lunes, julio 23, 2007

José Javaloyes, Las mezquitas como problema

lunes 23 de julio de 2007
Las mezquitas como problema José Javaloyes

La identificación de la mezquita de Perugia como estructura de conspiración terrorista no es el primer caso en el que uno de estos centros religiosos dedicados al mundo islámico desvela su desviada función hacia la siembra de la violencia. La detención de su imán y la de varios de los activistas del yihadismo debe ser considerada junto a dos cosas. Una es la advertida pleamar del radicalismo islámico en el mundo europeo y en el Magreb, ilustrada en este último escenario por el ascenso del número de suicidas; y en el anterior, por la implicación de profesionales islamistas —algunos académicamente distinguidos— en los atentados indiscriminados contra la población civil, tal como ha sucedido en Londres.
La otra cosa que merece ser destacada, como se advierte con las detenciones en Perugia, es la interacción entre la población musulmana asentada en los países de Europa occidental y las terminales del terrorismo islámico a través de las mezquitas, donde la práctica religiosa deriva hacia el proselitismo de la yihad o guerra santa musulana. El caso de Perugia no ha sido el primero ni tampoco será el último.
Lo que verdaderamente ocurre es que el expansionismo islámico parasita la libertad religiosa que, con todas las demás, son propias de la civilización occidental a la que combate con inquina el radicalismo musulmán. Aunque también sea de notar que desde las variantes integristas de lo islámico de expresión formalmente moderada, como es el caso de Arabia Saudí, se cierra el paso al proselitismo cristiano y, por cerrarse y por negarse, se niega también en su ámbito la práctica privada de la fe que le es propia. Hasta el punto de penalizarla como delito.
Que las mezquitas componen un problema para la seguridad antiterrorista en el mundo occidental es algo que no puede ser negado. Y por lo mismo, toda consideración que se haga sobre este peliagudo y ascendente asunto, en las políticas de seguridad a que se ven constreñidos los gobiernos occidentales, pasa necesariamente por revisar el estatus de los templos musulmanes. Incluyendo en ello el establecimiento de unos compromisos por parte de los estados islámicos más directamente interesados en preservar lo obtenido por ellos de la condescendencia occidental. En tales compromisos habría de figurar, en primer lugar, la tutela y el control efectivos de qué se deba hacer para que las actividades en las mezquitas no deriven de la práctica religiosa al proselitismo para la yihad y a la instrucción para el terrorismo.
Las dificultades para instrumentar políticas de prevención y cautela en este sentido son de mucho bulto. Cuenta desde la muy elemental cuestión del idioma, que reduce a mínimos la capacidad policial para rastrear qué se dice o se deja de decir en los sermones y las glosas de los textos coránicos que hacen los imanes, al intrincado camino hacia la reversibilidad del actual estatus de las mezquitas en los países europeos. Debiéndose considerar en primer lugar el caso de las mezquitas existentes en España.
Se encuentran enteramente definidos ya los componentes de un problema cuya gravedad actual y potencial, en la práctica, eran impensables hace muy poco tiempo. Obviamente, el asunto de las mezquitas como foco de proselitismo islamista y como centros de instrucción y de recluta de suicidas no tiene el marco teórico de su solución en la ocurrencia zapaterista de la “alianza de civilizaciones”, sino en el ámbito de una alianza occidental de previsiones y programas de seguridad cautelares. Muy posiblemente, en el seno de la OTAN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario