lunes 3 de julio de 2006
ETA ya había acordado iniciar conversaciones con el PSOE en febrero de 2004
El Comité Ejecutivo de ETA acordó en febrero de 2004 celebrar reuniones con representantes del PSOE, según consta en las notas del acta incautadas a José Ignacio Esparza Luri, detenido en Francia unas semanas después de la reunión, con lo que el anuncio de Zapatero la semana pasada viene sólo a oficializar una situación de hecho largo tiempo establecida.
La dirección de ETA, escribe Ángeles Escrivá en El Mundo, se planteó reunirse con la socialistas aunque éstos estaban aún en la oposición, y propusieron el lugar de la cita en el extranjero. El intermediador elegido fue el centro Henri Dunant de Ginebra, que un año y medio más tarde organizó las reuniones entre "Josu Ternera" y el presidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren, y que probablemente será la institución que acoja las conversaciones entre el Gobierno y ETA. Las notas tomadas por el etarra Esparza Luri, asistente al encuentro, señalan además que, por aquellas fechas, la banda terrorista podía recaudar en un año más de 1.700.000 euros a través de la extorsión. Esta reunión del Comité Ejecutivo de la banda, llamado "Zuba" —en el que estaban representados "Josu Ternera", "Antza", "Anboto",Esparza Luri y Peio Eskizabel—, se celebró cuando los dirigentes de Batasuna y del sindicato LAB Arnaldo Otegi, Rafa Díez y Pernando Barrena llevaban años de reuniones con el presidente del PSE y cuando ETA ya había decidido la tregua para Cataluña. El acta del encuentro del denominado "Zuba" plantea varias hipótesis para una eventual reunión entre el "Nes" —aparato de negociación— y "los gorrinos-PSOE": "En el caso de que el PSOE quiera contacto con la Organización, la Organización está dispuesta". "Para eso, lo primero hay que aclarar de quién es la iniciativa: del PSOE, del Estado o a nivel personal (ésta no se acepta)". Los dirigentes de ETA añaden: "Si explicara la naturaleza del contacto son necesarias claras garantías", "de acuerdo con la naturaleza del contacto es necesario un nivel de interlocución" y "una vez establecido el contacto y aclarado el nivel de interlocución, es necesario aclarar el contenido del contacto y el objetivo concreto.
domingo, julio 02, 2006
Los inmigrantes son una bendicion
lunes 3 de julio de 2006
Los inmigrantes son una bendición
Félix Arbolí
L A frase que sirve de título a este artículo no es mía. He de aclararlo, para que no me llamen loco o anormal. Ignoro a quien pertenece, ni me apetece lo más mínimo averiguar su identidad. Allá él y sus elucubraciones. No obstante, me gustaría saber en qué barrio vive y quienes les rodean en su cotidiano quehacer. Seguro que si lo hace en el mío y los tiene hasta en la sopa, disfrazados de fideos, no opinaría de igual forma. Claro que puede referirse a que esa “bendición” sea porque al pasar en vida el Purgatorio, nos libramos tras la muerte del Infierno. Los emigrantes, salvo honradísimas y no muy numerosas excepciones, son una lacra y una epidemia que nos ha caído desde todos los ángulos, en escaso tiempo y sin darnos tiempo a prepararnos y adaptarnos a esa afluencia masiva y descontrolada de seres de los más diversos países, costumbres, creencias y formas de vivir que, (contra toda lógica), no quieren abandonar al pasar nuestras fronteras, sino que seamos nosotros los que nos adaptemos a sus extrañas maneras y extravagancias de enfocar el día a día y cumplir sus diferentes ritos religiosos. Ellos vienen con ínfulas de conquistadores, imponiendo sus métodos totalmente inadecuados a nuestra cultura y casi obligándonos a que nos hagamos cargo de todos sus problemas y el posterior traslado, lo más rápidamente posible, del resto de la familia, incluidos cuñados y primos. A más de uno le he oído decir: “Ahora son ustedes los que tienen que cargar con el “debe” y nosotros con el “haber”.Venimos a recuperar el oro que se llevaron”. Y a mi que me registren, pero no conservo un solo ochavo de aquellos tiempos, ni tengo nada que me relacione con la conquista y mucho menos con la explotación de aquellos nuevos e incivilizados mundos. Es como si intentáramos los españoles que la Italia actual nos restituyera todo el producto de nuestras minas y riquezas que se llevaron los romanos cuando formábamos parte de su imperio, como “Hispania”, una de sus provincias. Viendo las cosas bajo esa perspectiva, (aunque duele tener que hablar así), fue mejor la colonización inglesa sobre el Norte, porque eliminaron a los indígenas y los encerraron en reservas y se evitaron posteriores reclamaciones y masivas e incontroladas invasiones sobre su suelo europeo siglos más tarde, como nos está pasando a nosotros. Una cosa es que acojamos a la persona que desea una vida mejor y más digna, con cierto criterio de selección, dispuesta a trabajar honradamente y otra que tengamos que soportar a tanto vago, maleante y gángster que se les apetezca cruzar nuestras fronteras, abusando de la excesiva clemencia de tanta ONG, Cruz Roja y otras instituciones y estamentos que los atienden y acogen como si España fuera la piedra angular de sus desgracias y recompensas, la culpable de su calamitosa situación. ¿De verdad creen que esos emigrantes, a los que da miedo encontrarse de frente y a los que, pobrecitos, la naturaleza le ha negado su semejanza al hombre normal, benefician en algo a España?. ¿Esos son los que van a constituir la nueva España?. Pues, francamente, prefiero un país de escasa y europeizada población, a un batiburrillo de seres, que parecen los desechos de sus países de origen. Me recuerda esto cuando Fidel Castro abrió las cárceles cubanas, prostíbulos y demás lugares marginados y se libró de esa lacra dándole sus “bendiciones comunistas” para que abandonaran la isla y fueran a engrosar la ciudadanía americana. Hay una película “El precio del poder”, de Al Pacino, en la que hace un magnífico papel, como todos los suyos, donde el emigrante cubano resulta un personaje de cuidado y se erige en poco tiempo, a base de crímenes, luchas y violencias, en un destacado capo de la Mafia y el crimen. ¿Por qué no seleccionamos con todas las de la ley y extremados cuidados a todo aquel que penetra en nuestras fronteras dispuesto a quedarse y así evitaríamos que la chusma internacional nos consideraran “hermanitas de la Caridad” y perritos falderos e indefensos. Me horroriza pensar que esos elementos que no los quieren ni sus propios países (no aceptan que se les devuelva), sean los futuros españoles para desgracia de nuestra civilización, cultura, manera de vivir, de creer, de pensar y de ser. Y encima se oyen voces, de los que viven en barrios alejados a su influencia y encuentros, que piden se les conceda toda clase de privilegios y derechos en idéntica proporción a los nacidos en la “piel de toro”, incluso en poder votar. No me extraña que pronto tengamos a un alcalde, presidente de autonomía o cualquier otro cargo practicando el vudú, la santería y otras lindezas por el estilo, que nos lleve de regreso al inicio de la civilización, aunque ya no tengamos árboles donde subirnos. No he sido jamás racista, ni me mueve este artículo el color de la piel que tenga cada individuo. En todas las razas existen individuos positivos y negativos. No es un privilegio de ninguna determinada. Lo que si me molesta en grado sumo y ello es la causa de este artículo que puede parecer intransigente, pero es sincero, es que aceptemos todo cuanto nos echen o se nos venga de todos esos “paraísos regidos por déspotas”, sin que digamos el “!Basta ya!” y pongamos coto a ese desmán nuestro de cada día. Enseguida venimos con reuniones, foros, debates y demás zarandajas defendiendo lo indefendible, porque ninguno de los que participan en ellos sufren el problema de cerca y cotidianamente y los que representan a esa “marabunta foránea”, lógicamente, se muestran de acuerdo con las tesis que les son favorables. ¡De tontos no tienen un pelo!. ¿Y nuestro gobierno que hace?. Nada, son futuros votos para mantenerse en el poder, que es lo único que le importa. Les dan casa, aunque queden a la espera nuestros hijos y conciudadanos, les facilitan médicos y hospitales que han sido construidos y mantenidos con nuestros impuestos, desde antes de que ellos llegaran, ocupando camas y alargando esperas a los naturales que se los han currado y hasta colegios, donde les permiten continuar con sus “velitos” y tradiciones religiosas, llevando a cabo la contratación de profesores de su religión, e incluso la construcción de mezquitas, que ya proliferan en Madrid y la supresión de nuestros símbolos religiosos, de los naturales y mayoría, para no herir su susceptibilidad. Hasta han pedido a Zapatero el derecho a la poligamia. Y se los concederá, porque aquí lo único importante para este desgobierno que nos rige es evitar todo vestigio católico, eliminar cualquier imagen religiosa y poner trabas a la asignatura de religión católica, los demás pueden estar tranquilo. Es como si los españoles que viven en un país islámico, exigieran al gobierno que les acoge, todos los derechos de los naturales y encima, pidieran y consiguieran que ocultaran mezquitas, levantaran templos cristianos, hicieran callar al Almuecín llamando a la oración y hasta la ocultación de su sagrada Kaaba, para no herir nuestros sentimientos religiosos. ¡Ah y que en los colegios no se enseñara el Corán, pero sí los Evangelios!. Lo menos que podría pasarnos es que nos pusieran fuertemente vigilados más allá de sus fronteras. Lo normal una “grata y confortable” prisión o quizás hasta la muerte “más dulce”, a la que puede aspirar un ser humano. España es diferente y ellos lo saben y nuestras dignísimas autoridades así lo demuestran. ¡Hasta quisieron que la Catedral de Córdoba, se pudiera utilizar asimismo como mezquita!. Ya lo he dicho en varias ocasiones, el moro, a la hora de pedir, no hay quien lo pare. Y el condescendiente Rodríguez Zapatero, el de la eterna sonrisa y la intolerancia religiosa, sólo para los católicos, creyéndose un “salva patrias”, porque se pliega gustoso a todas estas exigencias. ¿Qué le ha pasado de poco tiempo a esta parte al PSOE para su “cruzada” contra nuestra religión en todos los ámbitos y esferas de su mando?. Me da que pensar que los del “mandil” y su “filosofía altruista”, está detrás de todo esto. En España, actualmente, hasta dos guardias civiles solicitan una y otra vez, subiendo escalones hasta donde se les permita protestar, para que desaparezca de su hornacina, en el despacho de su Comandante, la imagen de la Virgen del Pilar, Patrona de España y del Cuerpo, (a lo mejor resulta que son emigrantes y por ello no se sienten identificados con nuestra Pilarica) y se intenta alentar y eliminar de una vez por todas cualquier ostentación pública religiosa. El gobierno está dando ejemplos y alicientes para ello. Pero solo a las que se refieren a la creencia católica. No digo iglesia, que también la sufre, sino doctrina que es la mayoritaria del país, aunque esto le pese y no le detenga a los que quieren desterrar a Dios de nuestras conciencias. ¿A quién podemos acudir los que nos sentimos ultrajados de esta manera, teniendo que convivir con muchos de los indeseables que han largado de sus propios países, para eliminar un peso y encima recibir unos millones de euros que salen de nuestras arcas?. El gobierno, con esa sabiduría y estrategia de las que hace continua gala, les ha ofrecido ayuda en barcos y vigilancias y hasta en euros cantantes y sonantes, a cambio de que paren ese éxodo hacia nuestras costas y como respuesta, ¡toma ciribicundia!, les dicen que ganan más dinero con los giros y trasferencias de esos emigrantes, que el que le pudiera ofrecer España, por no dejarles salir. Así que nos toca soportarlos, aumentados día a día, en cantidades alarmantes. ¡Tan impotente se ve nuestro gobierno para atajar este problema y con tanta facilidad para endilgarnos otros!. Encima nosotros pagando su manutención, barracones y centros de acogidas y cubriendo sus necesidades, a costa de nuestro trabajo y esfuerzos. ¡Ya está bien de tanto quijotismo!. Conforme se divisan, antes de que lleguen a nuestras costas, darle la vuelta a la patera o al cayuco y enfilarlos, estrechamente vigilados a sus lugares de procedencia. Nada de tenerlos días y meses y hasta camuflados y para siempre, porque esa es la peor propaganda que podremos hacerle para atajar de una vez y para siempre este problema. Duro es tener que hablar así, pero vivo rodeados de marroquíes, subsaharianos, colombianos, ecuatorianos, dominicanos y demás y esto parece una Babel, pero no por la diversidad de lenguas, sino por el continuo y mortificante suplicio de tener que soportar su música salsera y machacona a todo volumen, sus reuniones cada dos por tres, con broncas, botellones y gritos en su manera de hablar y encima ese aire de indiferencia e incluso rencor, con el que te miran, como si fueras tu el extraño que ha llegado para perturbarle y amargarle la existencia. En mi piso de veinte viviendas, solo seis o a la sumo siete, son naturales de nuestro país, el resto llegado de allende las fronteras. Claro que aunque los alquileres no estén al alcance de cualquier bolsillo, para ellos no es problema, pues ocupan cada vivienda un promedio de quince a veinte individuos y entre todos es asequible el alquiler. Toda la culpa la tiene el dueño, por permitirlo. En más de una ocasión ha venido el juzgado y los guardias a preguntar por alguno, para el desahucio por falta de pago o cualquier otra causa. Y me han molestado solicitando datos sobre el individuo en cuestión. ¡Cómo si yo supiera a donde van, de qué viven y qué hacen estos “angelitos” llegados por aire y por mar!. Más de una vez me han caído un cuadro o han movido con exceso la lámpara del techo ante las enormes vibraciones de su música vocinglera e insoportable para el oído normal. De nada vale protestar educadamente. Es que ni te abren la puerta al saber quien eres y para qué llamas. Siguen con su música, sus risotadas, sus gritos e incomodidades, porque aún no han asimilado que su entorno habitual ha cambiado por completo y están en un país civilizado que, da la casualidad, que no es el suyo, sino el que se ha visto obligado acogerles, soportarles y cuidarles en todos los aspectos. Yo solo pido que los que altruistas y caritativos no estén de acuerdo con mis sentimientos y expresiones, tengan la paciencia y valentía de pasar “sólo quince días” rodeados de esta caterva y luego podrán comprobar si no han cambiado de opinión.
