viernes 16 de febrero de 2007
La pescadilla que se muerde la cola
Félix Arbolí
P UBLICAR una novela en España, es una empresa más difícil que acertar el pleno del Euromillones, que cada vez acumula mayor bote por falta de ganadores. Es como la pescadilla que se muerde la cola. Usted escribe, poniendo toda su ilusión, los conocimientos adquiridos, las experiencias vividas y el tiempo que necesite hasta verla terminada, después de incontables correcciones y lecturas de familiares y amigos y se lanza a buscar desesperadamente un posible editor. Se inicia la verdadera pesadilla. Los busca y algunos encuentra hasta en los anuncios por palabras, pero todos dicen lo mismo: usted nos envía el texto, nosotros lo leemos y si lo consideramos dignos de su publicación, le hacemos los arreglos convenientes y se lo publicamos. Usted, será el que decida el número de ejemplares que se haga en la tirada, abonando su importe, según la tabla que se indica a continuación y largan una serie de datos contables que deja al autor anonadado y con complejo de timorato, al ver la cantidad que le cuesta ver su obra publicada en un número a todas luces escasísimo. Encima le dicen que ellos se encargan de la distribución, obteniendo usted un beneficio que nunca pasa del treinta por ciento del libro vendido. Es decir, que ya el hecho de publicar le cuesta a usted un setenta por ciento del dinero entregado. Así prefiero buscar una imprenta que me haga un presupuesto y una vez aceptado, publico mi libro que dada su corta edición, no me iba a costar trabajo vender entre familiares, amigos y compromisos y encima no tenga que repartir las ganancias con nadie. Ante las varias consultas que me han hecho algunos comentaristas de estas páginas sobre si he escrito algún libro y donde pueden adquirirlo, he de confesar que durante mi adolescencia, en mi siempre recordada y añorada tierra gaditana, escribí un libro sobre “Los rincones típicos de la provincia de Cádiz”, cuya corta tirada fue patrocinada por ayuntamientos de los pueblos que describía, que se encargaron asimismo de su distribución. Desgraciadamente no conservo ningún ejemplar del mismo, aunque si figura en la ficha abierta a mi nombre en la Biblioteca Nacional, al igual que los posteriores. Ya viviendo en la capital del Reino, nunca mejor llamada de esta forma, en mis años jóvenes y ya ejerciendo mi carrera de periodismo, escribí otro, por mi cuenta y riesgo, titulado “Chiclana entre el mito y la realidad”, dedicado a mi querida tierra natal, donde inicio la aventura durante la prehistoria, con abundante material sobre mitología y la termino en la època, 1973, que lo publiqué. El prólogo me lo hizo mi inolvidable paisano y amigo Fernando Quiñones y tuvo una importante colaboración en el mismo el “pedazo” de poeta y escritor tocayo mío, Félix Grande. Se agotó la primera y única edición a los veinte días escasos de ponerse a la venta en la librería de la localidad. Tuve que pasarme días enteros enclaustrado en dicho local firmando y dedicando ejemplares a todos mis paisanos que me lo solicitaron. Aún me hablan de él y hasta las universidades de Oxaca, en el Japón, Yale en EE.UU y otra inglesa que ahora no recuerdo, solicitaron ejemplares del mismo, a través de una distribuidora internacional que entonces tenía su sede en el Paseo de Recoletos, cercana al Café Gijón, y que yo les entregué mediante su pago correspondiente para que atendieran a tan importante clientela. No es el mérito del libro, los que influyeron en ese pedido, sino los datos que yo proporcionaba sobre esa zona, iniciándolos en la Prehistoria e incluyendo gran cantidad, de los dedicados a la Mitología, que había ido recogiendo a través de mis continuas visitas a la Biblioteca Nacional y la amabilidad de sus empleados en prepararme y buscarme todo lo que encontraran concerniente a mi tema. Si me siento satisfecho del mismo, aparte de su rápida venta, es por el hecho de haber contribuido poniendo mi pequeño granito de arena en la promoción y el conocimiento de mi tierra, a la que siempre tengo presente y amo con locura. Aunque me lo han pedido, no he querido hacer más versiones sobre el mismo. El tercero, fue consecuencia de éste que acabo de exponer. El ayuntamiento de Conil de la Frontera, pueblo gaditano muy cercano al mío, me encargó que escribiera otro sobre la historia y vicisitudes de esa localidad, eminentemente turística y de una historia excepcional y digna de conocerse y admirarse. Al ser un encargo oficial lo hice con toda clase de facilidades en archivos municipales, parroquiales, casas particulares y los consabidos contadores de chismes, historias y leyendas que se dan en todo