jueves, febrero 15, 2007

Desafio domocratico

viernes 16 de febrero de 2007
Desafío democrático

El juicio por el estremecedor atentado del 11-M se ha convertido en un desafío de tal envergadura para la Justicia española que su sentencia final no sólo permitirá determinar las circunstancias en que se perpetró el ataque terrorista más devastador de nuestra historia, sino que se transformará en un referente ineludible en las investigaciones pendientes acerca de la violencia de raíz islamista. El comienzo de la vista oral constituye, en sí mismo, un triunfo para el Estado de Derecho, capaz de sentar en el banquillo a los presuntos responsables cuando todavía no se ha cumplido el tercer aniversario de la masacre. Pese a los intentos malintencionados de condicionar la instrucción de la causa y a las lagunas aún existentes, el sumario construye un relato de los hechos, de los preparativos de la matanza y de su desenlace, de mayor solidez y consistencia que el que han proporcionado otras investigaciones análogas. Pero la competencia evidenciada por los instrumentos policiales y judiciales para concretar las imputaciones de los sospechosos debe superar la verificación decisiva ante el Tribunal, que se enfrenta desde la democracia a las particularidades de un fenómeno terrorista extraordinariamente escurridizo.El hecho de que 'el Egipcio', uno de los supuestos ideólogos del atentado, ejerciera su derecho a responder únicamente a su abogado y negara cualquier participación en los hechos demuestra que los procesados están dispuestos a utilizar a su favor las prerrogativas que les ofrece el Estado de Derecho y una Justicia cuya esencia es el respeto escrupuloso a la presunción de inocencia. La Audiencia se enfrenta, bajo las directrices de un modelo que garantiza los derechos de los imputados, al objetivo de juzgar un crimen terrorista especialmente desalmado y fijar unas responsabilidades cuyos límites resultan intencionadamente difusos. El resultado final del proceso dependerá en buena medida de la capacidad de los magistrados para discernir con nitidez quién pudo inducir la masacre, quién la preparó, quién la ejecutó y quién proporcionó la cobertura necesaria, a sabiendas o no del propósito de los terroristas.En estos primeros compases de un juicio que someterá a prueba la fortaleza del sistema democrático, la ciudadanía debe confiar en la independencia y la profesionalidad de la Justicia para dar respuesta desde los tribunales a un crimen tan execrable como el del 11-M, pero también ha de interiorizar que ningún veredicto logrará paliar del todo el dolor de las víctimas. La mayoría de los afectados y sus familiares no se sintieron ayer con fuerzas suficientes para presenciar la sesión. Una ausencia elocuente que obliga a los jueces y a las partes personadas en la causa, pero también a cuantos se pronuncien sobre el juicio, a conducirse con extremo cuidado y sensibilidad hacia quienes más sufren.

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