Los inmigrantes son una bendición
Félix Arbolí
L A frase que sirve de título a este artículo no es mía. He de aclararlo, para que no me llamen loco o anormal. Ignoro a quien pertenece, ni me apetece lo más mínimo averiguar su identidad. Allá él y sus elucubraciones. No obstante, me gustaría saber en qué barrio vive y quienes les rodean en su cotidiano quehacer. Seguro que si lo hace en el mío y los tiene hasta en la sopa, disfrazados de fideos, no opinaría de igual forma. Claro que puede referirse a que esa “bendición” sea porque al pasar en vida el Purgatorio, nos libramos tras la muerte del Infierno. Los emigrantes, salvo honradísimas y no muy numerosas excepciones, son una lacra y una epidemia que nos ha caído desde todos los ángulos, en escaso tiempo y sin darnos tiempo a prepararnos y adaptarnos a esa afluencia masiva y descontrolada de seres de los más diversos países, costumbres, creencias y formas de vivir que, (contra toda lógica), no quieren abandonar al pasar nuestras fronteras, sino que seamos nosotros los que nos adaptemos a sus extrañas maneras y extravagancias de enfocar el día a día y cumplir sus diferentes ritos religiosos. Ellos vienen con ínfulas de conquistadores, imponiendo sus métodos totalmente inadecuados a nuestra cultura y casi obligándonos a que nos hagamos cargo de todos sus problemas y el posterior traslado, lo más rápidamente posible, del resto de la familia, incluidos cuñados y primos. A más de uno le he oído decir: “Ahora son ustedes los que tienen que cargar con el “debe” y nosotros con el “haber”.Venimos a recuperar el oro que se llevaron”. Y a mi que me registren, pero no conservo un solo ochavo de aquellos tiempos, ni tengo nada que me relacione con la conquista y mucho menos con la explotación de aquellos nuevos e incivilizados mundos. Es como si intentáramos los españoles que la Italia actual nos restituyera todo el producto de nuestras minas y riquezas que se llevaron los romanos cuando formábamos parte de su imperio, como “Hispania”, una de sus provincias. Viendo las cosas bajo esa perspectiva, (aunque duele tener que hablar así), fue mejor la colonización inglesa sobre el Norte, porque eliminaron a los indígenas y los encerraron en reservas y se evitaron posteriores reclamaciones y masivas e incontroladas invasiones sobre su suelo europeo siglos más tarde, como nos está pasando a nosotros. Una cosa es que acojamos a la persona que desea una vida mejor y más digna, con cierto criterio de selección, dispuesta a trabajar honradamente y otra que tengamos que soportar a tanto vago, maleante y gángster que se les apetezca cruzar nuestras fronteras, abusando de la excesiva clemencia de tanta ONG, Cruz Roja y otras instituciones y estamentos que los atienden y acogen como si España fuera la piedra angular de sus desgracias y recompensas, la culpable de su calamitosa situación. ¿De verdad creen que esos emigrantes, a los que da miedo encontrarse de frente y a los que, pobrecitos, la naturaleza le ha negado su semejanza al hombre normal, benefician en algo a España?. ¿Esos son los que van a constituir la nueva España?. Pues, francamente, prefiero un país de escasa y europeizada población, a un batiburrillo de seres, que parecen los desechos de sus países de origen. Me recuerda esto cuando Fidel Castro abrió las cárceles cubanas, prostíbulos y demás lugares marginados y se libró de esa lacra dándole sus “bendiciones comunistas” para que abandonaran la isla y fueran a engrosar la ciudadanía americana. Hay una película “El precio del poder”, de Al Pacino, en la que hace un magnífico papel, como todos los suyos, donde el emigrante cubano resulta un personaje de cuidado y se erige en poco tiempo, a base de crímenes, luchas y violencias, en un destacado capo de la Mafia y el crimen. ¿Por qué no seleccionamos con todas las de la ley y extremados cuidados a todo aquel que penetra en nuestras fronteras dispuesto a quedarse y así evitaríamos que la chusma internacional nos consideraran “hermanitas de la Caridad” y perritos falderos e indefensos. Me horroriza pensar que esos elementos que no los quieren ni sus propios países (no aceptan que se les devuelva), sean los futuros españoles para desgracia de nuestra civilización, cultura, manera de vivir, de creer, de pensar y de ser. Y encima se oyen voces, de los que viven en barrios alejados a su influencia y encuentros, que piden se les conceda toda clase de privilegios y derechos en idéntica proporción a los nacidos en la “piel de toro”, incluso en poder votar. No me extraña que pronto tengamos a un alcalde, presidente de autonomía o cualquier otro cargo practicando el vudú, la santería y otras lindezas por el estilo, que nos lleve de regreso al inicio de la civilización, aunque ya no tengamos árboles donde subirnos. No he sido jamás racista, ni me mueve este artículo el color de la piel que tenga cada individuo. En todas las razas existen individuos positivos y negativos. No es un privilegio de ninguna determinada. Lo que si me molesta en grado sumo y ello es la causa de este artículo que puede parecer intransigente, pero es sincero, es que aceptemos todo cuanto nos echen o se nos venga de todos esos “paraísos regidos por déspotas”, sin que digamos el “!Basta ya!” y pongamos coto a ese desmán nuestro de cada día. Enseguida venimos con reuniones, foros, debates y demás zarandajas defendiendo lo indefendible, porque ninguno de los que participan en ellos sufren el problema de cerca y cotidianamente y los que representan a esa “marabunta foránea”, lógicamente, se muestran de acuerdo con las tesis que les son favorables. ¡De tontos no tienen un pelo!. ¿Y nuestro gobierno que hace?. Nada, son futuros votos para mantenerse en el poder, que es lo único que le importa. Les dan casa, aunque queden a la espera nuestros hijos y conciudadanos, les facilitan médicos y hospitales que han sido construidos y mantenidos con nuestros impuestos, desde antes de que ellos llegaran, ocupando camas y alargando esperas a los naturales que se los han currado y hasta colegios, donde les permiten continuar con sus “velitos” y tradiciones religiosas, llevando a cabo la contratación de profesores de su religión, e incluso la construcción de mezquitas, que ya proliferan en Madrid y la supresión de nuestros símbolos religiosos, de los naturales y mayoría, para no herir su susceptibilidad. Hasta han pedido a Zapatero el derecho a la poligamia. Y se los concederá, porque aquí lo único importante para este desgobierno que nos rige es evitar todo vestigio católico, eliminar cualquier imagen religiosa y poner trabas a la asignatura de religión católica, los demás pueden estar tranquilo. Es como si los españoles que viven en un país islámico, exigieran al gobierno que les acoge, todos los derechos de los naturales y encima, pidieran y consiguieran que ocultaran mezquitas, levantaran templos cristianos, hicieran callar al Almuecín llamando a la oración y hasta la ocultación de su sagrada Kaaba, para no herir nuestros sentimientos religiosos. ¡Ah y que en los colegios no se enseñara el Corán, pero sí los Evangelios!. Lo menos que podría pasarnos es que nos pusieran fuertemente vigilados más allá de sus fronteras. Lo normal una “grata y confortable” prisión o quizás hasta la muerte “más dulce”, a la que puede aspirar un ser humano. España es diferente y ellos lo saben y nuestras dignísimas autoridades así lo demuestran. ¡Hasta quisieron que la Catedral de Córdoba, se pudiera utilizar asimismo como mezquita!. Ya lo he dicho en varias ocasiones, el moro, a la hora de pedir, no hay quien lo pare. Y el condescendiente Rodríguez Zapatero, el de la eterna sonrisa y la intolerancia religiosa, sólo para los católicos, creyéndose un “salva patrias”, porque se pliega gustoso a todas estas exigencias. ¿Qué le ha pasado de poco tiempo a esta parte al PSOE para su “cruzada” contra nuestra religión en todos los ámbitos y esferas de su mando?. Me da que pensar que los del “mandil” y su “filosofía altruista”, está detrás de todo esto. En España, actualmente, hasta dos guardias civiles solicitan una y otra vez, subiendo escalones hasta donde se les permita protestar, para que desaparezca de su hornacina, en el despacho de su Comandante, la imagen de la Virgen del Pilar, Patrona de España y del Cuerpo, (a lo mejor resulta que son emigrantes y por ello no se sienten identificados con nuestra Pilarica) y se intenta alentar y eliminar de una vez por todas cualquier ostentación pública religiosa. El gobierno está dando ejemplos y alicientes para ello. Pero solo a las que se refieren a la creencia católica. No digo iglesia, que también la sufre, sino doctrina que es la mayoritaria del país, aunque esto le pese y no le detenga a los que quieren desterrar a Dios de nuestras conciencias. ¿A quién podemos acudir los que nos sentimos ultrajados de esta manera, teniendo que convivir con muchos de los indeseables que han largado de sus propios países, para eliminar un peso y encima recibir unos millones de euros que salen de nuestras arcas?. El gobierno, con esa sabiduría y estrategia de las que hace continua gala, les ha ofrecido ayuda en barcos y vigilancias y hasta en euros cantantes y sonantes, a cambio de que paren ese éxodo hacia nuestras costas y como respuesta, ¡toma ciribicundia!, les dicen que ganan más dinero con los giros y trasferencias de esos emigrantes, que el que le pudiera ofrecer España, por no dejarles salir. Así que nos toca soportarlos, aumentados día a día, en cantidades alarmantes. ¡Tan impotente se ve nuestro gobierno para atajar este problema y con tanta facilidad para endilgarnos otros!. Encima nosotros pagando su manutención, barracones y centros de acogidas y cubriendo sus necesidades, a costa de nuestro trabajo y esfuerzos. ¡Ya está bien de tanto quijotismo!. Conforme se divisan, antes de que lleguen a nuestras costas, darle la vuelta a la patera o al cayuco y enfilarlos, estrechamente vigilados a sus lugares de procedencia. Nada de tenerlos días y meses y hasta camuflados y para siempre, porque esa es la peor propaganda que podremos hacerle para atajar de una vez y para siempre este problema. Duro es tener que hablar así, pero vivo rodeados de marroquíes, subsaharianos, colombianos, ecuatorianos, dominicanos y demás y esto parece una Babel, pero no por la diversidad de lenguas, sino por el continuo y mortificante suplicio de tener que soportar su música salsera y machacona a todo volumen, sus reuniones cada dos por tres, con broncas, botellones y gritos en su manera de hablar y encima ese aire de indiferencia e incluso rencor, con el que te miran, como si fueras tu el extraño que ha llegado para perturbarle y amargarle la existencia. En mi piso de veinte viviendas, solo seis o a la sumo siete, son naturales de nuestro país, el resto llegado de allende las fronteras. Claro que aunque los alquileres no estén al alcance de cualquier bolsillo, para ellos no es problema, pues ocupan cada vivienda un promedio de quince a veinte individuos y entre todos es asequible el alquiler. Toda la culpa la tiene el dueño, por permitirlo. En más de una ocasión ha venido el juzgado y los guardias a preguntar por alguno, para el desahucio por falta de pago o cualquier otra causa. Y me han molestado solicitando datos sobre el individuo en cuestión. ¡Cómo si yo supiera a donde van, de qué viven y qué hacen estos “angelitos” llegados por aire y por mar!. Más de una vez me han caído un cuadro o han movido con exceso la lámpara del techo ante las enormes vibraciones de su música vocinglera e insoportable para el oído normal. De nada vale protestar educadamente. Es que ni te abren la puerta al saber quien eres y para qué llamas. Siguen con su música, sus risotadas, sus gritos e incomodidades, porque aún no han asimilado que su entorno habitual ha cambiado por completo y están en un país civilizado que, da la casualidad, que no es el suyo, sino el que se ha visto obligado acogerles, soportarles y cuidarles en todos los aspectos. Yo solo pido que los que altruistas y caritativos no estén de acuerdo con mis sentimientos y expresiones, tengan la paciencia y valentía de pasar “sólo quince días” rodeados de esta caterva y luego podrán comprobar si no han cambiado de opinión.
Repaso
lunes 3 de julio de 2006
Proceso de rendición
Repaso
Juan Carlos Girauta
Unas semanas después tiene lugar en Madrid, a tres días de las elecciones generales, el más grave atentado terrorista habido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Se produce el vuelco electoral.
No sé si lo he entendido. Tras la mayoría absoluta de Aznar y la renovación de la cúpula socialista, elementos del PSE traban contactos con Batasuna que se conjugarán con el apoyo a la política antiterrorista del PP, incluyendo la ley de partidos. Rodríguez toma una iniciativa crucial en la misma línea del gobierno: el Pacto por las Libertades, contradictorio con los actos secretos de su formación.
Pasado el ecuador de la legislatura, la oposición socialista despliega una agresiva campaña a cuenta del Prestige, inaugurando una práctica que no abandonará hasta obtener el poder: el acoso físico y moral a las sedes, dirigentes, militantes, simpatizantes y votantes del PP. Con la guerra de Irak se alcanzan niveles de intoxicación, demagogia, insultos y amenazas que parecen difíciles de superar. Sin embargo, pronto se superarán.
A principios de 2004, cuando ETA-Batasuna están acusando más que nunca las eficaces políticas antiterroristas de la legislatura a punto de terminar, los asesinos reciben el inesperado balón de oxígeno de un encuentro en Perpiñán con la segunda autoridad de Cataluña, en funciones de Presidente de la Generalidad. Al trascender los hechos, los socialistas y medios catalanes invierten con éxito la percepción general de la cuestión: el problema es el PP, partido anticatalán que ha linchado a Carod. Como resultado, muchos vuelven a postular el “diálogo” Estado-terroristas.
Mientras tanto, el PSOE, cuyas expectativas electorales no permiten más especulación que la de perder por mayoría simple o por mayoría absoluta del contrario, proponen a la ETA una reunión inexplicable en ese contexto. Es decir, los de Carod y los de Rodríguez están haciendo lo mismo al mismo tiempo.
Unas semanas después tiene lugar en Madrid, a tres días de las elecciones generales, el más grave atentado terrorista habido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Se produce el vuelco electoral. La identidad de los organizadores y ejecutores de la masacre, así como su modus operandi, permanecen en el misterio. Entre otros motivos, por la oposición de los socialistas y sus aliados a que se investiguen debidamente los hechos en el Congreso y en la Audiencia Nacional.
Rodríguez se empeña personalmente en la consecución de un nuevo estatuto para Cataluña. Surge una pieza legislativa de corte confederal que reconoce una nación dentro de España. Entre inacabables y ambiguos preceptos, se bendice un nuevo sujeto de soberanía y se quiebra la unidad del poder judicial.
Inmediatamente, Rodríguez anuncia negociaciones con la ETA sin que se hayan cumplido las condiciones que él mismo había marcado. En la misma intervención reconoce, mediante fórmulas alternativas pero inequívocas, el derecho a la autodeterminación. ¿Ha ido así la cosa? No sé si lo he entendido.
Gentileza de LD
Proceso de rendición
Repaso
Juan Carlos Girauta
Unas semanas después tiene lugar en Madrid, a tres días de las elecciones generales, el más grave atentado terrorista habido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Se produce el vuelco electoral.
No sé si lo he entendido. Tras la mayoría absoluta de Aznar y la renovación de la cúpula socialista, elementos del PSE traban contactos con Batasuna que se conjugarán con el apoyo a la política antiterrorista del PP, incluyendo la ley de partidos. Rodríguez toma una iniciativa crucial en la misma línea del gobierno: el Pacto por las Libertades, contradictorio con los actos secretos de su formación.
Pasado el ecuador de la legislatura, la oposición socialista despliega una agresiva campaña a cuenta del Prestige, inaugurando una práctica que no abandonará hasta obtener el poder: el acoso físico y moral a las sedes, dirigentes, militantes, simpatizantes y votantes del PP. Con la guerra de Irak se alcanzan niveles de intoxicación, demagogia, insultos y amenazas que parecen difíciles de superar. Sin embargo, pronto se superarán.
A principios de 2004, cuando ETA-Batasuna están acusando más que nunca las eficaces políticas antiterroristas de la legislatura a punto de terminar, los asesinos reciben el inesperado balón de oxígeno de un encuentro en Perpiñán con la segunda autoridad de Cataluña, en funciones de Presidente de la Generalidad. Al trascender los hechos, los socialistas y medios catalanes invierten con éxito la percepción general de la cuestión: el problema es el PP, partido anticatalán que ha linchado a Carod. Como resultado, muchos vuelven a postular el “diálogo” Estado-terroristas.
