El error del PSOE no es de formas, sino de fondo
Fue un error del Gobierno no informar a Rajoy de las conversaciones entre PSE y Batasuna. Pero otro error, mucho mayor, son las conversaciones en sí mismas.
8 de junio de 2006. José Blanco reconoció ayer en un medio de comunicación que fue un error no advertir a Mariano Rajoy de la intención de Patxi López de iniciar un "diálogo" con ETA. En un gesto poco común en la política actual, el secretario de organización del PSOE pidió disculpas al líder del Partido Popular por el error, que sitúa en la raíz del drástico alejamiento entre los dos grandes partidos democráticos. No obstante, Blanco ha defendido la actuación de los socialistas vascos. El PSOE limita el posible error a una cuestión de tiempos y de formas ya que, en cualquier caso, según el secretario de organización socialista Rajoy sabía "previamente" que "en algún momento del proceso" el Gobierno hablaría con ETA y el PSOE con Batasuna. Para el PSOE, la relación con el terrorismo debe ser definida y decidida libremente por el Gobierno, y el PSE ha actuado correctamente dentro del "proceso de paz" . Bienvenidas sean las excusas, cuando, como en este caso, realmente Rajoy las merece y el PSOE las debe. Fue una descortesía no informar al líder de la oposición de un paso decisivo de acercamiento a Batasuna. Pero fue más que una descortesía, y por eso mismo las excusas no bastan. Lo esencial del paso dado por López y por el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero es que por primera vez en nuestra democracia se van a producir conversaciones entre una ilegalizada Batasuna y los representantes legítimos del Estado en el escenario elegido por ETA. Aparte de un problema de formas, que lleva a las excusas ofrecidas, hay un problema de fondo, que no requiere excusas sino una total rectificación. Los precedentes contactos entre otros Gobiernos y ETA fracasaron porque ETA quiso siempre obtener un precio político a cambio de interrumpir sus crímenes o de dejar las armas. Ese precio político nunca se ha pagado desde la entrada en vigor de la Constitución, y por eso ETA ha seguido matando. Mientras sonaron las pistolas nunca el Estado democrático se plegó a las bravatas de los terroristas; quizá por ello llama ahora más la atención que ante una ETA derrotada se quiera pagar algún precio. El simple hecho de que el partido político mayoritario se acerque a los terroristas es una concesión política, y es parte de una compensación que el Estado no puede abonar sin perder su legitimidad democrática. El próximo sábado, 10 de junio, a las 6 de la tarde, las víctimas del terrorismo convocan a todos los españoles en la Plaza de Colón de Madrid. No se trata de una manifestación contra el Gobierno. De hecho, un Gobierno consciente de sus obligaciones no puede más que aprobar los lemas de la manifestación. Los españoles, con las víctimas del terror al frente, no pueden aceptar que ETA obtenga ninguna concesión por abandonar las armas; porque si hubiese concesiones políticas terminaría la democracia que Zapatero prometió defender. La gente sale a la calle para ayudar a Zapatero a no cometer nuevos errores, lo que le ahorrará nuevas disculpas en asuntos más graves aún.
No hay comentarios:
Publicar un comentario