viernes, abril 07, 2006

La habilidad del negociador

sabado 8 de abril de 2006

CRÓNICA NEGRA

La habilidad del negociador

Por Francisco Pérez Abellán

El atraco con rehenes suele ser resultado de un fracaso. Lo normal es que se planee un golpe rápido. Si los delincuentes se escudan en los empleados o clientes de la entidad asaltada es porque algo falla. En estas ocasiones, la intervención exitosa de una fascinante figura policial, el negociador, crea un gran revuelo. Quizá porque significa el triunfo del cerebro sobre las pistolas.
En España los atracos con rehenes vienen resolviéndose con un balance satisfactorio. Aquel asalto de Alicante, en el que el atracador exigía comida, droga, un vehículo y bebida en abundancia, se solucionó con solvencia, a pesar de que el delincuente se quejaba amargamente de que no le habían proporcionado su marca de cerveza favorita, y además le habían traído una sin alcohol. En eso consiste la negociación: en hacer que los tipos atrincherados, en ocasiones con síndrome de abstinencia o directamente drogados, rebajen sus exigencias o acepten lo irremediable de la situación, hasta acabar bebiendo un sucedáneo de cerveza. Sólo con la cabeza clara se impedirá la eventualidad de que apriete el gatillo.

Aquel atracador obligado a convertirse en abstemio por la habilidad negociadora de la policía logró subirse a lomos de una motocicleta de gran cilindrada y salir a escape desde la puerta del banco, produciendo las imágenes más espectaculares que imaginarse pueda cuando le fue cortada la huida por la aparición de un coche camuflado. El resultado, una caída que no acabó en muerte gracias al ángel bueno de los atracadores.

Tiempo después, un delincuente habitual, conocido como Dieguito el Malo y al que popularizó un espacio de televisión, individuo de trena inmemorial que acumula condenas como Imelda Marcos acumulaba zapatos, dio en asaltar un supermercado en el momento del cierre, con la mala fortuna de que en el primer minuto se le escapó el empleado que tenía la llave de la caja. Sin botín y resignado al desastre, trató de llevarse embutidos y luego quiso repartirlos con los rehenes. Finalmente, fue capturado cuando intentó una huida por disimulo.

Una vez que la acción sorpresa de los atracadores falla, por algún imprevisto, la policía rodea el lugar. Da el cerrojazo de tal manera que resulta imposible para aquellos salir de la trampa. Entonces comienza la larga negociación, en la que el "hombre bueno" entabla una relación que pretende cordial. Los atracadores, aunque atrapados, suelen tener la sartén por el mango, porque se escudan en personas inocentes, empleados o clientes, que capturan violentamente y a las que amenazan con sus armas. Aunque la situación se resuelva sin heridos, el peligro es evidente y, por momentos, de enorme gravedad.

Así ocurrió en una sucursal bancaria del barrio madrileño de Vallecas, en la que dos individuos, posibles consumidores de euforizantes y otras sustancias de gran efecto, penetraron armados de un revólver y una pistola. Se pusieron en la cola de los clientes, y cuando vieron llegado el momento se delataron con un: "¡Quieto todo el mundo, que esto es un atraco!".

Lo primero que falló fue que uno de los empleados, que estaba hablando por teléfono, informó en directo a su interlocutor de lo que pasaba. Lo segundo, que un peatón advirtió desde fuera la maniobra, les vio empuñar las armas e informó a la policía. El cierre de la zona no se hizo esperar, y llegaron hasta los geos. En unos segundos un denso dispositivo policial hacía guardia frente a la entidad bancaria.

Los asaltantes, que como se ha dicho eran dos, parece que tenían experiencia en este tipo de percances, pero nunca se habían visto en otra tan complicada. Estaban de triunfadores y con la saca del dinero cuando les sorprendió la situación. Comenzaron a dar golpes y gritos, a amenazar y apuntar con sus armas de fuego, elevando la tensión dentro del banco y provocando angustia y temor en los once rehenes secuestrados. Pero en eso llego el negociador.

Aunque no figure en el currículo ni en el programa de estudios, el aspirante a esta figura policial debe ser buena persona de base; es más, debe transmitir confianza desde el primer momento, como si fuera una especie de reacción química. Dentro, los asaltantes estaban tan confundidos y despistados que hasta levantaban los teléfonos cuando llamaban los periodistas; se dio la circunstancia de que llegaron a hablar con un informador, al que colgaron con educación insólita para quienes se jugaban muchos años de cárcel.

En este momento explosivo el negociador, que naturalmente era buena gente, consiguió un clima de diálogo cruzando su nombre de pila con el de uno de los atracadores, que empezó por darle el suyo auténtico. Inmediatamente se produjo el lento goteo de las concesiones. Los delincuentes pedían droga, un coche de gran cilindrada, cigarrillos y agua. El negociador, mano de hierro en guante de cabritilla, exigió la suelta de rehenes, que fueron saliendo a escape uno tras otro.

Los malos lograron agua y cigarrillos, cosas que no prohíbe la ley. Hasta que el agente, desprovisto de armas, jugándose el tipo, como en Tarde de perros, la película que popularizó en España al policía que consigue más con su capacidad de persuasión que con las armas, logró entrar en el banco, liberar a los últimos secuestrados y conseguir que los dos presuntos, gente de experiencia, armada y desesperada, depusiera su actitud y acabara entregándose.
Habían pasado más de tres horas de tensión, y la policía había hecho una vez más muy bien su trabajo. No hubo heridos, aunque sí ataques de nervios y ansiedad, trabajo para psicólogos. Luego se descubrió que una de las dos pistolas era simulada, pero eso no disminuye un ápice el tamaño glorioso de la acción. Ni el peligro real de tragedia. La figura habilidosa del negociador policial aguantó a pie firme un encuentro en el interior del banco, durante quince minutos "divinos de la muerte", totalmente a merced de los atracadores, desarmado, con la única fuerza de su palabra.

El picahielos oxidado de Sharon Stone

sabado 8 de abril de 2006

PANORÁMICAS

El picahielos oxidado de Sharon Stone

Por Santiago Navajas

Sharon Stone conduce un Porsche por las calles de Londres a 180 por hora mientras un hombre drogado a su lado la masturba. Los gemidos de ella y el rugido del motor se combinan en un crescendo alternativo hasta que el coche se precipita al Támesis, en un orgasmo final. ¿Éxtasis visual? Más bien, vergüenza ajena. Y es sólo el principio.
Desde el fondo del agua, la Stone conseguirá salir del coche, mientras su acompañante, un tanto estupefacto por los últimos acontecimientos, se hunde contemplando la cabellera rubia flotar hacia la superficie como una medusa.

Sospechosa de haber envenenado al que resulta ser un famoso jugador de fútbol, la escritora de novela negra Catherine Tramell (Sharon Stone) es sometida al análisis psiquiátrico del doctor Michael Glass (David Morrisey), que le diagnóstica una adicción al riesgo y un complejo de superioridad que le hace creerse Dios en versión femenina, lo que podría llevarla al asesinato como forma de diversión. La escritora comienza entonces un acoso seductor al psiquiatra desde todos los ángulos, pasiva y llorosa para inspirar lástima, activa y agresiva para excitarlo, siempre seductora y sexy.