Mientras tanto, el PSOE, cuyas expectativas electorales no permiten más especulación que la de perder por mayoría simple o por mayoría absoluta del contrario, proponen a la ETA una reunión inexplicable en ese contexto. Es decir, los de Carod y los de Rodríguez están haciendo lo mismo al mismo tiempo.
Unas semanas después tiene lugar en Madrid, a tres días de las elecciones generales, el más grave atentado terrorista habido en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Se produce el vuelco electoral. La identidad de los organizadores y ejecutores de la masacre, así como su modus operandi, permanecen en el misterio. Entre otros motivos, por la oposición de los socialistas y sus aliados a que se investiguen debidamente los hechos en el Congreso y en la Audiencia Nacional.
Rodríguez se empeña personalmente en la consecución de un nuevo estatuto para Cataluña. Surge una pieza legislativa de corte confederal que reconoce una nación dentro de España. Entre inacabables y ambiguos preceptos, se bendice un nuevo sujeto de soberanía y se quiebra la unidad del poder judicial.
Inmediatamente, Rodríguez anuncia negociaciones con la ETA sin que se hayan cumplido las condiciones que él mismo había marcado. En la misma intervención reconoce, mediante fórmulas alternativas pero inequívocas, el derecho a la autodeterminación. ¿Ha ido así la cosa? No sé si lo he entendido.
Gentileza de LD
Manifiesto contra la pederastia
lunes 3 de julio de 2006
CRÓNICA NEGRA
Manifiesto contra la pederastia
Por Francisco Pérez Abellán
Deberíamos aprender de los países de nuestro entorno. Incluso de sus fallos o defectos. Bélgica vive unas amargas jornadas por la muerte de dos niñas: Nathalie, de 10 años, y Stacy, de 7, cuyos cuerpos fueron encontrados a unos 200 metros de donde desaparecieron. Probablemente fueron estranguladas, y una de ellas, al menos, violada.
Es más que probable que se trate de un pederasta, uno de esos individuos que aprovecha los resquicios sociales y judiciales para dar rienda a su pasión por el abuso de menores. En nuestro país existe una Ley de Menores anacrónica, polémica y criticada que no pone a salvo a los pequeños de estos peligrosos depredadores. Ha sido en un barrio degradado de Lieja, en el que –según se sabe ahora– habitan al menos diez pederastas, debidamente protegida su identidad por ley y a la vez completamente indefensos los ciudadanos, especialmente los niños, ante cualquier ataque. Ni siquiera ha servido para impedir esto la conmoción social causada por aquel ser abyecto, Marc Dutroux, que secuestraba niñas, a las que dejaba morir de hambre luego de vejarlas, humillarlas y abusar de ellas.
La organización Save de Children (Salvad a los Niños) tiene denunciado que más de 30.000 españoles hacen turismo sexual cada año, muchos de ellos por el goce prohibido de los menores que se ofrecen en los países con la prostitución fuera de control. Dentro del territorio nacional, y sólo en el último año y medio, 500 españoles han sido detenidos por distribuir porno infantil en internet.
El más guapo de los asesinos en serie, Ted Bundy, dejó dicho que la pornografía había sido uno de los grandes excitantes para sus crímenes. Es decir, que, según el gran asesino, una cosa lleva a la otra. La última operación, llamada "Nelia", ha provocado la detención de 21 individuos, entre los que se cuentan dos mujeres y tres menores. Las profesiones de los imputados son muy variadas: un profesor, un electricista, un ciclista, un empresario, una dependienta… ¿Cuál es su delito? Haberse descargado de la Red un video de diez minutos protagonizado por una joven, que se estima menor de once años, que completamente desnuda realiza actos sexuales para la cámara.
¿Es esto tan grave? Desde luego: revela un mal íntimo, perverso, una disposición fatal a gozar de la utilización de una persona en formación para el propio placer. Uno de los funcionarios policiales responsable de las operaciones tiene una curiosa opinión de los detenidos: "Son gente normal y corriente, que suele empezar por la pornografía de adultos y por curiosidad, porque el coleccionismo intenta buscar la rareza, acaba buscando imágenes con menores. La familia se lleva siempre una gran sorpresa, porque no saben nada…" Pues si son tan normales, ¿por qué los detienen?
Estamos en una época confusa, donde la tolerancia tonta se mezcla con el estalinismo. Por un lado puede comprenderse que alguien normal tenga la perversión de ver a una niña de diez años en juegos sexuales con un adulto, y por otro fulminar a un padre de familia que ha tomado una copa de más en la comunión de su sobrina.
Las leyes deben ser proporcionadas a la situación, humanas, respetuosas con los seres a los que quiere ordenar la conducta. Supuesto que no se da en este momento, donde hasta los funcionarios de la ley pueden pensar que no es para tanto pero se ven obligados a cumplir una dura norma, encima en un delito de moda, que tiene grandes réditos sociales: ¡otra trama de pornógrafos desarticulada! ¡Aleluya!. Tal vez se trate sólo de fuegos artificiales.
Es cierto que se lava la conciencia cuando se nos tranquiliza: la mayoría no irá a la cárcel. "Casi nunca tienen antecedentes. Se llevan un susto y, por lo general, lo dejan". Aparte de no ser cierto: al menos uno de los capturados ya lo fue meses antes por otro delito igual, todo vuelve a ser confuso. No se nos escapa que con esto se lucha contra la utilización de niños en repugnantes menesteres, pero ¿que garantías tenemos de que se impida verdaderamente la actividad de los pederastas?
Pero el caso es que sí es para tanto. La sociedad española se rige por un Código Penal que permite relaciones consentidas a los niños de 13 años, en un conjunto legal que cada vez prolonga los conceptos "menores" e "infancia" más allá, hasta salirse del cuadro. Ahora vamos a que, para determinadas cosas, serán niños hasta los 21 años. Debe de ser porque, como llevan camino de no irse de casa de los padres hasta los 40, conviene considerarlos menores hasta que peinen canas.
Este desorden que impide que los jóvenes adquieran responsabilidad y se adueñen de sus propias vidas a la vez que la biología lo demanda provoca grandes agujeros negros. En este disparate, a los 13 años no pueden conducir un ciclomotor pero están listos para el sexo. ¡Y queremos acabar con los pederastas!
Por internet circulan largas disquisiciones de los peores amantes de los niños que recuerdan que la ley española permite gozar y que los gocen desde muy jóvenes. También se pueden encontrar cartas, comunicados, chats y webs donde se destaca que si dan una puñalada o roban no serán responsables. Es la situación abonada para mirones, exhibicionistas, merodeadores y delincuentes sexuales. Mientras, todavía niños, se les impide crecer pero se les declara óptimos para hacer con su sexo lo que quieran, se persigue de forma contundente a los traficantes de fotos y vídeos de pornografía infantil.
Un tipo que disfruta hasta la aberración de un vídeo porno puede sufrir el delirio de hacer realidad sus peores fantasías. A Ted Bundy le pasaba, y les aseguro que era un experto. Cuando le quemaron en la silla eléctrica estaba en la fase de experimentar con el canibalismo. Una de sus últimas víctimas quedó señalada con un bocado imposible de borrar en una nalga. Alguien que colecciona porno infantil, lo que es delito tanto en su tráfico como en su simple almacenamiento, puede verse tentado a hacer realidad sus malos deseos.
El belga Dutroux se dedicaba a servir material para porno infantil, entre otras cosas. Y él mismo disfrutaba de los modelos. Algunos pederastas asesinos pueden salir de esa "gente tan normal" que copia archivos de sexo guarro de internet. Los últimos detenidos lo fueron en varios lugares: Madrid, Barcelona, Tarragona, Valencia, Alicante, Murcia, Cádiz, Málaga, Albacete, Oviedo, Gijón y Tenerife. Preocupante.
Dos consejos para terminar con el drama: dejen crecer a los pequeños y no les hagan grandes sólo para lo que interesa. Es la mejor manera de protegerlos
CRÓNICA NEGRA
Manifiesto contra la pederastia
Por Francisco Pérez Abellán
Deberíamos aprender de los países de nuestro entorno. Incluso de sus fallos o defectos. Bélgica vive unas amargas jornadas por la muerte de dos niñas: Nathalie, de 10 años, y Stacy, de 7, cuyos cuerpos fueron encontrados a unos 200 metros de donde desaparecieron. Probablemente fueron estranguladas, y una de ellas, al menos, violada.
Es más que probable que se trate de un pederasta, uno de esos individuos que aprovecha los resquicios sociales y judiciales para dar rienda a su pasión por el abuso de menores. En nuestro país existe una Ley de Menores anacrónica, polémica y criticada que no pone a salvo a los pequeños de estos peligrosos depredadores. Ha sido en un barrio degradado de Lieja, en el que –según se sabe ahora– habitan al menos diez pederastas, debidamente protegida su identidad por ley y a la vez completamente indefensos los ciudadanos, especialmente los niños, ante cualquier ataque. Ni siquiera ha servido para impedir esto la conmoción social causada por aquel ser abyecto, Marc Dutroux, que secuestraba niñas, a las que dejaba morir de hambre luego de vejarlas, humillarlas y abusar de ellas.
La organización Save de Children (Salvad a los Niños) tiene denunciado que más de 30.000 españoles hacen turismo sexual cada año, muchos de ellos por el goce prohibido de los menores que se ofrecen en los países con la prostitución fuera de control. Dentro del territorio nacional, y sólo en el último año y medio, 500 españoles han sido detenidos por distribuir porno infantil en internet.
El más guapo de los asesinos en serie, Ted Bundy, dejó dicho que la pornografía había sido uno de los grandes excitantes para sus crímenes. Es decir, que, según el gran asesino, una cosa lleva a la otra. La última operación, llamada "Nelia", ha provocado la detención de 21 individuos, entre los que se cuentan dos mujeres y tres menores. Las profesiones de los imputados son muy variadas: un profesor, un electricista, un ciclista, un empresario, una dependienta… ¿Cuál es su delito? Haberse descargado de la Red un video de diez minutos protagonizado por una joven, que se estima menor de once años, que completamente desnuda realiza actos sexuales para la cámara.
¿Es esto tan grave? Desde luego: revela un mal íntimo, perverso, una disposición fatal a gozar de la utilización de una persona en formación para el propio placer. Uno de los funcionarios policiales responsable de las operaciones tiene una curiosa opinión de los detenidos: "Son gente normal y corriente, que suele empezar por la pornografía de adultos y por curiosidad, porque el coleccionismo intenta buscar la rareza, acaba buscando imágenes con menores. La familia se lleva siempre una gran sorpresa, porque no saben nada…" Pues si son tan normales, ¿por qué los detienen?
Estamos en una época confusa, donde la tolerancia tonta se mezcla con el estalinismo. Por un lado puede comprenderse que alguien normal tenga la perversión de ver a una niña de diez años en juegos sexuales con un adulto, y por otro fulminar a un padre de familia que ha tomado una copa de más en la comunión de su sobrina.
Las leyes deben ser proporcionadas a la situación, humanas, respetuosas con los seres a los que quiere ordenar la conducta. Supuesto que no se da en este momento, donde hasta los funcionarios de la ley pueden pensar que no es para tanto pero se ven obligados a cumplir una dura norma, encima en un delito de moda, que tiene grandes réditos sociales: ¡otra trama de pornógrafos desarticulada! ¡Aleluya!. Tal vez se trate sólo de fuegos artificiales.
Es cierto que se lava la conciencia cuando se nos tranquiliza: la mayoría no irá a la cárcel. "Casi nunca tienen antecedentes. Se llevan un susto y, por lo general, lo dejan". Aparte de no ser cierto: al menos uno de los capturados ya lo fue meses antes por otro delito igual, todo vuelve a ser confuso. No se nos escapa que con esto se lucha contra la utilización de niños en repugnantes menesteres, pero ¿que garantías tenemos de que se impida verdaderamente la actividad de los pederastas?
Pero el caso es que sí es para tanto. La sociedad española se rige por un Código Penal que permite relaciones consentidas a los niños de 13 años, en un conjunto legal que cada vez prolonga los conceptos "menores" e "infancia" más allá, hasta salirse del cuadro. Ahora vamos a que, para determinadas cosas, serán niños hasta los 21 años. Debe de ser porque, como llevan camino de no irse de casa de los padres hasta los 40, conviene considerarlos menores hasta que peinen canas.
Este desorden que impide que los jóvenes adquieran responsabilidad y se adueñen de sus propias vidas a la vez que la biología lo demanda provoca grandes agujeros negros. En este disparate, a los 13 años no pueden conducir un ciclomotor pero están listos para el sexo. ¡Y queremos acabar con los pederastas!
Por internet circulan largas disquisiciones de los peores amantes de los niños que recuerdan que la ley española permite gozar y que los gocen desde muy jóvenes. También se pueden encontrar cartas, comunicados, chats y webs donde se destaca que si dan una puñalada o roban no serán responsables. Es la situación abonada para mirones, exhibicionistas, merodeadores y delincuentes sexuales. Mientras, todavía niños, se les impide crecer pero se les declara óptimos para hacer con su sexo lo que quieran, se persigue de forma contundente a los traficantes de fotos y vídeos de pornografía infantil.
Un tipo que disfruta hasta la aberración de un vídeo porno puede sufrir el delirio de hacer realidad sus peores fantasías. A Ted Bundy le pasaba, y les aseguro que era un experto. Cuando le quemaron en la silla eléctrica estaba en la fase de experimentar con el canibalismo. Una de sus últimas víctimas quedó señalada con un bocado imposible de borrar en una nalga. Alguien que colecciona porno infantil, lo que es delito tanto en su tráfico como en su simple almacenamiento, puede verse tentado a hacer realidad sus malos deseos.
El belga Dutroux se dedicaba a servir material para porno infantil, entre otras cosas. Y él mismo disfrutaba de los modelos. Algunos pederastas asesinos pueden salir de esa "gente tan normal" que copia archivos de sexo guarro de internet. Los últimos detenidos lo fueron en varios lugares: Madrid, Barcelona, Tarragona, Valencia, Alicante, Murcia, Cádiz, Málaga, Albacete, Oviedo, Gijón y Tenerife. Preocupante.
Dos consejos para terminar con el drama: dejen crecer a los pequeños y no les hagan grandes sólo para lo que interesa. Es la mejor manera de protegerlos
Solo para iniciados
lunes 3 de julio de 2006
COMER BIEN
Sólo para iniciados
Por Caius Apicius
Alguna vez hemos comentado que una de las cosas menos divertidas del mundo de la gastronomía es una cata de vinos, especialmente si se trata de una cata profesional a cargo de expertos: no hay el más mínimo resquicio para el placer.
