martes 2 de mayo de 2006
Carta de París
Jean-François Revel
Carlos Semprún Maura
Su firme anticomunismo y su afirmada libertad de criterio sólo podía enfrentarle con el conformismo pazguato, el tercermundismo masoquista y el oportunismo de esa izquierda pseudonueva.
Jean-François Revel murió este sábado como si no quisiera asistir a otro Primero de Mayo "unitario" y "funcionario". Tenía 82 años, un chaval, aunque Balzac en sus novelas describía a vieillards de 50 años. Yo sabía que estaba enfermo y notaba que había reducido muchísimo su portentosa actividad. En realidad, personalmente le conocí poco; aproveché dos entrevistas que le hice para hablar largo y tendido con él y para de contar, o casi. En cambio, conozco y frecuento sus libros desde hace decenios y puede decirse que soy más amigo de sus libros que fui de su autor, y eso desde ¿Por qué los filósofos? hasta La obsesión antiamericana, sin olvidar los jalones de su pensamiento liberal, y por lo tanto anticomunista, como Ni Marx ni Jesús, La tentación totalitaria, La nueva censura, La gran mascarada, etc. Porque una de las cosas que distingue a Revel de tantos pensadores críticos es que no se autocensuraba, no se iba con remilgos, no ponía el delantal del "estalinismo" para esconder las partes pudientes del comunismo y dejar en un posible incierto la interrogación sobre el "socialismo de rostro humano", esa pesadilla.
En perfecta armonía con lo antedicho, fue uno de los poquísimos intelectuales galos que defendió clara y tajantemente el capitalismo, después de Raymond Aron, por supuesto, pero me atrevería a decir que más y mejor, al menos en relación al papel del Estado en la sociedad y, por lo tanto, en la economía.
Evidentemente, como todo ser humano y además bon vivant, Revel evolucionó. Si no fue nunca comunista (bueno, en sus memorias cuenta cómo lo fue tres días: de joven se dejó convencer y aceptó el carné del PCF, pero lo rompió en mil pedazos enseguida, tras haber leído un texto "teórico" pecero sobre cultura), tuvo ciertas afinidades con eso que se calificó "nueva izquierda", fracaso rotundo de un intento de "renovar la izquierda", algo semejante al semiéxito del "New Labour" británico varios años después. Pero incluso en esa época, su firme anticomunismo y su afirmada libertad de criterio sólo podía enfrentarle con el conformismo pazguato, el tercermundismo masoquista y el oportunismo de esa izquierda pseudonueva que, cantando la Marsellesa y las banderas en alto, se rindió toda y de rodillas ante Mitterand.
Creo que la última vez que lo vi por televisión —de todas formas se le invitaba poco— declaró que prefería definirse liberal a definirse de derechas. Yo le entiendo perfectamente, pero mucho más en Francia donde importantes sectores de la derecha —no sólo la gaullista— prefirió la URSS a los USA, y luego Sadam Hussein a Bush. Esa traición de la derecha gala a la solidaridad democrática internacional no fue el único tema de enfrentamiento. También lo fue el papel del estado en la economía, en la sociedad, la cultura, etc. Y Revel no cesó de criticar, polemizar, despotricar, contra esa derecha que compartía con la izquierda su fanatismo estatal jacobino y, sobre todo, burocrático.
Si Revel tuvo una influencia indudable y sus libros se vendían muy bien fue una influencia difusa y contradictoria —pero influencia que su muerte no interrumpe— que no se plasmó en una "corriente", en una "escuela" y, aún menos, en un partido. Sí tuvo durante una temporada modestas esperanzas en cuanto a "Democracia Liberal", ese partido liderado por un don nadie como Alain Madelin, que no pasó nunca de ser un espantapájaros. En Francia, como en España, las ideas liberales, que pueden calificarse de derecha pero en absoluto de cualquier derecha, siguen siendo ultraminoritarias. Y así van las cosas, así nos hundimos lentamente bailando sardanas.
Pero ya habrá más ocasiones de comentar la obra prestigiosa de Jean François Revel. Terminaré con lo que para mí es, sin lugar a dudas, lo esencial: fue un gran escritor y un espíritu tan libre como rebelde, a contracorriente de todo y de todos y, asimismo, firme en sus convicciones.
No descanses en paz, Jean-François Revel, sigue suscitando polémicas y debates, defendiendo la libertad, siempre y en todas partes. También depende de nosotros que así sea.
Gentileza de LD
lunes, mayo 01, 2006
La paz como violencia
martes 2 de mayo de 2006
Tregua de la ETA
La paz como violencia
GEES
Cuando el PSOE y los medios afines afirman que Batasuna está saltando al campo de la paz, están diciendo que quienes se oponen a Otegi y ETA se colocan fuera de ella. Así, los enemigos de la paz no son los violentos, sino quienes se oponen a ellos.
El proceso de paz sigue cobrándose víctimas; eso sí, las de siempre. Una semana después del atentado que llevó al hospital a un niño de diez meses, el Gobierno olvida los hechos materiales; los autores del atentado entraron en el comercio rompiendo los cristales, rociaron los muebles y las mercancías con gasolina, depositaron una garrafa de líquido acelerante y le pegaron fuego. Después se marcharon. Acción preparada, premeditada y medida en sus consecuencias, tanto materiales como políticas; desde entonces, la pregunta en toda España es si Navarra deberá ser sacrificada en nombre de la paz.
El Gobierno ha restado importancia a los hechos, y ha sembrado dudas sobre su autoría. Empeñado en copiar el modelo irlandés, ha olvidado como funcionan las cosas en el País Vasco; desde hace más de treinta años nada se mueve en el mundo abertzale si no es con el visto bueno de ETA. Sus informadores y captadores se mueven por todas las esquinas de todas las herriko tabernas, y Zutabe marca la línea a seguir de todos ellos. Las bases y los militantes etarras muestran una obediencia ciega; nada que pueda incomodar a "la empresa" pasa por sus cabezas.
Ante las excusas y balbuceos del ministro del Interior, el presidente de Navarra ha recordado que hace unos años esto hubiese sido considerado un atentado en toda regla. Pero sus palabras han sido recibidas por el PSOE con una agresividad y dureza que contrasta con los elogios que dedica al entramado etarra. Le acusan de entorpecer la "paz". Éste es el nuevo delito que el Gobierno de Zapatero denuncia en quienes sufren las iras abertzales y se atreven a denunciarlo.
Hoy se chantajea a los empresarios, los concejales constitucionalistas denuncian que han vuelto las amenazas, los insultos y las pintadas. Atentan contra sus negocios ¿Qué ha cambiado? Esta vez el Gobierno de la nación no ha salido defendiendo a los empresarios y concejales, sino que se está dedicando a excusar a los autores de los delitos. Afirma que no es para tanto cuando el humo aún ennegrece los edificios de Barañain. Balbucea excusas cuando el empresario se despierta de noche pensando en si debe o no pagar al extorsionador. Guarda su seguridad para cuando habla de "paz"
En nombre de la paz, el Gobierno está tejiendo una peligrosa pinza alrededor de todos aquellos que desconfían del terrorismo de ETA. Si ETA ha apostado por la paz, todos los que se le oponen se oponen a la paz. Así, la galaxia mediática progresista ordena cada mañana callar y tragar a todos aquellos que hoy sufren la violencia etarra; concejales y empresarios deben sacrificar sus propiedades y recibir amenazas y chantajes sin protestar para no perturbar el "ansia infinita" de paz de Zapatero
Nos encontramos ante una lógica perversa; quien denuncia que ETA sigue actuando a sangre y fuego se convierte automáticamente en enemigo de la paz. Cuando el PSOE y los medios afines afirman que Batasuna está saltando al campo de la paz, están diciendo que quienes se oponen a Otegi y ETA se colocan fuera de ella. Así, los enemigos de la paz no son los violentos, sino quienes se oponen a ellos. Quedan por ver las consecuencias de todo ello.GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
Gentileza de LD
Tregua de la ETA
La paz como violencia
GEES
Cuando el PSOE y los medios afines afirman que Batasuna está saltando al campo de la paz, están diciendo que quienes se oponen a Otegi y ETA se colocan fuera de ella. Así, los enemigos de la paz no son los violentos, sino quienes se oponen a ellos.
El proceso de paz sigue cobrándose víctimas; eso sí, las de siempre. Una semana después del atentado que llevó al hospital a un niño de diez meses, el Gobierno olvida los hechos materiales; los autores del atentado entraron en el comercio rompiendo los cristales, rociaron los muebles y las mercancías con gasolina, depositaron una garrafa de líquido acelerante y le pegaron fuego. Después se marcharon. Acción preparada, premeditada y medida en sus consecuencias, tanto materiales como políticas; desde entonces, la pregunta en toda España es si Navarra deberá ser sacrificada en nombre de la paz.
El Gobierno ha restado importancia a los hechos, y ha sembrado dudas sobre su autoría. Empeñado en copiar el modelo irlandés, ha olvidado como funcionan las cosas en el País Vasco; desde hace más de treinta años nada se mueve en el mundo abertzale si no es con el visto bueno de ETA. Sus informadores y captadores se mueven por todas las esquinas de todas las herriko tabernas, y Zutabe marca la línea a seguir de todos ellos. Las bases y los militantes etarras muestran una obediencia ciega; nada que pueda incomodar a "la empresa" pasa por sus cabezas.