Sharon Stone se había negado todos estos años a rodar la segunda parte de Instinto Básico (1992). Lamentablemente, ha accedido a realizar una segunda película sobre las andazas de la viuda negra comehombres. La película famosa por el cruce de piernas de la actriz sin ropa interior tenía interés por el desenfado y el gamberrismo con que su director, el holandés Paul Verhoeven, envuelve sus creaciones. El thriller, con una fuerte carga erótica y una enrevesada trama, mantenía también la atención por la atracción fatal entre la Stone y Michael Douglas.

El tono cáustico de Verhoeven establecía una distancia irónica respecto a unos personajes que era imposible tomárselos en serio. Ahora la ironía ha desaparecido casi por completo. Apenas la divertida caricatura del psiquiatra filósofo, un cruce entre el filósofo neoestalinista Zizek y Glucksmann, que se adivina que huele mal.

Sólo hay algo peor que una película de terror que provoque risa, y es que una combinación de sexo y crímenes provoque somnolencia. Es difícil mantener los ojos abiertos ante el histriónico y desagradable espectáculo de una Sharon Stone intentando convencer de que sigue siendo la de hace quince años. Aunque magnífica para su edad (lo demostró hace poco junto a Bill Murray en Flores rotas), resulta patética la exhibición de un lenguaje corporal exagerado, porque muestra precisamente lo contrario de lo que pretende transmitir. Al igual que Gloria Swanson en el Crepúsculo de los dioses de Billy Wilder resultaba fuera de lugar, sobre todo fuera de tiempo, cuando seducía a un joven William Holden o bajaba las escaleras con un estilo esperpéntico por anticuado, la Stone nos regala una exposición desde todos los ángulos de su cuerpo operado; lustroso, cierto, pero semejante al de muñeca hinchable reciclada.

En consonancia con la Stone, el resto de la película: un guión chapucero que se saca cartas de la manga como un mago de pacotilla; una fotografía de postal con la que se realiza un recorrido turístico por un Londres de diseño vanguardista, con las metáforas fálicas que no podían faltar a propósito de la torre Gherkin de Norman Foster; una exhibición de nulidad interpretativa general, encabezado por el antigalán David Morrisey. El trailer censurado en las salas cinematográficos muestra lo que hay ver. De verdad que no hay nada más.

La explicación de la adicción al riesgo y la megalomanía galopante de Catherine Tramell reside en que ésta odia el aburrimiento. Si es cierto, ¿por qué habrá perpetrado la Stone este engendro? Sólo nos queda una esperanza. Quizás animado por el éxito popular –ha sido la película más taquillera en España la última semana, tras Ice Age 2 y por delante de Volver– vuelva Verhoeven, para rodar el encuentro entre la asesina recauchutada y el único psiquiatra que está a la altura de su mente desquiciada y sus impulsos básicos: el doctor Hannibal Lecter. Al menos, como en Frankenstein contra Drácula, nos reiremos...


Instinto básico 2 (EEUU, Gran Bretaña, España, Alemania; 114 minutos). Dirección: Michael Caton-Jones. Guión: Leora Barish y Henry Bean. Intérpretes: Sharon Stone, David Morrissey, Charlotte Rampling, David Thewlis, Hugh Dancy, Anne Caillon, Iain Robertson, Stan Collymore. Calificación: Ridículo pseudoerótico (2/10).
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Muchos nombres, un gran sabor

sabado 8 de abril de 2006

COMER BIEN

Muchos nombres, un gran sabor

Por Caius Apicius

No es un pescado plano, sino comprimido, aplastado lateralmente pero con simetría bilateral: tiene un ojo a cada lado, mientras que en los peces planos los dos están en el mismo costado. Nuestro pescado de hoy es el llamado pez de san Pedro.
Fue durante mucho tiempo un extraño en las cartas de los restaurantes; hoy es bastante frecuente, y la verdad es que está muy rico; tiene unas carnes blancas y firmes que algunos consideran tan buenas como las del rodaballo. El problema es que, a diferencia de éste, tiene muchas espinas... sin contar con su peligrosa aleta dorsal, cuajada de radios espinosos.Esa aleta, que tiene un aspecto que puede recordar una cresta de gallo, ha sido la causa de que otro de sus nombres clásicos sea precisamente ése, gallo. Así se le suele conocer en Andalucía, Canarias, Cataluña, Valencia, Baleares... con o sin el añadido de "de san Pedro". En el norte cambia de santo, y es sanmartiño en Galicia, san Martín en Cantabria y Asturias, mushu martin en el País Vasco...Lo de "san Pedro" le viene de que la tradición lo identifica con el pez capturado y devuelto al agua por el apóstol pescador, por tener en su boca una moneda de cuatro dracmas con la que pagar el impuesto del templo. El estudioso ilustrado Cornide cree que lo de "san Martín" viene de que es en torno a esa fecha (11 de noviembre) cuando está en su mejor momento gastronómico; en cuanto al nombre vasco, cuentan que deriva de un tal monsieur Martin que andaba por allí y era muy aficionado a este pescado.Para redondear la nomenclatura, diremos que su nombre científico es nada menos que Zeus faber. Ya Columela, en el siglo I, dice que los gaditanos le llamaban zeus y que era uno de los mejores pescados del golfo de Cádiz; hoy probablemente sea en aguas gallegas donde se pescan los mejores... y en las mesas gallegas donde más se aprecian.Su aspecto es aparatoso, pero para nada bonito; se supone que lo que quiere es dar miedo a sus posibles depredadores. Tiene muchísima merma: una vez separados y limpios sus filetes, encontraremos que hemos "perdido" algo más de la mitad del peso del pescado entero; entrecomillo lo de "perdido" porque esos despojos hacen un magnífico fondo de pescado.Hace años lo normal era, una vez preparado, enharinarlo y pasarlo por la sartén; solía servirse con guisantes. Hoy es un pescado que excita la imaginación de los cocineros. De todos modos, la sartén sigue siendo un final excelente para él, aunque ahora lo que más se lleve sea marcarlo en la plancha.Una forma muy sencilla y satisfactoria de saborearlo es la que les proponemos. Necesitarán un pez de san Pedro de cerca de dos kilos; así obtendrán cuatro filetes de unos 200 gramos cada uno. Tengan cuidado al manipularlo: los pinchazos son dolorosos.Pelen cuatro patatas medianas y córtenlas en rodajas; hagan la misma operación con cuatro hermosas cebollas tiernas o cebolletas. Fríanlas hasta que estén blandas y extiéndanlas en una fuente de horno, en la que procederán a salpimentarlas y rociarlas con el zumo de medio limón y un vasito de jerez seco.En el mismo aceite de las patatas y las cebolletas doren los filetes del pescado, un minuto por cada lado. Pónganlos entonces sobre el lecho de patatas y cebolleta y metan la fuente al horno; tres o cuatro minutos serán suficientes. Espolvoreen sobre el pescado perejil y cebollino muy picaditos, y a la mesa con él.Otra. Limpien y corten en bastones ocho trigueros, dos zanahorias y un par de puerros delgados. Blanqueen las verduras dos minutos en agua hirviendo, escúrranlas bien, saltéenlas en la sartén con un poquito de aceite y resérvenlas.

