miércoles, febrero 13, 2008

German Yanke, Guerra en Cataluña

miercoles 13 de febrero de 2008
Guerra en Cataluña

Germán Yanke
Cuando Iñaki Gabilondo preguntó en la Cuatro al presidente del Gobierno si garantiza que unos padres puedan escolarizar en castellano a sus hijos en Cataluña, José Luis Rodríguez Zapatero respondió, timoratamente, que él haría cuanto estuviese en su mano para que fuese así. Timoratamente porque, al parecer, el Estado ya no tiene una política educativa común y los deseos del presidente, elegido por todos los españoles, deben ser sometidos a la negociación con los gobiernos autonómicos o quedar a la espera de sentencias judiciales que, en su caso, tendrían el apoyo del Gobierno. Lo curioso es que a esta diplomacia, Convergència i Unió, que no sabe cómo ganar a Esquerra en algunas materias, responde medio enfadado y con una pretendida y no lograda ironía: si las hijas del presidente estudiasen en Cataluña —dice— superarían “el desierto idiomático de su padre”. Ya sólo la frase revela que Artur Mas, autor del asunto, tendría que mejorar su castellano para expresarse como corresponde al líder de un partido político. Pero el asunto no es que se pueda estudiar “el” catalán y “el” español, sino si, en Cataluña o en cualquier otro lugar, prevalece el derecho de los padres a que sus hijos estudien “en” la lengua que deseen. El verdadero desierto es la falta de libertad.
Coincide esta frase de Mas con la que, poco antes, había pronunciado el candidato de su coalición Pere Macías: “Esta propuesta de Rajoy es montar una guerra civil en la próxima generación, a 25 años vista”. La propuesta no era otra que asegurar por ley lo que el presidente del Gobierno quería conseguir sin tanto esfuerzo parlamentario. Ya se sabe que en campaña electoral se dice cualquier tontería impresentable, pero poner a la verborrea un poco de límite no estaría de más. Es decir, que si la libertad no tiene interés para los nacionalistas catalanes, que la consideran menos importante que la inmersión obligatoria en el catalán, además amenazan con la guerra civil. Mas dice que no se tome en su literalidad la frase sino referida a la semilla de la confrontación, así que la culpa no la tiene el candidato atontado sino el que le escucha.

No hay confrontación entre el español y el catalán. La única que debe preocuparnos es que, con la disculpa de hacer de este último signo de una identidad obligada, se vulnere la libertad. Ocurre lo mismo con esa manía nacionalista (y de los asimilados) por la obligatoria rotulación en catalán, con las amenazas a distribuidores de cine sobre el idioma de los doblajes, con el uso arbitrario del dinero público en subvenciones, con la tontería de colocar en las placas el nombre del Rey en catalán, etc. Se diría que, a falta de nación verdadera, se la tienen que inventar. Y lo hacen a costa de los derechos individuales y con la guerra de fondo.

http://www.estrelladigital.es/diario/articulo.asp?sec=opi&fech=13/02/2008&name=german

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