Ante las excusas y balbuceos del ministro del Interior, el presidente de Navarra ha recordado que hace unos años esto hubiese sido considerado un atentado en toda regla. Pero sus palabras han sido recibidas por el PSOE con una agresividad y dureza que contrasta con los elogios que dedica al entramado etarra. Le acusan de entorpecer la "paz". Éste es el nuevo delito que el Gobierno de Zapatero denuncia en quienes sufren las iras abertzales y se atreven a denunciarlo.
Hoy se chantajea a los empresarios, los concejales constitucionalistas denuncian que han vuelto las amenazas, los insultos y las pintadas. Atentan contra sus negocios ¿Qué ha cambiado? Esta vez el Gobierno de la nación no ha salido defendiendo a los empresarios y concejales, sino que se está dedicando a excusar a los autores de los delitos. Afirma que no es para tanto cuando el humo aún ennegrece los edificios de Barañain. Balbucea excusas cuando el empresario se despierta de noche pensando en si debe o no pagar al extorsionador. Guarda su seguridad para cuando habla de "paz"
En nombre de la paz, el Gobierno está tejiendo una peligrosa pinza alrededor de todos aquellos que desconfían del terrorismo de ETA. Si ETA ha apostado por la paz, todos los que se le oponen se oponen a la paz. Así, la galaxia mediática progresista ordena cada mañana callar y tragar a todos aquellos que hoy sufren la violencia etarra; concejales y empresarios deben sacrificar sus propiedades y recibir amenazas y chantajes sin protestar para no perturbar el "ansia infinita" de paz de Zapatero
Nos encontramos ante una lógica perversa; quien denuncia que ETA sigue actuando a sangre y fuego se convierte automáticamente en enemigo de la paz. Cuando el PSOE y los medios afines afirman que Batasuna está saltando al campo de la paz, están diciendo que quienes se oponen a Otegi y ETA se colocan fuera de ella. Así, los enemigos de la paz no son los violentos, sino quienes se oponen a ellos. Quedan por ver las consecuencias de todo ello.GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.
Gentileza de LD
El activista liberal
martes 2 de mayo de 2006
Jean-François Revel
El activista liberal
José María Marco
Revel no se cansó nunca de denunciar la perversión totalitaria ni de insistir en que el totalitarismo pone siempre en juego los mismos mecanismos de mentira y falsificación, tanto en el fascismo como en el comunismo.
Jean-François Revel fue heredero de la gran tradición liberal francesa, la que se remonta a Montaigne pasando por Montesquieu, Constant, Tocqueville, Jouvenel y Aron, entre otros muchos. Pero también heredó otra tradición, la del panfletario, el crítico movido a la política inmediata, el activista de las ideas.
Él mismo reivindicaba las Provinciales de Pascal como uno de los grandes panfletos de la literatura francesa, y en la patria de Voltaire, Revel renovó la actitud de los philosophes en el sentido francés de la palabra. No era hombre para analizar la realidad desde su torre de marfil, lo que le distinguió de Raymond Aron, maestro y compañero en tantas cosas.
Al contrario, Revel saltaba sobre las ideas que le parecían erróneas con la fruición de un gastrónomo ante la promesa de un gran plato, como escribió un amigo suyo, Plinio Apuleyo Mendoza en las páginas de La Ilustración Liberal.
No es de extrañar que le interesara tanto Estados Unidos. Allí la tradición panfletaria está en el origen mismo de la nación y alcanzó su punto más alto con el debate sobre la Constitución y la organización del Gobierno. El intelectual no es, del otro lado del Atlántico, una suerte de vaca sagrada que se ha apropiado del derecho a experimentar con la realidad y al que la sociedad tiene que escuchar como si fuera un oráculo. El intelectual, cuando interviene en la vida pública, es un hombre común y corriente, con unos conocimientos especializados eso sí, al que se le exigirán cuentas por sus posiciones. En más de un sentido, el intelectual es, además de un experto, un hombre de acción, y a Jean-François Revel, justamente, le aburría lo que no tuviera un efecto rápido sobre la realidad.
Como era un hombre extraordinariamente culto y de curiosidad inagotable, podía escribir con soltura e inteligencia sobre Proust, el arte, la religión e incluso la gastronomía. Su formación de filósofo le permitía, por otra parte, escribir con conocimiento de causa acerca de la historia de las ideas.
Pero él mismo, en su primer libro, declaró que el tiempo de la filosofía había pasado y que la reflexión debía hacerse ahora sobre la realidad. A eso se dedicó desde entonces, a mediados de los años cincuenta. Y toda su obra de periodista, editorialista, pensador y polemista se levanta sobre una obsesión: contribuir a que sus contemporáneos se emanciparan del moho ideológico que cubre la realidad, la realidad tal como es.
Ese es siempre el primer paso para ser libre: conocer la realidad de las cosas. Revel no se cansó nunca de denunciar la perversión totalitaria ni de insistir en que el totalitarismo pone siempre en juego los mismos mecanismos de mentira y falsificación, tanto en el fascismo como en el comunismo.
También comprendió pronto que el simple conocimiento no basta para que los hombres deseen la libertad. Eso le llevó a un análisis de la ceguera voluntaria –en El conocimiento inútil– que hoy, cuando nos enfrentamos otra vez al totalitarismo, esta vez en forma de nacionalismo e islamismo, resulta extremadamente útil para comprender por qué las sociedades europeas han vuelto a caer otra vez en los mismos errores.
Ni el desastre del socialismo, ni antes la barbarie nazi han logrado que aprendamos la lección. Bien es verdad que Revel, movido de una confianza y una energía inagotables, se negó a rendirse. Se solía mostrar algo escéptico, un poco al estilo de Montaigne, pero era más un gesto de cortesía que otra cosa. Con una prosa clara y asequible, en un francés clásico y articulado, emplazó a sus lectores europeos a mirar de frente a sus fantasmas –la tiranía totalitaria, en La gran mascarada–, y a los pretextos construidos para evitar enfrentarse a ella, como el antiamericanismo.
El paso de los años no difuminó ni su firmeza ni su convicción. Al contrario, el análisis se fue volviendo más fino y más contundente aún, si cabe. Por eso Revel parecía siempre joven, con ganas de pelear y divertirse. Lo demostró la última vez que estuvo en Madrid, en 2004.
Revel deja en España, que conocía bien y a la que quería, un nutrido grupo de admiradores y amigos. En la Francia de hoy en día, ensimismada en su propia decadencia, la relevancia política de Revel era forzosamente nula. No así su ejemplo. Además de dejar una gran obra, también contribuyó a la aparición de una generación de ensayistas y escritores –Alain Finkielkraut, André Glucksmann y Pascal Bruckner, entre otros– gracias a los cuales en Francia no se ha perdido ni la tradición del liberalismo ni el gusto por el activismo intelectual en la vida pública.
Su legado, desde este punto de vista, es monumental.
Gentileza de LD
Jean-François Revel
El activista liberal
José María Marco
Revel no se cansó nunca de denunciar la perversión totalitaria ni de insistir en que el totalitarismo pone siempre en juego los mismos mecanismos de mentira y falsificación, tanto en el fascismo como en el comunismo.
Jean-François Revel fue heredero de la gran tradición liberal francesa, la que se remonta a Montaigne pasando por Montesquieu, Constant, Tocqueville, Jouvenel y Aron, entre otros muchos. Pero también heredó otra tradición, la del panfletario, el crítico movido a la política inmediata, el activista de las ideas.
Él mismo reivindicaba las Provinciales de Pascal como uno de los grandes panfletos de la literatura francesa, y en la patria de Voltaire, Revel renovó la actitud de los philosophes en el sentido francés de la palabra. No era hombre para analizar la realidad desde su torre de marfil, lo que le distinguió de Raymond Aron, maestro y compañero en tantas cosas.
Al contrario, Revel saltaba sobre las ideas que le parecían erróneas con la fruición de un gastrónomo ante la promesa de un gran plato, como escribió un amigo suyo, Plinio Apuleyo Mendoza en las páginas de La Ilustración Liberal.
No es de extrañar que le interesara tanto Estados Unidos. Allí la tradición panfletaria está en el origen mismo de la nación y alcanzó su punto más alto con el debate sobre la Constitución y la organización del Gobierno. El intelectual no es, del otro lado del Atlántico, una suerte de vaca sagrada que se ha apropiado del derecho a experimentar con la realidad y al que la sociedad tiene que escuchar como si fuera un oráculo. El intelectual, cuando interviene en la vida pública, es un hombre común y corriente, con unos conocimientos especializados eso sí, al que se le exigirán cuentas por sus posiciones. En más de un sentido, el intelectual es, además de un experto, un hombre de acción, y a Jean-François Revel, justamente, le aburría lo que no tuviera un efecto rápido sobre la realidad.
Como era un hombre extraordinariamente culto y de curiosidad inagotable, podía escribir con soltura e inteligencia sobre Proust, el arte, la religión e incluso la gastronomía. Su formación de filósofo le permitía, por otra parte, escribir con conocimiento de causa acerca de la historia de las ideas.