Corten dos patatas en rodajas gordas y cuézanlas en agua con sal y una hojita de laurel. Por otro lado, aplasten dos dientes de ajo y sofríanlos en una sartén con aceite; retírenlos y hagan en ese aceite los lomos de pez de san Pedro, limpios y salpimentados, dos minutos por cada lado.Hagan triángulos con las patatas y dórenlas con un golpe de plancha; si no se dispone de plancha, puede hacerse en la sartén. Monten el plato con las verduras, las patatas y el pescado y rieguen el conjunto con un poco de aceite virgen aromatizado con estragón.

Dos buenas formas de disfrutar de este pescado con tantos nombres; para redondear el placer, nada mejor que acompañarlo con un buen albariño... y pensar, mientras se saborea el pescado, en san Pedro, en el lago de Tiberíades, en el monsieur Martin, en Columela... Las cosas que tienen historias dentro son siempre más ricas que las que no saben contarnos nada.


© EFE

Celulas madre y cancer

sabado 8 de abril de 2006
CIENCIA

Células madre y cáncer

Por Enrique Coperías

Uno de los mayores retos de la medicina contra el cáncer está en distinguir las células sanas de las cancerosas, para así dirigir las terapias contra las enfermas sin lesionar las normales. Un equipo de científicos acaba de descubrir una vía para hacer esto en la leucemia, un tipo de cáncer de sangre.
Las investigaciones que se están llevando a cabo con células madre, o stem cells, están abriendo nuevas estrategias para combatir los tumores malignos. En líneas generales, las stem cells son un tipo de células que tienen la virtud natural de poder convertirse en cualquiera de las 220 variedades celulares que integran nuestro organismo. Desde hace unas décadas los científicos saben que estas células transformistas abundan en la médula ósea, es decir, el tejido ubicado en el interior de los huesos que se encarga de fabricar las células de la sangre. De hecho, los oncólogos aíslan de forma rutinaria stem cells hemopoyéticas para el tratamiento de los cánceres sanguíneos, como los linfomas y las leucemias. En España, por ejemplo, más de 600 personas reciben un trasplante de estas células medulares cada año para intentar curar su leucemia.

Pero el éxito no está asegurado. La leucemia sigue matando a niños y adultos sometidos a éste y otros tratamientos oncológicos. Un rayo de esperanza se asoma ahora en el horizonte, a raíz de un importante hallazgo realizado por médicos del Howard Hughes Medical Institute, en EEUU. El doctor Sean J. Morrison y sus colegas de laboratorio han descubierto un amanera de distinguir las células madre sanguíneas que dan lugar a células sanas de las stem cells que convierten la leucemia en letal.

"Nuestro estudio demuestra que es posible identificar diferencias en el funcionamiento de las células madre normales y las stem cells cancerosas, y estas disimilitudes pueden explotarse terapéuticamente", dice el doctor Morrison. No peca de optimista, ya que su equipo ha descubierto en ratones de laboratorio que las stem cells que desatan la leucemia pueden ser aniquiladas con rapamicina, un potente fármaco inmunosupresor que también es capaz de abortar la proliferación celular. Los resultados de este experimento acaban de aparecer en la revista Nature.

Sin duda alguna, la células madre se han convertido en unos pocos años en las estrellas de los laboratorios, así como en el punto de mira de los medios de comunicación, sobre todo por la agria polémica que enfrenta a científicos, moralistas, políticos y otros sectores sociales. El centro de la controversia orbita en torno al método de obtención, ya que las stem cells embrionarias se hallan en los embriones muy jóvenes.

Recordemos que la capacidad transformista de estas células surge en el mismo zigoto. Los biólogos aseguran que el huevo recién fecundado es totipotencial, ya que puede originar cualquier estirpe celular, desde un hepatocito –células del hígado– hasta una neurona. Horas después de la fertilización, el zigoto se divide en un pequeño cúmulo de células totipotenciales e idénticas. Cuatro o cinco días más tarde, este amasijo celular se transforma en una esfera que recibe el nombre de blastocisto. En este balón microscópico pueden distinguirse dos capas celulares: una externa, que origina en el útero la placenta y otros tejidos imprescindibles para el desarrollo fetal, y una interna, que virtualmente se transforma en cada uno de los tipos celulares que da vida al organismo. De estas células internas se dice que son pluripotenciales, pues han perdido cierta parte de su magia inicial. En efecto, si se implanta una de estas células en el útero materno nunca se transformará en un embrión. De entrada, es incapaz de fabricar el imprescindible tejido placentario.

Durante el desarrollo embrionario estas stem cells pluripotenciales se especializan en distintas familias de células madre, que pasan a ser catalogadas como multipotenciales, ya que se encomiendan a producir determinados linajes celulares. Para un sector de la comunidad científica, estas stem cells de adulto son suficientes para cubrir los propósitos de la ciencia médica, mientras que para otro quedan seriamente mutilados si no se tienen en cuenta las células madre procedentes de embriones.

Dejando de lado los planteamientos éticos y morales, equipos científicos de todo el mundo investigan codo a codo el perfil biológico de las células madre y esperan aprender a manipularlas para el tratamiento de enfermedades hoy incurables, incluido el cáncer, y para utilizarlas en la sustitución de órganos dañados. En este sentido, el nuevo estudio realizado por los investigadores del Howard Hughes Medical Institute supone un paso de gigante para comprender cómo estas stem cells están implicadas en la aparición de procesos cancerosos, y en qué se diferencian de las células madre que dan origen a células sanas.

En el caso de las células sanguíneas, las células madre hematopoyéticas, que se alojan en la médula ósea, originan los glóbulos rojos, los blancos y las plaquetas –las tititas celulares que sellan las heridas–. Hasta ahora, los expertos eran incapaces de distinguir las stem cells normales de las enfermizas. Para ellos eran tan difícil como para la policía encontrar un asesino en serie mirando rostros por la calle. Para el doctor Morrison, la esperanza de la oncología moderna es dar con algún talón de Aquiles que haga vulnerables a las células malignas, un distintivo que permita a los médicos aniquilarlas sin perturbar la función de las sanas, como es el caso de las células de la médula ósea. Cuando esto se consiga, podrán diseñar terapias anticancerosas más efectivas y menos tóxicas para los tejidos normales. El reto está en el tejado de los laboratorios oncológicos.

En palabras del doctor, las células madre cancerosas, que inician y mantienen los tumores, comparten muchas características con las normales, lo que dificulta el diseño de terapias que actúen sobre las primeras sin lesionar las segundas. Esto supone un grave problema, ya que al dañar las stem cells sanguíneas sanas durante el tratamiento de la leucemia se compromete el correcto funcionamiento del sistema inmunológico. Esto es, la quimioterapia hace que los pacientes se vuelvan más vulnerables a las infecciones.

