miercoles 13 de febrero de 2008
El peligro Zapatero y los amigos de Rajoy
Pablo Sebastián
Vaya por delante nuestra más indignante protesta por la vil agresión y amenaza de muerte a María San Gil, gran dama de la libertad, en Galicia, a manos de una banda de cobardes descerebrados que prueba que el reguero de pólvora de ETA ha contaminado a los bárbaros de otros territorios como Cataluña y Galicia, los lugares donde los gobiernos del PSOE comparten el poder con partidos que no condenan a Batasuna, ni aplauden su expulsión (tardía) de la política, tal y como ocurre con ERC y BNG. Esperemos que el presidente Zapatero reaccione como debe y ponga punto final a sus temerarias andanzas por el mundo de la violencia criminal, disfrazado de política. Aunque sólo sea por su propio interés electoral que es lo único que al parecer mueve sus rectificaciones, una vez que ha sufrido una pérdida notable de expectativas de voto, hasta situarse en una zona de empate con un PP que tampoco está para tirar cohetes, por causa de la desidia habitual de Rajoy y sus malas compañías.
El empate que señalan todas las encuestas entre el PSOE y el PP prueba un claro desgaste y la pérdida de credibilidad de Zapatero y de su Ejecutivo en sus cuatro primeros años de gobierno, lo que no suele ser así. Y una falta de liderazgo de Rajoy y también de credibilidad por causa de la muy mala compañía de quienes le han acompañado en estos años (Acebes, Zaplana y Aznar), y le siguen acompañando en esta campaña, en la que ha decidido, para colmo, deshacerse de Gallardón. En estas circunstancias, ¿qué podría provocar un vuelco electoral a favor de uno u otro bando? ¿Las promesas electorales, el mal menor, el asalto in extremis al centro? Veamos.
Los ciudadanos no salen de su asombro ante la escalada de ofertas de los políticos en campaña electoral, y suponemos que se preguntarán por qué no hicieron cuando gobernaban todo lo que ahora prometen. Y la respuesta es bien sencilla, porque sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena, es decir, cuando necesitan, desesperadamente, sus votos para permanecer o llegar al poder, y por eso y sin calcular los niveles de gasto que supondrán sus nuevas ofertas, y que, naturalmente, se pagarán con los Presupuestos Generales del Estado, todos disparan con “pólvora de Rey”, gratis total. Convencidos de que si pierden sus promesas se quedarán en nada y que si ganan, como suele ser habitual, las podrán aplazar para reducir el coste.
Y lo sorprendente en esta pública subasta es que nadie, hasta ahora, haya dado un órdago a la grande con un mensaje de este estilo: “yo ofrezco un 10 por ciento más de lo que prometa el contrario”. Bueno, algo parecido hizo el PP con lo de plantar árboles, el PSOE propuso 45 millones de nuevos árboles y el PP ¡500 millones! Y cosa similar ha hecho Zapatero con la rebaja de los impuestos de Rajoy, al presentar su cheque de los 400 euros por voto o declarante de la renta. Y lo mismo pasa con la familia, ayudas y regalos en inmigración, seguridad, sanidad, educación, pensiones, etcétera.
Y pena da que no exista un tercer partido nacional, de centro, en discordia que podría dar la campanada diciendo: “nosotros ofrecemos al conjunto de los ciudadanos todo lo que ofrece el PSOE, más todo lo que promete el PP”. Es decir, el ciento por ciento de todos los regalos, ofertas, rebajas de costes y subidas de salarios. Y los ciudadanos estarían encantados al grito de “nos quedamos con todo”, en vez de tener que preguntar: ¿quién da más?
Aunque es tal el barullo de ofertas y contraofertas, que difícilmente cabe imaginar que las listas de regalos o las promesas específicas vayan a ser la palanca del voto que mueva a los electores, porque al final la cosa se suele quedar en un empate en regalos, rebajas y ofertas, con lo que se volverá al principio del cuento de la campaña electoral, y entonces entrarán en juego otras cuestiones y valores.
Para empezar, la militancia política, ideológica y social. Eso de “vamos a votar a los nuestros”, porque se consideran de izquierdas o de derechas. Un voto a los nuestros que, muchas veces, se hace con la nariz tapada, gafas de sol y tapones en los oídos paro no oler, ver u oír lo que han hecho y hacen sus partidos y políticos de turno.
Y, a partir de aquí, puede surgir el voto de castigo o indignación, que en un primer nivel de protesta pasa por abandonar a “los nuestros” y pasarse a la abstención o voto en blanco, como primera medida. Luego está el voto de castigo positivo a favor de otras opciones minoritarias como IU, Rosa Díez o Ciudadanos. Y, finalmente, está el cambio de caballo en plena carrera. Por ejemplo: el paso del PSOE al PP en 1996, cuando la corrupción del felipismo; o el del PP al PSOE en el 2004 por la guerra de Iraq y las mentiras del 11-M. En ambos casos asistimos a un intenso desgaste y graves errores o abusos de González y Aznar, en situaciones de la máxima tensión política y social.
Pero también hay sitio para un vuelco racional de los resultados electorales, sobre todo cuando se tiene la sensación, como se tiene ahora, de un empate entre el PSOE y el PP, como lo anuncian casi todas las encuestas. Algo que tiene que ver con los sonados fracasos de la legislatura de Zapatero y con la pérdida de credibilidad del presidente, por haberse lanzado con frivolidad a la negociación con ETA, a la reforma de los Estatutos de Autonomía, y a la ruptura de los consensos históricos de la Transición, abriendo las heridas del pasado. Y algo que también tiene que ver con los fracasos del PP y Rajoy por no haber sabido el líder de los populares liderar una oposición mucho más inteligente y menos crispada y callejera, así como por no haber roto con las mentiras de la guerra de Iraq y del 11-M, y con los dirigentes de este partido que estaban en el origen de todo esto que los llevó a la derrota en el 2004, como son Acebes, Zaplana y la omnipresente sombra de Aznar.
En estas explicaciones está el empate, la indecisión y la desconfianza de los votantes nómadas del centro, que no se fían de Zapatero como presidente ni de las compañías de Rajoy (que además ha tirado por la ventana al centrista Gallardón). Y mientras uno y otro no arreglen estos problemas el empate seguirá con todo su dramatismo hasta la larga e incierta noche electoral.
http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=13/02/2008&name=manantial
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