Pero él mismo, en su primer libro, declaró que el tiempo de la filosofía había pasado y que la reflexión debía hacerse ahora sobre la realidad. A eso se dedicó desde entonces, a mediados de los años cincuenta. Y toda su obra de periodista, editorialista, pensador y polemista se levanta sobre una obsesión: contribuir a que sus contemporáneos se emanciparan del moho ideológico que cubre la realidad, la realidad tal como es.
Ese es siempre el primer paso para ser libre: conocer la realidad de las cosas. Revel no se cansó nunca de denunciar la perversión totalitaria ni de insistir en que el totalitarismo pone siempre en juego los mismos mecanismos de mentira y falsificación, tanto en el fascismo como en el comunismo.
También comprendió pronto que el simple conocimiento no basta para que los hombres deseen la libertad. Eso le llevó a un análisis de la ceguera voluntaria –en El conocimiento inútil– que hoy, cuando nos enfrentamos otra vez al totalitarismo, esta vez en forma de nacionalismo e islamismo, resulta extremadamente útil para comprender por qué las sociedades europeas han vuelto a caer otra vez en los mismos errores.
Ni el desastre del socialismo, ni antes la barbarie nazi han logrado que aprendamos la lección. Bien es verdad que Revel, movido de una confianza y una energía inagotables, se negó a rendirse. Se solía mostrar algo escéptico, un poco al estilo de Montaigne, pero era más un gesto de cortesía que otra cosa. Con una prosa clara y asequible, en un francés clásico y articulado, emplazó a sus lectores europeos a mirar de frente a sus fantasmas –la tiranía totalitaria, en La gran mascarada–, y a los pretextos construidos para evitar enfrentarse a ella, como el antiamericanismo.
El paso de los años no difuminó ni su firmeza ni su convicción. Al contrario, el análisis se fue volviendo más fino y más contundente aún, si cabe. Por eso Revel parecía siempre joven, con ganas de pelear y divertirse. Lo demostró la última vez que estuvo en Madrid, en 2004.
Revel deja en España, que conocía bien y a la que quería, un nutrido grupo de admiradores y amigos. En la Francia de hoy en día, ensimismada en su propia decadencia, la relevancia política de Revel era forzosamente nula. No así su ejemplo. Además de dejar una gran obra, también contribuyó a la aparición de una generación de ensayistas y escritores –Alain Finkielkraut, André Glucksmann y Pascal Bruckner, entre otros– gracias a los cuales en Francia no se ha perdido ni la tradición del liberalismo ni el gusto por el activismo intelectual en la vida pública.
Su legado, desde este punto de vista, es monumental.
Gentileza de LD
La razon contra el pensamiento cautivo
martes 2 de mayo de 2006
Jean-François Revel
La razón contra el pensamiento cautivo
José García Domínguez
Si algo no fue nunca Jean-François Revel es un ideólogo. Al contrario, toda su obra supuso una denuncia constante de esas cárceles del pensamiento que los diccionarios llaman ideologías.
La gran ventaja de ser de izquierdas, solía decir Revel, es que la certeza sobre la bondad moral de las posiciones propias está al alcance de cualquier imbécil: basta y sobra con ser antiamericano siempre; pase lo que pase y ocurra lo que ocurra. De ahí que el autor de La obsesión antiamericana, seguramente, no se hubiese extrañado por el tono general de las necrológicas que le dedicaron ayer en la Prensa. Y es que les dio por echar tierra sobre su memoria, sentenciando que había muerto un ideólogo del neoliberalismo. ¿Qué otro epitafio podría hacer más honor a quien encabezó un ensayo sobre el periodismo con esta frase clarividente: "la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira"?
Y sin embargo, si algo no fue nunca Jean-François Revel es un ideólogo. Al contrario, toda su obra supuso una denuncia constante de esas cárceles del pensamiento que los diccionarios llaman ideologías. Claro que fue liberal y claro que combatió al socialismo de forma "visceral y obsesiva" a lo largo de toda su vida, tal como ahora repiten a coro todos los que no han leído ni las solapas de sus libros. Pero, por utilizar sus propias palabras, la "obsesión" que lo llevó a combatir al socialismo nada tenía que ver con una ideología, pues fue la misma que antes lo empujara a enrolarse en la resistencia contra el nazismo: la fijación constante, "visceral", "obsesiva" por el respeto a la dignidad del ser humano.
En realidad, la lección más importante que aprendimos de él fue precisamente ésa: que nos enseñara a desconfiar de las ideologías, de todas las ideologías. Porque la gran deuda que tenemos contraída con Revel, la que nunca le podremos pagar, es que nos pusiese en guardia contra todos esos encantadores de serpientes que siempre prometen hacer feliz a la Humanidad; contra la legión infinita de los ingenieros de almas que no tienen bastante con haber cavado los cien millones de tumbas de sus sociedades perfectas en los cementerios de la utopía durante el siglo XX.
Pero eso, el que no fuese un ideólogo, su principal virtud intelectual, es algo que los socialistas están fatalmente incapacitados para comprender; no pueden concebir que el liberalismo no sea también una ideología, otra que simplemente se opone a la suya. Castrados por la fe en sus dogmas apriorísticos sobre la realidad, siempre les resultó inadmisible la irreverencia de un pensamiento tan impertinentemente libre de prejuicios, como el suyo. Que la tierra les sea propicia. La obra de Jean-François Revel seguirá viva cuando ya nadie recuerde ni que existieron.
Gentileza de LD
Jean-François Revel
La razón contra el pensamiento cautivo
José García Domínguez
Si algo no fue nunca Jean-François Revel es un ideólogo. Al contrario, toda su obra supuso una denuncia constante de esas cárceles del pensamiento que los diccionarios llaman ideologías.
La gran ventaja de ser de izquierdas, solía decir Revel, es que la certeza sobre la bondad moral de las posiciones propias está al alcance de cualquier imbécil: basta y sobra con ser antiamericano siempre; pase lo que pase y ocurra lo que ocurra. De ahí que el autor de La obsesión antiamericana, seguramente, no se hubiese extrañado por el tono general de las necrológicas que le dedicaron ayer en la Prensa. Y es que les dio por echar tierra sobre su memoria, sentenciando que había muerto un ideólogo del neoliberalismo. ¿Qué otro epitafio podría hacer más honor a quien encabezó un ensayo sobre el periodismo con esta frase clarividente: "la primera de todas las fuerzas que dirigen el mundo es la mentira"?
Y sin embargo, si algo no fue nunca Jean-François Revel es un ideólogo. Al contrario, toda su obra supuso una denuncia constante de esas cárceles del pensamiento que los diccionarios llaman ideologías. Claro que fue liberal y claro que combatió al socialismo de forma "visceral y obsesiva" a lo largo de toda su vida, tal como ahora repiten a coro todos los que no han leído ni las solapas de sus libros. Pero, por utilizar sus propias palabras, la "obsesión" que lo llevó a combatir al socialismo nada tenía que ver con una ideología, pues fue la misma que antes lo empujara a enrolarse en la resistencia contra el nazismo: la fijación constante, "visceral", "obsesiva" por el respeto a la dignidad del ser humano.
En realidad, la lección más importante que aprendimos de él fue precisamente ésa: que nos enseñara a desconfiar de las ideologías, de todas las ideologías. Porque la gran deuda que tenemos contraída con Revel, la que nunca le podremos pagar, es que nos pusiese en guardia contra todos esos encantadores de serpientes que siempre prometen hacer feliz a la Humanidad; contra la legión infinita de los ingenieros de almas que no tienen bastante con haber cavado los cien millones de tumbas de sus sociedades perfectas en los cementerios de la utopía durante el siglo XX.
Pero eso, el que no fuese un ideólogo, su principal virtud intelectual, es algo que los socialistas están fatalmente incapacitados para comprender; no pueden concebir que el liberalismo no sea también una ideología, otra que simplemente se opone a la suya. Castrados por la fe en sus dogmas apriorísticos sobre la realidad, siempre les resultó inadmisible la irreverencia de un pensamiento tan impertinentemente libre de prejuicios, como el suyo. Que la tierra les sea propicia. La obra de Jean-François Revel seguirá viva cuando ya nadie recuerde ni que existieron.
Gentileza de LD
¿Quien pagará la factura de Bolivia?
2-V-2006
¿Quién pagará la factura de Bolivia?
EDITORIAL
Las amistades bolivarianas de Zapatero están empezando a administrar la única medicina que conocen y en la que creen con la fe del carbonero
El primer fruto del encuentro que el sábado celebraron Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales en La Habana no se ha hecho esperar. El presidente de Bolivia y líder del llamado "Movimiento al Socialismo" acaba de hacer pública la nacionalización del sector de los hidrocarburos. Y no por previsible es menos preocupante. De la borrachera de demagogia –debidamente lubricada por el crudo venezolano– que está cebándose con Hispanoamérica no puede esperarse nada bueno. Venezuela es ya, de facto, una dictadura socialista y Bolivia está en camino, porque a nadie se le oculta que la libertad económica va indisolublemente unida a la libertad política.