pueblo con notoria antigüedad. Al terminarlo, “Conil, don del Atlántico”, hice la entrega oficial en un acto solemne que el Alcalde me había sorpresivamente preparado, con cóctel incluido y firma de ejemplares y el Ayuntamiento, su Alcalde, tuvo el detalle de ofrecerme un ejemplar, que conservo, cariñosamente dedicado y agradeciéndome en nombre de todo el pueblo el cariño e interés que había puesto en el empeño, con sello de la Alcaldía estampado. Al existir en dicha localidad una numerosa colonia inglesa, toda la parte dedicada a la zona turística, las excelencias de su playa y los numerosos alicientes que ofrecía y ofrece su veraneo, las escribí en español e inglés, para que pudieran enterarse los turistas que pudieran desconocer nuestro universal idioma castellano-español, aunque no sea del agrado de los Roviras y compañía, ni. figure en el Estatut.. Como era un encargo, me abonó los gastos presupuestados y asunto concluido. Los iba a distribuir a los lugareños y extranjeros para promoción del pueblo y su maravillosa playa. Tampoco quise repetir experiencia con éste. Posteriormente, la entrega total a mi profesión y vocación periodística, me privó del tiempo y el empeño en volver a tener una aventura editorial. Bastante tenía con atender diariamente a “Pueblo” y semanalmente a “Hola”, “Gaceta Ilustrada”, “Mundo Gráfico”, “Radiocinema” “Lecturas”, “Cien en 7 días”, “ABC”, “Dígame”, etc, etc, incluída mi etapa como Redactor Jefe de la Agencia de Prensa S.U.N.C. (Servicio Universal de Noticias y Colaboraciones”), donde sustituí a mi buen amigo y excelente compañero Alfredo Amestoy y posteriormete, a una sección diaria y fija en sus páginas centrales del diario “El Alcázar”, en su segunda época, ya bajo la batuta de su primitivos fundadores, teniendo como director a don Lucio del Alamo y luego al gran amigo Antonio Gibello y como compañeros, entre otros al siempre recordado Rafael García Serrano, una gran persona, formidable patriota y excelente cronista y escritor, que aunque lo parezca, no son conceptos idénticos, que me honraba y distinguía con una gran amistad. . Mi vena literaria tuvo un largo paréntesis de inactividad total, a partir del año 73, en que erróneamente me dediqué a cuestiones de hostelería y ya lo dice el refrán “zapatero, a tus zapatos” ( y no a cuestiones que desconoces totalmente, como vemos en mi caso y otros no por omitirlos, menos conocidos), causándome la pérdida de todos mis ahorros, acumular una serie de deudas que yo jamás había tenido y lo que es aún peor, dar con un abogado que para el traspaso del local, se llevó con la cara más dura que uno puede imaginarse, hasta la máquina registradora y a mí, entre dimes, diretes y extraños conceptos judiciales, al no pagar el que me lo había traspasado y retirarle las llaves y buscar nuevo comprador, me dejó dos letras de cincuenta mil pesetas para cobrar en su vencimiento, cuando lo estipulado y aceptado por el comprador pasaba del millón y medio. Y cuando fui a ajustarles las cuentas, me dijo con toda desfachatez que me conformara con eso, ya que si no iba a empezar a aumentar gastos y detalles y tendría que darle dinero encima. La ignorancia y el no contar con un asesor en condiciones, me hizo claudicar en algo, que a pesar del tiempo transcurrido, aun sigo lamentando y maldiciendo a ese sinvergüenza, deshonra de una profesión que, era la de mi padre aunque no ejercía y de la que nos contaba que era de la más respetadas y honorables. Tras treinta años de inactividad literaria, el percance tan grave sufrido con mi urgente estancia en los cuidados intensivos de un hospital y su posterior y casi milagrosa recuperación, donde llegué a pisar la línea divisoria de la vida y la muerte, empecé a reflexionar, (ante el hecho de tener que estar postrado en la cama e inactivo por la paralización total a causa de un virus que me atacó), sobre mi vida, sus circunstancias y los momentos buenos y malos que había protagonizado y me vino la idea, caso de salir de ese trance, de plasmar todas esas vivencias, alegrías, decepciones e insólitos acontecimientos en un libro, que no solo me distrajera al escribirlo, sino que me reintegrara al mundo que había abandonado y por el que tanto había luchado. Un recordatorio que sirviera a propios y extraños para conocerme sin tapujos, descubriendo con toda sinceridad la verdad de lo bueno y lo malo que se halla en mi interior. Y ofrecer una crónica objetiva, sin escoramientos ideológicos y partidistas sobre la época y escenario de los sucesos que narraba. Lo terminé al año, pues después de tanto tiempo inactivo en este campo, me costaba coger el hilo conductor imaginativo y preciso