La de los catadores profesionales es, a estas alturas, una nueva casta sacerdotal. Han establecido sus propios ritos, sus propias reglas, sus condiciones particulares... y han sabido envolver las catas en un halo de misterio, convertirlas en algo sólo apto para iniciados. Lo dicho: una nueva casta sacerdotal.Supongamos que a uno de ustedes –no se lo deseo– le invitan a formar parte de un jurado en una de estas catas. A usted, claro, le hará ilusión probar unos vinos interesantes, y acude a la cita lleno de ilusión. Le va a durar poco.Usted sabe que el vino es una de las cosas más comunicativas que existen, que un vino no es completo si no se puede hablar de él, cambiar impresiones... Olvídese: a la primera que abra la boca para hacer algo distinto de meter en ella un buchito de vino o escupirlo provocará una tempestad de imperativos siseos que le harán comprender que calladito está más guapo.Puede ser que usted, que es un ciudadano al que le gusta oler bien, se haya puesto agua de colonia, o que su loción para después del afeitado huela bien, pero mucho... a juicio de alguno de estos sanedritas. Dése por satisfecho si sólo le riñen y no le hacen abandonar la sala de catas.Olvídese, si es usted fumador, de echarse un pitillito en el descanso... aunque sea en el balcón, con medio cuerpo fuera: le reñirán otra vez, exigirán que se vaya a fumar a la calle o a que tire el cigarrillo inmediatamente. De acuerdo: el tabaco disturba el olor; pero... ¿desde el balcón?Llegan los vinos. Las botellas, envueltas en algo que impida su identificación; es lo que se llama "una cata ciega". Vale: conocer el vino que se cata mediatiza, afirmarán. Antes de servirlo, puede suceder que algún catador se percate de que los catavinos huelen raro: a indicios de detergente, al cartón de las cajas en que han llegado... pues hala: a lavar otra vez los catavinos.Se sirven los primeros vinos. "Están calientes", dirá alguien, provocando la consternación de los encargados de tener los vinos preparados para la cata. Al cabo de un rato, algún catador protestará de nuevo: "Están fríos". A estas alturas usted está de cata hasta arriba, pero sigue en su puesto, sintiéndose, eso sí, un poco marciano.Verá que se catan vinos en condiciones, digamos, ideales; por lo mismo que son "ideales" son... irreales. Donde va usted a beber vino el resto de su vida hay olores, comentarios, copas que pueden tener un ligerísimo olorcillo ajeno al vino... Da igual: la cata es la cata.Acaba la tanda y hay descanso. Ahora sí que se desata la locuacidad –pero en corrillos y a media voz– de los sanedritas: allá van, cada uno con sus notas –algunos con medio cuaderno gordo lleno de anotaciones– a cotejar sus impresiones y puntuaciones con las de los otros. Si se acerca, escuchará expresiones que le sonarán a sánscrito; sin embargo, ellos hablan de vino, aunque a usted le parezca que hablan de cualquier otra cosa.Nada bueno, en general: notará usted que casi todos esos comentarios giran en torno a supuestos defectos de los vinos catados. Usted, como buen aficionado al vino, suele hablar de los vinos que bebe, pero lo hace elogiosamente. Ellos no: están tan hechos a buscar defectos que hasta compartir mesa y vino con ellos en un restaurante acaba deprimiendo: todo son peros.Se preguntarán ustedes por qué, si pienso así, sigo yendo a veces a alguna de estas catas. Bueno, yo acabo pasándolo hasta bien, pruebo vinos que me gustan y suelo ir a mi aire. Tomo las notas que me parecen necesarias, puntúo según mi leal saber y entender... y hace años que no salgo de una cata con complejo de no tener ni idea de vinos.Porque ésa es otra: usted, buen aficionado –si no lo fuera no le invitarían a una de estas ceremonias– sabe lo suyo de vinos. Mucho, seguramente. A entender de vino se llega tras haber bebido –bebido, no catado– muchos vinos, cosa que no hay que confundir con beber mucho vino. Un poco de memoria sensorial y de la otra harán el resto.
No se acompleje: usted sabe hacer con el vino lo más importante que puede hacerse con él: beberlo, compartirlo, hablar de él y, sobre todo, disfrutarlo. Siga así: el vino es un regalo directo de los dioses, y no necesita sacerdotes que lo compliquen.
© EFE
Gentileza de LD
COMER BIEN
Sólo para iniciados
Por Caius Apicius
Alguna vez hemos comentado que una de las cosas menos divertidas del mundo de la gastronomía es una cata de vinos, especialmente si se trata de una cata profesional a cargo de expertos: no hay el más mínimo resquicio para el placer.
La de los catadores profesionales es, a estas alturas, una nueva casta sacerdotal. Han establecido sus propios ritos, sus propias reglas, sus condiciones particulares... y han sabido envolver las catas en un halo de misterio, convertirlas en algo sólo apto para iniciados. Lo dicho: una nueva casta sacerdotal.Supongamos que a uno de ustedes –no se lo deseo– le invitan a formar parte de un jurado en una de estas catas. A usted, claro, le hará ilusión probar unos vinos interesantes, y acude a la cita lleno de ilusión. Le va a durar poco.Usted sabe que el vino es una de las cosas más comunicativas que existen, que un vino no es completo si no se puede hablar de él, cambiar impresiones... Olvídese: a la primera que abra la boca para hacer algo distinto de meter en ella un buchito de vino o escupirlo provocará una tempestad de imperativos siseos que le harán comprender que calladito está más guapo.Puede ser que usted, que es un ciudadano al que le gusta oler bien, se haya puesto agua de colonia, o que su loción para después del afeitado huela bien, pero mucho... a juicio de alguno de estos sanedritas. Dése por satisfecho si sólo le riñen y no le hacen abandonar la sala de catas.Olvídese, si es usted fumador, de echarse un pitillito en el descanso... aunque sea en el balcón, con medio cuerpo fuera: le reñirán otra vez, exigirán que se vaya a fumar a la calle o a que tire el cigarrillo inmediatamente. De acuerdo: el tabaco disturba el olor; pero... ¿desde el balcón?Llegan los vinos. Las botellas, envueltas en algo que impida su identificación; es lo que se llama "una cata ciega". Vale: conocer el vino que se cata mediatiza, afirmarán. Antes de servirlo, puede suceder que algún catador se percate de que los catavinos huelen raro: a indicios de detergente, al cartón de las cajas en que han llegado... pues hala: a lavar otra vez los catavinos.Se sirven los primeros vinos. "Están calientes", dirá alguien, provocando la consternación de los encargados de tener los vinos preparados para la cata. Al cabo de un rato, algún catador protestará de nuevo: "Están fríos". A estas alturas usted está de cata hasta arriba, pero sigue en su puesto, sintiéndose, eso sí, un poco marciano.Verá que se catan vinos en condiciones, digamos, ideales; por lo mismo que son "ideales" son... irreales. Donde va usted a beber vino el resto de su vida hay olores, comentarios, copas que pueden tener un ligerísimo olorcillo ajeno al vino... Da igual: la cata es la cata.Acaba la tanda y hay descanso. Ahora sí que se desata la locuacidad –pero en corrillos y a media voz– de los sanedritas: allá van, cada uno con sus notas –algunos con medio cuaderno gordo lleno de anotaciones– a cotejar sus impresiones y puntuaciones con las de los otros. Si se acerca, escuchará expresiones que le sonarán a sánscrito; sin embargo, ellos hablan de vino, aunque a usted le parezca que hablan de cualquier otra cosa.Nada bueno, en general: notará usted que casi todos esos comentarios giran en torno a supuestos defectos de los vinos catados. Usted, como buen aficionado al vino, suele hablar de los vinos que bebe, pero lo hace elogiosamente. Ellos no: están tan hechos a buscar defectos que hasta compartir mesa y vino con ellos en un restaurante acaba deprimiendo: todo son peros.Se preguntarán ustedes por qué, si pienso así, sigo yendo a veces a alguna de estas catas. Bueno, yo acabo pasándolo hasta bien, pruebo vinos que me gustan y suelo ir a mi aire. Tomo las notas que me parecen necesarias, puntúo según mi leal saber y entender... y hace años que no salgo de una cata con complejo de no tener ni idea de vinos.Porque ésa es otra: usted, buen aficionado –si no lo fuera no le invitarían a una de estas ceremonias– sabe lo suyo de vinos. Mucho, seguramente. A entender de vino se llega tras haber bebido –bebido, no catado– muchos vinos, cosa que no hay que confundir con beber mucho vino. Un poco de memoria sensorial y de la otra harán el resto.
No se acompleje: usted sabe hacer con el vino lo más importante que puede hacerse con él: beberlo, compartirlo, hablar de él y, sobre todo, disfrutarlo. Siga así: el vino es un regalo directo de los dioses, y no necesita sacerdotes que lo compliquen.
© EFE
Gentileza de LD
Ardores ormonales
lunes 3 de julio de 2006
CIENCIA
Ardores hormonales
Por Enrique Coperías
La llegada del verano hace que nos mostremos más receptivos a los estímulos eróticos, sobre todo el sexo masculino, que se ve inundado por un tsunami de testosterona que le dispara la libido. Pero un exceso de ésta puede ser dañino.
No es casualidad que los calores estivales aviven cada año los instintos sexuales de hombres y mujeres. En parte, este aumento del apetito erótico tiene una explicación fisiológica: la testosterona, hormona segregada por los testículos en el varón y por los ovarios en la mujer, ve incrementada su concentración en sangre durante los meses veraniegos. Y una mayor presencia sanguínea de esta hormona se traduce en un aumento del deseo sexual. En el hombre, la excitación de origen biológico es más patente, ya que sus gónadas liberan de 2,5 a 11 miligramos diarios, frente a los 0,25 de la mujer. De ahí que los centros que regulan el apetito sexual en el varón estén constantemente siendo agitados por una brisa hormonal.
Obviamente, existen otros factores que influyen poderosamente en nuestra fogosidad estival: un mayor tiempo para las relaciones sociales, una bajada del estrés cotidiano, más estímulos eróticos (escotes, transparencias)…
Pero volvamos a la testosterona, sustancia considerada por los sexólogos como el elixir del amor. Ella controla los estímulos sexuales en los dos sexos. La conexión está bien establecida. Los hombres y mujeres que presentan una mayor cantidad de testosterona circulando por su cuerpo tienden a mostrar una mayor actividad sexual. Los atletas masculinos que se inyectan la hormona para aumentar su masa muscular y la estamina piensan más en el sexo y tienen más erecciones matinales, más encuentros amorosos y más orgasmos. Y las mujeres de mediana edad que reciben testosterona como terapia sienten fortalecida su capacidad erótica. Es más, la libido masculina alcanza su máxima expresión entre los 20 y los 30 años, cuando los niveles de la hormona son más altos. Y muchas féminas se sienten más receptivas al sexo durante la ovulación, cuando la concentración de testosterona aumenta.
También este licor juega un papel nada despreciable en el amor romántico: el orgasmo no sólo provoca placer y relax muscular, sino que incita la producción de dopamina, un neurotransmisor que inunda las cabezas de los enamorados. Curiosamente, el líquido seminal podría contribuir al enamoramiento, ya que los científicos han hallado entre los elementos que lo componen dopamina y norepinefrina, así como tirosina, un aminoácido imprescindible en la síntesis de la dopamina.
Y un apunte más: el año pasado un equipo de investigadores descubrió que los hombres que han sido papás tienen un volumen sanguíneo de testosterona menor que los solteros o los padres con hijos mayores. ¿Se trata de un mecanismo natural para controlar su apetito sexual y evitar que se fijen en otras posibles compañeras? Tal vez.
A priori, parece ser que las personas con una dosis extra de testosterona gozan de una sexualidad más placentera, y en el caso de los hombres les hace parecer más masculinos y saludables, lo que aumenta la posibilidad de emparejarse y tener descendencia. Pero la testosterona también tiene una cara negativa. En exceso, debilita el sistema inmunológico y amplifica el estrés, lo que puede no ser bueno para perpetuar los genes, si hablamos en términos puramente reproductivos.
Para conocer qué ventajas puede tener una dosis extra de machismo, desde el punto de vista evolutivo, la psicóloga ecologista Wendy Reed y sus colegas de la North Dakota State University se introdujeron en los Montes Apalaches para "tocarles los testículos" a una pequeña población de unas pequeñas aves del tamaño de un gorrión conocidas como juncos o chingolos pizarrosos.
En cada excursión anual, estos investigadores atrapaban un centenar de pajarillos con redes invisibles y los dividían en dos grupos. A los ejemplares de uno de ellos les hacían una incisión debajo del ala para colocarles dos tubos diminutos rellenos de testosterona cristalizada; a los del otro también se les realizaba la misma operación, pero con los tubos vacíos. Después los anillaban con cintas de colores y los soltaban, para que realizaran su vida normalmente.
Los chongolos son unas aves socialmente monógamas y forman una familia con una pareja. No obstante, los test de paternidad revelan que tienen una elevada actividad sexual para asegurar la descendencia.
Sin ánimo de ser exhaustivos, los resultados del experimento fueron reveladores: los machos con una dosis extra de testosterona vivían menos que los demás, pero a cambio tenían más descendencia. Aún es pronto para sacar conclusiones, y más si se quieren trasladar a los humanos, pero todo apunta a que una dosis extra del elixir del amor estimula el instinto sexual y las probabilidades de tener descendencia; sin embargo, esta ventaja tiene un precio biológico: tiempo de vida. Al final van a tener parte de razón aquellos que afirman que el sexo mata.
Gentileza de LD
CIENCIA
Ardores hormonales
Por Enrique Coperías
La llegada del verano hace que nos mostremos más receptivos a los estímulos eróticos, sobre todo el sexo masculino, que se ve inundado por un tsunami de testosterona que le dispara la libido. Pero un exceso de ésta puede ser dañino.
No es casualidad que los calores estivales aviven cada año los instintos sexuales de hombres y mujeres. En parte, este aumento del apetito erótico tiene una explicación fisiológica: la testosterona, hormona segregada por los testículos en el varón y por los ovarios en la mujer, ve incrementada su concentración en sangre durante los meses veraniegos. Y una mayor presencia sanguínea de esta hormona se traduce en un aumento del deseo sexual. En el hombre, la excitación de origen biológico es más patente, ya que sus gónadas liberan de 2,5 a 11 miligramos diarios, frente a los 0,25 de la mujer. De ahí que los centros que regulan el apetito sexual en el varón estén constantemente siendo agitados por una brisa hormonal.
Obviamente, existen otros factores que influyen poderosamente en nuestra fogosidad estival: un mayor tiempo para las relaciones sociales, una bajada del estrés cotidiano, más estímulos eróticos (escotes, transparencias)…
Pero volvamos a la testosterona, sustancia considerada por los sexólogos como el elixir del amor. Ella controla los estímulos sexuales en los dos sexos. La conexión está bien establecida. Los hombres y mujeres que presentan una mayor cantidad de testosterona circulando por su cuerpo tienden a mostrar una mayor actividad sexual. Los atletas masculinos que se inyectan la hormona para aumentar su masa muscular y la estamina piensan más en el sexo y tienen más erecciones matinales, más encuentros amorosos y más orgasmos. Y las mujeres de mediana edad que reciben testosterona como terapia sienten fortalecida su capacidad erótica. Es más, la libido masculina alcanza su máxima expresión entre los 20 y los 30 años, cuando los niveles de la hormona son más altos. Y muchas féminas se sienten más receptivas al sexo durante la ovulación, cuando la concentración de testosterona aumenta.
También este licor juega un papel nada despreciable en el amor romántico: el orgasmo no sólo provoca placer y relax muscular, sino que incita la producción de dopamina, un neurotransmisor que inunda las cabezas de los enamorados. Curiosamente, el líquido seminal podría contribuir al enamoramiento, ya que los científicos han hallado entre los elementos que lo componen dopamina y norepinefrina, así como tirosina, un aminoácido imprescindible en la síntesis de la dopamina.
Y un apunte más: el año pasado un equipo de investigadores descubrió que los hombres que han sido papás tienen un volumen sanguíneo de testosterona menor que los solteros o los padres con hijos mayores. ¿Se trata de un mecanismo natural para controlar su apetito sexual y evitar que se fijen en otras posibles compañeras? Tal vez.
