martes, octubre 07, 2008

Carlos Luis Rodriguez, Miedo al PP

miercoles 8 de octubre de 2008
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo

Miedo al PP

¿Hay alguna encuesta fidedigna en la que el PPdeG aparezca como una amenaza cercana? ¿Tienen los observatorios socialistas y nacionalistas algún dato sobre un meteorito llamado Feijóo que se acerca peligrosamente a la Tierra? Si no es así, lo parece. La sensación que queda tras el Debate sobre la Autonomía es que un fantasma empieza a recorrer los pasillos del bipartito, y no es el del comunismo, como se decía en el Manifiesto, sino el del PP.

El primer indicio de que algo les preocupa es la perfecta coordinación entre Touriño y Quintana. Son lo más parecido a Ortega y Gasset. El presidente cita en su relatorio políticas del BNG que en su día fueron hostigadas por sectores socialistas. Hace lo propio el vicepresidente, que tiene además el detalle de no desenvainar su espada contra el Gobierno de Zapatero.

El cambio es notable porque la tradición consistía en enunciar dos discursos paralelos en los que cada uno defendía su parcela. De eso se pasa a una apresurada concentración parcelaria, otro éxito del conselleiro de Medio Rural. Algo habrá motivado este giro. Descartado un cariño súbito que nunca ha existido entre ambos, todo obliga a pensar que los asociados le están viendo las orejas al lobo conservador.

En realidad siempre estuvo ahí. Ocurre sin embargo que la izquierda acabó por ser víctima de un discurso en el que el Partido Popular ya era algo residual, un vestigio chamuscado de épocas muy lejanas. Ni las encuestas ni las elecciones postautonómicas dieron por bueno el espejismo, pero la idea siguió vigente e hizo que PSdeG y BNG se ocuparan más de su competencia interna que de jugar dobles.

Pero no se trata tan solo de que Touriño y Quintana aparezcan ahora como Isabel y Fernando, sino que hay un dato a mayores en el empeño de convertir a Feijóo en el origen de todos los males del país, como si don Alberto fuese presidente de España, de Galicia, de Europa y de los mismísimos Estados Unidos de América.

Al menos, nadie se refirió a los genes franquistas del líder del PPdeG, ni lo acusó de fascista por no hacerle genuflexiones al bipartito, como acaba de hacer un portavoz nacionalista en A Coruña, enfadado porque los populares querían congelar unas tasas municipales. Subirlas, por lo visto, forma parte de la lucha contra el legado político de don Bieito Mussolini.

En una conmovedora exhibición de ingenuidad, se le pide además al factotum de la derecha que no se aproveche de la crisis. Pero cuando uno espera encontrarse con el padre Isorna predicando desde un púlpito, se topa con los que propiciaron movilizaciones callejeras y mociones de censura en plena catástrofe del Prestige. Por el momento, los terribles populares gallegos no han hecho ni una cosa, ni la otra.

Se mire como se mire, es un síntoma de debilidad hacer del Debate del Estado de la Autonomía un juicio crítico a la oposición. Y una torpeza referirse constantemente al fraguismo como una etapa negra a la que ha seguido otra de esplendor. He ahí otro ejemplo de cómo un argumento propagandístico nubla la correcta visión de las cosas de sus autores. Debiera parecerles extraño que los responsables de un periodo tan oscuro, negativo y desastroso ganen las elecciones y se mantengan en el podio.

Hay un fantasma subido a la crisis que recorre las galerías de San Caetano, y sus moradores buscan fórmulas para conjurarlo. Es insuficiente la que ensayaron ayer los nuevos Reyes Católicos.

http://www.elcorreogallego.es/index.php?idMenu=13&idEdicion=1030&idNoticiaOpinion=350802

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