lunes 12 de junio de 2006
Lo que interesa al Gobierno
EN toda estrategia política tanto importan los aciertos propios como los errores ajenos, hasta el extremo de que son estos los que pueden pesar decisivamente en el ánimo de los electores. El Gobierno socialista no escapa a este principio de actuación política, sino que lo cultiva con esmero a la vista de los primeros y notorios resultados que está provocando en la derecha española. Al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero le interesa que incrementen su peso los lastres que arrastra la derecha, porque ponen sordina a los graves despropósitos que está cometiendo contra las bases de la convivencia política y de la estabilidad constitucional. El aumento de la coacción violenta contra la oposición no nacionalista en Cataluña (heredera de la violencia contra el PP en las elecciones del 2003 y 2004), la exacerbación de instintos que abocan al enfrentamiento civil o la hemorragia ética que provoca el nuevo discurso socialista sobre el fin del terrorismo requieren sucesivas cortinas de humo que velen su gravedad a ojos de los ciudadanos. Y la derecha política y social no puede cometer el error de prestarse a esta estrategia que sólo redunda en su perjuicio y en la aminoración de sus expectativas de regresar al poder.
Por eso, al Gobierno le interesa que la propia derecha se divida y, por ejemplo, canibalice a quienes se reclaman con derecho a ejercer la política con criterios propios, sin secundar arengas ni temer invectivas al día siguiente. Nada más grato para los socialistas que desde la propia derecha se anime al insulto y descalificación del alcalde de Madrid, pese a ser un activo electoral de renta fija -y lealtad probada- para el Partido Popular. Igualmente agrada al PSOE que el recordatorio permanente del 11-M se haga en términos calumniosos -cada día más brutales- para la Justicia y las Fuerzas y los Cuerpos de Seguridad del Estado, enmarcados en hipótesis que ahuyentan a muchos ciudadanos de una actitud más crítica hacia el partido de Ferraz; ciudadanos que rechazan con igual intensidad la burda manipulación socialista de los sentimientos colectivos en la noche electoral del 13-M que el lanzamiento continuo de condenas sin prueba contra jueces y policías.
Y así es como el PSOE y el Gobierno de Rodríguez Zapatero consiguen que la más tremenda verdad judicial sobre el 11-M quede retirada de la circulación, pese a que consista, según el auto de procesamiento del juez del Olmo, en atribuir a los terroristas islamistas el propósito de evitar que el PP ganara las elecciones generales del 14 de marzo. Si el Gobierno realmente quisiera preservar el buen nombre de las instituciones, habría actuado ya judicialmente frente a quienes imputan a la Policía y a la Guardia Civil la responsabilidad del 11-M. Pero no lo hará, porque le conviene que una parte de la derecha siga atrapada en ese círculo de argumentos delirantes, que deslegitiman al Estado tanto como lo deslegitimó el PSOE entre el 11 y el 13 de marzo.
Igualmente, este debería ser el momento en que la superioridad moral de los argumentos contra este corrosivo «proceso de paz» comenzara a aglutinar de forma efectiva y movilizadora a la mayoría social de este país, de izquierda a derecha, creando un mensaje transversal como lo fue el del Espíritu de Ermua, por encima de partidos y de consignas, y con un fundamento ético inasequible a la atracción de una paz tan falsa como la que propone ETA/Batasuna. No es aceptable que, en este preciso momento, las víctimas no estén agrupadas bajo un solo mensaje y con una sola actitud. Ciertamente, no será el Gobierno el que promueva su unidad, sino todo lo contrario, porque le interesa restar todo el protagonismo y la representatividad posibles a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, aprovechando, también, la falta de flexibilidad de su directiva en el trato hacia otros grupos de víctimas y en la elaboración de un discurso común para todas ellas, que habría de estar centrado en la inmoralidad radical del diálogo político con ETA/Batasuna.
La oportunidad es histórica para la derecha española, social y política, frente a una izquierda decididamente conjurada con la quiebra del consenso constitucional y con la refundación del Estado sobre la base de la exclusión y la revancha. Pero esa clara oportunidad corre riesgo de perderse si la propia derecha no es consciente de que, con la división que propician unos y el radicalismo sectario de otros, está alimentando la estrategia del PSOE.
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