A priori, parece ser que las personas con una dosis extra de testosterona gozan de una sexualidad más placentera, y en el caso de los hombres les hace parecer más masculinos y saludables, lo que aumenta la posibilidad de emparejarse y tener descendencia. Pero la testosterona también tiene una cara negativa. En exceso, debilita el sistema inmunológico y amplifica el estrés, lo que puede no ser bueno para perpetuar los genes, si hablamos en términos puramente reproductivos.
Para conocer qué ventajas puede tener una dosis extra de machismo, desde el punto de vista evolutivo, la psicóloga ecologista Wendy Reed y sus colegas de la North Dakota State University se introdujeron en los Montes Apalaches para "tocarles los testículos" a una pequeña población de unas pequeñas aves del tamaño de un gorrión conocidas como juncos o chingolos pizarrosos.
En cada excursión anual, estos investigadores atrapaban un centenar de pajarillos con redes invisibles y los dividían en dos grupos. A los ejemplares de uno de ellos les hacían una incisión debajo del ala para colocarles dos tubos diminutos rellenos de testosterona cristalizada; a los del otro también se les realizaba la misma operación, pero con los tubos vacíos. Después los anillaban con cintas de colores y los soltaban, para que realizaran su vida normalmente.
Los chongolos son unas aves socialmente monógamas y forman una familia con una pareja. No obstante, los test de paternidad revelan que tienen una elevada actividad sexual para asegurar la descendencia.
Sin ánimo de ser exhaustivos, los resultados del experimento fueron reveladores: los machos con una dosis extra de testosterona vivían menos que los demás, pero a cambio tenían más descendencia. Aún es pronto para sacar conclusiones, y más si se quieren trasladar a los humanos, pero todo apunta a que una dosis extra del elixir del amor estimula el instinto sexual y las probabilidades de tener descendencia; sin embargo, esta ventaja tiene un precio biológico: tiempo de vida. Al final van a tener parte de razón aquellos que afirman que el sexo mata.
Gentileza de LD
La injuria como arte
lunes 3 de julio de 2006
CRÓNICAS COSMOPOLITAS
La injuria como arte
Por Carlos Semprún Maura
Yo insulto mucho en mis artículos, pero también soy insultado, lo cual no es una justificación, sólo un hecho. Recibo insultos de toda índole, desde el casi cariñoso de "tonto y envidioso" a lo de "tránsfuga profesional" (Joaquín Leguina), pasando por "fascista" y "chivato" (Haro Tecglen).
Haro Tecglen fue algo así como un campeón de los insultos, y se ensañó tanto conmigo que sus señoritos le obligaron a no mentarme más, porque me estaba haciendo una publicidad exagerada. Ser tan frecuentemente insultado por semejante rata me procuraba mucho prestigio, mucho más que varios honoris causa. Con lo cual se demuestra que los insultos no siempre obtienen los resultados deseados.
Pues resulta que, pese a mi experiencia de insultador e insultado, no alcanzo a encontrar insultos dignos de esas heces que se firman Miguel Ángel Aguilar y José Vidal-Beneyto. No son los únicos, desde luego, pero éstos tienen en común lo de ser tránsfugas o renegados del Opus Dei. Cuando se llamaba Pepín Vidal, opusdeísta, fue el correveidile de Calvo Serer en París, y concretamente en Ruedo Ibérico, que auxilió financieramente con dinero de la Obra, o suyo, no sé; pero debieron de ser sumas considerables para que Pepe Martínez aceptara publicar varios libros del asimismo opusdeísta Calvo Serer, porque Pepe era tan sectario que prefería editar sólo libros de extrema izquierda; de cualquiera de las izquierdas extremas: castristas, trotskistas, estalinistas, maoístas, y hasta anarquistas. Pero libros del Opus, ¡jamás! Salvo, sí... Es cierto que sus problemas económicos fueron reales y muy graves.
Pepín Vidal hace mutis por el foro y aparece José Vidal-Beneyto, enchufado en la burocracia de la UE y columnista en El País. Forma parte de los más histéricos plumíferos antimundualistas y anticapitalistas. Con lo cual demuestra su transformismo, porque si algo tiene de bueno el Opus es su procapitalismo. Recuerden, por ejemplo, el "Gobierno de los López", o "del Opus", y sus excelentes resultados.
Su frenesí reaccionario es tal (porque yo le considero mucho más reaccionario hoy que cuando apoyaba a Ruedo Ibérico) que no puede limitarse a su vómito semanal y escribe "cartas al director" para insultar a Mario Vargas Llosa y a Václav Havel. A éste, por denunciar la dictadura castrista, y al primero por defender a Hirsi Ali. ¿Cómo encontrar insultos para calificar semejante monstruosidad?
Yo no soy muy aficionado a las hipérboles, pero considero que esta "diputada holandesa de origen somalí", como la definen los papeles, es una mujer excepcionalmente valiente, inteligente, magnífica, en una palabra, cuya lucha contra el islam radical, a partir de la condición infame que sufren las mujeres en esa "civilización", pero no únicamente, me parece ejemplar. Y está amenazada de muerte, lo cual en todos los países, pero aún más en España, donde hay tantos asimismo amenazados de muerte por ETA, debería enaltecer nuestra más firme solidaridad. No para Vidal Beneyto, claro, quien la tilda de "extrema derecha" y, por lo tanto, justifica cualquier medida contra ella: expulsión, cárcel, ¿muerte?
Si yo no había hablado aún de las medidas injustas y cobardes que la ministra Rita Verdonk había tomado contra ella es porque consideraba que en los Países Bajos esas medidas carcas no podrían aplicarse. En eso discrepaba, está visto que con razón, de Vargas Llosa, aunque aplaudí su artículo en defensa de Hirsi Ali, y admito que, teniendo en cuenta su fama internacional, es muy probable que su artículo haya tenido influencia en Holanda. Es siempre preferible exagerar en defensa de la libertad que quedarse corto, pazguato y mudo ante sus amenazas.
No es el caso de Vidal Beneyto, que no se queda ni corto ni pazguato a la hora de asesinar verbalmente a la libertad; y además hace el ridículo afirmando que tiene "amigos de derecha". ¿Nos lo dice o nos lo cuenta? También hay imbéciles de derecha, y sobre todo tratándose del islam radical.
Por otra parte, la decisión de Hirsi Ali de aceptar la invitación del American Enterprise Institute y marcharse a EEUU, siendo algo personal, la respeto, no faltaba más. Comprendo que esté harta de las amenazas de muerte perpetuas, y de los problemas de toda índole que ha tenido que afrontar en Holanda; y me digo, además, que desde allí puede perfectamente seguir luchando por sus ideales de libertad y democracia, sobre todo en los países musulmanes.
Desde luego, como el AEI no es una institución anti Bush, no faltarán beneytos para echarle en cara su "traición". ¿Traición? A la libertad, desde luego, no. Nuestro enemigo no es Bush, ni los USA; nuestro enemigo es el terrorismo, el fanatismo y la tiranía.
A propósito de tiranía: tampoco conozco insultos lo bastante fuertes para definir la enrevesada defensa de Vidal de la Cuba socialista y sus ataques al líder de la "revolución de terciopelo" anticomunista, Havel.
El otro es peor. El renegado opusdeísta Miguel Ángel Aguilar (la Obra debería cuidar más quiénes son sus socios, fieles o miembros) es peor porque ni siquiera tiene el tono exagerado, cómico y reaccionario de Pepín. Aguilar sienta cátedra, con aparente mesura y saliva académica en la comisura de los labios, para defender lo que sea, lo que le ordenen, hasta el crimen. Pero siempre con el tono pausado del que se pasa del sitio. Sólo pierde los estribos con dos personas: Pedro Jota, debido a viejos odios y deseos de venganza, en relación con la dirección perdida de Diario 16, y Federico Jiménez Losantos, sencillamente porque es el mejor.
Eso no puede perdonarlo nadie, y sobre todo quien quiso que El Sol aplastara a El País y después de otros fracasos se ve condenado a ser el más conformista de los columnistas de este último diario, y el perrito faldero de otro fracasado y amargado, Javier Pradera. Ya que no ha logrado ser amo, Aguilar finge deleitarse siendo el más servil de los esclavos.
Con el lameculismo que pretende ejercer, laboriosamente, semana tras semana, para vendernos la magna labor de Rodríguez y sus sicarios, en su última cagadita, 'Con ETA ni hablar' (El País, 27-VI-06), llega a decir sandeces como que lo que está haciendo el Gobierno es bueno ¡porque Aznar hizo lo mismo! ¿En qué quedamos? ¿Aznar es un "monstruo criminal" o un ejemplo? Para mí, claro, un ejemplo. Y ya que hay que repetir, repetir y repetir, repetiré que el Gobierno de Aznar tuvo, sí, contactos con ETA en Suiza; y tuvo razón: había que explorar todas las posibilidades, incluso sin creer en ninguna, pero jamás cesó su lucha contra el terrorismo etarra, jamás invitó a todos los partidos a firmar el entierro de España, su Constitución y su democracia.
Da la casualidad –pero ¿es casualidad?– que, en la misma página de El País en que deposita su crotte, se publica una foto en la que se ve a dos etarras sometidos a juicio, Echevarría y Aramburu, ejercer de bestias, pero de bestias que saben que han ganado.
Y, puestos a repetir, repito: ¿cuándo se discute la entrega de las armas de los terroristas? ¿Cuándo va a cesar la extorsión? ¿Cuándo va a clararse en serio aquello de Euskal Herria? ¿Es que los navarros están de acuerdo? ¿Es que alguien piensa (no me refiero a Aguilar, quien desde Calvo Serer ya no piensa: Pradera lo hace por él), es que alguien piensa seriamente que se va a discutir "pacífica y democráticamente" con ETA sobre la anexión de una región de Francia? ¿Y cuándo va a cesar el terror en las calles de las provincias vascongadas? Me importaría un bledo llamarlo Euzkadi, pero a condición de que se trate de paz, precisamente, y somos algunos los que no vemos paz por ningún lado, sólo rendición.
Ya podéis echarle mierda y mentiras al asunto: no hay guerra sin vencedores y vencidos, y no habrá paz hasta que no se rinda ETA. Que el vencedor sea más o menos generoso con el vencido, eso sí que se merece negociación y consulta popular, pero primero hay que vencer y no rendirse.
Gentileza de LD
CRÓNICAS COSMOPOLITAS
La injuria como arte
Por Carlos Semprún Maura
Yo insulto mucho en mis artículos, pero también soy insultado, lo cual no es una justificación, sólo un hecho. Recibo insultos de toda índole, desde el casi cariñoso de "tonto y envidioso" a lo de "tránsfuga profesional" (Joaquín Leguina), pasando por "fascista" y "chivato" (Haro Tecglen).
Haro Tecglen fue algo así como un campeón de los insultos, y se ensañó tanto conmigo que sus señoritos le obligaron a no mentarme más, porque me estaba haciendo una publicidad exagerada. Ser tan frecuentemente insultado por semejante rata me procuraba mucho prestigio, mucho más que varios honoris causa. Con lo cual se demuestra que los insultos no siempre obtienen los resultados deseados.
Pues resulta que, pese a mi experiencia de insultador e insultado, no alcanzo a encontrar insultos dignos de esas heces que se firman Miguel Ángel Aguilar y José Vidal-Beneyto. No son los únicos, desde luego, pero éstos tienen en común lo de ser tránsfugas o renegados del Opus Dei. Cuando se llamaba Pepín Vidal, opusdeísta, fue el correveidile de Calvo Serer en París, y concretamente en Ruedo Ibérico, que auxilió financieramente con dinero de la Obra, o suyo, no sé; pero debieron de ser sumas considerables para que Pepe Martínez aceptara publicar varios libros del asimismo opusdeísta Calvo Serer, porque Pepe era tan sectario que prefería editar sólo libros de extrema izquierda; de cualquiera de las izquierdas extremas: castristas, trotskistas, estalinistas, maoístas, y hasta anarquistas. Pero libros del Opus, ¡jamás! Salvo, sí... Es cierto que sus problemas económicos fueron reales y muy graves.
Pepín Vidal hace mutis por el foro y aparece José Vidal-Beneyto, enchufado en la burocracia de la UE y columnista en El País. Forma parte de los más histéricos plumíferos antimundualistas y anticapitalistas. Con lo cual demuestra su transformismo, porque si algo tiene de bueno el Opus es su procapitalismo. Recuerden, por ejemplo, el "Gobierno de los López", o "del Opus", y sus excelentes resultados.
Su frenesí reaccionario es tal (porque yo le considero mucho más reaccionario hoy que cuando apoyaba a Ruedo Ibérico) que no puede limitarse a su vómito semanal y escribe "cartas al director" para insultar a Mario Vargas Llosa y a Václav Havel. A éste, por denunciar la dictadura castrista, y al primero por defender a Hirsi Ali. ¿Cómo encontrar insultos para calificar semejante monstruosidad?
Yo no soy muy aficionado a las hipérboles, pero considero que esta "diputada holandesa de origen somalí", como la definen los papeles, es una mujer excepcionalmente valiente, inteligente, magnífica, en una palabra, cuya lucha contra el islam radical, a partir de la condición infame que sufren las mujeres en esa "civilización", pero no únicamente, me parece ejemplar. Y está amenazada de muerte, lo cual en todos los países, pero aún más en España, donde hay tantos asimismo amenazados de muerte por ETA, debería enaltecer nuestra más firme solidaridad. No para Vidal Beneyto, claro, quien la tilda de "extrema derecha" y, por lo tanto, justifica cualquier medida contra ella: expulsión, cárcel, ¿muerte?
Si yo no había hablado aún de las medidas injustas y cobardes que la ministra Rita Verdonk había tomado contra ella es porque consideraba que en los Países Bajos esas medidas carcas no podrían aplicarse. En eso discrepaba, está visto que con razón, de Vargas Llosa, aunque aplaudí su artículo en defensa de Hirsi Ali, y admito que, teniendo en cuenta su fama internacional, es muy probable que su artículo haya tenido influencia en Holanda. Es siempre preferible exagerar en defensa de la libertad que quedarse corto, pazguato y mudo ante sus amenazas.
No es el caso de Vidal Beneyto, que no se queda ni corto ni pazguato a la hora de asesinar verbalmente a la libertad; y además hace el ridículo afirmando que tiene "amigos de derecha". ¿Nos lo dice o nos lo cuenta? También hay imbéciles de derecha, y sobre todo tratándose del islam radical.
Por otra parte, la decisión de Hirsi Ali de aceptar la invitación del American Enterprise Institute y marcharse a EEUU, siendo algo personal, la respeto, no faltaba más. Comprendo que esté harta de las amenazas de muerte perpetuas, y de los problemas de toda índole que ha tenido que afrontar en Holanda; y me digo, además, que desde allí puede perfectamente seguir luchando por sus ideales de libertad y democracia, sobre todo en los países musulmanes.
Desde luego, como el AEI no es una institución anti Bush, no faltarán beneytos para echarle en cara su "traición". ¿Traición? A la libertad, desde luego, no. Nuestro enemigo no es Bush, ni los USA; nuestro enemigo es el terrorismo, el fanatismo y la tiranía.
A propósito de tiranía: tampoco conozco insultos lo bastante fuertes para definir la enrevesada defensa de Vidal de la Cuba socialista y sus ataques al líder de la "revolución de terciopelo" anticomunista, Havel.