Repsol YPF, la primera petrolera de España, y una de las más importantes del mundo, se encuentra en el mismo ojo del huracán. Morales ha dado 180 días para que los operadores extranjeros entreguen su producción al Gobierno o se atengan a las consecuencias, que serán violentas. Las amistades bolivarianas de Zapatero están empezando a administrar la única medicina que conocen y en la que creen con la fe del carbonero. La factura va a ser abultada, ahora sólo resta saber quien será el que la pague.
Gentileza de LD
¿Quién pagará la factura de Bolivia?
EDITORIAL
Las amistades bolivarianas de Zapatero están empezando a administrar la única medicina que conocen y en la que creen con la fe del carbonero
El primer fruto del encuentro que el sábado celebraron Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales en La Habana no se ha hecho esperar. El presidente de Bolivia y líder del llamado "Movimiento al Socialismo" acaba de hacer pública la nacionalización del sector de los hidrocarburos. Y no por previsible es menos preocupante. De la borrachera de demagogia –debidamente lubricada por el crudo venezolano– que está cebándose con Hispanoamérica no puede esperarse nada bueno. Venezuela es ya, de facto, una dictadura socialista y Bolivia está en camino, porque a nadie se le oculta que la libertad económica va indisolublemente unida a la libertad política.
Repsol YPF, la primera petrolera de España, y una de las más importantes del mundo, se encuentra en el mismo ojo del huracán. Morales ha dado 180 días para que los operadores extranjeros entreguen su producción al Gobierno o se atengan a las consecuencias, que serán violentas. Las amistades bolivarianas de Zapatero están empezando a administrar la única medicina que conocen y en la que creen con la fe del carbonero. La factura va a ser abultada, ahora sólo resta saber quien será el que la pague.
Gentileza de LD
La surralista celebracion del Primero de Mayo
2-V-2006
La surrealista celebración del Primero de Mayo
EDITORIAL
Los sindicatos en España serán una rémora para la mejora de nuestra economía y de la creación de empleo, pero no tienen precio como propagandistas del gobierno, siempre –eso sí- que el precio lo paguen los contribuyentes y el gobierno lo ocupe el PSOE
Dirigentes de organizaciones sindicales que tienen disputas patrimoniales entre sí, que no llegan a representar al 10% de los trabajadores, que no han hecho nada durante estos años para llegar a un acuerdo con la patronal en pro del empleo, han celebrado, junto a algún representante del gobierno con el que tampoco han consensuado todavía reforma laboral alguna, una manifestación que apenas ha reunido a cinco mil personas, muchas de las cuales se han dedicado a abuchearlos y a ondear banderas republicanas.
Parece surrealista pero en esto ha consistido, básicamente, la celebración sindical del Primero de Mayo, supuestamente "Día del trabajo", en la que los dirigentes de UGT y CC OO han dado, para colmo del espectáculo, un especial protagonismo a esa "paz" con la que el gobierno pretende camuflar sus trapicheos políticos y electorales con el terror.
Poco importa que el gobierno se haya limitado a vivir de rentas de las arcas llenas y de las reformas de anteriores legislaturas. Poco importa que la tasa de paro ya haya subido durante el primer trimestre del 2006 o que la inflación esté en el entorno del 4% o el monumental déficit por cuenta corriente que deja en evidencia nuestra escasa competitividad. Pocas veces los sindicatos han dejado tan en evidencia su carácter de teloneros y de correas de transmisión de la izquierda que en este circense Primero de Mayo. Los sindicatos en España serán una rémora para la mejora de nuestra economía y de la creación de empleo, pero no tienen precio como propagandistas del gobierno, siempre –eso sí– que el precio lo paguen los contribuyentes y que el gobierno lo ocupe el PSOE.
El gobierno, por su parte, ha dado repentinas muestras de querer una reforma "a lo Zapatero" –ya se sabe: "como sea", "cuanto antes" y "tenga el alcance que tenga"– con tal de acabar de una vez con la imagen de pasividad en el terreno laboral. Por lo anunciado por el ministro Caldera, lejos de profundizar en la necesaria liberalización de los mercados, la propuesta del gobierno parece más bien encaminada a ahondar en la ya de por sí preocupante rigidez de nuestro mercado laboral.
Poco importa que la patronal quede fuera del acuerdo o que la demagogia no sea, precisamente, el sustento de nuestra economía. Lo importante es la foto, y ya ni siquiera es necesario que los empresarios salgan en ella. De hecho el gobierno y, a la vista está, los propios sindicatos están más esperanzados con el "diálogo con ETA" que con el también mal llamado "dialogo social". Esa falsa y propagandística "paz", que se nos va a presentar como el bálsamo de fierabrás para cualquier tipo de mal, incluido el laboral.
Gentileza de LD
La surrealista celebración del Primero de Mayo
EDITORIAL
Los sindicatos en España serán una rémora para la mejora de nuestra economía y de la creación de empleo, pero no tienen precio como propagandistas del gobierno, siempre –eso sí- que el precio lo paguen los contribuyentes y el gobierno lo ocupe el PSOE
Dirigentes de organizaciones sindicales que tienen disputas patrimoniales entre sí, que no llegan a representar al 10% de los trabajadores, que no han hecho nada durante estos años para llegar a un acuerdo con la patronal en pro del empleo, han celebrado, junto a algún representante del gobierno con el que tampoco han consensuado todavía reforma laboral alguna, una manifestación que apenas ha reunido a cinco mil personas, muchas de las cuales se han dedicado a abuchearlos y a ondear banderas republicanas.
Parece surrealista pero en esto ha consistido, básicamente, la celebración sindical del Primero de Mayo, supuestamente "Día del trabajo", en la que los dirigentes de UGT y CC OO han dado, para colmo del espectáculo, un especial protagonismo a esa "paz" con la que el gobierno pretende camuflar sus trapicheos políticos y electorales con el terror.
Poco importa que el gobierno se haya limitado a vivir de rentas de las arcas llenas y de las reformas de anteriores legislaturas. Poco importa que la tasa de paro ya haya subido durante el primer trimestre del 2006 o que la inflación esté en el entorno del 4% o el monumental déficit por cuenta corriente que deja en evidencia nuestra escasa competitividad. Pocas veces los sindicatos han dejado tan en evidencia su carácter de teloneros y de correas de transmisión de la izquierda que en este circense Primero de Mayo. Los sindicatos en España serán una rémora para la mejora de nuestra economía y de la creación de empleo, pero no tienen precio como propagandistas del gobierno, siempre –eso sí– que el precio lo paguen los contribuyentes y que el gobierno lo ocupe el PSOE.
El gobierno, por su parte, ha dado repentinas muestras de querer una reforma "a lo Zapatero" –ya se sabe: "como sea", "cuanto antes" y "tenga el alcance que tenga"– con tal de acabar de una vez con la imagen de pasividad en el terreno laboral. Por lo anunciado por el ministro Caldera, lejos de profundizar en la necesaria liberalización de los mercados, la propuesta del gobierno parece más bien encaminada a ahondar en la ya de por sí preocupante rigidez de nuestro mercado laboral.
Poco importa que la patronal quede fuera del acuerdo o que la demagogia no sea, precisamente, el sustento de nuestra economía. Lo importante es la foto, y ya ni siquiera es necesario que los empresarios salgan en ella. De hecho el gobierno y, a la vista está, los propios sindicatos están más esperanzados con el "diálogo con ETA" que con el también mal llamado "dialogo social". Esa falsa y propagandística "paz", que se nos va a presentar como el bálsamo de fierabrás para cualquier tipo de mal, incluido el laboral.
Gentileza de LD
F.J.L. Revel, un muerto que nace todos los dias
martes 2 de mayo de 2006
Revel: un muerto que nace todos los días
Federico Jiménez Losantos
Pero sobre cualquier prueba física del contacto personal que con él mantuvimos, queda el agradecimiento sincero por todo lo que le debemos. Nadie ha defendido la libertad como él
Hace más de veinte años, en los primeros ochenta del siglo pasado, tuve el gran honor de conocer personalmente a Jean François Revel. Fue durante una cena en el restaurante “El Molino” en honor del más influyente de los intelectuales liberales del último medio siglo y uno de los pocos y verdaderos amigos de España que ha dado Francia en todo ese tiempo y su anfitrión fue el gran periodista y crítico gastronómico Xavier Domingo. Asistimos también Carlos Dávila, periodista político de Diario 16, y yo, recién llegado desde la literatura y la docencia al diario dirigido por Pedro J. Ramírez y a la revista Cambio 16, donde colaboraba ya Revel.
Aquella noche, Revel bebió vino como para tumbar a dos o tres hombres robustos –él lo era, en un estilo que siempre me recordaba a Von Stroheim– y durante la sobremesa quedó en una posición varada, entre diagonal e inclinada, que le permitía asistir a la charla sin participar en ella pero sin, aparentemente, perderse nada. Ni se levantó ni se derrumbó. Era un milagro de solidez moral, política, ideológica y hepática. Como para los demás presentes, Revel era ya entonces un maestro; o mejor: el maestro. Para mí, antes de aquella noche y sin duda después, significó mucho más que un modelo intelectual: un estilo de agitación política; la prueba de que cualquier política realmente liberal en las sociedades democráticas es inseparable del periodismo; que no existe un periodismo comparable al de las ideas; que no hay idea comparable a la de la Libertad.
