sabado 8 de abril de 2006
GUERRA CONTRA EL TERRORISMO
No neguemos que hay musulmanes a los que les pone la yihad
Por Mark Steyn
Si yo fuera un pacifista rojelio, estaría muy deprimido con las protestas por el aniversario de la guerra de Irak. Unos pocos cientos de personas se dejan caer por aquí y por allí para ver cómo detienen a Cindy Sheehan por decimoquinta vez, y Charlie Sheen desvela su teoría conspiratoria, aclamada por la crítica, de lo-del-World-Trade-Center-fue-una-explosión-controlada. Susan Sarandon va a interpretar a Cindy en la película, o a Charlie, o a ambos; de todas formas, podrían darle el Óscar durante los títulos de crédito iniciales.
Si bien Charlie Sheen es, indudablemente, un esforzado líder, era inevitable advertir que la muchedumbre pacifista había mermado con ocasión del tercer aniversario. El fin de semana siguiente, medio millón de inmigrantes ilegales (ups, lo siento: medio millón de honorables miembros de la Comunidad Indocumentado-Americana) tomaron las calles, y de pronto te dabas cuenta del aspecto que se supone tiene una gran manifestación. En teoría, estos tíos ni siquiera deberían estar en el país, pero pueden organizar un movimiento de protesta pública mejor que ninguna de las concentraciones contra la guerra promovidas por los medios y por Hollywood 24 horas al día, siete días a la semana.
Bueno, vale, se supone que la mitad de la peña antiguerra tampoco está en el país, si es que mantuvieron su promesa de irse a Canadá tras las últimas elecciones. Pero lo que pienso es que no existe un movimiento antiguerra de masas. Algunos comentaristas se confesaron atónitos por la escasa asistencia, en un momento en que las encuestas muestran que lo de Irak es cada vez más impopular.
El caso es que hay dos tipos de personas que ponen objeciones a la guerra: está la izquierda caduca, la de Sheehan-Sheen, que en la práctica urge a América a fracasar en Irak, y está el grupo, potencialmente mayor y a la derecha de aquélla, cada vez más receloso de la concepción oficial de la guerra. Los segundos no quieren que América pierda; quieren que gane, y decisivamente. Con los titulares del día, desde la yihad de las viñetas danesas hasta el afgano que afrontaba la pena capital por apostasía, la descorazonadora respuesta de la "diplomacia pública" corre el riesgo de sonar sólo un poco menos demente que Charlie Sheen.
La madre del cordero, aquí, es el "respeto". Todo el mundo está ocupado profesando su "respeto"; todos "respetamos" al Islam: presidentes, primeros ministros y ministros de Exteriores se deslizan tan cotidianamente por la rutina del profundo-respeto-a-la-religión-de-la-paz que olvidan que, por acumulación, todo eso empieza a sonar menos como "¡Movámonos!" y mucho más como "¡Démonos la vuelta!".
Jack Straw, el secretario británico de Exteriores, pronunció el otro día el discurso típico del gobernante occidental:
"Un gran número de musulmanes [en el Reino Unido] estaban comprensiblemente molestos por que esas viñetas fueran reimpresas en Europa, y de corazón consideraban que sus creencias estaban siendo injuriadas. Expresaron su rabia y su dolor, pero lo hicieron de una manera que reflejaba la pacífica e ilustrada religión del Islam".
¿"La pacífica e ilustrada religión del Islam"? ¿Qué serían, pues, los tipos que desfilaron por Londres con pancartas que rezaban "Decapitad a los enemigos del Islam" y "La libertad de expresión es el terrorismo occidental", y prometiendo un nuevo Holocausto en Europa? Esto es geopolítica según la Doctrina Aretha Franklin: cuanto más proclama el mundo su r-e-s-p-e-c-t, más nos golpean los islamistas.
La retórica del secretario de Exteriores no está a la altura de la realidad. Lo que están diciendo los líderes gubernamentales a sus ciudadanos es, esencialmente: ¿a quién vais a creer, a los banales escritores de mis discursos o a vuestros propios ojos?
Si quieres ganar la guerra, no marees. Hay millones de ciudadanos que no van a mantenerse firmes con lo de "una larga guerra" (como la Administración la llama ahora) si creen que se les está hurtando la naturaleza de la misma. Una de las razones por las que consideramos a Churchill un gran hombre es que sus discursos acerca de la naturaleza del enemigo no exigían devaneos o circunloquios.
Si tuviera que proponer un modelo para la retórica occidental, sería el australiano. En los días posteriores al 11 de Septiembre los franceses recibieron toda la atención por ese titular de Le Monde: "Nous sommes tous Americains" ("Todos somos americanos"), aunque realmente no lo pensaban, ni siquiera entonces. Pero John Howard, el primer ministro australiano, lo dijo mejor y mantuvo su palabra: "Este no es el momento de ser aliado al 80%". Genial.
Más recientemente, Howard brindó algunas reflexiones sobre lo que diferencia a los musulmanes de otros grupos de inmigrantes. "No se puede encontrar ningún equivalente en la inmigración italiana, o griega, o china o báltica en Australia. No existe un equivalente al entusiasmo por la yihad", dijo, afirmando lo obvio como no se atrevería a hacerlo la mayor parte de los líderes políticos. "Realmente, no tiene mucho sentido simular que no existe".
Por desgracia, demasiados entre sus homólogos insisten en simular (al menos ante su ciudadanía) que no existe. ¿A qué porcentaje de musulmanes occidentales le pone la yihad? ¿Al 5 por ciento, al 10, al 12? Teniendo en cuenta que el conocimiento de esta identidad panislamista es crucial para la victoria, ¿por qué no podemos reconocerla honestamente? "Entusiasmados con la yihad" es una oración que cumple la ley que se solía llamar "la prueba del hombre razonable": si usted está viendo en el noticiero unas imágenes de una protesta musulmana en la que se promete el desencadenamiento de un nuevo Holocausto, la frase de John Howard sirve.
¿Se trata de algo puntual? Escuche a los colegas de gabinete de Howard. He aquí al ministro de Finanzas, Peter Costello, dando consejos a los musulmanes occidentales que quieran vivir bajo la ley islámica: "Existen países que aplican la ley religiosa, o sharia, empezando por Arabia Saudí e Irán. Si alguien quiere vivir bajo la sharia, esos son países donde se sentirán cómodos. Pero no Australia".
La mayor parte de los jefes de Gobierno occidentales callan, y su silencio es interpretado correctamente como vacilación por el Islam renaciente. También atendí a este jugoso resumen de mi ministro de Exteriores favorito, el australiano Alexander Downer: "El multilateralismo es un sinónimo de ineficacia y de política descentrada que implica el internacionalismo como mínimo común denominador". Recuerde el genocidio sudanés, los misiles nucleares iraníes, la chapuza de la respuesta de la ONU al tsunami, etcétera. Está bien, eso de que para ser ministro del Gobierno australiano no se necesite la confirmación de John Kerry y Joe Biden.
Mi temor es que, en esta nueva guerra, las banalidades oficiales sean el equivalente al parloteo de la fase relajada de la Guerra Fría, en los años 70, cuando Willy Brandt y Pierre Trudeau y Jimmy Carter simulaban que el enemigo no era lo que era. Después llegó Ronald Reagan. No era sólo lo del Imperio del Mal: sus bromas también iban de dinero. A su propia manera depravada, los islamistas son mucho más ridículos que los comunistas, y unos cuantos chistes no vendrían mal. Si ésta es una "larga guerra", se precisa una retórica que sirva hasta el final. El libreto actual no pasa el examen.
© Mark Steyn, 2006
Gentileza de LD
viernes, abril 07, 2006
Pastores y rebaños en el PSC (I)
sabado 8 de abril de 2006
DESDE LA IZQUIERDA
Pastores y rebaños en el PSC (1)
Por Antonio Robles
La abstención electoral en Cataluña es sistemáticamente mayor en las elecciones autonómicas que en las generales. Exactamente, un 12,3 % de media desde que se iniciaron, en 1980. Es en las poblaciones obreras castellanohablantes de los cinturones industriales donde se concentra la abstención, y afecta sobre todo al PSC, que llega a perder medio millón de votos, según si sean comicios generales o autonómicos. Por decirlo claro: el PSC-PSOE ha ganado todas las generales, y el PSC ha perdido todas las autonómicas.
A cualquier responsable político de un partido así afectado se le ocurriría estudiar la causa y ponerle inmediatamente remedio. Al Partido Socialista de Cataluña, no. Sólo el espectacular 57% de abstención de las autonómicas del 1992 en Rubí llevó a los responsables municipales de izquierdas a encargar un estudio sociológico para indagar las causas. Lo llevó a acabo un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona dirigido por Josep Maria Colomer.
El resultado fue incontestable: la abstención afectaba a los partidos de izquierda y nada a CiU, que obtenía los mismos resultados en municipales, autonómicas y generales. El PSC era el más perjudicado. Cuanto más ha separado su discurso del espíritu del PSOE (España [¿?], bilingüismo, problemas sociales) y más se ha centrado en el del PSC (identidad, inmersión lingüística, nacionalismo), más se ha distanciado de sus votantes.
No les ha importado, ni han hecho nada por corregir esa sangría. Han preferido perder votos que aguar su nacional-catalanismo. Mejor dicho: se han esforzado por frenar la velocidad de la hemorragia controlando a la comunidad obrera castellanohablante, en espera de que las nuevas generaciones vayan sucumbiendo al ardor patriótico. En la cera de enfrente CiU ha hecho lo propio, pero desde el poder, que siempre es más cómodo y agradecido.
La historia comienza en los 80. Un millón de inmigrantes llegados en las décadas de 1950, 1960 y 1970 se agrupan en docenas de asociaciones de carácter cultural o folklórico. Sólo las andaluzas suman más de 160. Su extracción social y cultural y el entorno donde viven son o están muy cercanos al PSOE de Felipe y Alfonso Guerra. Cualquiera sabe que si un día apareciese por Santa Coloma Felipe González y soltare un discurso lingüístico, cultural y social como el de Ciutadans de Catalunya, o el de Iniciativa No Nacionalista, el PSC se iría al carajo, y el nacionalismo secesionista con él. En dos días, no más. Repito, en dos días.
Por eso, las fuerzas vivas de convergentes y socialistas se han empeñado durante estos 25 últimos años en pastorearles, cebarles a fino y pescaíto frito, o sea, en tenerlos entretenidos mientras desvalijan su vida cultural y lingüística, en espera de que sus vástagos les nieguen en su propia casa. Al menos eso esperan conseguir con la inmersión escolar y la FEN (Formación del Espíritu Nacional). Dos agrupaciones, la Fecac y Crisol, la primera controlada prioritariamente por CiU y la segunda íntegramente por el PSC, han sido los instrumentos para tener sumisos a los inmigrantes.
Todo comenzó cuando Pujol, presidente ya de la Generalitat, se da cuenta de que imponer el catalán como lengua hegemónica chocará inevitablemente con la sensibilidad y los derechos de los castellanohablantes. Hacerlo por las bravas como lo está haciendo hoy el Tripartito hubiera sido un suicidio, y más a principios de los 80. Astuto y paciente, tiene otra táctica: imposición gradual, retroceso allí donde salten chispas, control de los medios de comunicación y la escuela y pastoreo de la inmigración mediante subvenciones a asociaciones folklóricas andaluzas. Desde Bienestar Social, dirigida por Antoni Comas, miman y ceban a sus principales dirigentes, sobre todo a Francisco García Prieto, presidente de la Fecac, la agrupación más numerosa e importante de casas regionales de Andalucía, que controla y dirige la "Feria de Abril de Cataluña".
Esta maniobra no pasa inadvertida a Josep Maria Sala, capitán de capitanes del PSC, y mediante el Colectivo Crisol (uno de los muchos juegos trileros que utiliza el PSC para camuflarse y desde dentro desactivar la resistencia al nacionalismo de sus bases obreras, españolas y castellanohablantes) crea Aarca (Agrupación de Asociaciones Recreativo-Culturales Andaluzas), al frente de la cual ponen a Francisco Hidalgo, delegado del Consejo de Comunidades Andaluzas en Cataluña, Valencia y Baleares del Gobierno socialista andaluz. Así dan mejor el pego.
Jugaban sucio, pero con desventaja. Pujol tenía más dinero y poder desde la presidencia de la Generalitat.
La telaraña se extiende… Continuará.