El otro es peor. El renegado opusdeísta Miguel Ángel Aguilar (la Obra debería cuidar más quiénes son sus socios, fieles o miembros) es peor porque ni siquiera tiene el tono exagerado, cómico y reaccionario de Pepín. Aguilar sienta cátedra, con aparente mesura y saliva académica en la comisura de los labios, para defender lo que sea, lo que le ordenen, hasta el crimen. Pero siempre con el tono pausado del que se pasa del sitio. Sólo pierde los estribos con dos personas: Pedro Jota, debido a viejos odios y deseos de venganza, en relación con la dirección perdida de Diario 16, y Federico Jiménez Losantos, sencillamente porque es el mejor.
Eso no puede perdonarlo nadie, y sobre todo quien quiso que El Sol aplastara a El País y después de otros fracasos se ve condenado a ser el más conformista de los columnistas de este último diario, y el perrito faldero de otro fracasado y amargado, Javier Pradera. Ya que no ha logrado ser amo, Aguilar finge deleitarse siendo el más servil de los esclavos.
Con el lameculismo que pretende ejercer, laboriosamente, semana tras semana, para vendernos la magna labor de Rodríguez y sus sicarios, en su última cagadita, 'Con ETA ni hablar' (El País, 27-VI-06), llega a decir sandeces como que lo que está haciendo el Gobierno es bueno ¡porque Aznar hizo lo mismo! ¿En qué quedamos? ¿Aznar es un "monstruo criminal" o un ejemplo? Para mí, claro, un ejemplo. Y ya que hay que repetir, repetir y repetir, repetiré que el Gobierno de Aznar tuvo, sí, contactos con ETA en Suiza; y tuvo razón: había que explorar todas las posibilidades, incluso sin creer en ninguna, pero jamás cesó su lucha contra el terrorismo etarra, jamás invitó a todos los partidos a firmar el entierro de España, su Constitución y su democracia.
Da la casualidad –pero ¿es casualidad?– que, en la misma página de El País en que deposita su crotte, se publica una foto en la que se ve a dos etarras sometidos a juicio, Echevarría y Aramburu, ejercer de bestias, pero de bestias que saben que han ganado.
Y, puestos a repetir, repito: ¿cuándo se discute la entrega de las armas de los terroristas? ¿Cuándo va a cesar la extorsión? ¿Cuándo va a clararse en serio aquello de Euskal Herria? ¿Es que los navarros están de acuerdo? ¿Es que alguien piensa (no me refiero a Aguilar, quien desde Calvo Serer ya no piensa: Pradera lo hace por él), es que alguien piensa seriamente que se va a discutir "pacífica y democráticamente" con ETA sobre la anexión de una región de Francia? ¿Y cuándo va a cesar el terror en las calles de las provincias vascongadas? Me importaría un bledo llamarlo Euzkadi, pero a condición de que se trate de paz, precisamente, y somos algunos los que no vemos paz por ningún lado, sólo rendición.
Ya podéis echarle mierda y mentiras al asunto: no hay guerra sin vencedores y vencidos, y no habrá paz hasta que no se rinda ETA. Que el vencedor sea más o menos generoso con el vencido, eso sí que se merece negociación y consulta popular, pero primero hay que vencer y no rendirse.
Gentileza de LD
Marx, Engels y otros racistas formidables
lunes 3 de julio de 2006
CON USTEDES, LOS UNGIDOS
Marx, Engels y otros racistas formidables
Por Walter Williams
Karl Marx es el héroe de algunos líderes de sindicatos y organizaciones de derechos civiles, incluidos aquellos que organizaron las recientes protestas en EEUU contra el proyecto de ley sobre inmigración. Es fácil ser marxista si no se han leído sus escritos.
La mayoría de la gente reconoce que las predicciones de Marx sobre el capitalismo resultaron un fiasco. Lo que la mayoría no sabe es que Marx era un racista y un antisemita de tomo y lomo.
Marx escribió, acerca de la anexión de California por parte de EEUU luego de la guerra que enfrentó a este país con México: "Sin violencia jamás se ha conseguido algo en la historia". Y a continuación se preguntaba: "¿Es una desgracia que la espléndida California fuera arrebatada a los vagos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?". Por su parte, el coautor del Manifiesto comunista, Friedrich Engels, añadía: "Hemos sido testigos de la conquista de México, y nos hemos alegrado. Es en interés del propio México que quede bajo la tutela de Estados Unidos". Puede uno encontrarse con gran parte de las ideas de Marx en un libro escrito por el ex comunista Nathaniel Weyl y titulado Karl Marx, Racist (1979).
En una carta que dirigió en de julio de 1862 a Engels, Marx se refería a su rival político Ferdinand Lassalle, asimismo socialista, en los siguientes términos: "Para mí está completamente claro ahora, como lo prueban la forma de su cráneo y su pelo, que desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se mezclaran con la negrada. Esta unión de judaísmo y germanismo sobre una base negra tiene que producir un producto peculiar. La protuberancia del colega es, asimismo, la propia de la negrada".
Engels compartía gran parte de la filosofía racial de Marx. En 1887 el yerno de Marx, Paul Lafargue, se postuló para concejal en un distrito parisino que contaba con un zoo. Engels sostenía que Paul tenía "un octavo o un doceavo de sangre de negrazo". En una carta fechada en abril de 1887 y dirigida a la esposa de Paul, Engels escribía: "Al estar, en su calidad de negro, un paso más cerca del reino animal que el resto de nosotros, sin duda es el representante más adecuado para ese distrito".
Aunque mucho menos reivindicado que Marx, Thomas Carlyle es otra figura histórica inapreciable. Carlyle es conocido por aplicar a la economía el apelativo descalificatorio de "ciencia funesta" (dismal science), una inversión del término "gaya ciencia", o "gay saber", con que en aquel entonces (1849) se aludía al conocimiento que servía para introducir mejoras en la vida.
La mayoría de la gente ha aprendido, incorrectamente, que el término "ciencia funesta" hacía referencia a las agoreras predicciones de Thomas Malthus de que la población mundial crecería más rápidamente que el suministro de alimentos, lo que condenaría la Humanidad a la pobreza y la hambruna perpetuas. Mi colega de la Universidad George Mason, el profesor Davy Levy, y Sandra Peart cuentan la verdadera historia en su libro The Secret History of the Dismal Science: Economics, Religion and Race in the 19th Century, de 2001.
Carlyle empleó por primera vez el término "ciencia funesta" en un panfleto que publicó en 1849 y que llevaba por título An Occasional Discourse of the Nigger Question. Allí atacaba las ideas de Adam Smith, John Stuart Mill y otros economistas del libre mercado y el Gobierno limitado por su creencia en la igualdad fundamental del hombre y por su oposición a la esclavitud. Que la economía asuma que todo el mundo es igual y que todos merecen igualmente la libertad resultaba ofensivo para Carlyle, y le llevó a calificar a la economía de "ciencia funesta".
Carlyle sostenía que los negros eran subhumanos, "ganado bípedo" que necesitaba la tutela de los blancos, poseedores de la "fusta benéfica", si iba a contribuir al bien de la sociedad. Carlyle no era, en modo alguno, el único en denunciar la economía por sus posturas contrarias a la esclavitud y en favor de la igualdad.
Una figura no menos histórica, y muy socorrida en Navidad, Charles Dickens, compartía las posiciones de Carlyle en lo relacionado con la esclavitud y con los negros.
Marx, Engels, Carlyle y Dickens, todos ellos compartían una creencia inmemorial que ha prevalecido hasta nuestros días: algunas personas están dotadas de una sabiduría y una inteligencia sobresalientes y tienen por cometido imponerlas a las masas por la fuerza.
Gentileza de LD
CON USTEDES, LOS UNGIDOS
Marx, Engels y otros racistas formidables
Por Walter Williams
Karl Marx es el héroe de algunos líderes de sindicatos y organizaciones de derechos civiles, incluidos aquellos que organizaron las recientes protestas en EEUU contra el proyecto de ley sobre inmigración. Es fácil ser marxista si no se han leído sus escritos.
La mayoría de la gente reconoce que las predicciones de Marx sobre el capitalismo resultaron un fiasco. Lo que la mayoría no sabe es que Marx era un racista y un antisemita de tomo y lomo.
Marx escribió, acerca de la anexión de California por parte de EEUU luego de la guerra que enfrentó a este país con México: "Sin violencia jamás se ha conseguido algo en la historia". Y a continuación se preguntaba: "¿Es una desgracia que la espléndida California fuera arrebatada a los vagos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?". Por su parte, el coautor del Manifiesto comunista, Friedrich Engels, añadía: "Hemos sido testigos de la conquista de México, y nos hemos alegrado. Es en interés del propio México que quede bajo la tutela de Estados Unidos". Puede uno encontrarse con gran parte de las ideas de Marx en un libro escrito por el ex comunista Nathaniel Weyl y titulado Karl Marx, Racist (1979).
En una carta que dirigió en de julio de 1862 a Engels, Marx se refería a su rival político Ferdinand Lassalle, asimismo socialista, en los siguientes términos: "Para mí está completamente claro ahora, como lo prueban la forma de su cráneo y su pelo, que desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se mezclaran con la negrada. Esta unión de judaísmo y germanismo sobre una base negra tiene que producir un producto peculiar. La protuberancia del colega es, asimismo, la propia de la negrada".
Engels compartía gran parte de la filosofía racial de Marx. En 1887 el yerno de Marx, Paul Lafargue, se postuló para concejal en un distrito parisino que contaba con un zoo. Engels sostenía que Paul tenía "un octavo o un doceavo de sangre de negrazo". En una carta fechada en abril de 1887 y dirigida a la esposa de Paul, Engels escribía: "Al estar, en su calidad de negro, un paso más cerca del reino animal que el resto de nosotros, sin duda es el representante más adecuado para ese distrito".
Aunque mucho menos reivindicado que Marx, Thomas Carlyle es otra figura histórica inapreciable. Carlyle es conocido por aplicar a la economía el apelativo descalificatorio de "ciencia funesta" (dismal science), una inversión del término "gaya ciencia", o "gay saber", con que en aquel entonces (1849) se aludía al conocimiento que servía para introducir mejoras en la vida.
La mayoría de la gente ha aprendido, incorrectamente, que el término "ciencia funesta" hacía referencia a las agoreras predicciones de Thomas Malthus de que la población mundial crecería más rápidamente que el suministro de alimentos, lo que condenaría la Humanidad a la pobreza y la hambruna perpetuas. Mi colega de la Universidad George Mason, el profesor Davy Levy, y Sandra Peart cuentan la verdadera historia en su libro The Secret History of the Dismal Science: Economics, Religion and Race in the 19th Century, de 2001.
Carlyle empleó por primera vez el término "ciencia funesta" en un panfleto que publicó en 1849 y que llevaba por título An Occasional Discourse of the Nigger Question. Allí atacaba las ideas de Adam Smith, John Stuart Mill y otros economistas del libre mercado y el Gobierno limitado por su creencia en la igualdad fundamental del hombre y por su oposición a la esclavitud. Que la economía asuma que todo el mundo es igual y que todos merecen igualmente la libertad resultaba ofensivo para Carlyle, y le llevó a calificar a la economía de "ciencia funesta".
Carlyle sostenía que los negros eran subhumanos, "ganado bípedo" que necesitaba la tutela de los blancos, poseedores de la "fusta benéfica", si iba a contribuir al bien de la sociedad. Carlyle no era, en modo alguno, el único en denunciar la economía por sus posturas contrarias a la esclavitud y en favor de la igualdad.
Una figura no menos histórica, y muy socorrida en Navidad, Charles Dickens, compartía las posiciones de Carlyle en lo relacionado con la esclavitud y con los negros.
Marx, Engels, Carlyle y Dickens, todos ellos compartían una creencia inmemorial que ha prevalecido hasta nuestros días: algunas personas están dotadas de una sabiduría y una inteligencia sobresalientes y tienen por cometido imponerlas a las masas por la fuerza.
Gentileza de LD
Los godos y demas barbaros del norte
lunes 3 de julio de 2006
PASAJES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA
Los godos y demás bárbaros del norte
Por Fernando Díaz Villanueva
El Imperio Romano se vino abajo en España en el otoño del año 409; el 12 de octubre exactamente, que ya es casualidad. Aquel día cruzaron el Pirineo, por los pasos de Roncesvalles y Somport, tres tribus bárbaras: los vándalos, los alanos y los suevos.
Tres años antes, aprovechando un descuido de los romanos, habían rebasado el Rin a la altura de Maguncia. Fue un invierno tan frío que el río estaba congelado. El cambio climático, como se ve, no es cosa de ahora. Encontrarse el cauce helado fue una bendición, y en pocas semanas decenas de miles se trasladaron a la otra orilla, la romana, donde aguardaban pacientes el saqueo de todas las maravillas del mundo clásico, es decir, civilizado.
Durante tres años vagaron sin rumbo por la Galia, hostigados por los romanos y por sus subcontratas guerreras, encargadas de mantener las fronteras limpias como una patena. El destino final de los tres grupos era el norte de África, la rica provincia romana que durante siglos había ejercido de granero del Imperio. Como la costa mediterránea de la Galia andaba intratable por aquel entonces, se aliaron para tomar un camino alternativo, el de la inmensa Hispania.
El camino, aunque largo, sinuoso y no exento de problemas, merecía la pena. Hasta llegar aquí, los alanos, el único pueblo no germánico de los tres, habían recorrido miles de kilómetros, desde las estepas asiáticas. Los vándalos provenían de la costa del Báltico y, tras una migración sostenida durante siglos, se habían puesto a la cola para cruzar el limes y tomar su parte de las incontables riquezas del alicaído imperio. Los suevos, que terminaron forjando una modesta fortuna en España, habían partido años atrás de algún punto entre las juras de Suabia y Franconia, en la actual Baviera, quizá empujados por otros o quizá porque estaban hartos de vivir subidos en un árbol y querían participar del festín. No lo sabemos: como eran bárbaros, no sabían ni leer ni escribir.
Las provincias romanas de Hispania no sólo eran inabarcables, montañosas y muy romanizadas, sino que, por aquellos años, se habían apuntado a una rebelión contra el emperador. La capitaneaba un tal Constantino, que a su vez había entregado el control de España a uno de sus generales, Máximo, que se proclamó emperador en Tarragona. Los invasores, encantados con el desorden que se habían encontrado a este lado del Pirineo, llegaron a un acuerdo con Máximo: no tocarían la costa de la Tarraconense, pero tendrían carta blanca en el resto.
Los alanos se dirigieron con presteza hacia el sur, hacia la Bética, la provincia más próspera y boyante de entre las españolas. Los vándalos –los había silingos y asdingos– se extendieron por las dos mesetas y el valle del Guadalquivir. Los suevos cabalgaron hacia el oeste, a reclamar la Lusitania y la Gallaecia. Buscaban tierra para cultivar. Allí la encontraron en abundancia; y ni tuvieron que habituarse al clima: en Galicia llueve tanto como en Alemania, o más.
Como todos los caminos llevaban a Roma, las malas noticias de Hispania no tardaron en llegar a oídos del emperador Honorio, que era un pelele en manos de Constancio, su magister militum, es decir, el espadón de toda la vida, que tenía mano en los cuarteles.
