jueves 11 de mayo de 2006
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
De la estampita al sello
Las fotos muestran a gente de aspecto sencillo y apenado, agolpándose a las puertas de las entidades implicadas en la estafa de los sellos. La conclusión que puede deducirse de estas imágenes es que estamos ante un nuevo caso de modestos ahorradores que picaron en el anzuelo tendido por avispados malabaristas financieros.
No cabe duda de que la mayor parte de los miles de gallegos afectados entran en esa categoría. Sin embargo, hay un par de detalles que obligan a modificar este primer análisis sobre la crisis provocada por Afinsa y Fórum Filatélico. Las dos entidades intervenidas no sólo engañaron a personas inexpertas, a inversores de poco pelo, sino que fueron capaces de seducir a bancos muy solventes y universidades de renombre.
Albertino de Figueiredo, presidente de Afinsa, da nombre a una cátedra de pensamiento económico y social en la USC. Que se sepa, todo el mundo aceptó de buen grado su padrinazgo y nadie vio en la sociedad una tapadera de estafadores. Ahora queda en evidencia, no el pensamiento, ni tampoco la sapiencia económica, pero sí el carácter social del negocio.
Y hace menos de un mes se anunciaba la compra de quinientos cincuenta y seis mil títulos del Banco Pastor por una compañía que los expertos consideraban audaz y poderosa. Su nombre: Fórum Filatélico. Ni la Fundación Barrié, ni Amancio Ortega, principales accionistas de la histórica institución, objetaron nada a la impetuosa entrada de los filatélicos.
Pocos días antes de la operación, era condenado Pepe el del Pastor por culpa de unas prácticas bancarias muy parecidas a las de estas dos sociedades. Podría decirse incluso que Rodríguez Casal fue un pionero de posteriores chiringuitos financieros. Lo que él hizo de forma artesanal, Fórum y Afinsa lo habrían hecho con sofisticación, sustituyendo la exquisita relación personal de Pepe por rutilantes pantallas.
No obstante, hay diferencias que obligan a considerar a los filatélicos muy por encima del precursor. Para empezar, Pepe era un hombre de doble vida, bancario de día y estafador de noche. Su actividad paralela tenía carácter clandestino, y nunca aspiró a ser accionista de referencia en su banco, o a presidir una pomposa cátedra.
En cambio, Fórum y Afinsa actúan a la vista de todo el mundo, y no sólo se dirigen a incautos, sino a expertos, estudiosos y personas con sobrada sabiduría financiera. Era lógico, por tanto, que Pepe burlara los controles establecidos, pero resulta acongojante que ninguno de esos controles detectara las fechorías de los sellos.
Si el fraude se confirma, quedarían en tela de juicio los numerosos organismos encargados de velar por la limpieza del sistema financiero. Parece grotesco que el queso que se compra en el mercado tenga sus certificados sanitarios, y que los productos financieros circulen sin que nadie detecte los engaños. Que actúe ahora la Audiencia Nacional es un flaco consuelo; similar al que se tendría con una incautación quesera, tras haberse producido la intoxicación de miles y miles de consumidores.
Ahora parece difícil de creer que un banco ilustre, una universidad de prestigio, y miles y miles de personas se fiaran de un negocio basado en los sellos. Tal vez eso nos ayude a mirar con más respeto a quienes en otro tiempo caían en el timo de las estampita. Ninguno de aquellos timadores callejeros logró poner nombre a una cátedra, o se codeó con la crema y la nata de las finanzas. Es una injusticia.
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