Gentileza de LD
DESDE LA IZQUIERDA
Pastores y rebaños en el PSC (1)
Por Antonio Robles
La abstención electoral en Cataluña es sistemáticamente mayor en las elecciones autonómicas que en las generales. Exactamente, un 12,3 % de media desde que se iniciaron, en 1980. Es en las poblaciones obreras castellanohablantes de los cinturones industriales donde se concentra la abstención, y afecta sobre todo al PSC, que llega a perder medio millón de votos, según si sean comicios generales o autonómicos. Por decirlo claro: el PSC-PSOE ha ganado todas las generales, y el PSC ha perdido todas las autonómicas.
A cualquier responsable político de un partido así afectado se le ocurriría estudiar la causa y ponerle inmediatamente remedio. Al Partido Socialista de Cataluña, no. Sólo el espectacular 57% de abstención de las autonómicas del 1992 en Rubí llevó a los responsables municipales de izquierdas a encargar un estudio sociológico para indagar las causas. Lo llevó a acabo un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona dirigido por Josep Maria Colomer.
El resultado fue incontestable: la abstención afectaba a los partidos de izquierda y nada a CiU, que obtenía los mismos resultados en municipales, autonómicas y generales. El PSC era el más perjudicado. Cuanto más ha separado su discurso del espíritu del PSOE (España [¿?], bilingüismo, problemas sociales) y más se ha centrado en el del PSC (identidad, inmersión lingüística, nacionalismo), más se ha distanciado de sus votantes.
No les ha importado, ni han hecho nada por corregir esa sangría. Han preferido perder votos que aguar su nacional-catalanismo. Mejor dicho: se han esforzado por frenar la velocidad de la hemorragia controlando a la comunidad obrera castellanohablante, en espera de que las nuevas generaciones vayan sucumbiendo al ardor patriótico. En la cera de enfrente CiU ha hecho lo propio, pero desde el poder, que siempre es más cómodo y agradecido.
La historia comienza en los 80. Un millón de inmigrantes llegados en las décadas de 1950, 1960 y 1970 se agrupan en docenas de asociaciones de carácter cultural o folklórico. Sólo las andaluzas suman más de 160. Su extracción social y cultural y el entorno donde viven son o están muy cercanos al PSOE de Felipe y Alfonso Guerra. Cualquiera sabe que si un día apareciese por Santa Coloma Felipe González y soltare un discurso lingüístico, cultural y social como el de Ciutadans de Catalunya, o el de Iniciativa No Nacionalista, el PSC se iría al carajo, y el nacionalismo secesionista con él. En dos días, no más. Repito, en dos días.
Por eso, las fuerzas vivas de convergentes y socialistas se han empeñado durante estos 25 últimos años en pastorearles, cebarles a fino y pescaíto frito, o sea, en tenerlos entretenidos mientras desvalijan su vida cultural y lingüística, en espera de que sus vástagos les nieguen en su propia casa. Al menos eso esperan conseguir con la inmersión escolar y la FEN (Formación del Espíritu Nacional). Dos agrupaciones, la Fecac y Crisol, la primera controlada prioritariamente por CiU y la segunda íntegramente por el PSC, han sido los instrumentos para tener sumisos a los inmigrantes.
Todo comenzó cuando Pujol, presidente ya de la Generalitat, se da cuenta de que imponer el catalán como lengua hegemónica chocará inevitablemente con la sensibilidad y los derechos de los castellanohablantes. Hacerlo por las bravas como lo está haciendo hoy el Tripartito hubiera sido un suicidio, y más a principios de los 80. Astuto y paciente, tiene otra táctica: imposición gradual, retroceso allí donde salten chispas, control de los medios de comunicación y la escuela y pastoreo de la inmigración mediante subvenciones a asociaciones folklóricas andaluzas. Desde Bienestar Social, dirigida por Antoni Comas, miman y ceban a sus principales dirigentes, sobre todo a Francisco García Prieto, presidente de la Fecac, la agrupación más numerosa e importante de casas regionales de Andalucía, que controla y dirige la "Feria de Abril de Cataluña".
Esta maniobra no pasa inadvertida a Josep Maria Sala, capitán de capitanes del PSC, y mediante el Colectivo Crisol (uno de los muchos juegos trileros que utiliza el PSC para camuflarse y desde dentro desactivar la resistencia al nacionalismo de sus bases obreras, españolas y castellanohablantes) crea Aarca (Agrupación de Asociaciones Recreativo-Culturales Andaluzas), al frente de la cual ponen a Francisco Hidalgo, delegado del Consejo de Comunidades Andaluzas en Cataluña, Valencia y Baleares del Gobierno socialista andaluz. Así dan mejor el pego.
Jugaban sucio, pero con desventaja. Pujol tenía más dinero y poder desde la presidencia de la Generalitat.
La telaraña se extiende… Continuará.
Gentileza de LD
¿Costa Rica o Costa Pobre?
sabado 8 de abril de 2006
IBEROAMÉRICA
¿Costa Rica o Costa Pobre?
Por Richard W. Rahn
La primera vez que ejerció la presidencia de Costa Rica, Óscar Arias ganó el Nobel de la Paz (1987) por ayudar a negociar el fin de las guerras civiles en América Central. Luego de una larga ausencia, fue elegido nuevamente, con un minúsculo margen, y ahora afronta el reto de revitalizar la economía de su país en lugar de preocuparse de los problemas de sus vecinos.
Costa Rica goza de un clima ideal, de bellas montañas y estupendas playas, tanto en el Caribe como en el Pacífico. Su gente es educada, amable y simpática, razón por la cual atrae a muchos turistas y a personas retiradas. Ha sido una democracia durante la mayor parte de su historia, y se enorgullece de su sistema de salud y de tener una sociedad civil pacífica. Sus tierras son fértiles, y varias empresas de alta tecnología, como Intel, se han establecido en el país.
A pesar de todas esas ventajas, la inflación es alta (12% el año pasado) y los salarios son bajos: los ticos tienen una cuarta parte del poder de compra de los asalariados en Estados Unidos. La pregunta es: ¿por qué los costarricenses no ganan a la par de los norteamericanos y europeos, dadas su educación y ventajas naturales? La respuesta es que sufren de excesivo estatismo burocrático y de mucha corrupción.
Costa Rica ocupa el puesto 46 en el Índice de Libertad Económica, y el 51 en corrupción. Hay excesivas regulaciones que socavan el respeto por la ley y fomentan la corrupción. El sistema impositivo es excesivamente complejo y está mal administrado; además, las altas tasas de impuestos son contraproducentes.
La economía se ve frenada por una gran cantidad de monopolios estatales, entre los que se cuentan los que afectan a la electricidad y los teléfonos. Por la ausencia de competencia, el servicio de celulares es inferior. Los bancos estatales socavan la integridad del sistema financiero. El conflicto de intereses es obvio cuando el árbitro y el dueño son el mismo. El Gobierno costarricense es dueño del monopolio de seguros, lo cual contradice la razón de ser de los seguros, que es la diversificación de los riesgos. Ese monopolio concentra los riesgos y reduce el nivel de servicio, lo cual siempre sucede con las empresas del Estado en todo el mundo. El Gobierno está metido en todo, incluso en el almacenaje refrigerado.
Los líderes sindicales y los defensores del socialismo que infecta a Costa Rica insisten en que siguen el ejemplo de los países escandinavos, olvidando que esa región del mundo se hizo rica antes de imponer el Estado de Bienestar y sus políticas de redistribución. Es más, esos mismos países están hoy en día tratando de revitalizar sus estancadas economías, y casi todas las naciones europeas han estado privatizando sus ineficientes monopolios estatales en los últimos 20 años.
La buena noticia es que todos los problemas que confronta Costa Rica han sido resueltos en otros países durante las últimas dos décadas. Muchos se refieren a Costa Rica como la Suiza de América Central; si la analogía es correcta, bien vale la pena analizar e imitar las razones del éxito suizo.
El presidente Arias debe utilizar su reputación y habilidades diplomáticas para instrumentar una verdadera reforma impositiva, reduciendo las tasas de impuesto y la complejidad del sistema tributario, en lugar de promulgar el anunciado impuesto a las ganancias de capital, que diezmaría los mercados de capitales e inmobiliario. Además, debe desregular y desburocratizar el país, proceder a una reforma monetaria, privatizar las empresas estatales y acabar con la corrupción y los robos a la propiedad privada.
Si tiene éxito, será nuevamente un héroe nacional; pero si no lo hace su reputación se evaporará.
© AIPE
Richard W. Rahn, director general del Center for Economic Growth y académico asociado del Cato Institute.
Gentileza de LD
IBEROAMÉRICA
¿Costa Rica o Costa Pobre?
Por Richard W. Rahn
La primera vez que ejerció la presidencia de Costa Rica, Óscar Arias ganó el Nobel de la Paz (1987) por ayudar a negociar el fin de las guerras civiles en América Central. Luego de una larga ausencia, fue elegido nuevamente, con un minúsculo margen, y ahora afronta el reto de revitalizar la economía de su país en lugar de preocuparse de los problemas de sus vecinos.
Costa Rica goza de un clima ideal, de bellas montañas y estupendas playas, tanto en el Caribe como en el Pacífico. Su gente es educada, amable y simpática, razón por la cual atrae a muchos turistas y a personas retiradas. Ha sido una democracia durante la mayor parte de su historia, y se enorgullece de su sistema de salud y de tener una sociedad civil pacífica. Sus tierras son fértiles, y varias empresas de alta tecnología, como Intel, se han establecido en el país.
A pesar de todas esas ventajas, la inflación es alta (12% el año pasado) y los salarios son bajos: los ticos tienen una cuarta parte del poder de compra de los asalariados en Estados Unidos. La pregunta es: ¿por qué los costarricenses no ganan a la par de los norteamericanos y europeos, dadas su educación y ventajas naturales? La respuesta es que sufren de excesivo estatismo burocrático y de mucha corrupción.
Costa Rica ocupa el puesto 46 en el Índice de Libertad Económica, y el 51 en corrupción. Hay excesivas regulaciones que socavan el respeto por la ley y fomentan la corrupción. El sistema impositivo es excesivamente complejo y está mal administrado; además, las altas tasas de impuestos son contraproducentes.
La economía se ve frenada por una gran cantidad de monopolios estatales, entre los que se cuentan los que afectan a la electricidad y los teléfonos. Por la ausencia de competencia, el servicio de celulares es inferior. Los bancos estatales socavan la integridad del sistema financiero. El conflicto de intereses es obvio cuando el árbitro y el dueño son el mismo. El Gobierno costarricense es dueño del monopolio de seguros, lo cual contradice la razón de ser de los seguros, que es la diversificación de los riesgos. Ese monopolio concentra los riesgos y reduce el nivel de servicio, lo cual siempre sucede con las empresas del Estado en todo el mundo. El Gobierno está metido en todo, incluso en el almacenaje refrigerado.
Los líderes sindicales y los defensores del socialismo que infecta a Costa Rica insisten en que siguen el ejemplo de los países escandinavos, olvidando que esa región del mundo se hizo rica antes de imponer el Estado de Bienestar y sus políticas de redistribución. Es más, esos mismos países están hoy en día tratando de revitalizar sus estancadas economías, y casi todas las naciones europeas han estado privatizando sus ineficientes monopolios estatales en los últimos 20 años.
La buena noticia es que todos los problemas que confronta Costa Rica han sido resueltos en otros países durante las últimas dos décadas. Muchos se refieren a Costa Rica como la Suiza de América Central; si la analogía es correcta, bien vale la pena analizar e imitar las razones del éxito suizo.
El presidente Arias debe utilizar su reputación y habilidades diplomáticas para instrumentar una verdadera reforma impositiva, reduciendo las tasas de impuesto y la complejidad del sistema tributario, en lugar de promulgar el anunciado impuesto a las ganancias de capital, que diezmaría los mercados de capitales e inmobiliario. Además, debe desregular y desburocratizar el país, proceder a una reforma monetaria, privatizar las empresas estatales y acabar con la corrupción y los robos a la propiedad privada.
Si tiene éxito, será nuevamente un héroe nacional; pero si no lo hace su reputación se evaporará.
© AIPE
Richard W. Rahn, director general del Center for Economic Growth y académico asociado del Cato Institute.
Gentileza de LD
China y el genocidio en Darfur
sabado 8 de abril de 2006
PEKÍN, UNA "FUERZA NEGATIVA"
China y el genocidio en Darfur
Por William R. Hawkins
El 11 de marzo, en una conversación con reporteros, Condoleezza Rice advertía de que China podría convertirse en "una fuerza negativa" en la región Asia-Pacífico por su creciente poderío militar y económico. Por otro lado, los informes anuales del Departamento de Estado sobre DDHH documentan un incremento de la represión interna en China en 2005.
