martes, febrero 20, 2007

Del Carnavel de la Andalucio estatutaria hasta el esperpento general

Del Carnaval de la Andalucía estatutaria hasta el esperpento general
Aniano Gago

20 de febrero de 2007. El problema eterno de España, desde los reyes godos a nuestros días, pasa por la incapacidad de unos gobernantes metidos siempre en querellas partidistas y en una sociedad sometida a la espera del maná. El ridículo hecho con los resultados del Estatuto de Autonomía de Andalucía es para nota. Chaves debería haber sido la estrella del carnaval de Cádiz, acompañado por Pepiño, que yo cada vez que lo veo en la tele me digo: "No puede ser, no puede ser que éste sea uno de los mandamases del país." Entre reyes y religiones, los habitantes de España siempre han ido a remolque de los acontecimientos. Incapaces para el análisis y la perspectiva de futuro, los españoles hemos preferido el día a día que asentar las bases de las generaciones venideras. La bonanza de España proviene ahora del cielo. Si no, no es posible. Y de la Unión Europea, claro. Valle Inclán, y Tomás Hoyas, se quedan pequeños en sus esperpentos. Aquí el esperpento es la propia realidad, hasta confundirse lo que pasa con lo que nos disfraza. Si le añadimos a todo eso la politización mediática, entenderemos por qué los españoles no nos enteramos de lo que nos sucede a nosotros mismos. Un ejemplo: De Juana Chaos es una liebre que corre a los galgos con el "permiso" de Alfredo Pérez Rubalcaba, que en la oposición, por cierto, era más listo, inteligente y sagaz. Pepiño, querellándose contra unos manifestantes porque, dice, incitaban a ETA a matarle, es de sainete de Arniches. Yo creo que Zapatero mantiene a gente de su confianza para que nos entretengan en plan circo. Así, entre el fútbol, los carnavales y el gran Pepiño llegaremos a las elecciones contentos y divertidos. El problema es que si miramos a la derecha, al PP, a la alternativa, nos encontramos con que un día quieren ser de centro, otros se lo piensan y muchos se olvidan de los mejores propósitos. Aznar, como rémora popular, no tiene precio, mientras Mariano Rajoy no se da cuenta de que ya no puede estar en medio de la escalera esperando si sube o baja. Su centrismo vocacional lo tiene que "imponer" a sus colegas extremos, que hacen más daño que Pepiño al PSOE. La España que vivimos es un ente como la aniquilada RTVE, que avanzaba a pesar de sus dirigentes. Suele pasar: las estructuras, los sufridos trabajadores y el andamiaje de los proyectos van solos, caminan solos, sin necesidad de nadie. Italia, que ha llegado a aguantar gobiernos de Berlusconi, sigue siempre en lo alto, entre los países ricos de la tierra. Sabemos que Italia es una ruina, pero que late, de la misma forma que España es el país más viejo de Europa que vive en permanente contradicción y desde la incoherencia. Los polos opuestos se atraen, y tal vez eso produce el milagro de sobrevivir. Al final, es una cuestión de física, como el amor. Si le damos un repaso al resto de las fuerzas políticas nos faltan los nacionalistas e Izquierda Unida. Los primeros son unos burgueses de tomo y lomo que viven como los curas franquistas, y los segundos unos buenos intencionados que andan más perdidos en este mundanal ruido que Fray Luis de León con la Inquisición. Gaspar Llamazares se dedica ahora a viajar en autobús por la ciudades, para conocerlas, y vivir como la gente normal. Perfecto, pero eso debe ser cotidiano, no como anécdota preelectoral. En fin: que la política que nos toca vivir es un charco de ranas, o una jaula de grillos, que dijera Santiago Carrillo de UCD. El pueblo es mero comparsa, que se aviene a todo porque come. Y mientras coma no hay revoluciones pendientes que valgan ni revolucionarios "fidelistas" que les acompañen. España es un carnaval permanente, hasta la llegada de Semana Santa, cuando pasamos a ser el gran teatro del mundo en plena calle. Entonces la religión toma la vez, la voz y la palabra, al tiempo que los pecadores irredentos se dedican al turismo, la gastronomía y el fornicio vacacional. Esta España fascinante por contradictoria: lo mismo cree en todo que se hace apóstata de la nada. Por eso sigue y sigue, con los ojos puestos en el ruedo político de mayo. Será un día maravilloso.

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