jueves, octubre 09, 2008

Villacañas, Apuntaciones sobre los vencidos, sus memorias y sus remembranzas

jueves 9 de octubre de 2008
Apuntaciones sobre los vencidos, sus memorias y sus remembranzas

Antonio Castro Villacañas

E NTRE las muchas mentiras que se difunden hoy por España amparadas por un doble proteccionismo, oficial y oficioso, está la de que para desgracia de todos hasta hace muy poco no se pudo publicar, escribir y casi ni hablar de nuestra última Guerra Civil desde el punto de vista de quienes la perdieron. La represión franquista, primero; la llamada concordia democrática protagonizada por la Transición, después; la cómoda situación creada por el no mirar hacia atrás, más tarde; el caso es que hasta hoy, es decir, hasta los comienzos del siglo XXI, no se pudo romper el silencio establecido sobre tan delicado comoespléndido tema. Gracias a Zapatero, se nos dice, han podido estrenarse películas y publicarse libros que muestran la memoria de los perdedores. Menos mal que ya se puede hablar y escribir sin miedo...

Se trata de una doctrina tan confortable para quienes la propagan como realmente falsa y embustera. Son muchos los que, además de ganar dinero por participar en esta campaña, se sienten espiritualmente halagados al creer que están reparando una larga y profunda injusticia: estiman que son los descubridores de un mundo escondido durante más de 70 años. Quienes les ponen algún reparo son, no les cabe duda, antiguallas y retrógados. Ellos están al día, son "progres", han heredado y ostentan con orgullo la legitimidad de quienes perdieron la guerra. De algún modo se han alzado en rebeldía contra el fascismo, la dictadura y el cómodo conformismo de la derecha... Tanto "heroísmo" goza de una ventaja nada desdeñable: se da en el cómodo espacio de una falsa democracia, prefabricada con el sano deseo de que ningún español recordase nunca el pasado. Como si cada individuo, cada colectivo, esta y aquella institución social, todas y cada una de las
diversas "unidades de convivencia", no tuvieran su respectiva genealogía compuesta de luces y sombras, éxitos y fracasos, méritos y deméritos, bondades y maldades...

Si leemos un libro de los que están de moda o vemos una película que casi todos los periódicos resaltan, seguro es que nos encontramos con más de una escena, cuando no todo el relato o el filme, cargados de referencias históricas dulces para los unos y amargas para los otros. El telón de fondo es siempre el mismo: la España de la anteguerra, de la guerra o de la postguerra. Si se usan los años de la República, ya se sabe: un intento de civilizado progreso interrumpido por gentes de mentalidad estrecha y atrasada propicias al continuo abuso del obrero y de la mujer y los niños de clase baja. Ninguna referencia, por supuesto, a la quema de iglesias y conventos, a las huelgas de los trabajadores del campo, las minas o los ferrocarriles... Nada de mostrar las feroces luchas intersindicales o de partidos. Aquello era un paraíso, o llevaba camino de serlo, hasta que una pandilla de señoritos y una panda de militares decidieron anegarlo de sangre por medio de un alzamiento cruel y una guerra despiadada. Si el fondo de la película o el libro es la guerra o el alzamiento, también se sabe: unos malditos camisas azules o caquis, todos provistos de bigotillo fino, bendecidos por rijosos cuarentones de negra sotana, hacen cuanto está en su mano para maltratar hasta la muerte a mozos y mozas limpios de mente y traje o a cuarentones envejecidos por las penalidades de unos años sometidos a trabajos forzados en favor de las clases privilegiadas... Y si el libro o la película se refieren a los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado, ya se sabe también lo que les sucede a los protagonistas de sus respectivos argumentos: todos sus familiares, amigos y compañeros de actividad profesional, social o política son encantadores, entrañables, buenas personas, inocentes, guapos... Lo malo es que su vida no puede ser perfecta porque tienen que convivir, soportar, rebelarse y vencer a sus enemigos naturales, los canallas, feos, groseros, machistas, maltratadores de niños y animales, maníacos sexuales, opresores, etc., franquistas o fachas vencedores en la guerra... Si la película o el libro son escritos o producidos por personas físicas o sociales enraizados en alguna de las nacionalidades periféricas que nuestra bendita Constitución sembró y proteje, los malvados de sus respectivos argumentos, además de ser cuanto ya hemos visto y dicho, serán algo mucho peor: españoles desconocedores de la historia y la raíz esencial de los correspondientes pueblos, invasores de sus tierras, explotadores de sus gentes...

http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4857

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