Las optimistas predicciones de la última década acerca de que los crecientes niveles de comercio e inversión occidentales promoverían el liberalismo en Pekín han demostrado ser erróneas. El comercio ha experimentado un boom, con un déficit para Estados Unidos de 201 millardos de dólares en 2005, pero en China el régimen comunista ha empleado los elevados beneficios para legitimar su dictadura.
Los informes sobre abusos internos son unos indicadores útiles de lo despiadadas que son las élites en el extranjero, algo que también pueden mostrar en sus acuerdos internacionales. En el caso de China, los resultados son muy claros, como refleja la implicación de Pekín como "fuerza muy negativa" en el genocidio perpetrado en la región sudanesa de Darfur.
China está involucrada en cuestiones africanas desde los años 60, apoyando regímenes criminales y grupos revolucionarios, en concordancia con la cuestión "antiimperialista" (antioccidental). Las relaciones de Pekín con Sudán se reforzaron en los años 90 con la explotación de enormes reservas de credo. China ha invertido alrededor de 10 millardos de dólares en Sudán. La China National Petroleum, de propiedad estatal, posee el 40% –la participación mayoritaria– de la Greater Nile Petroleum Operating (GNPOC). La China Petroleum Engineering and Construction (CPEC), de propiedad asimismo estatal, ha construido un oleoducto desde los campos de la GNPOC hasta el Mar Rojo y un complejo refinero a las afueras de Jartum.
La CNPC posee la mayor parte de un campo en Darfur y el 41% de un campo en Melut Basin. Otra firma china, Sinopec, está construyendo un oleoducto a Port Sudan, en el Mar Rojo, donde la CPEC está construyendo una terminal de carga. Alrededor del 70% de las exportaciones petroleras de Sudán van a China, y esto supone el 10% de las importaciones de crudo de China. A cambio del petróleo, Pekín suministra a Jartum armamento y apoyo diplomático. China ha proporcionado a Sudán tanques, artillería, helicópteros y aviones de combate, y ha inundado Darfur de minas antipersona. Se estima que hasta el 80% de los beneficios petroleros de Sudán se destina a la compra de armamento, mientras su población sigue siendo una de las más pobres del mundo.
Pekín también ha ayudado a Sudán a construir sus propias fábricas de municiones y armas ligeras, el verdadero armamento de destrucción masiva empleado en la campaña de limpieza étnica de Jartum. Se ha informado de que hay helicópteros de combate de fabricación china que operan desde aeródromos controlados por las petroleras chinas.
También se ha informado de que las fuerzas de seguridad chinas han ido más allá del mero sostenimiento de una postura defensiva en las áreas petroleras. Podrían estar apoyando activamente las operaciones de las tropas gubernamentales y de las asesinas milicias árabes destinadas a aniquilar las tribus africanas negras no musulmanas que habitan en las zonas del sur del país ricas en petróleo.
En un informe del Civilian Protection Monitoring Team, financiado por Estados Unidos y que investiga tales ataques, se afirma que las tropas gubernamentales "han buscado abrir el camino a la prospección petrolera y crear una zona de seguridad alrededor de los campos de petróleo".
Las instalaciones petroleras son dirigidas y gestionadas por "empleados invitados" chinos que garantizan el control de Pekín. David Blair, reportero del London Telegraph, afirma haber visto "vallas publicitarias en Jartum con imágenes de trabajadores chinos del petróleo sonriendo y el eslogan: 'CNPC, tu amigo íntimo y socio de confianza'".
Desde el rebrote de la guerra civil, en 2003, al menos 200.000 personas han sido asesinadas por las milicias o las fuerzas gubernamentales, y alrededor de dos millones –la mitad de la población de Darfur– viven bajo constante amenaza en campos de refugiados.
Rice declaró ante el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara, el pasado 16 de febrero, que el genocidio continuaba en Darfur, como pudo comprobar con sus propios ojos cuado visitó Sudán en 2004. Aun así, la Administración Bush ha evitado escrupulosamente mencionar a China y a Sudán en un mismo discurso.
El pasado julio Liang Guanglie, general en jefe del Ejército de Liberación Popular Chino, garantizó a su homólogo sudanés, Abbás Arabi Abdalá, que continuarían sus estrechos vinculos, y citó la "fructífera cooperación" en los terrenos "político, económico y cultural". El general Liang también agradeció a Sudán su apoyo a la política de "una sola China" contra Taiwán (a la que Pekín considera una provincia renegada, como Jartum a Darfur), y el apoyo de Sudán a China en materia de derechos humanos.
El Consejo de Seguridad de la ONU consideró en septiembre una resolución, la 1564, en la que se amenazaba a Sudán con sanciones petroleras si no ponía freno a la violencia en Darfur. China amenazó de inmediato con vetar cualquier movimiento tendente a la imposición de sanciones, con lo que la amenaza se tornó inútil.
Se espera que la situación en Darfur empeore en los próximos meses. La ayuda internacional para los campos de refugiados se demora, y hay un alto riesgo de que se produzca una hambruna en verano. La misión de pacificación de la Unión Africana ha fracasado: sus tropas no pueden hacer frente a la potencia de fuego o a la brutalidad de las fuerzas gubernamentales y las milicias, equipadas con armamento chino. Las propuestas sobre el envío de una significativa fuerza de pacificación de Naciones Unidas no superarán las objeciones de Pekín.
La tragedia de Darfur confirma el aserto del Pentágono, en su informe anual sobre el poder militar chino, de que la búsqueda insaciable de recursos será un "vector estratégico" para Pekín. Ello confirma la futilidad de intentar resolver los problemas internacionales perpetuados por China sin hacer frente a Pekín.
William R. Hawkins, miembro permanente de Estudios de Seguridad Nacional en el U. S. Business and Industrial Council de Washington, D. C.
Gentileza de LD
PEKÍN, UNA "FUERZA NEGATIVA"
China y el genocidio en Darfur
Por William R. Hawkins
El 11 de marzo, en una conversación con reporteros, Condoleezza Rice advertía de que China podría convertirse en "una fuerza negativa" en la región Asia-Pacífico por su creciente poderío militar y económico. Por otro lado, los informes anuales del Departamento de Estado sobre DDHH documentan un incremento de la represión interna en China en 2005.
Las optimistas predicciones de la última década acerca de que los crecientes niveles de comercio e inversión occidentales promoverían el liberalismo en Pekín han demostrado ser erróneas. El comercio ha experimentado un boom, con un déficit para Estados Unidos de 201 millardos de dólares en 2005, pero en China el régimen comunista ha empleado los elevados beneficios para legitimar su dictadura.
Los informes sobre abusos internos son unos indicadores útiles de lo despiadadas que son las élites en el extranjero, algo que también pueden mostrar en sus acuerdos internacionales. En el caso de China, los resultados son muy claros, como refleja la implicación de Pekín como "fuerza muy negativa" en el genocidio perpetrado en la región sudanesa de Darfur.
China está involucrada en cuestiones africanas desde los años 60, apoyando regímenes criminales y grupos revolucionarios, en concordancia con la cuestión "antiimperialista" (antioccidental). Las relaciones de Pekín con Sudán se reforzaron en los años 90 con la explotación de enormes reservas de credo. China ha invertido alrededor de 10 millardos de dólares en Sudán. La China National Petroleum, de propiedad estatal, posee el 40% –la participación mayoritaria– de la Greater Nile Petroleum Operating (GNPOC). La China Petroleum Engineering and Construction (CPEC), de propiedad asimismo estatal, ha construido un oleoducto desde los campos de la GNPOC hasta el Mar Rojo y un complejo refinero a las afueras de Jartum.
La CNPC posee la mayor parte de un campo en Darfur y el 41% de un campo en Melut Basin. Otra firma china, Sinopec, está construyendo un oleoducto a Port Sudan, en el Mar Rojo, donde la CPEC está construyendo una terminal de carga. Alrededor del 70% de las exportaciones petroleras de Sudán van a China, y esto supone el 10% de las importaciones de crudo de China. A cambio del petróleo, Pekín suministra a Jartum armamento y apoyo diplomático. China ha proporcionado a Sudán tanques, artillería, helicópteros y aviones de combate, y ha inundado Darfur de minas antipersona. Se estima que hasta el 80% de los beneficios petroleros de Sudán se destina a la compra de armamento, mientras su población sigue siendo una de las más pobres del mundo.
Pekín también ha ayudado a Sudán a construir sus propias fábricas de municiones y armas ligeras, el verdadero armamento de destrucción masiva empleado en la campaña de limpieza étnica de Jartum. Se ha informado de que hay helicópteros de combate de fabricación china que operan desde aeródromos controlados por las petroleras chinas.
También se ha informado de que las fuerzas de seguridad chinas han ido más allá del mero sostenimiento de una postura defensiva en las áreas petroleras. Podrían estar apoyando activamente las operaciones de las tropas gubernamentales y de las asesinas milicias árabes destinadas a aniquilar las tribus africanas negras no musulmanas que habitan en las zonas del sur del país ricas en petróleo.
En un informe del Civilian Protection Monitoring Team, financiado por Estados Unidos y que investiga tales ataques, se afirma que las tropas gubernamentales "han buscado abrir el camino a la prospección petrolera y crear una zona de seguridad alrededor de los campos de petróleo".
Las instalaciones petroleras son dirigidas y gestionadas por "empleados invitados" chinos que garantizan el control de Pekín. David Blair, reportero del London Telegraph, afirma haber visto "vallas publicitarias en Jartum con imágenes de trabajadores chinos del petróleo sonriendo y el eslogan: 'CNPC, tu amigo íntimo y socio de confianza'".
Desde el rebrote de la guerra civil, en 2003, al menos 200.000 personas han sido asesinadas por las milicias o las fuerzas gubernamentales, y alrededor de dos millones –la mitad de la población de Darfur– viven bajo constante amenaza en campos de refugiados.
Rice declaró ante el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara, el pasado 16 de febrero, que el genocidio continuaba en Darfur, como pudo comprobar con sus propios ojos cuado visitó Sudán en 2004. Aun así, la Administración Bush ha evitado escrupulosamente mencionar a China y a Sudán en un mismo discurso.
El pasado julio Liang Guanglie, general en jefe del Ejército de Liberación Popular Chino, garantizó a su homólogo sudanés, Abbás Arabi Abdalá, que continuarían sus estrechos vinculos, y citó la "fructífera cooperación" en los terrenos "político, económico y cultural". El general Liang también agradeció a Sudán su apoyo a la política de "una sola China" contra Taiwán (a la que Pekín considera una provincia renegada, como Jartum a Darfur), y el apoyo de Sudán a China en materia de derechos humanos.
El Consejo de Seguridad de la ONU consideró en septiembre una resolución, la 1564, en la que se amenazaba a Sudán con sanciones petroleras si no ponía freno a la violencia en Darfur. China amenazó de inmediato con vetar cualquier movimiento tendente a la imposición de sanciones, con lo que la amenaza se tornó inútil.
Se espera que la situación en Darfur empeore en los próximos meses. La ayuda internacional para los campos de refugiados se demora, y hay un alto riesgo de que se produzca una hambruna en verano. La misión de pacificación de la Unión Africana ha fracasado: sus tropas no pueden hacer frente a la potencia de fuego o a la brutalidad de las fuerzas gubernamentales y las milicias, equipadas con armamento chino. Las propuestas sobre el envío de una significativa fuerza de pacificación de Naciones Unidas no superarán las objeciones de Pekín.
La tragedia de Darfur confirma el aserto del Pentágono, en su informe anual sobre el poder militar chino, de que la búsqueda insaciable de recursos será un "vector estratégico" para Pekín. Ello confirma la futilidad de intentar resolver los problemas internacionales perpetuados por China sin hacer frente a Pekín.
William R. Hawkins, miembro permanente de Estudios de Seguridad Nacional en el U. S. Business and Industrial Council de Washington, D. C.
Gentileza de LD
Avanzando hacia el pasado
sabado 8 de abril de 2006
IBEROAMÉRICA
Avanzando hacia el pasado
Por Carlos Sabino
Son la nueva oleada de políticos latinoamericanos, que ya detentan el poder en Venezuela, Bolivia y Argentina, que pronto podrán tenerlo en Perú y, tal vez, en Nicaragua o Ecuador. Un electorado políticamente inculto –aunque a veces tenga títulos universitarios– se entusiasma con esta nueva versión del nacionalismo económico de siempre y se ilusiona con la perspectiva de lograr un desarrollo autónomo y libre de dependencia, confiando al Estado el manejo de la economía para que intervenga a placer en todo su funcionamiento.
