viernes 16 de febrero de 2007
Harrikatu eta sutu
Juan Urrutia
S EGURAMENTE, amigo. estará pasando unos días fríos y lluviosos. Aquí, en el País Vasco, sin embargo, tenemos bastante calor. No, no he perdido la razón y he comenzado a mantener conversaciones de ascensor vía epistolar, me refiero a la fea costumbre de ciertos chicos que, como no hay suficientes columpios en la urbe y las piruletas están muy caras, se divierten colocando barricadas incendiarias en los accesos y salidas de Bilbao a horas en las que mucha gente sale a ganarse los garbanzos, sin quemar nada, por supuesto. La mal llamada kale borroka ha regresado. Digo mal llamada porque tal denominación significa “lucha callejera” y esos chiquillos no luchan, rompen, amenazan, queman... pero lo que es luchar... muy poco, porque sus víctimas, los ciudadanos, no les responden. Por lo tanto no existe pelea. En estos momentos los aprendices de pirotécnico vascos están pletóricos, tienen motivos para ello, luchan por el héroe que aniquiló a veinticinco fascistas y que ahora está injustamente secuestrado por el pérfido estado español. Ustedes perciben el sarcasmo de mis palabras, pero para esos alevines de etarra serían verdades irrefutables. Lo que pretendo explicar es que existen unas víctimas dentro de este embrollo medieval que a menudo son olvidadas: los cachorros de ETA. Verán ustedes, un perro rabioso muerde y contagia su enfermedad pero no nació malvado. A nadie le cae bien un can hidrofóbico y mucho menos un crío de catorce años que te quema la casa en nombre de unas teorías que ni siquiera comprende y que sus mentores les simplifican en “España mata y tortura a tu pueblo”. Lo malo, lo retorcidamente cruel es que cuando pasen la adolescencia esos niños-soldado instrumentalizados por el nacionalismo desde escuelas, extraescolares varios y asociaciones estudiantiles como Ikasle Abertzaleak, se convertirán en verdugos que pistola o titadine en ristre adquirirán para las generaciones venideras el mismo significado que tiene hoy el asesino De Juana para ellos: el de héroe. Por supuesto existe un gran beneficiado dentro de esta situación donde aparentemente perdemos todos, unos más que otros, eso sí. No es otro que el emporio formado por esa gran cantidad de propietarios de txokos* que día a día aumentan su capital gracias al dinero procedente de extrañas subvenciones, extorsiones varias, espurios negocios. Todo sustentado con la querulante actitud de los nacionalistas que justifican el mantenimiento de sus lucrativas y mafiosas actividades con una compleja estrategia de marketing dentro de la cual se engloban la kale borroka, SEGI, ETA, Batasuna, que son distintas facciones de lo mismo y el PNV que les mima y alimenta con purecito de verduras para que estén sanos y no cojan resfriados. Además de purés les aportan una educación pública vasca que lava el cerebro a las jóvenes víctimas a las que antes hacía referencia para proveerles de mano de obra barata e inagotable. Desde éste y otros gobiernos se ha permitido y se permite. Así nos va y así nos seguirá yendo. Personalmente creo que la mejor opción es irse a vivir a algún lugar remoto como el archipiélago de Svalbard donde uno puede vivir tranquilo sin soportar a tanto soplagaitas y pescar todos los días un bacalao para la cena desde la ventana de su cabaña. Respecto al título, por si aún después de los desvelos de Miren Azkarate, queda algún habitante peninsular que ignore el lenguaje eusquérico, diré que significa algo así como apedrear e incendiar. *Txoko: Centro social y gastronómico propiedad normalmente de personas pudientes donde los vascos de posibles se reúnen para devorar a un cerdo vivo.
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