De las demás veces en que lo vi y pude hablar con él recuerdo su participación en una de las primeras Jornadas Liberales Iberoamericanas, que es donde comenzaron a gestarse “La Ilustración Liberal” y “Libertad Digital”. Fue en tierras alicantinas y el mismo día en que Carlos Alberto Montaner me presentó a un brillantísimo Plinio Apuleyo Mendoza y poco antes de que aparecieran en las Jornadas Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro. Prácticamente todos los intelectuales iberoamericanos importantes de nuestra cuerda acabaron yendo alguna vez a Albarracín cuando las Jornadas Liberales se trasladaron definitivamente allí, gracias al patrocinio de Manuel Pizarro e Ibercaja.
La penúltima vez que le recuerdo fue en un homenaje al propio Revel organizado por José María Álvarez en la Universidad de Murcia. Yo fui uno de los invitados y pronuncié una conferencia sobre sus Memorias: “El ladrón en la casa vacía”. No recuerdo si la llevé escrita del todo o solamente el guión. Tampoco la tengo a mano. Sí recuerdo que en la cena su problema con el alcohol parecía haberse agravado, pero seguía estando lúcido y brillante como siempre por la mañana, que era cuando escribía.
La última vez fue en la imposición de la Gran Cruz de Isabel la Católica que se celebró en La Moncloa y que fue el acto de despedida de Aznar al frente del Gobierno. Antes del presidente y del condecorado Revel hablaron Miguel Ángel Cortés y Esperanza Aguirre, que pronunció un gran discurso en el que nos reconocimos, como liberales y españoles, todos los presentes. Fue la última gran reunión de intelectuales y políticos españoles de la derecha liberal, porque asistió todo el que pudo, y recuerdo que yo hice la crónica para Libertad Digital. Fue una mañana diamantina, de sol y frío, de indecible melancolía, porque todos teníamos la conciencia de vivir el final de una época, aunque nunca esperamos semejante entierro. Hablé un rato con Revel y, lejos del estilo amable, distante y tendente a la deserción de los compromisos sociales que solía cultivar, le vi sinceramente emocionado. Tanto o más que nosotros. Me pareció un gran gesto de Aznar y un homenaje que le debíamos todos, como liberales y como españoles.
Me he enterado de su muerte en el sitio en que debía hacerlo: “Libertad Digital”. Y al escribir este recuerdo del maestro más importante para toda nuestra generación liberal he recordado también una larga entrevista en “La Linterna”, que debo tratar de rescatar. Pero sobre cualquier prueba física del contacto personal que con él mantuvimos, queda el agradecimiento sincero por todo lo que le debemos. Nadie ha defendido la libertad como él. Y probablemente en ningún país ha influido tanto como en España. Tal vez por eso su muerte no significa silencio sino recuerdo; no desaparición sino reconocimiento. Su enseñanza periodística, su probidad intelectual y su valentía política, siempre al servicio de la Libertad, están tan frescos y tan vivos que bien podemos decir que, para nosotros, Jean François Revel sigue naciendo todos los días.
Gentileza de LD
Revel: un muerto que nace todos los días
Federico Jiménez Losantos
Pero sobre cualquier prueba física del contacto personal que con él mantuvimos, queda el agradecimiento sincero por todo lo que le debemos. Nadie ha defendido la libertad como él
Hace más de veinte años, en los primeros ochenta del siglo pasado, tuve el gran honor de conocer personalmente a Jean François Revel. Fue durante una cena en el restaurante “El Molino” en honor del más influyente de los intelectuales liberales del último medio siglo y uno de los pocos y verdaderos amigos de España que ha dado Francia en todo ese tiempo y su anfitrión fue el gran periodista y crítico gastronómico Xavier Domingo. Asistimos también Carlos Dávila, periodista político de Diario 16, y yo, recién llegado desde la literatura y la docencia al diario dirigido por Pedro J. Ramírez y a la revista Cambio 16, donde colaboraba ya Revel.
Aquella noche, Revel bebió vino como para tumbar a dos o tres hombres robustos –él lo era, en un estilo que siempre me recordaba a Von Stroheim– y durante la sobremesa quedó en una posición varada, entre diagonal e inclinada, que le permitía asistir a la charla sin participar en ella pero sin, aparentemente, perderse nada. Ni se levantó ni se derrumbó. Era un milagro de solidez moral, política, ideológica y hepática. Como para los demás presentes, Revel era ya entonces un maestro; o mejor: el maestro. Para mí, antes de aquella noche y sin duda después, significó mucho más que un modelo intelectual: un estilo de agitación política; la prueba de que cualquier política realmente liberal en las sociedades democráticas es inseparable del periodismo; que no existe un periodismo comparable al de las ideas; que no hay idea comparable a la de la Libertad.
De las demás veces en que lo vi y pude hablar con él recuerdo su participación en una de las primeras Jornadas Liberales Iberoamericanas, que es donde comenzaron a gestarse “La Ilustración Liberal” y “Libertad Digital”. Fue en tierras alicantinas y el mismo día en que Carlos Alberto Montaner me presentó a un brillantísimo Plinio Apuleyo Mendoza y poco antes de que aparecieran en las Jornadas Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro. Prácticamente todos los intelectuales iberoamericanos importantes de nuestra cuerda acabaron yendo alguna vez a Albarracín cuando las Jornadas Liberales se trasladaron definitivamente allí, gracias al patrocinio de Manuel Pizarro e Ibercaja.
La penúltima vez que le recuerdo fue en un homenaje al propio Revel organizado por José María Álvarez en la Universidad de Murcia. Yo fui uno de los invitados y pronuncié una conferencia sobre sus Memorias: “El ladrón en la casa vacía”. No recuerdo si la llevé escrita del todo o solamente el guión. Tampoco la tengo a mano. Sí recuerdo que en la cena su problema con el alcohol parecía haberse agravado, pero seguía estando lúcido y brillante como siempre por la mañana, que era cuando escribía.
La última vez fue en la imposición de la Gran Cruz de Isabel la Católica que se celebró en La Moncloa y que fue el acto de despedida de Aznar al frente del Gobierno. Antes del presidente y del condecorado Revel hablaron Miguel Ángel Cortés y Esperanza Aguirre, que pronunció un gran discurso en el que nos reconocimos, como liberales y españoles, todos los presentes. Fue la última gran reunión de intelectuales y políticos españoles de la derecha liberal, porque asistió todo el que pudo, y recuerdo que yo hice la crónica para Libertad Digital. Fue una mañana diamantina, de sol y frío, de indecible melancolía, porque todos teníamos la conciencia de vivir el final de una época, aunque nunca esperamos semejante entierro. Hablé un rato con Revel y, lejos del estilo amable, distante y tendente a la deserción de los compromisos sociales que solía cultivar, le vi sinceramente emocionado. Tanto o más que nosotros. Me pareció un gran gesto de Aznar y un homenaje que le debíamos todos, como liberales y como españoles.
Me he enterado de su muerte en el sitio en que debía hacerlo: “Libertad Digital”. Y al escribir este recuerdo del maestro más importante para toda nuestra generación liberal he recordado también una larga entrevista en “La Linterna”, que debo tratar de rescatar. Pero sobre cualquier prueba física del contacto personal que con él mantuvimos, queda el agradecimiento sincero por todo lo que le debemos. Nadie ha defendido la libertad como él. Y probablemente en ningún país ha influido tanto como en España. Tal vez por eso su muerte no significa silencio sino recuerdo; no desaparición sino reconocimiento. Su enseñanza periodística, su probidad intelectual y su valentía política, siempre al servicio de la Libertad, están tan frescos y tan vivos que bien podemos decir que, para nosotros, Jean François Revel sigue naciendo todos los días.
Gentileza de LD
La prensa global despide con frialdad a Revel
martes 2 de mayo de 2006
REACCIONES A LA DESAPARICIÓN DEL ESCRITOR Y ACADÉMICO
La prensa global despide con frialdad a Revel mientras la blogosfera liberal lo aclama como un maestro
Los obituarios de Jean François Revel circulan apasionadamente por la blogosfera mientras la prensa global despide al escritor francés (1924-2006) con frialdad. Un reconocimiento tan dispar tiene su explicación. Revel desenmascaró a la prensa como un factor clave de la eficacia de las mentiras de la izquierda. Así como le aceptaron con hostilidad, le despiden con indiferencia. En cambio, en la Red, el autor de La gran mascarada ha sido despedido con honores de maestro del pensamiento.
(Libertad Digital) Le Monde recurre al tópico de “bestia negra” de la izquierda, mientras Lucrecio, en su blog de Libertad Digital, evoca a Revel y lo sitúa en la tradición:
“Más hombre del gran siglo XVIII que del mezquino nuestro. Que se supo agitador por ser filósofo. Y que fue filósofo sólo por ello. Hora de recordar textos que aquí fueron siempre mal acogidos. Porque dolían aquí aún más que en Francia.”
