martes 20 de febrero de 2007
LUIS POUSA
CELTAS SIN FILTRO
El político no es el experto
Obviamente los accidentes marítimos del Prestige y el Ostedijk no son equiparables, y forzar las semejanzas entre ambos episodios -el primero derivó en una de las mayores catástrofes ecológicas de la historia de España, el segundo puede quedarse en un susto, sin repercusiones sobre el medio marino, si se actúa a tiempo- sería una renuncia a la inteligencia, aparte de otras muchas cosas que están en la mente todos y huelga explicitar. Lo cual no quiere decir que no haya detalles y aspectos que, de alguna manera, refrescan un pasado no muy lejano, felizmente superado mas no olvidado.
El primero de ellos es que Galicia está donde está, y por cerca de sus costas pasan al día numerosos buques, de muy diferentes tamaños y con muy distintas cargas. Ese tráfico marítimo denso entraña riesgos (también, peligros), que tienden a elevarse casi exponencialmente cuando las condiciones de la mar son malas. En invierno, además, las borrascas resultan frecuentes en el noroeste peninsular, por lo que no constituyen ninguna novedad. Invariablemente es así.
Segundo, dado que los temporales no se pueden evitar, de lo que se trata es de prever y prevenir. Y aquí la ciencia algo bueno tiene que contar, porque si bien es cierto que todavía queda un largo trecho por recorrer para enfrentarse a los retos de la naturaleza, los científicos ni están inactivos ni despistados. Poco a poco han ido mejorando los modelos de respuesta y las actuaciones respecto a episodios anteriores; los científicos y los profesionales encargados de aplicar los avances en materia de salvamento marítimo, evitar las catástrofes y luchar contra éstas han hecho una labor sorda, eficaz y no justamente valorada en cuanto méritos.
Así lo piensa Michel Girin, uno de los grandes expertos en mareas negras, para quien, pese a los innumerables errores cometidos en la gestión del problema, el desastre del Prestige fue aprovechado, positivamente según él, para avanzar en los métodos y medios de lucha contra la contaminación marítima. Hoy estamos mejor que ayer, aunque algunos errores persistan. En todo caso, tampoco viene mal recordar que "la actitud científica es un método y una ascesis, que consiste en utilizar los caminos del saber para precaverse contra los caprichos de la naturaleza" (Claude Allègre, 1986).
Y tercero, el percance del Ostedijk -emanaciones de gases procedentes de la carga de fertilizante NPK 15 15 15 de su bodega número dos- ha puesto en evidencia la falta de un puerto refugio y la necesidad de que éste esté ubicado en una zona alejada de la población. Esa carencia infraestructural obliga a los técnicos a suplirla con alternativas, como la de buscar aquel punto, no muy alejado de la costa, más adecuado para efectuar las operaciones barajadas: enfriar el abono en descomposición, sin excluir la posibilidad de trasbordar la carga a otro buque.
En definitiva, y aquí queríamos llegar, son los técnicos y no los políticos los que deben ponerse de acuerdo en lo que conviene hacer en cada momento. Limitándose los segundos a secundar los pasos de los primeros, facilitándoles el trabajo y garantizándoles la cobertura que éstos requieren en cada momento. El político no es el experto ni al revés, y ambos no deben suplantarse entre sí: condición a tener en cuenta a la hora de enjuiciar a cada uno de ellos.
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