martes, julio 31, 2007

Alicia Delibes, Matematicos del mundo ¡unios!

martes 31 de julio de 2007
XXV CONGRESO INTERNACIONAL DE MATEMÁTICAS
Matemáticos del mundo, ¡uníos!
Por Alicia Delibes
El día 22 de este mes de agosto se inaugura en Madrid el XXV Congreso Internacional de Matemáticas. En él se darán cita cerca de 5.000 matemáticos, entre los que estarán las más grandes figuras del mundo.
Estos congresos internacionales se vienen celebrando desde hace más de cien años. Al finalizar el siglo XIX el desarrollo de las Matemáticas había tomado tales dimensiones que resultaba muy difícil conocer las teorías, los descubrimientos y las investigaciones que se estaban realizando. En 1893 el matemático alemán Félix Christian Klein (1845-1925) desde su cátedra de la Universidad de Gotinga, al grito de "matemáticos del mundo, ¡uníos!", trató de convencer a las grandes figuras de las Matemáticas de la necesidad de reunirse periódicamente con el fin de revisar y discutir aquellos problemas en los que se ocupaban. La propuesta de Klein fue aceptada y, cuatro años más tarde, se celebró en Zurich el primer Congreso Internacional de Matemáticas al que asistieron 208 matemáticos de 16 países distintos.El segundo de estos encuentros tuvo lugar en París el año 1900. Entonces, uno de los matemáticos más conocidos del momento, David Hilbert, ante un expectante auditorio, tras pronunciar la frase que llegó a hacerse mítica, "en matemáticas no hay ignorabimus", dio lectura a la lista de los 23 problemas que deberían ser abordados en el siglo XX.A partir de entonces cada cuatro años se ha celebrado un Congreso Internacional de Matemáticas. El de 1916 se suspendió a causa de la Primera Guerra Mundial. Más tarde, la Segunda Guerra interrumpió la actividad matemática en Europa y los Congresos Internacionales no se reanudaron hasta 1950. Desde 1936 en todos los Congresos Internacionales de Matemáticas se hace entrega del mayor galardón al que puede aspirar un matemático profesional, la Medalla Fields. En cada Congreso se pueden entregar hasta cuatro medallas pero siempre el galardonado debe ser un matemático que no haya cumplido los 40 años. La Medalla Fields es, en realidad, el equivalente al Premio Nobel de Matemáticas. Alfred Nobel, al morir soltero y sin herederos, decidió que se destinara gran parte de su fortuna a la creación de cinco grandes premios para aquellas personas o entidades que hubieran sobresalido por su aportación al bienestar de la humanidad en el campo de la Física, de la Medicina, de la Química, de las Letras o de la paz en el mundo. Sin embargo, nada dejó dicho el "millonario europeo vagabundo", como le llamó Víctor Hugo, de premiar la labor realizada en el campo de las Matemáticas. Se cree que algo debieron de influir en este "olvido" del químico sueco sus desavenencias con un matemático notable, paisano y contemporáneo suyo, Gösta Mittag-Leffer. Se suele contar que Mittag-Laffer se entrometió en uno de los pocos affaires sentimentales del químico millonario. No se tienen datos que avalen esta teoría, lo que sí parece cierto es que Mittag, que había recibido el encargo de conseguir que Nobel legara parte de su dinero a la Hogskola sueca donde trabajaba, fracasó rotundamente en su misión. Un matemático canadiense, John Charles Fields (1863-1932) luchó durante toda su vida profesional por la creación de un premio de matemáticas que llenara el vacío dejado por Alfred Nobel. En 1932, en el Congreso Internacional de Matemáticas que se celebró en Zurich, se decidió por fin crear un gran premio de Matemáticas y, en honor al canadiense, se le dio el nombre de Medalla Fields. Pues bien, el próximo día 22 en la sesión inaugural del XXV Congreso Internacional de Matemáticas, ante 5.000 matemáticos venidos de todas las partes del mundo, el rey Juan Carlos dará a conocer los nombres de los cuatro matemáticos, menores de 40 años, cuyos trabajos ha considerado el Comité designado por la Unión Matemática Internacional que son, actualmente, los que tienen mayor valor científico y más relevancia para el progreso de las Matemáticas. Pero no serán las cuatro Medallas Fields los únicos galardones que se entregarán en este Congreso. En 1982 se fundó el Premio Nevanlinna para reconocer el mejor trabajo realizado en el terreno de la informática y de las matemáticas aplicadas a las tecnologías de la información y la comunicación. Este premio consiste en una medalla de oro con la imagen del matemático finlandés Rolf Nevanlinna (1895-1980), quien en 1950, siendo rector de la Universidad de Helsinki, introdujo la computación en las universidades finlandesas. Madrid será también el escenario de la entrega del primer Premio Gauss destinado a los mejores trabajos matemáticos que hayan contribuido al progreso de la tecnología o que tengan repercusión en la mejora de nuestra vida cotidiana. Carl Friedrich Gauss (1777-1855), que fue apodado el "príncipe de las matemáticas", había nacido en una familia modesta y poco instruida y destacó desde muy niño por su pasión y facilidad para las matemáticas. De su vida escolar suele contarse que un día el maestro quiso tener a la clase entretenida haciendo sumas y propuso a los niños que sumaran los cien primeros números. A los pocos segundos el pequeño Gauss dio la solución: 5050. Interrogado por el maestro, explicó haberse dado cuenta de que 1 y 100, 2 y 99, 3 y 98, ........, 50 y 51 siempre sumaban 101 y que, por tanto, el resultado debía ser cincuenta veces 101, es decir 5050. Mientras terminaba de escribir este artículo veía en la televisión cómo Marta Domínguez se hacía con la medalla de oro en la prueba de 5000 metros de los Campeonatos Europeos de Atletismo que acaban de finalizar en Göteborg. La lucha de Marta por conseguir la victoria consiguió ponerme la carne de gallina y desear con toda mi alma su triunfo. La práctica del atletismo y el estudio de las Matemáticas han ocupado muchos años de mi vida y puedo asegurar que me han producido siempre una enorme satisfacción. Me resulta difícil hablar de matemáticas sin recordar las horas que he pasado totalmente abstraída con la resolución de algún problema y la satisfacción o frustración que siempre me invadía según consiguiera o no su resolución. Igual de difícil se me hace contemplar una carrera entre atletas sin volver a sentir los nervios, la rivalidad, el cansancio y la alegría o tristeza de antaño. Siempre he creído que existen ciertas similitudes entre hacer atletismo y hacer matemáticas. En ambos casos uno pone a prueba su capacidad, ya sea mental o física. En ambos casos se compite con los rivales pero, sobre todo, se compite con uno mismo para sacar el mayor provecho posible de las propias facultades y de largas horas de entrenamiento.

