Otros usos sindicales
MARTÍN FERRAND
Jueves, 09-10-08
TAMBIÉN el folclore es evolutivo. Aunque hunda sus raíces en la tradición, las costumbres tienen capacidad para mutar según los vientos dominantes en cada momento. En el Madrid de hoy, la práctica sindical de agredir e insultar a Juan José Güemes, consejero de Sanidad de Esperanza Aguirre, está tan incardinada en las costumbres como lo estuvo en su día que las mocitas casaderas con ansias de matrimonio visitaran a San Antonio, en la Florida, y le echaran al santo los alfileres. Ni los más avezados etólogos podrían encontrar la génesis de ese tipo de conductas (a)sociales y/o pintorescas; pero ahí están y, a falta de mejores explicaciones, cabe deducir que el PSOE, extenuado por las labores de gobernar allí donde le corresponde, ha delegado en distintas fuerzas sindicales la labor de oposición en los centros de acción política en que debiera ejercerla. En la Comunidad de Madrid, el líder del grupo socialista sólo existe bajo palabra de honor y con certificado de que ocupa su escaño y, en el Ayuntamiento, el que debiera haber encabezado la labor opositora, Miguel Sebastián, se dio a la fuga y muy poco gallardamente, tras su derrota electoral.
Uno de los dramas de la dinámica política es que todo espacio vacío, abandonado por quien lo ocupó con legitimidad y representación, tiende a ser ocupado por cualquiera y con prioridad de los inútiles sobre la gente de provecho, de los indocumentados sobre los instruidos y de los vocingleros sobre los más respetuosos. Así parece en el caso que nos ocupa. Independientemente de los errores y aciertos de la política de Aguirre en materia de Sanidad, y desmentida la insidiosa acusación de sus intentos de privatización, parece que los socialistas y los supervivientes de IU han «subarrendado» el trabajo de oposición a distintos grupos sindicales. Lo que no se dice en la Asamblea se grita en la calle y así se trata de compensar con el ruido la escasez de nueces que luce la izquierda madrileña.
En la Comunidad de Madrid son más de 3.000 los liberados sindicales. Trabajadores (?) que perciben un salario público por desempeñar una función que no desempeñan y que aplican su tiempo a la labor solidaria (!) con sus compañeros y no necesariamente electores. Un tercio de esos liberados sindicales son trabajadores de la Sanidad. Mil tíos, y tías, dedicados a dar la matraca como ocupación principal son capaces de hacer mucho ruido y, ya que no nos escandalizamos con el despilfarro de nuestros impuestos que supone esa inflada holganza sindical -más los costes de los sustitutos contratados para hacer su trabajo-, debiéramos poner pies en pared por el atentado antidemocrático que supone sacar el saludable ejercicio de la oposición del marco correspondiente y civilizado y, por medio de personas interpuestas, llevarlo a los pasillos y los pórticos de los hospitales.
http://www.abc.es/20081009/opinion-firmas/otros-usos-sindicales-20081009.html
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