Creen que el "neoliberalismo" es el causante de nuestra pobreza y de la desigualdad patente de las sociedades latinoamericanas; piensan que el Estado es el mejor administrador de los servicios básicos y de los recursos naturales de nuestras tierras, que de otro modo caen en manos del "imperialismo" explotador, que se enriquece a costa de nuestra pobreza; explican la inflación como maniobras inconfesables de acaparadores y especuladores que se lucran expoliando a la población; sostienen que la mejor forma de ayudar al pueblo es fijar los precios de la canasta básica, limitar o prohibir las exportaciones y repartir dinero a la gente para que salga de la pobreza; creen que hay que decidir el valor de los intereses y establecer el control de cambios.
Mientras esto se propone y se realiza en el plano de lo económico, en el terreno puramente político se confía otra vez en caudillos iluminados, a los que se cree capaces de acabar con la corrupción y la ineficacia, se debilitan las instituciones y se piensa que hay que concentrar el poder en manos de un dirigente que, con amplios poderes, renueve la vida política nacional y acabe con el mal manejo de los asuntos públicos. Un electorado joven, que poco conoce de la historia reciente de sus países, vota con alegría a favor de estos líderes, confiando en que les abrirán un futuro más luminoso a sus naciones.
Lo que no recuerda el electorado, lo que parecen ignorar los nuevos políticos que con tanta seguridad hablan de todo lo humano y lo divino, es que durante muchos años los países latinoamericanos pusieron en práctica las mismas recetas que hoy se presentan como nuevas.
La famosa crisis de la deuda de los años 80 no se produjo por la rapacidad de unos bancos que nos "obligaron" a tomar enormes préstamos, sino porque las políticas que seguían llevaron los gobiernos a la bancarrota: las empresas públicas producían poco y prestaban servicios de mala calidad, mientras acumulaban inmensas deudas; los subsidios generalizados y el aumento incesante del empleo público –utilizado como recompensa para los partidarios del gobernante– creaban déficit imposibles de manejar, crecía el desempleo y la inflación había llegado, en varios países (precisamente en Perú, Argentina, Bolivia y Nicaragua), a multiplicar los precios varios centenares de veces en un año.
Las reformas que se hicieron, aunque tímidas y a veces mal orientadas, no fueron impuestas por el Fondo Monetario Internacional, como creen algunos, sino que resultaron inevitables ante economías que habían colapsado por completo. No fue un neoliberalismo salvaje el que creó la desigualdad y la pobreza: las sociedades latinoamericanas han sido siempre pobres y pavorosamente desiguales desde hace muchas décadas, y esos problemas no disminuyeron, sino que aumentaron, cuando se cerraron las economías, se dieron importantes privilegios a sindicatos y grupos empresariales locales y se promovió un gasto público desordenado y totalmente ineficaz.
El mismo ciclo, lamentablemente, parece estar reiniciándose ahora en muchos países, y no dudamos de que los resultados volverán a ser los mismos: más pobreza, más desigualdad y un futuro de crisis que arrojará por la borda el poco crecimiento conseguido en estos años. Lo peor es que ahora, con la nueva democracia tipo chavista que se está extendiendo por el continente, no tendremos siquiera la posibilidad de cambiar de gobernantes por la vía pacífica del voto, la que sirviera en su momento para arrojar del poder a los Alfonsín, los Siles Zuazo, los Daniel Ortega y los Alan García.
Nuestro futuro, si seguimos así, se parecerá cada vez más al de Cuba, que en medio de la miseria soporta la dictadura más larga de la historia.
© AIPE
Carlos Sabino, doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad Francisco Marroquín.
Gentileza de LD
IBEROAMÉRICA
Avanzando hacia el pasado
Por Carlos Sabino
Son la nueva oleada de políticos latinoamericanos, que ya detentan el poder en Venezuela, Bolivia y Argentina, que pronto podrán tenerlo en Perú y, tal vez, en Nicaragua o Ecuador. Un electorado políticamente inculto –aunque a veces tenga títulos universitarios– se entusiasma con esta nueva versión del nacionalismo económico de siempre y se ilusiona con la perspectiva de lograr un desarrollo autónomo y libre de dependencia, confiando al Estado el manejo de la economía para que intervenga a placer en todo su funcionamiento.
Creen que el "neoliberalismo" es el causante de nuestra pobreza y de la desigualdad patente de las sociedades latinoamericanas; piensan que el Estado es el mejor administrador de los servicios básicos y de los recursos naturales de nuestras tierras, que de otro modo caen en manos del "imperialismo" explotador, que se enriquece a costa de nuestra pobreza; explican la inflación como maniobras inconfesables de acaparadores y especuladores que se lucran expoliando a la población; sostienen que la mejor forma de ayudar al pueblo es fijar los precios de la canasta básica, limitar o prohibir las exportaciones y repartir dinero a la gente para que salga de la pobreza; creen que hay que decidir el valor de los intereses y establecer el control de cambios.
Mientras esto se propone y se realiza en el plano de lo económico, en el terreno puramente político se confía otra vez en caudillos iluminados, a los que se cree capaces de acabar con la corrupción y la ineficacia, se debilitan las instituciones y se piensa que hay que concentrar el poder en manos de un dirigente que, con amplios poderes, renueve la vida política nacional y acabe con el mal manejo de los asuntos públicos. Un electorado joven, que poco conoce de la historia reciente de sus países, vota con alegría a favor de estos líderes, confiando en que les abrirán un futuro más luminoso a sus naciones.
Lo que no recuerda el electorado, lo que parecen ignorar los nuevos políticos que con tanta seguridad hablan de todo lo humano y lo divino, es que durante muchos años los países latinoamericanos pusieron en práctica las mismas recetas que hoy se presentan como nuevas.
La famosa crisis de la deuda de los años 80 no se produjo por la rapacidad de unos bancos que nos "obligaron" a tomar enormes préstamos, sino porque las políticas que seguían llevaron los gobiernos a la bancarrota: las empresas públicas producían poco y prestaban servicios de mala calidad, mientras acumulaban inmensas deudas; los subsidios generalizados y el aumento incesante del empleo público –utilizado como recompensa para los partidarios del gobernante– creaban déficit imposibles de manejar, crecía el desempleo y la inflación había llegado, en varios países (precisamente en Perú, Argentina, Bolivia y Nicaragua), a multiplicar los precios varios centenares de veces en un año.
Las reformas que se hicieron, aunque tímidas y a veces mal orientadas, no fueron impuestas por el Fondo Monetario Internacional, como creen algunos, sino que resultaron inevitables ante economías que habían colapsado por completo. No fue un neoliberalismo salvaje el que creó la desigualdad y la pobreza: las sociedades latinoamericanas han sido siempre pobres y pavorosamente desiguales desde hace muchas décadas, y esos problemas no disminuyeron, sino que aumentaron, cuando se cerraron las economías, se dieron importantes privilegios a sindicatos y grupos empresariales locales y se promovió un gasto público desordenado y totalmente ineficaz.
El mismo ciclo, lamentablemente, parece estar reiniciándose ahora en muchos países, y no dudamos de que los resultados volverán a ser los mismos: más pobreza, más desigualdad y un futuro de crisis que arrojará por la borda el poco crecimiento conseguido en estos años. Lo peor es que ahora, con la nueva democracia tipo chavista que se está extendiendo por el continente, no tendremos siquiera la posibilidad de cambiar de gobernantes por la vía pacífica del voto, la que sirviera en su momento para arrojar del poder a los Alfonsín, los Siles Zuazo, los Daniel Ortega y los Alan García.
Nuestro futuro, si seguimos así, se parecerá cada vez más al de Cuba, que en medio de la miseria soporta la dictadura más larga de la historia.
© AIPE
Carlos Sabino, doctor en Ciencias Sociales y profesor de la Universidad Francisco Marroquín.
Gentileza de LD
Robespierres de hojalata
sabado 8 de abril de 2006
LA IZQUIERDA REACCIONARIA FRANCESA
Robespierres de hojalata
Por Aníbal Romero
Las masas parisinas marcharon nuevamente. La estatua de Danton del bulevar Saint Germain contempló otra vez los rostros y banderas de los estudiantes. Se alzan las voces de protesta, y los ecos de otras jornadas resuenan en la Ciudad de la Luz. ¿Y todo ello para qué? ¿Qué piden los centenares de miles de estudiantes, los sindicatos y partidos de izquierda? ¿Acaso quieren, como sus antecesores de Mayo del 1968, "cambiar la vida"?
¡De ninguna manera! Los estudiantes franceses marchan a favor del pasado, marchan para no cambiar, marchan por el inmovilismo y la parálisis, marchan para mantener sus privilegios. Ya no buscan cambiar la vida sino dejarla como está, aunque ello sea crecientemente imposible y Francia, como el resto de Europa, se esté asfixiando, atrapada en las redes de un Estado de Bienestar en bancarrota, la decadencia demográfica, el estancamiento económico, el deterioro educativo y tecnológico y el miedo a las transformaciones de un mundo que no va a esperarla. Europa está atenazada por el miedo, el miedo a sí misma, el miedo a la verdad y a las imposturas de sus élites gobernantes.
Los estudiantes parisinos, como Robespierres de hojalata, deambulan por las calles huyendo de sus sombras, enarbolando sus temores como antes otros jóvenes, muy distintos y con más nobles ambiciones, enarbolaban sus esperanzas. Este marzo francés no ha sido un grito de futuro, sino un escape al pretérito.
Ya hoy día el producto per cápita de la Comunidad Europea es un 25% inferior al de Estados Unidos. En el transcurso de los próximos veinte años el ciudadano promedio de EEUU será dos veces más próspero que el alemán o francés. Sólo la Gran Bretaña, que tuvo el coraje de cambiar –bajo el liderazgo visionario de Margaret Thatcher–, ha logrado responder creativamente ante a los desafíos de la globalización. Pero en Francia el desempleo juvenil afecta al 23% de las personas de hasta 25 años de edad.
A su patología económica Europa suma un hondo malestar espiritual. Su enfermedad combina la pérdida de apego a los valores de Occidente y sus tradiciones, la claudicación paulatina frente al fundamentalismo islámico, el odio ciego, lleno de envidia e ignorancia, hacia Estados Unidos y el deseo de vivir dentro de una campana de cristal formada por derechos y privilegios pero desprovista de deberes y convicciones. Europa cree en el paraíso y no entiende que no puede construirlo en la Tierra. Sin hijos, sin ejércitos, confiados en la paz perpetua de Kant, siempre propensos a apaciguar a sus enemigos y culpar a Washington de los males del mundo, los europeos se hunden en el pantano y caminan sonámbulos hacia un traumático despertar.
El virus económico que aqueja a Francia es el mismo que corroe a la mayor parte de Europa: la inflexibilidad del mercado laboral. Quien posee un empleo no lo pierde nunca, pero quien no lo tiene no lo encuentra jamás. Ello afecta en especial a los jóvenes. Ante este panorama desolador, el Gobierno francés aprobó una fórmula contractual que hace posible dar empleo a jóvenes hasta por dos años sin que ello implique adquirir compromisos a más largo plazo. Es una manera de flexibilizar las cosas y poner en movimiento una economía incapaz de respirar.
¿Cómo han reaccionado los estudiantes, entre ellos los más privilegiados en liceos y universidades del Estado? ¿Qué han hecho los sindicatos y partidos de izquierda? Pues salir a la calle contra un Gobierno para nada sospechoso de simpatías proyanquis o designios conservadores. Han salido a protestar contra políticos acosados que están pagando, como todos los de Europa, el precio de su cobardía y evasión de la realidad. Han salido a marchar para que todo siga igual.
Mentiría si dijese que me conmueve ver a Chirac y a Villepin contra la pared. Mas ello no me impide constatar que los estudiantes parisinos simbolizan lo que hoy es la izquierda en el mundo: una fuerza profundamente reaccionaria, que ofrece como alternativa la esterilidad de sus nostalgias y que antagoniza las tendencias de cambio que mueven a gran parte de la humanidad. La izquierda del Mayo Francés es ahora la de las inútiles y patéticas campañas antiglobalizadoras, la que combate a Estados Unidos por haber depuesto a un dictador sanguinario en Irak para enrumbar ese país hacia una existencia civilizada. Es una izquierda resentida, sin destino y sin propuestas, vacía de ideas y espiritualmente agotada.