Mark Steyn, Desproporcion; nueva forma de un viejo prejuicio

martes 31 de julio de 2007
JUDEOFOBIA
"Desproporción"; nueva forma de un viejo prejuicio
Por Mark Steyn
Uno de mis libros favoritos completamente desconocidos es El corazón de la Princesa Osra, escrito por Anthony Hope en 1896. Hope dio la campanada con El prisionero de Zenda y su insípida secuela Rupert de Hentzau, dos sonoros textos de aventuras en los que un inglesito se las ingenia para salvar dos veces el trono de Ruritania de los usurpadores.
El corazón de la Princesa Osra también está emplazado en el reino ficticio de Hope, Mitteleuropa, pero esta vez un siglo y medio antes –la década de los 30 del XVIII– y no es una aventura que enganche, sino una serie de escenas románticas pobremente redactadas que presentan a la hermana menor del Rey Rodolfo III y diversos pretendientes inapropiados. Pero sí permite apreciar lo completo que concibió el autor su paraje ficticio: Ruritania no es simplemente el escenario de un thriller de modo que cabe preguntarse por qué lo utiliza como tal. Hope conocía su historia, a sus gobernantes y sus leyes mucho antes de que tuvieran lugar los sucesos de El prisionero. Como prueba de eso, no hace falta más que mirar la primera página del primer capítulo de Princesa Osra:
¡Esteban! ¡Esteban! ¡Esteban!
El grito impaciente se escuchaba por todo el abarrotado callejón, donde las antiguas fachadas competían por encontrarse mutuamente y solamente dejaban para confort del observador un simple atisbo de luz. Era, decían los hombres, la calle más antigua de Strelsau, incluso aunque el cartel del 'Silver Ship' era el más antiguo que existía en la ciudad. Para cuando Aarón Lázaro el Judío llegó allí, 70 años antes, había sido el décimo hombre de un linaje ininterrumpido dedicado al negocio; y ahora Esteban Nados, su aprendiz y sucesor, era el undécimo. El viejo Lázaro había hecho grandes negocios, y había empleado sus ahorros en comprar la mejor parte de la calle; pero puesto que los judíos entonces no podían tener propiedades en Strelsau, había puesto todas las propiedades a nombre de Esteban Nados; y cuando iba a morir, siendo incapaz de llevarse sus casas o su dinero con él, no teniendo descendencia, y no teniendo ninguna ligadura con ningún hombre o mujer vivos además de Esteban, dejó a éste todas sus propiedades y, con una última maldición a los cristianos (de los cuales Esteban era uno, y uno devoto), besó al joven, se dio la vuelta hacia la pared y falleció. Así que Esteban era un hombre rico y no tenía ninguna necesidad de continuar el negocio, aunque nunca se le pasó por la cabeza hacer otra cosa...
Eso está bastante bien. No hay ninguna otra referencia a la comunidad judía de Ruritania en ningún otro escrito de Hope, pero fue lo bastante exhaustivo en la creación de su reino de cuento de hadas incluso para saber cuáles son las restricciones antisemitas al derecho de propiedad. El autor ubicó Ruritania en alguna parte entre Sajonia y Bohemia, aunque, gracias a las versiones cinematográficas de Zenda, tendemos a imaginarlo en los Balcanes. Pero no importa dónde lo ponga, los homólogos de Lázaro el Judío hace mucho que desaparecieron de las bulliciosas calles de Strelsau. En Viaje a Rumania, Sacheverell Sitwell recuerda su visita en 1937 a Bukovina, la antigua provincia del Imperio de los Habsburgo más al este, entonces parte de Rumania, hoy en Ucrania. Su capital, Czernowitz, era un refrito de rumanos, polacos, alemanes, armenios, rutenos y suabos pero, como no pudo evitar notar Sitwell, era imposible saber eso de un paseo por el centro:
No hay ninguna tienda que no tenga pintado sobre sus ventanas un nombre judío. Todo el comercio del lugar está en manos de los judíos. Aquí se habla más yiddish que alemán.
A pesar de un decadente desagrado inglés hacia la atmósfera general, Sitwell reconocía ciertas ventajas: "El beneficio de esta hegemonía judía es una notable celeridad", escribía. "Hacer la compra requiere la décima parte del tiempo necesario en otras ciudades".
En estos días no escuchará yiddish en las tiendas. Los judíos de Czernowitz están muertos o huyeron, al igual que los de miles de otras ciudades por toda Europa. Durante siglos, la cantinela contra los del yiddish era que eran tipos cosmopolitas siniestros y sin raíces desligados de alianzas con cualquier entidad política en la que acabaran residiendo. De modo que, después de la Segunda Guerra Mundial, los que quedaron se convirtieron más o menos en una nación estado convencional, y ahora son odiados por eso.
Todo el jolgorio sobre el revisionismo del Holocausto (cierto es que desde el Presidente Ahmadinejad hasta el padre de Mel Gibson hay mucho) ha eclipsado el hecho de que el mundo ha vuelto a apoyar sin ninguna objeción las antiguas formas de antisemitismo. En la práctica, Israel es la versión geopolítica de las mismas condiciones que soportó Lázaro el Judío en el Stelsau de Anthony Hope. A la Entidad Sionista se le permite por el momento permanecer en el negocio pero, al igual que Aarón Lázaro, no tiene derecho a ostentar los derechos de propiedad frente a cualquier otra nación estado. De ningún otro país –sea Canadá, Eslovenia o Tailandia– se esperaría que renunciase a los derechos tradicionales de aquellas naciones que sufren el secuestro de sus ciudadanos, ataques aleatorios con misiles contra sus zonas residenciales y otras violaciones de su soberanía.
Esto no tiene nada que ver con quién está lo cierto y quién se equivoca: por todo el mundo hay conflictos regionales –Costa de Marfil, el Congo, Bosnia...– y, al margen de los aciertos y errores, la mayor parte del mundo simplemente se acomoda y deja que sigan con lo suyo. Hay enormes desplazamientos de población –como los hubo, contemporáneos de la fundación de Israel, en Europa y el subcontinente hindú– pero un lado gana y ya está. La energía empleada por el mundo en negar a esta crisis regional en particular el trato tradicional es única y perversa, a no ser que asegurándose de que "la cuestión palestina" nunca se resuelve, también se aseguran de que la soberanía de Israel nunca se asienta realmente. Esa soberanía, también, es condicional, y a juzgar por las columnas recientes del Washington Post y el Times of London, así es como se ve cada vez más en círculos influyentes. Los israelíes son tolerados como el actual testaferro pero, al igual que el judío de Anthony Hope, nunca pueden ser realmente propietarios del país.
Los judíos son una vez más vagabundos sin raíces aunque, en una de las frivolidades más oscuras de la historia, ahora son rechazados en los salones de Londres y París como una imposición ultrajante de una población europea extranjera en Oriente Medio. Lo que habría hecho reír a Aarón Lázaro. Los judíos pasaron siglos en el Continente sin ser aceptados nunca como europeos. Pero en cuanto la comunidad judía del Continente está a punto de extinguirse, de pronto todo judío que queda en el planeta es europeo.
En perspectiva, incluso la artística intención de la etnia conocida de pronto como "palestina" puede verse como la necesidad de manifestar que allí donde hay un judío, hay una víctima del judío. En sus Impresiones del camino, con ensayos históricos (1903), Elizaveta deVitte era testigo del mismo fenómeno en Bukovina que Sacheverell Sitwell observaba más tarde, pero culpaba del éxito de los judíos a la pobreza de los rusos: "De los 600 estudiantes de la Universidad de Chernowitz, apenas 50 son rusos. Es cierto que la admisión a la Universidad es abierta para todos. Pero la inscripción real tiene lugar del modo siguiente: en un día concreto, los judíos bloquean las puertas de la Universidad". La "desproporcionada" respuesta de los sionistas en el Líbano es simplemente la última versión de la célebre descortesía de los judíos.
Para el mundo éstos son tiempos oscuros: estamos al borde de la nuclearización de antiguas patologías. Leer novelas del siglo XIX y libros de viajes y reconocer antiguas psicosis volviendo a emerger actualmente en formas aún más virulentas es muy extraño. Voy algo atrasado respondiendo al aluvión de correos electrónicos tipo los-judíos-tienen-la-culpa-de-todo pero, cuando lo hago, explico normalmente que adopto la postura relajada del odio, pero que siga mi consejo y no apueste por él.
Existe un librito contundente de Andrew Roberts, llamado Hitler y Churchill: secretos de dirección, que, conforme lo vas leyendo, te das cuenta de que la principal diferencia entre los dos es que el primer ministro tenía una comprensión muy concreta de cómo era el Führer y de que el Führer no tenía ni la más remota idea sobre cómo era el primer ministro. Para Hitler, Churchill era "ese títere de los judíos": una expresión que no ofreció como muestra retórica jugosa a las gentes de Nuremberg Sábado Noche, sino como análisis serio en la privacidad de su estudio. Ése es el problema con los prejuicios raciales contra los judíos: no es tanto un toque tóxico en lo que de otro modo sería un pastel perfectamente válido, como un indicador fiable de que toda tu visión del mundo está infectado. Que es por lo que normalmente no les va tan bien a los que tienen odio a los judíos."Tengo un presentimiento que no me abandona", escribía Eric Hoffer, el estibador y gran filósofo estadounidense, tras la guerra del 67. "Igual que le pasa a Israel, nos pasará a todos nosotros. Si Israel perece, el holocausto caerá sobre nosotros".

Exegeta, Pax progresist, el nuevo orden mundial

martes 31 de julio de 2007
CURSO ACELERADO DE PROGRESISMO
Pax progresista, el nuevo orden mundial
Por Fidel Vladimir el Exégeta
El mundo está rematadamente mal. La voracidad de las economías supuestamente desarrolladas (lo son sólo en lo económico, no en lo ético ni en lo espiritual) y la vocación expansionista de la democracia liberal, crea océanos de injusticia de entre los cuales surgen necesariamente personajes admirables, como Bin Laden, que luchan por la liberación de los pueblos oprimidos y el respeto a su idiosincrasia.
Fieles a nuestra visión estructuralista de la Historia, conviene dejar sentado que todos los fenómenos violentos del planeta obedecen a la existencia de una superestructura creada por las fuerzas capitalistas para explotar los recursos del planeta en beneficio de unos pocos, mientras se mantiene voluntariamente en el subdesarrollo a miles de millones de ciudadanos y ciudadanas del tercer mundo, usados prácticamente en régimen de esclavitud.
La monserga capitalista insiste en que extender las bondades del sistema a los países pobres es la única forma de hacer que despeguen y alcancen grandes cotas de bienestar. En su virtud, el neoliberalismo intenta poner en juego su maquinaria perversa, trasladando sus fábricas a los continentes subdesarrollados para que los ciudadanos y ciudadanas de allí se dediquen a producir bienes de consumo, en lugar de continuar rindiendo tributo a sus tradiciones ancestrales. Cuando un campesino artesano de Centroáfrica deja el arado de madera y sus rituales a los dioses de la cosecha y se pone a fabricar zapatillas Nike, algo tuyo se quema. El multiculturalismo, las culturas milenarias y la rica sabiduría atávica que tan brillantes argumentos proporciona al National Geographic, se ven constantemente amenazados por el utilitarismo de un sistema opresor que sitúa el beneficio económico en la cúspide de sus objetivos.
El ejemplo más palmario lo tenemos en la región del sudeste asiático, tal vez la zona en que la penetración del capitalismo de occidente ha sido más intensa. En países como Singapur o Corea del Sur, los ciudadanos y ciudadanas han visto elevarse su nivel de vida al mismo ritmo que crecían las desigualdades sociales. Ahora hay ricos, clases medias y obreros cualificados, mientras que antes de que las factorías de las multinacionales aterrizaran por aquellos pagos, todos eran saludablemente igual de pobres. ¿Es justificable ese abandono de los sanos principios de una sociedad igualitaria, sólo por poder gozar de vivienda, luz eléctrica, agua potable, escuelas, hospitales, universidades, coches, ordenadores, rascacielos y un McDonald's a la vuelta de la esquina? ¿Por qué insistimos en convertir a esos pintorescos países en colectivos decadentes como nuestras sociedades occidentales? ¿Quiénes somos para exportar al inocente tercer mundo las terribles lacras de nuestro sistema?
Las causas de la injusticia mundial son extremadamente complejas, pero a efectos de nuestro estudio podemos resumirlas en tres: Estados Unidos, Israel y José María Aznar López. Los americanos buscan ampliar su imperio económico a todos los rincones del planeta. Israel, por su parte, es el virus inoculado en el oriente próximo para extender la decadente democracia liberal a las robustas sociedades islámicas. Y Aznar, por su parte, no sólo acabó en España con los catorce años del primer felipato, los más gloriosos de nuestra Historia en todos los órdenes, sino que desde el principio se mostró un firme defensor del corrupto principio yanqui-hebraico, según el cual, los movimientos de liberación nacional que no tienen más remedio que recurrir a las acciones armadas para reivindicar su derecho a existir, han de ser reprimidos como si tratara de grupos terroristas sin más.
Si dejamos el mundo a merced de las fuerzas del mercado, corremos el serio peligro de acabar con el valioso multiculturalismo que nos ha sido legado por la Historia. Por tanto, se impone actuar cabalmente para alumbrar un nuevo orden mundial que respete la diversidad, el etnicismo, la singularidad cultural del planeta y de paso organice la vida humana en torno al sagrado principio del igualitarismo. En pocas palabras, hacer del mundo una unidad de destino en lo progresista.
Para ello es necesario, ya lo habrán adivinado, la creación de un organismo mundial que redistribuya adecuadamente la riqueza. Este órgano tendría como único cometido trasvasar recursos del primer mundo a los países pobres hasta que la Tierra sea un remanso de igualdad. Al frente de esta organización supracontinental ha de ponerse a alguien cuya solvencia, desprendimiento, altísima moralidad y vocación solidaria, le invistan de una autoridad ética incuestionable. Por ejemplo yo mismo. Naturalmente, a los agentes oficiales de esta organización deberá procurárseles una vida lujosa. No por el mero disfrute de placeres mundanos, sino por una elemental cuestión de ornato de la autoridad. De esta forma, los anhelos de paz infinita, solidaridad multiétnica y fraternidad universal se verán cumplidos, se acabarán las guerras, todos seremos iguales, los judíos serán arrojados al mar y la humanidad será eternamente feliz. Y yo seré rico, que como explicamos en el capítulo tres, no es precisamente el menor de los fines para los que uno se embarca cuando decide hacerse progresista doctrinario.
fidelvladimir@gmail.comCURSO ACELERADO DE PROGRESISMO: Cambio de paradigma: ¡A Rebuznar!Para democracia, la de mi tocayo FidelRedistribuyendo, que es gerundioGrandes instituciones solidarias: la SGAEEl glorioso cine españolArte contemporáneo e ignorancia burguesa.

