La desviación de poder
10 de junio de 2006. La desviación de poder es un vicio jurídico que invalida lo actuado, y consiste en la aplicación ciegamente literal -transgrediendo la epiqueya- de una ley con resultado contrario o ajeno a su prístino propósito. La más grave y general desviación de poder proviene de las autoridades que ignoran culposa o dolosamente el más fundamental principio de filosofía del Derecho: que toda ley o norma, incluso las punitivas, jamás se legitima por una pretensión de "castigar" o restringir libertades individuales, sino justamente por lo contrario: por defenderlas y garantizarlas pero armonizadas en el conjunto. Por tanto, cualquier norma que se exigiese manifestando una intención simplemente restrictiva o sancionadora, habría perdido automáticamente su legitimación y dejaría de producir efectos jurídicos válidos.En el ámbito tributario, por ejemplo, lo que legitima al Estado para arrebatar parte de la propiedad o dinero de una persona, no es, en modo alguno, tomar a los impuestos como un sistema de "castigo" al ciudadano por el mero hecho de serlo, sino tenerlos por un instrumento de redistribución de riqueza que garantice y defienda el derecho individual a un desenvolvimiento dignamente humano que los desvalidos no lograrían sin el apoyo de otros. Aunque, en general, para tener "derecho" a recibir algo de una colectividad es imprescindible haberle aportado previamente alguna utilidad o beneficio.Sin embargo, el aberrante empeño recaudatorio de Hacienda la hace ignorar aquel principio del Derecho, único que la legitima, y con frecuencia se afana incluso en arrebatar a ancianos y obreros autónomos lo poco que les quede, por ser presas fáciles e indefensa; y así resulta que hasta les confisca -contra el art 31.1 de la Constitución- parte de sus pensiones y aun de su comida con impuestos que son burla del art 50 ibídem, garante de pensiones, y del 35 y 38, garantes del trabajo autónomo. Lo cual es, como decimos, desviación de poder. Pero parece que Hacienda ha abjurado de su función social, y solamente persigue, castiga y expropia, incluso a aquellos que tenía que ayudar. Otro tanto sucede, verbigracia, en cuestiones de tráfico. Aquí, el que un radar nos multe por haber rebasado en décimas la velocidad límite, provoca inseguridad, en vez de evitarla, porque obliga a los conductores a desatender las circunstancias del tránsito para estar continuamente mirando su velocímetro: y es desviación de poder. También lo es multar al conductor que, en un semáforo o atasco, se desabroche el cinturón o hable por teléfono, porque allí ninguna inseguridad causa lo uno o lo otro. Y es que es jurisprudencia constante que no hay infracciones "objetivas" que sean sancionables aun cuando ningún efecto nocivo o riesgo hayan causado a otros.
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