sabado 16 de diciembre de 2006
Las fluctuaciones ideológicas
Ignacio San Miguel
H AY personas que cambian de ideas políticas a través de un proceso largo de observación y reflexión. Merecen respeto, pues su cambio se debe a un desengaño, a que la ideología que profesaban de buena fe les ha ido ofreciendo resultados desastrosos. Así se dan casos de antiguos comunistas que se han convertido en anticomunistas decididos. Todos conocemos populares figuras que tienen este historial. Y no merecen ningún desdén, porque su cambio ha supuesto ir a contracorriente, lo cual no es nada cómodo y exige fortaleza de carácter. Y esto es indicio suficiente de la sinceridad de sus posiciones actuales. Se puede citar como ejemplo al escritor Carlos Semprún Maura, quien renunció al comunismo a raíz de la invasión de Hungría en 1956. También ha habido quien ha pertenecido a partidos de derecha y se ha pasado a la izquierda, aunque no sea esto muy frecuente. Recordemos a Jorge Verstrynge, ejemplo lamentable. Pero lo que resulta más frecuente es que personas que pertenecen a organizaciones de derecha, no se encuentren a gusto con tal condición, por motivo de la presión ambiental, por sentir que van a contracorriente como arriba indico, y esto supone una incomodidad que no saben soportar como lo harían si tuviesen convicciones fuertes. Sienten entonces la necesidad de demostrar que no son tan de derecha como parece, y coquetean con la izquierda haciéndole concesiones. Es una actitud medrosa y débil que todos conocemos. El ejemplo más revelador de esta actitud la dio precisamente una política de grandes cualidades, que parece caracterizarse por un fuerte carácter. Esto le da mayor peso demostrativo a la anécdota. Cuando a Esperanza Aguirre le preguntaron qué opinaba del recurso que había presentado el Partido Popular ante el Tribunal Constitucional contra los “matrimonios de homosexuales” contestó que no le parecía conveniente; que aunque la ley posiblemente fuera anticonstitucional, no le parecía oportuno presentar el recurso porque daría motivos a los adversarios para motejarlos a ellos de reaccionarios, carcas, etc. Fue sorprendente esta contestación, pues suponía elevar el acomplejamiento al nivel de factor político respetable. Menos mal que al día siguiente, preguntado Rajoy sobre el tema, manifestó con contundencia que él, entre los votos o los valores, elegía esto últimos. Entre los afectos al régimen pasado surgen, a veces, disonancias extrañas. Están los casos de puro oportunismo, como el de Juan Luis Cebrián o el difunto Eduardo Haro Tecglen, convertidos en furiosos antifranquistas después de haber hecho carrera con el régimen franquista, pero hay otros más complejos. La coartada, implícita o explícitamente manifestada, consciente o inconscientemente asumida, se basa en que la ideología predominante en el Movimiento Nacional era el falangismo, y éste en gran parte es de izquierdas. A esto habrá que añadir que hubo gran número de comunistas que ingresaron en la Falange como salvaguarda de su existencia. La hermana del fundador, Pilar, manifestó en su día preocupación por este fenómeno. Pero esto supone que no ha de ser imposible encontrar falangistas con una visión marxista de la Historia. Sea por lo que fuere, lo cierto es que las disonancias se producen de vez en cuando por parte de gente que, afecta al antiguo régimen, parece querer exhibir credenciales izquierdistas o progres. Unas veces es un declarado franquista que proclama su esperanza de que el presidente Rodríguez consiga la pacificación total del país; otras, persona de la misma filiación se autodefine como izquierdista de toda la vida. No hay mucha seriedad en estas personas y sí un deseo de navegar a favor de la corriente. Sus mayores vituperios y burlas se dirigen a la derecha y a los políticos de la derecha. Todos recordamos la invitación de un presidente de autonomía, personalidad muy destacada del régimen anterior, a Fidel Castro. El tirano vino a España, encontrándose con el otro prócer en las galaicas tierras. En el acto de bienvenida, el político español pronunció un discurso sentimental, del que él mismo se emocionó de manera improcedente, estallando en sollozos. La escena resultó grotesca por carecer realmente de sentido. El tirano dirigía a su compañero ocasional una mirada en la que apuntaba la sorpresa y el desconcierto. De seguro que nunca había pensado que su presencia pudiera conmover a nadie de tal modo. En los últimos tiempos el gallego se ha distinguido por criticar a Jaime Mayor Oreja (quizás, y en parte, porque éste tiene lo que a él le falta, una mente clara), por adular en diversas declaraciones a los nacionalismos periféricos, y últimamente por aprobar a Ruiz Gallardón por haber oficiado un “matrimonio” homosexual. Estas cosas ocurren cuando no se tiene la cabeza “bien amueblada”, como se suele decir, sino atiborrada de muebles en orden caprichoso; cuando ideas contrapuestas se entrecruzan como en gigantesca tela de araña, y también cuando a uno le mueve un enorme egocentrismo, un deseo inmoderado de figurar, un afán inextinguible de llevar la voz cantante y un no desdeñable oportunismo. Desgraciadamente, el acomplejamiento de gran parte de la derecha tradicional y las estridencias ocasionales nacidas de algunas personas afectas a un régimen ya caducado, sólo sirven para halagar y fortalecer a una izquierda que, pese a su ineptitud y derrota en el plano económico, mantiene su hegemonía intacta en el aspecto cultural.
viernes, diciembre 15, 2006
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