lunes 23 de julio de 2007
Chirac y el Tour Inocencio Arias
Sarkozy sigue mostrando una actividad frenética y gozando de una alta cota de popularidad en su país. Mucha gente se pregunta si alguna vez existió seriamente la candidata Ségolène Royal.
Simultáneamente, otras cosas huelen a podrido en Francia. Dentro de un orden, por supuesto, dada la época que vivimos.
Chirac, privado ya de su inmunidad presidencial, se ha visto obligado a declarar ante el juez en una investigación sobre la financiación de los partidos políticos y en concreto del suyo, del PRP. Las pesquisas han probado que dinero público de la Alcaldía de París, de la que Chirac hace años era titular, era desviado para pagar a empleados de las oficinas de su partido, del que también era presidente.
Una sinvergonzonería palmaria que el ex presidente ha tratado de explicar diciendo que son cosas del pasado, que todo el mundo sabía que los partidos funcionaban con prácticas discutibles, que él impulsó leyes para que estas corruptelas cesasen, etc. Aunque no falta quien argumente que varios de los implicados en los procesos del financiamiento soterrado —Alain Juppé, Robbert Galley...—, fueron en su momento condenados por la justicia y que Chirac parece irse de rositas, ése parece ser el signo de los tiempos. Mitterrand tiene un riquísimo catálogo de graves irregularidades de todo tipo, escuchas telefónicas, cuestiones familiares, etc., y en su aniversario ha sido venerado.
El Tour tampoco levanta moralmente cabeza.
Landis, el ganador anterior, falló en un control antidopaje, infracción que él aún niega, el tema sigue coleando, y el líder de este año, Rasmussen, es expulsado de su equipo nacional por no informar de su paradero para eventuales controles.
El alemán P. Sinkewitz falla en una prueba antidoping y las dos cadenas germanas de televisión dejan de transmitir la carrera. Los organizadores del Tour se toman ya en serio la penalización de los infractores pero la Unión Ciclista Internacional (ICU) aún parece quejarse, como los jugadores americanos cuando saltó allí el escándalo, de la severidad de las penas. Niños mimados y mal acostumbrados. No es raro que el 70% de los franceses sean escépticos sobre la pureza de los corredores.
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