Horacio Vazquez Rial, Los conversos españoles al islam

martes 31 de julio de 2007
DE MONSEÑOR ROMERO A JOMEINI
Los conversos españoles al islam
Por Horacio Vázquez-Rial
"La opción por los pobres constituye el principio vertebrador del discurso del ayatollah Jomeini (1902-1989), en sintonía con el discurso de la teología cristiana de la liberación elaborada en América Latina." Este disparate, que sólo lo es a medias porque la teología de la liberación puede desembocar en cualquier parte, aparece en la página web de la Iglesia de Base de Madrid.
En esa página, propugna Juan José Tamayo-Acosta "la construcción de una teología cristiana y musulmana de la liberación". Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones "Ignacio Ellacuría" de la Universidad Carlos III de Madrid (sí, la de Peces-Barba) y forma parte del patronato de la Fundación Atmán, de la que hemos hablado a propósito de su escandalosa invitación a Tariq Ramadán.
La información sobre ese engendro ideológico, que suma el jomeinismo a la teología de la liberación, un movimiento que nada tiene que ver con la teología y cuyo representante más reciente y conspicuo es el encapuchado de Chiapas, viene en un libro terrible, imprescindible e iluminador titulado La España convertida al islam, escrito por Rosa María Rodríguez Magda y prologado por Jon Juaristi.
Si alguna vez tuve dudas acerca de la intencionalidad de quienes promovieron la teología de la liberación, ya no me queda ninguna: pocos movimientos surgidos de su propio seno hicieron tanto daño a la Iglesia Católica. La alianza perversa entre esta gente y el islam puede ser deletérea para Occidente en su conjunto. Al igual que las conversiones, que tienen el mismo origen ideológico: la izquierda que ha visto caer el comunismo en Rusia y Europa central, que ha visto frustradas sus expectativas en Asia, en África y en Hispanoamérica, que sólo se apaña con Castro, Chávez, Kirchner y Zapatero, y que finalmente ha reemplazado el mito del proletariado universal por la fe de Mahoma. Han reemplazado El capital por el Corán.
El primero y más notorio de esos desplazados de la izquierda fue y sigue siendo Roger Garaudy. Aún conservo en mi biblioteca Dios ha muerto, su grueso ensayo sobre Hegel. A veces pienso en releerlo, para ver qué fue lo que encontré en ese libro hace cuarenta años, si es que encontré algo, y hasta qué punto mi Hegel, del y sobre el cual he leído estanterías, está contaminado por las reflexiones de este sujeto, gran intelectual del PCF y padre de lo que entonces, en 1965, se llamó "diálogo entre cristianos y marxistas". Ese diálogo, establecido con los primeros curas obreros, con gran éxito en Italia y Francia (recuérdese Don Camilo, con su cura "amplio" y su alcalde comunista), es uno de los varios orígenes de la teología de la liberación, una consecuencia "progresista" de Concilio Vaticano II y del aggiornamento de la Iglesia católica, que puso a una parte de los católicos en el lado equivocado de la guerra fría. La prueba de esa relación, de que no fue Roma sino Moscú la que alimentó el cristianismo revolucionario en América latina, está en que, tras la implosión de la URSS, los sacerdotes metidos a guerrilleros desaparecieron del mapa, con la excepción del subcomediante Marcos, jesuita. Es de esperar que Benedicto XVI repare los muy dañados lazos del Vaticano con la Compañía de Jesús.
Garaudy, después de haber cumplido su papel en el Partido Comunista Francés creando ese Frankenstein, pasó un rato en las filas del cristianismo "social" (con perdón de León XIII) y después se mudó con armas y bagajes al islam. La Fundación Roger Garaudy tiene su sede en Córdoba, no sin subvenciones oficiales, por aquello de la multiculturalidad y el pasado andalusí, del que el hombre es principal promotor, en línea con Ben Laden. Porque Garaudy, ahora Ragaa, no se mudó a cualquier islam, sino al más radical: el del gran mufti de Jerusalem, Husseini, aquel antepasado de Arafat que contaba a Hitler entre sus grandes amigos y protectores, y que pasó en Alemania buena parte de la guerra. De modo que el antiguo comunista Ragaa se hizo negacionista, como Faurisson, pero sobre todo como Ahmadineyad, y como era un intelectual, escribió un libro titulado Los mitos fundacionales del Estado de Israel, por el que la justicia francesa lo condenó por difamación racial y negación de la Shoa. Tal vez lo más repugnante de cuanto se ha perpetrado sobre el tema desde Los protocolos de los sabios de Sión, incluidos Faurisson y Chomsky.
La cosa de las conversiones venía de antes de la llegada de Ragaa Garaudy a España (¿dónde iba a encontrar más tolerancia que aquí?). Juaristi recuerda en el prólogo a esta obra el caso de Enrique Ojembarrena Goiricelaya, discípulo de Ian Dallas, actor escocés, converso con su propia visión del islam, fundador del movimiento de los Morabitum. El libro de Rodríguez Magda está lleno de ejemplos que, estoy seguro, sorprenderán a más de uno. Ella fija el comienzo de las conversiones en los años setenta, es decir, antes de la gran inmigración de Magreb y de otros países musulmanes. España, y Europa en general, como demuestran la existencia misma de Garaudy y de Dallas, generó su propio cáncer.
Lo más notable de cuanto se expone en este trabajo, producto de una muy seria investigación y exhaustivamente documentado, es la cuestión de la procedencia de los conversos, casi todos antiguos militantes de las izquierdas y de los nacionalismos, y su presencia actual en partidos políticos, también de izquierdas, entre ellos el del gobierno. Reitero aquí el caso de Jadiya Candela, conversa, cuñada de Joaquín Almunia y letrada durante largo tiempo de la Comisión de Infraestructuras y Mixta para la Igualdad de Oportunidades del Congreso de los Diputados por el PSOE, y de su hija Yamila Pardo, igualmente conversa, abogada de los propietarios de la casa de Morata de Tajuña en la que supuestamente se prepararon las mochilas del 11-M.
Como yo tengo una visión conspirativista de la historia y lo asumo, diré que los más sabios de entre los dirigentes soviéticos que previeron el desmoronamiento de su régimen, prepararon diversos dispositivos para la supervivencia del virus en el mundo, además de su propia sucesión, de la que Putin es modelo perfecto. Esos dispositivos fueron el eurocomunismo, el cristianismo revolucionario y la alianza de las izquierdas occidentales con el islam. Ésta no es la tesis de Rodríguez Magda, pero su obra proporciona los elementos para sostener el último término.
Había terreno abonado en los lugares comunes creados por los "aliados [de los conversos] en la ficción ideológico literaria de muchos de nuestros escritores más mediáticos, como puedan serlo Antonio Gala, Juan Goytisolo, Sánchez Ferlosio... que completan la semilla dejada por Américo Castro", como dice la autora en un estupendo apartado del capítulo El mito de Al-Andalus, titulado "Catecismo de combate", que se cierra con el siguiente párrafo: "Es hora de replantearnos seriamente los logros de nuestra autocrítica, pero también de considerar nuestra responsabilidad ante el deterioro que un ‘pensamiento débil’ ocasiona en todos los fundamentos de la razón, la libertad, la igualdad, la emancipación, ideas rectoras de nuestra ‘denostada’ tradición, que no podemos ni debemos negociar."
En estas páginas no sólo está la historia puntual de los conversos españoles al islam que dieron ese paso a partir de los años setenta, sino un catálogo de orígenes que demuestra que el modelo Garaudy se ha repetido por doquier: profesionales de la militancia que abandonan o son abandonadas por las izquierdas, o que no ven en ellas posibilidad de seguir medrando con verdadera eficacia, cruzan el Rubicón de la fe y se apuntan a la iglesia ascendente. Garaudy no ha cambiado en realidad: es un estalinista consecuente, siempre en el lado de la revolución, la encabece Lenin, Stalin, Breznev, Ben Laden o Ahmadineyad. Tal vez a los demás les pase algo parecido.
Compren este libro, que dentro de unos años será una fuente primaria. Quizás haya que aprender de memoria su contenido antes de irse al bosque huyendo de los pirómanos organizados, para que las futuras generaciones de resistentes recuerden dónde empezó todo. En la ONU, con el discurso de Boumedienne de 1974, en los conversos europeos, en especial españoles, en la inmigración masiva de musulmanes, en el antisemitismo, en la cobardía de los que deberían defender la razón, la igualdad, la libertad, los derechos individuales, la noción misma de ciudadanía.
vazquez-rial@telefonica.netwww.vazquezrial.com

Fernando Diaz Villanueva, El dia que casi empieza la tercera guerra mundial

martes 31 de julio de 2007
ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA
El día que casi empieza la tercera guerra mundial
Por Fernando Díaz Villanueva
Nunca el mundo estuvo tan cerca de suicidarse como la última semana de octubre de 1962. Fue una crisis provocada por la insensatez de los dirigentes soviéticos y la megalomanía de un dictador cubano que no termina de morirse. Duró apenas unos días y la cosa llegó a ponerse tan caliente que muchos creyeron entonces que, antes de que se pusiese el sol, misiles nucleares de uno y otro bando empezarían a volar sobre sus cabezas.
Al final la sangre no llegó al río. Los Estados Unidos se plantaron y la Unión Soviética se echó para atrás librando de paso a la humanidad de una tan gorda que, a día de hoy, aun no nos hubiéramos recuperado.
El día 14 de octubre de 1962 un avión espía U2 norteamericano regresó a su base tras una misión rutinaria sobre la isla de Cuba. A bordo llevaba unos negativos fotográficos que, a primera vista, mostraban unas extrañas instalaciones militares y un gran ajetreo en torno a ellas. O quizá no fuesen tan extrañas. Podían ser plataformas de lanzamiento de misiles, pero, dado su tamaño, no de unos misiles cualquiera sino de cohetes de medio alcance. Conmocionados por el hallazgo, enviaron de inmediato la prueba a Washington, para que la CIA la estudiase a fondo y la Fuerza Aérea tomara la decisión pertinente. No había lugar a dudas, eran silos para armas atómicas todavía no operativos pero que lo estarían en breve plazo.
Al otro lado del mundo, en Moscú, Nikita Kruschev se frotaba las manos. Iba a hacer algo ante lo que el mismo Stalin hubiese palidecido. Poner misiles estratégicos a cien kilómetros de Florida, es decir, algo así como colocar la afilada punta de un cuchillo jamonero en el gaznate de su archienemigo capitalista. Conseguirlo había sido sumamente sencillo. Gobernaba en Cuba desde hacía poco más de tres años un directorio revolucionario que había dado la vuelta al frágil equilibrio de bloques. Los que mandaban en la isla caribeña se habían entregado en cuerpo y alma a la Unión Soviética. Parece que por afinidad ideológica, pero, como querían seguir mandando por tiempo indefinido, también por oportunidad política.
Fidel Castro, el líder indiscutido y carismático de la revolución cubana, había descubierto su adicción al poder según pisó La Habana en la primera semana de 1959. Esa adicción conlleva fundar una dictadura y mantenerse en la poltrona contra viento y marea. El comunismo era una coartada perfecta, y más en los años sesenta y estando Cuba donde está. Sólo era preciso designar un enemigo a muerte y, como Cuba era pequeña e insignificante, un aliado que le mantuviese en el poder. El enemigo iba a ser Estados Unidos, luego, por lógica, el amigo habría de ser la URSS, sí, la misma de Stalin, los gulags y las hambrunas, la patria del socialismo real, el paraíso en la tierra.
Un bandazo de este calibre era, sin embargo, un envite bastante arriesgado. Podría haber sucedido que los soviéticos no quisiesen problemas, o que Washington, viéndolas venir, se hubiera aventurado a invadir la isla. Pero no pasó nada y Castro se salió con la suya. El presidente Kennedy no quería más problemas en Cuba de los que ya había tenido con motivo de la expedición de los exiliados a la Bahía de Cochinos, la célebre "invasión de Playa Girón", que pudo ser cualquier cosa menos una invasión porque ya es difícil invadir el propio país. Los soviéticos, por su parte, estaban encantados de que Dios les viniese a ver de aquella manera. Iban a lograr la paridad nuclear de una tacada y sin demasiadas inversiones. No se lo creían ni ellos.
La iniciativa partió de Castro. Convenció a Kruschev de lo oportuno que sería dar en los morros a los norteamericanos con medio centenar de cabezas nucleares y envió a su hermano Raúl a Moscú a ultimar los detalles de la operación. Se enviarían a Cuba 42 misiles nucleares de medio alcance, unos 2.000 kilómetros, y 24 de largo alcance, unos 4.000 kilómetros. Con esto, prácticamente todos los Estados de la Unión estaban a tiro de las bombas rusas. Sólo quedaban fuera Alaska y las Hawai que, por motivos obvios, no preocupaban demasiado a los jerarcas del Kremlin. Habría una bomba para cada Estado y aun sobrarían misiles para rematar a algunos con dos certeros arponazos.
Ese era plan maestro. En octubre de 1962 se encontraba muy avanzado pero no concluido. Para esa fecha los rusos habían desembarcado en Cuba "45 cabezas nucleares, 36 cabezas para misiles de crucero, 12 cabezas para cohetes Luna y 6 bombas atómicas para los aviones Iliyushin". Casi nada. Junto al letal polvorín nuclear, les había dado tiempo a llevar hasta la isla a 40.000 soldados soviéticos de incógnito. Hasta ese verano habían atracado en puertos cubanos 114 buques soviéticos cargados hasta la bandera de pertrechos y toda suerte de material militar. Con razón el entonces presidente de Cuba, un tal Osvaldo Dorticós del que nadie se acuerda, se pavoneó en la ONU asegurando que su país estaba en condiciones de defenderse de cualquier ataque. Lo más chocante de toda esta historia es que al todopoderoso imperio yanqui, que todo lo sabe y todo lo ve, le habían colado de matute un ejército delante de sus narices. Una vez más, el mito de la eficiencia de la CIA, armatoste estatal que sólo sirve para gastar dinero.
La gravedad del asunto era tal que la Fuerza Aérea lo elevó hasta el presidente Kennedy. Se ordenó incrementar los vuelos de reconocimiento y hacer un seguimiento exhaustivo de las actividades. La Casa Blanca, por su parte, llamó al embajador soviético para que diese explicaciones sobre lo que estaba pasando en Cuba. Kennedy no le mostró lo que ya sabía, que era secreto de Estado, y recibió a cambio un sofisticado y soviético embuste: en Cuba no pasaba nada y, si algo habían visto, los rusos no tenían que ver en ello. Todo un clásico de la diplomacia en la guerra fría; la URSS nunca olvidó que la mentira es un arma revolucionaria.
Las reuniones en el despacho oval se tornaron frenéticas. Especialistas de todos los ámbitos aportaron su granito de arena para ofrecer una respuesta digna de semejante órdago. Las opciones eran, básicamente, cuatro. La primera, bombardear sin más demora las instalaciones militares descubiertas por los U-2. La segunda, hacer lo anterior y después enviar a los marines a invadir Cuba y deponer a Castro. La tercera, bloquear la isla y evitar que los mercantes soviéticos alcanzasen su objetivo. Y la cuarta, tragar con lo que decía el embajador, abrir negociaciones y pedir a los rusos que retirasen los misiles por las buenas.
Si se lo hubieran presentado a Jimmy Carter hoy Cuba sería una potencia nuclear, pero le tocó a Kennedy decidir por lo que la tercera fue la elegida. Ni caliente ni frío y siempre quedaba la opción de recurrir a las otras dos, favoritas de los generales del Pentágono. Había además otro peligro nada desdeñable. Si Washington entraba en La Habana, Moscú podía entrar en Berlín y armar una buena en Europa. Kennedy, que era berlinés de adopción, no quería poner en riesgo esa avanzada que el mundo libre poseía al otro lado de la alambrada.
El 22 de octubre John Fitzerald Kennedy, en toda su apostura y donaire, se dirigió al mundo por televisión. Hizo un pequeño resumen a la audiencia del problema cubano y anunció sus intenciones. Desde el 24 de octubre la Armada de los Estados Unidos bloquearía la isla de Cuba con el fin de impedir que los cargueros soviéticos suministrasen el material que faltaba. La cuarentena estaría en vigor hasta que las instalaciones soviéticas fuesen desmanteladas. Los dos días que siguieron al anuncio fueron los del infarto. La guerra nuclear estaba a la vuelta de la esquina y el mundo al borde del abismo.
América entró en estado Defcon-2, el inmediatamente anterior a la guerra. Todos los superbombarderos B-52 fueron puestos en alerta, cincuenta de ellos se mantuvieron en el aire sobre el Atlántico por si era preciso atacar el corazón de Rusia. Todos los misiles nucleares, los Atlas, los Titán, los Minutemen fueron activados en el interior de sus silos y las bases yanquis en el extranjero se dispusieron para una conflagración inminente. El águila norteamericana había sacado las garras y extendía sus alas sobre todo el planeta.
El 26 de octubre Kruschev envió un mensaje a Kennedy. Aceptaba. Sus barcos dieron media vuelta y el conflicto se dio por terminado. Para evitar episodios como este acordaron crear una línea directa entre el presidente de los Estados Unidos y el que mandase en el PCUS, un teléfono, el Teléfono Rojo. El suspiro de alivio fue universal. Kruschev había perdido la apuesta. Pidió que, a cambio de la retirada, Kennedy se comprometiese a no invadir Cuba y que los misiles Júpiter estacionados en Turquía se desmantelasen. Salvaba la poca ropa que le quedaba después de hacer el ridículo ante un mundo incrédulo que llevaba dos días pegado a la pantalla del televisor. Muchos iban a pensar que la Unión Soviética no era tan poderosa como parecía, y es que no lo era. Los Estados Unidos disponían de más y mejores armas que sus rivales, del ejército más avanzado de la época y, sobre todo, de la firme intención de utilizarlo si alguien amenazaba sus intereses.
En Cuba, Castro se quedó con un palmo de narices monumental. Él, que se había soñado gran líder mundial, que había ocasionado este desbarajuste, era ignorado por los que de verdad tenían poder. Kruschev mantuvo a Castro al margen de las negociaciones y quizá esto fuese lo único que hizo con tino en aquella ocasión. Si el dictador cubano hubiera intervenido directamente en el conflicto es probable que la tercera guerra mundial hubiese dado comienzo aquel mes de octubre.
Fidel Castro se enteró por la radio y juró en arameo. "¡Pendejo! ¡Cabrón! ¡Hijo de puta!", dijo del premier soviético. Esa fue su contribución final a la crisis. La ONU envió a su secretario general Situ U Thant para que procediese a las inspecciones previas al desmantelamiento. Un enrabietado Castro le motejó como "lacayo del imperialismo". Al poco impidió que los inspectores de las Naciones Unidas entrasen en Cuba por lo que rusos y norteamericanos convinieron en llevar a cabo las inspecciones en alta mar. La pataleta de Castro fue fomentar coplillas que se cantaban por La Habana: "Nikita, mariquita, lo que se da no se quita".
Castro quería esos misiles; eran algo parecido a su seguro de vida. Su inseparable Ernesto Guevara se lamentaba a un periódico británico asegurando que "si los cohetes hubieran permanecido en Cuba, los hubiéramos utilizado todos, dirigiéndolos contra el corazón de Estados Unidos, incluyendo Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión". Este tipo de desvaríos no se sabe bien por qué siguen sin pasar a las biografías oficiales del Che Guevara.
El mundo se salvó, pero, en última instancia, y aunque entonces se creyera lo contrario, el perdedor fue Estados Unidos y con él el mundo libre. Se consumó la entrega de Cuba al despotismo comunista y esto permitió que la dictadura castrista se afianzase. Al final, el seguro de vida para el Comandante resultó ser el acuerdo entre soviéticos y americanos y no los misiles nucleares. Una paradoja que han pagado con creces tres generaciones de cubanos. La china en el zapato que se dejó Kennedy por no resolver adecuadamente la crisis ocasionó más problemas a los Estados Unidos de los que nunca se hubiesen figurado los que apostaban por la cuarentena de la isla y la negociación.En los últimos cuarenta años Castro, aparte de esclavizar a Cuba, ha sido suministrador privilegiado de dolores de cabeza para los inquilinos de la Casa Blanca. Ha llenado América Latina de guerrillas e inestabilidad y, durante tres décadas, fue el mejor agente exterior del imperialismo soviético. La crisis de los misiles fue una derrota norteamericana, quizá dulce y bien colocada a la opinión pública, pero derrota a fin de cuentas. Sólo la incontestable superioridad de su ejército nos salvó de algo peor.www.diazvillanueva.com
ASÍ SE ESCRIBE LA HISTORIA: Magda Goebbels, el nazismo en femeninoBandung o la conferencia de los charlatanes - Sanz Briz: el ángel español de Budapest

