jueves, julio 26, 2007

Alfonso Rojo, Moros en la costa

jueves 26 de julio de 2007
Moros en la costa

POR ALFONSO ROJO
Las dos noticias llegaron casi juntas. La primera desde Turquía, anunciando que el partido del primer ministro Erdogán, había arrollado en las elecciones generales acaparando casi el 50% de los votos. La segunda, procedía de Irán y confirmaba que doce personas habían sido ejecutadas la víspera, acusadas de «atrocidades» como adulterio o sodomía. No añadían fotografías, pero circulan por internet imágenes de la televisión oficial, donde se ve a los desventurados caminando hasta el cadalso.
Transcurridos cinco días de su éxito en las urnas, los islamistas turcos siguen recibiendo felicitaciones de Occidente y prodigando promesas, para aplacar los temores de quienes propugnan un estado laico.
Sobre los ejecutados en la siniestra prisión de Ewin no se ha vuelto a saber nada y sería ingenuo esperar que los ayatolás hicieran alguna declaración, que no fuera destinada a advertir que correrá parecida suerte todo pecador que caiga en sus manos.
No son equiparables la situación de Irán y la de Turquía, porque en este segundo país se celebran elecciones no amañadas, existe separación de poderes, no se condena a muerte a quienes infringen la ley de Mahoma y funciona una prensa libre, cosas que brillan por su ausencia en el primero.
Dicho esto, quizá no sea irrelevante recordar que hubo una etapa, hace cuatro décadas, en que la sociedad iraní y la turca seguían rumbos similares. La caída del Sha, la ascensión de Jomeini y la eclosión islamista modificaron dramáticamente el panorama.
Subrayo esto, porque Turquía no es inmune al fanatismo. Que la victoria de Erdogán haya sido impecable, no garantiza que los seguidores del Profeta no intenten llevar el agua a su mezquita. Nunca he sido partidario de la constante ampliación de la Unión Europea y creo que sería fatal incorporar a Turquía, porque su población -70 millones de musulmanes- alteraría de forma irreparable el equilibrio de la UE. A quienes sostienen lo contrario, con el argumento de que meter a los turcos en la UE ejercería un efecto benéfico sobre el orbe islámico, sólo resta recordarles que el Corán tiene poco que ver con la Declaración de los Derechos Humanos.

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