Pero este efecto colateral podría eludirse con la rampamicina, según indican los resultados del ensayo con roedores. Este fármaco es capaz de reducir la cantidad de stem cells leucémicas, prevenir el crecimiento de las que quedan y, lo que no es menos importante, asegurar la producción de sangre normal y restablecer la función inmunológica después de la merma de médula ósea.

Sin duda alguna, el trabajo de los investigadores de Howard Hughes Medical Institute viene a reforzar la tesis que desde hace unos años mantienen algunos científicos: no todas las células cancerosas muestran la misma habilidad para multiplicarse. En efecto, algunas células malignas tienen una capacidad limitada para proliferar, mientras que otras son auténticas fábricas de células cancerosas.

Pero como ya se ha mencionado, no es fácil desenmascarar a estas indeseables. Recientemente, los científicos han hallado una diferencia: un gen llamado Pten. Éste tiene un efecto opuesto en las stem cells sanas y las enfermas. Cuando los investigadores quitan o anulan al Pten, cae la producción de células madre normales y se dispara de manera espectacular la de anormales. El doctor Morrison ha utilizado este patrón del gen para disparar la rampamicina sobre las stem cells cancerosas sin lesionar las normales.
Es una buena noticia, ya que si funcionara también en humanos podría usarse para combatir las leucemias, pues estamos ante diferentes procesos cancerosos de la sangre: la leucemia más frecuente entre los adultos es la mieloide aguda, con el 35% de los casos y una tasa de curación del 60%, mientras que en los niños es más común la leucemia linfoide aguda, que representa el 28% de los casos y tiene una curación total en el 90% de los pacientes.

La fugaz vida y reinado de Luis el Breve

sabado 8 de abril de 2006

PASAJES DE LA HISTORIA DE ESPAÑA

La fugaz vida y reinado de Luis el Breve

Por Fernando Díaz Villanueva

El de Luis I de Borbón fue uno de los reinados más breves de nuestra historia. El infortunado príncipe, primogénito de Felipe V, vivió sólo 17 años y reinó siete míseros meses, en los que apenas le dio tiempo de hacer nada relevante. Llamado a protagonizar una larga y fructífera porción del siglo XVIII, el de las Luces, la mala suerte y una inoportuna viruela le condenaron a representar un triste papel secundario en el fastuoso escenario de la corte del primer Borbón.
En el probablemente caluroso verano –en Madrid todos lo son– de 1707 España se encontraba en mitad de una guerra, la de sucesión. El conflicto había comenzado como una simple disputa dinástica entre habsburgos austriacos y borbones franceses. Pero se complicó y, al poco, todas las potencias europeas se vieron involucradas en la riña, transformándola en una guerra europea en la que intervinieron británicos y portugueses, italianos y holandeses. Tanto trajín de ejércitos y gloriosos episodios de armas devino en una guerra civil que, como siempre, se alargó más de lo debido y dejó heridas que aún perduran, aunque sólo sea porque a algunos les conviene que así sea.

En el lance nos hicieron el siete de Gibraltar y se esfumaron las adoradas posesiones europeas de los Austrias, fuente interminable de fastidios y ruina nacional por excelencia que en mala hora llegaron dos siglos antes, y de rebote, a las manos de los reyes de España.

A la reina Maria Luisa Gabriela, que tres nombres gastaba la condenada, todo ese desorden le cogió a punto de dar a luz un niño, que ya es mala pata parir en Madrid en pleno agosto y con el país en pie de guerra. Era el primer príncipe heredero que nacía en España desde que, casi medio siglo antes, llegase al mundo Carlos II, en toda su deformidad y decadencia. El parto salió bien: madre e hijo sobrevivieron, y el pueblo de Madrid, que siempre ha sido muy amigo de inventarse canciones, dedicó una sentida estrofilla al natalicio:

Cuarenta y seis años son,
Con éste que va corriendo,
Que España un príncipe pide
Al Señor de la tierra y el cielo.

El niño, además de nacer sano y completito, era bien parecido, rubicundo, de cara redonda como un tambor y tan español como los miles de curiosos que se agolparon a la puerta del santuario de la Virgen de Atocha el día de su bautizo. La reina y regente –su marido se encontraba de campaña– salió al encuentro de la entregada plebe y alzó al crío en brazos exclamando, satisfecha: "¡Este es Luisillo, vuestro paisano!".

El pueblo prorrumpió en vivas a la reina, al rey Felipe y a Luisillo, porque con Luisillo se quedó. Alguno hasta incluso lloraría, que los madrileños siempre han sido muy sentimentales con estas cosas.

Años después la guerra terminó, se firmaron los preceptivos tratados en Utrecht, que todavía traen cola, y el país retornó a la calma. Entonces la reina murió de tuberculosis, dejando tres hijos –uno de ellos, el futuro Fernando VI, con sólo 4 meses– y un esposo sumido en la más absoluta desesperación.

Felipe V fue muy dependiente de las dos mujeres con las que se casó. Más que gobernar, le gobernaron. La llave estaba en el desmedido apetito sexual del monarca. Felipe V de Borbón fue tan adicto al sexo como su antecesor Felipe IV de Habsburgo, con la diferencia de que el primero despachaba las urgencias en casa. Eso que se ahorró en disgustos.

Con Maria Luisa Gabriela de Saboya se fue una de las mejores consortes que ha tenido la Monarquía. Buena regente y mejor esposa, condujo los destinos del reino a dúo con su camarera mayor, una fascinante mujer que fue la que más mandó en España durante los tres primeros lustros del siglo XVIII: Marie Anne de la Trémoille, princesa de los Ursinos.

La de los Ursinos, que de princesa no tenía más que haberse quedado viuda de un anónimo príncipe italiano, era, en cambio, todo un talento de la gobernación y tremendamente hábil para moverse a sus anchas por las intrigas y manejos de un Palacio infestado de espías franceses, ministros incompetentes y embajadores cotillas que lo anotaban todo en la libreta para soplárselo a su soberano en la siguiente valija.

Lo que le sobró para regir con acierto la pesada nave del Estado le faltó para recomendar una nueva esposa al abatido monarca. Gracias a sus numerosos contactos en Italia, dio, o creyó dar, con la candidata perfecta para poder seguir mangoneando en los asuntos de gobierno. Fue el cardenal Alberoni quien se la metió doblada. Le dijo que en Parma había "una buena muchacha de veintidós años, feúcha, insignificante, que se atiborrra de mantequilla y de queso parmesano, educada en lo más intrincado de su país, donde jamás ha oído hablar de nada que no sea coser y bordar".

