lunes, junio 19, 2006

El proceso y la desconfianza

lunes 19 de junio de 2006
El proceso y la desconfianza

Por GERMÁN YANKE
COMIENZA hoy la primera de dos semanas decisivas para el proceso de diálogo con ETA impulsado con el Gobierno, incluida la comparecencia del presidente en el Congreso. Los recelos, que se han incrementado desde el anuncio del encuentro entre los socialistas vascos y Batasuna, son presentados por el PSOE como muestras de actitudes, cuando menos, sospechosas. Sospechoso sería que la oposición, por ejemplo, prefiriera el fracaso del Gobierno socialista al logro de la «paz» o que le resultara más fácil ideológicamente, por decirlo de alguna manera, la permanencia de la violencia, el enemigo indubitable, la justificación de determinadas actitudes o planteamientos políticos. Creo no exagerar porque, de un modo u otro, se han podido leer o escuchar este tipo de argumentos.
El Gobierno, que se instala en ese tipo de denuncias, pide, por el contrario, la confianza de una mayoría que considera más amplia que los votantes del PP o los cientos de miles de personas que han salido a la calle a mostrar su malestar y su oposición. Para conseguirla reitera una y otra vez que no habrá «precio político» y que el objetivo es evitar en el futuro la muerte y el sufrimiento, que no haya más víctimas. ¿Quién podría oponerse? Pero la obligación de los ciudadanos es ser desconfiados con los gobernantes, al menos en una democracia que, como tal, está organizada institucionalmente para asegurar el control del Gobierno. Y la obligación de este no es demandar la confianza (como si estuviéramos en un sistema paternalista o cuasi religioso), sino convencer a los ciudadanos, como es propio de un sistema de opinión pública.
Es difícil obviar, en este escenario, que se habla de paz, de una suerte de armisticio en el que, negando el «precio», se parte ya del carácter representativo y de interlocutores de los terroristas con los que se va a hablar. La referencia al fin del sufrimiento es asimismo tramposa porque el objetivo debería ser la libertad y el Estado de Derecho que el terrorismo ha deteriorado o, en ocasiones, dejado en suspenso. Sobre todo teniendo en cuenta que han sido muchísimos ciudadanos que han soportado el sufrimiento por esas metas y que no han querido desertar de él hasta conseguirlas.
No se hablará de política, sino de paz, para que, con ella, se pueda hablar de política. Parece el fundamento de la confianza que se solicita, incluso dejando a un lado, pretendidamente olvidadas, el desprecio a la ley de los interlocutores y el mantenimiento de acciones coactivas. Pero, ¿para quién es necesario esperar a que ETA deje de matar para tomar decisiones políticas? Desde luego, no para los demócratas españoles, de izquierdas o de derechas, que las han venido tomando en el ejercicio de su libertad y, además, precisamente para que los violentos no consigan sus objetivos. Y entre ellas ha estado hasta ahora la desaparición de la banda. Ahora no, ahora se trata de hablar con ella, primero de paz, luego de política. La desconfianza es el único recurso.

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