Ambas referencias resumen la disparidad de tonos de las reacciones ante la noticia del fallecimiento del académico francés, autor de El conocimiento inútil y La obsesión antiamericana, entre otros best-sellers. La prensa convencional, particularmente la francesa, lo despacha con oficio, mientras que los bloggers liberales se vuelcan en rememorar su pensamiento y coinciden, en general, en calificarlo como maestro.
La oficialidad política y cultural reconoce al intelectual inconformista, brillante y liberal que fue Jean François Revel. El ministro de Cultura de Francia, Renaud Donnedieu de Vabres, expresa en Le Monde su “profunda tristeza” por la desaparición de un “hombre honesto y libre”.
Dominique de Villepin, primer ministro, despide a “un gran filósofo y escritor que, a través de más de 50 años de periodismo y 30 de libros de ensayos, ha marcado nuestro paisaje intelectual con su originalidad, su coraje intelectual, su eclecticismo y su sentido del humor”.
“Una figura esencial del mundo intelectual francés”, lo define el periodista y escritor Bertrand Delanoë. Hélène Carrère d’Encausse, secretaria perpetua de la Academia Francesa, destaca la “cultura incomparable” y la “lucidez política extraordinaria” de Revel.
El historiador Max Gallo, también en Le Monde, evoca “un hombre bueno, un hombre generoso que nunca estuvo preso de las pequeñas y sórdidas rivalidades que devoran los ambientes intelectuales”.
Liberation y Le Figaro informan, como su colega vespertino, del fallecimiento de Revel, y sirven la noticia con parecida frialdad. Ningún artículo editorial, ningún despliegue especial de contenidos sobre el legado del autor.
La emoción en la Red de bloggers es muy distinta. Daniel Rodríguez Herrera, fundador de Liberalismo.org y de Red Liberal, las dos páginas de encuentro de los liberales españoles, expone su deuda intelectual con Revel:
“Yo me inicié en esto del liberalismo tras escuchar en el programa de Federico Jiménez Losantos, que entonces dirigía La Linterna, la entrevista que le hizo a Revel con motivo de la presentación de su libro La gran mascarada”.
Fernando Díaz Villanueva, periodista, escritor y blogger liberal, reseña la coincidencia de Revel y el Nobel de Economía, John Keneth Galbraith, en la fecha de su desaparición: “Dios y los gitanos”, dice de ambos, respectivamente. “Revel criticó el poder, Galbraith lo ejerció desde su juventud más temprana”, los compara Díaz Villanueva.
“Era irrepetible, el último de su especie, el último francés libre. Francia pierde mucho con su desaparición, la causa de la libertad, más”, comenta este periodista.
La Unión Democrática de Estudiantes, una organización liberal establecida en la Universidad Carlos III, también recuerda al escritor y académico francés, en la hora de su muerte: “Siempre se posicionó a favor de la libertad y dedicó a ella los 82 años que ahora acaban de apagarse. Nos quedan sus lecciones, su recuerdo y su ejemplo. La generación que sea testigo del día del triunfo final y definitivo de la libertad, deberá rendirle tributo. Quizá seamos nosotros”.
Antonio Salazar, en El liberal impertinente, se reconoce "deudor del gran Revel, no sólo por haber dado forma a las ideas liberales que desde siempre anidaban en mi interior, sino por haber dado una munición intelectual que podía usarse con la misma contundencia que su autor".
En la esfera de la prensa global, mientras tanto, la desaparición de Revel no ha merecido una línea de reconocimiento o simple despedida. The New York Times, The Washington Post, o International Herald Tribune ignoran la noticia en sus ediciones digitales. No en vano, Revel azotó los mecanismos que utilizan los diarios para enmascarar la realidad, siempre en el mismo sentido, siempre a favor de las diversas formas de despotismo.
Federico Jiménez Losantos:Revel: un muerto que nace todos los días
document.write('');
dcmaxversion = 9
dcminversion = 3
Do
On Error Resume Next
plugin = (IsObject(CreateObject("ShockwaveFlash.ShockwaveFlash." & dcmaxversion & "")))
If plugin = true Then Exit Do
dcmaxversion = dcmaxversion - 1
Loop While dcmaxversion >= dcminversion
PERFIL: Una denuncia constante de la mentira, por el Instituto Juan de Mariana
Chirac lamenta la muerte de Revel y le equipara con Raymond Aron y Alexis de Tocqueville
EL CONOCIMIENTO ÚTIL, por Víctor Gago
Muere el escritor francés Jean François Revel a los 82 años debido a un problema cardíaco
Gentileza de LD
REACCIONES A LA DESAPARICIÓN DEL ESCRITOR Y ACADÉMICO
La prensa global despide con frialdad a Revel mientras la blogosfera liberal lo aclama como un maestro
Los obituarios de Jean François Revel circulan apasionadamente por la blogosfera mientras la prensa global despide al escritor francés (1924-2006) con frialdad. Un reconocimiento tan dispar tiene su explicación. Revel desenmascaró a la prensa como un factor clave de la eficacia de las mentiras de la izquierda. Así como le aceptaron con hostilidad, le despiden con indiferencia. En cambio, en la Red, el autor de La gran mascarada ha sido despedido con honores de maestro del pensamiento.
(Libertad Digital) Le Monde recurre al tópico de “bestia negra” de la izquierda, mientras Lucrecio, en su blog de Libertad Digital, evoca a Revel y lo sitúa en la tradición:
“Más hombre del gran siglo XVIII que del mezquino nuestro. Que se supo agitador por ser filósofo. Y que fue filósofo sólo por ello. Hora de recordar textos que aquí fueron siempre mal acogidos. Porque dolían aquí aún más que en Francia.”
Ambas referencias resumen la disparidad de tonos de las reacciones ante la noticia del fallecimiento del académico francés, autor de El conocimiento inútil y La obsesión antiamericana, entre otros best-sellers. La prensa convencional, particularmente la francesa, lo despacha con oficio, mientras que los bloggers liberales se vuelcan en rememorar su pensamiento y coinciden, en general, en calificarlo como maestro.
La oficialidad política y cultural reconoce al intelectual inconformista, brillante y liberal que fue Jean François Revel. El ministro de Cultura de Francia, Renaud Donnedieu de Vabres, expresa en Le Monde su “profunda tristeza” por la desaparición de un “hombre honesto y libre”.
Dominique de Villepin, primer ministro, despide a “un gran filósofo y escritor que, a través de más de 50 años de periodismo y 30 de libros de ensayos, ha marcado nuestro paisaje intelectual con su originalidad, su coraje intelectual, su eclecticismo y su sentido del humor”.
“Una figura esencial del mundo intelectual francés”, lo define el periodista y escritor Bertrand Delanoë. Hélène Carrère d’Encausse, secretaria perpetua de la Academia Francesa, destaca la “cultura incomparable” y la “lucidez política extraordinaria” de Revel.
El historiador Max Gallo, también en Le Monde, evoca “un hombre bueno, un hombre generoso que nunca estuvo preso de las pequeñas y sórdidas rivalidades que devoran los ambientes intelectuales”.
Liberation y Le Figaro informan, como su colega vespertino, del fallecimiento de Revel, y sirven la noticia con parecida frialdad. Ningún artículo editorial, ningún despliegue especial de contenidos sobre el legado del autor.
La emoción en la Red de bloggers es muy distinta. Daniel Rodríguez Herrera, fundador de Liberalismo.org y de Red Liberal, las dos páginas de encuentro de los liberales españoles, expone su deuda intelectual con Revel:
“Yo me inicié en esto del liberalismo tras escuchar en el programa de Federico Jiménez Losantos, que entonces dirigía La Linterna, la entrevista que le hizo a Revel con motivo de la presentación de su libro La gran mascarada”.
Fernando Díaz Villanueva, periodista, escritor y blogger liberal, reseña la coincidencia de Revel y el Nobel de Economía, John Keneth Galbraith, en la fecha de su desaparición: “Dios y los gitanos”, dice de ambos, respectivamente. “Revel criticó el poder, Galbraith lo ejerció desde su juventud más temprana”, los compara Díaz Villanueva.
“Era irrepetible, el último de su especie, el último francés libre. Francia pierde mucho con su desaparición, la causa de la libertad, más”, comenta este periodista.
La Unión Democrática de Estudiantes, una organización liberal establecida en la Universidad Carlos III, también recuerda al escritor y académico francés, en la hora de su muerte: “Siempre se posicionó a favor de la libertad y dedicó a ella los 82 años que ahora acaban de apagarse. Nos quedan sus lecciones, su recuerdo y su ejemplo. La generación que sea testigo del día del triunfo final y definitivo de la libertad, deberá rendirle tributo. Quizá seamos nosotros”.
Antonio Salazar, en El liberal impertinente, se reconoce "deudor del gran Revel, no sólo por haber dado forma a las ideas liberales que desde siempre anidaban en mi interior, sino por haber dado una munición intelectual que podía usarse con la misma contundencia que su autor".
En la esfera de la prensa global, mientras tanto, la desaparición de Revel no ha merecido una línea de reconocimiento o simple despedida. The New York Times, The Washington Post, o International Herald Tribune ignoran la noticia en sus ediciones digitales. No en vano, Revel azotó los mecanismos que utilizan los diarios para enmascarar la realidad, siempre en el mismo sentido, siempre a favor de las diversas formas de despotismo.
