría un número anormalmente alto de pacientes, que desde entonces ha vuelto a cifras más razonables. Lo hicieran por considerarlo un criminal, o sólo un negligente, su destitución ha sido y fue un acierto. No estaría de más que la derecha lo defendiera así en esta época electoral. Porque la pretensión de la izquierda de que vuelva a ocupar su cargo sólo demuestra lo poco que le preocupan los pacientes de la sanidad pública, algo que los votantes deberían saber antes de acudir a las urnas.

http://www.libertaddigital.com/opiniones/opinion_41759.html