sabado 17 de febrero de 2007
Nafarroa, arragoa
ANDONI UNZALU GARAIGORDOBIL
Hay geografías que nada tienen que ver con los mapas; son paisajes del alma que uno ha ido construyendo a golpe de emoción, de poesía y mito. Yo tengo un mapa navarro que recorre indistintamente siglos, montes y valles del norte. Comienza en el pequeño alto de Amayur con un humilde monolito que recuerda a los defensores del castillo. Cuando, de vez en cuando, voy allí, (la primera vez -hace treinta años- me costó mucho encontrarlo porque estaba todo lleno de zarzas) oigo claramente la voz de Lauaxeta; resuena el mejor y más cruel insulto que yo haya leído: «Txakur txarrak jango al habe / herri bako zaldun dongea. (Perros miserables te coman / malvado señor sin pueblo)». Y termina, después, en un susurro, el poema: «Ordutik hona, -zenbat laino-,/ Nafarroan ez da aberririk. (Desde entonces -cuánta niebla-/ ya no hay patria en Navarra)». Entonces miro en torno a ese pequeño valle y me imagino a los sitiadores del castillo y a los 200 defensores que murieron. Otras veces subo al alto de Ibañeta y, mientras me azota el viento, mirando hacia Roncesvalles o Valcarlos (Vallis Caroli), intento imaginarme el gran ejército de Carlomagno, atravesando aquellos barrancos con toscos carros que llevan la impedimenta.Si voy a Abodi el viento esparce a Xabier Lete: «Nafarroa, arragoa, /argiaren pausaleku /haizearen ibil-toki zabal, /hesirik gabea. (Navarra, crisol / parada de la luz / amplia avenida de los vientos / sitio sin vallado)». Y de repente me acuerdo del patio de armas de cuartel de la Guardia Civil de Pamplona, el 18 de julio de 1936. La guardia está formada. Frente a ellos, como escarnio y aviso, es fusilado por orden de Mola el comandante que no quiere traicionar a la República.Yo tengo un mapa personal de Navarra así, tridimensional, que mezcla indistintamente kilómetros, siglos y poesía. Igual que tengo otro mapa de París que no tiene nada que ver con los planos de turistas y mucho menos con los parisinos. A mí me gusta construirme esas geografías personales en los lugares de la memoria. Pero en el momento de abrir los ojos siempre sé que son metáforas, espacios construidos que sólo habitan en mí.Hay muchos vascos que han ido construyendo una geografía personal de Navarra, pero al abrir los ojos no se dan cuenta de que estaban recorriendo unos paisajes de mito y poesía. Al contrario, respiran hondo y se disponen a recorrer Navarra, esta vez la real, modificando pueblos, ríos y personas hasta que coincidan con su geografía imaginada.Cuando se mienta Navarra entre nosotros, se tensan los sentimientos y se produce en muchos una enajenación transitoria que anula lo racional.La semana pasada, el adalid de la Navarra imaginada habló y sus ecos recorrieron todas las páginas de los periódicos, como recorrió los valles el sonido de la trompeta plateada del Conde de Lerín.'Una propuesta novedosa', 'proponen unir en una única comunidad autónoma al País Vasco y Navarra'. Alguna hormona incontrolada debe de producir la mención a Navarra que nos hace perder la razón. Supongo que los periodistas habrán leído el texto íntegro: Dice muchas más cosas que unirnos con 'Nafarroa Garaia'. A quien lea este documento junto con la 'Alternativa democrática de ETA' y la propuesta de Anoeta le va a resultar difícil diferenciar los contenidos. Es la misma letanía que básicamente tiene los siguientes argumentos: A. La situación institucional es antidemocrática, impuesta y sin la aceptación de la ciudadanía. B. Esto genera un conflicto (digamos el terrorismo etarra) que sólo se soluciona si se lleva a cabo una negociación, fuera de las instituciones democráticas, que debe terminar necesariamente con un nuevo sistema político. C. No se menciona nunca a los parlamentos existentes porque son antidemocráticos. Lean los documentos y la letanía siempre es la misma; tenemos unas instituciones impuestas y unas nuevas diseñadas por ellos nos salvarán.Pero lo que más me sorprende es que la propuesta de unificar las dos comunidades autónomas se presente como una reivindicación novedosa. Esa propuesta fue una reivindicación, claro que del PNV, el año 1978. Una reivindicación que dejó de serlo en el momento en que pasó al corpus constitucional como derecho reconocido. Es como si alguien planteara hoy el divorcio como una reivindicación. En la disposición transitoria cuarta de la Constitución se reconoce el derecho de Navarra a unirse a la Comunidad Autónoma Vasca. Es un reconocimiento muy excepcional, porque la constitución prohíbe la unión y también la confederación de comunidades autónomas e, incluso, para los acuerdos de cooperación se requiere la autorización del Congreso. En el artículo 2 del Estatuto de Gernika se recoge también el derecho de los navarros a unirse a nuestra comunidad autónoma. En la Ley del Amejoramiento, también se regula este derecho. El procedimiento es muy simple, es suficiente un acuerdo del Parlamento navarro y su ratificación en referéndum por los navarros y automáticamente se produce la integración; el Congreso no se puede oponer y tampoco los ciudadanos o el Parlamento de Euskadi. Eso ya lo aprobó el Congreso al votar la Constitución, y nosotros ya lo aprobamos en el referéndum del Estatuto. De forma que en la actualidad ya no se requiere nuestro asentimiento para que los navarros se integren en nuestra comunidad. Ciertamente, Ibarretxe, más precavido y pensando, tal vez, que la incorporación de los navarros supondría la pérdida de la mayoría nacionalista, incluye en la propuesta de su nuevo estatuto la necesidad del asentimiento de la Comunidad Autónoma Vasca, por si acaso. Es suficiente que cualquier grupo político presente en el Parlamento navarro la propuesta de unificación y consiga la mayoría (la mitad más uno de los parlamentarios). Y es más, si pierden la votación pueden volver a plantearla cada cinco años. No he visto yo que nunca un partido, ni siquiera los nacionalistas, fueran en una campaña electoral diciendo simplemente 'vamos a proponer la unificación con Euskadi'. ¿Por qué será? En las elecciones de mayo tienen una buena ocasión. El problema está en que los navarros son muy suyos; incluso reivindican la tan denostada Ley de 25 de octubre de 1839, que en la derogatoria 2ª la Constitución deroga para Euskadi pero no para Navarra y que reivindica de forma expresa la Ley del Amejoramiento.Muchos vascos tienen un enamoramiento adolescente con Navarra. Un amor no correspondido, y se niegan a reconocer su rechazo. Buscan como sea conquistar el amor de los navarros y a estas alturas está claro que las artes de seducción no han sido muy eficaces para cambiar la voluntad de la amada. La verdad, ETA y los suyos nunca han confiado en el arte de la seducción, y por ello han planteado siempre el sometimiento de los navarros como un requisito indispensable para dejar de matar: territorialidad lo llaman.
viernes, febrero 16, 2007
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