Federico Jiménez Losantos:Revel: un muerto que nace todos los días
document.write('');
dcmaxversion = 9
dcminversion = 3
Do
On Error Resume Next
plugin = (IsObject(CreateObject("ShockwaveFlash.ShockwaveFlash." & dcmaxversion & "")))
If plugin = true Then Exit Do
dcmaxversion = dcmaxversion - 1
Loop While dcmaxversion >= dcminversion
PERFIL: Una denuncia constante de la mentira, por el Instituto Juan de Mariana
Chirac lamenta la muerte de Revel y le equipara con Raymond Aron y Alexis de Tocqueville
EL CONOCIMIENTO ÚTIL, por Víctor Gago
Muere el escritor francés Jean François Revel a los 82 años debido a un problema cardíaco
Gentileza de LD
Al son de la Internacional
martes 2 de mayo de 2006
Primero de Mayo
Al son de la Internacional
Cristina Losada
Mientras se ha condenado al nazismo por sus intenciones y sus hechos, se persiste en juzgar al comunismo sólo por sus intenciones. Sus horrores desaparecen filtrados por ese tamiz. También esto lo observó el maestro que acaba de morir.
Cuando terminaba un artículo sobre el exterminio del campesinado soviético, entró por la ventana abierta el sonido de la Internacional. No sé cuál de las manifestaciones convocadas en Vigo concluyó con el himno que hicieron suyo los comunistas, pero lo interesante del caso es que pudo haber puesto el colofón musical a cualquiera de ellas. No importa cuánto sepamos de la barbarie comunista, de los sufrimientos que en nombre de esa utopía se infligieron a millones de personas, de cómo convirtió a los trabajadores en siervos, cuando no esclavos. Sus símbolos se siguen respetando y utilizando para representar la causa de los trabajadores. Una prueba más, un Primero de Mayo cualquiera, de la agudeza de Jean-François Revel cuando escribió El conocimiento inútil.
Tal vez los que participamos de la creencia comunista y luego descubrimos la auténtica faz de las realidades que ha destilado, seamos más sensibles que otros al uso continuado de su simbología. Las banderas rojas, las hoces y martillos, los puños levantados que se han paseado por las calles españolas en un día como hoy, no nos dejan indiferentes. No las podemos dar de lado como a un carnaval político más. Sabemos lo que late tras esos signos, y en ello no somos los únicos. Pero tenemos experiencia de la fascinación que ejercen, que es la que emana del mesianismo que representan. Del sueño de una sociedad perfecta a construir sobre las cenizas de la existente, por obra y gracia de un grupo de iluminados, los ungidos, los que saben lo que conviene a la Humanidad. El sueño de la Razón que engendra monstruos.
Nadie aceptaría hoy que en un acto, siquiera uno, se enarbolaran las cruces gamadas y el resto de la teatral parafernalia nazi. Ni que se pusieran altavoces a su cancionero. Pero mientras se ha condenado al nazismo por sus intenciones y sus hechos, se persiste en juzgar al comunismo sólo por sus intenciones. Sus horrores desaparecen filtrados por ese tamiz. También esto lo observó el maestro que acaba de morir. Cuando el parlamento de la República Checa propuso declarar delictiva la negación de las atrocidades comunistas, el historiador Robert Conquest se preguntó qué distinción podía hacerse entre el revisionista del Holocausto nazi y el negador del soviético. A lo que Stephen Schwartz apostilló: la diferencia es que el segundo puede dar clases en la Universidad sin tener que ocultar sus opiniones. Exactamente.
¿Cuál es el misterio del persistente atractivo del comunismo? ¿Qué explica que a pesar de que pocos se atreven ya a reclamarse de él (no tan pocos, por ejemplo, en Italia), continúen tantos prendidos en su telaraña? Revel dedicó buena parte de su vida a investigarlo. La cuestión es compleja, pero el sonido de la Internacional me traía una de las claves: la fascinación del poder ilimitado. La tentación totalitaria. Ese poder ejercido sin restricción alguna que los comunistas se arrogaban, embriagados de superioridad moral. Ellos se extinguieron (no del todo), pero su escuela permanece.
Entre los aprendices del poder sin límites cabe de todo. Hasta personajes como Pepiño Blanco, cuya condición de trabajador desconocíamos, pero que estaba en la manifa de Madrid, corporeizando el nexo entre el gobierno y los sindicatos. Una fusión digna de los Primeros de Mayo institucionales del extinto imperio soviético. O del franquismo. Los sindicatos con el gobierno y el gobierno con los sindicatos. Tú por mí, y yo por ti. Son los gestos del nuevo régimen, de la democracia social a lo Girón. Aunque ninguno tan comprometido como el respaldo que han dado CC.OO. y UGT al proceso de negociación con la ETA. Sí, las marchas de este Primero de Mayo fueron al paso alegre de la paz.
Gentileza de LD
Primero de Mayo
Al son de la Internacional
Cristina Losada
Mientras se ha condenado al nazismo por sus intenciones y sus hechos, se persiste en juzgar al comunismo sólo por sus intenciones. Sus horrores desaparecen filtrados por ese tamiz. También esto lo observó el maestro que acaba de morir.
Cuando terminaba un artículo sobre el exterminio del campesinado soviético, entró por la ventana abierta el sonido de la Internacional. No sé cuál de las manifestaciones convocadas en Vigo concluyó con el himno que hicieron suyo los comunistas, pero lo interesante del caso es que pudo haber puesto el colofón musical a cualquiera de ellas. No importa cuánto sepamos de la barbarie comunista, de los sufrimientos que en nombre de esa utopía se infligieron a millones de personas, de cómo convirtió a los trabajadores en siervos, cuando no esclavos. Sus símbolos se siguen respetando y utilizando para representar la causa de los trabajadores. Una prueba más, un Primero de Mayo cualquiera, de la agudeza de Jean-François Revel cuando escribió El conocimiento inútil.
Tal vez los que participamos de la creencia comunista y luego descubrimos la auténtica faz de las realidades que ha destilado, seamos más sensibles que otros al uso continuado de su simbología. Las banderas rojas, las hoces y martillos, los puños levantados que se han paseado por las calles españolas en un día como hoy, no nos dejan indiferentes. No las podemos dar de lado como a un carnaval político más. Sabemos lo que late tras esos signos, y en ello no somos los únicos. Pero tenemos experiencia de la fascinación que ejercen, que es la que emana del mesianismo que representan. Del sueño de una sociedad perfecta a construir sobre las cenizas de la existente, por obra y gracia de un grupo de iluminados, los ungidos, los que saben lo que conviene a la Humanidad. El sueño de la Razón que engendra monstruos.
Nadie aceptaría hoy que en un acto, siquiera uno, se enarbolaran las cruces gamadas y el resto de la teatral parafernalia nazi. Ni que se pusieran altavoces a su cancionero. Pero mientras se ha condenado al nazismo por sus intenciones y sus hechos, se persiste en juzgar al comunismo sólo por sus intenciones. Sus horrores desaparecen filtrados por ese tamiz. También esto lo observó el maestro que acaba de morir. Cuando el parlamento de la República Checa propuso declarar delictiva la negación de las atrocidades comunistas, el historiador Robert Conquest se preguntó qué distinción podía hacerse entre el revisionista del Holocausto nazi y el negador del soviético. A lo que Stephen Schwartz apostilló: la diferencia es que el segundo puede dar clases en la Universidad sin tener que ocultar sus opiniones. Exactamente.
¿Cuál es el misterio del persistente atractivo del comunismo? ¿Qué explica que a pesar de que pocos se atreven ya a reclamarse de él (no tan pocos, por ejemplo, en Italia), continúen tantos prendidos en su telaraña? Revel dedicó buena parte de su vida a investigarlo. La cuestión es compleja, pero el sonido de la Internacional me traía una de las claves: la fascinación del poder ilimitado. La tentación totalitaria. Ese poder ejercido sin restricción alguna que los comunistas se arrogaban, embriagados de superioridad moral. Ellos se extinguieron (no del todo), pero su escuela permanece.
Entre los aprendices del poder sin límites cabe de todo. Hasta personajes como Pepiño Blanco, cuya condición de trabajador desconocíamos, pero que estaba en la manifa de Madrid, corporeizando el nexo entre el gobierno y los sindicatos. Una fusión digna de los Primeros de Mayo institucionales del extinto imperio soviético. O del franquismo. Los sindicatos con el gobierno y el gobierno con los sindicatos. Tú por mí, y yo por ti. Son los gestos del nuevo régimen, de la democracia social a lo Girón. Aunque ninguno tan comprometido como el respaldo que han dado CC.OO. y UGT al proceso de negociación con la ETA. Sí, las marchas de este Primero de Mayo fueron al paso alegre de la paz.