para dar el visto bueno a mi historia. Salieron dos libros, uno Recuerdos de una infancia rota”, donde desarrollo mi infancia y años juveniles en mi tierra gaditana hasta mi llegada a Madrid, in iniciándolo con los últimos años de la Monarquía, la proclamación de la Republica, el período del Frente Popular y los aires de una próxima guerra civil, los tres años de contienda y los ya posteriores a ésta, con toda su carga de estrecheces, calamidades, el racionamiento, el estraperlo y todo ese cúmulo de amargas circunstancias que tuvimos que padecer los de mi generación, hasta con ese aislamiento y condena internacional decretado por la simpática y eficiente ONU. Mientras narraba mi vida, las reflexiones de un niño y posterior adolescente sobre todo cuanto le rodeaba e influía y atormentaba, he ido describiendo los acontecimientos que se producían en el plano provincial y nacional, con toda precisión y sin dejarme influir por criterios partiditas e interesados comentarios de unos y otros. Nada escapa a mi crítica y observación. Ni me impuse censura alguna, no ya solo para airear posturas de personas e instituciones ajenas a mi vida familiar, sino incluso las relativas a éstas y a mi propia persona, aunque pudiéramos salir malparados en mi narración, ya que no he querido faltar a la más estricta verdad en todas y cada una de sus páginas. Igual objetividad empleo en las relativas a la guerra y a las barbaridades cometidas por ambos bandos, auténticas salvajadas, sin dejar de que en lis relatos faltara a la más veraz objetividad. Esto me ha supuesto algunos disgutos familiares, que no estuvo en mi ánimo causar, aunque me temía se iban a producir. Me duele por los que se han podido sentirse identificados con algún personaje o suceso reproducido, pero me propuse la sinceridad más absoluta y nadie, ni yo mismo, ha tenido bulas para sentirse libre de adversas consideraciones y sucesos no muy gratos de recordar. Tocado de buena manera. El segundo “Confidencias de un periodista” donde, como su título indica, cuento mis peripecias y experiencias como profesional de prensa, alabando al que se lo merece y atacando al que debe ser repudiado o criticado por sus actos, que explico y detallo, sin corte de ninguna clase. Incluso tratándose de personas que ya no están entre nosotros. Reconozco que han de respetarse a los muertos, pero también es un error hablar del que se fue con toda clase de alabanzas y encomiosos calificativos, si han sido unos seres mezquinos y hacedores de las más bajas vilezas. La primera parte, la dedico a mi llegada a Madrid y las andanzas por esta cosmopolita ciudad en los años cincuenta y posteriores, metido de lleno en la vida de la bohemia nocturna y lugares marginados, aparte de alternes en locales que como el Gijón y El Comercial, ofrecían las tertulias más importantes de la época en el arte, las ciencias y las letras. Años de hambres, sueños bajo las estrellas por falta un lecho y un techo, pero cargado de ilusiones y esperanzas en un futuro que esperaba y luchaba para que fuera maravilloso en el mundo de las letras. Mi única obsesión. A través de Internet di con una editorial Grafema, que ofrecía la oportunidad de editar, previa lectura y consideración de la obra, sin que me costara los cuartos y además se encargaba de su distribución. El autor solo percibiría el diez por ciento de los derechos, lo lógico y ordenado. Le mandé el original y a los cuatro días, me llaman y me dicen que el miércoles se traslada el editor a Madrid para firmar el contrato, ya que han decidido publicármelo. ¿Se pueden figurar ustedes mi alegría?. El acto tiene lugar en el Gijón y a los escasos meses, tras la lectura y corrección de galeradas, me avisan que ya está el libro editado. Organizo un cóctel de presentación en un céntrico local de Concha Espina, muy cerca del Bernabeu, e invito a prensa, radio y televisión, actores, directores de cine, periodistas, personajes de la alta sociedad, etc, etc, que tuvieran alguna relación con el libro o figuren en sus páginas. El acto lo pago yo y me paso toda la tarde firmando y dedicando ejemplares. No estuvieron todos los que debieron, pero si los que esperaba. El libro, aparte de los ejemplares que me quedé para su venta entre amigos, conocidos y demás, se los llevó la editorial y los entregó a las distribuidoras, en una de las cuales, estuve una tarde durante la Feria del Libro madrileño y solo se acercaron cuatro personas, a pesar de los anuncios por altavoz. No habían hecho el menor anuncio o promoción sobre el mismo en ningún sitio por parte de la editora, ni distribuidora y claro, el público no es adivino. Ni compra nada que no le anuncian