domingo, junio 11, 2006

Gallardon y el sexo, cuando Pornos mató a Eros

Gallardón y el sexo: cuando Pornos mató a Eros
José Javier Esparza

12 de junio de 2006. Gallardón subvenciona unas jornadas "porno", taller de orgías incluido. El Ayuntamiento madrileño ya había amagado con repartir la "píldora del día después" entre las menores sin consentimiento de los padres. En los colegios de Castilla-La Mancha se ha promocionado una guía de sexualidad lésbica. En los exámenes de selectividad, en Cataluña, se ha trabajado con un texto porno. En Galicia, los médicos han denunciado el caótico descontrol de la píldora post-coital. Singular fenómeno: el poder ha decidido encabezar la liberación sexual de los ciudadanos. Pero cuando el poder enarbola la palabra "libertad", conviene extremar las precauciones: algo tramará.Estamos viviendo la momificación del viejo tema de la "revolución sexual". Hagamos memoria. Hace medio siglo, Marcuse invirtió el modelo de Freud y sostuvo que la represión de los instintos no es algo propio de la civilización, sino un instrumento del poder burgués para someter a la gente. En consecuencia, liberar los instintos conduciría a la emancipación; la revolución sexual sería el arma del cambio. No se trataba sólo de una "liberación de costumbres" –una trampa del capitalismo, según Marcuse-, sino que los instintos liberados debían volcarse hacia la transformación social. En esa estela, la ideología del 68 reivindicó la relación espontánea, la sexualidad "alternativa", la normalización de la homosexualidad, etc. Se extendió la liberalización del aborto, la generalización de métodos anticonceptivos, la legislación contra la familia tradicional. El sueño de la revolución sexual era transparente: descomponer el orden burgués a base de coitos libérrimos. Cuarenta años después, sin embargo, el balance es desolador: el coito se ha liberado mucho, sí, pero el orden está más firme que antes, porque ahora es el propio orden quien abandera el coito. Tragicómica peripecia.El objetivo teórico de la "revolución sexual" no era liberar la sexualidad, sino liberar a las personas: romper la cosificación de los hombres y hacer a la gente más libre en su relación con el prójimo y con el orden social. Pero lo que hoy tenemos es lo contrario: una sexualidad enteramente cosificada para satisfacción de unos hombres extremadamente individualistas, donde el placer se ha convertido en instrumento del sistema. El contacto sin relación personal, la masturbación internauta o la orgía subvencionada son manifestaciones sexuales alienadas, orientadas a la mera satisfacción de un individuo convertido en Narciso. Este despiporre generalizado no hace sino neutralizar lo social, fomentar el egoísmo, vacunar a la gente contra la "funesta manía de pensar" y, mucho más, contra la peligrosísima tentación de actuar. Eros doméstico en el establo del bienestar, nuestra sexualidad "liberada" es, en realidad, una estrategia de dominación en la que coinciden los intereses de un Estado metomentodo y un Mercado omnipotente.Eros no ha redimido a la civilización, al revés: nuestra civilización ha mutilado a Eros para convertirlo en Pornos. La revolución sexual ha fracasado, momificada en las listas de subvenciones oficiales. Es el momento de volver a preguntarnos qué sexualidad queremos.

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