miércoles, junio 07, 2006

La guia en la tormenta, 2, un nuevo mapa del Estado

La guía en la tormenta, 2: Un nuevo mapa del Estado
José Javier Esparza

6 de junio de 2006. El Estado de las Autonomías se ha roto. Los nuevos estatutos proyectados, así como el previsible camino hacia la autodeterminación en el País Vasco, han desbordado el marco. Entramos en un territorio nuevo –zona de tormentas- donde cada vez será más difícil la continuidad histórica de la nación española. En esas condiciones, carece de sentido invocar el viejo Estado de las Autonomías del 78 como solución a nuestros problemas. No hay vuelta atrás. Primero, porque tal retorno a un marco de consenso exigiría un nuevo consenso, pero las oligarquías autonómicas, sean del partido que sean, no aceptarán volver a la situación previa. Después, porque es precisamente el sistema de 1978 el que nos ha traído aquí: un sistema que concibe la autonomía local no como un estado, sino como un proceso, algo que nunca termina y que, por naturaleza, sólo puede conducir a una progresiva disgregación. El sistema del 78 ya no es la solución; hoy es el problema.El mejor modo de desatar los nudos gordianos, como enseñó Alejandro, es romperlos. Utilicemos la figura de Nietzsche: si algo cae, empujadlo. Ha llegado el momento de soltar el lastre del 78 y replantear abiertamente el Estado de las Autonomías. Por supuesto, no es posible anular un cuarto de siglo de experiencia autonómica. Tampoco sería deseable un centralismo administrativo que ni tiene que ver con la realidad de España, ni ofrece garantías de mayor eficacia. Pero sí hay que afirmar lo que en 1978, por debilidad o por politesse, no osamos ni insinuar: deseamos que la nación española sobreviva como unidad histórica.Hay que fijar las competencias exclusivas de la Administración central, delimitar claramente las competencias autonómicas, reforzar los mecanismos de coordinación entre comunidades y, de paso, subrayar los elementos de integración del sistema –por ejemplo, la lengua- y no los de diferenciación. También será preciso reflexionar sobre la conveniencia de que ciertas materias, como la educación y la cultura, sigan siendo competencia casi exclusiva de las autonomías: hasta la fecha, esa cesión se ha traducido en una acelerada desaparición de toda referencia cultural común. Y será prioritario reformar la Ley Electoral para compensar la posición abusiva de los nacionalistas: éstos se enfadarán, sin duda, pero no tiene sentido que el destino de cuarenta millones de españoles dependa de unos pocos cientos de miles de votos.Se impone una refundación del Estado; una segunda transición, como la que sueña ZP, pero a la inversa: no en dirección a la tormenta, sino en dirección contraria. ¿Es tan difícil reivindicar el sentido común? Teníamos un país con una estructura abierta. Tanto se ha abierto que ahora corremos el riesgo de que se fracture. Si queremos que el país se mantenga, que España sobreviva como nación, lo que hoy procede no es abrir más, sino cerrar.(Naturalmente, habrá quien no contemple entre sus prioridades la continuidad histórica de la nación española. Bien: que lo diga).

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