Sindicatos ante la crisis
Lunes, 06-10-08
EN la sociedad contemporánea, compleja y pluralista, la fortaleza y la independencia de los sindicatos es garantía del equilibrio en las relaciones laborales. Por eso, estas entidades juegan un papel determinante en la representación y defensa del interés legítimo de los trabajadores, según reconoce nuestra Constitución. De ahí que en el Estado social y democrático de derecho deba existir una línea infranqueable de separación entre sindicatos y partidos políticos, por mucho que compartan la misma ideología o una tradición común. Por desgracia, la situación en España supera los límites admisibles en este terreno tan delicado. Las centrales que se declaran de «izquierdas» muestran un grado de complacencia hacia la política del Gobierno, en particular UGT y, en mucha menor medida, Comisiones Obreras, que se convierte a veces en sumisión pura y simple. En pleno vendaval económico y financiero, apenas se escucha una voz crítica de los líderes sindicales hacia el Ejecutivo, mientras el paro crece sin control y las previsiones oficiales sobre gasto social son un puro ejercicio de voluntarismo sin contenido. Los aparatos burocráticos que controlan estos sindicatos miran para otro lado, como si el asunto no fuera con ellos. Anquilosado en un liderazgo que se prolonga ya en exceso, Cándido Méndez -con la excusa de la afinidad entre UGT y PSOE- practica una política del avestruz que sólo sirve a los intereses gubernamentales y al discurso ficticio sobre la supuesta fortaleza de la economía española ante la crisis global.
Es muy llamativo el contraste con la etapa anterior. La actitud agresiva de los sindicatos frente a los gobiernos del PP, en una época de bonanza para nuestra economía, resulta ahora muy alejada en el tiempo ante la postura complaciente que mantienen respecto del PSOE. En la práctica, algunos dirigentes sindicales actúan casi como una correa de transmisión de instrucciones partidistas a cambio de subvenciones y otras ventajas menores que, en todo caso, solo benefician a los cuadros de la organización y no sirven de nada a los afiliados de base o al conjunto de los trabajadores. La calidad del sistema democrático sufre un serio deterioro cuando un Gobierno pretende controlar instancias sociales que no le corresponden, ya sean los organismos reguladores, las asociaciones profesionales o los propios sindicatos. No sirve ningún pretexto ideológico ni de otro tipo para justificar la sumisión sindical al poder político si éste coincide con sus intereses particulares, cuando resulta que no quisieron reconocer en su día el éxito de la política económica de centro derecha que generó bienestar para todos los sectores sociales y de la cual sacó provecho el PSOE durante toda la legislatura anterior. Ahora la despensa se ha quedado vacía, entre la crisis y las decisiones erróneas, pero en UGT y en CC.OO. nadie se queja en nombre de una malentendida «solidaridad» de la izquierda al servicio de una causa falsamente progresista.
Puesto que la Constitución exige que el funcionamiento interno de los sindicatos sea democrático, sería necesario escuchar la opinión de las bases sobre el comportamiento de sus principales líderes. A día de hoy, el Ejecutivo cuenta con un apoyo sin matices por parte de las centrales más relevantes, lo mismo que en su día los socialistas las utilizaron como arietes contra el PP. Es absurdo pensar que esta crisis de dimensión universal, pero con características singulares en España, no vaya a afectar al poder adquisitivo y a las condiciones de trabajo de los asalariados. Por ello, aceptar sin más las directrices oficiales es una grave quiebra de la confianza depositada en los dirigentes por una gran cantidad de trabajadores, ahora seriamente preocupados ante el desarrollo de los acontecimientos. El sistema pierde vitalidad cuando se confunden las funciones de unos y de otros. En el contexto actual, no pocos afiliados piensan que sus sindicatos no están cumpliendo el papel que les corresponde, con el lógico deterioro para la imagen que transmiten a la opinión pública.
http://www.abc.es/20081006/opinion-editorial/sindicatos-ante-crisis-20081006.html
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