Gentileza de LD
Mendez y Fidalgo hacen el Primero de Mayo un alegato...
martes 2 de mayo de 2006
MUCHOS MENOS MANIFESTANTES QUE EN AÑOS ANTERIORES
Méndez y Fidalgo hacen del Primero de Mayo un alegato a favor de la negociación con ETA
Los líderes de UGT y CCOO han encabezado la manifestación en Madrid bajo el lema "Por la paz. Empleo estable en igualdad". Sin apenas referencias laborales, los dirigentes sindicales, el socialista Blanco o el comunista Llamazares han otorgado el protagonismo del Día del Trabajo a las negociaciones con ETA. Durante la marcha, marcada por las diferencias entre Méndez y Fidalgo, una enorme bandera republicana dominaba la Cibeles. No han faltado los ataques y abucheos a los líderes sindicales.
LD (Agencias) La manifestación se desarrolló sin incidentes pero con los habituales abucheos a los líderes de CCOO y UGT. En esta ocasión les gritaron "sinvergüenzas" y "burócratas". Pese a que son más de 1.800.000 los afiliados a las centrales, apenas fueron 5.000 los manifestantes que se congragaron en el acto central de Madrid. Los organizadores difundieron que hubo 60.000 personas, mientras que la Delegación del Gobierno de Madrid no facilitó dato alguno.
Con escasas referencias a la reforma laboral, cuya firma acaban de retrasar los sindicatos, la anécdota fue el cambio de recorrido que, debido a las obras que plagan la capital, comenzó a las 12:30 en la plaza de Neptuno (en vez de en la tradicional plaza de Cibeles) y finalizó a las 14:00 en la plaza de Canalejas (en vez de en la Puerta del Sol).Otro dato destacable es que la pancarta que portaban los máximos representantes de los sindicatos y de los representantes del PSOE (el secretario de Organización, José Blanco) y de IU (el coordinador general, Gaspar Llamazares) no encabezaba la manifestación, sino que iba en el medio de los participantes.Las otras pancartas que se vieron a lo largo del recorrido hacían referencia a los conflictos de RTVE y de Panrico, a la dificultad de acceder a una vivienda y a un empleo estable, en favor de la III República, en defensa de Irán, en recuerdo de los trabajadores fallecidos por el amianto y en demanda de una ley de subcontratación en la construcción.
El protagonismo de la negociación con ETA
Momentos antes de que diera inicio en Madrid la manifestación del Primero de Mayo bajo el lema "Por la paz. Empleo estable en igualdad", el secretario general de UGT, Candido Méndez, declaró que "(los trabajadores) creemos que la fuerte expectativa de paz que hay en nuestro país nos permite esperar el cese definitivo de la violencia, queremos que se consolide y se pueda marcar un antes y un después de manera que el terrorismo sea algo que pertenece a un pasado terrible y que hay que superar cuanto antes".
Sin embargo, el líder de la UGT dijo que hay que mantener muy presente en el corazón y la memoria a las víctimas del terrorismo, y manifestó su esperanza en que las instituciones democráticas den ese impulso definitivo para aceptar "el cese de la violencia con carácter absoluto".
Las referencias laborales estuvieron eclipsadas. Recordó que quienes más padecen los problemas del mercado laboral son los jóvenes y las mujeres, colectivos en los que se concentran la mayor parte de la temporalidad y la precariedad. Precisó que los sindicatos tienen "fuertes expectativas" en que el proceso de diálogo social acabe con la discriminación de género en las empresas españolas.
Méndez apuntó que todavía hay que culminar el acuerdo sobre el empleo pero advirtió de que después "habrá que trabajar muy fuerte por ese compromiso y llevarlo a la práctica con todas sus consecuencias" porque, dijo, "los acuerdos normalmente no se acaban cuando se firman. Empiezan cuando se firman". Además se refirió a los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al primer trimestre e indicó que éstos han puesto de manifiesto los puntos fuertes y débiles del mercado laboral.
Mensaje alto y claro
También el secretario general de CCOO, José María Fidalgo, se refirió a la negociación con ETA. Dijo que el Día del Trabajo tiene un sentido "particular", puesto que los trabajadores pueden ver "el final del terror" después de que ETA "posiblemente" se haya rendido a la "evidencia" de que no "va a imponer sus designios con violencia". En su opinión, señaló que la banda terrorista recibió el mensaje de paz "alto y claro" enviado por los trabajadores, las víctimas, los partidos políticos y la sociedad democrática.
Fidalgo señaló que las reivindicaciones de la jornada son derechos para los trabajadores en vísperas de una reforma laboral, que, dijo, va a ser "útil" para la reducción de la precariedad en el empleo. Según advirtió, el aparato productivo español no puede ser competitivo degradando la calidad del empleo, por lo que consideró que éste debe encaminarse hacia otra senda de crecimiento.
Gentileza de LD
MUCHOS MENOS MANIFESTANTES QUE EN AÑOS ANTERIORES
Méndez y Fidalgo hacen del Primero de Mayo un alegato a favor de la negociación con ETA
Los líderes de UGT y CCOO han encabezado la manifestación en Madrid bajo el lema "Por la paz. Empleo estable en igualdad". Sin apenas referencias laborales, los dirigentes sindicales, el socialista Blanco o el comunista Llamazares han otorgado el protagonismo del Día del Trabajo a las negociaciones con ETA. Durante la marcha, marcada por las diferencias entre Méndez y Fidalgo, una enorme bandera republicana dominaba la Cibeles. No han faltado los ataques y abucheos a los líderes sindicales.
LD (Agencias) La manifestación se desarrolló sin incidentes pero con los habituales abucheos a los líderes de CCOO y UGT. En esta ocasión les gritaron "sinvergüenzas" y "burócratas". Pese a que son más de 1.800.000 los afiliados a las centrales, apenas fueron 5.000 los manifestantes que se congragaron en el acto central de Madrid. Los organizadores difundieron que hubo 60.000 personas, mientras que la Delegación del Gobierno de Madrid no facilitó dato alguno.
Con escasas referencias a la reforma laboral, cuya firma acaban de retrasar los sindicatos, la anécdota fue el cambio de recorrido que, debido a las obras que plagan la capital, comenzó a las 12:30 en la plaza de Neptuno (en vez de en la tradicional plaza de Cibeles) y finalizó a las 14:00 en la plaza de Canalejas (en vez de en la Puerta del Sol).Otro dato destacable es que la pancarta que portaban los máximos representantes de los sindicatos y de los representantes del PSOE (el secretario de Organización, José Blanco) y de IU (el coordinador general, Gaspar Llamazares) no encabezaba la manifestación, sino que iba en el medio de los participantes.Las otras pancartas que se vieron a lo largo del recorrido hacían referencia a los conflictos de RTVE y de Panrico, a la dificultad de acceder a una vivienda y a un empleo estable, en favor de la III República, en defensa de Irán, en recuerdo de los trabajadores fallecidos por el amianto y en demanda de una ley de subcontratación en la construcción.
El protagonismo de la negociación con ETA
Momentos antes de que diera inicio en Madrid la manifestación del Primero de Mayo bajo el lema "Por la paz. Empleo estable en igualdad", el secretario general de UGT, Candido Méndez, declaró que "(los trabajadores) creemos que la fuerte expectativa de paz que hay en nuestro país nos permite esperar el cese definitivo de la violencia, queremos que se consolide y se pueda marcar un antes y un después de manera que el terrorismo sea algo que pertenece a un pasado terrible y que hay que superar cuanto antes".
Sin embargo, el líder de la UGT dijo que hay que mantener muy presente en el corazón y la memoria a las víctimas del terrorismo, y manifestó su esperanza en que las instituciones democráticas den ese impulso definitivo para aceptar "el cese de la violencia con carácter absoluto".
Las referencias laborales estuvieron eclipsadas. Recordó que quienes más padecen los problemas del mercado laboral son los jóvenes y las mujeres, colectivos en los que se concentran la mayor parte de la temporalidad y la precariedad. Precisó que los sindicatos tienen "fuertes expectativas" en que el proceso de diálogo social acabe con la discriminación de género en las empresas españolas.
Méndez apuntó que todavía hay que culminar el acuerdo sobre el empleo pero advirtió de que después "habrá que trabajar muy fuerte por ese compromiso y llevarlo a la práctica con todas sus consecuencias" porque, dijo, "los acuerdos normalmente no se acaban cuando se firman. Empiezan cuando se firman". Además se refirió a los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al primer trimestre e indicó que éstos han puesto de manifiesto los puntos fuertes y débiles del mercado laboral.
Mensaje alto y claro
También el secretario general de CCOO, José María Fidalgo, se refirió a la negociación con ETA. Dijo que el Día del Trabajo tiene un sentido "particular", puesto que los trabajadores pueden ver "el final del terror" después de que ETA "posiblemente" se haya rendido a la "evidencia" de que no "va a imponer sus designios con violencia". En su opinión, señaló que la banda terrorista recibió el mensaje de paz "alto y claro" enviado por los trabajadores, las víctimas, los partidos políticos y la sociedad democrática.
Fidalgo señaló que las reivindicaciones de la jornada son derechos para los trabajadores en vísperas de una reforma laboral, que, dijo, va a ser "útil" para la reducción de la precariedad en el empleo. Según advirtió, el aparato productivo español no puede ser competitivo degradando la calidad del empleo, por lo que consideró que éste debe encaminarse hacia otra senda de crecimiento.
Gentileza de LD
Suscribirse a:
Entradas (Atom)