Con razón ha dicho David Horowitz: "He creído en la izquierda por el bien que prometía; he aprendido a juzgarla por el daño que ha hecho". Yo añadiría: "Y por el daño que continúa haciendo".
© AIPE
Aníbal Romero, profesor de Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar.
Gentileza de LD
LA IZQUIERDA REACCIONARIA FRANCESA
Robespierres de hojalata
Por Aníbal Romero
Las masas parisinas marcharon nuevamente. La estatua de Danton del bulevar Saint Germain contempló otra vez los rostros y banderas de los estudiantes. Se alzan las voces de protesta, y los ecos de otras jornadas resuenan en la Ciudad de la Luz. ¿Y todo ello para qué? ¿Qué piden los centenares de miles de estudiantes, los sindicatos y partidos de izquierda? ¿Acaso quieren, como sus antecesores de Mayo del 1968, "cambiar la vida"?
¡De ninguna manera! Los estudiantes franceses marchan a favor del pasado, marchan para no cambiar, marchan por el inmovilismo y la parálisis, marchan para mantener sus privilegios. Ya no buscan cambiar la vida sino dejarla como está, aunque ello sea crecientemente imposible y Francia, como el resto de Europa, se esté asfixiando, atrapada en las redes de un Estado de Bienestar en bancarrota, la decadencia demográfica, el estancamiento económico, el deterioro educativo y tecnológico y el miedo a las transformaciones de un mundo que no va a esperarla. Europa está atenazada por el miedo, el miedo a sí misma, el miedo a la verdad y a las imposturas de sus élites gobernantes.
Los estudiantes parisinos, como Robespierres de hojalata, deambulan por las calles huyendo de sus sombras, enarbolando sus temores como antes otros jóvenes, muy distintos y con más nobles ambiciones, enarbolaban sus esperanzas. Este marzo francés no ha sido un grito de futuro, sino un escape al pretérito.
Ya hoy día el producto per cápita de la Comunidad Europea es un 25% inferior al de Estados Unidos. En el transcurso de los próximos veinte años el ciudadano promedio de EEUU será dos veces más próspero que el alemán o francés. Sólo la Gran Bretaña, que tuvo el coraje de cambiar –bajo el liderazgo visionario de Margaret Thatcher–, ha logrado responder creativamente ante a los desafíos de la globalización. Pero en Francia el desempleo juvenil afecta al 23% de las personas de hasta 25 años de edad.
A su patología económica Europa suma un hondo malestar espiritual. Su enfermedad combina la pérdida de apego a los valores de Occidente y sus tradiciones, la claudicación paulatina frente al fundamentalismo islámico, el odio ciego, lleno de envidia e ignorancia, hacia Estados Unidos y el deseo de vivir dentro de una campana de cristal formada por derechos y privilegios pero desprovista de deberes y convicciones. Europa cree en el paraíso y no entiende que no puede construirlo en la Tierra. Sin hijos, sin ejércitos, confiados en la paz perpetua de Kant, siempre propensos a apaciguar a sus enemigos y culpar a Washington de los males del mundo, los europeos se hunden en el pantano y caminan sonámbulos hacia un traumático despertar.
El virus económico que aqueja a Francia es el mismo que corroe a la mayor parte de Europa: la inflexibilidad del mercado laboral. Quien posee un empleo no lo pierde nunca, pero quien no lo tiene no lo encuentra jamás. Ello afecta en especial a los jóvenes. Ante este panorama desolador, el Gobierno francés aprobó una fórmula contractual que hace posible dar empleo a jóvenes hasta por dos años sin que ello implique adquirir compromisos a más largo plazo. Es una manera de flexibilizar las cosas y poner en movimiento una economía incapaz de respirar.
¿Cómo han reaccionado los estudiantes, entre ellos los más privilegiados en liceos y universidades del Estado? ¿Qué han hecho los sindicatos y partidos de izquierda? Pues salir a la calle contra un Gobierno para nada sospechoso de simpatías proyanquis o designios conservadores. Han salido a protestar contra políticos acosados que están pagando, como todos los de Europa, el precio de su cobardía y evasión de la realidad. Han salido a marchar para que todo siga igual.
Mentiría si dijese que me conmueve ver a Chirac y a Villepin contra la pared. Mas ello no me impide constatar que los estudiantes parisinos simbolizan lo que hoy es la izquierda en el mundo: una fuerza profundamente reaccionaria, que ofrece como alternativa la esterilidad de sus nostalgias y que antagoniza las tendencias de cambio que mueven a gran parte de la humanidad. La izquierda del Mayo Francés es ahora la de las inútiles y patéticas campañas antiglobalizadoras, la que combate a Estados Unidos por haber depuesto a un dictador sanguinario en Irak para enrumbar ese país hacia una existencia civilizada. Es una izquierda resentida, sin destino y sin propuestas, vacía de ideas y espiritualmente agotada.
Con razón ha dicho David Horowitz: "He creído en la izquierda por el bien que prometía; he aprendido a juzgarla por el daño que ha hecho". Yo añadiría: "Y por el daño que continúa haciendo".
© AIPE
Aníbal Romero, profesor de Ciencia Política en la Universidad Simón Bolívar.
Gentileza de LD
Varones jovenes y poligamia
sabado 8 de abril de 2006
EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Varones jóvenes y poligamia
Por José María Marco
En Estados Unidos, las polémicas serias versan en estos momentos sobre la inmigración y la guerra de Irak, la situación allí y lo que se va descubriendo acerca de sus orígenes y la demostrada relación entre Sadam Husein y Al Qaeda.
Luego vienen las que llenan las páginas de opinión de algunos periódicos sesudos, como la que ha acompañado el cambio de opinión –¡tan oportuno!– de Francis Fukuyama sobre el derrocamiento de Sadam Husein, que el propio Fukuyama ha querido convertir en una polémica acerca de la posibilidad o no de democratizar países como Irak. Finalmente, han empezado a surgir otra clase de polémicas menos políticas pero tal vez por eso mismo más entretenidas.
Una ha saltado con ocasión de una película Failure to lunch. Es una comedia y trata una situación muy actual: la de un hombre joven que sigue viviendo en casa de sus padres a los 26 años, sin oficio, beneficio ni horizonte profesional. Las costumbres norteamericanas obligan a salir de casa de los padres al terminar el instituto, pero el protagonista hace lo que, por lo visto, empieza a resultar bastante común. Y es volver a casa para instalarse en lo que fue su habitación de niño una vez pasados unos años en la universidad y habiéndose gastado una fortuna –ahorrada por sus padres– en unos estudios superiores que no ha terminado.
La situación es bien conocida en España. En nombre de la lealtad y el cariño, las familias toleran que los "niños" se queden en casa hasta pasados los 30 años, de media. Se suele hablar de la vigencia de la familia en España. En realidad, la familia, que tenía entre sus objetivos formar personas adultas, se ha convertido en nuestro país en otra cosa, todavía por aclarar y tan corruptora o más que varios gobiernos juntos de ZP.
Dentro de algunos años, cuando los historiadores investiguen cómo una nación aceptó su voladura con tanta tranquilidad como lo están haciendo los españoles, habrán de recurrir a hipótesis sociológicas y culturales como éstas tanto, al menos, como a las políticas.
Lo que aquí ya es una tradición aceptada, justificada e incluso celebrada, en Estados Unidos resulta ser un fenómeno relativamente nuevo. Y lo más curioso es que afecta de forma distinta a los chicos que a las chicas. No es que las chicas no se queden en casa, pero lo hacen de otra manera: aprovechan ese tiempo para sacarse un título universitario o para ahorrar dinero y montar su negocio. Al cabo de unos pocos años, según los que han estudiado el asunto, la mayoría ha conseguido su objetivo. Los chicos, en cambio, vuelven a vivir a casa de sus padres porque carecen de cualquier proyecto de vida.
Así como las chicas llevan ya varios años superando a los chicos en los estudios universitarios, se descubre ahora que tienen un proyecto de vida del que ellos carecen.
Como los norteamericanos se toman estas cosas bastante en serio, ya han empezado a salir páginas web, como boysproject.net, para investigar las razones de lo que consideran, con razón, el síntoma de un desastre moral y un peligro serio para el futuro de la nación, sin contar el futuro de los padres de los susodichos.
***
La segunda polémica de costumbres que acaba de iniciarse tiene también su origen en la pantalla, está vez en una serie de televisión de HBO titulada Big Love. Cuenta la vida de una familia polígama de Utah compuesta de un varón y tres esposas. El semanario Newsweek le ha dado el eco conveniente, y la ACLU (Asociación Norteamericana de Libertades Civiles) ha hecho saber que defenderá la poligamia porque la considera un "derecho fundamental". Un grupo de mujeres de Utah fundado en 1998 y llamado Women's Religious Liberties Union ha pasado a la acción defendiendo su modo de vida.
Estas "esposas plurales", como se las llama y como a veces se llaman a sí mismas, afirman que el ataque a su forma de vida es una muestra de intolerancia hacia la libertad individual y hacia una tradición religiosa, moral y de costumbres perfectamente respetable. Total, que lo que durante mucho tiempo había sido un tabú, excepto para los mormones del estado de Utah, se ha convertido en objeto de polémica.
Se suele relacionar esta polémica con la surgida a raíz del matrimonio entre personas del mismo sexo. A las militantes gays, por lo menos a los civilizados, les suele sacar de quicio que se les relacione con la poligamia. Seguramente tienen razón cuando afirman que lo que ellos pretendían era que se subsanase la injusticia de que una persona homosexual recibiese un trato distinto de otra heterosexual en un asunto tan central en la vida como es el reconocimiento público del compromiso y del amor.
También dicen que ningún país en el que se tolera o se ha tolerado la poligamia ha sido nunca una democracia liberal. Al revés, a medida que se avanza hacia la igualdad ante la ley se deja atrás la poligamia, como es lógico o como lo parecía hasta ahora, por lo menos. Así como el reconocimiento público de la homosexualidad puede ser considerado un progreso, prohibida como ha estado durante casi toda la historia de la humanidad, la poligamia fue una forma familiar aceptada hasta que empezaron a instaurarse formas de respeto e igualdad basadas en las creencias cristianas y en el derecho romano. Estamos, por tanto, ante un vertiginoso salto atrás.
Hay quien argumenta que en los grupos sociales que practican la poligamia aumentan los varones solteros, y con ello la inestabilidad e incluso la violencia social, por lo que el experimento puede ser explosivo.
Ahora bien, se utilice el argumento que se utilice, no deja de ser cierto que, al haber tratado de cambiar la definición del matrimonio y de la familia, la polémica sobre el matrimonio gay acabaría trayendo aparejada, inevitablemente, la de la poligamia. Una vez aceptado que el matrimonio no es ya la unión tradicional entre un hombre y una mujer, es difícil ver en virtud de qué se puede negar alguna clase de estatus jurídico a la unión voluntaria de tres o más hombres o mujeres, o cualquier otra clase de combinación.
También es verdad, finalmente, que en los últimos cuarenta años el auténtico ataque a la familia no ha venido ni de los partidarios del matrimonio gay ni de este brote a favor de la poligamia, de mayor calado en los países europeos, donde la poligamia en comunidades musulmanas se está tolerando de hecho. Viene fundamentalmente de los heterosexuales que se niegan a asumir compromisos de por vida, han abierto la puerta al divorcio rápido y a la familia llamada monoparental y se niegan a asumir las responsabilidades que les corresponden con respecto a sus propios hijos.
Es posible que quienes tengan que replantearse seriamente algunas cosas sean sobre todo muchos de los que dicen defender la familia. En Estados Unidos tanto como en España.
Gentileza de LD
EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Varones jóvenes y poligamia
Por José María Marco
En Estados Unidos, las polémicas serias versan en estos momentos sobre la inmigración y la guerra de Irak, la situación allí y lo que se va descubriendo acerca de sus orígenes y la demostrada relación entre Sadam Husein y Al Qaeda.
Luego vienen las que llenan las páginas de opinión de algunos periódicos sesudos, como la que ha acompañado el cambio de opinión –¡tan oportuno!– de Francis Fukuyama sobre el derrocamiento de Sadam Husein, que el propio Fukuyama ha querido convertir en una polémica acerca de la posibilidad o no de democratizar países como Irak. Finalmente, han empezado a surgir otra clase de polémicas menos políticas pero tal vez por eso mismo más entretenidas.
