domingo, junio 11, 2006

El PSOE ve el personalismo de ZpM opuesto a los intereses del partido

El PSOE ve el personalismo de ZP "opuesto a los intereses del partido"
Miguel Ángel Orellana

¿Ha calculado el coste de sus cesiones a la ETA? La respuesta de amplia circulación es que no. Y antes o después le acabarán diciendo en público lo que ahora vienen diciendo en privado.

12 de junio de 2006. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, me dicen, ha llegado a un punto en el que se cree que él lo puede solucionar todo, como en aquellos tiempos en que, después de dar clase, se reunía con sus amigos en un bar de León para arreglar el mundo al aroma de una taza de café. Pero esto no es una tertulia, ni se gobierna en plan comandita. El envite del terrorismo etarra exige posiciones morales y contundentes, no sonrisitas y manitas en el sofá. Pero me temo que a Zapatero le haría más feliz sentirse a dialogar con el cabecilla proetarra Arnaldo Otegi sobre lo que les separa que hacerlo con el presidente del PP, Mariano Rajoy, sobre lo que les une o, mejor dicho, unía. Mal sabor de boca por el viscoso debate en torno al sometimiento del jefe del Ejecutivo ante los asesinos y por las huellas de miseria moral que deja. Huellas de fácil rastreo de quien ha renunciado a su sitio cerca de las víctimas para estar cerca de los verdugos. Y qué quieren que les diga, pues que me vienen a la mente nombres y rostros asociados al sufrimiento profundo, bestial, irreversible. Hace tiempo, Jaime Larrinaga, entonces párroco de Maruri (Vizcaya), hizo la mejor síntesis de la miseria moral que arrastraba el nacionalismo vasco en su doble versión, el que gobierna y el que asesina. Decía el cura Larrinaga: "Es inadmisible cualquier planteamiento que no pueda formularse mirando a la cara de las víctimas del terrorismo". El esclarecedor diagnóstico vale hoy también para Zapatero y su socorro al nacionalismo que acongoja. Clamor en MadridEl presidente del Gobierno acaba de tener la cumplida respuesta por parte de las propias víctimas, arropadas por centenares de miles de ciudadanos, en las calles de la capital de España. Ha sido la dignidad herida de los demócratas frente al terrorismo la que le ha dicho "no en nuestro nombre". Miembros de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y familiares de personas asesinadas por ETA encabezaban los testimonios de cargo frente a las decisiones políticas de Zapatero. La premonición estaba ahí. El hecho de que en estos días pasados Zapatero diera la orden a los suyos de que no escatimasen esfuerzos en la escenificación de la mano tendida al PP prueba el nerviosismo del Gobierno. Más de un dirigente del PSOE, incluso más de un ministro, no ha podido disimularlo. Hasta ahí ha llegado la riada humana. Ni más ni menos. No tengo la menor duda de que el inquilino de La Moncloa va a seguir refugiándose en su proverbial cobardía, para que no se note demasiado que es incapaz de formular un planteamiento, como el de la impunidad legal del conglomerado Batasuna-ETA, esa forma de fascismo que persigue la eliminación de una parte de los vascos, mirando a los ojos de cualquier atormentado por los últimos pero persistentes residuos de la España negra. Sobran palabras y sobran hechos en la actitud Zapatero, que tiene los medios y la obligación de perseguir a la bestia y a quienes la alimentan. ¿Por qué no lo hace? Pues porque le preocupa más el Poder que defender la libertad de los españoles. Es muy simple.El personalismo de ZapateroQuienes estos días van teniendo ocasión de hablar en la distancia corta con Zapatero coinciden en la reiteración del mensaje central de su actual discurso: "Confiad en mí". Porque lo importante no es convencer sino vencer. Movido por una especie de imperativo ineludible de naturaleza política, pues se supone que hace lo que cree que es bueno para él y para su partido, Zapatero ha metido la directa para dejar su impronta personal. Dos años de legislatura para terminar de hacer "lo que tengo que hacer" es mucho tiempo si sus personales imperativos siguen creando tanta tensión. Más aún con la oposición del Partido Popular y de las víctimas. Han sido varios los ministros y los dirigentes del PSOE -al menos media docena, que uno sepa– que han comentado sotto voce a Elsemanaldigital.com que Zapatero se equivocó en la estrategia del anuncio de una cita con Batasuna-ETA, al dejar a Rajoy a los pies de sus propios caballos. Esos mismos se preguntan e ignoran la respuesta: "¿Cómo vamos a arreglar el roto?"Antes de ese episodio, los populares ya se habían sentido ofendidos en dos ocasiones, en las que lanzaron al presidente del Gobierno "serios avisos" de ruptura. La primera, cuando Zapatero reveló en la Cadena SER que el segundo informe de verificación del alto el fuego apuntaba a que todo iba bien. La segunda, y me consta que dirigentes del socialismo vasco se enteraron poco antes en el aeropuerto bilbaíno de Sondika, cuando anunció en un mitin del PSE en Baracaldo que daba por concluida la comprobación y comunicaría en junio la apertura de negociaciones con la banda terrorista. La tercera, el encuentro del PSE con Batasuna-ETA, fue la puntilla. Y al fondo, ni más ni menos, la estrategia personalista de Zapatero, nada colegiada, no compartida con un entorno. Zapatero: conmigo o contra míDe ahí el reguero de improvisaciones y sus gravísimas consecuencias. En La Moncloa admiten que "el Presidente jamás pensó que algunas de sus decisiones iban a tener tanta trascendencia". Tan evidente como que dos de sus principales colaboradores prefieren "pasar página" ante este diario antes que salir en defensa del líder. De hecho, los más sensatos entienden que –precisamente ahora- el jefe debería echar el freno al "proceso", "al menos durante un tiempo prudencial", señalan esas mismas fuentes, para añadir en un acto de franqueza digno de encomio que Zapatero puede salir muy "tocado". El jefe del Ejecutivo no puede llamarse a engaño y su sinrazón será la gran termita en la legitimidad de su cargo, en los intereses de su partido y en los propios del país. En las tertulias, en la prensa, en los cenáculos políticos propios o ajenos, es un reconocimiento de algo que decían hasta las piedras. La amenaza al Estado de Derecho y a las instituciones está ahí, y ambos son muy frágiles, y no digamos nada de quienes las representan. Lo bueno, lo correcto, sería que Zapatero y su gente tomasen nota y obrasen en consecuencia, aunque no está claro que vayan a hacerlo. La "hoja de ruta" está muy trazada. Otegi, encantado. Batasuna-ETA sigue ganando. La presión ha funcionado. Dicen en la Audiencia Nacional que no la han podido resistir ni el fiscal Jesús Santos ni, a ratos, el propio juez Fernando Grande-Marlaska. Y, además, Zapatero no está para admitir críticas. A quien se ha atrevido a trasladarle su preocupación -ocurrió la semana pasada en los pasillos del Congreso- le dice que "está en contra del proceso de paz". A muchos les sonará familiar esa frase.

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