miércoles, junio 07, 2006

La libertad y el asalto "okupa"

jueves 8 de junio de 2006
La libertad y el asalto «okupa»

Por VALENTÍ PUIG
EL totalitarismo se propuso acabar con la libertad, la familia, la religión, el individuo y la propiedad. Luego se ha constatado con claridad que todas estas cosas eran prácticamente indestructibles porque son realidades evolutivas, adaptables a cada circunstancia, pero con un núcleo de identidad irreductible y perenne. En simbiosis generativa con el Estado de Derecho, su hábitat más idóneo es la economía de mercado, según acepta hoy todo el mundo menos Fidel Castro en Cuba y Kim Jong-il en Corea del Norte. También lo ponen en duda el movimiento «okupa» y Evo Morales. Es de ver la cara de estupefacción del propietario que ve ocupada su casa por un taller de expresión plástica o de reeducación sexual. Se habla de un total de más tres millones de viviendas en España que están desocupadas, un objetivo apetecible para quienes consideran que la propiedad es un fósil, sin conexión alguna con la libertad. Es la anacrónica idea de la propiedad como robo flagrante. Ahí ya han reaccionado algunas compañías de seguros y ofrecen en el mercado español una póliza prototípica para protección jurídica del propietario en caso de que su local o vivienda sea ocupado de forma ilegal.
Uno comienza desprotegiendo el derecho a la propiedad y acaba edificando un «gulag» para reeducar a quienes defiendan el derecho a poseer, que es una equivalencia histórica de la libertad de elección. Sin propiedad privada no hay noción de libertad. La propiedad privada tiene su lírica, su épica y, sobre todo, su filosofía. Con eso cuentan esas compañías de seguros que han olfateado la desazonadora desprotección del propietario ante el asalto «okupa». En la Francia del siglo XVI, un pensador como Jean Bodin escribió páginas encomiásticas sobre la propiedad. Si sus teorías sobre el absolutismo han periclitado, su idea de la propiedad tiene un frescor conceptual que ilustraría a los «okupas» y sin duda ha orientado esas mentes suizas que urden la complejidad vasta del mundo de los seguros. Bodin dice que «si eliminan las palabras Mío y Tuyo se arruinan los fundamentos de todas las instituciones políticas porque fueron creadas fundamentalmente para darle al hombre lo que es suyo y para prohibir el robo». Por eso la protección de la propiedad privada es, entre otras cosas, la razón de existir de los Estados.
Del derecho a la propiedad se derivan el derecho a vender cada uno su trabajo en el mercado o el derecho a heredar, un dato central para la continuidad de las familias. Cinco siglos después de Bodin, la bandera «okupa» ondea en no pocos edificios de grandes ciudades como Madrid o Barcelona con una cierta simpatía por parte de quienes, aún siendo propietarios, no han sido nunca ocupados. Gran parte de los «okupas» son hijos de clase media. A veces recurren a la violencia cuando las fuerzas del orden intentan poner fin a una ocupación en cumplimiento de un mandato judicial. No es insólito que ocupen con intimidación. El progresismo mediático se apunta a tales escenificaciones hasta que los «okupas» no les invaden sus locales o para garantizarse inmunidad.
La falta de firmeza por parte de las autoridades ante las acciones de los «okupas» llevará a los propietarios a contratar esas pólizas de seguro específicas. No es exagerado ver ahí otra dejación del Estado, como para dar la razón a quienes reclaman Estados redimensionados pero fuertes. En el campo contrario, afluyen los nuevos anarquistas italianos para reforzar el movimiento «okupa». Estamos hablando, pura y simplemente, de un mundo que está fuera de la ley, ahí en el barrio, a dos esquinas de casa, entre una comisaría y una junta municipal de distrito. Aunque al buenismo seguramente le incomodará la conexión axiomática entre propiedad y libertad, son cosas que de vez en cuando vale la pena recordar. En realidad, todos aspiramos a ser propietarios. Quizás aspiramos más a poseer que a ser libres. Incluso así, la propiedad también tiene sus derechos y sus deberes.
vpuig@abc.es

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