Una ha saltado con ocasión de una película Failure to lunch. Es una comedia y trata una situación muy actual: la de un hombre joven que sigue viviendo en casa de sus padres a los 26 años, sin oficio, beneficio ni horizonte profesional. Las costumbres norteamericanas obligan a salir de casa de los padres al terminar el instituto, pero el protagonista hace lo que, por lo visto, empieza a resultar bastante común. Y es volver a casa para instalarse en lo que fue su habitación de niño una vez pasados unos años en la universidad y habiéndose gastado una fortuna –ahorrada por sus padres– en unos estudios superiores que no ha terminado.
La situación es bien conocida en España. En nombre de la lealtad y el cariño, las familias toleran que los "niños" se queden en casa hasta pasados los 30 años, de media. Se suele hablar de la vigencia de la familia en España. En realidad, la familia, que tenía entre sus objetivos formar personas adultas, se ha convertido en nuestro país en otra cosa, todavía por aclarar y tan corruptora o más que varios gobiernos juntos de ZP.
Dentro de algunos años, cuando los historiadores investiguen cómo una nación aceptó su voladura con tanta tranquilidad como lo están haciendo los españoles, habrán de recurrir a hipótesis sociológicas y culturales como éstas tanto, al menos, como a las políticas.
Lo que aquí ya es una tradición aceptada, justificada e incluso celebrada, en Estados Unidos resulta ser un fenómeno relativamente nuevo. Y lo más curioso es que afecta de forma distinta a los chicos que a las chicas. No es que las chicas no se queden en casa, pero lo hacen de otra manera: aprovechan ese tiempo para sacarse un título universitario o para ahorrar dinero y montar su negocio. Al cabo de unos pocos años, según los que han estudiado el asunto, la mayoría ha conseguido su objetivo. Los chicos, en cambio, vuelven a vivir a casa de sus padres porque carecen de cualquier proyecto de vida.
Así como las chicas llevan ya varios años superando a los chicos en los estudios universitarios, se descubre ahora que tienen un proyecto de vida del que ellos carecen.
Como los norteamericanos se toman estas cosas bastante en serio, ya han empezado a salir páginas web, como boysproject.net, para investigar las razones de lo que consideran, con razón, el síntoma de un desastre moral y un peligro serio para el futuro de la nación, sin contar el futuro de los padres de los susodichos.
***
La segunda polémica de costumbres que acaba de iniciarse tiene también su origen en la pantalla, está vez en una serie de televisión de HBO titulada Big Love. Cuenta la vida de una familia polígama de Utah compuesta de un varón y tres esposas. El semanario Newsweek le ha dado el eco conveniente, y la ACLU (Asociación Norteamericana de Libertades Civiles) ha hecho saber que defenderá la poligamia porque la considera un "derecho fundamental". Un grupo de mujeres de Utah fundado en 1998 y llamado Women's Religious Liberties Union ha pasado a la acción defendiendo su modo de vida.
Estas "esposas plurales", como se las llama y como a veces se llaman a sí mismas, afirman que el ataque a su forma de vida es una muestra de intolerancia hacia la libertad individual y hacia una tradición religiosa, moral y de costumbres perfectamente respetable. Total, que lo que durante mucho tiempo había sido un tabú, excepto para los mormones del estado de Utah, se ha convertido en objeto de polémica.
Se suele relacionar esta polémica con la surgida a raíz del matrimonio entre personas del mismo sexo. A las militantes gays, por lo menos a los civilizados, les suele sacar de quicio que se les relacione con la poligamia. Seguramente tienen razón cuando afirman que lo que ellos pretendían era que se subsanase la injusticia de que una persona homosexual recibiese un trato distinto de otra heterosexual en un asunto tan central en la vida como es el reconocimiento público del compromiso y del amor.
También dicen que ningún país en el que se tolera o se ha tolerado la poligamia ha sido nunca una democracia liberal. Al revés, a medida que se avanza hacia la igualdad ante la ley se deja atrás la poligamia, como es lógico o como lo parecía hasta ahora, por lo menos. Así como el reconocimiento público de la homosexualidad puede ser considerado un progreso, prohibida como ha estado durante casi toda la historia de la humanidad, la poligamia fue una forma familiar aceptada hasta que empezaron a instaurarse formas de respeto e igualdad basadas en las creencias cristianas y en el derecho romano. Estamos, por tanto, ante un vertiginoso salto atrás.
Hay quien argumenta que en los grupos sociales que practican la poligamia aumentan los varones solteros, y con ello la inestabilidad e incluso la violencia social, por lo que el experimento puede ser explosivo.
Ahora bien, se utilice el argumento que se utilice, no deja de ser cierto que, al haber tratado de cambiar la definición del matrimonio y de la familia, la polémica sobre el matrimonio gay acabaría trayendo aparejada, inevitablemente, la de la poligamia. Una vez aceptado que el matrimonio no es ya la unión tradicional entre un hombre y una mujer, es difícil ver en virtud de qué se puede negar alguna clase de estatus jurídico a la unión voluntaria de tres o más hombres o mujeres, o cualquier otra clase de combinación.
También es verdad, finalmente, que en los últimos cuarenta años el auténtico ataque a la familia no ha venido ni de los partidarios del matrimonio gay ni de este brote a favor de la poligamia, de mayor calado en los países europeos, donde la poligamia en comunidades musulmanas se está tolerando de hecho. Viene fundamentalmente de los heterosexuales que se niegan a asumir compromisos de por vida, han abierto la puerta al divorcio rápido y a la familia llamada monoparental y se niegan a asumir las responsabilidades que les corresponden con respecto a sus propios hijos.
Es posible que quienes tengan que replantearse seriamente algunas cosas sean sobre todo muchos de los que dicen defender la familia. En Estados Unidos tanto como en España.
Gentileza de LD
El triunfo de la moderacion
sabado 8 de abril de 2006
ISRAEL
El triunfo de la moderación
Por Marcelo Birmajer
Los resultados de las elecciones israelíes del 28 de marzo resultan auspiciosos para los partidarios de la democracia. Una vez más, Israel, la única democracia del Medio Oriente, ha dado prueba de su resilencia y voluntad de paz.
En contraste con el electorado palestino, que ha llevado al Gobierno a la organización fundamentalista islámica Hamas, partidaria de la yihad, de la represión mortal contra las mujeres y los disidentes de todo tipo y, por supuesto, del exterminio de los judíos, el electorado israelí no sólo ha votado al partido Kadima, que apoyó la retirada de Gaza y propone nuevas retiradas a fin de dividir la tierra en un Estado palestino y un Estado judío, sino que el segundo lugar ha sido para el laborismo de Amir Peretz, aún más concesivo que el triunfante Kadima en lo que hace a la respuesta a la amenaza de los factores de poder árabes y palestinos. Sumados, ambos partidos superan el 50% de los votos. El gran perdidoso ha sido el Likud de Bibi Netanyahu.
Siento cierta simpatía, estrictamente polìtica, por el candidato derrotado, debido a dos razones; una indiscutible: desde la firma del tratado de Oslo, la primera magistratura de Benjamín Netanyahu fue el período con menos atentados del fundamentalismo islámico, gracias a la política de seguridad del por entonces premier; y la segunda: sus políticas liberales durante su tenida como ministro de Finanzas del Gobierno de Ariel Sharon resultaron, a mi entender, un soplo de aire fresco para la economía israelí.
Pero en esta coyuntura precisa yo prefería el triunfo de Kadima, y, tal como ha ocurrido, seguido del laborismo. ¿Por qué?
Considero que el gran desafío que enfrentan los israelíes desde Oslo y su inmediato fracaso en cuanto a la pacificación de la parte palestina es el consenso interno. No puede ser que en cada elección israelí, en cada acto de gobierno, en cada debate público, lo que se discutan sean las fronteras del país. No hay armamento, adiestramiento ni empatía que permita buscar la seguridad en un contexto en el que medio país cree que las fronteras deben llegar hasta tal punto y el otro medio hasta otro. Las fronteras del país deben ser el resultado de un consenso nacional casi tan rígido como la decisión de que se trate de un Estado democrático y judío.
Es cierto que, aun manteniendo estos tres consensos, nadie puede determinar qué hará el enemigo. Ni los terroristas palestinos ni los nazis iraníes actúan según la lógica del interés por la vida. En ocasiones prefieren la muerte a la vida, en ocasiones prefieren el dinero a la vida, en ocasiones prefieren huríes vírgenes en el otro mundo antes que una mujer en éste, de modo que sus respuestas estratégicas no es algo que podamos adivinar. Pero sí pueden los israelíes actuar según su buen entender y, al menos, contar con la certeza de que no han optado por un camino autodestructivo. No es mucho más lo que puede hacer un hombre en este mundo desdichado: saber que tomó la decisión menos mala, por su propia voluntad y bajo su propia responsabilidad.
No hay grandes distancias entre las fronteras que ha planteado históricamente el laborismo y las que plantea hoy el actuante primer ministro, Ehud Olmert, y eso es una buena noticia para la democracia israelí.
Que se arranquen los cuernos por la economía, que discutan eternamente sobre educación y salud, pero no sobre las fronteras. De cara a un enemigo irredento, las fronteras de un país deben ser un dogma consensuado.
Como decíamos, no sólo no hay grandes distancias entre el planteo laborista clásico y el actual de Olmert, sino que, a diferencia del tándem de Oslo: Rabin-Peres, y de todos sus antecesores laboristas, Sharon y Olmert sí aceptaron la existencia de un Estado palestino en el mismo territorio en el que el laborismo, al menos hasta el ascenso al poder de Ehud Barak, nunca terminaba de exponer con claridad una propuesta: autonomía, benelux, confederación. El consenso israelí ahora es claro: fronteras seguras y Estado palestino.
No debemos hacernos esperanzas en cuanto a la respuesta de la contraparte. Pero sí nos es permitido albergar la esperanza de que Israel alcance muy pronto un plan concreto de partición de la tierra y, a partir de ahí, se sienta con las manos libres para defenderse, de Estado a Estado, ya sin las constricciones del trato diario con población civil, contra el enemigo.
Marcelo Birmajer, coautor de En defensa de Israel.
Gentileza de LD
ISRAEL
El triunfo de la moderación
Por Marcelo Birmajer
Los resultados de las elecciones israelíes del 28 de marzo resultan auspiciosos para los partidarios de la democracia. Una vez más, Israel, la única democracia del Medio Oriente, ha dado prueba de su resilencia y voluntad de paz.
En contraste con el electorado palestino, que ha llevado al Gobierno a la organización fundamentalista islámica Hamas, partidaria de la yihad, de la represión mortal contra las mujeres y los disidentes de todo tipo y, por supuesto, del exterminio de los judíos, el electorado israelí no sólo ha votado al partido Kadima, que apoyó la retirada de Gaza y propone nuevas retiradas a fin de dividir la tierra en un Estado palestino y un Estado judío, sino que el segundo lugar ha sido para el laborismo de Amir Peretz, aún más concesivo que el triunfante Kadima en lo que hace a la respuesta a la amenaza de los factores de poder árabes y palestinos. Sumados, ambos partidos superan el 50% de los votos. El gran perdidoso ha sido el Likud de Bibi Netanyahu.
Siento cierta simpatía, estrictamente polìtica, por el candidato derrotado, debido a dos razones; una indiscutible: desde la firma del tratado de Oslo, la primera magistratura de Benjamín Netanyahu fue el período con menos atentados del fundamentalismo islámico, gracias a la política de seguridad del por entonces premier; y la segunda: sus políticas liberales durante su tenida como ministro de Finanzas del Gobierno de Ariel Sharon resultaron, a mi entender, un soplo de aire fresco para la economía israelí.
Pero en esta coyuntura precisa yo prefería el triunfo de Kadima, y, tal como ha ocurrido, seguido del laborismo. ¿Por qué?
Considero que el gran desafío que enfrentan los israelíes desde Oslo y su inmediato fracaso en cuanto a la pacificación de la parte palestina es el consenso interno. No puede ser que en cada elección israelí, en cada acto de gobierno, en cada debate público, lo que se discutan sean las fronteras del país. No hay armamento, adiestramiento ni empatía que permita buscar la seguridad en un contexto en el que medio país cree que las fronteras deben llegar hasta tal punto y el otro medio hasta otro. Las fronteras del país deben ser el resultado de un consenso nacional casi tan rígido como la decisión de que se trate de un Estado democrático y judío.