Caius Apicius, Apicio y Carvalho

martes 31 de julio de 2007
COMER BIEN
Apicio y Carvalho
Por Caius Apicius
Quienes dedicamos una mayor o menor parte de nuestro tiempo a un tema concreto somos muy conscientes de que cuanto más creemos saber de él descubrimos la enormidad de lo que nos queda por aprender; no se trata de la famosa frase de Sócrates, "sólo sé que no sé nada", sino de algo más sencillo: cuanto más sabes de algo, más sabes que no sabes.
Con el tiempo uno se va volviendo prudente, quizás a fuerza de escepticismo, punto al que suele conducir la experiencia, y evita en lo posible tirarse a la piscina sin comprobar antes que tiene una cantidad suficiente de agua. Quiero decir que se contrastan datos, y no exclusivamente en Internet –que es una trampa muy peligrosa, además de un instrumento de innegable utilidad–, sino en las fuentes que uno se va procurando a lo largo de su vida.Esa misma experiencia hace que uno se vuelva más indulgente con los errores ajenos, actitud que no está reñida con la exigencia de la mayor exactitud posible a la hora de aportar datos o fuentes. Pero lo que hace algunos años provocaba casi indignación hoy sólo hace que esbocemos una sonrisa... aunque nos demos cuenta de que esos datos inexactos, esas citas apócrifas, hacen bastante daño al lector bienintencionado y no demasiado experto en el asunto.Verán. Hace unos días, en una feria del libro de ocasión –se llama "del libro antiguo", pero hay muchos más libros viejos que antiguos–, nos hicimos con un par de volúmenes de la obra que Manuel Vázquez Montalbán dedicó a la gastronomía; concretamente, los más "teóricos" de todos, un bastante correcto diccionario gastronómico y otro titulado Saber o no saber.En este último, en el capítulo "Quién es quién", aparece, lógicamente, Apicio, o Apicius, si quieren ustedes usar el latín. Como comprenderán, después de un cuarto de siglo firmando estos comentarios como Caius Apicius, todo lo que aparece sobre el gastrónomo romano de quien tomé el "apellido", que no el nombre, me interesa. Pues... un chasco.La práctica totalidad de los especialistas en gastronomía romana están de acuerdo en que el Apicius al que se atribuye el libro De Re Coquinaria se llamaba Marco Gavio, y fue contemporáneo de Tiberio; de su muerte –de su suicidio– nos dejó constancia escrita Séneca, que murió bajo Nerón. Hubo, antes, en tiempos de Sila, otro Apicius cuyo nombre se ha perdido y, después, en el reinado de Trajano, uno más, llamado Celio.Bien, Vázquez Montalbán abre el epígrafe dedicado a Apicius bajo el título: "Apicio, Celsio", y le atribuye, capítulo a capítulo, todos los contenidos del libro antes citado. Bueno: hay opiniones. El querido doctor Martínez Llopis, faro de "gastroarqueólogos", también atribuía a Celio Apicio esa autoría, que, como decimos, la gran mayoría de expertos atribuye a Marco Gavio.Pero es que el autor de Carvalho va más lejos. En el Diccionario, y en la entrada dedicada al caracol, cita en apoyo de sus tesis lo escrito, en la Roma imperial, por... Caius Apicius. Puedo jurarles que yo no escribí esos textos. También que, pese a que voy cumpliendo años inexorablemente, no recuerdo haberme ido a cenar con Germánico o con Druso, y menos con Tiberio. La verdad es que me pasa muchas veces: mucha gente, en textos o disertaciones, confunde al Apicius romano con este escribidor contemporáneo, que eligió el nombre "Caius" para su seudónimo porque empieza por la misma letra que su nombre real. No hubo, en esos tiempos, ningún Cayo Apicio, o a lo mejor sí, pero no pasó a la posteridad.Otra cosa es saber quién fue el verdadero autor de esa recopilación de recetas. No parece, hoy, demasiado probable que date del siglo I: hay referencias que suenan a épocas claramente posteriores. Tampoco el latín en el que ha llegado hacia nosotros es el que podría esperarse de un romano culto de esa época: es bastante peor. Entonces... podría no ser ni de Marco Gavio ni de Celio (dejémosle a Celsius los grados centígrados y no lo metamos en cocina).Por San Isidoro sabemos que no era extraño que se llamase "Apicius" a un buen cocinero, de modo que bien podría ser que, allá por el siglo III, alguien recopilase esas recetas y las firmase... con seudónimo: Apicius. A mí me parece lo más probable: alguien que, mucho antes que yo, y que tantos otros escritores gastronómicos en todo el mundo que han firmado así, eligió el nombre "Apicius" para firmar sus escritos, sus recetas.Pero quede claro que "Caius Apicius" no nació en el siglo I, sino en el XX, y que el bueno de Manolo Vázquez Montalbán fue un excelente novelista, pero no precisamente un gran experto en teoría e historia gastronómica. A cada cual, lo suyo... "y Dios en la de todos".

