jueves, mayo 24, 2007

Eduardo San Martin, Los sin partido

viernes 25 de mayo de 2007
Los sin partido

EDUARDO
SAN MARTÍN
ES menos malo agitarse en la duda que descansar en el error. Mi registro no guarda memoria del autor de la frase, pero da igual; lo que importa es la vigencia de la reflexión. Sobre todo en vísperas de la jornada de lo mismo. En España, los partidos descansan bastante y se agitan poco. Se mueven perezosamente a golpe de certezas, de esas que uno puede obtener en el espejo de la madrastra de Blancanieves; y se resisten a dudar de ellos mismos, por si llegan a conclusiones menos complacientes. Está en la naturaleza de lo que hoy llamamos partidos, de esas organizaciones endogámicas cuyas cúpulas, como denunciaba Popper al final de su vida, se han convertido en la clave del arco de la paulatina degeneración del sistema representativo.
En la línea de meta de una nueva campaña electoral, apenas dos acontecimientos merecen reseña aparte: el primero, que Batasuna y sus franquicias han celebrado con una exhibición de matonismo tabernario, como era de esperar, la generosidad de la Fiscalía/Gobierno y su segura vuelta a las instituciones; y segundo, que las encuestas apenas se han movido, algo que tampoco es ninguna sorpresa. Sobre el primero de los asuntos, me sumo a las palabras de quienes han escrito en este mismo periódico desde su experiencia de víctimas de los pogromos nacionalistas. En cuanto al segundo, dejo en el papel algunas de las preguntas que, creo yo, deberían hacerse los partidos en estas horas, también de reflexión para ellos, si se decidieran a romper el espejito que les devuelve la imagen de su propia complacencia.
En el PP tendría que interrogarse, por ejemplo, cómo es posible que en los últimos meses no hayan distanciado al PSOE en los sondeos si su análisis sobre la infausta gestión del Gobierno en asuntos como la organización del Estado o la política antiterrorista concuerda con la realidad, y millones de ciudadanos así lo creen. ¿Qué inhibe aún a muchos españoles desafectos con el Gobierno a dar su voto a la oposición? Es cierto, como escribía Martínez Gorriarán en su Tercera del miércoles, que «la sociedad española no brilla por su alto nivel de exigencia democrática o por su conciencia ciudadana». Pero esa insuficiencia no lo explica todo. La respuesta cabal, lo saben Rajoy y sus gentes, habrá que buscarla dentro del propio partido.
Los dirigentes del PSOE deberían preguntarse, a su vez, cómo a estas alturas pueden estar empatados con una oposición «que no ha sabido aceptar su derrota electoral», que ha perdido más de un año enredando (o dejándose enredar) con el 11-M, que «difunde el pesimismo por toda España» y que, en el argumentario de una cierta izquierda española, sólo puede considerarse democrática en un sentido figurado del término. Sobre todo, si el Gobierno no tiene nada de qué arrepentirse, está tan seguro de haber «ampliado los derechos» de los españoles, abomina de la guerra para dialogar con las civilizaciones y presenta una impecable hoja de servicios en el terreno de la economía. Cualquier otro Gobierno, en esas circunstancias, habría dejado en la cuneta a sus opositores hace tiempo. La explicación más tentadora es hablar de manipulación de sentimientos, sobre todo en el asunto de ETA. Pero eso significaría considerar estúpidos a los ciudadanos españoles; los mismos que, sin embargo, habrían votado con «absoluta libertad» el 14 de marzo de 2004. Si entonces se habrían resisitido a cualquier manipulación, ¿por qué ahora no? Esos mismos ciudadanos merecen otra respuesta.
Hay, finalmente, una pregunta que deberían formularse ambos a propósito de la plataforma política impulsada por un grupo de intelectuales y antiguos cargos socialistas. Se trata de la primera vez que la disidencia de la izquierda crítica española llega al extremo de abjurar del voto a su partido de referencia. Pero no hasta el punto de otorgar su confianza a la única alternativa posible al PSOE. Con independencia de la suerte que pueda correr el partido que propugna el grupo de Savater, la interpelación a los dos partidos mayoritarios que se desprende de tal iniciativa es compartida por cientos de miles de ciudadanos. Muchos de ellos se quedarán este domingo en casa a la espera de opciones mejores.

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