Es cierto que, aun manteniendo estos tres consensos, nadie puede determinar qué hará el enemigo. Ni los terroristas palestinos ni los nazis iraníes actúan según la lógica del interés por la vida. En ocasiones prefieren la muerte a la vida, en ocasiones prefieren el dinero a la vida, en ocasiones prefieren huríes vírgenes en el otro mundo antes que una mujer en éste, de modo que sus respuestas estratégicas no es algo que podamos adivinar. Pero sí pueden los israelíes actuar según su buen entender y, al menos, contar con la certeza de que no han optado por un camino autodestructivo. No es mucho más lo que puede hacer un hombre en este mundo desdichado: saber que tomó la decisión menos mala, por su propia voluntad y bajo su propia responsabilidad.
No hay grandes distancias entre las fronteras que ha planteado históricamente el laborismo y las que plantea hoy el actuante primer ministro, Ehud Olmert, y eso es una buena noticia para la democracia israelí.
Que se arranquen los cuernos por la economía, que discutan eternamente sobre educación y salud, pero no sobre las fronteras. De cara a un enemigo irredento, las fronteras de un país deben ser un dogma consensuado.
Como decíamos, no sólo no hay grandes distancias entre el planteo laborista clásico y el actual de Olmert, sino que, a diferencia del tándem de Oslo: Rabin-Peres, y de todos sus antecesores laboristas, Sharon y Olmert sí aceptaron la existencia de un Estado palestino en el mismo territorio en el que el laborismo, al menos hasta el ascenso al poder de Ehud Barak, nunca terminaba de exponer con claridad una propuesta: autonomía, benelux, confederación. El consenso israelí ahora es claro: fronteras seguras y Estado palestino.
No debemos hacernos esperanzas en cuanto a la respuesta de la contraparte. Pero sí nos es permitido albergar la esperanza de que Israel alcance muy pronto un plan concreto de partición de la tierra y, a partir de ahí, se sienta con las manos libres para defenderse, de Estado a Estado, ya sin las constricciones del trato diario con población civil, contra el enemigo.
Marcelo Birmajer, coautor de En defensa de Israel.
Gentileza de LD
Una incursion entre femmes de ménage
sabado 8 de abril de 2006
MEMORIAS ERRÁTICAS
Una incursión entre las femmes de ménage
Por Cristina Losada
A mediados de diciembre entramos en la rue de Sillem, en un piso pequeño, viejo y oscuro, sin calefacción, pero lleno de cómics. El vecindario, a tres familias por piso, era invisible, y cuando no, tan poco dado a la conversación como la portera española. Quién lo iba a decir, una portera discreta o, por lo menos, retraída.
Pero su caso no revestía excepcionalidad. Nada, ni la vecindad ni la nacionalidad común, servía para fundar vínculos en Ginebra. El forastero siempre se queja de la cerrazón del habitante urbano, pero en la metrópoli del lago yo tenía la impresión de que a la cerradura habitual le habían añadido varios candados.
En Sillem sufrí el primer ataque del invierno, personificado en la bise, un viento helado que venía del lago y que, según decían, procedía de la misma Siberia. Para hacerle frente estaba yo, como otras veces, mal provista. Las tiendas del Ejército de Salvación, con su ropa de segunda mano, me surtieron de unas botas y algunas prendas no tan eficaces como hubiera querido. Las botas eran verdes y de suela. Con ellas salía calle abajo resbalando sobre el hielo; hacía equilibrios y rezaba para que, si me caía, no se rompiera el objetivo de la cámara que llevaba al hombro.
El hielo formaba estalactitas y lámparas cristalinas en los entresijos de los muelles, las barandillas de los puentes, las farolas. Era todo muy fotogénico. Las botas regresaban de los paseos fotográficos cubiertas de la sal que echaban en las calles para disolver la nieve.
A veces hacía tanto frío que no conseguía llegar hasta el borde del lago, donde cisnes, patos y gaviotas soportaban estoicamente las inclemencias, ayudadas por los pedazos de pan que les tiraba la gente. Cuando arreciaba la bise había que refugiarse, y yo lo hacía en alguno de los cafés del barrio.
Estaba el San Remo, un tugurio que olía a mantequilla rancia, donde se dispensaban croissants por la mañana y menús al mediodía. Los domingos se reunían a la misma hora los desayunos y las comidas. Las montañas de croissants y sus aromas se cruzaban con los plat du jour, bien poulet, bien gigot de agneau, y con sus olores, también penetrantes y un nauseabundos.
El San Remo era sólo para un apuro. Había otros cafés más finos, y otros más remilgados, como uno que conservaba incólume un hortera estilo rococó. En alguno de ellos recalaba todos los días. Era el único gasto indispensable, el café; sólo uno, que no daba el bolsillo para más. En el piso reinaba un frío de ultratumba.
A finales de aquel diciembre, que no sería menos gélido que enero ni febrero, me dieron la idea de buscar trabajo como femme de ménage. Era lo único que se podía hacer sin papeles de ningún tipo; sólo había que pasar la aspiradora, limpiar y fregar aquí y allá, ¡y pagaban 15 francos la hora! Esto era lo más atractivo de todo, y me decidió a poner unos anuncios en la Migros.
Era éste un supermercado de una cadena, que venía a constituir el centro social del barrio. Al menos, era un centro informativo, en lo que hacía a compras y ventas y a ofertas y demandas de trabajo. Sus tablones de anuncios estaban repletos de notas, y la gente las leía. De hecho, leyeron la mía y, al cabo de unos días, con la entrada del año, me llamaron cuatro personas. ¡Cuatro clientes!
Pues sí, de entrada era todo un éxito. A 15 francos la hora, y tres horas cada uno a la semana, las cuentas pintaban bien. Lo demás ya tendría peor sesgo. Tres de los clientes eran mujeres, y el cuarto un hombre. La primera, madame Dupart, era una señora francesa, joven, rubia y vistosa, casada y sin hijos, que enseguida me contó su desgracia: su femme de ménage de toda la vida, que era española, acababa de jubilarse y la había dejado en la estacada. El mensaje estaba claro: a ver si yo, que por la pinta no sabía ni lo que era una fregona, lo hacía la mitad de bien que la antigua empleada. Que eso sería imposible también estaba claro.
Madame Dupart me daba órdenes y me seguía para comprobar cómo las iba cumpliendo. Entraba en el cuarto de baño ya limpio para observar si los grifos de la bañera brillaban como en los anuncios de la tele, y como no era así estallaba en reprimendas. Yo trataba de que razonara. Qué más daba que brillaran o no, si estaban limpios. Pues no, quería resplandor. Le confesaba que no tenía ni idea de cómo se conseguía tal efecto. Ah, ella tampoco, eso era cosa mía. Su vieja femme de ménage española se los dejaba relucientes. Al final me terminaba explicando el secretillo.
Me daba a limpiar los zapatos de ella y de su marido, otra tarea para la que no tengo maña, como remate de las tres horas que pasaba en su casa. Pero los momentos más tensos eran los de la plancha. La primera vez se me instaló al lado, como una inspectora, a ver cómo planchaba unas camisas del señor de la casa. Yo, que de planchar sabía sólo un poco más que de pescar con caña, me aturullé de tal manera que estuve a punto de quemarle la prenda.
El peligro de que su presencia provocara indirectamente alguna desgracia la iría conteniendo en días sucesivos. Me vigilaría más de lejos. Pero sufría sabiendo que yo lo hacía todo sin la profesionalidad, la dedicación y el sacrificio de aquella gran asistenta que había perdido. Hay personas irremplazables.
Las otras dos señoras, que llamaré madame Farel y madame Jacobi, tenían algunas peculiaridades. Una, que eran cuñadas, y la otra, que eran judías muy ortodoxas. Y esto último tenía sus repercusiones sobre el modo de hacer limpieza. Ya no recuerdo bien las reglas que me comunicaron, pero eran más o menos de este tipo: no se podía utilizar el mismo paño para la mesa del comedor que para la estantería; no se debía tampoco tocar la mesa de la cocina con el paño que se usara en la cocina misma. En fin, que era un lío de paños que no debían intercambiarse, a cuenta de una división entre carne y leche que regía, al menos, en ciertas partes de la vivienda. Nunca me explicaron bien el sistema, de modo que alguna vez se me iba el santo al cielo, me equivocaba de trapo y…había que volver a empezar.
Pero la labor más ardua era, en casa de madame Jacobi, despegar los chicles y otras materias comestibles que sus hijos habían ido esparciendo por la casa. Para hacerlo ya me proveía la mujer de un destornillador, pues los restos aquellos, pisoteados luego por el resto de la familia, se unían apasionadamente al suelo y no había quien los separara. Desmoralizaba un poco encontrar un muslo de pollo debajo de un sofá. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí? ¿Cómo lo habían dejado estar? Pero así era, no movían un músculo para limpiar nada durante la semana. Así que cuando yo llegaba, los viernes por la mañana, tenía que trabajar intensamente para dejarles un panorama más o menos decente. Esa noche celebraban el sabbath y todo debía estar impecable.
Las dos señoras judías me tenían da acá para allá sin parar, pero no andaban vigilando mis pasos ni se quejaban del resultado. Aunque en esto quien se llevaba la palma era monsieur Bloch.
Pinche aquí para leer las entregas anteriores de MEMORIAS ERRÁTICAS.
Gentileza de LD
MEMORIAS ERRÁTICAS
Una incursión entre las femmes de ménage
Por Cristina Losada
A mediados de diciembre entramos en la rue de Sillem, en un piso pequeño, viejo y oscuro, sin calefacción, pero lleno de cómics. El vecindario, a tres familias por piso, era invisible, y cuando no, tan poco dado a la conversación como la portera española. Quién lo iba a decir, una portera discreta o, por lo menos, retraída.
Pero su caso no revestía excepcionalidad. Nada, ni la vecindad ni la nacionalidad común, servía para fundar vínculos en Ginebra. El forastero siempre se queja de la cerrazón del habitante urbano, pero en la metrópoli del lago yo tenía la impresión de que a la cerradura habitual le habían añadido varios candados.
En Sillem sufrí el primer ataque del invierno, personificado en la bise, un viento helado que venía del lago y que, según decían, procedía de la misma Siberia. Para hacerle frente estaba yo, como otras veces, mal provista. Las tiendas del Ejército de Salvación, con su ropa de segunda mano, me surtieron de unas botas y algunas prendas no tan eficaces como hubiera querido. Las botas eran verdes y de suela. Con ellas salía calle abajo resbalando sobre el hielo; hacía equilibrios y rezaba para que, si me caía, no se rompiera el objetivo de la cámara que llevaba al hombro.
El hielo formaba estalactitas y lámparas cristalinas en los entresijos de los muelles, las barandillas de los puentes, las farolas. Era todo muy fotogénico. Las botas regresaban de los paseos fotográficos cubiertas de la sal que echaban en las calles para disolver la nieve.
A veces hacía tanto frío que no conseguía llegar hasta el borde del lago, donde cisnes, patos y gaviotas soportaban estoicamente las inclemencias, ayudadas por los pedazos de pan que les tiraba la gente. Cuando arreciaba la bise había que refugiarse, y yo lo hacía en alguno de los cafés del barrio.
Estaba el San Remo, un tugurio que olía a mantequilla rancia, donde se dispensaban croissants por la mañana y menús al mediodía. Los domingos se reunían a la misma hora los desayunos y las comidas. Las montañas de croissants y sus aromas se cruzaban con los plat du jour, bien poulet, bien gigot de agneau, y con sus olores, también penetrantes y un nauseabundos.
El San Remo era sólo para un apuro. Había otros cafés más finos, y otros más remilgados, como uno que conservaba incólume un hortera estilo rococó. En alguno de ellos recalaba todos los días. Era el único gasto indispensable, el café; sólo uno, que no daba el bolsillo para más. En el piso reinaba un frío de ultratumba.
A finales de aquel diciembre, que no sería menos gélido que enero ni febrero, me dieron la idea de buscar trabajo como femme de ménage. Era lo único que se podía hacer sin papeles de ningún tipo; sólo había que pasar la aspiradora, limpiar y fregar aquí y allá, ¡y pagaban 15 francos la hora! Esto era lo más atractivo de todo, y me decidió a poner unos anuncios en la Migros.
Era éste un supermercado de una cadena, que venía a constituir el centro social del barrio. Al menos, era un centro informativo, en lo que hacía a compras y ventas y a ofertas y demandas de trabajo. Sus tablones de anuncios estaban repletos de notas, y la gente las leía. De hecho, leyeron la mía y, al cabo de unos días, con la entrada del año, me llamaron cuatro personas. ¡Cuatro clientes!