Joel Mowbray, Intimidaciones a los medios

martes 31 de julio de 2007
ORIENTE PRÓXIMO
Intimidación a los medios
Por Joel Mowbray
El secuestro del reportero de Fox News Steve Centanni y el cámara Olaf Wiig por parte de terroristas palestinos ha servido de contundente recordatorio a los medios occidentales de que emitir determinadas verdades desde territorio árabe puede tener consecuencias devastadoras.
Este es solamente el más reciente de una cadena de secuestros que por sí mismos no son más que una parte del arsenal de fuerte intimidación a la prensa presente en la región. Las amenazas ayudan a explicar el ridículo volumen de prensa negativa acerca de la Autoridad Palestina, Fatah, Hamas, Hezbolá y todos los demás. Pero no explica todo, ni siquiera la mayor parte, de la constante cobertura manipulada que sale a la luz.
Como sabe cualquier veterano de la cobertura mediática de Oriente Medio, muchos árabes independientes y freelancers –contratados por poco dinero por los canales occidentales, bajo la excusa de su superior conocimiento de los líderes y los sucesos locales– consideran que su deber es exaltar a sus conciudadanos árabes y musulmanes y demonizar a Israel.
Pero mientras que tanto el extendido uso de los habitantes locales árabes a la hora de cubrir Oriente Medio como el terrorífico nivel de amenazas y violencia real son profundamente problemáticos, más preocupante es que la maquinaria propagandística palestina haya disfrutado de un éxito tremendo a lo largo de los años timando a periodistas occidentales presuntamente sofisticados. Y a lo largo del mes pasado, Hezbolá ha hecho precisamente eso.
En pocas palabras, casi nada de lo que se supone que ocurre en el mundo árabe puede ser tomado textualmente de manera automática. Ni siquiera si es una fotografía.
Los problemas con los "chapuzas"
Cuando Reuters fue forzado a despedir al fotógrafo freelance Adnán Hajj y retirar más de 900 de sus fotografías de su base de datos a comienzos de este mes, las preguntas que hace tiempo que sonaban acerca de la fiabilidad de periodistas y freelancers árabes pasaron a primera línea.
En ningún sitio es el uso de "chapuzas" árabes (como se les conoce) más común que en los territorios palestinos. Y aún así, a pesar de la extensa confianza en habitantes locales que presumiblemente disfrutan de mayor familiaridad con el territorio y los personajes más importantes, la cobertura mediática negativa de la Autoridad Palestina o las diversas organizaciones terroristas islámicas que operan en los territorios hace mucho tiempo que es escasa.
El vacío en la cobertura no se debe a que tales evidencias no existan. A Palestinian Media Watch, una organización sin ánimo de lucro que opera con un presupuesto ajustado, le ha resultado bien fácil informar más sobre la incitación al odio y adoctrinamiento por parte de la Autoridad Palestina, por ejemplo, que todos los canales de noticias occidentales juntos.
El descubrimiento de que Hajj había manipulado digitalmente sus fotografías no sorprendió en absoluto al menos a uno de los periodistas árabes de renombre. "Tristemente, cosas como ésta suceden mucho, especialmente cuando los chapuzas locales están abiertamente afiliados y tienen una agenda clara", explica el reportero del Jerusalem Post Jaled Abú Toameh. Añade que algunos de los enviados árabes y freelancers contratados por los medios occidentales "se consideran soldados de a pie para la causa".
Violencia contra periodistas árabes
Toameh tiene cuidado en no pintar a todo el mundo del mismo color, y destaca que hay periodistas árabes que hacen todo lo que pueden por sacar noticias más objetivas. Pero informar de determinadas verdades en los territorios palestinos está bien establecido que puede acabar en intimidación y, en ocasiones, en violencia.
Mientras que la mayor parte de los periodistas occidentales secuestrados antes de Centanni y Wiig han sido liberados en cuestión de horas, las amenazas y la violencia real contra sus homólogos árabes ha sido mucho más brutal. Tras ser arrestados y detenidos durante seis días por no conceder a Yasser Arafat la cobertura deseada después de las elecciones de 1996, Maher al-Alami, editor del Al Quds, el mayor diario palestino, decía que "los medios palestinos siguen sus instrucciones [de Arafat] por miedo".
Cuando un cámara de Associated Press grabó a los palestinos celebrando en Nablús los ataques del 11 de Septiembre, "fue llevado a la fuerza a una oficina de seguridad de la Autoridad Palestina y advertido de que el material no debía permitirse", según el propio relato de la agencia. Las amenazas de los terroristas islámicos en nómina de Arafat llegaron a continuación. Un funcionario del gabinete de la Autoridad Palestina llegó a decir que su gobierno "no podía garantizar la integridad física" del cámara si se emitía la grabación. Y Associated Press nunca difundió oficialmente la grabación.
¿Por qué creyó la agencia tan a pies juntillas que las amenazas de los sicarios de Arafat no eran ningún farol? La lista habla por sí misma. Simplemente examinemos una franja de tiempo corta, un año desde el verano del 2003. En una circular de prensa de julio del 2004 el Comité para la Protección de los Periodistas condenaba la brutalidad del régimen de Arafat hacia los periodistas. Citando directamente de la circular de prensa, he aquí solamente algunos de los actos criminales enumerados:
Saifeddin Shahin, corresponsal en Gaza de Al-Arabiyya, dice que una persona que afirmó representar a las fuerzas de seguridad de la Autoridad Palestina amenazó con incendiar la oficina de la cadena si no tenían cuidado con lo que difundían, una referencia a la reciente cobertura de la situación política interna.
Un corresponsal de Al-Jazira dice que un anónimo que se identificó como representante del ala disidente de Fatah le dijo que la cadena "tenía la responsabilidad" de aquello de lo que informara.
En abril, el fotógrafo de France Presse Jamal Aruri fue brutalmente atacado por tres hombres que él cree que eran miembros de seguridad de la Autoridad Palestina o militantes próximos a ésta. El ataque llegó después de que se publicara una fotografía de tres hombres que Aruri había tomado en el 2003. Los hombres, en busca y captura en Israel, se habían introducido en el complejo de Yasser Arafat cuando Aruri tomó la fotografía.
En febrero, tres palestinos enmascarados portando rifles automáticos irrumpieron en las oficinas de la Televisión Educativa Al-Quds, radicada en Ramala, atacaron al personal y destruyeron el equipamiento por motivos que no están claros aún.
También en febrero, desconocidos destruyeron el equipamiento informático en la oficina del semanario de la ciudad de Gaza Al-Daar, que se alineó con el antes jefe de la seguridad en Gaza Mohammed Dahlán.
El año pasado, los corresponsales de Al-Arabiyya recibieron palizas y sus oficinas fueron saqueadas.
Preparando la "escena"
Para tener una idea del extremo al que han llegado los palestinos con el fin de granjearse simpatías hacia ellos y rabia contra el estado judío, considere la producción del 28 de abril del 2002. Durante una procesión funeraria se cayó la caja que transportaba a "la víctima". Ups. No hay problema, no obstante, puesto que "la víctima" dio un salto rápidamente y volvió a su lugar con rapidez.
El único motivo por el que el público supo del extraño funeral amañado es porque fue recogido en vídeo por un vehículo israelí no tripulado. Dado que casi todo lo que hace la maquinaria propagandística palestina se prepara para los medios, ¿cómo es que sólo se tuvo noticias una vez que el gobierno israelí difundió la grabación? Dice mucho de los palestinos, no obstante, que la mayor parte de las producciones para consumo occidental hayan salido típicamente mucho mejor.
Ejemplos de reporteros occidentales engañados o amenazados abundan por doquier. En abril del 2002, el ejército israelí registró el campamento de refugiados de Jenin, un escenario de cultivo del terrorismo y proveedor de asilo. Los palestinos acusaron inmediatamente al estado judío de cometer crímenes de guerra sistemáticamente, y el rumor pronto fue vendido por la prensa occidental como "masacre".
Que realmente no hubiera ocurrido ninguna masacre –ni siquiera Naciones Unidas, el mejor amigo de los palestinos, encontró prueba alguna que lo sugiriera– apenas recibió una fracción de la difusión previa, ampliamente ausente de crítica. Lo mismo sucedió con el incidente de este junio en el que los miembros de una familia fallecieron en una playa al norte de Gaza. Cubierto originalmente como un bombardeo israelí de inocentes palestinos, resultó que los israelíes no habían jugado ningún papel en la tragedia. El mea culpa mediático, no obstante, brilló por su ausencia.
En una fotografía ampliamente difundida tomada el mes pasado y distribuida por France Press, dos mujeres libanesas mayores ataviadas con el hijab lloran delante de ataúdes. En realidad, docenas de ataúdes. Los ataúdes estaban apoyados en una pared, y había números pintados con pintura en spray en la pared. De alguna manera, las mujeres se habían colado en el delgado resquicio entre los ataúdes y la pared, y las cifras aparecían convenientemente a su espalda, lo que garantizaba que aparecerían en cualquier foto.
Los problemas con la fotografía son obvios. ¿Por qué se iban a abrir camino las mujeres por el resquicio, cuando podían más fácilmente ponerse frente a los ataúdes y la pared? Pues es bastante sencillo: eso no habría permitido captar al mismo tiempo las caras de lamento de las mujeres y las cifras indicando el tamaño de la tragedia. Y los números dibujados en la pared con pintura en spray son del tipo utilizado en Occidente, no en el sur del Líbano, eliminando así cualquier duda acerca de la audiencia a la que la fotografía se dirigía.
Esta foto, no obstante, no fue tomada por un freelancer árabe o algún occidental sobornado. Fue tomada por el laureado fotógrafo Marco Di Lauro, que logró elogios por su trabajo con los marines en Irak. La interpretación benigna –y probablemente correcta– es que simplemente no receló lo suficiente.
Aún así, teniendo en cuenta que los criminales de Hezbolá, Hamas o el Fatah de Arafat controlan todo en las zonas "noticia" del mundo árabe, cualquier escena o suceso que se encuentran los medios occidentales tiene que ser abordado con un supremo escepticismo.
Pero no es que todo esto sea nuevo para los medios occidentales. Ellos lo saben. Simulan no saberlo. Esa es la verdadera aberración.Joel Mowbray es periodista, columnista de Townhall, y autor de "Diplomacia peligrosa". Fue el periodista que destapó el escándalo de la concesión tras el 11-S de visados a príncipes saudíes por parte del Departamento de Estado.