Para poder defenderlo mejor, años antes Teodosio el Grande, que era de Segovia, había dividido el imperio entre sus dos hijos: en el de Oriente reinaba Arcadio; en el de Occidente, Honorio. La situación en ambos era, sin embargo, muy diferente. Al primero los bárbaros ni se acercaban, y si lo hacían salían escaldados. En el segundo todo eran calamidades: Britania se había perdido, Bélgica también, y la Galia, del Loira para arriba, no obedecía a Roma. Con un imperio tan menguado, al emperador sólo le faltaba que le birlasen Hispania, que, para colmo, era el lugar donde había nacido su padre.
Con la idea de aventar a los intrusos y restituir su dominio sobre Hispania, comisionó a unos viejos amigos de la casa, los visigodos –o godos; que eso del "visi" se lo pusimos después, para diferenciarlos de sus primos italianos: los ostrogodos– para que limpiasen la provincia de merodeadores.
Los godos, en sus dos variedades, llevaban lo menos dos siglos enredando en las asuntos del Imperio. Eran originarios del valle del Danubio, y después de ganar una batalla a los romanos, la de Adrianópolis, habían llegado a la sabia conclusión de que, si pretendían heredar, lo mejor era quedarse a cuidar del viejo moribundo. El emperador los utilizaba para cubrirse las espaldas y ajustar cuentas en sus vastos y caóticos dominios.
Pero, como todos los sobrinos ansiosos por la herencia que nunca llega, los godos eran un dolor de cabeza y solían morder con cierta frecuencia la mano que les daba de comer. En el año 410, sin ir más lejos, habían saqueado Roma a conciencia por un asuntillo de poca monta.
Mandándolos a Hispania mataba dos pájaros de un tiro: largaba a los bárbaros, que saqueaban sin piedad los feraces campos y las espléndidas ciudades de la Tarraconense, y alejaba de Roma un montón de soldados incordiosos y pedigüeños, porque cuando los ejércitos godos no estaban en campaña pretendían vivir a costa del tesoro imperial, que estaba ya para pocos trotes.
El primer godo en hacer acto de presencia por esta tierra se llamaba Ataúlfo, y conquistó Barcelona en 415. Pero su idea no era quedarse, sino fundar un reino godo en el sur de la Galia, en lo que hoy es Aquitania y Provenza. El emperador le concedió el deseo, siempre y cuando su pueblo mantuviese lealtad y obediencia a Roma. Le concedió también la mano de su hermana, Gala Placidia, la última gran dama de Roma.
No pudo disfrutar de ninguna de las dos cosas: le apuñalaron ese mismo año en Barcelona. La bella Gala Placidia regresó a Italia y la casaron con un general. Se formó así el reino visigodo de Tolosa, que, creciendo y creciendo sin parar, en su cénit llegó a extenderse desde el Loira hasta el Guadalquivir.
Los otros bárbaros, los que dejamos arriba repartiéndose el botín, terminaron llegando a las manos. Inevitable, Hispania era demasiado pequeña para tanto bárbaro y tanta testosterona junta. Vándalos y suevos, olvidando alianzas anteriores, se vieron las caras en Mérida para dilucidar a quién de los dos pertenecía la vega del Guadiana, romanizada hasta la extenuación, esto es, rica y opulenta, sobrada de todo y falta de gobernantes.
Los vándalos ganaron; pero para nada: un año después se largaron por donde habían venido. En 429 el rey vándalo Genserico dio orden de cruzar el Estrecho. En África se encontraron de nuevo con los alanos, que habían llegado antes, y en menos de un siglo ambos pueblos se diluyeron en la bruma de la historia.
Los suevos no querían irse, les gustaba Hispania, y más en aquel momento, en que la competencia se había retirado. Su cuartel general estaba en lo que el hombre del tiempo llama "el cuadrante noroccidental", es decir, más o menos en lo que hoy es Galicia, León y el norte de Portugal. Desde allí concibieron la ambiciosa empresa de transformar Hispania en Suevia. No lo consiguieron: el godo traidor, que acechaba al otro lado del Ebro, les cortó el paso. Se establecieron en Mérida y saltaron a la Bética, con la idea de doblegar al poder romano-godo en Cartagena. De ahí a Tarragona, un paso, y la vieja Hispania sería suya. Una tribu, un reino. No es mal planteamiento. El problema es que los godos tenían uno muy parecido y eran más y otros bárbaros, los francos, les estaban empujando hacia el sur.
En 456 el godo Teodorico dio una buena tunda al suevo Requiario en Astorga. Eran cuñados, pero la guerra es la guerra y Requiario fue capturado y ejecutado sin ningún miramiento. El camino quedaba expedito para los godos de Tolosa, cada vez más poderosos y menos dependientes de Roma, que se acercaba a su consunción final por agotamiento. En 476 Odoacro, rey de los hérulos, depuso al último emperador, Rómulo Augústulo, un crío de 12 años que, para más inri, ni siquiera era romano: era hijo de uno de los generales de Atila.
A finales del siglo V el desbarajuste en lo que había sido el imperio occidental era de tal calibre que, de Escocia a Sicilia y de Suiza a Portugal, todos andaban guerreando con todos. Entonces, en pleno follón, los francos, una tribu lejana que había guardado las fronteras del norte, se pusieron en marcha. Acaudillados por Clodoveo, abandonaron las frías y desapacibles tierras del curso bajo del Rin y partieron hacia el sur. Espoleados por su jefe y convencidos de que suyos eran los despojos del Imperio, se impusieron a los alamanes y los burgundios.
El choque con los godos de Tolosa, guardianes de la puerta del Mediterráneo, era cuestión de tiempo. De poco tiempo, porque los bárbaros, sabedores de que, con la vida que llevaban, no vivían demasiado, no acostumbraban pensarse mucho las cosas antes de hacerlas. En el año 507 estalló la guerra entre francos y visigodos. Duró lo que dura una batalla, la de Vouillé, en la que el rey godo Alarico fue derrotado y muerto.
Los francos se derramaron por la Provenza y Aquitania. Saquearon Tolosa, Burdeos y Arlés. El corazón del reino godo había sucumbido. La salvación estaba al otro lado de los Pirineos, un país donde los francos difícilmente podían seguirles, aunque sólo fuese por sus dimensiones y su endemoniada geografía.
Tras el desastre, lo que quedaba del pueblo godo en la Galia se trasladó a Hispania, el último destino de un linaje que llevaba varios siglos dando vueltas por Europa. En breve nacería el reino godo de Toledo, la primera vez en la historia en que la Península Ibérica era independiente y se autogobernaba. La población local, que era romana de lengua, cultura y religión, lo aceptó como un mal menor, algo irremediable que, al menos, frenaría los desórdenes de uno de los siglos más revueltos de nuestra historia.
El mestizaje entre bárbaros venidos del norte e hispanorromanos cristianizados cuajó en una peculiar amalgama que es la base de que lo hoy, quince siglos después, somos. A lo largo de los últimos 1.500 años no hemos hecho más que afinar la mezcla de los tres ingredientes primordiales de lo que hoy llamamos "civilización occidental". No podemos quejarnos: el resultado, en su variante hispana, no ha salido del todo mal.
www.diazvillanueva.com
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Gentileza de LD
PASAJES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA
Los godos y demás bárbaros del norte
Por Fernando Díaz Villanueva
El Imperio Romano se vino abajo en España en el otoño del año 409; el 12 de octubre exactamente, que ya es casualidad. Aquel día cruzaron el Pirineo, por los pasos de Roncesvalles y Somport, tres tribus bárbaras: los vándalos, los alanos y los suevos.
Tres años antes, aprovechando un descuido de los romanos, habían rebasado el Rin a la altura de Maguncia. Fue un invierno tan frío que el río estaba congelado. El cambio climático, como se ve, no es cosa de ahora. Encontrarse el cauce helado fue una bendición, y en pocas semanas decenas de miles se trasladaron a la otra orilla, la romana, donde aguardaban pacientes el saqueo de todas las maravillas del mundo clásico, es decir, civilizado.
Durante tres años vagaron sin rumbo por la Galia, hostigados por los romanos y por sus subcontratas guerreras, encargadas de mantener las fronteras limpias como una patena. El destino final de los tres grupos era el norte de África, la rica provincia romana que durante siglos había ejercido de granero del Imperio. Como la costa mediterránea de la Galia andaba intratable por aquel entonces, se aliaron para tomar un camino alternativo, el de la inmensa Hispania.
El camino, aunque largo, sinuoso y no exento de problemas, merecía la pena. Hasta llegar aquí, los alanos, el único pueblo no germánico de los tres, habían recorrido miles de kilómetros, desde las estepas asiáticas. Los vándalos provenían de la costa del Báltico y, tras una migración sostenida durante siglos, se habían puesto a la cola para cruzar el limes y tomar su parte de las incontables riquezas del alicaído imperio. Los suevos, que terminaron forjando una modesta fortuna en España, habían partido años atrás de algún punto entre las juras de Suabia y Franconia, en la actual Baviera, quizá empujados por otros o quizá porque estaban hartos de vivir subidos en un árbol y querían participar del festín. No lo sabemos: como eran bárbaros, no sabían ni leer ni escribir.
Las provincias romanas de Hispania no sólo eran inabarcables, montañosas y muy romanizadas, sino que, por aquellos años, se habían apuntado a una rebelión contra el emperador. La capitaneaba un tal Constantino, que a su vez había entregado el control de España a uno de sus generales, Máximo, que se proclamó emperador en Tarragona. Los invasores, encantados con el desorden que se habían encontrado a este lado del Pirineo, llegaron a un acuerdo con Máximo: no tocarían la costa de la Tarraconense, pero tendrían carta blanca en el resto.
Los alanos se dirigieron con presteza hacia el sur, hacia la Bética, la provincia más próspera y boyante de entre las españolas. Los vándalos –los había silingos y asdingos– se extendieron por las dos mesetas y el valle del Guadalquivir. Los suevos cabalgaron hacia el oeste, a reclamar la Lusitania y la Gallaecia. Buscaban tierra para cultivar. Allí la encontraron en abundancia; y ni tuvieron que habituarse al clima: en Galicia llueve tanto como en Alemania, o más.
Como todos los caminos llevaban a Roma, las malas noticias de Hispania no tardaron en llegar a oídos del emperador Honorio, que era un pelele en manos de Constancio, su magister militum, es decir, el espadón de toda la vida, que tenía mano en los cuarteles.
Para poder defenderlo mejor, años antes Teodosio el Grande, que era de Segovia, había dividido el imperio entre sus dos hijos: en el de Oriente reinaba Arcadio; en el de Occidente, Honorio. La situación en ambos era, sin embargo, muy diferente. Al primero los bárbaros ni se acercaban, y si lo hacían salían escaldados. En el segundo todo eran calamidades: Britania se había perdido, Bélgica también, y la Galia, del Loira para arriba, no obedecía a Roma. Con un imperio tan menguado, al emperador sólo le faltaba que le birlasen Hispania, que, para colmo, era el lugar donde había nacido su padre.
Con la idea de aventar a los intrusos y restituir su dominio sobre Hispania, comisionó a unos viejos amigos de la casa, los visigodos –o godos; que eso del "visi" se lo pusimos después, para diferenciarlos de sus primos italianos: los ostrogodos– para que limpiasen la provincia de merodeadores.
Los godos, en sus dos variedades, llevaban lo menos dos siglos enredando en las asuntos del Imperio. Eran originarios del valle del Danubio, y después de ganar una batalla a los romanos, la de Adrianópolis, habían llegado a la sabia conclusión de que, si pretendían heredar, lo mejor era quedarse a cuidar del viejo moribundo. El emperador los utilizaba para cubrirse las espaldas y ajustar cuentas en sus vastos y caóticos dominios.
Pero, como todos los sobrinos ansiosos por la herencia que nunca llega, los godos eran un dolor de cabeza y solían morder con cierta frecuencia la mano que les daba de comer. En el año 410, sin ir más lejos, habían saqueado Roma a conciencia por un asuntillo de poca monta.
Mandándolos a Hispania mataba dos pájaros de un tiro: largaba a los bárbaros, que saqueaban sin piedad los feraces campos y las espléndidas ciudades de la Tarraconense, y alejaba de Roma un montón de soldados incordiosos y pedigüeños, porque cuando los ejércitos godos no estaban en campaña pretendían vivir a costa del tesoro imperial, que estaba ya para pocos trotes.
El primer godo en hacer acto de presencia por esta tierra se llamaba Ataúlfo, y conquistó Barcelona en 415. Pero su idea no era quedarse, sino fundar un reino godo en el sur de la Galia, en lo que hoy es Aquitania y Provenza. El emperador le concedió el deseo, siempre y cuando su pueblo mantuviese lealtad y obediencia a Roma. Le concedió también la mano de su hermana, Gala Placidia, la última gran dama de Roma.
No pudo disfrutar de ninguna de las dos cosas: le apuñalaron ese mismo año en Barcelona. La bella Gala Placidia regresó a Italia y la casaron con un general. Se formó así el reino visigodo de Tolosa, que, creciendo y creciendo sin parar, en su cénit llegó a extenderse desde el Loira hasta el Guadalquivir.
Los otros bárbaros, los que dejamos arriba repartiéndose el botín, terminaron llegando a las manos. Inevitable, Hispania era demasiado pequeña para tanto bárbaro y tanta testosterona junta. Vándalos y suevos, olvidando alianzas anteriores, se vieron las caras en Mérida para dilucidar a quién de los dos pertenecía la vega del Guadiana, romanizada hasta la extenuación, esto es, rica y opulenta, sobrada de todo y falta de gobernantes.
Los vándalos ganaron; pero para nada: un año después se largaron por donde habían venido. En 429 el rey vándalo Genserico dio orden de cruzar el Estrecho. En África se encontraron de nuevo con los alanos, que habían llegado antes, y en menos de un siglo ambos pueblos se diluyeron en la bruma de la historia.
Los suevos no querían irse, les gustaba Hispania, y más en aquel momento, en que la competencia se había retirado. Su cuartel general estaba en lo que el hombre del tiempo llama "el cuadrante noroccidental", es decir, más o menos en lo que hoy es Galicia, León y el norte de Portugal. Desde allí concibieron la ambiciosa empresa de transformar Hispania en Suevia. No lo consiguieron: el godo traidor, que acechaba al otro lado del Ebro, les cortó el paso. Se establecieron en Mérida y saltaron a la Bética, con la idea de doblegar al poder romano-godo en Cartagena. De ahí a Tarragona, un paso, y la vieja Hispania sería suya. Una tribu, un reino. No es mal planteamiento. El problema es que los godos tenían uno muy parecido y eran más y otros bárbaros, los francos, les estaban empujando hacia el sur.
En 456 el godo Teodorico dio una buena tunda al suevo Requiario en Astorga. Eran cuñados, pero la guerra es la guerra y Requiario fue capturado y ejecutado sin ningún miramiento. El camino quedaba expedito para los godos de Tolosa, cada vez más poderosos y menos dependientes de Roma, que se acercaba a su consunción final por agotamiento. En 476 Odoacro, rey de los hérulos, depuso al último emperador, Rómulo Augústulo, un crío de 12 años que, para más inri, ni siquiera era romano: era hijo de uno de los generales de Atila.
A finales del siglo V el desbarajuste en lo que había sido el imperio occidental era de tal calibre que, de Escocia a Sicilia y de Suiza a Portugal, todos andaban guerreando con todos. Entonces, en pleno follón, los francos, una tribu lejana que había guardado las fronteras del norte, se pusieron en marcha. Acaudillados por Clodoveo, abandonaron las frías y desapacibles tierras del curso bajo del Rin y partieron hacia el sur. Espoleados por su jefe y convencidos de que suyos eran los despojos del Imperio, se impusieron a los alamanes y los burgundios.