Se llamaba Isabel de Farnesio, y sí, era feota, picada de viruela y una devoradora impenitente de mantequilla; el resto era pura fabulación del abate, tan enredador como la Ursinos o más. La llegada de la Farnesio a España puso punto y final a los dorados días de la princesa de los Ursinos en la Corte. La reina, aparte de hacer gala de un apetito insaciable –tanto en la mesa como en el lecho–, albergaba la ambición secreta de colocar a sus futuros hijos al frente de la Corona, pero lo tenía muy difícil porque Felipe iba sobrado de herederos: tres hijos y los tres varones.

El mayor de ellos, Luisillo, a quien dejamos contemplando desde las alturas a la embriagada muchedumbre en Atocha una fría mañana de otoño, era, además, querido por el pueblo. Había echado con los años una gallarda planta principesca: alto, delgado, de finas facciones y pelo rubio. Sólo la nariz, desmesuradamente borbónica, afeaba el cuadro, pero no mucho. El porte iba parejo con el carácter.

A los quince años se había convertido en un cazador de primera, en un galán de segunda y en un juerguista de categoría. Cualidades éstas que, como es bien sabido, siempre han sido muy apreciadas en España. No es extraño que, tanto ayer como hoy, el pueblo valore más en un gobernante la campechanía que la prudencia, o, lo que es lo mismo, prefiera el buen rollito al buen tino. Somos así, qué le vamos a hacer.

Le buscaron una esposa en el mercado de princesas europeas. El tráfico de sangre real nunca estuvo tan boyante como en aquellos tiempos que precedieron a la Revolución Francesa, que por algo estalló. La Farnesio arregló un matrimonio a tres bandas con el Duque de Orleans, que por entonces era el regente de Francia. La hija de la reina se casaría con el delfín Luis, el futuro y licencioso Luis XV; su hijo, el infante don Carlos, con Mademoiselle de Beaujolais, y, por último, el Príncipe de Asturias con el descarte, otra mademoiselle, esta vez la de Montpensier, de nombre Luisa Isabel.

La niña tenía sólo doce años, pero era, con diferencia, la princesa peor educada de Europa. Sus padres no le habían prestado demasiada atención, dejándola en manos de sus hermanas mayores, que la instruyeron en todo lo que una reina no debía saber. La engolfada Corte parisina era muy distinta a la madrileña, donde al menos se guardaban las formas, los confesores de alcoba eran omnipresentes y la larga mirada del inquisidor general llegaba hasta el último rincón.

Casaron a los príncipes precipitadamente en Lerma, pero les prohibieron mantener relaciones, que aún eran muy jóvenes y a Luisa Isabel no le había venido ni la primera regla. Al año siguiente se lo permitieron, y, a decir del espía francés de turno, la cosa funcionó a las mil maravillas: "El Príncipe parecía satisfecho; la Princesa, acalorada; ambos, muy alegres". Cómo no lo iban a estar: él tenía 16 años, ella 14.

Unos meses después del feliz encuentro carnal el rey se recluyó definitivamente en el palacio de La Granja y abdicó. Se encontraba hundido, preso de la tristeza, y llevaba un año sin cambiarse de ropa. Los médicos fueron contundentes: el monarca padecía "frenesí, melancolía, morbo, manía y melancolía hipocondríaca". Es decir, tenía una depresión como un piano. Hoy lo hubiesen arreglado con prozac y autoayuda, pero entonces, en una época en que la palabra "psiquiatría" ni se había inventado, lo solucionaron prescribiendo paseos por los jardines de La Granja e interminables audiciones musicales, en las que los tenores castrados hacían su agosto.

De este modo, la Corona de España recayó en un príncipe imberbe de 16 años, completamente inexperto y casado con una niñata en plena edad del pavo. La realidad era que el inconsolable Felipe no reinaba en el momento de su abdicación: lo hacía su mujer, que no estaba deprimida y mantenía intacto su espíritu de mando. Se formaron dos cortes: una en La Granja, a cargo de la Farnesio, y otra en Madrid, a cargo de la camarilla que rodeaba al joven soberano.

La sangre, por fortuna, no llegó al río. La muerte del rey impidió que así fuese. Quién sabe si, con el tiempo, hubiese derivado en otra guerra civil, que en eso somos peritos. Durante los siete meses de aquel efímero reinado no pasó nada importante. La descocada Luisa Isabel dio algún disgusto al monarca, y poco más. La reina se dedicaba a tontear con todos en Palacio, a corretear por los pasillos en camisón y a pasarse de tanto en tanto con la bebida. La edad y el no tener que trabajar acarrea estas consecuencias.

El rey, por su parte, inauguró dos inmarchitables tradiciones borbónicas: la de echar el día con el mosquetón al hombro despoblando de ciervos el monte del Pardo y la de desfogarse en los prostíbulos de la Villa y Corte. Para ello se vestía como los chuletas madrileños de entonces y, acompañado de algún noble libertino, daba rienda suelta a la llaneza que le había hecho célebre.

A mediados de agosto de 1724 el rey cayó enfermo de viruela. El último día de ese mes murió, acompañado sólo por la reina. Acababa de cumplir 17 años. Fue breve en todo. Había reinado 6 meses y 23 días, y la fatal enfermedad se lo llevó a la tumba en menos de dos semanas. Ni su padre ni su madrastra quisieron acercarse a verle, por miedo al contagio. A Luisa Isabel la despacharon de vuelta a Francia y allí murió, olvidada, de hidropesía, quince años más tarde.

Felipe V tuvo de volver a ceñirse la corona, y la Farnesio miró el futuro con optimismo renovado. Un obstáculo menos en la carrera de sus hijos al trono. Hasta hubo quien le acusó de haber envenenado al joven y querido rey Luis. El pueblo, afligido por la pérdida, le bautizó como el Bienamado. Quizá porque no tuvieron tiempo de conocerle, o quizá por preludiar aquello del vive rápido y muere joven.

Lo que sí dejó Luis I fue, con sus 17 primaveras y su larga melena dorada, un hermoso cadáver.


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La tragedia de la II Republica

sabado 8 de abril de 2006
MANIFIESTO
La tragedia de la II República
Por Pío Moa
En la república de 1931 hubo dos tendencias principales. Una aspiraba a una democracia liberal, y la otra venía impregnada de mesianismo revolucionario y, por tanto, de demagogia. La primera la auspiciaron los llamados Padres espirituales de la República, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, así como los organizadores del movimiento republicano, Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura.
La tendencia mesiánica dominaba en la izquierda, desde Azaña, que tenía una concepción despótica (un régimen para todos los españoles pero gobernado forzosamente por los autoproclamados republicanos, es decir, los afines al propio Azaña), hasta el Partido Socialista, que tras haber colaborado con la dictadura de Primo de Rivera pasó a exigir la dictadura del proletariado, es decir, del propio PSOE; pasando por los separatistas vascos y catalanes, o los anarquistas, sistemáticamente violentos.