Rafael Rubio, El Sadhu de Burgos

martes 31 de julio de 2007
JULIÁN CAMPO
El Sadhu de Burgos
Por Rafael Rubio
Thornton Wilder se preguntaba en "El Puente de San Luis Rey", extraordinaria narración recientemente defenestrada por el cine, sobre los "caprichos" de la muerte. Su protagonista, el hermano Junipero, investigaba a fondo la vida de cinco personas que se habían el precipitado al abismo el viernes 20 de julio de 1714, a mediodía, tras el puente más bonito de todo el Perú.
Era "una mera escalerilla de delgadas tablas con pasamanos de sarmientos secos" en el camino real entre Lima y el Cuzco, que había sido tejido por los incas con mimbres más de un siglo antes y "parecía ser una de esas cosas que duran eternamente". Su objetivo era tratar de demostrar en el laboratorio de la vida la respuesta a la pregunta sobre si los porqués de la vida y la muerte responden con exactitud a los mecanismos escondidos de un plan divino o no somos más que monigotes en las manos de un destino que depende del yo y sus circunstancias a partes iguales.
Se trata de una de esas preguntas eternas que vuelve a ser actualidad tras un accidente ferroviario como el del pasado día 21 de agosto en Villada. Una vez más la historia no deja de imitar a las novelas y la vida de Julián, una de las víctimas, hubiera merecido un lugar destacado entre los personajes de la magnífica novela del escritor norteamericano.
Sólo vi a Julián una vez en mi vida, en la casa que las monjas de la Madre Teresa de Calcuta tienen en Madrid. No tuve la suerte de coincidir con él en Calcuta. Aunque tenía allí su casa aprovechaba los veranos, en los que las casas de las Misioneras de la Caridad se llenan de voluntarios, para tomar un respiro en su España natal. Pronto descubrí que él nunca dejaba de estar allí, su presencia era una referencia continua en la labor de los voluntarios.
Como esas personas que se mimetizan con su alrededor Julián se parecía cada vez más a esos sabios indios que contemplan la vida pasar en las aceras de cualquier ciudad india, y que van acumulando sabiduría, bibliotecas andantes del conocimiento ancestral. Era un asceta de tupida barba, era un sadhu, que como los sadhus verdaderos parecía haber renunciado al mundo exterior para vivir sólo del alma. Y por eso, por paradójico que pueda resultar, desde que pisó Calcuta por primera vez, tras el habitual shock inicial, se había puesto manos a la obra. Nunca se pudo marchar, y sin dejarse llevar por el lamento inútil o el fatalismo paralizante que produce la inmensidad de penas, dolores y necesidades que forman la vida diaria de la ciudad, pronto empezó a poner en práctica los consejos de la Madre Teresa de Calcuta, para la que sólo con gotas de agua se puede llenar el océano.
Nunca fue solidario de pegatina, pancarta y discurso oficial. Sin querer ser protagonista de nada asumió desde el principio que lo que veía y vivía a diario era también su problema. Como su maestra, la Beata Teresa de Calcuta, medía la eficacia de la labores asistenciales por la cantidad amor que cada uno pone en su labor, la fórmula secreta de la labor de las Misioneras de la Caridad, que hace que todos los que reciben su ayuda se sientan únicos e irrepetibles, personas en un mundo que se empeña en tratarles como animales, o como números, que aunque no es lo mismo es casi igual.
Julián se enfrentaba cara a cara con la muerte a diario, en su labor en la estación de Howrah, ese cementerio de elefantes al que llegan a morir las gentes del campo y en Kalighat, el centro de enfermos terminales e indigentes, el primero de los más de 700 que la Madre Teresa fundó por todo el mundo y por el que sentía especial predilección. Allí intentaba curar a los enfermos, los ayudaba a bienmorir y embalsamaba sus cadáveres para devolverles la dignidad. Ya le había visto varias veces las orejas al lobo. No podía ser de otra manera después de 10 años viviendo entre el sida, la malaria, el tuberculosis y el tifus... pero la muerte le llegó en su país, España, donde cualquiera le diría que podía estar seguro y sin peligros. No seré yo el que, emulando al hermano Junipero, trate de preguntarme el porqué, aunque no pueda evitar analizar la secuencia del descarrilamiento segundo a segundo, como buscando un fallo que permita volver hacia atrás, rebajar la velocidad. Sólo se me ocurre pensar que Julián le habría dicho al conductor que no había prisa.
La noticia ha caído como una bomba en la comunidad de colaboradores que, como todos los veranos, están repartidos por casas de las Misioneras de la Caridad en todo el mundo. La gran mayoría de ellos están en Calcuta, donde este año hay más voluntarios que nunca. Siempre he pensado que si allí no fueran tan apremiantes las necesidades, se habría levantado hace muchos años un monumento a los voluntarios. Hoy estoy seguro que ese monumento llevaría su rostro. El rostro de una de esas personas, santas las llama la Iglesia Católica, a las que el mundo debería estar eternamente agradecido por su vida.
Rafael Rubiowww.colaboradores.org

Alicia Delibes, Astronomas y matematicos trabajan en agosto

martes 31 de julio de 2007
PLUTÓN, CERES Y GAUSS
Astrónomos y matemáticos trabajan en agosto
Por Alicia Delibes
Este verano los matemáticos y los astrónomos han atraído el interés de los medios de comunicación. Y es que en la última semana del mes de agosto se han celebrado dos importantes congresos internacionales: el de Matemáticas, organizado por la Unión Matemática Internacional (IMU), en Madrid, y el de Astronomía de la Unión Astronómica Internacional (UAI), en Praga.
En Madrid se han entregados los premios a los mejores trabajos matemáticos realizados en estos últimos años: las cuatro medallas Fields a los rusos Grigori Perelman y Andrei Okounkov, al australiano Terence Tao y al alemán Wendelin Werner; el premio Nevanlinna a Jon Kleinberg y el nuevo premio Gauss al nonagenario japonés Kiyoshi Ito. A pesar del interés cada vez mayor de los matemáticos profesionales por implicar a la sociedad en los avances de su disciplina, la noticia que realmente ha llamado la atención de la prensa ha sido el desplante que el ruso Perelman a hecho a la Unión Matemática Internacional negándose a viajar a Madrid para recoger su premio.
Mientras tanto, en Praga, 2.500 astrónomos de distintos lugares del mundo han discutido sobre el sistema solar. Hasta el 24 de agosto nueve planetas, Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, daban vueltas alrededor del Sol siguiendo órbitas elípticas. De estos nueve el más pequeño, Plutón, fue descubierto en 1930 por astrónomos norteamericanos. Al principio poco se conocía acerca de él pero desde hace ya bastantes años se sabe que tanto en su tamaño como en su órbita difiere de los demás planetas, lo que le hacía candidato a perder la categoría de planeta.
En los primeros días del Congreso de Praga supimos que nuestro sistema solar estaba a punto de incorporar tres nuevos planetas: Caronte, satélite de Plutón, el 2003UB313, que se llamaría Xena, y el viejo Ceres, el mayor de los asteroides conocidos situado entre las órbitas de Marte y Júpiter.
Al parecer, estos tres objetos celestes tenían tanto derecho como Plutón a ser llamados planetas así que la cuestión estaba en que, o bien se aceptaba la ampliación del número de planetas del sistema solar, o Plutón tenía que ser excluido. El asunto, según explicaba el pasado 25 de agosto en el diario El Mundo Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional y representante español en la UAI, ha tenido ciertas connotaciones políticas ya que el cuestionado Plutón era el único planeta descubierto por un astrónomo estadounidense. Después de graves y duras discusiones, el día 24 se pasó a la votación final. El resultado ya lo conocemos: no serán nueve los planetas, tampoco doce, serán solamente ocho, Plutón es, desde ahora, junto con Ceres y el 2003UB313 un "planeta enano" que no se puede considerar planeta y Caronte seguirá siendo sólo un satélite de Plutón.
En ambos Congresos Internacionales celebrados este verano, el de Astronomía y el de Matemáticas, se ha producido una curiosa coincidencia. Al tiempo que en Praga los astrónomos discutían sobre la posibilidad de dar a Ceres categoría de planeta, en Madrid, la IMU entregaba por primera vez el premio Gauss al mejor trabajo matemático con aplicación práctica. Este premio ha consistido en una medalla de oro con la imagen de Gauss y una curva que representa la órbita del planetoide Ceres. Este recuerdo a Ceres se debía al hecho de que gracias a los cálculos matemáticos de Gauss se pudo encontrar la órbita de este asteroide que, una vez descubierto, había desaparecido.
El 1 de enero de 1801 un astrónomo italiano llamado Giuseppe Piazzi observó con su telescopio del Observatorio Astronómico de Palermo la existencia de un nuevo cuerpo celeste y pensó que podría ser un nuevo planeta. Cuarenta y dos días después, precisamente el 11 de febrero, el objeto desapareció. El descubrimiento de Piazzi fue seguido con gran interés por todos los astrónomos de Europa, que se pusieron a trabajar con la intención de localizar la órbita de Ceres para encontrarlo de nuevo. Mientras tanto Piazzi ya había bautizado a su planetoide, se llamaría Ceres Ferdinandea en honor al rey de Nápoles Fernando IV. Pero las observaciones de Piazzi no se mantuvieron el tiempo suficiente como para ver reaparecer a Ceres que había sido ocultado por la sombra del sol.
En el verano de 1801 Gauss, que tenía entonces 24 años, vivía en Brunswick y estaba estudiando los movimientos de la Luna, se enteró de la desaparición de Ceres y se interesó por el asunto. Apoyándose en las observaciones y en los datos obtenidos por Piazzi, decidió utilizar un procedimiento matemático totalmente nuevo para calcular la trayectoria de la órbita del desaparecido "planeta". Envió sus cálculos a Zach, uno de los mejores astrónomos alemanes de la época, quien el 7 de diciembre pudo comprobar que el trabajo de Gauss permitía redescubrir el asteroide perdido e inmediatamente publicó el método aplicado por el matemático con la siguiente nota: "Sin los agudos esfuerzos y cálculos del doctor Gauss quizá no hubiéramos vuelto a encontrar jamás a Ceres, la parte más bella del mérito le corresponde, por tanto, a él".
El redescubrimiento de Ceres supuso para Gauss su consagración como científico y matemático. El 31 de enero de 1802 fue elegido miembro de la Academia Imperial de San Petesburgo. Gauss se casó el 9 de octubre de 1805, diez meses después nació su primer hijo y Gauss, en recuerdo del descubridor de Ceres, Giusseppe Piazzi, le bautizó con el nombre de Joseph.
Como en el caso del planeta Ceres, detrás de todos los descubrimientos científicos que suelen acaparar la atención del gran público está el trabajo sistemático, duro y casi siempre anónimo de un matemático. Eso es lo que ha movido a la Unión Matemática Internacional a crear este nuevo Premio Gauss Los matemáticos quieren que la sociedad reconozca la importancia de su disciplina y que la gente se dé cuenta de que las matemáticas son la clave del conocimiento del mundo en el que vivimos y constituyen la base del progreso científico y del desarrollo tecnológico.Es posible que la decisión final de la Unión Astronómica Internacional haya decepcionado a los astrónomos estadounidenses, que han visto cómo el único planeta descubierto por su país, de la noche a la mañana, ha sido rebajado de categoría, pero es posible también que muchos matemáticos se hayan sentido decepcionados porque aspiraban a que el asteroide localizado por Gauss se convirtiera en el décimo planeta del sistema solar.

