miércoles, julio 25, 2007

Secuestro en Libia con final no tan feliz

jueves 26 de julio de 2007
Secuestro en Libia con final no tan feliz
LAS enfermeras búlgaras y el médico palestino encarcelados en Libia han resistido un calvario inhumano, lo que explica que su liberación haya sido recibida con la mayor de las satisfacciones. Después de tantos años en prisión, aislados, sometidos a torturas, con la amenaza de una ejecución inminente, sus familias han tenido que sentir un alivio indescriptible. Por otro lado, el final de este episodio desbloquea una situación embarazosa en las relaciones entre el régimen libio y Occidente. Por tan gozoso acontecimiento, lo que haya pasado en estos meses últimos ha sido aceptado a beneficio de inventario, y cada cual ha vuelto a Europa con una parte de los rendimientos: las enfermeras, con su libertad recobrada; la Unión Europea, con la impresión de que las cosas se han resuelto con la fórmula mágica de sentir que se ha producido solamente porque Bulgaria ya es un miembro de pleno derecho y, por su parte, Cecilia, la esposa del presidente francés, Nicolás Sarkozy, se ha visto ataviada por fin con los laureles del éxito público.
Pero la verdad es bien distinta. Cuando Libia hablaba de juicios, investigaciones, condenas, defensas, recursos de casación, estaba mintiendo. Esas enfermeras y ese médico fueron sencillamente rehenes del estrambótico presidente libio. La acusación no tenía ni pies ni cabeza, y el caso real de la muerte de los niños era tan grave que de no haber encontrado cabezas de turco tan apropiadas, habría causado una muy justificada reacción de sus familiares y de sus tribus, que habría amenazado hasta la estabilidad del régimen. En cuanto a Europa, la misma que se niega acertadamente a dirigirle la palabra a Hamás porque no renuncia a la violencia, la que se opone a la negociación en caso de secuestros y toma de rehenes, en esta ocasión ha negociado y ha pagado, aunque haya utilizado laberínticas fórmulas y mecanismos de camuflaje para que no se pueda decir que los billetes han pasado de una mano a otra directamente.
Gadafi ha aprovechado la situación y se ha vengado a su manera de la humillación a la que fue sometido cuando la justicia internacional le obligó a reconocer que dos de sus agentes habían provocado el atentado contra el vuelo de Pan-Am que se estrelló en Lockerbie en 1988, y que le llevó a pagar las indemnizaciones a los herederos de los 259 muertos que causó el crimen. Se ha aprovechado de que Europa necesita seguir ampliando su cartera de proveedores de petróleo y gas y de que la normalización con el régimen libio se hace en la actualidad vital para la industria de la UE. Y aunque Gadafi no es ya el personaje influyente que fue en el mundo árabe, rebajar presión siempre es mejor que aumentarla. ¿Había otra salida? No es fácil decirlo. Pero lo que no es honesto es ocultar la verdad. porque el final de esta turbia historia tiene poco de cuento de hadas.

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