o al menos enseñan. Los ejemplares expuestos, que correspondían al tipo de libros que ofrece esta distribuidora, no tenían nada que ver con el mío. Eran de auto ayudas, psicoterapias, esoterismos y demás y mi “blanca obra de arte”, con su portada llena de fotos, quedaba como flotando en ese mar de extraños títulos ajenos a mi contenido. La segunda distribuidora, para Andalucía, parece que se mueve más, pero tampoco es un portento, ya que he vendido yo más entre amigos y conocidos que me lo han solicitado, que ellos a través de su representante. La zona de Madrid, ignora mis títulos por completo. Inexplicablemente, cuando requiero datos a la distribuidora me dicen que son las librerías las que tienen que solicitar los ejemplares y yo les contesto que si en las librerías las distribuidoras no hablan, ni enseñan el libro, es difícil que por adivinación lo pidan. Me dicen que ellos no mantienen contacto con los autores, sino directamente con las editoriales. De tal forma que me tengo que someter, por las buenas y por las malas, a que a la hora de liquidarme de por buena las tiradas que se han hecho de mis libros, número de ejemplares editados y vendidos y todos cuantos datos pueda precisar para echar mis cuentas. Así no es nada extraño que un Corte Inglés, una Casa del Libro y otro centro de similares características sean clientes de esa distribuidora y encima hayan oído hablar de mis libros, aunque salgan en Internet , usando mi nombre y apellidos “Félix Arbolí Martínez”o indicando en “Google” los títulos de ambos libros. Incluso dan datos de donde se pueden adquirir, precios de venta y demás circunstancias, incluso figuraba como libro recomendado para el verano por la Asociación de la Prensa de Sevilla y también lo han adquirido entidades y bibliotecas que me han causado gran satisfacción, una de ellas la de Ciencias de la Información en la Universidad madrileña. De todas formas, aún sigo esperando que me liquiden lo vendido, a pesar de mis peticiones. De todas formas, si alguno quiere tener más detalles o adquirirlos directamente y dedicados, puede escribir a mi domicilio madrileño de General Ricardos, 69-3º-A, Distrito Postal 28019, desde donde con mucho gusto les atenderé. Los que vivan en Cádiz, San Fernando o Chiclana, en las liberías “Quórum” de la capital y en García Bozano y Navarro, de San Fernando y Chiclana respectivamente. Agradezco el que haya tenido buenas críticas de ellos en Diario de Cádiz, radio y televisión local, revistas de la localidad (ya que el segundo se desarrolla, como ya he dicho por tierras gaditanas) y la presentación la organizó el Ayuntamiento de Chiclana, asistiendo a la misma el Alcalde y el Delegado de Cultura En San Fernando lo hizo la Academia de las Ciencias y Letras de San Romualdo, en el Museo Histórico Municipal, con el patrocinio y la asistencia del Presidente de esta entidad cultural y la Delegada de Cultura de su municipio. Aparte, he tenido críticas positivas y elogiosas en “ABC”; en el programa de Alvaro Luis “Caliente y frío”; en el de Beatriz Pecker, “Fiebre del sábado”, de la Cadena SER; en el “ABC” de las Ciencias y las Letras” en “Cambio 16”, “Europa Sur” , “Agapea. Libros Urgentes”, etc, etc. Total que visto el panorama reinante, a uno se le quitan las ganas de continuar en el intento, dadas las adversidades, sinsabores, engaños y disgustos que ha de pasar y lo difícil que es para un novato, aunque tenga una amplia carrera periodística a sus espaldas, dar con una editorial importante y reconocida que se avenga a leer tu libro y tenga garantizada su debida distribución en los sitios más interesantes y adecuados. Ahora mismo, si me preguntan, no puedo precisar cuantas ediciones van tiradas, ejemplares vendidos y dinero que me corresponde por mi diez por ciento de derechos de autor. ¿Es esto lógico y normal?. ¿No existe un procedimiento que pueda informar al autor sobre estos datos, correcta y honestamente?. ¿Por qué las distribuidoras no pueden informar al autor de lo que han vendido si es tan parte interesada o más, que la editora que se los envió?. Si alguien sabe de un procedimiento, que haga el favor de decírmelo. ¿Cuándo los editores se van a cansar de publicar memeces de los componente de esas televisiones basuras o de personajillos de tres al cuarto y van a tener la amabilidad de leer y tener en cuenta los libros que les envíen, aunque sean de un desconocido?. Si uno no es conocido, las editoriales, ni se molestan en leerte, ni publicar tu obra; si no publican tus obras, nadie puede leerle, ni puedes llegar a ser conocido. Es como la pescadilla que se muerde la cola.
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