Carlos Semprun Maura, En este pais la maravilla se llama Alicia

martes 31 de julio de 2007
CRÓNICAS COSMOPOLITAS
En este país la maravilla se llama Alicia
Por Carlos Semprún Maura
El libro de Alicia Delibes Liniers, La gran estafa. El secuestro del sentido común en la educación, es un libro importante, y digo importante, habida cuenta de la importancia que tiene la educación en cualquier país que se pretenda civilizado. Creo que puede decirse que es lo más importante y lo más destrozado por políticas e ideologías que, con caretas de izquierda y progres, son profundamente oscurantistas.
De entrada debo reconocer que, desde un punto de vista académico, soy el menos dotado para hablar de cuestiones tan esenciales porque no tengo la menor experiencia sobre ellas. No he vivido las diferentes reformas, las sucesivas LOGSE y LOE, por la sencilla razón de que jamás he estudiado en colegios o liceos, jamás he pisado una Universidad salvo para conferencias públicas y ni siquiera tengo el bachillerato. Y en Matemáticas, disciplina en la que Alicia es profesora, mi ignorancia es abismal. Por lo tanto, dejando los aspectos digamos técnicos a personas más capacitadas, y esperando que este libro tenga el debate que se merece, me limitaré a su filosofía. Porque tampoco es necesario tener un doctorado de Filosofía para entender y comentar Pourquoi les philosophes?, de Jean-François Revel, por ejemplo, uno de los autores que certeramente cita Alicia Delibes, que abre su libro con esta cita suya: "La decadencia que viene sufriendo la enseñanza desde hace treinta años es consecuencia de una opción deliberada, según la cual la escuela no debe tener por función transmitir conocimientos." (J.F.Revel. El conocimiento inútil)
Esto es tan verdad en Francia como en España y en otros países donde la ideología socialista domina y anula el conocimiento en la enseñanza, y anula hasta el sentido común, como queda demostrado en este libro.
Un libro es ante todo un estilo y el de Alicia es ejemplar: claro, sencillo, clásico, como una fuente de aldea castellana. Y para gentes como yo, la sinceridad y desparpajo con los que relata sus años de estudiante y profesora de Instituto progresista y cómo y porqué ha evolucionado hasta un pensamiento liberal de verdad, y no como el de tantos, constituye una lección magistral.
Leyendo su libro, un asno como yo (es mentira que los asnos sean idiotas, son testarudos, que no es lo mismo) se entera de cantidad de cosas sobre teorías de la educación. Aprecié particularmente su crítica de Jean-Jacques Rousseau, que siempre me ha resultado un personaje antipático debido a su hipocresía, un Tartuffe de Moliere. Escribe Alicia: "¿No resulta un tanto extraño que haya quedado como sinónimo de educación liberal aquella que se inspira en una ciencia que enseña al educador a apoderarse, tan sutil como absolutamente, de la voluntad y de los sentimientos del niño?" (pág. 31). Sabido es, bueno, sabido es por algunos que Rousseau era una de las bêtes noires de Isaiah Berlín, quien le calificó –como recuerda Delibes– de "uno de los más siniestros y más formidables enemigos de la libertad en toda la historia del pensamiento moderno". (La traición de la libertad)
Los aficionados al circo saben que hay dos métodos de amaestrar a los animales para que se sometan y ejecuten lo que de ellos exigen sus domadores: el método cruel y el método suave. El resultado es el mismo: los bichos hacen el payaso ante un público no siempre infantil. Hoy, en la educación no se amaestran leones, se fabrican electores de izquierda, ese es su sens, como se dice en Suecia... La instrucción pública, como se calificaba en sus comienzos, tenía como objetivo ampliar al máximo los conocimientos de los alumnos y estudiantes para que pudieran "abrirse paso" y ser útiles al conjunto de la nación. Ese sentido común del cuanto más se sabe, mejor, ha sido sustituido por un aquelarre educativo. El esfuerzo, el mérito personal, la disciplina en los estudios, los exámenes, las notas, la selección o el espíritu de competitividad, siendo considerados de derechas, se ven "deportados" y sustituidos por el principio de igualdad, que puede resumirse así: "cuanto menos saben, más iguales son".
Ante el desastre, se vuelven a discutir, casi públicamente, los principios de autoridad y disciplina. A mi modo de ver, los centros de enseñanza nada tienen que ver con un cuartel. La única autoridad que tiene un profesor reside precisamente en sus conocimientos y su saber tiene que saber transmitirlo. Pero hemos llegado a una situación en la que los profesores no saben nada, o sólo bazofias, cuyo objetivo no es formar individuos libres, responsables y cultos, sino a futuros electores de izquierda. En estas condiciones, ¿cómo exigir de los alumnos que sean estudiosos, disciplinados, y ansiosos de aprender? ¿Aprender esas chorradas? Está visto que todo el sistema educativo necesita una revolución, y esa revolución tiene que empezar por los profesores.
Cabe preguntarse, y esto también está en el libro de Alicia, si el Estado actual es capaz de hacer la menor reforma del sistema educativo. Cabe preguntarse si para existir la educación no debería liberarse del yugo estatal. En Francia, de la que algo conozco, se salvan las élites. En nombre de la progresía y de la "igualdad", lo único que funciona son las Grandes Ecoles y la enseñanza privada. Y lo que se enseña en la pública es la justificación del terrorismo como "único arma de los pobres" y que el ejército israelí se dedica exclusivamente a asesinar niños. El antisemitismo ha llegado a tal punto que, cuando un profesor cita el Holocausto o incluso a Condorcet (que en la Asamblea Nacional revolucionaria logró que los judíos pudieran obtener la nacionalidad francesa), los alumnos les abuchean y los profesores se rajan.
Alicia Delibes también escribe sobre Condorcet, oponiéndole a Rousseau y explicando sus teorías educativas, que tuvieron influencia hasta en nuestras Cortes de Cádiz. El marqués de Condorcet, hombre ilustrado, como se decía en el siglo XVIII, fue un gran reformista que se adhirió a la revolución burguesa de 1779 pero no al Terror. Evidentemente, fue encarcelado y asesinado por los terroristas revolucionarios secuaces de Robespierre y Saint Just, y hoy se ve abucheado e insultado en las aulas progres y antisemitas de la douce France. Desarrolle usted ese pensamiento...
Un inciso personal: en mi primer viaje clandestino a Madrid en 1954 para proseguir la magnífica obra revolucionaria de Robespierre y Saint Just, continuada y muy mejorada por Lenin y Stalin, me alojé en el Hotel de Inglaterra, calle Echegaray, siguiendo los consejos de un taxista. Desconocía totalmente quien era ese señor, pero enseguida me enteré de que fue Premio Nobel, leí su teatro que me pareció pésimo, y después descubrí con Alicia Delibes (ya había leído algún artículo suyo sobre Echegaray) que fue ingeniero de caminos, matemático, economista, pensador liberal y reformista y que, a fin de cuentas, su calle, su Nobel y su teatro son lo de menos en tan interesante personaje. Y todo es así, todo es interesante en este libro profundamente pedagógico, en el sentido de ser siempre ameno e inteligente. Como se dijo que eran los maestros en el planeta Marte pero, desde luego, no en España hoy.Soy muy consciente de haberme dejado muchas cosas en el tintero y, además, ¿qué podría decir yo sobre la "caída en desgracia de Euclides", por ejemplo? Pero también me dejo cosas más asequibles para mí, como sus comentarios a la Institución Libre de Enseñanza, sobre la que José María Marco ha escrito un libro imprescindible, como lo define Alicia: "Francisco Giner de los Ríos. Pedagogía y Poder". Y muchas más. Sólo espero haber podido contribuir al deseo de lectura de este libro importante. Por cierto, si alguien les pregunta qué es el pensamiento liberal hoy, la respuesta se ha hecho fácil: lean el libro de Alicia Delibes Liniers.Alicia Delibes Liniers: La gran estafa. El secuestro del sentido común en la educación. Unisón Ediciones, 2006; 174 páginas.