martes 20 de febrero de 2007
DEMETRIO PELÁEZ CASAL
AILOLAILO
De padrinos infieles y bautizos civiles
Muchas noticias relacionadas con la Iglesia son siempre tomadas con hilaridad, mofa y hasta cachondeo grueso por infinidad de personas, especialmente las que tienen como libro de cabecera permanente el Manual del perfecto progre, en el que queda bien claro que sólo puedes formar parte de este club si das caña a los curas y demás familia con sotana.
La última noticia de este tipo es la que viene recogida en el boletín informativo del Arzobispado de Santiago, donde se informa a los párrocos sobre los pasos que deben seguir antes de dar la primera comunión o confirmar a los mozuelos residentes en su área de influencia, entre ellos verificar que los padrinos se sienten partícipes de la institución eclesiástica o al menos no tienen la costumbre de jugar al pim-pam-pum con ella. En suma, que se pasan el Manual del perfecto progre por el arco del triunfo e intentan llevar una vida algo acorde con las creencias cristianas, para lo cual no hace falta, ni de coña, tragarse una misa diaria, ni semanal, ni comulgar cuatro veces al mes, ni poner velitas a San Cucufato, ni adorar al Papa, ni siquiera declararte creyente convencido, porque el mérito consiste en indagar qué puñetas hacemos en esta absurda bola que no deja de dar vueltas por el universo e intentar sacar alguna conclusión sin volverte demasiado majara.
Para no ser un bicho raro en la Iglesia basta, o eso creemos muchos, con reconocer la dignísima misión que realizan infinidad de curas y monjas en tareas como la asistencia a pobres de solemnidad, ancianos enfermos, abuelos solitarios y niños llenos de moscas en zonas a las que sólo llegan, desde hace muy pocas décadas, las ONG´s con más huevos.
¿Qué tiene de hilarante que la Iglesia exija cierto compromiso a quienes desean ser padrinos de Fernandito o Mari Puri? Lo deberían explicar los supuestos progres que andan todo el día poniendo a parir a la Iglesia como institución -dentro de ella, como en todas partes, habrá, claro, perfectos incompetentes- y luego se pirran por llevar a sus hijos vestidos de marinerito frente altar para que todo el barrio vea lo mono que es su nene y el carrerón náutico que le espera, o se vuelven loquitas por lucir el traje más blanco, más caro, más bordado y con más cola mientras suena el Ave María. Eso sí es de perfectos cafres y de perfectos incoherentes. Claro, que todo es mejor que la gilipollez esa de los bautizos civiles, tan de moda entre los snobs catalanes. Bautizos civiles... Manda carallo en La Habana.
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