Cabe interpretar la evolución de aquel régimen como la pugna entre esas dos concepciones, la democrático-liberal y la despótico-revolucionaria. Desde muy pronto la segunda desbordó a la primera con agresiones brutales, como la quema de iglesias, bibliotecas y centros escolares, y una Constitución sectaria, no laica sino antirreligiosa. Tales abusos expulsaron del ideal republicano a una gran masa de la población, representada en la CEDA, la cual aceptó pacíficamente al nuevo régimen y sus leyes pero no pudo identificarse con él. Ello debilitó el proyecto de una democracia moderna y pluralista donde cupieran todos los españoles.

En 1933, luego de dos años de experiencia de gobierno de izquierdas, una amplia mayoría de la población votó al centro-derecha, que llegó al poder pacífica y legalmente. Pero la decisión popular fue rechazada por las izquierdas y los separatismos, los cuales intentaron varios golpes de estado, desestabilizaron el Gobierno legítimo y, finalmente, planearon, en sus propias palabras, la guerra civil. La derecha defendió la legalidad republicana, pese a disgustarle, contra el asalto de las izquierdas, que ocasionó una guerra en octubre de 1934 con 1.400 muertos en 26 provincias, y enormes daños materiales.

Pese a este fracaso, la corriente despótico-revolucionaria, atribuyéndose con pleno fraude la legitimidad republicana, consiguió unirse y volver a la carga. En los comicios de 1936, repletos de irregularidades, ganó, en principio, en diputados, empatando en votos (si bien los supuestos vencedores nunca publicaron los datos fehacientes de las elecciones). Su victoria originó un rápido proceso de descomposición social y política, con cientos de muertes, incendios y destrucciones, culminados en el secuestro y asesinato de Calvo Sotelo, uno de los jefes de la oposición, y el intento fallido contra otros. Este crimen, perpetrado por la policía y milicianos socialistas, prueba la extrema degradación de un Estado cuyos aparatos de seguridad actuaban como grupos terroristas.

La legalidad había sido destruida por completo desde el Gobierno y desde la calle, y ello causó la Guerra Civil; o, más propiamente, la reanudación de ella después de los episodios de 1934. Vale la pena recordar las invectivas de los "Padres espirituales de la República", y de tantas personas sensatas, contra "los desalmados mentecatos", "los canallas" que habían traído la ruina al régimen y la guerra a España

Hoy contemplamos con alarma cómo un presidente del Gobierno se declara "rojo", es decir, afín a la ideología más mortífera y tiránica del siglo XX, en rivalidad con la nazi; y reivindica los "valores republicanos", entendiendo por tales los de la corriente despótico-revolucionaria. Le oímos hablar de "Paz, piedad, perdón", pervirtiendo el lenguaje de forma inaudita. Para él, la paz se obtiene liquidando la Constitución; la piedad la dedica a los asesinos y la aparta de sus víctimas; y el perdón, grotesco perdón, consiste en la legalización del asesinato como forma de hacer política y obtener ventajas inadmisibles.

El Gobierno actual está destruyendo la ley, y por tanto la posibilidad de una convivencia en paz y en libertad en España. Y los ciudadanos demócratas debemos denunciar y frenar este proceso enloquecido.


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El relevo de Bono

sabado 8 de abril de 2006
Crisis de gobierno
El relevo de Bono
GEES

Alonso debería poder comenzar un ciclo nuevo. Ahora, si llega a esta cartera porque su jefe, Rodríguez Zapatero se lo quería quitar de en medio para negociar más a gusto con ETA, habrá que ver qué margen de maniobra le deja.

La crisis del gobierno de Rodríguez Zapatero se explica por factores puramente domésticos que están en boca de todos. Pero la sustitución de Bono por Alonso también tiene una componente internacional que no conviene descuidar. Bono ha sido un ministro estridente dentro y fuera del país. Antes de tomar posesión ya se hizo recibir por quien sería su homólogo, el americano Donald Rumsfeld, a quien en ese momento le dijo que la retirada de Irak se haría de forma consensuada. Palabra que fue incapaz de cumplir.
Bono también fue el hacedor principal de todo el lío español con la Venezuela de Chávez y su gestión internacional de la venta de armas a ese dictador le resultó tan explosiva como su faceta interna y las continuas desavenencias con su colega de gobierno Miguel Ángel Moratinos. No sólo les prometió a los americanos que él se encargaría de resolver el problema que él mismo había creado sin saber nadie muy bien por qué, cosa que no hizo nunca, sino que, además, se encargó de ir diciendo que la operación armamentística contaba con el beneplácito de los mandatarios del Pentágono, afirmaciones que le valió una dura carta pidiendo explicaciones por parte de Rumsfeld y el deterioro de las relaciones bilaterales en materia de defensa.
Alonso, por el contrario, con su perfil moderado y la colaboración de su departamento con agencias muy relevantes americanas, sobre todo en el terreno del contraterrorismo y la lucha contra el terror islamista, se ha ido ganando la confianza de los norteamericanos. Es más, hay quien en Washington le considera de verdad un buen interlocutor de cara a pasar mensajes a Rodríguez Zapatero. En ese sentido, Alonso podría venir a aliviar dos tensiones que se retroalimentaban: por un lado de cara a Estados Unidos, toda vez que el puente entre ambos gobiernos era ya visto como alguien en el que no se podía confiar; por otro, de cara a los militares españoles, cada vez más soliviantados con un gobierno y un ministro que les cercenaban sus posibilidades profesionales. Un buen ejemplo, las limitaciones a que la Armada española se entrenara con unidades de la US Navy debido a puras razones políticas del actual gobierno.
A Alonso, no obstante, le cae encima una cartera plagada de complejidades. Bono, con toda su verborrea, ha hecho mucha legislación, a veces muy mala como la Ley de Defensa Nacional, pero ha dejado a Defensa sin rumbo y sin acciones de futuro. No ha tenido apenas iniciativa. Alonso debería poder comenzar un ciclo nuevo. Ahora, si llega a esta cartera porque su jefe, Rodríguez Zapatero se lo quería quitar de en medio para negociar más a gusto con ETA, habrá que ver qué margen de maniobra le deja. No olvidemos que el responsable de la defensa en España es el jefe del gobierno, no su ministro de Defensa.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos

Pio Moa Informando a Jorge y Helen

sabado 8 de abril de 2006
Guerra Civil
Informando a Jorge y a Helen
Pío Moa

Con el desparpajo típico de los marxistas, la señora Graham, como Preston, Juliá, Fontana, Jorge y compañía, se obstina en tachar de "franquistas" las versiones contrarias, incomparablemente mejor argumentadas y documentadas.