El choque con los godos de Tolosa, guardianes de la puerta del Mediterráneo, era cuestión de tiempo. De poco tiempo, porque los bárbaros, sabedores de que, con la vida que llevaban, no vivían demasiado, no acostumbraban pensarse mucho las cosas antes de hacerlas. En el año 507 estalló la guerra entre francos y visigodos. Duró lo que dura una batalla, la de Vouillé, en la que el rey godo Alarico fue derrotado y muerto.
Los francos se derramaron por la Provenza y Aquitania. Saquearon Tolosa, Burdeos y Arlés. El corazón del reino godo había sucumbido. La salvación estaba al otro lado de los Pirineos, un país donde los francos difícilmente podían seguirles, aunque sólo fuese por sus dimensiones y su endemoniada geografía.
Tras el desastre, lo que quedaba del pueblo godo en la Galia se trasladó a Hispania, el último destino de un linaje que llevaba varios siglos dando vueltas por Europa. En breve nacería el reino godo de Toledo, la primera vez en la historia en que la Península Ibérica era independiente y se autogobernaba. La población local, que era romana de lengua, cultura y religión, lo aceptó como un mal menor, algo irremediable que, al menos, frenaría los desórdenes de uno de los siglos más revueltos de nuestra historia.
El mestizaje entre bárbaros venidos del norte e hispanorromanos cristianizados cuajó en una peculiar amalgama que es la base de que lo hoy, quince siglos después, somos. A lo largo de los últimos 1.500 años no hemos hecho más que afinar la mezcla de los tres ingredientes primordiales de lo que hoy llamamos "civilización occidental". No podemos quejarnos: el resultado, en su variante hispana, no ha salido del todo mal.
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Dios guarde a ZpM
lunes 3 de julio de 2006
ES IMPRESCINDIBLE. PARA ELLOS
Dios guarde a ZP
Por Horacio Vázquez-Rial
Hay gente que no cambia. La realidad sí, constantemente. Franco murió hace treinta años, la URSS se extinguió hace cerca de veinte, los partidos comunistas de Occidente se borraron del mapa o se convirtieron en organizaciones mucosas verdirrojas ideales para tripartitos, pero Santiago Carrillo sigue ahí, detenido hace siete décadas. Ya pueden decir sus admiradores que no representa los noventa y hasta que aparenta veinte. Los tiene.
Este caimán de dura piel fue tan obediente a los rusos que, por órdenes de Moscú, liquidó su propio partido. Lo explico: sabían bien los dirigentes soviéticos que se habían hecho cargo de entregarle el finiquito a Lenin que si tenían alguna oposición no iba a ser interior; en cambio, las reacciones de los pecés occidentales podían llegar a ser desagradables y molestas. Sobre todo, de los importantes: los que lo eran por número de afiliados, como el PCI o el PCF, o los que lo eran por valor simbólico; y en eso ninguno lo era más que el español. De modo que había que acabar con ellos al tiempo que se acababa con la URSS.
El trabajo lo hicieron los fieles, inventores del aparentemente discrepante eurocomunismo: Berlinguer y Carrillo a la cabeza. Cumplida su misión, el hombre comprendió que el nuevo amo era socialista y alemán, y el que estaba en eso era Felipe González, renuncia al marxismo incluida, de modo que había que irse al PSOE. De un régimen a otro, sin escalas.
Y ahí lo tenemos, apocalíptico, anunciando que lo que pretendemos quienes estamos en la oposición, así en conjunto, es asesinar al presidente de la sonrisa. Carrillo ha sido generosamente impreciso: "Quieren asesinar a Zapatero", dijo, usando un verbo sin sujeto. No ha tenido en cuenta que hubo una transición, y que antes de eso hubo 36 años de Franco. Casi nadie tiene por aquí muchas ganas de matar a nadie, y lo que se le reprocha a Zapatero es que se siente a jugar al mus precisamente con los que sí las tienen, pero no de matarlo a él, sino a algunos de nosotros.
Él sigue en 1936, o en 1939, quién sabe, preparando el asalto al poder o colaborando con Stalin y su siervo local Negrín. Entonces sí que se asesinaba. Y si un presidente o un diputado de la derecha se ponía pesado, a por él, la cosa se resolvía por el procedimiento A, como se lee en el telegrama de los camaradas a Moscú: "Asunto Nin resuelto por procedimiento A". Y si no se trataba de un presidente ni de un diputado ni de un ministro, pues al montón, estilo Paracuellos. A los noventa, Carrillo sigue pensando que la política es eso.
Carrillo no se lo ha quitado de encima y sigue pensando que todos son de su condición. Que somos de su condición, o de la su antiguo ex camarada Líster, que tenía una pistola que valía más que cualquier verso de Machado, según el entusiasta Machado, Antonio.
Pero no quiero enfangarme en la crítica al protomagnicida Carrillo, que está hecha y rehecha, sino en los temores que revela su extravagante afirmación y en la indiscutible finura del olfato político de un tipo que sobrevivió a casi todo, incluido el tabaco. Nadie va a asesinar a Zapatero, pero es una posibilidad que Carrillo teme. En una democracia normal y consolidada, esa posibilidad mantiene alerta a los servicios secretos, no a los viejos comunistas, y si se materializa pasan cosas políticas pero no se conmueve la estructura del sistema; piénsese en Kennedy: Johnson le sucedió a pesar del fantasma del atentado y de sus ramificaciones, y el sistema es tan poderoso que jamás se sabrá quién cometió el crimen. Pero, sobre todo, a nadie se le ocurrió pensar, y menos aún decir, que habían sido "los republicanos": unos años después, Nixon no cayó por el asesinato de JFK, sino por haberse opuesto al monopolio del acero y haber ido a visitar a Mao Zedong cuando todavía no tocaba: acaba de cerrarse el monopolio mundial del acero y ahora todo el mundo va a China como quien va a su pueblo.
Pero no estamos viviendo en una democracia normal ni consolidada. Supongo que los servicios secretos españoles cuidan al presidente, aunque no esté Clint Eastwood en la línea de fuego. Pero si llegaran a asesinarlo, como teme Carrillo, y lo teme tanto que ya ha encontrado a los culpables, se desmontaría el chiringuito del régimen psocionacionalista. Esto no es Hollywood, y un magnicidio es cosa seria: el tipo de la sonrisa que vive en la Moncloa es imprescindible. Para ellos. Porque, como se sabe, el cementerio está lleno de imprescindibles, pero en este caso la imprescindibilidad es real.
El único que sabe cómo y dónde están las cosas, qué se ha hablado y con quién, cuáles son las fechas en las que se darán qué pasos, es él. Estoy convencido de que ni siquiera Rasputín Rubalcaba conoce el reparto del juego. Y aunque él las conociera, no le serviría de nada porque no es un presidente de Gobierno viable en ningún caso. Se quedaría hablando de concetos y ojetos con Pepiño, atrincherado en Ferraz, mientras otro tomara el relevo.
El que cabalga sobre el tigre, como dijo con razón Pedro J., es Zapatero. Los demás se ocupan de partes: los dientes, la cola, las zarpas, pero no de todo el tigre. Intentan administrar la ferocidad del bicho para que no descabalgue al otro.
La política española ha alcanzado su mayor nivel de opacidad desde el conde Don Julián, que cabalgó a solas el tigre de Tarik y comenzó una guerra de ocho siglos. Si Rubalcaba no lo sabe todo, ¿qué sabemos usted o yo, pobres mortales rodeados de realidades nacionales desbocadas? Ni siquiera recordábamos, hasta que nos lo hizo presente Arzalluz hace cinco minutos, que el PNV podía dejar de acatar la Constitución que no contribuyó a aprobar; hasta habíamos olvidado que el brazo político de ETA no es Batasuna, sino el PNV: se llamaba plan Ibarreche, se llamará plan Guevara, pero es el texto que estará sobre la mesa de las negociaciones entre Zapatero y los encapuchados, que se doblegarán a hablar en español por esa única vez y sin que sirva de precedente.
Tiene razón Carrillo en temer por la vida de Zapatero. Deberíamos estar todos de rodillas, rezando a todos los santos para que le conserven en salud. Porque si él desaparece será el sálvese quien pueda. El tipo acaba de anunciar que con ETA sólo hablarán de política los representantes de la voluntad popular, es decir, él mismo, elegido por un Parlamento que, a estas alturas, representa la voluntad popular en la misma medida que el Parlament de Cataluña: 90% de diputados, 35% del censo, para aprobar un estatuto.
Con esa declaración, a la que Rajoy no ha sabido reaccionar, nos ha metido otro gol, y van...
vazquez-rial@telefonica.netwww.vazquezrial.com
Gentileza de LD
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Por Horacio Vázquez-Rial
Hay gente que no cambia. La realidad sí, constantemente. Franco murió hace treinta años, la URSS se extinguió hace cerca de veinte, los partidos comunistas de Occidente se borraron del mapa o se convirtieron en organizaciones mucosas verdirrojas ideales para tripartitos, pero Santiago Carrillo sigue ahí, detenido hace siete décadas. Ya pueden decir sus admiradores que no representa los noventa y hasta que aparenta veinte. Los tiene.
Este caimán de dura piel fue tan obediente a los rusos que, por órdenes de Moscú, liquidó su propio partido. Lo explico: sabían bien los dirigentes soviéticos que se habían hecho cargo de entregarle el finiquito a Lenin que si tenían alguna oposición no iba a ser interior; en cambio, las reacciones de los pecés occidentales podían llegar a ser desagradables y molestas. Sobre todo, de los importantes: los que lo eran por número de afiliados, como el PCI o el PCF, o los que lo eran por valor simbólico; y en eso ninguno lo era más que el español. De modo que había que acabar con ellos al tiempo que se acababa con la URSS.
El trabajo lo hicieron los fieles, inventores del aparentemente discrepante eurocomunismo: Berlinguer y Carrillo a la cabeza. Cumplida su misión, el hombre comprendió que el nuevo amo era socialista y alemán, y el que estaba en eso era Felipe González, renuncia al marxismo incluida, de modo que había que irse al PSOE. De un régimen a otro, sin escalas.
Y ahí lo tenemos, apocalíptico, anunciando que lo que pretendemos quienes estamos en la oposición, así en conjunto, es asesinar al presidente de la sonrisa. Carrillo ha sido generosamente impreciso: "Quieren asesinar a Zapatero", dijo, usando un verbo sin sujeto. No ha tenido en cuenta que hubo una transición, y que antes de eso hubo 36 años de Franco. Casi nadie tiene por aquí muchas ganas de matar a nadie, y lo que se le reprocha a Zapatero es que se siente a jugar al mus precisamente con los que sí las tienen, pero no de matarlo a él, sino a algunos de nosotros.
Él sigue en 1936, o en 1939, quién sabe, preparando el asalto al poder o colaborando con Stalin y su siervo local Negrín. Entonces sí que se asesinaba. Y si un presidente o un diputado de la derecha se ponía pesado, a por él, la cosa se resolvía por el procedimiento A, como se lee en el telegrama de los camaradas a Moscú: "Asunto Nin resuelto por procedimiento A". Y si no se trataba de un presidente ni de un diputado ni de un ministro, pues al montón, estilo Paracuellos. A los noventa, Carrillo sigue pensando que la política es eso.
Carrillo no se lo ha quitado de encima y sigue pensando que todos son de su condición. Que somos de su condición, o de la su antiguo ex camarada Líster, que tenía una pistola que valía más que cualquier verso de Machado, según el entusiasta Machado, Antonio.
Pero no quiero enfangarme en la crítica al protomagnicida Carrillo, que está hecha y rehecha, sino en los temores que revela su extravagante afirmación y en la indiscutible finura del olfato político de un tipo que sobrevivió a casi todo, incluido el tabaco. Nadie va a asesinar a Zapatero, pero es una posibilidad que Carrillo teme. En una democracia normal y consolidada, esa posibilidad mantiene alerta a los servicios secretos, no a los viejos comunistas, y si se materializa pasan cosas políticas pero no se conmueve la estructura del sistema; piénsese en Kennedy: Johnson le sucedió a pesar del fantasma del atentado y de sus ramificaciones, y el sistema es tan poderoso que jamás se sabrá quién cometió el crimen. Pero, sobre todo, a nadie se le ocurrió pensar, y menos aún decir, que habían sido "los republicanos": unos años después, Nixon no cayó por el asesinato de JFK, sino por haberse opuesto al monopolio del acero y haber ido a visitar a Mao Zedong cuando todavía no tocaba: acaba de cerrarse el monopolio mundial del acero y ahora todo el mundo va a China como quien va a su pueblo.
Pero no estamos viviendo en una democracia normal ni consolidada. Supongo que los servicios secretos españoles cuidan al presidente, aunque no esté Clint Eastwood en la línea de fuego. Pero si llegaran a asesinarlo, como teme Carrillo, y lo teme tanto que ya ha encontrado a los culpables, se desmontaría el chiringuito del régimen psocionacionalista. Esto no es Hollywood, y un magnicidio es cosa seria: el tipo de la sonrisa que vive en la Moncloa es imprescindible. Para ellos. Porque, como se sabe, el cementerio está lleno de imprescindibles, pero en este caso la imprescindibilidad es real.
El único que sabe cómo y dónde están las cosas, qué se ha hablado y con quién, cuáles son las fechas en las que se darán qué pasos, es él. Estoy convencido de que ni siquiera Rasputín Rubalcaba conoce el reparto del juego. Y aunque él las conociera, no le serviría de nada porque no es un presidente de Gobierno viable en ningún caso. Se quedaría hablando de concetos y ojetos con Pepiño, atrincherado en Ferraz, mientras otro tomara el relevo.
El que cabalga sobre el tigre, como dijo con razón Pedro J., es Zapatero. Los demás se ocupan de partes: los dientes, la cola, las zarpas, pero no de todo el tigre. Intentan administrar la ferocidad del bicho para que no descabalgue al otro.
La política española ha alcanzado su mayor nivel de opacidad desde el conde Don Julián, que cabalgó a solas el tigre de Tarik y comenzó una guerra de ocho siglos. Si Rubalcaba no lo sabe todo, ¿qué sabemos usted o yo, pobres mortales rodeados de realidades nacionales desbocadas? Ni siquiera recordábamos, hasta que nos lo hizo presente Arzalluz hace cinco minutos, que el PNV podía dejar de acatar la Constitución que no contribuyó a aprobar; hasta habíamos olvidado que el brazo político de ETA no es Batasuna, sino el PNV: se llamaba plan Ibarreche, se llamará plan Guevara, pero es el texto que estará sobre la mesa de las negociaciones entre Zapatero y los encapuchados, que se doblegarán a hablar en español por esa única vez y sin que sirva de precedente.
Tiene razón Carrillo en temer por la vida de Zapatero. Deberíamos estar todos de rodillas, rezando a todos los santos para que le conserven en salud. Porque si él desaparece será el sálvese quien pueda. El tipo acaba de anunciar que con ETA sólo hablarán de política los representantes de la voluntad popular, es decir, él mismo, elegido por un Parlamento que, a estas alturas, representa la voluntad popular en la misma medida que el Parlament de Cataluña: 90% de diputados, 35% del censo, para aprobar un estatuto.
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