Pues sí, de entrada era todo un éxito. A 15 francos la hora, y tres horas cada uno a la semana, las cuentas pintaban bien. Lo demás ya tendría peor sesgo. Tres de los clientes eran mujeres, y el cuarto un hombre. La primera, madame Dupart, era una señora francesa, joven, rubia y vistosa, casada y sin hijos, que enseguida me contó su desgracia: su femme de ménage de toda la vida, que era española, acababa de jubilarse y la había dejado en la estacada. El mensaje estaba claro: a ver si yo, que por la pinta no sabía ni lo que era una fregona, lo hacía la mitad de bien que la antigua empleada. Que eso sería imposible también estaba claro.
Madame Dupart me daba órdenes y me seguía para comprobar cómo las iba cumpliendo. Entraba en el cuarto de baño ya limpio para observar si los grifos de la bañera brillaban como en los anuncios de la tele, y como no era así estallaba en reprimendas. Yo trataba de que razonara. Qué más daba que brillaran o no, si estaban limpios. Pues no, quería resplandor. Le confesaba que no tenía ni idea de cómo se conseguía tal efecto. Ah, ella tampoco, eso era cosa mía. Su vieja femme de ménage española se los dejaba relucientes. Al final me terminaba explicando el secretillo.
Me daba a limpiar los zapatos de ella y de su marido, otra tarea para la que no tengo maña, como remate de las tres horas que pasaba en su casa. Pero los momentos más tensos eran los de la plancha. La primera vez se me instaló al lado, como una inspectora, a ver cómo planchaba unas camisas del señor de la casa. Yo, que de planchar sabía sólo un poco más que de pescar con caña, me aturullé de tal manera que estuve a punto de quemarle la prenda.
El peligro de que su presencia provocara indirectamente alguna desgracia la iría conteniendo en días sucesivos. Me vigilaría más de lejos. Pero sufría sabiendo que yo lo hacía todo sin la profesionalidad, la dedicación y el sacrificio de aquella gran asistenta que había perdido. Hay personas irremplazables.
Las otras dos señoras, que llamaré madame Farel y madame Jacobi, tenían algunas peculiaridades. Una, que eran cuñadas, y la otra, que eran judías muy ortodoxas. Y esto último tenía sus repercusiones sobre el modo de hacer limpieza. Ya no recuerdo bien las reglas que me comunicaron, pero eran más o menos de este tipo: no se podía utilizar el mismo paño para la mesa del comedor que para la estantería; no se debía tampoco tocar la mesa de la cocina con el paño que se usara en la cocina misma. En fin, que era un lío de paños que no debían intercambiarse, a cuenta de una división entre carne y leche que regía, al menos, en ciertas partes de la vivienda. Nunca me explicaron bien el sistema, de modo que alguna vez se me iba el santo al cielo, me equivocaba de trapo y…había que volver a empezar.
Pero la labor más ardua era, en casa de madame Jacobi, despegar los chicles y otras materias comestibles que sus hijos habían ido esparciendo por la casa. Para hacerlo ya me proveía la mujer de un destornillador, pues los restos aquellos, pisoteados luego por el resto de la familia, se unían apasionadamente al suelo y no había quien los separara. Desmoralizaba un poco encontrar un muslo de pollo debajo de un sofá. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí? ¿Cómo lo habían dejado estar? Pero así era, no movían un músculo para limpiar nada durante la semana. Así que cuando yo llegaba, los viernes por la mañana, tenía que trabajar intensamente para dejarles un panorama más o menos decente. Esa noche celebraban el sabbath y todo debía estar impecable.
Las dos señoras judías me tenían da acá para allá sin parar, pero no andaban vigilando mis pasos ni se quejaban del resultado. Aunque en esto quien se llevaba la palma era monsieur Bloch.
Pinche aquí para leer las entregas anteriores de MEMORIAS ERRÁTICAS.
Gentileza de LD
Tres cortijos andaluces, tres
sabado 8 de abril de 2006
TIEMPO LIBRE
Tres cortijos andaluces, tres
Por Pedro Madera
La relajada vida del señorito andaluz ya no es privilegio exclusivo de unos pocos afortunados. Los cortijos han empezado a encontrar una nueva forma de ingresos en el turismo y las grandes reuniones y celebraciones, y cada vez son más los que se transforman en auténticos hoteles de lujo, sin dejar por ello sus tradicionales actividades agrarias y ganaderas.
Encaladas hasta relucir, rehabilitadas, redecoradas y dotadas de todo tipo de servicios, estas grandes fincas rurales no han perdido ni un pequeño matiz de su encanto señorial de siempre. Son pequeños hoteles rurales, con pocas habitaciones pero mucho sabor, en los que el huésped encuentra un ambiente relajado que le permite sentirse como uno más de la casa y disfrutar al máximo de esta forma de vida tradicional y lujosa.
EL ESPARRAGAL
En este antiguo monasterio del siglo XVII se sigue respirando la serenidad que santificaba a los jerónimos. Pero no faltan el lujo y el buen gusto. Por aquí ha pasado lo mejor de la jet y la aristocracia andaluza.
Los clientes recomiendan las habitaciones que dan a los jardines de la piscina, pero todas ellas son sumamente agradables y reconfortantes. Las 18 habitaciones están elegantemente decoradas con antigüedades, y cuentan con muy buenas vistas.
Además de hotel, El Esparragal es también una gran explotación agrícola y ganadera, con 400 vacas retintas y caballos españoles de pura raza. Tiene piscina... y una pequeña plaza de toros para los más atrevidos. El restaurante es excelente.
Carretera de Mérida, kilómetro 21, Gerena (Sevilla).
Teléfono: 95 578 27 02.
Habitaciones: 21 (8 dobles, 11 dobles superiores, 1 cuádruple y 1 triple).
Precio: Desde 120 euros.
HACIENDA DE ORÁN
A pocos kilómetros de Sevilla, en Utrera, población famosa por ser la cuna de la crianza del toro bravo, se recorta la blanca silueta de esta hacienda sobre el cielo permanentemente azul.
Es un alojamiento rural de obligada visita en la Andalucía de siempre. Y es que su belleza, su armonía y su funcionalidad lo convierten en uno de los lugares sevillanos más indicados para pasar unos días de descanso. El trato de Rafael Vázquez, el director, no puede ser más agradable, y sus consejos siempre son de agradecer.
Todo ha sido cuidadosamente restaurado, hasta el más mínimo detalle... Tanto el Salón del Molino como el de la Cruz del Fraile muestran sus vigas vistas, sus arcos apuntados, sus sillas de enea y unas espléndidas vistas de los patios, donde las negras rejas de las ventanas parecen juguetear con la vegetación que trepa por las paredes blancas.
Carretera de la Estación Don Rodrigo, kilómetro 7, Utrera. (Sevilla).
Teléfono: 902 934 394.
Habitaciones: 16 (13 dobles, 2 junior suite, 1 suite).
Precio: Desde 126 euros.
SOTO REAL
Para las gentes de Utrera, las Capellanías son como un sueño. A mitad de camino entre Sevilla y Jerez aparece esta gran explotación agrícola, de quinientas hectáreas en producción.
Un gran ciprés en la fachada principal realza aún más la silueta de este edificio, donde el blanco y el albero comparten protagonismo. Todo con el aire clásico que le da la arquitectura rural andaluza. Lámparas de forja, mucho azulejo y rejas que parecen montadas para historias de amor prohibidas.
De la mano de Pascua Ortega, todo tiene un aire señorial. Telas de peso, mucha antigüedad de almoneda y una clara apuesta por las altas tecnologías. Así se explican las plantas de palmas, la bañeras de hidromasaje y una buena colección de elementos sofisticados.
A la hora de las actividades no faltan ofertas. Los más tradicionales cuentan con posibles excursiones a caballo o con los ruidosos quads; los más tranquilos, con un paseo por la propiedad, que no se recorre tan fácilmente. Siempre tenemos la posibilidad de un recorrido en 4x4 y estar de vuelta a la hora de la cena.
Carretera Las Cabezas- Villamartín, kilómetro, 13, Sevilla.
Teléfono: 955 869 200.
Habitaciones: 25.Precios: Fin de semana, desde 395 euros por persona. Habitación doble, desde 290 euros.
TIEMPO LIBRE
Tres cortijos andaluces, tres
Por Pedro Madera
La relajada vida del señorito andaluz ya no es privilegio exclusivo de unos pocos afortunados. Los cortijos han empezado a encontrar una nueva forma de ingresos en el turismo y las grandes reuniones y celebraciones, y cada vez son más los que se transforman en auténticos hoteles de lujo, sin dejar por ello sus tradicionales actividades agrarias y ganaderas.
Encaladas hasta relucir, rehabilitadas, redecoradas y dotadas de todo tipo de servicios, estas grandes fincas rurales no han perdido ni un pequeño matiz de su encanto señorial de siempre. Son pequeños hoteles rurales, con pocas habitaciones pero mucho sabor, en los que el huésped encuentra un ambiente relajado que le permite sentirse como uno más de la casa y disfrutar al máximo de esta forma de vida tradicional y lujosa.
EL ESPARRAGAL
En este antiguo monasterio del siglo XVII se sigue respirando la serenidad que santificaba a los jerónimos. Pero no faltan el lujo y el buen gusto. Por aquí ha pasado lo mejor de la jet y la aristocracia andaluza.
Los clientes recomiendan las habitaciones que dan a los jardines de la piscina, pero todas ellas son sumamente agradables y reconfortantes. Las 18 habitaciones están elegantemente decoradas con antigüedades, y cuentan con muy buenas vistas.
Además de hotel, El Esparragal es también una gran explotación agrícola y ganadera, con 400 vacas retintas y caballos españoles de pura raza. Tiene piscina... y una pequeña plaza de toros para los más atrevidos. El restaurante es excelente.
Carretera de Mérida, kilómetro 21, Gerena (Sevilla).
Teléfono: 95 578 27 02.
Habitaciones: 21 (8 dobles, 11 dobles superiores, 1 cuádruple y 1 triple).
Precio: Desde 120 euros.
HACIENDA DE ORÁN
A pocos kilómetros de Sevilla, en Utrera, población famosa por ser la cuna de la crianza del toro bravo, se recorta la blanca silueta de esta hacienda sobre el cielo permanentemente azul.
Es un alojamiento rural de obligada visita en la Andalucía de siempre. Y es que su belleza, su armonía y su funcionalidad lo convierten en uno de los lugares sevillanos más indicados para pasar unos días de descanso. El trato de Rafael Vázquez, el director, no puede ser más agradable, y sus consejos siempre son de agradecer.
Todo ha sido cuidadosamente restaurado, hasta el más mínimo detalle... Tanto el Salón del Molino como el de la Cruz del Fraile muestran sus vigas vistas, sus arcos apuntados, sus sillas de enea y unas espléndidas vistas de los patios, donde las negras rejas de las ventanas parecen juguetear con la vegetación que trepa por las paredes blancas.
Carretera de la Estación Don Rodrigo, kilómetro 7, Utrera. (Sevilla).
Teléfono: 902 934 394.
Habitaciones: 16 (13 dobles, 2 junior suite, 1 suite).
Precio: Desde 126 euros.
SOTO REAL
Para las gentes de Utrera, las Capellanías son como un sueño. A mitad de camino entre Sevilla y Jerez aparece esta gran explotación agrícola, de quinientas hectáreas en producción.
Un gran ciprés en la fachada principal realza aún más la silueta de este edificio, donde el blanco y el albero comparten protagonismo. Todo con el aire clásico que le da la arquitectura rural andaluza. Lámparas de forja, mucho azulejo y rejas que parecen montadas para historias de amor prohibidas.
De la mano de Pascua Ortega, todo tiene un aire señorial. Telas de peso, mucha antigüedad de almoneda y una clara apuesta por las altas tecnologías. Así se explican las plantas de palmas, la bañeras de hidromasaje y una buena colección de elementos sofisticados.
A la hora de las actividades no faltan ofertas. Los más tradicionales cuentan con posibles excursiones a caballo o con los ruidosos quads; los más tranquilos, con un paseo por la propiedad, que no se recorre tan fácilmente. Siempre tenemos la posibilidad de un recorrido en 4x4 y estar de vuelta a la hora de la cena.
Carretera Las Cabezas- Villamartín, kilómetro, 13, Sevilla.
Teléfono: 955 869 200.
Habitaciones: 25.Precios: Fin de semana, desde 395 euros por persona. Habitación doble, desde 290 euros.
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