De vez en cuando mi amigo Jorge Martínez Reverte va por la prensa soltándome piropos. Últimamente me ha llamado "impresentable", "mala persona" y "malvado", porque tengo la desgracia de discrepar de sus creencias sobre la guerra civil. Jorge no es malo, pero no entiende mucho de lo que habla: lo suyo no es la historia, sino la novela. Escribía novelas policíacas con un detective progre de protagonista, el cual, como tal progre, era temperalmente inasequible a la corrupción, ya ven ustedes si tiene buen ojo.
Con el mismo buen ojo, me temo, Jorge ha escrito otras tres novelitas sobre la guerra civil, ambientadas en las batallas del Ebro, Madrid y Cataluña. Él las cree libros de historia, porque no distingue bien entre una cosa y otra, y ello le permite pasmarse ante descubrimientos como éste, que expone en Bobelia: "la correlación de fuerzas antes del 23 de diciembre de 1938, cuando se inicia la campaña de Cataluña, era favorable a Franco". ¡Y tan favorable! Franco empezó la guerra en desventaja casi desesperada, a lo largo del primer año fue logrando un equilibrio material, hasta que, al final de la campaña del norte, en octubre de 1937, alcanzó una superioridad que iría en aumento. Al emprender la campaña de Cataluña, acababa de derrotar en el Ebro al ejército de Negrín, y su ventaja era ya abrumadora. Está bien que lo diga Jorge y lo publique Bobelia como un hallazgo, pero, créanme ambos, ese mediterráneo lleva muchos años descubierto.
Donde ya mete la pata es al atribuir esa superioridad a Hitler, otra manía de la novelística progre. Vamos a ver: el Frente Popular dispuso de enormes recursos financieros, aparte de los que saqueó al tesoro artístico e histórico nacional y a los particulares, incluyendo las alhajas de los montes de piedad. Y con todo ello logró, nos dicen, menos armas y suministros que Franco, el cual, en comparación, partía casi de la indigencia: "los republicanos no tenían ni un fusil para cada dos combatientes". Tan extraño caso requiere algún análisis, ¿no les parece, señores historiadores progres? ¿Tendría algo que ver en ello la masiva corrupción de las izquierdas en la compra de armas? ¿O el hecho de que al colocar el grueso de las reservas en la URSS pasaran a depender por completo de Stalin? ¿Tendría algo que ver la práctica inexistencia de tal corrupción en las compras franquistas, y el pago, en excelentes condiciones, del material recibido de Alemania e Italia? ¿O el hecho de que, pese a la escasez de medios financieros, Franco salvara su independencia frente a Hitler y Mussolini? Piénsenlo, y a ver si nos dan una respuesta más satisfactoria que las seudorrománticas lloreras sobre la mucha ayuda supuestamente obtenida por los malos y la poquísima de que, nos aseguran, disfrutaron los buenos.
Rémi Skoutelski también nos larga una novela sobre las Brigadas Internacionales, y compara los "75.000 italianos frente a los 35.000 miembros de las Brigadas Internacionales". Pero los italianos llegaron después, y en respuesta a las brigadas internacionales, las cuales, junto con las armas, los asesores y el terror soviéticos, impidieron que la guerra terminase en cinco meses, en noviembre de 1936, y prolongaron la carnicería hasta abril del 39. Estos detalles siempre se les escapan a estos historiadores que prometen rebatir al "revisionismo". Como sigan así...
Envidia me da, en cambio, la vista de Jorge para otras cuestiones: ha sabido colocarse como historiador oficioso del gobierno, con sabrosas prebendas en televisión. Seguro que la derecha traga, al revés que la izquierda cuando armó tan formidable y antidemocrático alboroto por la entrevista que Dávila osó hacerme en TVE-2. Nunca he recibido –ni pedido– apoyo del PP, que apenas le mientan la historia se encoge como un gusano: en cambio Jorge y el Partido de los ciento y pico años de honradez van juntos, tan orgullosos. Buen ojo, digo, o, al menos, buena suerte.
Más gracia tiene doña Helen Graham, una historiadora progre británica de la escuela de Preston, muy quejosa de la venta de los libros de César Vidal y los míos, y no mejor informada sobre la guerra que el amigo Jorge. Una costumbre de esta buena gente es la de invocar la "complejidad" de la historia, para a continuación endilgarnos los más simples esquemas de un marxismo de andar por casa. Así nos informa nuestra escritora de que la república "inició una serie de transformaciones (la reforma agraria, la separación Iglesia y Estado, la modernización del ejército, la generalización de la educación) que pretendían traer a España los cambios que ya había dado Europa desde la revolución de 1789, pero no llegó a propiciar un cambio de régimen, ni alteró las relaciones de poder; no desposeyó a los grandes terratenientes e industriales de sus propiedades" ¿Dónde hemos leído esta letanía? Ah, sí, es la base de la propaganda de la Comintern y de las historietas "científicas" del estalinista Tuñón de Lara. Doña Helen cree que la agresiva demagogia de las izquierdas –no de "la república", aunque las izquierdas se creyeran, despóticamente, las dueñas del nuevo régimen– fracasaron por no haber destruido más a fondo las normas democráticas y el derecho de propiedad (y el derecho a la vida: no se dice, pero va implícito en las concepciones marxistas). ¿Habrá leído doña Helen a Azaña? ¿Habrá leído a los "padres de la república"? ¿Habrá leído las memorias de los políticos de entonces? Increíble, a estas alturas.
O descubre otro mediterráneo, al modo de mi amigo Jorge: "No había dos Españas condenadas a enfrentarse, las cosas no eran tan simples". Pues tiene razón, no había tal condena, y la simpleza la encontramos más bien en doña Helen empeñada en sus torpes esquemas e incapaz de analizar el proceso. Así, no era forzoso que en el PSOE se impusieran Largo Caballero y Prieto, en lugar de Besteiro; no era forzoso que Largo y Prieto planificaran la guerra civil en 1934; no era forzoso que Companys utilizase la autonomía para promover una rebelión guerracivilista; no era forzoso que Largo mantuviera después sus posiciones revolucionarias y Prieto alcanzase el summum de la demagogia; no era forzoso que Azaña destruyese en 1936 su propia legitimidad al amparar el proceso revolucionario, o que vulnerase él mismo la ley sistemáticamente; no era forzoso, en suma casi nada de lo sucedido. Pero dejando aparte esta perogrullada, tales cosas sucedieron, y la destrucción de la ley, de la democracia, por las izquierdas y el separatismo, causó la guerra civil. Y no a la inversa, como insisten, ¡con toda la documentación hoy conocida!, estos epígonos de la propaganda estalinista.Con el desparpajo típico de los marxistas, y más todavía de los baratísimos marxistas posteriores a la caída del muro de Berlín, la señora Graham, como Preston, Juliá, Fontana, Jorge y compañía, se obstina en tachar de "franquistas" las versiones contrarias, incomparablemente mejor argumentadas y documentadas. Una muestra más de su mezcla de embrollo e ignorancia. A ver si un poco de información les va serenando y abriendo los ojos.

El comando Rubalcaba desembarca en Interior

sabado 8 de abril de 2006
Crisis de gobierno
El comando Rubalcaba desembarca en Interior
Ignacio Villa

El mismo que fue portavoz del gobierno de los GAL, el mismo que el 11 de marzo impulsó las filtraciones a la Cadena SER, el mismo que rompió el día de reflexión el 13 de marzo

Primera crisis de gobierno de Rodríguez Zapatero desde que llegó al poder. Poco de crisis y mucho de limpia. El presidente del Gobierno ya se ha desprendido del último obstáculo que tenía antes del final del proceso de aprobación de un Estatuto que va en contra de la Constitución y antes de entregar el País Vasco a los terroristas etarras.
José Bono era un ministro molesto para Zapatero. Son públicos los enfrentamientos por muchas de las políticas del gobierno; Zapatero y Bono han tenido muchos encontronazos que han ido a más en los últimos tiempos, una situación límite que finalmente ha saltado por los aires. Cataluña ha sido uno de los mayores motivos de discrepancia, pero el que ha disparado el petardo final ha sido el alto el fuego de ETA. No podemos olvidar que Bono controlaba desde Defensa el Centro Nacional de Inteligencia, por lo que es evidente que el ministro saliente ha manejado mucha información de los pactos entre Gobierno y terroristas que han llevado al alto el fuego. Bono no podía estar en un puesto clave en un momento que le hubiera obligado a ser cómplice de la entrega a los terroristas. Bono molestaba, Bono no quería estar y Zapatero se lo ha quitado del medio.
Pero quizá lo más llamativo de la crisis es la irrupción de Alfredo Pérez Rubalcaba en el Ministerio del Interior. El mismo que fue portavoz del gobierno de los GAL, el mismo que el 11 de marzo impulsó las filtraciones a la Cadena SER, el mismo que rompió el día de reflexión el 13 de marzo, el mismo que no condenó las manifestaciones ante las sedes del Partido Popular en ese día de reflexión llega a Interior, el ministerio más delicado en un momento como éste. Rubalcaba va a tener todo el poder. De él van depender todos los resortes del Estado: la inteligencia, las Fuerzas de Seguridad del Estado y todo el operativo que hace referencia al alto el fuego de ETA. Con este nombramiento Zapatero abre un ministerio clave al "comando Rubalcaba". Lo imposible es que el presidente del Gobierno diga que quiera entenderse con el Partido Popular y luego nombre titular de la Seguridad a aquel que se ha caracterizado por un ataque frontal y sistemático al PP.
Por lo demás, la llegada de José Antonio Alonso a Defensa confirma que el amigo íntimo de Zapatero no ha estado en la trama de contactos y negociaciones con ETA previos al alto el fuego. No obstante, Zapatero le obsequia con un ministerio importante donde tendrá que poner orden después de tanto desbarajuste de la "etapa Bono". El cambio de Educación de Cabrera Calvo-Sotelo por San Segundo es mero teatro para disimular los verdaderos motivos de la crisis: la dimisión de Bono y el control de Interior por Rubalcaba. Con Cabrera en Educación están asegurados los mismos niveles de sectarismo, de exclusión y de persecución religiosa vividos hasta ahora. El guión va a seguir siendo el mismo aunque cambie la actriz secundaria.En resumen, Zapatero ha demostrado que tiene marcados los tiempos y que no le frena nada. Despeña a quien le molesta, desprecia a quien no le responde y destruye a quien le lleva la contraria. Estos cambios en el Gobierno han sido un golpe de fuerza de Zapatero con mucho más calado del que puedan parecer. Y esto no ha hecho más que empezar; con Rubalcaba en Interior hay que atarse los machos.

Un gobierno para el terror

sabado 8 de abril de 2006

Un Gobierno para el terror

Federico Jiménez Losantos

Este es un gobierno para el terror porque se ha hecho para entenderse con ETA y liquidar la investigación del 11M. Y produce terror entre todos los ciudadanos decentes porque se ha puesto la policía en manos del sujeto con menos escrúpulos de España.

Cuando empezó la legislatura, algunos defendimos que el PP no debería entrar en el Parlamento mientras Rubalcaba fuera el jefe parlamentario del grupo socialista. Un sujeto que tras su catastrófica trayectoria en Educación, tras su criminosa defensa del Gobierno del GAL y de todos los escándalos, fue capaz de acaudillar el golpe político-mediático del 13M es inaceptable como interlocutor para un partido cuyas sedes fueron asaltadas gracias a Rubalcaba, cuyos dirigentes fueron llamados asesinos gracias a los comandos Rubalcaba, cuya repugnante estrategia antidemocrática en la Jornada de Reflexión llevaba su marca de fábrica, mitad PSOE mitad PRISA, y cuya imputación a Aznar y el PP de ser los responsables políticos de la masacre y de mentir a los ciudadanos sobre la autoría de ella fue decisiva en la manipulación del más salvaje atentado de la Historia de España no es ni puede ser considerado un político más. El PP no debería haber tolerado que tuviera un solo cargo en el parlamento. Y si el PSOE se empeñaba en proclamarle caudillo, había que hacer su vida parlamentaria tan difícil como él iba a hacérsela al PP. No tuvieron valor y ahora, lógicamente, tendrán pavor.

La eliminación de Bono responde a la negociación con ETA, para controlar el material del CNI que, en cualquier coyuntura, puede cargarse los términos de la claudicación. Lo de menos era y es Defensa. El nombramiento de Alonso tiene esencialmente ese fin: el control de los servicios de inteligencia y su puesta al servicio del pacto con los etarras. Y en cuanto al nuevo Ministro del Interior, mezcla de Beria y Fouché, es la garantía de que la negociación con los terroristas etarras la hará el que tiene a su cargo a los presos y el que carece de cualquier escrúpulo moral para hacer mangas y capirotes del Estado de Derecho y para perpetrar a costa de la dignidad nacional lo que sea y como sea para seguir en el poder y destruir al adversario político o mediático. Que no es la ETA, por supuesto, sino el PP y la media España que representa.

Viendo el bodrio de Estatuto Catalán que Rubalcaba ha prohijado –antiliberal, antidemocrático y antinacional– podemos hacernos una idea de los pactos a que puede llegar con ETA. Si Alonso, al que no sé por qué ha tratado con tanta deferencia Rajoy, fue capaz de detener ilegalmente a dos militantes del PP por una supuesta agresión a Bono que jamás se produjo, ¿qué no hará Rubalcaba? Si Alonso sigue sin investigar los capítulos más sórdidos del 11M, empezando por la profanación de la tumba del GEO y continuando con la siembra de pistas falsas para extraviar al juez del Olmo, ¿qué no hará Rubalcaba para borrar todas las huellas de la masacre cuyas pistas se ha encargado de enmarañar y cuyo conocimiento de la trastienda criminal es sin duda mayor de lo que ha dicho y se nos ha dicho?
Este es un gobierno para el terror porque se ha hecho para entenderse con ETA y liquidar la investigación del 11M. Y produce terror entre todos los ciudadanos decentes porque se ha puesto la policía en manos del sujeto con menos escrúpulos de España. Los resultados los veremos muy pronto. Viendo los del pasado, del GAL al 13-M, no hace falta mucha imaginación para saber qué nos deparará el futuro: mentira sobre mentira, infamia sobre infamia y manipulación sobre manipulación. Rubalcaba es la verdadera cara de Zapatero, que a su vez es la sonrisa de Rubalcaba. Preparémonos para lo peor, que siempre será menos de lo que Rubalcaba es capaz de maquinar y perpetrar.

Gentileza de LD